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Antón Castro

EL ARTE Y SUS PASIONES / 6. ANA PALACIOS

EL ARTE Y SUS PASIONES / 6. ANA PALACIOS

Ana Palacios: "Usar Booking en el móvil está

a la altura de la llegada del hombre a la luna"

La fotógrafa, que está viviendo un año especialmente creativo y lleno de galardones, repasa su carrera y sus aventuras de esta época

La fotógrafa Ana Palacios, durante la presentación de una muestra suya.La fotógrafa Ana Palacios, durante la presentación de una muestra suya.José Miguel Marco.

Ana Palacios (Zaragoza, 1972) es una periodista y fotógrafa documental ampliamente expuesta y distinguida. La solidaridad y la injusticia animan su compromiso. Galardonada hace poco con una beca de creación de la VEGAP y con el premio Dkv, decía: «¿Qué que le pido a un proyecto? Que tenga un trasfondo social. Si no hay un tinte social, no me emociona ni me mueve ni me sale bien». Ha viajado mucho, ha hecho muchos reportajes alrededor del mundo, y ha firmado libros como ‘Albino’ (2016) o ‘La puerta de atrás. Niños esclavos’ (2018).

1. ¿Cómo será su verano tras la pandemia? ¿Tiene muchos viajes aplazados?

Será local. Aún no tengo el ánimo para aventuras locas. Mi ilusión ahora es una cervecita junto al mar viendo atardecer con mi pareja y mi perrete. ¿Viajes aplazados? Congo, Costa de Marfil y Estados Unidos. Todo se andará.

2. ¿Qué significa el verano para usted?

Que se aparca mejor. Como buena autónoma, el verano hace mucho que perdió su espíritu romántico y festivo.

3. ¿Dónde veranea? ¿Es de playa, de montaña, de ciudad o de pueblo?

Mi referencia veraniega de la infancia es Jaca. Ya a partir de los 15 años nunca he pasado el verano en un mismo sitio. Mi padre siempre me dice que tengo alma de saltamontes.

4. ¿Qué le dicen las piscinas?

Que las bucee de punta a punta.

Dos fotos de Ana Palacios en Cabo Norte, 1995.
Dos fotos de Ana Palacios en Cabo Norte, 1995.Ana Palacios.

5. ¿Cuál ha sido el viaje de verano de su vida?

El que pisé África por primera vez.

6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia, a los ritos de paso. ¿Hay algo especial para recordar?

Recuerdo que muchos veranos me iba de colonias, campamentos… y sentía ese espejismo de 'gran hermano' porque establecía vínculos muy fuertes con esas nuevas amistades y, cuando teníamos que volver, lloraba amargamente como si me arrancasen un trozo del alma. Ya era intensita entonces. Me pasaba el resto del año escribiéndoles cartas. Me he carteado muchísimo con gente que vivía en la propia Zaragoza. Conservo todas esas cartas en varias cajas que, a día de hoy, es lo más preciado que tengo. Ahora manejo mejor las despedidas y escribo menos cartas… Una pena.

"Conservo todas esas cartas en varias cajas que, a día de hoy, es lo más preciado que tengo. Ahora manejo mejor las despedidas y escribo menos cartas… Una pena"

7. ¿Cuál es su mejor recuerdo de vacaciones?

Descubrir sitios nuevos, conocer a personas distintas, coleccionar experiencias que me soprendieran…

8. ¿Qué tipo de lecturas, u otras actividades, realiza estos días?

Ana Palacios en China, en 2011. Festividad de Santa Ana en San Luis.
Ana Palacios en China, en 2011. Festividad de Santa Ana en San Luis.Ana Palacios

Explorar actividades nuevas. ¡Lo de la cerveza al atardecer va a ser una novedad!

9. ¿Qué película está asociada a un verano inolvidable?

Soy una consumidora incansable de cine. A veces voy a tres sesiones seguidas. Así que es difícil asociar una película a un verano pero sí hay una película sobre el verano que me fascina: ‘Verano 1993’. Tuve mucho tiempo audios de esa película como tono del teléfono de lo que me gustaba.

10. ¿El disco o la canción o las canciones de verano?

Cualquiera de Georgie Dann.

"Soy una consumidora incansable de cine. A veces voy a tres sesiones seguidas. Así que es difícil asociar una película a un verano pero sí hay una película sobre el verano que me fascina: ‘Verano 1993’"

11. ¿Cuál ha sido el gran personaje de esta época del año?

El ventilador.

12. ¿Internet y los móviles han hecho mejores las vacaciones? ¿Las han cambiado de alguna manera?

Viajaba con la guía de viajes del país y reservaba los hostales al llegar a cada destino desde un teléfono público o en la oficina de turismo de turno. Perdía muchísimo tiempo. Ahora, poder usar Booking en el móvil me parece un acontecimiento a la altura de la llegada del hombre a la luna.

13. ¿Cuáles serían los conciertos de su vida?

El primero, con mi madre y mi mejor amiga: The Communards en 1988. Luego trabajé en el Palacio Vistalegre de Madrid un tiempo e iba a conciertazos todas las semanas… pero ya nunca tuvieron el sabor de la primera vez.

Ana Palacios trabajando en Uganda.
Ana Palacios trabajando en Uganda.Ana Palacios.

14. ¿Cuál es la más extraña o sorprendente anécdota veraniega vinculada a su profesión?

En el rodaje de la película ‘The Gunman’ con Sean Penn, en Barcelona, el productor americano quería un hotel de cinco estrellas con piscina para venir con sus hijos y había que hacerle propuestas. Hablé con todos y me hice un máster en hotelazos de Barcelona con las características precisas de sus suites presidenciales (metros cuadrados, amenities, precios…) y sus correspondientes piscinas (profundidad, metros de largo, salinidad del agua…).

"La más bella probablemente fuera contemplar el sol de medianoche desde un acantilado en Cabo Norte (Noruega). Fue mágico ver como, en pocos minutos, el sol ‘rebotaba’ en el horizonte y observar atónita mi sombra interminable en la madrugada"

15. ¿Cuál es la más bella o inverosímil aventura de sus veranos?

La más bella probablemente fuera contemplar el sol de medianoche desde un acantilado en Cabo Norte (Noruega). Fue mágico ver como, en pocos minutos, el sol ‘rebotaba’ en el horizonte y observar atónita mi sombra interminable en la madrugada. La más surrealista creo que fue celebrar mi santo por todo lo alto con un montón de monjas de las Anas (o sea su santo también) en una leprosería de China.

*Mañana: CARLOS CASTÁN. Escritor.

 

EL VERANO Y SUS PASIONES / 5. SANTIAGO ARRANZ. ARTISTA

EL VERANO Y SUS PASIONES / 5. SANTIAGO ARRANZ

Santiago Arranz: “En verano es como si no

necesitara ni ficción ni dramas en mi vida

El artista expone hasta la primavera de 2022 en el Museo de Huesca una amplia selección de su obra

Santiago Arranz en su retrospectiva en el Museo de Huesca.Santiago Arranz en su retrospectiva en el Museo de Huesca.Rafael Gobantes.

Santiago Arranz (Sabiñánigo, Huesca, 1959) acaba de inaugurar en el Museo de Huesca una de sus exposiciones más ambiciosas y completas: 'Santiago Arranz. El artista en su laberinto', comisariada por su amigo y estudioso de su obra desde hace años, el historiador y crítico de arte Pablo J. Rico. Se trata de un recorrido por toda su obra, sus series, sus técnicas: la pintura, la escultura, el grabado, el dibujo o la instalación. Prepara diferentes proyectos, entre otros, una gran exposición sobre Federico García Lorca y su mundo, y trabaja sobre el gran escritor Robert Walser.

1. ¿Cómo será su verano tras la pandemia? ¿Tiene muchos viajes aplazados? 

Si es normal, ya será bueno de por sí. En cuanto a viajar, uff, ¡qué pereza...!

2. ¿Qué significa el verano para usted? 

