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Antón Castro

Artistas

EL AMOR DE DELON Y ROMY

Una historia de amor y fotogenia, de cine y de instantes inolvidables.

 

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JOSÉ LUIS TOMÁS EN A DEL ARTE

[El pasado jueves, en la galería A del Arte, se inauguraba una corta exposición de dibujos y retratos, y un libro, que ha concebido José Luis Tomás. Ha retratado a más de 80 personas de diversos campos para acometer un proyecto solidario para unos niños con dificultades. Traigo aquí el texto del prólogo del libro.]

JOSÉ LUIS TOMÁS: EL ARTISTA SOLIDARIO

 

Creo que no conocía al pintor y decorador José Luis Tomás hasta que me llamó un día con motivo de su exposición en el Torreón Fortea. Venía de parte de José Luis Cano, como persona interpuesta. Recuerdo que vi su exposición, de pintura geométrica, o como diría el propio Cano, de rayicas y cuadradicos. La de alguien que conocía el oficio profundamente. Me contó diversas historias, y me pareció que era un idealista de antaño, forjado en el taller, en la calle y en las tertulias de taberna. Y recordé también que una de las palabras más usadas por Cano en el catálogo de la muestra era ‘Utopía’.

Ahora esa palabra toma mayor sentido con este trabajo: sin pereza alguna y con una paciencia infinita, José Luis Tomás ha hecho un proyecto solidario, un empeño de loco, una apuesta llena de buenas intenciones y de compromiso. Se trataba de hacer una colección de retratos (o caricaturas o dibujos), con su sesgo personal, de artistas, escritores, amigos y compañeros de viaje con el objetivo de tender una mano a los niños, necesitados y desprotegidos, a quien el sistema ha dejado a la intemperie. Ese puente debía cristalizar en una exposición y un libro.

José Luis Tomás ha trabajado de lo lindo. Ha organizado citas, comidas, pequeñas tertulias, sesiones de fotos o de apuntes del natural; ha buscado algunos rasgos esenciales de personas muy diferentes, un objeto, ha acudido a su conocimiento de la gente, a su núcleo de íntimos. Y aquí está el proyecto: piezas más o menos expresionistas, a veces en la onda del Bosco y de Brueghel el viejo, formas de mirar y de dialogar en diversas direcciones.

En un proyecto así, tan dilatado, que ronda los 80 protagonistas o personajes, hay de todo: momentos felices, rostros reconocibles y caras que quizá, como le decía Picasso a Gertrude Stein, acabarán pareciéndose a su interpretación con el paso del tiempo. José Luis Tomás, más que amable o complaciente, ha querido ser divertido y quizá satírico incluso. Además, ha pedido a sus elegidos un texto complementario: un autorretrato, un carné de baile, un juego de espejos o una pequeña broma. Los cuentos de una vida. O un puñado de invenciones, como hace Enrique Larroy, que afirma haber nacido en Ávila en 1909. Fernando Malo ensaya esta microbiografía: “Alfarero, azulejero, nacido artista, venido a agitador cultural. Alquimista de la tierra y el fuego. Una especie en extinción”.

No se pueden enumerar aquí a todos los participantes, ni es necesario, pero un paseo por los textos revela humor, ironía, distanciamiento. E incluso desacuerdo con el autor. O de impugnación estética. Dice Adela Ramos: “Lo primero, y que quede claro, yo no soy así de fea y arrugada (o al menos yo así me veo)”. Andrea Uña Barrientos precisa: “Dicen que mi voz despliega aromas de vino y jengibre. Pero eso es muy difícil de verlo en una caricatura. Cuando me llames para felicitarme, lo comprobarás”. Ángel Delgado acepta “el castigo” y dice: “Por eso es justo que Cholis-Tomás ponga las cosas en su sitio y nos pinte feos y más viejos de lo que somos. Es un castigo a los presuntos revolucionarios por no comenzar la revolución por nosotros mismos. Y menos mal que no nos ha dibujado en cubismo o abstracción. Si lo hubiera hecho habríamos terminado, todos los caricaturizados, descuartizados”. Ya se ve que aquí hay implícito un pequeño daguerrotipo de tribu que, en cierto modo, podría resumir Javier Gómez de Pablos: “Añoro los emocionantes años de la lucha antifranquista, tanto como aborrezco los actuales”.

Emilio Casanova habla de sí y parece definir su retrato: “El asesino dibujo de José Luis me sitúa en lo que hago muchas horas al día. Estar delante de varias pantallas de ordenadores jodiéndome las lumbares para inventar la vida y lo que pienso de ella”.

