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Antón Castro

ÁNGEL OLGOSO: UN ESPLÉNDIDO CUENTISTA

ÁNGEL OLGOSO: UN ESPLÉNDIDO CUENTISTA

[Hace unos días hablaba aquí de un escritor que me había impresionado: Ángel Olgoso, que acaba de publicar Astrolabio de Cuadernos del vigía, una colección de extraordinarios cuentos, cuentos de cuentista estricto, como Chejov, Carver, Borges, Jacobs, Cortázar o Felisberto Hernández. Fernando Valls, que apadrina a los autores de microrrelatos en su espléndido blog y que dirige una estupenda colección en Menoscuarto de Palencia, de José Ángel Zapatero, ha copiado estos dos textos, que dan una idea de su imaginación, de su elegancia narrativa y de sus variados recursos.]

 

  Tesoros


Hoy, como otras veces, salvé las siete esclusas de seguridad, evité los guardianes y las alarmas y descendí hasta el tercer nivel del subsuelo con mi saco vacío a la espalda. Ahí estaba el tesoro de Troya (copas de oro, collares y diademas engarzadas, hachas-martillo, máscaras de plata y lapislázuli), la Quimera etrusca de Arezzo, la cabeza de alabastro traslúcido de la reina de Saba, el tesoro de Atila y el de Jabhur Jan, las dos puertas de Ubar engalanadas cuatro mil años antes con las más preciadas joyas y metales, ahí estaban reunidas, en largas y ordenadas hileras, todas las grandes maravillas de la antigüedad: fruslerías. Pasé de largo. Me adentré en la sala que reproducía, invertida, una cúpula gigantesca. A la luz de los hachones, mientras me punzaba una extraña mezcla de miedo y alegría, contemplé de nuevo el más espléndido de los tesoros, vedado al común de los mortales. Cualquiera podría matar o morir por esa visión gloriosa, por esa plétora, por esa infinita cornucopia oculta en el silencio de las profundidades. Amontonadas escrupulosamente como lingotes idénticos, me esperaban, llenas de promesas, incólumes, las Horas Perdidas. Abrí la boca del saco.

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La melancolía de los gigantes


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Sin compasión, hunde la hoja de su arma en el centro de mi cuerpo indefenso. No hubo provocación alguna por mi parte. Una ira ciega alienta cada tajo, cada incisión arbitraria y salvaje de la carne. Los míos dijeron que no opusiera resistencia, que ello involucraría a los demás en nuevos peligros. El, mientras tanto, profundiza la herida. Qué puedo hacer yo ante quien contraría de ese modo la ley natural sino sentir una vaga tristeza y esperar aquí, bajo el camino de estrellas, la bárbara amputación final, el momento en que me desplome sin más quejidos que los de mis frondosas ramas al golpear agonizando contra el suelo.

*La foto es de Henri Cartier-Bresson.

 

UN PROYECTO DE EDICIÓN DIGITAL DE CARLOS MANZANO

UN PROYECTO DE EDICIÓN DIGITAL DE CARLOS MANZANO

[Carlos Manzano, el escritor, fotógrafo y director de la revista Narrativas con Magda Díaz Morales, me envía la siguiente carta, que copio aquí en el escritorio:]

 

Hola, Antón. Hace poco se ha puesto en marcha un proyecto de edición digital llamado Bubok (www.bubok.com), que permite subir textos a la red en formato PDF y a la vez en formato tradicional de libro en papel. Es solo una de las muchas nuevas posibilidades que surgen en Internet y que probablemente en unos años van a cambiar por completo el concepto de publicación que hemos venido manteniendo tradicionalmente hasta ahora.

 

Por mi parte, he aprovechado para agrupar algunos relatos que tenía por ahí repartidos un tanto fragmentariamente -e incluir de paso algunos inéditos- en una especie de archivo conjunto bajo el título común de “Cicatrices”. La descarga del PDF es gratuita, aunque también permite, por si alguien no sabe muy bien qué hacer con su dinero, comprar el manuscrito en formato de libro tradicional, aunque no ha sido esa mi intención principal (soy consciente de que lo normal es que no se venda ni un solo libro de pago). Ha sido más bien para probar, a ver qué pasa, aunque quiero insistir en que no es un libro como tal, ya que carece del necesario ISBN. Es solo otra forma de acercar mis escritos a todo aquel que le apetezca perder unos minutos de su tiempo leyéndome.

