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Antón Castro

JUAN GAVASA ANALIZA 'PIEDAD' DE MIGUEL MENA

JUAN GAVASA ANALIZA 'PIEDAD' DE MIGUEL MENA

[Hace algunos meses que no veo al periodista y editor Juan Gavasa. Su blog ha sido referenciado aquí muchas veces: está muy bien hecho, es reflexivo, emocionante, contiene mucha información, y siempre combina el comedimiento con la pasión. Hace un par de días, Miguel Mena me llamó emocionado por este texto que había publicado Gavasa sobre su libro ‘Piedad’ (Xordica), un volumen que ha merecido magníficas reseñas, entre otras de David Trueba. Copio aquí el texto en homenaje a dos buenos amigos y a dos grandes y diferentes periodistas y escritores. Suscribo, además, la afición a la radio de Gavasa y sus juicios sobre la calma y la inteligencia de Miguel Mena, que ahora hace los programas del sábado y del domingo, y mete ahí mundos completos, Aragón por todos los caminos en podo más de tres horas y media. ]

 

PIEDAD DE MIGUEL MENA

 

Por Juan GAVASA RAPÚN

No conozco personalmente a Miguel Mena pero me gusta la mesura de su voz en la radio, la tranquilidad que transmite su modulación y la atmósfera de intimismo que envuelve su dicción. Ya no quedan locutores como Miguel, que detestan el histrionismo de los locutores deportivos y la gravedad de los comentaristas políticos. Él sabe que no hay que chillar para captar la atención del oyente y todavía considera la moderación un valor intrínseco al periodismo. Parece ser que en la radio de nuestros días ya no es importante tener una voz bonita ni vocalizar bien. Soy un devoto de la radio por razones sentimentales y después profesionales casi desde que tengo uso de razón. Me despierto con ella, trabajo con ella y viajo con ella. Estoy enganchado al dial y compruebo con desazón el deterioro de muchas programaciones, la paulatina pérdida del espíritu de libertad y creatividad que insuflaban muchas emisoras hasta hace no demasiado tiempo.

 

Mario Ornat escribía recientemente en su blog sobre la irreversible pérdida de Radio 3 como referente de la música independiente y la vanguardia cultural. Es un ejemplo más, especialmente doloroso, pero sólo un ejemplo más. A veces tengo la sensación de que la preocupación de muchas emisoras es llenar programación pero no hacer programación: cubrir horas y horas y saturar de publicidad cualquier espacio. Es legítimo desde un punto de vista empresarial pero poco inteligente. Las emisoras locales –sobre todo-, se han convertido en altavoces oficiales del alcalde de turno y han adaptado sus programas a las agendas oficiales. Sólo se habla de política o de lo que interesa a los políticos. La radio perdió hace tiempo la batalla del ocio con la televisión y ahora ha perdido la de la inmediatez con internet. Sólo le queda lo más importante, lo que nunca debería de poner en riesgo: la calidez de su compañía y la imaginación.  

 

         Miguel Mena es uno de esos locutores que todavía me recuerda que otra radio es posible. Que hay tipos sensatos enganchados a un micrófono para contar cosas inteligentes e interesantes. Los zaragozanos lo disfrutan desde hace muchos años en el histórico “Estudio de Guardia” de Radio Zaragoza. Miguel además escribe, y escribe muy bien. Tiene varias novelas publicadas pero he de reconocer que hasta ahora no había leído ninguna. Compartimos la pasión por la bicicleta y los viajes, aunque él ha sabido plasmar esas aficiones con mucho más acierto y brillantez que yo.

 

         Estas vacaciones he leído “Piedad”, su último libro. Se trata de una recopilación de breves textos escritos a lo largo de los últimos años en los que Miguel Mena fija el universo de sus inquietudes y proyecta fogonazos en forma de pensamientos, reflexiones y recuerdos. Dice Miguel que es un “libro de recuerdos, de paradojas y de estados de ánimo”. Probablemente no se puede definir mejor. Es un trabajo inconexo, sin costuras. Seguramente no las necesita porque el desenlace de esta tormenta de palabras es un estanque de aguas mansas en el que se refleja el alma del autor. Miguel escribe como periodista y como padre, como viajero y como ciudadano que observa a veces en silencio y otras atónito el devenir de la vida.

