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Antón Castro

Artistas

'CARRASCA', ESTRENO EN HUESCA

'CARRASCA', ESTRENO EN HUESCA

Carrasca es una roadmovie personal y el testamento en vida de una veterana pintora, Teresa Ramón, que vuelve de la muerte para luchar por su arte en un mundo de hombres. 

Recientemente la película ha recibido la Mención Especialmente Recomendada para el Fomento de la Igualdad de Género por el Instituto de la Cinematografía y de las Artes audiovisuales de España (ICAA).
La proyección de Carrasca será hoy lunes 11 de junio a las 22h. en el Teatro Olimpia de Huesca. Ese mismo día  a las 11 de la mañana tendrá lugar la rueda de prensa en el al Diputación Provincial de Huesca. Entre las 11.30 y las 13 h. se llevarán a cabo entrevistas personalizadas junto con la protagonista, Teresa Ramón, y el director, Alejandro Cortés
Adjunto el cartel de la película diseñado por Iñaki Villuendas (Premio Feroz por el póster de Handia), fotogramas del largometraje, pressbook, biofilmografía y foto del director.

Link tráiler: https://vimeo.com/237102224
Catálogo de la nueva exposición de Teresa Ramón, un mural de 80 metros que se podrá visitar durante el festival en el museo de la capital altoaragonesa:
https://drive.google.com/file/d/1hENWz8xM5RsZm8VHBurbX-dpYWybVMgC/view?usp=sharing

JULIÁN GARCÍA HERNÁNDEZ EXPLICA SU BIOGRAFÍA DE ANTONIO SAURA

JULIÁN GARCÍA HERNÁNDEZ EXPLICA SU BIOGRAFÍA DE ANTONIO SAURA

El pasado 31 de mayo, Julián García Hernández, pintor y arquitecto, presentaba en Huesca un trabajo titánico: ’Antonio Saura. El muro de la vida’, una mirada global y minuciosa sobre la vida y la obra del pintor oscense que formó parte del grupo El Paso y que pintó grandes murales, entre ellos ’Elegía’, en la Diputación de Huesca.

¿Por qué una biografía de Antonio Saura (1930-1998)?

En 2006 se estaba celebrando una exposición sobre Antonio Saura en una galería de arte barcelonesa. Circunstancialmente pasé por delante, me llamó la atención y, disponiendo de un rato libre, me decidí a entrar. La impresión resultó fuerte. Se trataba de una muestra en la que podían verse piezas de diversas épocas y sobre diversos formatos. Recuerdo de memoria alguna ‘Crucifixión’, varios retratos, ‘Damas’ y un ‘Cocktail party’; en fin, lo que luego sabría que formaba parte de sus habituales trabajos sobre series temáticas. Al salir de la muestra, impresionado por una pintura que me resultó irracionalmente muy atractiva, y con tiempo todavía suficiente, fui a la Casa del Libro pensando en comprar una biografía sobre Antonio.

Sospecho que no la encontró...

La búsqueda en el ordenador de la tienda daba como resultado la aparición de catálogos y escritos (todo por supuesto, por encargo), pero nada parecido a unas memorias o una biografía. Estando seguro de que tarde o temprano la encontraría, dando por hecho que debía de existir, no quise darle mayor importancia pensando que la hallaría en alguna otra librería. Regresé una vez más a ver la exposición antes de su clausura habiendo leído algunas cosas ya. Cosas que empezaron a suscitar verdaderamente en mí la curiosidad por completar un relato que empezó a resultarme muy interesante. Las biografías someras de los catálogos reseñaban hitos vitales, como es natural, abriendo sin embargo entre ellos las cuestiones que hacían que no pudiesen ser hilvanados de una forma satisfactoria. Antonio pasaba de estar en cama varios años, gravemente enfermo de tuberculosis desde 1943 y casi hasta 1947, a fundar el grupo El Paso, exponer con éxito en la Bienal de Venecia de 1958 o en la Galería de Pierre Matisse de Nueva York en 1961.

“Antonio Saura no pasará nunca de moda”

Quiso saber, claro, ¿qué había sucedido por el camino?

Decía José Ortega y Gasset, a propósito de su biografía sobre Velázquez, que la terna que cualquier biografía no debiese dejar de diseccionar se correspondía con “vocación, circunstancia y azar”. Qué y cuánto de todo ello hay en una persona hasta el hecho de conformar su vida.

Vamos que ya estaba usted poseído por Antonio Saura...

En mi caso, las primeras dudas y curiosidades quedaron inscritas de manera más modesta en “qué y cómo”. Qué hizo de un niño enfermo uno de los pintores más importantes de la vanguardia española de la segunda mitad de siglo XX y, naturalmente, cómo lo hizo. Decidí, mientras me animaba a realizar búsquedas de sus catálogos y fragmentarias lecturas de lo que iba encontrando, a tomar notas en paralelo con la intención de poder ser yo, finalmente, lector de mi propio libro. Lejos estaba la intención de publicarlo ni de capitalizar su redacción en forma de tesis doctoral o estudio académico de cualquier naturaleza. Ser lector del libro que había querido leer, ni más ni menos. Sin prisa por construir un relato que no estaba esperando nadie, editorialmente hablando, fui hilvanando durante casi cinco años la biografía sobre Antonio. Me detuve cuando consideré oportuno para localizar y entrevistar a quien episódicamente pensaba que podía resultarme de interés, consiguiendo así añadir a la búsqueda bibliográfica y a la consulta de hemerotecas, los tres pilares sobre los que construir el relato.

“Antonio Saura no pasará nunca de moda”

¿Cómo fueron las pesquisas, la relación con sus amigos? ¿Le aleccionaron, le previnieron?

Escribiendo el libro tuve ocasión de conocer y tratar a gente extraordinaria: amigos de Antonio, familiares, compañeros de profesión y galeristas. Aproveché para viajar a Zaragoza, Madrid y Cuenca, consiguiendo disfrutar del viaje de la redacción del libro tanto o más que del premio de su lectura final. Los consejos de muchos de ellos hicieron que me decidiese, tras darles a leer el manuscrito final, a intentar publicar el resultado de mi trabajo.

