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Antón Castro

Artistas

NATIVIDAD ZARO: UN RETRATO

Natividad Zaro: La mujer que quiso ser Don Juan

RITUALES DE SOL. Parecía que el cine durante años solo había sido cosa de hombres. Nada más lejos: Esta mujer que vivió en Madrid, en Berlín y Roma, es casi es el perfecto desmentido. Fue actriz, guionista, productora...

 

 

ANTÓN CASTRO

La primera vez que oí hablar de Natividad Zaro Casanova quizá fuera en una visita, poco antes de morir, de José Antonio Nieves Conde a Zaragoza. Se proyectó su película ‘Surcos’ en Ibercaja, un intento de hacer neorrealismo, o cine de denuncia social, “revolucionario”, en el franquismo. Entonces, no se habló mucho de ella, pero poco después, Javier Hernández y Pablo Pérez cerraban con ella su ‘Diccionario de aragoneses en el cine y el vídeo’ (Mira, 1994), y José Luis Borau también la citaba en su ‘Diccionario del cine español’. Casi a la par, esa mujer –actriz, escritora de teatro, guionista de cine e incluso productora de Atenea Films, durante una década, entre 1951 y 1961, más o menos- se convertiría en una obsesión del inolvidable Félix Romeo. Buscaba sus ediciones, rastros de sus piezas teatrales, carteles; si alguien iba de vacaciones o a un viaje literario al Cervantes, por ejemplo, le pedía que preguntase por ella. Natividad Zaro, en el fondo, era un misterio: había que seguir su rastro minuciosamente, desempolvar archivos y periódicos, escarbar en las librerías de viejo. Félix le dedicó un artículo y dejó en sus cuadernos algunas notas. Poco después del fallecimiento del autor de ‘Amarillo’ el 7 de octubre de 2011, el profesor de literatura e investigador turolense Juan Villalba ha completado su biografía en la ya desaparecida revista turolense de cine, ‘Cabiria’.

La propia Natividad Zaro dijo que había nacido en 1909 y no en 1905 como se había creído siempre. Villalba y Romeo dicen que nació en Borja y no en Daroca. Murió en 1978, al siguiente de haber sido atropellada por un coche. Apenas se sabe nada de su infancia y juventud. En Madrid estudiaría Filosofía y Letras durante cuatro cursos. En los años veinte, jovencísima aún, frecuentaría las tertulias literarias en distintos cafés, entre ellos La Granja del Henar, donde coincidiría con Luis Buñuel, con Lorca y algunos poetas de la Generación del 27 y con la exigencia de Valle-Inclán, que realizaba una especie de examen de personalidad, talento e ingenio a cualquier intruso: allí no se aceptaba a cualquiera. Pronto se inclinaría hacia el teatro. En realidad, se dio a conocer como rapsoda. Juan Villalba constata que la descubrió el escritor y periodista César González-Ruano, que elogió su belleza y su espléndida dicción. “Si es declamación, es declamación nueva. Lo que importa es esta voz, que acciona, y estas manos, que dicen; esos ojos de aguas de mar, donde asoma la vida hecha poesía”, dijo.  A partir de entonces, actuaba en distintas salas, como el Círculo de Bellas Artes, y a veces contó entre los espectadores a otro maestro como Ramón Gómez de la Serna. Al cabo de un tiempo, la oyó declamar Cipriano Rivas Cheriff, cuñado de Azaña y un gran hombre de teatro, y formaron un dúo, que se centró sobre todo en funciones dedicadas al teatro contemporáneo. En 1929 vivirá un momento muy especial: el 1 de noviembre representa el ‘Don Juan Tenorio’ de Zorrilla, pero no hace el papel de Inés, sino el del gran seductor. Aquella transgresión dio mucho que hablar: Natividad fue objeto de entrevistas y reportajes, casi tuvo que justificarse: dijo que Don Juan le parecía “un tipo anormal, sexualmente pervertido y equívoco”, pero que como drama era muy interesante. Siguió haciendo cosas: participó en ‘Pinocho’ de Carlo Collodi y montó varias obras de Benavente.  

A principios de los 30 –y la fecha tampoco resulta demasiado precisa: Juan Manuel Bonet tampoco la concreta en ‘Diccionario de las vanguardias en España’ (Alianza, 1995)- apareció en su vida el poeta y periodista Eugenio Montes, con quien se casó y con quien no tardaría en viajar por distintas ciudades de Europa: Montes, que se declaraba “católico, apostólico y compostelano”, y también podría haberse definido falangista, fue nombrado corresponsal de ‘ABC’ en Berlín, Roma y tuvo una casa en Rapallo, donde vivía el poeta Ezra Pound y por donde aparecía de cuando en cuando el zaragozano Juan Ramón Masoliver, que fue secretario del poeta norteamericano. En ese período, Natividad Zaro aprovechó para estudiar arte, teatro y literatura. Y en la contienda ejerció de enfermera y de actriz, con Niní Montián y Rafael Rivelles, entre otros.

Ella escribía piezas de teatro. Representó algunas pero logró que una de ellas, adaptada, pasase al cine: ‘El hombre de tres espejos’ (1947), un texto donde se mezclaba la metafísica, el cine y el crimen, bajo la dirección de Ladislao Vajda, que será también el director de su segunda película: ‘Sin uniforme’, a la cual Juan Villalba compara en algunos aspectos y coincidencias con ‘Casablanca’ de Michael Curtiz. No hubo buenas críticas.

Su primera película importante fue ‘Surcos’, censurada por el régimen: una película así, rodada en 1951, fue importante. La idea fue suya y en el guión intervino también Torrente Ballester. La censura arremetió contra ella y se puso en guardia. Ese mismo año fundó la productora Atenea Films. En 1952 trabajará con su paisano Fernando Palacios en ‘El tirano de Toledo’,  y en 1957 intervendrá decisivamente en la idea y en el guión de ‘Amanecer en Puerta Oscura’ de José María Forqué, que es una película de subgénero que mezcla social y el western de bandoleros que se ve con gusto. Poco después regresaría a Roma y colaboró en varias películas del ‘peplum’ o de romanos como ‘La rebelión de los gladiadores’ (1958) o ‘Las legiones de Cleopatra’ (1959), entre otras. Su última película fue ‘El aventurero de la Rosa Roja’ (1968), que interpretó una jovencísima Raffaella Carrà. Aún le quedaban diez años de vida y parte de ellos los pasó en Madrid. En 1978 sintió que bajaba el telón.

 

LAS ANÉCDOTAS

 

El retrato de Forqué. Diría José María Forqué: “A Natividad Zaro yo la llamaba la ‘Modesty Blaise española’, porque era muy emprendedora y se le ocurrían las cosas más insólitas. Me propuso una idea suya y que fue el esquema argumental de ‘Amanecer en Puerta Oscura’: acepté encantado y solicité que Alfonso Sastre, amigo de siempre y gran escritor, colaborase conmigo en el desarrollo de la historia”.

Entrevista. Declaró a HERALDO, tal como ha recogido Mariano García en ‘Tinta de hemeroteca’: “Comencé en ‘El Caracol’; en aquella combatida agrupación de nuevos luchadores, patrocinada por Rivas Cherif y bien orientada por Azorín y otros intelectuales, ávidos de introducir modernidad a nuestro teatro. El título de ‘Teatro de vanguardia’ asustó un poco a la gente, y bien sin razón fue… Se hacía arte puro”.

 

*Este texto apareció en una serie de verano de Heraldo de Aragón. El espléndido retrato de la artista Ana Maorad.

