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Antón Castro

WILLIAM SHAKESPEARE, SEGÚN LUISA MIÑANA

WILLIAM SHAKESPEARE, SEGÚN LUISA MIÑANA

[Wiiliam Shakespeare ha sido uno de los escritores que más me ha influido. Con Bécquer, García Márquez, García Lorca y Álvaro Cunqueiro. Lo leía ya antes de venir a Zaragoza en 1978 y lo seguí leyendo cuando llegué aquí. Hubo una época de mi vida que quise ser dramaturgo y escribí varios dramas. Un monólogo llegó a las tablas en Santiago; una pieza épica y lírica, “A morte do rei Atanís”, fue distinguida por la Escola Dramática Galega, y la he perdido en alguna mudanza. Mi amigo de Arteixo Xurxo García conserva una copia. Al poco de instalarme en Zaragoza, compré varias ediciones de Losada y las traducciones de Luis Astrana Marín, del que decían que las había hecho en la mesa de la cocina familiar.

A principios de los 80 salieron las versiones rítmicas de Manuel Ángel Conejero: “Macbeth” y “Rey Lear”, entre otras. Se convirtieron en libros de cabecera, en piezas que leí y releí en pleno verano al pie de la piscina del Seminario. Acabo de  ver este texto de Luisa Miñana, esa escritora estupenda, que adora  las palabras, el arte y la poesía, y me ha hecho mucha ilusión. Copio en mi blog este texto y recuerdo aquellos días de finales de los 70 y principios de los 80. Iba tan absorto con “Rey Lear” entre  las manos que, a la altura de los números 70 u 80, de Conde de Aranda, me tropecé con la farola y rompí las gafas. En Ulloa Óptico aún lo podrían atestiguar. La  edición de Círculo de Lectores es espléndida. Un libro para toda una vida. William Shakespeare es como un escritor imposible: uno y muchos, y a veces en esa multitud hay anacronismos e inverosimilitud, y hay, sobre todo, un grandioso e ilimitado poeta. El texto de Luisa Miñana, la autora de “Pan de oro” (Mira editores) está en su nuevo blog: luisamr.blogspot.com]

LUISA MIÑANA

Hace días que quería hablar de un libro especial. Se trata de la edición del "Teatro Completo" de Shakespeare que ha llevado a cabo Angel-Luis Pujante para Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, ilustrada magníficamente por Jaume Plensa. Es, sin lugar a dudas, una edición singular, realizada por ello en gran formato, un libro no sólo muy interesante, sino además muy bello. Ha sido una edición ampliamente divulgada en prensa y en Internet. Pero no me parece exagerado insistir en algunas de sus cualidades.
Angel-Luis Pujante, premio Nacional de Traducción y miembro de la International Shakespeare Association, ha hecho una brillante selección de traducciones al castellano del teatro del autor inglés, que abarcan desde el siglo XVIII a nuestros días. Así, el mérito literario de este libro es doble. Por un lado, reúne el teatro completo de Shakespeare, lo cual siempre es de agradecer. De otro, sirve para apreciar la influencia de ese teatro en el panorama cultural hispano a través del tiempo. La primera traducción de una obra de Shakespeare vertida al castellano la realizó en el siglo XVIII Leandro Fernández de Moratín. Lo usual en esa época y hasta bien adentrado el siglo XIX fue recurrir a las adaptaciones en francés que se habían realizado para la Comedia Francesa, por lo que la traducción de Moratín significó un hito cultural. Esa traducción está incorporada a esta edición. Lo mismo que parte de las realizadas a finales del siglo XIX por los anglosajones Clark y Macpherson, que aportaron su directa y más directa comprensión de ambos idiomas; el primero tradujo diez obras y el segundo llegó a traducir veinticinco. Ambos traductores optaron por respetar la alternancia estilística original que plantea Shakespeare en sus obras, al igual que otros autores del teatro isabelino: verso blanco, verso rimado y prosa, según los parlamentos y los personajes.

También ha incluido Pujante algunas de las traducciones de Luis Astrana Marín, que datan de las primeras décadas del siglo XX y que son, sin duda, las más difundidas de todas, gracias en parte a su edición en los libros de Austral, aquellos que en cuanto tenían un poco de grosor se les iban soltando las hojas, pero que nos han proporcionado tan buenos ratos y la posibilidad de acceder a tantos autores, Shakespeare uno de ellos. El estilo de estas traducciones, realizadas uniformemente en prosa, ha sido siempre objeto de diatriba y calificado de ampuloso y no muy fiel al original. Hay que reconocer, sea como sea, sin embargo, el mérito de Astrana Marín en cuanto a la difusión del teatro shakesperiano.

*La  ilustración no es de Jaume Plensa, sino la "Ofelia" de Millais.




