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Antón Castro

Artistas

VÍCTOR MIRA, POR ROGELIO ALLEPUZ 2

VÍCTOR MIRA, POR ROGELIO ALLEPUZ 2

Rogelio Allepuz, ese maestro de fotógrafos tanto en ‘El día de Aragón’ como en ‘El Periódico de Aragón’, me ha enviado una segunda foto de Víctor Mira. Una de las más famosas y una de las mejores; anuncia la compleja personalidad del artista, su fragilidad, su convivencia con el dolor y con la muerte, el abismo del amor y la creación en el que vivía.

VÍCTOR MIRA: UN DOBLE RETRATO

VÍCTOR MIRA: UN DOBLE RETRATO

[Rogelio Allepuz, el espléndido fotógrafo, me envía un par de fotos de Víctor Mira. La Galería A del Arte presenta el proyecto ’Cada vez única’, coordinado por Chus Tudelilla, y dentro de él la exposición ’Preferencia por lo primitivo’, Víctor Mira-Mariano Santander, con una excelente selección de grabados sobre todo de los años 80. Cuelgo aquí este texto que publiqué algún tiempo después de su muerte en noviembre de 2003. Víctor, que fue un buen amigo, había nacido en Zaragoza en 1949; en realidad nació en Marruecos, pero él siempre decía que había nacido en su ciudad.  Mariano y Montse, de la galería A del Arte, recibieron ayer una carpeta roja de obras de una larga veintena de artistas: no los recuerdo a todos pero estaban José Beulas, Pascual Blanco, Mariano Castillo, José Luis Cano, José Ramón Magallón, Lina Vila, Ricardo Calero, Alicia Vela, Vicente Villarrocha, Sylvia Pennings, Pepe Bofarull, Natalio Bayo, Steve Gibson, Aurora Charlo, Enrique Larroy, Enrique Carbó, Paco Algaba, José Verón, Ángel Pascual Rodrigo, María José Maynar, Asun Valet, Julia Dorado, Fernando Sinaga, Ignacio Fortún, la fundación Fuendetodos... ]

RETRATO DEL ARTISTA VÍCTOR MIRA


El artista aragonés que más me ha perturbado en los últimos años es Víctor Mira por la complejidad de su universo, por la imbricación entre su obra y su existencia, por su destino final. Poco antes de decir adiós a todo esto, recibí algunas cartas suyas, algunas notas escuetas, dos o tres catálogos dedicados que me parecieron premonitorios. Víctor Mira (1949-2003) era como una casa con fantasmas. Había un momento, una estación o un golpe de viento que los agitaba todos en su interior, y Víctor pasaba de la calma del místico –“Me arrodillo y espero hasta que siento que puedo pintar como un ángel”, dijo. “Para mí el pintor es como un santo, comparte los mismos problemas, la perfección”, declaró-, del tormento interior al insulto, al exabrupto, a la teatralización de su espanto, al rechazo del mundo. Entonces, entendía que la distancia exacta ente los otros y su angustia, y el único bálsamo de su inmenso dolor también, eran la brocha, el lápiz, el bolígrafo, la cámara fotográfica, sus propias manos. El silencio. Incluso en esos estados de creación, que estaban próximos al éxtasis, parecía infeliz, herido en algún cuarto de la sangre por exceso de sensibilidad. O porque era su mejor amigo, era el otro y él mismo simultáneamente, y a la vez su propio lancero homicida. Padeció el drama de la insatisfacción radical.       
Se sentía perseguido y se convertía en un perseguidor. Y al revés: cualquier detalle exterior minaba su fuerza y su entereza, a pesar de que podía ser sarcástico, hiriente, provocador o de una lucidez apabullante, amasada con razones y erudición. Ha sido un rebelde ilustrado –le estimulaba la música, la literatura, el teatro, la poesía, la filosofía…, y de todo ha dejado abundantes huellas- que rara vez podía huir del desarraigo, de la incertidumbre, de la urgencia de trascender y, en el fondo, de la imperiosa necesidad de ser querido. En esa casa con fantasmas que era Víctor Mira, ese árbol humano desmelenado por el vendaval, se aliaban la materia, la materialidad avasalladora, y la creación, la ira con el lirismo más excelso, y el desgarro aparecía una y otra vez entre sombras. Como una mancha de destrucción que se expande. Como una tupida textura de tenebrismo que avanza. Una de esas sombras era la incansable vecindad de la muerte, su demonio particular: quería “ser un artista capaz de soportar el espectro, la metáfora de la muerte”.         
Se entregó a combatirla en una batalla interior, desabrida, que le hacía sentirse víctima y verdugo. Que no le dio un instante de sosiego.  En la muerte estaba casi todo: su propio envés, que era la energía misma de la vida, el sexo, la soledad, la inspiración, el arte, el amor y el desamor, la política, la invención… Víctor Mira fue una ardiente paradoja. Como Goya. Pasión y nieve de llanto sobrehumano. Pese a vivir siempre al límite, en una suerte de exilio buscado, desarrolló una obra rica en hallazgos expresivos, vías de comunicación, experiencias simbólicas y hondura. Mezcló, y modernizó a su manera, la gran tradición del Barroco español (Zurbarán, Valdés Leal, Velázquez); frecuentó la naturaleza muerta con ecos españoles y de los interiores holandeses; asumió una línea mística en la que podía sentirse santo, mártir y hereje, de ahí esas cruces constantes, esa  obsesión por el predicador en el desierto, que es el estilita, altivo y solitario, de ahí esa insistencia en el “pájaro solitario”; conectó con las pinturas negras de Goya, con George  Baselitz, con Joseph Beuys, con Otto Dix, con Vincent Van Gogh, con Andy Warhol, con Salvador Dalí, con Antoni Tàpies y Antonio Saura. E incluso halló otro término en el que se reconocía muy bien: la figura del caminante, ese viajero constante, mental y físico, que desea saciarse de paisajes, de travesías, de laberintos, de un celaje idóneo para el sueño. De ahí que otro cuadro con el que se sentía identificado fuese “Monje junto al mar”, y también con “El viajero contemplando un mar de nubes”, de Caspar David Friedrich, un pintor que fue calificado como “el místico con pincel”, frase que no resultaría inexacta como epíteto de Víctor Mira. Este artista, igual que su interés hacia la poesía de Novalis, lo emparienta con el romanticismo alemán. La suya es una pintura cósmica, matérica y rotunda, llena de expresividad y de convicción.         

