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Antón Castro

Artistas

PABLO PICASSO EN ITALIA

PABLO PICASSO EN ITALIA

[Lola Durán cocomisaria en Italia una exposición de Picasso con sus principales disciplinas: pintura, grabado, cerámica, dibujo, etc. Dice: "Antes estuvo en Castello Ursino de Catania; ahora se encuentra repartida entre el Palazzo Corvaja, Taormina y Palazzo d’amico en Milazzo. Permancerá abierta hasta el 6 de septiembre.]

 

Por DOLORES DURÁN ÚCAR. Comisaria

Con la exposición Picasso e le sue passioni, se sugiere un repaso global, esto es, una visión que nos acerque a las diferentes disciplinas en las que se desarrolló el genio que revolucionó el arte del Siglo XX, el genio de Picasso. Esta aproximación, detenida sobre cada una de las facetas o metodologías en las que la creatividad del malagueño se tradujo, ayudará a tejer la urdimbre de su lenguaje.

 

En el recorrido que plantea esta exposición, se realiza una parada en cada una de las principales estaciones en las que Picasso mostró su propio universo, deteniéndonos en las particularidades que le marcaban cada nueva técnica. Enunciado a enunciado, con el recorrido por todos aquellos disfraces de su arte, conseguiremos dibujar el mapa de la esencia de su lenguaje universal; descubriremos por qué a través de estilos, de técnicas, de épocas diferentes, la luz de Picasso recorrió casi un siglo sin apagarse.

 

Ese mismo itinerario nos permitirá también detenernos en cada parada con la atención puesta en las particularidades del discurso picassiano pasado por el tamiz de los pinceles, las gubias, la prensa litográfica o el torno de alfarero. Podremos extraer conclusiones globales si pasamos primero por los detalles particulares de todos aquellos modismos técnicos y gráficos utilizados por el artista. 

 La pintura

No, la pintura no fue inventada para decorar las casas. La pintura es un arma de guerra para atacar y defenderse del enemigo.

Pablo Picasso

 

Picasso utiliza un marcado e inconfundible lenguaje pictórico, desde sus escasos once años hasta convertirse en octogenario, que le permite adentrarse en un buceo por las profundidades de la pintura, hasta entender que con la pérdida de lo accesorio se recupera lo esencial, y que es solamente entonces cuando un artista está capacitado para pintar lo accesorio desde lo más profundo de su esencia.

 

Picasso hizo un viaje de ida y vuelta en su lenguaje entre las fases anterior y posterior a su pintura cubista propiamente dicha. Pero en el viaje de vuelta, lógicamente, quedaron los rastros de la aventura analítica en la que el artista se sumergió al iniciar los estudios para la gran tela Les Demoiselles d’Avignon en junio de 1907. Con la decisión rotunda de cristalizar la realidad en una pintura caleidoscópica, Picasso decidía implícita y explícitamente sacrificar elementos como la importancia descriptiva del cuadro, encriptando el tema hasta su casi imposible reconocimiento, o la riqueza del color, que en las pinturas creadas a partir de 1909 va reduciéndose hasta niveles que rozan lo monocromático. El viaje de ida fue tomado, por tanto, como aventura casi heroica en la que a los sacrificios mencionados se añadía el de la comprensión por parte de muchos de los que entonces habían comenzado a alabar de forma incondicional cualquiera de las manifestaciones del artista malagueño.

 

Ese color y esa temática de la escena fueron depurándose  hasta dotar las pinturas y dibujos de una personal simplicidad que acompañaría la obra de Picasso para siempre. De esa purificación de lo accesorio, en lo que acabó convirtiéndose, entre otras cosas, el cubismo, son ejemplo los óleos traídos ahora a colación con motivo de esta revisión de los lenguajes del artista. Tanto en Busto de mujer II, creada en 1954, como en Marinero, nada cercana en el tiempo, datada en 1968, esto es, catorce años más tarde, podemos comprobar cómo, alejado ya del cubismo propiamente dicho, Picasso ha quedado marcado de forma irrevocable por la huella de la esencialidad formal.

 

Cada uno con sus propios matices, ambos cuadros dan fe de la significación simbólica de la que el artista hizo gala durante su etapa de madurez, época en la que fueron pintados. Tanto en uno como en otro la geometría es subrayada por la importancia de la línea, que en ciertos momentos se vuelve signo, tal es el caso de la equis que sustenta en dos semicírculos los ojos de la mujer en el cuadro de 1954, o del ancla mediante la cual se identifica al modelo-marinero del cuadro de 1968.

 

Picasso recurrió con notable y característica frecuencia a la utilización de estos símbolos o metáforas formales, de manera que en una vista general de su obra podemos identificar en repetidas ocasiones lazos de parentesco entre obras tan distantes como este Busto de mujer II y el papier collé de 1913 titulado Cabeza de arlequín, en el que igualmente reconocemos el rostro del modelo gracias en este caso a una flecha-aspa que acentúa la simetría y dos puntos sobre ella representando los ojos. Es en este tipo de rastros donde podemos adivinar ese viaje de retorno del cubismo en el que el artista pone de nuevo un pie en la figuración al permitir un reconocimiento más directo del objeto, modelo o escena pintada y, sin embargo, se mantiene fiel a esa purificación o esencialidad antes mencionada. Del mismo modo que una década más tarde retoma claramente el color, pese a que mantiene la esencia de lo simbólico y los colores son igualmente esquemáticos.

 

Obra sobre papel,  dibujo y grabado

En la pintura tienes que hablar de problemas. Las pinturas no son otra cosa que búsqueda y experimentación. Nunca realizo un cuadro como una obra de arte. Todo es búsqueda. Yo continúo buscando y en ese constante cuestionamiento hay una evolución lógica. Es por eso que numero y pongo fecha a todos mis trabajos. (Pablo Picasso).                        

 

La actividad de Picasso como dibujante es una de las más importantes de su carrera, quizá porque representa la columna vertebradora de todas las otras facetas y de todas sus etapas o porque representa como ninguna el talante inquieto y arriesgado, tenaz y apasionado, que le caracterizó hasta su muerte. Su mano, a modo de extensión de su mente, era incapaz de mantenerse quieta. Para él los dibujos representaron en muchos casos meditaciones en sí mismas, pero también pasos previos a pinturas o grabados. En las hojas de un libro, sobre periódico, servilletas o llenando las páginas de cuadernos, los numerosos dibujos surgieron de lápices de colores, de los abismos de la tinta, los pinceles o la pluma. Cualquier soporte, cualquier instrumento estuvo a la altura de sus expectativas gráficas a la hora de realizar sus esquemas y arabescos.

 

Se ha fijado en ocasiones la cantidad de 175 cuadernos como la producción del Picasso dibujante desde su adolescencia hasta su muerte. Cada uno de esos cuadernos, cada recorte de periódico o servilleta garabateados fueron testigos excepcionales de etapas y vivencias, de retos y empresas más o menos ambiciosas. Desde sus ejercicios académicos de la adolescencia o los apuntes y retratos de reacción al academicismo, cercano el siglo XX, durante su etapa de Els Quatre Gats, hasta sus incursiones protocubistas de principios de siglo, pasando por un naturalismo y un siguiente retorno al clasicismo en una figuración cada vez más caprichosa y febril, el artista recorrió todo un siglo y fue testigo ya no sólo de sí mismo, sino también de circunstancias y personajes que habían de aparecer también como señales en su extensa producción.

 

Antes de la la preparación de la tela Les Demoiselles d’Avignon, a partir de 1907, y después de haber viajado a las profundidades de la abstracción más geométrica de la mano del cubismo sintético, en cuyos collages el dibujo nuevamente tendría una importancia capital, ya finalizada la Primera Guerra Mundial, Picasso se adentra de lleno en una etapa marcada por el clasicismo. Con líneas pensadas y seguras, comienza un tipo de dibujo que marcará su grafía en lo sucesivo, evolucionando, claro está, por diferentes territorios y sufriendo constantemente experimentaciones. Es el caso de Las tres Gracias, dibujo a tinta, datado en 1923, en el que podemos apreciar cómo el interés del artista se detiene más en el contorno, evitando los posibles detalles lumínicos o volumétricos. Bañistas, mitologías o retratos son algunos de los temas escogidos principalmente por el artista para ejercitar este nuevo lenguaje.

