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Antón Castro

NOVEDAD: LOS GUARDIANES DEL LIBRO DE GER. BROOKS

NOVEDAD: LOS GUARDIANES DEL LIBRO DE GER. BROOKS

EL 4 DE SEPTIEMBRE EN TODAS LAS LIBRERÍAS

 

Un reportaje periodístico de la ganadora del Pulitzer, Geraldine Brooks, corresponsal del Wall Street Journal en la guerra de los Balcanes, se ha convertido en el germen de la novela del año, Los guardianes del libro, donde la autora traslada a la ficción la historia real del libro iluminado sefardita más antiguo y valioso del mundo:

el Haggadah de Sarajevo.

 

 

 

El Haggadah de Sarajevo ha sobrevivido a las guerras de los últimos seis siglos. Los historiadores creen que fue sacado de España tras la expulsión de los sefarditas por los Reyes Católicos en 1492. Fue hallado en Italia en el siglo XVI. En 1892 fue vendido al Museo Nacional de Sarajevo por un hombre llamado Joseph Kohen.

 

 Durante la II Guerra Mundial el librero jefe del Museo, Dervis Korkut, salvó el manuscrito de los nazis arriesgando su propia vida para llevarlo fuera de Sarajevo. Korkut se lo entregó a un clérigo musulmán de Zenica, quien lo escondió bajo las tablas del suelo de su mezquita.

 

 Ya en la guerra en Bosnia de comienzos de los años 90 el manuscrito sobrevivió en la cámara acorazada de un banco. Para acallar los rumores de que el Gobierno había vendido el original para comprar armas con el dinero obtenido a cambio, el presidente de Bosnia lo presentó en público en 1995.

 

 En 2001 fue restaurado tras una campaña financiada por la ONU y desde 2002 se encuentra expuesto en el Museo Nacional de Bosnia Herzegovina.

 

 El Haggadah de Sarajevo está manuscrito sobre piel de becerro blanqueada, e iluminado en oro y cobre. Está considerado el manuscrito judío más hermoso del mundo y también uno de los libros más valiosos existentes. Ha sido tasado en más de 700 millones de dólares.

 

 Geraldine Brooks es corresponsal del Wall Street Journal, para el que ha cubierto las crisis en Oriente Medio, África y los Balcanes. Con Los guardianes del libro Brooks ha batido récords de venta en Estados Unidos, aunque no es una extraña en las lista de los libros más vendidos. Su primera novela, Nine parts of desire, basado en sus experiencias entre las mujeres musulmanas de Oriente medio, ha sido traducida a 17 idiomas. Con su segunda obra, March -una novela histórica ambientada en la guerra civil norteamericana- obtuvo el Premio Pulitzer en 2005. 

*La nota es de RBA y la foto de Jerry Bauer.

 

 

BLOG DE HOMENAJE A LUCAS MIRET

BLOG DE HOMENAJE A LUCAS MIRET

[Andrés Almazán es uno de los promotores del homenaje a Lucas Miret, hijo del arquitecto Carlos Miret, que fue quien concibió el proyecto de la Expo 2008. A Carlos Miret ni se le ha encargado un edificio ni ha sido objeto del reconocimiento simbólico que más ilusión le habría hecho: que un espacio de la Expo llevase el nombre de su hijo, fallecido a los 19 años. El blog se titula http://homenajelucas.wordpress.com. La historia de Lucas es conmovedora, y a mí personalmente me desconcierta que habida cuenta de que el éxito de Roque Gistau, Jerónimo Blasco y Paco Pellicer (él, que es un hombre cordial, es el único de los tres a quien conozco personalmente) está ahí, lo vivimos y lo apoyamos a diario (ya lo he dicho e insisto: soy un defensor absoluto de la Expo, me parece una aventura excepcional para la ciudad y para su futuro, aún con sus imperfecciones, que son algunas), es que no se haya tenido un gesto, un detalle, un reconocimiento explícito. Juan Alberto Belloch le citó con absoluto cariño y gratitud en su discurso de inauguración. Sin duda, hasta ahora ha sido el más elegante con Carlos Miret. Esto escribía Andrés Almazán en su blog.]

 

Todos en Zaragoza vivimos con entusiasmo la proclamación de la candidatura de Zaragoza como sede de la Expo 2008. Ahora que está por fin en marcha, que está siendo un éxito, y que va a dejar una buena cantidad de cosas nuevas y maravillosas para la ciudad, creemos que ha llegado el momento de que nos acordemos de los verdaderos promotores, los que pusieron en marcha el proyecto.

