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Antón Castro

EL TAXISTA ABDELAZIZ

EL TAXISTA ABDELAZIZ

Abdelaziz hacía pensar en Morgan Freeman en “Paseando a Miss Daisy”: moreno, con bigote y el pelo blanco. Nos vino a buscar al aeropuerto de Casablanca con su Mercedes claro y nos llevó a la ciudad. Era la una de la mañana y hablamos con él lo justo. Luego, de regreso, farfullamos en francés y nos íbamos enterando de cosas: hablaba de su familia de cuatro hijos, de la ciudad, del país. Y de repente, metió la mano en el salpicadero y sacó una cinta. Y de golpe empezó a sonar Serrat: Mediterráneo, Lucía, Esas pequeñas cosas, nena, qué va a ser de ti, Pueblo blanco. Abdelaziz estaba feliz y nosotros más. Mucho más.

Nos contó que hacía muchos años había llevado a Serrat de viaje por Marruecos: Casablanca, Xaouen, Marraquech, Tánger, Fez, Tetuán. Había sido un viaje inolvidable. El cantante, de regreso a Barcelona, le mandó una cinta de cassette. La que nosotros íbamos oyendo. Quizá nunca fui tan feliz con Serrat, y ya es decir... Abdelaziz dijo que Serrat sabía cumplir sus promesas y que, probablemente, fuera su cantante  favorito.

ACERCA DEL PRIMER LIBRO DE EVA PUYÓ (Por Pippi Tetley)*

ACERCA DEL PRIMER LIBRO DE EVA PUYÓ (Por Pippi Tetley)*

[La diseñadora de joyas y escultora Pippi Tetley debutó el sábado como presentadora de libros. Rodolfo Notivol y ella  presentaron la colección de cuentos, o novela, Ropa tendida (Xordica) de Eva Puyó. Pippi dejó este texto en la memoria de mi ordenador, tras pasar un fin de semana en nuestra casa.] 

ROPA TENDIDA
Pippi Tetley 

La primera vez que conocí a Eva Puyó fue una noche de verano en una mesa Mr. Dumbo. Yo no hablaba ni una palabra de español y ella hablaba conmigo en inglés. Instantáneamente pensé que era  una chica muy maja. También me acuerdo de esa noche con Eva por sus zapatos. Eran de color oro con tacones y una mariposa de oro ardiendo en cada uno de ellos. Hace poco le pregunté a Eva por estos zapatos que tenían tanto encanto y me dijo que los compró en un chino y que ahora uno de ellos está roto, pero que todavía los tiene.

Esa noche le pregunté a Eva si también era escritora. Me contestó que no pero dijo que estaba escribiendo un libro y quería publicarlo en Xordica, pero que no estaba segura porque el nivel era muy alto.

Hoy estamos celebrando ese libro. Se llama Ropa tendida, ha salido en Xordica, y me ha gustado porque lo veo sincero y a la vez divertido.

Ropa tendida es un libro de cuentos sobre la vida familiar. La protagonista cuenta cosas sobre su padre, madre, sus hermanos y ella misma: desde que era niña y jugaba con su hermana mayor, desde las emociones mezcladas del nacimiento de su hermano, que le quitó el papel de chico de la familia; hasta sus esfuerzos para sacarse el carnet de conducir, hasta su independencia, con su piso y su vida propia.

Costó mucho decidir el título, que me parece muy bueno, porque en el libro hay ropa, y muchos detalles cotidianos. Una vez, por ejemplo, se cuelga la ropa en los radiadores. “He visto a mi madre tendiendo la ropa por los radiadores, por encima de los muebles”, dice la narradora. La ropa tendida evoca un sentido familiar, y una imagen. Y el libro de Eva está lleno de imágenes: es muy fácil ver en nuestra a cabeza a los personajes y las situaciones.