 

         Hay lugares y personajes reconocibles, otros se intuyen. En todo caso lo que no falta es la sinceridad y la capacidad del autor para indignarse y también para llorar. Hay humor e ironía y algunas fotografías que dicen tanto como los textos. Hay relatos mínimos: “Un torrente de alegría se abre camino entre un mar de miradas heridas”. Hay desgarros del alma: “Qué raro se hace tener un hijo prácticamente mundo cuanto te ganas la vida hablando, un hijo condenado a ser analfabeto cuando llenas tu tiempo escribiendo, un hijo con poco equilibrio cuando tu afición es montar en bicicleta. Qué extraño resulta que para ser feliz no parezca necesitar nada de lo que a ti te gusta”.

 

         Hay compromiso y denuncia: “En Irán no hay homosexuales y está mal visto el uso de la corbata. Si la realidad se empeña en llevar la contraria a la doctrina, entonces promueven pequeñas licencias estéticas, como colocar una soga alrededor del cuello”. Hay también retranca y fe ciega: “Ahora me propongo dejar mi afición al fútbol porque encuentro absurdo que mi humor del domingo por la noche dependa de unos jugadores que ya no me inspiran confianza. Sólo necesito aprender cómo se abandona algo que ni se come ni se bebe ni se inhala: las emociones, el sentimiento, el alma”.

 

         Miguel Mena escribe como habla: sin estridencias. El dolor y la incredulidad asoman por las esquinas del libro pero el autor nunca se deja arrastrar por las aguas turbulentas de la vida. Todo, incluso el episodio más desolador, lo afronta Miguel como un acto de contricción. Quizá porque es verdad aquella frase de Bécquer que el autor rescata al inicio del libro: “La vida, tomándola tal como es, sin exageraciones ni engaños, no es tan mala como dicen algunos”.

*La foto es de Birthe Pionek.

 

MANUEL PEREIRA: UNHA CITA CO POETA GALEGO

MANUEL PEREIRA: UNHA CITA CO POETA GALEGO

Anoche colgué aquí un texto en gallego y castellano del poeta y narrador Manuel Pereira, un gallego que vive en Madrid y que residió en Zaragoza durante siete años.

Pereira viene de cuando en cuando por aquí, y el otro día, con su mujer Chus y con su amiga Cristina, una estudiosa del grabado y artista ella también, realizó varias visitas. Disfrutaron los tres especialmente con la muestra ‘Goya y el mundo moderno’. No solo disfrutaron: gozaron como enanos. El domingo por la mañana, mientras Nadal sufría, pugnaba y finalmente provocaba el llano de Roger Federer, nos vimos en el Mesón del Carmen. Conversamos un par de horas y de esa pequeña tertulia y de un leve paseo posterior, además de unas fotos ante la Puerta del Carmen, salió este texto que Manuel Pereira me enviaba anoche. Ha estado colgado unos horas sin un delantal, estaba medio dormido, y tampoco he dicho que esta foto del Grupo El Paso –al que le ha dedicado una estupenda y ambiciosa monografía, y una exposición, Chus Tudelilla. Hay que hacerse con ese trabajo, de veras- pertenece a mi admirado y amado Leopoldo Pomès, que está estos días de actualidad porque La Fábrica acaba de publicar una monografía suya.

 

Manuel Pereira Valcárcel (A Estrada, Pontevedra, 1955) es autor de Poemas de cinza (Edición do autor, Madrid, 1990), Todo morte (Edicións Río Xuvia, 1998), Rosa íntima (Espiral Maior, 2000), Inventario de fragmentos (Libros da Frouma-Librería Follas Novas, 2001) y, entre otros textos, Libro das viaxes (Editorial Litoral das Rías, 2003).

—Encontro con Antón Castro—

 

A idade vai deixando os días sinalados; mancados

uns, beatificados outros, poucos conservan o don

elemental da inocencia. E este primeiro de febreiro

quedará debuxado co perfil das sereas que trazou

Antón Castro nas dedicatorias dos libros con que

nos agasallou, a Cristina Lapiedra, a Chus e mais a min.

