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Antón Castro

UNA MUJER AL VUELO: RETRATO DE CARLOS SAURA

UNA MUJER AL VUELO: RETRATO DE CARLOS SAURA

Estuve hace unos días en Barcelona, con mi hija Aloma, y vimos la exposición “Mujeres y monstruos” de Carlos Saura, la muestra más íntima del fotógrafo y cineasta. Tiene fotos extraordinarias: de Lali Ramón, de Anna, de Geraldine, de su hermana Ángeles, que coincidió allí; la entrevisté hace algúnos años en su casa de Madrid para ‘Heraldo’: es una mujer dulce, misteriosa y encantadora. Pero hay una que es mi favorita por encima de todas, no es la mejor probablemente, pero me gusta mucho. Me encantaría publicar un día un libro con esta foto de portada. Es una reproducción con la cámara de Aloma, no es la original, pero conserva una buena parte de su encanto.

FERNANDO SARRÍA: UNO DE SUS PENÚLTIMOS POEMAS

FERNANDO SARRÍA: UNO DE SUS PENÚLTIMOS POEMAS

No hay noticias en el miedo

pero al final es el miedo

el que te ahoga.

Anne Sexton

 

 

Acércate despacio,

dibújame en la arena un corazón,

trae entre tus dedos esa caricia,

sé que es para mí,

toma la mía,

hace una eternidad que te la guardo,

mírame en lo apenas de esta tarde de frío,

cuando todavía el sol sabe de tu silencio

y te hace nombrarme

como si nunca fuéramos a distanciarnos.

Es cierto que hemos perdido

¿pero cuando pensamos que era nuestra la victoria?,

Estamos como al principio,

tú, yo y el océano,

vistiendo de miedos

este tiempo de dudas

y estos sencillos versos,

dejados aquí,

en el vértigo

de un día de invierno.

*La foto es de Robert Farnham.

 

 

EDGAR ALLAN POE (1809-1849) CUMPLÍA AYER 200 AÑOS

EDGAR ALLAN POE (1809-1849) CUMPLÍA AYER 200 AÑOS

 

 

 “Poe escribió cuentos de misterio para sentirse a gusto en el mundo”. Franz Kafka, escritor, 1883-1924.

 

 

EDGAR ALLAN POE

 

El escritor que se ahogó en terror

 

Ayer se cumplieron 200 años del escritor norteamericano que creó la narración de detectives, anticipó el relato moderno y sigue influyendo en las jóvenes generaciones

 

Momentos antes de expirar, el 7 de octubre de 1849 en Baltimore de una forma que sigue resultando confusa y misteriosa, aseguran que Edgar Allan Poe evocó al explorador polar Reynolds y que murmuró: “¡Que Dios se apiade de mi alma!”. Luego iniciaba el camino sin retorno hacia ese más allá que él había visitado en vida, él y sus personajes, como Mr. Valdemar, e iba a convertirse en uno de los escritores más admirados de todos los tiempos. En un referente, en un precursor de géneros (desde el relato de detectives al de ciencia ficción), en un adelantado a su época, y también en el primer escritor de Norteamérica. Edgar Allan Poe se erigió como uno de los autores más influyentes, uno de los más queridos y denostados a la vez, y en una fuente constante de inspiración para un sinfín de generaciones. Su mundo y su vasto campo de intereses y de estéticas conecta a la perfección con los más jóvenes. Aún hoy, cuando se celebran los 200 años de su nacimiento en Boston, Poe genera ríos de tinta: reediciones, estudios, cuadros, cómics, óperas películas y música.

Paradójicamente, se recuerda que Harold Bloom lo considera un escritor secundario, demasiado atroz tal vez, y que multitud de autores elogiaron su legado: desde Charles Baudelaire, que lo tradujo y lo presentó en Europa y forjó su mito, como haría Stéphane Mallarme luego y Paul Valery (“Poe es el único escritor impecable que hay, nunca se equivocó”, observó), hasta Maupassant, Horacio Quiroga, Franz Kafka, W. H. Auden,  H. P. Lovecraft y, entre otros, Julio Cortázar. El argentino lo tradujo a principios de los 50, y la  versión de sus cuentos completos sigue siendo la más definitiva: el más hermoso y hondo y matizado Poe en castellano. Estos días, coinciden en las librerías nuevas ediciones de sus ‘Cuentos completos’: la de Edhasa (1016 páginas); la del editor zaragozano Juan Casamayor para su sello de Páginas de Espuma (950 páginas); la de Augur, y dos que ya existían: la de Alianza Editorial y la de Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. Otro gran defensor de Poe ha sido Jorge Luis Borges, que ponderó la maestría y la ausencia de énfasis de ‘El extraño caso de Mr. Valdemar’, pero además es evidente su huella en sus textos: el amasijo cultural, la pasión por la filosofía, el estilo de contar, el uso del sarcasmo y la ironía. Dijo: “Poe pertenece a lo intemporal y a lo eterno”.

