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Antón Castro

Artistas

CRISTÓBAL TORAL: AMPLIO DIÁLOGO

CRISTÓBAL TORAL: AMPLIO DIÁLOGO

ENTREVISTA. CRISTÓBAL TORAL

 

“Soy un artista, figurativo y moderno, de mi tiempo”

 

 

Antón CASTRO

Cristóbal Toral (Torre-Alhaquime, Cádiz, 1940) es un gran trabajador. Un artista y un artesano del taller. Disfruta, investiga, y siempre está ahí, con el pincel en las manos, volcado con su obra. Es un pintor que destila el color y la memoria en el lienzo en una reinvención de la realidad. Ha encontrado un objeto que le funciona como una metáfora o un asidero: la maleta. Es como sus personajes solitarios, que esperan con más tristeza que otra cosa, el gran protagonista de sus lienzos: esos cuadros trabajados en la luz, en la atmósfera, en los detalles, en una idea de ilusión, y que quieren ser fieles a un doble principio: las leyes eternas de la pintura y el afán de pintar el tiempo en que se vive. En esta exposición, que tiene algo de antológica, recoge piezas de casi medio siglo de su carrera: desde 1975 hasta hace unos días, cuando terminó un impresionante díptico a la acuarela: una parte en color, y la otra en blanco y negro. Aquí hay lienzos, acuarelas y dibujos, y están todas sus series y muchos de sus cuadros fundamentales como ‘El tren’, ‘El paquete’, ‘El espejo’, ‘Mirando una fotografía’, ‘La llegada’ o, entre otros muchos, una pieza impresionante que acaba de culminar: ‘La colección moderna del archiduque. D’après de David Teniers’, que es un homenaje o una confrontación brillantísima con el famoso ‘El archiduque Leopoldo Guillermo en su galería de pinturas en Bruselas’ de David Teniers’: uno de esos cuadros que marcarán un instante de plenitud y de máxima inspiración, como lo ha marcado ‘La gran avenida’, ‘El desayuno’ o ‘Habitación del hotel de Saint Paul’. Se trata de un cuadro que no se ha visto nunca y en el que Cristóbal Toral ha dado lo mejor de sí mismo como pintor, como estudioso del arte y como un creador que se sabe a caballo de dos mundos: el débito con sus antepasados y la palpitante actualidad. El tiempo en que vivimos.

Empecemos este diálogo de forma poco original. ¿A qué se debe esa obsesión por las maletas?

Está muy vinculada a mi propia biografía. A mi entorno, a mi formación. Se tienen que dar algunas circunstancias especiales y en mi caso se dan. Piense que yo nací en el campo, en un pueblo de Cádiz, Torre-Alhaquime, que luego me trasladé a Antequera y que de ahí me fui a Sevilla a estudiar Bellas Artes, que me parecía muy lejana. Y luego, a mitad de carrera, me trasladé a Madrid. Se produjo una salida de viaje, que llevaba acarreado el equipaje, la maleta, la idea del tránsito... A la vez, en España existía la figura del emigrante. De ahí, de entrada, deriva mi obsesión por la maleta. En la Bienal de Sao Paulo de 1975 ya llevaba un cuadro muy importante en mi trayectoria: ‘El emigrante muerto’, dramático. Aludía a una época en la que yo había visto y había vivido toda la emigración que se producía hacia Alemania. 

¿Cómo se convirtió en el tema central de su pintura?

De manera natural. Todo eso, apoyado en una filosofía más sedimentada y profunda, me lleva a percatarme de que la maleta es un símbolo del tránsito, del viaje, de lo que es la vida. Siempre digo que nacemos en un punto y morimos en otro, completamente distinto, tras acumular vivencias. Se produce una trayectoria que se recorre con el símbolo de la maleta. En medio quedan muchos puntos, itinerarios, desplazamientos, trayectos, sueños. Y ahí aparece de nuevo la maleta, como una motivación, una metáfora, como una alegoría. Como un elemento enigmático que contiene una historia no escrita.

Y de la maleta pasa a las habitaciones de hotel.

Al hotel, a las habitaciones de hotel, a esos interiores donde nos refugiamos en los viajes. El hotel es otro espacio de tránsito: te instalas, estás una noche y haces vida en él, aunque sea una vida breve. Y en el hotel hay personajes que están de paso, historias secretas, amoríos. ¡Quién sabe! También aparecen las sábanas, los interiores, que contienen muchos fragmentos de nuestra existencia. Aparece el desnudo: esas criaturas en soledad, casi perplejas, que se desnudan, que están casi siempre solas. La soledad es otra fijación, otra obsesión.

Curiosamente, se da una paradoja en su obra. Casi siempre aparece un personaje solo y son muchas o varias las maletas, lo cual da una idea de la multitud, de las multitudes y de la ausencia.

La aglomeración de maletas representa multitudes sin que haya aglomeración de personajes. Es interesante. Las maletas indican multitud: cada maleta pertenece a una persona. O han podido pertenecer a varias. En mi obra sí hay un personaje solo: es la mujer, en algún cuadro hay dos, con algunas salvedades claro, como ‘La gran avenida’, que hay una multitud de seres: es la crónica inacabada de una masacre. Es un cuadro inacabado que quizá no termine nunca y que es mi homenaje a la guerra de Yugoslavia.

Desde un punto de vista formal, estético, ¿qué le sugieren, que le ofrecen las maletas, por qué le gusta tanto?

Porque son de una gran belleza plástica. Hay maletas de cuero, de cartón, de tela; unas más cuadradas, otras alargadas, otras más redondeadas, con su etiqueta. No sabemos a quiénes ha pertenecido. La maleta tiene una historia secreta: qué ha llevado dentro, dónde ha estado, quién la ha usado, en qué trenes o autobuses o aviones ha viajado... Tiene una novela oculta. En la finca que tengo en Toledo hay tres naves enormes llenas de maletas. A veces me pregunto: “¿a quién ha pertenecido todo esto?”. No sé ninguna historia de la maleta. Los amigos, como ya conocen mi debilidad, me las dan y me dicen: “Esta perteneció a mi abuelo, a mi tío, a mi padre... Píntala bien”. Todas tienen una historia, pero plásticamente son de una belleza extraordinaria. Unas son marrones, otras grises, incluso yo mismo las pinto de colores para que tengan un color más puro. Insisto: las maletas poseen una gran plasticidad y ese es un concepto que se está perdiendo en el arte contemporáneo. Mis memorias se titulan: ‘La vida en una maleta’.

¿Qué tipo de realismo es el suyo?

Yo busco un realismo que trascienda la realidad. El arte es interpretación. Interpretación. Interpretación. Interpretación. Eso es lo que he escrito obsesivamente en un apunte a la acuarela: “El arte es interpretación”. No es la realidad: es otra cosa. Ya lo decía René Magritte, que estuvo muy iluminado cuando tituló su cuadro ‘Esto no es una pipa’. Claro que no era una pipa. Y esa interpretación se hace más sólida, más rica en matices y más expresiva cuando, sin ningún tapujo ni complejo, parte de la realidad. A la par pienso que en la realidad está lo más expresivo, lo más extraño, lo más poético y lo más extraordinario. Partir de la realidad es la mejor forma de enriquecer la interpretación. La realidad enriquece la interpretación del artista. Es una invitación a conquistar la belleza, una puerta de acceso.

¿Se siente entonces cómodo en la definición de pintor realista?

Yo me siento un artista figurativo más que un artista realista. Me siento más cómodo en ese término, que ofrece una visión más amplia, más libre para poder manipular la realidad. Mi obra siempre ha tenido una doble dirección: dialoga al 50 % con el arte clásico, con los antepasados, con la gran pintura del pasado, y con el arte contemporáneo, con las vanguardias, con la gran pintura que se hizo en el siglo XX y que se está haciendo en el siglo XXI. En una palabra, siempre he mirado hacia la modernidad. Soy, y siempre he querido serlo, un pintor figurativo moderno, de nuestro tiempo, soy tan vanguardista como el que más informalista o expresionista que haya en el panorama artístico. Me interesa la modernidad. Mi obra tiene ese acento y esa inquietud de nuestro tiempo.

