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Antón Castro

Artistas

ACTORES Y POLÍTICA: DANIEL GASCÓN

Actores y política

  

El cine español es una categoría extraña, que arrastra muchos tópicos y confusiones, empezando por el propio uso de esa categoría. Hemos visto la mayoría de ellos en funcionamiento estos días, a raíz de la gala de los Goya, los premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas.

A un escritor español no le echan en cara los libros de los demás escritores españoles, por ejemplo: bastante tiene con los suyos. Tampoco le adscriben las opiniones de los demás escritores españoles. No hay mucha gente que diga “yo no leo novelas españolas”, y tampoco se piensa que todas las novelas españolas hablen de la guerra civil, porque más o menos se asume que las novelas son diferentes y que entre ellas hay algunas que hablan de la guerra civil. En un país en el que se nacionalizan bancos y se dan ayudas a multinacionales, parece que el cine es la única industria que recibe dinero público, y esa es una impresión que cómicamente alientan medios que reciben subvenciones. Existe también la idea, profundamente divertida por su total desconexión con la realidad, de que se trata de un sector de millonarios. Se podría entender, sin recurrir a la teoría de la conspiración, que en algunas profesiones hay más gente de izquierdas o de derechas, pero la versión más imaginativa del mito del cine español presenta a todo el sector tomando el sol al borde de piscinas de lujo, conspirando a favor de Zapatero, Fidel Castro y otros miembros del eje del mal. Por otra parte, la gala de los Goya, emitida cada año por la televisión pública, siempre despierta interés: se sigue y se comenta, los periódicos dedican páginas a los vestidos, los chistes y al contenido de los discursos.

Este año, el ambiente venía caldeado. El asunto era si, en medio de una brutal crisis económica y cuando la industria suma al problema de la piratería el recorte de las ayudas y la subida de 13 puntos porcentuales en el IVA de las entradas, los profesionales del cine iban a hacer declaraciones políticas. La especulación acaparó espacio en los medios. En la alfombra roja, los periodistas preguntaban a los nominados qué les parecía que alguien protestara.

Media docena de los galardonados hicieron críticas a la gestión del gobierno. Una actriz dedicó su premio “a los que han perdido sus casas, sus ilusiones, sus esperanzas e incluso sus vidas por culpa de un sistema quebrado, injusto, obsoleto, que permite robar a los pobres para dárselo a los ricos”. Otra dijo que su padre había muerto en un hospital donde no había agua ni mantas y declaró que apenas había tenido trabajo en tres años. El presidente de la Academia criticó las medidas del gobierno que perjudican a la industria. Asombrosamente, los chistes de la presentadora recaían más en el gobierno que en la oposición.

Nadie debería escandalizarse por esto. El representante de un sector defiende sus intereses. Ocupar el poder tiene algunas contrapartidas, como por ejemplo que hagan más chistes sobre ti. Y uno puede compartir o no el discurso de Maribel Verdú –Christopher Hitchens usó la fórmula “socialismo para los ricos y capitalismo para los pobres” para describir la crisis financiera, y hace unas semanas Ulrich Beck hablaba de “socialismo de Estado para los ricos y los bancos, neoliberalismo para las clases medias y los pobres”– o el de Candela Peña –que me pareció desafortunado y poco hábil si lo que pretendía era defender la sanidad pública–, pero no parece que fuesen un abuso de la libertad de expresión.

Sin embargo, algunos han intentado desacreditar a esos peligrosos subversivos. El periodista Santiago González escribió sobre la gala. Según González, en la actuación de la presentadora “hubo momentos inenarrables, como cuando definió la especial jurisdicción de los actores: ‘la máxima autoridad para nosotros, el presidente de la Academia, Enrique González Macho’”. Como Santiago González es un hombre inteligente, no pienso que realmente se tome en serio lo que insinúa: más o menos, que los miembros de la industria del cine no reconocen a las instituciones de este país y se consideran parte de una especie de república sectorial al margen de la ley. La distorsión intelectual de la insinuación me recordó lo que le dijo a Harold Ross uno de sus redactores: “Eres tan retorcido que comes un clavo y cagas un tornillo”.

El texto de González tenía el encanto de pedir equidistancia a un monólogo cómico. Reprochaba, por ejemplo, que hubiera un chiste acerca de los sobres de Bárcenas. Pero ¿qué guionista podría resistirse en este momento? A todos nos seduce la posibilidad de hacer una broma fácil, y González lo sabe bien: él mismo aprovecha la ocasión para hacer un chiste de sobres a partir de un error de la gala.

