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Antón Castro

Artistas

PRIMERA CARTA DE RAMÓN ACÍN A CONCHITA MONRÁS

PRIMERA CARTA DE RAMÓN ACÍN A CONCHITA MONRÁS

El 8 de diciembre de 2018 se cumplen cien años desde que Ramón Acín le envió la primera carta a Conchita Monrás. Se trataba de una postal dibujada por Acín para felicitar a Conchita en el día de su santo:

 

«La señorita Luna, leyendo el mensaje donde el maestro Granados, desde el cielo, (los buenos artistas están en el cielo después de muertos) felicita a su fiel intérprete Conchita Monrás.

 

Felicítale, también desde la tierra y le felicitará luego de muerto desde el infierno (a los malos artistas nos aguarda el infierno) su buen amigo Ramón Acín».

 

La correspondencia entre Ramón y Conchita —cartas, bocetos, dibujos, papelitos no siempre fechados ni fáciles de ordenar— es un poema de amor sostenido durante dieciocho años. Ramón y Conchita tejieron un universo de complicidad y ternura, un mundo propio hecho con palabras. Y esas mismas palabras se convirtieron en trinchera contra la tristeza, en fábrica de sueños, en abrazos de cuerpo entero, en terreno de reconciliación, en lugar para el recuerdo, en bálsamo de la ausencia, en remedio contra las pequeñas y las grandes heridas que, a veces,  provoca vivir.

 

El Museo Pedagógico de Aragón celebra el centenario del inicio de esta correspondencia reeditando el artículo que publiqué en el número 120 de la revista Turia en diciembre de 2016. Agradezco a Raúl Carlos Maícas, director de Turia, las facilidades que me ha dado para poner a disposición de todos este texto en la colección Publicaciones Digitales del Museo Pedagógico de Aragón.

 

Huesca, 8 de diciembre de 2018

 

Víctor Juan

Director del Museo Pedagógico de Aragón

Patrono de la Fundación Ramón y Katia Acín

 

 

 

 

 

 

«Tú eres antes que todo»

La correspondencia de Ramón Acín y Conchita Monrás

 

 

 

 

Para entender la vida de Ramón Acín hay que tener en cuenta que uno de los pilares de su existencia fue Conchita, su compañera, su cómplice y su musa. Conchita era antes que todo. Antes que la libertad y antes que el arte. Así lo escribió Ramón Acín desde la cárcel, posiblemente en 1924:

«Aquí discutimos, damos charlas y asambleas, estamos todo lo relativamente bien que se puede estar sin libertad... y sin ti, mejor dicho, sin ti y sin libertad porque tú eres antes que todo».[1]

Concepción Monrás Casas (Barcelona, 3 de noviembre de 1898 – Huesca, 23 de agosto de 1936) era hija de Joaquín Monrás Casanovas, catedrático de Literatura, que fue destinado al Instituto de Huesca cuando Conchita era una niña. Conchita completó sus estudios en el colegio de Santa Rosa. También aprendió a tocar el piano con el maestro Eusebio Coronas. Tenía intereses poco comunes entre las jóvenes de la época. Estudiaba esperanto, jugaba al tenis, le gustaba actuar en obras de teatro… Era diez años más joven que Ramón Acín, con quien se casó el 6 de enero de 1923.[2] La ceremonia se celebró en casa de Conchita, en la Plaza de Santo domingo, 8, para guardar el luto por la muerte de la madre de Ramón Acín, fallecida unos días antes.

Una valiosa descripción del carácter Conchita nos la ofrece Mariano Añoto Pola, un niño al que Ramón y Conchita acogieron en su casa como si fuera un hijo más, cuando se quedó huérfano.

«Conchita era espigada, delgada, de cuerpo armónico y atractivo, joven de rostro agradable y sonrisa feliz. Imperiosa cuando pedía u ordenaba, a veces sus ojos centelleaban ante situaciones graves. Plenamente enamorada de su marido, compartía en una estrecha unión con una entrega total, todos los problemas de este. (...) Conchita fue la heroína verdadera. Una mujer que defendió a su esposo con todas las consecuencias».[3]

Esta no fue la única ocasión en la que Mariano Añoto recordó a Conchita. Sol Acín en un artículo publicado en El Día de Aragón en 1988 recogió el testimonio de Mariano Añoto sobre Conchita:

«Recordarás algunas tardes, las más de las veces tardes de invierno, tardes frías en las que vuestro padre se había ausentado de casa. Vuestra madre nos decía: “¿vamos a la alameda? Subiremos también a Las Mártires”.

Cuando iniciábamos el paseo, el Sol, que en principio era amarillo invernal, poco a poco se tornaba turbio y frío.

La niebla surgía por el cauce del río Isuela a borbotones, envolviéndonos con su gélido vapor, y pronto nuestros alientos empezaban a condensarse con fuerza.

–A ver quién me coge –decía de pronto–, y emprendía veloz carrera. Muchas de las veces para cogerla teníamos que cercarla. Su velocidad era asombrosa. Era joven, sana y fuerte».[4]

Desde que comenzó su relación, Ramón le escribía a Conchita notas, billetes, cartas, postales, apuntes con dibujos sin otro propósito que el que tienen los enamorados cuando se escriben: decirse cómo se quieren y se extrañan permanentemente porque el tiempo que pasan juntos siempre se les hace corto. Leídas una tras otra, estas cartas son un largo poema de amor. Ramón Acín escribía apretándose el hígado o cuando le saltaba el corazón. Se apretaba el hígado para denunciar las injusticias y el sufrimiento de los más débiles, aunque sabía que se le cerrarían algunas puertas o se le negaría algún saludo[5]. Acín confesaba que era más fácil escribir apretándose el hígado, cuando le desbordaba la hiel, pero le bastaba pensar en Conchita, en su zagalica, en su gitana de la gitanería para que le saltara el corazón. Por eso sus cartas rebosan ternura, amor y delicadeza. Seguro que Conchita le contestaría, pero Ramón no guardó sus cartas con tanto cuidado como el que puso Conchita en guardar las palabras y los dibujos de Ramón. Solo han llegado hasta nosotros unas pocas misivas remitidas por Conchita. Sin embargo, sabemos que se enviaban mensajes diariamente. De la calle Las Cortes a la plaza de Santo Domingo, de la plaza de Santo Domingo a la calle Las Cortes. Y esos mensajes nos muestran la limpieza de un mundo construido con palabras, de un territorio que Ramón y Conchita conquistaron para ser juntos, para ser uno solo.

Las despedidas de las cartas también son una muestra de la complicidad y del cariño que les unía: «Siempre el mismo», «Te quiere de verdad, de verdad tu Ramón», «Mucho, mucho, mucho te quiere Ramón», «Te envía muchas cosicas tu R».«Estoy muy contento de nuestro mucho cariño, tu Ramón».

Conchita le llamaba a Ramón «chiqué», «majico», «Ramoncico mío», «nenico».

Y Ramón le decía «gitanilla», «Chiteta», «zagalica»…

 

Un paraíso en la calle Las Cortes

Rafael Sánchez Ventura escribió que el hogar que construyeron Conchita y Ramón en la casa de la calle Las Cortes era un «ejemplo emocionante de armonía, de elevación, de belleza, donde todo adquiría dignidad y gracia; aquel hogar de Huesca, que también fue mío, instalado en la señorial casona de anchas estancias repletas de cuadros, esculturas, estampas, viejos muebles y libros, objetos múltiples de exquisito arte popular conseguidos al cabo de los años en incesantes correrías que hicimos juntos por tantos y tantos lugares; aquel hogar animado por la inteligente alegría de Conchita Monrás, la tierna compañera de Ramón, iluminado por el radiante hechizo de las dos niñas, a tono ambas en hermosura y precoz sensibilidad e inteligencia con el ambiente de la casa; aquel hogar a todos abiertos donde el pobre tenía puesto franco en la mesa, enseñanza cordial de música y dibujo en la academia».[6]

Marianito Añoto recordaba a Conchita como la necesaria compañera para Ramón Acín. Se complementaban. No se entendían el uno sin el otro: «Conchita, a la inversa que Ramón, procuraba estar totalmente a ras de tierra. Enjuiciaba, pesaba, medía con claridad todo problema sentimental, político o económico. Gracias a ella el equilibrio material se mantenía en el hogar. En aquellos años se precisaba menos para vivir, pero en casa de Ramón Acín siempre se caminaba con adelanto de décadas y los gastos eran grandes. Conchita sabía frenar a su marido».[7]

Otro testimonio del clima que reinaba en casa de Ramón y Conchita Monrás nos lo ofrecen las declaraciones del capitán Fermín Galán en las que destaca que Conchita era la compañera de Acín. Todo era ideal en la casa de la calle Las Cortes: «Me maravilla cada vez que voy a casa de Acín. Son ideales él, su mujer y sus niñas ¡Su casa entera! ¡Acín ha encontrado la compañera! ¡Ha tenido suerte!».[8]

 

«Tan identificados que no podía ser más»

En 2002 Katia Acín destacaba en un encuentro con estudiantes la gran sintonía que había entre sus padres: «Mi madre era una mujer totalmente enamorada de mi padre y estaban tan identificados que no podía ser más».[9]

Conchita y Ramón tuvieron una relación absolutamente simétrica en la que tanto ponía el uno como daba el otro. Hay dos dibujos de Acín que expresan el respeto, la admiración y el apoyo incondicional que se dispensaban. En uno Conchita toca el piano en primer plano y detrás está Ramón pintando, sentado frente a un caballete. En el segundo dibujo es Ramón quien pinta en primer plano y Conchita toca, al fondo, el piano.