 

La dirección desde la que se puede descargar el archivo es la siguiente:

 

http://www.bubok.es/libros/370/CICATRICES

 

También he aprovechado para subir -aunque ya hacía tiempo que estaba disponible en PDF en mi página web- mi primera novela, "Las fuentes del Nilo", en las mismas condiciones que "Cicatrices".

 

http://www.bubok.es/libros/478/LAS-FUENTES-DEL-NILO

 

Gracias por tu tiempo. Un abrazo.

 

Carlos Manzano

http://www.carlosmanzano.net

 

*Esta foto de Venecia pertenece a Carlos Manzano, que compagina la literatura con la fotografía.

 

LA EXPO: DOS VISIONES Y UNA FOTO*

LA EXPO: DOS VISIONES Y UNA FOTO*

[El pasado miércoles se publicaba en Heraldo un suplemento especial sobre Los mil y un oficios de la Expo, con fotografías de mi compañero José Miguel Marco y textos míos. Otro fotógrafo imprescindible de la ciudad, José Antonio Melendo me envía esta foto, de la recién inaugurada pasarela por los voluntarios. No tengo vinculación alguna con la Expo, pero estoy realmente entusiasmado con este gran proyecto. Me parece que va a ser fundamental para Zaragoza, que va a suponer (y lo supone ya, día a día, pieza a pieza, sueño a sueño) una gran transformación para esta ciudad hospitalaria en la que resido desde hace treinta años. Los hará exactamente cuando finalice la Expo: un sueño en el tiempo, una certeza que ya anticipa el porvenir. Cuelgo aquí dos textos sobre la Expo del suplemento. El segundo se permite una leve licencia de ficción: habla de los trabajadores que van todos los días a sus puertas y solicitan trabajo.]

 

 

1

 

 

Acaban de dar la siete y media de la mañana en el umbral de acceso a la Expo. Este suave contraluz del despertar me ha recordado a una instantánea china: alguien, en su bicicleta, avanza hacia el tajo. Un tajo doméstico, rutinario, necesario como el oxígeno o como el pan del almuerzo. El sol de oro tímido se cuela entre los radios y los dientes de la rueda trasera. El tajo que espera a los trabajadores que acaban de desperezarse es diferente. Quizá se haya vuelto cotidiano, e incluso agobiante, tan vertiginoso como el estrés, pero el suyo es distinto: no es una cadena que vuelve anónimos a los empleados. No es una cadena impersonal donde todo fluye deprisa deprisa. Ellos forman parte del trabajo de un sueño que se gestó, en primer lugar, en la cabeza de un soñador accidental: el arquitecto Carlos Miret. Ahora, la Exposición Internacional 2008 es la quimera de un territorio: una quimera que se hace realidad día a día, certeza del porvenir y espiral de transformación, con el milagro casi inadvertido de las manos que edifican y pulimentan, del cerebro que a todo se atreve, del entusiasmo unánime que se dispersa desde el alba. Es trabajo, sí, esfuerzo, sudor, desvelo, dolor de existir, pero para muchos también es como la fiebre del oro: hay faena, hay una gran obra en marcha, hay contagio de ilusión. La metamorfosis vive con nosotros, afuera, pieza a pieza, y dentro, como la impaciencia del corazón. Un trabajador aragonés resumió esta percepción de manera inaudita: “Somos lo que seremos”.