Candela Peña dijo que solo había trabajado en una película en los últimos tres años. González la corregía:

“No sé si recollir-lo en català com a actriu catalana que sóc, o decir: “Thank you very much. I’m very, very happy… [grandes aplausos] Quiero decir que hace tres años que no trabajaba [desde 2008 ha trabajado en 6 películas, lo que hace una media de 1,2 películas por año, a saber: tres en 2008, una en 2009, una en 2012, por la que ha recibido el premio y la que está haciendo con Isabel Coixet, que se estrenará en abril] (los corchetes son de González)

A mí también me sorprendieron los aplausos. Pero yo no estaba al corriente de que en los Premios Gaudí Candela Peña había recibido críticas por dar su discurso de agradecimiento en castellano y por no aplaudir una declaración independentista de la actriz Montserrat Carulla. La contabilidad de González (que esta vez no pone link a su fuente) es curiosa. Decide remontarse hasta el 2008, un año en el que Peña hizo tres películas (entre ellas un cortometraje), y así le sale esa media de 1,2 películas anuales. Si en el 2009 Peña hizo The Island Inside, en 2010, 2011 y 2012 solo aparece una película suya en imdb.com, Una pistola en cada mano, por la que recibió el Goya.

El periodista establecía una analogía entre las palabras de la gala con el caso de “un joven dirigente de IU en Vitoria escribió una carta abierta a Cosme Delclaux, entonces secuestrado por ETA, en el diario Egin. El espíritu de la misma venía a ser un ‘jódete, Cosme’”. Posiblemente él mismo se dio cuenta de que la comparación era un tanto excesiva, ya que matizaba antes que se trataba de “un caso más severo”.

La Razón dedicó una portada a Maribel Verdú, bajo un titular que decía “La doble cara del cine español”, con un fotomontaje sobre el rostro de la actriz y el letrero: “Maribel Verdú, de multipropietaria, vendedora de hipotecas y accionista de una clínica privada a heroína antidesahucios y abanderada de las críticas al Gobierno por los recortes”. Es decir: cuando recibes un premio por tu trabajo decides solidarizarte con gente que lo está pasando mal, y un par de días después te encuentras una campaña llena de insultos y especulaciones sobre tu vida privada. Bajo la retórica ampulosa que presenta a Verdú como “vendedora de hipotecas” y luego como una especie de Agustina de Aragón antisistema, se encuentra el dato de que la actriz había hecho un anuncio en el que se fomentaba la contratación de hipotecas. Parece un poco extraño que haber hecho un anuncio te impida criticar algo –especialmente en un medio que publica anuncios–, o pensar que una persona que se encuentre en una situación económicamente cómoda no pueda defender a los que están en una situación peor. Y, en todo caso, sería mejor presentar argumentos que lanzarse a un ataque personal.

En la línea de quienes reprochan a los actores que lleven ropa de gala en una gala y aun así critiquen al sistema –por lo visto, serían mucho más convincentes si fueran desharrapados–, este fin de semana ABC publicaba tres páginas tituladas “El capitalismo sienta bien a los actores más críticos”, que denunciaban que a estrellas de Hollywood como Penélope Cruz y Javier Bardem les vayan bien las cosas. Se detallaban inmuebles y empresas de gente que ha criticado al gobierno, o de gente que es próxima a gente que ha criticado al gobierno, o de gente de quien se sospecha que podría criticar al gobierno si tuviera la oportunidad. Se hablaba de “prebendas que el ciudadano de a pie no disfruta” cuando un registrador de la propiedad se negó a informar del patrimonio de un actor. El artículo estaba lleno de insinuaciones malintencionadas: la empresa de Pilar Bardem tiene un “nombre casi guerracivilista”, la productora de Pedro Almodóvar es un “emporio cinematográfico” y José Corbacho recibió un préstamo de La Caixa.

Aun así, es el estilo que eligen esos medios, y resulta mucho más preocupante la respuesta del ministro de Hacienda, que dijo que “alguno de nuestros famosos actores no pagan impuestos en España”. En un momento chanante, añadió que, cuando paguen en nuestro país, “las bases imponibles y la recaudación serán más amplias”, como si la culpa del déficit fuera de los actores. Esas palabras, que pretenden desacreditar a todo un sector, son irresponsables, tienen un tono levemente mafioso y no están a la altura de lo que debería ser un ministro de un país democrático. No es la primera vez que el ministro Montoro, que amenazó a los medios críticos con airear sus deudas tributarias, adopta maneras que recuerdan a Cristina Kirchner.

Se dice con frecuencia que damos demasiada importancia a las opiniones políticas de las celebridades, y posiblemente sea cierto, aunque no creo que sea culpa suya. Como en profesionales de todo tipo, hay opiniones más o menos discutibles, más o menos fundadas. Tienen derecho a exponerlas y nosotros a criticarlas: yo lo he hecho en más de una ocasión. Lo peligroso es que se intente difamar a quien piensa de otra manera, que se creen categorías groseras e indiscriminadas, y que quien nos representa a todos se comporte como un cacique o un aprendiz de Joe McCarthy.

 

*Este artículo lo ha publicado Daniel Gascón (Zaragoza, 1981), escritor y traductor y redactor de la revista ’Letras Libres’ en la edición española de la revista mexicana.