         Edgar Allan Poe fue un hombre sin suerte. Jamás supo canalizar su inmenso talento hacia una pequeña porción de felicidad. Fue víctima del desconcierto, de los excesos, de la turbulencia y de un romanticismo tenebroso que brotaba de su propio interior: él lo bautizaba como “los terrores del alma”, algo que llevaba muy adentro y que emergía al exterior de una forma tan torrencial como destructiva. Era muy niño cuando sus progenitores desaparecieron: su padre se fugó de casa y su madre murió poco después. Fue adoptado por John Allan y su mujer Frances, que eran acomodados comerciantes de licores, tabaco, café y té, y probablemente de esclavos. Esos primeros años en Richmond fueron determinantes: Edgar era un joven pulcro y curioso, atraído por las fábulas del mar y de los veleros y por los relatos de los esclavos; todo ello desembocaría años después en su única novela: ‘Arthur Gordon Pym’. Gran lector, poseía belleza, inteligencia y buenos modales.

La familia, poco más tarde, se trasladó a Irvine, Escocia, y a Londres, y en ese período Poe aprendió francés y lenguas clásicas, y leyó con avaricia. Los negocios no fueron demasiado bien, y los Allan retornaron a Richmond. El adolescente se mostraba orgulloso y peleón, era capaz de atravesar a nado el río Jammes ante testigos que lo contasen, y se enamoró perdidamente de Helen Stanard, la madre de un compañero. Además, adoraba a Lord Byron, que fue su modelo de escritor y aventurero, y a Shelley, con quien no tardaría en ser comparado. Estudió en la Universidad de Virginia, más tarde ingresó en el ejército, donde permaneció dos años, y para entonces ya había mostrado sus perfiles oscuros: bebía más de lo prudente, jugaba hasta contraer cuantiosas deudas y plañía por carta, una y otra vez, a John Allan, al que también difamaba para justificar sus propios errores. En una de las misivas, víctima de su propia y prematura ruina, decía: “En nombre de Dios, ten piedad de mí y sálvame de la destrucción”. 

Allan le exigió la entrada en West Point, y Poe obedeció, pero de inmediato hizo lo posible y lo imposible para que fuese expulsado. Su carácter lo volvía insoportable cuando estaba bajo los efectos del alcohol o del láudano. Para entonces ya había publicado dos poemarios, se había probado en los periódicos y había iniciado su existencia errante que lo llevaría a vivir en Pensilvania (Filadelfia), Nueva York, donde se radicaría poco después junto a su mujer, Virginia Clemm. Se casaron en 1835, cuando ella tenía trece años, y vivieron juntos hasta 1847: ella se murió a consecuencia de la tuberculosis. En todos estos años, vulnerable y contradictorio, Edgar Allan Poe dio abundantes muestras de su inteligencia: colaboró en diversos periódicos, en ‘Messenger’ conquistó prestigio con sus críticas tan lúcidas como cáusticas; en ‘Broadway Journal’ fue redactor jefe; publicó su novela ‘Arthur Gordon Pym’ y ‘Cuentos de lo grotesco y arabesco’, que contenía algunas de sus obras maestras como ‘Ligeia’, ‘La caída de la casa Usher’, etc., e incluso, con el consentimiento de su joven esposa, ya gravemente enferma, vivió una escandalosa pasión con la poetisa Frances Sargent Osgood. Iba de casa en casa, de periódico en periódico, de proyecto en proyecto, pero no podía vencer al torbellino de adversidades que se le venían encima: las deudas, la locura, el alcohol, las reacciones violentas o, ya en 1847, la muerte de su joven esposa, la criatura que despertaba en él los mejores sentimientos y también el mayor dolor.

         Poe sintonizó con su época. Fue un poeta de hermosas y sorprendentes imágenes, de inspiración musical, pero apostó por el relato, con el que ha conquistado la inmortalidad. Amó a algunas mujeres más en su travesía hacia el abismo y la desesperación, se reencontró con uno de sus primeros amores, Sarah, e iba a casarse el 17 de octubre de 1849. Poco antes, enfermo, preñado de pesadillas y de fantasmas, falleció en Baltimore en extrañas circunstancias. Muchos sueños se interrumpían entonces, incluso uno del que ya había dado cuenta en la prensa: el deseo de fundar un periódico propio, ‘The Stylus’.

 

 

 

 

 

Las inolvidables imágenes de un visionario

 

El autor de ‘Arthur Gordon Pym’ creó pesadillas y estados de ánimo del horror cotidiano que se han convertido en iconos

 

A.   C.

Edgar Allan Poe quiso ser escritor por encima de todo. Un escritor profesional. Un  virtuoso de la palabra y de las historias. Y lo fue. Su dios, al margen de Lord Byron y de E.T.A. Hoffmann, era el pensador Joseph Glanvill. Sus fuentes son variadas. Era curioso, cultísimo y aspiraba a la creación de la Belleza, sin excluir sus formas más terribles. Fue el creador del relato de detectives y renovó la ciencia ficción y la narrativa de estilo gótico. Transitó las sendas de la crítica literaria con absoluta brillantez y se atrevió a mirar a la muerte de frente: con estupor, con sangre fría y con sadismo, en todas sus variaciones y posibilidades. La necrofilia está muy presente en sus libros. Le dio entidad el concepto de ‘atmósfera’ y redactó relatos de terror que exploran los rincones oscuros pero también las sombras del yo. De ahí también su modernidad.

