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Antón Castro

ANDREA MOTIS, UN DIÁLOGO

ANDREA MOTIS, UN DIÁLOGO

Andrea Motis, de 21 años, nacida en Barcelona, es cantante, trompetista y saxo. Hoy actúa con su banda y la Joan Chamorro en el Teatro Principal, donde presenta su nuevo disco, ’Emotional Dance’, publicado por Impulse!, un gran sello de impacto internacional. En esta charla, realizada por teléfono, Andrea explica las claves de su trabajo y de su grupo. http://andreamotis.com/

AC: Vamos a empezar, sabes que hay lleno absoluto, se han vendido todas las entradas para vuestro concierto de hoy sábado en el Teatro Principal, a las 21 horas. ¿Eso os produce orgullo pero también responsabilidad?

R: ¡Ah, qué bien! Sí, hace muchísima ilusión. Llevamos unos cuantos conciertos en Zaragoza y siempre hay muy buena recepción, siempre hay mucho público y cuando está lleno para mí hay mayor calidad en el concierto, porque tenemos mucha gente que está dando ánimos y normalmente con muy buen humor. Es un punto a favor y me hace muchísima ilusión encontrarme con un concierto en el que las entradas han sido vendidas.

AC: ¿Conoces el espacio, el Teatro Principal? Porque tú has estado en el auditorio que era muy bonito…

R:¿Es un sitio en el que también se toca ópera y música clásica? Estuvimos hace un par de años con el antiguo saxofonista, que ahora vuelve a estar por España: Luigi Grasso. Vinimos a tocar con él un concierto y diría que es el mismo sitio, aunque no estoy segura, pero se puede comprobar…

AC: Dime una cosa, cuando tienes siete u ocho años, ¿por qué el jazz? Porque te llevan, porque sentías una gran inclinación…

R: Empecé con el jazz porque yo tocaba la trompeta ya desde los siete años y entonces me pusieron en un combo de grupos de niños y niñas en el que el maestro era Joan Chamorro. Él como músico de jazz, siempre lo enseña a los niños. Entonces con nosotros empezó trabajando un jazz bastante clásico, dixieland y swing. Yo empecé a descubrir esta música a través de Joan Chamorro. Me pasó un montón de discos y me dio muchas partituras para trabajar, pero sobre todo eso, discos para escuchar y canciones para transcribir. Y ahí empecé a aprender a tocar las melodías tal como ahora continúo haciendo. Ahí es donde descubrí esa pasión, porque Joan es un profesor muy apasionado que sabe transmitir muy bien la emoción que tiene esta música. Así es como yo empecé y luego me interesé más y Joan aprovechó la ocasión para meterme en la San Andreu Jazz Band, la banda de niños que estaba empezando a formar ahí en la escuela de música de Barcelona, en San Andreu. Así es como empecé a tocar con otros músicos, compañeros de mi edad, con los que compartí música. Enseguida me dio la gran oportunidad de grabar un disco con él y empezamos a tocar con esa formación, que seguimos desde hace siete años hasta ahora.

AC: Para una virtuosa como tú, que toca tantas cosas, ¿qué tiene el jazz de particular?

R: Yo diría que es una música que te va atrapando poco a poco, que te va gustando cada vez más. Conocerla y escucharla es muy enriquecedor. Yo por ejemplo, creo que es más fácil introducirse en el mundo del jazz si empiezas por el swing y por el dixieland, que es más antiguo. Y luego ya vas conociendo el bebop, el hard-bop, músicas más modernas. Cabe decir que el jazz tiene muchas variantes, muchas ramas y muchos estilos; hay desde el latino, hasta el swing… Pero realmente yo creo que es una música que parte de la emoción y del alma y que te va atrapando poco a poco. Yo creo que todo el mundo tiene su grupo o su rama de jazz más concreto, porque como además también hay muchas pulsiones con otros estilos, como con rock, con funk o con tantos estilos, aunque vengas de otra rama te engancha por algún sitio u otro. A través de ahí puedes conocer un montón de grupos y de gente que realmente te llena la vida, que te puede hacer sentir.

AC: Es un poco lo que te pasa a ti. Yo tengo la sensación de que lo disfrutas mucho, ya sea con la trompeta, con el saxo…

R: Sí, totalmente. A mí me emociona desde que empecé a escucharlo con diez años. Tengo recuerdos de los once o doce años en los que escuchaba trompetistas y me emocionaba, o con Jhonny Hotchers, el gran saxofonista. Recuerdo que lo escuchaba por la calle y me sentía llenísima y quería aprender y tocar y transcribir sus canciones. Quería ser un cantante de los instrumentos del mismo modo que lo son ellos.

AC: He leído muchas cosas tuyas, en una entrevista en concreto me ha llamado la atención que has dicho tocar la trompeta para ti es también como un acto de meditación…

R: Bueno, lo que tiene la trompeta es que necesitas paciencia. Los primeros años que empiezas necesitas ir poco a poco, a la vez es un instrumento que necesita mucha rutina diaria y técnica. Todos los grandes músicos que yo conozco tienen mucha disciplina de estudio. Yo por lo que he entendido con el tiempo, no lo entendí tanto cuando empezaba a estudiar, es una cosa que todos los profesores intentan explicar pero cuesta un poco hacerte a la idea de lo que significa y que se consigue a través de la rutina diaria y la técnica. Y es que una vez ya experimentas las primeras veces, durante días y horas de ejercicios, solamente sintiendo cómo vibra el labio y cómo responde a lo que tú quieres hacer y trabajar la flexibilidad para sentirte más cómodo tocando. Pues eso, realmente es un trabajo que es exactamente como la meditación, se trata de concentrarte en un punto, como quien se concentra con la respiración. Es un trabajo que es bastante equivalente, trabajar técnicamente y concentrarte solamente en el ahora, en el sonido, en la vibración del labio. No como algo metafísico o algo espiritual, sino totalmente físico y corporal. Se basa en concentrarte en el sonido y en el labio, en que todo esté en su sitio y que el aire fluya y sí es un trabajo que requiere concentración y que tiene mucho que ver con la relajación.