 

Tras importantes incursiones en la temática grecolatina, viajes a la mitología y también recursos a la tauromaquia, siempre tratados con linealidad esquemática, durante la década de los años cincuenta Picasso retoma el trabajo de pintores como Delacroix, Velázquez, David, Rembrandt o Manet para reinterpretar obras claves de su producción. Su dibujo se ha convertido en un amasijo de líneas ondulantes y volúmenes sensuales de cuyo caos surge, milagrosamente, una escena perfectamente delimitada e identificada. Sólo a veces una mancha más extensa, como la que define el pelo de la modelo en el estudio de El almuerzo campestre (según Manet), datado el nueve de julio de 1961, se suma al laberinto de líneas en que se apoya el artista para narrar la escena.

 

En cuanto a los grabados, la historia de Picasso y los grabados, corre paralela a la historia de sus grabadores.

 

Eugène Delâtre, pintor y grabador francés,   es uno de los primeros impresores con los que Picasso trabaja,  su colaboración se prolonga desde 1904 hasta 1922. 

Es con él con quien realiza obras tan destacadas como la Comida frugal en septiembre de 1904, uno de los últimos trabajos del periodo azul del artista. Es una época en la que Picasso, instalado en Montmartre, representa escenas de pobreza, de enfermedad  que se iluminan en azul, color que acentúa la melancolía.

Ambroise Vollard  compra esta plancha en 1913  junto con otras 14, prácticamente todos los grabados realizados por el artista entre 1904 y 1906, y con ellas forma la primera carpeta de obra gráfica  de Picasso,   “La suite de los saltimbanquis”, realizando una tirada de 250 ejemplares.

A partir de 1905, el azul se torna en rosa en la pintura de Picasso, y junto al cambio cromático se introduce el temático, dejando a un lado de un modo gradual los temas marginales o dulcificándolos, en las escenas de circo y las representaciones de la mujer.  El tema de los acróbatas, surge del impacto que provoca en el artista la visión de los espectáculos de las troupes ambulantes a las que ve actuar en la “Esplanade des Invalides” en 1904, o a las actuaciones que contempla en el Circo Médrano, instalado al pie de la colina de  Montmartre. En los grabados de esta Serie se incorporan además  las escenas familiares, destacando en ellas la presencia del arlequín, elemento tomado de la Commedia dell Arte.

 

Será en 1919 cuando Picasso, que ya había trabajado anteriormente con el director de los Ballets Rusos, Sergei Diaghilev en “Parade”, recibe de éste  la propuesta de colaborar en el nuevo montaje que iba a realizar,  “El sombrero de tres picos” o “le Tricorne”, con música de  Manuel de Falla, y  libreto basado en Pedro Antonio de Alarcón.  El encargo incluía el telón de boca, con una escena de corrida de toros;  el telón de fondo, con el motivo de un pueblo de Andalucía,  y los figurines del vestuario.

 

“El sombrero de tres picos”, ballet en un acto, se estrena en La Alhambra Theater de Londres el 22 de julio de 1919; los elementos realizados por Picasso para este estreno, hoy en el Museo Picasso de Paris, quedaron en su inicio en manos de Diaghilev, que los utilizó en sucesivas presentaciones.  Además del telón, decorados y vestidos, existía una serie de dibujos y pinturas sobre papel que servían como bocetos definitivos para la escenografía y vestuarios. De ellos, Picasso selecciona 32 obras con los que paul Rosemberg, marchante del pintor desde 1918, edita en 1920 la carpeta “le Tricorne” en una edición de 250 ejemplares numerados.

 

En la portada impresa en el interior aparece la leyenda “Trentedeux reproductions des maquettes en couleurs d’après  les originaux des costumes & décor par Picasso pour le ballet “Le Tricorne”. La primera lámina de la Serie muestra el modelo de la escena central del telón de boca, en el que se aprecia al fondo del ruedo de la plaza de toros, y en primer plano un palco de la plaza en la que “majos” y “manolas” charlan mientras esperan que el toro sea retirado de la arena.  La segunda lámina es el boceto definitivo para el telón de fondo, en la que aparece una escena nocturna de un pueblo andaluz, bajo un fondo de estrellas. A continuación aparecen los figurines, modelos de trajes y vestidos de los personajes del ballet, inspirados por la España “goyesca” del siglo XVIII.

 

Un nuevo tema “muy español” encontramos en Carmen …

 

La Tauromaquía

 

La celestina

 

(Barcelona Suite veinte poemas de Góngora)1

 

 

La tauromaquia

 

Litografías Donosti

Linograbado too

Sueño y mentira de franco ibcaja

Carmen

 

 

La cerámica

En la alfarería  se entra un poco como se entra en las órdenes religiosas: se necesita fe, vocación, disponibilidad de espíritu, sencillez de condición e intención,  y perseverancia del corazón. Y, según parece, con el transcurso de los años, todo esto sabe llevar a los espíritus generosos a la incomparable beatitud.

Georges Ramié[1] 

 

 

Y la beatitud fue concedida a Picasso en forma de plato de barro decorado con engobes. Un estadio superior al que sólo accedían, según su amigo Ramié, aquellos que se exponían, con la valentía que otorga la sencillez, a un vasto paisaje de modos y maneras desconocidas. La generosidad, en su caso, radicaba en la renuncia a la soberbia con la que podían haberle tentado más de cuarenta años de investigación exitosa en campos como la pintura, el grabado o la escultura. Picasso fue capaz una vez más de reinventarse, de reinterpretar el espíritu que en otro momento moviera sus pinceles, sus buriles o las ceras de colores en sus manos. El vuelo detenido ahora sobre las piezas de cerámica aquí reunidas lo constatan.

 

Un  repaso a la trayectoria del Picasso alfarero subraya la clave del éxito que acompañaría cualquiera de sus diferentes incursiones técnicas. Pese a poder aparecer a simple vista como giro en su actividad conceptual, el artista no hacía otra cosa que vehicular su particular y poblado universo de personajes, así como el diálogo entre éstos, a través de un cambio de herramienta y de medio. La sustitución del pincel, del buril o de la cera por la alaria, no fue más que un reto, el reto del que decide olvidar la escritura para encontrar en el nuevo aprendizaje nuevas nuevos hallazgos expresivos. Los nuevos instrumentos, el nuevo soporte y también los nuevos condicionamientos técnicos enseñarían al artista a re-escribir sus mitologías personales aportándole implícitos que no harían sino enriquecer su obra.

 

El encuentro con el matrimonio Ramié durante aquel verano de 1946 en Vallauris revolucionó sin duda la ya de por sí convulsa y prolija creatividad de Picasso. De manera casi accidental, el artista tuvo acceso (¿o deberíamos decir que se permitió su propio acceso?) al desconocido territorio de la pasta blanca de la cerámica, a las sugerencias novedosas del barro y su cocción, y a un conjunto de formas y funciones hasta entonces ignoradas o descartadas. En plena madurez, las narraciones abordadas por el artista hasta entonces parecían asumir de pronto una potente carga de frescura, de cierta ingenuidad, al relatarse grabadas o impresas ahora sobre un nuevo material. Escribir, relatar, dibujar arañando la pasta fresca resultó casi un juego. Un nutrido número de piezas originales, como no podía ser de otro modo producto de una mente inquieta y apasionada como la suya, abrieron paso a la investigación en métodos de reproducción múltiple o estampaciones que permitirían al artista jugar a convertir la cerámica en una técnica multidisciplinar. En ella encontraría la perfecta conjunción de la expresividad y la rapidez de la pintura, la metodología del grabado, o el control de la tercera dimensión de la escultura. Habida cuenta, sin embargo, de los problemas también implícitos en el propio procedimiento del nuevo material que, pese a adaptarse a la heterodoxia del genio, mantenía sin duda la baza y el reto de ciertos condicionamientos o limitaciones a los que Picasso supo sacar partido, tal fue el caso de la difícil respuesta de las mezclas de pigmentos o las reacciones químicas y térmicas de éstos al pasar por el horno.