Sin renunciar al relato amoroso y poético, y aún alegórico, abordó asuntos como el crimen, la venganza, el remordimiento insoportable, el tema del doble, la enfermedad, la morbosidad romántica. Su mundo es tan rico que fascinó a los surrealistas y que ha sido objeto de estudio del psicoanálisis. Tiene grandes intuiciones y abordaba asuntos que forman parte de nuestro pánico cotidiano como el hecho de ser enterrado vivo, el temor a volverse loco, la hipnosis o la presencia monstruosa del animal. Para expresar todo ello halla en el relato el territorio perfecto, un relato gobernado por la intensidad y la eficacia, por la búsqueda de un desenlace explosivo.

Estos días, el escritor y biógrafo Peter Ackroyd publica en Edhasa una excelente biografía de síntesis, donde dice: “Edgar Allan Poe fue el más calculador de los autores, por lo que nunca debería confundirse con los narradores perturbados, e incluso psicóticos, de sus relatos. El Poe escritor buscaba con gran esmero los efectos más extremos”. Lo lograba no solo con el estilo o con los personajes, sino con imágenes que se han fijado para siempre en la memoria del mundo: el corazón delator, el pozo y el péndulo, el retrato oval, la Casa Usher, inspirada en la Casa Moldavia de su protector, el barril de amontillado, el gato negro, el cuervo. Poe creó climas y estupor, fundó un realismo macabro, pero sobre todo fue capaz de crear imágenes imborrables y estados de ánimo asociados con un cuento.  Imágenes de pesadilla, de delirio, depuradas tras la emoción: las imágenes de un visionario.

 

Comentarios aragoneses a sus cuentos

 

El editor zaragozano Juan Casamayor acaba de publicar los ‘Cuentos completos. Edición comentada’ (Páginas de Espuma. Madrid, 2008) de Edgar Allan Poe, preparada por Fernando Iwasaki y Jorge Volpi, con dos prólogos cortos de Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa. Cada texto está comentado por un autor que haya nacido desde 1960 hacia nuestros días y que haya publicado al menos un libro de cuentos. Entre los elegidos figuran cuatro aragoneses: Ismael Grasa, Patricia Esteban Erles, Carlos Castán y Manuel Vilas.

-‘Un descenso al Maelström’. Ismael Grasa comenta este cuento, que le evoca las películas de tornados, y anota: “Me gusta este relato, tiene eso que tanto se valora en Poe, la capacidad de crear una atmósfera peculiar desde las primeras líneas, pero es, además, un relato raro dentro de la obra de este autor, como si el propio autor se salvase de su propio remolino y de sí mismo (…) El remolino es un fenómeno que casa bien con la idea de obsesión y con el cuento moderno al que dieron lugar autores como Poe”.

-‘La Cita’. Carlos Castán dice: “Con ser una historia atípica dentro de la producción de Poe encontramos (…) elementos que nos devuelven, una vez más, a su desmedida biografía. Está el amor imposible, idealizado, la pasión por esa escultura inalcanzable que fue Helen Stanard, la mujer cuya sombra, tras morir loca cuando el escritor no tenía más que dieciséis años, le acompañó siempre desde ‘el frío valle”.

-‘Eleonora’. Patricia Esteban analiza este texto que le recuerda, de entrada, a la joven esposa de Poe: Virginia Clemm. Dice: “Eleonora es evocada como una niña sin tiempo que nunca debió crecer ni traspasar el umbral de sus quince años, porque al acercar las puntas de sus dedos al amor pulsó también las cuerdas de la muerte”. Añade que el atormentado Poe “asistió impotente a la agonía real de Virginia” y que puede leerse como, “además de un texto consolatorio, la historia de una confesión”.

-‘Mixtificación’. Manuel Vilas le escribe una carta a Mr. P., en la que dice: “He leído tu maravilloso relato sobre el barón Ritzner von Jung y me ha conmovido la delicadeza moral de su prosa, su elevada distinción incluso a la hora de tratar temas tan vulgares como el de las bromas. Yo también conocí, hace mucho tiempo, al barón (…) en una casa de lenocinio de Toledo”. Dice que Poe tiene propensión “al barroquismo suave. Pensó que éramos monos, y éramos monstruos humanos, muy humanos, como él”.

 

 

Cómic, ilustraciones,

Juegos y canciones

 

Edgar Allan Poe ha inspirado a creadores de todas las disciplinas. Y este año más. El ilustrador Jack Mircala acaba de publicar en Sins Entido, la editorial de Jesús Moreno, ‘Siniestras amadas’, cuyas ilustraciones se expondrán en la sala del mismo nombre de Madrid a partir del jueves. OQO publica una versión infantil del relato ‘Hop-Frog’ ilustrada por Alberto Vázquez, que ilustra además una biografía del autor, redactada por Jordi Sierra i Fabra, en Zorro Rojo. Este sello también prepara una versión de ‘Arthur Gordon Pym’, su única novela, con dibujos de Luis Scafati. Alberto Sastre ilustra ‘Las mujeres de Poe’ en Puerto Norte-Sur. El poema ‘Annabel Lee’ inspiró a Radio Futura, ‘The raven’ a Lou Reed, otros relatos a Peter Hammill. Y su espíritu macabro y romántico a la vez está vivo en juegos de ordenador y de rol, y en homenajes como el de Gustavo Doré. Todo un clásico. En cine, Poe ha sido la obsesión de un excelente artesano: Roger Corman, que ha hecho con algunos de sus cuentos películas más que estimables de género: películas inquietantes que aterrorizan como ‘La caída de la Casa Usher’.