La identificación entre Ramón y Conchita es una constante en su correspondencia. Por ejemplo, en la carta que Ramón le envió a Conchita el 8 de diciembre de 1921 le decía que pronto serían uno, que se confundirían sus cosas y de ambos sería por igual todo: «como Conchita no es Conchita sino que soy yo y yo Conchita, para los dos por igual han de ser lo bueno y lo mediano y lo malo, si lo hubiere». Y así fue. Conchita y Ramón compartieron lo mucho bueno que hubo en sus vidas, los juegos y la alegría de las niñas, los días luminosos en la playa, las excursiones al Pirineo, la amistad de buenos amigos, los sueños de un mundo mejor. También compartieron el dolor de la cárcel, Ramón dentro de una celda y Conchita sufriendo la ausencia de Ramón en la prisión de los días vacíos. Compartieron el exilio. Ramón en París y ella en Huesca, una ciudad que sin Ramón se convertía para Conchita en un extraño lugar.

Conchita fue en todo momento la compañera de Acín. Fue su cómplice cuando Ramón se dedicaba a sus «sindicalerías»[10] o cuando era detenido y encarcelado por participar en huelgas y protestas. También compartió la voluntad de Ramón cuando, después de tocarles 30 000 duros en el premio gordo de la lotería de Navidad de 1932, Acín financió el rodaje de la película de Luis Buñuel Tierra sin pan en Las Hurdes.[11] Y también era de Conchita la generosidad que Acín tuvo con algunos amigos cuando estuvieron enfermos y necesitaron dinero. Y, llevando al extremo su amor, Conchita quiso compartir el destino de su marido cuando unos hombres convertidos en bestias lo arrancaron de su casa para matarlo.

 

«tú me acompañas siempre»[12]

Conchita y Ramón compartían las ideas, las aficiones y las pasiones. Ramón le decía a Conchita en una carta de octubre de 1933 que bastaba que uno de los dos amara una cosa, para que, naturalmente, la amara también el otro:

«Me gusta que te guste el mar; a mí, si no me gustase, me gustaría por gustarte a ti. Y me gusta que te guste la montaña; ya sé que si a ti no te gustase, te gustaría por gustarme a mí».[13]

Juntos habían descubierto que solo importaba cómo se querían. Aprendieron que teniéndose el uno al otro, todo lo demás era relativo. Y eso lo expresaba     Ramón Acín en un resumen que hacía de una carta que le enviaba Conchita en la primavera de 1922:

«Leída tu carta, voy a hacerte el resumen de ella y la mía y todas las cartas habidas y por haber (incluidas las 40 de la baraja). Resumen:

Que Ramón quiere mucho, mucho a su Conchita y que su Conchita quiere mucho, mucho, y un poquitín más a su Ramón, y todo lo demás tiene poca importancia ¿verdad, zagalica?».[14]

 

El humor y el amor

La primera carta enviada por Ramón a Conchita de la que se tiene conocimiento está fechada el 8 de diciembre de 1918. Se trata de la felicitación del día de la Inmaculada en la que Ramón dibujó una Luna que escuchaba como Conchita interpretaba al piano a Granados. El compositor felicitaba a Conchita desde el cielo. Su «amigo» Ramón Acín también la felicitaba y la felicitaría –le anunciaba– después de muerto desde el infierno porque «los malos artistas siempre van al infierno»[15].

A Ramón le gustaba jugar con todo. Encontramos ejemplos de este carácter cuando le pintó a su perro Tobi un bozal para que los laceros municipales le dejaran en paz[16], cuando liberó al pájaro que vivía en la jaula que más tarde ocupó una pajarita[17], cuando escribía sobre fútbol[18], cuando estando en la cárcel dibujó una palomica que todas las noches sorteaba las rejas de la prisión para besar a Conchita y a las niñas.[19] También cuando decía de sí mismo que había ingresado por voluntad propia en la orden de los predicadores en el desierto porque escribía y denunciaba asuntos que para muchos podían parecer tan nimios como la ubicación de los caballitos y los tiovivos para las ferias de San Andrés en el lugar más frío de Huesca[20]... Por eso no es aventurado suponer que quizá Ramón le pidió matrimonio a Conchita con una declaración en la que también jugaba en un momento solemne. No sabemos cuándo le envió una postal en la que había dibujado un cura junto al que Acín escribió: «Lea el otro lado»:

«Amiga Conchita:

Si me encuentra usted una novia morenica y salada y se presta este cura, me caso».

El 7 de enero de 1922 en La Tierra se publicó el reportaje titulado «¿Qué le han traído a usted los reyes?» en el que se adjudicaban algunos regalos a personas de la ciudad y en esa relación se incluía a Ramón Acín: «A Don Ramón Acín una muñeca, pero que muy gitana, que le hace olvidarse de papá Lenin». Seguro que esta fue la respuesta textual de Acín a la pregunta. Ya sabemos que Conchita hacía que Ramón se olvidara de todo. Hasta de Lenin, porque Conchita era para Ramón «antes que todo».

 



[1] La correspondencia entre Conchita Monrás y Ramón Acín puede consultarse en la base de datos de Emilio Casanova y Jesús Lou (2004), Ramón Acín. La línea sentida, Zaragoza, Departamento de Educación, Cultura y Deporte de Gobierno de Aragón y Diputación Provincial de Huesca. Esta documentación también está disponible en la página web de la Fundación Ramón y Katia Acín (http://www.fundacionacin.org/). Además, Jesús Lou transcribió las cartas de Conchita y Ramón en un artículo titulado «Geografía íntima de Ramón Acín», incluido en Emilio Casanova y Jesús Lou (2004), Ramón Acín. La línea sentida, op. cit.

[2] Víctor Pardo Lancina (2004), «Concepción Monrás y Casas (Barcelona,1898-Huesca, 1936)» en Emilio Casanova y Jesús Lou, Ramón Acín. La línea sentida, op. cit.

[3]  Víctor Pardo (2004), «Concepción Monrás y Casas (Barcelona,1898-Huesca», 1936) en Emilio Casanova y Jesús Lou, Ramón Acín. La línea sentida, op. cit.

[4] Sol Acín (1988) «Ramón Acín. Notas al margen», El Día de Aragón, 5 de noviembre de 1988.

[5] Ramón Acín, «El valor moral, futbolistas y futbolaires», El Diario de Huesca, 14 de diciembre de 1926.

[6] Rafael Sánchez Ventura, «En memoria de Ramón Acín», Aragón, 2, p. 3, citado por Víctor Pardo, «Una casona en la vieja ciudad amurallada», pp. 335-336 en Casanova, Emilio y Mas, Carlos, Ramón Acín toma la palabra. Barcelona, Penguin Random House Grupo Editorial.

[7] Citado por Víctor Pardo, «Una casona en la vieja ciudad amurallada», p. 337 en Casanova, Emilio y Mas, Carlos, Ramón Acín toma la palabra… op. cit.

[8] Arderíus, J. et al. (1931) Vida de Fermín Galán, Editorial Zeus, Madrid, p. 270. Citado en Víctor Pardo (2015) «Una casona en la vieja ciudad amurallada», p. 337 en Casanova, Emilio y Mas, Carlos, Ramón Acín toma la palabra, op. cit.

[9] Emilio Casanova (2005), Katia Acín. La niña saltapias, Zaragoza, Emilio Casanova Producciones, 9 minutos, disponible en https://vimeo.com/114427490. En este corto se reproduce parte de una conferencia de Katia Acín en el Colegio Mayor Universitario Raimundo de Peñafort.

[10] Esta es la expresión que Acín utilizó en octubre de 1921 en una postal que le envió a Conchita en la que un monaguillo decía. Rogad a Dios por el bienestar social: «este monaguillo que tiene el buen deseo de arreglar la cuestión social para que Conchita esté tranquila no teniendo que ver ya (por innecesario) a su Ramón metido en sindicalerías».

[11] Víctor Pardo (2009), «Retratos de Ramón Acín, el apóstol bueno», Anuario de Pedagogía, 10, p. 88.

[12] Carta de Ramón a Conchita, 10 de diciembre de 1921. Ramón Acín estaba en Zaragoza y escribe: «Llegué perfectamente, zagalica, muy solico. Solico a medias porque tú me acompañas siempre…».

[13] Carta de Ramón a Conchita, octubre de 1933. Acín se encontraba en Madrid. Había acudido al montaje de Tierra sin pan que Buñuel estaba terminando durante esos días.

[14] Carta de Ramón a Conchita, 1922.

[15] Carta de Ramón a Conchita, 8 de diciembre de 1918.

[16] Ramón Acín, «Arca de Noé. Un loro. El Tobi. Mi gato. Libertad con arroz», El Diario de Huesca, 20 de abril de 1924. Este mismo artículo se publicó en Revista Nueva, 10 de mayo de 1924, p. 13.