El enlace es este:

http://letraslibres.com/blogs/blog-de-la-redaccion/actores-y-politica?page=full

22 AÑOS DE LA SALA JUANA FRANCÉS

Una retrospectiva. 22 años de la Sala Juana Francés

 

Por Paula GONZALO LES

Desde que abrió sus puertas en 1990, la Sala Juana Francés de la Casa de la Mujer de Zaragoza ha centrado sus esfuerzos en visibilizar a las artistas aragonesas, apoyar a artistas noveles y presentar la obra de artistas varones comprometidos con el género y la identidad. Una retrospectiva. 22 años de la Sala Juana Francés revisa la trayectoria de este espacio expositivo, referente local del arte contemporáneo. La muestra, que se nutre fundamentalmente de los fondos de la Casa de la Mujer de Zaragoza, se articula en torno a cinco bloques: identidades, cuerpo, violencia de género, nuevas masculinidades y videoteca. Este proyecto se enmarca dentro del II Festival Miradas de Mujeres (II FMM)que en 2013 reúne un total 13 comunidades autónomas, 800 mujeres artistas y 190 centros de arte, pretendiendo conceder prestigio y visibilidad al trabajo de nuestras artistas nacionales.

Comisaria: Paula Gonzalo Les

http://www.facebook.com/SalaJuanaFrancesZaragoza
http://www.festivalmiradasdemujeres.com/

Inauguración 7 de marzo. Período expositivo 7 marzo-3 mayo 2013

Casa de la Mujer, C/ Don Juan de Aragón nº2, 50001, Zaragoza

Artistas participantes:

Katia Acín, Paco Algaba, Javier Almalé, Rosalía Banet, Cabello/Carceller, José Luis Cano, Cecilia Casas, Soledad Córdoba, Roberto Coromina, María Enfedaque, Virginia Espá, Antonio Fernández Alvira, Elena Fraj, Jorge Fuembuena, Louisa Holecz, Javier Joven, Julio Lanao, Enrique Larroy, Las tAradas, Luis Marco, Vicky Méndiz, Carmen Molinero, Sandra Montero, Begoña Morea Roy, Beth Moysés, Raquel Muñoz, Rosa Muñoz, Marina Núñez, Paula Ortiz, Sylvia Pennings, Enrique Radigales, Mabi Revuelta, Miriam Reyes, Mapi Rivera, Gema Rupérez, Sarah Shackleton, Cecilia de Val, Eulàlia Valldosera, Alicia Vela, Lina Vila.

 

*Tomo esta información de mi querida Paula Gonzalo Les. Conservo un gran recuerdo de su papá: Francisco Gonzalo, un tipo maravilloso que leía con cariño a José Luis Sampedro.

 

VÍCTOR MIRA, POR ROGELIO ALLEPUZ 2

VÍCTOR MIRA, POR ROGELIO ALLEPUZ 2

Rogelio Allepuz, ese maestro de fotógrafos tanto en ‘El día de Aragón’ como en ‘El Periódico de Aragón’, me ha enviado una segunda foto de Víctor Mira. Una de las más famosas y una de las mejores; anuncia la compleja personalidad del artista, su fragilidad, su convivencia con el dolor y con la muerte, el abismo del amor y la creación en el que vivía.

VÍCTOR MIRA: UN DOBLE RETRATO

VÍCTOR MIRA: UN DOBLE RETRATO

[Rogelio Allepuz, el espléndido fotógrafo, me envía un par de fotos de Víctor Mira. La Galería A del Arte presenta el proyecto ’Cada vez única’, coordinado por Chus Tudelilla, y dentro de él la exposición ’Preferencia por lo primitivo’, Víctor Mira-Mariano Santander, con una excelente selección de grabados sobre todo de los años 80. Cuelgo aquí este texto que publiqué algún tiempo después de su muerte en noviembre de 2003. Víctor, que fue un buen amigo, había nacido en Zaragoza en 1949; en realidad nació en Marruecos, pero él siempre decía que había nacido en su ciudad.  Mariano y Montse, de la galería A del Arte, recibieron ayer una carpeta roja de obras de una larga veintena de artistas: no los recuerdo a todos pero estaban José Beulas, Pascual Blanco, Mariano Castillo, José Luis Cano, José Ramón Magallón, Lina Vila, Ricardo Calero, Alicia Vela, Vicente Villarrocha, Sylvia Pennings, Pepe Bofarull, Natalio Bayo, Steve Gibson, Aurora Charlo, Enrique Larroy, Enrique Carbó, Paco Algaba, José Verón, Ángel Pascual Rodrigo, María José Maynar, Asun Valet, Julia Dorado, Fernando Sinaga, Ignacio Fortún, la fundación Fuendetodos... ]