Son algunos ejemplos. La complicidad es obvia. José Luis Tomás ha soñado por partida triple: como artista (“Después de perder la esperanza, el respeto, el juicio y la vergüenza, a partir de ahí, se puede empezar a pensar en el Arte. Todo lo demás, son pijoterías malditas”, dice Alejandro Molina, y él sabrá por qué), como compañero de viaje y como ciudadano solidario. Y aquí está su empeño. Rostros y retratos, el perfil de una existencia en pocas líneas. Y el grito contra las nuevas formas de la tiranía, del menosprecio y de la injusticia. Ya lo dijo una vez García Márquez en El otoño del patriarca: “El día que la mierda tenga algún valor los pobres nacerán sin culo”. Parece una frase soez y un mal colofón a un esfuerzo tan generoso y limpio, pero estamos en ese límite donde la razón y la sensatez se han vuelto utopía. Así no vamos hacia ningún sitio. Por eso, Tomás se revuelve, grita y pelea en buena compañía. Pelea por los otros. Pelea por los niños, la semilla incesante del futuro.

 

NUEVO LOGO PARA FUENTES

NUEVO LOGO PARA FUENTES

 

FESTIVAL DE CINE DE FUENTES - NUEVA IMAGEN Y BASES 2014

Festival de Cine de Fuentes: “un festival para los sentidos”

Sentir el cine, la cultura y nuestro entorno son los fines principales de esta nueva apuesta para el 2014.

La 19 edición del Festival de Cine de Fuentes se celebrará del 25 de octubre al 1 de noviembre de 2014, en la localidad zaragozana de Fuentes de Ebro. Un festival en el que el cortometraje aragonés y el cine español, se darán cita de nuevo para poder disfrutar de los mejores cortos y de las últimas películas del cine español. Todo esto, acompañado de exposiciones temáticas, foros, encuentros, talleres e infinidad de actividades, que de nuevo convertirán a nuestra población, en un “Pueblo de cine”.

Un festival para ver y escuchar el cine, para tocar ese celuloide a punto de desaparecer y cómo no para saborear y disfrutar de una gastronomía local, sello de identidad de la población, que esos días vive una de las épocas más atractivas del año. Ven, comparte  y disfruta con nosotros, siente nuestro cine, siéntete nuestro.

Ya están disponibles las bases para participar en los diferentes apartados del festival (Ficción y Documental) de la 19 edición del Festival de Cine de Fuentes, el plazo de presentación finaliza el 10 de septiembre. Los trabajos deberán ser enviados on line a través de http://www.clickforfestivals.com/festival-de-cine-de-fuentes-de-ebro

Una nueva imagen creada por el diseñador gráfico Alberto Ladrón, donde combina el rojo del escudo de la localidad y el premio del festival, esa cigüeña que como premio, tantas alegrías ha dado a los cineastas aragoneses.

Una nueva identidad y una etapa camino de la celebración del veinte aniversario en el 2015.

VÍCTOR BAILO: MEMORIA DE UN SIGLO

 

El paladín del mejor gusto estético*

 

Se cumplen cien años del nacimiento de Víctor Bailo (1914-1975), propietario, director de la galería libros y pionero de la modernidad

 

 

Víctor Bailo Solanas (Leciñena, 1914-Zaragoza, 1975) se hizo acreedor a muchos elogios. Para algunos, como el profesor y crítico de arte de HERALDO Ángel Azpeitia, transmitió cultura, sentido de Civilización; para otros, como el escritor y profesor de Historia del Arte Federico Torralba, fue “uno de los auténticos pioneros –y en momentos bien difíciles (...)- en la difusión de los nuevos caminos de la plástica”. Luis Horno Liria, crítico literario, resultó decisivo en “la formación de nuestro gusto estético”. Todos ellos lo elogiaron sin reservas en el catálogo de homenaje que se le hizo, en la primavera de 1976, unos meses después de su muerte. Esos elogios, de otro modo, se han repetido a lo largo de los años por escritores, artísticos, galeristas, etc. María Isabel Sepúlveda estudió su trayectoria. El último en ensalzar su travesía de creación y curiosidad intelectual ha sido Javier Lacruz en su monografía de ‘Manuel Viola’ (Editorial Cierzo), que recuerda que la sala Libros fue su personal catedral del arte, desde casi antes de abandonar los pantalones cortos.