Estos cuentos tienen algo de tristeza pero también un sentido del humor muy especial. Es humor de Eva es sutil pero es muy gracioso. Cuando voy andando sola a veces me río pensando en una broma o una expresión de Eva. Ropa tendida también cuenta el humor que hay dentro de las familias. Al leerlo, te sientes parte de la familia. No te sientes como un observador que esté fuera, sino como un miembro de la familia que no está mencionado.

A veces la vida de familia es dura y eso también sale en los cuentos de Eva. Por ejemplo, el carnet de conducir, que aparece en “Amigos de mi padre”. Siempre piensas que tu familia confía en tus habilidades, incluso en las que no tienes, las habilidades imaginarias, pero a veces no es así y te quedas sin esta protección familiar. En “Amigos de mi padre”, su padre le dice: “Me quedo aquí, sigue tú sola”. Esto es un ejemplo perfecto de la desconfianza de los que tienen demasiada confianza. Y luego, la protagonista del libro se pasa el libro conduciendo: ella es la conductora de la familia.

En otro cuento estupendo habla de su hermano, que era algo antisocial y jugaba al rugby. Tiene una bolsa de guisantes con su nombre en el congelador, para curar sus heridas de rugby. Mi familia utiliza el mismo truco pero él es más inteligente, porque nosotros siempre sacamos una cantidad de guisantes en una servilleta, y luego, cuando se descongelan los guisantes, los tiramos a la basura. Pero el hermano del libro vuelve a utilizarlos.

         En “Sábanas”, Eva captura maravillosamente el sentimiento de culpabilidad que hay en todas las familias. Su madre tiene sábanas bordadas a mano que nunca utiliza y un día las reparte entre sus hijos. A la narradora del libro le tocan unas sábanas de color verde hospital y protesta, y empieza una discusión a escala griega, de proporciones trágicas. Después, la protagonista tampoco va a utilizar las sábanas, porque le traen un mal recuerdo.

         Un cuento que también me gusta muchísimo es “Juguetes de bronce”. Sin necesidad, el padre copia algunos muñecos de los Pitufos en bronce, para que sus hijos tengan más juguetes. Son preciosos. Es un acto muy cariñoso, pero como los niños siempre tienen su mundo propio, siempre prefieren las cosas de verdad y odian las imitaciones, no aprecian este regalo. Y en todas las familias hay actos de cariño superfluos.

         En el cuento final, “Paraíso”, la protagonista es ya más mayor, más independiente, y ha superado los conflictos con la familia, y siente más complicidad con ellos. Y cuenta una historia muy bonita sobre cosas freaks que le molestaban antes, pero que ahora le parecen bonitas. Y los padres también han cambiado, y ya no roban, sino que buscan árboles abandonados. Una imagen que me gusta mucho es el reflejo en el espejo del coche de sus padres contentos, haciendo sus cosas: el libro es como ese reflejo del espejo retrovisor, y me parece un final muy acertado.
         Igual mi perspectiva está un poco distorsionada, porque hace mucho tiempo que no veo a mi familia. Pero cuando piensas sobre tu propia familia, normalmente piensas en las cosas que son normales, aparte de los frikismos que tienen, pero el libro de Eva enseña claramente que su familia, y todas las demás, son como un par de zapatos de China rotos. Te ayudan a andar, y a veces a tropezar, y tienen un encanto especial.

         Los cuentos son sencillos, emotivos, agridulces y están tan bien hechos que se pegan y se quedan en tu cabeza durante días, y eso es una señal de buena literatura. 

       
Para terminar, tres palabras más:
 COMPRA ESTE LIBRO. 


*Pippi Tetley, Philippa Susan Tetley, es una escultora y diseñadora de joyas de Nueva Zelanda, instalada en Zaragoza desde hace un par de años. La foto de Eva Puyó es de Cristina Grande.