*Este artículo se publicó ayer a doble página en Heraldo de Aragón. Este dibujo es de Gustavo Doré.

 

 

 

 

 

 

MARTÍNEZ DE PISÓN SELECCIONA 'PARTES DE GUERRA'

MARTÍNEZ DE PISÓN SELECCIONA 'PARTES DE GUERRA'

“LA GUERRA NO PERTENECE

SÓLO A QUIENES LA SUFRIERON”

 

[Entrevista a Ignacio Martínez de Pisón. Esto no es un cuento. La muerte, la injusticia y, a veces, la esperanza se citan en la Guerra Civil a los ojos de los escritores, que recogen todo ese material. Los 35 relatos que Ignacio Martínez de Pisón ha reunido en ‘Partes de guerra’ (RBA) muestran la parte más literaria del horror. Esta entrevista la ha publicado el diario El Público y la hace el periodista y narrador Peio H. Riaño, que acaba de publicar su último libro en Caballo de Troya. La foto de Pisón es de Edu Bayer.]

 

Era lo que faltaba. No existía una antología de relatos de la Guerra Civil. El escritor Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) ha compilado la primera y prefiere que se lea como una gran novela sobre la batalla. Asegura que, desde el día que estalló hasta la actualidad, la contienda es una fuente de inspiración de magníficos relatos breves, y por ella ha pasado el testimonio y la imaginación de autores como Manuel Chaves Nogales, Max Aub, Delibes, Ana María Matute, Bernardo Atxaga, María Teresa León o Mercè Rodoreda.

¿La guerra también le pertenece al lector?

Esta guerra y muchas otras. Pocos temas literarios son tan apasionantes como las guerras. En ellas, el ser humano puede mostrar lo mejor y lo peor de sí mismo, y el escritor tiene una oportunidad inigualable de indagar en los recovecos de su alma.

¿A qué se refiere con “Gran Novela” cuando escribe en el prólogo que no existe ninguna sobre esta guerra?

Podrían citarse varias novelas interesantes o incluso buenas que han tocado el tema de la Guerra Civil. Pero no parece que ninguna de ellas sea la definitiva, la que haga inútil que otros novelistas sigan intentándolo. Dicho de otro modo, no tenemos un Guerra y paz o un Vida y destino.

¿Cuál ha sido el criterio de selección de los relatos?

Ya que no existe una Gran Novela sobre la Guerra Civil, me interesaba contarla a través de las voces de diferentes autores. Digamos que estos treinta y tantos relatos aspiran a llenar ese vacío. Por eso los cuentos están ordenados cronológicamente, desde el comienzo hasta el final del conflicto. Tal como están dispuestos los textos, creo que el libro puede leerse como un relato casi unitario, como una novela. Muchos escritores habituados a sendas alejadas del realismo optaron por una narrativa ajustada a los hechos, incluso con un componente de crónica. De todos los relatos del libro, sólo el relato de Mercè Rodoreda, intimista, esquiva deliberadamente el realismo.

¿Hay algún rastro en el estilo de los que vivieron en primera persona la guerra?

Sin duda, el autobiografismo. Leyendo, por ejemplo, los relatos de Calders, Delibes, Pereira, Aldecoa o García Hortelano, no es difícil intuir cómo vivió cada uno de ellos la guerra. Cuentan episodios que tienen todo el aroma de la verdad.

¿Por qué esa necesidad por el realismo?

Supongo que el realismo se les impuso a los autores como la opción más natural de enfrentarse a la Guerra Civil como tema literario. Tampoco debe extrañarnos. Muy poco después, como respuesta literaria al fenómeno de la resistencia partisana y a la propia Guerra Civil italiana, también en Italia los escritores optaron por el realismo. Así fue como nació el neorrealismo.

Malraux y Hemingway vivieron muy de cerca la contienda. Son los primeros en hacer de la Guerra Civil material literario. En este sentido, ¿cómo son las maneras de un escritor que ha pasado por la batalla y las de uno que no la vivió en primera persona?

Malraux publicó en 1937 La esperanza, una novela que, entre otras cosas, aspiraba a llamar la atención de las potencias democráticas sobre la situación que estaba viviendo la República española. Hemingway, en cambio, no publicó ¿Por quién doblan las campanas? hasta 1940 y con esa novela buscaba alertar a la opinión pública norteamericana contra el fascismo internacional, que estaba adueñándose de Europa. En ambos casos, se buscaba una intervención directa sobre la realidad. En textos posteriores, la guerra aparece como recordatorio de la ilegitimidad del régimen de Franco. Hasta llegar a los relatos de los autores que desarrollaron su actividad literaria tras la muerte de Franco. Para ellos, la aproximación a la Guerra Civil puede tener algo de restitución histórica y moral, pero es un acercamiento literario.

¿Por qué el relato corto?