Víctor Bailo y Libros forman parte de la memoria de Zaragoza. Fueron un binomio fundamental a lo largo de 35 años, desde 1945 hasta 1975. Su hija Isabel Bailo y su yerno Gonzalo de Diego lo recuerdan, en su domicilio de Arquitecto Yarza, ahora que se celebra el centenario de su nacimiento. Cuenta Isabel que su padre pertenecía a una de las dos familias más influyentes de Leciñena. “Tenía un hermano mayor, Paco, que tuvo un hijo en vísperas de la Guerra Civil. Lo cogieron y lo fusilaron. Mi padre jamás quiso volver a Leciñena –dice-. No podía olvidarse del crimen. Es curioso: a mí me gustaba regresar, de cuando en cuando, para el verano con mis abuelos. Lo pasaba bien”. Ya instalado en Zaragoza, el joven Víctor Bailo intentó reanudar su vida y superar los fantasmas del horror y del dolor. Empezó a estudiar comercio y “no tardó en coger en traspaso Libros, que había pertenecido a su primo Tomás Seral y Casas”, explica Gonzalo de Diego.

No se sabe muy bien por qué Víctor Bailo se interesó por un proyecto como ese. “Fue clave, creemos, su primo”, dicen. Tomás Seral y Casas (1908-1975) fue poeta surrealista, un agitador cultural y colaborador en prensa, dirigió revistas, y fundaría en Madrid la Galería-Librería Clan. En 1939 había solicitado permiso para abrir su galería y lo haría en octubre de 1940; el proyecto era de José de Yarza. Años después, con Víctor Bailo ya al frente, habría una ampliación dirigida por Pérez Páramo. “Seral y Casas le asesoró siempre, le mostró su cartera de clientes y le puso en contacto con galeristas”, dice Isabel. Gonzalo de Diego, que ha trabajado en cultura y exposiciones en Ibercaja hasta su jubilación, revela una curiosa anécdota: “Víctor Bailo era simpático, con carisma, sencillo en el trato y educadísimo. Tenía un sexto sentido para el negocio y se empleaba con sutileza. No agobiaba ni era desconfiado. Yo le compré el primer cuadro de mi vida en 1973. Era un Grau Santos. Me vio interesado y me ofreció toda clase de facilidades. Me costó 25.000 pesetas de las de entonces, unos 150 euros”. Regresamos un instante a Seral, que se marcharía a Madrid en 1945: “Hemos visto la correspondencia íntima entre los dos y le asesoraba desde la distancia”, agrega. Bailo viajaba constantemente a Madrid y colaboraba con diversos galeristas: Gaspar, Parés, Prats, Biosca, Leandro Navarro o Rodríguez Sahagún, entre otros.

Se diría que Víctor Bailo aprendió pronto y convirtió su santuario de Libros en un foco cultural de la ciudad: era galería de arte, tiene de enmarcación y librería y tienda de discos. “En los discos trabajó de dependiente el gran fotógrafo Joaquín Alcón”, recuerdan Isabel y Gonzalo. Libros era un centro de tertulias, de amantes de las artes y de los libros. “Por allí pasaba todos los días el periodista y crítico Joaquín Aranda, compraba un libro y lo leía en el Casino. Pasaban Miguel Labordeta y muchos otros: en sus inicios estuvo Fermín Aguayo, “con una bufanda que le arrastraba hasta el suelo”, acudían el alcalde Luis Gómez Lagunas, el crítico musical Eduardo Fauquié, los hermanos Pérez Gállego, el productor Eduardo Ducay o el periodista de HERALDO José María Doñate”, dice Gonzalo de Diego.

Víctor Bailo tenía buen gusto para el arte. Le apasionaban la música y la lectura. Expuso a la Escuela de Vallecas y de Madrid, a Redondela, Viola o Menchu Gal, pero también estaban vinculados a él otros artistas como Revello de Toro, Álvaro Delgado, que lo retrató, Benjamín Palencia, Vázquez Díaz, Luis García-Ochoa, Godofredo Ortega Muñoz, “que le recordaba que se había escondido durante la Guerra Civil en Utebo, en la casa de Gil Bel”. Expuso a muchos de sus paisanos: Pilar Aranda, Pablo Serrano, Santiago Lagunas, Viola, Baqué Ximénez, Alberto Duce, Beulas... Todas las temporadas dedicaba un mes a un artista aragonés, y si en 1950, por poner un ejemplo, presentó al joven surrealista Antonio Saura, algunos años después haría lo propio con  José Luis Cano o Jorge Gay.

En 1975, en la calle Cuatro de Agosto fundó un nuevo espacio: Libros 75, pero no le dio tiempo a abrirlo. El cáncer interrumpió su gran obra con apenas sesenta años. Leandro Navarro lo recordaba así: “La figura menuda, la sonrisa irónica, un ligero acento aragonés, unos escrutadores, agudos, inteligentes ojos claros, disimulados tras los lentes... Los abrazos abiertos, el corazón grande, generoso, emocionado para el arte”. Su proyecto, con algunos cambios, permaneció abierto hasta el pasado agosto de 2013.   