¿Y el espacio, qué lugar ocupa en su poética?

El espacio libera a la pintura de la composición tradicional. Siempre he querido poner las cosas como ingrávidas, en una composición muy libre. Colocar manzanas que flotan en el espacio es lo más natural. Y no pasa nada. En el mundo todo flota, incluso nuestro planeta Tierra, que es inmenso y pesa mucho más que una manzana. En el espacio estamos flotando todos. Por lo tanto si pinto una manzana o un sillón o una maleta en el espacio es de lo más real. Ese descubrimiento de que todo flota en el espacio es muy importante para mí.

Ese descubrimiento, por decirlo así, es ya lejano en el tiempo. Usted fue el “pintor cósmico”, el “pintor astronauta”, ¿no?

He pasado por muchas etapas. Terminé la carrera de Bellas Artes en 1964 y saqué el número uno en mi promoción en toda España. Entonces me dieron el premio nacional de fin de carrera, me quedé de profesor auxiliar durante tres años, tuve becas del Ministerio de Educación y Ciencia, recibí dos veces becas de la Fundación March, pero no vendía ni un cuadro... Nada. Era una situación económica preocupante. Me dije: “Hay que hacer algo”. Me vestí de astronauta y paseaba por Madrid con él, y hablaba con los periodistas, embutido en el traje. Eso fue acojonante porque los periodistas empezaron a hablar del “pintor cósmico”... Como a mí el espacio siempre me ha atraído mucho, les decía: “no, no, señores, esto no es una extravagancia, es una coherencia. La ciencia y el arte van cogidos de la mano, y si los astronautas han subido a la luna yo tengo que hacer una pintura espacial, cósmica, ingrávida. Si yo me visto de astronauta es porque estoy haciendo un homenaje a los astronautas que han ido a la luna”. Aquello me dio una base para hacerme conocer, para que la gente hablara y la prensa también, y me fue bien. Me hice muy popular, me reclamaba la televisión. Recuerdo que Jesús Hermida me llamó en una ocasión para un programa y ahí tuve que romper un cuadro que era de la serie de ‘Los rotos’, de la que irán dos cuadros a la muestra; ese período duró tres o cuatro años. Esa fue la historia. La vida de un pintor siempre está llena de anécdotas.

Hablemos de sus maestros del ayer. Por ejemplo: Velázquez.

Es uno de los pintores más modernos que existen. En algunos retratos suyos te das cuenta de cómo abocetaba las manos de sus personajes, qué pinceladas tan intensas y sueltas a la vez. A veces analizas sus obras, ves cómo está tirada la pintura, y piensas que anticipa a Jackson Pollock. Es algo increíble. Qué valentía tuvo: enseñó al mundo el culo de una señora. Eso era inconcebible en esa época. Se adelantó a su época con un atrevimiento extraordinario, y sin ningún aspaviento. Y tenía, además, una capacidad casi inefable de concebir una atmósfera. Pienso en ‘Las meninas’: ¡Qué maravilla! Les he hecho mi particular homenaje en ‘D’aprés de Las meninas’, como hice con Goya en ‘D’apres de La familia de Carlos IV’.

¿Quiénes son sus otros maestros clásicos?

Velázquez, por supuesto, insisto, es muy importante para mí. Manet lo calificó como “el pintor de los pintores”. Es una referencia para cualquier pintor sensible; fue una referencia para Francis Bacon, por ejemplo. Y Rembrandt es otro de los monstruos, de los grandes. Tenía un talento especial para crear ambientes, grandes laberintos de sombra. Y luego Leonardo da Vinci, que para mí es el pintor y el ser más misterioso que existe. Es un pintor trascendental. Va más allá de lo humano. Posee misterio y profundidad. Llena la obra de contenido y de mensaje. Es para mí un pintor que no se acaba nunca.

También le he oído hablar muy bien de Van Gogh...

Es el pintor que más me ha impresionado. La primera vez que vi sus cuadros, en París, se me saltaron las lágrimas. Es un pintor realmente profundo, que remueve el universo, un pintor lleno de significación. Pone el alma en cuanto pinta. Y, de los posteriores, creo que Picasso, tan creativo, tan expresivo, es el ejemplo de la modernidad. Un pintor que inventa siempre, que se renueva, que tiene un estilo en cualquiera de sus épocas. Es alguien que busca. Y me interesa mucho Matisse. Y Martk Rothko, un maestro de la abstracción y del color, que posee un sentido poético, que pinta con mucha fuerza, con determinación. Ahí sí que hay un pintor, mucho más que en Jackson Pollock, que a mí me parece que está algo sobrevalorado, o en Jeff Koons, por ejemplo.

¿Qué pintores figurativos le interesan?

Me gustan, claro, Lucian Freud, es un gran pintor realista, hiriente, con un sentido metafísico brutal; Francis Bacon, que es todo un personaje descarnado, con contenido, con fuerza, me interesa mucho, o Edward Hopper, que sabe retratar como nadie la soledad y las pequeñas cosas de la vida. Conozco muy bien toda su obra. El pintor debe tener garra, fuerza, misterio, esa quimera interior y espiritual para conseguir algo, un sentido poético evidente y un diálogo intenso y constante con la materia. El auténtico pintor busca la perfección y la intensidad con desesperación, con afán de belleza, con espíritu de trascendencia. Y tanto Bacon como Hopper son pintores con desesperación; Hopper, por cierto, tiene mucho contenido surrealista. Vuelvo un instante a Mark Rothko, que encarna al pintor que acaba suicidándose por su conflicto interno. Crear no es fácil: a menudo al crear también acabas dejándote el alma destrozada. A mí un cuadro abstracto, si es bueno, me conmueve. Veo de inmediato que allí hay un pintor. Más allá del mensaje, de la filosofía, hay algo fundamental...

¿La luz, la atmósfera, la invisibilidad del aire, tal vez?

Yo hago una luz creada. Entre la montaña que yo estoy viendo y el ojo se produce ahí un objeto que es la atmósfera, que es el aire. Eso lo vio Leonardo y Velázquez lo plasmó en ‘Las meninas’ perfectamente. Crea ese ambiente y la transparencia del aire. Y esa atmósfera y ese ambiente de los interiores son decisivos: permiten crear un misterio, una poesía, esa metafísica, la realidad está envuelta en una atmósfera especial de magia. En Hopper esa atmósfera está marcada por la fatalidad, por la soledad. Hubo un momento en que yo, que no lo conocía, vi su obra y me dije: “Anda, si me parezco a Hopper”. La soledad, la espera, los interiores: a ambos nos interesan de modo semejante. Me pareció una coincidencia muy curiosa.

Hablemos del color: contenido y expansivo a la vez, poderoso, melancólico...

Se ha producido una evolución en mi obra. Al principio había colores más oscuros, más dramáticos, más antiguos, en relación a la sobriedad de la pintura española. He ido evolucionando hacia el blanco y hacia el negro. Y en los últimos años he incorporado más color. Ahora me interesa mucho la pureza del color: los azules, los rojos, hay más viveza en el cromatismo. Picasso decía que empiezas pintando como un clásico y acabas pintando como un niño. Y ese proceso parece muy natural. Poco a poco, por decirlo así y con algo de humor, podríamos decir que me estoy modernizando cada vez más, eso sí, desde la contención. A veces, en la modernidad, el panorama es preocupante: se considera arte cualquier ocurrencia. Se banalizan las cosas a pasos agigantados.

¿Qué debe tener un cuadro para usted?

Como pintor me interesa mucho cómo está resuelto desde el punto de vista pictórico. O cómo está visto.  Un cuadro debe decir algo, atraer, emocionar, conmover, en primer lugar, por sus características pictóricas. Porque está bien pintado, porque está bien compuesto, porque tiene un color subyugante o atractivo, porque posee los valores clásicos, eternos, de la pintura. Antes que nada, para mí, es la pintura. Veo un cuadro abstracto de Rothko y sí me conmueve. Veo que ahí sí hay un pintor. Por encima de todo hay que hacer un cuadro con todas las cualidades de la pintura. De la Pintura, con mayúsculas. Y esas cualidades son distintas a las de la poesía, la arquitectura o la música. ¿Qué es lo que busco yo con cada cuadro? Hacerlo mejor que el anterior. Superarme. Que no se parezca a otro. Nunca he creído que consiga lo que quería conseguir. Me planteo resolver una dificultad que me impongo a través de la pintura. Intento que el espectador observe uno de mis cuadros y conecte con mi mundo y con el momento actual.