Y estos no son otros que el arquitecto zaragozano Carlos Miret y su mujer, que concibieron la Expo como un homenaje a su hijo Lucas, muerto a los 19 años de edad. Desde entonces y hasta 2004, apoyados por la Asociación Cultural Pro-Expo, llevaron a cabo una inmensa labor de diseño y promoción del proyecto, que al final cedieron a la ciudad por 1 euro. El arquitecto tiene publicado el libro “Así nació Expo Zaragoza 2008″ donde está todo documentado.

Pensamos que es una injusticia no reconocer la labor de estas personas, y la manera como se puede reconocer, una idea que circula desde hace un par de meses por internet, es que se pondría el nombre de su hijo Lucas a algún pabellón destacado, concretamente se ha hablado del Pabellón-Puente de la arquitecta Zaha Hadid.

El objetivo de este blog es plasmar las noticias relacionadas con la iniciativa ciudadana que está apareciendo respecto al tema, y enlazar con otros medios de comunicación que se están haciendo eco. Por motivos que se nos escapan, este tema no está siendo suficientemente atendido por parte de las autoridades.

[Éste es el artículo que publicó El Mundo el domingo 29 de junio de 2008.]

 

“SIN LUCAS, LA EXPO NO EXISTIRÍA”

TODO EMPEZO en 1996, con la muerte del joven. Su padre, arquitecto, para salir del dolor, proyectó la urbanización, viajó a París y cedió por un euro los derechos. Oficialmente le han pagado con el olvido.

 

PACO REGO / El Mundo (Domingo, 29 de junio de 2008)

Un café solo con hielo y un refresco sin azúcar. Aprieta el calor en Zaragoza. En una de las terrazas de la plaza de España, donde rematamos el encuentro, Carlos, con el que hemos compartido tres horas largas, se ofrece a continuar la conversación por teléfono. «No deseo más sinsabores. Ni malos entendidos. Sólo quiero la verdad. Que se sepa lo que en realidad ocurrió». El hombre se desahoga. Purga ciertos recuerdos. La verdad de la que habla el arquitecto aragonés es la que otros se han empeñado en silenciar. «Sin mi hijo, la Expo no hubiera existido». Lo dice sin acritud. Pero con las heridas.

Aquel 9 de julio de 1996, tras un infierno de cuatro años, la familia Miret enterraba al joven Lucas. Carlos y Milagros, arquitecto y psicoterapeuta, perdían a su único hijo varón. Tenía 19 años. Y de aquel sentido luto, fruto de la transfusión de un derivado de la sangre que le contagió el sida al chico (hemofílico), nacería en su recuerdo una exposición universal que -12 años después- ha convertido Zaragoza en el mayor escaparate planetario del agua.

Carlos Miret Bernal, el padre real de la Expo. El olvidado. El hombre cuyo nombre, pese a figurar en el Registro General de la Propiedad Intelectual como autor del proyecto, no aparece en la génesis oficial de la Expo. Ni un cartel. Ni un edificio. Ni una referencia a cómo en verdad se parió la muestra y quién lo hizo. Ni una simple acera lleva la firma del arquitecto que, mucho antes de que políticos y lobbies empresariales se repartieran el invento, ideó y proyectó palmo a palmo la urbanización de los 250.000 metros cuadrados de la muestra zaragozana. Y gratis. Por Lucas. «Fue él el que tiró de mí y del proyecto», admite orgulloso el padre.

Es la historia de la Expo que la Expo no cuenta. La trágica y a la vez hermosa historia de un hombre -y su familia- que para vencer la depresión, se propuso hacer de un sueño su terapia. «La Expo no salvó a mi hijo, pero sí a nosotros», tercia Milagros. «Fue la salvación de nuestra familia». En la cocina de la casa -«un lugar donde nos gusta conversar»- nació la idea. «Ella [Milagros] me la sugirió. Me dijo: "Tú eres muy imaginativo, deberías crear algo grande... fíjate en lo que han hecho este año [1998] en Lisboa con su Expo". Quería picarme para que yo saliera de aquel abismo mental». Y lo consiguió. Carlos, que había roto con la vida social y el trabajo en su estudio de arquitectura, tomó nota del reto. «Empecé a darle vueltas pacientemente». Y restándole horas al sueño, se puso a dibujar en soledad. Pintó decenas de cuartillas llenas de bocetos. Luego hizo los cálculos de las estructuras, pensó los materiales, la ubicación y hasta los contenidos de la exposición. Aquella idea nacida en la cocina familiar -«me conformaba con que un lago del recinto llevase el nombre de mi hijo», dice Milagros- poco a poco fue transformándose en el embrión de la Expo que hoy, sólo 15 días después de su inauguración, ya suma 600.000 visitantes. «Aquello me hizo despertar. Consiguió que volviera a recuperar la ilusión por la vida, por mi profesión», reconoce el arquitecto.