 

*Este texto, con algunas variaciones, se publicó ayer en Heraldo de Aragón.

JAVIER LACRUZ PRESENTA SU BIOGRAFÍA DE VIOLA EN EL PRINCIPAL

 

[El psiquiatra, historiador y coleccionista de arte Javier Lacruz Navas presenta esta tarde, a las 20.00, en el Teatro Principal, en conversación con Antón Castro, su libro 'Manuel Viola' (Editorial Cierzo, 2014), que incorpora muchos materiales inéditos. Se proyectarán fotos y cuadros del artista, al cuidado del fotógrafo Andrés Ferrer, y habrá un pequeño recital de flamenco.]

Manuel Viola (Zaragoza, 1916-San Lorenzo de Escorial, Madrid, 1987) tuvo una existencia de novela. Para él la vida fue más importante que el arte o los manuales de creación. Su amigo Francis Picabia dijo: “Si un día Viola tiene a la vez una cita con la vida y con un cuadro, se irá siempre con la vida”. Viola, que en realidad se llamó José Viola Gamón y fue bautizado en el barrio del Gancho, vivió peligrosamente y fue, con Salvador Dalí, el artista español más popular. Eso cree el psiquiatra y coleccionista de arte Javier Lacruz Navas (Zaragoza, 1956), que asistió con apenas diez años a su primera exposición en la galería Libros, que dirigía Víctor Bailo. “Él fue mi maestro de arte contemporáneo: por eso el libro está dedicado a él”. Alude el creador de la colección ‘Cerler’ y ‘De Pictura’, que fundó y dirigió con Mariano Yera, a un volumen definitivo, de 400 páginas, sobre la personalidad y la obra del pintor de ‘El Paso’: ‘Manuel Viola’ (Editorial Cierzo), que ofrece muchos materiales inéditos. Lacruz ha accedido a una extensa entrevista de Juan Manuel Nadal, pudo ver y estudiar “la maleta de Viola”, su archivo en El Escorial, y ha recuperado catálogos, textos inéditos, dibujos, óleos y un inmenso material de hemeroteca que, por ejemplo, le ha permitido conocer su estancia en Sudamérica.

Javier Lacruz vivió una experiencia iniciática con Viola: su padre, médico, era muy amigo de Manuel Clavero, dueño del Club Náutico, donde comían el pintor y su mujer Laurence Iché durante su exposición en La Lonja en 1972. Así logró tener una cita con el artista. “Viola vino con su capa, su melena blanca, con ese vozarrón, Yo me quedé fascinado con el gran personaje: no solo era un artista, era un personaje en ese momento. Salía mucho en la tele. Era rocero, cariñoso. El gran programa que le hace Joaquín Soler Serrano en ‘A fondo’ divulgó una imagen de un artista cercano, con una vida muy trillada, novelesca, que despertaba una gran fascinación. Era uno de esos artistas con carisma”. El joven, por pudor, no le pidió que le hiciera un dibujo (“era un gran dibujante”, señala) y siempre le ha quedado como un resquemor o una sombra. Al cabo de los años, ha ido adquiriendo su obra. Y hace cuatro decidió escribir la monografía de un artista que nació en Zaragoza, se trasladó a Lérida con su familia paterna y luego, ya en vísperas de la Guerra Civil, se instalaría en Barcelona.

“En la revista ‘Art’ de Lérida ya está con 17 años. Era un chaval y ya hacía crítica de arte y crítica literaria porque él era poeta. Luego haría algo de dibujo surrealista. Le interesaban autores como Dalí, Giorgio de Chirico y Lorca. También era lector de su poesía y de la Pedro Salinas”, señala Lacruz y recuerda que fue surrealista muy pronto, a diferencia de otros autores como Millares, Tàpies y Antonio Saura, que lo harían por inmersión una vez que el surrealismo había sido superado. Más tarde partió a Barcelona y allí contacto “con todos los intelectuales de la Universidad y con los artistas del momento, entre ellos Remedios Varo, que estaba casada con el poeta Benjamin Péret”. Luego se desata la Guerra Civil y él entra en acción. “Les escribió a sus tías, Sebastiana y Antonieta, que son sus mentoras en Lérida, y les dijo: ‘no me busquéis en Barcelona que estoy en el frente’. Se va como un idealista del POUM a luchar por la democracia”. Tras perder la guerra, se traslada a Francia y “pasa a ser perseguido por el Gobierno de Vichy, por el gobierno español y por los nazis. Abrazó la clandestinidad... Por eso él decía: “No he podido hacer una gran obra: he hecho dibujos, poemas, yo soy un sujeto semoviente por la vida, por la supervivencia”.