[17] «Ramón Acín, el artista que es todo corazón», La Tierra, 17 de febrero de 1929, reportaje firmado por El Reportero X. : «Encerrada en una jaula vemos una pajarita de papel. Ante nuestra sonrisa contemplándola dice Acín que libertó al auténtico pájaro de carne y plumas para solemnizar el reciente centenario de San Francisco de Asís. Llamar hermano al pájaro y ser su carcelero no lo encontraba bien».

[18] Ramón Acín, «El foot-ball ni ética ni estética», El Diario de Huesca, 21 de agosto de 1924 y el ya citado «El valor moral, futbolistas y futbolaires», El Diario de Huesca, 14 de diciembre de 1926.

[19] Carta de Ramón a Conchita, 26 de julio de 1933.

[20] Ramón Acín, «Las barcas de Caronte», El Diario de Huesca, 29 de noviembre de 1917. Se quejaba Ramón Acín del emplazamiento de los columpios y caballitos en el lugar más frío de Huesca. «¿Es que no contentos con amargar a los pequeñuelos en los colegios, cortos de higiene y largos de letanías, queremos poner en sus distracciones el amargor de las dolencias y la muerte?».

 

 

*Todo lo publico aquí por generosidad de Víctor M. Juan Borroy.

PACO ORTEGA: UNA CONVERSACIÓN, UNA VIDA EN EL TEATRO, UN BALANCE

PACO ORTEGA: UNA CONVERSACIÓN, UNA VIDA EN EL TEATRO, UN BALANCE

Nacido en Zaragoza en 1953, Paco Ortega acaba de jubilarse de la Escuela Municipal de Teatro. Ha sido crítico, director y responsable del Centro Dramático de Aragón y de la Expo-2008. [La fotografía es de Juan Moro.]

-¿Cómo nació tu pasión por el teatro? ¿Qué te atrapó?

Nació de una forma natural: jugando con mi abuela Carmen en el caserón donde vivía en la calle San Miguel. Intercambiábamos papeles. A veces ella me miraba y otras, la miraba yo. Había “sesiones” más concurridas, con la presencia de mis padres, mi amigo Paquito, mi tía y mis primos. En medio del salón había una especie de arco que separaba dos habitaciones y que tenía un medio una cortina de terciopelo rojo, que se abría y se cerraba. Ese fue mi primer escenario.

-¿Hubo figuras claves, actores, maestros, espectáculos, nombres que te contagiasen esta pasión?

Mi escuela fue mi propio autodidactismo y ver todo el teatro que venía al Teatro Principal. Me sentaba en la fila 1, butaca 2, justo al lado del crítico de Heraldo de Aragón, Don Pablo Cistué de Castro. Nos saludábamos con cortesía y a la salida nos despedíamos hasta la próxima. La primera vez que fui al Teatro Principal fue el 26 de enero de 1969 para ver “La hora de la fantasía”, de la autora italiana Ana Bonnaci. Lo sé porque tengo una colección inmensa de programas de mano. Y después estuve años y años viendo de todo: obras buenas, malas y malísimas. Rodero, Fernán Gómez, Galiana, José Luis Alonso, Adolfo Marsillach, Miguel Narros y más tarde Víctor García, etc, me “enseñaron” el oficio, y especialmente a distinguir entre el buen y mal teatro.

-En tus inicios hay un montón de grupos. Desde Albaida y Ánade, hasta el Teatro Universitario o la Ribera y el Grifo. De manera sencilla, y sé que nos daría para una enciclopedia, cuál es el balance… ¿Qué aprendiste, cómo lo viviste?

Hay tres etapas: la primera en Medina Al Baida y el Grupo de Anade, que fueron experiencias muy valiosas pero absolutamente amateur, la segunda, cuando ya estaba en la Universidad, en Octubre Teatral, el Teatro Universitario, en donde mi autodidactismo comenzó a dar algunos frutos valiosos y comencé a aplicar una metodología que no sé de dónde me salió, y una tercera, en el Teatro de la Ribera, ya siendo profesional. Con Pilar Laveaga, Mariano y Javier Anós me enrolé en un proyecto que recorrió España de arriba abajo, participando conscientemente del movimiento del “teatro independiente”. Recuerdo que el día que se terminó el luto oficial por la muerte de Franco actuamos en Ciudad Real, y todos pasamos por comisaría antes de subir al escenario. Fue divertido, dentro del miedo que teníamos. En esta compañía aprendí mucho, tanto lo que que quería hacer en el teatro, como lo que no quería hacer. Me fui de allí con un cierto malestar pero con la cabeza llena de ideas y proyectos. El más importante y llamativo marcharme a Moscú para aprender las técnicas de clown aconsejado por Miguel Garrido.

-Por qué fundaste en 1982 el Nuevo Teatro de Aragón. ¿Qué compañía querías crear, qué tipo de teatro anhelabas hacer?

En el NTA quería hacer lo que no pude hacer en el Teatro de la Ribera. Y lo conseguí: viajar, hacer cientos de funciones, participar en festivales, estrenar en Madrid y Barcelona y otras ciudades españolas, recibir críticas buenas y malas, etc. El NTA nació porque consideramos que en Aragón había un hueco que pensábamos que no cubría ni la Ribera, ni el Teatro Estable, ni otras compañías. Un nuevo teatro, limítrofe con otros lenguajes artísticos, hecho de otra forma, con una sintonía muy especial entre los actores y yo. Por aquel entonces estaba muy influido por Els Joglars, el Teatre Lliure y el Teatro Fronterizo. Fue la época en que empecé a ir a París con frecuencia para ver al Théâtre du Soleil, y al Festival de Aviñón.

¿Cuál sería el balance apretado de casi treinta años en escena?

El teatro lo ha sido todo para mí durante muchos años. He dirigido mucho, pero me hubiera gustado actuar, ser actor durante más tiempo. Creo haberle servido, y no haberme servido de él, como pedía Stanislavski. He vivido momentos preciosos, y otros horribles, la mayoría de ellos como consecuencia de problemas económicos. En Aragón si querías dirigir o actuar había que ser empresario, y eso es algo que nunca llevé bien del todo.

-¿Qué piezas rescatas, de qué te sientes más satisfecho?

Es muy complicado destacar, pero tal vez recuerdo con especial cariño “La comedia imaginaria”, a partir de dos textos de Molière, una dramaturgia que ideamos Manuel Martínez Forega y yo; “La metamorfosis”, una adaptación que hizo Benito de Ramón del texto de Kafka, en donde dirigí a María Isbert, a su hijo Tony, y a Alfonso del Real, pero también a Rosa Lasierra, a Joaquín Murillo, etc; “Shakespeare´s”, que se presentó en varios festivales y que contaba con Maribel Verdú, Luisa Gavasa, Joaquín Hinojosa, Cristina de Inza, Pedro Rebollo, Félix Martín, etc.

-¿Dirías que fuiste un director de actores, de actrices sobre todo?

Sobre todo es lo que he sido, aunque, como te he dicho, me hubiera gustado trabajar más veces como actor, que en el fondo es el oficio más bonito dentro de los oficios del teatro. Pero tal vez esta carencia la he compensado dando clases aquí, en Barcelona, etc. La enseñanza ha sido una verdadera pasión, el trabajo al que más fiel he sido y en el que me he encontrado más a mí mismo. No hay nada como transmitir conocimientos, provocar experiencias, a actores y a actrices, seres frágiles y fuertes, al mismo tiempo. Enseñando he aprendido yo más que nadie.

-¿Qué significó para ti Benito de Ramón, profesor y dramaturgo, qué significa?

Benito es un magnífico profesor y un buen amigo. Durante años llevamos juntos el timón del NTA. Como director de la Escuela Municipal de Teatro ha sido un hombre inteligente, eficiente y amable. Lo que ha ocurrido con él es una injusticia absoluta. No es que una sentencia haya sido injusta, que lo ha sido y mucho, sino que los verdaderos responsables de un despropósito mayúsculo han sido aquellos que le han dejado a los pies de los caballos. Gente que no merece ocupar cargos en el Departamento de Educación de ninguna institución pública, burócratas sin talento ni sensibilidad, y, en algunos casos, malas personas.

-Ha sido profesor de la Escuela Municipal de Teatro. Dabas Historia y Teoría Teatral. ¿De manera sencilla, qué quisiste enseñar, qué se puede aprender en el teatro?

Fui durante poco tiempo profesor de Historia y Teoría. Apenas un par de años, que coincidieron con mi etapa de director de la Escuela. Muy pronto Mariano Cariñena me propuso dar clases de Interpretación, que es lo que he hecho durante más de veinte años. Enseñar en teatro es transmitir adecuadamente lo que tú sabes o crees saber. Para hacerlo no hay recetarios, ni manuales: hay reflexiones compartidas, experiencias humanas, cercanía entre alumnos y profesores. Eso no es exactamente amistad. Enseñar también es exigir y exigirte, es involucrarte de verdad en procesos, en desarrollos. Ser profesor de teatro es ser doblemente humano. Por otra parte están los talleres de tercero, momentos de plenitud pedagógica. Ahí quedan “Don Juan y si estuvieras aquí”, de Benito de Ramón que presentamos en la escuela más prestigiosa de Londres, o “Woyzec”, de Büchner, que se estrenó en Burdeos, Barcelona y Madrid. En total he dirigido catorce talleres.

-Te vas con 65 años y se diría, también, que ¿con ira y con amargura?