UNA LECTURA DE ENRIQUE VILA-MATAS (Por Daniel Gascón)

UNA LECTURA DE ENRIQUE VILA-MATAS (Por Daniel Gascón)

[Llego a casa, tras pasar unos días en Casablanca, Marruecos, y encuentro este texto de mi hijo Daniel en mi ordenador. He presentado a Vila-Matas cinco o seis veces en Zaragoza, he escrito en abundancia de sus libros y me ha parecido muy bonito hallarme este texto, que es de la presentación. Sinceramente, yo ya no sabría hablar así de los libros, pero suscribo todo el texto,  la interpretación del Exploradores del abismo, el libro que más me ha gustado de Enrique desde París no se acaba nunca. Y me emociona la lucidez de Daniel, que ya le dedicaba un cuento a Enrique Vila-Matas en La edad del pavo; presentó el pasado jueves al escritor en Los Portadores de Sueños, un poco después de que Ana Catalá Roca lo entrevistase para Borradores. ]  

EXPLORADORES DEL ABISMO         
Daniel Gascón

Hola, buenas tardes. Estoy muy contento de estar aquí, presentando en una de mis librerías favoritas el libro de uno de mis escritores preferidos. Y estoy muy contento de presentar un libro de cuentos, porque lo primero que leí de Enrique Vila-Matas fueron dos libros de cuentos, Suicidios ejemplares e Hijos sin hijos, cuando vivía en un pueblo de Teruel que era un verdadero abismo, y me hice fan. Desde entonces he leído todos sus libros con mucho placer, siempre he aprendido y disfrutado mucho con ellos.        

Enrique Vila-Matas es un excelente cuentista, y es un gran escritor sus artículos literarios y ha escrito libros tan inclasificables como París no se acaba nunca, una mezcla de autobiografía, novela de aprendizaje y autocrítica literaria. En los últimos años Vila-Matas ha publicado unas cuantas novelas que lo han situado en la primera línea de la literatura mundial, que le han proporcionado un gran reconocimiento en España, Latinoamérica o Francia: algunas de ellas, El viaje vertical, son novelas relativamente clásicas o convencionales, dentro de lo delirante que es aplicar este adjetivo a un libro de Vila-Matas, que es un autor que siempre está fuera de aquí, con una sensación de extranjería permanente, y que ha sabido asumir la influencia de muchos escritores distintos para configurar una literatura tremendamente personal: por ejemplo, El viaje vertical es una novela de aprendizaje, pero sucede en la tercera. Pero lo que ha consagrado a Vila-Matas es una trilogía de novelas sobre las enfermedades literarias: Bartleby y compañía, El mal de Montano y Doctor Pasavento. Las tres novelas juegan con la realidad y la ficción, con la biografía y la imaginación, con la mezcla de géneros (por ejemplo, mezclan la narración con el ensayo o la conferencia), hablan de escritores y literatura, tratan de una patología mental y cada una de ellas es una especie de más difícil todavía.

         Exploradores del abismo es un libro muy diferente. En primer lugar porque habla de enfermedades físicas, no literarias: el narrador del primer cuento ha sufrido un colapso, y las historias están llenas de personajes que esperan una operación o se recuperan de una: aunque el protagonista de uno de los cuentos diagnostica autismo a su psicóloga, parece que en Exploradores del abismo Vila-Matas ha cambiado de especialidad médica. Y también porque es un libro de cuentos. Y además, es un libro de relatos muy variado pero también tremendamente unitario. Formalmente, hay muchas diferencias. Hay relatos que son textos de otros autores, hay cuentos de una o dos páginas que él dice que disfruta mucho escribiendo, porque son casi como escribir poesía. Y también hay cuentos que son como pequeños ensayos y textos más confesionales. Hay un texto que tiene la extensión de una novela breve, y también hay cuentos más clásicos, como “Niño”, que trata un padre que no entiende a su hijo, un falso explorador del abismo, que es una reflexión dura e hilarante sobre las relaciones entre padres e hijos, sobre la impostura literaria y una relectura del mito de Saturno, “Iluminado” o “Materia oscura”, donde el narrador escucha las conversaciones de sus vecinos. Estos cuentos, inquietantes y perfectos, están entre los mejores cuentos de Vila-Matas.

