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Antón Castro

Artistas

JOSEMA CARRASCO Y LOS LIBROS

JOSEMA CARRASCO Y LOS LIBROS

Josema Carrasco me envía esta nota de elogio a los oficios del libro:

 
 

Mis héroes son los libreros que aguantan doce horas a la intemperie un día del libro y sueñan con mantener su negocio, los escritores que han publicado y los que no y llevan un manuscrito escondido que un día será un libro de cuentos o una novela, los que hojean libros y no pueden comprarlos, los que siguen haciendo de la lectura un lujo necesario, los poetas jóvenes y adultos que sueñan con tipografías y revoluciones, los autores que te regalan una dedicatoria y una sonrisa, los editores valientes que arriesgan y se ilusionan con cada proyecto, los que siguen empeñados en leer abriendo cada página como una puerta o una ventana, los ilustradores a los que admiro y que hacen trabajos preciosos aunque tengan que trabajar en otros oficios y los dibujantes que por un día salen de sus viñetas y de sus bosques de lapiceros, acuarelas y rotuladores y te hacen un dibujito que es una maravilla. A todos ellos GRACIAS

PREMIO A 'LOS ILUSOS' EN BUENOS AIRES

FRANCESCO CARRIL, MEJOR ACTOR EN BUENOS AIRES

POR LA PELÍCULA ’LOS ILUSOS’ DE JONÁS TRUEBA


Francesco Carril, protagonista de la segunda película de Jonás Trueba, ’Los ilusos’, fue galardonado en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires, BAFICI, con el premio al mejor actor. La película de Jonás, una reflexión y un juego sobre el arte de hacer cine y la pasión por el cine, se estrenó el pasado fin de semana en Madrid y levantó mucha expectación. Es una película sin guión, realizada con mucha libertad, con escasos medios, mucha inventiva y toda la frescura y el riesgo de un equipo joven. Francesco Carril está vinculado a la Joven Compañía de Teatro Clásico y a la Compañía de Teatro Clásico Nacional.

LAFARGA, DESDE HOY, EN CAROL ROJO

LAFARGA, DESDE HOY, EN CAROL ROJO

[Esta tarde, a las 20.00 horas, en la galería de Carolina Rojo, se presenta la exposición ‘Pequeño’ de Paco Lafarga. Admirador de Enrique Bunbury, sonarán canciones de ese álbum. La muestra alude a los pequeños formatos, a los dibujos: desnudos, retratos, interiores, paisajes, sueños. El mundo de Lafarga, que tiene un gran talento. Pongo aquí el texto que le he escrito. Lafarga, casado con Ana Pilar Herrero, vive en Utebo y ahí trabaja, ahí y en su estudio de Zaragoza.]

PEQUEÑO. Exposición de dibujo de Paco Lafarga. Fechas: 18 de abril al 26 de mayo

 

PACO LAFARGA

LENTITUD, BELLEZA E INTENSIDAD

 

Antón CASTRO

Hay artistas muy especiales que se enfrentan a su oficio como si estuvieran en otro mundo. Y por ello están volcados con la invención, con la manufactura, con las sensaciones, con la búsqueda. Paco Lafarga (Zaragoza, 1977) es un perfeccionista y un buscador de estados de ánimo, de revelaciones. Le gusta derramarse en pura emoción, en lentitud, en belleza y en intensidad. Para él, en la pintura o en el dibujo la vida va completamente en serio: late, se encrespa y se enmaraña entre la agonía y el éxtasis. No hay medias tintas. O quizá haya medias tintas, colores más suaves aquí y allá, tinieblas y claridades dibujadas con el puro blanco del papel, pero lo que no hay es negligencia, abandono, caídas.