RETRATO DEL ARTISTA VÍCTOR MIRA


El artista aragonés que más me ha perturbado en los últimos años es Víctor Mira por la complejidad de su universo, por la imbricación entre su obra y su existencia, por su destino final. Poco antes de decir adiós a todo esto, recibí algunas cartas suyas, algunas notas escuetas, dos o tres catálogos dedicados que me parecieron premonitorios. Víctor Mira (1949-2003) era como una casa con fantasmas. Había un momento, una estación o un golpe de viento que los agitaba todos en su interior, y Víctor pasaba de la calma del místico –“Me arrodillo y espero hasta que siento que puedo pintar como un ángel”, dijo. “Para mí el pintor es como un santo, comparte los mismos problemas, la perfección”, declaró-, del tormento interior al insulto, al exabrupto, a la teatralización de su espanto, al rechazo del mundo. Entonces, entendía que la distancia exacta ente los otros y su angustia, y el único bálsamo de su inmenso dolor también, eran la brocha, el lápiz, el bolígrafo, la cámara fotográfica, sus propias manos. El silencio. Incluso en esos estados de creación, que estaban próximos al éxtasis, parecía infeliz, herido en algún cuarto de la sangre por exceso de sensibilidad. O porque era su mejor amigo, era el otro y él mismo simultáneamente, y a la vez su propio lancero homicida. Padeció el drama de la insatisfacción radical.       
Se sentía perseguido y se convertía en un perseguidor. Y al revés: cualquier detalle exterior minaba su fuerza y su entereza, a pesar de que podía ser sarcástico, hiriente, provocador o de una lucidez apabullante, amasada con razones y erudición. Ha sido un rebelde ilustrado –le estimulaba la música, la literatura, el teatro, la poesía, la filosofía…, y de todo ha dejado abundantes huellas- que rara vez podía huir del desarraigo, de la incertidumbre, de la urgencia de trascender y, en el fondo, de la imperiosa necesidad de ser querido. En esa casa con fantasmas que era Víctor Mira, ese árbol humano desmelenado por el vendaval, se aliaban la materia, la materialidad avasalladora, y la creación, la ira con el lirismo más excelso, y el desgarro aparecía una y otra vez entre sombras. Como una mancha de destrucción que se expande. Como una tupida textura de tenebrismo que avanza. Una de esas sombras era la incansable vecindad de la muerte, su demonio particular: quería “ser un artista capaz de soportar el espectro, la metáfora de la muerte”.         
Se entregó a combatirla en una batalla interior, desabrida, que le hacía sentirse víctima y verdugo. Que no le dio un instante de sosiego.  En la muerte estaba casi todo: su propio envés, que era la energía misma de la vida, el sexo, la soledad, la inspiración, el arte, el amor y el desamor, la política, la invención… Víctor Mira fue una ardiente paradoja. Como Goya. Pasión y nieve de llanto sobrehumano. Pese a vivir siempre al límite, en una suerte de exilio buscado, desarrolló una obra rica en hallazgos expresivos, vías de comunicación, experiencias simbólicas y hondura. Mezcló, y modernizó a su manera, la gran tradición del Barroco español (Zurbarán, Valdés Leal, Velázquez); frecuentó la naturaleza muerta con ecos españoles y de los interiores holandeses; asumió una línea mística en la que podía sentirse santo, mártir y hereje, de ahí esas cruces constantes, esa  obsesión por el predicador en el desierto, que es el estilita, altivo y solitario, de ahí esa insistencia en el “pájaro solitario”; conectó con las pinturas negras de Goya, con George  Baselitz, con Joseph Beuys, con Otto Dix, con Vincent Van Gogh, con Andy Warhol, con Salvador Dalí, con Antoni Tàpies y Antonio Saura. E incluso halló otro término en el que se reconocía muy bien: la figura del caminante, ese viajero constante, mental y físico, que desea saciarse de paisajes, de travesías, de laberintos, de un celaje idóneo para el sueño. De ahí que otro cuadro con el que se sentía identificado fuese “Monje junto al mar”, y también con “El viajero contemplando un mar de nubes”, de Caspar David Friedrich, un pintor que fue calificado como “el místico con pincel”, frase que no resultaría inexacta como epíteto de Víctor Mira. Este artista, igual que su interés hacia la poesía de Novalis, lo emparienta con el romanticismo alemán. La suya es una pintura cósmica, matérica y rotunda, llena de expresividad y de convicción.         

En los últimos años realizó numerosos dibujos y tintas donde anunciaba constantes y turbios diálogos consigo mismo ante el espejo, la muerte se mira al espejo, dijo alguna vez, e incluso señaló la senda fatal que iba a tomar. Vivir para él (vivir, amar, pintar: respirar día a día, levantarse de un sueño de espectros) era casi una tarea del héroe de la pintura que no se soporta a sí mismo ni se acomoda, ni halla vericuetos para estar en paz o un camino hacia la felicidad y hacia la risa. Mira fue héroe y antihéroe. Escribió: “El héroe enfatiza la fuerza; el antihéroe personifica la poesía”. Ésa es una de las sensaciones más nítidas que nos invade al enfrentarnos a su arte, a sus diarios, a sus confesiones, a su teatro. Sin embargo, de cerca, era divertido, risueño, cariñoso, apasionado. Vulnerable como un niño, proclive al asombro o al candor. Alocado como la sinrazón y el deseo. Tenía algo de animal extraviado y a la intemperie, acosado por otras alimañas, que se adentra en el infinito bosque de la noche.         