Igual que para la naturaleza, una culminación: buen tiempo, luz, días largos y despreocupados, piscina, lo serio se vuelve informal... Todo esto y ver a los demás hacer lo mismo, me sube el ánimo. Estoy invadido por una cierta sensación de disfrutar de la vida que no tengo el resto del año, aunque no me mueva de casa.

3. ¿Dónde veranea? ¿Es de playa, de montaña, de ciudad o de pueblo?

Si lo puedo evitar, prefiero pasarlo siempre en Castejón de Sos, donde está mi taller y mi rutina. Hacer casi todos los días lo mismo es lo que más equilibrio me da, porque es una rutina de vida, productiva y, además, no me gusta nada nada viajar en verano. 

"Hacer casi todos los días lo mismo es lo que más equilibrio me da, porque es una rutina de vida, productiva y, además, no me gusta nada nada viajar en verano"

4. ¿Qué le dicen las piscinas? 

Las identifico con el verano. Si no hay piscina no hay verano. Soy un signo de fuego y necesito refrescarme, "ponerme cubitos". Voy a nadar y nunca a tomar el sol. En bañador, sin identidad y sin roles, uno se relaja mucho, y sumergidos en el agua nos reconciliamos con la vida antes de la vida. Es una sensación muy placentera,... ¡de placenta!

Santiago Arranz, muy joven. En la época en que era un gran ciclista.
Santiago Arranz, muy joven. En la época en que era un gran ciclista.Archivo Arranz.

5. ¿Cuál ha sido el viaje de verano de su vida?

Siempre han sido viajes en moto: con mi amigo Nacho Castán salimos de Sabiñánigo hasta Odense, en Dinamarca, en 1981, y otro más reciente, el que hice con mi hijo cuando tenía 16 años, desde Castejón a Venecia para visitar la Bienal. Dos auténticos diarios de motocicleta.

6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Hay algo especial para recordar?

A la infancia, a la adolescencia y a la inconsciencia, también.  Fue otro viaje, éste en bicicleta, yo era ciclista, ¡campeón de Huesca!, y fui desde Sabiñánigo a Caspe atravesando el Monrepós de entonces y los Monegros de siempre, en pleno agosto, a visitar a unos parientes. Dormía en una alcoba con las gallinas cacareando encima y leía artículos antes de acostarme de ‘Reader'st Digest’. Pasé una temporada larga, y aún me dio tiempo, entre otras muchas cosas, de ponerme a trabajar en la construcción de la vía del tren Zaragoza - Barcelona. ¡Otra locura!

7. ¿Cuál es su mejor recuerdo de vacaciones?

Al final de un verano y de una mala racha económica, yo no sabía cómo encarar la temporada, y a finales de agosto se presentaron unos coleccionistas en mi taller y me compraron de golpe 4 cuadros. ¡Podía seguir siendo artista un año más!

8. ¿Qué tipo de lecturas u otras actividades realiza estos días?

Este verano leo los ‘Microgramas’ de Robert Walser, para un próximo proyecto artístico, vinculado a este autor suizo que tanto me enamora. También pinto, nado y corto la hierba del campo donde está mi taller, entretanto organizo el depósito de obra y monto mi segunda exposición de verano en mi estudio de las Maigüalas, una finca cercana a Castejón de Sos. El programa para este verano, como hice el anterior, estará abierto al público con cita previa, y mostraré series de dibujos que han quedado fuera de mi gran exposición antológica de 40 años en el Museo de Huesca, todo un homenaje a mi trayectoria que me ha dedicado el Gobierno de Aragón. También organizaremos en el Centro Cultural de Castejón de Sos una conferencia de Pablo J. Rico, comisario de mi exposición antológica que hablará sobre el laberinto que ha ideado para narrar mi obra en su brillante montaje. En otro momento de su estancia también presentará su primera novela que acaba de editar, ‘Pau, el hombre que mira lejos’, dentro del marco Cultura de jardín, que queremos desarrollar en mi estudio.

"Al final de un verano y de una mala racha económica, yo no sabía cómo encarar la temporada, y a finales de agosto se presentaron unos coleccionistas en mi taller y me compraron de golpe 4 cuadros. ¡Podía seguir siendo artista un año más!"
Una muestra de Arranz de 'Las ciudades invisibles' en Huesca. 2004.
Una muestra de Arranz de 'Las ciudades invisibles' en Huesca. 2004.Rafael Gobantes.

9. ¿Qué película está asociada a un verano inolvidable?

En verano es como si no necesitara ni ficción, ni dramas en mi vida, que diría Alaska...

10. ¿El disco o la canción o las canciones de verano?

En verano siempre estoy en la mina, trabajando y preparando las exposiciones de cada temporada. No hay canción de verano. Sólo recuerdo el ‘repeat’ de mi tocadiscos mientras pintaba cuadros en Sabiñánigo, escuchando una y otra vez a Bowie, Dylan, Génesis, Lou Reed, J. J. Cale, Robert Wyatt, Pink Floyd, Nina Simone.... Ahora ya ni escucho música ni fumo cigarrillos.

11. ¿Cuál ha sido el gran personaje de esta época del año?

Pues me veo a mí mismo persiguiendo más sueños que nunca, sin distracciones.

12. ¿Internet y los móviles han hecho mejores las vacaciones? ¿Las han cambiado de alguna manera?

Por desgracia la bulimia informativa que padecemos ha terminado con esa tranquilidad que era lo habitual en estas fechas. De alguna manera esta enfermedad de la 'hiperconexión' ha igualado todo el año.  

Una visión general de una muestra de Arranz en Toulouse en 2013.
Una visión general de una muestra de Arranz en Toulouse en 2013.Archivo Arranz.

13. ¿Cuáles serían los conciertos de su vida?

No me gustan las multitudes y sólo recuerdo haber asistido una vez a un concierto de Bob Dylan en Zaragoza, porque me animó mucho un amigo que sabía lo importante que había sido para mí este músico.

14. ¿Cuál es la más extraña o sorprendente anécdota veraniega vinculada a su profesión?  

El director de una gran galería de Paris, Jeanne Bucher, había visitado mi taller en Fontainebleau y quedamos que pasaría a recoger los cuadros que yo había pintado antes del verano. Trinidad, mi mujer, y yo vinimos a veranear a España. Llamaron por teléfono a la guardiana del inmueble que era una portuguesa y les dijo que los cuadros no se los daba si yo no estaba allí. Por entonces no había móviles, y ni siquiera habíamos dado el teléfono de nuestras familias, pues nosotros no teníamos casa en España. Así que regresaron a París sin los cuadros, y ya nunca pudimos arreglar aquella embarazosa situación, que seguramente hubiera cambiado el rumbo de mi vida profesional, aunque ahora sé bien que no acabó conmigo. Al contrario; fue una gran lección de vida.

"No me gustan las multitudes y sólo recuerdo haber asistido una vez a un concierto de Bob Dylan en Zaragoza, porque me animó mucho un amigo que sabía lo importante que había sido para mí este músico"

15. ¿Cuál es la más bella o inverosímil aventura de sus veranos?

Muy simple: disfrutar de mis paseos, mi trabajo, mis lecturas y recibir las visitas de nuestros amigos cómplices y puntuales a la cita cada verano en Castejón de Sos.

INVITADO DE MAÑANA: ANA PALACIOS. FOTÓGRAFA.

 

EL VERANO Y SUS PASIONES / 4. ANA ALCOLEA

Ana Alcolea (Zaragoza, 1962) es profesora, especialista en el teatro de Antonio Gala y escritora. Debutó con ‘El medallón perdido’ en 2005 y desde entonces no ha parado, con un ritmo en ocasiones de dos y hasta tres libros al año. Uno de sus libros más redondos, pensado para un público juvenil, es ‘La noche más oscura’ (Anaya). Es autora de novelas para adultos como ‘Postales coloreadas’ (Contraseña) y ‘El brindis de Margarita’ (Harper Collins). En 2020 recibió el Premio de las Letras Aragonesas de 2019 y acaba de publicar un cuento ilustrado sobre Manuela Sancho, ilustrado por Coco Escribano. Coordina el proyecto ‘Los abrazos perdidos’ del Gobierno de Aragón.