Ranillas era una lengua de tierra que dejaba el río, huerta feraz y erial a la vez, península con miradores hacia la colmena de tejados de la Zaragoza vieja y bimilenaria, la que cantó Prudencio, la que captó Juan Bautista del Mazo o Antoine de Wyngaerde, la que Eugenio D’Ors vislumbró como “novia del viento”. Ranillas ahora es el embrión del futuro: una ciudad dentro de la ciudad, una casa de citas de la arquitectura y sus destellos, un paseo entre torres y puentes y palacios del siglo XXI, el solar de una pequeña parte del mundo durante tres meses y, probablemente, para siempre. El plantío de una nueva invención. Zaragoza quiere ser algo más que un lugar efímero en la memoria. Ranillas encarna la apuesta de un pequeño país de viento, polvo, niebla y sol, un terruño fecundado por un torbellino incesante de ríos donde se meditará sobre ese maná antiguo, universal y absolutamente imprescindible. Los obreros, de alguna manera, en algún confín secreto de su cabeza, parecen saberlo. Lo saben y así lo viven. La dureza del empeño se mitiga con las buenas intenciones del proyecto final, erigido del todo a principios de junio y esparcido como un vergel de ilusiones. Lo saben. Y eso explica muchas cosas: las sonrisas que se esbozan contra las legañas y el hastío cada amanecer, la camaradería, la confianza, la certidumbre absoluta de que se llegará a tiempo. Como todos soñábamos. Como sueña cada día este ciclista que abre la valla y se interna en ese campo minado de futuro.  

 

 

2

 

 

 

Me han dicho: “Ve allí y espera. Ve allí y déjate ver, con tu casco amarillo, tus guantes y la caja de herramientas. Ante todo, haz que te vean”. Y aquí he venido. Con la luz inicial del amanecer. Y con mis herramientas. En mi caja tampoco hay tantas cosas: destornilladores, un taladro, un serrucho, llaves, clavos y una cinta de medir. ¿Que qué se hacer? Muchas cosas. Aprendo muy rápido. He sido fontanero, peón de albañil, he trabajado en la fruta: he recogido manzanas en La Almunia de Doña Godina e higos en Fraga. Es curioso: soy de un país lejano, pero me he sentido cómodo aquí: envuelto en el olor de la huerta, acariciado por las pitas agrias de la higuera, en ese refugio de sombra espesa y de miel. También conozco el sinvivir de los mercados y del reparto. Tengo carné de conducir. Y he ido de aquí para allá, de chapuza en chapuza, aprendiendo siempre. No sé si he venido para quedarme, pero tampoco me importaría.

Me dijeron: “Ve a la puerta de la Expo y espera”. Y aquí estoy. Hace varios días que vengo, más de una semana. No pierdo la calma. Me dejo ver, sí, me mezclo con los trabajadores, les pregunto, les enseño mi caja de herramientas. Debo confesar que cada día añado algún instrumento nuevo: una paleta, una plomada, una llave inglesa, un martillo de goma, un polímetro o multitester. Tampoco me da miedo la corriente. No soy rico, claro que no, pero tengo fe en mis posibilidades. Quiero estar preparado. ¿Y si me necesitaran para colgar lámparas en un pabellón grandioso? Siempre hay alguien que te da esperanzas. Siempre hay alguien que te dice: “Hablaré de ti al capataz. Veo que necesitamos más gente para los tres turnos”. Lo veo al día siguiente, y al siguiente, y se disculpa: “No desesperes”. Oigo la frase varias veces. Me la repiten, más con un ademán de lástima que de fastidio. Somos muchos los que venimos y los que oímos: “No desesperes. Todo llegará”. Insisto, miro, desafío con los ojos a quien haga falta. Esta es la orilla de la esperanza. A veces, los empleados de las empresas, con o sin carteles, conversan con nosotros, nos dedican algunos minutos, quieren saber qué podemos hacer y si tenemos los papeles en regla. Les contestamos, les contesto: “Por estar ahí, puedo hacer cualquier cosa”.

