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Antón Castro

MURIÓ EL GRAN CENTRAL DEL ZARAGOZA, IGNACIO ALUSTIZA

MURIÓ EL GRAN CENTRAL DEL ZARAGOZA, IGNACIO ALUSTIZA

 

El pasado sábado, en el barrio de Burceña, en Baracaldo, falleció el que fuera defensa central del Real Zaragoza durante ocho años: Ignacio Alustiza Izaguirre (22.07.1931). Llegó al club, procedente del Arenas de Guecho, en la campaña 1954-1955 y permaneció en él hasta el año 1961-1962, cuando empezaban a fraguarse “Los Magníficos”; había tenido una lesión de rodilla y fichó por el Levante. Llegó a entrenar con el Athletic Bilbao, donde lo veían como el recambio del internacional Jesús Garay, y llegó aquí en compañía de Villalabeitia. Formó dos o tres de las defensas más famosas del equipo: Yarza; Torres, Alustiza, Castañer; y más tarde Lasheras; Torres, Alustiza, Bernad; también llegó a formar así: Yarza; Benítez, Alustiza, Reija.

Subió con el equipo a Primera División y también participó en el partido de la inauguración de La Romareda en septiembre de 1957. Jugó 222 partidos (eso sostienen Javier Lafuente y Pedro Luis Ferrer; Ángel Aznar dice que 232), 135 de ellos en Primera División y marcó un único tanto. Era un jugador elegante y veloz, que poseía un gran sentido de colocación y sabía sacar el balón jugado. Otra de sus cualidades era el magnífico cruce que poseía. Siempre fue un candidato a la selección nacional, pero nunca fue seleccionado. En el libro de Ángel Aznar, El largo camino hasta la Recopa (Edición de autor; Zaragoza, 1995), responde a un cuestionario del autor, y narra la siguiente anécdota tras un partido de máxima rivalidad entre el Oviedo y el Real Zaragoza, donde fue expulsado. “La policía nacional me llevó detenido a la comisaría de Oviedo, a donde fui acompañado por mi compañero Julio Bernad, pues, y y aquí el hecho: estando prestando declaración, se presentó ‘otro’ Alustiza interesándose por la oriundez de mi apellido, ya que él procedía de Logroño. ¡Hay que ver lo que tira la sangre!”

PEPÍN BELLO: AMIGOS Y DISTANCIAS. POR ISMAEL GRASA

PEPÍN BELLO: AMIGOS Y DISTANCIAS. POR ISMAEL GRASA

Leyendo “La desesperación del té (27 veces Pepín Bello)” (Pre-Textos. Valencia, 2008), he tenido momentos de disfrute que me hacían pensar en los que tuve viendo la película-conversación “La silla de Fernando”, en la que durante hora y media Fernando Fernán Gómez habla sobre unas cosas y otras. “La silla de Fernando”, de David Trueba y Luis Alegre, se pudo ver hace unas semanas en Huesca; “La desesperación del té”, de José Antonio Martín Otín, conocido como Petón, se presentaba el martes en la librería Los Portadores de Sueños de Zaragoza.