Y ahí apareció el sello Memoria Artium, ¿no?

Es una editorial que aglutina las publicaciones de siete universidades públicas catalanas, y el interés que mostró por mi libro resultó una alegría no exenta de matices. Sus publicaciones incluían un índice onomástico que yo, por tratarse de un manuscrito sin pretensiones, no había realizado. Tuve que leer de nuevo al manuscrito varias veces para reseñar los casi mil quinientos nombres que en él aparecen. Junto a esta tarea, debí también preocuparme de realizar otra que tampoco hice en su momento: reseñar las citas conforme a una bibliografía final. Solucionado todo esto, el libro entró finalmente en fase de correcciones hasta conseguir lo que hoy en día ya puede encontrarse felizmente en las librerías, el libro que presentamos el pasado jueves en Huesca.

¿Qué le atrae del personaje, del artista?

Si bien es cierto que, en un primer momento, desconocía por completo al personaje que había detrás de los cuadros y que mi primer interés fue simplemente por su pintura, la curiosidad por saber más acerca de él, no tardó en aparecer. En muchas ocasiones nos encontramos con pintores que, bien sea por su estilo o bien por los temas que tratan, se nos presentan como artistas de tipo más “floral”.

"La de Antonio Saura es una pintura llena de aquello que el propio Saura definía como la ’belleza convulsa’".

Concrete…

La pintura de Antonio Saura, como la de Tàpies o Manolo Millares, traspasa a todas luces una frontera que va más allá del buen gusto o del divertimento pictórico. Es una pintura llena de aquello que el propio Saura definía como la “belleza convulsa”. Una pintura que, más allá de códigos estéticos asumidos y aceptados socialmente, atraviesa territorios que todavía hoy, para mucha gente, resultan espinosos y hasta desagradables. Me atrajo especialmente la energía de su pintura, la fuerza de los trazos (ahí está esa bestia llamada Brigitte Bardot que vive en Cuenca), ese trazo vivo que, de nuevo en la biografía sobre Velázquez definió Ortega y Gasset: “Ver bien un cuadro es verlo haciéndose, es un perpetuo estarse haciendo, dotarlo de reviviscencia actualizándonos la biografía del autor.” Su astucia, su cultura y su capacidad de ser, tal como él mismo decía, un buen observador de cuanto le rodeaba, hizo de Saura un pintor muy culto, capaz de metabolizar en beneficio de su pintura cualquier cosa que potencialmente pudiera resultar interesante.

¿Veía Antonio Saura lo que no vemos los demás?

Ja, ja, ja. Tal vez lo que más me atraiga de él es esa gran capacidad de “saber ver”, de mirar con intención, sin prisa, de analizar para finalmente incorporar a su trabajo lo que de lo visto le resultaba útil. Supo incorporar a su trazo enérgico y veloz, las composiciones más sencillas y minimalistas de las grandes obras maestras para establecer mediante la adición de los dos elementos, una nueva y extraordinaria relación. La composición del ‘Perro de Goya’ es muy sencilla como lo es el retrato de Felipe II, un sudario o la imagen de un crucificado.

A mí siempre me impactó su enfermedad y su voracidad para estudiar, para aprender, para quemar etapas en plena dolencia...

Su larga enfermedad en cama le dio la oportunidad de ser espectador de la vida antes que actor de ella misma. Cultivó durante aquello años una gran afición por la lectura que le ayudó a evadirse del obligado encierro de su habitación. Todo aquel poso acumulado con la cadencia que obliga estar en cama fuese tal vez el que luego desencadenaría una pintura veloz.

¿Cómo convivieron el escritor y el pintor?

Antonio siempre decía que el lienzo era un campo de batalla y en este aspecto, la escritura también lo fue para él en muchas ocasiones. Escribió desde muy joven, siempre en paralelo a su actividad como pintor, cosa que le valió una discusión con Eugenio D’Ors al enterarse de que éste había dicho: “Vaya, con que ahora resulta que Antonio también tiene pluma…”. A sus primeros escritos teóricos, el más famoso de ellos la “letanía pictórico-poética” que tituló ‘Programio’ a modo de proyecto de vida surrealista, firmado con veinte años, añadió, siempre que consideró oportuno, textos para defender lo que creyó justo en cada momento.

“Antonio Saura no pasará nunca de moda”

Ha dejado varios textos muy distintos, sobre todo muy brillantes los de pintura.

Escribió sobre pintura y sobre pintores, realizando semblanzas cuando fallecía un amigo o referente artístico, y preparando textos para exposiciones de compañeros. Escribió sobre reformas museísticas cuando creyó que debía hacerlo, exponiendo sus argumentos con la misma contundencia con la que pintaba. Escribió sobre patrimonio cuando, por ejemplo, vio con pena la decadencia del casco antiguo de Cuenca. No quiso pertenecer a la órbita de pintores del “pintar y callar” y siempre que lo consideró oportuno dejó por escrito sus puntos de vista sobre la actualidad artística del momento. Indignado profundamente por la instrumentalización política que se hizo ya en democracia a propósito del regreso a España del ’Guernica’, escribió su “Libelo” para defenderlo poéticamente. Sus textos, recopilados por su editor y amigo Hans Meinke, están por suerte hoy disponibles en cuatro volúmenes publicados por Círculo de Lectores-Galaxia Gutenberg.

Ahora está muy de moda la ilustración. Él ilustró a muchos clásicos: ‘La familia de Pascual Duarte’ de Cela, El Quijote, ‘Pinocho’ de Collodi, etc.

Junto a ellos, y también apoyado por su editor, Antonio no quiso dejar pasar la ocasión de dedicar una faceta importante de su trabajo a ilustrar algunos clásicos de la literatura, consiguiendo así hacer converger sus dos pasiones. De hecho, tal como dijo respondiendo al “cuestionario Proust” que le formuló el periodista Lluís Permanyer, de no haber sido pintor le hubiese gustado ser editor de libros o matador de toros.

“Antonio Saura no pasará nunca de moda”

¿Qué lugar ocupa hoy en el mundo del arte?