De golpe, reflexionaba y sentía que tenía raíces. Bajo la estampa del cielo azul de Zaragoza, elogiaba el Juslibol de su infancia, el río Ebro, Zaragoza, la ciudad donde dijo haber nacido en 1949. La ciudad donde quiso que se iniciase su biografía. En uno de sus espléndidos libros: “En España no se puede dormir”, había anticipado su destino: “Niego que en mí exista vida alguna y me horroriza no estar muerto y tener que sentir la repugnante vida latir como un animal antiguo”. En otras prosas, de manera aún más explícita, dijo: “Lo intenté varias veces [el suicidio], la más serie de las veces fue en Madrid. Pero también en Zaragoza, donde un día, con toda la desolación de la necesidad, puse mi cabeza sobre los raíles y esperé, todo envuelto en adioses, la llegada de un tren”. Víctor Mira, como Francisco de Goya, a quien pintó como el perro con sombrero de su propio cuadro, sucumbía a su aniquiladora cabeza y resucitaba desde ella con toda la lucidez del delirio. Era una cabeza que, tal como señaló el propio artista, se alimentaba de escalofríos.

CAÑARTE EN LA PUEBLA DE HÍJAR

CAÑARTE EN LA PUEBLA DE HÍJAR

CAÑARTE: LOS ARTISTAS DE LA CAÑA EN LA PUEBLA DE HÍJAR

Estos días, en La Puebla de Híjar, se organiza el Festival Cañarte, un Encuentro de Artistas Plásticos en torno a la caña, en el que participarán 27 aristas de Zaragoza y de localidades próximas al Bajo Aragón: Urrea de Gaén, Alcañiz, Andorra, Caspe, Azaila, La Puebla de Híjar, Pina de Ebro o Escatrón. Conviven artistas conocidos como José Luis Cano, Pierre d. La, Eugenio Arnao, Fernando Lasheras, Alberto Gamón, los hermanos Iván y Miguel Ángel Ortiz Albero, Isabel F. Echeverría o José Orna, con otros creadores más jóvenes o menos conocidos entre nosotros, como pueden ser dos artistas mexicanas que viven en Urrea de Gaén. Todos exploran las posibilidades artísticas de la caña. Concha Breto, coordinadora del evento con Eugenio Arnao, me envía una selección de piezas que “destacan por su heterogeneidad, su imaginación y su sentido plástico”.

Este certamen precede a los de los instrumentos musicales y la caña que se celebrará dentro ocho días.

 

*En la imagen 'El Rascatripas' de Iván Ortiz Albero

'MAPA' DE ELÍAS LEÓN SIMINIANI, POR JONÁS TRUEBA

[Está dando mucho que hablar una película que llegará la próxima semana a Zaragoza: ‘Mapa’ de Elías León Siminiani. Una película que parece un falso documental y que es un diario delirante realizado durante cinco años. Jonás Trueba, realizador, guionista y apasionado del corazón de las películas, ha escrito de ella en su blog en ‘El mundo’. Aquí puede leerse su texto, que yo copio en mi blog de manera íntegra.

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/elvientosopladondequiere/2013/02/14/siminiani-justo-a-tiempo.html]

 

SIMINIANI, JUSTO A TIEMPO

Por Jonás TRUEBA

 

 

Al salir de Mapa muchos se preguntan si todo lo que se cuenta en ella es real; y cuanto más lo pienso, más me doy cuenta de que en esa pregunta está la confirmación de su fuerza. Todo es real y no por ello deja de ser ficción. Es la vida misma hecha película.

Como tantos cineastas crecidos en las filmotecas, como aquel Perlov que un día decidió reaprender el cine desde la ventana de su casa, Siminiani también ha tenido que renunciar al cine que una vez soñó para conformarse con el cine que le ha tocado vivir. Nace de una cierta frustración y, sin embargo, es allí donde parece haber encontrado la felicidad. Mapa es el relato de todo esto y, de ahora en adelante, una guía para todos aquellos que andamos un poco desorientados. Es un primer largometraje pero viene precedido por una plétora de cortometrajes, de ficciones que se dan la vuelta como un calcetín, de ensayos fílmicos y autobiográficos, de una fascinante serie de instrucciones para entender el mundo moderno y de algunas pequeñas piezas de orfebrería casera; una obra que Siminiani ha ido tejiendo minuciosamente, en estricta soledad, a base de imperativos categóricos y restricciones creativas: sin duda una de las aventuras más fascinantes de nuestro cine.

El festival Márgenes asumió la iniciativa de enseñarnos a mirar Mapa reuniendo gran parte de estos trabajos anteriores: una hermosa cartografía acompañada de textos iluminadores, dando fe de lo que ya puede considerarse otra manera de disfrutar el cine. Y el cine de Siminiani llega en el momento justo, situándose en el tránsito de la ficción al documental, del cine al digital, de la ciudad al campo, de la vida en pareja a la soledad: en ese punto intermedio o en esa fricción esquizofrénica. Entre guardar las formas, imponiendo cierta distancia intelectual, y el desborde emocional, incontrolable.