Uno de los presentadores fue precisamente Luis Alegre, que habló del libro junto al periodista Mario Ornat. De este libro sobre Bello, que ya nombré en esta sección, me ha gustado el hecho de que vaya más al hombre que al “testigo”, es decir, a José Bello que al joven que acompañó en sus inicios a Lorca, Buñuel y Dalí. Los testimonios y anécdotas sobre estos tres creadores ocupan una parte muy reducida de este libro-entrevista. El Bello que aparece es un cultivador profesional de la amistad que desarrolla a lo largo de su vida un criterio sobre cuestiones de pintura y literatura. Inevitablemente, hay momentos en el libro donde Bello se muestra distante o disconforme con algunas figuras célebres, una disconformidad que deja ver toda una filosofía sobre la vida: dice que no le gusta la prosa de Juan Benet, a quien conoció y por quien, por otra parte, muestra afecto y admiración profesional como ingeniero; no le gustan las bravuconadas de Cela, como cuando se despachó de Lorca diciendo que era un “maricón”; de los autores del 27, que tanto admiraba y conocía, y con quienes practicó una relación íntima –este sí que es uno de los ejes del libro–, se muestra desdeñoso con Cernuda, a quien admira como poeta pero no como persona; Bergamín es uno de los que salen peor parados en el libro, con unas oscilaciones ideológicas y una inestabilidad que acabaron convirtiéndole en alguien peligroso (uno de los pasajes más terribles del libro es cuando Bello, acompañado de Bergamín y Alberti, visita la checa que había en el palacio de Heredia-Espínola con el miedo latente de no salir de ahí, aunque tuviese al lado a sus supuestos amigos); Alberti aparece como uno de los grandes amigos de Bello, hasta el momento en que este poeta se junta con María Teresa León y comienza su deriva comunista; la captación comunista da lugar a otras decepciones en Bello, casos tristes como el del zaragozano Juanito Vicens, muerto en China cuando hacía proselitismo del partido; y, por poner fin a esta lista, podemos nombrar a Unamuno, que aparece en el libro como alguien ensimismado e incapacitado para el humor y la charla, más allá de algún episodio de carácter escatológico, como el Taponal que le vendió un farmacéutico una vez que pasaba por Barbastro, y que él citaba inoportunamente como anécdota de comedor.

         El libro está lleno de pasajes y personajes oscenses: la descripción del Casino, los buitres de Alfándiga –fuente de la atracción vanguardista española hacia lo putrefacto–, el paludismo monegrino, los paseos por el embalse de la Sotonera, la residencia de Almudévar donde se le murió un sobrino cuando iba en bicicleta, Carmen Coarasa, novia de su hermano Manuel Bello, el Manuel Ara de la escuela de vuelo sin motor de Monflorite, con quien Antonio Bello daba la vuelta a España en avión, la Huesca de Sender y el diario “La Tierra”… Bello se lamenta de no haber conocido a Sender, teniendo tantos amigos comunes como tenían. Dice que a Sender no le dieron el Nobel “porque no solía llevar pistola”, y cuenta cómo Sender se enfrentó a Cela cuando este mostró desprecio por los Estados Unidos. Igual que sucede con la amistad, los buenos libros llevan a otros libros.

 

El escritor Ismael Grasa, autor de Días en China o Trescientos días de sol, publicaba el pasado martes en su columna de Heraldo de Aragón de Huesca esta nota sobre el libro de José Antonio Martín Otín, Petón, uno de los propietarios del Huesca y uno de los mejores narradores orales de historias de fútbol de la radio. He actualizado  el texto para el lector de él por  primera vez; Ismael  lo ha colgado en su página web. En la foto, tomada de Fernando Anaya, están Fernando Anaya, José Bello Lasierra y el propio Petón.

 

DEL BLOG, DE LA DULCE QUEJA, DE JAVIER HERNÁNDEZ

DEL BLOG, DE LA DULCE QUEJA, DE JAVIER HERNÁNDEZ

 

[El pasado martes, gracias a la gentileza de Juan Carlos Méndez, Ernesto Pérez Zúñiga, Yolanda Hernández y Yolanda Moñino, hablé durante más de una hora sobre el tránsito del bloc Centauro y las servilletas de papel y los papeles de premio de bingo donde empecé a escribir hasta este blog. Curiosamente, estaba intentando buscando algunas fotos de Edward Steichen, al que estuve viendo el lunes por la tarde en el Reina Sofía, una muestra asombrosamente bella y variada, y me llama mi hijo Daniel. De repente, veo que una visita acaba de entrar en un artículo de 2004 sobre mi admirado Javier Hernández, uno de los mejores periodistas deportivos que he conocido nunca. Javier me llamó hace unos días tras el gol de Ballack a Austria, creo que fue, un disparo potente. Todo ello se ha engarzado por azar y recupero ese artículo. No recuerdo ahora de qué me habría quejado en el artículo anterior, en el post anterior a éste dedicado a Javier, querido por todos los deportistas de Aragón y adorado por los futbolistas del Real Zaragoza… Por cierto, en la charla, además de los cursillistas, aparecieron Juan Fernando Moreno Gistaín y Beatriz Gimeno, y María José Magaña, la experta en arte de Binéfar, que trabaja en exposiciones en el Centro Cervantes y nos ensañó la República de las Letras con sus cajas fuertes. De Alicia Alonso se sospecha que regaló unas zapatillas… Esta foto de Edward Steichen corresponde a la modelo, musa de Man Ray, amante de Picasso y luego esposa de Roland Penrose, y estupenda fotógrafa Lee Miller, y está fechada en 1928.]