AC: ¿Para ti hay mucha diferencia entre trabajar con el saxo alto y la trompeta?

R: Lo que es verdad es que trabajar con la trompeta te enriquece más con el saxo y he aprendido más rápido el saxo gracias a que ya tocaba la trompeta. Al ser dos instrumentos de viento, para mí son bastante compatibles. Aunque realmente la embocadura es diferente, la trompeta tiene una técnica para hacerla sonar que es bastante distinta de la del saxo. Y en mi caso como soy más trompetista ahora mismo y la verdad es que el saxo no lo estudio tanto. La trompeta me la tomo como mi instrumento, como mi carga diaria y en cambio con el saxo no tengo todavía ese vicio instrumental.

AC: Es como más secundario, por decirlo así.

R: Sí.

AC: Vamos a hablar de la voz, tu voz ha sido comparada con Billie Holliday, a veces con Norah Jones. ¿Cómo mezclas la voz y la trompeta en un concierto, te resulta fácil, natural…?

R: Sí, yo creo que entre la trompeta y la voz es fácil encontrar similitudes. Así como con la trompeta he tenido profesores, con la voz he trabajado por mí misma, de manera autodidacta. Escuchaba a los grandes cantantes que me gustaban, intentaba imitarlas, trabajar como son sus sonidos, como es su fraseo… Es exactamente como Joan nos ha enseñado a trabajar con la trompeta, en el mundo del jazz. Más que la técnica, el hábito de emitir el sonido con la trompeta, también me sirve con la voz. Es un trabajo que ya tengo asimilado y que sirve para ambas cosas. El hecho de estudiar la trompeta es muy beneficioso para la voz. Incluso tengo amigas que son cantantes y no son trompetistas que también intentan trabajar un poco con la boquilla de la trompeta porque les ayuda a transmitir el aire. Es un buen binomio, el hecho de ser trompetista y cantante. También conocemos a grandes referentes como Louis Armstrong o Chet Baker, que eran grandes trompetistas y cantantes.

AC: Ellos son grandes referentes para ti como trompetistas y cantantes, ¿no?

R: Sí, sobre todo Chet Baker. Lo he escuchado mucho y musicalmente me encanta.

AC: Luego he visto que especialmente, te interesa mucho Billie Holliday. Es un personaje del que te interesa su vida, te interesa mucho su forma de cantar. ¿Es un modelo de intérprete para ti?

R: Sí, es una persona que ha influenciado muchísimo a los cantantes posteriores y que tiene una manera muy personal de interpretar y, a la vez, se ha convertido en un personaje mítico, al igual que Frank Sinatra. La gente ha aprendido mucho de él, para mí es una de las grandes referencias que he tenido, sobre todo al principio, y lo recomiendo mucho.

AC: ¿Y ahora a quien sigues mucho?, veo que eres una mujer con una gran curiosidad, que estás aprendiendo siempre, que eres muy exigente…

R: Me gusta mucho, hace años que escucho a Sara Vaughan y también he escuchado mucho a Amy Winehouse, dentro de la música más moderna. De Sara Vaughan hicimos un trabajo con La Màgia de la Veu, en los que yo interpretaba muchos temas de ella y aprendí mucho de su repertorio. Ahora mismo igual es de mis predilectas. Pero bueno, también escucho mucho tanto a Nat King Cole como a Jenny Hartman?. Y de las cantantes actuales me fijo muchísimo en Cecile McLorin Salvant.

AC: Vamos a hablar un poco del disco, porque este es un disco muy especial. Es un disco que, no voy a decir que resuma muchas cosas de tu trabajo, pero es un disco clásico y a la vez moderno. Además estrenas una faceta de manera muy importante que es la de compositora.

R: Sí, es verdad. Yo creo que como es un disco que es un lanzamiento internacional hemos pensado la manera de sacar lo mejor de nosotros. En vez de hacer un proyecto totalmente diferente, hacerlo como un proyecto aparte de lo que tocamos normalmente como quinteto. Justamente hemos hecho un resumen de todo lo que nos apetecía hacer. Desde el swing más antiguo, que es lo que llevamos muchos años, hasta el track principal del disco, He´s funny that way, el single digamos, que es un tema de jazz clásico, o también lo que la gente conoce más de nosotros, nuestro público. Y luego también hay otras canciones estándar que no habíamos incorporado a nuestro repertorio, pero que son clásicas, como Señor Blues o algunas que no son tan conocidas.

AC: Y luego introducís por ejemplo, música brasileña, Antonio Carlos Jobim…

R: Bueno, eso también lo habíamos hecho en anteriores publicaciones. Por ejemplo, Chega de Saudade, apareció en discos anteriores, pero hemos querido hacer una versión en la que la letra estuviera mejor y en la que hay un arreglo diferente. Es una canción que llevamos cantando casi desde el principio pero nunca me cansa. Siempre me ha gustado muchísimo y tenía ganas de hacer una nueva versión. También está El Cariñoso, que llevamos tiempo redondeando y que es un tema precioso brasileño..

AC: Háblame un poco de esos tres temas que son tuyos.

R: Son tres canciones que compuse expresamente para el álbum. Y pensaba que si no funcionaban, no pasaba nada, no había presión. Pero realmente estoy muy contenta y muy satisfecha de haber podido introducir música original en este álbum. La primera canción que compuse fue una balada, If You Give Them More Than You Can, que nos acerca a un estado de ánimo un poco más melancólico, más triste, pero luego también tiene parte positiva. Me centro más en la música que en las letras, la verdad, en el momento de escribir. Para mí lo que más expresa es la música. Igual que cuando yo escucho canciones, lo que más me interesa es la música, y si la letra no es tan interesante, no me importa tanto. Quizá porque el inglés no es mi lengua, siempre he tenido esa idea de que la letra acompaña a la música. Si la letra es bonita, pero la música no, ya no me interesa nada la canción.