Entre los modernos traductores se encuentran Jacinto Benavente, que se atrevió con “El rey Lear”, Menéndez Pelayo, Alberto Manent, Salvador Oliva que tradujo “Ricardo III”, siendo ésta la primera vez que se publica esta versión de la obra, José Arnaldo Márquez, Luis Cernuda que tradujo “Troilo y Crésida” en verso, Molina Foix, que ha traducido, entre otras, “”Hamlet” y “El mercader de Venecia”- ésta última es la que se incorpora al volumen , Miguel Cané, Rafael Ballester, la azteca Enriqueta González Padilla, Javier García Montes, Jenaro Talens y el propio Pujante, que ha incluido su traducción de “La tempestad”, por la que recibió el Premio Nacional en 1988.

Lo dicho es más que suficiente para hacer de este “Teatro Completo” de Shakespeare un libro de referencia. Resta, no obstante, señalar un mérito añadido, más que notable: las ilustraciones de Jaume Plensa, una de las cuales he traído hasta aquí. Plensa ha realizado un total de 52 obras originales, que aúnan pintura y fotografía. El día de la presentación del libro Plensa explicó que sus ilustraciones no son al uso, porque no ha buscado poner rostro a los personajes de Shakespeare, sino más bien buscar el rostro del alma. Plensa, que ha tenido que abandonar en esta ocasión su habitual formato volumétrico –trabaja sobre todo la escultura- por la expresión en dos dimensiones, lleva toda la vida dialogando con el dramaturgo inglés, según él mismo ha contado, y el resultado para esta obra ha sido una sucesión de rostros inspirados en los libros naturalistas y de viajes del siglo XIX. Entre las caras hay indios norteamericanos, negros, asiáticos e indígenas de Latinoamérica. Estos rostros aparecen como suspendidos fuera del tiempo, fuera del espacio, y bañados en tinta porque, según el artista, tinta es lo que derrochó Shakespeare para crear sus almas. Sobre cada rostro de Plensa cruza un vocablo inglés: country, innocence, humiliation, etc; son palabras escogidas al azar, aunque seguro que Shakespeare las utilizó en algún momento. Plensa realiza una relectura personal y contemporánea del dramaturgo inglés, a cuyo teatro proporciona nuevos hábitats.

Jaume Plensa, que en estos momentos trabaja en un proyecto para la Expo 2008, es uno de nuestros artistas más internacionales. Testimonio de ello son los proyectos internacionales en los que ha participado, como la Crown Fountain de Chicago, la escultura de luz del nuevo edificio de la BBC en Londres o el Clock’s Secret Heart, en la sede del canal NDR de la televisión alemana (Hamburgo). Los originales realizados para esta edición puede verse todavía hasta el 24 de junio en una exposición organizada en el Centro Cultural de la Fundación Círculo de Lectores en Barcelona.
 

EL REAL ZARAGOZA VUELVE A EUROPA: HALA MAÑOS, HALA

EL REAL ZARAGOZA VUELVE A EUROPA:  HALA MAÑOS, HALA

Ha costado, pero al fin el Real Zaragoza ha logrado lo que tanto había soñado: un puesto en la UEFA, el retorno a Europa. Ganó la Liga un equipo, el Real Madrid, que siempre anduvo por ahí, muy cerca del Real Zaragoza, que encadenó una racha más bien aciaga tras la derrota en Tarragona, un campo que le habría impulsado directamente hacia la Champions de haber vencido.

Con altibajos, con un tramo final un tanto decepcionante, el equipo de Víctor Fernández ha hecho una campaña muy meritoria, y ha quedado sexto en la Liga, y jugará la campaña que viene en Europa. Enhorabuena a todos: a los jugadores, a Víctor Fernández, a los demás técnicos, al presidente Eduardo Bandrés y al socio mayoritario Agapito Iglesias... Enhorabuena a la afición, que es el corazón del club. Enhorabuena a Diego Milito (en la foto), que ha realizado una campaña formidable y ha marcado muchos, muchos goles decisivos.
 

El Real Zaragoza celebrará en el Palacio de Sástago, entre otros lugares, el 75 aniversario de su fundación y además asumirá una proyección europea. Lástima que se marche Gabriel Milito. Habría sido el  auténtico mariscal  de la retaguardia.

DOS MUJERES Y DOS HERMANOS

DOS MUJERES Y DOS HERMANOS


En un Festival de Cine de Huesca ocurren muchas cosas. Por ejemplo, en una de sus sedes, en el centenario Casino, tan pletórico de atmósferas y de reflejos, descubres la pasión de algunos ancianos por un partido entre Nadal y Djorovic. Era la hora de la siesta del viernes y alguno quizá sestease, pero había muchos que seguían los pelotazos entre el “Gerónimo” mallorquín,  musculado y radiante, y el modelo serbio de camiseta amarilla. En ese recinto, como una aparición, irrumpió una cineasta joven como la mexicana Elisa Miller, que acababa de ganar en el Festival de Cannes la palma de oro al mejor cortometraje con “Ver llover”. Es su primera historia: un relato de amor y tensión entre dos jóvenes de procedencia muy distinta. Él vive con su madre en un hotel y mira a través de la cerradura cómo las parejas hacen el amor o se encuentran para las abluciones gozosas de la siesta. Ella procede de una familia  conflictiva y sueña con ponerse el mundo por montera e irse.