Supongo que la Guerra Civil era un tema tan vasto y complejo que no resultaba fácil abarcarlo en su totalidad por medio de una novela. Los cuentos, en cambio, no aspiran a esa totalidad y se conforman con ofrecer algunos destellos parciales del conflicto.

¿Qué ha conseguido al incluir generaciones de escritores que no vivieron el conflicto desde dentro?

No quería limitarme a lo estrictamente testimonial. La guerra no pertenece sólo a quienes la sufrieron personalmente, porque sus efectos aun se sienten.

¿Cuántos de ellos están escritos desde la venganza?

Por sorprendente que pueda parecer, la venganza está casi ausente en los relatos que he escogido para Partes de guerra. Hay, es verdad, cuentos sobre las atrocidades que se cometieron y sobre los extremos de crueldad que puede alcanzar el ser humano. Pero también hay cuentos sobre el deseo de reconciliación, sobre la necesidad de comprender los motivos del enemigo, sobre la capacidad del ser humano para salir adelante en tiempos tan convulsos... La Guerra Civil es al tiempo el tema y el escenario de las historias. Por ejemplo, el cuento de García Hortelano, a la vez que recrea la vida en Madrid durante el último año de la contienda, narra el despertar de un niño a la sensualidad y el deseo. En el libro, la retaguardia está tan presente o más que el frente y ahí, en la retaguardia, seguían pasando más o menos las mismas cosas de siempre.

¿Qué ha tenido más peso en la selección, la verdad histórica o la precisión de la expresión literaria?

La calidad literaria, sin duda. Pero no concibo la buena literatura sin un fondo ético y, por tanto, sin un intento sincero y desprejuiciado de aproximación a la verdad. En el viejo debate sobre literatura y moral, siempre se acaba sacando el nombre de Céline, antisemita y colaboracionista con el nazismo y al mismo tiempo buen escritor. En lo que se refiere a la Guerra Civil, tal vez el ejemplo análogo sería el de Madrid, de corte a cheka, de Agustín de Foxá. En todo caso, si cada relato aspira a transmitir su verdad (a veces una verdad pequeña y subjetiva), el conjunto aspira a acercarse a una verdad mayor, una verdad que puede ser compartida.

¿Este libro puede hablar en nombre de todos?

Es un libro que recrea muchas facetas y episodios diferentes del conflicto desde muy distintos puntos de vista. Hay escritores de prácticamente todas las zonas de España, escritores no sólo en castellano sino también en catalán, gallego y vasco, escritores de los dos bandos, de diferentes generaciones... En eso sí que hay una aspiración a la totalidad.

¿Quiso recoger testimonios de uno y otro lado?

La prioridad fue reunir los mejores cuentos sobre la guerra, fueran del lado que fueran. Pero encontrar buenos cuentos que fueran declaradamente franquistas, no fue fácil. Los de García Serrano y López Anglada podrían considerarse una excepción y el relato de Edgar Neville hay que entenderlo en el contexto biográfico del autor.

Imagino que podría citar un ejemplo de honradez.

El prólogo del republicano Manuel Chaves Nogales a los cuentos de A sangre y fuego, libro de 1937, es un ejemplo de rectitud y honestidad intelectual. Para él, después de los primeros y durísimos primeros meses de conflicto, llegó un momento en el que el odio y la estupidez se habían hecho dueños del país, y la cosa no tenía solución. En ese prólogo, condena por igual la sangre derramada por las cuadrillas de pistoleros de Madrid como los asesinatos de inocentes por la aviación franquista.

¿En narrativa es posible la equidistancia y, sobre todo, es necesaria?

No creo que, ante la Guerra Civil, haya que aspirar ni a la equidistancia ni a la neutralidad. Para mí, la razón y la legitimidad estaban de un lado, el de la República. Otra cosa es que aspiremos a la imparcialidad, lo que sí me parece deseable. Y creo que los autores de estos relatos, o al menos una gran mayoría, también buscan esa imparcialidad.

¿Cuándo se da por concluido un acontecimiento colectivo para literatura como opción temática?

Para la literatura, esos temas seguirán siempre vigentes. Otra cosa es que la sociedad en algún momento perciba que las cicatrices de aquella herida se han cerrado completamente. Todavía no ha ocurrido, pero incluso eso, cuando ocurra, no le restará vigencia literaria.

 

Ausente por prescripción familiar

 

El gran libro de relatos cortos sobre la Guerra Civil de los últimos cinco años, ‘Los girasoles ciegos’ (Anagrama, 2004), ha quedado fuera de la compilación de estos 35 escritos. Ignacio Martínez de Pisón quería cerrar el libro con uno de los cuentos de Alberto Méndez, titulado ‘El idioma de los muertos’, pero los herederos decidieron rechazar la invitación porque “no querían desgajar el libro original”. Pisón vio en el cuento que trascurre en 1941, sobre la represión durante la posguerra, un relato perfecto para el epílogo. En el cuento que quería Pisón del libro Premio de la Crítica y Nacional de Narrativa de 2005, un profesor de chelo adorna la vida de un tal Miguel Eymar, hijo del coronel que le interroga, para ganar tiempo y dejar que corran los fusilados para tratar de salvarse. El profesor distorsiona los hechos de la muerte del hijo día a día.    