No. Me voy feliz y contento. Mi trayectoria en la Escuela ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida. He compartido horas y horas con Mariano Anós, Cariñena, Miguel Garrido, Rafael Campos y todos mis compañeros y compañeras. He asistido a un proceso ejemplar de recambio generacional: mis antiguos alumnos y alumnas son ahora profesores. ¿Qué mejor prueba de que la Escuela ha sido fecunda? Hemos formado actores y actrices profesionales, de los que Fernando Fernán Gómez se deshacía en elogios. Hemos levantado una escuela sólida y humanista. He sido feliz en la penumbra del aula, aprendiendo y enseñado. El hecho de que mi jubilación haya sido abrupta y no me hayan permitido seguir los dos meses que les pedía, solo demuestra la insensibilidad y la descortesía de las personas a las que antes me refería.

-¿Es la ciudad y sus instituciones cruel con los suyos, se obra aquí aquello de Zaragoza como ciudad saturnal que devora a sus hijos?

No lo sé. Si no fuera por esto último, yo me sentiría extraordinariamente afortunado por cómo he sido tratado y por el reconocimiento que, en general, ha tenido mi trabajo aquí, en sus diferentes vertientes. Sí es verdad que Zaragoza es una ciudad muy dura en algunos aspectos, y que hay un clima espiritual por el que no haberse marchado a tiempo suena a mediocridad. Y eso no es así. Aquí hay gente y ha habido gente muy valiosa.

-Vayamos con otra experiencia: el Centro Dramático de Aragón. Empezó con energía, con ilusiones, con ideas… ¿qué te emociona al recordarlo?

El Centro Dramático de Aragón fue para mí una experiencia fabulosa. Yo quería poner en marcha un centro de producción al estilo europeo, en el que se contara con profesionales de la tierra y se importara otros de fuera. Y así fue: Carlos Martín, Félix Prader (de la Comedie Française), Joan Ollé, Fernando Fernán Gómez y otros dirigieron espectáculos. Se estrenaron textos de Shakespeare, de Javier Tomeo, del propio Fernando. Regresaron actores que habían emigrado… Que no supusiera un conflicto de intereses con las compañías privadas, sino que fuera el buque insignia que les abriera paso. Creo que las decisiones que se tomaron fueron ambiciosas artísticamente y en poco tiempo estrenamos en el María Guerrero, de Madrid, en el Grec, de Barcelona, o en el Teatro de la Abadía, ganamos un premio en el Festival de Almagro y un Max… Pero sobre todo, conseguimos firmar contratos estables con los actores, que no han vuelto a ser pagados jamás y que suponían para ellos una puerta laboral siempre abierta. Cuando yo me marché, el Gobierno de Aragón puso al frente a una persona que había manifestado públicamente que no le parecía una buena idea y que tampoco le gustaba el teatro. Se veía venir que sus días estaban contados, y ahí es donde el Sindicato de Actores extrañamente miró para otro lado. A mí me regateaban dos euros de dietas por actuación, y, sin embargo, no se plantaron contra la decisión de cerrarlo. Es inexplicable.

-¿Por qué se cerró: hubo conjura general o indiferencia? ¿Por qué nunca se dijo nada, no se dieron razones?

Se cerró por lo que te cuento, por la inexplicable desidia de la profesión, que se hizo el harakiri más absurdo de la historia del teatro. Y, en otro orden de cosas, porque la Consejera Eva Almunia, heredó un proyecto que había nacido en la anterior legislatura, de la mano de Javier Callizo, miembro de un partido diferente.

-¿Por qué cuesta tanto en Aragón, pero sobre todo en Zaragoza, sostener los proyectos, entender el bien común como algo coral?

Tampoco lo sé, pero siempre ha sido así. La gente lucha mucho por defender sus supuestos intereses particulares y no le entra en la cabeza que defender los generales, los del sector, es la mejor garantía para conseguir lo primero. Hay poca mirada al horizonte y demasiada al ombligo. Hay miedo a lo desconocido.

-¿Qué te dio y qué nos dio, desde el punto de vista de los espectáculos, la Expo?

Fue la etapa más extrema de mi vida. Cuatro años subido en un avión, proyectando espectáculos en Buenos Aires, Canadá, Francia, Moscú… Conocí a gente alucinante y tuve libertad para hacer mi trabajo, para promocionar maravillas como “Hombre vertiente”, como “Iceberg” o como la Cabalgata del Cirque du Soleil, gracias a Roque Gistau, Jerónimo Blasco y a Paco Pellicer, que eran mis superiores directos. Siempre me sentí respaldado por ellos. Yo buscaba conjugar modernidad, pensando o contratando espectáculos para todos los públicos,  y todo ello en sintonía con el mensaje que la Expo defendía. Sin embargo, diez años después, veo aquello como un subidón que no tuvo la continuidad necesaria. Algunas personas planteamos en 2007, un año antes de comenzar la Expo, un Festival de las Artes Escénicas y de la Música para Zaragoza. Nadie nos oyó. También hubo un poderoso factor en contra: cuando se apagaron las bombillas de la Expo nos encontramos con la crisis y los recortes.

-De todos estos años, ¿de qué te sientes más orgulloso? ¿Qué es lo mejor que te llevas?

Me he reído mucho. Mi trabajo ha sido mi vida. No ha habido distancia entre ambas realidades. Y no me he marchado de Zaragoza. Ese ha sido mi gran error y, al mismo tiempo, mi gran conquista. He resistido al cierzo y a los elementos. En el primer caso hablo del clima, en el segundo de algunos y algunas personas insensibles y aprovechadas, cegadas por una ridícula ambición. Me quedo con que mis momentos de felicidad han sido casi una constante.

-¿Cuál es, ahora mismo, la calidad de nuestro teatro: en espectáculos, directores, actores, infraestructuras?

Sinceramente no lo sé. Estoy en una fase en la que el teatro de los demás no me interesa demasiado. Y lo digo con cariño, con mucho cariño. Estoy centrado más en mí, esa es la verdad, como para emitir diagnósticos. Creo, sin embargo, que la Cultura en el Gobierno de Aragón está bien protegida por Nacho Escuín, y que tal vez no tenga muchos medios, pero sí claridad de ideas y honradez. En cuanto al teatro estrictamente creo que han resistido aquellos que vieron en su momento que había que protegerse detrás de paredes: en el Teatro de la Estación, en el Teatro Arbolé y en el Teatro de las Esquinas. Creo que hicieron una apuesta inteligente y audaz que les ha salido bien. Yo no tuve esos reflejos. Les deseo lo mejor de corazón, entre otras cosas porque en algún momento fueron mis compañeros y volverán a serlo en algún momento.

-Si cierras los ojos y repasas todo, ¿crees que ha valido la pena tanto esfuerzo?

No suelo cerrar los ojos y pensar en el pasado. Pienso en el futuro. Si los cierro es para recordar lo maravillosa que ha sido mi vida profesional, la inmensa suerte que he tenido, y algunas personas a las que he conocido y han dejado una huella imborrable en mí, gente que me ha enseñado algo: Fernando Fernán Gómez, Emma Cohen, Joan Manuel Serrat, Peter Brook, etc. Y los amigos que he hecho en estos años y que siguen de un modo u otro conmigo, vivos o muertos: Jordi Mesalles, Miguel Garrido, Gerardo Malla, María Isbert, Joan Ollé, Jorge Eines, Javier Tomeo, Rafael Campos…

-Brevemente. ¿Qué deseas hacer en el futuro? Tienes compañía, has sido actor y autor teatral…

Vivo ya en ese futuro. Comparto tres compañías –Teatro Intimo, Teatro del Espejo, Dama de Noche-, cada una pensada para un tipo diferente de proyectos. Allí estoy  con gente muy valiosa como Roberto Millán, Belén Mirabal, Yván Miguel, Beatriz Serrano, Gérard y Françoise Maimone y con Mario Ronsano, joven e inteligente, y José Antonio Royme, la eficacia hecha persona. Pero especialmente con la persona que ha ensanchado mi vida: mi mujer, Isabel Rodríguez Romero, puro nervio, puro talento, pura energía positiva, con la que voy a tener un hijo en apenas unos meses y con la que reemprenderé mi carrera cuando deje de hacer biberones y cambiar pañales. Quiero seguir dirigiendo, pero me apetece escribir (estoy terminando un libro que se llamará “Memorias de un gamberro antifranquista”), y actuar, sobre todo actuar, especialmente con Isabel. Ojalá también lo haga algún día colaborando con mi hijo Paco, que se ha decantado por la música y la composición. Así que de pasado nada: presente y futuro.

*La foto es de Juan Moro. Fotógrafo madrileño instalado en Zaragoza que trabaja en un gran proyecto: ’Gente de mal vivir’.

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/08/05/juan-moro-retrata-mas-200-creadores-gentes-mal-vivir-zaragoza-1260617-1361024.html

AMOR DE CINE EN FUENTES DE EBRO

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/11/06/amor-cine-fuentes-ebro-1275917-1361024.html?utm_source=facebook.com&utm_medium=socialshare&utm_campaign=desktop&fbclid=IwAR0fJJKuPi-X3XHfw4yC-YBdcSmIr5O4UXLRDHkb0dFRxLpkekXN7GCX8x4

“Me encanta veros. Me emociona vuestro festival. Me hace amar más, si cabe, el cine. Heidi y Anabel os adoran, cómo no podía ser de otra manera”, le escribía la actriz Itziar Miranda, nacida en Zaragoza en 1978 y criada en Estadilla, a José Antonio Aguilar, director del Festival de Cine de Fuentes. Itziar fue coprotagonista de la emocionante gala de clausura del pasado sábado: explicó cómo es y cómo trabaja Anabel Alonso, y recordó que el 50 % de su trabajo en la serie de televisión ‘Amar es para siempre’ se lo debe a ella, y viceversa tal vez, porque en el cine y en el teatro y en la televisión “el otro es decisivo, y en eso, también en eso, Anabel Alonso es un ejemplo”.