Saura ocupa hoy en el mundo del arte un lugar destacado, especialmente por cuanto tuvo de valor su periodo de pertenencia al grupo El Paso. Sin embargo, para bien o para mal, su pintura, como la de Manolo Millares, sigue resultando muy inaccesible para una gran parte del público que se enfrenta a ellas con la misma incertidumbre que hace 60 años. A pesar de que no se puede escribir un libro sobre las vanguardias artísticas españolas sin mencionar a Antonio Saura, tuve la desagradable decepción de conocer a un licenciado en Historia del Arte que no había oído hablar nunca de él “aunque sí de su hermano”. Saura no pasará nunca de moda porque su pintura está construida sin artificios. Decía José Bergamín en su ensayo sobre el toreo ‘Arte de Birlibirloque’: “La rapidez, la ligereza, no son prisa ni precipitación: son todo lo contrario: cálculo, meditada, preparada, decidida resolución de vuelo, de salto, de inteligencia”. Ahí vive la obra de Antonio Saura.

 

*Este texto aparece en Heraldo.es

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/06/03/antonio-saura-no-pasara-nunca-moda-1247337-1361024.html

*La foto de Julián García Hernández es de Rafael Gobantes, para Heraldo y Diario del AltoAragón.

 

XESÚS FRAGA: LA CORRESPONDENCIA DE LUIS BUÑUEL

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/cultura/2018/05/18/bunuel-puno-letra/0003_201805G18P37991.htm

Buñuel, de su puño y letra

La correspondencia del cineasta, coeditada por el investigador gallego Breixo Viejo, revela aspectos inéditos de su personalidad y su papel como interlocutor cultural

   
XESÚS FRAGA 
REDACCIÓN / LA VOZ 18/05/2018 05:00 H
 

En la década de los cuarenta del siglo pasado, Luis Buñuel(1900-1983) presentó su película Las Hurdes en la Universidad de Columbia, donde el FBI aprovechó para investigarlo. Décadas después, en este mismo centro neoyorquino lo han vuelto a investigar, pero con fines muy distintos. Breixo Viejo (Santiago, 1976), profesor de cine en Columbia, es el coeditor, junto a Jo Evans de Luis Buñuel. Correspondencia escogida(Cátedra), un volumen que este jueves salió a la venta y que recoge una amplia selección de cartas -casi un millar- del cineasta, tanto en número como en arco temporal: arranca cuando tiene nueve años y concluye con cinco fechadas el año de su muerte.

 

Recopiladas en archivos públicos y privados de varios países, la edición se nutre de un buen número de misivas inéditas, como también es inédito el retrato que emerge de las palabras del propio puño y letra del director. En un mundo como el cine, tan dado a mitificaciones, Buñuel es una de esas figuras que se rodean de un halo enigmático en el que se hace complicado distinguir lo verídico de lo fantasioso. Breixo Viejo cree que la edición de esta correspondencia contribuye a dar una imagen más veraz del cineasta: «Buñuel é tan coñecido que xa ninguén o coñece», neutralizado su carácter subversivo. El objetivo, por tanto, era «revitalizar o legado do cineasta desde unha perspectiva histórica, social, que desafíe o mito individualista que presenta o artista como xenio illado».

 

Temperamento combativo

La lectura del epistolario permite seguirle la pista a la evolución personal pero además profesional de una carrera que también es, en cierto sentido, la del cine en un buen tramo del siglo XX. La primera carta ya revela su «temperamento combativo». Fechada en 1909, emplaza a dos compañeros de colegio a una pelea: «Mañana, a las tres de la tarde, os espero a los dos solos en el callejón que hay en la facultad. Si no podéis ir al colegio, me la pagaréis los dos juntos». «Buñuel mozo é moito máis expresivo e apaixonado e, por tanto, espráiase máis na súa correspondencia», confirma Viejo. A medida que madura y también llegan los reconocimientos, las cartas se abrevian, «pero gañan en sintetismo e humor. O Buñuel maduro é máis conciso e abstracto, pero nunca resulta distante nin oficial».

 

Un simple vistazo al índice del volumen permite apreciar el privilegiado papel de Buñuel como interlocutor cultural. No solo compendia una historia del cine -Eisenstein, Selznick, Trumbo, Truffaut, Malle, Fellini, Saura, Rabal, Bardem...-, sino que incluye todas las artes: Aub, Cortázar, Octavio Paz, Breton, Carlos Fuentes, Man Ray o René Char, entre muchos otros, son nombres que se comunicaron con BuñuelCorrespondencia escogida incluye tanto misivas del cineasta como las que recibió, lo que contribuye a perfilar cómo era visto, la recepción y repercusión de sus obras, y la amplitud de sus contactos e intereses. No faltan, claro está, sus compañeros de juventud en la Residencia de Estudiantes -Lorca, Dalí, Bello- como también figura una notable presencia de corresponsales gallegos.

 

En 1928 le escribe desde París a Bello una carta que acaba con una «Historia indecente» en la que alude a una menstruación de Maruja Mallo. «É unha broma das que se gastaban na Residencia de Estudiantes. Sen mala intención, coido, pois semella que a relación entre Buñuel e Mallo foi de amizade. O que si indica, alén do chiste específico, é que -fronte á España monárquica e católica, claramente conservadora, da época- os residentes eran principalmente liberais e progresistas, sen temor a mencionar debates en relación á sexualidade feminina, o ateísmo, o movemento obreiro», aclara Viejo. Otras alusiones son más difíciles de descifrar. Como cuando en 1956 se refiere a Carlos Velo, con quien tuvo tantos puntos en común, como «ilegible», quizás una referencia a la película que coescribió con Juan Larrea, Ilegible, hijo de flauta, pero que no llegó a filmar.