 

PACO GARCÍA ARCOS: UN DIÁLOGO

[El pasado sábado, en Antígona, Paco García Barcos presentaba un nuevo proyecto editorial: 'The Hachís Book’, pero también un sello editorial en colaboración con Rubén Cárdenas.]

 

-¿Para qué sirve el arte? ¿Ha perdido su carácter transgresor o esa rebeldía está más viva que nunca?

Llamamos arte al modo que tenemos los humanos de encauzar nuestra curiosidad y creatividad, la capacidad de crear nos convierte en dioses, dioses rebeldes en algunos casos, en algunos, porque el arte no es nunca transgresor, transgresoras son las personas, y siempre han coexistido los tipos apocalípticos y los integrados, tú decides tu posición en tu mundo.

-Acabamos de vivir una campaña electoral más o menos intensa. ¿Cuál ha sido, a tu criterio, el lugar del arte, qué te ha llamado la atención, ha tenido alguna presencia real?

El nivel del debate en la política española no da para mucho, es muy muy bajo, muy primitivo, rollo Sálvame de Luxe, cotilleos frívolos y superficiales, y nadie habla de estas cosas, ahora bien, lo que está claro es que el gobierno neoliberal de LF Rudi apuesta por los grandes eventos -negocios- como la compra de la colección Citoler o las muestras dedicadas a la Corona de Aragón, estos eventos seducen a nuestros políticos neoliberales porque amplían agendas, proporcionan contactos, generan viajecitos y reuniones, allí conoces a tal y a cual (Holaaa que taaaaaaal...?), son negocios. Mientras tanto, mientras ellos se reúnen en restaurantes para cerrar contratos rodeados de abogados trajeados y se manchan la corbata con la salsa de mostaza que pagamos tu y yo, estos 4 últimos años en Aragón el artista de a pié ha sido completamente abandonado a su suerte por su gobierno autonómico. Solo tienes que ver la programación del recientemente ampliado Pablo Serrano, el programa Impulso Lateral pensado para jóvenes, el único que funciona, tiene presupuesto, ya lo sabes, cero, todos los gastos corren por cuenta del presuntamente solvente joven artista, todos. Transporte, montaje, clavos, martillo, tenazas..., pero lo gordo es que mientras tanto este gobierno ha estado anunciando el IAACC Pablo Serrano contratando media página con el suplemento cultural del ABC de los sábados, pagando un pastón en publicidad, durante un montón de meses, mientras el único programa que desarrollaba el museo contaba con presupuesto cero pelotero. Lo dicho, si te pones en contacto con ABC de Madrid conoces gente, amplias agenda, puedes quedar a comer (Holaaa que taaaaaaal...?) y mancharte la corbata con salsa de mostaza.

-¿Qué clase de artista es Paco García Barcos?

Soy un artista con gafas, un autodidacta aparentemente miope.

-¿Y su socio Rubén Cárdenas?

Mi hermano Rubén es un artista multimedia Avempace.

-¿Cómo podríamos presentar vuestra alianza, vuestra colaboración? Parecéis moveros en muchos terrenos: la edición, el diseño, el arte en el sentido más lúdico, la sorpresa..., no sé si el happening...

Rubén y yo estamos conectados por un cordón umbilical vegetal, una especie de súper conductor por donde fluye la energía eléctrica, es una conexión mecano cuántica y mágica que nos permite movernos con comodidad en cualquier terreno creativo, Rubén es digital y yo soy analógico, nos complementamos, siempre y cuando se cumpla nuestra única exigencia: de sufrir nada. Ahora estamos metidos en el desarrollo de una página web: www.udermohr.com, que albergará nuestra obra y una editorial que hemos creado: Mágica Eléctrica Editorial donde ya hemos editado mi The Hachíss Book, mi libro de magia, y su I Love my INWO, su poemario discordiano, computacional y  premecánico.

Presentaremos Mágica Eléctrica Editorial el próximo sábado 30 en la librería Antígona de Julia y Pepito a la 1 del mediodía.


-¿Qué o qué quiere ser Producción UderMohr? ¿Una editorial, una productora de cine, un laboratorio de proyectos audiovisuales, algo abierto?

UderMohr es una forma despierta de estar en el mundo, un estilo de vida consciente y despreocupado que descansa en la magia, en la creatividad y en el compromiso con nosotros mismos, es nuestra aportación al despertar de la conciencia y al combate contra la manipulación, el control mental y el sonambulismo que trae aparejado el actual e insensible neoliberalismo idiota del holaaaa que taaaaaaaal....?

-¿En qué consiste ese libro, tan fascinante e inagotable por otra parte, que es ‘The Haschish book’?

 The Hachíss Book es un cuento eléctrico ilustrado, un libro de magia, de alquímia especulativa, ilumina el Camino de las Transmutaciones, un libro que habla de cómo encontrar por fin un lugar físico y mental sin tristeza y sin miedo, una forma de filosofar con el martillo, con el martillo cósmico, ese con el que Robert Anton Wilson golpeaba la fofa molicie de los aburridos burgueses norteamericanos, una Fórmula Hermética para derrotar al miedo y comenzar el viaje sin tristeza, una guía del despertar, una reivindicación de la dignidad y la libertad que nos quieren siempre robar, y que nosotros, siempre, queremos multiplicar.

_¿Qué lenguajes, qué autores, cómo has cocinado esa trama casi infinita de referencias, homenajes, tentativas, experimentos?

Como siempre todo empezó sin un plan establecido, apareció un punto de inicio, La novia de Lammemoor de Walter Scott, y a partir de ese punto empecé a derivar, a moverme entre libros, imágenes, experiencias personales y toda clase de estímulos que me resultaban atractivos y pertinentes para contar la deriva psicomágica de 118 personajes que buscan un lugar donde vivir una vida plena, la deriva psicomágica es un viaje que conduce a paisajes mentales antes insospechados, si además llevas hachíss en la mochila, el viaje al final puede cumplir su objetivo; transformar al viajero. (Tantra + Marihuana = Éxtasis Permanente), Aleister Crowley dixit,

¿A qué autores, movimientos y épocas precisas has querido homenajear?

The Hachiss Book es un viaje por el mundo de la libertad y la creatividad, ya sea esta artística o científica, el viaje se inicia en la Alemania de Goethe y la Inglaterra de Wordsworth, en las obras de los hermanos Grimm, de Achim von Arnim, de los hermanos Brentano, de Coleridge, de Thomas de Quincey, pasa por la novela gótica, el mesmerismo, el mediumnismo y la prestidigitación, por las ecuaciones del electromagnetismo y por la teorías de Plank respecto a los cuantos de energía, y llega hasta los aceleradores de partículas y el Grupo Independiente de Londres de Hamilton y Paolozzi, pasando por Tintin, la Castafiore, El Golem de Gustav Meyrink y su Noche de Walpurgis, el Pinocho de Salvador Bartolozzi, la física de partículas, en concreto la teoría mecano cuántica, la Máquina Electrosexual de Oscar Dominguez, Los Enamorados de Victor Brauner, las Constelaciones de Joan Miró, y por la aritmética y la Teoría de Conjuntos, uno de los cuales, el Rombo Mágico de Sarnath, luego llamado Rombo Reducción, el conjunto ordenado por la armonía, la aritmética y la simetría, de los 100 primeros enteros, tiene una importancia clave en la historia.

Hay mucho collage, sin duda. Mi pregunta es: ¿Cómo has conseguido y has elaborado tantas y tantas imágenes?