En los últimos años realizó numerosos dibujos y tintas donde anunciaba constantes y turbios diálogos consigo mismo ante el espejo, la muerte se mira al espejo, dijo alguna vez, e incluso señaló la senda fatal que iba a tomar. Vivir para él (vivir, amar, pintar: respirar día a día, levantarse de un sueño de espectros) era casi una tarea del héroe de la pintura que no se soporta a sí mismo ni se acomoda, ni halla vericuetos para estar en paz o un camino hacia la felicidad y hacia la risa. Mira fue héroe y antihéroe. Escribió: “El héroe enfatiza la fuerza; el antihéroe personifica la poesía”. Ésa es una de las sensaciones más nítidas que nos invade al enfrentarnos a su arte, a sus diarios, a sus confesiones, a su teatro. Sin embargo, de cerca, era divertido, risueño, cariñoso, apasionado. Vulnerable como un niño, proclive al asombro o al candor. Alocado como la sinrazón y el deseo. Tenía algo de animal extraviado y a la intemperie, acosado por otras alimañas, que se adentra en el infinito bosque de la noche.         

De golpe, reflexionaba y sentía que tenía raíces. Bajo la estampa del cielo azul de Zaragoza, elogiaba el Juslibol de su infancia, el río Ebro, Zaragoza, la ciudad donde dijo haber nacido en 1949. La ciudad donde quiso que se iniciase su biografía. En uno de sus espléndidos libros: “En España no se puede dormir”, había anticipado su destino: “Niego que en mí exista vida alguna y me horroriza no estar muerto y tener que sentir la repugnante vida latir como un animal antiguo”. En otras prosas, de manera aún más explícita, dijo: “Lo intenté varias veces [el suicidio], la más serie de las veces fue en Madrid. Pero también en Zaragoza, donde un día, con toda la desolación de la necesidad, puse mi cabeza sobre los raíles y esperé, todo envuelto en adioses, la llegada de un tren”. Víctor Mira, como Francisco de Goya, a quien pintó como el perro con sombrero de su propio cuadro, sucumbía a su aniquiladora cabeza y resucitaba desde ella con toda la lucidez del delirio. Era una cabeza que, tal como señaló el propio artista, se alimentaba de escalofríos.