Elisa Miller es nieta de españoles, alguien nos dijo que tenía incluso parientes en Aragón (una tía), y de austriacos que huyeron a México de los nazis. Cuando triunfó en Cannes, recibió la llamada de Alfonso Cuarón, Alejandro González Iñárritu y una felicitación de Guillermo del Toro. Adora a los tres, y siente un gran interés por una película como “Las Hurdes. Tierra sin pan”  de Buñuel. Dice que le encanta el cine realista, Jim Jarmusch, Gus Van Sant o Chantal Ackerman, y que le encantaría hacer películas “pequeñas, intensas de emoción y de sentimiento. Me interesa mucho la adolescencia porque es un momento crucial en el que libran batallas, se toman muchas decisiones y vivimos llenos de contradicciones y pasiones”. Ella también levantó pasiones en Cannes el día que decidió lucir en minifalda, y las levanta a diario, cuando pasa, con esa belleza trigueña, con esa voluptuosa mirada de mar e inteligencia. Pese a todo, “Ver llover” no conquistó Huesca.        

No muy cerca del Casino, en las salas de la Diputación, se encuentran dos exposiciones de Carlos Saura. Abajo, hay todo un montaje de pantallas con secuencias de películas del realizador nacido en Huesca en 1932. El montaje es espectacular y exige tiempo y el propio capricho del visitante. Y al lado, en la sala del gran mural “Elegía”, está la muestra “Moi et moi”, una doble (casi triple) propuesta: “Moi” fue un trabajo fotográfico que realizó Carlos Saura en 1973 sobre el rostro de su hermano Antonio. Éste deformaba sus facciones de “manera tan agresiva como irónica” y Carlos, que es un espléndido retratista, jugaba con angulares y planos muy cortos para captar los gestos, las texturas, los ojos, la piel de saurio, el horror entrevisto. En el  fondo, Antonio intuyó que en esas tomas anidaba su obsesión por el monstruo. “Mi hermano Antonio, como la mayor parte de los artistas, era un depredador que sacaba partido de todo cuando llegaba a sus manos”, dice Carlos. Hacia 1976, el pintor hizo una serie de serigrafías de las fotos. Chus Tudelilla y Paco Algaba han reunido esos dos proyectos al abrigo del mural “Elegía”, el informalismo hecho color y alegría, y han convertido ese espacio en una referencia básica del Festival.

Ahí, emocionada, suave y casi en éxtasis, explicó Laura Sipán su corto “El talento de las moscas”, de exquisita factura. Su película, que congregó a media Huesca en las salas de la Diputación, está basada en el cuento homónimo de su primo Óscar Sipán, que prepara ambiciosas sorpresas para la Expo. Y ahí, arañado por esos ojos desmesurados, Juan Millares recordó que su tío Manuel Millares y Antonio Saura, fundadores de “El Paso”, fueron rivales, y sin embargo amigos, y de esa rivalidad salió beneficiado el arte español. De la complicidad de los dos hermanos Saura, como escribe Carlos, ha salido “un hijo con dos cabezas, un bicéfalo aragonés nacido en la calle Padre Huesca, n.º 2, en la ciudad de Huesca, Aragón”. 

*Una de las fotos pintadas de Carlos Saura.

R. B. KITAJ Y SU CASA DE ZARAGOZA

R. B. KITAJ Y SU CASA DE ZARAGOZA

Hace unas semanas, en su excelente blog, Jesús Cuartero publicaba esta noticia sobre la posibilidad de que el artista R. B. Kitaj hubiese tenido una casa en Zaragoza. Incluso el New York Times daba cuenta de ello. Copio aquí su texto.   

[La semana pasada vi un cuadro de Kitaj, pensaba que era de Lucien Freud. Ahondando un poco en la figura del pintor de Cleveland se aprecia la influencia de Lucien Freud en los trazos y en la profundidad psicológica de los personajes desvalidos que pinta. Contemplar un cuadro figurativo de Freud o de Kitaj es ver a un perdedor apoyado en la barra sucia de un bar que cierra pasada la medianoche, aunque su último cliente haya entrado a las ocho. Esos seres aislados que viven la tristeza en primera persona convierten sus retratos en imágenes universales. Sus protagonistas podrían ser un carnicero del barrio de San José o un profesor maduro de Literatura en Dusserdolf a punto de jubilarse.


R.B. Kitaj nació en Cleveland en 1932. Se embarcó como marino mercante y los mares de América del Sur y el Caribe, viviendo en primera persona los trayectos idealizados de los piratas del siglo XVII. Abandonó su singladura aventurera y se dedicó al arte. Se estableció como pintor en Gran Bretaña. Entabló amistad con Bacon y Hockney. Sentía atracción por el arte y la cultura españoles. Se convirtió en uno más de los hispanistas anglosajones, quizá fuese eso lo que le hizo tener una casa en Zaragoza.
 

Buscando en los archivos del New York Times en internet encontré la reseña de un libro que se recomendaba regalar en las navidades de 1987 sobre Kitaj. En las breves líneas que explican el contenido del libro se menciona que Kitaj tenía una casa en Zaragoza, no especifica si en la ciudad o en la provincia ¿Dónde estaría?] 