 

Los primeros ejercicios sobre platos dieron paso a lo que el propio George Ramié bautizó como forma función, esto es, la elaboración de cacharros tradicionales en los que entraba en juego la volumetría, tal fue el caso de las jarras, las vasijas o las botellas. Si en los primeros empezó trasladando la temática y el procedimiento gráfico de su pintura, en los siguientes introdujo la creatividad en la morfología, dando forma a jarras y  botellas zoomórficas o antropomórficas. Lo cual fomentaría así mismo y en un tercer estadio la proliferación  de pequeñas esculturas o piezas sin la funcionalidad que pudieran tener los anteriores y que de algún modo se convertían en una representación tridimensional de personajes sacados directamente de sus cuadros. Tanto en las vasijas o las jarras como en los platos, los azulejos y las fuentes, de los cuales en esta exposición se presenta un interesante grupo, Picasso marcó, con su poco ortodoxa forma de acercarse a la técnica descubierta, signo del peso del artista sobre el alfarero, un nuevo modo de comprender la cerámica que le otorgaría a ésta el rango de arte y la separaría para muchos de la acostumbrada artesanía.

 

Tal y como sugeríamos arriba, Picasso aplicó a la nueva disciplina no sólo el mismo lenguaje disfrazado de bajorrelieve o de pasta torneada, sino también  la misma temática que sobre el bastidor o el papel le ocupara en ese momento. Así las tauromaquias, la mitología, las palomas y los búhos, las caras de faunos, la morfología femenina o los peces, fueron todos ellos un censo que parecía no tener fin para el artista.

 

Carteles, Juguetes y Orfebrería

Es mi desgracia – y probablemente mi deleite -  usar las cosas como me dictan mis pasiones. (Pablo Picasso)

                                                       

La constante investigación de Picasso en nuevos lenguajes expresivos capaces de plantearle retos, pero también de augurarle éxitos, pobló de encuentros y hallazgos su prolongada carrera, una carrera que por su característica, frenética y hasta el final militante entrega podríamos perfectamente identificar con su vida. De esos encuentros y hallazgos surgieron experimentos que en manos del artista habían de acabar convirtiéndose en verdaderas obras de arte. Incluso actividades como la ilustración y elaboración de carteles, que a priori podría ser considerada una actividad menor, cobró de la mano del malagueño una importancia capaz de grabar en la retina de las generaciones venideras imágenes como las de la paloma para el cartel del Congreso mundial de la paz celebrado en París en 1949, o la corona de laureles con que recordó a Machado en el cartel de la exposición que la Sorbona dedicó al escritor en 1959.

 

La iniciación de Picasso como cartelista se inicia tras su encuentro con el impresor francés Fernand Mourlot, con quien le pondría en contacto su amigo Braque en 1945. Mourlot puso a disposición del artista su taller de la Rue Chabrol, donde Picasso inició una actividad frenética, con una producción durante los tres primeros años de más de doscientas litografías. Nuevamente la apasionada entrega del artista a su trabajo dio como fruto una extensa y más que interesante producción. Y nuevamente superó las dificultades y los retos del medio para convertirlas en herramientas de sus particulares propósitos e investigaciones estéticas.

 

Y si el encuentro con Mourlot fue importante para él, no menos importante fue el inicio de la relación con el impresor Arnéra, conocido durante sus estancias en Vallauris. Este último fue el responsable de sugerir a Picasso la técnica del linóleo y del trabajo en su taller surgieron muchos de los más bellos carteles realizados por el artista, tal fue el caso de los relacionados con las corridas de toros.

 

Dicha síntesis fue sin duda lo que caracterizó la obra del Picasso cartelista, su personal manera de equipara la imagen y la tipografía, otorgándoles la misma importancia a ambas, hasta conseguir un todo contundente capaz de conseguir con éxito el fin de la comunicación y la instalación en la memoria del observador.

 

Sin embargo, tal y como se da fe en esta exposición a través de los diferentes carteles presentados, éstos no siempre respondieron, en el caso del artista malagueño a una misma manera sintética y compacta de expresión. Si por un lado Picasso investigó en la equiparación de texto e imagen en carteles como el que conmemoraba el homenaje de los artistas españoles en París a Machado en 1955, también realizó carteles en los que la imagen era acompañada por un texto en este caso de imprenta, separando claramente ambos terrenos, como lo hiciera en el otro cartel de 1959 que conmemora el vigésimo aniversario de la muerte de Machado.

 

No existieron barreras, sin duda, para Picasso a la hora de trasladar su arte a cualquier faceta de la vida o a cualquier disciplina creativa. El grabado, la cerámica, la escultura, la ilustración y, ¿por qué no? los juguetes infantiles no fueron para él otra cosa que espacios en blanco, cada con sus respectivas herramientas, a los que dotar de color, de forma, de ritmo y, sobre todo, a los que transmitir la inquietud por la propia realidad, por la manera en la que la realidad fue capaz de apasionarle. Así, de la misma forma que la visita al taller de Madoura despertó en el artista un huracán de pasiones y retos estéticos, del mismo modo su propia y tardía paternidad le ofreció un nuevo territorio al que extender su particular lenguaje. Picasso no fue ajeno jamás a ninguno de los acontecimientos que rodearon su existencia, ni a los hallazgos técnicos, como pudo ser para él la cerámica, ni a los encuentros cotidianos y biográficos, como en este caso fue su estrenada relación con el mundo de los niños.

 

Desde el punto de vista de su vivencia personal, el nacimiento de su hija Paloma en abril de 1949, para la que el artista realizaría el recortable testigo en esta exposición de un nuevo prisma expresivo, se filtró conscientemente  también en otro tipo de disciplinas, de lo cual sería buen ejemplo el bronce de 1950 titulado Mujer con carro infantil.

 

Conceptualmente, al ocuparse en la producción de objetos infantiles, Picasso entroncaba con una tendencia extendida en Europa ya desde mediados del siglo XIX, cuando el movimiento literario y artístico centroeuropeo Biedermeier, con su revisión idealista de las relaciones entre padres e hijos y su orientación hacia la vida familiar, se encargó de abonar el terreno para que el mundo de los niños cobrara una renovada importancia y fuera visto desde un punto de vista diferente a como lo había sido hasta ese momento. El estrenado respeto por el mundo infantil como algo más que una quimera alejada del universo adulto dejaría secuelas y herencias lo suficientemente potentes como para interesar a generaciones de artistas que, desde la Bauhaus o el movimiento De Stijl hasta la Neoobjetualidad de finales del siglo Veinte, dedicarían su atención a la producción de juguetes en algún momento de sus carreras. Fueron muchos los ejemplos de esa incursión en un territorio plagado de pronto de posibilidades descartadas. Proliferaron las compañías dedicadas a la fabricación de juguetes que demandaban de artistas consagrados la realización de prototipos, y entre ellos encontramos nombres como los de Bruno Munari, Joaquín Torres García o Enzo Mari; pero a la vez artistas como Otto Dix o Paul Klee encontraban en sus propios hijos la necesidad de crear piezas y juegos infantiles.

 

Picasso no fue ajeno a esa nueva faceta sugerida por sus propios hijos y del mismo modo no dudó en traducir y trasladar su universo al lenguaje de los niños, experiencia de la que surgieron piezas como esta Gallina creada para su hija Paloma. Podríamos decir que las palomas de su producción de la década de los años cincuenta, con su grafía y colorido inconfundibles volaron también al universo infantil recobrando una nueva entidad de recortable pero sin perder por ello contundencia, como lo hicieran en la cerámica o los carteles. Las mismas palomas, sin duda, a las que se refiriera su amigo Jean Cocteau al afirmar: Les retuerces el pescuezo y parece que cobren vida.

  

Pablo Picasso, a lo largo de cerca de ochenta años de actividad creativa, ya fuera mediante el dibujo, la escultura, el grabado o la ilustración, ya en la pintura o la cerámica, demostró ser poseedor de una especial virtud: la espontaneidad. Con esa virtud rompió cualquier barrera formal o técnica de las muchas que se interpusieron en su camino de expresión total, ambiciosa y a la vez humilde, a través de las múltiples disciplinas visitadas, que es cercano a decir de todas las disciplinas artísticas de su época.