CAÑARTE EN LA PUEBLA DE HÍJAR

CAÑARTE EN LA PUEBLA DE HÍJAR

CAÑARTE: LOS ARTISTAS DE LA CAÑA EN LA PUEBLA DE HÍJAR

Estos días, en La Puebla de Híjar, se organiza el Festival Cañarte, un Encuentro de Artistas Plásticos en torno a la caña, en el que participarán 27 aristas de Zaragoza y de localidades próximas al Bajo Aragón: Urrea de Gaén, Alcañiz, Andorra, Caspe, Azaila, La Puebla de Híjar, Pina de Ebro o Escatrón. Conviven artistas conocidos como José Luis Cano, Pierre d. La, Eugenio Arnao, Fernando Lasheras, Alberto Gamón, los hermanos Iván y Miguel Ángel Ortiz Albero, Isabel F. Echeverría o José Orna, con otros creadores más jóvenes o menos conocidos entre nosotros, como pueden ser dos artistas mexicanas que viven en Urrea de Gaén. Todos exploran las posibilidades artísticas de la caña. Concha Breto, coordinadora del evento con Eugenio Arnao, me envía una selección de piezas que “destacan por su heterogeneidad, su imaginación y su sentido plástico”.

Este certamen precede a los de los instrumentos musicales y la caña que se celebrará dentro ocho días.

 

*En la imagen 'El Rascatripas' de Iván Ortiz Albero

'MAPA' DE ELÍAS LEÓN SIMINIANI, POR JONÁS TRUEBA

[Está dando mucho que hablar una película que llegará la próxima semana a Zaragoza: ‘Mapa’ de Elías León Siminiani. Una película que parece un falso documental y que es un diario delirante realizado durante cinco años. Jonás Trueba, realizador, guionista y apasionado del corazón de las películas, ha escrito de ella en su blog en ‘El mundo’. Aquí puede leerse su texto, que yo copio en mi blog de manera íntegra.

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/elvientosopladondequiere/2013/02/14/siminiani-justo-a-tiempo.html]

 

SIMINIANI, JUSTO A TIEMPO

Por Jonás TRUEBA

 

 

Al salir de Mapa muchos se preguntan si todo lo que se cuenta en ella es real; y cuanto más lo pienso, más me doy cuenta de que en esa pregunta está la confirmación de su fuerza. Todo es real y no por ello deja de ser ficción. Es la vida misma hecha película.

Como tantos cineastas crecidos en las filmotecas, como aquel Perlov que un día decidió reaprender el cine desde la ventana de su casa, Siminiani también ha tenido que renunciar al cine que una vez soñó para conformarse con el cine que le ha tocado vivir. Nace de una cierta frustración y, sin embargo, es allí donde parece haber encontrado la felicidad. Mapa es el relato de todo esto y, de ahora en adelante, una guía para todos aquellos que andamos un poco desorientados. Es un primer largometraje pero viene precedido por una plétora de cortometrajes, de ficciones que se dan la vuelta como un calcetín, de ensayos fílmicos y autobiográficos, de una fascinante serie de instrucciones para entender el mundo moderno y de algunas pequeñas piezas de orfebrería casera; una obra que Siminiani ha ido tejiendo minuciosamente, en estricta soledad, a base de imperativos categóricos y restricciones creativas: sin duda una de las aventuras más fascinantes de nuestro cine.

El festival Márgenes asumió la iniciativa de enseñarnos a mirar Mapa reuniendo gran parte de estos trabajos anteriores: una hermosa cartografía acompañada de textos iluminadores, dando fe de lo que ya puede considerarse otra manera de disfrutar el cine. Y el cine de Siminiani llega en el momento justo, situándose en el tránsito de la ficción al documental, del cine al digital, de la ciudad al campo, de la vida en pareja a la soledad: en ese punto intermedio o en esa fricción esquizofrénica. Entre guardar las formas, imponiendo cierta distancia intelectual, y el desborde emocional, incontrolable.