AC: ¿Los tres temas también están escritos por ti?

R: Sí, la letra y la música. Luego el segundo es más vivo, tiene influencias más latin, es muy positivo, es de amor y es más divertido.

AC: Es la historia de amor que uno tiene, un romance secreto, ¿no?

R: Sí, es como más positivo, de amor y más simpático, se llama I Didn´t Tell Them Why. Y luego hay otro que es instrumental, que se llama Save The Orangutan. Tiene un carácter un poco más de aquí, más español, tiene influencia latin y de hard-pop total. Este no tiene letra, pero como me pareció un tema bastante cañero y me recordó a la jungla, le puse ese nombre. Como además los orangutanes están en peligro de extinción a causa de la pérdida de los bosques, de la deforestación.  Las selvas están cada vez más maltratadas por la industria, la canción me parecía bastante salvaje y quise hacerla como protesta a favor de los orangutanes.

AC: Otra novedad de este disco es que grabas tres canciones en catalán.

R: Sí, es la primera vez que introduzco temas en mi lengua materno, bueno paterno en este caso, en los discos. Las tres canciones que hay son Matilda, La Gabina y …

AC: Matilda es la de Périco Sambeat, que hace el arreglo…

R: Sí, Périco Sambeat, qué gran saxofonista valenciano. Y es un poema de Carles Alverola, es valenciano pero yo lo canto con mi acento barcelonés. Esta canción es moderna y me parece preciosa. Yo la escuché por Silvia Pérez Cruz mientras grabábamos el disco de Perico, en el que yo tocaba la trompeta. Se me quedó la canción en la cabeza, me gustaba muchísimo, y quise también meterla en el disco.

AC: Yo he pensado también, mientras escuchaba el disco, en Silvia Pérez Cruz, pero sois como muy diferentes, ¿no? Al margen de que ella hace más registros, tú eres más serena cantando, como si te contuvieses más. Ella es quizá más pasional… Yo te veo como más tranquila, como si estuvieras preocupada de que todo fluyera…

R: Sí, sí, te entiendo. Realmente, sí. Yo soy una gran admiradora de Silvia Pérez Cruz, me emociona verla cantar y me encanta. Tiene una manera de expresar y domina muchos registros. Hace que se te ponga la piel de gallina, más que nada porque utiliza muy bien esos registros musicales. Y bueno es que yo creo que también con el grupo tenemos cada vez más registros, pero en mi caso a lo mejor tengo más juego rítmico, quizá ahí esté mi punto fuerte. Al haber aprendido a través de la trompeta, mi manera de cantar se basa más en eso. Es verdad que hacemos temas más cañeros y más estilos, pero claro son una onda distinta. No son tan desgarrados como el flamenco o como otros palos que toca Silvia, pero también soy de gritar en algunas canciones. En el disco hay temas más potentes, como Never Will I Marry, Señor Blues.

AC: Una persona con tu carrera, que ha sido muchísimas veces bautizada como niña prodigio, ¿cómo mantienes la serenidad, cómo sigues creciendo y cómo huyes de la vanidad?

R: Bueno, yo creo que gracias a mis padres y a Joan Chamorro, que siempre hemos podido tener una relación muy cercana y hablar muy a menudo. Cada semana estábamos decidiendo cosas, escogiendo y rechazando propuestas que nos llegaban. Y el hecho de trabajar con gente que son siempre referencias y maestros para mí, hace que siempre pueda aprender y sentir que me quedan muchas cosas por descubrir. Siempre ha sido para mí todo un proceso de aprendizaje y estoy muy agradecida del éxito, de que la gente lo siga, esté interesada y se vendan los discos y todas estas cosas. Pero realmente, siempre pienso en este momento y en que quiero seguir y hacer cosas nuevas, diferentes y mejores. Siempre tengo esa serenidad de querer hacerlo bien.

AC: Para finalizar, una cosa que me ha llamado la atención, es que eres lectora, por ejemplo, hace poco leía que te gusta mucho Harari, Murakami, ¿cómo te alimentas, qué cosas te interesan, al margen de la música? ¿Eres de cine, de poesía? ¿Cómo disfrutas?

R: Sí, la verdad es que sí. La música es mi gran pasión pero creo que soy una persona muy curiosa y siempre me gusta mucho cualquier cosa que se hace a nivel cultural, me gusta aprender. Una cosa que me interesa mucho también es el tema de ecología, de las mejoras sociales en sistemas medioambientales. Es una cosa sobre la que leo bastante y no me canso de buscar información. Y también tengo lecturas que recomiendo de este ámbito, un libro que se llama Ecotopía de Ernest Callenbach. Aunque sea de los años 70 y tenga cosas que en la actualidad cambiarías, te proporciona muchos elementos sobre los que reflexionar. Es una novela, no es un libro teórico ni de ensayo, es mucho más ficcional. Hace poco leí también El niño que sabía hablar el idioma de los perros, que me pareció magnífico y me ayudó un poco a entender mejor la segunda guerra mundial. Habla del conflicto desde diferentes puntos de vista, a través de los países. También me interesa Sapiens, ahora que ha aparecido la segunda parte (Homo Deus) y que todavía no he leído. Pero creo que es un libro que se debería leer al menos una vez en la vida, como un paréntesis. Y hablando de cine, voy cambiando de gustos y ahora mismo tampoco estoy tan puesta. Cuando tengo ocasión también voy al teatro, fui a ver el Rey Lear en el Mercado de las Flores de Barcelona y me impresionó muchísimo.