Tras publicar el texto, Richard le deja un comentario en el que le dice que R. B. Kitaj no ha tenido nunca una casa en Zaragoza, aunque sí la tuvo, durante 20 años, en San Feliu de Guíxols (Girona), en la Costa Brava. Pero, aún así, no es difícil imaginárselo en Zaragoza, al menos de paso. Aquí estuvieron Virginia Woolf y Somerset Maugham y Albert Einstein. Hace años, cuando hacía una sección  dominical  de cuatro páginas, “Memorias de Otoño”, alguien intentó hacerme creer que Fritz Lang había asistido al estreno de “Metrópolis” en Zaragoza. La foto de R. B.Kitaj es de Paul O'Connor.

MARA TORRES, POR ALOMA SIMPÉ*

MARA TORRES, POR ALOMA SIMPÉ*

           

         [Ayer, en la Librería Los  Portadores de Sueños, se  presentó el  libro "Sin ti. Cuatro miradas desde la ausencia" (Aguilar) de Mara Torres. Luis Alegre hizo una breve presentación de su trayectoria, recordó sus seis años en "Hablar por hablar" y ahora su trabajo como presentadora en el telediario de La 2, a las 20.30. La joven actriz y futura escritora Aloma Rodríguez Gascón, Aloma Simpé, leyó este texto que cuelgo aquí. Mara Torres tiene muchos fans y una página no oficial que cuida con cariño Gloria Carrillo Marín. La foto es de Jerónimo Álvarez.]

Buenas tardes. Me hace mucha ilusión estar aquí esta tarde porque es mi primera vez y no podría tener un padrino mejor: Luis Alegre. También porque presentar a Mara Torres es un privilegio. Aunque estoy un poco abrumada.         
Sin ti cuenta cuatro historias de cuatro personas que han perdido a alguien cercano: la muerte de la escritora Dulce Chacón, la del historiador Javier Tusell, la de Mayte Gutiérrez, profesora de piano de Alejandro Pelayo, y la de Antonio Buero Vallejo. Cuando Luis me adelantó el tema del libro yo ya había aceptado y me entró un poco de vértigo porque presentar un libro que habla de la muerte, a priori, da un poco de mal rollo.
        

Sin embargo, Sin ti no habla exactamente de la muerte, sino de cómo se asume la muerte y de cómo la vida acaba imponiéndose y, en realidad, la muerte es el pretexto para captar momentos de vida. Sin ti es un libro de relaciones entre hermanas gemelas, entre un padre y una hija, entre un niño y su profesora de piano, y entre maridos y mujeres.
        

El primer relato nos habla de dos hermanas gemelas, una escritora y otra, profesora de universidad; nos habla de unas vacaciones en la playa, de comidas, de desayunos, de fiestas y de novelas. La voz de Inma Chacón irrumpe en el relato para contarnos cómo cuando se mira al espejo busca a su hermana Dulce, pero no está: "Y vuelvo al espejo. Y la busco. Y no está. La busco en la mirada de los que dicen que se parece a mí, y no está. La busco con la hondura de sus ojos transparentes, esos que dicen que son también los míos, y no está. Busco el gesto de su boca, la sonrisa que era nuestra, la geometría de lunares que habitaba su frente, y no está. No está en mí ni en ningún otro lugar, pero entonces ¿quién es esa otra mujer que me mira? ¿Quién tiñe la imagen del cristal? ¿Quién está ocupando el lugar de las dos?". El pasado y el presente se van intercalando, como las dos voces: la de la hermana y la del narrador.
Dulce Chacón dejó una novela a medio hacer a su muerte que su hermana terminó. En el último capítulo, Inma se autoenvía el mensaje que ha escrito para comunicar la muerte de su hermana Dulce como si no se lo terminara de creer.          

Mara Torres eligió a la hija de Javier Tusell como voz que relata la muerte de su padre y la enfermedad en el segundo relato. Veva, la hija, se despierta con el ruido del teclado del ordenador y luego oye los pasos de su padre en el piso de arriba. Hay un partido de tenis, una milagrosa recuperación y una recaída, una niña disfrazada de Minnie Mouse que baila escuchando a Beny Moré, la boda de Veva y viajes de Madrid a Barcelona en los que suena la música de Neil Young.
        
Este relato es una declaración de amor de una hija a su padre y de todos los hijos a todos los padres. Y es también un elogio de la vida: "Javier hijo y Veva también han organizado su vida en torno a las dos ciudades y nadie piensa ya en antes. ¿Antes de qué? ¿Antes del primer ingreso? ¿Antes de la etapa de sedación? ¿De la vuelta a casa? ¿De la leucemia? ¿Del trasplante? ¿Antes de qué? La vida hace mucho tiempo que no es la de antes. La vida es ahora".
        