Paco Lafarga se enfrenta a su oficio como si cada cuadro fuese el último, o como mínimo el penúltimo. Y eso explica su forma de trabajar  y su forma de vivir la pintura. Pintura y vida en él son casi lo mismo: dos incidentes esenciales del ser, dos accidentes íntimos del alma y sus vahídos. Uno pronto percibe lo que le gusta, lo que ama, lo que anhela: quiere que en cuanto ejecuta haya temblor, verdad, el arabesco definitivo de un corazón vapuleado por la incertidumbre. Se arriesga. Ensaya. Se entrega. Uno percibe que viene de clásicos incuestionables: de Rembrandt, claro, que quizá sea el pintor que le embruja, el pintor, el dibujante, el grabador, el creador constante de cuentos de pintura y de representaciones artísticas. El pintor subyugante. Y de Goya, y de Pradilla. Y de Velázquez, de Durero, claro, y quizá de Morandi, fíjense en esa minuciosa búsqueda de una tensión casi antigua, de los románticos y de los modernos. También tiene otros ecos: le gusta Lucian Freud, y esa piel que parece haber sido erizada por el dolor o por un tormento inconfesable de amor, sexo y locura; le gustan David Hockney y Antonio López. Ha asistido a cursos del artista manchego, ha trabajado cerca de él y ha visto las claves del maestro: la paciencia, la vocación, la sedimentación de la luz de todas las horas, la vocación que es casi ritual y posesión. Y sentido de la trascendencia. En cierto modo, a veces, en esos raptos de confusión o de felicidad ante la genialidad del pintor parsimonioso, Paco Lafarga se queda traspuesto, vencido hacia la hermosura elaborada rasgo a rasgo, trazo a trazo, con el silencio inefable.

Paco Lafarga es, ante todo, pintor. Pintor. Con todo lo que eso conlleva. Pintor figurativo. Interpreta la realidad, la crea, la compendia y la traduce a su modo. Pero ahora acaba de dar un salto. Un pequeño salto que tiene el marchamo de un gran salto. ‘Pequeño’ es la ratificación de un mundo: Lafarga ofrece una amplia selección de dibujos de diversos tamaños. Dibujos pequeños que invitan a la intimidad, dibujos medianos, algunos dibujos grandes, no demasiados. Dibujos que son el espejo de su universo en expansión. Y de sus temas: paisajes, interiores, interiores despojados o metafísicos o con un desnudo dentro, instantáneas casi hiperrealistas, bodegones, figuras en la piscina, cuerpos, paisajes abiertos que avanzan hacia el horizonte, paisajes casi abstractos y oníricos, y babuinos. Paco Lafarga trabaja por intuiciones: se deja arrastrar por percepciones inmediatas, por imágenes que intuye, que sueña, que le persiguen, como la de la niña en la piscina, como esas naturalezas que parecen grabados holandeses o esas mujeres tranquilas y confiadas que se asoman a la ventana o que muestran su trasero. Dice que no hace hiperrealismo ni pretende ser un pintor hiperrealista, aunque haya rescatado antiguas fotos, aunque casi todos sus dibujos tengan una mirada fotográfica y un aroma intemporal y moderno, donde, además, se “explora el valor del papel en blanco”.

A Paco Lafarga le gusta decir que para este proyecto, que tiene mucho de aventura y de ensayo, ha trabajado en cuerpo y alma, sin fechas. Volcado hasta la extenuación y a la vez entregado al puro placer de pintar, de jugar con el lápiz y el carboncillo, sin un camino trazado. Improvisando más que nunca: en el asunto, en el tratamiento del dibujo (si hay que rascar se rasca; si hay que crear una atmósfera suave se difumina; si se adivina un camino allá se va, por él y entre sombras...) y en la expresión o en la expresividad. Paco Lafarga se siente aquí más expresionista que nunca, más libre, como si encarase ejercicios de estilo, pruebas que no sabe adonde llegarán y que son, en el fondo, una culminación. La meta es el propio camino: elegancia, tiempo, memoria. Una conquista y una confirmación. Lafarga es un artista que jamás se conforma. Iconoclasta a su modo, rebelde consigo mismo, incansable y lento, un inconformista que no se da tregua. Bueno, en realidad, para esta exposición de Carolina Rojo, tan singular, Lafarga ha sido “un pintor de instantes, más rápido y expresivo que nunca”, un dibujante que se atreve a desdibujar, a progresar sin la obsesión enfermiza del detalle. No le preocupa tanto desarrollar un discurso teórico como elaborar una obra, avanzar, descansar, disfrutar, zambullirse de nuevo en su mundo cotidiano, frondoso y enigmático, corriente y natural, de pequeños gestos decisivos.  