Me tiré 4 años escribiendo las 118 páginas y produciendo los 44 collages del Hachíss Book, ( 118 + 44 = 162 = 1+6+2 = 9) ten en cuenta que llevo ya casi 20 años en esto y mis archivos rebosan de imágenes recortadas de revistas, cuentos ilustrados, tebeos, magacines, etc, y que en líneas generales sé de lo que hablo porque hablo siempre de lo mismo, de cambiar la vida y transformar el mundo, fue un viaje maravilloso que me mostró que el materialismo racionalista positivista y frívolo resulta insuficiente para colmar mis propios anhelos, y me abrió la senda de las especulaciones transcendentes que tratan de explicar el misterio de la vida, su origen y su devenir, como la teosofía, la antroposofía, el cuarto camino de Gurdjieff, la magia del caos de Aleister Crowley, o los arquetipos alquímicos jungianos.

¿Por qué lo has subtitulado ‘Cuento eléctrico’?

Yo funciono por impulsos eléctricos, además trabajo siempre los textos con un portátil barato y con softwhare libre, Open Office Writer, alimentado, como yo, por energía eléctrica.

Creo que se ha presentado en varios sitios, en exposiciones incluso. ¿Vendrá a Zaragoza, qué recepción ha tenido?

Presenté The Hashish Book como parte de mi proyecto La Vida Instrucciones de Uso Contra el Abuso, inaugurado en Pamplona el 9 de enero de 2015 ( 9+1+2+0+1+5 = 18 = 1+8 = 9), a las 9 de la noche en la Sala Conde Rodezno, un enorme templo que se levantó en honor a los Caídos en la Cruzada, ahora desacralizado y dedicado a exposiciones temporales. Invité a 9 artistas a participar en el proyecto en este increíble lugar donde todavía está enterrado en una Cripta el general Mola. La exposición (.youtube UderMOhr Expo) luego venía al Pablo Serrano a la Sala 00, lugar en extremo adecuado en mi aritmología, pero no pudo ser, aún con el apoyo de Marisa Cancela, su directora, a los directores generales Humberto Vadillo (PP) y Javier Callizo (PAR), de los que depende el IAACC Pablo Serrano, no les interesó, literalmente, me dejaban la sala y el museo pero no nos daban ni un solo euro, tenía que pagarme desde el cartelón exterior, 500 pavos, hasta todo lo necesario para montar las obras, porque como ya he comentado antes lo único que les interesa son los negocios y aquí no había negocio alguno, lo dicho, presupuesto cero patatero para artistas aragoneses activos. Viva el neoliberalismo ignorante y cejijunto del cachirulo de Loewe.

¿Cuáles son vuestros proyectos más o menos futuros?

Rubén y yo estamos embarcados en Mágica Eléctrica Editorial, nuestros próximos lanzamientos serán, primero, el The Hachís Book pero esta vez con mi texto original con ilustraciones de Rubén, y segundo un librito de Alquímia Aritmética en el que mostraremos cómo ordenar los 100 primeros números enteros en diagonal de forma armónica dibujando un rombo, y como transmutar este rombo así obtenido en un toroide en el que las cifras fluyen en diagonal de modo armónico, aritmético y simétrico.

A veces, viendo lo que sueñas, lo que imaginas, me pregunto: ¿Se habrá vuelto loco Paco García Barcos? Te lo pregunto...

Decididamente no, la locura es una cosa muy seria y en mi opinión una especie de huída de la realidad, el rechazo de un entorno que se ha hecho insoportable, para mí la locura está asociada al miedo y al sufrimiento. Mi entorno me resulta hoy más agradable que nunca, y ya te he mencionado cúal es el lema de Mágica Eléctrica Editorial, de sufrir nada, en cuanto al miedo, yo no lo tengo, procuro vivir en un permanente presente y rodeado de la gente que me agrada, no soy rico pero vivo como quiero y hago lo que me da la gana, tanto en el terreno creativo como en el personal, por si esto fuera poco tengo una hija maravillosa, Ling, para mí significa Luz, cada día ilumina mi rostro con una sonrisa. Ahora bien, como no me peino, pienso en lo que quiero y digo lo que pienso, y además mi obra no hay quien la entienda, porque no tiene un significado único y concreto y no apela solo al raciocinio, en estos tiempos de dictadura conceptual mi trabajo, que además luce colorines, y en ocasiones resulta muy abigarrado, con demasiada información desconexa y fragmentada, es muy posible que resulte una locura. Pero es que es así como percibo el mundo. Sobresaturado de información desconectada y fragmentada, mucha parte de la cual teledirigida por el Poder.

¿Podrías resumirnos tus trabajos sobre el rombo, el romboide u otra forma geométrica? No recuerdo bien ahora... ¿Qué has descubierto: lazos secretos, conexiones, presencias inadvertidas...?

En el proceso de escritura del Hachís Book, a base de reducir los números que iban apareciendo, por ejemplo en fechas de edición de libros, en años de nacimiento de autores, o de realización de obras, constaté que la ordenación en el espacio de los 100 primeros enteros en función de su reducción, es decir, su ordenación diagonal, forma un rombo, Rombo Reducción

00

01 10

02 11 20

03 12 21 30

04 13 22 31 40

05 14 23 32 41 50

06 15 24 33 42 51 60

07 16 25 34 43 52 61 70

08 17 26 35 44 53 62 71 80

09 18 27 36 45 54 63 72 81 90

19 28 37 46 55 64 73 82 91

29 38 47 56 65 74 83 92

39 48 57 66 75 84 93

49 58 67 76 85 94

59 68 77 86 95

69 78 87 96

79 88 97

89 98

99

...rombo que tras una serie de operaciones alquímico aritméticas de disolución y coagulación, es posible mutar en un cuadrado mágico que se expande en una membrana, y por fin hacer fluir en una superficie de revolución toroidal, -un sólido toroidal es por ejemplo una rosquilla, un anillo- el toroide está relacionado con las matemáticas vorticiales de Marko Rodin, y con la psicogeometría, y también con la eficiencia y el flujo de la energía a partir de los trabajos de Viktor Schauberger. El rombo es un símbolo yónico, femenino, lo opuesto a fálico, masculino, una forma que nos acompaña desde hace milenios, aparece en los primeros petroglifos que se conservan, el rombo de oro de Bush Barrows tiene 5000 años,  un rombo es el Signum de la Corona de Aragón ya al menos desde 1218.

¿En qué momento social y político y cultural estamos en el arte en España y específicamente en Aragón y Zaragoza?

  En un momento de decadencia y de cambio, llega el Caos, se acerca el Combate. Preparados para conectar. Conexión Amor.

 

“Hay momentos en la historia en los que las visiones de dementes y drogadictos son una mejor guía de la realidad que la interpretación común de la información disponible a la mente “normal”. Este es uno de esos periodos, si es que no te has dado cuenta”. Robert Anton Wilson

 

Foto de Paco:

http://lacajadeloshilos.blogia.com/upload/20071129231601-paco.jpg

 

Foto de la obra:

http://1.bp.blogspot.com/-b7xz4J8UaCQ/T6v9tdt7qqI/AAAAAAAAAVQ/-Ec-AXPf3E8/s400/_MG_0011.JPG


 


SILVIA PÉREZ CRUZ LLEGA A TODO

SILVIA PÉREZ CRUZ LLEGA A TODO

CRÍTICA MUSICAL

Silvia Pérez Cruz llega a todo

La cantante ofreció un espectacular concierto, basado en ‘granada’, en el Teatro Principal.