¿Cuál es la importancia del mensaje? ¿Qué quiere decir un artista como usted?

El pintor es un testigo de su tiempo. Es un notario de su época. Es un cronista de lo que sucede a su alrededor. No está en una torre de marfil ni es alguien que solo mira al pasado. Yo soy un artista de mi tiempo que atiende a los movimientos y a las inquietudes actuales, y eso para mí es fundamental.

En cierto modo ha invocado, sin decirlo, a Goya.

Francisco de Goya es otro monstruo, otro mito. Otra referencia. Un ejemplo. Por eso yo le decía que partir de la realidad es la mina más fructífera que existe, porque la realidad es lo más variado, lo más poético, lo más bello, lo más cruel, lo más tierno. En la realidad está todo, y Goya supo verlo. Fue un hombre sensible a su época y a todo lo que existía: podía captar la dulzura más exquisita y la crueldad más horrible. Tenía una formidable sensibilidad para las mujeres y los niños, y fue un descomunal pintor de la violencia, de la masacre, como se ve en los ‘Desastres de la guerra’.

Goya atrapó muy bien el binomio de arte y vida, ¿no le parece?

Goya es uno de los pintores que mejor supo captar toda la gama tremenda de la realidad. Y a Picasso le sucedía igual: ahí están el ‘Guernica’, ‘Los fusilamientos de Corea’, sus propios ‘Desastres de la guerra’ y muchas otras piezas. Recuerdo que de joven, recién llegado a Madrid, di una conferencia sobre él: fue un atrevimiento; hablé también de Goya. Ya entonces pensaba cosas parecidas: veía la vida como un ejemplo infinito de la variedad de las cosas. Picasso marcó una época y es un ejemplo por su capacidad para no esclavizarse de nada y para renovarse en cada serie. Siempre está renovando su propia fórmula. La realidad es mi mayor fuente de inspiración por su variedad infinita, por el contraste: contiene la ternura, la dulzura, la crueldad más absoluta, y no hay más que ver las fotos que nos mandan de los crímenes de Siria y de otros lugares del mundo. El hombre puede ser la mayor bestia para el hombre y a la vez la criatura más amorosa y refinada. Hay mucha gente generosa que se sacrifica por salvar a otros.

De sus contemporáneos, ¿se siente próximo o afín con alguien?

La verdad es que no me siento afín a nadie. Me despegué del realismo fotográfico, y tampoco he tenido relación con ese realismo académico tan español. He buscado mi sitio en un realismo interpretativo, en una figuración más etérea y poética que posee una atmósfera especial, con esa visión del espacio. Ha sido un realismo muy distinto del que se hacía en España y también en Estados Unidos. He ido un poco a mi aire, como un pájaro libre. He sido una persona muy aislada, muy centrada en mi mundo, trabajando en el estudio. Ahora tengo la sensación de que me va a faltar tiempo. Estoy ahora aprendiendo aún y me quedan muchas cosas por hacer...

Por cierto en esta exposición también incluye acuarela.

La acuarela es muy difícil. Los pintores coinciden en eso. Hace poco Antonio López me decía: “A mí la acuarela me horroriza”. Y hablamos de un pintor de un dominio técnico extraordinario que hace magníficas acuarelas. Casi todos los pintores le tenemos miedo a la acuarela. Van Gogh decía que la acuarela era algo endiablado. La acuarela te mantiene en tensión durante todo el proceso de ejecución, porque en cualquier momento se puede estropear la obra y no se puede rectificar. Se te descontrola la aguada o la mancha y luego no lo puedes borrar del papel. Ahora estoy haciendo maletas. Me interesa mucho introducir el blanco y negro. Presento dos obras de cuatro sillones que vuelan, y uno de ellos está pintado en blanco y negro. Y algo parecido hago con un nuevo díptico de gran formato a la acuarela: media parte está a color y la otra en blanco y negro.

La pieza es minuciosa, detallista, pero no deja ser sorprendente. Es casi un ejemplo de su nueva orientación: mezclar el color y el blanco y negro.

Me ha emocionado recientemente, ahora que he estado en Nueva York, una exposición que tienen en el Guggenheim de Picasso –que  daba para todo- que se titula: ‘Picasso en blanco y negro’. Hay una selección de obras que el artista solo pintó en blanco y negro. Es extraordinaria. Exquisita. Una de las más bonitas y más conseguidas que he visto nunca en el Guggenheim. Coincidir con grandes pintores siempre es una satisfacción. El blanco y negro es muy bello. A partir de ahora voy a hacer más cosas. Es como con las películas en blanco y negro: tienen algo especial que no tienen las de color.

 

*Una amplia selección de la entrevista apareció en Heraldo de Aragón. La foto principal es de José Miguel Marco; la segunda de 'El País'.

BEBO VALDÉS... Y ZARAGOZA TEMBLÓ

 

El Auditorio de Zaragoza cumplirá veinte años en 2014. Es, tal vez, el mejor equipamiento cultural del siglo XX en Aragón. En 2008, en uno de sus camerinos, aparecieron Bebo y Chucho Valdés. Iban a ser objeto de una entrevista. Habían estado ensayando para un concierto de jazz y de música latina. En la estancia había un piano: lo vieron, se sentaron y empezaron a tocar. Improvisaron: desde ‘Lágrimas negras’ a ‘De dónde son los cantantes’. No decían ni una palabra: sonreían. Padre e hijo se miraban de vez en cuando, Bebo con su eterna sonrisa de azúcar y de bondad, Chucho, con su gorra blanca y su aire de grandullón displicente. Tocaron como si nada más de quince minutos. El operador de cámara de ‘Borradores’ lo recogió todo: el sonido, el movimiento de aquellos veinte dedos que concentraban la melodía esencial del mundo, las sonrisas, el movimiento de los hombros y las cabezas; el operador, tan asombrado como la cámara, captó incluso la perplejidad de los espectadores: una realizadora, dos periodistas, las gentes del Auditorio. Aquello se había convertido en un festín de sonidos. Dos hombres, padre e hijo, juntos y sentados al piano. Recuperaban sensaciones de antaño, los días perdidos, mitigaban incluso sus diferencias políticas: Bebo se había ido de Cuba porque se había negado a delatar a un compañero y había hecho su carrera alrededor del mundo, con base y amor en Suecia; Chucho era uno de los embajadores más célebres de Fidel. Entonces nadie pensaba en eso. Era tal la comunión, era tan inefable la emoción, que todos estábamos transidos. Dijo Bebo, que acaba de morir: “¿Es que nadie nos va a preguntar?”. Esa noche, con dos pianos, provocaron otro milagro de Candeal: Zaragoza tembló.

 

HOMENAJE A MARIANO CARIÑENA

HOMENAJE A MARIANO CARIÑENA

[La noche del sábado al domingo fallecí en Zaragoza Mariano Cariñena Castell. Hoy, miércoles 27, recibe un homenaje en el Teatro Principal de Zaragoza: el hall pasará a llevar su nombre. Cuelgo aquí uno de los artículos que le dediqué el lunes.]

 

 

Mariano Cariñena:

adiós al creador total del teatro de Aragón

 

Muere a los 80 años el fundador del Teatro de Cámara y del Teatro Estable, un humanista integral que fue actor, director, escenógrafo y pintor

 

 

 “Le dio un ataque por la mañana, lo ingresamos con toda rapidez y falleció al anochecer. No se enteró de nada”. Así explicaba Marisol Albiac, esposa, compañera constante y diseñadora de vestuario del Teatro Estable, el adiós de Mariano Cariñena (Zaragoza, 1932-2013), uno de los personajes claves del teatro aragonés del último medio siglo. Era un humanista integral: se educó en el Colegio Alemán, luego en Jesuitas; realizó estudios de Arquitectura y de Pintura en Barcelona durante tres años, llegó a exponer en la sala Libros de Víctor Bailo, y estuvo un curso completo en París, en la Escuela de Beaux Arts, un período que aprovechó para descubrir al poeta Paul Verlaine, al novelista Roger Martin Du Gard y al cantante Georges Brassens, aunque el músico de su vida era Paul Hindemith.