 

FERNANDO SINAGA EN ALICANTE

 

MACA de Alicante presenta el 12 de enero Ideas K, una muestra retrospectiva del artista radicado en Salamanca Fernando Sinaga, comisariada por Gloria Moure. La exposición recoge, a través de más de cuarenta obras en diversos soportes expresivos, el imaginario subyacente en la obra de Sinaga a lo largo de gran parte de su etapa creativa, desde 1984 hasta la actualidad. Ideas K persigue poner de manifiesto tanto el carácter específico y experimental de la obra de Sinaga, como su carácter transversal y diversificado, mediante una contundente ordenación de las conexiones y vínculos existentes en su trabajo a lo largo de los últimos 26 años.

Sobre la obra de Fernando Sinaga

Uno de los campos de profundización poética definitorios de las artes plásticas de la segunda mitad de los sesenta, que tuvo y tiene en la actualidad importantes repercusiones, es la consideración de la percepción y sus procesos como motivos en sí mismos. Fernando Sinaga se sumerge en éste ámbito con una sutileza reseñable, utilizando para ello principalmente el color y los desplazamientos perceptivos. Es importante subrayar, además, que esa poética perceptiva, al ser tratada como proceso, abre los confines materiales de las obras y las define como interferencia con las audiencias. Adicionalmente, ésta aproximación “abierta” plantea la experiencia de la escultura como operación mental, en cuanto a pensamiento y no entendimiento.

La idea de percepción y creación interactivas conlleva en Sinaga un aspecto directamente relacionado, que también le coloca en la avanzadilla de su generación. Frente a la “serialización” y asepsia típicamente minimalista, Sinaga adopta una posición que podría calificarse de naturalista, en el sentido de que mediante contrapuntos mínimos y soportes adecuados trata de desencadenar procesos complejos de concatenación perceptiva irreversibles. Nada es dejado al azar, sino a la interdependencia infinitesimal, típica de los procesos naturales. Así, en la obra de Sinaga, la apertura interactiva hacia las audiencias se conjuga con el tono naturalista de las pequeñas variaciones desencadenantes, para conformar un claro paisajismo de interiores, en alianza con la arquitectura, en el que frecuentemente el color no sólo activa la composición, sino que la define en planos abiertos a partir del juego de correspondencias entre los espacios y las formas.

Sobre Ideas K La exposición retrospectiva Ideas K, de Fernando Sinaga, en el MACA de Alicante busca recoger el imaginario simbólico, geométrico, óptico, material y cromático que subyace en el trabajo del artista desde El Desayuno Alemán (1984) hasta su obra más reciente. A través de los variados soportes expresivos que el artista usa, la propuesta expositiva mantiene de forma simultánea tanto el carácter específico y experimental de la obra, como su carácter transversal y diversificado.

El proyecto revindica el talante independiente de Sinaga y persigue hacer patentes la riqueza y complejidad de su obra. El traspaso de límites en el proceso creativo de Sinaga supone no sólo la interactividad entre obras, sean objetos o imágenes, sino la apreciación del espacio como un elemento visual y plástico, más que como contenedor neutral de creaciones, lo que a su vez implica valorar el arte más como experiencia estética en la que se participa, que como contemplación distanciada.

A lo largo de las salas de MACA se desplegará, por un lado, un bloque de piezas conformado por los trabajos fotográficos, escultóricos y audiovisuales de Sinaga, que se acompañarán de obra sobre papel a modo de trayecto o pequeños gabinetes que salpicarán el recorrido.

