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Antón Castro

SENTIDIÑO. VÍCTOR JUAN LEE 'FOTOGRAFÍAS VELADAS'

SENTIDIÑO. VÍCTOR JUAN LEE 'FOTOGRAFÍAS VELADAS'

[Me avisan de que Víctor Juan ha escrito esta bella nota sobre mí y sobre Fotografías veladas en su blog. Le agradezco el afecto y la generosidad y la desmesura. Víctor Juan ha sido una persona determinante en la última década para mí por su complicidad, por su entusiasmo, por sus continuos consejos y estar siempre ahí, como una caracola que musita el rumor de la vida en medio del camino, cerca, muy cerca, de Garrapinillos.]

 

Sentidiño

 

Catorce años después Antón Castro vuelve a Xordica para ofrecernos una veintena de cuentos reunidos en un gran libro titulado Fotografías veladas. Durante más veinte años, es decir, desde siempre, Antón Castro ha construido letra a letra su universo literario, un mundo reconocible del que forman parte playas de nombres imposibles y lugares como Garrapinillos, Barrañán, Huesca, el Somontano de Barbastro, Cantavieja, Ejulve o Zaragoza, y en esos paisajes Antón hace sentir, amar, recordar y, en definitiva, vivir a unos personajes que también son ya nuestros: los masoveros, las sirenas, los aparecidos, las brujas, los fotógrafos Patricio Julve o Manuel Martín Mormeneo, escritores y futbolistas, niños que sueñan y hombres y mujeres que persiguen el amor porque saben que sólo las pasiones dan sentido a nuestra existencia.

Hace treinta años una tempestad dejó a Antón Castro varado en Zaragoza, en la ciudad amante del viento. Aquí se enamoró, tuvo cinco hijicos que, como dice Mariano Gistaín, valen más que cinco bemeubes. En Aragón Antón Castro es, simplemente, Antón, el escritor imprescindible de las palabras suaves y las metáforas que nos acechan emboscadas en cualquier párrafo para robarnos para siempre el alma. Y con palabras, durante veinte años, Antón ha construido un mundo de amistad, de atenciones y delicadezas. Cuando lean Fotografías veladas se encontrarán con el Antón de los tres mil espectadores que ven cada semana Borradores, su programa de televisión, el Antón del millón de visitantes en el blog, el Antón que comisarió la Exposición del Real Zaragoza, el Antón de Aragón, el Antón de Artes & Letras... Lean Fotografías veladas. Déjense llevar por las palabras y prepárense para sumergirse en el mundo de Antón Castro.

 

OSCAR SIPÁN: HOMENAJE A NELSON MARRA. CUENTO

OSCAR SIPÁN: HOMENAJE A NELSON MARRA. CUENTO

 

LA JAULA DE FARADAY

 

 

 

“Un literato es, en pocas palabras, un inútil

para cualquier actividad seria, un sujeto

propenso al ensueño y la especulación, que no

sólo no es útil, sino rebelde para con el Estado”

 

THOMAS MANN, Sobre mí mismo

 

“Los escritores no sirven para nada,

excepto para darle sentido a las cosas”

 

RAMÓN EDER, Ironías

 

 

 

 

Montevideo, 25 de enero de 1974

 

 

Sé que cuando pienses en mí acudirá a tu mente la imagen de ese cobarde de Juan Carlos Onetti, ese pobre seductor caduco con anteojos, la piel manchada de vejez y la corbata torcida, que te ha comunicado, fumando compulsivamente antes de unirse al resto del jurado, que tu cuento era el mejor de los 352 presentados sin discusión, pero que, por motivos extra literarios, no podía ganar. No te servirá de nada, te sonará a excusa barata, pero te he visto medio vivo, en la sala de interrogatorios de una cárcel clandestina: desnudo, sujeto con alambres a una silla, la boca seca de gritar, la sangre coagulada en los labios, los párpados vueltos del revés y los testículos aplastados con una maza, entre convulsiones y desmayos, en una agonía controlada por un hombre siniestro, con aspecto de jesuita, que te susurra al oído: Bienvenido al Taj-Mahal del dolor. Un hombre que asegura que tu final será una larga confesión, que su oficio consiste en alargar la vida hasta más allá de la muerte y que es capaz de extraer, condensado en un grito, tu compromiso político, tu alma y tus altos ideales. Y todo ese calvario por escribir un cuento de veinte miserables holandesas y por no querer revelar los nombres de los terroristas que te lo dictaron: nombres a los que no tienes acceso porque no existen. Tú no lo sabes, pero el represor desconfía siempre de la belleza y fundamenta su miedo en teorías disparatadas: mil monos comunistas tecleando en mil máquinas de escribir pueden provocar una revolución. El represor oye cantar a un ruiseñor y saca los tanques a la calle. Y por eso meterán tu cabeza en un tonel de agua helada varios minutos, largos minutos, rescatándote en el límite de la asfixia, la luz al final del túnel y los pulmones encharcados, para redactar tu certificado de defunción. Lo firmarán delante de ti y lo leerán en voz alta: Nelson Marra, de 31 años, profesor universitario de literatura, autor de El guardaespaldas, con el seudónimo conocido de Mr. Curtis, acusado de asistencia a los subversivos y fallecido por causas naturales. Te lo mostrarán varias veces antes de ponerte una bolsa de plástico en la cabeza, antes de atraparte la lengua con unas pinzas de batería, de dibujar el mapa de tus músculos con un punzón o de arrancarte las uñas con una tenaza. Y deberás recurrir a la mentira para intentar comprar tiempo. Pero la mentira es una aduana con fuertes aranceles, y no existe dato que una navaja de afeitar no pueda comprobar. Así que te encerrarán durante años en una habitación, entre la sarna, las infecciones y el asco, ulcerado pero no vencido, alimentándote de recuerdos y de sobras, la memoria como única compañera: la memoria es un corcho en el que vamos clavando caras y penas, labios de carmín y amores imposibles. Y aún así sobrevivirás, porque dejaste que la esperanza se colase entre las rendijas de tu cautiverio. Sobrevivirás a los maricas de uniforme disfrazados de machos que se intentarán colar en tus noches. Sobrevivirás para contemplar nuevos amaneceres y para tener hijos. Hasta una madrugada en que te arrojarán con los ojos vendados desde un coche en marcha en los suburbios de una ciudad, con tu juventud velada como un carrete de fotos y una cojera crónica. Recuperarás tu libertad en un país sin libertad, un país que ya no reconocerás, y, como el que entra en un cine con la película empezada, tendrás que tomar una decisión: cruzar el charco y cambiar las ventosas calles de Montevideo por un exilio de auroras boreales, las caras conocidas por las de extraños muy rubios y muy altos, al otro lado del mundo, hombres y mujeres de cariño dormido y conversación escasa: el paraíso de las razas arias que soñó Hitler. Nunca lo sabrás, pero este viejo cobarde acaba de regalarte la posibilidad de conocer a una mujer en un baile, una de esas mujeres que se apartan el pelo con naturalidad antes de sonreír, de seducirla, de disfrutar ese momento mágico de quitarle el sostén, los pechos blancos vibrando al enfrentarse a la gravedad y a tu deseo, los cuerpos entrelazados en la orilla, a la vista de todos y de nadie, profanando la rutina de las olas. Quiero que sepas que, egoístamente, también lo he hecho por mí. Puedo soportar un leve interrogatorio, pero no la abstinencia de un encierro. Y sin mi dosis diaria de alcohol sufriré una crisis nerviosa o me volveré loco. Aunque no se atreverán a retenerme mucho tiempo. Le tienen demasiado miedo a mi ángel de la guarda: la opinión pública. Aún así, me he visto exiliado en una cama de Madrid. El exilio convierte los días en domingo por la tarde, extrañando Montevideo como se extraña a una amante: el ambiente de los cafés, el olor de las madrugadas, la luz de los hoteles dudosos, lejos de los teatros y de la tranquilidad de los prostíbulos de la que hablaba Faulkner, lejos de medias que caen sin ruido en habitaciones de sirvienta, (las sirvientas son evangelios de carne y hueso), escuchando a Tchaikovsky, a Gardel y a Dolly transcribiendo a máquina manuscritos de tinta desleída, mi dulce Dolly, la mujer que más he amado, el único nexo con el mundo exterior ahora que todos están muertos o muriendo, ahora que traicionan los espejos; en los espejos duerme la niñez y no existe nada más doloroso que asomarte a tu pasado, discutiendo sobre el sexo de los ángeles con Benedetti y leyendo novelas policiales y a Baroja todos los inviernos, declinando homenajes y entrevistas, durmiendo de día con la pegajosa sombra del Nobel, esa llamada de Suecia que te inyecta inmortalidad en las venas, y escribiendo de noche con el codo dolorido, media pastilla de Metedrina y una botella de vino aguado, un testamento literario antes de mudar la carne. ¿Cómo explicarte el dilema moral de no premiar al que lo merece, la súplica, por parte de la dirección, de elegir el cuento más inocente, más liviano, que acompañe a la imagen de Salvador Allende en portada, antes que un artículo acusador, rotundo, un puñetazo sobre las conciencias que puede provocar la retirada de la edición o, incluso, el cierre del semanario que convoca este concurso? Tu cuento sería el detonante para volar todo por los aires. No ha quedado otra opción que premiar La jaula de Faraday, de Agnese Martigny, la historia de desamor del ascensorista, entre la segunda y la tercera planta de la Torre Eiffel. Un cuento azucarado sobre el destino con una frase para recordar: vivimos en soledad con destellos de compañía. Agnese Martigny, uruguaya de origen francés, es una de esas mujeres entusiastas, de sombrero y maquillaje llamativo, que caminan irremediablemente hacia la locura, y que terminan saltando desde las cornisas de los edificios. Deberías encauzar toda esa cólera que ahora sientes hacia mí en tareas más nobles y beneficiosas. Primero vive y luego escribe, sin esperanza y sin desesperación, como decía Isak Dinesen. Escribe sin descanso: la inspiración es la excusa que ponen los que no tienen nada que decir. Literaturiza tus recuerdos, tus miserias y las de los que te rodean. Ládrale a la vida, emociona. Mata al padre y desviste las historias hasta que no se les note la ficción. Pero no te cases: el matrimonio es una fosa que se cava entre dos, un invento de la iglesia católica para tener su propio infierno en la tierra. Espero que nuestro desencuentro sea como las picaduras de ortiga, que dejan una comezón en la piel y luego desaparecen. Y que algún día volvamos a vernos, en el humo de un club de jazz, con esa complicidad de los pecadores y un vaso de whisky entre las manos. Mientras tanto, admira la estampa triunfal de Agnese Martigny avanzando con sus tacones de aguja hacia el escenario, sonriendo como una Miss Mundo acodada en la baranda de un club de golf. Y no me odies.

 

 

 

 

 

Montevideo, 9 de febrero de 1974

 

 

Sigue siendo la muchacha espigada y dulce que conocí en Buenos Aires, caminando por Reconquista hacia Lavalle, con la funda de un violín bajo el brazo y una carpeta con partituras, piensa Juan Carlos Onetti al contemplar a Dolly de espaldas: la luz matinal dibujando su silueta y la de una gaviota posada en el alféizar, el cabello recogido en un moño, el violín apoyado contra el hombro izquierdo y el arco en tensión, a punto de extraer las primeras notas de los Caprichos de Niccolò Paganini. Tumbado en la cama, con los ojos entornados, fetales, Onetti administra el aliento, enciende un cigarrillo y, dejándose llevar por la música, expulsa una bocanada de humo al cielorraso del techo. Acaba de regresar a la niebla densa de Santa María, una ciudad de culpables melancólicos, su vida al otro lado de lo que llaman realidad. La música de Dolly carece de ángulos y se sostiene por puro virtuosismo. Se entrega al instrumento como un pelícano alimentando a sus crías con su propia carne. Se casó con ella cuando aún era menor de edad y nunca, ni en la peor de las crisis, ha dejado de arrepentirse. Cuatro matrimonios y mucha soledad en compañía para llegar hasta Dolly.

 

Más allá de Dolly está la nada, las calles vacías, el mar.

 

De repente la gaviota levanta el vuelo, en un mensaje agorero que no tarda en confirmarse: media docena de hombres vestidos de civil tiran la puerta abajo y les encañonan con sus armas reglamentarias. Los militares reflejados en las pupilas cansadas de Juan Carlos Onetti y un pensamiento: no sirve de nada, el represor desconfía siempre de la belleza.

 

 

Oscar Sipán

 

 

 


 

Se cumplen 30 años de la liberación del escritor uruguayo Nelson Marra, torturado y encarcelado desde el 9 de febrero de 1974 hasta el 9 de febrero de 1978, por ganar el concurso de cuentos que patrocinaba el semanario Marcha con El guardaespaldas, la radiografía de un prototipo de torturador de la policía política de los países del Cono Sur de América. Tras su reclusión, Marra se exilió a Suecia y luego a Madrid, donde falleció el 3 de diciembre de 2007.

 

Juan Carlos Onetti fue liberado el 14 de mayo de 1974 y se exilió en España.

 

Este cuento pretende ser un homenaje.

 

GRACIAS A TODOS

GRACIAS A TODOS

Tengo el correo electrónico estropeado en casa. Mil gracias a todo por las visitas y por las amables notas que habéis dejado. Abrazos.

 

*Os ilustro esta nota de gratitud con una foto de nuestro delantero centro Pirri.

 

'EL HEREDERO', UN CUENTO DE MIGUEL CARCASONA

'EL HEREDERO', UN CUENTO DE MIGUEL CARCASONA

EL HEREDERO

 

MIGUEL CARCASONA BUJ

A menudo me pregunto dónde moriré. No cómo, que eso lo tengo claro desde hace tiempo, ni cuándo, pues me muevo en seis franjas horarios de diez minutos cada una y la precisión al segundo carece de importancia. Lo que me atosiga es saber dónde, en qué punto exacto de estos catorce kilómetros que separan mi casa de la fábrica en la que llevo dieciséis años trabajando sufriré el accidente que me costará la vida. Porque la muerte se embosca en esta carretera estrecha y de ciento a viento saca la guadaña a pasear contra alguno de los que abandonamos el pueblo buscando un jornal seguro. De mi quinta sólo quedo yo. El otro, Paco del Royo, fue de los primeros en caer. Es cierto que era un alocado y, con los primeros sueldos que ganó, le faltó tiempo para comprarse un ciento veintisiete y lanzarse a toda mecha por el asfalto lleno de agujeros a causa de las heladas. Un día metió la rueda en uno, perdió el control, cayó de lado en el azarbe y cruzó un par de campos dando vueltas de campana. Apenas se le notaban las magulladuras en la cabeza cuando lo sacaron; si no llega a destrozarse el pecho con el volante hubiera sobrevivido, decían. De los anteriores a nosotros han sucumbido la mayoría. El único que conduce tranquilo es Juan del herrero, porque en su casa nunca han vivido del campo y sabe que no corre peligro. Los demás, los que hemos dejado yermas o en arriendo las tierras, estamos sentenciados. Uno no puede vivir siempre al borde de la subsistencia, deslomándose los veranos y aburriéndose los inviernos; los dueños de una hacienda grande sí que aguantan, pero a los que poseemos cuatro pedazos no nos salvan ni las ayudas de los europeos, así que escapamos en cuanto podemos; Algunos incluso se han mudado a Huesca, aunque da lo mismo. La tierra no entiende de economías ni desapariciones. Es como una mujer abandonada que sólo piensa en la venganza. Por eso, desde que aparecieron las fábricas y los herederos no quisimos saber nada de ella, suelta de ciento a viento sus zarpazos mortales. Hasta hoy me he librado, pero a veces, cuando conduzco en las madrugadas de invierno al salir del turno de noche y la escarcha parece un sudario gigante, o cuando se levanta una tormenta de verano que amenaza con engullirme, he creído vislumbrar unos brazos sarmentosos que me reclamaban o una lengua que crecía en el retrovisor hasta llenarlo, obligándome el pánico a cerrar los ojos y detener el coche. Han sido simples avisos, porque la tierra es cruel y gusta de jugar con sus víctimas, pasándonos la guadaña a ras de pelo para que escuchemos con claridad el silbido y sepamos que nuestro futuro es un juguete en sus manos. Como lo fue el de nuestros antepasados. Como lo será el de quien se amamante en ella y luego abjure de su regazo.     

 (Del libro “Esquirlas del Espejo” (DPZ, 2006)

*La foto corresponde a la estupenda actriz Diane Lane.

 

HERMANAMIENTO DE MONTANEJOS Y RUBIELOS DE MORA

HERMANAMIENTO DE MONTANEJOS Y RUBIELOS DE MORA

[La narradora, poeta y profesora Teresa Garbí ha sido la coordinadora de un sugestivo proyecto cultural que une a Montanejos (Castellón) y Rubielos de Mora (Teruel). Ella misma ha redactado esta nota sobre el acto. Carmen y yo volvimos de noche y nos cogió la nieve en La Puebla de Valverde y, sobre todo, en Formiche. Por lo demás, el viaje fue precioso.]

 

El 29 de noviembre se celebró un acto cultural muy singular en la villa termal de Montanejos con el que se pretende iniciar una relación más estrecha en todos los ámbitos entre dos villas próximas que pertenecen a distintas autonomías: Rubielos de Mora, de Teruel y Montanejos, de Castellón. Comenzó el acto con una mesa redonda en la que participaron los alcaldes de Rubielos de Mora y de Montanejos, Ángel Gracia y Laureano Sandalinos, los escritores y periodistas, Antón Castro y Emilio Garrido, y como moderadora, la periodista Sandra Sandalinos. El tema era “Relaciones entre Rubielos de Mora y Montanejos”. Se insistió en la necesidad de vertebrar la zona del Alto Mijares/Alto Palancia y la de Gúdar/Javalambre, tanto en aspectos turísticos como culturales. Es especialmente relevante que se convoque un acto de estas características que trata de unir villas de distintas comunidades autónomas pero con muchos lazos históricos comunes y también muchos intereses turísticos que deben desarrollarse en común.

A continuación se procedió a la entrega de premios del I Certamen Literario y de investigación Río Mijares, el primer paso de aproximación entre las dos villas convocantes, Montanejos y Rubielos. Los jurados integrados por Rosendo Tello, Ricardo Morant, Ramón Acín, Cecilio Alonso, Vicente Ibáñez y Teresa Garbí entregaron los galardones a: José Mª Pinilla Ballesteros, en la modalidad de poesía; a Andrés González Castro en la modalidad de relato y a José Navarro Pastor, en la modalidad de relato local. Quedó desierto el premio de investigación.

Para cerrar el encuentro actuó el grupo de jotas “El bureo del Mijares”. [Esta foto de Fuente de Baños, un paraje deslumbrante, la he tomado de http://refugioderosa.webcindario.com.]

FOTOS DEL GARRAPINILLOS JUVENIL

FOTOS DEL GARRAPINILLOS JUVENIL

Aloma Rodríguez me acaba de mandar una selección de fotos del Garrapinillos juvenil. Empiezo con ésta.

'FOTOGRAFÍA VELADAS': NUEVO LIBRO EN XORDICA

'FOTOGRAFÍA VELADAS': NUEVO LIBRO EN XORDICA

Acabo de publicar, catorce años después de Veneno en la boca. Conversaciones con 18 escritores, un nuevo libro en Xordica: Fotografías veladas, una colección de 19 relatos divididos en tres tiempos. Es un libro en el que reaparece Patricio Julve (acompañado de un taxista gallego: Ventura Amar), donde cobra vida otro fotógrafo, Manuel Martín Mormeneo, y por el que pululan Aranzazu Peyrotau y Pedro Etura, junto a otras criaturas reales como el citado Ventura Amar, Gustavo Adolfo Bécquer o Dominique Sanda. Es un libro que transcurre en distintos paisajes de Zaragoza, Huesca y Teruel, y que habla de fantasmas y aparecidos, de perros inquietantes, de locas historias de amor (quizá la mejor sea la de ‘El enamorado de Zaragoza’, basada en un compañero de juventud de Arteixo y en uno de mis mejores amigos de Zaragoza), de maquis y del mar. La portada está inspirada en la sirena que ha pintado Lina Vila en mi casa y en una foto, de la mano dorada y de la cola, que ha tomado mi hija Aloma.

 

El libro se presentará en la librería Cálamo el martes día nueve, a las ocho de la tarde, con la presencia de Encarna Samitier y de Roberto Miranda.

[Javier Vázquez, en su blog http:javiervazquez.blogia.com ha escrito:

 Acabo de terminar de leer el último libro de Antón Castro, Fotografías veladas (Xordica, Colección Carrachinas).  Es un libro hermoso, de imágenes y de fantasmas, de los de verdad y de los que no lo son pero podrían serlo.  Un libro de fotógrafos y de fotografías convertidas en palabras.  Un libro que habla de Aragón desde Galicia; un libro con amigos escondidos, con el cierzo de invitado, con historias de minas, de maquis zapateros, de misterios que no se resuelven...  Un libro donde lo inventado se mezcla con lo real y atrapa en el más cierto de los mundos: el literario.]

 

 

 

 

MARTA NAVARRO: ISLAS E INVIERNOS

MARTA NAVARRO: ISLAS E INVIERNOS

Marta Navarro García, la poeta que elogiaba el pasado miércoles Labordeta en una de sus noches más hermosas, acaba de publicar Ocho islas y un invierno, en Ediciones del Desembarco, un proyecto muy cuidado. El libro, que Marta envía sin dedicar (ella es así) lleva un prólogo de Luisa Miñana.

 

Copio aquí algunos poemas breves:

 

SOSPECHAS

 

Para Marisancho Menjón

 

Las cicatrices del agua

nos miran.

Sospechas que somos culpables

de todas sus heridas.

 

LA NOCHE

 

He llegado al embarcadero de la noche,

desnuda y con hambre de luz.

         Ya nada podrá detenerme.

 

“IL VUOTO”

 

Para Franco Battiato

 

Soy el abismo que huye a tierra firme,

una isla perdida en busca de océanos y náufragos,

el tiempo que se observa en las heridas de un reloj.

Me transformo,

me disuelvo, soy tigre, soy agua, soy el vacío.

 

EL DIARIO DE LARA

 

Para Asia, África y Ginebra

 

Con la noche a cuestas,

Lara y yo pensamos

en los oscuros días

que gastarán los calendarios.

Repletos de leyes taradas

y de sociedades puras

que muestran sin pudor

sus vómitos con pedigrí.

Una vez más Oriente

con su alambre fiel

sigue mordiéndonos

las pupilas.

 

Octavo día:

Seguimos caminando

con la noche a cuestas.

 

Ocho islas y un invierno. Marta Navarro García. Ediciones del Desembarco. Sevilla, 2008. 54 páginas. El libro se presentará el próximo día 11 de diciembre en Los Portadores de Sueños, con la presencia de la autora, de José Antonio Labordeta, de Luisa Miñana y de Francisco Aranguren.

*Este retrato de Anna Magnani lo tomó Federico Patellani.