Hijo de médico y militar y de una mujer refinada que tocaba el piano, que tuvieron seis hijos, solía decir que se había aprendido el ‘Claro de luna’ de Beethoven como quien aprende un poema. Fue un niño y adolescente de calle, en los alrededores de la plaza de Los Sitios y del río Huerva, y pronto se convirtió en un espléndido deportista: él y su amigo Jaíto ganaron varios campeonatos de natación de Aragón. Más tarde jugaría al tenis y recordaría algunos choques con el catedrático Francisco Ynduráin, en pelota a mano. A principios de los años 60 se asentaría definitivamente en la ciudad y se vincularía al mundo del TEU de Juan Antonio Hormigón, a David Giménez, a Federico Torralba y a Ángel Anadón.

En 1961 creó los decorados de ‘El embrujado’ de Valle-Inclán. Allí descubriría algo que le interesó mucho: el espacio escénico, la carpintería teatral, la elaboración de escenografías. En 1963 fundaría el Teatro de Cámara, que será muy determinante en su carrera. Realizará montajes de Azorín, de Oswaldo Dragún, de Max Frisch, de George Bernard Shaw o el ‘Retablo de la lujuria, la avaricia y la muerte’ de Valle-Inclán, pero también adaptará piezas de Ionesco o de Fernando Arrabal, que será uno de sus autores de cabecera, sobre todo de su nueva compañía, el Teatro Estable, que fundó en 1971, y que contará con actores tan importantes como Eduardo González, María José Moreno, Luisa Gavasa, Balbino Lacosta... Mariano Cariñena, como lo serían Pilar Delgado, Pilar Laveaga, Mariano Anós o Paco Ortega, ha sido un maestro de actores: son muchos los que descubrieron la complejidad de las tablas a su lado.

 Cariñena concurrió con su formación, en 1966 y 1967, a los Festivales de Teatro Nuevo de Valladolid. Allí estrenaron una pieza que siempre ha sido una debilidad para Cariñena, “tal vez la primera pieza de teatro moderno”: ‘Woyzeck’ de Georg Büchner. El teatro ha sido una forma de interpretación de la realidad para Cariñena. Y una forma constante de crítica, de intervención social y de posicionamiento marxista. Solía decir que él se había hecho seguidor de Marx a través del teatro. Gracias a sus estudios en el Colegio Alemán y a las clases que le dio el profesor de filosofía Benno Hübner aprendió alemán, y tradujo a Bertolt Brecht y a su discípulo Peter Hacks.

La lista de montajes es enorme: ‘Los mercenarios’ de Torres Naharro en 1972; ‘Oficina de horizonte’ de Miguel Labordeta en 1977; la ‘Comedia tesorina’ de Jaime de Huete en 1979; ‘A puerta cerrada’ de Sartre en 1986 o, entre otras, ‘Enrique IV’ de Luigi Pirandello en 1990.  También llevó varias obras suyas a la escena como ‘Fábula de la fuente y la raposa’, ‘El cuento al revés’ ‘De brujas, moras y diablos’. Montó espectáculos con la Escuela de Teatro, a la que dirigió durante casi veinte años, hasta su jubilación en 2002, y con Pingaliraina. Lo hizo casi todo: fue autor, actor, traductor, adaptador, cartelista, escenógrafo y director. Y era un estudioso y un investigador del contexto de cada pieza: solía decir que cada obra nacía de un trabajo que tenía algo de tesis doctoral, y de citas con historiadores universitarios y profesores como los citados Ynduráin y Hübner, Juan José Carreras o José-Carlos Mainer.

Mariano publicó varios de sus textos en el sello Arbolé, participó como actor en ‘Johannes’, un corto de carácter místico y poético de Graciela de Torres, y recibió diversos homenajes. En 2004, el Centro Dramático de Aragón publicó el libro ‘Conversaciones con Mariano Cariñena’. Allí este hombre total de teatro, zaragocista hasta la médula, que será enterrado en la intimidad, decía: “El teatro ha sido mi vida y en cada nuevo montaje he intentado ir algo más lejos. Aprender, mejorar, arriesgar y emocionar”. La creación ha sido su mejor estímulo.

 

*Las fotos de Mariano Cariñena las tomó José Miguel Marco. 

UN AÑO DE 'POR AMOR AL ARTE'

‘Por amor al arte’ cumple un año en Aragón TV
 
El programa cultural de la televisión autonómica celebra este sábado su primer aniversario en emisión con entrevistas a María José Cabrera, pregonera de la Semana Santa de Zaragoza, y Lina Vila, dibujante y grabadora.  
 
‘Por amor al arte’ celebra este sábado su primer año de emisión en Aragón TV con un programa lleno de Pasión, que tendrá como invitadas a dos grandes mujeres. Por un lado, la periodista y maestra de periodistas María José Cabrera, que se convertirá unas horas más tarde en pregonera de la Semana Santa de Zaragoza. Gracias a la compañía de esta invitada de lujo – colaboradora habitual en las retransmisiones que Aragón TV organiza en estos días de Pasión-, el espacio ahondará en la historia y la cultura que rodea a esta antigua tradición tanto en la capital del Ebro como en el resto de la comunidad.
 
Por el otro, la pintora, dibujante y grabadora Lina Vila. La autora, cuya obra ha sido expuesta desde Aragón a Alemania, expone estos días en el Espacio Valverde de Madrid, con una colección que supone su regreso a la pintura y una forma de duelo por su compañero perdido, todo un personaje de la cultura aragonesa: su querido Félix Romeo.
 
Además, como cada semana, los colaboradores del programa dejarán su poso especial. El espacio de cultura de Aragón TV abre cada semana una ventana a los creadores de esta comunidad, al cine, la literatura, el teatro, la danza, el diseño y las artes plásticas. Adriana Oliveros presenta este espacio que produce Zeta Audiovisual Aragón para la televisión autonómica y que se emite los sábados entre las 12:10 y las 13:00 horas y que acerca el “enorme caudal creativo que genera esta tierra” a través de entrevistas y reportajes.
 

ENTREVISTA CON ADRIANA OLIVEROS

 
“Entrevisté a Carmen París con mi vestido y unos imperdibles”
 
P.- Cada sábado tratas de hablar de cultura pero sin solemnidad ¿es eso posible?
 
Desde luego… La cultura es pura energía. Es alimento para el alma y para el cerebro. Y es todo color. Yo creo que es necesario airear la cultura y sacarla de los círculos cerrados y los compartimentos estancos para que respire y para que todo el mundo pueda respirar de ella. Estoy convencida de que por lo general, la gente tiene ganas de aprender, de conocer… Si queremos que la gente participe del hecho cultural, debemos hacerlo accesible.
 
P.- ¿Como ves el panorama cultural de Aragón?
 
Es un mundo lleno de gente con ganas de hacer, de crear, con imaginación… Incluso ahora, con las cosas muy difíciles, ellos buscan caminos para poder sortear las barreras. Cuando conoces a cerca de los agentes de la cultura te das cuenta de que, en el fondo, son un colectivo de pequeños emprendedores, de empresas chiquititas con ganas de sacar adelante su sueño, por difícil que sea… Y muchas veces lo hacen, como titula el programa, Por amor al arte… Carmen Gil, redactora nuestra, hace cada semana una sección de “Oficios del arte” que nos demuestra esto mismo. La cultura también es un motor económico.
 
P.- ¿Se conoce a nuestros artistas fuera? ¿Se venden bien?
 
Yo creo que a ellos se les conoce, pero nosotros no sabemos presumir de ese hecho. Nosotros no sabemos, en algunas ocasiones, la altísima valoración que fuera de Aragón se tiene de algunos creadores… Esto pasa en la cultura y en otros muchos sectores. Es un problema de base del que adolecemos los aragoneses: tenemos imaginación, capacidad de trabajo, espíritu de superación, ingenio… Y, pese a todas estas cualidades, nos falta creérnoslo.
 