"La profesora de piano" es el relato del nacimiento de un gran amor hacia la música que lleva a su protagonista a convertirlo en un intérprete precoz. Empieza en el primer concierto de Marlango en Santander, la ciudad natal de Alejandro Pelayo, y desde allí nos lleva a la primera clase de piano que tomó el niño Ale. Vamos descubriendo la relación que se va creando entre la profesora y el niño gracias a la música: Mayte le enseña a pintar música y a interpretarla de verdad cuando Ale apenas es un niño. Lo apuntan al conservatorio y ya es un niño prodigio; y el día que le tienen que traer el piano, hay un golpe de estado: "Salió otra vez al descansillo. El Cherry se balanceaba suavemente por el hueco de la  escalera colgado de las cuerdas que habían dejado atadas a la barandilla." De pronto un día, no hay clase de piano y luego se entera de que su profesora ha muerto. "Cuando mi madre dijo ‘Mayte ha muerto’, en ese preciso momento dejé de ser un niño y mi vida, desde entonces, no fue más que un profundo cabreo con el mundo por lo que había pasado." Y ese enfado de niño que no sabe le durará hasta que una noche de lluvia en Dublín ve un cartel que anuncia un concierto de Debussy: el compositor que la profesora no le había dejado tocar porque era demasiado niño para la angustia, pero que acabó enseñándoselo ante la insistencia de Ale.
        

El relato que cierra el libro es un monólogo de la actriz Victoria Rodríguez, compañera de Buero Vallejo durante casi cuarenta años. En realidad, la narradora está allí, escondida tras las acotaciones, escuchando mientras toman café con pastas. Apenas interrumpe a la actriz, una vez para pedirle un cigarro. Victoria Rodríguez recuerda cómo se conocieron en el Café Gijón, cómo iban a tomar algo allí después de los ensayos y cómo ella pensaba que no le gustaría a Buero: "(...) me acuerdo que en el reparto había una chica salvadoreña preciosa, ¡tan preciosa como que había sido Miss San Salvador! (...) Pero, ¡claro!, era tan guapa que yo pensaba que si a Buero le tenía que gustar alguien le gustaría ella ¡que había sido Miss! Y nada, pues lo dejé pasar." Recuerda cómo empezó el noviazgo y cómo se le declaró Buero. También cómo murió su hijo Quique a los veinticuatro años en un accidente de coche. Y lo diferente que es el dolor de perder un hijo a perder al compañero de la vida: "Sentía rabia y una especie de desgarro por dentro... Y con Antonio tengo paz, tengo tranquilidad. Es una serenidad indescriptible".
        

Antes del entierro, hubo un gran homenaje en el Teatro María Guerrero a Buero Vallejo, donde Victoria representaba La visita de la vieja dama. Querían suspender la función, pero Victoria se empeñó en hacerla: "Y entonces ya no me acuerdo de nada de lo que hice desde que salimos del cementerio hasta que entré por la puerta del teatro. Entonces, me maquillé, me vestí y salí al escenario. Y llegué hasta el final".
         Sin ti es un libro de historias reales, de no ficción, pero es literatura. Porque estos cuatro relatos contienen momentos de felicidad, de angustia, de emoción, es decir, de vida. Y en eso consiste la literatura. Es un libro sencillo, sincero y nada pretencioso escrito con delicadeza y cariño, y con el saber hacer de una buena narradora. El relato de las muertes acaba por ser un homenaje a los que se quedan porque la vida sigue, a pesar de todo. Mara Torres consigue que su acercamiento a la muerte sea un canto a la vida, un homenaje a las cosas pequeñas y a la vida cotidiana. Porque, como dice Veva Tusell, "la vida es ahora".

CARMEN RUIZ. UN POEMA*

CARMEN RUIZ. UN POEMA*

Las tendí de una cuerda en el patio.
Vacié de letras todos mis huecos,
chupé el polvo de la única palabra que ya no uso,
y me atraganté.
Después de perseguirte a distancia,
de aprender todos los gestos,
de peinarme frente a tu espejo.
De resbalarme cabeza abajo hasta tu sexo.
Apreté las piernas hasta hacerte daño.
Pasa el tiempo y las pelusas anidan en las tripas.
Han hecho un útero donde antes había estómago,
y en lugar de comer,
doy a luz todos los días una manzana de tristeza.
Si las nanas hacen llorar, ¿qué se les canta a los que nacen difuntos?
Te haré una canción que sepa a leche y así saldaré la deuda de no ser tu madre.
El suelo cada vez está más sucio y no me queda tinta para remediarlo.
En mi tendedor las manzanas se pudren antes de suicidarse
llevadas por la inexcusable tentación de la inercia.

*La foto es de Sally Mann.  

EL BESTIARIO DE FERRER LERÍN, POR JULIO JOSÉ ORDOVÁS*

EL BESTIARIO DE FERRER LERÍN, POR JULIO JOSÉ  ORDOVÁS*

Cuando Francisco Ferrer Lerín trabajaba para Carlos Barral en Barral Editores, a comienzos de los setenta, le planteó a su jefe la posibilidad de transformar y editar la que iba a ser su tesis doctoral, “Ornitónomos del Diccionario de Autoridades”, tesis que no llegó a materializarse por distintos motivos, entre ellos la muerte por arma blanca del encargado de dirigirla. Pero Barral no lo veía del todo claro y el tiempo pasó y la editorial se fue a pique. Así que su proyecto de tesis y su proyecto de libro se quedó durmiendo el sueño de los justos en un cajón hasta que Ferrer Lerín no pudo continuar haciendo oídos sordos a los graznidos desesperados del manuscrito, que le imploraba que lo devolviera a la vida,  y decidió retomarlo y darle una nueva y más arriesgada y ambiciosa orientación.   