1. ¿Cómo será su verano tras la pandemia? ¿Tiene muchos viajes aplazados?

Todavía no lo sé. La pandemia nos ha enseñado, entre otras cosas, que no se puede programar nada con demasiada antelación. Lo primero va a ser visitar el día 10 de julio el pueblo de Plenas, donde la ilustradores Coco Escribano y yo vamos a presentar el libro que ha editado la Comarca de Belchite sobre Manuela Sancho, que nació en la localidad.  También quiero ir a Monzón, donde me honraron con un monolito en su Paseo de Las Letras, que todavía no he podido ver. AsÍ que espero que sea un verano muy aragonés, después de tanto tiempo sin pisar mi tierra.

2. ¿Qué significa el verano para usted?

Cambio. Mar. Montaña. Reencuentros. Encuentros con personas que cambian tu vida sin que lleguen a sospecharlo siquiera. 

3. ¿Dónde veranea? ¿Es de playa, de montaña, de ciudad o de pueblo?

No tengo un sitio concreto para veranear. Habitualmente voy a Noruega, donde tenemos una cabaña en las montañas, pero solemos combinar ese lugar con algún viaje a otro país. El mundo es muy grande, somos curiosos y nos gusta conocer, observar y vivir otros espacios. Soy más de ciudad que de pueblo. Pero como contraste, me gustan los lugares aislados que me hacen sentir la naturaleza en estado puro. 

4. ¿Qué le dicen las piscinas?

Hace años que no voy a piscinas, solo las de algún hotel si el agua está calentita... De niña era diferente: era socia del  Stadium Venecia, y era un lugar para socializarse, para hacer deporte y para conocer chicos. Pero ahora no me gustan especialmente. No me gustan los veranos con demasiado ruido, y en las piscinas hay mucho ruido.

5. ¿Cuál ha sido el viaje de verano de su vida?

 

Me resulta difícil elegir porque he hecho viajes muy interesantes y diferentes. Pero quizás el último gran viaje que hicimos con mi padre: fue a China y caminamos juntos por la muralla, que era una ilusión que tenía él desde pequeño. Fue precioso poder hacerlo juntos.
6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Hay algo especial para recordar?

Algún que otro enamoramiento en aquellos veranos de adolescencia, desde luego: del camarero del hotel, que por supuesto se fijaba en las chicas más mayores y más guapas; del vecino de mi tía en el pueblo, alguna que otra verbena. Pero sobre todo, la primera vez que estuve en un país diferente, en el que había cosas que aquí no había, se hablaba otra lengua, se comía diferente, y había muchas flores, ardillas y  muchos bosques de avellanas. De repente, todo era distinto y me di cuenta de que el mundo era muy grande y diverso. Era yo muy pequeña, pero lo entendí enseguida.

7. ¿Cuál es su mejor recuerdo de vacaciones?

También hay muchos. Hubo años en los que mi marido y yo cruzábamos Europa desde Noruega a España o viceversa en coche. Leíamos los mapas y elegíamos lugares por sus nombres. Nunca trazábamos rutas previas. Afortunadamente no había GPS, y gracias a eso conocimos lugares bellísimos cargados de historia y de arte: Karsbad, Bled, Monpazier... Nos sentíamos libres. No teníamos prisa en llegar a destino. El viaje era lo más importante.

8 ¿Qué tipo de lecturas, u otras actividades, realiza estos días?

Leo los últimos libros de Carmen Santos, ‘Flor de Arrabal’, y de Joaquín Berges, ‘Peregrinas’, así como el último poemario de José Ramón Ayllón Guerrero, Premio Blas de Otero de 2020 y ‘Mi familia y otros animales’, de Gerald Durrell, que aún no lo había leído. 

9. Impresionante la serie ‘Los Durrell’. ¿Qué película está asociada a un verano inolvidable?

¡Creo que en los veranos inolvidables no veíamos películas! Acaso, tengo un recuerdo especial de ‘La túnica sagrada’, que la ponían en un cine en Barcelona y entramos mis padres y yo a verla para hacer tiempo antes de subirnos al barco que nos llevaba de vacaciones a Italia. Habíamos llegado a mediodía a la estación de Francia de Barcelona y hasta las siete o las ocho de la tarde no se podía embarcar, así que vimos aquella película de romanos en la que me enamoré de Richard Burton sin remedio. 

10. ¿El disco o la canción o las canciones de verano?

Claramente ‘Marguerita’ de Richard Cocciante es mi canción de verano. Del verano del 85 en Nervi, Liguria. La cantaba con un amigo que tocaba una guitarra de doce cuerdas y que conseguía que yo la pudiera cantar en mi tono. Aquel fue un verano muy especial, y siempre que vuelvo a esa región, me gusta pasear por aquel paseo marítimo en el que tantas veces canté aquella canción. 

11. ¿Cuál ha sido el gran personaje de esta época del año?

Dos mujeres muy importantes en mi vida: mi tía abuela Pilar, que vivía en Biota, y con la que pasé algún verano de infancia y de adolescencia. Una mujer libre y poco convencional, que era muy querida en el pueblo. Cuando se ponía malita, sus vecinas, maravillosas, le pasaban comida y la cuidaban porque sus sobrinas estábamos todas lejos. Mi madrina Anna, con la que pasé veranos maravillosos en Italia, y que me hizo descubrir que el mundo era grande y hermoso: ella fue mi "Grand Tour" particular. 

12. ¿Internet y los móviles han hecho mejor mejores las vacaciones? ¿Las han cambiado de alguna manera?

No sé si mejores, pero sí diferentes. Antes mi marido y yo nos íbamos a nuestras cabaña aislada en las montañas y no podíamos llamar a nadie y recibir mensajes, ni nada de eso. Estábamos en la naturaleza, y éramos una parte de ella. Ahora eso ya no es posible. A cualquier hora entra un mensaje, que puede ser interesante o cargante. A través del móvil me siento a veces invadida por el mundo que quiero dejar cuando estoy de vacaciones.

13. ¿Cuáles serían los conciertos de su vida?

No soy de conciertos multitudinarios. No lo he sido jamás. A mí los conciertos me gustan en un teatro, en un auditorio, o en un espacio amable. Recuerdo dos grandes conciertos en sendas plazas de toros: el de Franco Battiato en Huesca creo que fue en el 86. Y en el 83, el de MIkis Theodorakis en Zaragoza, interpretando con su orquesta el ‘Canto General’, de Pablo Neruda, que fue algo muy extraordinario.

14. ¿Cuál es la más extraña o sorprendente anécdota veraniega vinculada a su profesión?

Pues no sé si extraña o sorprendente, pero siempre que viajo lo hago con un cuaderno donde voy tomando notas de lo que veo, siento, pienso ante los espacios. Y muchas de esas notas se han convertido después en novelas. Por ejemplo, un visita a un faro en medio del mar en Noruega, con mi cuaderno y mi observación, culminó en la escritura de ‘La noche más oscura’, o un tapiz que compré a una señora en Guatemala me inspiró para escribir ‘El secreto del colibrí dorado’, porque yo a los espacios y a los objetos les pregunto cosas. Y los lugares y los objetos son tan generosos que me cuentan novelas...

15. ¿Cuál es la más bella o inverosímil aventura de sus veranos?

Estar remando en el lago de Bled, en Eslovenia, hacia una pequeña isla en la que hay un viejo monasterio, y que de pronto todo oscurezca porque hay un eclipse de sol, y como no veíamos las noticias, no nos habíamos enterado. Fue sobrecogedor. 

 

 

BLANCA BK. EL VERANO Y SUS PASIONES /2

Blanca BK (Zaragoza, 1974) es ilustradora y ha publicado más de una cincuentena de albumes y libros ilustrados para chicos de distintas edades. Entre otros, aún están frescos ‘Mia’ (Los libros del gato negro, 2020), con Silvia G. Guirado, el relato de una bailarina rebosante de sueños y ansiedad, y ‘Mas problemas, más cuentos’ (San Pablo, 2020), con texto de Nuria Ubago. En este entrevista, con ingenio y sinceridad desvela algunos hábitos y secretos, incluso de amor.