 



[1] RAMIE, Georges, Cerámica de Picasso, La Polígrafa, Barcelona, 1974, pág. 55

MOLINO DE DAMANIU: UN PROYECTO DE RESIDENCIA DE ESCRITORES

 

RESIDENCIA DE ESCRITORES
molino de damaniu (la) cabaña
[Toda la información aquí:
http://cierzo-vientosdeleste.blogspot.com.es/?m=0]
 
1er. STAGE (INTERNACIONAL)
(25 Julio al 17 de AGOSTO 2015)

El molino de damaniu (la) cabaña es un proyecto dedicado al pensamiento y a la reflexión en un ámbito rural con apertura hacia las diferentes prácticas artísticas (danza, literatura, artes plásticas, música, teatro).
Como gota de agua, el molino de damaniu (la) cabaña, quiere participar, modestamente, en vivificar esos campos de secano de la desertización cultural del Teruel interior.

Ahora que los campos están a punto de la siega para después separar el grano de la paja, el molino de damaniu (la) cabaña, que antaño molía trigo o cebada para producir harina, ahora va a moler palabras, escritura. Así como con el cereal, la escritura descascarillará el grano en imágenes, metáforas, metonímias, hipérboles, simils, paralelismos, anáforas...
La experiencia de la escritura tiene sus efectos, es un germen necesario para poder cernir aquello que siempre se nos escapa o aquello imposible de decir/nombrar porque el lenguaje siempre es finito en sí mismo. La escritura, a modo de un papel secante, nos centra y fija ante cualquier exceso.

Ante la despoblación humana y la desertización cultural de este territorio, la escritura ocupa un hueco, adquiere una dimensión más sonora desprovista de ruidos innecesarios y más viva por el silencio que la envuelve. El aislamiento rural produce la calma y la neutralidad necesaria para tejer, como Penélope, la metamorfosis de un tapiz mallado de significados y significantes. Como aquellos autores que, alejados del mundo, un día se encerraron en una humilde cabaña en plena naturaleza para encontrarse frente al espejo de ellos mismos, y alimentándose de esta experiencia singular se volcaron en la creación de una obra a través de la escritura. Para ellos lo único importante en este mísero mundo era el de crear belleza.

(Gus Cierzo)
Información/inscripciones:
652961921
vientodeleste9@gmail.com


RESIDENTES INSCRITOS:

 
*Maria de los Angeles Esteves (Cuca Esteves). Holanda

1. Biografía: 44 años, profesora de música, compositora, escritora cuando es posible. Residencia actual en los Países Bajos.
2. Objetivo de la Residencia en el Molino de Damaniu: Terminar la novela Las Desterradas, que ya lleva demasiadas paginas que necesitan edición y un final. También terminar y pulir el cuento infantil en castellano e inglés Square Hours, o El laberinto del Tiempo, que va a ser publicado por la editorial Meninas Cartoneras.
3. Sinopsis de Las Desterradas: Mujeres que se van, huyendo de un hombre o persiguiendo a un hombre. Mujeres que se pierden en la inmensidad del universo, en su propio laberinto. ¿Y qué pasa cuando ese hombre, el motor, el origen de todos sus impulsos, desaparece de sus vidas? ¿Qué pasa cuando esa fuerza original deja de ejercer su magnetismo? La brújula deja de marcar el norte y empieza a girar desorbitada. Todo se descuajeringa, se abren las heridas que nunca dejaron de sangrar. No se curan. Mujeres a la deriva, desterradas de si mismas, derrocadas de su centro. La búsqueda, el intento de retorno que dura toda la vida. ¿Y qué pasa si nunca deja de ejercer su magnetismo, si ese hombre esta siempre dirigiendo desde lejos, decidiendo, marcando el camino como el ovillo de Ariadna? ¿Cuándo y cómo decir basta? ¿Es posible?
4. Breve currículum: Nací en Villa Ballester, Buenos Aires, Argentina, el 30 de julio de 1970, estudié música en el conservatorio desde los diez años, y desde hace veinte años llevo una vida un poco nómada, de Buenos Aires a París, a La Haya (Países Bajos), a California, y de vuelta a La Haya donde vivo ahora. Tengo varios diplomas de música de distintos lugares, y en los Estados Unidos hice un Master en Escritura Creativa con especialización en escritura para el escenario y narrativa. Mi tesis fue una obra multimedia llamada Identidad, la cual representé yo misma en el escenario, y un libro de textos cortos llamado "Spoken Music" que también "performé" en distintos lugares a lo largo de los años. Escribo desde los 8 años y con mis hermanas creamos en ese entonces, la Editorial Casa. Publiqué cuentos en antologías y revistas en papel y on-line, doy clases de piano y composición en distintos lugares, escribo canciones y compongo música para teatro, danza, instalaciones, y estoy trabajando en una novela a la que yo califico de bilingüe y experimental.
5. Tipo de intercambio elegido para la estancia:
-Colaboración de mantenimiento del Molino (1 hora/día).
-Escribir un relato con el Molino de Damaniu como tema central (mínimo tres folios)
Algunos trabajos de Cuca Esteves:
*Elizabeth Stoltz. EEUU

I was born in 1963. Currently, I work with horses early in the morning and edit or assist other writers in the afternoon. I live in Los Angeles, California.

During my stay at Molino de Damaniu, I plan to complete the final draft of a novel I’ve been working on for several years. It’s the story of a female ship captain who has left the sea to live on land after a lifetime of sailing around the world and stealing valuable objects. While acquiring her most treasured possession, a vase of undetermined value, two of her crew lost their lives. The ship captain hires a young woman to assess her collection. The young woman finds the captain’s log books and becomes intrigued with the story of the ship and the crew. For me, this novel is an opportunity to examine value systems. The novel is about how we value our objects, our relationships and the stories that we tell.

Throughout my life, while working various jobs, mostly in social services, I’ve sought time and places to write. When my son was young, we lived on a Sufi commune, where I was able to write and work on the organic farm. Several years later, I went back to school to get a Master’s degree in writing. Then, I lived in the desert for a year and wrote the first draft of the novel. Whenever I have had the opportunity, I have made time to write. The result is a body of work that I’ll be publishing on the internet this spring. I’ve written poetry and short stories. This is my first novel.

In exchange for the time and space, I’ll contribute to the wild and domestic life at Molino by helping to maintain the garden. I’ll also document my stay in brief sketches and photos.

Tipo de intercambio elegido para la estancia:
-Colaboración de mantenimiento del molino (1 hora/día).
-Escribir un relato con el Molino de Damaniu como tema central (mínimo tres folios)
Algunos trabajos de Elizabeth Stoltz:
http://www.ekstoltz.com/

 

NACHO ARANTEGUI: UN DIÁLOGO

NACHO ARANTEGUI: UN DIÁLOGO

 

NACHO ARANTEGUI. Acaba de ser becado por AECT Espacio Portalet para desarrollar el proyecto ‘El elogio de las rocas’

 

“El arte me permite mantener un vínculo

emocional con la Madre Tierra”

 

 

Antón CASTRO

Nacho Arantegui es un artista multidisciplinar nacido en Zaragoza, muy vinculado en su trayectoria a la ribera del Ebro, que se expresa mediante la fotografía, el vídeo, la escultura, la instalación, en la órbita del movimiento Land Art o arte y naturaleza. Suele decir: “Para mí la simbiosis arte y naturaleza significa principalmente mantener un vínculo especial y emocional con la Madre Tierra”. Acaba de ser seleccionado “como artista de la vertiente española de los Pirineos para la residencia artística transfronteriza AECT Espacio Portalet”.

¿En qué consiste esa residencia y dónde se hará? 