 

Cantigas gallegas

Otros gallegos con presencia frecuente en el epistolario de Buñuel son el actor Fernando Rey, el médico José Luis Barros, que aparecía en sus películas -le llama «nuestro actor-cirujano»-, o José Rubia Barcia, con quien mantuvo una intensa correspondencia. En 1982 el escritor le envía sus Cantigas de bendizer, a las que Buñuel responde así: «Sus ‘cantigas’ me han parecido deliciosas, tiernas, originales. Las lei? en castellano y en gallego, en voz alta estas u?ltimas, para disfrutar de su dulce fone?tica, hazan?a atrevida por ser yo aragone?s. Buen ero?tico, pero muy fino, esta? usted hecho, entreverado con la nostalgia de su tierra». También ese año Buñuel le excusa a Rubia Barcia su asistencia a un homenaje que le rendirán en el Pazo de Mariñán por motivos de salud. Unos meses después le llega la muerte, no sin antes escribir un «testamento» para sus amigos: «Dry martini: ginebra, cotas de vermú, preferiblemente Noilly-Prat. Tal vez angostura. El hielo, muy duro, que no suelte agua. Buñueloni: carpano, ginebra y Cinzano dulce. Más ginebra que los otros componentes. Bebida de los surrealistas: cerveza, Picon y granadina».

 

AVA GARDNER Y LUIS MOMPEL

AVA GARDNER Y LUIS MOMPEL

Antón CASTRO

Ava Gardner (1922-1990) ha pasado a la historia como una actriz de fotogenia deslumbrante que se comía la cámara y que interpretó estupendas películas como ‘Forajidos’ (1946), ‘Mogambo’ (1953; el director John Ford perdió la cabeza por ella), ‘La condesa descalza’ (1954) o ‘Pandora y el holandés errante’ (1951), que rodó en España. Ava, que se hizo acreedora a la frase “el animal más bello del mundo”, llegó a Tossa de Mar en la primavera de 1950 y allí vivió un romance, un tanto publicitario, con el torero y poeta Mario Cabré. En sus memorias, Ava no fue demasiado generosa con él: “Mario era apuesto y viril, pero también presuntuoso. Escribió los poemas de amor más idiotas que se puedan imaginar”.

Ambos fueron carne de primera plana y las fotos hicieron morir de celos a su marido, el cantante y actor Frank Sinatra. Esa historia y otras –por ejemplo, la afición de la actriz a subirse a las mesas y orinar como si tal cosa- las cuenta Carlos Reyero en ‘Nunca volveré a ese maldito país’ (2015). La presencia de Ava en España está muy historiada: el escritor y crítico teatral Marcos Ordóñez siguió sus pasos en ‘Beberse la vida. Los años de Ava Gardner en España’ (2010) y Nieves Herrero noveló su episodio de amor con Luis Miguel Dominguín en ‘Como si no hubiera un mañana’ (2015). En sus memorias, dijo Ava: “Yo era su chica y él era mi hombre: así de sencillo. Éramos buenos amigos, además de buenos amantes, y no nos exigíamos demasiado el uno al otro». El cineasta Isaki Lacuesta le dedicó un documental: ‘La noche que no acaba’ (2010).

A pesar de lo mucho que se sabe de Ava Gardner y sus amoríos y sus parrandas, no se recuerda en exceso que también estuvo en Zaragoza. Parece que en dos ocasiones. Una está perfectamente datada: acudió a la plaza de toros de La Misericordia el 14 de octubre de 1955 a una corrida con toros de Atanasio Fernández. Según el cronista taurino de HERALDO Don Faroles fue una espléndida tarde de fiesta con la presencia de Antonio Bienvenida, que brindó por la presidencia y la afición y recordó que su padre había debutado en Zaragoza hacía medio siglo; resultaría cogido por un astado. Lo acompañaban Antonio Vázquez, ovacionado, y Julio Aparició que escribió “una página para la historia de nuestra plaza”. En el coso estaban, entre muchos otros, el embajador de Estados Unidos en España John David Lodge y la actriz Ava Gardner. Don Faroles solo alude a ella en el inicio de su texto, en el que elogia “la muleta prodigiosa movida por el temple de la muñeca de Aparicio, y dice: “Y en el momento oportuno brindó Julio Aparicio la faena que jamás se borrará de nuestro ruedo a la estrella cinematográfica Ava Gardner, espectadora de barrera de todas las ferias de España”. Eso es todo. Miguel Marín Chivite captó la imagen de Ava cuando el diestro le rinde honores, o eso se supone, aunque a él no se le ve. Llevaba una chaqueta de lana o rebeca sobre camina blanca, con los puños vueltos. En ese mismo año 1955, la actriz de Carolina del Norte se acababa de instalar en el Hotel Castellana Hilton. Luis Antonio González Marín cuenta en un libro sobre la memoria musical del recinto –donde fecha esta corrida en 1954- que oyó piezas musicales como ‘El mejor torero’, ‘Don Indalecio’, ‘Gallito’ y ‘La jota de los toros’.

Ava Gardner pudo haber estado otra vez más en Zaragoza o, cuando menos, otro día, aunque fuese del mismo año. Todo parece indicar que debió ser antes, se le veía más joven: Luis Mompel, que trabajaba para el estudio de Miguel Marín Chivite, le hizo una impresionante foto en el tendido. Mompel no recordaba con precisión de qué año era. No debió publicarse en HERALDO y el fotógrafo la rescató después. En el rastreo de hemeroteca que han realizado Elena de la Riva y Pilar Rodríguez no aparece la foto impresa ni una alusión explícita a una segunda estancia de la actriz entre nosotros. Mompel solía decir: “Al principio no reconocí a Ava Gardner. Simplemente vi a una hermosa mujer entre la gente y disparé. Descubrí luego quién era”. Detrás de Ava se ve, o eso parece, a un joven José Luis Borau, que era crítico cinematográfico de este diario, y abajo está el alcalde de Herrera de los Navarros, Saturio Bedoya, que “procedía de Valladolid, era farmacéutico, se casó con una joven de la localidad y arraigó en Aragón”, tal como cuenta Genoveva Crespo. Quizá ni sabía que le habían hecho una foto para la historia con una diosa del cine.