Luis E. Parés llama la atención sobre el modo de operar de Siminiani en algunas de sus piezas más logradas, construyendo guiones de hierro soterrados bajo imágenes extraídas de lo real, un poco a la inversa de lo que sucede en la mayoría de las películas que pretenden hibridar la realidad y la ficción. Pero en Mapa el guión parece haber sido construido en función del azar, o más bien al hilo de cómo se van presentando los acontecimientos, en un intento enloquecido de aplacar los vaivenes de la vida, entre fugas y huidas a paisajes exóticos, en la búsqueda de una calma y de un nuevo amor que no llega, echando mano de viejos amores y también del cine, por qué no: siempre ha tenido efectos terapeúticos y nunca ha dejado de dar cobijo a los que le son fieles.

Si es verdad eso de que el cine va perdiendo fuerza como espectáculo gregario y que los que seguimos acudiendo a él nos parecemos cada vez más a aquellos cristianos en las catacumbas, entonces es posible que ese cine del mañana haya llegado definitivamente para quedarse. Mapa de Siminiani lo indica claramente: el cine ya solo puede ser un acto de amor.

 

[Otro especialista en cine, como Gregorio Belinchón, que firma en ’El País’ y ha publicado numerosos reportajes y estudios de cine, publicaba esta noticia sobre Seminiani en ’El País’ el pasado 31 de enero.]

 

http://www.google.es/imgres?imgurl=https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-8ccfd696f3ee2ca8f440520b606e4a46.jpg&imgrefurl=http://cultura.elpais.com/cultura/2013/01/30/actualidad/1359575636_514027.html&usg=__5v_dx6ekQ4WK7asIRCMdiSRmPHo=&h=418&w=560&sz=38&hl=es&start=14&sig2=DiHFriKBxHjxcqidFO5y5g&zoom=1&tbnid=Yr6GefCJse6koM:&tbnh=99&tbnw=133&ei=NK0nUdCZNeeN0AWikoHQBA&prev=/search%3Fq%3DmAPA%2BDE%2BEL%25C3%258DAS%2BLE%25C3%2593N%2BSIMINIANI%26hl%3Des%26gbv%3D2%26tbm%3Disch&itbs=1&sa=X&ved=0CEQQrQMwDQ

EL TRISTE (E IRÓNICO) DESVARÍO

DE DESAMOR DE UN CINEASTA

 

Por Gregorio BELINCHÓN

 

Érase una vez un cortometrajista de reputada carrera, que entró en la vorágine de las series de televisión y acabó desnortado. En lo profesional y en lo personal. Érase una vez Elías León Siminiani (Santander, 1971), un cineasta que en 2008 empezó a grabar su vida —“como si el amor pudiese demostrarse a posteriori en vídeos”, dice con sorna su propia voz en off—, sus desvaríos de enamorado, que le llevaron a vagar durante meses por India, a dejar de lado la película, a retomarla y a acabar rematándola a inicios de septiembre de 2010. Mapa, que así se llama el documental autobiográfico, se estrena mañana en cines y es candidato al Goya en su categoría. Y demuestra un humor socarrón y liberador en el alma de un tipo que en pantalla es capaz de llevarse la contraria con una voz que bautiza como el Otro.

“Todo lo que cuento es 100% real. Aunque ya me he alejado de mí mismo con este personaje... bueno, aún estoy luchando. Me ha ayudado el tiempo, porque han pasado cuatro años desde el inicio. Agradezco a las dos productoras que hayan apoyado durante este largo periodo el proyecto”. Su Siminiani de Mapa está más cerca de los personajes del actual boom del cómic autobiográfico que del Cercas más reelaborado de Soldados de Salamina. “Pero el tono de Javier Cercas está muy presente, porque bebe del nuevo periodismo de los sesenta, que adopta diversos aspectos dramatúrgicos para ayudar a la narración”. El director saca a su exnovia, explica cómo se va a India tras el rastro de otra chica cuando una canción de Matthew Sweet, Walk out, le enciende el alma. De paso, un poco de Wong Kar-Wai, de Truffaut, de Hitchcock... Referencias para la generación que nació a inicios de los setenta. “Son ganchos que lanzo al público. Porque lo que yo deseo es comunicarme con el espectador, que el filme sea entretenido”. ¿La mayor batalla de Mapa? “Saber dónde situarme”, dice, mencionando los trabajos de Cavalier, Marker o I’m still here, con Joaquin Phoenix. “Uno de los grandes peligros era encontrar la frontera entre lo público y lo privado. La presencia del Otro desarticula los riesgos que se cruzaban en la historia”.

Mapa es, en el fondo, una comedia divertidísima porque todos nos podemos ver retratados en Siminiani, porque es humano enamorarte de alguien que ni es consciente de lo que ha provocado en tu interior. “Ainhoa, mi exnovia, mi amiga, ha sido cómplice absoluta de mi debut en el largo [magistral el momento en que ella le ofrece con inocencia unas moras para comer y él está a punto de derrumbarse llorando]. En cuanto a Luna [nombre ficticio de la chica por la que va a India], hizo dos veces de filtro. La última, cuando ya vio la película acabada. Le impactó lo que había provocado en el protagonista”, cuenta el director, usando la tercera persona para distanciarse.