La residencia artística transfronteriza Espacio Cultural Portalet, establece dos residencias para artistas plásticos profesionales seleccionados por convocatoria abierta dentro del territorio de los Pirineos Atlánticos y de Aragón. El artista francés es Adrien Basse-Cathalinat, y el español soy yo. Tiene como propósito fomentar el arte contemporáneo y apoyar y valorar el trabajo de los artistas plásticos del departamento y los intercambios transfronterizos interculturales, desarrollando una red de intercambios de experiencias de artistas. La cuantía económica de la residencia es de un máximo de 5.000 € por artista. Se llevará a cabo en la Agrupación Europea de Cooperación Territorial (AECT) Espacio Portalet, que se inauguró en octubre del 2014. Este espacio se concreta en un centro de dinamización trasfronteriza y en un centro de recursos transfronterizos del Portalet, que se integra en la rehabilitada antigua aduana española.

¿Quién financia este plan? 

La convocatoria está promovida por la AECT Espacio Portalet, que está constituida por el Gobierno de Aragón y el Departamento de los Pirineos Atlánticos. La AECT es un organismo público que gestiona proyectos de cooperación transfronteriza y representa un símbolo de unión entre los dos territorios.

¿Qué proyecto ha presentado, en qué va a consistir? 

‘El elogio de las rocas’. Se fundamenta en un proceso de creación de dos meses y diez días de duración. El resultado de la investigación y el diálogo con el paisaje transfronterizo del Departamento de los Pirineos Atlánticos y el de Aragón se materializará en la creación artística. Las piezas creadas utilizarán los recursos naturales existentes mediante el uso de un lenguaje respetuoso con el medio y conformarán un itinerario que se podrá visitar durante el día, y a través de una experiencia nocturna, la velada, en la que participarán artistas de diferentes disciplinas como la danza contemporánea o la performance.

Lleva años haciéndolo en los sotos y bosques de la ribera del Ebro...

Las veladas artísticas y medioambientales son experiencias que vengo desarrollando desde hace algunos años en espacios naturales singulares de la provincia de Zaragoza a través de la Asociación Trarutan: Torres de Berrellén, Sobradiel, Alagón, Remolinos... Ahora estamos con nuevas expediciones nocturnas: ‘La fantasía de la ribera’. Tanto las intervenciones escultóricas como las actuaciones de los artistas en los espacios quedarán documentadas a través del vídeo y la fotografía, y en la medida en que se expondrán en sala en el espacio cultural Portalet. Por otra parte, se programa un taller de experimentación artística en/con la naturaleza para niños, que pueden ser acompañados por padres y tutores. La propuesta pretende mostrar las Bellas Artes vinculadas al medioambiente en un taller en la naturaleza.

¿Cuándo va a empezar a trabajar y cómo se plantea la experiencia? 

Mi residencia comienza el día 20 de julio, será el momento de trasladarme al espacio transfronterizo pirenaico y comenzar a dialogar con toda la dimensión del paisaje. Tras esa primera conexión surgirá el espacio concreto y la construcción de las piezas, el itinerario. Dedicaré a ello el mes de agosto y parte de septiembre. En el mes de septiembre se desarrollará el taller de experimentación artística en/con la naturaleza, la fecha prevista es el sábado 12 de septiembre.

Usted suele trabajar en equipo: con naturalistas, rapsodas, artistas plásticos, músicos, cuentacuentos...

Contaré con la colaboración de Paula Gelpi, que además de bailarina es la coordinadora del Instituto de Ecología Emocional de Zaragoza. La velada artística será la noche del sábado 26 de septiembre. Alguno de los artistas previstos para la participación en la experiencia son Gonzalo Catalinas, Yago de Mateo, Pilar Marqués y Alfredo Porras.

FERNANDO TRUEBA. RETRATO

FERNANDO TRUEBA. RETRATO

Cuentos de domingo / Antón Castro

 

Fernando Trueba

 

Hay creadores que son peregrinos que buscan en tu misma dirección y que parecen mostrarte el camino y sus encrucijadas con fogonazos de luz. Como tanta otra gente sigo a Fernando Trueba desde sus inicios: desde ‘Ópera Prima’, con Paula Molina y Óscar Ladoire, que siempre me hacía pensar en el actor y rapsoda Luis Felipe Alegre; desde ‘Mientras el cuerpo aguante’, sobre el cronista a contratiempo Chicho Sánchez Ferlosio. Algunos nos educamos con la revista ‘Casablanca’, que él fundó, y luego seguimos su trayectoria, una exaltación de la vida, del erotismo y de la belleza, en títulos como ‘Belle Epoque’, que aborda la felicidad, el amor y la dulce voracidad del fauno adolescente. Y por ahí están ‘La niña de tus ojos’, su homenaje a Florián Rey y a Imperio Argentina, con un reparto espléndido y bien avenido: en las películas de Fernando Trueba se percibe el cariño que les tiene a los actores, la firme suavidad de su dirección. Trueba es un enamorado de su oficio, de Zaragoza (gracias a Luis Alegre y Félix Romeo, por el cual acaba de llorar con su padre por teléfono; es asiduo de La Almunia) pero también de las bellas artes: quiso ser artista, contemplaba con arrebato a su hermano Máximo, escultor, e incluso llegó a redactar una ‘Historia del arte’, que clausuró en el siglo XIX. Es un loco de la música, a la que le ha dedicado muchas horas, un sello, películas, investigaciones obsesivas, como sucede con el pianista brasileño Tenório Jr., e incluso un cómic animado: ‘Chico y Rita’, donde colaboró con otro zaragozano: Martínez de Pisón. Lo visité en su casa, y más que su espléndida biblioteca, me fascinó su discoteca: ponía discos, te explicaba una trayectoria o un compositor y parecía entrar en trance. Hace casi 20 años ya tenía un proyecto entre ceja: la figura del escultor Arístides Maillol y su joven musa Dina Vierny, que sería luego ‘El artista y la modelo’, con Jean Rochefort y Aida Folch, una obra que define su mirada sensual y alegre, su pasión por el cuerpo de la mujer. «Me mueve el deseo de crear cosas bellas, de contar historias. Me mueve el placer de contar», suele decir el Premio Nacional de Cine.

 

*La foto es de Aloma Rodríguez.  Está tomada en el ciclo de 'La buena estrella', en el Paraninfo.

VIDA Y OBRA DE ELVIRA DE HIDALGO

VIDA Y OBRA DE ELVIRA DE HIDALGO

[Desde el pasado 14 hasta el domingo 19 se celebra en Valderrobres en IV Festival de Canto Elvira de Hidalgo. Se puede ver toda la información aquí.

https://cursoelviradehidalgo.wordpress.com

Yo estaré en el concierto de alumnos del domingo, a las 20.30. recupero este texto que le dediqué a Elvira de Hidalgo.]

 

RITUALES DE SOL. Elvira de Hidalgo (Valderrobres, Teruel, 1891-Milán, 1980) fue una gran soprano: encarnó como nadie a la Rosina de ‘El barbero de Sevilla’. Actuó con Miguel Fleta. Fue la maestra de canto de la estrella griega.

 

LA DIVA QUE MODELÓ A MARÍA CALLAS

 

Antón CASTRO

Elvira de Hidalgo ha pasado, con justicia, a la historia como “la maestra de María Callas”, porque fue su profesora de canto y su Pigmalión, tal como ha escrito Javier Barreiro en ‘Voces de Aragón’ (Ibercaja, 2004). La soprano se encontró con ante una cascada de sonidos no del todo controlados, pero cerré los ojos y me imaginé el gozo que tendría moldeando semejante metal, en darle forma hasta la perfección”. Eso hizo entre 1939 y 1943, durante su estancia en Atenas, aunque en realidad no dejaría de hacerlo desde entonces. Le acompañaría en algunas de sus actuaciones en París y en Barcelona, y estaría siempre al otro lado del teléfono como una amiga, una confidente, como una madre y como la asesora artística de aquella mujer de corazón frágil, que nunca superó la ruptura con Aristóteles Onasis. Pero, en realidad, Elvira de Hidalgo es una cantante de ‘bel canto’ con un lugar en la historia: es probablemente una de las mejores Rosinas de ‘El barbero de Sevilla’ de Rossini, papel que le exigió un gran esfuerzo vocal, en los agudos y sobreagudos, y una más que correcta Amina de ‘La sonámbula’ de Bellini, otro de sus grandes papeles. Actuó en los grandes escenarios del mundo, desde su debú en Nápoles en 1908, con solo 16 años, hasta prácticamente su retirada, hacia 1936.