Después de tanto dolor, la suerte parecía asomar tímidamente. Pero el ex ministro socialista Juan Alberto Belloch, al que Miret en persona había contado el proyecto -«eso es lo que yo necesito», contestó- pierde las elecciones de 1999 a la alcaldía de la capital del Ebro. Las gana por segunda vez Luisa Fernanda Rudi. Sin embargo, los planes de la alcaldesa del PP, que sabe lo mismo que Belloch, son otros. Muestra un mayor entusiasmo por celebrar el bicentenario de Los sitios de Zaragoza. La Expo, que ya había calado en buena parte de los ciudadanos gracias a la frenética actividad de divulgación desplegada por su arquitecto mentor dentro y fuera de la capital maña, parecía esfumarse. Carlos, cuenta su mujer, casi se derrumba otra vez. «Muchos tacharon mi idea de locura». Aquella Expo soñada había perdido credibilidad, contaminada por la lucha electoral. Había que empezar desde cero.

Y con el proyecto bajo el brazo vuela a París y se presenta a los máximos dirigentes de la Oficina Internacional de Exposiciones, el organismo que desde 1928 regula y controla las expos mundiales. Viajes, hoteles, reuniones... Todo sale de su bolsillo. «Se quedaron pasmados», recuerda Carlos. «No entendían cómo algo de esa envergadura no tuviera en España el apoyo necesario. No entendían que todo dependiera de un partido o de la voluntad del poderoso de turno».

De nuevo se sentía solo. Como un David contra Goliat. «Cuando lo veía agotado, melancólico, le decía que pensara también en nuestras dos hijas. Que se esforzara por ellas. Sé, porque lo veo a diaro en mi consulta, que si él se destruía, todo a su alrededor se venía abajo», resume ya más relajada Milagros.

Carlos volvió a tomar nota de las palabras de su esposa. Sobre el papel, trazando planos, se sentía imbatible. Otra cosa era llevarlos a la práctica. Levantar, como él había ideado, una ciudad futurista dentro de otra anclada en el pasado. El sabía cómo. Pero le faltaban las manos que mueven los hilos para dar forma al proyecto faraónico que había parido como terapia. Y, lo que es peor, «temía que cayera definitivamente en manos de gente que lo único que buscada era un beneficio personal, enriquecerse». Así que registro su proyecto y también la marca Zaragoza Expo 2008, que luego cedió a la organización de muestra por la simbólica cifra de un euro. La Expo quedaba blindada contra posibles oportunistas. «Lo hice así por Lucas y por la ciudad», insiste Carlos. Según estimaciones de un arquitecto consultado por este suplemento, el trabajo de su homólogo aragonés en el mercado rondaría los tres millones de euros. Sin contar las ganacias por la venta del registro del proyecto y de la marca.

Pero Carlos Miret no quiere hablar de dinero. «Nunca lo he buscado. Lo que llevo dentro es algo que no tiene precio». Lo dice sin rencor, aunque se sienta ninguneado. «Lo que pasa es que siempre hay alguien que saca pecho», opina Gerónimo Blasco, gerente y director de contenidos del Consorcio Zaragoza 2008. Lo espeta sin nombrar al arquitecto por su nombre. Niega que de sus manos hayan salido los bocetos que dieron lugar a la muestra. «Fue cosa de muchos», asegura sin dar nombres. Dice también que fue el hoy alcalde Belloch quien movió el proyecto, pero en cambio no dice que fue Miret quien se lo contó al ex ministro en su propia casa de Madrid.

Es la historia de la Expo que la Expo no cuenta. La de un arquitecto que la ideó inspirado por un hijo que ya no está.

*La foto del Pabellón Puente de Zaha Hadid y su equipo es de Enric Duch.

 

ÁNGEL GUINDA, UN NIÑO DE 60 AÑOS

ÁNGEL GUINDA, UN NIÑO DE 60 AÑOS

El poeta Ángel Guinda, que se encontraba esta mañana en Valladolid y que leerá un pregón en un pueblo de Burgos, cumple hoy años. Me ha mandado un mensaje esta mañana –hace unos días, Miguel Mena, el ciclista, escritor y locutor que ultima uno de sus libros más personales y amados para Xordica: Piedad, notas, pies de fotos, aforismos e impresiones para sus fotos, le recordaba que este año cumplíamos 49 años, ambos en agosto-. Luego hemos hablado, y Ángel me ha dicho textualmente esto:

 

“Soy un niño de 60 años”.