Está en dos campos de concentración “de uno de ellos se escapó haciéndose de la Legión Francesa”, emplea dos nombres. Finalmente, decidió instalarse en París, donde contaba con dos buenos amigos: el citado Peret y el americano Henri Goetz, que lo acogieron en un primer momento. Poco después, en régimen de clandestinidad, se trasladó a vivir a un piso con Edita Hirschova, su primera novia y con Robert Rius, poeta y secretario de André Breton y con su mujer Laurence Iché. Edita es Tita y será su novia; era judía, sordomuda y muy hermosa; en 1942 fue detenida y murió en Auschwitz. A la vez, Robert Rius fue asesinado por los nazis y Viola no tardaría en unirse a Laurence Iché, con la que se casaría. En aquellos tiempos, Viola estuvo en la resistencia y en el maquis, escribió poemas, hizo muchos dibujos, pintó pequeños paisajes tachista y redactó una biografía perdida de su amigo Óscar Domínguez, que acabaría suicidándose. En 1949, se trasladó a España. “Probó suerte en Barcelona, pero fue rechazado por su pasado político. Se trasladó a Torremolinos con unos amigos gitanos. Gracias a sus amigos Ruano y Cela pudo instalarse, lo que coincidió además con el hecho de que su esposa entró a trabajar en la embajada de Francia”.

Saura y Millares vieron sus obras y dijeron: “Este es de los nuestros”. Se incorporó a ‘El Paso’ y poco a poco iría haciendo una obra intensa que mereció elogios de Eugenio d’Ors. Javier Lacruz documenta ese período con exhaustividad y con muchos materiales. En 1967 viajaría a Sudamérica a buscar, como él mismo vino a decir, “la ebullición que anunciaba ese continente”. Nunca dejó de trabajar, tuvo un nuevo amor, María Asunción Arroyo, treinta años más joven que él, y en 1972 fue objeto de una antológica en la Lonja. Falleció en 1987. 

 

*La foto de Javier Lacruz la tomo de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-63f448c35ae9b60489614aa125d82e68.gif

. La de Viola, de Artium.

UN MOMENTO DE AMOR EN EL AGUA

UN MOMENTO DE AMOR EN EL AGUA

Tomo de aquí esta bella foto, un momento de amor en el agua.

http://janetmillslove.tumblr.com/post/81160024186/moment-love-wild-fauna-love

 

MÁS ALLÁ DEL DESIERTO / 3

En Heraldo.es puede seguirse esta mirada a una parte de la actualidad cultural de la semana.

http://www.heraldo.es/noticias/ocio_cultura/cultura/2014/05/31/aragon_plato_cine_literatura_291157_308.html

Delibes por Chema Conesa. Tomo la foto de aquí: 

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-88f0d99c192b3492cf98f29994cd8029.jpg

 

MÁS ALLÁ DEL DESIERTO / 3. Diario Cultural

 

Aragón, plató de cine y de literatura

 

 

SÁBADO, 24 de mayo

Viajo a Madrid. Y en las salas de la Comunidad de Madrid, Alcalá 31, contemplo los ‘Retratos de papel’ de Chema Conesa: una fiesta de los sentidos. Treinta años de fotos admirables: una historia de la transición a través de más de un centenar de rostros, de actitudes, de paisajes (como el de Patxi López entre la arboleda, como los de Miguel Delibes), de retratos psicológicos, de puesta en escena o directos como la luz más hermosa. Hacía tiempo que no veía algo tan incontestable en fotografía: Conesa, que trabajó en ‘El País’ y en ‘El Mundo’, es algo más que un maestro, un artista o un artesano. Ama a los seres y los busca con suavidad y penetración. Sabe mirar, componer, encerrar la claridad en un poema visual deslumbrante. Domina el color a su antojo, pero también ofrece una serie de caras en blanco y negro, con un tratamiento especial, que se quedan en la retina y en el fondo de la memoria.

 

DOMINGO, 25 de mayo

Héctor Pérez es un joven músico zaragozano que publica su primer disco: ‘Billetes de ida y vuelta’, canción melódica, ligera, sin complejos y con cuidados arreglos, que ha grabado en Madrid. Todos los temas y su música son suyos. Dominan el amor, la melancolía, la idea del viaje: “Musa de mi inspiración, guardián de mi brújula. / hogar de mi música, que te sigue allá donde vas”. El autor, tras dar las gracias a un montón de amigos, dice: “Este disco es una realidad, el primer paso de un camino que espero sea muy largo. Lo mejor es lo que queda por venir”.