Elvira Juana Rodríguez Roglán había nacido en Valderrobres, esa villa con puente y castillo que baña el río Matarraña, en 1891. Su padre, Pedro, era granadino y su madre, Miguela, era valderrobrense. Cuando se dedicó a la ópera decidió cambiarse el nombre: se puso Elvira de Hidalgo en homenaje a su abuela materna, que era de Pamplona. Poco se sabe de su infancia; sí consta que sus padres tenían una tienda y que contó con un maestro de música, Joaquín Fuertes, que estimuló su vocación. Hacia 1902, la familia se trasladó a Barcelona y ella empezó a estudiar en el Conservatorio del Liceo, y sus progenitores regentaron un estanco, llamado “el estanco de las cantantes”. Al parecer, antes lo habían llevado los padres de la diva María Barrientos, que sería su primera maestra; todo parece indicar que era un local que el teatro barcelonés ponía al servicio de las familias de las promesas de la ópera. A María Barrientos le sucedió Conchita Bordalba que, en 1907, le ayudó a conseguir una beca para estudiar en Milán, al amparo de Melchor Vidal.

A partir de entonces, su carrera inició una proyección imparable: fue requerida en Nápoles y debutó con ‘El barbero de Sevilla’ con Titta Ruffo. Obtuvo un gran éxito y pronto sería reclamada por un Raoul Gunsbourg, del Teatro Casino de Montecarlo, que la contrató para sustituir a Selma Kurz en el Teatro Sarah Bernhardt de París. Cantará, entre otros, con Dimitri Smirnov, Mario Ancona, Antonio Pini y Feodor Chaliapine, que a sus dotes de cantante unía unas formidables dotes de actor (Elvira lo convenció para que cantase ‘Marina’ en el Liceo, y lo hizo en “muy buen español”), algo que también caracterizará a la artista turolense. La aragonesa convenció de tal modo a Gunsbourg que la llevará a Montecarlo y de gira por numerosos teatros del mundo: el Metropolitan de Nueva York, el Teatro Colón de Buenos Aires, el Covent Garden de Londres y, por supuesto, el Teatro Liceo de Barcelona y el Teatro Real Madrid. Casi resulta más difícil decir que teatro se le resistió. Tuvo éxitos clamorosos.

Ese lapso de un lustro, entre 1908 y 1913, fue magnífico, pero aún vivió otros momentos maravillosos posteriores: en 1916 fue elegida para celebrar el centenario de ‘El barbero de Sevilla’ en La Scala de Milán. Y en 1923, cantaría de nuevo ‘Rigoletto’ en el Teatro Real con Miguel Fleta, que ya habían presentado en el Teatro Colón de Buenos Aires; en cierto modo, el éxito y su trayectoria le facilitaron volver al Covent Garden de Londres y al Metropolitan de Nueva York. Era el reconocimiento a un magisterio incuestionable. Javier Barreiro –y con él otro estudiosos de su obra como Miguel Ángel Santolaria, Juan Villalba, Lola Campos o Mario Sasot, que buscó sus huellas en Valderrobres- señala que “un magnífico fraseo, modelo de musicalidad natural, lo agilísimo de sus agudos y su desenvoltura en escena constituyeron la base de su prestigio”. Era conocida como una “soprano d’agilitá”. Barreiro añade que “si grande fue como cantante, también lo fue como actriz”, porque junto a “su magnífica técnica y sus grandes facultades” poseía salero y gracia personal.

Se casó en dos ocasiones: en 1915 con Guido Zarabelli y, al enviudar de este, con Armande Bette, director del Teatro Nacional de Ostende. Al parecer también había sido pretendida por el Agha Khan, que se casaría luego con Rita Hayworth. Se retiró en 1936, y poco después comenzaría su carrera de maestra: primero estuvo durante diez años en Atenas, entre 1939 y 1949, donde descubrió a la jovencísima Maria Kalogeropoulos, María Callas (cuenta Juan Villalba que le sugirió que cantase dos piezas sobre la libertad, cuando Grecia estaba sometida por los nazis: ‘Tosca’ de Puccini y ‘Fidelio’ de Beethoven). Más tarde, entre 1949 y 1954 dio clases en el Conservatorio de Ankara. En 1959 se asentó definitivamente en Milán y se vinculó como catedrática vitalicia a La Scala.

Falleció en 1980. Nunca volvió a su localidad natal, sí a Barcelona, y dicen que “aquella diva de los pies a la cabeza” se había vuelto un poco excéntrica. Su sobrina Montserrat Puch refería a Mario Sasot y a HERALDO esta anécdota de 1964: “A la hora de comer sentaba a su mesa a su perrito faldero, le colocaba una servilleta alrededor del cuello y exigía que le dieran un filete igual que el de ella”.

 

LAS ANÉCDOTAS

 

Cariño y complicidad. Cuando se encontraron en Atenas en 1939, María Callas era una joven miope y más bien gorda. Elvira de Hidalgo la ayudó a modular y controlar la voz, a usar el vestuario adecuado, a moverse como una actriz y a elegir sus partituras. Siempre estaría ahí luego como una sombra tutelar. Escribe Lola Campos en ‘Mujeres aragonesas’ (Ibercaja, 2001): “En 1969, cuando una María Callas en horas bajas decidió de nuevo subir la cuesta del éxito, ahí estuvo su maestra española, que se desplazó de Italia a París para hacer renacer a su estrella. Elvira, sacando fuerza de sus casi ochenta años, recuperó a la artista que había creado y recuperó, en parte, a la persona que naufragaba”.

España en el corazón. Elvira fue objeto de varios homenajes; en 2003 la Asociación de Amigos de la Música de Zaragoza cantó en Valderrobres. No se sentía reconocida en España, aunque, como recuerda Lola Campos, “hizo de la canción ‘De España vengo’ una compañera inseparable. Poco después regresó en varias ocasiones para ser miembro de jurados de canto o participar en actos culturales”.

 

 



DANIEL GASCÓN RETRATA AL CINEASTA FERNANDO TRUEBA

DANIEL GASCÓN RETRATA AL CINEASTA FERNANDO TRUEBA

LO QUE DEBO A FERNANDO TRUEBA

[El director de ’Belle Epoque’ o ’La niña de tus ojos’, entre otros títulos, acaba de ganar el Premio Nacional de Cinematografía. Daniel Gascón, en el blog de ’Letras Libres’, la revista de la que es editor, publica este artículo sobre él. Fernando Trueba, en diversas direcciones, ha sido decisivo en la vida de mi familia y de muchos de mis amigos.]

http://www.letraslibres.com/blogs/blog-de-la-redaccion/lo-que-debo-fernando-trueba

 

Por Daniel GASCÓN

Fernando Trueba (Madrid, 1955) es uno de los mejores directores europeos de su generación. Lo más sorprendente del Premio Nacional de Cinematografía que ha obtenido esta semana es que no lo hubiera recibido antes. Es una figura central en la cultura española de la democracia. También es una persona importante en mi vida.

Lo conocí una tarde de invierno de 1996: él había ido a Zaragoza con su hermano David y con el director de cine José Luis García Sánchez. Los había invitado Luis Alegre para la sesión inaugural del ciclo Yo confieso, donde cineastas respondían las preguntas del público.

Yo sabía algunas cosas de Trueba. Sabía, por el libro de Alegre, Besos robados, que no gritaba en los rodajes y que decía que las canciones de Brassens tenían la respuesta a todas las preguntas de la vida. También sabía que creía que los actores guapos eran mejores, porque la gente iba al cine a enamorarse. Había visto sus películas -aunque solo dos en el cine, Belle Époque, que había adaptado al cómic en un trabajo de plástica, y Two Much- y sabía cuáles eran sus diez películas y sus diez directores favoritos. En una entrevista deFotogramas le preguntaban cuál era su deporte preferido y decía: “Ir al cine”; en otra respondía: “Si hay que hacer alguno, nadar.” Le apasionaba el jazz latino y había querido ser pintor pero había descubierto “que no tenía la inteligencia en las manos”. Le gustaban las novelas de Truman Capote y de Francis Scott Fitzgerald, y yo había empezado a leerlas por eso. Decía que solo le interesaba la vanguardia si era divertida.