1. ¿Cómo será su verano tras la pandemia? ¿Tiene muchos viajes aplazados?

Este año tengo muchas ganas de salir, de viajar, de volver a la carretera con la moto y volver a perderme por cualquier pueblecito pequeño y recóndito de la península. Siguen quedando aplazados algunos viajes, porque de momento no nos atrevemos a salir al extranjero. Es el turno de disfrutar de las carreteras españolas.

2. ¿Qué significa el verano para usted?

Exceso de calor, granizados, lecturas veraniegas, siestas, pelota hinchable azul Nivea y crema con olor a coco para la playa.

3. ¿Dónde veranea? ¿Es de playa, de montaña, de ciudad o de pueblo?

Durante gran parte de mi infancia pasé los veranos en la playa. Desde hace unos años me decanto más por la montaña y el pueblo. Me gusta mucho viajar a la parte del Pirineo, bien sea aragonés, navarro o catalán, y si es en algún pueblo pequeño tranquilo mejor que mejor.

4. ¿Qué le dicen las piscinas?

No me gustan, así que ni siquiera las oigo (risas).

5. ¿Cuál ha sido el viaje de verano de su vida?

Fue hace unos años. Fue un viaje muy especial que duró diez días, en Paris. Fue con toda la familia al completo, padres, abuelos, nietos y hermanos, en total eramos 13 personas. Fue uno de esos viajes que no se olvidarán nunca por las emociones vividas y la sensación de grupo, de que no falta nadie. Fueron momentos muy especiales y ¡hasta logramos salir todos una vez en la misma foto!

6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Hay algo especial para recordar?

Recuerdo con mucho cariño varios veranos consecutivos de mi niñez, cuando mi familia y yo nos íbamos a pasar los dos meses y medio de verano a un pueblecito gallego llamado Hio, en la zona de Cangas de Morrazo, en Pontevedra. Mi memoria guarda esa época con mucho cariño pues fue mi primer recuerdo playero. Con 7 u 8 años descubrí las frías aguas del Atlántico, la raya marcada del bañador y el disfrute de correr con mis hermanos a lo largo y ancho de unas playas kilométricas vacías. También recuerdo las horas interminables de viaje hasta que llegábamos al destino gallego: íbamos metidos en el Renault 18 de mi padre sin aire acondicionado, y las veces que tenía que parar mi padre porque alguno de nosotros nos mareábamos. Era digno de foto.

7. ¿Cuál es su mejor recuerdo de vacaciones?

Años más tarde de los veranos en la playa de la costa gallega, mi familia fue buscando apartamentos en la zona de los Pirineos. Estuvimos en varios pueblos como Villanúa, Búbal y desde entonces y hasta ahora en Biescas. Recuerdo con especial cariño los primeros años de adolescente en las veraniegas noches del Pirineo, volver de madrugada a casa con la pandilla, mi primer ’percing’ en la oreja, y mi primer beso.

8 ¿Qué tipo de lecturas, u otras actividades, realiza estos días?

Aprovecho para retomar lecturas atrasadas: cómics, álbum ilustrados y novelas. La lista es extensa, pero merece la pena comenzarla en el período estival. Disfruto como una niña pequeña.

"Recuerdo con especial cariño los primeros años de adolescente en las veraniegas noches del Pirineo, volver de madrugada a casa con la pandilla, mi primer ’percing’ en la oreja, y mi primer beso"

9. ¿Qué película está asociada a un verano inolvidable?

En aquellos veranos de adolescencia apenas veía televisión o cine, estaba todo el día en la calle, así que no puedo nombrarte una en concreto.

10. ¿El disco o la canción o las canciones de verano?

’Dolce Vita’ de Ryan Paris. Recuerdo a mis hermanos mayores escuchando música extranjera a todas horas. Oigo esta canción y me traslado al verano y a la playa gallega automáticamente. Y la banda sonora de ’Dirty Dancing’ que me recuerda esos veranos de largas noches adolescentes.

11. ¿Cuál ha sido el gran personaje de esta época del año?

No sé decirte en concreto uno. En Biescas coincidí en esos momentos en los que iba toda la plantilla del Real Zaragoza a veranear. Recuerdo cuando nos cruzábamos por las calles del pueblo con gente como Víctor Fernández. Era sorprendente y divertido a la vez.

12. ¿Internet y los móviles han hecho mejor mejores las vacaciones? ¿Las han cambiado de alguna manera?

Creo que tienen una cosa muy buena y es que puedes realizar video llamadas, estar conectado con los tuyos y compartir esos momentos con quien no puede estar a tu lado en ese momento. Si tienes un buen móvil llevas encima la cámara de fotos y es otra gran ventaja. La pena es que cada vez se positiva menos en papel, y después todas las fotos se quedan en la memoria tecnológica.

"En Biescas coincidí en esos momentos en los que iba toda la plantilla del Real Zaragoza a veranear. Recuerdo cuando nos cruzábamos por las calles del pueblo con gente como Víctor Fernández. Era sorprendente y divertido a la vez"

13. ¿Cuáles serían los conciertos de su vida?

Hace muchos muchos años, el último que dieron Dire Straits en la Romareda. Era su gira de despedida y Zaragoza era la última ciudad donde tocaron. Fue apoteósico. Sin embargo, me quedé con las ganas de haber ido a ver a Mark Knopfler tocar en solitario hace unos años al Pantano de Lanuza en el Festival Pirineos Sur. Las circunstancias no me dejaron y llevo esa espinita clavada desde entonces.

Uno de los dibujos de Blanca BK para ’Mia’ (Los libros del gato negro).
Uno de los dibujos de Blanca BK para ’Mia’, la historia de una bailarina muy soñadora. El texto es de Silvia G. Guirado.Blanca BK. Los libros del gato negro.

14. ¿Cuál es la más extraña o sorprendente anécdota veraniega vinculada a su profesión?

Fue durante unas vacaciones en Elizondo. No llegaba a los plazos de entrega y me tuve que llevar el Ipad a todas las excursiones que hacíamos en coche. Aprovechaba a ponerme a dibujar en mi asiento mientras mi familia se ponía a cantar y a disfrutar de los preciosos paisajes.

15. ¿Cuál es la más bella o inverosímil aventura de sus veranos?

No diré dónde fue, pero el chico con el que salía aquel verano adolescente sacó el caballo de un amigo suyo de su establo en plena noche y me llevó montada con él; cabalgamos durante varias horas hasta la madrugada. Fue precioso.

Mañana. El actor y cantante Jorge Usón.

EL VERANO Y SUS PASIONES / 1. PABLO RICO

AVENTURAS DE VERANO /1. PABLO RICO

Pablo J. Rico: “Todo lo que tenía prohibido lo hice en verano”

El comisario e historiador del arte, debutante en la novela, recuerda sus pasiones e incidentes veraniegos



El comisario, ‘curator’ e historiador del arte Pablo J. Rico Lacasa (Zaragoza, 1955) regresó a Zaragoza tras haber vivido en Mallorca, México y en diversos lugares del mundo. El destino le reservaba una gran sorpresa: una historia de amor con Teresa, con quien se ha casado, su primera novela, ‘Pau, el hombre que mira lejos’ (Los libros del gato negro) y un feliz reencuentro con el pintor y escultor Santiago Arranz, de quien firma el catálogo de su muestra en el Museo de Huesca: ‘Santiago Arranz. El artista en su laberinto’.

1. ¿Cómo será su verano tras la pandemia? ¿Tiene muchos viajes aplazados?

Tranquilo y todavía alerta. El bicho sigue mutando y hay muchos descerebrados moviéndose sin precaución. No tengo ningún viaje aplazado. Lo que no pudo ser ya no será…

2. ¿Qué significa el verano para usted?

Nada en especial. Mi vida personal y profesional no se ha articulado en estaciones desde hace décadas. En mis nueve años en México lo odiaba. Allí es época de lluvias, todos los días durante dos o tres horas, tormentas torrenciales, rayos a cien metros, etc. Y siempre alerta por los huracanes…

3. ¿Dónde veranea? ¿Es de playa, de montaña, de ciudad o de pueblo?