Luis E. Parés llama la atención sobre el modo de operar de Siminiani en algunas de sus piezas más logradas, construyendo guiones de hierro soterrados bajo imágenes extraídas de lo real, un poco a la inversa de lo que sucede en la mayoría de las películas que pretenden hibridar la realidad y la ficción. Pero en Mapa el guión parece haber sido construido en función del azar, o más bien al hilo de cómo se van presentando los acontecimientos, en un intento enloquecido de aplacar los vaivenes de la vida, entre fugas y huidas a paisajes exóticos, en la búsqueda de una calma y de un nuevo amor que no llega, echando mano de viejos amores y también del cine, por qué no: siempre ha tenido efectos terapeúticos y nunca ha dejado de dar cobijo a los que le son fieles.

Si es verdad eso de que el cine va perdiendo fuerza como espectáculo gregario y que los que seguimos acudiendo a él nos parecemos cada vez más a aquellos cristianos en las catacumbas, entonces es posible que ese cine del mañana haya llegado definitivamente para quedarse. Mapa de Siminiani lo indica claramente: el cine ya solo puede ser un acto de amor.

 

[Otro especialista en cine, como Gregorio Belinchón, que firma en ’El País’ y ha publicado numerosos reportajes y estudios de cine, publicaba esta noticia sobre Seminiani en ’El País’ el pasado 31 de enero.]

 

http://www.google.es/imgres?imgurl=https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-8ccfd696f3ee2ca8f440520b606e4a46.jpg&imgrefurl=http://cultura.elpais.com/cultura/2013/01/30/actualidad/1359575636_514027.html&usg=__5v_dx6ekQ4WK7asIRCMdiSRmPHo=&h=418&w=560&sz=38&hl=es&start=14&sig2=DiHFriKBxHjxcqidFO5y5g&zoom=1&tbnid=Yr6GefCJse6koM:&tbnh=99&tbnw=133&ei=NK0nUdCZNeeN0AWikoHQBA&prev=/search%3Fq%3DmAPA%2BDE%2BEL%25C3%258DAS%2BLE%25C3%2593N%2BSIMINIANI%26hl%3Des%26gbv%3D2%26tbm%3Disch&itbs=1&sa=X&ved=0CEQQrQMwDQ

EL TRISTE (E IRÓNICO) DESVARÍO

DE DESAMOR DE UN CINEASTA

 

Por Gregorio BELINCHÓN

 

Érase una vez un cortometrajista de reputada carrera, que entró en la vorágine de las series de televisión y acabó desnortado. En lo profesional y en lo personal. Érase una vez Elías León Siminiani (Santander, 1971), un cineasta que en 2008 empezó a grabar su vida —“como si el amor pudiese demostrarse a posteriori en vídeos”, dice con sorna su propia voz en off—, sus desvaríos de enamorado, que le llevaron a vagar durante meses por India, a dejar de lado la película, a retomarla y a acabar rematándola a inicios de septiembre de 2010. Mapa, que así se llama el documental autobiográfico, se estrena mañana en cines y es candidato al Goya en su categoría. Y demuestra un humor socarrón y liberador en el alma de un tipo que en pantalla es capaz de llevarse la contraria con una voz que bautiza como el Otro.

“Todo lo que cuento es 100% real. Aunque ya me he alejado de mí mismo con este personaje... bueno, aún estoy luchando. Me ha ayudado el tiempo, porque han pasado cuatro años desde el inicio. Agradezco a las dos productoras que hayan apoyado durante este largo periodo el proyecto”. Su Siminiani de Mapa está más cerca de los personajes del actual boom del cómic autobiográfico que del Cercas más reelaborado de Soldados de Salamina. “Pero el tono de Javier Cercas está muy presente, porque bebe del nuevo periodismo de los sesenta, que adopta diversos aspectos dramatúrgicos para ayudar a la narración”. El director saca a su exnovia, explica cómo se va a India tras el rastro de otra chica cuando una canción de Matthew Sweet, Walk out, le enciende el alma. De paso, un poco de Wong Kar-Wai, de Truffaut, de Hitchcock... Referencias para la generación que nació a inicios de los setenta. “Son ganchos que lanzo al público. Porque lo que yo deseo es comunicarme con el espectador, que el filme sea entretenido”. ¿La mayor batalla de Mapa? “Saber dónde situarme”, dice, mencionando los trabajos de Cavalier, Marker o I’m still here, con Joaquin Phoenix. “Uno de los grandes peligros era encontrar la frontera entre lo público y lo privado. La presencia del Otro desarticula los riesgos que se cruzaban en la historia”.