Me lo dicen siempre: “Aguanta, resiste”. Y oigo demasiadas veces: “Vuelva usted mañana”. Y vuelvo. Lo más duro es cuando ves que todos se dirigen hacia adentro, con sus guantes, con sus buzos, con sus gorros amarillos, y que tú te quedas a este lado de la valla, perplejo de impotencia, herido en alguna región del estómago y del amor propio, incluso humillado. Sé que no espero en vano, sé que no me he vuelto loco. He visto cómo mucha gente nueva enganchaba a trabajar así. Al quinto día, al séptimo, tras un mes de devaneo. Tarde o temprano también me cogerán a mí, y me dirán: “Entra. Te necesitamos aquí”. Mientras eso no sucede, miro a los compañeros que esperan y desesperan, miro a los empleados que conocen su turno y avanzan hacia el fondo con su caja roja y el chaleco reflectante. Pronto seré uno de ellos, uno de los obreros de los mil y un oficios de la Expo, y meteré un bocadillo y una cerveza en mi pequeña mochila de soldador ocasional. Esta es mi historia, sabedlo. Este es el tamaño de mi esperanza.

*La foto de la pasarela es de José Antonio Melendo, que lleva con él las cámaras y un golpe de suerte constante.

 

 

MARILYN MONROE, POR MÓNICA GUTIÉRREZ SANCHO

MARILYN MONROE, POR MÓNICA GUTIÉRREZ SANCHO

[Hace unos días, Mónica Gutiérrez Sancho, que está logrando una gran acogida con su primera y estupenda novela, escribía un precioso artículo sobre Marilyn Monroe. Hacía unos días que no visitaba su blog, ayer me lo envió,y aquí lo cuelgo.]

 

Entre los cientos de fotografías, posters de conciertos, algunos con el trozo de pintura de la pared donde había descansado pegado todavía en sus espaldas, postales que me enviaban en todos los viajes, fotos de juergas; siempre, por más que se acumularan Calamaro, The Doors, Los Ramones, siempre hubo un lugar para ella, para: Marilyn.

 

Desde niña me encantaba. Me parecía una mujer extremadamente triste a pesar de su eterna sonrisa. Luego algo más mayor y después de haber hojeado, más que leído, unas cuantas de esas biografías que le han dedicado, supe que se debía a no saber si era tan tonta como decían unos, o tan inteligente como afirmaban otros. La transformaron respaldados por el inevitable silencio del que no puede hablar para confirmar o negar los hechos, en una mujer fascinante. Al fin y al cabo así es como se gestan los mitos. Todo leyenda y poca realidad.


No soy mitómana. Nunca lo he sido. Aunque sí es cierto que con los años puedo decir que la adoro. No se muy bien por qué. No siempre se sabe todo.



Marilyn es la personificación de la sensualidad y sexualidad. Nadie ha irradiado tanta como ella. Nunca. Otras le ganaron en glamour, en elegancia, pero en sensualidad ninguna pudo con la rubia del vestido blanco, con ese aire que recorrió con descaro sus piernas levantando los pliegues de una falda de vuelo y no nos contó todo lo que vio esa noche.


Cuesta no imaginarla con Frank Sinatra entre partidas de póquer, gritos y noches de alcohol, lujuria y peleas. Eso no hace falta que lo cuenten los biógrafos. Yo la veo así, discutiendo con él. Y seguro que luego haciendo pucheros. Por qué no.


No habría sabido envejecer bien. Seguramente habría llevado mal el paso de la edad. Las modas no le habrían beneficiado. Los ochenta, con sus brillos y su estética hortera probablemente habrían destrozado su imagen. O no. Quizá era demasiado lista para eso y nos habría sorprendido a todos, como hizo siempre.



No sé si le obsesionaba la locura de su madre, ese horrible temor a que fuera hereditaria y padecerla ella, lo que le llevaba a vivir en una atracción de feria continua, que no para de subir y bajar, aunque no pagues el viaje. Si era extremadamente sensible, o era esa mala mujer... Si padecía esas horribles jaquecas. Si era tan inestable y pésima actriz como cuentan entre bastidores, y sus escenas había que repetirlas cientos de veces.


Ni tan siquiera sé si es cierto eso de que odiaba las despedidas. Decir adiós.
Si arañáramos, como arañaba yo en las paredes para arrancar ese póster del concierto que acaba de escuchar, seguramente encontraríamos tras varias capas un poco de todo.
Yo con su permiso y el de ustedes me quedo con la genial actriz de: “Con faldas y a lo loco”. Con esa cría, Norma Jaen, que quiso dejar la pantomima de vida de cateta de pueblo que le había tocado en gracia y se plantó cara a sí misma, para reinventarse probablemente mejor de lo que lo ha hecho nunca nadie.