ATAR LOS CORDONES

Uno nunca debe quejarse de nada. Y menos de manera tan pública. Un blog como este tiene algo de exhibición, de confidencia y de diálogo constante con uno mismo y acaso con alguien que se sospecha o se intuye que puede estar al otro lado. Hay desahogos que deben ser tan personales e íntimos que no debieran salir de uno mismo. Ni un gesto desabrido más, ni una queja: la discreción es un reino secreto tal vez ideal. Contar sí, contar sin buscar la compasión, contar por el deleite de decir, de acariciar el ánima de las palabras y pulsar su música. Contar sin zaherir.


Por esas cosas bellas que tiene la vida, que son lecciones de dulzura, regates admirables del destino que te sitúan ante la prepotencia de sentirte desdichado en algún momento y de estar harto de la literatura, de los suplementos (debes reinventarte a diario: empezar de nuevo, humillar la cerviz como si nunca hubieras hecho nada, con el desparpajo de quien empieza), te encuentras con Javier Hernández, un admirable periodista deportivo, un auténtico sabio, sensible y curioso, que escribe los artículos con los pies, que coge el teléfono con los dedos de los pies, que llama el ordenador con un golpe de frente y que escribe con sensatez, emoción y hondura. Javier no tiene manos, tiene una pierna más grande que otra y es capaz de jugar al fútbol como si nada. Hoy me ha pedido que si le podía atar los zapatos, seguramente acababa de hacer una crónica limpia y exacta. Me pareció un detalle tan humano, tan confiado, tan sencillo, que me hizo sentir culpable de que existan domingos taciturnos. O de que te invada ese antiguo spleen que tanto alimentó la literatura de Charles Baudelaire.

 

DISCURSO CONTRA LA HIPOCRESÍA DE GERVASIO SÁNCHEZ

DISCURSO CONTRA LA HIPOCRESÍA DE GERVASIO SÁNCHEZ

 

DISCURSO PRONUNCIADO POR GERVASIO SÁNCHEZ (PERIODISTA Y  FOTÓGRAFO) DURANTE LA ENTREGA DE LOS PREMIOS ORTEGA Y GASSET EL PASADO 7 DE MAYO.

 

[EN EL ACTO ESTABAN PRESENTES LA VICEPRESIDENTA DEL GOBIERNO, VARIAS MINISTRAS Y MINISTROS, EX MINISTROS DEL PARTIDO POPULAR, LA PRESIDENTA DE  LA COMUNIDAD DE MADRID, EL ALCALDE DE MADRID, EL PRESIDENTE DEL SENADO Y CENTENARES DE PERSONAS]

 

Estimados miembros del jurado, señoras y señores:

Es para mí un gran honor recibir el Premio Ortega y Gasset de Fotografía  convocado por El País, diario donde publiqué mis fotos iniciáticas de América Latina en la década de los ochenta y mis mejores trabajos realizados en diferentes conflictos del mundo durante la década de los noventa, muy especialmente las fotografías que tomé durante el cerco de Sarajevo.

….

  Quiero dar las gracias a los responsables de Heraldo de Aragón, del  Magazine de La Vanguardia y la Cadena Ser por respetar siempre mi trabajo como periodista y permitir que los protagonistas de mis historias, tantas  veces seres humanos extraviados en los desaguaderos de la historia, tengan un espacio donde llorar y gritar.

No quiero olvidar a las organizaciones humanitarias Intermon Oxfam, Manos  Unidas y Médicos Sin Fronteras, la compañía DKV SEGUROS y a mi editor  Leopoldo Blume por apoyarme sin fisuras en los últimos doce años y  permitir que el proyecto Vidas Minadas al que pertenece la fotografía premiada tenga vida propia y un largo recorrido que puede durar décadas.