Anabel Alonso aguantó con más felicidad que otra cosa una gala que duró tres ahora. “Ya veo que queréis ser como los Goya”, dijo cuando subió a recibir su galardón: la Dama de Fuentes. La rindieron homenaje el actor y gastrónomo Nacho Rubio, que reivindicó Teruel, la citada Itziar Miranda, que estuvo brillante y emotiva (José Antonio Aguilar susurra: “Es mi estrella, brilla siempre”), el director de la serie ‘Amar es para siempre’ Eduardo Casanova y Heidi Steinhardt, directora de teatro y compañera de la galardonada.

Heidi dijo que no tenía ningún discurso preparado, que no sabía que tenía que hablar, e improvisó una auténtica y sincera declaración de amor. Recordó que llevaban seis años viviendo juntas, dijo que Anabel era una buena compañera en la vida y en el amor, que no paraba nunca de hablar y que “desde las seis de la mañana ya está en marcha”. Anabel sellaría su gratitud de una manera muy especial: cuando la alcaldesa María Pilar Palacín le entregó la estatuilla, los demás premiados reciben una cigüeña, besó apasionadamente su trofeo. El fotógrafo Javier Romeo, cronista visual del Festival de Fuentes desde hace años, dice: “Me gusta esta foto. Eso sí que es agradecer un premio”. Con un besazo de cine.

José Antonio Aguilar, muy a pesar, se convirtió en uno de los inesperados galardonados de la gala. La familia Couso le entregó una placa por su compromiso y la apuesta solidaria del certamen desde hace 15 años. “No soy la persona más adecuada para contestar, pero destacaría de esa noche la pluralidad, la libertad de la gala de clausura. Se normaliza todo y todos se expresan como desean. El amor se construye entre personas, no entre géneros, y el sábado en el cine de Fuentes de Ebro hubo mucho amor, amor del universal. Me emocionan todavía recuerdos como la declaración de Heidi a Anabel, quien me apretó la mano a la vez que se emocionaba, desde la butaca de al lado. Tampoco se extrañó, se quieren mucho, se complementan, son dos grandes mujeres. Me emocionaron las palabras de la directora zaragozana Pilar Gutiérrez hablando del tipo de familia que ha querido elegir y el beso de David Couso, que recibí con orgullo. David desborda amor desde que, además, sabe que va a ser padre. Son muchas cosas vividas”. La existencia se alimenta de certezas y de ilusiones.

La fotógrafa Ana Moreno, que entregó un galardón, amplía el foco y señala: “Hay cercanía, alma y mucho corazón en el Festival de Fuentes de Ebro. Hubo fuerza y unas ganas tremendas de las mujeres creadoras. Natalia Moreno, recogiendo el premio con su hijo, estuvo genial”. Aguilar recoge el testigo de la fotógrafa, y subraya: “Noche de mujeres el sábado, sin preparar, sin pensar, cosas que fluyen por su peso y sin necesidad de radiar a los cuatro vientos. Los premios los ganan quienes mejor trabajan, mujeres y hombres. También me emocionaron mucho los aplausos de los nominados a los ganadores. Y los tambores…, esos emocionan a todo el mundo. Anabel Alonso levitó con ellos y con Fuentes de Ebro”.

Ana Bruned, caracterizadora y maquilladora, recibió el premio al mejor maquillaje. “Fuentes es especial para mí por varios motivos. La trayectoria y la estructura: bien organizado y tiene categoría de maquillaje, que es lo que me atañe. Siempre me han dado igual los premios, pero por primera vez deseaba ganar un premio y recibir este ha sido especial. Y se han alegrado por mí y eso me hace muchísima ilusión”.

Amor de Cine en Fuentes de Ebro

Retrato coral de los premiados, de quienes entregaron los premios y de los presentadores: Jesús Nadador, Sylvia Soláns y David Marqueta. / Javier Romeo.

 

El actor y guionista Luis Rabanaque, integrante de ‘Oregón Televisión’ entregó una cigüeña. “Para mí hubo varios momentos en la gala que fueron significativos. El acierto al contar con el actor Rafa Maza como conductor cómico (’¡Qué pavo!’), el emocionante momento de homenaje a Anabel Alonso (y en pantalla a Álvaro de Luna) o la entrega de una placa de reconocimiento al Festival y a su director José Antonio Aguilar por parte de la familia de José Couso. Me hace muy feliz también acudir a Fuentes porque es un punto de encuentro de amigos”, declara.

Rabanaque, famoso como Roque y otros personajes, añade algo más: “Para mí Fuentes es el éxito de las cosas hechas con cariño y amor. Por eso nos gusta tanto ir cada año, más allá de que recibamos, decidamos o demos premios. Se crea una corriente de felicidad en la que la competencia queda en un discreto segundo plano. Está todo cuidado con mimo, José Antonio nos hace sentir muy especiales a todos y cada uno de los que acudimos. Las galas son siempre emocionantes y este año ha sido tan especial con ese leitmotiv de cómicos españoles, con mi José Luis López Vázquez entre ellos”.

Jesús Bosqued, director de arte de numerosos proyectos y de las películas de Paula Ortiz, va por idéntico camino: “Llevo 3 años yendo (como jurado, para entregar un premio y como público) De las tres maneras me he sentido como en casa. Es una sensación personal de ver que hay mucho trabajo detrás, profesionalidad y, sobre todo, cercanía. Desde que entras en el Festival te sientes como en casa y te sabes que formas parte de algo. La calidad de los cortos es muy buena, el jurado es muy responsable y el público respetuoso. Un referente para todos los que hacen cine en Aragón”. Recibieron galardones, o los entregaron, los directores Ignacio Lasierra, Sergio Duce, Paula Ortiz, Ignacio Estaregui, Pilar Gutiérrez, Natalia Moreno, Verónica Saénz o Germán Roda, autor de ‘Los años del humo’, con guión suyo y de Ramón J. Campo; los actores Jorge Asín, Marisol Aznar o Alfonso Desentre; guionistas como José Manuel Herraiz; escritores como Miguel Mena, José Luis Melero; músicos como Ara Malikian; la vicerrectora Yolanda Polo; representantes políticos como Nacho Escuín, Cristina Palacín y Teresa Azcona. Y los responsables de otros festivales de cine: Zaragoza, La Almunia de Doña Godina, Bujaraloz...

El director, y ayudante de dirección de ’Miau’, Ignacio Lasierra valora así el Festival de Fuentes y su propia condición de ganador de cuatro premios: "Es difícil de explicar pero, en realidad, Fuentes transmite energía. Y los que hacemos cine bebemos de esa energía para impulsarnos hacia cada nueva película. Necesitamos la cercanía de los espectadores y Fuentes nos permite tener esa cercanía con el público. Por otro lado, uno va a Fuentes sabiendo que va a encontrarse con amigos y compañeros de profesión a los que hace tiempo que no ve. Como lugar de encuentro, el festival cumple un papel de lo más importante en nuestra comunidad". Lasierra, zaragocista hasta la médula, tiene un recuerdo para dos mujeres: "De todos los premios recibidos para ’La comulgante’ en esta edición de Fuentes de Ebro, hay uno que me hace especial ilusión. El que reconoce el enorme talento y esfuerzo de las dos productoras ejecutivas que han levantado junto a mí el cortometraje: Inés Laporta y Aurora Pinto. Ambas se han quitado horas de sueño por este cortometraje. Sin su trabajo, nunca hubiera tenido la oportunidad de dirigir un guion que me ha acompañado durante 8 años hasta que hemos conseguido rodarlo. Verlas en el escenario de Fuentes, recibiendo felices la cigüeña a la mejor dirección de producción, después de todo lo que sé que han sufrido por producir este cortometraje, compensa de sobra el último año y medio de trabajo que los tres hemos desarrollado en ’La comulgante’", agregó. Quedó claro, por otra parte, que "el cine romántico por excelencia es el de los cortometrajes".

Por alusiones, y con evidente pudor, José Antonio Aguilar se ‘defiende’: “Insisto. No sé si yo soy la persona más adecuada para responder, pero lo intento. Creo que fuimos los primeros en creer en las personas que querían hacer cine en Aragón y que todas, incluidos técnicos y otros profesionales más inadvertidos, todas son importantes. El respeto, el trato, el cariño, la emoción de emocionar, los abrazos, los besos, esas muestras de desbordar sentimientos creo que lo hemos logrado, eso es fácil para nosotros. Somos humildes, pequeños y buena gente, eso no se puede ocultar”.