 

Un niño que ha dejado la enseñanza y que pasea su amor, a pie y en coche, por todos los rincones de España, y que recalará pronto en el Moncayo, a la sombra de Veruela y de Bécquer. Así es Ángel Guinda.

 

Copio uno de sus últimos poemas.

 

EL MAR

Mi cabeza es un mar rodeado de montañas
donde ruge el silencio y las nubes reposan como gaviotas muertas.
Mi cabeza es un mar entre andamios de niebla,
o la gran polvareda de las demoliciones.
Mi cabeza es un mar.
Un mar cuyas ventanas tiemblan como relámpagos
y en sus olas retumba el eco de los soles.
Mi cabeza es un mar de enrona y laberintos
donde agitan sus crines los caballos del aire.
Mi cabeza es un mar.
Y en sus puertos en llamas
atracan los volcanes, los recuerdos zozobran.
Mi cabeza es el mar de las detonaciones,
los tambores de humo del adiós y sus ruinas.
Mi cabeza es un mar o el libro de registro de los derrumbamientos,
los escombros del cielo, los tesoros perdidos.
Mi cabeza es un mar.
Mi cabeza es un mar sobre el que las estrellas
fugaces desparraman tormentas de placer.
Mi cabeza es un mar de emboscadas y túneles,
avalanchas de luz y sed resquebrajada.
Conmoción de lo inmóvil, mi cabeza es un mar.
Mi cabeza es un mar en cuyo fondo claman
los suicidas del agua, los barcos y aviones
acribillados por el horizonte.
Mi cabeza es un mar y, en su fondo, los niños
juegan a ver caer caramelos de fuego
de las guerras de un mundo donde no está mi mundo.

Mi cabeza es el mar donde yo he naufragado.

*Ángel Guinda durante su estancia en la Casa del Poeta de Trasmoz.

LUCAS TOMÁS ÁLVAREZ Y SU HERMANO GABRIEL

LUCAS TOMÁS ÁLVAREZ Y SU HERMANO GABRIEL

Fernando cuenta la historia de su abuelo Lucas Tomás Álvarez, otro ebronauta ejemplar. En su blog, recoge esta foto de los hermanos Lucas y Gabriel; Lucas es el del gorro blanco.

 

Escribe Fernando:

[Mi abuelo Lucas Tomás Álvarez] Murió hace tres años, pero tuvo tiempo de contarnos como, con un grupo de amigos, formó un club informal de piragüismo, antes incluso de que Helios se lanzara al Ebro. Como construyeron las piraguas ellos mismos, de forma artesanal y cooperativa (cada uno según su oficio). Cómo salvó a más de alguno de ahogarse bajo el puente del ferrocarril, allá en la playa de La Química. Cómo estuvieron a punto de concederle una medalla al mérito del Ayuntamiento por un salvamento, y cómo la burocracia hizo que se fuera retrasando, se fuera retrasando, comenzara la guerra y no se la dieran y cómo eso le salvó la vida, pues todos los que tenían reconocimientos del alcalde republicano fueron rápidamente buscados para el fusilamiento...

 

*Querido Fernando: no puedo acceder a tu correo. El sistema no me lo muestra. Te dejo yo el mío: acastro@heraldo.es.  Un abrazo y gracias. Me interesa mucho esta historia. Estoy muy interesado en todos los personajes vinculados al Ebro…

UN VERANO AL FRESCO: JORGE GAY EN PEPE REBOLLO

UN VERANO AL FRESCO: JORGE GAY EN PEPE REBOLLO

UN VERANO AL FRESCO

 

[Jorge Gay expone una selección de sus últimas pinturas, desde mañana martes, día 26, a las 20 horas, en la galería Pepe Rebollo, sita en Calle Lostal. El propio artista explica así su muestra]:

 

 

La exposición se compone de seis pinturas realizadas al fresco de 205 x 122 cm. cada una, y siete dibujos-collages de 70 x 56 cm. que juegan  con la iconografía empleada en este trabajo. Se exponen también  algunos de los “cartones” que sirvieron para la realización de los frescos.

 

En los últimos tiempos, por necesidades funcionales y de adecuación al soporte, algunos de mis trabajos se han digitalizado con el fin de hacerlos proyectables -como es el caso de las escenografías para ballets-, empleando para ello la tecnología más avanzada. En esta exposición me he propuesto justamente lo contrario, acercarme al otro extremo, pintar al fresco (1) sobre el intónaco de un muro recién preparado; lo que me devolvía a la antigüedad, a la Edad Media, a lugares como Tarquinia, Herculano, Pompeya, a los Giotto, Gozzoli, o Ghirlandaio.