Una de las cosas que siempre me han gustado de Vila-Matas es que siempre se ha divertido con su literatura, siempre ha pensado que la literatura tiene algo de juego y se ha reído, por usar una frase que se repite con frecuencia en sus libros, de una manera infinitamente seria. Y en Exploradores del abismo uno tiene la sensación de que Vila-Matas se divierte: escribe cuentos de géneros muy distintos. Hay cuentos que transcurren en Barcelona, en París y en México, hay una historia de ciencia ficción que también es un cuento de amor en el que se dice que el humor es el principio rector del cosmos, un relato ruso por el que pasea el fantasma errante de Antón Chéjov, hay una novela breve, “Porque ella no lo pidió”, que tiene una estructura de cajas chinas (de puesta en abismo) con hay un relato y una parte de tono más confesional sobre una colaboración frustrada y peligrosa con la artista Sophie Calle, que Vila-Matas ha optimizado con brillantez.

Pero por otro lado, como he señalado antes, una de las grandes virtudes de Exploradores del abismo es que es un libro muy compacto, muy unitario. Esta unidad se consigue a través de mecanismos diferentes. Uno es una constante temática: los personajes de los relatos tienen vidas muy diferentes, pero siempre se enfrentan a un vacío o un abismo, que a veces es el tedio o el vaticinio de una muerte en una fecha concreta y a veces es un precipicio de verdad, como en “Vida de poeta”, una pieza hermosa y muy importante, donde el protagonista se siente atraído por la caída del tajo de Ronda. Muchos de ellos comparten una sensación de extrañeza ante la vida cotidiana, que produce observaciones inquietantes y razonamientos paranoicos. Por eso, Exploradores del abismo es un libro de acción trepidante, vertiginosa. Sólo que muchas veces esta acción es mental.

Otro elemento que da unidad al libro es un personaje que aparece en muchos de los relatos, Maurice Forest-Meyer, un funambulista. No hay ningún cuento sobre él, pero pasea por el libro como Alfred Hitchcock pululaba en sus películas: a veces un personaje de un relato quiere hacer un viaje fotográfico con él; a veces el protagonista es su hermano; en otra ocasión el narrador es el nieto de Maurice Forest-Meyer; otra vez lo vemos cruzando el abismo que separa las Torres Gemelas, como hizo Philipe Petit; sabemos que su mujer tiene un ojo de cristal... Maurice Forest-Meyer es un explorador del abismo literal (todavía más si se cayera de la cuerda floja) es en cierta manera una historia secreta, como dice Piglia, que se insinúa pero no llega a cerrarse: el hilo por el que pasea sobre el vacío sirve también para hilvanar este libro.

Otro elemento que da unidad al libro es un escritor que habla de sus cuentos. En el primer relato, camina por Praga como si fuera Groucho Marx, dando zancadas, con el cuerpo inclinado y las manos a la espalda, y cuenta que ha sufrido un colapso físico: desde entonces, se siente como si hubiera heredado la obra de otro escritor, con el que a veces discrepa. Más adelante, en “La gota gorda”, otro escritor nos cuenta que a veces le han reprochado que sus personajes no sean lo bastante físicos, que no suden y que no excreten lo suficeinte, y explica sus intentos para cambiar, dice que “ha transpirado mucho con sus personajes”. En “Porque ella no lo pidió” el narrador, que se parece mucho a Vila-Matas, sufre un colapso renal que está a punto de matarlo: allí, Enrique cuenta muchas cosas, pero también cuenta su enfermedad; el escritor aparece todavía convaleciente. Es decir, que en Exploradores del abismo hay muchas historias distintas, y también hay algunas que nos explican cómo es el conjunto de cuentos: en cierta manera, el libro se hace ante nuestros ojos.