También sabía que había dirigido una revista de cine,Casablanca, y que había sido crítico en publicaciones comoGuía del Ocio y El País. Estaba detrás de la editorial Plot, algunos de cuyos libros yo había leído: por ejemplo, las conversaciones con Wilder y Mankiewicz, Backstory: Conversaciones con guionistas de la edad de oro o el guion de Los peores años de nuestra vida, que me enseñó que existía otra manera de escribir. Si ese libro me hizo descubrir a Woody Allen (antes por escrito que en la pantalla: un compañero de trabajo de mi madre, un enfermero que tenía Canal + y me invitaba a su casa los domingos para ver el fútbol, me dejó Sueños de un seductor), aprendí quién eraBilly Wilder gracias a Fernando Trueba (que entrevistó a Woody Allen acerca de Balas sobre Broadway). La noche en que lo conocí hablamos de Berlín Occidente, que yo acababa de ver en el cineclub de La 2. Sabía que había hecho una película sobre un amigo:Salida de la prisión de Torrero del escritor Félix Romeo, encarcelado por insumisión. (Félix estaba en la sala aquella tarde.) Fernando y David Trueba y García Sánchez quedaban a comer con otro de mis ídolos: Rafael Azcona. Sabía también, por el libro de Alegre, que Trueba tenía un hijo de mi edad, que con el tiempo se convertiría en mi mejor amigo.

Fernando Trueba ha dirigido algunas de las mejores películas del cine español. Entre mis preferidas están El año de las lucesBelle Époque, que escribió Azcona y tratan del deseo y el aprendizaje. La primera, una historia dura y conmovedora sobre el despertar sexual ambientada en la posguerra, se basa en un episodio de la vida del suegro de Fernando, Manolo Huete. La segunda mezcla un espíritu renoiriano con una negrura valleinclanesca (aunque el suicidio del cura se achacaba a la lectura de Unamuno). Divertida, coral, sensual, pero también desoladora, es una fantasía sobre la libertad y la renuncia, una parábola sobre la Segunda República. La niña de tus ojos, cuya continuación se rodará en 2016, también es una historia de época (como El embrujo de Shanghai, basada en la novela de Marsé, y el bello filme de cámara El artista y la modelo), sobre unos españoles que van a rodar en los estudios de la UFA en la Alemania nazi. Una de mis preferidas es una obra muy distinta: su primera película, Ópera prima, que me hace pensar en la vida de mis padres antes de que yo naciera.

Trueba reivindica la importancia del guion y sus películas combinan tonos diversos, un talento especial para la dirección de actores y un elemento romántico. Logran que un equilibrio complejo parezca elegante y sencillo. Muchas veces hablan de las decisiones, de la cuestión de la elección.

En su trayectoria siempre ha habido un elemento de riesgo. Ha abordado la comedia a la manera casi clásica: Sé infiel y no mires con quién y en Two Much eran al mismo tiempo homenajes y precisos ejercicios de estilo. Su segunda película, Mientras el cuerpo aguante, era una gran pieza heterodoxa sobre un gran heterodoxo, Chicho Sánchez Ferlosio. Ha participado en ambiciosas producciones internacionales, como El baile de la victoria, y ha trabajado con guionistas tan distintos como Azcona, Ignacio Martínez de Pisón, Jean-Claude Carrière y David Newman. En sus películas aparecen actores como Jeff Goldblum, Penélope Cruz, Jorge Sanz, Fernando Fernán Gómez, Gabino Diego, Maribel Verdú, Aida Folch, Jean Rochefort, Eli Wallach, Antonio Resines; ha trabajado con Javier Aguirresarobe, Pierre Gamet, José Luis Alcaine, Javier Mariscal, Carmen Frías, Marta Velasco...

Aunque su terreno natural parece la comedia, ha hecho incursiones en otros géneros, como El sueño del mono loco. Ha realizado un documental musical como Calle 54 y una película de dibujos animados (Chico & Rita). Ha rodado en la República Checa, Chile, Estados Unidos, Brasil. Ha hecho películas que han sido enormes éxitos de público (Belle ÉpoqueTwo Much) y otras más minoritarias.

Junto a la productora Cristina Huete, su mujer, ha creado una pequeña e inquieta factoría cultural. Ha producido películas de directores como Emilio Martínez Lázaro y Félix Viscarret. En televisión, ha producido series innovadoras, como La mujer de tu vida, y un programa de culto, El peor programa de la semana (retirado de antena porque los productores y el presentador, el Gran Wyoming, se negaron a aceptar la censura de Televisión Española). Experto en jazz y divulgador del género, como productor musical ha inventado combinaciones como la de Tomatito y Michel Camilo, o como la de Bebo Valdés y el Cigala.

Trueba es un activista de las cosas que le gustan, y uno de los grandes proselitistas de la cultura española. Es un autodidacta que ha buscado maestros, como Bresson, Azcona, Gonzalo Suárez, Wilder: dice que uno debe intentar conocer a la gente que admira porque los canallas siempre acaban estropeando su biografía. Es cultísimo, e imprevisible en sus pasiones: durante semanas se dedica a leer todo lo que encuentra de un autor, desde Isaiah Berlin a John O’Hara, pasando por Patricia Highsmith (a quien entrevistó), Tony Judt, Noam Chomsky o Isaac Bashevis Singer (a quien ha traducido). Cuando te habla de esos libros, tienes la sensación de que lo único sensato que puedes hacer con tu vida es dejarlo todo y ponerte a leerlos.

Su Diccionario del cine es una guía deliciosa, llena de citas y de información, de homenajes y asociaciones inesperadas. Es, junto con El cine según Hitchcock (y, por cierto, incluye una preciosa semblanza de François Truffaut), mi libro preferido sobre cine. Trueba contribuyó a poner de moda de nuevo a Billy Wilder, impulsó la edición de libros sobre la escritura cinematográfica y ha ayudado a que se conozca la obra de muchos creadores. En sus películas es fácil detectar un entusiasmo por las artes: en la ekphrasis de un dibujo, en la música, en el cine dentro del cine. Cree que la cultura nos hace mejores, y quizá eso no siempre sea cierto, pero su propia vida es una demostración de ese poder emancipador.

Trueba tiene un elemento de rebeldía, de rechazo vehemente a los excesos de la autoridad y a las imposiciones del grupo que hace que este hombre de izquierdas haya defendido a Fernando Savater de los ataques de la izquierda, que siempre haya criticado las dictaduras, que siempre se haya opuesto a las constricciones a la libertad individual.

En una de esas entrevistas que yo leía a los catorce años le preguntaban a Fernando Trueba sobre su gusto por la cultura francesa. Ahí descubrí que hay algo mejor que la cultura francesa: la cultura de los afrancesados. En la respuesta, Trueba enumeraba a muchos autores que le gustaban. Para mí, decía, eso es patria. Hay poca gente con un temperamento menos nacionalista que este cosmopolita de Estrecho, pero creo que somos muchos los que podemos agradecerle que haya hecho mejor nuestro país: a través de sus películas y de su labor incansable de transmisor cultural, ha contribuido de forma decisiva a modernizar la cultura española, y ha ayudado a enriquecer nuestro paisaje mental.

*La foto es de Aloma Rodríguez, y está tomada precisamente en uno de los ciclos de 'La Buena estrella', que sucedió a 'Yo confieso', antes de la presentación de 'El baile de la Victoria' y de la entrevista para 'Borradores'.

15 AÑOS DE CINE MUDO EN UNCASTILLO

Uncastillo celebra 15 años de sus Jornadas de Cine Mudo 

del 17 al 19 de julio 2015 en la localidad de Uncastillo (Zaragoza)


Por Carmen GIMÉNEZ

Las Jornadas de Cine Mudo de Uncastillo, organizadas por la Asociación Cultural La Lonjeta, están de celebración. Se cumplen 15 ediciones de este evento único en España que dedica su programación al cine mudo con acompañamiento musical en directo.