JORGE SANZ, EN PLENITUD

JORGE SANZ, EN PLENITUD

 

Anoche Jorge Sanz bordó su función ‘Tiempo’ en el Teatro de las Esquinas. Estuvo inspirado, preciso, se sintió a gusto ante un público entregado desde los primeros instantes. En una pieza de 90 minutos exactos, los últimos de la vida de un hombre, el personaje Jorge Sanz, desde una silla de ruedas, da rienda suelda a sus obsesiones, critica a la sociedad actual y encadena con humor (a menudo negro: no se escapa ni la familia real ni el caso Nóos) e ironía sketches e instantes ácidos en una función que exige un gran esfuerzo de tensión, concentración y resistencia física (con momentos especiales como la coreografía con canción francesa de fondo o la tauromaquia) al actor, que se halla en uno de los mejores momentos de su carrera.

Jorge Sanz decía, al final de la función, en los camerinos, que había sido muy feliz, que tenía la sensación de que todo había ido a las mil maravillas, que había sido una de esas funciones donde se percibe la plenitud y la identificación del actor y el público, que, por cierto, le ovacionó con entusiasmo durante mucho rato. Esta obra está dirigida por Ramon Fontseré. Estos días, además, se estrena un nuevo capítulo, de 1 hora y 45 minutos, de ‘¿Qué fue de Jorge Sanz?’ de David Trueba. Impredecible o sorprendente casi siempre, Jorge bautizó ayer a su tercer hijo, Lope, de dos años, en la iglesia de Santiago. Él y su compañera Aurelie estaban muy felices. El sacerdote y poeta Fernando Vallejo se encargó de la ceremonia y les dedicó un poema. Al acto acudieron algunos amigos madrileños y muchos de los amigos zaragozanos de Jorge Sanz.

Después de la actuación de Jorge Sanz, cantó Viki Lafuente, acompañada de un estupendo guitarrista, Paul del Holder, que pertenecía al grupo China Chana. Es una cantante residente del Teatro de las Esquinas, con fuerza y una espléndida voz, que cantó en su primera parte temas de Red Hot Chili Pippers, Portishead, U 2, Leonard Cohen (cantó el ‘Pequeño vals vienés’ en una versión que recuerda a la de Silvia Pérez Cruz) y Janis Joplin. Tiene mucha presencia, desparpajo, seguridad y domina el escenario. 

 

MARÍA PÉREZ HEREDIA: UN DIÁLOGO

MARÍA PÉREZ HEREDIA: UN DIÁLOGO

[El pasado viernes, en Los Portadores de Sueños, María Pérez Heredia, acompañada de Ignacio Escuín Borao, su editor anterior, presentaba su segunda novela: ‘Starman’ (Reservoir Books), la historia de un joven actor que logra conquistar el Óscar y decide ocultarse. Se relaciona con varias mujeres: Leigh, su primera novia, Jennifer Jones, su nuevo amor, Daphne de Havillond, su compañera de reparto, su propia madre, algo lejana, o su agente Stanley, todo un personaje. Se convierte en un personaje a la deriva, desubicado, que viaje, que huye, que narra su vida en primera persona. Así lo cuenta ella.]

-¿Qué significa para ti James Dean? James Dean es un icono, el símbolo del rebelde sin causa, con su chupa de cuero y su cara de pocos amigos. Además, al morir tan joven y de aquella manera, encarnó su propio lema de vivir deprisa. 

  

-¿En qué medida podría ser el referente de Clay Cassidy? Es curioso que, a pesar de ser un actor de cine de los años cincuenta, James Dean sea un referente para gente de mi generación. Para Clay, encarna esa manera de actuar sin dejar de ser uno mismo. 

 

-¿Cómo nace esta novela, querías contar un personaje más o menos errabundo, desubicado, o realizar un viaje por Estados Unidos? Esta novela nace, como tantas otras, de una anécdota: escuché la historia del jugador de baloncesto Lamar Odom, que un día decidió largarse y dejar de lado su vida, y me llamó la atención la posibilidad de que alguien tan famoso pudiera desaparecer sin que nadie tuviese muy claro su paradero. A partir de ahí, quise explorar esa huida y sus antecedentes.

 

 

-¿Qué te preocupaba: la vida de un personaje que no asimila el éxito, el espejismo de vivir, el dolor de existir? ¿Por qué parece que los personajes, casi todos, estén siempre enojados? Creo que esos tres temas sobrevuelan siempre la novela. Al final, esta es una historia de sentimientos humanos, de emociones que todos hemos sentido alguna vez. Es una historia sobre la soledad, sobre el dolor. No es que los personajes estén siempre enojados, es que es así cómo Clay los ve, quizá porque él sí que está enfadado con el mundo. 

 

-¿Has pensado en alguien que ganase un Oscar al mejor actor y le entrase una especie de pánico y acabase ocultándose? Bueno, hay muchas historias así, ¿no? Se me ocurre el caso de Penélope Cruz, pero seguro que ella tenía las cosas mucho más claras que mi personaje. Es distinto desaparecer unos días para huir del acoso mediático a estar fuera del mapa durante meses para escapar de uno mismo. 

 

-¿Por qué Estados Unidos de nuevo, algunos ecos del realismo sucio y, sobre todo, de John Fante? ¿Qué encuentras ahí, en caso de que encuentras algo especial? Bueno, es la primera vez que viajo a Estados Unidos en una novela. Encuentro allí muchísimos referentes cinematográficos y literarios, por ejemplo. Pero, en este caso, fue una elección práctica, impuesta por la historia que quería contar. Mi protagonista tenía que ser alguien que alcanzase un éxito arrollador de manera mi rápida, y pensé que Hollywood era el marco perfecto para esa historia. 