MIGUEL FLETA, POR LUIS CALVO

MIGUEL FLETA, POR LUIS CALVO

Luis Calvo pinta y evoca a su tío abuelo

Miguel Fleta a los 80 años de su muerte

 

-Se cumplen 80 años de la muerte del tenor lírico en La Coruña en 1938, durante la Guerra Civil española

-El artista dice que el cantante lo sentó en sus rodillas en su última estancia en Zaragoza en 1937

 

 ZARAGOZA. El próximo mes de mayo se cumplirán 80 años de la muerte de Miguel Burró Fleta (Albalate de Cinca, Huesca, 1 de diciembre de 1897 - La Coruña, 29 de mayo de 1938), el gran tenor lírico que estremeció con su canto -la suya, según el crítico Rivadeneyra, «no es voz de hombre, sino de ángel y de un cantor divino»- los años 20, en concreto entre 1922 o 1923 y 1928. La Asociación Aragonesa de la ópera ‘Miguel Fleta’ inaugurará una gran exposición de su vida y obra en el IAACC Pablo Serrano, en la sala 0, comisariada por Sergio Castillo y Alejandro Martínez.

El pintor Luis Calvo (Zaragoza, 1935) es sobrino nieto de Miguel Fleta; su abuela materna Clara era hermana del cantante, que antes había sido recadista en un bazar de Ventura Morera de su pueblo y luego mozo de labranza en dos torres de Cogullada: la de su cuñado Mariano Marqués, que se había casado con su hermana Inés Burró Fleta, y luego en la Torre de las Monjas, que llevaban Higinio Díez y la citada Clara. «Ellos serían mis abuelos. El joven Miguel Burró Fleta, y eso siempre se ha contado en casa, tenía muchos amigos, pero el más especial de todos fue mi padre, Ricardo Calvo », dice.

De la torre a Barcelona

Miguel Fleta iba a diario al mercado de Lanuza a llevar las hortalizas con su carromato. Su presencia no pasaba inadvertida: solía cantar la jota con una energía especial. «Cantaba a pulmón, con una voz maravillosa», escribió Pablo Antonio Santolaria. Él, Ricardo y otros amigos solían frecuentar el café Ambos Mundos, lleno de espejos y de músicos, acudían a la pastelería Casa Sánchez e iban a Casa Aparicio en el Coso Bajo, que aun sigue abierta. Y si querían bailar se desplazaban a las Delicias, a la Tienda la Rita, sobre todo los sábados.

Un domingo, 30 de septiembre de 1917, Miguel Burró Fleta, que no tardaría en cambiarse de nombre, fue a las fiestas de las Sagradas Reliquias de Villanueva de Gállego. Allí lo oyó el gran jotero Miguel Asso, elogió su voz y le recomendó que se presentara al Certamen de Jota del Pilar. El propio Asso, que vivía en la calle San Lorenzo haciendo esquina con el Coso, le daba clases y le enseñó los estilos. «Ya sabe lo que pasó. Mi padre, Ricardo Calvo , fue al Teatro Principal y lo recordaría siempre. No le dieron ningún premio». Fleta no obtuvo galardón alguno, pero el público sí fue sensible a su voz y le aplaudió a rabiar. Ese 16 de octubre hubo protestas, abucheos y pataleos ante el veredicto. Al parecer uno de los responsables del Teatro Principal le dijo al joven mozo de labranza: «Y tú, vete a entrecavar cebollas». Fleta no se mordió la lengua y le replicó que nunca volvería para cantar en el Principal.

«Fue una gran decepción para Miguel y para sus amigos y familiares, con mi padre a la cabeza. Poco después, como tenía a su hermano Vicente en Barcelona, era guardia urbano en la Rambla de Santa Mónica, se marchó allá. Y desde allí empezaría a triunfar. Lo más bonito para mi familia es que a mi padre, incluso antes de ser novio de mi madre, le escribía cartas y le preguntaba por las cosas del campo». Su curiosidad era tan explícita que quería saber si del parto de una yegua nacía hembra o macho. Una de las cartas la publicó hace años Francisco Oliván Baile en estas páginas. Miguel Burró Fleta cometía muchas faltas de ortografía, algo que corregiría apenas dos años después; cuando escribió desde Livorno en 1920 su caligrafía y su ortografía ya habían mejorado.

Miguel Fleta nunca perdió el contacto con su familia ni con sus amigos. Solía ir a las actividades del Centro Aragonés de Barcelona, de la calle Costa, y allí oyó al gran jotero Cecilio Navarro. «Fue a probar al Conservatorio del Liceo, y por fortuna lo oyó Luisa Pierrick, que creyó ciegamente en él y en su portentosa voz sin educar. Pensó que ella podría domarla. Le enseñó, le eligió el repertorio y encauzó su carrera», dice Luis Calvo . Y no solo eso: se enamoró de él y, aunque estaba casada con un músico, Miguel y Luisa iniciaron una relación sentimental y tendrían dos hijos.

Allá va la despedida...

El 16 de mayo de 1924 se casaron los que iban a ser sus padres, Ricardo y Pilar Díez Burró, en el Pilar de Zaragoza «Fue un día precioso. Inolvidable. Así lo contaban mis padres. Miguel era una figura e hizo de padrino. Se amontonó la gente, tomó la iglesia, porque querían escucharlo, pero él no quiso robarle protagonismo a los recién casados. Se hospedó en el hotel Europa».

Algunos se enojaron con él y tuvo que intervenir la guardia urbana. Acabó prometiendo que volvería al Pilar para cantar y el 28 de mayo del año siguiente entonó, en dos ocasiones, el ‘Ave María’ de Schubert. Tras la ceremonia nupcial, al día siguiente asistió a la zarzuela ‘La Virgen capitana’ en el Teatro Circo, de público, y participó en una jornada de caza por los montes de Santa Fe, donde solo se cazó un conejo.

El cantante volvería varias veces a Zaragoza. En 1937, el 22 de enero cantó en el Teatro Parisiana en apoyo del auxilio social, y el 17 de marzo lo hizo en el Teatro Circo. «Yo tengo recuerdos como muy borrosos. Venía siempre a mi casa y nos regalaba entradas. A mis padres les escribía desde cualquier sitio del mundo. Teníamos sus discos de piedra. Vino a merendar y yo recuerdo que me sentaba en sus rodillas, aunque no había cumplido los tres años», dice Luis Calvo , que no sabe del todo si los suyos «son recuerdos reales o inventados».