  Señoras y señores, aunque sólo tengo un hijo natural, Diego Sánchez, puedo  decir que, como Martín Luther King, el gran soñador afroamericano asesinado  hace 40 años, también tengo otros cuatro hijos víctimas de las minas  antipersonas: la mozambiqueña Sofia Elface Fumo, a la que ustedes han  conocido junto a su hija Alia en la imagen premiada, que concentra todo el  dolor de las víctimas, pero también la belleza de la vida y, sobre todo, la incansable lucha por la supervivencia y la dignidad de las víctimas, el  camboyano Sokheurm Man, el bosnio Adis Smajic y la pequeña colombiana  Mónica Paola Ojeda, que se quedó ciega tras ser víctima de una explosión a  los ocho años.

Sí, son mis cuatro hijos adoptivos a los que he visto al borde de la  muerte, he visto llorar, gritar de dolor, crecer, enamorarse, tener hijos, llegar a la universidad. Les aseguro que no hay nada más bello en el mundo que ver a una víctima de la guerra perseguir la felicidad.

Es verdad que la guerra funde nuestras mentes y nos roba los sueños, como se dice en la película Cuentos de la luna pálida de Kenji Mizoguchi.

Es verdad que las armas que circulan por los campos de batalla suelen  fabricarse en países desarrollados como el nuestro, que fue un gran  exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy poco esfuerzo a la  ayuda a las víctimas de la minas y al desminado.

Es verdad que todos los gobiernos españoles desde el inicio de la  transición encabezados por los presidentes Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo  Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero  permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países con  conflictos internos o guerras abiertas.

Es verdad que en la anterior legislatura se ha duplicado la venta de armas  españolas al mismo tiempo que el presidente incidía en su mensaje contra  la guerra y que hoy fabriquemos cuatro tipos distintos de bombas de racimo  cuyo comportamiento en el terreno es similar al de las minas antipersonas.

Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas  españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo y que me  avergüenzo de mis representantes políticos.

Pero como Martin Luther King me quiero negar a creer que el banco de la  justicia está en quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que, por  fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes  para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro  país, nos guste o no, en un exportador de la muerte.

 Muchas gracias.

 

[La foto es de Eugene Smith]

LUIS EDUARDO AUTE, HOY, EN LA EXPO

LUIS EDUARDO AUTE, HOY, EN LA EXPO

 

El cantautor Luis Eduardo Aute ha visitado esta tarde el Pabellón de Aragón, donde ha recorrido la exposición Aragón Agua y Vida, instalada en la segunda planta del edificio, y la primera planta denominada Aragón, Agua y Futuro, en la que ha disfrutado con la Sinfonía Audiovisual, realizada por Carlos Saura, que tiene música de Roque Baños, así como con las obras de arte contemporáneo alojadas en los grandes prismas del Pabellón. En la foto de Jorge Giménez, al poeta, cantautor, cineasta y pintor se le ve con el fondo de la jota que interpreta Miguel Ángel Berna en el vídeo de Saura.

 

 

MIGUEL ÁNGEL YUSTA CREA UN BLOG DE POESÍA Y RECUERDOS

MIGUEL ÁNGEL YUSTA CREA UN BLOG DE POESÍA Y RECUERDOS

 

LA RADIO

Antes de ser Avenida, Tenor Fleta era una zanja por donde el ferrocarril cruzaba Zaragoza.

Por las noches retemblaba la habitación cuando pasaban los expresos

y yo, insomne, soñaba viajes en coche cama y cenas de ensueño en el vagón restaurant.

Mientras, Alberto Oliveras, nos decía que éramos formidables

por una radio que aún conservo, vieja y callada hace decenios.

Le falta un botón, como a mí me falta media vida.

Pero aún vive en silencio y, ahora, con calefacción central y aire acondicionado.

Claro que no siempre fue amable

esta radio vieja y destartalada.