 

LUNES, 26 de mayo

Se falla, por votación popular, el cartel de las fiestas del Pilar de 2014. Lo gana el artista y diseñador Antonio Isla, al que conocí hace poco en Monzón, en la exposición de los hermanos Clemente dedicada a la forja y a la cerrajería artística. Antonio Isla parte de ‘El beso’ de Robert Doisneau, el célebre ósculo ante el ayuntamiento de París. Es tan obvio el homenaje, o la parodia o la provocación, que no cabe hablar de plagio: parece más bien un juego que no oculta su descaro y un intento de unir París y Zaragoza a través de una imagen universal. De los más de 1400 votos emitidos para seleccionar una obra de entre cinco finalistas, Isla recibió la mitad. Los carteles del Pilar jamás pasan inadvertidos. Suscitan una intensa división de opiniones, y también este.

 

MARTES, 27 de mayo

La sala 14 de los cines Aragonia se viste de gala para el estreno de ‘Aragón Rodado’, un proyecto en el que Vicky Calavia ha invertido muchas horas y búsquedas. Luis Alegre es el hilo conductor: conversa con una veintena de personajes que encarnan los distintos oficios del cine y que han intervenido en doce películas que se han rodado en Aragón.

Vicky Calavia, feliz, explica las claves de su ‘road movie’, que arranca con Fernando Trueba cuando rodó ‘Lumière y compañía’ (1995) y creó en apenas un minuto un corto inolvidable: ‘Salida del escritor insumiso Félix Romeo de la cárcel de Torrero’. Conmueve el arranque, conmueven la humanidad tan natural y la serenidad del autor de ‘Noche de los enamorados’ (esa novela nacería en su estancia en prisión como objetor de conciencia); luego, Jorge Sanz evoca el rodaje de ‘Valentina’ en Albarracín y la hermosa complicidad con Anthony Quinn y con Paloma Gómez, la niña que se hizo un esguince de tobillo “correteando por las calles”, y tuvo que ser elevada en grúa al set de rodaje.

Hay momentos magníficos: la presencia de Willy Montesinos en Sos del Rey Católico, el modo en que Yvonne Blake explicó su trabajo para ‘Los fantasmas de Goya’, la intensidad de Juan Diego desgranando su trabajo en ‘La noche oscura’, los recuerdos de Ignacio Martínez de Pisón, Antonio Resines o Maribel Verdú de ‘Carreteras secundarias’ o, entre otras imágenes, el paseo final de Paula Ortiz y Luis Alegre por el Casco Histórico de Zaragoza; repasan la grabación de ‘De tu ventana a la mía’ en la historia con la actriz Luisa Gavasa.

El documental, como insistieron Alegre y Calavia, confirma a Aragón como plató de cine, como un espacio de paisajes espectaculares, con historia, y como una lección de autoestima. Contó con el apoyo de CARTV y del Gobierno de Aragón.

 

MIERCOLES, 28 de mayo

Zaragoza, y más en vísperas de la Feria del Libro, se llena de propuestas literarias. Daniel Nesquens y Alberto Gamón firman un libro muy bonito y sugerente: ‘AbeCeCirco’ (Anaya). Nesquens construye pequeñas frases de criaturas del circo (máximo seis palabras que empiezan por la misma letra) y Gamón, con su cuidadoso estilo neocubista, de caligrafía geométrica y un trabajado cromatismo, crea una historia paralela: todo un viaje de un circo ambulante que pertenece tanto a la ficción como a la realidad. Se trata de un bello álbum concebido para todos los públicos.

Jorge Franco (Medellín, 1962) llegó a España casi sin voz. Viene a presentar la novela con la que ganó el Premio Alfaguara: ‘El mundo de adentro’, que hunde un pie en la realidad, en un puñado de leyendas que marcaron su infancia y en un homenaje a los cuentos de hadas con castillo y joven confinada, y a la crónica de sucesos. Jorge Franco se confiesa un escritor obsesionado por el amor, orgulloso de que el propio García Márquez le cediese un testigo muy especial: lo saludó como uno de sus herederos.

‘El mundo de adentro’ habla de un personaje que se marchó joven de Medellín, don Diego, se hizo rico y regresó a su ciudad con una mujer alemana, Dita, y una niña, Isolda. Diego y Dita veneraban la ópera y a Wagner; eso sí, ninguno de los dos sospechaba que un delincuente, el Mono, cambiaría el curso de sus vidas.

Se entregan el Premio de Honor y el Premio de Novela Histórica ‘Ciudad de Zaragoza’. Lo reciben Sarah Lark, autora alemana especializada en el mundo de los caballos y en un género más o menos nuevo, ‘landscape’, y Leonardo Padura, que es un novelista histórico accidental: él es un buen novelista policíaco. Sí es cierto que ‘Herejes’ (Tusquets) es una compleja y fascinante novela de época.