Mapa es, en el fondo, una comedia divertidísima porque todos nos podemos ver retratados en Siminiani, porque es humano enamorarte de alguien que ni es consciente de lo que ha provocado en tu interior. “Ainhoa, mi exnovia, mi amiga, ha sido cómplice absoluta de mi debut en el largo [magistral el momento en que ella le ofrece con inocencia unas moras para comer y él está a punto de derrumbarse llorando]. En cuanto a Luna [nombre ficticio de la chica por la que va a India], hizo dos veces de filtro. La última, cuando ya vio la película acabada. Le impactó lo que había provocado en el protagonista”, cuenta el director, usando la tercera persona para distanciarse.

 

El cineasta tiene una legión de amigos-fans en el cine: Eduardo Chapero-Jackson, Isaki Lacuesta, Andrés Duque, David Pinillos (que califica a Siminiani como “talentazo, el tipo que mejor pilla la verdad, el motor detrás de todos nosotros”) y Daniel Sánchez Arévalo, que aparece en Mapa: “Elías es neurótico, despistado, perfeccionista hasta la parálisis, despistado... y encantador”.

El Siminiani presente ha encontrado su carrera en este juego ficción / no ficción con una serie de cortos documentales y con El premio, candidato el año pasado a los Goya, que mezcla verdades y mentiras sobre la candidatura al Goya a la mejor actriz secundaria de Pilar Castro por Gordos. “Me gustaría seguir por ahí, por combinar al 50% ficción / no ficción”. Y no olvidará dos de los descubrimientos de Mapa: la grabación de las fachadas de edificios racionalistas para no mezclarse con la vida que le rodea en la calle —“Tengo un proyecto sobre el espacio urbano que irá por ahí”— o el delirio de enfocar a una vaca lejana mientras rehúye a un niño que le pide que le grabe. “El prota va buscando algo sin darse cuenta de que está delante de sus narices. Toda una lección de vida. La voz lo explica... En realidad, es que ya he incluido de oficio los audiocomentarios cañeros de extras de los DVD”. Como le dice Ainhoa, mientras graba ella al final. “Anda, haz el favor de seguir y cállate ya”. El Otro estaría orgulloso.

SACRISTÁN, POR SERGIO CASADO

SACRISTÁN, POR SERGIO CASADO

[Sergio Casado es un cinéfilo incansable, pero también es biógrafo de Sinead O’Connor, Enya o Alanis Morrisette. Ha publicado un libro sobre Adolfo Aristarain, trabaja en otro sobre Mario Camus y siempre está lleno de proyectos. Uno de ellos es, con la ayuda de algunos amigos, la reapertura de los cine Renoir, donde trabajaba. Acaba de publicar en Soyuz este artículo sobre José Sacristán, que, esta noche, podría recibir el premio Goya a la mejor interpretación por ‘El muerto y ser feliz’ de Javier Rebollo. Cuelgo aquí esta foto y la foto de Sergio con Luis Alegre y José Sacristán.]

  

El Actor Labrador

 

 

“Estimo a quien de un revés

echa por tierra un tirano:

lo estimo, si es cubano;

lo estimo, si aragonés”.   

José Martí.

 

 Por Sergio CASADO

Daba la impresión de no ser casual entrar en la sala Amparo Poch (anarquista y librepensadora) del Paraninfo de Zaragoza con tiempo de sobra.   Apenas había todavía periodistas en una fría tarde de Enero, así que pude acercarme a la placa con la cita de José Martí.  La apunté en una pequeña libreta mientras esperábamos a Pepe Sacristán, que venía a Zaragoza, al Teatro Principal, a representar su nueva obra “Yo soy Don Quijote de la Mancha”.

 

La tiranía de estos días, de la ignorancia, del conformismo, del desánimo, siempre estuvo ahí, como tal.   Pero a veces parece atenazarnos, recordarnos con más fuerza que está a nuestro lado, permanentemente.  Pepe Sacristán nos estrecha la mano con fuerza, sonriente, con un espíritu joven.    Tiene setenta y cinco años, pero su voz honda, serena, no es la de alguien cansado de vivir, sino la de alguien lúcido, sano, muy vivo.   Mientras se sienta, pletórico, su voz inunda la sala: “Aquí no hay nada que celebrar.  De momento”.  