Durante un tiempo acudí invitado por la  la Escuela Taller de Restauración de Aragón II, con el objeto de compartir una serie de experiencias que sirvieran al proceso formativo desarrollado en esta Escuela. La ocasión me ha permitido colocarme en el otro extremo de la cuerda expresiva; ahora no iría hacia lo más actual con los medios y soportes más sofisticados, sino al contrario:  me he dirigido a los albores de la pintura a través del fresco,  técnica milenaria por excelencia.  

         Ya no le pido al arte ni conservadores retornos al pasado ni renovados saltos al vacío. He hecho este trabajo con vocación de ir  al origen; buscando la afirmación de la propia pintura como gesto, como actitud ante el mundo; para hacerme nuevo desde un lugar distinto; por la mera acción de investigar, de saber, de disfrutar; y lo he hecho desde el amor y el humor, una pareja necesaria e imprescindible para los días que corren.

 

                                                                                                                             Jorge Gay                                                                  

 

(1) El fresco en una técnica de pintura mural en la que el color se deposita sobre un mortero de cal recién aplicado. El pigmento queda fijado sobre el muro gracias al proceso de carbonatación de la cal en contacto con el CO2 del aire que con el paso del tiempo aglutina el color dentro de su misma estructura cristalina. El fresco es la técnica tradicional más resistente. Su aspecto final es mate. Su realización requiere de una muy buena planificación del trabajo, dejando muy poco lugar a la improvisación y los arrepentimientos. Por eso es necesario organizar el trabajo en jornadas, es decir, aplicando cada día la superficie de enlucido que se va a pintar en una sesión.

 

SERVANDO MONTERDE MÁÑEZ: UN HÉROE DEL EBRO

SERVANDO MONTERDE MÁÑEZ: UN HÉROE DEL EBRO

 

La fascinante historia de Servando Monterde (Zaragoza, 1905-1991): barquero, carpintero de ribera del Ebro y enamorado de los deportes acuáticos

 

“He pasado más de media vida en el río Ebro”. Así iniciaba Servando Monterde Máñez (Zaragoza, 1905-1991), carpintero de ribera o calafate, las notas de un breve esbozo de autobiografía. Recordaba que ya en los años 30 inició sus “remadas en un pontón” y que desde entonces fue amigo de “los socios del Toni, barqueros de paso del Ebro para personas”. No es fácil encontrar en Zaragoza a alguien que haya convivido tan directamente con el río, y además en un lugar tan singular: entre el actual puente de Santiago y el Centro de Natación Helios, muy cerca de donde Francisco Marín Bagüés se imaginó ese cuadro inolvidable con barcazas y bañistas, “Los placeres del Ebro” (1934-1938), y donde estuvo situada aquella temblorosa pasarela de madera, cuya “inauguración fue el 25 de febrero de 1941”. Dos porteros, en cada una de las entradas, cerca de la Zuda y cerca de Ranillas, cobraban algunos céntimos de las antiguas pesetas para poder pasar. Servando Monterde escribía: “En el año 1942 monté una flotilla de barcas para alquiler entre los Baños Públicos y la pasarela; en 1945 inauguré otro embarcadero en el Sotillo del Pilar, en el que hoy ocupa el Club Náutico. Tenía la concesión para navegar desde el Puente de Piedra al Puente del Ferrocarril, hoy de la Almozara. El establecerme entre el río Ebro y el Pilar fue para mí un orgullo. El negocio, aunque humilde, iba ‘flotando”.

        

De novillero a calafate

Su sobrino nieto José Manuel Larroy da algunos datos anteriores de Servando Monterde: “Vivía con mi bisabuela Juliana López en Ranillas, en la calle Ortilla, 6, en una casa de bajo y piso. Tenía un bar y una botillería de vinos. Mi madre le ayudaba en aquel local, Casa Monterde. Cuando ella se casó, Servando se quedó a vivir en la planta baja y a ella le cedió el piso. Y residimos allí hasta que nos expropiaron, en torno a la muerte de Franco, y nos trasladamos a la calle Valle de Broto. Servando se vino con nosotros. Según me contaba muchas veces, había sido novillero y había actuado con algunos toreros famosos en las plazas de Graus, Huesca, Zaragoza. No inventaba nada: acabamos regalando su traje de luces a un museo taurino”. La historia familiar de Servando Monterde es un tanto nebulosa: se sabe que pagó para no hacer el servicio militar, aunque debió ponerse el traje, tal como se veía en algunas fotos, y que estuvo a punto de hacer las Américas con la tauromaquia. Lo disuadieron una y otra vez. Y con esa anécdota, desaparece prácticamente su parentela.