Su propio padre contó que la última vez que estuvo en Zaragoza Miguel Fleta, se reunieron con los amigos de siempre en el café Gambrinus y que luego fueron a su casa a merendar. «Esa celebración también fue una despedida. Fleta murió un año después en La Coruña». Fue en la plaza de Orense, muy cerca del mar.

 

 DETALLES DE UNA VIDA, UNA EXPOSICIÓN EN MARCHA

Sergio Castillo y Alejandro Martínez, de la Asociación Aragonesa de la Ópera ‘Miguel Fleta’ preparan la gran exposición sobre el tenor. En 2107 rindieron homenaje a la cantante Pilar Lorengar. Explican aquí algunos detalles de su labor.

Miguel Fleta. El hombre y el mito’. Este es el título de la muestra que contará con muchas novedades en todos los terrenos: grabaciones, películas, fotografías de distintos lugares del mundo, cartas, los libros que han publicado de Miguel Fleta. «Quizá no existan tantos materiales como en el caso de Pilar Lorengar, pero nos gustaría resaltar algunas cosas: Miguel Fleta era el Messi de su época. La gente lo admiraba, acudía a saludarlo a los hoteles, le pedían que saliese a las ventanas o al balcón a cantar. Se entregaba y estaba dispuesto a cantar en cualquier instante. Y eso al final no es bueno para la carrera de un artista de su dimensión. Esa generosidad fue contraproducente y lo pagó caro», dicen Sergio Castillo y Alejandro Martínez.

Inicios. «Su marcha a Barcelona fue determinante. Pero nada fue fácil, a pesar de la gran intuición de Luisa Pierrick, su maestra de canto y también su amante. Se fogueó en el Casino Republicano de Barcelona, cantó muchas jotas y, durante su formación, las pasó canutas», agregan.

Política. «Nos interesa mucho analizar la trayectoria política de Miguel Fleta. Es sabido que fue enterrado envuelto en la bandera de Falange y que actuó en algunos mítines. Su actitud política merece un análisis detallado: saludó la llegada de la II República en Madrid, se sumó a la celebración, y cantó el ‘Himno de Riego’. Y se comprometió en diversos actos populares con muchas causas sociales».

Cantantes de su época. «Técnicamente, nadie cantaba como él. Era un animal en escena», dicen Sergio Castillo y Alejandro Martínez. «Con Caruso, Pavarotti, Domingo, Chaliapine y Kraus, Miguel Fleta está entre los mejores de todos los tiempos. Miguel Fleta es un icono para los amantes de la lírica, por su timbre reconocible y sus filados sin fin, por ese arte inimitable que le hizo cosechar los más grandes triunfos en Milán, Nueva York o Madrid», insisten.

Personajes. «Miguel Fleta cantó en muchos escenarios un amplio repertorio. Si hubiese que elegir las óperas en las que se sintió especialmente cómodo, citaríamos tres: ‘Carmen’ de Bizet, en la que encarnó a Don José, su papel fetiche; ‘Tosca’ y ‘Turandot’, de Puccini, en concreto el ‘Nessun dorma’».

En Zaragoza. Miguel Fleta cantó el 28 de mayo de 1925 en la Basílica del Pilar el ‘Ave María’ de Schubert. En el Teatro Circo, en los días siguientes, actuó con ‘La Bohème’, ‘Aída’ y ‘Carmen’.

Carmen Mirat. Así se llamaba su esposa, una joven de Salamanca con la que se casó el 20 de abril de 1927. Vinieron a Zaragoza y luego se trasladaron a Huesca; allí los retrató el fotógrafo y tendero Nicolás Viñuales. Tendrían dos hijos.

Teatro Principal. Por fin Miguel Fleta pisó el escenario del Principal. Fue el 15 de junio de 1932: participó en un concierto benéfico, ‘Homenaje a la vejez’. Cantó el cuarto acto de ‘Carmen’. Aquel día tocó la pianista Pilar Bayona. «Tres años después -dicen Sergio y Alejandro- ofreció un nuevo concierto benéfico, ahora en el Teatro del Hogar Pignatelli, acompañado por el violinista Carlos Sedano y el pianista Ataúlfo Argenta, que luego sería director de orquesta». Es probable que Argenta viviese una bella historia de amor y atracción con Pilar Lorengar. A. C. 

'MATERIA Y LUZ' DE CARMELO REBULLIDA

'MATERIA Y LUZ' DE CARMELO REBULLIDA

Carmelo Ramos Rebullida está radiante: ayer, en la Lonja de Zaragoza, con la inauguración de su exposición ‘Materia y luz’, cumplía un sueño. Lleva más de 40 años viviendo de la pintura, desde que expuso en 19878 en la galería Trazos, y resume en 58 obras dos de sus líneas esteticas: sus ‘Aproximaciones a los fósiles’, serie que inició en 1992, donde rinde homenaje a los minerales y al paso del tiempo, y sus ‘Planetas’, una treintena de piezas, realizadas entre 2015 y 2017, donde refleja su pasión por los cuerpos celestes, las constelaciones, que abren un nuevo camino en su pintura: poético, como siempre, placentero, vitalista y de indagación en el trabajo y en los sueños. “Son planetas imaginarios que tienen algo de paisajes del subconsciente y, por lo tanto, algo extraño. Hay planetas rosas, gaseosos, planetas líquidos como ríos inmensos.

Dice: “Pintar ha sido una terapia para mí. Me ha salvado de muchas cosas y me ha ayudado a vivir. ‘Materia y luz’ es una exposición gozosa, terapéutica, un canto a la alegría de vivir. Yo me considero un clásico moderno. Las armonías del color me salen así, sin afectación, de un modo natural, y reflejan lo que soy. Esta es una muestra lúdica: he disfrutado con cada cuadro”. Insiste en que ya no tiene edad para intentar deslumbrar a nadie ni aparentar ser lo que no es, pero tiene clara una cosa: “Siempre he querido hacer cosas nuevas. No acomodarme. Al fin y al cabo el arte contemporáneo es una evolución constante. Se trata de cambiar y cambiar. Yo he aprendido siempre”.