A cidade amañecía co latexo calmo, coa discreta

cordura que locen as mañás de domingo.

Estaba pechado o Café Levante e mudamos a cita para

o Mesón del Carmen. Café con leite e descafeinado;

de máquina, por favor. Na pantalla, Melbourne.

O verso libre de Nadal devastando a serenidade técnica

da métrica de Federer. A beleza é, frecuentemente, un

contraste, un acantilado que irrompe no sosego.

E a conversa degoada, Galicia, Aragón, literatura,

exposicións, biografías, enderezos intercambiados,

propostas… Un comentario obrigado, a fugacidade

do tempo plácido. Xa na rúa, antes da despedida, unha

recomendación, a de levarmos unha trenza de Almudévar.

Despois, o adeus co horizonte aberto de futuras coincidencias.

 

 


1-FEBRERO-2009

—Encuentro con Antón Castro—

 

La edad va dejando los días señalados; lastimados

unos, beatificados otros, pocos conservan el don

elemental de la inocencia. Y este primero de febrero

quedará dibujado con el perfil de las sirenas que trazó

Antón Castro en las dedicatorias de los libros con que

nos agasajó, a Cristina Lapiedra, a Chus y a mí.

La ciudad amanecía con el latido calmo, con la discreta

cordura que lucen las mañanas de domingo.

Estaba cerrado el Café Levante y cambiamos la cita para

el Mesón del Carmen. Café con leche y descafeinado,

de máquina, por favor. En la pantalla, Melbourne.

El verso libre de Nadal devastando la serenidad técnica

de la métrica de Federer. La belleza es, frecuentemente, un

contraste, un acantilado que irrumpe en el sosiego.

Y la conversación ansiada, Galicia, Aragón, literatura,

exposiciones, biografías, direcciones intercambiadas,

propuestas… Un comentario obligado, la fugacidad

del tiempo plácido. Ya en la calle, antes de la despedida,

una recomendación, la de llevar una trenza de Almudévar.

Después, el adiós con el horizonte abierto de futuras coincidencias.

 

 

LA FÁBRICA PUBLICA UNA MONOGRAFÍA DE L. POMÉS

LA FÁBRICA PUBLICA UNA MONOGRAFÍA DE L. POMÉS

Leopoldo Pomés irrumpió a mediados de los cincuenta con una mirada innovadora orientada a los retratos, las escenas cotidianas y la arquitectura. Más conocido para el gran público por su faceta de publicista, es sin duda en el terreno de la fotografía donde Pomés se manifiesta como un artista singular, independiente, coherente y al mismo tiempo desconcertante.

Una Retina, una Pentax, la Canon y, por último, una Hasselblad y una Olympus digital. Todas las cámaras que han pasado por sus manos han reflejado su obsesión por la luz. De manera involuntaria mira, observa como ésta afecta a todo aquello que fotografía, cómo dibuja y marca los perfiles de sus modelos, de sus objetos fotografiados. Tan presente tenía esta obsesión que llegó a crear un sistema para iluminar sin sombras a través de fluorescentes.

El libro recoge el trabajo de este fotógrafo desde los años 50 hasta 2004, donde comienza a experimentar con fotografías arquitectónicas sin dejar aparcada la insistencia en el reflejo de la luz.
Es en las dos primeras décadas donde se da la mayor concentración de trabajos, realizando sus primeras fotografías sobre temas costumbristas enmarcados en la Barcelona de los 50. A su vez, da también paso a los retratos de artistas y personajes culturales, género que trabajará durante toda su carrera, como Joan Brossa, Chillida, Antonio Saura, Antoni Tàpies, Picasso, Julio Cortázar y otros mediáticos como el cantante Alejandro Sanz o la modelo Laura Ponte.
Como también lo fueron para Ramón Masats, las corridas de toros ocuparán parte de su producción. En ellas, el torero se convierte en un personaje anónimo cobrando importancia enfoques diferentes o sobre espectadores u objetos del ambiente taurino.