  

-Parece que te sientes muy cómoda en la primera persona. Lo haces aquí como en la novela anterior. ¿Es el lugar más cómodo o más sincero para contar la vida o lo que nos pase? Ni siquiera pensé que estuviese haciendo una elección: me parecía la mejor opción para contar la historia que quería contar. La primera persona, además, me permite cederle mi voz al personaje, algo que siempre me ha interesado mucho. No es que sea más cómodo, ya que te obliga a conocer todo lo bien que puedas al personaje en cuestión.  

 

-Hablemos de la estructura. ¿Por qué has utilizado esos capítulos desordenados, que no atienden a la cronología? ¿Qué buscabas? ¿Querías que la escritura definitiva del libro la hiciese el lector? Con esa estructura desordenada, quería recrear la forma caótica en la que los recuerdos acuden a la mente, a ráfagas, en fogonazos de imágenes. No pensamos de forma ordenada, o, por lo menos, Clay y yo no lo hacemos; de ahí la estructura.  

 

-No se sabe si Clay Cassidy es enamoradizo o en realidad no le importan mucho las mujeres. ¿Cómo ves su relación con Jen (Jennifer Jones), Leigh, la propia Daphne o esos amores fugaces tan curiosos como Marie, pongamos por caso? En toda la novela, solo vemos a Clay enamorado cuando se trata de Leigh. Y quizás ese es el problema que condiciona el resto de sus relaciones: no ha sido capaz de pasar página. Jen es para él algo conveniente, no cómodo pero sí excitante, mientras que con Daphne todo es más natural. El resto de chicas que pasan por la novela, muchas veces de forma fugaz, no son más que una sombra.                

  

-Hay un personaje clave en el libro. El agente Stanley Salomon. ¿Es  prototipo de Hollywood? Stan es uno de tantos otros agentes de Hollywood, con sus luces y sus sombras, con su obsesión enfermiza por el dinero y por el éxito. Para mí, es uno de los personajes fundamentales de la novela y también uno de los que estoy más orgullosa. No es que sea un prototipo de Hollywood, es que él y los tipos de su calaña son Hollywood. 

 

-Hay algunos juegos de espejos con el propio Hollywood. ¿Puede leerse en libro en clave de parodia de algún modo? Es una parodia o un retrato sobre el Hollywood frío y artificial, pero también intento reflejar el Los Ángeles más amable, con sus playas, sus drive-thru y todo lo demás. Es la ciudad en la que Clay se crió más que el Hollywood peligroso y descarnado al que luego se enfrentará. 

 

-Al final se impone un personaje nihilista, un buscavidas errante y con un corazón vulnerable y egoísta. ¿Tienes tú una visión negativa o dramática del mundo? Supongo que sin una visión dramática del mundo es difícil escribir, pero no creo que sea negativa. Tampoco creo que Clay lo sea, aunque a veces se empeñe por verlo todo muy negro. En el fondo, es optimista: ¿por qué iba si no a seguir intentándolo? No quiero revelar el final, pero, al final, así se presenta. 

  

-Formas parte de una nueva generación de narradores. ¿Crees que traéis una estética nueva, otra forma de mirar o de denunciar los males de la realidad? Espero que sí. Necesariamente, cada generación tiene que traer algo nuevo. Los tiempos cambian, también lo hacen los referentes estéticos y, de algún modo, ideológicos. Estoy deseando leer lo que está por venir, toda esa hornada de nuevos narradores, jóvenes, que aporten una manera distinta para mirar la realidad y lo que se escapa de ella. 

 

 

VICENTE ALMAZÁN: FOTO CON EÑE

VICENTE ALMAZÁN: FOTO CON EÑE

[El pasado viernes, Vicente Almazán me citó en el restaurante La Scala. Traía una letra Eñe y con ella me hizo una serie de fotos. Uno de sus juegos. Hizo bastantes fotos, una de ellas fue esta. Vicente es un enamorado de las letras, de la eñe en particular, de la revista 'Eñe' y de las publicacione de La Fábrica y es un observador incesante al que la vida siempre le sirve imágenes. Como ya se sabe es el señor 'Pasaba por aquí'. Cree en la energía del azar.]

http://www.misadarmes.com/blog/2017/2/11/antn-con-ee#

JOAQUÍN PARDINILLA: UN DIÁLOGO

JOAQUÍN PARDINILLA: UN DIÁLOGO

JOAQUÍN PARDINILLA. Acaba de publicar ‘Guatizalema’ de Joaquín Pardinilla Sexteto.

“Soy un músico fronterizo,
me interesa lo que está al lado”


-¿Qué querencia tan especial tiene con los ríos? Creo que es la segunda vez que titula un álbum con el nombre de un río…
-Los dos nacidos en la Sierra de Guara, los dos casi secretos, misteriosos. El mismo nombre de estos ríos, Mascún y Guatizalema, de origen árabe, nos hablan de un pasado complejo, rico. El cauce está ahí, formando parte del territorio, pero el agua que fluye por el Guatizalema ha podido pasar antes por el río Níger o formar parte de un fondo marino. Pasa lo mismo con los seres humanos, y así queremos que sea nuestra música, con raíces pero universal.

-¿Cuál es la idea musical que anima ‘Guatizalema’?
La que guía al sexteto desde sus orígenes: hacer que nuestro amor por la música tradicional y por la música en la que hemos crecido (básicamente el rock y el jazz) puedan dar lugar a una expresión musical coherente y diferenciada. Es un proceso lento y nada fácil si no se quiere caer en lo obvio. En ’Guatizalema’ queríamos más ritmo, más concisión al presentar los temas.

-Ha dicho que es un disco poco escrito y muy improvisado, y a la vez muy meditado. ¿Qué buscaba, indica eso que ya trabaja de otra manera?
Lo que sucede es que el Sexteto está ya muy integrado y se conoce bien. Entendemos nuestro sonido, y los temas crecen mucho más si sobre un tema suficientemente dibujado todos nos ponemos a trabajar y a aportar. En este caso, abrir las puertas es crecer. La banda está formada por músicos extraordinarios y es fundamental que eso aflore.