P.- En un año han pasado por el plató muchos invitados ¿Con qué momento te quedarías?
 
Hay muchos. Me encantó tener a Javier Tomeo, como lectora… Y a Fernando Lalana: aún conservo el ejemplar que mi padre me regaló siendo niña –segunda edición, del 83—de “El secreto de la arboleda”… Pepe Cerdá y su ingenio, la gente de los festivales, que siempre te llena de energía... Cada programa aprendemos algo. Sin ir más lejos, la visita de María José Cabrera esta semana fue para mí maravillosa, porque como periodista que soy la considero una maestra…
 
P.- Cuentas con dos colaboradores de lujo. ¿Qué aportan al programa Luis Alegre y Antón Castro?
 
No sólo son maravillosos. Es que además son generosos, divertidos y hacen el trabajo muy fácil. En realidad, son más que colaboradores. Ellos tienen su espacio donde crean a sus anchas. Yo no me atrevería a intervenir en el trabajo de Antón que, de literatura, sabe mil veces más que nadie del equipo… Y eso por no hablar de Luis. Tiene una genialidad incontrolable. Y mira que la directora lo intenta (risas)…
 
P.- En televisión todos los programas son necesariamente “de equipo”. Por las características de este espacio, por la cantidad de áreas que abarcáis es fundamental que funcionéis de una forma coordinada.
 
No sólo hay que trabajar de una manera coordinada. Es importante ser permeable a las ideas y no dejarse vencer por la rutina que siempre es el gran enemigo de los programas “estables”… Y echarle imaginación ya que los presupuestos ajustadísimos nos afectan a todos, también en la televisión, aunque el espectador piense a veces que este es un mundo a todo color… Nosotros tenemos un equipo de gente muy polivalente. No hay nadie que haga solo una cosa, desde la directora, Montse Alcañiz, al realizador, José Manuel Calles, pasando por Belén Herrero, que produce a mil por hora.
 
P.- Han sido muchas grabaciones… ¿Alguna anécdota en este tiempo?
 
Todas las del mundo y más. Empezando por el hecho de que estrenamos dos meses después de una maternidad mía (la vida es así y hay que adaptarse), con todo que esto supuso... Con Carmen París sufrimos la anécdota del año. Es una gran despistada y vino de estar por casa, pensando que era una entrevista de radio… Como es una todoterreno, se colocó un vestido mío que le venía mil tallas grande sujetado con imperdibles, las botas de la productora, la chaqueta de no sé quién y encima estaba guapísima… ¡Es un fenómeno de mujer!
 
 
P.- ¿Qué nos espera en el futuro?
 
Espero que mucho más aprendizaje… Muchos más sábados de saberes con sabor. Mucha documentación para cada una de las entrevistas. Y siempre algo nuevo en el horizonte. En este programa siempre estamos estrenando algo. Una sección o un espacio para cortometrajes de la tierra, como los que se están emitiendo durante esta temporada después de cada programa. Creo que nos contagia el ambiente; nos contagian los invitados…  Al fin y al cabo, esto es Por amor al arte.

 

*Esta información la remite el servicio de prensa de Aragón Televisión.

 

ELÍAS LEÓN SIMINIANI: UN DIÁLOGO

ELÍAS LEÓN SIMINIANI: UN DIÁLOGO

ENTREVISTA CON ELÍAS LEÓN SIMINIANI

 

REALIZADOR DEL DOCUMENTAL ’MAPA’

 

Foto de Óscar Fernández Orenga.

 

¿De dónde viene León Siminiani? ¿De qué vivencias del cine, de la creación en general?

Yo fui un chaval que creció en dos ciudades de provincia (Santander y Murcia), donde alimenté mi pasión cinéfila. El mundo del cine era algo ajeno, algo con lo que solo podía comunicarme a través de las películas. Estudié Filología Hispánica. Sospecho que de ahí me viene una temprana querencia por el lenguaje y las categorías lingüísticas con que acotar la realidad. Por el estructuralismo. Pero el intento de acercarme al cine, de hacerlo, siempre fue una actividad paralela. Comencé en el Instituto haciendo cortos con amigos.  Luego en la Universidad. Seis años después, inmerso en pleno estudios de Doctorado, me dieron una beca Fulbright para estudiar dirección de cine en la Universidad de Columbia en Nueva York donde estuve otros 6 años. En todo este tiempo de estudio, siempre los cortos de fondo. Ficción, no ficción; con equipo, solo…digamos que durante muchos años, "habité" en el formato corto. 

¿Qué se aprende del cortometraje, qué has aprendido tú en todos estos años?

Por un lado, claro, a desarrollar un lenguaje. Pero creo que esto es algo común a todo cineasta. A nivel más personal diría creo estos 15 años haciendo cortos me hicieron integrar dos aspectos que son claves:

1. relativizar la importancia del presupuesto a la hora de hacer cine.

2. tratar de encontrar un método de trabajo propio que, en principio, no responde a lo que se entiende por "hacer cine"; por ejemplo, asumir que se puede hacer cine solo, buscando una intimidad con el medio más propia del escritor.

¿De qué modo te ayudaron ‘El premio’ o ‘Pene’, pongamos por caso?

Precisamente son dos piezas* que ilustran dos modos muy distintos, ambos posibles, de acercarse a la idea de hacer cine. "El premio" es un corto con equipo, con producción. Habría sido imposible hacerlo sin una amplia infraestructura técnica, artística y de producción. "Pene", por el contrario, es una pieza hecha entre dos amigos, robando imágenes de la realidad donde el texto en off y montaje funcionan como organizadores de esa realidad grabada. Yo he intentado trabajar de las dos maneras, dependiendo de la naturaleza del proyecto y de mi propio ánimo. Pero tratando de darles en cada caso la misma importancia. Creo que el cine puede ser de muchas maneras. Trato de estar abierto a todas. Más allá de las etiquetas crítica y/o mercantiles.

(*estos dos trabajos pueden verse en una retrospectiva de mi trabajo en formato corto que ofrece hasta el 17 de Marzo la fantástica web márgenes.org. Esta página de reciente creación nace con la intención de difundir el cine español hecho en los Márgenes de la industria. Ha ofrecido hasta ahora retrospectivas de cineastas fundamentales como Andrés Duque, Oliver Laxe, María Cañas o Daniel Cuberta. A finales de Marzo se lanzará  una segunda página plat.tv, una plataforma pensada más bien como archivo audiovisual de este cine. El surgimiento de estas dos plataformas es un emergente evidente de que algo importante se está fraguando en este otro cine español).

¿Cómo nació ‘Mapa’?

¨Mapa¨nace como resultado de un momento de crisis personal y profesional. Uno de esos momentos en que la vida parece quedar suspendida en el aire y no sabes demasiado qué hacer con ella. Como estaba solo y no tenía trabajo, decidí desmontar mi casa e irme de viaje con una camarita doméstica, y la intención de hacer una película sobre ese proceso. La idea era "un personaje en crisis decide hacer una película para intentar cruzar dicha crisis". De modo que si ese personaje consigue terminar su película, conseguirá también cruzar su crisis personal. De este modo "película" y "vida" van completamente de la mano en este proyecto. Ese fue el punto de partida: el pie creativo. Evidentemente, a partir de ahí no sabía muy bien lo que me iba a encontrar, porque, por mucho que uno lo pretenda, la vida no se puede anticipar de antemano.

¿Qué hay de cierto en eso de que trabajabas de realizador en una cadena de televisión, qué hay de cierto de tu despido?

Trabajé durante tres años en la tele. Mayormente hice formatos de ficción para niños, concretamente las tres primeras temporadas de la serie "Cambio de Clase" para Disney Channel. También trabajé en Cuatro y Antena 3. Mi despido fue real. Es algo tristemente habitual en un determinado planteamiento en las series de ficción televisiva en este país. Cuando un producto no tiene el rating esperado, en vez de confiar en él, se le interviene como a los bancos, mutándolo sobre la marcha.  Parte de esa mutación puede ser cambiar a los directores. Curioso, parecería que hablamos de un equipo de fútbol donde la solución siempre está en echar al entrenador…

¿Cómo encaras la película: la huida, la India, la búsqueda de ti mismo, el diálogo con el otro?