He sido de mar, más que de playa. Pero como viví 25 años en una isla, era algo corriente. Ahora prefiero la montaña y el campo. Este año iremos una semana a San Sebastián y otra al Pirineo.

4. ¿Qué le dicen las piscinas?

Nada en particular. No es que no me gusten; para mí son como una pista de hielo y yo no patino.

5. ¿Cuál ha sido el viaje de verano de su vida?

Tres semanas inolvidables en Japón en agosto de 2009 después de inaugurar la exposición antológica de Hidetoshi Nagasawa, mi amigo y maestro desgraciadamente fallecido.

6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Hay algo especial para recordar?

Veraneábamos un mes en Alicante y otro en Bronchales, Teruel. Eran tiempos de sensaciones de libertad y experiencias lejos de las miradas de mis padres. Todo lo que tenía prohibido lo hice en verano.

7. ¿Cuál es su mejor recuerdo de vacaciones?

Mis primeros viajes a Ibiza a mediados de los setenta. Fui un hippie de verano durante años…

8. ¿Qué tipo de lecturas, u otras actividades, realiza estos días?

Aprovecho para escribir seis horas al día. Y voy leyendo a sorbos cortos lecturas pendientes como la biografía de Susan Sontag y la de Hernán Cortés de Esteban Mira.

9. ¿Qué película está asociada a un verano inolvidable?

El último tango de París’ en un viaje “clandestino” a Biarritz en 1974. De regreso, vine cargado de libros “rojos” y un par de experiencias erotico-izquierdistas.

10. ¿El disco o la canción o las canciones de verano?

En años juveniles, la música de Pink Floyd, era con la que mejor nos emporrábamos…

11. ¿Cuál ha sido el gran personaje de esta época del año?

Marina Abramovic. Nos conocimos un verano. Inauguré mi primera exposición con ella otro. Ganó el León de Oro de la Bienal de Venecia al siguiente. E hicimos su gran antológica en cuatro exposiciones simultáneas en Valencia y Alicante el verano de 1998.

12. Acaba de ganar el premio Princesa de Asturias de las Artes. ¿Internet y los móviles han hecho mejores las vacaciones? ¿Las han cambiado de alguna manera?

Asocio la noción de vacaciones a la ausencia de Internet y apenas utilizo el móvil salvo para mirar el tiempo que hará mañana.

13. ¿Cuáles serían los conciertos de su vida?

No soy de conciertos. Cada día me siento más misántropo… Prefiero los tratos en corto y la mirada larga.

14. ¿Cuál es la más extraña o sorprendente anécdota veraniega vinculada a su profesión?

Un doble viaje en noviembre de 1994. Viajaba con dos maletas, una con ropa de invierno y otra de verano. Llegué a Beijing nevando y la maleta de invierno estuvo perdida cuatro días. Debía regresar a Sao Paulo vía Frankfurt y entonces me perdieron la de verano. Imagine qué hacer con ropa de lana y abrigo de piel en el verano tropical brasileño. Menos mal que fue fácil y barato comprar bermudas, camisetas y sandalias… Cosas del arte.

15. ¿Cuál es la más bella o inverosímil aventura de sus veranos?

La más bella: cuando me casé hace dos años, en Venecia y Roma. La inverosímil: en Essaouira, Marruecos, saliendo todos los días a montar en camello, que, por cierto, se llamaba Zidane.

 

'TURIA' RECUERDA A JIMÉNEZ LOZANO

'TURIA' RECUERDA A JIMÉNEZ LOZANO

JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO, UN PREMIO CERVANTES SIN CARNET, PROTAGONIZA LA REVISTA “TURIA”

 

 

  • La revista dedica un atractivo monográfico a uno de los autores más originales y libres de las letras españolas del siglo XX.

 

  • TURIA publica, además, textos inéditos de Claudio Magris, Antonio Colinas, Gustavo Martín Garzo, Sergio del Molino y Adolfo García Ortega. Cuando se cumple poco más de un año de su muerte, la revista cultural TURIA ha querido rendir homenaje a un escritor esencial y con personalidad propia en el panorama de las letras españolas de las últimas décadas. Fue José Jiménez Lozano un Premio Cervantes sin carnet, un escritor ético con inequívocas y arraigadas convicciones, que siempre buscó la libertad y que mantuvo que la literatura es levantar la vida con palabras. De ahí que no le gustase la palabra escritor, que sentía demasiado cargada de orgullos personalistas y que prefiriera denominarse escribidor.

 

Según Guadalupe Arbona, coordinadora junto a Enrique Andrés Ruiz del atractivo monográfico que TURIA le dedica, la obra de Jiménez Lozano testimonia y da la medida de una mirada única en nuestra literatura. La de un autor que muestra “la alegría porque las cosas sean y la compasión por los dolores del mundo” y que siempre comprendió que “de la conversación sobre lo que se ve y se escucha se llega al juicio y a la escritura”.

 

A través de un cuidado dossier que contiene 150 páginas de textos inéditos, TURIA contribuye a fomentar la lectura de la obra de José Jiménez Lozano (Langa, Ávila, 1930 - Valladolid, 2020). Para conseguirlo, además de publicar diversos trabajos originales que analizan las claves de su labor intelectual y sus libros principales, la revista ofrece un fragmento de una amplia y muy reveladora entrevista inédita que tiene carácter póstumo por cuanto es fruto de las conversaciones mantenidas entre 2016 y 2018 con el periodista cultural Fernando del Val. En ella se habla del mundo de ayer desde el mundo de hoy y Jiménez Lozano muestra sus opiniones con claridad y contundencia. Así, por ejemplo, reconoce que “la posteridad es peor que la actualidad” o que “hay que aceptar con agrado, si es posible, la diferencia”.

 

Por otra parte, el monográfico de TURIA sobre José Jiménez Lozano se integra en un sumario de cerca de 500 páginas del que participan varios de los mejores autores de distintas generaciones, castellano-leoneses y/o radicados en Castilla y León. Así, un total de treinta y dos escritores vinculados a esta Comunidad Autónoma se distribuyen por las secciones de narrativa, poesía, entrevistas y crítica literaria de la revista. Su presencia permite obtener una panorámica representativa de la literatura que se escribe actualmente en Castilla y León.



TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edición en papel y otra digital (web y Facebook). Con casi 40 años de trayectoria, está publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputación de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Aragón. Este número dedicado a José Jiménez Lozano sido posible gracias al apoyo de la Junta de Castilla y León. En reconocimiento a su labor, el Gobierno de España le concedió el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.

 

UN SUMARIO REPLETO DE TEXTOS INÉDITOS Y AUTORES DE INTERÉS

 

Además del atractivo y completo monográfico dedicado a José Jiménez Lozano, el nuevo número de TURIA brinda un sumario repleto de lecturas y autores de interés. Así, las páginas de la revista se enriquecen con textos originales de importantes autores internacionales. Entre ellos, citar una primicia en español: el anticipo del libro de Claudio Magris, premio Príncipe de Asturias y uno de los grandes intelectuales europeos actuales. Bajo el título de “Tiempo curvo en Krems”, este volumen reúne cinco relatos conectados sutilmente por algunos temas compartidos: la vejez, la evocación del pasado, el tiempo que adquiere una dimensión no lineal y una sensación de desplazamiento, de extrañamiento que de un modo u otro acompaña a los personajes.

 

Otros protagonistas de la nueva entrega de TURIA son autores como Carmen Laforet, Francisco Umbral y Karmelo Iribarren, sobre cuya obra se publican artículos originales de José Teruel, Manuel Llorente y Rafael Morales Barba.



También TURIA da a conocer narraciones inéditas de Gustavo Martín Garzo, José María Conget, Sergio del Molino y Adolfo García Ortega. También, entre otros contenidos relevantes, el nuevo número de TURIA invita a leer de nuevo a Francisco Umbral, uno de los escritores y columnistas españoles más originales y populares de las últimas décadas del siglo pasado y primeros años del siglo XXI. TURIA rescata tres textos de Umbral fechados en 1968 y que titula “El dólar, la democracia y todo lo demás” y en los que ya se aprecia su inimitable y brillante estilo.