En medio de este clima de cariño, respeto y alegría constante, y de reconocimiento a los oficios del cine y al talento aragonés (como dijo el cineasta y profesor Ángel Gonzalvo), alguien criticó que "los políticos no dejen que sea el galardonado quien cierra la gala". Eso sí, Miguel Mena recordó que en Fuentes de Ebro hay una paisaje espectacular, Rodén, ideal para cualquier rodaje, poco utilizado, que evoca la desolación de Belchite, e incluso se permitió sugerir un título: ‘El pensador de Rodén’.

PREMIOS PARQUE DE LAS MARIONETAS

PREMIOS PARQUE DE LAS MARIONETAS

ENTREGADOS LOS PREMIOS 2018 DEL PARQUE DE LAS MARIONETAS

Hoy sábado 13 de octubre a las 20:30 en el Escenario Musical del Parque de las Marionetas en el Parque José Antonio Labordeta se ha realizado el acto de entrega de los Premios 2018 de la 20ª Edición del “Parque de las Marionetas” y 9ª edición del Festival Internacional de Teatro de Feria, unos premios que se instituyeron en el año 2010 para poner en valor el trabajo de los creadores del sector del arte de los títeres, las marionetas y el teatro de Feria. Los galardonados en esta edición han sido:

Premio a la Trayectoria en el Teatro de Marionetas al: Centro Internacional del Títere de Tolosa –TOPIC- por su labor desde 2009, como  un proyecto singular, atractivo e interesante que apuesta por la imaginación, la innovación y la originalidad, siendo el único centro integral para el arte de la marioneta en toda Europa.

Premio al Mejor Espectáculo de Teatro de Feria al: Teatri Mobili de Italia. Un espacio itinerante dedicado al teatro de títeres contemporáneo, creado por la familia teatral Girovago e Rondella y la Compagnia Dromosofista. Un un bus urbano donde actúan con su montaje ‘MANOVIVA’ la pareja artística Federica Lacomba y Marcos Grignani, de larga trayectoria en el mundo del espectáculo, y un camión convertido en teatro donde actúa la Compañía Dromosofista constituida por Rugiada Grignani, Facundo Moreno y Tommaso Grignani, con su espectáculo ‘ANTIPODI’,   se convierten en dos insólitos espacios teatrales, transformando temporalmente el paisaje urbano poniéndolo a disposición de la imaginación. Este proyecto que se ha presentado por primera vez en en España en el Parque de las Marionetas de Zaragoza, estará posteriormente en Madrid, en el Centro Dramático Nacional, en El Festival Internacional de Títeres de Bilbao y en el TITIRIJAI de Tolosa, otra de los más importantes Festivales del gremio en España. Gira que ha contado con la colaboración del Instituto Italiano de Cultura.

La Gala ha estado amenizada por Che y Moche y su Orquesta Zingarozana y conducida por Adolfo Ayuso, historiador, estudioso y escritor del mundo del títere de gran prestigio nacional,  y Joaquín Murillo, Vicepresidente de ARES Aragón Escena y director de la Compañía Che y Moche. Los premios han sido entregados por el Consejero de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza Fernando Rivares y representantes de la Asociación Ares Aragón Escena como organizadores del Festival. Han recogido los Premios, por parte del TOPIC, Idoia Otegui, Directora de TOPIC y  por parte de Teatri Mobili miembros de las compañías Girovago e Rondella y la Compagnia Dromosofista que constituyen este interesante proyecto.

 

El Festival continúa su programación hasta el día 14 a las 8 de la tarde que será clausurado.

Puede consultarse la programación y el historial de los Premios en
parquedelasmarionetas.es

 

INFORMACIÓN SOBRE LOS PREMIADOS

TOPIC es el Centro Internacional del Títere de Tolosa.  

Inaugurado en noviembre de 2009, un singular, atractivo e interesante proyecto que apuesta por la imaginación, la innovación y la originalidad. Es el único centro integral para el arte de la marioneta en toda Europa.

Como centro con vocación integral, TOPIC también se ha convertido en un punto de encuentro para los titiriteros de todo el mundo. Un lugar donde aprender, mostrar, investigar, producir y compartir experiencias, información, reflexiones y trabajos en un espacio de vanguardia, cómodo, funcional y con equipamiento de alto nivel. 

TOPIC es, por tanto, un espacio disponible para todos cuantos comparten los objetivos de desarrollo, promoción y perfeccionamiento del arte del títere, en todas sus concepciones desde la tradición a la vanguardia y siempre abierto a su interrelación con las otras artes. 

TOPIC es miembro activo de la Unión Internacional de la Marioneta, UNIMA, siempre abiertos a colaborar con sus distintas comisiones y estamentos tanto nacionales como internacionales.

El público infantil es el principal destinatario de TOPIC. Por tanto profundiza en todo aquello que relaciona al teatro con el niño. Se trata de que los más jóvenes se acerquen de una forma natural, pero dirigida, a esta forma de teatro. 

Tolosa se ha convertido así en uno de los epicentros del teatro de marionetas, una expresión artística que goza hoy de una consideración y un calado social cada vez mayor.

En sus 3.600 m2. TOPIC acoge:

  • Un museo permanente y exposiciones temporales.
  • Un centro de documentación, archivo y mediateca, totalmente digitalizados.
  • Un moderno y bien equipado espacio escénico con un aforo para 250 espectadores.
  • Sala para producción, montajes o ensayos.
  • Espacios para actividades escénicas compatibles.  
  • Salas para talleres y cursos tanto presenciales como online por videoconferencia. 
  • Una pequeña residencia para artistas y/o investigadores.

Todo proyecto tiene su historia y la de TOPIC se remonta a hace más de 20 años.

Corría el año 1982, y el Centro de Iniciativas de Tolosa decidió emprender una nueva actividad cultural e impulsar la creación de un festival internacional de marionetas, Titirijai.

Lo que en un primer momento pudo parecer una idea curiosa, para unos, o una atrevida propuesta, para otros, fue tomando cuerpo y se convirtió en una idea de éxito.

Hoy Titirijai es capaz de atraer la atención de más de 25.000 espectadores, cuenta con una media de 160 representaciones y ha convertido a Tolosa en un referente internacional en el panorama del teatro de marionetas.

A la vista del calado social que iba adquiriendo Titirijai, sus impulsores, el Centro de Iniciativas de Tolosa, comenzaron a imaginar un nuevo proyecto: ¿Por qué no aprovechar el saber hacer y los conocimientos adquiridos para impulsar un proyecto singular?

TOPIC, por tanto, no nace de la nada. Es una consecuencia lógica de Titirijai (Festival Internacional de Marionetas de Tolosa).

Existe, por tanto, una cultura, un conocimiento en torno a este arte que va a ser de gran valía en el lanzamiento y consolidación de TOPIC.

 

Las etapas del proyecto:

  • 1987. Se presenta  el primer proyecto y se barajan posibles ubicaciones. Entre ellas, el Palacio Aranburu, el chalet de Arkaute, la antigua base de la Ertzantza o el Casino de Tolosa.
  • 1999. El Ayuntamiento de Tolosa encarga un anteproyecto para el Palacio de Justicia de la plaza Euskal-Herria.
  • 2005-2006. Se adjudica el proyecto en concurso público al Arquitecto Anton Pagola.
  • 2007-2009. Ejecución de las obras.
  • 2009. Inauguración el 26 de noviembre

*Nota del ayuntamiento de Zaragoza.

Tomo de aquí la foto: http://www.conhijos.es/planes/guipuzcoa/museo-titeres-tolosa/

BERNA: LA MADUREZ Y LA JOTA EN 'HAMBRE'

BERNA: LA MADUREZ Y LA JOTA EN 'HAMBRE'

Este artículo puede verse aquí...

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/09/30/apoteosis-berna-jota-auditorio-1269108-1361024.html

CRÍTICA DE DANZA / Antón Castro

 

Apoteosis de Berna y la jota en el Auditorio

 

El bailarín redondea un espectáculo de madurez en ‘Hambre’, con la obra de grandes compositores, interpretada en directo por la ORA

 

Antón CASTRO

Miguel Ángel Berna (Zaragoza, 1968) lleva 28 años de profesión y 20 con compañía propia. La jota, sus bailes y sus sonidos, ha sido su gran apuesta. Le ha dado una y mil vueltas en un buen número de espectáculos. Casi por azar, se le metió entre ceja y ceja un concepto: el hambre. Como si hubiera leído el libro de Martín Caparrós: ‘El Hambre’ (Anagrama, 2016). Hambre que alude a la de los humildes, hambre del artista por llegar más arriba, por dar lo mejor de sí mismo y quizá por envolverse de humanidad, de fuerza y de belleza. Hambre de transmitir, afán artístico de comunicación.

Y así, por azar y por necesidad, fue creciendo en su interior un espectáculo que, como suele hacer siempre, le ha llevado a realizar un homenaje a compositores que, de diversas formas, se han sentido interesados o inspirados por la jota como Santiago de Murcia, Luigi Boccherini, enamorado de España, Franz Liszt, Mijail Glinka, Tomás Bretón y Alberto Artigas, compositor, arreglista e intérprete y uno de los colaboradores con Joaquín Pardinilla más constantes del propio Berna.

El bailarín, con sus castañuelas y con su ambición, con esa personalidad que a veces no se sabe si es furiosa o enérgica o inconformista, decidió de nuevo tender puentes: contactó con la Orquesta Reina de Aragón, que dirige Ricardo Casero, y poco a poco se fue redondeando una función que ya es esperada en Europa y que ha contado con una arreglista con gran sensibilidad como Amparo Edo Biol. Berna y Casero sumaron otros dos elementos: el Coro Amici Musicae, tan sólido siempre, y unas proyecciones, abstractas en ocasiones o realistas en otras (reflejos en el agua, el oleaje), de Ernesto Sarasa.