Me quedo con su sensibilidad para enamorar a alguien tan grande como Arthur Miller. Su erotismo para enganchar a Sinatra. Su sonrisa y su mirada, con ese aire de inocencia que nadie se creía, pero que a todos atrapaba. Y atrapa.


Me quedo con eso de ella, como me quedo con todo lo bueno de los tres años que cumple el blog esta noche, lo mejor, lo que me da la gana.
Pero hoy es ella la protagonista. Inimitable Marilyn.

 

[Para Antón, y su particular colección de mujeres inolvidables.]

EL PRÓXIMO MARTES, ENTREGA DE LOS PREMIO BÚHO

EL PRÓXIMO MARTES, ENTREGA DE LOS PREMIO BÚHO

[Fernando Gracia, cinéfilo, rapsoda y presidente de la Asociación de Amigos de Libro, remite esta nota:]

 

Estimados amigos, os recordamos el acto de los Premios Búho 2008:

 

DÍA: 29 DE ABRIL, MARTES.

 

LUGAR: DELEGACIÓN DE GOBIERNO, Plaza Pilar s/n. 

 

HORA: 18, 30 horas.

 

 Este año, los BÚHOS se han concedido:

 

·        A D. JOAQUÍN LOMBA, por la edición de la obra “Libro sobre el alma” y por su labor de recuperación de la filosofía islámica.

 

·        A D. JOSÉ LUIS GRACIA MOSTEO, por sus éxitos literarios en 2007.

 

·        Al niño CARLOS ARIAS PEDRÓS, por su iniciativa de realizar un cuento, con ilustraciones propias, en homenaje y recuerdo a su padre fallecido.

 

·        A D. JOAQUÍN RUIZ SANCHO por la edición del libro bilingüe y fotográfico “Bomberos”, dedicado a la meritoria labor de estos profesionales.

 

·        A la bibliotecaria de Illueca, Dª CARMEN ASENSIO MARCO, por su labor al frente de la biblioteca y su dedicación a la difusión de la lectura.

 

·        A D. RAIMUNDO LOZANO VELLOSILLO, por su trayectoria y el conjunto de su obra poético–literaria.

*La foto  es de Julia Margaret Cameron, aquella fotógrafa pictorialista que encendía hogueras para iluminar sus retratos.

 

INMA SHARA DIRIGE HOY EN ZARAGOZA

INMA SHARA DIRIGE HOY EN ZARAGOZA

La gran directora Inma Sarachaga, Inma Shara, dirige esta tarde la Orquesta de Transilvania. Es una mujer que se define romántica, apasionada, soñadora, disciplinada y serena. Dice siempre que "la música es una forma de vida" y prefiere el término elegante al de culta, aplicada a la música clásica. Fue alumna de Zubin Mehta.

MAENZA, CONFERENCIA DE GRACIELA DE TORRES

MAENZA, CONFERENCIA DE GRACIELA DE TORRES

[Esta tarde, en el Centro de Historia, a las 19.00, la profesora y realizadora de cine Graciela de Torres Olson imparte una conferencia sobre José Antonio Maenza, el realizador maldito de El lobby contra el cordero. Graciela, en compañía de Francisco Plou, hizo un documental de una hora sobre este cineasta turolense. Hace algún tiempo escribí este texto sobre Maenza, que recupero para recordaros la cita de la siete, dentro de este ciclo de cine que coordina Luis Antonio de Alarcón.]