Sobre todo cuando el padre Peyton desgranaba su rosario en familia

y el dictador de la voz de pito y el alma de piedra nos arengaba.

O Doroteo Martí hacía llorar a mi madre con sus maldades.

Coño, qué viejo soy y apenas cumplí los sesenta...

Pepe Iglesias, el Zorro, cantaba su cancioncilla intrascendente

mientras yo intentaba resolver el teorema de Pitágoras en papel usado.

La suma de los cuadrados de los catetos...

catetos... catetos...

El hermano Julio me había intentado meter mano alguna vez

en aquel colegio de bombillas pobres y niños pobres.

Me quería mucho el hermano Julio, pero yo siempre salí corriendo.

Me susurraba al oído cosas que por fortuna no recuerdo.

Un día, ya no vimos más al hermano Julio.

Por la noche, la vieja radio encendía sus ojitos y sé que nos veía

cuando mi padre regresaba cansado de golpear el viento

y mi madre desenvolvía el papel de estraza de la cena.

Yo le guiñaba un ojo a mi radio,

mi vieja compañera de claroscuros días.

Soñaba viajes en expresos de sillones orejeros como los de las pelis

y le daba las gracias por animarnos a vivir.

[Miguel Ángel Yusta, poeta, viajero, médico con el alma herida y entusiasta de todos los gestos de la vida, abuelo con nieto parisino, ha creado un blog personal de poesía, fotografía y distintos fragmentos de la memoria. Es mayusta@blogspot.com. Selecciono uno de sus textos recientes, y elijo otra foto antigua que no sé a quien pertenece.]

 

 

SUEÑO DE LA MADRE Y LAS UVAS

SUEÑO DE LA MADRE Y LAS UVAS

 

[Hoy he conocido al poeta y narrador Ernesto Pérez Zúñiga, de quien había colgado algún poema en la red, en su casa, en el Instituto Cervantes. Encuentro este texto en el blog La mancha literaria y lo pongo aquí, pero con otra foto. He comprobado hoy que Ernesto es un gran conocedor del sur y en especial de Ronda y alrededores donde ha situado una de sus últimas novelas. La foto es de Virxilio Vieitez.]

1. El descosido


Las dos santeras han señalado mi vanidad, dos hermosas negras de pelo rubio. La más gorda, la de los ojos verdes como uvas, me ha escrutado igual que un oculista: “Ahí hay dos sombras que no me gustan nada”, me ha dicho. Noté en mí esa mezcla de orgullo y mezquindad propensa a desencadenar cualquier conflicto. La segunda, que estaba ciega, dijo que se podía tocar dentro de mí al mismísimo Diablo. Estaban de acuerdo: “Un caso difícil, pero no perdido”. Mi madre, que les había llevado uno de mis pantalones rotos para coser la cremallera, ya había sido prevenida.



2. El racimo

Escapo hacia el río montando en bicicleta. Necesito retirarme de los últimos sucesos, pero me encuentro a mi madre, sentada en la orilla, con los pies dentro del agua y un racimo de uvas en el regazo. Me siento junto a ella y acabamos hablando de cómo los objetos están impregnados de la sombra de los difuntos a los que pertenecieron. Me cuenta que las uvas estuvieron en la habitación donde murió ayer mi padre, unas uvas que sus manos llegaron a tocar. Las lava en el río. Al sacarlas, su color verde reluce. Divide en dos partes el racimo y me entrega una de ellas.

 

LA OBRA MAESTRA DE LUIS ARAGONÉS

LA OBRA MAESTRA DE LUIS ARAGONÉS

PASES DE GOL. Es la hora del balance. España no solo ha vencido: ha conmovido de la mejor manera posible, con un balompié espléndido que nació en la terca cabeza de Luis y cuajó en las botas de los jugadores.