 

Silvia Pérez Cruz (Palafrugell, Gerona, 1983) tiene varios dones: canta como deben o debieron hacerlo las sirenas en su estado más ideal y genera una empatía ilimitada: es dulce y cautivadora, cálida y envolvente, y posee una maestría envidiable en diversos lenguajes y estilos. Maestría, elocuencia, una exuberancia vocal que provoca asombro. Puede llegar a cualquier sitio, paladear las canciones como si ella fuera una orquesta completa o un coro. A veces, con esa suavidad natural de la joven que burla la comba, parece dirigirse a sí misma: matiza, enriquece, ahonda, hace círculos imaginarios como si redondease los agudos o los graves, va y viene, suspende el aire y transita por el puro virtuosismo con una facilidad apabullante.

En el escenario, asistida por un músico magnífico como Raül Fernández Miró (Refree), llega a todo. Llega a donde se imagina, a donde sueña, alcanza cualquier tesitura, se arriesga y parece tan feliz con el canto que no duda en adornarse en ocasiones. Su voz es prodigiosa, tan bella y personal, dramática y lírica, tan matizada y de tantos colores, que hay un momento en que el oyente va de deslumbramiento en deslumbramiento. Ha dicho: “Lo que buscamos es que el sonido tenga profundidad, que se pueda coger, tocar, que sea grueso, pese y esté cocinado a fuego lento”. A veces puede dar la sensación de que la cantante y el público entren en una suerte de éxtasis o de inefable comunicación.

Sé que hablar así de un concierto parecerá exagerado, poco profesional, pero no lo es. Ayer, en el Teatro Principal, el público se levantó en dos ocasiones, aplaudió a rabiar (quizá no lo hizo más porque Silvia Pérez Cruz tampoco se empeñó en ello) durante varios minutos y estuvo a punto de hacerlo, en medio del concierto, cuando interpretó la ‘Elegía a Ramón Sijé’ y ‘Que me van aniquilando’, en la versión de Morente y Pepe Habichuela. En ese instante, Refree, que habla poco pero con una cristalina emotividad, y ella explicaron que el tema de Miguel Hernández, ‘Compañero’ lo llamó Silvia, que les permitió cerrar el disco ‘granada’ (“así, en minúscula, porque es un pequeño fruto y también una explosión”, había dicho antes en alusión a este disco de 2014) y que una de las cumbres de uno de esos recitales inolvidables del dúo, incluso especial en ciertas rarezas sonoras: Raül Fernández Miró, soberbio, es osado con sus guitarras, acompaña, experimenta, seduce y, a veces, casi desconcierta con algunos sonidos próximos a la pura percusión o a los graves rasgueos de rock.

Silvia Pérez Cruz arrancó con ‘Abril-74’, la canción de Lluís Llach en homenaje a la Revolución de los Claveles y cantó en catalán (‘Corrandes d’exili’, ‘El cant del ocells’, ‘Jo vull ser torero’ de Albert Pla y una habanera de su madre, Gloria Cruz) y mallorquín (hizo una versión cromática y mediterránea de ‘Mercè’ de María del Mar Bonet), cantó en inglés, en alemán, en francés (escenificó el ‘Hymne a l’Amour’ de Edith Piaf), en portugués (‘Acabou chorare’) y, por supuesto, en castellano.

Cerró la noche con esa joya de Federico García Lorca y Leonard Cohen, ‘Pequeño vals vienés’, que ella interpreta con alma flamenca y toques de jazz, y ofreció, a modo de bis, uno de sus temas fetiches: ‘Gallo negro, gallo rojo’ de Chicho Sánchez Ferlosio, que ya le oímos en sus últimas estancias en Aragón: en Pirineos Sur, en el Teatro Arbolé en febrero de 2013 y en el concierto de homenaje a José Antonio Labordeta en septiembre de 2014. Una maravilla de expresión, de intensidad, de plasticidad y de facultades. Con Silvia Pérez Cruz parecen agotarse las palabras: es como una misteriosa cantante de mar con alas que nos ensancha el mundo y descubre, una y otra vez, nuevos latidos en el corazón.

 

LA FICHA

‘granada’. Silvia Pérez Cruz (voz) y Raül Fernández Refree. Teatro Principal. Ciclo de flamenco. Tres tercios de entrada. 

 

*Este texto aparecía ayer en Heraldo.es

JORGE GAY EN BILBAO: UN DIÁLOGO

“Pintar es una respuesta más al misterio del universo”

“Todo lo que ocurre en mis cuadros es fruto de la pasión”

*Esta foto es de Vicente Almazán, y es una de las favoritas de Jorge.


Ayer miércoles, en la galería Lumbreras de Bilbao, Jorge Gay (Zaragoza, 1950) inauguraba una nueva exposición de pinturas y dibujos. ‘La Casa de Eurídice’ es el título de las pinturas y ‘El pulso de los días’ da título a los dibujos.

-¿Qué le debe el pintor Jorge Gay a la infancia y a la naturaleza?

La infancia es la etapa en la que empezamos a educar los ojos del corazón. Cuando descubrimos la luz, el color, la forma: cuando empiezas a reconocer el mundo. Hacerlo en la naturaleza, rodeado de ella, aunque fuera de modo tan liviano como pueden ser las vacaciones de un niño, era el modo más primigenio de esa educación. Una manera directa, casi primitiva. Somos del lugar donde se nos reveló la luz y descubrimos el mundo. Donde se nos constató e  hizo presente. Esa revelación es la fiesta de nuestra niñez, la que nos hace eternos. Pintar sería  saber perpetuar la emoción primera. Como siempre cuento, también fue en la infancia, en vacaciones, viendo pintar a mi padre, maestro y pintor aficionado, cuando descubrí la emoción que puede provocar la pintura. Ese recuerdo queda indeleble y te acompaña toda la vida.

 

-¿Para aprender mirar al cielo hay que mirar dentro de uno, o es al revés, se mira dentro de uno para ver mejor el cielo? Usted reflexiona específicamente sobre ello...

El cielo te deslumbra y con él se te revela el mundo, la luz y el color. Pero pasado el tiempo y el aprendizaje miras dentro de ti para poner en el lienzo las nubes que un día fuiste viendo pasar entre tu corazón y tus pulmones. En definitiva poner en el cuadro tu propia voz. Primero debes emocionarte y luego aprender a destilar esa emoción para poder transmitirla. Descubrir las relaciones ocultas entre las cosas y desde esa emoción primera, saber discernir la armonía interna de los objetos reconocer su escala. Saber depurar, elegir con elegancia entre todo el abigarramiento y el marasmo de lo real. Llevar la medida del mundo en el corazón.

¿Cuánto tiempo has invertido en este trabajo? ¿Quién es Eurídice y qué significa para ti?

La exposición  consta de 28 pinturas y 9 dibujos realizados de 2013 a 2015. El titulo de las pinturas es La Casa de Eurídice y el de los dibujos El pulso de los días. Eurídice fue una ninfa de la mitología griega, esposa de Orfeo. Símbolo del amor que se nos escapa por la impaciencia de nuestro corazón. La impaciencia amorosa hizo que Orfeo, desobedeciendo a los dioses, volviese su rostro para ver a su amada Eurídice. Entonces ella desapareció para siempre y Orfeo quedó vagando por  siglos en su búsqueda. Esta es la historia que yo empleo como metáfora para explicar lo que le ocurre hoy a la pintura. Desaparece de nuestras vidas. La imperiosidad del presente urgente no la necesita. Es como si estuviera condenada al Hades de la indiferencia y suplantada por las nuevas tecnologías. En mi metáfora lo que pretendo es defender todavía el oficio, el gesto de pintar. Señalarlo y subrayarlo como medio todavía vigente para poder expresarnos, válido para seguir diciéndonos. Superada la barrera de los “ismos” el tiempo ha demostrado que la pintura es sólo una.