-¿Cómo se pueden tener tantos grupos y frentes abiertos -Berna, Vivere Memento, Hot Hands, este, etc.- y no morir en el intento? ¿No se vuelve un poco loco?
No siempre pueden coordinarse bien las cosas, a veces es un poco complicado. Sin embargo, a mí me parece todo muy próximo, y unas cosas complementan a otras. Todo es música, todo te enriquece. Quizá lo más difícil sea mantener un mínimo nivel instrumental. Pensar en arreglos, composiciones o ideas se puede hacer cocinando, conduciendo, pero para tocar cualquier instrumento no te queda más remedio que practicar. Ese tiempo es el más necesario y el más difícil de conseguir. Lo demás es música, y un músico debe saber desenvolverse en distintos ámbitos.

-¿Cómo define Joaquín Pardinilla a Joaquín Pardinilla?
Es una pregunta difícil. Intento hacer las cosas bien, pero no me salen así muy a menudo. Soy una persona fronteriza, me interesa lo que está al lado.

-¿Cómo conviven tantas tradiciones y líneas de inspiración: el jazz, el folk, la música mediterránea con la música popular?
Todo es música popular, y en realidad, sea cual sea el país de origen, las necesidades espirituales y rituales de los seres humanos son las mismas, de ahí que siempre haya una relación, aunque no sea necesariamente formal, sino de fondo. Por otra parte, la música tradicional española y aragonesa son extremadamente ricas y tiene dentro todo ese potencial: lo árabe, lo magrebí, lo mediterráneo, lo atlántico, lo negro, lo americano a través de las músicas de ida y vuelta...

-¿Cuál es el peso de Aragón y su música tradicional, más o menos elaborada, en el álbum?
Hay dos referencias directas: ‘Ya raya el alba’, canto monegrino de La Almolda, y ‘Dance de hoguera’, melodía recogida en el Cancionero Popular de la Provincia de Zaragoza, de Ángel Mingote, padre del dibujante y humorista Antonio Mingote. Además de eso, el espíritu del dance, sus formas melódicas y rítmicas, subyacen en varias de las composiciones.

-Hay un tema de La Bullonera. ¿Por qué?
Queríamos trabajar sobre algún bolero tradicional, y en Aragón hay muchos y muy buenos, pero recordamos ‘Ver para creer’, de La Bullonera, y decidimos que ese era el tema. La Bullonera trató con gran instinto y clarividencia el folclore. En este caso se convierte en un homenaje a su labor, y al talento del poeta José Antonio Rey del Corral y del compositor y cantante Javier Maestre.

-Explíquenos un poco el equipo…
Somos los de siempre. El equipo soñado: José Luís Seguer ‘Fletes’ a la batería, Toto Sobieski al bajo, Ernesto Cossío a las guitarras, Juan Luis Royo al clarinete y Alberto Artigas al laúd.

-¿Se ha convertido Alberto Artigas casi en su ‘álter ego’?
Cuando trabajamos por primera vez con Alberto en el espectáculo ‘Amares’, de Miguel Àngel Berna, nos entendimos perfectamente y, además, salió una música muy poderosa. Ha sido así desde entonces. Por otra parte, soy un admirador incondicional de Alberto, para mí el mejor instrumentista de pulso y púa del país.

-Como concertista e instrumentista, ¿cuál es la ambición de Joaquín Pardinilla, qué discos podemos esperar de usted? Dice que están en un proceso de búsqueda, ¿hacia dónde, de qué, se sabe algo así?
Siempre hemos estado buscando. Como mínimo, hacer algo mejor que lo anterior; a veces, alguna intuición, alguna idea que has llegado a oír en tu cabeza. Hay varios proyectos en marcha y dos discos de edición casi inmediata: con Hot Hands (junto a Ernesto Cossío), y con Afra Dozawan (junto a Mª José Hernández, Dani Escolano y músicos bereberes).

-¿En qué músicos se reconoce o a quiénes admira especialmente?
Admiro a los músicos del Sexteto. A Javier Mas desde el día en que lo oí en alguna grabación de Mª del Mar Bonet, a Wes Montgomery, a Jeff Beck, a Jorge Pardo, a Josemi Carmona... A tantos que me tengo que parar para no llenar el folio.

-Si le pedimos, para conocerle aun mejor, entre tres, cuatro o cinco discos de tu vida, ¿qué nos diría?
Casi imposible. Pero están ‘A love supreme’, de John Coltrane, ‘Kind of blu’" de Miles Davis, ‘Ziryab’, de Paco de Lucía, y ‘Abbey Road’, de Los Beatles.

SUSAN SONTAG POR PETER HUJAR

SUSAN SONTAG POR PETER HUJAR

Esta foto de Peter Hujar, cuya obra se expone en la Fundación Mapfre de Barcelona, es de Susan Sontag.

 

UN DIÁLOGO CON FERRER LERÍN

Francisco Ferrer Lerín presenta esta tarde, en diálogo con Antón Castro, uno de sus últimos libros: ’Edad del insecto’ (Sd Edicions?, una amplia selección de su poesía de adolescencia y posadolescencia, que incorpora también sus dibujos.

-A propósito de ti se han ensayado muchas definiciones y retratos. Aquí Javier Ozón acuña otra: “Hombre de genio”. ¿Cómo debe entenderse, cómo lo entiendes tú?

 Deseo entenderlo tal como reza la 4ª acepción del Diccionario de la Academia: GENIO: “Capacidad mental extraordinaria para crear o inventar cosas nuevas y admirables”.

 

-¿Qué es y qué quiere ser Edad del insecto’ (SD Edicions)?

 Edad del insecto es un libro muy bien editado que contiene dibujos y textos de adolescencia.

 

-¿Cómo entendías la poesía y la literatura en tu primera juventud?