Su sobrino tenía una relación muy particular con él: era su confidente, su cómplice, su compañero a orillas del río. Y pronto empezaría a subirlo a su propia barca. “Entre los cuatro y seis años, me construyó una barca pequeña y bonita que aprendí a manejar muy pronto”. Eso sí, entonces ya eran los años 60, y Servando Monterde era un calafate de prestigio, un navegante e incluso un héroe del río. Entre otras cosas, ya había creado su propio club deportivo de remo. Servando confesaba: “Compré dos bateles. Me animé a ello por aquellos jóvenes que venían a alquilar mis barcas y tenían deseos de remar deportivamente. Antes de montarlos en los bateles de reglamento, los probaba en otro que hice yo mismo con las mismas medidas de reglamento, pero algo más pesado, tirando a pontón. Ahí se veía la disciplina del nuevo remero”. Servando era aficionado a la lectura y le gustaba escribir a máquina; en casa, además de sus libros de lectura, tenía algunos manuales de construcción de barcos con planos bien detallados. Hizo algunos pontones para Mequinenza y Caspe.

         Según su sobrino, el calafate poseía en torno a 20 barcas, que llevaba al Ebro hacia abril, con la primavera. Durante una semana mantenía las embarcaciones hundidas, “porque después de todo el invierno fuera del agua la madera se reseca y las tablas se separan. Antes de echar las naves al agua hay que volver a calafatear con estopa y hundirlas para que la madera se hinche”. Tío y sobrino se pasaban allí horas y horas, desde las nueve o las diez, hasta que caía la noche. A veces, les llevaban la comida del mediodía. Servando alquilaba las barcas durante varios meses; durante el otoño y el invierno las retiraba y construía nuevas barcas o las reparaba en un taller que tenía en los actuales jardines de Aragón Televisión.

 

Inundaciones y ahogados

Su sobrino aún recuerda la pasarela, la construcción del Puente de Santiago y una especie de cuadrilátero de cuerdas, en el Ebro, que delimitaba los baños públicos. “El Ebro era otra cosa. Era totalmente diferente y no se le tenía miedo. Era un centro de ocio y de divertimento, y eso lo supo ver muy bien mi tío. No había piscinas como ahora, salvo Stadium y Helios. Había plataformas de madera, desde donde la gente se lanzaba al agua”. Por eso, Servando tenía que llevar un cuaderno y asignar turnos de alquiler. Había días en que todas sus barcas estaban navegando entre Helios y el puente de la Almozara. A veces, tocaba el silbato para recordarle a alguien que se había cumplido su tiempo, o enviaba a su propio sobrino a buscar a los barqueros.

         A pesar de que aún era muy joven, José Manuel Larroy recuerda la inundación de enero de 1961. Dice: “Me sacaron de mi casa en una barca de mi tío. Vino a alguien, me cogió en sus abrazos y me subió al bote”. El propio Servando lo cuenta de otro modo: “En la riada del dos de enero de 1961, a las cinco de la mañana, le ofrecí al comandante de la patrulla de la Guardia Civil las cinco barcas que tenía en condiciones me navegar. Me lo agradeció. Sí que valieron. Yo me dediqué, durante toda la noche, a rescatar vecinos que se habían quedado rodeados por las aguas del Ebro”. Monterde fue felicitado por el Cabildo, por el alcalde de Zaragoza y por los presidentes nacionales de las Federaciones de Remo y Piragüismo. Una de sus aventuras más emocionantes sucedió en pleno verano, un 19 de julio de 1963. “Saqué de las aguas a un joven a punto de ahogarse. Sabía que esto era peligroso, pero tenía que hacerlo. En el mismo sitio vi ahogarse a otro joven”. Servando Monterde explica así la que debió ser una de sus experiencias más dramáticas: “Antes de ahogarse, sube y baja varias veces hasta que, rendida por el agotamiento, la persona ya no puede más y se ahoga. El barquero de los baños públicos intentó echarle una mano pero no pudo”. El río arrastraba en su corriente de todo: pelotas, porquerías e incluso animales, como “un burro muerto, completamente hinchado de agua”.