Carmelo Ramos Rebullida es autodidacto absoluto, pero quiere aprender todo el tiempo: le sucedió con un tío suyo, perito mercantil, manco, al que veía pintar con una mano los domingo, y que le acabaría regalando una caja norteamericana de pinturas; le sucedió luego con Eduardo Laborda, con quien compartió una buhardilla; le sucedió en el Museo del Prado, donde veía a los copistas de Goya y, años más tarde, en Zúrich, lo deslumbró la pintura de Paul Klee.

No voy de nada. Ni me creo nada. La pintura me sale así, unas veces con muchas texturas, otras veces con esta ligereza, aguada, sutil. Muchos de los cuadros de estos dos últimos años son como de primera intención, sin retoques. He buscado la frescura y aquí está, pero también el resultado, sobre todo en algunas piezas, creo que es refinado; lo digo sin arrogancia alguna. Hace años que he amansado el ego”, matiza.

Desde que Rafael Ordóñez Fernández, exdirector de Servicio de Cultura, le confirmó en 2015 que ocuparía la Lonja en la primavera de 2018, no ha parado de trabajar y de acumular, casi a partes iguales, pasión, ansiedad, ambición, deseo de ser como es, más que de agradar exactamente. “En esta última serie de planetas no utilizo pincel. He trabajado con diversas herramietnes, esponjas, escorrederas, con la mano, con la escoba. Pieza a pieza, me siento reflejado y creo que me reconozco”.

 

*La foto es de Raquel Labodía.

 

EL CANTO DE COLOR DE TERESA RAMÓN

EL CANTO DE COLOR DE TERESA RAMÓN

TERESA RAMÓN PINTA UN IMPRESIONANTE MURAL DE 68 METROS

EN EL MUSEO DE HUESCA: ’LE JEU DE VIVRE’ (2017-2018)

 

 

El canto de color de Teresa

 

 

Teresa Ramón (Lupiñén, 1945) recibió el Premio Aragón-Goya en 2015. Fue un galardón a su trayectoria –pintura, obra mural, escultura, dibujos, libros de poemas, bestiarios- y a la vez fue un acto de justicia poética: acababa de volver de la muerte; había cruzado el túnel lóbrego que lleva a ninguna parte o, para algunos, a las regiones ignotas de la fe. Poco después apareció Alejandro Cortés para hacer el documental ‘Carrasca’: esta mujer, fatigada, desarmada quizá por el estupor y otros dolores que no tardaron en sumarse, fue capaz de rehacerse y de pintar para sí misma y para la película.

Hace más de un año, Rafael Doctor –comisario de exposiciones, novelista, director del Centro Andaluz de la Fotografía y animalista- le propuso otro de los desafíos de su vida: desarrollar un proyecto abstracto, un gran mural, que se exhibiría por vez primera en el Museo de Huesca. Le propuso, entre otras cosas, que se alejase de la figuración, de sus animales, de sus signos reconocibles, y que se zambullese en el mundo infinito del color, de la gestualidad, de la delicadeza. Durante varios meses, Teresa Ramón trabajó con auténtico afán o quizá frenesí, y el resultado es ‘Le jeu de vivre’. El juego de vivir. Por extensión, el juego de existir, el juego de crear. El juego de ser. Lo más impresionante es que la artista, y no es una broma, ha rejuvenecido en el intento: ha pintado cuatro piezas, con solución de continuidad, de 2.20 metros de alto, por 17 metros de largo, es decir, 68 metros de pintura.

‘Le jeu de vivre’ es, de entrada, un gran homenaje a la pintura. Con todo lo que tiene: intuición, técnica, color, profundidad, capacidad de sugerencia, libre albedrío y libertad intrínseca. Indomable libertad. Teresa Ramón, a lo largo de los años, en Aragón y en países latinoamericanos, se ha medido a sí misma: ha hecho grandes exposiciones, una de las más bellas, la vimos en la Lonja de Zaragoza, ha pintado murales (uno de los más conocidos es el del Palacio de Congresos de Huesca: un documento de amor y reconocimiento a la ciudad donde se ha formado), hemos visto sus monstruos, sus figuras, sus lacas, sus impresionantes dibujos, tras el retorno de ese fugaz más allá. Y, aunque pueda parece que se juega con ventaja, todo eso está en el mural, que encaja a la perfección en el patio del museo que dirige, con tanto gozo, Ana Armillas. Están su travesía en el tiempo, el manual diverso de las emociones, una idea de la musicalidad (la pintura como el silencio tiene música), esa facilidad o inclinación para encontrar nuevos colores: Teresa Ramón los redescubre, los interioriza y los despliega con osadía, con vitalidad, con exuberancia. Con borrachera de luz.

En torno al color, desde la emoción y la energía, organiza su mural. Y no engaña a nadie. ‘Le jeu de vivre’ es un canto a la vida, es una exaltación de la condición humana y es una indagación en los códigos y atributos de la pintura. Empieza con la sangre, con los tonos rojos, rosados, burdeos, bermellones, como si se afirmase en la pasión, y el único elemento figurativo, explícitamente sugerido, podría ser un feto, la semilla, un cuerpo que se pondrá en marcha: hacia la niñez y adolescencia, hacia la plenitud, hacia el otoño de la edad, hacia la experiencia y sabiduría que se expande en rugientes cromatismos.

Los rojos avanzan hacia los verdes. Es la selva de existir. Es la selva del mundo. La naturaleza voraginosa, paraíso y precipicio insondable, bosque de fábulas. Da la sensación de que entre los dos primeras partes camina un río. Un río, sí, y se deslíe entre la sangre y la fronda como un testigo del pensamiento, y el cántico incesante del paisaje. Luego, salimos a otros territorios: amarillos, fuegos, ocres, tierras. El llano de la Hoya, tal vez, los páramos extendidos como lagartos inmensos, el limo enceguecido por el sol, las huellas de un andar casi metafísico. Y más tarde, se cierra el ciclo con otro fulgor. Podrían ser las cuatro estaciones, los ciclos vitales, podría la desnudez de la espiritualidad, el poder avasallador de la mano en el estudio, como documentó la cámara de Javier Broto, y antes la del cineasta Alejandro Cortés.