Otra de las cosas que me gustan de Exploradores del abismo es que tiene algo de destilación de muchos de los temas de Enrique. Se parece a un disco de un músico veterano: es una obra novedosa, pero hay algunas canciones que nos recuerdan a sus primeros discos, otras que tiene que ver más con sus canciones más recientes y otras que tienen más que ver con las canciones de una época intermedia. En “La modestia” un hombre escucha frases de los que viajan en autobús, y se queda muy impresionado por una mujer que dice por teléfono para describirse: “no soy ni guapa ni fea”. Este hombre del autobús roba frases ajenas y espía, dos aficiones que lo emparentan con otros personajes de Vila-Matas, como el protagonista de “Materia oscura” o con el escritor de la novela Extraña forma de vida. También hay relaciones inquietantes y estancadas entre padres e hijos, como en otros textos de Enrique, y una cierta atracción por el vértigo y por la huida. Otro tema que nos resultan familiares es el tema del doble: la sensación de usurpar la vida de otro, o de que otro te ha usurpado la tuya aparece en “Café Kubista”, en “Iluminado” o en “Porque ella no lo pidió”. Y también aparecen, aunque quizá menos que otras veces, los cameos de escritores. Creo que ése es otro invento de Vila-Matas y que en sus libros podría ponerse: con la aparición especial de Robert Walser, de Franz Kafka o Ray Loriga.

Y también hay dos elementos que son esenciales de la literatura de Enrique: por una parte, la elegancia de su escritura. Eso le hace inventar frases maravillosas, y sólo hay que repasar sus títulos para darse cuenta de ello. Y por otro lado, su dominio de la narración hace que sigamos tramas a veces enrevesadas que parecen muy sencillas, que giros violentísimos nos resulten naturales y que aceptemos una manera de contar que obedece a sus propias reglas: los textos de Vila-Matas obedecen a unas reglas distintas a los textos de otros escritores; no sólo tiene un mundo, sino una forma de contarlo llena de habilidad y descaro.

Y en segundo lugar, está el humor: Enrique siempre ha sido un escritor muy divertido, pero éste es uno de los libros más divertidos de Enrique, un verdadero campo de minas en el que la ironía acecha a la vuelta de cada frase. Yo tenía ganas de escuchar cómo leía en voz alta algunos de los cuentos, porque me parecía que a veces había las pausas, los silencios y las paradojas de un monologuista. Exploradores del abismo tiene algo de la frescura de sus primeros libros, de la levedad que siempre ha perseguido.

He dicho que éste es un libro en el que aparecen muchas enfermedades, y que la enfermedad es una forma de abismo. Aunque Exploradores del abismo gira en torno al vacío, no sé si ése es el tema central. Uno de los más importantes es el de alguien que mira al abismo, se asoma y convive un tiempo con el límite de la nada, pero decide seguir viviendo, seguir haciendo literatura y vida al mismo tiempo. En ese sentido, es un libro melancólico, pero también vitalista, casi alegre. Muchas veces habla de alguien que conoce las tentaciones del vacío y de la autodestrucción pero también el valor de la supervivencia y las compensaciones del humor y del arte. Y eso hace que este libro lleno de juegos literarios y homenajes, de rimas internas y variedad, resulte poco artificial, y muy auténtico y emocionante.

Y ésa es otra de las razones por las que me gusta tanto Exploradores del abismo: en este libro, Enrique Vila-Matas se reinventa, pero, afortunadamente para sus lectores, también sigue siendo el mismo.   

*La foto de Enrique Vila-Matas la he tomado  de www.proscritosblog.com.

UN POEMA DE OMAR LARA*

UN POEMA DE OMAR LARA*

En Fauresti una niña peinaba su pelo
Su pelo más largo que un vuelo de albatros
Hasta aquí llegó
Su pelo más largo que vuelo de sueño
Hasta mí llegó
Una  niña peinaba  su pelo
Vi apenas su espalda una tarde en Fauresti
Su espalda cubierta del cabello lánguido
Que hasta aquí llegó
La niña y el vuelo y el cabello lánguido
Que en junio peinó. 

*Poema de Omar Lara (Nueva Imperial, Chile, 1941), del libro “Papeles de Harek Ayun”, VII Premio Casa de América de Poesía Americana. (Visor, 2007). La foto es de Craig McDean.