Y para celebrar este aniversario como se merece, la XV edición de las Jornadas rendirá homenaje a la diversidad y la riqueza de Los géneros cinematográficos en el cine mudo. Obras maestras como el drama Avaricia (1924) de Erich von Stroheim, estupendas películas de suspense como El enemigo de las rubias(1927), de Alfred Hitchcock o primitivos filmes de terror como Frankenstein (1910), de J. Searly Dawey forman parte de una selección que refleja la vasta expresividad y enorme variedad del cine mudo.

También habrá hueco para el cine bélico documental, con una muestra de cortometrajes reunidos por las filmotecas europeas con motivo del centenario de la I Guerra Mundial, además de la joya de cine documental A propósito de Niza (1929), de Jean Vigo. El cine fantástico estará representado por el inolvidable viaje A la conquista del Polo (1912), de Georges Méliès, y, para broche final, hemos reservado el humor y las risas aseguradas de Buster Keaton en El gran espectáculo (1921), la noche del sábado, y Charlie Chaplin en La quimera del oro (1925), la mañana del domingo.

 Películas para todos los gustos y también para todas las edades, ya que los más pequeños podrán disfrutar también de esta fiesta del cine mudo con los cortometrajes de El Gato Félix (1919-1924) y el western de tintes cómicos Billy Blaze (1913), protagonizado por Harold Lloyd.

Los más mayores podrán rememorar tiempos pasados con el drama costumbrista Pasionaria (1915), de José María Codina, protagonizado por la exótica bailarina española Tórtola Valencia, restaurado por Culturarts IVAC. El cine erótico también estará representado en las XV Jornadas con Escenas Picantes (1897-1906), cortometrajes recuperados gracias a la colaboración entre la Filmoteca de Zaragoza y la Filmoteca de Bolonia.

Además dentro de la sección Con banda sonora, dedicada al cine sonoro sin diálogos o con especial vinculación al cine mudo, se proyectará Juan y la nube de Giovanni Maccelli, premio Goya al mejor Corto de Animación 2014.

 Desde sus inicios, la música en directo ha sido una de las señas de identidad de nuestras Jornadas de Cine Mudo. En esta edición, son muchos los músicos encargados de sonorizar las películas en directo. Así, podremos escuchar los pianos de Ricardo Casas, Josetxo Fernández de Ortega, Mikel Elizaga, Jaime López y el joven francés Rémy Gouffault; la viola de gamba de José Aurelio Ferrández; los teclado electrónicos y otros artilugios sonoros de Ignacio Alfayé; la percusión de Jonás Gimeno; los efectos y la voz de Diego Galligo; la guitarra de Joaquín Pardinilla; los saxofones de Mikel Andueza y Thomas Gouffault, además de los ritmos folklóricos de La Chaminera y de Vegetal Jam, grupo éste que ofrecerá además un concierto la noche del sábado, tras las proyecciones de la Cena en el cine, que cada año reúne a más de 150 personas.

Los distinguidos este año con la Bocina de piedra, el reconocimiento de las Jornadas a personas o instituciones por su colaboración y su trabajo a favor del cine, serán el Festival Internacional de Cine Etnográfico y Documental del Sobrarbe Espiello; el periodista y cineasta Luis Alegre, y la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza como organizadora del Ciclo de Cine con Música en Vivo.

Las Jornadas de Cine Mudo, que nacieron con el objetivo de recuperar y rendir homenaje a la actriz de cine mudo Inocencia Alcubierre, nacida en Uncastillo. Quince ediciones anuales de películas, de música en directo, de actividades y de grandes momentos que podrán recordarse en la exposición 15 años de las Jornadas de Cine Mudo de Uncastillo a través de sus carteles, que permanecerá abierta todo el fin de semana.

SOBRE LAS JORNADAS DE CINE MUDO. Con esta son ya quince las ediciones que la Asociación Cultural La Lonjeta iniciara las Jornadas. Lo que nació como un rescate del olvido y un homenaje a la actriz de cine mudo Inocencia Alcubierre, nacida en Uncastillo, ha evolucionado con los años hasta posicionarse como una cita ineludible dentro del circuito de festivales de cine de Aragón. Es un evento único en su género en España y uno de los más longevos de Europa. Las Jornadas de Cine Mudo de Uncastillo están hermanadas desde 2004 con el Festival d’Anères (Dpto. de Altos Pirineos, Francia), también dedicado al cine mudo.

Este es el balance del camino recorrido desde aquel verano del año 2000 en que se iniciaron las Jornadas:

Más de 10.000 espectadores reunidos frente a la pantalla… en un pueblo sin cine

234 obras proyectadas, de las cuales: 67 fueron largometrajes, 23 mediometrajes (entre 30’ y 1 hora de duración) y 144 cortometrajes

142 horas de proyecciones, más del 90 por ciento de cine mudo

55 actividades paralelas organizadas: talleres con niños, conciertos, conferencias y coloquios, cuentacuentos, cenas en el cine...

48 Bocinas de Piedra entregadas a personalidades, entidades y proyectos homenajeados

40 músicos y vocalistas, solistas y en pequeñas formaciones, tocando en directo durante las proyecciones y en concierto, a los que hay que sumar otros 80 intérpretes integrados en la Banda Municipal de Uncastillo, la Camerata San Nicolás y la Orquesta de Cuerda de la Escuela Municipal de Música y Danza de Zaragoza que también han participado en las Jornadas

14 exposiciones montadas y expuestas en Uncastillo, Zaragoza, Huesca y Boltaña, la mitad de ellas de producción propia

4 libros-catálogo editados

 

SOBRE LA ASOCIACIÓN CULTURAL LA LONJETA. Creada en 1990, este año la asociación celebra también el 25 aniversario de su fundación. Agrupa a 300 socios preocupados por la conservación y difusión del patrimonio cultural, histórico y artístico de Uncastillo (Zaragoza). Entre sus actividades se incluyen la edición de libros y de una revista, la realización de la Muestra de Oficios Artesanos, las Jornadas de Cine Mudo o las Jornadas sobre la Muerte. Sus objetivos se articulan en torno a la difusión del patrimonio cultural de Uncastillo, la organización de eventos culturales, la edición de publicaciones y la participación ciudadana.

 

CONTACTO:

Carmen Giménez, coordinadora

carmengimenezaisa@gmail.com

"http://www.cinemudo.org/".org / Las Jornadas en facebook

Organiza: Asociación Cultural La Lonjeta de Uncastillo

http://www.lalonjeta.com/

Patrocinan: Gobierno de Aragón, Diputación de Zaragoza, Comarca de las Cinco Villas y Ayuntamiento de Uncastillo.

 

*La foto, tomada de internet y de todocoleccion.net, es de Ino Alcubierre.

ADIÓS AL GALÁN OMAR SHARIFF

ADIÓS AL GALÁN OMAR SHARIFF

Ha muerto Omar Shariff, un galán del cine clásico que había nacido en Alejandría en 1932. En los últimos años padecía alzheimer. Empezó joven, con poco más de 22 años; en 1962 tuvo un valioso papel secundario en ‘Lawrence de Arabia’ de David Lean, que le sirvió para ser candidato al Oscar y ganar el Globo de Oro de 1963. Más tarde, luego de ‘La caída del imperio romano’ (1964) de Anthony Mann, realizó su película más célebre, ‘Doctor Zhivago’ (1965), también de David Lean, donde daba la réplica a Geraldine Chaplin y a Julie Christie y encarnaba al ‘álter ego’ de Boris Pasternak, el poeta, novelista y premio Nobel de literatura. Volvió a ser candidato al Oscar, pero no lo logró. Más tarde hizo ‘Funny girl’ (1968) de William Wyler, aquel musical con Barbra Streisand. En 1969 hizo una película sobre Ernesto Che Guevara.

Una de mis favoritas es ‘El derecho de amar’ (1972) de Eric Le Hung, donde compartía reparto con Florinda Bolkan y encarnaba a un preso político; la vi de niño, poco después de su estreno, en el Cine Real de Arteixo (A Coruña): aún no he podido olvidarla. Una de las últimas fue ‘El señor Ibrahim y las flores del Corán’ de François Duyperon, donde hizo un excelente trabajo en una película pequeña pero emocionante y evocadora que contiene un admirable retrato de la amistad.