Servando Monterde colaboró en las actividades deportivas que se desarrollaban en el Ebro: en piragüismo, en remo, en motonáutica, y en casi todas las pruebas solía actuar como “juez de salidas y llegadas”. También estuvo muy vinculado a la figura de Félix Marugán (con el cual participó en varias competiciones nacionales y conquistó varias copas), presidente de la Federación Aragonesa de Motonáutica luego, y al Club Náutico, donde iba a jugar al guiñote y a ejercer una modesta labor de anfitrión. En 1977 fue elegido mejor deportista en Motonáutica. Su pasión por los deportes acuáticos era tan intensa que, algunos años después de haberse jubilado, seguía yendo a Madrid a reuniones federativas. Estaba en posesión de un sinfín de carnés de todo tipo. Su sobrino esboza un último retrato: “Mi tío ni tenía coche ni conducía. Tenía una máquina para liar cigarrillos que surtía al barrio y a menudo, en los días de escasez de posguerra, los vecinos iban a que les llenase el vaso de vino para las comidas. Era un buen nadador, de ésos a los que gusta darse un buen remojón en el Ebro. Disfrutaba cuando veía a la gente disfrutar del río. Cerca de Helios tenía una pequeña caseta con sus herramientas. El río, a su paso por Zaragoza, no tenía secretos para él”. El sueño de la familia sería que alguien tuviese la delicadeza de rendirle un pequeño homenaje con una placa, una plaza o una escultura entre el puente de Santiago y Helios, lugar bellamente remozado ahora con una pequeña escalinata. En el fondo, quizá nadie se lo habría merecido tanto. Como el pintor Marín Bagüés, Servando Monterde creyó ciegamente en los placeres que producía el Ebro. Por eso cerraba así su pequeña autobiografía: “Siento que haya instalaciones llenas de telarañas, en vez de embarcaciones en activo”. A lo mejor, si viviera y viese las mudanzas de la Expo, aún podría dar algunos consejos útiles para el futuro del río.

 

 

DESPIECE

El Dúo Dinámico: dos jóvenes

que berreaban en la ribera

 

La vida de un hombre que se ha pasado más de medio siglo en la orilla del Ebro registra muchas anécdotas de todo tipo, pero hay una que quizá sea la más sorprendente. Debió ser a mediados o a finales de los 50 cuando dos jóvenes, que realizaban el servicio militar en la Base Aérea de Zaragoza, iban a alquilar una barca. Aparecían por las inmediaciones del Ebro, hablaban con Servando y montaban en el bote, que podía ser de dos puntas (proa y popa) o solo de una (proa). Generalmente se iban a la otra orilla y allí, con una guitarra o solo con su voz, se “ponían a berrear”. Casi siempre hacían lo mismo: podían dar una vuelta por el río un rato, pero pronto se dirigían hacia una amena y apartada ribera. Y cantaban. Y charlaban. Quizá fuesen unos jóvenes raros. Un día, algunos años después, en la televisión en blanco y negro, Servando Monterde vio y oyó a aquellos dos muchachos: eran Ramón Arcusa y Manuel de la Calva, más conocidos como el Dúo Dinámico, que agitaban los corazones y ponían a bailar amorosa y blandamente a todo el país. “Pero si son ellos. Seguro –dijo Servando-. Aquellos jóvenes chalados que me alquilaban la barca y se ponían a berrear”.

*Este reportaje apareció ayer en Heraldo Domingo de Heraldo de Aragón. Aquí estaba el embarcadero de Servando Monterde, estas son sus barcas: entre la pasarela y Helios.

 

 

 

RÍO ABAJO / 8. MOLÉCULA DE MARAVILLAS

RÍO ABAJO / 8. MOLÉCULA DE MARAVILLAS

 

Manuel Martín Mormeneo sentía una gran curiosidad por visitar el Pabellón de España. Al principio, ante la avalancha de gente y los más de 400 metros de cola bajo un sol aplastante, decidió aplazar la entrada. Se acercaba casi siempre de noche a su arboleda de cerámica e imaginaba el tránsito de la luz hacia el interior de la fronda. Intentaba entender el secreto de ese edificio: la exacta aleación de la idea y la forma final que cristaliza en un éxtasis de claridad. El arquitecto Patxi Mangado había empezado a atragantársele: siempre daba la sensación de estar malquistado con el mundo, de que le apretaba un zapato en demasía o de que Zaha Hadid le había reventado un grano durante la siesta. Cada vez que hablaba, Mangado siempre se metía con la arquitecta. Le preguntaban por cualquier cosa, por el desarrollo poético de su  “bosque vertical de bambús” que se alza sobre una superficie de agua, y él lanzaba un puntapié a la iraquí y a su estética de la “arquitectura-espectáculo”. Una de sus frases favoritas es: “La arquitectura comprometida no es necesariamente espectacular”. Por fin, Martín Mormeneo logró entrar. Los interiores son intensos y atractivos, de una hermosura clásica y de despojada altura, con vistas a ese bosque misterioso. Entró en la sala circular, en cuya bóveda se proyecta la película “Hijos del agua” de Manuel Huerga y Franc Aleu, que es un resumen del convivencia del hombre y del agua con una moraleja y una advertencia final. La pieza utiliza las últimas tecnologías de modo deslumbrante y se apoya en un texto metafórico. Hay un instante en que parece que no se mueven las elaboradas imágenes, sino el cerebro mismo, el cuerpo entero del espectador. Al terminar la proyección, alguien dijo: “Estoy tan mareado como si me hubiera tomado seis cubalibres”. La película resulta impresionante, igual que el trayecto del visitante por una fastuosa representación de la memoria del agua a través de audiovisuales, figuras, gráficos, joyas, paisajes, fósiles, glaciares, espejos. Al salir, nuestro fotógrafo se encontró con el escritor y viajero Pedro Molina Temboury, y le dijo: “¡Quién me iba a decir a mí que había tanta poesía en la ciencia! He leído una frase que podría resumir cuanto he visto: ‘El agua, molécula de maravillas”.