 

El cineasta tiene una legión de amigos-fans en el cine: Eduardo Chapero-Jackson, Isaki Lacuesta, Andrés Duque, David Pinillos (que califica a Siminiani como “talentazo, el tipo que mejor pilla la verdad, el motor detrás de todos nosotros”) y Daniel Sánchez Arévalo, que aparece en Mapa: “Elías es neurótico, despistado, perfeccionista hasta la parálisis, despistado... y encantador”.

El Siminiani presente ha encontrado su carrera en este juego ficción / no ficción con una serie de cortos documentales y con El premio, candidato el año pasado a los Goya, que mezcla verdades y mentiras sobre la candidatura al Goya a la mejor actriz secundaria de Pilar Castro por Gordos. “Me gustaría seguir por ahí, por combinar al 50% ficción / no ficción”. Y no olvidará dos de los descubrimientos de Mapa: la grabación de las fachadas de edificios racionalistas para no mezclarse con la vida que le rodea en la calle —“Tengo un proyecto sobre el espacio urbano que irá por ahí”— o el delirio de enfocar a una vaca lejana mientras rehúye a un niño que le pide que le grabe. “El prota va buscando algo sin darse cuenta de que está delante de sus narices. Toda una lección de vida. La voz lo explica... En realidad, es que ya he incluido de oficio los audiocomentarios cañeros de extras de los DVD”. Como le dice Ainhoa, mientras graba ella al final. “Anda, haz el favor de seguir y cállate ya”. El Otro estaría orgulloso.

SACRISTÁN, POR SERGIO CASADO

SACRISTÁN, POR SERGIO CASADO

[Sergio Casado es un cinéfilo incansable, pero también es biógrafo de Sinead O’Connor, Enya o Alanis Morrisette. Ha publicado un libro sobre Adolfo Aristarain, trabaja en otro sobre Mario Camus y siempre está lleno de proyectos. Uno de ellos es, con la ayuda de algunos amigos, la reapertura de los cine Renoir, donde trabajaba. Acaba de publicar en Soyuz este artículo sobre José Sacristán, que, esta noche, podría recibir el premio Goya a la mejor interpretación por ‘El muerto y ser feliz’ de Javier Rebollo. Cuelgo aquí esta foto y la foto de Sergio con Luis Alegre y José Sacristán.]

  

El Actor Labrador

 

 

“Estimo a quien de un revés

echa por tierra un tirano:

lo estimo, si es cubano;

lo estimo, si aragonés”.   

José Martí.

 

 Por Sergio CASADO

Daba la impresión de no ser casual entrar en la sala Amparo Poch (anarquista y librepensadora) del Paraninfo de Zaragoza con tiempo de sobra.   Apenas había todavía periodistas en una fría tarde de Enero, así que pude acercarme a la placa con la cita de José Martí.  La apunté en una pequeña libreta mientras esperábamos a Pepe Sacristán, que venía a Zaragoza, al Teatro Principal, a representar su nueva obra “Yo soy Don Quijote de la Mancha”.

 

La tiranía de estos días, de la ignorancia, del conformismo, del desánimo, siempre estuvo ahí, como tal.   Pero a veces parece atenazarnos, recordarnos con más fuerza que está a nuestro lado, permanentemente.  Pepe Sacristán nos estrecha la mano con fuerza, sonriente, con un espíritu joven.    Tiene setenta y cinco años, pero su voz honda, serena, no es la de alguien cansado de vivir, sino la de alguien lúcido, sano, muy vivo.   Mientras se sienta, pletórico, su voz inunda la sala: “Aquí no hay nada que celebrar.  De momento”.  

 

Luis Alegre le pregunta por su momento de oro, actual, el del éxito de su obra teatral y sus recientes trabajos para el cine en “Madrid, 1987” y “El muerto y ser feliz”, dos películas arriesgadas que él engrandeció y le engrandecen a él.  El premio Goya parece esperarle este año, pero él no parece tomarlo en serio (“¡si no lo gano, peor para mí!”) y de inmediato intenta dejar claro que el Sacristán actor es también Sacristán ciudadano, mientras comenta y se indigna por el esperpento cotidiano de periodistas falsas pagadas a precio de oro, o tesoreros con cuentas en Suiza.   Insiste en que el Sacristán cómico y el Sacristán ciudadano van de la mano, deseando pensar “que somos de alguna utilidad al que nos escucha”.  En varias ocasiones, en esta sala, y después en el Aula Magna, recordará la figura de Fernando Fernán-Gómez, espíritu que le guía, al que admiró y sin duda quiso parecerse.  Quizá, pensó el joven Pepe Sacristán, si se esforzaba, si dedicaba su máximo interés a la interpretación, a su oficio, podría soñar con ser algún día un actor de auténtica talla, como Fernán-Gómez.  Así que se refiere a la necesidad, que aprendió de Fernando, de no descuidar el trabajo del actor respecto a la sociedad.