El “Bestiario” de Ferrer Lerín, escritor de guante blanco, es el libro de un filólogo y de un naturalista, un libro fantástico y erudito, muy antiguo y muy moderno, muy borgiano y muy cortazariano (aunque al autor, bibliófilo militante, la sola mención de Cortázar le produzca urticaria, habida cuenta del ultrajante maltrato que el argentino-parisino solía dispensar a sus libros). Más que un libro de libros, o de diccionarios si hemos de ser exactos, el “Bestiario”de Ferrer Lerín es una biblioteca portátil, una Biblioteca del Espanto o de la Razón Engendradora de Monstruos o de la Ciencia Fantástica o de la Fantasía Pseudocientífica. Extrayendo y combinando entradas de muchos y muy diversos diccionarios (como el “Diccionario de Autoridades”, el de Covarrubias, el “Ideológico” de Julio Casares y el “Diccionario Infernal” de Collin de Plancy) y manuales (como la “Historia Natural, General y Particular” del Conde de Buffon o “La Edad Media fantástica” de Jurgis Baltrusaitis) y papeles raros y curiosos (como las “Inmensas maravillas contadas por un ciego nocturno”), Ferrer Lerín ha compuesto un animalario abracadabrante y desopilante, una antología mucho menos científica que literaria, quizá porque durante siglos la ciencia no fue sino una rama de la literatura. 
  

Francisco Ferrer Lerín ha dividido su diccionario de diccionarios en trece categorías taxonómicas, a saber: Insectos, Anfibios y reptiles, Serpientes, Peces y conchas, Dragones y mixtos, Aves, Aves extintas, Mamíferos medianos y pequeños, Fieras, Perros, Cuadrúpedos, Solípedos y Monstruos. Y cada categoría la ha porticado con una introducción seriamente divertida o divertidamente seria, combinando la ciencia más o menos infusa con la filología y al revés.
  

Al mismo tiempo que reivindica la valía literaria de los lexicógrafos (la potencia verbal de  Sebastián de Cavarrubias es anonadante: el español brilla en cada una de sus líneas en todo su esplendor), desterrados por sistema de los manuales de literatura, Ferrer Lerín reivindica también su capacidad imaginativa o abiertamente disparatadora, que desde luego no tenía límites. Como tampoco tenía límites su misoginia, de la que Ferrer Lerín se aprovecha para arrancarnos unas cuantas carcajadas políticamente muy incorrectas. Un ejemplo: en la categoría de Monstruos, Lerín incluye sibilinamente la entrada relativa a Mujeres, en la que se lee: “El prelado Macon sostenía que las mujeres no podían ni debían ser calificadas de criaturas humanas. (...) Después de los descubrimientos de Cristóbal Colón algunos casuistas probaron que las mujeres del Perú y de otras regiones de la América, eran una especie de animales, seductoras en verdad, pero sin alma y sin razón. (...) Ariosto y otros autores dicen que la presencia de una mujer en ciertos días corrompe la leche, agría la nata, empaña los cristales, seca los campos por donde pisa, engendra culebras y produce la rabia en los perros”.
  

De la mezcla de leyendas mitológicas y locales, de cristianas y profanas supercherías y de la más dislocada imaginación se nutre este “Bestiario” en el que los animales reales son presentados poco menos que como si fueran  ficticios y los seres imaginarios son tratados como si fueran reales, revestidos de una fabulosa erudición apócrifa. Pero hemos de ser conscientes de que la  fantasía de sus páginas, como bien explica Ferrer Lerín, “nace de nuestra moderna interpretación de esa realidad, del escándalo que producen ciertas aseveraciones en el campo de las ciencias naturales y del sistema de signos en que están formuladas”. Y es que lo que nuestros antepasados tenían por ciencias naturales, para nosotros son ciencias ocultas. O sea, genuina literatura.
 

[El escritor y crítico literario Julio José Ordovás publicaba hace unos días este texto sobre “Bestiario” de Francisco Ferrer Lerín. El libro, bellamente editado por Galaxia Gutenberg y el Círculo de Lectores se presenta este lunes en la FNAC, con la presencia de la Directora General de Cultura Pilar Navarrete y el editor Galaxia Gutenberg Joan Riambau.]                                                                                                            

EDUARDO DUCAY. UNA ENTREVISTA (VIDA, OBRA Y ACCIÓN)

ENTREVISTA A EDUARDO DUCAY (ZARAGOZA, 1926).
EL HOMBRE INTEGRAL DEL CINE

         -¿Cómo se le contagió la pasión por el cine?         
-La pasión por el cine se me despertó porque realmente el panorama en Zaragoza era desolador. En los años cuarenta esto era la oscuridad total. Entonces tenía algunos amigos que también compartían mi pasión por el cine, mi afición al cine. Por ejemplo, José Francisco Aranda, un aragonés muy olvidado pero muy importante. Siempre íbamos juntos al cine y nos dedicábamos a criticar, a analizar y a esperar las películas. Y ya no paré.