La obra maestra de Luis

Los alemanes tenían una deuda pendiente con Luis Aragonés. El Atlético de Madrid jugó dos partidos heroicos contra el diablo pelirrojo Johnstone y llegó a la final de la Copa de Europa ante el Bayern Munich. Luis, el zapatones desaliñado de perezoso paso, ejecutó una falta con una rosca matemática que burló a Sepp Maier. Y cuando finalizaba aquel choque, Schwarzenbeck, el lugarteniente de Beckenbauer, enganchó un tiro portentoso y lejano que batió a Reina. El Atlético de Madrid lloraría unos días después una estrepitosa derrota en el partido de desempate, tras una gran velada de Uli Hoeness. A Luis le robaban el sueño y la gloria de ser campeón de Europa con un maravilloso gol suyo. Quizá por ello aleccionó a sus jugadores de modo especial: les recordó una y otra vez que del segundo no se acuerda nadie. Ni de él ni de los bellos goles inútiles. Con Fernando Torres tuvo sus más y sus menos: antes y ahora. Dicen de Luis que conoce como nadie los secretos del fútbol, que pule todos los detalles, que establece un nexo de unión entre él y sus pupilos, y entre los propios pupilos entre sí, que es un maestro de la camaradería interna.

Apasionado del fútbol de Italia y de Brasil, ha tenido la sensación de que le había llegado la hora. No le habrá pasado inadvertido que los alemanes tenían no a un Schwarzenbeck pero sí a Sweinsteigger, igual de rubio y menos calvo. Y se zambulló en el trabajo: había que ajustar todas las líneas, establecer vínculos de apoyo entre cada puesto, desarrollar un método de concentración y recuperación defensiva, y amarrar, mediante entregas y rondos, el control del medio del campo. Ahí tuvo una intuición casi final: en los últimos partidos de entrenamiento vio que Xabi Alonso era algo más lento que Marcos Senna y que no tenía su capacidad de despliegue ni esa respuesta al trabajo a destajo hasta la extenuación. Fue toda una intuición hacia un plan perfecto.

Luis Aragonés tomó una y otra vez las decisiones correctas: España se enganchó a la inspiración y a la codicia de Villa en los dos primeros choques; resistió ante Italia y le venció por puntos en el partido y por goles en los penaltis; desarboló a Rusia con un prodigioso juego de cámara de conjunto, que le mereció ser comparada con la selección brasileña de 1970 y mantuvo el tono y la brillantez en una final memorable, memorable y con intermitencias, en la que Fernando Torres tuvo el protagonismo simbólico del gol: fue un ejercicio del destino de justicia poética. Una obra maestra del azar y un agasajo a Luis. Torres lleva años intentando triunfar y convencer en la selección, y lo logró.

Dicen que Luis estimula a sus jugadores sin complejos, con la estrategia del descampado, de la intemperie, del barrizal, basada en la variedad de recursos, la picardía y la atención máxima. Detesta las apariencias y lo políticamente correcto: el fútbol tiene para él algo de lance de supervivencia, por eso se mete en algún desaguisado. Ha formado un equipo que los niños se aprenderán de memoria, y que eran más que once, quince, quince a la hora de la verdad. Quince o 23. Un equipo que se sobrepuso a las viejas maldiciones, a la desconfianza, a la vulnerabilidad endémica, al gafe, y que ha impartido una clase magistral ante los competidores más aguerridos. El triunfo de España también reivindica el buen fútbol de Portugal y de Holanda, pero este equipo ha estado por encima de todos con goles, con imaginación, con desparpajo, con el descaro de los locos bajitos.

No se le pueden poner reparos al campeón. Si los hubo, la progresión y la victoria mitigan cualquier fisura o desvanecimiento. Y Casillas, Puyol, Xavi, Marcos Senna, Silva, Villa o Torres tienen que figurar en el once ideal de esta Eurocopa.

[Éste es el artículo que aparece hoy en Heraldo de Aragón, es el último del Diario de la Eurocopa. Lo redacté poco antes de saber que 9 jugadores integraban la selección de los mejores 23 del torneo. No está Silva, lo cual me parece una injusticia increíble, ha jugado mejor que Arshavin, que ya es decir, y sí lo están, con justicia, Carlos Marchena, Iniesta y Cesc Fábregas. Por otra parte, Xavi Hernández ha sido elegido el mejor jugador de la Eurocopa. Pocas pegas se le pueden poner a esta designación: ha jugado un campeonato espléndido.]