Entonces, ¿cuál es su clave personal?

En mi poema del catálogo evoco a Guston, Rosales, Patinir, Brueghel, Beckman o Sironi: no importa el estilo ni el tiempo. La pintura es una y ha quedado como gesto, como actitud ante la vida. Lo importante no es el medio ni el soporte con el que trabajas, por más actuales o técnicamente avanzados que estos sean; lo importante lo imprescindible es emocionar, fascinar con lo que hagas. Tener algo que decir y conmover con ello, lo de menos es el soporte que utilices para hacerlo (video, fotografía, instalaciones….). Lo importante es encontrar el equilibrio entre el qué decir y cómo decirlo. Por eso me empeño en defender la pintura como gesto: por su esencia, por su poético silencio, por su austera presencia. Se podría hacer un parangón con el teatro. Hemos vuelto al teatro: a la belleza del directo, a la constatación de su fisicidad, a desear no tener la experiencia a través de una pantalla o de un visor. Saturados como estamos de los encantamientos digitales, hasta puede apetecer sentir la limitación técnica de la pintura. Volver al origen, a la construcción primigenia. Lo que no quita para que cuando lo necesito, acuda a cualquiera de los medios citados para hacer escenografías, carteles, libros, audiovisuales… No niego ningún camino y me encanta investigar con ellos, pero por encima de todo sigo defendiendo el lugar que ocupa el poema de la pintura.

-La exposición lleva por subtítulo: ‘Homenaje a Poussin’, ¿Qué le debes a Poussin, qué te interesa de él? Insisto un poco más: dices que cuando imaginas un cuadro te vas hasta Poussin, pero también hasta Brueghel o Bonnard. ¿Por qué? ¿Cuántos compañeros de viaje se necesitan para pintar?

Acudo a Poussin y a tantos otros, pero sobre todo a él. Más allá de dar respuesta a la Querella entre lo clásico y lo moderno, que se inicia en su tiempo, y se alarga sobre todo en el XVIII  llegando a nuestros días, acudo a Poussin porque en él veo la naturaleza soleada, serena, atemporal, ideal y eterna: la luz en el paisaje que me hizo pintar. Por eso le rindo mi pequeño homenaje. Pintar es una respuesta más al misterio del universo. Es construir un mundo ordenando la experiencia. Es saber poner lo que falta y no añadir a lo que sobra. Pintar es hacer del pensamiento un signo, un gesto que se haga presencia. Todo eso aleja del horror. Mi  embeleso ante la excelencia que ofrece la historia del arte lo llevo en mí cuando pinto, como una resonancia, como un aroma que  dejo que me  envuelva, esperando que al final, quien suene, sea el tañido de mi corazón hecho pintura y siempre con la ingenua esperanza de haber alcanzado una inteligencia pictórica que si bien no me ayude a pintar cuadros buenos, al menos me asegure no pintarlos malos.

Tus cuadros están llenos de objetos, de signos, de situaciones, de árboles, de animales, de personajes. ¿Cuál es la relación entra la pintura y la vida? ¿Cómo es la ficción de tus cuadros?

Todos los árboles, las nubes, las casas, todo lo que ocurre en mis cuadros es fruto de la pasión. El transcurso de mi vida en un lienzo, el recorrido desde que lo comienzo hasta que lo termino eso no es una ficción, es la vida real y diaria que me constata como ser humano, consciente de estar embarcado en un viaje que me lleva hasta la nada,  pero a lo mejor salvado por cuanto haya sido capaz de amar y acariciar en ese trayecto. Nos conjuramos ante la muerte por lo que amamos.

¿En qué consiste “el incierto navegar de la belleza”, al que aludes en otro de tus textos? ¿Cómo sería para ti, en tu caso concreto, ese viaje?

La belleza incierta está sumida en el viaje que emprendemos y es incierta porque cambia en cada puerto de nuestra vida y de nuestra historia

¿Qué es primero en ti: el título, la idea, una concepción unitaria de la muestra como un libro?

Yo soy un pintor literario que no hace literatura pintada y un escritor ocasional que escribe  imágenes y  emociones. Hago una concepción unitaria de la exposición que me propongo y dejo que el día a día vuele a su antojo. En este vuelo, en un momento inesperado, puede surgir el título y un torrente de cosas que ayuda a cerrar el concepto general. Por ejemplo la colección de dibujos de esta exposición ‘El pulso de los días’, surgió cuando me propuse dedicar unos dibujos a todos los hombres que fueron y son capaces de seguir haciendo pintura, poesía, música... A todos cuantos cargados de pasado soñaron con hacerlo futuro, a los que con su audacia se atrevieron a ir más allá para hacer visibles nuevos horizontes. También está dedicada a lo que quedaron heridos en el camino, olvidados  u orillados.  Sigo teniendo ánimo de intentarlo, y en el lugar vagamente optimista de perpetuar la emoción primera.

Como suele suceder con la novela, a menudo se anuncia la muerte de la pintura, ante la voracidad de las nuevas tecnologías. ¿Está amenazada, enferma o goza de buena salud?

El siglo XX ha sido el siglo en el que ha muerto todo: la novela, la pintura, el teatro, la ópera, la poesía…. Considerando todas las revisiones necrofílicas del siglo pasado hace ya mucho  tiempo que me puse a escuchar y seguir el aforismo que dice: “Apuesta por la vida que la muerte está segura”. Cuando se habla de la muerte de la pintura, de la escultura…. Siempre me animo y animo a los demás a volver a ver: “Los hombres de Riace”, “Las pinturas del Fayún”, los frescos de Giotto o las pinturas paleolíticas de Chauvet y constatar su fuerza, su serena belleza, su inmortalidad cierta. O simplemente pasear por Roma. El arte no es una línea recta y continua, no es una flecha que se dirige a una diana, es una espiral que crece y se ensancha interminable y a la que hay que dejar expandirse libremente sin pedirle conservadores retornos estériles al pasado ni constantes saltos al vacío, y no tanto para esclarecer las cosas como para enriquecerlas e iluminarlas con nuevos enigmas. Por esta razón, por este trazado espiral que se alimenta siempre de la misma fuente  puede entenderse que la pintura de Velazquez no es mejor que Altamira ni Picasso preferible a Mantegna. Ni el Partenón más importante que Rondchanp. La tarea es reconocer los arquetipos que nacieron de esa fuente inmemorial y saber hacerlos nuevos, actuales y creíbles a los ojos y al corazón de tus contemporáneos.

 

*Hoy se ofrece un amplio resumen de esta entrevista en Heraldo de Aragón.

UN DIÁLOGO CON JULIA DORADO

UN DIÁLOGO CON JULIA DORADO

JULIA DORADO. PINTORA. Nacida en Zaragoza en 1941, retorna a su ciudad tras haber vivido un cuarto de siglo en Bruselas. Estrena vivienda, estudio y ayer recibía el Premio Aragón-Goya 2011, que ganó semanas atrás. [Esta entrevista se publicó en 2012. Ahora, casi tres años después, Julia Dorado acaba de hacer un proyecto específico para el IAACC Pablo Serrano, bajo el título de ’Julia Dorado. Entre mirar y ver’.]