 

 

CH. RICHARD VAUGHAN AL ESPAÑOL. Por J. LUIS CINTORA

CH. RICHARD VAUGHAN AL ESPAÑOL. Por J. LUIS CINTORA

NARRATIVA DEL SITIO DE ZARAGOZA  

 

- Charles Richard Vaughan

 

Los zaragozanos le conocieron como “El Caballero Inglés”. Sir Charles Richard Vaughan.

En 1808 acompañó a Charles Stuart, Barón de Rothesay, como Secretario de la Delegación Británica ante la Junta Central Española durante la Guerra de la Independencia.

Vino Zaragoza el 18 de octubre de 1808 junto al coronel Carlos G. Doyle, permaneciendo en nuestra ciudad hasta el día 30 de ese mismo mes, luego acompaño a Palafox cuando salió este hacia Navarra.

A su regreso a Madrid, fue enviado a Salamanca portador de despachos relacionados con la Batalla de Tudela (23 de noviembre) y destinados a Sir John Moore.

En diciembre de 1808 regresó a Inglaterra y, una vez allí, Charles R. Vaughan, publicó la Narrative of the Siege of Saragossa”. Era tal la admiración de las gentes de Europa sobre la gesta llevada a cabo por los defensores de Zaragoza en su lucha contra el poderoso ejército de Napoleón, que en poco más de un año se llegaron a realizar hasta nueve ediciones de este pequeño libro.

En las fechas de su publicación, Zaragoza estaba soportando el terrorífico segundo asedio del ejército francés, (del 21 de diciembre de 1808 al 20 de febrero de 1809).

Justamente ese día, 25 de enero de 1809, fecha de la primera edición de este libro, en la ciudad se da la orden de: “para evitar el hedor de tanto muerto, pues se hallaban hacinados en los atrios de las iglesias y otros parajes, se enterrasen prontamente sin caja y en sepulturas comunes de nueve palmos de hondas (F. Casamayor)”. Se están produciendo de 200 a 300 muertos diarios. La situación en Zaragoza es dantesca, los brutales bombardeos desde todas las baterías que rodeaban la ciudad causan innumerables incendios que los defensores son incapaces de sofocar. Especialmente doloroso y trágico es el del Palacio de la Diputación General del Reino. En estos mismos días, el serrablés Pedro Villacampa, teniente coronel del 2º Batallón Ligero de Voluntarios de Aragón, defiende con singular arrojo el convento de Las Mónicas;  se produce la  heroica defensa del pulpito de San Agustín; se pierde la Puerta del Carmen y el Convento de Trinitarios; y,  entre otros avatares, comienza la horrible guerra de  minas y contraminas.

Tanto Doyle como su lugarteniente Cavendish y el mismo Vaughan traían una misión informativa: hacer un exhaustivo acopio de datos que debían de servir al Gobierno Británico para medir y meditar su ayuda. Estos caballeros ingleses miraron con enorme simpatía al pueblo zaragozano, quedando perplejos ante su imponderable valor. Charles R. Vaughan tenía un amplio conocimiento de España, siempre tuvo una visceral relación con nuestro país. Más adelante pasaría estancias prolongadas de las que escribiría sus diarios.

 Vaughan buscó en el entorno de Palafox,  y de otros personajes de influencia social de la ciudad, la información necesaria para transmitir al Gobierno Británico lo acontecido en el Sitio de Zaragoza, recabando preferencias y opiniones.

Hizo gran amistad con Dª Consolación de Azlor, Condesa de Bureta, mujer muy inteligente, inquieta y tremendamente activa que en las tertulias de sus salones, se preocupó de explicar a los ojos extranjeros toda la grandeza heroica del asedio sufrido. Para Vaughan, el personaje más interesante después de Palafox sería la Condesa. En ella simbolizó el heroísmo zaragozano, mereciéndole auténtica admiración.

En el prefacio de esta Narrative”, solicitó: “la indulgencia que la ejecución precipitada de este trabajo requiere, será concedida más fácilmente, ya que el poco beneficio que pueda generarse con su venta, irá destinado al alivio de los habitantes de Zaragoza”. El 14 de septiembre de 1813, Charles Vaughan escribía a la Condesa de Bureta, enviándole junto a la carta los quinientos pesos fuertes que obtiene de la publicación, rogando que sea ella, “que en medio de los mayores peligros ha dado a sus paisanos un ejemplo nada equivoco del mas distinguido valor y patriotismo”, se ocupe en repartir, según su criterio, entre las víctimas de la guerra.

Solamente nos han llegado los nombres de unos pocos, el resto están totalmente olvidados, pero estos miles de héroes anónimos, lograron para Zaragoza los títulos de Nobleza, Heroísmo y Lealtad que la ciudad ostenta en su escudo.

 

Esta pequeña narración de apenas 40 páginas, fue la primera publicación que hizo saber al mundo los heroicos y horribles días vividos en el Sitio de Zaragoza.

Hoy por fin, al cabo de 200 años, lo presentamos por vez primera, traducido al español.