 

JUEVES, 29 de mayo

Luis García Montero siempre está de moda. Ya sea con sus poemas, con sus novelas o con su compromiso con las humanidades. Reivindica a sus maestros: García Lorca, a quien leyó muy pronto, quizá desde que su padre adquirió, a plazos, las ‘Obras completas’ del poeta del ‘Romancero gitano’; Gil de Biedma, que le recomendó que se grabase para ajustar el recitado de su poesía, y Ángel González, a quien le dedicó una novela. García Montero cuenta en ‘Alguien dice tu nombre’ (que presentó en Cálamo) la historia de un joven, León Egea (en homenaje al poeta Jorge Egea, del que Bartleby publicó su poesía), que descubre el trabajo, la política, la amistad y, sobre todo, el amor de una mujer algo mayor que él que le pide que no le cuente a nadie su pasión clandestina y que use su imaginación de escritor para entenderla mejor a ella y el dolor de los otros.

Andrés Neuman es un escritor talentoso. Se mueve a la perfección en cualquier género: traduce, teoriza sobre el cuento, firma microrrelatos o narraciones extraordinarios, es novelista y poeta, y tiene un ingenio esencial, que trasciende el chiste o el feliz hallazgo. Publica ‘Barbarismos’ (que también podrían llamarse ‘Neumanismos’, término que acuña José María Merino; libro de Páginas de Espuma que presentó en Los Portadores de Sueños), que es una colección de aforismos, de frases, de cuentos, de metáforas y de revisión del lenguaje. Él dice que es “un diccionario canalla”, quizá porque obliga a leer de otro modo.

Aquí habla de todo: de literatura, de amor y sexo, de política, de la crisis, de deporte, especialmente de fútbol, y de poesía. El libro está lleno de humor y de fogonazos chispeantes, que no excluyen la lucidez o el humor negro. Por ejemplo dice: “Caca. Escatología sin aparato crítico”. O “Noviazgo. Período durante el cual dos enamorados hacen todo lo posible por no conocerse”. Otro de los textos más felices y misteriosos podría ser este: “Poeta. Extranjero de su lengua materna”.

 

En este jueves intenso, se presenta a la prensa la colección ‘Circa’ de Pilar Citoler. Más de 150 obras distribuidas en dos plantas. Una colección correcta, apañada, bien montada y sin grandes sorpresas. Ningún cuadro deslumbrante o verdaderamente decisivo. La colección carece de individualidades y funciona mejor en su conjunto. No hay que desdeñarla, aunque su procedimiento de adquisición no ha convencido a casi nadie. Se ha hecho por vía de apremio, con una inversión considerable, en un momento en que el Departamento de Cultura, Educación y Deporte trabaja bajo mínimos, en un estado próximo a la indigencia.

 

VIERNES, 31

Comienzan las ferias del libro de Huesca y Zaragoza. Luis García Montero y Fernando Lalana, nuestro Cervantes Chico, son los pregoneros. Dos buenos y diferentes autores: el granadino encarna el compromiso cívico, la defensa de los maestros, la exaltación de la poesía; Fernando es el narrador puro, divertido, irónico y capaz de recorrer el mundo para explicarse y seducir con la ficción a los miles de lectores jóvenes de todo el país. En su discurso, Lalana elogió la labor de los libreros y, con Juan Diego Botto, defendió el derecho de todos al pan y a las rosas, y el derecho “a que nos guste la cultura”.

ELEUTERIO BLASCO FERRER: VIDA

Una tesis redescubre a Blasco Ferrer

 

Rubén Pérez Moreno estudia a este artista aragonés del exilio que practicó la pintura, la escultura y el dibujo con gran personalidad

 

 

“Eusebio Blasco Ferrer es un artista del exilio y un artista de su tiempo marcado de forma extraordinaria por su infancia y cultivado en la Barcelona artística de las vanguardias de los años 20 y 30. Practicó todos los géneros, escultura, dibujo y pintura, y ha dejado una obra valiosa que aún está por descubrir”. Así se expresa el profesor e historiador Rubén Pérez Moreno, que le acaba de dedicar su tesis doctoral con el título ‘Eleuterio Blasco Ferrer (Foz Calanda, Teruel, 1907-Alcañiz, 1993). Trayectoria artística’, lo cual le ha servido para completar su biografía y “trazar su evolución artística” y para realizar el catálogo de su producción. Rubén Pérez ha descubierto muchas obras, dispersas, de un artista “que vendió mucho, primero por puro éxito y luego para sobrevivir”, y ha podido evaluar la importancia y la calidad de sus dibujos, alrededor de 400.