A LA MEDIANOCHE, BORRADORES

A LA MEDIANOCHE, BORRADORES

El grupo de rock and roll Trío de reinas, integrado por Pío Lázaro, Héctor Conget y Jorge Muela, toca esta noche dos temas en Borradores. El grupo se fundó hace un año y prepara su primer álbum; se sienten próximos a Strike Cats y a Jimi Hendrix. El programa recibe a la galerista Patricia Rodrigo, responsable  de la sala Antonia Puyó, y a la artista aragonesa afincada en Londres Begoña Morea, que presenta hoy mismo su último trabajo: “Untitled. A place” (Sin título. Un lugar). También acude el novelista Jorge D. Casamayor, que reedita su novela “Aragonés”, un texto de ficción histórica que transcurre en el siglo XIII y XIV, en pleno esplendor de la Corona de Aragón. Casamayor, zaragozano de 1941, escribe  desde los quince años, se ha dedicado al mundo de los negocios, ha vivido nueve años en México y en 2000 inició su faceta de novelista. Ha publicado otros libros como “Pasado imperfecto”, “Te Deum”, “Un día desesperado” y “Malawi”.

Por otra  parte, Borradores ofrece extensos reportajes sobre el pintor Virgilio Albiac, que acaba de cumplir 95 años y sigue pintando; sobre la muestra “Los orensanz de Orensanz”, que se expone en Cajalón, una retrospectiva de casi medio siglo de Ángel Orensanz, coordinada por Jesús Pedro Lorente, y sobre  “El arte gráfico de los arquitectos”, un estupendo proyecto de Elvira Adiego, con obras de Lagunas, Chueca Goitia, Cano Lasso, los Borobio o Pérez Latorre, entre otros.


Borradores también conversa con el  poeta Ángel Guinda, que acaba de publicar su poemario “Claro Interior” (Olifante); el poeta lee varios de sus poemas, con especial intensidad “El placer”, colgado aquí en el  blog. Y se completa el programa con un homenaje a Fernando Fernán Gómez, el humanista integral de las artes y las letras que fallecía la pasada semana.

*La Foto es de David Lachapelle, a quien el pasado domingo "El País" le dedicaba un amplio reportaje.

Borradores. Aragón Televisión. Esta noche, a las 0.00. Realización: Teresa Lázaro. Ayudante de realización: Yolanda Liesa. Producción: Mamen Delpón y César Quílez. Redacción: Ana Catalá Roca.

EL ORDENADOR Y EL MAR (CUENTO)

EL ORDENADOR Y EL MAR (CUENTO)

El verano es la mejor estación para cazar. Es el tiempo de la prisa, de la lasitud, de la confusión. Como buen depredador, sabe que hay lugares idóneos para sobrevivir: siempre hay una mochila al acecho, una cámara de fotos distraída. Cambia de sitio continuamente: un día va a la estación de autobuses, otro acude a la playa, al Prat o la estación de Sants. Allí se da cuenta de que Barcelona es cada vez más un territorio de mestizaje, un trabalenguas multirracial.

         Hay gente que anuncia en su rostro perplejo que el mundo le sobrepasa o que no está habituada a llevar bultos. La detecta de un vistazo. Así distinguió a su presa: con su chaqueta azul en el verano insoportable, los periódicos, una cartera de mano y la negra funda de algo que podría ser un ordenador portátil. La siguió con cautela, como una sombra invisible, y vio cómo se desesperaba con los teléfonos. No le funcionaba ninguno. La acompañó al andén a una distancia inocente. La víctima dejó sus bártulos sobre el banco y bebió un botellín de agua; confiado, se dio la vuelta y lo arrojó a la papelera. Era su oportunidad: percibió que era el instante decisivo del zarpazo. Cinco segundos después, el ordenador había desaparecido.