 

 

José Luis Cintora

 

CRISTINA FDEZ. CUBAS Y KNUD ROMER, VIII CÁLAMO

CRISTINA FDEZ. CUBAS Y KNUD ROMER, VIII CÁLAMO

Cristina Fernández Cubas y Knud Romer,
Premios Cálamo 2008.




Los Premios Cálamo son organizados por Librería Cálamo de Zaragoza y cuentan con la colaboración de las siguientes instituciones públicas y privadas: Ayuntamiento de Zaragoza, Universidad de Zaragoza, Gobierno de Aragón, Fundación CAI-ASC, Institut Français de Saragosse, Sansueña Industrias Gráficas,  Restaurante Garden y Bodegas Guelbenzu.



Fallo de los VIIII Premios Cálamo, Convocatoria año 2008.


El Premio Cálamo "Libro del año 2008" se concede a la obra "Todos los cuentos" de Cristina Fernández Cubas, publicada por Tusquets Editores.


Cristina Fernández Cubas es considerada por buena parte de la crítica como la mejor escritora de cuentos de la literatura en lengua castellana. "Todos los cuentos", que reúne treinta años de relatos tejidos con una lengua tan precisa como hermosa, es ya un título de referencia obligada en la cultura española actual.




El Premio Cálamo "Otra Mirada 2008"  ha sido concedido a "Quien parpadea teme a la muerte", novela  del escritor danés Knud Romer,  publicada por Editorial Minúscula.


"Quien parpadea teme a la muerte" es un bellísimo libro sobre la memoria y las memorias, la nuestra y las de los otros. La literatura de Romer logra lo que caracteriza a muchas obras maestras: convertir lo privado en historia de valor universal.


La gala de entrega de los VIII Premios Cálamo a los ganadores se celebrará el viernes 20 de febrero de 2009 (información y reservas en Librería Cálamo 976557318).

Previamente los autores premiados realizarán una presentación pública de su obra a las 19 horas del mismo día en el Salón de Actos del Centro Joaquín Roncal (Fundación CAI-ASC), en c/San Braulio, 5-7.

 

CRISTINA FERNÁNDEZ CUBAS

Cristina Fernández Cubas nació en Arenys de Mar (Barcelona) en 1945. Es autora de cinco libros de relatos –Mi hermana Elba, Los altillos de Brumal, El ángulo del horror, Con Agatha en Estambul y Parientes pobres del diablo–, dos novelas –El año de Gracia y El columpio–, una obra de teatro –Hermanas de sangre– y un originalísimo libro de memorias narradas, Cosas que ya no existen, títulos que han recibido un caluroso tratamiento por parte de la crítica y del público y que configuran uno de los universos literarios más singulares de la literatura contemporánea. Su obra está traducida a diez idiomas.

 

KNUD ROMER

Knud Romer, nacido en 1960, estudió literatura comparada en Copenhague. Es autor de diversos ensayos centrados en la historia de las mentalidades. Durante muchos años fue uno de los publicistas más importantes de Dinamarca, realizando campañas para grandes compañías comerciales. Harto de una vida que detestaba, Romer abandona el éxito para dedicarse a la creación literaria y al arte.  Ha trabajado en el mundo del cine como guionista (Offscreen, dirigida por Christoffer Boer en 2006) y, en Los idiotas de Lars von Trier y  Allegro de Christoffer Boer, como actor.  En el año 2000 publicó un insólito libro de provocador título: Guía de los retretes públicos de Copenhague. Quien parpadea teme a la muerte, su primera novela, editada en 2006, generó un intenso debate en Dinamarca sobre la relación del país con su pasado reciente. En estos momentos se está traduciendo a numerosas lenguas. Entre los premios que ha recibido figura el Gyldne Laurbær de los libreros daneses. En 2007 quedó finalista en Francia del Médicis a la mejor obra extranjera. En la actualidad está preparando un libreto operístico, un poemario y un libro de relatos.

 

*Foto de Knud Romer en Atenas en 2006.

 

 

LUIS BORRÁS LEE 'FOTOGRAFÍAS VELADAS'

LUIS BORRÁS LEE 'FOTOGRAFÍAS VELADAS'

[Ese lector apasionado que es Luis Borrás publica hoy una generosa reseña sobre ‘Fotografías veladas’ en el Diario del Altoaragón. Luis, a quien no conozco aún, me manda la nota y el enlace del texto. Lo copio aquí y le expreso mi más sincera gratitud. Y también a los compañeros del periódico oscense y a su director Antonio Angulo.]

 

AUTOBIOGRAFÍA Y FÁBULA

 

Fotografías veladas. Antón Castro. Xordica. Colección Carrachinas. Zaragoza, 2008. 186 páginas.

 

Hay en estas "Fotografías veladas" de Antón Castro, una parte real y una parte inventada. Autobiografía y fábula. Y es que, como Antón, nos dice: "Uno no sabe si la vida es un cuento o si los cuentos amontonados unos encima de otros son la vida".

Hay en estos relatos un paisaje personal y real. Una tierra pisada y atrapada en el recuerdo: el Maestrazgo de Teruel. Pueblos en donde Antón comenzó a escribir sus fábulas escuchando las historias que le contaban sus vecinos. Relatos ajenos que se mezclaron con los propios, personajes creados por Antón que hablan de otros que fueron reales. En esta tierra se unieron su pasión por contar y mirar, guardarlo todo en su palabra. Cuentos y vida.