La encaro fundamentalmente desde la perplejidad. Yo soy una persona bastante mental y controladora. Por eso traté precisamente de ponerme en una situación de completa incertidumbre a la hora de hacer la película. Es cierto que la película está muy compuesta y ordenada a posteriori. Pero eso no quita para que los miedos, las dudas, el autojuicio que comparto con el espectador no fueran reales en su momento. Lo único que tuve claro desde el principio es que todas esas dificultades, inherentes a todo proceso creativo, estarían en la película, sería contenido. Digamos que encaro todo esto desde la integración. En ese sentido, el desdoblamiento en dos personas, la figura de "el otro" en la película, es muy fértil porque me permite integrar la contradicción, algo que suele ser un terreno muy peligroso en la construcción de un personaje en cine.

¿Cómo fue ese itinerario de cinco años? ¿Cómo lo has vivido? ¿Ha sido un período de aventura, de reflexión, de desamparo, de peligros?

Ha habido un poco de todo.  Esencialmente yo lo he vivido como un retiro. Ahora que llevo unos cuantos meses presentando la película en festivales y ciudades, que toda la actividad de la película es hacia fuera, de encuentro con público y prensa, tengo que hacer un esfuerzo para recordar que, durante varios años, gran parte del tiempo en realidad la dinámica fue justo la contraria: de soledad y retiro, hacia dentro. En el rodaje, el guión y el montaje gran parte del tiempo lo pasé en soledad. En este sentido yo considero el tour diseñado por Avalon y Pantalla Partida (las dos productoras) parte integral de la película. De algún modo MAPA es una experiencia que, una vez más, integra dos opuestos: lo solitario y lo social.

¿Cómo te las ibas arreglando, qué grababas y qué no?

En el primer viaje a India me impuse grabar por instinto. Aquello que me llamase la atención. Pero ya te digo, como soy bastante mental, poco a poco se fueron imponiendo ciertas categorías. Por ejemplo grababa: edificios/principios y finales del día/medios de locomoción/oficios…trataba de encontrar un criterio de grabación, por arbitrario que fuese, precisamente para ponerme límites a la hora de grabar: para no grabar literalmente todo. Y aunque todo ese material fue muy útil, lo cierto es que cuanto más avanzaba en el montaje, más peso empezaron a tomar determinadas situaciones de intercambio con la realidad, con otras personas. Eran como encontrar pepitas de oro. Secuencias como la del niño y la vaca o las moras con Ainhoa las siento como regalos. Regalos de estas personas, regalos de la vida. Como si a base de llamar tanto a la puerta de la realidad grabando, la realidad me regalase finalmente algo realmente potente. Me gusta imaginar la película como la historia de alguien que aprende a dejar de controlar un poco. En esa dirección me gustaría continuar: tratar de relacionarme con el cine desde un sitio distinto al control. Es tarea de vida. De algún modo un reto imposible porque cada uno es quién es. Pero al mismo tiempo fértil, porque el intento en sí puede conferir tensión al trabajo.

¿En qué momento supiste qué querías contar? ¿Hablamos de un mapa del mundo, de un mapa del viajero, o del mapa de las emociones?

Empieza siendo un mapa del viajero pero poco a poco pasa a ser un mapa de emociones. La película arranca como un cuaderno de bitácora visual que, en un momento dado, es secuestrado por una historia de amor. Hacia la mitad, el personaje descubre en India que está enamorado de una mujer en España y decide volver en su busca. A partir de ahí, el personaje deja de ser el conductor de su vida: es la vida la que le conduce a él. Y por tanto es la vida la que conduce la película, la que decide los puntos de giro: la que marca el final de la historia. En el momento que asumí que sí, que me habían dejado y que iba a incluir esa ruptura en la película, todo se empezó a ordenar. La película devino relato de un desamor. Esto debió suceder más de dos años después de haber arrancado, o sea, el momento en que entendí plenamente lo que iba a contar llegó bastante avanzado el proceso.

Si tuvieras que explicarnos el proceso de montaje, ¿qué nos dirías? Tendrías muchísimo, muchísimo material...

Fue un proceso de montaje inusualmente largo, más de un año y medio. Efectivamente tenía una cantidad ingente de material. Me parece relevante explicar que ese proceso de montaje fue en gran parte simultáneo al de grabación y escritura. Normalmente esos procesos son consecutivos y no simultáneos. Una película primero se escribe, luego se rueda y finalmente se monta. Aquí había un material de partida sobre el que empiezo a escribir y montar; ese montaje arroja la necesidad de nuevas imágenes que salgo a la calle (o a India) a grabar. Vuelvo con las nuevas imágenes y, de repente, lo que había escrito ya no funciona tan bien o resulta que grabando he encontrado algo que requiere otro texto…y así sucesivamente. Los procesos se van solapando. Así puede entenderse la duración del proceso de montaje. De hecho yo creo que el proceso empieza a terminar cuando un día decido que la película llega hasta ese día, concretamente el 10 de Octubre del 2010. A partir de ahí me impongo no grabar más que aquello que estrictamente necesite para mejorar el montaje que ya hay. Como tantas veces en un proceso creativo, al final uno consigue arribar a puerto porque se ha puesto un límite, artificial si quieres, pero necesario.

¿Por qué siempre aparece la voz en off, o casi siempre, en tus trabajos? ¿Es la voz de la conciencia, es una voz narrativa sin más, es un complemento a la imagen?

He hecho cine de ficción pura y cine de no ficción. En el caso del cine de no ficción es eminentemente "textual": está basado en el intercambio entre un texto en off e imagen.  Al principio practicaba algo cercano al "ensayo fílmico": la voz en off era en tercera persona, distante y supuestamente objetiva. Con el tiempo fui sintiendo la necesidad de que tanto la voz como la realidad con la que intercambiaba fuese más personal, más subjetiva. Así, poco a poco, pasé del "ensayo" al "diario fílmico" en que trabajaba con mi propia vida como materia prima de la propuesta. En cualquier caso, siempre intento que la relación entre texto e imagen esté lo más alejada posible de la "ilustración" (es decir, ver literalmente en imagen lo que el texto dice en la voz), que es la relación que suelen guardar texto e imagen en los informativos. Una imagen puede ilustrar un texto, claro. Pero también puede contradecirlo, subvertirlo, contradecirlo. O por el contrario un texto puede dramatizar una imagen, ironizar, connotar una imagen. Es en este tipo relaciones en las que investigo. En MAPA he tratado, ante todo, de trabajar una voz narrativa, una voz que tejiese un relato en tensión con las imágenes.

¿Cuál es la importancia del humor en tu obra y especialmente en ‘Mapa’?

El humor (o tal vez sea mejor decir la ironía) ha sido muy importante para mí desde que comencé. En el campo de la no ficción lo he utilizado mucho en los ensayos. Por ejemplo en la serie "Conceptos Clave del Mundo Moderno" (disponible en margenes.org). En esas piezas, por ejemplo, la ironía me servía para sacarme todos los miedos que tenía cuando trataba de hablar de un aspecto de la vida del ciudadano moderno no siendo antropólogo ni sociólogo. La ironía sitúa el discurso en el campo de lo subjetivo, en el campo de la invención. Y en ese campo todo está permitido. La única regla es que el relato se sostenga. En cuanto a MAPA, trato de utilizar el humor como un atenuador. El humor desmonta cualquier asomo de grandilocuencia y/o solemnidad.  Hay una clara voluntad de situarme lo más cerca del espectador posible. Para esto el humor es una gran herramienta.

¿Te sientes un realizador ‘indie’ y a la vez de bajas producciones?