La revista ofrece igualmente a los lectores poemas inéditos de, entre otros, Antonio Colinas, Amalia Iglesias, Carlos Ortega, Yolanda Castaño, Esperanza Ortega, Miguel Casado, Verónica Aranda, Raquel Vázquez y David Refoyo.



En la sección que TURIA dedica a Pensamiento, sobresale el texto titulado “J.L. Rodríguez García, escritura y verdad”, del profesor Luis Beltrán Almería. Como se dice en el artículo, “La obra de José Luis Rodríguez García (León, 1949) fluye entre dos orillas: la filosofía y la literatura. Su más reciente ensayo, Postutopía, conecta esas dos orillas, pero también



conecta el origen de esa obra con su devenir actual. Tiene por ello cierto aire testamental, aunque se trate todavía de un testamento abierto. La obra de Rodríguez García es muy amplia. Consta de más de treinta libros y cultiva géneros literarios como la novela, el cuento, la poesía, el ensayo, el teatro y, por supuesto, el ensayo académico. También ha cultivado la pintura.

 

ENTREVISTAS EXCLUSIVAS CON ANTONIO COLINAS E IRENE VALLEJO

 

Los lectores del nuevo número de la revista TURIA, que se distribuye este mes de junio, podrán disfrutar de dos entrevistas a fondo con protagonistas inolvidables: Antonio Colinas, uno de los poetas mas carismáticos y de más sólida trayectoria de la literatura española contemporánea y con la filóloga y escritora Irene Vallejo, una de las autoras del momento debido al arrollador éxito de su libro sobre libros “El infinito en un junco”.



Fiel a la fusión entre la experiencia de vivir y la experiencia de escribir, entre poesía y vida, la obra del leonés Antonio Colinas no se podría explicar sin sus largas estancias en aquellos lugares que han marcado su trayectoria y con los que ha mantenido una relación intensa tanto a nivel personal como creativo: Córdoba, Madrid, Milán, Ibiza o Salamanca. Si tenemos en cuenta que sus primeros libros publicados datan de 1967, puede afirmarse que son casi ya 55 años de poesía vivida y vida ensoñada. Una brillante y fecunda labor que se ha extendido también a los campos del ensayo, la traducción y la crítica literaria.

 

Por su parte, la autora aragonesa Irene Vallejo ha sido capaz de obrar el milagro de convertir un libro de ensayo y de calidad indiscutible, predestinado en principio a un público lector minoritario, en un fenómeno de multitudes. Y es que hay libros que pueden cambiar una vida. Bien lo sabe Irene Vallejo, para quien la escritura y publicación en Siruela de “El infinito en un junco” ha llegado como un tsunami y revolucionado su cotidianidad como sólo suele suceder cuando el éxito arrollador viene acompañado por la sorpresa.

 

LAS PALABRAS DE UN ESCRIBIDOR ÉTICO

 

Una aproximación plural y rigurosa a la personalidad y la obra de José Jiménez Lozano es lo que realiza la revista cultural TURIA en su amplia sección monográfica denominada Cartapacio. Un conjunto de trabajos ensayísticos, que aúnan análisis y divulgación, en los que encontraremos como principal protagonista a uno de los más sugerentes autores españoles de las últimas décadas. Un escritor de enorme cultura y con opiniones propias sobre casi todo, que bien merecería seguir gozando, más allá de las modas, del favor de los buenos lectores. Porque la literatura no es un juego de clasificaciones sino algo mucho más serio, porque como él mismo escribió, “la literatura, y ella sola, puede parar la historia entera”.

 

Y es que este cristiano impaciente y en rebeldía, como podría definírsele, fue autor de miles de páginas en periódicos y revistas así como de libros fundamentales como su “Meditación española sobre la libertad religiosa”, su opúsculo “Nosotros los judíos”, en el que reivindica el origen judío de nuestro ser y cultura, o el ensayo titulado “El ateísmo”. No en vano, como subraya Guadalupe Arbona, “fruto de sus lecturas, de sus conversaciones con escritores, pensadores, teólogos y artistas europeos, americanos y orientales y en diálogo continuo con ellos fue fraguando un pensamiento propio y original, caracterizado por la libertad”. Conviene recordar, sin embargo, recordar que el género que más cultivó Jiménez Lozano fue el de la novela, aunque a veces sea difícil aglutinar bajo esa etiqueta textos muy diferentes.

 

De gran calado es el texto que Enrique Andrés Ruiz dedica en TURIA a Jiménez Lozano. En el se subraya “la coloración cultural y política que divide su obra en dos” y se pregunta si esa circunstancia “tuvo más bien un carácter reactivo a los cambios producidos en el entorno del que se vio rodeado”. También se indica a la literatura como espacio de expresión de esa autenticidad existencial –de “los adentros”, como gustaba de escribir Jiménez Lozano.

 

Considera Enrique Andrés Ruiz que ese Jiménez Lozano “cristiano en rebeldía”, autor de una primera y mejor novela, “Historia de un otoño”, ese autor de doliente y mordiente intimidad, “se convertirá en una de las más profundas y singulares personalidades intelectuales de la España contemporánea, la última, quizá, para la cual España fue una preocupación”.

 

No obstante, y como bien argumenta Enrique Andrés Ruiz en TURIA, durante sus últimos veinte años fue “un escritor extraterritorial, al menos para el sistema de contraseñas vigentes en los debates de opinión”. Y así, justo es decirlo, interpreta que “el nervio crítico y la profundidad alcanzada por la obra de José Jiménez Lozano, pongamos que de 1965 a 1990, no fueron los de después”.

 

Sobre sus logros como poeta, no cabe sino estar de acuerdo con Antonio Martínez Illán cuando escribe en TURIA que “José Jiménez Lozano nos ofrece su mirada sobre el mundo y ese ofrecimiento espolea al lector y le obliga a detener su mirada en lo aparentemente nimio, efímero, conscientes de que solo eso, que no vale a los ojos del mundo, es lo más valioso. Este es el legado de José Jiménez Lozano, su mirada sobre el mundo, su sabiduría y la conciencia de que la responsabilidad última del escritor es escribir bien y esto se juega en la verdad de las palabras, desnudas luchando por levantar la niebla del mundo, sin más certeza que la del intento una y mil veces repetido de nombrar el mundo. Vivió siempre fiel a la incertidumbre que conlleva toda escritura verdadera”.

 

La profesora Guadalupe Arbona y el escritor Enrique Andrés Ruiz, dos de los mayores estudiosos de su obra, han coordinado este magnífico y completo monográfico sobre José Jiménez Lozano. También participan con artículos inéditos autores y especialistas como Alfonso Armada (“¡Y lo arquitectas!. Pepe Jiménez Lozano en tres o cuatro brochazos con pincel fino”), Julia Escobar (“Los adentros de José Jiménez Lozano”), José Ramón González (“Resignificación de Castilla: en torno a la ‘Guía espiritual de Castilla’ de José Jiménez Lozano”), Antonio Martínez Illán (De cómo envejece el humus: José Jiménez Lozano poeta”), J.Á. González Sáinz (“La patita del clérigo –vivir con el diferente-“), Fermín Herrero (“Palabra de escribidor”), Juan Andrés García Román (“Una batalla en un tendedero – A propósito de un prólogo-), José Bernardo San Juan (“Jiménez Lozano o el tortuoso camino de la fe”), Raúl Asencio Navarro (“Liber Scriptus, un libro contra la historia”), Eva Aladro Vico (José Jiménez Lozano: llevando la poesía pura española a los pies del siglo XXI”), Rocío Solís (“Las huellas de Port-Royal en la biografía de José Jiménez Lozano”). Además, se publica la entrevista inédita realizada por Fernando del Val: “José Jiménez Lozano: nadie te debe un premio”. Cierra el Cartapacio, una completa “Biocronología” elaborada por Guadalupe Arbona y Antonio Martínez Illán.