Igualmente, su último trabajo llamado Blancas, grises y negras, expuesto en la Galería Hartmann de Barcelona en 2008, queda recogido en este ejemplar, intentando explorar, una vez más, el trabajo de la luz a través de la fotografía de esta gama de tres colores. 

El libro está prologado por el escritor Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943).

Leopoldo Pomés (Barcelona, 1931), se dio a conocer como fotógrafo en 1955 con una exposición en las Galerías Layetanas de Barcelona que llamó especialmente la atención en su momento. Colaboró en varios libros y proyectos cuyas imágenes se han conservado y expuestos en varias ocasiones.

Su faceta como publicista es la más conocida, en concreto sus anuncios televisivos para Freixenet y Gallina Blanca.  Su obra puede verse en el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) y en MENAC de Barcelona.

*Esta información corresponde al gabinete de comunicación de La Fábrica y lo remite Judith Guerrero. La colección der PHotoBolsillo la dirige Chema Conesa, un excelente fotógrafo que trabaja en El Mundo, y la diseña Fernando Gutiérrez. Leopoldo Pomés es un hombre maravilloso e increíble. Soy un enamorado de su trabajo y estas navidades me ha mandado una foto de una de las mujeres hermosas que retrata: ésta, ’Elsa’, fechada en 1971. Fue un maravilloso e inesperado regalo. Lo he llamado varias veces y localizarlo por el móvil es casi imposible. Correré a comprar esta monografía de inmediato.

 

LUIS POUSA: POSTAL ATLÁNTICA A TRES CIUDADES

LUIS POUSA: POSTAL ATLÁNTICA A TRES CIUDADES

Mi admirado Luis Pousa, de quien he dado noticia aquí en varias ocasiones, publica un artículo que enlaza tres ciudades: A Coruña, Zaragoza y Barcelona. Pousa es un admirador absoluto de Enrique Vila-Matas y trabaja en La Voz de Galicia, el periódico de mi niñez y adolescencia, el periódico que siempre busco, el periódico donde siempre he soñado con colaborar, con otros estupendos periodistas gallegos como Xesús Fraga (ha sido muy gentil y ha dedicado una lectura lúcida y generosa a Fotografías veladas, y ha descubierto claves muy curiosas) y Guillermo Pardo, entre otros muchos. Los otros, dicho sea de paso, son grandes maestros del blog.

 

TRES CIUDADES ENLAZADAS

Por Luis POUSA

Es curioso cómo, a través de una serie de bitácoras, se ha ido trazando un camino de ida y vuelta, de enlace en enlace, entre tres ciudades blogueras: A Coruña, Barcelona y Zaragoza. Uno puede partir de aquí mismo, de esta ciudad atlántica suspendida en los puntos suspensivos de Estíbaliz Espinosa, y brincar al Hotel junto a la vía que tiene abierto Álex Nortub en Barcelona. Allí, en BCN, se puede uno quedar plácidamente en Hasta Elena, en El lamento de Portnoy, en la web de Vila-Matas (que tiende al blog, sólo que nos tiene a la espera para crear expectación), en Semper Tremulusa o en Iceland bailout plan (9). En caso de lluvia, siempre puede uno cobijarse bajo el Paraguas en llamas de Jordi Mestre o emprender, sin más rodeos, el vuelo hasta Zaragoza para aterrizar, por ejemplo, en la biblioteca de Antón Castro. En la misma ZGZ se pueden subir los 39 escalones de Alfredo Moreno o reposar entre nómadas con Marta Navarro. Marta nos abre la puerta al MigraMundo de Guillermo Pardo, ya en A Coruña, donde rodamos de blog en blog para rastrear El cuadernillo verde de María B., el Im-Pulso de Félix SoriaLa Huella Digital de Nacho de la Fuente,  y para desembarcar luego en el camarote coruñés (Javier Pedreira, Wicho) de ese trasatlántico llamado Microsiervos. Se impone una última parada en los mundos virtuales de dos coruñeses hasta las cachas emigrados en Bilbao, Pablo Gallo, y en Bruselas,  Gritando a voces en alta mar, antes de rematar el periplo en la acogedora casa en la que cohabito, entre otros grandes blogueros y amigos, con César Casal, Rubén Santamarta, Sandra Faginas, Antía Díaz, Miguel Piñeiro, Paco Sánchez, Fernando Hidalgo, Jorge Casanova, César Rodríguez, Olalla Sánchez, Francesc Pumarola, Carlos Agulló y los gallegos errantes de Global Galicia. Y ya estamos de regreso. Teniendo links, quién necesita puentes aéreos. A Coruña-Zaragoza-Barcelona es ya una conurbación bloguera.