‘Hambre’ es Miguel Ángel Berna y su compañía en estado puro. ‘Hambre’ es una función que tiene los ingredientes de siempre, la tradición de la jota y el deseo de renovarla y de volverla más contemporánea. La función se organiza mediante secuencias de baile, con una coreografía muy vistosa y equilibrada, en la que hay homenajes a la tradición popular aragonesa, al universo  de Goya –a sus majas y creo que a los fusilamientos-, incluso hay una suerte de duelo entre Berna y uno de sus bailarines. Todo fluye con convicción y plasticidad, con un cuerpo de baile cada vez mejor, más sólido, y un hermoso regalo: los jóvenes alumnos de Miguel Ángel Berna, que salieron y bailaron sin complejos, con gracia y con sosiego.

El espectáculo funciona. No es fácil ver el hilo conductor, de escena a escena, que quizá sea leve. El auténtico hilo conductor es el de la música y el baile: la Orquesta Reino de Aragón, afinada y muy profesional, y por supuesto Berna y también Manuela Adamo, con quien se marca un sugerente y sensual paso a dos, y el grupo de bailarines.

La jota está ahí. Por todos los poros. Pero también hay fogonazos flamencos. El universo legendario y romántico de la España del XIX. La España de la Dolores y Agustina de Aragón. La España convulsa del siglo XX. La España herida que enamoraba a los músicos extranjeros. La idea misma del pueblo: ‘Hambre’ también es dolor, desgarro, miseria. ‘Hambre’ es el deseo de redención y de libertad. ‘Hambre’ es un diálogo con el patrimonio cultural. Miguel Ángel Berna vuelve a ser generoso y logra un espectáculo estupendo, maduro, compartido, laborioso, que a más de uno se le quedó corto. El coro entona: “Aquí se canta la jota”. Se canta, se baila, se protege y se hace tierra, retrato y rito.

La Sala Mozart del Auditorio estaba llena. Al final, el público se levantó y premió la entrega de todos, desde Miguel Ángel Berna, que se da una auténtica paliza, y sus bailarines hasta la Orquesta Reino de Aragón. Aunque parezca exagerado, en la función del sábado se produjo una auténtica apoteosis, con el público en pie con atronadores y largos aplausos.

 

LA FICHA

‘Hambre’. Compañía de Miguel Ángel Berna, Orquesta Reino de Aragón y Coro Amici Musicae. Dirección artística y coreografía: Miguel Ángel Berna. Dirección Musical: Ricardo Casero. Bailarines: Miguel Ángel Berna, Manuela Adamo, Estíbaliz Barroso, Sofía Berna, Mónica Gómez, Kenji Matsuyama, Pablo Pérez, Yasmina Sánchez y Álvaro Alaya. Con la participación de los alumnos de la Escuela Municipal de Música y Danza del Ayuntamiento de Zaragoza. De viernes a domingo 30 de septiembre. Auditorio de Zaragoza.

*La foto de Miguel Ángel Berna y Manuela Adamo, en ’Hambre’, es de Jaime Oriz.

SERGIO ABRAÍN, HACIA LA LONJA: "LA PINTURA ME CONECTA CON LA VIDA"

https://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2018/09/24/sergio-abrain-pintura-conecta-con-vida-1268219-1361024.html

 

"Soy una persona conectada a la vida y su sentido a través de la pintura. He sido, soy y seré pintor, y me reconozco esencialmente en la pintura, aunque vivamos en una época de tecnologías, que uso y asumo. El arte ha sido todo un viaje para mí, un viaje de conocimiento, de curiosidad, de aprendizaje”,dice Sergio Abraín (Zaragoza, 1952), que ultima la muestra que inaugurará el próximo 5 de octubre en la Lonja y que constará de 90 piezas de distintas técnicas y soportes.

Añade: “Es curioso. Soy un pintor muy zaragozano que ha mirado al mundo y los diversos movimientos de mi época. He vivido aquí, he trabajado aquí, me la jugado aquí, y seguramente soy más maño de lo que yo mismo había pensado. ‘Rompiendo el tiempo (1974-2018)’ es, en ese sentido, un homenaje a Zaragoza, un encuentro con mi ciudad, y un homenaje a varios amigos que ya se han ido y que quiero que estén presentes: artistas como Eduardo Salavera y Emilio Abanto, o diseñadores como Carlos Zaro, que me enseñó mucho y fue un maestro para mí”. A esos homenajes explícitos, Sergio Abraín suma los de aquellos -poetas, narradores, periodistas, filósofos, historiadores del arte, etc.- que han escrito de su obra a lo largo del tiempo.

Sergio Abraín: “La pintura me conecta con la vida”

Sergio Abraín el púlpito. Siempre ha cultivado el humor, la ironía y la transgresión. Archivo Abraín.

 

Dice Abraín que aquella exposición en el Palacio de Sástago de las salas Patagallo y Caligrama -de las que fue “catalizador o agitador cultural. Era un encargo de Alfredo Romero”- fue casi un ensayo para esta exposición en la Lonja bastantes años después. “Decidí hacer una retrospectiva que abarca 44 años. Desde mis orígenes hasta ahora mismo veo que hay una coherencia y un conjunto de obsesiones que se repiten -añade Sergio Abraín-. Me ha interesado el surrealismo siempre, y está en mi obra a lo largo del tiempo, y me han interesado asuntos y series como la vertiente social, el paisaje, el cuerpo humano, las máquinas y el maquinismo, los espejos y el agua. A todos ellos les he dedicado serie específicas, períodos de entre 10 y 12 años. Al preparar esta muestra me he dado cuenta que esas obsesiones aparecen, desaparecen y reaparecen con insistencia”.

Sergio Abraín declara, “a diferencia de lo que a veces pasa con otros artistas”, que él sí se reconoce en sus primeras obras, impregnadas de figuración y de denuncia social, y que ha querido mostrar la obra de un artista de su tiempo que se ha enriquecido con un sinfín de referencias: la obra literaria y plástica de los surrealistas franceses; la obra pictórica de Fernand Leger, Max Ernst, los expresionistas norteamericanos, con Willem de Kooning a la cabeza, pero también los futuristas italianos y la transvanguardia. Cita a ensayistas como Jacques Lacan, Gilles Deleuze, Roland Barthes, “que fue clave en mi inclinación hacia los signos”, y Gaston Bachelard. Y, por supuesto, Miguel Labordeta, que “fue revulsivo para mí. A él le debo el término ‘metalírico’ con el que ha bautizado algunos de mis cuadros. He sido un gran lector de su poesía, que no es nada fácil, pero yo me siento identificado con ella. He hecho dibujos y caricaturas basados en su poesía y en él mismo, pero al final no ha salido ese proyecto; sigue por ahí aparcado. Fue clave en mi conocimiento del poeta la colaboración con uno de sus grandes estudiosos como Antonio Pérez Lasheras”, explica el pintor.

Sergio Abraín: “La pintura me conecta con la vida”

Así captó Arturo Burgos  a Sergio Abraín. Arturo Burgos.

 

‘Rompiendo el tiempo (1974-2018)’ es el álbum de creación de un pintor que no ha dejado de experimentar, que siempre ha estado en el camino, que ha participado en grupos como el Colectivo Plástico, que colaboró con el movimiento vecinal y diversas asociaciones y que sigue trabajando en Arte y Terapia con diversos colectivos de enfermos mentales. “Sí, pero esta es una exposición más personal. He intentado proponer un recorrido pictórico entretenido y didáctico en ocasiones. Quiero que se vean los recursos técnicos, las técnicas y el juego”, señala.

Ese paseo en el tiempo que es la muestra se ha dividido en siete partes o períodos: la obra de intervención y denuncia y su evolución, la presencia del color, que pasa por épocas de acidez y de exaltación, la pintura de acción, con chorreo y gestualidad, el paso hacia un arte más total, más expresionista y de signos , el homenaje al cantante José Afonso, la aparición de las estructuras y la geometría, la presencia de los objetos, los desnudos, “casi siempre femeninos”, los tubulares y, finalmente, los dioramas, “algo que ya procedía de épocas anteriores mías. Me gustan mucho las cajas, esos escaparates, donde establezco vínculos con la arquitectura. En esta parte final también hay una obra curiosa: la visión a mi manera del éxtasis del caballero San Jorge ante la princesa”, concluye.

Sergio Abraín: “La pintura me conecta con la vida”

Sergio Abraín, en los año 70, cuando empezaba su carrera. Arturo Burgos, fotógrafo de HERALDO.

EL QUINTO PERRO VÍCTOR MIRA (1949-2003)

EL QUINTO PERRO VÍCTOR MIRA (1949-2003)

El quinto perro Víctor Mira

 

ANTÓN CASTRO

“Me arrodillo y espero hasta que siento que puedo pintar como un ángel”. La frase no pertenece a Zurbarán ni a Caspar David Friedrich ni siquiera a San Juan de la Cruz, el hombre que levitaba con sus visiones poéticas, sino a Víctor Manuel Miragaya, nacido “accidentalmente” en Marruecos, aunque él siempre diría que había nacido en 1949 en la “Madre Zaragoza”. En su infancia y su juventud retendría varias imágenes: las afueras de Juslibol y sus celajes, muy especialmente, y la inmensa culebra del río Ebro. De ambas escribiría en sus poemas y en algunos de sus diarios como ‘Humus. Diario, 1994-1998’ (DPZ, 1999).