 

LA GUIRNALDA DE JULIA”, POEMAS INÉDITOS DE JIMÉNEZ LOZANO

 

Destaca especialmente que TURIA publique un conjunto de poemas inéditos del propio José Jiménez Lozano que pertenecen a un libro manuscrito e ilustrado titulado “La guirnalda de Julia”. El autor consideró esta obra un boceto de una historia de ambiente nórdico y protestante. Los

 

 

protagonistas son la muchacha Sollitya y su novio Gunnar Bensi, un joven pastor kierkegaardiano. A este le llaman para que predique en una aldea del norte. Bensi pronuncia una serie de sermones a los muertos, mientras Sollitya hace una guirnalda: una cuidadosa enumeración de flores que ordena según su floración de enero a diciembre, e imagina sermones sobre mujeres bíblicas. En el texto se alterna el griego, el latín, el francés, el español y los nombres del norte.

 

De esta obra dijo el autor: “son notas para una narración en ese ambiente nórdico y protestante, nombres de personas y de pagos incluso y algún esquema, y no es que la sirva para nada, sino que la informa de que hubo un tiempo en que me interesó  -y me interesan, mucho, estos pensares y vivires-, pero claro está que, como diría Santayana, uno está cautivo de la claridad católica y papista”.

 

Estos poemas se publican en TURIA gracias a la gentileza de los herederos de José Jiménez Lozano. En su transcripción han trabajado Raúl Asencio y Guadalupe Arbona, a la que el escritor regaló el libro en 2012.

 

 

NADIE TE DEBE UN PREMIO”, UNA CONVERSACIÓN REVELADORA Y DESCONOCIDA

 

Un contenido clave de este monográfico de TURIA es el extenso e ilustrativo fragmento que se publica de las conversaciones mantenidas José Jiménez Lozano y Fernando del Val. Llevado a cabo entre 2016 y 2018, ese diálogo iba a constituir un libro y son declaraciones que, leídas hoy, resultan muy reveladoras del pensamiento último de quien “hablaba como escribía, con la punta fina del alma”.

 

Entre otras argumentaciones, en la entrevista Jiménez Lozano afirma que “lo que hay que defender es que nadie obligue ni prohíba”. También considera que “las culturas pasadas fueron más libres que la actual” o que “el medievo fue más armónico de lo que se nos quiere hacer creer”.

 

Sobre los problemas de la educación actual se muestra concluyente: “el profesor es un payaso y la educación no existe” o “sólo puedo achacar que estemos como estamos a la liquidación de la educación”.

 

 

Sobre sus gustos literarios, defiende la concesión del premio Nobel a Svetlana Aleksiévich (“es formidable”) y a Bob Dylan y asegura que “Delibes ha escrito mejor que la mitad de premiados con el Nobel en las dos últimas décadas”.

 

TURIA” REIVINDICA A MIGUEL LABORDETA EN CENTENARIO DE SU NACIMIENTO

Con rigor, capacidad de análisis y divulgativa, así como con un evidente compromiso en la necesaria tarea de fomentar la lectura de Miguel Labordeta, la revista TURIA contribuye a la celebración de la efemérides del centenario del nacimiento (16 de julio de 1921 – 1 de agosto de 1969) del poeta aragonés con un excelente artículo reivindicativo que ratifica la validez e interés actual de su trabajo creativo.

 

 

 

Alfredo Saldaña y Antonio Pérez Lasheras, expertos conocedores de la obra literaria de Miguel Labordeta, tienen muy claro los muchos méritos de “una poesía radicalmente desarraigada de sus propias circunstancias coyunturales de escritura, aunque nunca se desentendiera de ellas. Sine die, sin fecha, sin día, sin plazo, sin tiempo ni lugar marcados, esas podrían ser las coordenadas de una poesía que podría haberse escrito hoy, una poesía que, antes que dar prueba de una determinada realidad o testimonio de un tiempo y un espacio concretos, emerge y nos interpela como evidencia o augurio de la posibilidad”.

 

Resulta controvertido e injusto comprobar que, si bien Miguel Labordeta ha continuado siendo objeto de atención editorial durante los años transcurridos desde su muerte, su escritura “no acaba de formar parte del canon poético español contemporáneo, que no termina de cuajar como una obra de valor y de referencia de dicho canon”.

 

Por otra parte, TURIA avanza el contenido del nuevo y definitivo libro sobre la batalla de Teruel que ha elaborado Alfonso Casas Ologaray. Tras décadas de estudio sobre los diversos episodios ocurridos en torno a la guerra civil en nuestra provincia, ahora verá la luz una obra que culmina años de investigación y análisis de lo sucedido en el invierno del año 1937, cuando el nombre de Teruel ocupó las portadas de los periódicos de todo el mundo.

Estos dos trabajos citados se integran, respectivamente, en las secciones “Sobre Aragón” y “Cuadernos Turolenses” de la revista.

 

Completan el sumario de TURIA, las secciones “La isla” (que contiene fragmentos del diario de Raúl Carlos Maícas ilustrados por Isidro Ferrer) y “La Torre de Babel” (una cuidada y amplia sección de crítica de libros, en la que se analizan las más interesantes novedades editoriales en el ámbito de la narrativa, el ensayo y la poesía).


ILUSTRACIONES DE CRISTINA HUARTE

 

Una serie de once obras inéditas de la artista Cristina Huarte (Zaragoza, 1988) se encargan de enriquecer gráficamente el nuevo número de TURIA. Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca en 2011, está considerada una de las artistas aragonesas de mayor interés y proyección de nuestros días. Resulta, por tanto evidente que nadie mejor que ella para vincular a nivel artístico Aragón y Castilla y León. Posee una brillante trayectoria creativa, premiada en 2019 por “Heraldo de Aragón” y ha realizado estancias en Berlín y Perú. Entre 2015 y 2018 obtuvo una beca de producción artística del Gobierno de Aragón.

UN FRAGMENTO DE LA ENTREVISTA INÉDITA A JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO

 

Entre los muchos tesoros literarios que contiene el monográfico de TURIA sobre José Jiménez Lozano, sobresale un fragmento de las conversaciones mantenidas entre dicho autor y el periodista Fernando del Val entre 2016 y 2018. El propósito era elaborar un libro que hablase del mundo de ayer desde el mundo de hoy. Eran siempre encuentros que discurrían en Alcazarén, Valladolid, “a la hora de costumbre”, las cinco de la tarde; indistintamente en invierno y en verano.

 

 

Tres horas sin descanso que finalizaban con un paseo. A continuación, ofrecemos una pequeña pero significativa muestra de esas conversaciones que TURIA reproduce:

 

 

EN EL MUNDO MODERNO NO SABEMOS LO QUE ES LA LIBERTAD”

 

- El islam no tiene que ver con el terrorismo, pero el terrorismo que está habiendo es de origen islámico, hay mucho escrito. Repasando El mudejarillo, encontré el término salamilla. Fui a su significado concreto y di con un artículo suyo de 2002 en el que defendía el derecho de las mujeres a llevar velo.

 

- En el mundo moderno no sabemos lo que es la libertad. Decían Chateaubriand y Dostoievksi que la libertad es cosa de aristócratas.

 

- Y Nietzsche, me suena.

 

- Puede ser. También se ha dicho que el ateísmo es aristocrático, pero eso viene de Robespierre. Pues no. La libertad no tiene que ver con la clase, es una cosa de vida antigua. Puede que la igualdad sea de demócratas, pero la libertad no es de aristócratas. La salamilla no es más que un velo, el mantón célebre de toda la cuenca mediterránea. ¿Y por qué la salamilla? Primero, porque el valor erótico, hablando claro, era la blancura. Fueron los americanos los que trajeron el moreno como signo de riqueza -o sea, de estar todo el día al sol-. Nadie dio importancia a la salamilla. Es más: hay una disposición del alcalde de Arévalo -le hablo de tiempos de don Juan II-, en la que éste avisa de que llega el calor, va a ser mayo y, respaldado por el imán, pide que nadie tenga escrúpulos en quitarse el velo. No es verdad que sea una imposición religiosa, es una costumbre del que vive en el campo. En Marruecos, la salamilla continúa en las zonas rurales, no en la ciudad. Son los europeos los que le dan importancia a esta prenda y hablan del dominio sobre las mujeres.