 
«Regreso a casa y con este galardón me preparo para un reencuentro amoroso con mi tierra»

 

¿Sabe una artista como Julia Dorado por qué pinta?

Esa cuestión me lleva a un tiempo remoto. Pinto un poco por azar. Y pinto porque yo, desde niña, sentía la necesidad de hacer algo artístico. En un principio me atraían la danza y la música.

Cuéntenos.

Eran los tiempos de María de Ávila. Yo tendría doce o tres años, se lo dije a mis padres y me dijeron que «ni hablar». Lo cual no dejaba de ser paradójico: mis padres eran muy aficionados al cine. Mi madre rompió aguas en la oscuridad de la sala y de allí se fue rápidamente a casa para parirme. Y siempre me contó que cuando tenía yo siete días, solo siete, ya me llevó al cine.

Con el ballet, «ni hablar». ¿Qué pasó con la música?

A mí me apasionaba la música de jazz. Tenía un tío en Logroño, Abel, que era el raro de la familia, el incomprendido. Tenía muchos discos de jazz y yo los oía en su casa; me aficioné a los clásicos como Glenn Miller.

¿Y luego?

Era introvertida, me gustaba mucho la soledad. Y un día mi padre le preguntó a un vecino decorador qué podía hacer conmigo. Le preguntó si yo dibujaba, si entendía algo de pintura. Y sin decir mucho más, me regaló una caja de acuarelas, la copia de un bodegón y un papel. Aquella era como la prueba del algodón. Traté de dibujar y colorear, y mi padre le enseñó a su amigo lo que había hecho. El vecino le dijo que me apuntase de inmediato a la Escuela de Artes y Oficios. Estuve siete u ocho años copiando escayolas con Lola Franco, que me decía: «Tienes que dominar bien el claroscuro. Es la base de todo». Yo solo quería pintar. Dar color.

¿No pintó en todo ese tiempo?

No, no. De repente, se creó la asignatura de Historia del Arte, y vino de profesor Federico Torralba. El primer año solo me apunté yo, y acudía por libre un alumno que era amigo suyo. Aquello fue decisivo. Muchas de las clases nos las daba en su casa de Torrero. ¡Qué casa! ¡Qué biblioteca: tenía una maravillosa colección de libros de arte! Aprendí de todo: desde el arte clásico, las cuevas de Altamira, el Renacimiento, las claves del arte oriental. O los pintores abstractos norteamericanos.

¡Qué suerte tuvo usted! ¿No?

Desde luego. Además, a escondidas había empezado a pintar y dejaba mis pequeñas obras debajo de la alfombra. Un día, el propio Torralba me preguntó si pintaba. Le dice que sí y me incluyó en la muestra ’Seis pintoras y una ceramista’. Por entonces había visto una exposición de Ricardo Santamaría y Juan José Vera, que me interesó mucho. Más tarde, ellos me llamarían e integraría a partir de 1963 la ’Escuela de Zaragoza’, que era la continuación de ’Pórtico’: Lagunas, Aguayo, Laguardia.

No podemos contar toda su vida aquí, pero sí querría saber qué ha querido «contar» o «transmitir» en la pintura.

No he querido decir nada. He querido trabajar en pintura y desarrollar el lenguaje de la pintura. Hay pintores que son narrativos o que son cómplices o actores de lo que ven. En mi pintura yo no envío mensajes. Me gusta el misterio y la fascinación de meterme en la pintura. Cuando estoy en crisis, y mi pintura está llena de crisis, me sale una obra más figurativa. Y cuando estoy mejor me inclino hacia la abstracción. Estoy más cerca de la música y de la poesía que de la propia pintura. Hay que sugerir, hay que involucrarse, parto de intuiciones más o menos resbaladizas. No lo sé todo de mi obra: mi pintura la culmina el espectador.

Al principio era usted tenebrista e informalista.

Francisco de Goya, con su mundo de tinieblas y de sombra, con su tremendismo, está en el principio de nuestras creaciones: de ’Pórtico’, de la ’Escuela de Zaragoza’. Y en mis inicios, además de Goya, mis referencias eran Lagunas, Aguayo, Laguardia, Santamaría, -Sahún, Vera; en mis cuadros sombríos aparecían sugerencias de espacios y de atmósferas que he recuperado luego. Mi carrera ha sido un ir y venir constante.

Más tarde se fue a Barcelona.

Estuve tres años aprendiendo la técnica del grabado. Me fui de casa a los 25 años. Pinté pocas telas, pero fue una época especial, donde buscaba realizar mi carrera de pintora, buscaba la libertad, un estudio propio, estaba llena de sueños. Y de ahí pasé a una etapa más siniestra, cuando vine regresé a Zaragoza y entré a desarrollar, durante cinco años, un proyecto artístico con los enfermos del psiquiátrico. Antes de aquella época, empecé a frecuentar amigos escritores que me iban contando sus sueños y fantasías eróticas, e hice unos 60 o 70 dibujos eróticos que no he expuesto y que eran de una gran ingenuidad.

¿Sueños y fantasías eróticos?

Sí. Aquello coincidía en parte con mi inicio sexual con Pablo Trullén, mi futuro marido. Luego aparecerían los pasillos, que eran un tránsito de la oscuridad hacia la luz y al principio estaban llenos de fantasmas. Luego estuve en Italia, donde hice muchos fotomontajes, colaboré con ’Andalán’ y en 1988 me fui a Bruselas, donde he vivido y he trabajado hasta ayer.

¿Qué le dio Bruselas?

Es la época de la madurez. Me dio serenidad, soledad. La única manera de pintar es en soledad. Pinté mucho y allí de materializó de manera absoluta mi pasión y práctica del collage.

¿Qué relación ha mantenido con Aragón?

Total. Éramos como una embajada de amigos aragoneses en Bélgica. Teníamos contacto por carta, por teléfono, por email, a través de las visitas. La amistad ha sido una de las razones de mi vida. ¿Aragón? Nací aquí, mis raíces están aquí, mis referencias; hay gente que me dice si me he ido alguna vez. No me he olvidado nunca.

¿Qué significa para usted el Premio Aragón-Goya?

Una sorpresa gozosa. Me ha hecho muy feliz: no conocía muy bien el galardón, ni sabía que si estaba o no estaba propuesta. Además ha coincidido con mi regreso a casa. Aquí estoy: preparándome para un reencuentro amoroso con mi tierra con esta distinción. Tengo que preparar el estudio para reencontrarme a mí misma.

Antón Castro

 


Una mujer de luz, de paisajes íntimos y de mundos de color

Julia Dorado (Zaragoza, 1941) ha sido una mujer entre hombres en el ’Grupo Zaragoza’. Ayer recibía el Premio Aragón-Goya en el Museo de Zaragoza de la mano del Director General Humberto Vadillo, que elogió, a la sombra de Goya, «su gran sensibilidad artística y su capacidad para el trabajo». La artista dijo: «Le doy las gracias al Gobierno, al jurado y a los compradores que durante tanto tiempo me han seguido, me han comprado cuadros, y me han dicho que creían en mí. Han sido un valioso estímulo».

JORGE GAY EN BILBAO

JORGE GAY EN BILBAO: ’LA CASA DE EURÍDICE. HOMENAJE A POUSSIN’
El próximo día 20, Jorge Gay Molins (Zaragoza, 1950) inaugura en la galería Lumbreras de Bilbao su nueva exposición: ‘La casa de Eurídice’. Homenaje a Poussin’, Con su gentileza habitual me envía el catálogo y algunas imágenes. Selecciono aquí algunas de sus obras y de sus textos, casi poemas acerca de la creación y el arte de pintar. Confesiones de artista: sensaciones, recuerdos, el método, la emoción, la plasticidad, etc.