 

Luis Alegre le pregunta por su momento de oro, actual, el del éxito de su obra teatral y sus recientes trabajos para el cine en “Madrid, 1987” y “El muerto y ser feliz”, dos películas arriesgadas que él engrandeció y le engrandecen a él.  El premio Goya parece esperarle este año, pero él no parece tomarlo en serio (“¡si no lo gano, peor para mí!”) y de inmediato intenta dejar claro que el Sacristán actor es también Sacristán ciudadano, mientras comenta y se indigna por el esperpento cotidiano de periodistas falsas pagadas a precio de oro, o tesoreros con cuentas en Suiza.   Insiste en que el Sacristán cómico y el Sacristán ciudadano van de la mano, deseando pensar “que somos de alguna utilidad al que nos escucha”.  En varias ocasiones, en esta sala, y después en el Aula Magna, recordará la figura de Fernando Fernán-Gómez, espíritu que le guía, al que admiró y sin duda quiso parecerse.  Quizá, pensó el joven Pepe Sacristán, si se esforzaba, si dedicaba su máximo interés a la interpretación, a su oficio, podría soñar con ser algún día un actor de auténtica talla, como Fernán-Gómez.  Así que se refiere a la necesidad, que aprendió de Fernando, de no descuidar el trabajo del actor respecto a la sociedad.

 

¿Qué sucedió? ¿Cómo ha llegado a ser el que es?  Sacristán era hijo de un republicano que estuvo en las cárceles franquistas, militante del partido comunista en la clandestinidad: “Vengo de la Castilla campesina de los años treinta”.  Actor labrador, pero que se define sanchesco de origen y quijotesco de aspiración.  Aquel joven Sacristán de la posguerra vivía con su familia, todos juntos, cinco en una habitación, aprendiendo en clases con profesores republicanos represaliados, que en lugar de imponerle oraciones por las noches, le leían un trocito del Quijote.

 

Un actor que sabía lo que es el hambre, un actor labrador con sabañones, que no quiso ser mecánico, y que haciendo el servicio militar en Melilla, declaró la guerra a la tiranía de la ignorancia, de no saber, de no leer, de no formarse.  Sacristán compró el libro de Stanislavsky, la preparación del actor, y como aficionado primero, luego con pequeños papeles, estaba dispuesto a todo por no conformarse en la oscuridad franquista.  De las bibliotecas públicas a las lecturas recomendadas por compañeros y amigos, y de ahí a trabajar cuantas horas fueran necesarias.  Recuerda hacer siete papeles distintos en una representación de “Julio César”, en 1964.  

 

La vida es a menudo representación, y nada mejor para un actor que pasar por Zaragoza, por el Teatro Principal, que es la Vida, y referirse a la interpretación como a un juego (“Es como un juguete, divertido”).  La vida también es juego.  El Juego.  Y Sacristán se empeñó en ganar en ese Juego.  Sin él la vida sería un absurdo para él: “Si no estoy ahí no me divierto”.  Por eso cuando le pregunto que significa para él trabajar en el Teatro Principal de Zaragoza, sonríe: “¿Cómo me preguntas eso, si ya sabes la respuesta?”  Le respondo que quiero escucharlo en sus palabras y sitúa el Teatro Principal entre lo mejor de lo mejor: “Estar en el Teatro Principal es un privilegio”. 

 

“Aquel crío de Chinchón vio una película en su pueblo y quiso ser aquel comanche, mosquetero, gángster...”  Son sus palabras.  El origen de ese inconformista que de nuevo vuelve a Fernando Fernán-Gómez.  El sueño de ser como él, de tener su estatura, de seguir la disciplina que él le aconsejaba, pero desde la humildad: “La cultura de Fernando era inmensa”.

 

Sacristán, ya actor, duda de todo, como buen lector. Vuelve a referirse a la incertidumbre de estos días, a la necesidad de tener una voz propia. ¿Lee el periódico todavía, cada día?: “Tengo que comprar más de uno.  No me fío y después de leerlos todos me fío menos”.

 

Desde su debut con Fernando Palacios en “La familia y uno más” (1965), el conformismo nunca llegó y por eso Sacristán ya no sólo se alimentó y aprendió del trabajo de los compañeros, sino también de los grandes papeles, teatrales y cinematográficos, como el Martín Marco de “La colmena”, el Carlos Galván de “El viaje a ninguna parte”, o el geólogo Hans Mayer Plaza de “Un lugar en el mundo”.