Teresa Ramón ha dado lo mejor de sí misma: el esfuerzo y la inspiración y el sentimiento. La hermosura y el abandono. El dolor y el llanto. La memoria hecha viaje. Ha entrado tan adentro con su sensibilidad y su visceralidad que no ha vuelto la cara a la materia oscura y al miedo y ha burlado con pura vida a la misma muerte. Ha jugado a vivir con el misterioso escalofrío del arte.

'CASI 40'. LA PELÍCULA DE DAVID TRUEBA

Tráiler de la nueva película de David Trueba: 'Casi 40'

https://www.youtube.com/watch?v=DslTferXQRM

http://www.davidtrueba.com/entrevista-a-david-trueba/

¿De dónde nace este proyecto? “Casi 40″ tiene un aroma personal e íntimo que escapa a casi todas las catalogaciones de género.

Es complicado explicar el origen de esta película. En 1996 busqué dos actores jóvenes y no profesionales para los papeles protagonistas de mi primera película como director, “La Buena Vida”. Encontré a Lucía Jiménez y Fernando Ramallo, entonces estudiantes en el instituto. Lucía cantaba en un grupo, Fernando dibujaba muy bien. Desde entonces, hace ya más de 20 años, no habíamos vuelto a trabajar juntos. Reunirlos para rodar “Casi 40″ fue por tanto un reencuentro que funcionaba casi como una trama paralela a la trama real de la película. El guión habla del primer amor, de lo que significa el primer amor.

¿Cómo fue ese reencuentro con Lucía y Fernando?

Los encontré más maduros, pero llenos de ganas de trabajar. Cuando los conocí no eran actores, ahora son actores con veinte años de experiencias profesionales a sus espaldas. Ellos son muy distintos y la vida les ha llevado por muy distintos lugares. Pero desde tiempo atrás quería reunirlos de nuevo y prolongar algunas ideas que estaban evocadas en mi última novela, “Tierra de Campos”. Al reencontrarlos en el momento en que están a punto de cumplir 40 años, mi intención era relatar una franja de vida que algunos definen como el segundo acto. No sé si las peripecias humanas pueden someterse a las estructuras del teatro clásico, pero para mí el paso del tiempo es el gran asunto de la ficción. Y esta película pretende contar eso, cómo el tiempo trata a las personas, en su caso, a quienes vivieron de manera distinta un inolvidable amor de adolescencia.

¿Te planteaste esta película en un diálogo con tu primera obra, “La Buena Vida”?

Nunca nos lo planteamos así. No la he vuelto a ver desde que la estrené en 1996, así que no la tengo muy presente. Lo que pretendíamos era hablar de algo difícil de retratar en el cine. Cómo la experiencia de vida, el avanzar profesional y personal, te obliga a enfrentarte con las ilusiones y vocaciones de adolescencia. Es inevitable enfrentarse al recuerdo y también salir tocado de él, porque no hay nadie, como dice Lucía en una de sus canciones, que haya sido capaz de cumplir todas sus promesas. Ni tan siquiera las promesas que uno se hizo a sí mismo. Los personajes nacieron para contar esta película, ellos mismo evocan un pasado para contrastarlo con el presente, que es lo que importa.

La música parece un motivo principal de la película, ¿hasta qué punto la narración se estructura en torno a las canciones que interpreta Lucía?

“Casi 40″ es una película que tiene estructura de musical, donde las canciones en este caso completan la visión del pasado, son alguno de los grandes éxitos de Lucía un tiempo atrás, cuando tenía un grupo de cierto nombre. Ella ha pasado de triunfadora en el mundo de la música a alguien que ha abandonado esa vocación juvenil. A su lado, el personaje masculino que interpreta Fernando Ramallo trata de rescatar otra ilusión igual de absorbente en los tiempos de la juventud: el amor. ¿Qué ha sido del primer amor? O como confiesa el protagonista en una escena de la película: acaso el primer amor sea como una figura inmarchitable y familiar, como el padre o la madre, así el primer amor se mantiene siempre vivo y firme en el recuerdo.

¿Entonces las canciones elegidas son también una visión del paso del tiempo?

Claro, las canciones se componen en un momento determinado y aunque se escuchen mucho tiempo después siguen hablando de quien las compuso en aquel día lejano. Por eso quería que fueran distintas, de distinto color emocional. Para ello utilizamos tres canciones que me gustan mucho, Miedo de Jorge Marazu, Despertarme contigo de Rebeca Jiménez y Todo me recuerda a ti de Señor Mostaza. Forman entre ellas una carrera ficticia de aquella cantante que fue la Lucía que muestra la película.

Pese a un cierto aire de desencanto, la película contiene momentos de humor, ¿cómo la definirías?

“Casi 40″ avanza como un martillo por las intimidades de los protagonistas y el desencanto es probablemente el desencanto de una generación, los que ahora cumplen cuarenta, que han visto cómo en España se han pulverizado sus ideales de vida y profesión. En la autonomía de las personas, en sus desencuentros cronológicos, en recordar cada cual los momentos estelares de su vida de una manera particular está la clave de la historia y los personajes. El viaje, en esta película de viaje, vuelve a ser algo más que un viaje geográfico, como ya pasaba en “Vivir es fácil con los ojos cerrados”. Se trata de un viaje interior. A medida que uno avanza en la vida, el pasado cobra un peso cada vez mayor y hay que lidiar con eso, algo que de joven ni te planteas. He tratado siempre de retratar personas en mis películas y novelas, no me importan demasiado los géneros, sino la gente. Me apasiona la gente, creo que ellos son los que dan vida a cualquier ficción, ni las tramas ni los géneros, sino esos alientos de vida que uno percibe en los grandes personajes.