Zaragoza, la novia del viento, vino después. Una ciudad encontrada al azar de una huida o de un destino. Una ciudad que descubrir para hacerla suya, protagonista de sus ficciones entre la realidad de sus calles. Una estación de tren, un viaje de ida y vuelta. Descubrir las mudanzas de su horizonte, recorrerla entera desde los cristales de los autobuses hasta que llega el día de cambiar su río por una piscina con sirena.

Hay en estas "Fotografías veladas" otros territorios y tiempos de la memoria. El de la niñez junto al mar. Un lugar donde escuchar historias de brujería y cuentos de reyes antiguos, cuentos donde siempre aparecían la lluvia y un fantasma. Tiempo en el que la maestra nos regalará un libro de poesía y en el que nuestro primer amor será la primera quimera inalcanzable. Recuerdos adolescentes hechos de pesadillas, secretos, playas y fracasos. Territorios personales hechos de misterios, viejas leyendas y cementerios. Territorios adultos hechos de fútbol y héroes, investigación literaria, tardes de cine y colecciones. Y la fascinación por la mujer, la completa derrota ante su belleza. Una belleza de cine a la que regalar gardenias y poemas. Un rostro ante el que caer rendido. Un amor inalcanzable. Una belleza real que huele a manzanas rojas y que se marchará dejándonos una nota de despedida.

Pero, en "Fotografías veladas", está sobre todo su fascinación por la fotografía. Y es que Antón hace protagonista de muchos de sus relatos al proceso del reportaje fotográfico. El trabajo de campo del fotógrafo, el reconocimiento del terreno, las anotaciones en el cuaderno, la elección del lugar, su lucha con la luz, la contemplación de madrugadas y atardeceres, las imágenes de paisajes, animales y gentes. De la fotografía como hecho físico y químico contra el olvido.

Pero para mi este libro es una guía en donde buscar y descubrir lugares como en un juego de pistas. Salir de casa y llegar hasta todos esos lugares que ha contado Antón. Seguir su huella cojeando y cerrando un ojo. Buscaría pueblos y sierras del Maestrazgo, lápidas con fotografías, minas de carbón y casas abandonadas. Pueblos y playas de la costa gallega en donde dicen que se esconden ballenas y naufragaron barcos. Y buscaría en Zaragoza "La Posada de las Almas" y la calle Pabostría. Y buscaría un piso, un cuarto sin ascensor con una ferretería debajo, y una casa con piscina en un pueblo de las afueras, y una tumba de un perro en San Juan de La Peña.

Un recorrido sentimental, el itinerario de una vida. Y de recuerdo, un buen puñado de fotos. [Esta foto es del portugués Paulo Nozolino.]

 

EVOCACIÓN DE UN HOMBRE DE CINE: MANUEL ROTELLAR

EVOCACIÓN DE UN HOMBRE DE CINE: MANUEL ROTELLAR

Acabo de ver los 47 minutos del documental Manuel Rotellar. Apuntes desde la fila ocho, de Vicky Calavia, con guión de Javier Estella, y me ha resultado entrañable. Todo él está marcado por el afecto y, si hubiera desmesura o hagiografía, estaría mediatizada por el cariño, pero se percibe un aire de verdad, de sinceridad, de admiración absoluta. Luis Alegre dice que Rotellar, que era mecánico en Algodonera del Ebro, nunca se quejó de cómo lo trataba la vida. Lo define como un “amigo inmejorable, un maestro deslumbrante y una referencia ejemplar”. Alberto Sánchez lo define como “el aficionado al cine más exigente y autoexigente” que ha conocido nunca. Y el valenciano Llorens dice: “Yo quiero ser de mayor como Rotellar”.

 

José Antonio Labordeta recuerda: “Lo acompañaba al trabajo, iba con su mono de obrero y yo me preguntaba qué hacía un hombre así apretando tornillos y trabajando de mecánico”.

 

Distintos personajes intentar definir a un hombre que lo hizo casi todo en el cine: fue actor, crítico, historiador, coleccionista de casi todo, un enamorado absoluto de los secretos de las imágenes y un pionero en los estudios del cine aragonés. Resulta conmovedora su muerte. Luis Alegre dice que un día apareció por su casa de la calle Porvenir, en la que no tenía teléfono, el cineasta Alejo Lorén y le dijo: “Soy portador de malas noticias. Manolo Rotellar ha muerto”. Alberto Sánchez recuerda que empezó a temerse lo peor cuando un día los dos, por la mañana, pasan ante la Filmoteca que estaba en la calle Fuenclara, no la reconoció, y recuerda otro bonito detalle de su entierro: Antonio Artero se acercó a su nicho y arrojó una flor.

 

El documental se cierra con una selección de imágenes de películas de José Luis Pomarón, Miguel Vidal y Antonio Artero, etc., y con la voz y la guitarra de Luis Ángel Villanueva cantando ‘La bien pagá’.

[Esta foto corresponde a uno de los cortos de mayor éxito de José Luis Pomarón: ’El rey’, en el que Rotellar actuó de actor, profesión que le encantaba.]