 

- Concediendo que pueda haber uso político, ¿no algo de sumisión?

 

- Si sumisión igual hay. ¿Y qué? De la mujer insumisa no hablamos. Que puede serlo y llevar velo. La cosa es no ser sumiso. Tampoco un hombre debe serlo con otro hombre. Está de moda hablar del velo y de los delitos de odio. Que no me vengan con ésas, por favor. ¿Cómo yo puedo evitar odiar una cosa? Y cómo, por odiar, voy a cometer un delito. Si es…

 

- … ¿humano?

 

- ¡Humano de primer orden! Tengo que odiar cosas.

 

- ¿Igual que amar, odiar?

 

- Pues claro. En el momento en el que apartamos la racionalidad, queda un mundo distorsionado.



 

DIÁLOGO CON ANTONIO ITURBE SOBRE 'LA PLAYA INFINITA'

DIÁLOGO CON ANTONIO ITURBE SOBRE 'LA PLAYA INFINITA'

Acabas de publicar 'La playa infinita' (Seix Barral). ¿Por qué se escriben novelas?

Para fijar el momento que se va a ir entre los dedos en un papel, igual que se prenden con un alfiler mariposas muertas sobre un corcho. Sabemos que parar el tiempo sobre una hoja es una tentativa condenada al fracaso, pero intentarlo nos llena de esperanza.

Dice un personaje que… Es cuando publicas, que dejas de ser escritor

Porque escribir es un acto íntimo, es solo escribir. La industria, que viene muy bien para pagar en la caja del supermercado y a la que estoy muy agradecido, es otra cosa.

-Venías de dos libros sobre otros: La Bibliotecaria de Auschwitz y Antoine de Saint-Exupery. ¿Por qué una novela que rastrea tu infancia y juventud y la huella de tus padres?

Surgió así. La literatura para mí no es un acto planificado. Así ha sido siempre.

-Creo que al principio esta era una novela sobre tu padre, camarero en la Barceloneta. ¿El protagonista, Iturbe, también podría ser un alter ego de él?

LA VERDAD ES QUE NO ME PLANTEÉ NUNCA QUE FUERA UN LIBRO SOBRE MI PADRE. Es una historia sobre la posibilidad del retorno a ese refugio mental que es el lugar donde crecimos, hicimos los primeros amigos, nos enamoramos y lloramos por primera vez. La figura de mi padre joven se cruzó porque forma parte de ese tiempo.

 -¿Qué te ha contado tu madre, de Casetas, de su emigración, del traslado a Barcelona? ¿Fue gozoso, traumático, se supera alguna vez?

Mis padres montaron un bar en Casetas, el Bar Español, y el negocio fue mal. Mi padre, que era camarero, se quedó sin trabajo y vino a Barcelona para tomar el ferry y hacer la temporada en Mallorca, pero encontró empleo en un restaurante de la Barceloneta. Y nos vinimos mi madre, mi hermano, mi abuelo y yo, a un pisito minúsculo, un quinto sin ascensor. No fue fácil, pero trabajando mucho mis padres, nos fuimos situando mejor, sin dejar nunca de ser una familia obrera.

-La novela tiene muchos registros: uno, casi genérico, es la memoria del mar y de los pescadores…

La Barceloneta es el barrio portuario de Barcelona que nació extramuros de la ciudad. Unas calles de pescadores y operarios del puerto con sus propios códigos.

 -Otro el histórico. ¿Qué significaron para Barcelona personajes como Cervantes, Albert Einstein o Carmen Amaya?

Todos ellos, tan distintos y de procedencias tan distantes muestran que Barcelona fue siempre una playa a la que el viento traía gente de todas partes, un lugar que acogía todas las voces. Barcelona es de todos los que han pisado alguna vez La Ramblas, no es de nadie.

 -Otro registro es el de espacio físico y sentimental del crecimiento. ¿Qué te ha dado a ti la Barceloneta, cómo te ha construido?

Aprendí a respetar ciertos códigos. En la Barceloneta cuando venía una autoridad preguntando algo, allí nadie había visto nada y nadie había oído nada. Existía una ley propia. Había muchos mangantes, pero nunca robaban a la gente del barrio, eso era sagrado. 

-Naciste en Casetas. Que también es un barrio. Dices: “El barrio es el mundo”. ¿En qué sentido?

Casetas también vive lejos de Zaragoza, física y mentalmente; en eso es muy parecido a la Barceloneta. En Casetas todo el mundo dice: “voy a Zaragoza”. Igual que en la Barceloneta una o dos veces al año, mi madre nos decía “vamos a Barcelona”, cuando había que ir a un médico de pago. Son universos en sí mimos donde está todo el abanico de fuerzas, las del bien y las del mal, y donde la lejanía de los despachos de la ciudad hace que la gente se organice a su manera.

-¿Qué le debe esta novela a Juan Marsé?

A Marsé muchos lectores le debemos mucho. Nos enseñó que la melancolía no tiene por qué ser ñoña.

 -El libro, en muchas de sus páginas, es la búsqueda de un compañero de la infancia y la historia de un gran amor soñado: Silvia Minerva. ¿Qué lugar ocupan en nuestra vida y en nuestra memoria el primer amor?

Con los años yo me he vuelto más mezquino, más materialista y más cabrón. Esos primeros amores no consumados y no consumidos son un pequeño depósito de reserva de inocencia. 

-Sin ahondar en ello, reflexionas sobre el independentismo. Y vienes a decir que todas las banderas son una forma de odio...

Lo son. Una bandera nos dice que hay un “nosotros” (los de la bandera), y eso implica que hay un “ellos” (los que no son de la bandera). Y ese abismo de soberbia que trazamos entre nosotros y ellos, como si las personas no fuésemos todas tan fallidas en todas partes, solo trae dolor.

 -¿Cómo vive un aragonés en Cataluña? ¿Qué errores cometemos los que somos críticos con el nacionalismo catalán, hay algo que no entendemos?

Ese es el problema: que se quiere entender. El nacionalismo -el catalán, el español, el alemán, el rumano…- no tiene nada que ver con la razón. Es algo más atávico, más cercano a la religión. El nacionalista cree en su patria en un acto de fe, como el que cree en Dios o Alá. Nadie los ha visto, pero se cree en ellos sin resquicio de duda. Nadie ha visto nunca una patria, si te subes a un avión y observas, abajo verás montañas y ríos, pero no patrias. Sin embargo, la gente está dispuesta a matar por esa ficción. A mí me parece incomprensible, pero es así.

 

 

-En la contraportada, se recuerda que tu novela ‘La bibliotecaria de Auschwitz’ se ha traducido a más de 30 lenguas. Ahora se publica en Estados Unidos. ¿Eso da vértigo, te deja dormir por la noche o no hay nada en este oficio que te robe el sueño?

Lo que te quita el sueño es no poder pagar las facturas o el alquiler, como por desgracia le pasa a mucha gente en España. Yo, con la modestia del oficio de juntar palabras, salgo adelante, así que me siento muy afortunado.

 -Acabas de regresar a Aragón y en particular a Zaragoza: Veruela, Casetas… ¿Qué te sigue diciendo la ciudad?

En los recuerdos de niño, Casetas me parecía una ciudad extensísima en la que te podías extraviar. Pensaba que la base estaba lejísimos del centro y ahora veo que está ahí mismo. Aunque para mí el Casetas de mi recuerdo es el horno de la calle de la Parra, que era un universo en sí mismo, con su bomba manual de agua en el patio, la leña apilada y el olor a mantecados recién hechos, mientras sonaba el rock’n’roll de los ensayos de Pedro Botero a todo meter. Se me hizo raro pasar por delante y ver que ahora es un bloque de pisos, pero así es la vida.

 

UN DIÁLOGO SOBRE BUÑUEL CON EL FOTÓGRAFO MIGUEL SEBASTIÁN

https://www.letraslibres.com/espana-mexico/cultura/miguel-sebastian-luis-bunuel-es-mexicano-porque-mexico-asi-lo-ha-querido