         -Fundó el Cineclub Zaragoza en el año 45 con Orencio Ortega, “Mefisto”, y con Antonio Serrano Montalvo.        
-Bueno, había una delegación de Educación Popular que estaba en la calle Isaac Peral, 3, donde nos reuníamos, a veces, los que habíamos terminado Bachillerato las tardes los domingos para hablar de literatura. Por cierto, solía venir el  profesor y filósofo Eugenio Frutos a dirigir un poco el coloquio. Allí Serrano Montalvo nos acogía. Es un hombre del que tengo un gran recuerdo. Y me invitó a publicar algún artículo en una revista que tenían, “Proa”. Publiqué artículos y de allí poco a poco fue naciendo la idea del cineclub. Como él quería poner al frente una persona con prestigio, derechista, un crítico conocido, pensó en Orencio Ortega. Nos presentó él, y quedamos de acuerdo en que él sería el presidente y yo el secretario. El cine club lo cogió el Departamento de Cultura del Ministerio de Educación Popular, pero Serrano tuvo el buen gusto de no poner en los programas del cineclub el yugo y las flechas, sino simplemente una Minerva, porque si hubiera puesto el yugo y las flechas habría habido una desbandada. Y así empezamos.

         -¿Qué películas ponían? ¿Cuánto tiempo duró el proyecto?        
-El cine club duró muchos años, porque cuando me fui a Madrid lo dejé, pero Manolo Rotellar continuó con él. Poníamos las películas que podíamos encontrar, pero en aquellos años todavía se encontraban películas raras, difíciles y de difusión olvidada. Había cine mudo, que ahora ya no se encuentra más que en las Filmotecas. Recuerdo que en la calle Prudencio había una distribuidora de películas mudas que se llamaba Daroca. El tal Daroca era un señor que estaba siempre dentro de su tienda, muy grande, y al entrar había un olor raro: era el olor del nitrato. Aquello podía haber explotado… Y además, Daroca estaba siempre fumando. Y tenía un catálogo con unas películas rarísimas pero importantes.
     
   

-A principios de los 50 o incluso antes, usted se fue a Madrid. Usted había escrito sobre todo crítica de cine, pero allí va a hacer muchas más cosas: redactará guiones, traducirá manuales, realizará…
        
-Sí. Cuando yo me fui a Madrid, Pepe Alcrudo, el librero que tenía Pórtico, me recomendó que fuera al Varela a ver a Antonio Mingote y a Carlos Clarimón, que eran amigos suyos, y de Zaragoza. Eran poetas y yo tenía allí poco que hacer. También me recomendó a la revista “Ínsula”, y en “Ínsula” me acogieron muy bien y empecé a publicar artículos. Hice crítica en Radio Nacional, y en otros sitios.
        

-En “Ínsula” publicó un artículo muy bonito y a página completa sobre Zavattini, el gran guionista del Neorrealismo Italiano.         
-Lo fue. A mí las películas de Zavattini me gustaban cuando estaban dirigidas por Vittorio De Sica, sobre todo. “Umberto D” me parece una película de ensueño, y “Ladrón de bicicletas” no digamos. Conocí a Zavattini cuando vino a España para escribir unos argumentos para UNINCI, que eran cinco historias de España. Me lo presentó Ricardo Muñoz Suay, y estuve con él varias veces. 
        

-Usted también hizo guiones. Uno de sus primeros guiones fue para Carlos Saura.        
-He hecho pocos guiones. El de Carlos Saura lo escribí para su primera práctica de realización en la Escuela de Cine, porque estaba un poco despistado y quería hacer, no sé qué, una cosa tipo Hitchcock. Entonces yo le sugerí escribir esa historia, y se la escribí. He hecho cortos. Pero comprendí enseguida que en el cine, no sé si me equivoqué, trabajar como técnico era difícil y duro, porque la primera película en la que intervine como ayudante de dirección fue “Novio a la vista” de Berlanga, y fue un caos espantoso. Entonces, pensé que era mejor tratar de ser productor.
        

-Bueno, y produjo, no sé si en el 57 o 58, “Los chicos”, de Marco Ferreri.         
-Fundé una productora con dos compañeros del instituto, que eran Joaquín Gurruchaga y Leonardo Martín. Leonardo Martín tenía un guión estupendo que era “Los chicos”, y después de darle muchas vueltas decidimos rodarlo. Ferreri venía por la productora todos los días a charlar, y de paso a merodear. Y al final se decidió que dirigiera la película él. Ferreri estropeó el guión. Él tendía a hacer una película un poco con sus cosas de humor negro, que en el guión de “Los chicos” no estaba por ningún lado: era una película prácticamente neorrealista. Me tocó a mí discutir y pelear con Ferreri, porque Leonardo Martín me decía: “Habla tú con él, habla tú con él”.
         