Perdón por los más que probables olvidos (mis neuronas ya no son lo que eran). Un saludo a todos (incluso a los olvidados) desde esta región ocultamente furibunda.

 

 

*En otro artículo posterior, Luis Pousa selecciona un fragmento de ‘El paseo’ de Robert Walser, uno de mis libros predilectos y uno de mis actores más queridos. Ese libro lo publicó Siruela. Walser ha sido cantado y glosado una y mil veces por el ‘Kubala de las letras españolas’: Enrique Vila-Matas. El mago de las palabras y las invenciones inverosímiles.

 

LA CIUDAD DORADA O UN VIERNES EN HUESCA

LA CIUDAD DORADA O UN VIERNES EN HUESCA

El viernes pasado me inventé una cita en Huesca: quería ver los ‘Paisajes pintados’ de Fernando Alvira Banzo, que celebra los 40 años de su primera exposición. El pintor, que recorre como la palma de su mano la autopista Huesca-Zaragoza y la carretera Huesca-Binéfar, atrapa un fogonazo de luz, lo retiene en el fondo de su cabeza y de su imaginación, y luego, en su estudio luminoso, le da forma. Una larga línea horizontal separa los campos y los desiertos del cielo. Con él y José Domingo Dueñas vi la exposición ‘El Circo’, de la colección de Fernández-Ardavín: esos cartelistas se tomaban su tiempo, conocían la ciencia del color y la artesanía de la figuración. Luego, nos encontramos con María Pilar Moreno, la mujer que mejor ha estudiado la figura de Miguel de Molinos, ese apóstol del quietismo que nació en Muniesa y triunfó en Roma. Tuvo tanto éxito que eclipsó al mismo Papa, hasta que alguien decidió que su ‘Guía espiritual’ y sus hábitos cotidianos se desposaban con la herejía. Lo juzgaron, el proceso fue tan espeluznante como inverosímil, y lo condenaron a la hoguera; al fin le conmutaron la pena porque era viejo. Más tarde, estuvimos en el estudio del fotógrafo Fernando Alvira Lizano, uno de los grandes fotógrafos de arte de Aragón, que realiza libros y proyectos para toda España. Fernando tenía entre las manos un proyecto precioso: ‘La ciudad dorada’, las fotos que ha realizado al mural de Teresa Ramón que se ha instalado en el Palacio de Congresos. Y aún nos quedó tiempo para ver las ilustraciones de Noemí Vilamuza para ‘El capote’ de Gogol en Librería Anónima. Hay viernes en que Huesca no se acaba nunca.

*Este es un paisaje viajado, tomado desde la huerta de Luis, que ofrece una vista de Berbegal. Uno de los cuadros más bonitos de la muestra de Fernando Alvira Banzo que se exhibirá en las dos salas del Matadero.

TANTA, TANTA MÚSICA DE JAZZ EN UNA FOTO

TANTA, TANTA MÚSICA DE JAZZ EN UNA FOTO

De vez en cuando me escribe ese enamorado de Zaragoza y de su pasado reciente, especialmente los 50, 60 y 60, que es Rafael Castillejo: cantante, presentador, curioso y amigo de sus amigos. Es una criatura particular en el paisaje sentimental de Zaragoza. Me envía esta foto y dice: De izquierda a derecha: Charlie Barnett, Tommy Dorsey, Benny Goodman, Louis Armstrong y Lionel Hampton .¿Cómo puede caber tanta música en una sola fotografía?”. Añade que la foto pertenece a la Colección de Jerry Murbach.