Eleuterio Blasco Ferrer era hijo de un alfarero. Tuvo una infancia muy literaria: conoció la vida rural, fue vendedor ambulante de quincallería y de piezas de barro por los pueblos, y al parecer incluso cantó en orquestas de pueblo. Sin que se sepa muy bien por qué, huyó de casa y con 17 años se instaló en Zaragoza. La policía lo devolvió al seno familiar y allí, en contacto con los herreros y con las labores artesanales de su padre, también se interesó por la escultura y en particular por la forja. En 1926 se marchó a Barcelona y estudió Bellas Artes. Empezó a definir su mundo plástico y se inclinó hacia la escultura, sobre todo en chapa y en terracota, pero también pintaba óleos de tema costumbrista o popular. En Barcelona abrazó la causa anarquista y empezó a consolidar sus propuestas. Se interesó por la escultura catalana de artistas como Manolo Hugué, Casasnovas, Rebull, y optó “por  una tendencia realista asociada a la modernidad de entreguerras. Sus piezas ofrecen un ligero primitivismo de las figuras, sobre todo en los rostros, y su obra usa líneas sencillas y tiende a la expresividad”.

Por aquellos años a principios de los 30 participó en varias muestras; una de las más importantes, recuerda Rubén Pérez, fue la de las Galerías Layetana en 1934. “Por entonces –señala Rubén Pérez- alquiló un local–estudio y compró las herramientas necesarias para un adecuado trabajo del hierro”. Realizó piezas como ‘Violinista’, ‘Bailarina’, ‘Maternidad’ (las maternidades serán una constante de esta primera época). Su obra, en algunos aspectos como el uso de chapa, se acerca a la de Ramón Acín o Pablo Gargallo, “con quien ha sido comparado, cosa que le molestaba”.

Dice Rubén Pérez que “es en el dibujo donde desarrolla su personal lenguaje surrealista para explorar los vicios y los males de la sociedad capitalista, al servicio de unos ideales libertarios”. Blasco Ferrer emplea una línea sencilla y leves sombreados e incluso se anticipa al “conflicto bélico y carcelario” que estaba a punto de iniciarse. Combatió con el Frente Popular y trabajó en cartografía. Perdida la guerra, el 10 de febrero de 1939 salió de Barcelona y acabó en dos campos de concentración: en Vernte d’Ariège y Septfonds. Cuando recuperó la libertad, vivió en Burdeos y trabajó en una fábrica de pólvora, más tarde se empleó en Marsella y finalmente fijó su residencia en París, donde vendía sus dibujos por distintos cafés. Se sabe que fue perseguido por la Gestapo, pero en 1942 logró exponer en la capital.

Entre 1945 y 1958, cuenta Rubén Pérez, viviría su mejor época: expuso en París, hasta en cuatro ocasiones, Marsella, La Haya, Ámsterdam, Nimes, también en Barcelona (regresó, por vez primera y “con miedo”, en 1968), y en 1964 presentó sus realizaciones en hierro en la Reyn Gallery de Nueva York. Se hizo amigo de Picasso, que le ayudó económicamente, y logró integrarse en la sociedad artística francesa y a la vez alcanzó fama como artista español en el exilio.

Rubén Pérez Moreno dice que Eusebio Blasco Ferrer “era un hombre extraordinariamente desconfiado. Él se encargó de tratar con las galerías donde era expuesta y vendida su obra”. Fue evolucionando del surrealismo hacia el expresionismo, sin perder el hilo de continuidad con la obra anterior a la guerra; en su pintura y en su escultura se produce una mayor interrelación y se perciben los ecos del fauvismo y el mundo tenebrista de Gutiérrez Solana; poco a poco incorpora posteriores ecos de Rouault, Kirchner o Modigliani, entre otros.

En 1968 abandonó la escultura en hierro; víctima de diversos achaques físicos, redujo su producción. Hizo piezas como ‘El último suspiro de don Quijote’, que fue un “verdadero símbolo del exilio republicano”, y otras comprometidas con los desheredados de la tierra. En 1985 se instaló definitivamente en Barcelona, en un hostal, donde tenía una maleta con recortes, catálogos, libros y fotos de la historia artística de su vida. “Tuvo que vender mucha obra para pagar sus medicamentos”, dice Rubén Pérez. Murió en 1993 en Alcañiz; se había traslado a una Residencia de la Tercera Edad, pero solo vivió dos meses. Donó una parte de su obra al Museo de Molinos, localidad de donde era su madre, y donde está enterrado.