 

Y Sacristán podía trabajar en musicales, siendo ya ese Don Quijote que soñaba ser, en “El hombre de la Mancha”.  Actor labrador y cantante. Y ya la minúscula se hacía mayúscula, Actor, como el Maestro Fernando Fernán-Gómez.  Antes de que los fotógrafos le retraten en el Paraninfo, su ejemplo, la figura en la que se ha convertido, resuenan en su reflexión, en la necesidad de “presentar batalla a la necedad y el atropello”.  Continúa: “Hemos estado alimentando al monstruo y nos tiene cogidos por los huevos”.  Así el arte se convierte en un instante de felicidad, ese juego al que se refiere, pero el ciudadano, formado, luchará como actor para que además de ese instante de felicidad exista, quepa también una reflexión: “Quiero salir todos los días a librar la batalla de la dignidad, incluso de la alegría, de la felicidad y la lealtad”. 

 

Lo ha logrado. Pepe Sacristán es Fernando Fernán-Gómez. Pepé Sacristán es Don Quijote.

 

 

LUISA GAVASA, POR ALBERTO BONGIORNO

LUISA GAVASA, POR ALBERTO BONGIORNO

LUISA GAVASA: RETRATO DE UNA ACTRIZ CON VERDAD

Luisa Gavasa es una actriz impresionante: llena la pantalla con su hondura, con sus gestos medidos, con su dominio del espacio y de la voz, con su energía. Se formó en Barcelona y con Mariano Cariñena en el Teatro Estable. Ha trabajado en teatro, cine y televisión, y siempre ha sido una rebelde apacible, una mujer de emociones que no va de nada. Mira el mundo y el mundo se tambalea: registra como un espejo o una cámara su verdad. La hemos visto en muchos lugares, pero sobre todo conmovía, de nuevo, en ‘De tu ventana a la mía’, en la calle Alfonso. Este año será distinguida por las Jornadas de Cine de La Almunia. Esta preciosa foto es de Alberto Bongiorno, que le ha hecho una de retratos y me ha cedido este para la página con absoluta gentileza.

CANO: CARTEL DEL FESTIVAL DE HUESCA

CANO: CARTEL DEL FESTIVAL DE HUESCA

CANO: CARTEL DE CINE DEL FESTIVAL DE HUESCA

José Luis Cano Rodríguez, humorista de Heraldo de Aragón y profesor de la Escuela de Artes, artista desde hace más de 40 años y uno de los grandes ilustradores de España sin duda alguna, es el autor del cartel del XLI Festival de Cine de Huesca.

CALATAYUD: GOYA, MARILYN E ISASI

CALATAYUD: GOYA, MARILYN E ISASI

 

[Carlos Barboza Vargas ha publicado este texto en su página web con algunas de las fotos. Aquí solo puedo publicar una de 'El aire de un crimen', pero el artículo está completo.]

 

GOYA, MARILYN, Y  EL AIRE DE UN CRIMEN  

DE ISASI EN CALATAYUD

 

Por Carlos Barboza Vargas. Artista. 

 

El periodista Antón Castro colgó en facebook dos noticias, una sobre la película de Billy Wilder Con faldas y a lo loco, que se proyectaba en el UNED de Calatayud, con Marilyn Monroe como protagonista de la misma. En otra noticia ponía una foto del fotógrafo bilbilitano Carlos Moncín, donde aparece la actriz española Maribel Verdú, entrando en un coche. Esta foto correspondía al rodaje en Calatayud de la película “El aire de un crimen”, dirigida por Antonio Isasi Isasmendi. Mi relación con Calatayud está muy ligada con Teresa Grasa y es muy fluida. Primeramente porque su abuela Matilde Ciria provenía de la familia Ciria de Calatayud, tía del pintor surrealista Javier Ciria. Y de las familias Ibarra y Celorrio, extendiéndose nuestra amistad bilbilitana con Carlos Moncín, José Verón Gormaz, Manuel Micheto, Mariano Rubio, y los desaparecidos Agustín Sanmiguel y Pedro Montón Puerto. 