-Demos un salto en el tiempo. ¿Cómo llegó a producir “Tristana”, y sobre todo, cómo fue su encuentro con Buñuel?
        
-A Buñuel nos lo presentó una agente de actores, Alicia Palacios, que lo había conocido en México. Un día vino por la productora y nos dijo: “Buñuel está en Madrid, ¿queréis hablar con él?”. Y fuimos a verlo. Estuvo muy amable, descorchó una botella de whisky, y hablamos de la posibilidad de hacer una película. Lo de “Viridiana” ya estaba un poco olvidado. Y nos habían dicho del Ministerio que sería un honor para el cine español que Buñuel volviera a trabajar en España. Era la época de Fraga y García Escudero. Entonces se fue a México y propuso varios temas y finalmente propuso “Tristana”. Leímos la novela y dijimos: “De acuerdo”. Escribió el guión con Julio Alejandro. Se presentó en Madrid, no sé si vino en julio para rodar en octubre. Y la prohibieron. Estuvimos siete años con el guión olvidado. Y al cabo de siete años se volvió a reanudar la relación y entonces se autorizó.
         

-Entonces el proyecto es del año 63.
        
-Sí. Y se rodó en el 69. Se estrenó en el 70.
         

-¿Conoció mucho a Julio Alejandro?
        
-Sí. Lo conocí en su casa de Cuernavaca. Lo traté bastante. Era una persona tremendamente entrañable, muy simpático, muy desinteresado, que ganaba mucho dinero en México escribiendo novelas para la televisión –los famosos culebrones, que es una expresión mexicana. Él dictaba culebrones directamente a una secretaria. No tenía tiempo ni de escribir, pero verdaderamente era un hombre prolífico y muy inteligente. Colaboró con Buñuel en varios guiones, entre otros “Abismos de pasión”, “Nazarín” o “Viridiana”.
         

-Siempre que se habla de relación entre Catherine Deneuve  y Buñuel se habla de tensiones. ¿Notó algo especial?
        
-La relación había sido muy mala durante el rodaje de “Belle de jour”, porque había un momento en el que ella tenía que presentarse desnuda de cuerpo entero, yendo hacia un ataúd donde estaba Michel Piccoli. Ella se negó y Buñuel dijo: “Pues la pondré de espaldas porque el culo es más erótico”. Tuvieron muy malas relaciones. Pero luego, cuando se dio cuenta de lo que había hecho con Buñuel, y recibió la oferta de “Tristana”, aceptó encantada. Buñuel puso condiciones: dijo que no quería ni maquillaje especial ni vestuario especial ni nada especial para ella. Tenía que ser atendida por el equipo español.
        

-¿En qué consiste el trabajo de productor?        
-Bueno, yo pienso que producir es una actividad creativa. De ninguna manera me parece una cosa simplemente de firmar cheques. Hay que tener la iniciativa, hay que tener una visión del proyecto, hay que coordinar los elementos del equipo, los actores, todo en general.
        

-En realidad, usted es uno de los hombres totales del cine en España.         
-Pero soy un hombre multiusos.
         

-Produjo “Padre nuestro”, de Paco Regueiro, una de las películas más singulares del cine español.
        
-La película fue muy bien, pero también hubo dificultades con el guión. Regueiro me ofreció el guión y me deslumbró. Me deslumbró la primera parte. Ese arranque donde el cardenal habla con el Papa me pareció simplemente genial. Pero luego el guión derivaba hacia cosas… En fin, estaba mal terminado. Y estuvimos un año trabajando en el guión. Luego, creo que la película salió muy bien.
         

-Y otra película que alentó es “El bosque animado”, con guión de Azcona, dirección de José Luis Cuerda e inspirada en la novela de Fernández Flórez. 
        
-Yo me acordaba de “El bosque animado”, que se había publicado en Librería General de Zaragoza, y recordaba el escaparate lleno de ejemplares de “El bosque animado”. No la había leído, y una tarde, pensando en algún proyecto posible, me acordé de “El bosque animado”, la busqué. Me pareció que podía ser un conjunto de historias. Entonces, hablé con Azcona, porque me parece el mejor guionista que ha habido en España, y uno de los mejores del mundo, y Azcona hizo una especie de tela de araña. La película, verdaderamente, quedó muy bien. La idea de llevar ese y de contratar a José Luis Cuerda fue mía.
         

-¿Cuáles son esas tres películas o cuatro que se llevaría a una isla desierta? Esas que le encantaría haberlas hecho, haberlas producido, o haberlas inspirado.

         -Me llevaría “El ángel exterminador” de Luis Buñuel, “Umberto D” de De Sica y “Johnny Guitar” de Nicolas Ray.

*Ayer viernes, en el Festival de Cine de Huesca, Eduardo Ducay (Zaragoza, 1926) recibía la Medalla al Mérito Cultural del Gobierno de Aragón. Con ese motivo, se ha publicado un libro "Eduardo Ducay. Cine, memoria y contexto" de Alonso Ibarrola. Esta entrevista que ahora traigo aquí apareció en mi sección dominical "Clásicos y modernos" en Heraldo de Aragón en noviembre de 2006. El cartel de "Tristana".