 

JOSÉ ANTONIO MAENZA

 

Uno de los turolenses más sorprendentes de los últimos tiempos fue el cineasta, escritor y activista José Antonio Maenza (1948--1979): adalid del cine independiente, revolucionario a su modo (era claramente anarcoide y refractario a cualquier ideología), e intelectual inquietante: desde muy joven fue un gran lector, al principio de Martín Vigil, dicho sea de paso, pero luego de pensadores, psiquiatras, estructuralistas, poetas como William Blake o el Conde de Lautréamont. E incluso llevó un diario bastante suculento, en el cual apuntaba sus minúsculas frustraciones, sus descubrimientos o anotaba matices de su personalidad: "Soy muy sensible a lo bueno y más a lo bello. Sensible a la sensibilidad". También refería cómo lo sosegaban la comunión o el rosario o cómo se le pasaba por la cabeza la idea de meterse cura. Poco más se sabe de su niñez turolense. Su padre tenía una tienda de colchones. Veneró siempre a su madre: cuando falleció en 1971, en José Antonio Maenza se recrudeció el complejo de Edipo. Iba al cine más por pasatiempo que por otra cosa, le interesó mucho El Evangelio según san Mateo de Pasolini y ya era muy proclive a las depresiones. Tampoco soportaba que no reconociesen su madurez. Todo ello nos lo revelan las últimas investigaciones de Pablo Pérez y Javier Hernández.

         En Zaragoza, cuando ingresó en la Universidad, halló el caldo de cultivo ideal para desarrollar una personalidad apabullante y a la vez devoradora. Aquí se encontró con el escritor y editor Enrique Murillo, que realizaba el servicio militar. Padre de gemelos, Maenza y él robaban ayudados por el carro en la librería Hesperia de Luis Marquina. Maenza fue toda su vida un cleptómano: robaba libros (Marcuse, Eco), objetos, recuerdos allá donde podía; a su amigo Ignacio Prat, al que respetaba y admiraba por su inteligencia y sensibilidad, le sustrajo una antigua daga con sangre sarracena; al fotógrafo Xavier Miserachs, un abrigo; a Enrique Vila--Matas, un pantalón y una camisa, en los tiempos de la gauche divine, de Bocaccio y de gran promiscuidad erótica. Al parecer, Maenza era homosexual.

         En Zaragoza encontró muchos amigos: Fernando Villacampa, Alejo Lorén (que fue el destinatario de epístolas y confidencias), José Miguel Franco de Espés. Con todos ellos realizó una película independiente: El lobby contra el cordero. Se rodó en Zaragoza en verano e invierno de 1968, en diversos espacios, incluido el cementerio de Torrero, y dio a conocer a un personaje raro, atrabiliario. Tanto lo era que ese mismo año, durante la Semana Santa, había acudido con unos amigos a Calanda. Buñuel acababa de llegar. Al parecer, un grupo de falangistas lo provocaron, le quisieron cortar el pelo y acabó en el cuartelillo, entre otras cosas porque los amenazó con esta frase: "Ya vendrán los nuestros, que tenemos armas de Checoslovaquia en un barco anclado en el puerto de Barcelona". Buñuel también recordó el hecho y calificó, con humor, a Maenza de "insensato". Aquel incidente lo llevó de nuevo a prisión, fue detenido en Teruel y encarcelado en Alcañiz, donde se hizo muy amigo de un alguacil, que le había prestado las Obras completas de Primo de Rivera y le presagio éxito y gloria en cuanto se muriese Franco.

         En El lobby contra el cordero se planteó Maenza la lucha de los estudiantes contra el poder con una estética vanguardista, que rendía tributo al objeto y a los símbolos. El sentido de la provocación de Maenza se trasladó al rodaje y a la relación con sus compañeros: al protagonista José Miguel Franco de Espés le arrojó una botella de sangre de cerdo, y éste dejó el rodaje. Miguel Labordeta también interpretó un pequeño papel de cura.