No. Siento que hasta ahora he hecho el cine que he podido hacer. Pero eso no quita para que pueda hacer otro tipo de cine en el futuro. Personalmente pienso que uno no hace tanto el cine que quiere hacer como el cine que puede hacer. Creo que cada uno lleva un determinado tipo de cine dentro. Igual que cada uno tiene un carácter determinado y no puede evitarlo. Yo me imagino la labor del cineasta como la búsqueda de ese cine que uno lleva dentro. Un cine que, en ocasiones, no tiene nada que ver con el cine que amamos. Yo, por ejemplo, me pasé años queriendo hacer un cine que bebiese de Cassavettes. El día que por fin entendí que no iba a ser capaz porque soy una persona demasiado controladora y racional, fue un tremendo descanso. Esto no lo digo como un asunto de resignación sino de asunción: asumir quien uno es; asumir el cine que uno lleva dentro.

Tienes una mirada muy peculiar, entre personalísima y desconcertante, entre paródica y a la vez cargada de intenciones. ¿Cómo entiendes el cine, qué quieres contar, sobre qué aspectos te interesa meditar o llamar la atención?

Esta pregunta la contesta un poco la respuesta anterior. Hilando sobre esa idea de "el cine que uno lleva dentro" añadiría que hay dos aspectos que me parecen muy importantes en este asunto: 1. encontrar un modo de trabajo propio (que no necesariamente tiene por qué ajustarse al modo institucional de trabajo, organización del trabajo en pre-producción, en un set, etc) 2. encontrar una forma propia de relacionarse con la herencia cinematográfica más allá del panteón de los grandes maestros, las grandes obras maestras y demás…en ese sentido lo que más me interesa es intentar levantar proyectos en que pueda acercarme a esto: a una forma propia de trabajo y a una relación libre y orgánica con el cine que me ha marcado, más allá de la veneración o el mimetismo. Luchar en último término contra la mitomanía.

¿En qué cineastas te reconoces? ¿En qué medida te ha influido Jonas Mekas?

La lista sería muy larga. Desde luego en MAPA es evidente que tuve muy presentes a Hitchcock y Truffaut. Digo evidente porque los cito varias veces. Sin embargo más allá de la cita, lo que intento, por ejemplo, es lanzar una especie de lazo imposible a Hitchcock en determinados momentos (por ejemplo en la zona de incertidumbre cuando al personaje le ha dejado Luna). Digo imposible porque, claro, "ni hay actores, ni hay puesta en escena, ni hay control de la luz…" No son más que un puñado de imágenes domésticas. Pero si hay otro set de recursos a los que puedo recurrir (el diseño de sonido, la hora del día a la que grabo, los motivos de la realidad que elijo) que, de repente, empiezan a teñir aquello de una cualidad distinta a lo doméstico. Yo ese tinte, esa inquietud, me la imagino "hitchcokiana". Es este tipo de relaciones muy subjetivas con los cineastas que me influyen las que persigo. Por otro lado hay toda una serie de maestros de este "cine textual" a los que acudo más "para ver cómo se escribe", para tratar de entender cómo funciona el lenguaje de este tipo de cine: Perlov, McElwee, Marker, Pasolini, Godard, Van der Keuken, Rouch…Mekas me queda algo más lejos, aunque sea el padre del cine-diario. Creo que todavía me queda bastante que recorrer para aspirar a ese grado de libertad.

¿Por qué crees que llama tanto la atención, sobre todo en los circuitos menos comerciales, tu película? ¿Qué crees que aporta: frescura, ironía, desparpajo, atrevimiento?

Sinceramente no lo sé. Me falta distancia para responder esta pregunta. Ahora en pleno tour e intercambio con el público sobre la película, estoy aprendiendo sobre esto. Lo que sí puedo decir es que para mí y para todos los que hemos estado envueltos en la peli, está resultando mágico comprobar que, de alguna manera, consigue comunicar con el público, muchas veces de maneras que nunca pude imaginar.

¿Cómo va a afectar al cine la crisis? ¿Supondrá otra llamada a la imaginación, a un nuevo concepto de artesanía, a aquello de Juan Palomo: yo me guiso y yo me lo como?

La crisis está afectando ya profundamente al cine. En todos los sentidos: para bien y para mal. La parte "para mal" la conocemos de sobra. Es el desmantelamiento que se está llevando a cabo de la forma en que se viene produciendo el cine en este país en los últimos 40 años. Con la herida humana y cultural que esto supone. Sin embargo de la parte "para bien" lamentablemente apenas se habla. Parece indudable que la crisis, o simplemente la voluntad de un puñado de cineastas por hacer las cosas de otra manera, esta suponiendo un repulsivo considerable en la escena del cine hecho en este país. Son películas que se están haciendo de otra manera, muchas veces autofinanciadas y que se están viendo en circuitos alejados de las salas. Yo creo que el reto para ese cine es encontrar ventanas para que llegue a más público que cuatro iniciados. En ese sentido creo que en el contexto de la crisis, el cine está ante un tremendo reto que afecta no solo a la gente que lo hace, sino a la que escribe sobre él y lo comunica y, sobre todo, a quien lo exhibe. Películas como "Diamond Flash", "Mi loco Erasmus", "Ensayo Final para Utopía", "El Muerto y ser feliz", "Los ilusos", "El jurado", "Todos sois capitanes", "Una historia para los Modling", "Arraianos", "Volar"o "Nacer" piden a gritos más ventanas. Son películas que anuncian en los mejores festivales del mundo el surgimiento de una nueva escena española, mientras que aquí muy poca gente las conoce. Por eso iniciativas como Margenes, Hamaca o Plat están llamadas a jugar un papel esencial. Y por eso la tan largamente prometida nueva ley del cine debería abordar de forma seria en el espinoso asunto de la exhibición.

LINA VILA EXPONE EN MADRID

LINA VILA EXPONE EN MADRID

 

Lina Vila pinta la vida de ‘Blanco’

 

La pintora zaragozana expone en el Espacio Valverde de Madrid acuarelas, grabados y dibujos, relacionados con la naturaleza

 

Lina Vila (Zaragoza, 1970) regresa a Madrid, a uno de sus lugares predilectos: el Espacio Valverde (calle Valverde, 7), donde presentó tiempo atrás una individual y participó en dos colectivas. “Esta es una exposición que estaba programada para noviembre de 2011 y que se aplazó. Todo el trabajo que ya tenía no ha servido y ahora es todo nuevo. Que en la galería hayan seguido confiando en mí y esperando ha sido muy emocionante e importante porque, al final, este tipo de proyectos me producen otros desvelos menos desesperados y me ayudan a tener cierta normalidad en la vida”.

Lina Vila exhibe dieciséis acuarelas, una treintena de grabados y algunos dibujos, una selección de obras que ha agrupado bajo el título ‘Blanco’ y que constituyen un recuerdo, y un diálogo, con su compañero Félix Romeo (Zaragoza, 1968-Madrid, 2011); en cierto modo cabría decir que todo este trabajo nace del duelo, del amor. De la ausencia inesperada. Explica la pintora: “Los grabados están realizados mediante proceso litográfico sobre planchas de aluminio. Se dibujan (las planchas) a oscuras, un poco a tientas, se colocan al sol y más tarde se revelan y se estampan con el tórculo. Las acuarelas son lo que he visto todo este tiempo: mis árboles, y el almendro y el granado de Félix, y mis pocas flores. Con esas cosas que le gustaban de nuestra casa quería hacer algo hermoso, ya que no he vivido nada más porque he estado bastante aislada, y quería hacer algo que a él le gustaba”.

Lina Vila ha pintado insectos, mariposas, gallos, un pájaro gigante que veía en el camino al salir de su casa y de su estudio. Los hacía como quien busca “señales que le ayuden a una a creer en algo”, en algo que se parece a la presencia, a la idea de compañía. Por otra parte, pronto se impusieron otros dibujos “quizá más duros –señala- que me han permitido superar un tabú, el de la representación del cráneo, que había sido hasta el momento algo prohibido, algo impensable, algo lejano por el miedo que siempre suscita; pero al mismo tiempo, algo muy humano”.

Confiesa la artista: “Me costó mucho empezar y, cuando lo hice, surgieron cosas horribles pero supongo que necesarias para seguir. No existe una reflexión consciente, solo es el intento que uno hace para darse cuenta de que aún está vivo o de que aún te queda algo con lo que emocionarte o con lo que apasionarte”. Le preguntamos que por qué se titula la muestra ‘Blanco’: “No sé... Porque me quedé en blanco, sin saber qué decir ni qué hacer, ni hacia dónde ir... Porque el blanco es vacío. Blanco es un color frío, es un color solo y lejano. Es el color de la pureza en Occidente pero es el color del luto en Oriente. Es un color que yo percibo siempre manchado en la naturaleza, como la misma vida, siempre teñida de muerte. Y es un color que me suscita la esperanza de un nuevo comienzo”.