*Este texto corresponde a la serie Río abajo, protagonizada por el fotógrafo imaginario Manuel Martín Mormeneo, que aparece semanalmente en las páginas de la Expo de Heraldo de Aragón.Esta fotografía es de Enric Duch, un gran fotógrafo de arquitecturas.

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER REGRESA A VERUELA

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER REGRESA A VERUELA

VII FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA MONCAYO

 

 

MIENTRAS HAYA ESPERANZAS Y RECUERDOS, HABRÁ POESÍA

 

 

 

Homenaje a Gustavo Adolfo Bécquer

 

Actuación especial. En concierto  Luigi Maráez

 

28 y 29 de Agosto de 2008

 

Tarazona  Litago Monasterio de Veruela   Museo del Vino  Trasmoz 

 

 

 

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RECONSTRUCCIÓN DEL AMOR

 

          La estancia de Gustavo Adolfo Bécquer en el Monasterio de Veruela y en  las Tierras de Tarazona y el Moncayo es un acto de invitación a la vida.

          Fe en un aire que fortaleciera su salud; un aire que, poéticamente, le concediese el don de ver la transparencia.

          Frente al Moncayo escuchó lo que el silencio le decía y fijó sus ojos en el infinito. Bajo este cielo interpretó el vuelo de los pájaros y el lenguaje del viento entre los árboles.

          De pueblo en pueblo, desde el Monasterio de Veruela a Añón o Trasmoz  pasando por Litago, Tarazona  y Vera, habló con nuestras gentes y meditó en los surcos de nuestros campos.

           Hablemos hoy nosotros con la obra del poeta que levantó el escudo de un universo de amor contra la amenaza de destrucción del mundo.

 

                                         Trinidad Ruiz Marcellán

Olifante. Ediciones de Poesía

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

28  Agosto

 

LITAGO

 

Ayuntamiento

20.00 h.

 Inauguración.

La pregonera Teresa Gallego anuncia el inicio del Festival.

Pregón a cargo del poeta D.  Manuel M. Forega.

Actuación de Enma Luna.

A Borina Moncaína.

 

 

 

29 Agosto

 

MONASTERIO DE VERUELA

 

 

Museo del Vino

11.00 h.

 

Intervenciones de los poetas:

Zhivka Baltadzhieva

Germain Droogenbroodt

Ana Muñoz

Agustín Porras

Manuel Vilas

 

Claustro

13.00 h.

 Actuación de "El Acebo del Moncayo".

 

 

 

 

TRASMOZ

 

Cementerio

17.00 h.

Inauguración de la Escultura de Bécquer.

Presentación del  escultor Luigi Maráez.

Actuación del grupo de  danza El Embrujo de Trasmoz.

 

 

 

MONASTERIO DE VERUELA

 

Iglesia

18.30 h.

Presentación del libro Carta III de Gustavo Adolfo Bécquer a cargo del doctor D. Jesús Rubio, Catedrático de la Universidad de Zaragoza.

Proyección de  Leónidas Martín Saura.

Lectura de poemas de Bécquer en diferentes idiomas.

Intervenciones musicales de Angi Ruiz Forés, Ana Segura, Kike Reyes y Âlime Hüma.

 

19.30 h.

Actuación de Luigi Maráez.

 

 

Lectura: Sofía Salvador, Enrique Alda, Rada Panchovska  y Ana Martínez Ferrer.

BookCrossing en el Monasterio.

Jardín Poético.

Instalación  Performance en el Museo del Vino.