TRES TEXTOS DE JORGE GAY

*

PARA HACER UN PAISAJE
Para hacer un paisaje, construirlo,
antes lo viví viendo crecer la yerba
bajo los pies enjutos de mi infancia
mientras entre los dedos y el tomillo
silbaba el bisbiseo insensato de los pinos.
En las zarzas, como gotas de sangre entumecida,
anunciando la vida que venía,
ácidas y dulces,
las moras adornaban los caminos.
Cae la noche, se acicalan las tapias.
Las caballerías se beben las estrellas del agua.
Los grillos cantan su bolero al bochorno.
Para hacer un paisaje miro al cielo
pero miro también dentro de mí
por si tuviera nubes
que me cruzasen el corazón y los pulmones.

 

**

CUANDO EMPIEZO A PINTAR
Cuando empiezo a pintar
cuando imagino un cuadro
hasta Poussin me voy,
hasta Bonnard o Brueghel
a encontrar la sustancia
con la que hicieron vida
a la vez que pintaban.
Me llego hasta Marquet,
Rosales, Patinir,
Sironi, Beckmann, Guston, ...
Acudo hasta vosotros,
tantos...Todos.
No importa la tendencia:
es una la pintura.
Entre los algodones
de mi memoria aún viva
conmigo os llevo, poetas,
pintores fabricantes
de aliento y de quimeras,
cuando empiezo a pintar.

 

***

PINTURA-EUDÍDICE
(Elegía y Declaración)


Te vas pintura, alma,
del fondo de los ojos.
Te vas de la sangre tersa
que fluyó por las venas
de los que un día,
en el vuelo quebrado de los sueños,
buscaron en ti
el incierto navegar de la belleza.
Tu camino oscurece,
se te lleva la noche.
Sin embargo,
siempre por ver,
siempre por verte, luz,
vuelvo mi rostro
para encontrar el tuyo
y construir en él
mi mundo de mañana.
Una vez escrutados, analizados,
destruidos y deconstruidos,
durante todo el siglo veinte,
cada uno de los elementos
que servían a tu formulación
o te iban cimentando,
vuelvo a ti, pintura,
y una vez más te asumo,
no ya neutralizada, ni cosificada o inane
sino significante, descriptiva,
retiniana incluso.
Así te quiero.
Que cada cual haga su camino.
No me penséis nostálgico,
ni creáis que perdí los trenes de la historia.
Vago en los huecos del gesto
buscando mi poema
por el légamo que acosan y hieren
los ángeles del frío.
Pintura-Eurídice, alma construida,
aún me queda tu casa.
Te palpo entre los cancerberos del presente.
Contigo vuelo.

 

*La foto la tomo de aquí: http://www.jorgegay.com/jorge/inicio_files/Jorge%20Gay%20Molins%201001%20bn.jpg

MARIA BUIL EN GIL DE LA PARRA

MARIA BUIL EN GIL DE LA PARRA

[Esta tarde se ha inaugurado en la galería de Carlos Gil de la Parra, con lleno absoluto, la exposición de María Buil. Este texto acompaña, junto a uno suyo magnífico y revelador, el cuidado catálogo de pequeño formato de la muestra.]

 

MARÍA BUIL: VERDAD, ARTE Y EMOCIÓN

 

Antón CASTRO

Como de algunas otras cosas, fue Pepe Cerdá la primera persona que me habló de María Buil. Le dedicó elogios que se me antojaron superlativos y dijo: “Tienes que conocerla”. A esa sugerencia inicial se sumó de inmediato la de otro admirador de la pintora: Félix Romeo Pescador. Eran los tiempos en que estaba en la Casa de Velázquez, a principios de este siglo XXI. Vi uno de sus catálogos y me pareció personalísima, con fuerza, turbadora y de una calidad pictórica incuestionable. La confirmación fue su exposición del monasterio de Veruela en 2002, creo recordar: allí había una pintora pintora, rezumaba pasión por el oficio, gusto por la investigación. Había expresión y hondura. Conocía el secreto de la pintura, o cuando menos andaba en su búsqueda con un afán intraducible: a veces en sus obras latían el miedo, el desconcierto, la melancolía. Pintaba con entrega, con osadía, con plasticidad, y con esa palabra que a Pepe Cerdá tanto le gusta: untuosidad, un término rotundo y sugerente –graso y pegajoso, según la RAE- que tal vez, por extensión poética, podría resumirse como el alma de la pintura.

Conocí a María Buil y me pareció una mujer frágil y contundente a la vez, casi displicente en ocasiones no por desdén o altanería de artista, sino por concentración, por ensimismamiento, por dedicación al arte. Era como si la pintura, el universo a veces desapacible de sus cuadros, dotado de un enigma familiar, le exigiese casi toda su atención. La trayectoria de María Buil es muy particular: ha hecho paisajes, vísceras, corazones y alas, cuerpos desollados, retratos de verduras, casi como bodegones. Y en cada una de sus series, en ese destilado paciente de temas, formas y colores, ha desarrollado una poética propia que se suspende en el tiempo y en la autenticidad. E incluso en un candor desarbolado que se alía con una vocación indiscutible. María Buil se apasiona por las pequeñas cosas, por subtemas de la pintura, y se ilumina de inmensidad, como escribió Giuseppe Ungaretti. O, a menudo, parece hacerlo al revés: se reviste de intensidad, de un instinto de sublimación, para hallar la esencia de lo ínfimo, de lo cotidiano, de los detalles y objetos que vemos a diario. Su desnudez extrema. Todo cuando hace tiene su sello y su ambición: un calambrazo de sensaciones, un escalofrío de verdad y emoción. Esa es su grandeza.

Hay un poema del gaditano Javier Sánchez Menéndez que me ha hecho pensar en ella. Se titula ‘La forma de mover tus manos’ y dice: “Me encanta la forma que tienes de mover tus manos. Sacudes la vida y dejas caer el arte por el suelo. La verdad, como el hombre, llena el alma de humo”. La palabra suelo admitiría perfectamente ser cambiada por lienzo. Quedaría así: “Sacudes la vida y dejas caer el arte por el lienzo”. Incluso se podría redondear algo más: “Sacudes la vida, María, y dejas caer el arte por el lienzo”. Lo ha vuelto a hacer, y de qué modo, en esta muestra que, de entrada, tiene otra revelación: María escribe de sí misma, de su busca, de su sentido del realismo, de sus inquisiciones con la materia y de su percepción de los objetos.

De entrada, esta es una exposición luminosa, pautada, en la mayoría de las piezas, por una aparente levedad. Aparente tan solo. La pintora se ha detenido en elementos que pueden parecen insustanciales o poco importantes para consolidar una carrera: mandarinas, naranjas, copas de helado, trozos de tarta con distintas frutas: fresas o cerezas o guindas. Y junto a esos cuadros hay tres retratos, magníficos, de una sutileza con heridas, de dos niñas y de un hombre adulto, y algunos bodegones, de una exquisitez inefable: elocuentes, alados, decisivos de trazo, de luz y de espiritualidad. Esas piezas están vivas, alientan despaciosas como en una novela de Alejo Carpentier o en los cuadros de Claude Monet, pongamos por caso. Quizá como el hombre que se sentía jardinero y artista en Givenchy, y que decía que pintaba como canta un pájaro, María Buil también podría confesar: «El color es mi obsesión diaria, la alegría y el tormento».