 Poesía era sinónimo de literatura y la empleaba, como certero bálsamo, para acallar un molesto ruido que asolaba mi cerebro.

 

-¿Cuáles eran tus lecturas de ese instante? Aquí se cita a Saint John-Perse, a quien le haces un homenaje, pero a qué autores leía un raro como tú?

En principio leí lo que tenía a tiro, lo que me resultaba más atractivo de la biblioteca de mi padre (tratados de teratología, manuales de higiene castrense, atlas de anatomía, un opúsculo en el que se enseñaba a embalsamar), luego me interesé por la Historia Natural y, finalmente, llegué a Camilo José Cela y a Primera memoria de Ana María Matute. Perse y Borges vinieron después, fruto de laboriosas indagaciones en las librerías de viejo y de nuevo.

 

-Da la sensación de que eres un poeta experimental y lúdico. Jugabas no solo con el lenguaje, sino con la erudición, con la parodia y a veces creo que hasta con tu sombra.

El sentido del humor ha sido causa de que algunos coetáneos me colocaran en no sé qué listas negras; no estaba bien visto que un joven escritor burgués empleara esa herramienta. En cuanto a poeta experimental y lúdico he de decir que lo que nunca pretendí ser es un poeta original, la originalidad es cosa que conduce al aburrimiento y denigra a sus practicantes.

 

-Qué vínculos tenías con los ‘Novísimos’? ¿Qué les debes y qué te deben? Gimferrer dijo de ti que eras el “ala extrema de la escritura novísima”.

En 1962, cuando termino mi primer libro, De las condiciones humanas, no me consta que nadie escribiera de esa manera. Que los autores que se agruparon bajo el manto protector de Gimferrer y Castellet en la antología de los nueve Novísimos coincidieran conmigo en el modo de tratar la escritura es lo que se llama una confluencia; factores ambientales convierten a individuos morfológicamente diferentes en individuos etológicamente parecidos, es el caso del zopilote y el buitre, aves de alejada taxonomía pero de hábitos similares; han aprendido que para localizar la carroña lo mejor es remontarse en el aire y agudizar la vista.

 

-¿En qué medida para ti la literatura era un campo de pruebas y de transgresión?

La literatura era un empleo que me resultaba de fácil desarrollo y que me procuraba algunas satisfacciones. Recuerdo al profesor Pedro Piulachs, un reconocido cirujano del Hospital Clínico de Barcelona que ensayaba, entre amputación y amputación, la escritura de versos, cuando leyó lo que yo escribía y dijo en público, a voz en grito, en la salíta contigua al quirófano, que él daría una pierna, o un brazo, para logar escribir tal como lo hacía Ferrer, entonces estudiante de tercero de Medicina.

 

-¿Qué porción hay de humor negro en tu obra, te interesa, es algo que vemos los lectores solo, es una pequeña obsesión para ti?

Ese año estuve interno en la morgue del Hospital Clínico y, por otra parte, mi abuelo materno, de origen aragonés (todavía sigue en pie el caserón familiar en Uncastillo), tenía un sospechoso interés por la onomástica fúnebre, cosa que he heredado de él y de Cela, y para ejercitarla recitábamos las esquelas de La Vanguardia Española. También me aficioné de niño a los cementerios y en más de una ocasión soborné, ayudado por un condiscípulo aragonés (ahora me doy cuenta de mis inapelables vínculos con esta región), a las monjas que velaban los cadáveres, para abrirlos y extraerles vísceras para las prácticas de anatomía.

 

-¿Desde cuándo te han interesado tanto los animales, incluido los insectos, y por qué?

 

Desde niño la naturaleza, en especial la fauna salvaje europea, ha sido objeto de mi atención, despertada quizá por los libros alemanes que tenía mi padre profusamente ilustrados y por mi mismo padre que, pese a su condición absolutamente ciudadana, se sentía atraído por el campo, lo que supuso disponer de una masía y de un Land Rover para aventurarnos por los bosques.

 

-En una obra tan intensa y abierta como la tuya, ¿serían las bestias una metáfora de algo?

 Cuando en los años sesenta inicio el estudio de las grandes aves necrófagas y transporto semanalmente, desde el zoo de Barcelona, cabezas de caballo partidas, alimento para las fieras enjauladas, hacia el prepirineo de Lérida y Huesca, me acompaña en un par de ocasiones mi amigo Javier Marías. Nunca entendió por qué hacía aquello. Me preguntaba, desesperado, si yo ‘buscaba la cifra de algún desajuste emocional’ o ‘trataba de aniquilar mi mala conciencia’. Algo tan simple, para mí, como sentir placer contemplando el majestuoso descenso de esas criaturas o el proceso de eliminación de la carroña gracias a sus picos azulados, era algo que escapaba a sus presupuestos. Decididamente no soy un ser metafórico, voy siempre al grano.

 

-¿Cómo te ves a ti mismo al mirar atrás, al releerte aquí, cómo eres ahora como poeta, en qué has cambiado?

Veo que pintaba y escribía ungido por la ingenuidad, cosa mala; la ingenuidad es una forma de ignorancia. Ahora me preocupa no repetirme, estoy tensando demasiado la cuerda para desdecir el tópico de que en la vida sólo escribimos un poema. A ver si soy capaz de tirar pronto la toalla y no convertirme en un grotesco abuelito escribano.

 

-¿Te condicionó a ti la censura de algún modo específico?

 Cuando se habla de censura todos se refieren a ese periodo llamado franquismo en el que yo nací y en el que desarrollé la primera parte de mi vida literaria. No tuve problema alguno. Sin embargo en 2005 y 2006, años de la terminación e intento de publicación en Barcelona de mi novela Níquel, fui conminado, por mi agente literario, a modificarla y adaptarla al credo que imperaba e impera en Cataluña si quería que alguna editorial la sacara. Escribí hasta tres versiones y al ser todas rechazadas opté por guardar el manuscrito en un cajón hasta que conocí al editor aragonés que tuvo a bien publicarla. Esa versión, perfectamente edulcorada, se republicó más adelante por una conocido sello barcelonés.