         Tomó el taxi con la calma habitual: había sido un golpe magistral y sencillo. En casa, sin ansiedad, abrió el aparato. Lo conectó a la red; comprobó que tenía dos antivirus y algunas fotos, firmadas en mayúsculas rojas por un tal Patricio Julve. De inmediato, un terrible golpe de mar le impidió reaccionar, y un oleaje furibundo lo arrojó al suelo. Ni siquiera tuvo tiempo de darse cuenta de que había robado a un escritor. Sus últimos libros --“Marinos y mujeres”, “Los grandes cetáceos y los poetas” o “La vida secreta de los océanos”— seguían allí, dentro, con toda el agua del mar, con toda la furia de la espuma. 

*Una foto, tomada en Brasil, de Elliot Erwitt. 

 

MUJERES/ 1: ALTAMIRA GONZALO

MUJERES/ 1: ALTAMIRA GONZALO

Hace algún tiempo, algunos meses, conversé con esta mujer extraordinaria: Altamira Gonzalo. Siempre está de actualidad. Es una activista de los derechos humanos y de la dignidad.]

-¿Qué se le había perdido a usted en Derecho?

-Me obligó mi padre a estudiar esa carrera. Pero luego me gustó mucho, porque yo creo que el Derecho es la vida misma. Intenta resolver los problemas de la vida cotidiana. Vine a Zaragoza, hice la carrera y siempre tuve claro que quería ejercer mi profesión. El Derecho Civil me parecía muy bonito. Tengo magníficos recuerdos de Lacruz Bermejo: él nos descubrió un mundo nuevo, vivía sus clases con auténtica pasión. Y también conservo magníficos recuerdos del catedrático de Derecho Laboral Juan Ribero.  

-¿Qué hizo luego?
-Me casé en cuarto y me fui a París con mi marido, que iba a realizar su especialidad de Medicina. Cursé quinto por libre y vine a examinarme. Luego hice Derecho Laboral en La Sorbona. Hacia 1973 él encontró un trabajo, y nos trasladamos a Madrid. Hice la pasantía en un despacho vinculado con gente de Zaragoza, y me independicé poco después. Tras aquella convulsión enorme de la Transición, me reciclé en Derecho de Familia. Siempre me han interesado los derechos de los trabajadores. 

-Usted se hizo famosa porque envió a un hombre por impago de pensiones.
-Fue un asunto polémico, algunos decían que aquello era como la prisión por deudas, pero yo siempre he pensado que el bien jurídico aquí consistía en la situación de necesidad de la familia, en la protección del más débil. 

-¿Cuándo se vino a Zaragoza, de nuevo?
-Madrid no nos gustaba. Siempre soñé con venir a Zaragoza. Por los cargos sanitarios de mi marido, primero estuvimos en Teruel de 1983 a 1986; luego en Madrid, de nuevo, de 1987 a 1990. Ya ve que las mujeres seguimos la vida itinerante de los maridos. A mí me encanta Zaragoza: sales a la calle y te encuentras con una amiga o un familiar, y a mí eso me parece muy humano, entrañable. Además, me encontré con que la ciudad, en el centro y en sus arterias, se parecía muchísimo a la que yo había conocido de joven. Zaragoza es una ciudad abordable, todo está al alcance de la mano, puedes ir andando al cine, al teatro...  

-¿O al Auditorio?
-Desde luego. Estamos abonados a los conciertos de primavera y otoño, y a los de piano. El Auditorio también marca la modernidad de la ciudad por la calidad de su programación. Siempre está lleno. ´

-
¿Qué más le gusta de Zaragoza?
-Otras dos cosas, en un plano general: está muy cerca del Pirineo y del mar. Yo voy mucho a Cerler; el valle de Benasque me parece un valle precioso. En Zaragoza es posible trabajar aquí hasta el mismo viernes y dormir en el Pirineo. O en el mar. Esta es una ciudad que te permite disfrutar de la vida, y eso es algo que valoro mucho. Otra cosa que me encanta de Zaragoza es la proximidad con el Moncayo. Me parece un monte misterioso, majestuoso. ¿Qué le digo de Veruela? Cuando vuelvo a casa, me produce un placer indefinible mirar por el espejo retrovisor del coche y ver una mancha de nieve en la cúspide del Moncayo. 