Víctor Mira, el nombre que eligió como artista, fue un creador por vocación. Sintió como pocos el drama de la insatisfacción más radical. Buscaba y buscaba, y trabajaba sin sosiego, con furia y alucinación. Así, con intuición y poseído por un don inefable, fue realizando su obra: sus óleos, sus dibujos, sus grabados, sus esculturas. Piezas que están impregnadas de pesadillas, de visiones inquietantes, de figuras poéticas que hallaba en el corazón de la noche y en los textos del Romanticismo, en la vida o en la historia del arte mismo. Víctor Mira pertenece a esa categoría de artistas que persiguen la trascendencia, el más allá, que se sienten “los elegidos” del destino y a la vez se perciben como un pájaro solitario que se adentra, de cabeza y quizá a ciegas, en el abismo. Él anhelaba “ser un artista capaz de sentir el espectro, la metáfora de la muerte” y a veces, tan paradójico y tan doliente, tan imprevisible, decía que no había vida en su interior.

En su juventud, realizó varios empleos pero pronto se trasladó a Madrid, a principios de los años 70. Algunos años después elegiría Barcelona para vivir: allí ahondó en sus temas, en sus sobresaltos y profundizó en el estudio de la historia del arte. Una mirada a su trayectoria de 35 años revela la complejidad de sus fuentes: el Barroco español, sin duda, la pintura holandesa, la huella de Friedrich, tan persistente, algunos surrealistas como Yves Tanguy, Miró o Salvador Dalí, los expresionistas alemanes, desde George  Baselitz a Otto Dix, por citar algunos, Antoni Tàpies y otros pintores quizá  más inclasificables como Vincent Van Gogh, Cézanne y Goya, claro. Fue uno de los artistas importantes de los años 80 con su paisano José Manuel Broto, José María Sicilia y Miquel Barceló. En esos años contactaría con uno de sus galeristas más constantes, Miguel Marcos, que lo presentó en Zaragoza, en Barcelona y Madrid, en ARCO y en diversas ferias europeas. Marcos dijo de él: “Mira era un animal pictórico, un hombre entregado a su trabajo, un monje en su taller que vivía por y para el arte”.

En la carrera de Víctor Mira se perciben una serie de obsesiones, de temas o de figuras claramente simbólicas.  Ahí están el ‘Caminante’ con su farol en la mano, las ‘Hilaturas’, los ‘Estilitas’, donde parece encontrarse con su pariente Luis Buñuel y su ‘Simón del desierto’, piezas como ‘Montserrat’, las crucifixiones, algunas grandiosas, que evocan por igual a Velázquez o a Dalí pero también a pintores más inquietantes como Brueghel, o los ‘Antihéroes’, otra creación suya que se inspiró en la ‘V Sinfonía’ de Beethoven y cuyo protagonista es un muerto que reposa en un somier y que tiene una herida en el centro del abdomen.

Mira también se sintió atraído por Bach a través de una serie muy depurada, presentaba bajo el formato de ‘variaciones sobre un tema’, donde predominan el negro y el azul. Toda su obra es un intento personalísimo para descifrar la complejidad del mundo, una complejidad que empezaba en él mismo: era provocador y airado, comprometido y pugnaz, satírico y rebelde, y a la vez era vulnerable, candoroso, incluso de una ternura desarbolada. En 2002 presentó en el Museo Pablo Serrano la exposición ‘Apología del éxtasis’ y en 2003 fue elegido el mejor artista español en ARCO.

Vaticinó su muerte tal, como había de ocurrir, en uno de sus dibujos. El 18 de noviembre de 2003, tras haber sufrido un incendio en su taller, Víctor Mira decidió despedirse de su última compañera Esther Romero y del mundo arrojándose a un tren en Breitbrunn. Desde hace una década descansa en el cementerio de Montjuic. En ‘Humus’ había escrito: “Sabía que no estaba loco, sabía que no era un santo, pero respiraba cada vez más con el respirar veloz de los suicidas”.

 

LAS ANÉCDOTAS

 

El quinto perro. Una de las facetas de Víctor Mira es la de poeta y ensayista. En uno de sus mejores textos le escribe a Antonio Saura: “Goya, Buñuel y tú, y aún añadiría al primero de todos, a Gracián, perro agudísimo, cuyo ingenio fue ladrar en mudo para mejor dejarse entender. Sería yo, pues, quinto perro y sordo, y aún me querrían ver sin dientes por no ser de sitio alguno que no sea mi origen propio en la perrera de Zaragoza”.

Presencia. En esta década no puede decirse que Mira haya caído en el olvido. Pepe Navarro, desde Zaragoza Gráfica, ha rescatado periódicamente su obra, con importantes novedades, y ha creado un espacio específico. La galería A del Arte ha mostrado una colección de grabados que donó Mariano Santander al Museo del Grabado de Fuendetodos. Y en el IAACC Pablo Serrano, que trabaja en un ambicioso proyecto sobre el artista, pueden verse algunas de sus mejores piezas. En el panorama nacional sí podría decirse que Víctor Mira ha pasado un tanto inadvertido.

Poética. Escribió: “No hay más verdad que el negro y el azul purísimo de Zaragoza”.

 

*Este impresionante retrato es de Rogelio Allepuz, del año 1993. 

RECUERDOS DEL RODAJE DE 'EL AIRE DE UN CRIMEN' EN CALATAYUD

RECUERDOS DEL RODAJE DE 'EL AIRE DE UN CRIMEN' EN CALATAYUD

EPÍSTOLA DE UN ÁNGEL

RECUERDOS DEL RODAJE DE ’EL AIRE DE UN CRIMEN’

 

Nunca había asistido al rodaje de una película. Y era algo que tenía completamente mitificado. Hubo una época de mi vida, a principios de los 80, cuando era camarero de bingo, que consideré que podía dirigir películas y redactar guiones. Apenas tenía dinero, pero iba tres o cuatro veces por semana a las matinales de los Multicines Buñuel. Aquel era un festín para mí: abrí un cuaderno, y dos y tres, y lo fui llenando de notas sobre la película, los actores, la historia del guión, el propósito del director y mis propias teorías. Por todo ello, en aquel verano de 1987 en que me convertí en periodista de El Día de Aragón, encaré el rodaje de El aire de un crimen con absoluto entusiasmo. En realidad, con una idéntica porción de ilusión y pánico.

 

 

Llegué a Calatayud en autobús, y busqué los puntos de rodaje: la plaza central, el hotel donde pernoctaban los equipos, la plaza de toros. Y pronto, muy pronto, me topé con los actores y todos los cachivaches de producción, entre ellos algunos negros coches de la posguerra inicial. La plaza era realmente espectacular: como un gran teatro de comedia que aguarda a que los actores declamen a Cervantes, a Lope de Vega y a Calderón. Asistí a diversas tomas con auténtica delectación: no podía creérmelo. Antonio Isasi dirigía la película y todo el mundo recordaba su éxito internacional con El perro. El capitán Medina era un actor local que empezaba entonces su proyección: Chema Mazo. María José Moreno era la Tacones. Maribel Chueca encarnaba la fragilidad y la extremada delgadez. Había muchos intérpretes importantes y no tan importantes. Me invitaron a cenar con ellos.

 

Me puse pesado: quería saberlo todo. Preguntaba y preguntaba, y Germán Cobos me contestaba primero con cariño y gracia y luego, a medida que descubría que mi inagotable insistencia o curiosidad, conteniendo el fastidio. Uno de sus amigos, uno de esos animadores de los actores que tienen buena conversación e instinto teatral aunque no lo practican, uno de ésos que siempre hablan de gastronomía y de viajes, me dijo: “Chaval. Olvídate por una hora del trabajo”. Lo intentaba. Lo intentaba, pero se me hacía difícil. Me volvió a advertir el amigo que “dejase de hacer el pelma”. Al final lo logré. O lo lograron ellos. Me emborracharon con cerveza, con vino, con orujo.

 

Al otro día, entrevisté a casi todo el equipo, tomé fotos, eso sí: tenía un insoportable dolor de cabeza. Al domingo siguiente publiqué el artículo en doble página, y dije que la joven actriz de catorce años no era una chiquilla, era un ángel vestido de amarillo. “O la diosa de hermosura inefable que enloqueció a Paris”, eso escribí sin temor al ridículo. Algunos días más tarde recibí un sobre con algunas fotos: estaba completamente borracho en todas. Una de ellas ponía en el reverso: “Bailas fatal, aunque eres muy simpático. Maribel Verdú”. A ella, precisamente a ella, la había confundido con un ángel. Creo que era lo único en lo que no había exagerado.

 

*Hace algunos años, EN 2009, publiqué este texto que recuerda mis inicios en el periodismo, en concreto en el diario ‘El Día de Aragón’ en el verano de 1987. Empecé a colaborar gracias a la librería Muriel y a la buena acogida de Plácido Díez Bella y Lola Ester Uruén. En la foto, Maribel y María José.