En vez de ‘Blanco’, Lina pensó titular este empeño ‘El aire de F.’, pero finalmente rechazó cualquier alusión, la idea misma de homenaje al compañero que se fue tan de improviso, con toda su exuberante vitalidad. La muestra se inauguraba el jueves 7 de marzo y se clausura el 30 de marzo.

 

*Este texto apareció en Heraldo.es el pasado jueves. Obra de Lina Vila.

ERNESTO SARASA, EN LOS PORTADORES

[Hace unos días, el incansable Pablo Ferrer reseñaba en ’Artes & Letras’ este libro de Ernesto Sarasa, ’Esporádico’. Se presenta este jueves en Los Portadores de Sueños. Aquí está la amplia nota de Félix y Eva, que han ganado el Premio a la Mejor Librería Cultural de 2012.]

Queridos amigos: El jueves 7 de marzo a las 20h tendrá lugar en Los portadores de sueños (C/Blancas, 4 - Zaragoza) la presentación de ESPORÁDICO, de ERNESTO SARASA. Al terminar, brindaremos juntos con un vino.

Dice Ernesto Sarasa acerca de Esporádico y de sí mismo:

Esporádico comenzó en 2005 siendo una publicación en papel, que realicé artesanalmente, con una tirada aproximada de 150 ejemplares. Se trataba de una colección de cartulinas de colores, xerografiadas en negro, en las que mis ilustraciones eran la cara de unos textos que eran la cruz (o al revés), sin numeración de páginas, como un juego de lectura y azar, para visualizar y leer, meditada, pausada, esporádicamente.

Hoy, febrero de 2013, tras 7 años de edición en la web, Esporádico vuelve al formato impreso en papel, recopilando mis 36 ilustraciones con sus 36 textos, publicados desde 2005 hasta ahora. Sutiles y profundos textos breves de amigos y gente cercana como Fernando Soyoung, Alejandro Gil, Diego Chozas, David Armengol, Ángel J. Laín, Susana Vacas Sergio Algora, David Martínez, Grassa Toro, David Mayor, J. Manuel Camín, Mireia Prera, Susana Blasco, Paula Español…

Todo reunido en una bonita caja realizada por Angélica Montes. Una edición muy especial y limitada a 100 ejemplares numerados y fabricados a mano.

ERNESTO SARASA (Zaragoza, 1969)

Aficionado al dibujo desde niño, terminados mis estudios de delineación en 1989 me incorporo a una agencia de publicidad como dibujante y maquetador, comenzando allí mi aprendizaje y mi periplo profesional, que continuaría en diversas empresas de ese ámbito, o trabajando como freelance.

Mi experiencia abarca tanto el proceso de diseño, preimpresión y composición digital, como técnicas clásicas y artesanales de la impresión y la creación plástica. he trabajado en imprentas y fotomecánicas como gráficas vela (1992) o brut scanner (1997), y en agencias de diseño gráfico y publicidad como líder (1989), directa (1992-94), grama (1994-96), cubo (2004), acys (2005) o batidora de ideas, estudio con el que he colaborado como freelance desde 2005 hasta la actualidad. He realizado trabajos para clientes como Gobierno de Aragón, Diputación de Zaragoza, Ayuntamiento de Zaragoza, Consejo de la Juventud de Aragón, Barbacil comunicación, Sodemasa, Ceam, Prames, Emi odeon, Inoxcrom, Araven, etc.

Mi vocación multidisciplinar me ha llevado a interesarme por las diferentes técnicas de la comunicación visual. desde el año 2003 hasta la actualidad, gracias a diversos cursos, talleres y algunos proyectos audiovisuales, comencé a descubrir nuevas posibilidades del diseño gráfico y la ilustración, en la experimentación audiovisual y la animación.


Os esperamos el jueves 7 de marzo a las 20h en Los portadores de sueños (Blancas, 4 – Zaragoza). ¡No faltéis! (La foto del sonriente Ernesto Sarasa es de Vicente Almazán).

'EMONAUTAS': EMOCIÓN DE CÓMICOS

CRÍTICA DE TEATRO

 

La emoción de los cómicos

 

Alfonso Palomares y Amparo Nogués-Elena representan en el Teatro del Mercado ‘Emonautas’, una pieza divertida sobre los sentimientos y los males de la crisis. La función se despide esta tarde de Cincomarzada

 

Alfonso Palomares y Amparo Nogués-Elena se han formado en el clown en la compañía Los McClown, aunque ambos son actores con muchos registros. Amparo mezcla la dirección y la interpretación, y Alfonso ha asomado a numerosos cortos, piezas teatrales y a la televisión: es uno de los personajes asiduos de ‘Oregón Televisión’, esa factoría incesante de humor.

Ambos han reivindicado en diferentes momentos la figura del cómico de la lengua, esos actores ambulantes que van de aquí para allá con un único afán: contar historias, entretener y divertir a la gente. Entre sus referentes están Fernando Fernán Gómez, en su trayectoria general y en obras como ‘El viaje a ninguna parte’ (que podría estar entre las fuentes de inspiración de ‘Emonautas’), Stan Laurel y Oliver Hardy, ‘el Gordo y el Flaco’, Buster Keaton, Marcel Marceau y, por supuesto, Charles Chaplin. Y está el teatro del absurdo: Eugene Ionesco y Samuel Beckett. El esperado Godot es citado en una ocasión y uno de los gags, el del tren o el de los trenes perdidos, gira en torno a la espera y la esperanza. Estos cómicos infaustos, desarrapados, desahuciados de cualquier éxito, buscan un interlocutor: un día, tras un sueño intranquilo, despiertan y ven que hay gente al otro lado para oír sus historias.

El espacio escénico es tan simbólico como intemporal, aunque podría remitir también a los años 50 y 60. Los actores, que en realidad son dos personas cándidas, con tanto sentido de humor como miedo, buscan trabajo. Él es Triste Trompeta y ella Valeria Aragón, y tienen alma de payasos. Empiezan una función donde hay de todo: la presencia constante de la radio y sus sonidos, suena ‘La raspa’, por ejemplo; el tren, Cyrano de Bergerac, cuya figura da pie a uno de los fragmentos más hilarantes de la noche, especialmente en ese instante en que Amparo Nogués hace intervenir a un espectador; la faena, la emigración o la Escuela de Ministros, que tiene algo de concesión crítica a esta compleja y convulsa situación que vive en España de corrupción y de desconcierto.

A través de las diferentes partes, los dos actores proponen un viaje alrededor de los sueños, la felicidad, la muerte (“la muerte no se comparte”, se dice), el amor (aunque aquí sea un amor a primera vista y con apuntador), la política, la provisionalidad de la existencia, el empleo casi como una quimera. Y lo hacen con variedad de registros: el mimo, la interpretación textual, el baile. Alfonso Palomares ha elaborado un texto ingenioso, con ironía y con algunos elementos de sátira, sin apenas caídas de ritmo, y ambos, Amparo y Alfonso, Alfonso y Amparo, lo resuelven con solvencia, con oficio, con absoluta entrega.

‘Emonautas’ tiene algo de abanico de emociones. El neologismo emonautas aludiría “a navegantes de los sentimientos”. El espectáculo es una invitación a reír y a entender mejor lo que ocurre, y es una exaltación del pequeño formato y de sus cualidades: un buen texto, intencionalidad, abundante vis cómica y actores versátiles en estado de gracia.

 

Emonautas. Texto: Alfonso Palomares. Compañía Lagarto Lagarto. Reparto: Amparo Nogués-Elena y Alfonso Palomares. Escenografía: Circoku. Coreografía: Carlota Benedí. Iluminación: Bucho Cariñena. Hasta el cinco de marzo en el Teatro del Mercado. (Este texto lo publiqué en heraldo.es el domingo)