 

Entre los años 1985-86, la Diputación General de Aragón nos encargó la restauración de las pinturas murales de la Iglesia de San Juan El Real de Calatayud, recién atribuidas a Goya, que representan los Cuatro Padres de la Iglesia Latina, San Jerónimo, San Agustín, San Gregorio Magno y San Ambrosio, inspiradores de sabiduría y transmisores de mayores conocimientos.  Después de trabajar todos los días, los 88 kilómetros de coche de Zaragoza a Calatayud, en una carretera en obras,  terminamos el trabajo a satisfacción en 1986.  Mientras tanto, el director de cine Antonio Isasi Isasmendi realizaba una serie para Televisión española, sobre la figura de Goya que dividió en tres episodios de la vida del genio: La Quinta el sordo, La familia de Carlos IV y Cayetana. Dicha serie se presentó en el desaparecido teatro Fleta, y fuimos Teresa y yo invitados con lo que pudimos conocer y saludar a los protagonistas de la serie, la actriz Maria Luisa Paredes y Enric Majó, así como al director Isasi.

 

En aquellos años íbamos frecuentemente a Calatayud, y un día que visitamos la Plaza de España encontramos que Antonio Isasi estaba rodando su película “El aire de un crimen”, en sus exteriores y como siempre llevamos una cámara de fotos, comencé a hacer fotos del acontecimiento y veo por notas de facebook de Antón Castro, que el estuvo allí y entrevistó a la débil actriz cuyo personaje es la parte mas trágica del drama, y Antón lo cuenta así: Se llamaba Maribel Chueca…y la entrevisté en Calatayud, y era una mujer frágil, parecía una mariposa a punto de huir o de volar….

A Emilio Lacambra, que actuó como chófer del autobús, también le trajeron recuerdos estas notas de Antón, y comenta sobre la actriz:….En aquella época era anoréxica y junto con Germán Cobos la cuidaban, sobre todo en las comidas…..

 

La película fue presentada al público en 1988 y estaba basada en una obra de Juan Benet, y como protagonistas principales estaban Francisco Rabal, Fernando Rey, Maribel Verdú, Germán Cobos, Miguel Rellán, y la aragonesa María José Moreno entre otros. Recibió premios en el festival de San Sebastián en 1988, que fue para Fernando Rey como mejor actor y en 1989 nominada en los Goyas como mejor guión adaptado. Mas tarde en el 2000 su director Isasi Isasmendi recibe el Goya de Honor. Ver blog Goya en el cine y la televisión…….

Para esas mismas fechas yo estaba exponiendo en la Escuela de Artes Aplicadas la muestra Recordando a Marilyn, la cual vio el fotógrafo Carlos Moncín y me propuso que hiciera una exposición similar en la Casa de la Cultura dependiente del Ayuntamiento de Calatayud, y el 7 de septiembre de 1988 se inauguró la exposición que se componía de pinturas, dibujos, collages, fotocopias, fotos y cajas, relacionando la figura de Marilyn con Calatayud, en alguno de los fotomontajes aparece la actriz en sus calles y con Goya, como homenaje a este gran pintor que también pintó a artistas de teatro como el bellísimo cuadro de La Tirana que se encuentra en la Academia de San Fernando de Madrid. El catálogo esta acompañado con textos de Angel Azpeitia, Flavia Cassagranda, Juan Domínguez Lasierra, Giovanni Mariacher y Ana María Navales. También está ilustrado con fotos de Luis Esteban Municio y Javier García del Olmo. Mas tarde, parte de esta exposición se expuso en Madrid en la sala Antonio Palacios de la Comunidad, patrocinada por la Embajada de Costa Rica con el nombre de Cine Barboza en marzo de 1990. En la revista Anticuaria nº 56, de 1988, en un reportaje Un altar de Marilyn en Hoyo de pinares, el crítico de arte Fernando Fontela escribe lo siguiente:  …De los artistas que han dejado una versión personal de M.M. entre los que quiero destacar al español Pepe González, autor de una carpeta de dibujos editada por Norma (1980), reeditados en Italia por la revista “1984 “ y al costarricense Carlos Barboza, pintor de labios y ojos de Marilyn,-ha hecho una exquisita selección Robert G. Taylor de “ Marilyn in art” (Londres, 1984), donde se reproducen a color cien dibujos o pinturas que son otras tantas versiones realistas, idealizadas o hasta fantasmagóricas- caso de Andy Warhol- del mito de Marilyn, pues todas ellas son producidas  a partir de la fecha de la desaparición de ésta, es decir, a raíz de su trágico final.

 

Carlos Barboza Vargas