         Fatigado de Zaragoza, se trasladó a Valencia donde contactó con jóvenes inquietos, entre ellos con el poeta Eduardo Hervás, con el cual hubo sus más y sus menos por un asunto de estética y autoría del nuevo proyecto Orfeo filmado en el campo de batalla. Hervás se suicidó con gas en 1971. En esa época empezó a escribir su novela fragmentaria, experimental y autobiográfica Séptimo medio indisponible (Mira, 1997, presentada por Pablo Pérez & Javier Hernández), se interesó por el esoterismo e introdujo en la cinta una mezcla de sexualidad y política. Más tarde, se trasladó a Barcelona, donde Pere Portabella iba a producirle una nueva película: Horténsia--Beance. Allí entró en contacto con Emma Cohen, Félix de Azúa, Juan Benet, Molina Foix (que elogió El lobby...), Carmen Artal o el citado Vila--Matas. El clima no fue fácil. Maenza era caótico y provocador. Emma Cohen dibujó así el ambiente: "Antonio era un auténtico maldito, vestía mal, no se lavaba y no tenía necesidad de aparentar; eso es lo que le molestaba a la gente de Bocaccio, porque ante él el supuesto malditismo y originalidad no eran nada auténticos, los ponía en evidencia".

         Se fue de Barcelona, hizo la mili en Huesca, donde fue maltratado en muchas ocasiones por sus superiores, e inició su caída, su imparable descenso hacia la nada, su peregrinación por psiquiátricos: primero Béretra (Valencia), luego Teruel en varias ocasiones, donde vivió hasta que apareció en el suelo mortalmente herido, en medio de la calle, frente el primer piso de la casa donde vivía. Se dijo que era un intento de suicidio. Falleció en 1979, dos días después, en el hospital Miguel Servet. Misterios aparte, Maenza es un personaje extravagante, incomparable, pero inacabado, por hacerse. Murió a los 31 años, pero su actividad se truncó prácticamente a los 25 años. El trabajo de los autores nace de un elaborado y laborioso proceso, de una gran generosidad investigadora, aunque a veces incurran, a nuestro juicio, en desmesura interpretativa; al fin y al cabo, la obra de Maenza es escasa, de tanteos y de intuiciones muy del momento, prometedora sin duda pero trunca.

 

 

VICENTE CAZCARRA, POR JAVIER DELGADO

VICENTE CAZCARRA, POR JAVIER DELGADO

[Ese trabajador incansable que es Javier Delgado ha querido recordar a su amigo y cómplice, al político y traductor Vicente Cazcarra, que murió en 1998, hace ahora diez años. Selecciono aquí un fragmento inicial, muy sugerente. Javier, es sabido, es un maestro en la recreación de las infancias y de los núcleos familiares.]

 

 

EL HÉROE AGOTADO

Ensayo sobre la vida de Vicente Cazcarra Cremallé

(1935-1998)

 

JAVIER DELGADO ECHEVERRÍA

 

-1-

 

 

Naciste primero a setecientos grados en la febril caldera de aquella enorme máquina chispeante sobre la que tu padre cabalgaba la historia y desde la que el mundo era una sucesión de oscuridades y luces, un rápido entregarse y desaparecer, siempre una borrosa imagen del pasado en el que resonaban aullidos metálicos convocando a las huelgas, comunicados nocturnos de apremiantes tareas, saludos victoriosos de parte de la grande querida UGT. Naciste a los cincuenta kilómetros por hora de las cuestas arriba de la exactamente mitad de los treinta, cuando aún no se sabía el día ni la hora de los insurrectos ni la terrible carnicería con la que celebrarían sus sagrados votos aquella jauría de asesinos azules y negros.

 

Luego naciste el seis de enero de mil novecientos treinta y cinco en Zaragoza. Tu padre maquinista, tu madre campesina. Proletaria la familia paterna. Labradores acomodados la familia materna. Tu madre del campo. Tu padre de la ciudad. Tus padres, tú y tu hermana Maruja: un grupo familiar del que sólo la muerte descolgó a tu padre, Antolín, antes que a ti. (En su casa te abrazó solidario y cariñoso el alcalde Sainz de Varanda, primer alcalde constitucional de la ciudad, hombre obsesivo, dinámico y calculador. Entonces todavía estaban vivos los lazos de amistad entre los viejos compañeros de lucha contra la dictadura, todavía la izquierda no había comenzado a desintegrarse, ¿o sí?).

*Javier me envía un par de fotos de Vicente Cazcarra, al que el Ayuntamiento le va a dedicar una calle, pero no me las acepte el blog. Coloco ésta de uno de sus libros.