-Creo que es usted una gran excursionista y viajera.
-Me fascinan los paisajes de Aragón. De Huesca, el Pirineo; de Teruel, la propia ciudad, con esas casas y esas torres maravillosas, la luz tan bella que tiene. Es una ciudad alegre. Y piense en la provincia: en Albarracín, el Matarraña, el Maestrazgo. Son territorios fantásticos que no se saben vender bien. 

-Nos ha dicho que es una gran apasionada de la cerámica.
-En particular de la cerámica antigua, de inspiración mudéjar. La cerámica tiene alma, tiene vida. He realizado viajes por Aragón, Andalucía y Extremadura buscando cerámica. A veces voy al rastro y compro pedazos que parecen inservibles. Me gusta estudiarlos. Me emocionan. Hace poco conseguí comprar una bolsa entera y logré reconstruir, de manera incompleta, dos platos y una escudilla.  

-¿Cómo ve usted a los aragoneses?
-Ya me siento aragonesa. Los aragoneses son nobles, pero con una forma de ser un poco dura, excesivamente críticos con nosotros mismos, demasiado exigentes y negativos con lo nuestro, pero eso no nos roba nobleza. 

-¿Qué le sugiere PLA-ZA?
-Como pasa el tren por ahí, veo todos los días la Plataforma Logística. Será decisiva para el futuro de la Comunidad: cada día se instalan nuevas empresas. Es un espacio de revitalización para la ciudad. 

-¿Y la Expo-2008?
-Soy promotora de la Exposición proExpo. El día que confirmaron que Zaragoza era la elegida sentí una gran felicidad. Zaragoza necesitaba una inyección así. Será una manera de que crezca la ciudad y de que tenga edificios modernos, calles amplias, un metro. Estoy emocionada porque la Expo ha sido como la espoleta para modernizar la ciudad. 

-¿Cuál es ahora su rincón favorito?
-El paño mudéjar de La Seo: sería capaz de sentarme ante él horas y horas. Me fascinan los lugares cargados de arte e historia. Y, por supuesto, La Aljafería. Ese espacio es una preciosidad y muy enigmática, esa época. 

 

MAÑANA, BORRADORES

MAÑANA, BORRADORES

El grupo de rock and roll Trío de reinas, integrado por Pío Lázaro, Héctor Conget y Jorge Muela, toca mañana dos temas en Borradores. El programa recibe a la galerista Patricia Rodrigo, responsable  de la sala Antonia Puyó, y a la artista aragonesa afincada en Londres  Begoña Morea, que presenta su último trabajo: “Untitled. A place” (Sin título. Un lugar). También acude el novelista Jorge D. Casamayor, que reedita su novela “Aragonés”, un texto de ficción histórica que transcurre en el siglo XIII y XIV, en pleno esplendor de la Corona de Aragón. 

Por otra  parte, Borradores ofrece extensos reportajes sobre el pintor Virgilio Albiac, que acaba de cumplir 95 años y sigue pintando; sobre la muestra “Los orensanz de Orensanz”, que se expone en Cajalón, una retrospectiva de casi medio siglo de Ángel Orensanz, coordinada por Jesús Pedro Lorente, y sobre  “El arte gráfico de los arquitectos”, un estupendo proyecto de Elvira Adiego, con obras de Lagunas, Chueca Goitia, Cano Lasso, los Borobio o Pérez Latorre, entre otros.

Borradores también conversa con el  poeta Ángel Guinda, que acaba de publicar su poemario “Claro Interior”(Olifante); el poeta lee varios de sus poemas. Y se completa el programa con un homenaje a Fernando Fernán Gómez, el humanista integral de las artes y las letras que fallecía la pasada semana.

*Fernán Gómez en un fotograma de "La silla de Fernando", de Luis Alegre y David Trueba.