Desde Una parte de la realidad (1985), los objetos y las pinturas sobre metal, primordiales e insoslayables en el recorrido por la aproximación creativa de Sinaga, fueron creados para acentuar y reconformar espacios preexistentes, a la vez que obras como Deuteroscopia (La segunda vista) (2008) demarcan zonas de esfuerzo y reflexión perceptiva.

Ideas K pone de manifiesto que Sinaga se sumerge en una ideológia individual, cambiante, favorecedora de las diferencias y no de la homogeneidad, y que responde al imperativo estético en el sentido de creación y no de belleza, por un lado a través de la expansión del concepto de escultura, y por otro, en obras como Lo blanco en lo negro (1995), a través de la revisión de la idea de abstracción.

 

Sobre Fernando Sinaga (Zaragoza, 1951) Vive y trabaja en Salamanca. Su formación artística transcurre en la ciudad de Zaragoza hasta el comienzo de sus estudios de Bellas Artes en Barcelona, donde obtiene la Beca Amigó Cuyás en 1972 y la Beca Castellblanch en1973. En 1976 finaliza sus estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes de Madrid y obtiene el Premio de la Dirección General de Bellas Artes. En 1983, y debido a su interés por los estudios goetheanos, obtiene una Beca de la Fonds für freie Erziehung, de Zürich, para proseguir sus estudios sobre la teoría del color. En 1984 obtiene una nueva Beca de Investigación para estudiar la Escultura Pública en USA y a su vuelta de Estados Unidos obtiene una plaza de profesor en la Facultad de Bellas Artes de Salamanca, fijando su residencia en esta ciudad hasta el momento presente.

La exposición de Sinaga El Desayuno Alemán (1984), celebrada en la Galeria Villalar de Madrid reveló la obra de este artista dentro de la escena española de los 80 y desde entonces su obra se ha expuesto en diferentes galerías y museos de España, Francia, Alemania y U.S.A. En 1989 participa en la XX Bienal International de Sao Paulo, Brasil y en 1992 en la 5 Triennale Fellbach, Alemania. En el año 2000 su obra representa a nuestro país en el Pabellón de España de la Expo de Hannover y poco después su obra "Cuerpo Diamantino" se exhibe en la exposición Arte en España, 1997-2002, Obras de la Colección Arte Contemporáneo del Patio Herreriano en la Sala de Exposiciones Manege de Moscú.

Entre sus últimas exposiciones en España podemos destacar, On Prediction (2005), Museo Vostell Malpartida; La Estancia inhóspita, (2005), IVAM, Valencia; Cor Duplex (2005) Museo Pablo Serrano de Zaragoza; God Dog (2006), Galería Adoración Calvo, Salamanca o Zona (2006) en el DA2, Domus Artium de Salamanca. Pueden encontrarse catálogos razonados sobre su trabajo en la Fundació Miró a Mallorca (1996); Palacio de los Condes de Gabia, Granada (1998); Palacio de Revillagigedo, Gijón (1999); Sala Amárica de Vitoria (1999); IVAM de Valencia (2005) Museo Pablo Serrano de Zaragoza (2006) e Ideas K (2012) MUSAC de Leon y (2013) CAC de Braganza

Su trayectoria artística ha recibido el reconocimiento público de la Fundación Valparaiso de Almería, del Premio Villa de Madrid a la mejor exposición de escultura celebrada en esta ciudad en el año 2001 y del Premio Aragón Goya 2010, otorgado por el Gobierno de Aragón por su trayectoria artística destacada.

'EL NIÑO, EL VIENTO Y EL MIEDO', EN HUESCA

Esta tarde, a las 20.00, en la librería Anónima de Huesca se presenta mi libro ‘El niño, el viento y el miedo’ (Nalvay), ilustrado por Javier Hernández, un rosarino afincado en Siétamo. Estas es una entrevista de Ana Moreno, periodista de ‘Sin ir más lejos’ de Aragón Televisión. La presentación correrá a cargo de la profesora Rosa Tabernero, especializada en literatura infantil y juvenil.

 

 

- ