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Antón Castro

BALANCE DE LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID

Balance de la 76ª edición de la Feria del Libro de Madrid  

 

A pocas horas del cierre de la 76ª edición de la Feria del Libro de Madrid, las previsiones sobre sus resultados son abiertamente optimistas: unas ventas de 8,8 millones de euros, lo que suponeun incremento porcentual en torno al 8% con respecto al año pasado, según los datos aportados por los propios expositores y los indicadores procedentes del muestreo realizado entre el público.

 

Perfil del visitante

Entre los visitantes, destaca la presencia femenina (66% mujeres frente al 34% de hombres). El perfil del público se encuentra, fundamentalmente, en el segmento de edades comprendidas entre los 24 y 50 años (57%). Cabe destacar, además, que un 20% de los visitantes de la Feria proceden de ciudades de fuera de la Comunidad de Madrid, lo que consolida la FLM como uno de los eventos impulsores del turismo cultural a la capital. Un 85% de los encuestados dicen haber visitado anteriormente la FLM, mientras que para un 15%, esta de 2017 ha sido su primera Feria. Un 52% dedica una media de entre dos y cuatro horas a recorrer el Paseo de Coches, mientras que un 21% dice permanecer en la Feria más de cuatro horas. La mayor parte de los encuestados, un 55%, afirma gastar entre 20 y 50 euros; el 27%, entre 50 y 100 euros, y el 10%, más de 100 euros.

 

Portugal, país invitado

Portugal, país invitado de esta edición de la Feria, ha ofrecido un completo y excelente programa de actividades culturales. La visita del presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, quien acompañó a los Reyes en la ceremonia de inauguración el pasado 26 de mayo, marcó el inicio de 17 días de feria, en los que el país luso ha permitido al público disfrutar de la presencia de figuras de la talla intelectual de Eduardo Lourenço; poetas como Nuno Júdice y Ana Luísa Amaral; narradores como Gonçalo M. Tavares y Jose Luís Peixoto, o nombres de la cultura libresca como Filipa Soares y Catalina Sobral, por citar solo algunos. También estas dos semanas brindaron la ocasión de celebrar la obra de Luis de Camôes, Fernando Pessoa o Sophia de Mello. Asimismo, se hizo presente estos días la perdurable memoria de José Saramago, autor especialmente querido por la Feria y objeto de numerosos homenajes dentro y fuera del Parque de El Retiro, y la narrativa de Antonio Lobo Antunes ocupó la atención de varios actos. Los pabellones de Portugal y Bankia de Actividades Culturales del Paseo de Fernán Núñez, la Biblioteca Eugenio Trías, Casa de Vacas y el Círculo de Bellas Artes, también acogieron la presencia de creadores del mundo lusófono, exposiciones y una variada muestra de la rica cinematografía y teatros portugueses, que completaron la cartografía de la vitalidad y riqueza de la cultura del país vecino.

 

Homenajes

La Feria no olvidó algunas destacadas efemérides. En el 75º aniversario de la muerte de Miguel Hernández, el público abarrotó el pabellón en el que su vida y su obra se hicieron arrolladora presencia a través de una lectura en la que poetas de tres generaciones prestaron su voz a los versos del autor de Viento del pueblo y El rayo que no cesa. El centenario del nacimiento de José Luis Sampedro convocó a especialistas en su obra y a los lectores para compartir cien adjetivos que definiesen su biografía y su obra. Carmen Martín Gaite, la reina de tantas ferias durante más de tres décadas, fue objeto de un homenaje en el que el profesor José Teruel, hizo una magistral síntesis de lo que esta autora supuso en la vida cultural española a partir de los años 50, y en el que la profesora Joan L. Brown, de la universidad de Delaware, subrayó la vigencia de su obra en Estados Unidos, donde sus libros son lectura obligatoria para los doctorandos en literaturas hispánicas en el 88% de las universidades del país. La poeta Gloria Fuertes también ha sido objeto de emotivos homenajes, que, sumados a las múltiples reediciones de su obra y a las revisiones de su biografía publicadas en el centenario de su nacimiento, corroboran su obligado valor referencial.

 

I Encuentro de directores de Ferias Iberoamericanas del Libro

Marisol Schulz, Sandra Pulido, Oche Califa, José Carlos Alvariño Ordóñez, directores de las ferias del libro de Guadalajara, Bogotá, Buenos Aires y Lima, respectivamente, se reunieron en Madrid entre los días 1 y 3 de junio. Manuel Gil, director de la Feria del Libro de Madrid, fue el anfitrión de este encuentro en el que también participó Marianne Ponsford, directora de CERLALC (Centro Regional del Libro para América Latina y el Caribe). Las jornadas de trabajo, posibles gracias al apoyo de Acción Cultural Española AC/E, a través de su Programa de Internacionalización de la Cultura Española (PICE), en la modalidad de Visitantes, permitieron la puesta en común de experiencias, la búsqueda de sinergias y el estudio de los distintos modelos de financiación de estos eventos.

 

Una Feria en verde

El nuevo equipo directivo de la Feria, con Manuel Gil al frente, ha asumido como uno de sus objetivos prioritarios acceder en próximas ediciones a un sello internacional que acredite la sostenibilidad medioambiental del evento. En ese sentido, se ha puesto en marcha un programa que cuenta con el apoyo y el asesoramiento del grupo Allcot, que permitirá a la FLM convertirse en un evento neutro en carbono. Además, está previsto el diseño de un plan de reducción de emisiones para la próxima edición de la Feria, que reafirma su absoluto compromiso con el cuidado del Parque de El Retiro. Por otra parte, las bolsas y todos los folletos editados llevan el sello PEFC y la asociación Plantamos Árboles ha regalado 1.200 cepellones de varias especies arbóreas (arces, fresnos, castaños de indias, olmos, robles, higueras y moreras) entre los visitantes.

 

Prensa Feria del Libro:

Lola Ferreira, lolapferreira@gmail.comIsabel Lerma, ilermabal@gmail.com; Isabel Gómez Rivas, gomezrivas@gmail.com. El texto les pertenece a ellas.

 

*Tomo la foto de aqui. Carmen Martín Gaite.

http://ep00.epimg.net/cultura/imagenes/2013/04/28/actualidad/1367176021_201983_1367180953_noticia_normal.jpg

ÁNGEL PORTOLÉS ESCRIBE DE 'EL TANGO DE DOROTEO' DE CASTRO & HERNÁNDEZ

ÁNGEL PORTOLÉS ESCRIBE DE 'EL TANGO DE DOROTEO' DE CASTRO & HERNÁNDEZ

[El buen amigo Ángel Portolés Navarro escribe de ’El tango de Doroteo’, publicado por el sello Libros de Ida y Vuelta. Javier Hernández es el responsable de las ilustraciones; el texto es de Antón Castro.]

 

Se acercaba el final de la feria del libro de Zaragoza, con nueva ubicación (en la Plaza del Pilar), las predicciones meteorológicas no eran nada halagüeñas y el esperado reencuentro por la presentación de “El Tango de Doroteo”, no restaba nada el nerviosismo que en mí crecía, más bien, todo lo contrario,
Ese nerviosismo se fue transformando en insomne desasosiego, una nerviosa danza entre el estruendo desgarrador y el deslumbrante rayo.
A las cinco, harto de dar vueltas y adoptar mil posturas, intenté refrescar la inquietud bajo la ducha, desayuné, leí un poco y repasé mentalmente el camino que une Estercuel con Zaragoza, que sin ser largo, lo auguraba como una carrera de obstáculos entre tormenta y soledad.
Quizá, mi más o menos silencioso trasiego con los preparativos de la marcha, como no olvidar la cámara fotográfica, el olor a café recién hecho o el estruendo de la tormenta, acabó rompiendo el sueño reparador de Ana,
Así, café, compañía y charla, nos acercó veloz la hora de mi marcha.

Momentáneamente la lluvia amaina y ya en el Museo Pablo Serrano el ascensor nos deja en la cuarta planta abriéndose a un espacio amplio, antesala del luminoso salón donde va a celebrarse el evento.
Javi Hernandez se afana retocando los últimos detalles y con su habitual afecto nos abraza en saludos, igual que Antón Castro tan familiar y cercano como siempre.
Poco a poco vamos ocupando los asientos, he de añadir que dicho salón, además de luminoso, el asomarse a las cristaleras casi produce vértigo dando una sensación de vuelo en el vacío.
Y allí, gente de la cultura, escritores como María Dubón, pintores ilustradores como Juan Tudela, actores como Luis Rabanaque, músicos o simplemente admiradores como Luis Martinez y yo mismo, en definitiva, amigos ansiosos por disfrutar del “tango de Dorotéo” y sus autores, 
Si como he dicho antes el marco escogido para la presentación del libro era luminoso y bello, no menos acogedor y bello fueron el libro, el acto y sus autores protagonistas, como siempre, no defraudaron, afectuosos y cercanos, excelentes oradores de los que sus palabras detienen el tiempo y afables, te envuelven en un abrazo, un extraordinario tándem cultural que funde relatos e ilustraciones a la perfección.
Para culminar este viaje de ida y vuelta Javi Hernández tenía preparado un excepcional colofón, Raquel Sobrino al violín y Fernando Salinas al bandoneón nos deleitaron con su música, tangos que cerraban el círculo de belleza, amor y nostalgia.
Y tras estas delicias llegó la tarde,
la feria del libro llegaba a su fin,
la nueva ubicación para las casetas se me antojó más acogedora y aunque el tiempo seguía desapacible, no restó ilusión ni consiguió frenar los reencuentros llenos de amistad, consejos y nuevos descubrimientos.

El botín de pesca había llenado mis redes de nuevas vidas, amistad y sueños.

Gracias a todos escritores, editores y libreros por creer y crear cultura. Y por supuesto a Ana Muñoz Lahoz, mi esposa y compañera por cubrir mis obligaciones y dejarme sueltas las alas, en estos vuelos de cultura y ensueño

PRESENTACIÓN DE 'GOLPES DE MAR'

PRESENTACIÓN DE 'GOLPES DE MAR'

Queridos amigos: 

Este jueves, a las 19.30, en la sala María Pilar Sinués del Paraninfo de Zaragoza se presenta una nueva edición de ‘Golpes de mar’, publicado por Eduardo Riestra, en Ediciones del Viento, editorial de la Coruña. Es un libro que me acompaña desde hace treinta 30 años, ha tenido cuatro ediciones en gallego y castellano. Ahora incluye 23 cuentos, 5 de ellos nuevos: de amor, de aventura, de fantasía, relatos mitológicos, irlandeses, galaicos, homenajes a Álvaro Cunqueiro, historias de fotógrafos, de percebeiros, de fareros, cuentos que tienden puentes entre Galicia y Aragón…

Participarán en el acto Mariano Gistaín, periodista y escritor, Encarna Samitier, subdirectora de ‘Heraldo’, el actor y rapsoda Luis Felipe Alegre y la cantante María José Hernández. El acto lo organizan el Vicerrectorado de Cultura y Proyección Social, la librería Cálamo y la editorial Ediciones del Viento. Estáis invitados. Serán un placer y un honor contar con vuestra presencia.

 

‘Golpes de mar’ de Antón Castro. Ediciones del Viento.

Con Eduardo Riestra, editor; Mariano Gistaín y Encarna Samitier, periodistas; Luis Felipe Alegre, rapsoda y actor, y María José Hernández, compositora y cantante.

Sala María Pilar Sinués. Paraninfo de la Universidad de Zaragoza.

A las 19.30. Jueves, 8 de junio.

 

DANIEL NESQUENS Y SUS 50 NOMBRES

Daniel Nesquens tomó su nombre de Johan Neeskens, aquel centrocampista del Ajax, del Barcelona y de la ’Naranja mecánica’ de Cruyff y los demás. Despliega humor, imaginación, capacidad de trabajo y un talento incuestionable. Acaba de publicar ’Hasta (casi) 50 nombres’ (Anaya), ilustrado por Alberto Gamón.

-¿Qué relación tiene este libro con ‘Hasta (casi) 100 bichos’ y ‘La familia’, también publicados por Anaya, con ilustraciones de Elisa Arguilé?

Creo que los tres tienen mucho de compendio, de bestiario. Un género o subgénero en el que cabe casi de todo. Incluso yo.

 

-¿Cuál fue tu idea, por qué has elegido los nombres, que te interesó de ellos, qué posibilidades te daban? 

La idea primigenia era narrar con la excusa de los nombres propios. Tuve que buscar tres o cuatro nombres por letra que me dieran juego. En algunos casos utilicé nombres complicados que conllevaran el reto de salir ileso del relato; en otros era tan sencillo como celebrar la persona querida con su nombre.

 

-¿Cuál ha sido el método que has empleado? Lo digo porque hay miradas onomásticas, historias inventadas, mitología, elementos del cine, homenajes a los amigos…

Pues precisamente ése: moverme entre todos esos frentes y alguno más. Y siempre bajo una mirada cómplice con lo insólito, imprevisible, sorprendente… Incluso lo estético.

 

-Te costó más de tres años la escritura. ¿Ha sido un proceso complejo, no dabas con la tecla? ¿Qué le debe el resultado final al azar?

Realmente pasó mucho tiempo entre el primer y el último nombre. No tenía prisa de ningún tipo. Iba y venía sobre el material escrito. Tal vez me costó más encontrar el tiempo que la tecla. El azar siempre está ahí. Y te conecta, y te desconecta.

  

-¿Cómo defines tu sentido del humor? ¿Sabe algo de su propio humor?

Aquí debería responder aquello que contestaba Miguel Mihura: definir mi sentido del humor, el humor es como clavar una mariposa con un poste telegráfico. Pero por decir algo: absurdo, surrealista, blanco… Lo que sé al cien por cien es que mi humor tiene seguidores y detractores. Como todo en la vida. Algún día debería llevar una estadística. Imagino que debe de estar en 40% a favor; un 60% en desfavor.

 

-¿Qué se sabe de la mula Catalina que tenía tu abuelo Daniel?

Mi abuelo no tenía una mula, tenía una borrica. Yo tengo bastante de mi abuelo, y de su burra. Y como dijo mi abuelo: “sé que soy tierra quemada”.

 

-Dices: “Las Olvido no son de palabras exuberantes”. ¿Por qué lo sabes?

Mi propia experiencia. Y luego por una encuesta que hice a la entrada del Parque José Antonio Labordeta. Justo donde están las obras.

 

-¿Por qué crees que Eladio es nombre de cura?

Salta a la vista. Y, no me preguntes por qué, pero el nombre me recuerda a “El bosque animado”, del gallego Wenceslao Fernández Flores. Tal vez ahí esté el germen del capítulo del párroco.

 

-¿Qué has querido hacer con Nicolás, crear una historia del doble?

Del doble o del triple. La historia no deja de ser un “tocarle las narices al lector”. Con todo mi respeto, claro.

 

-¿Cuál es el nombre que más te gusta y que has escrito con más placer?

Me gusta mucho Débora, y ese irrumpir en medio de una de mis novelas favoritas: El gran Gastby. Y Sacramento tampoco está nada mal.

 

-¿El que más te ha hecho rabiar?

Tal vez haya sido Daniel. Cómo escribir de este estupendo nombre de pila sin que se note la debilidad por él.

 

-¿Los que vinculas al amor, a la sofisticación y a la locura?

Yunque, Xenofonte y Fina. Los enumero en orden inverso. No sé si me explico.

 

-¿Dejaste alguno por el camino?

Sí, quedaron más de cuarenta por ese bulevar que es editar un texto. Casi otro libro. Y no, no habrá segunda parte.

 

-El libro es divertido, muy tuyo, intervienen el capricho, el juego, el extravío y el disparate. ¿Escribir, en el fondo, es la apología de la pura imaginación?

Lo bueno de la literatura actual es que hay más escritores que semáforos. Tantas tendencias como equipos en La liga 1, 2, 5… En mi caso mi escritura es una defensa encendida de esa chispa que podemos llamar imaginación.

 

-El libro tiene un tono culturalista. ¿En qué lector has pensado?

Pues lo siento, no era mi intención. Sé que el libro está incluido en una colección juvenil de la editorial Anaya, pero creo que, como otros de mi autoría, puede leerlo cualquier lector algo ávido, creativo, promiscuo… Incluso crítico y teórico.

 

-En los proyectos anteriores habías trabajado con Elisa Arguilé. Ahora lo hace con Alberto Gamón, y no es la primera vez. ¿Cómo ha sido la relación, cómo ves los dibujos de Alberto?

Con ambos estoy encantado. Estoy entre amigos. Y cuando se está entre amigos todo es agradable. En Hasta (casi) 50 nombres fue una determinación editorial. Alberto ha realizado un trabajo excepcional. No hay más que verlo. Salta a la vista.

 

Cualquier detalle que te parezca importante.

Como anécdota, me dijeron que en una librería de Zaragoza (tenemos las mejores librerías de España) una señora compró solo la camisa o sobrecubierta del libro porque le habían gustado las notas biográficas de los autores. Y es que se lee poco.

ISABEL GONZÁLEZ: UN DIÁLOGO

ISABEL GONZÁLEZ: UN DIÁLOGO

ENTREVISTA DE ANTÓN CASTRO A ISABEL GONZÁLEZ

La escritora Isabel González, nacida en Ejea, trabaja en infografía en el diario ‘El mundo’. Se dio a conocer con un libro deslumbrante de relatos: ‘Casi tan salvaje’. Ahora publica su primera novela: ‘Mil mamíferos ciegos’, que contiene dos historias: la de un joven que se retira al bosque y la de una pareja, más o menos en crisis o en transformación sentimental, que reside en la ciudad. Quizá entre ambas historias haya secretos vínculos. La escritura es personalísima: poética, turbulenta y experimental, un continuo ejercicio de indagación, de voces, de desconcierto. Firmará ejemplares este fin de semana en la Feria del Libro de Madrid.

¿Qué ideas de partida te rondaron la cabeza para escribir ‘Mil mamíferos ciegos’?

—Contar una historia que me habían contado y que luego se mezcló con mis historias. Así, en abstracto y en concreto, se trata de una novela basada en hechos reales perturbada por hechos más reales todavía. De un asunto testimonial, la escritura de esta novela pasó a ser una especie de zona mágica donde aislarme y conectar con lo que me sucedía y con lo que sucedía a mi alrededor. Por eso está llena de personajes reales inventados y de personajes inventados reales. Han sido años jodidos, por decirlo de algún modo. Potentes.

 

¿Cómo fueron surgiendo los bocetos, frases, intuiciones, espacios…?

—El otro día, en una entrevista, el arquitecto del Centro Pompidou de París, Renzo Piano, contaba que él se paseaba por los lugares donde iba a construir con una hoja de papel porque se lo enseñó Italo Calvino. “Yo no sé escribir, sólo tomar apuntes y recoger emociones”. Algo así. Hay que estar muy callado, eso también.

 

¿Qué novela querías hacer y cuál has hecho? Aludes a los fantasmas del mar, al código de los pecios, al naufragio permanente…

—Jajaja. Muy buena pregunta. Lo cierto es que no se parece mucho a lo que pensé el primer día. Y lo peor es que todavía no sé qué he hecho. De ahí la maravilla de que alguien la lea, a ver si me ayuda a descubrirlo. Me he perdido tanto con ella (de ahí, quizá, los pecios y los naufragios) que ni sé si la he escrito yo. Que ha participado hasta ese perro que pasa por la calle.

 

¿Pensaste siempre en dos espacios, en dos historias paralelas que a lo mejor se encuentran?

—Sí. Esos dos espacios surgieron rápido. Vienen de serie. Desde el principio.

 

Háblame de Yago: ese joven extraño que se va al bosque a tallar árboles. ¿Es un artista, es un obseso, un escritor, en el fondo (que no sabemos bien a quién escribe, casi hasta el final), o sencillamente alguien que huye?

—Yago es una persona que amó de una forma pasional, inhumana, transhumana. No todo el mundo alcanza esta intensidad. De amores calmos está hecho el mundo, claro, pero esta fiereza, uf. Yago quiere que el amor se repita porque él es ése: el que amó a lo bestia. Y en esa dirección, viaja y se reconstruye. Talla madera como modelaron barro en el paraíso. Para fabricar a un hombre.

 

¿Por qué todo es tan perturbador en su existencia, incluso ese bosque, que podría ser un refugio o un paraíso?

—Supongo que porque la creación es perturbadora. No hay guías ni se sabe qué está bien y qué está mal. Se parte de una absoluta hibridación, de la masa informe, y a partir de ahí, hay que empezar a distinguir y a poner nombre a las cosas. Se trata de un viaje, de una búsqueda por un paisaje interior puro, pleno e informe. Tan exuberante como homicida: el bosque.

 

Por otra parte están Santi y Eva, una pareja convencional, pero pronto nos damos cuenta de que nada es lo que parece. ¿Qué ocurre ahí, tan poderosas son las sombras del pasado?

—Más que el pasado o el presente, lo que se pone en juego es el tiempo íntimo y el público. A ver. Miro el reloj y son las diecisiete treinta para millones de personas, ¿pero qué hora es dentro de cada uno de nosotros? Ésa es la pregunta. Los personajes de ‘Mil mamíferos ciegos’ circulan por estos desajustes. Ahí viven. Ahí vivimos, me da la impresión. Y estos túneles entre ambos tiempos están llenos de residuos del pasado, sí. Todo esto parece muy marciano, lo sé. Pero en definitiva, creo que Santi y Eva están dispuestos a arriesgar su identidad con tal de amarse.

 

 

Ella no encuentra su sitio y él, menos. Eso sí parecen citarse, alguna vez, en el sexo y el fetichismo…

—Supongo que no deben de encontrar su sitio porque ‘por culpa de su amor’ relegan a su voz y la voz pide paso. El cantante de ópera Serge Wilfart dice que la voz no sólo se origina en la garganta sino que involucra a todo el cuerpo. “La voz nos ayuda a percibir y a recorrer los entresijos de nuestros interior físico y psíquico. Hay que descender hasta nuestras fuerzas pulsoniales, hasta nuestra sexualidad, para poder llevar la voz hacia lo alto”. El lugar de sus citas como dices.

 

La novela siempre es inquietante,  psicológica. ¿Cómo te has planteada la escritura: la atmósfera, no hay concesión a la obviedad, el narrador omnisciente a veces matiza o interpela a los protagonistas?

—Lo que hemos hablado antes. He escrito y corregido esta novela durante tanto tiempo, han pasado tantas cosas, se han producido tantos inputs y outputs imaginarios, reales, míos, de otra gente, belleza, dolor… que creo que me rendí, me dejé llevar y actué simplemente como un canal de enlace. Será por eso que hay tantos narradores, emociones dispares, comunicaciones imposibles, jaleo.

 

¿Cómo entiendas la novela? ¿Te importa más el estilo que el argumento?

—Las dos cosas importan, pero lo que de verdad me inquieta es la voz. En la presentación del libro, conté la anécdota de que yo creía que cantaba bien hasta que mi pareja me propuso hacerlo con su grupo de amigos en una sala de ensayo. Ellos afinaron sus instrumentos, yo agarré el micrófono, me lancé y por primera vez en mi vida, oí mi voz. Mi voz a solas, mi voz a toda pastilla. Qué horror. ¿De verdad ésa era mi voz? ¿Estaba imitando con demasiado énfasis a Javier Gurruchaga? ¿Qué hacer para arreglarla? ¿Debo gritar más, menos? ¿Qué clase de persona sería yo si sólo pudiera comunicarme así? ¿Qué historias podría contar? Lo mismo me planteo cuando escribo.

 

¿Cómo has manejado esos dos climas: el discurso exterior, nada claro, y el interior, agobiante casi siempre, casi negro, indagatorio? ¿Somos lo que llevamos dentro, lo que nos acosa?

—Me encanta esto que dices. Tengo la intuición de que somos las dos cosas. Somos nosotros hacia fuera, en lo de fuera, con lo de fuera. Somos materia y la voz nos exige que la saquemos. El problema de salir es la sinceridad de la exposición. Querríamos ofrecernos desnudos, puros, frágiles, sin escudos, pero nos arriesgamos demasiado. Esas transiciones de lo íntimo a lo público y viceversa. Esos viajes de ida y vuelta originan la oscuridad, la melancolía, lo complejo de andar por este mundo. Hace falta mucho deseo.

 

¿Cuál es tu relación con la realidad, necesitas enmascararla y enmarañarla en poesía?

—¿Qué es lo real? Si hablamos de la realidad como convención, hago lo que puedo y me defiendo. Si hablamos de la realidad como verdad íntima, hago lo que puedo y me defiendo. El enmarañamiento supongo que proviene del laberinto de hilos que se teje entre los dos campos.

 

¿Qué significan para ti los símbolos, en qué medida esta es una novela simbólica?

—“Escribir es crear símbolos”, dice Borges y por primera vez, entiendo a Borges. ¿Será que me estoy haciendo mayor? El asunto es que uno no puede arrancar pensando: “Hey, voy a crear un símbolo” porque los símbolos provienen del inconsciente más que de lo consciente. De una conexión casi primitiva con la humanidad. A lo mejor ni siquiera se trata de escribir. Se traduce el mundo. Casi nada.

 

¿Más que sobre la tensión entre naturaleza y ciudad, entre el paraíso y el ruido, es esta una novela del desgarro, del dolor, de lo enigmáticos que podemos ser los seres humanos? ¿O eso que tú llamas la grieta?

—Una vez más, tú o algún otro lector incauto debería explicarme qué es esa grieta que aparece en la novela. Porque yo no lo sé. Me haces esta pregunta y lo único que me viene a la cabeza es una de las últimas frases de mi padre: “Qué poco nos conocemos los unos a los otros”. Su alabanza a lo auténtico.

 

¿Cómo ha crecido la escritora de ‘Casi tan salvaje’ (Páginas de Espuma)?

—¿He crecido? Hay quien dice que me he caído al pozo, (risa). Sea lo que sea, te obliga a flotar. A subir. Lo intento al menos. No sé.

 

SEGUNDA SEMANA DE BARBASTRO FOTO

SEGUNDA SEMANA DE BARBASTRO FOTO

La fotografía toma Barbastro en el segundo fin de semana de BFOTO La IV edición de BFOTO continúa en Barbastro y este fin de semana ha estado lleno de actos: desde la inauguración de exposiciones hasta los Visionados, pasando por Kosofoto y una conferencia de Sergio del Molino. El viernes 2, se inauguró en el Museo Diocesano la exposición de Nagore Giménez Little fragments of my mind, un trabajo con el que la autora ganó el año pasado la Beca de Visionados del festival.

La exposición es un proyecto centrado en el tema de la memoria, uno de los que más obsesiona a la fotógrafa y en el que trabajó más de un año. Ella comentó en la presentación que el hecho de que las fotografías sean de formato pequeño ayuda a que sea más íntimo. Uno de los momentos cumbre del fin de semana fue la conferencia que impartió el escritor y periodista Sergio del Molino bajo el título Negativos sin positivar de la España vacía. En alrededor de una hora, el autor trató de hacer reflexionar a la audiencia sobre la similitud del proceso creativo entre fotógrafos y escritores. “La literatura está para plantear las cosas de frente”, afirmó del Molino. Recalcó la importancia que en su obra tienen las fotografías y aportó un dato curioso: él suele describir fotografías con todo lujo de detalles, pero no suele incluirlas en sus libros, le atrae la “fuerza que tiene hablar de una foto fantasmal, que no se ve”, explicó. Del Molino explicó, también mediante ejemplos, que la fotografía muchas veces es una construcción, una mirada subjetiva. “El fotógrafo que no es artístico, el fotoreportero, es un narrador, no un testigo. Es un contador de historias que son ficción y está en el mismo plano que el escritor”, comentó el autor. Habló de su último libro 'La España vacía: viaje por un país que nunca fue', en el que trata el tema de la despoblación en el mundo rural español. Como curiosidad, Del Molino expuso fotografías del fotógrafo José Manuel Navia quien, dentro de dos semanas, impartirá un taller y una conferencia en BFOTO.

La charla con Sergio del Molino atrajo a mucho público que participó activamente en la misma haciendo preguntas al finalizar. Una de las secciones más importantes de BFOTO es Emergentes​, una convocatoria a la que se han presentado más de 100 obras este año, procedentes de 15 nacionalidades. El viernes se inauguró en el espacio El Moliné las exposiciones de los cuatro seleccionados de esta edición: Oscar Xarrié (España), José Luis Carrasco (España), Karla Guerrero (México) y Diego Moreno (México). Salvo Moreno, todos los autores acudieron a la inauguración para explicar su obra a los presentes, entre los que se encontraba el alcalde, Antonio Cosculluela, que felicitó a la organización del festival por llenar las calles de Barbastro de fotografía y por el éxito obtenido edición tras edición.

La mañana del sábado, bajo la constante amenaza de lluvia, se llevó a cabo Kosofoto​, una iniciativa de BFOTO que consiste en colgar fotografías en el Coso de Barbastro, para que así los ciudadanos puedan llevarse las que quieran y colgar las suyas. Se trata de una suerte de red social en formato físico que despertó la curiosidad de los viandantes. Como poco antes del mediodía comenzó a llover y se suspendió, Kosofoto se volverá a repetir el domingo de la semana que viene. La organización lo dará a conocer previamente. La tercera convocatoria de Visionados del festival se desarrolló el sábado por la tarde y volvió a ser, una vez más, una muestra de los diferentes lenguajes y posibilidades de la fotografía contemporánea. Los siete proyectos que se presentaron fueron comentados y evaluados por el mismo jurado que se encargó de la selección de la convocatoria Emergentes: el teórico de la fotografía Martí Llorens, el profesor Llorenç Raich y el comisario y galerista Julio Álvarez.

Tras la proyección y defensa pública de los proyectos, el jurado resolvió otorgar la Beca Visionados 2017 a Katerina Buil por su trabajo 'María', una emotiva propuesta en la que, utilizando la memoria oral y la fotografía, la autora desvela, desde el presente, la complejidad vital de su abuela materna en el entorno rural en el que ha transcurrido su vida. Este proyecto en desarrollo será expuesto en el Museo Diocesano en la próxima edición del Festival, siendo tutelado por el propio Julio Álvarez.

 

*Nota de prensa de BFoto. Obra de Katerina Buil.

PEPE BOFARULL EN MORLANES

Pepe Bofarull se pregunta y se 

responde en color y en gesto 

 

El maestro serígrafo, 25 años después, realiza una exposición individual en la Casa de los Morlanes

 

 

 

Pepe Bofarull (Sabadell, 1953) es el maestro serígrafo de Aragón de los últimos 30 años. Así lo han bautizado, entre otros, pintores como Jorge Gay, Pepe Cerdá o José Luis Lasala. Acaba de jubilarse y deja un importante vacío en la reproducción artística. Por eso, poco antes de su marcha, Rafael Ordóñez Fernández, jefe de área de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza, le sugirió una antológica de su quehacer serigráfico. Bofarull le propuso otra cosa: realizar una nueva exposición individual de monotipos de serigrafía, un cuarto de siglo después de la última, en la sala Barbasán de la CAI. «Entre otras cosas, porque eso que me pedía ya lo había hecho en el Museo del Grabado de Fuendetodos», dice el artista.

Así se explica ese verdadero ‘tour de force’ que presenta en la Casa de los Morlanes: más de medio centenar de piezas apaisadas, de 60 x 120 mm, que constituyen una fiesta del color, un oleaje de tonos, un torbellino encendido de gamas que tienen algo de partitura de notas, secuencias y temblores. «Esta exposición es mi memoria contemporánea, y está basada en la pintura y en la música. Desde muy joven oía a Jimi Hendrix, Frank Zappa, pero también a Ígor Stravinski, John Coltrane o Miles Davis, pongamos por caso. Todos me han marcado. Del arte aquí hay muchas cosas: lo que he vivido, mi formación, mi evolución. El pop, el infomalismo, la abstracción expresionista norteamericana, y algunas técnicas tradicionales. Para la impresión, he elegido la madera antes que el zinc. Eso sí, es una exposición hecha a mano por completo».

Pepe Bofarull es un hombre cultivado. Es un pensador tranquilo, un lector de ciencia, un curioso y, a su despacioso modo, un teórico. «He robado a todo Dios. Piense que yo he trabajado con Broto, con Gay, con Cerdá, con Cano, con Xavier Grau; conozco de primera mano sus secretos. Es mi mundo. Y aquí están Jaspers John’s, Willem De Kooning, pero también Frank Stella o Robert Rauschenberg. En este trabajo es muy importante el ritmo, el movimiento de la regleta de serigrafía o de la cartulina que extiende la tinta. Hay una búsqueda constante de la armonía, del equilibrio. He usado 40 litros de disolvente y 10 kilos de tinta», dice. Recuerda algo importante: ‘Pregunta sin respuesta’ es el título de este empeño, intenso y apasionado, que ha llevado a término en 2017. «Así se llama una pieza del compositor estadounidense Charles Ives, nacido en 1874 y fallecido en 1954, de apenas tres minutos, una obra sobria, casi atonal, donde dialogan algunos instrumentos en poco más de tres minutos».

El pintor y serígrafo explica su método, cuadro a cuadro. En todos los cuadros realiza un primer fondo inicial, sometido al binomio de control y accidente. Conciencia y azar. Luego interviene con distintas capas de tinta. A veces hasta con cuatro superficies. De cuando en cuando le quedan zonas sin imprimir o veladuras, o emergen, con distinta graduación o intensidad, determinadas figuras, o lo que Bofarull llama «fantasmas». El autor usa aquí el gesto, el arrebato, pero también el dibujo. Gobierna y desgobierna la mano. «He elegido este formato porque es cuanto me dan los brazos. He intentado hacer una exaltación del color. A veces es voluntaria y ha sido dominada por entero, y a veces es accidental. Todo me sirve. Esta es una exposición de la acumulación de capas», afirma. Aún va más allá: «Por aquí han pasado alrededor de 500 personas, nada comparable a las 30.000 de Natalio Bayo en la Lonja. Lo sé. Pero hay varias cosas importantes. Vienen porque les interesa, porque sí, tienen interés y curiosidad, y eso siempre es estimulante. Estoy vivo y estoy aquí. He hecho un esfuerzo gigante y me siento recompensado. Este es un trabajo de taller y, quizá, un autorretrato. No soy moderno, ni lo pretendo, pero soy de mi tiempo. Seguro».

Pepe Bofarrull siempre regala frases. Suyas o de otros. A veces habla en aforismos. Dice: «“Hay que aprender de lo que no te gusta”. Si lo haces también te preguntas por lo que te incomoda y creces. Mi exposición está fuera de la moda, de lo que se lleva, es un mirar hacia atrás. Soy un artesano que, de repente, se presenta en este espacio en un acto de sinceridad.

Pregunta sin respuesta’ estará abierta hasta el 25 de junio».

 

*La foto la tomo de aquí: 

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EL SILENCIO DE JUAN RULFO

EL SILENCIO Y EL MUNDO DE JUAN RULFO

¿A qué estirpe humana o literaria pertenece Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno (1917-1986), el hombre que se convirtió en Juan Rulfo? A la de Bartleby, el personaje de Melville, sin duda, a la de Robert Walser, a la de J. D. Salinger y a la de Juan Carlos Onetti. Y quizá, claro, a la de Franz Kafka (aquel que quiso que quemasen sus manuscritos), pero también a la de los fabuladores puros, a los grandes embusteros de su propia vida. Tienen tal tendencia a la recreación y al mito que una y otra vez modifican los instantes de su biografía.

El caso de Rulfo es muy especial: él, tímido y apocado, lacónico y temeroso de las malas críticas, con existencias ocultas, tenía la inclinación a cambiarlo casi todo: el lugar y la fecha de nacimiento, el modo en qué murió su padre, en 1923, en tiempos de Revolución, sus propios temores y múltiples detalles de su infancia. Con todo, su familia fue poco convencional. Al margen de la historia de su padre, y de la muerte temprana también de su madre, en 1927, cuando él tenía diez años, Reina Roffé en su libro ‘Juan Rulfo. Biografía no autorizada’ (Fórcola, 2017; es una ampliación y actualización de libros anteriores), recuerda que un familiar “tenía por la muerte una obsesión notoria, compulsiva y avasalladora, que incluso le atraía bromas sangrientas de sus amigos. Siempre creía que alguien los vigilaba o lo amenazaba y, a pesar de tener un carácter bromista y dicharachero, su vida transcurrió en continua e inacabable angustia”. En su niñez itinerante, el niño huérfano vivió un tiempo con su abuela, que fue la cuidadora de una biblioteca muy literaria de un sacerdote: gracias a ello, Juan Rulfo descubrió el poder de la literatura. Se convirtió en un formidable lector y en un niño, un adolescente y hasta en un joven casi autista. Solo se sentía a recaudo con los libros en la mano. Reina Roffé también evoca otro episodio poco conocido: fue seminarista. Recuerda la biógrafa que la periodista Silvia Lemus, esposa de Carlos Fuentes, le preguntó en una ocasión si podía haber sido monje. Y él le dijo: “Los monjes no tienen la oportunidad de conocer a las mujeres, ni tratarlas ni esas cosas. Me gustan mucho las mujeres”. La verdad es que repasando sus casi 70 años, Juan Rulfo no aparenta haber sido lo que dice un seductor. En ‘Una vida gráfica’, Óscar Pantoja y Felipe Camargo cuentan que sintió una atracción por una muchacha que le pareció un ángel. Fue como una revelación, pero no se atrevió a decirle nada. Más tarde, hacia 1941, conoció a la joven Clara Aparicio, “una preciosidad”; empezó a cortejarla de manera decidida casi tres años después y se casaron en 1948. Fue el gran amor de su vida y le dedicó textos muy bellos como se ve ‘Aire de las colinas. Cartas a Clara Aparicio’, un centenar de epístolas que revelan muchos aspectos de Rulfo: la pasión, el temor, la cursilería (nadie está al margen de ella), algunas claves creativas. La correspondencia se inicia en 1944 y  concluye en 1950, cuando Rulfo era “un romántico tardío, anacrónico (…) Se trata de un melancólico que padece una tristeza espiritualizada. Víctima de la tragedia y el fracaso de los movimientos revolucionarios, es siervo y mártir del sistema feudal que arrastra México”. Reina Roffé también desvela en la parte final de su vida otro periplo amoroso, un tanto borroso: Rulfo se habría enamorado de una joven. El escritor Mempo Giardinelli, que fue publicado hace unos años en Zaragoza, estaba en el secreto y lo resume así: “No hace falta hablar de lo que hacía exactamente esa muchacha. Solo quiero decir que en la Argentina se dedicaba a la docencia y a la traducción; estudiaba una lengua oriental y trabajaba por un sueldo en una empresa de exportaciones y por vocación en una escuela de lenguas. A finales de los años 80, después de la muerte de Juan, se radicó en Madrid. (…) Muchas veces me he pregunado cómo era, cómo es, esta mujer a la que Juan amó con una pereza y sinceridad inigualables”.

Rulfo intentó estudiar en la Universidad de Guadalajara, pero no pudo hacerlo por la agitación del país y las huelgas. Realizó varios oficios: fue vendedor de neumáticos, trabajó luego en el Instituto Nacional Indigenista, realizó labores como antropólogo y recorrió México. Desde finales de los años 30 empezó a interesarse por la fotografía. Se hizo con una espléndida cámara Rolleiflex, a la que, tras conocer a su futura esposa, la bautizaría como Clarita. En realidad, antes que escritor, Rulfo fue fotógrafo. Cuando se ven sus fotos, y dejó más de 6.000, da la sensación de recorrió esos pueblos espectrales, envueltos en miseria y espejismo, ruinosos en ocasiones, que se convertirían en el mapa de su territorio imaginaria, “este duro pellejo de vaca que se llama llano”. En ellos entrevió en la Comala de ‘Pedro Páramo’ (1955) o en la Luvina del cuento homónimo de ‘El llano en llama’ (1953), sus dos únicos libros, al margen de algunos bosquejos y del guion ‘El gallo de oro’, que llevó a la pantalla Arturo Ripstein.

Juan Rulfo empezó a publicar sus cuentos en las revistas ‘Pan’ y ‘América’ y durante casi una década, leyendo a William Faulkner o a Dostoievski, y a sus paisanos, fue tejiendo un mundo personal, inquietante, terrible y mágico. Rulfo olió como nadie la lacónica sabiduría popular, la impregnación del mito, el dominio del cacique. Se impregnó de un lenguaje, que tendía hilos con el castellano antiguo del siglo XVI, y empezó a contar lo que veía, lo que soñaba, lo que siempre le descorazonó: el aire constante de la violencia, la mancha imparable de miseria, la atmósfera telúrica y la presencia de la muerte. Pocos han sabido contar como él el imaginario del campesino, su rabia, la humillación y ese extrañamiento constante de la vida. “¿Qué país es este?”, se pregunta un personaje en Luvina.

Si en los cuentos de ‘El llano en llamas’ tiene piezas magistrales, de una desolación a veces irrespirable y de una precisión que va más allá de la austeridad, en ‘Pedro Páramo’ es capaz de crear un personaje que regresa del mundo de los muertos y parece instalarse entre los vivos como un fantasma, embrujado por una mujer, Susana Sanjuán. Y a la vez es el impreciso cuento de un dominio, de un vasallaje y de un universo tan hechizado como insobornable.

Rulfo tuvo buenas críticas, compró la mitad de la edición para regalar, pero también conoció la burla, la displicencia, la ironía. Y eso, y su acusado perfeccionismo, le llevaron a un silencio literario que duró prácticamente hasta su muerte. Y no solo, su pánico se hizo tan ostensible y desesperante que cayó en el alcoholismo y debió ser internado. Poco a poco remontó, intentó escribir, pero nunca se sintió con fuerza. En 1960 y 1980 fue reconocido como fotógrafo con sendas exposiciones; en 1970 recibió el Premio Nacional de Literatura de México y en 1983 su mayor éxito: el premio Príncipe de Asturias de las letras. Para entonces ya era un mito del silencio más doliente y encarnaba el triunfo del hombre que creó un teatro de la imaginación y de las ruinas, algo menos de 300 páginas donde está los grandes temas de la vida, de la épica social y de la muerte preñada de sorpresas.

 

*Con algunas variaciones, este texto apareció en el suplemento ’Artes & letras’ de Heraldo de Aragón, coincidiendo con el centenario del gran escritor mexicano.

*La foto la tomo de aquí:

http://elnacional.com.do/wp-content/uploads/2017/05/rulfo_1.jpg