 

-¿Desde cuándo dibujas y cómo defines tus tentativas? El libro tiene algo de libro objeto también. ¿Cómo lo ves?

Dibujé entre 1958 y 1970, mimetizando a los artistas de los movimientos de vanguardia, aunque también podría haber algo del automatismo de los garabatos que algunos alucinados trazan en las márgenes de las libretas del colegio y en los devocionarios. La edición de Edad del insecto es decididamente pulcra, fascinante; pienso que este libro sólo podía publicarse en estas condiciones, sólo podía publicarse de la mano de la diseñadora María Luisa Samaranch de Lacambra.

 

-A veces da la sensación de que Ferrer Lerín no para de crecer: en su obra y en su leyenda. ¿Tienes a veces la sensación de que has perdido un poco el tiempo y de que la fama y el reconocimiento te llega algo tarde?

Mi leyenda, a Dios gracias, parece que ya no crece más, o al menos intento que no siga creciendo de manera exagerada; estoy convencido que me ha perjudicado, que ha ocultado las posibles virtudes de mi escritura. El reconocimiento no llega tarde, ya que sólo llevo una docena de años como escritor profesional, pero sí es verdad que me llega tarde como ser vivo, porque, no nos engañemos, ¿cuántas entrevistas más podrás hacerme, amigo Antón Castro? Lástima que no sepamos con certeza si esta es la última, tendría un notable valor añadido.

 

*La fotografía es de Fran Ferrer.

CELINO GRACIA PRESENTA SU DISCO

CELINO GRACIA PRESENTA SU DISCO

CELINO GRACIA PRESENTA SU PRIMER ÁLBUM
'CANCIONES QUE SON CANCIONES'
EL CONCIERTO, EN ACÚSTICO, SERÁ EN EL CENTRO CÍVICO
'SÁNCHEZ PUNTER' DE ZARAGOZA

A Celino Gracia (Zaragoza, 1980) ni le pesa el nombre (su padre es exárbitro internacional de fútbol) ni la responsabilidad. Si algo ha tenido claro, desde el final de la adolescencia es que la música sería su vida, su afán, el paraíso al que aspira. Parece que ya está en el camino: acaba de publicar su primer álbum: ‘Canciones que serán canciones’. Con humildad y delicadeza, subtitula el álbum: ‘Primeras grabaciones’. Lo presenta hoy, en acústico, en el Centro Cívico Sánchez Punter, en el barrio de San José.
Desde que escuchó por primera vez a Quique González, con 16 o 17 años, se le encendió un temblor y una vocación. Sin pasión alguna, “quizá por contentar a mi madre”, cursó Administración y Dirección de Empresas. Empezó a tocar la guitarra y se apuntó a diversos cursos en el Centro Cívico Sánchez Punter de San José. “No soy un buen guitarrista, intento que el instrumento responda a mis necesidades, en términos de armonía, melodía, composición, arreglos e interpretación”. Con todo, tiene seis guitarras, y una de ellas, acústica, lo acompañó a su aventura londinense, que emprendió a los 22 años, en 2002. Tras concluir sus estudios, decidió marcharse allí para componer, aprender inglés y para probarse a sí mismo. Decidió presentarse en bares o pequeña salas. Matiza de inmediato: “Escribía canciones, y digo canciones porque yo no considero que las canciones sean poemas o poesía. No lo veo así. Otra cosa es que las canciones sean más o menos poéticas o contengan parcelas de poesía. Las mías, sobre todo, cuentan historias de amor, de gente que conozco, de sueños, de relámpagos de emoción, de cosas que puedo tomar de lecturas, como puede ser ‘La canción del necesario’, que es la que cierra el álbum y es una canción especial”. Explica que él “necesario” no es exactamente él, ni mucho menos, sino que alude a una idea de Nietzsche y al nuevo hombre.
¿Qué sucedió en Londres? Una anécdota inicial define la meticulosidad del joven: por nada del mundo quería que su guitarra acústica se metiese en la bodega del avión y le sacó un pasaje a su lado. Celino Gracia escribía canciones y componía la música por la mañana, y por la tarde ensayaba los temas. “Siempre que podía hacía versiones de Bob Dylan y Tom Waits; y de vez en cuando cantaba mis temas. La gente sentía cierta curiosidad; además, hay muchos españoles en Londres”, recuerda.
Al cabo de tres años, con muchos temas en el bolsillo, más seguro de su voz, bien timbrada y suave, volvió a casa. Para entones ya tenía en un altar a algunos clásicos del oficio: Silvio Rodríguez, sin duda, Serrat o Joaquín Sabina. O Leonard Cohen. Buscó la calma de la sierra turolense y en Gea, en una habitación llena de notas, frases, dibujos o incitaciones musicales, fue pariendo su disco, “he grabado todos los instrumentos”, que presentó en Madrid, en Zaragoza (cantó ‘Lulú’ en la noche de las II Premios Artes & Letras). Son diez temas que contienen historias de amor, de palabras soñadoras, de personajes como Meñique o que hablan “de perros de la soledad” o de varios personajes femeninos: la citada Lulú, Eurovinda, Valentina... “Con todo -asegura- ni soy trágico ni pesimista: defiendo la alegría de vivir, el optimismo, la pasión de contar y soñar. Solo tenemos esta vida y yo quiero disfrutarla en plenitud en la música”. Por ahora, confiesa, no se imagina a nadie cantando sus elegantes temas.

-Celino Gracia. 'Canciones que son canciones'. Presentación del disco. Sábado 28. Centro Cívico Sánchez Punter. A las 18.30.
*La foto es de ecoteruel.tv.

http://celinogracia.com/videos