JOHN UPDIKE O EL ARTE DE REDACTAR RESEÑAS

JOHN UPDIKE O EL ARTE DE REDACTAR RESEÑAS

Uno de mis blogs favoritos, que siempre me deslumbra (y no sólo por razones de cariño y parentesco de sangre) es el de Daniel Gascón. Es uno de los buenos buenos (y los hay magníficos, asombrosos) de la red: siempre da información, siempre está atento a lo que pasa mucho más allá de nuestra ciudad. Daniel es un estupendo traductor de inglés y francés (ya ha traducido alrededor de una decena de libros de narrativa e historia) y está muy atento a los periódicos y revistas de todo el mundo. Hace unos días, tras la muerte de John Updike, publicaba esta nota de los consejos del autor de Corre Conejo sobre el arte de escribir una reseña. Copio aquí el texto y su traducción:

 

John Updike escribió sus reglas para escribir una reseña en Picked-Up Pieces.

“Mis reglas, grabadas por traumas de juventud en el extremo receptor de la opinión crítica, eran y son:

1. Intenta entender lo que el autor quería hacer, y no lo culpes por no lograr lo que no intentaba.

2. Da las bastantes citas directas –al menos un pasaje extenso- de la prosa del libro para que el lector de la reseña pueda formar su propia impresión, tener su propio gusto.

3. Confirma tu descripción del libro con citas del libro, aunque sólo sean de una frase, en lugar de un resumen confuso.

4. Sé moderado en el resumen de la trama, y no cuentes el final…

5. Si juzgas un libro deficiente, cita un ejemplo exitoso en la misma línea, de la obra del autor u otra parte. Intenta entender el fracaso. ¿Seguro que es suyo y no tuyo?

A estas concretas cinco podríamos añadir una sexta más vaga, que tiene que mantener una pureza química en la reacción entre producto y el que lo juzga. No aceptes reseñar un libro si estás predispuesto a que no te guste, o comprometido a que guste por amistad. No imagines que eres el guardián de ninguna tradición, el vigilante de ningún estándar partidista, un guerrero en alguna batalla ideológica, un funcionario corrector de ninguna clase. Nunca, nunca… intentes a poner al autor ‘en su lugar’, convirtiéndolo en un peón de una partida entre críticos. Reseña el libro, no la reputación. Sométete a cualquier hechizo, débil o fuerte, que se lance. Mejor elogiar y compartir que culpar y prohibir. La comunión entre un crítico y su público se basa en la presunción de ciertas posibles alegrías en la lectura, y todas nuestras discriminaciones deberían tender hacia ese fin”.

*En la foto de 1964, John Updike y su familia. No sé de quién es la foto, la he tomado de Flickr. Es estupenda.

FERNANDO SARRÍA: POEMAS DE 'EL ALHAQUÍN'

FERNANDO SARRÍA: POEMAS DE 'EL ALHAQUÍN'

Fernando Sarría me envío ayer su segundo poemario publicado: El Alhaquín, (según la RAE significa “tejedor, hombre que tiene por oficio tejer”) que ha sido uno de los accésit del premio Delegación de gobierno-Cajalón. El libro de Fernando, así de entrada, es un poemario amoroso, un libro de exaltación del erotismo y de la complicidad entre los amantes, es un libro de escalofríos, resuelto en versos cortos y a veces en fragmentos de una sola línea, y es la crónica de un viaje en tren y de la observación del mundo, del alma y de la noche desde lo alto de un faro. Este bello dibujo es de Eugene Delacroix.

 

Copio algunos textos:

 

1

 

Un silencio recorre mi espalda.

  me estás mirando.

 

2

 

Sé de tu cuerpo

y en mis manos se respira

la fragancia de la noche.

 

3

 

Rumor del fuego.

Tus labios avanzan por mi vientre.

 

4

 

Me despierto. Tú duermes.

Soy un faro silencioso

anunciando una luz

en un muelle vacío.

 

5

 

La humedad de un sueño

a veces es la lluvia que dejó una ausencia.

 

6

 

Hay una línea azul que el mar esconde

y que sólo habitan las gaviotas.

 

7

 

Un desierto es parte de un abismo,

la parte baja de un acantilado.

 

8

 

Ser un hombre amado por todos

es prácticamente un epitafio.

 

9

 

Un faro encendido sigue desnudando la ternura del mar.