 

La pintura de María Buil apetece ser observada. Nace de la naturaleza contemplada y regresa a ella. Atrapa nuestra retina. Es alegre y perenne. Es pintura en el sentido más polisémico del vocablo. Es pintura de exuberante carnalidad, para comérsela. Está tejida con lentitud, con ansia y ansiedad de perfección, con ese latido que cautiva, que estalla y restalla, que invade desde la plenitud y la certidumbre de un arte definitivo. María Buil pinta con esfuerzo y tiempo, con el cristal de las horas, con la adivinación, con la claridad del estremecimiento. Es una estudiosa de su oficio, y se percibe. Nada en ella es baladí ni tampoco es pretencioso: exalta la mancha, la veladura, la transparencia, aquilata la textura y los relieves. Y, sobre todo, en ese viaje hacia la depuración y la sensibilidad más matizada, descubre arabescos y sinuosidades, el arrebato del aire, la caricia de la sombra, la música de la eternidad como aquel monje que se quedó traspuesto oyendo el canto del pájaro y despertó algunos siglos después.

Es una estudiosa de su oficio. Obsesiva. Cuando se encuentra con algo, con un apéndice de la existencia, no cesa hasta que le saca todo su partido. Hasta que le arranca el ánimo: indaga hasta el tuétano de la raíz. Y eso se percibe aquí. Esas naranjas y esa piel que se arranca en espiral; esos fragmentos de pastel cuya crema se desborda o rebosa. ¡Cuánta pulsión hay ahí metida, qué sinvivir de la materia y la contemplación, qué tumulto de acontecimientos se agolpan en lo minúsculo! Pintar así es una filosofía. Una artesanía de la conciencia. Y una salida al laboratorio de la historia de la pintura: aunque parezca petulante o desmesurado, María Buil se cita con Rubens y Durero, se cita con Velázquez y Goya, se cita o sencillamente conversa –con la imaginación, con la voluntad de ser- con Giorgio Morandi y David Hockney, e incluso con Lucian Freud o con Francis Bacon, por quien pareció sentirse más intrigada o acuciada en otro período de su vida. María Buil vive lejos del mundanal ruido y, en cierto modo, fuera de los circuitos del arte, pero su universo está preñado de impresiones y de anhelos que desembocan en la consumación. Velázquez elogió el valor plástico de la tajada de pan, el don de los humildes que es imprescindible para todo el mundo, y aconsejó: «Procura que tus sueños se vuelvan metas y no se queden sólo en sueños». En algún instante, María Buil debió oírle y le ha hecho caso. Pintar es un viaje y es el final del viaje. Pintar es la travesía accidentada y el puerto de desembarco.

María Buil, tan desenvuelta, se detiene en la encrucijada del camino y se sienta a tomar la merienda: una naranja, un helado, una porción de tarta, el viento desleído de la primavera. Al lado, una niña la coge de la mano y le dice: “Nada es lo que parece ser”. 

 

GAIZKA URRESTI, PREMIADO EN FESCILA

GAIZKA URRESTI, PREMIADO EN FESCILA

El director, guionista y productor de cine Gaizka Urresti -el autor de ’Abstenerse agencias’ o codirector de ’Por qué escribo’, con Vicky Calavia, entre otros títulos- recogía ayer por la tarde el premio “Villa de La Almunia”, durante la inauguración de la vigésima edición del Festival de Cine de La Almunia (FesciLA). Con este galardón se reconoce la trayectoria y el trabajo realizado desde Aragón de este cineasta vasco afincado en Zaragoza hace años.

 

Tras recoger el año pasado el Goya al mejor cortometraje de ficción por ‘Abstenerse agencias’, ahora, Urresti trabaja en la posproducción de su primer largometraje: ‘Bendita calamidad’, basada en la novela homónima de Miguel Mena, protagonizada por Nacho Rubio, Luis Valera, Jorge Asín y Carlos Sobera, entre otros; y cuyo estreno en cines se espera para este próximo verano.

 

En 2011, ya había sido finalista al mismo premio Goya por ‘Un dios que ya no ampara’. ‘El último guión. Buñuel en la memoria’ (2008), ‘Por qué escribo’ (2013) o ‘El día más feliz’ (2015), son algunos de sus otros cortometrajes.

Compañeros y amigos han querido arroparle en la entrega del “Villa de La Almunia”: los actores Luis Varela y Jorge Asín, protagonistas de ‘Bendita Calamidad’; el escritor y periodista Miguel Mena, y el fotofija Iñaki Alaez, que ha trabajado con el director en varios de sus rodajes. Todos han querido subir al escenario del cine Salón Blanco para dedicar unas palabras de cariño y admiración al premiado. A continuación, Urresti ha recogido el galardón de manos del alcalde de La Almunia, Victoriano Herráiz.

 

La estatuilla es una réplica de la pila bautismal de la ermita de la Virgen de Cabañas, un edificio del siglo XII y que es el único resto de lo que fue el antiguo poblado de Cabañas, desaparecido en el XV.

 

El ayuntamiento almuniense concede este premio a propuesta de la Asociación ‘Florián Rey’ –organizadora del festival –y se entrega, desde 2009, a personalidades del cine, el teatro, las letras o la televisión en Aragón, o que tengan, también, una vinculación especial con el Festival y la localidad.

 

En este caso, Gaizka Urresti ha pasado varias veces por La Almunia y guarda una buena amistad con su Festival de Cine. Comenzó como premiado –mejor cortometraje documental por ‘Un dios que ya no ampara’ (2011) y mejor cortometraje aragonés por ‘Abstenerse agencias’ (2012) –y ha continuado como invitado. En 2013, dentro de la programación del XVIII FesciLA, presentó  ‘La vida inesperada’, un corto que muestra la vida diaria de un grupo de personas con discapacidad intelectual vinculadas a ATADES, y en la pasada edición, quiso acompañar y arropar a sus amigos del programa de televisión ‘Oregón TV’ cuando recogían el mismo premio.

 

Así, el cineasta vasco y aragonés de adopción, se suma a los otros “Villa de La Almunia”: Luis Alegre, David Trueba, José Luis García Sánchez, Paula Ortiz, Itziar Miranda, Luisa Gavasa y, el ya mencionado, equipo de ‘Oregón TV’.

 

Que 20 años no es nada

Tras la inauguración de la vigésima edición del festival almuniense y la entrega del premio ‘Villa de La Almunia’ a Gaizka Urresti, se ha estrenado “Que 20 años no es nada”, el espectáculo conmemorativo del 20 aniversario de los festivales de Fuentes de Ebro, Zaragoza y La Almunia. Un acto único, creado para la ocasión y que se podrá disfrutar también en la inauguración de los otros dos festivales.

 

“Que 20 años no es nada” es un recorrido visual por las anteriores ediciones de los festivales, que acompaña a cinco actuaciones de artistas aragoneses en distintas disciplinas, pero todas realizadas en torno a la canción “Volver”: El tenor Nacho del Río versiona el tema acompañado de Sara Lacasta al violín. Por otro lado, Alicia Esteban la interpreta al acordeón, e Inés Lorente la canta en estilo flamenco acompañada de una guitarra clásica (María Cecilio) y una flamenca (Leo Heredia). Además, Silvia Solans realiza una dramatización partiendo de la letra y el significado de la canción, y la pareja compuesta por David Martín y Natalia Magallón bailan un tango.

 

*Nota de prensa de la organización. La foto es de Heraldo de Aragón.