 

¿Qué sucedió? ¿Cómo ha llegado a ser el que es?  Sacristán era hijo de un republicano que estuvo en las cárceles franquistas, militante del partido comunista en la clandestinidad: “Vengo de la Castilla campesina de los años treinta”.  Actor labrador, pero que se define sanchesco de origen y quijotesco de aspiración.  Aquel joven Sacristán de la posguerra vivía con su familia, todos juntos, cinco en una habitación, aprendiendo en clases con profesores republicanos represaliados, que en lugar de imponerle oraciones por las noches, le leían un trocito del Quijote.

 

Un actor que sabía lo que es el hambre, un actor labrador con sabañones, que no quiso ser mecánico, y que haciendo el servicio militar en Melilla, declaró la guerra a la tiranía de la ignorancia, de no saber, de no leer, de no formarse.  Sacristán compró el libro de Stanislavsky, la preparación del actor, y como aficionado primero, luego con pequeños papeles, estaba dispuesto a todo por no conformarse en la oscuridad franquista.  De las bibliotecas públicas a las lecturas recomendadas por compañeros y amigos, y de ahí a trabajar cuantas horas fueran necesarias.  Recuerda hacer siete papeles distintos en una representación de “Julio César”, en 1964.  

 

La vida es a menudo representación, y nada mejor para un actor que pasar por Zaragoza, por el Teatro Principal, que es la Vida, y referirse a la interpretación como a un juego (“Es como un juguete, divertido”).  La vida también es juego.  El Juego.  Y Sacristán se empeñó en ganar en ese Juego.  Sin él la vida sería un absurdo para él: “Si no estoy ahí no me divierto”.  Por eso cuando le pregunto que significa para él trabajar en el Teatro Principal de Zaragoza, sonríe: “¿Cómo me preguntas eso, si ya sabes la respuesta?”  Le respondo que quiero escucharlo en sus palabras y sitúa el Teatro Principal entre lo mejor de lo mejor: “Estar en el Teatro Principal es un privilegio”. 

 

“Aquel crío de Chinchón vio una película en su pueblo y quiso ser aquel comanche, mosquetero, gángster...”  Son sus palabras.  El origen de ese inconformista que de nuevo vuelve a Fernando Fernán-Gómez.  El sueño de ser como él, de tener su estatura, de seguir la disciplina que él le aconsejaba, pero desde la humildad: “La cultura de Fernando era inmensa”.

 

Sacristán, ya actor, duda de todo, como buen lector. Vuelve a referirse a la incertidumbre de estos días, a la necesidad de tener una voz propia. ¿Lee el periódico todavía, cada día?: “Tengo que comprar más de uno.  No me fío y después de leerlos todos me fío menos”.

 

Desde su debut con Fernando Palacios en “La familia y uno más” (1965), el conformismo nunca llegó y por eso Sacristán ya no sólo se alimentó y aprendió del trabajo de los compañeros, sino también de los grandes papeles, teatrales y cinematográficos, como el Martín Marco de “La colmena”, el Carlos Galván de “El viaje a ninguna parte”, o el geólogo Hans Mayer Plaza de “Un lugar en el mundo”.

 

Y Sacristán podía trabajar en musicales, siendo ya ese Don Quijote que soñaba ser, en “El hombre de la Mancha”.  Actor labrador y cantante. Y ya la minúscula se hacía mayúscula, Actor, como el Maestro Fernando Fernán-Gómez.  Antes de que los fotógrafos le retraten en el Paraninfo, su ejemplo, la figura en la que se ha convertido, resuenan en su reflexión, en la necesidad de “presentar batalla a la necedad y el atropello”.  Continúa: “Hemos estado alimentando al monstruo y nos tiene cogidos por los huevos”.  Así el arte se convierte en un instante de felicidad, ese juego al que se refiere, pero el ciudadano, formado, luchará como actor para que además de ese instante de felicidad exista, quepa también una reflexión: “Quiero salir todos los días a librar la batalla de la dignidad, incluso de la alegría, de la felicidad y la lealtad”. 

 

Lo ha logrado. Pepe Sacristán es Fernando Fernán-Gómez. Pepé Sacristán es Don Quijote.

 

 

LUISA GAVASA, POR ALBERTO BONGIORNO

LUISA GAVASA, POR ALBERTO BONGIORNO

LUISA GAVASA: RETRATO DE UNA ACTRIZ CON VERDAD

Luisa Gavasa es una actriz impresionante: llena la pantalla con su hondura, con sus gestos medidos, con su dominio del espacio y de la voz, con su energía. Se formó en Barcelona y con Mariano Cariñena en el Teatro Estable. Ha trabajado en teatro, cine y televisión, y siempre ha sido una rebelde apacible, una mujer de emociones que no va de nada. Mira el mundo y el mundo se tambalea: registra como un espejo o una cámara su verdad. La hemos visto en muchos lugares, pero sobre todo conmovía, de nuevo, en ‘De tu ventana a la mía’, en la calle Alfonso. Este año será distinguida por las Jornadas de Cine de La Almunia. Esta preciosa foto es de Alberto Bongiorno, que le ha hecho una de retratos y me ha cedido este para la página con absoluta gentileza.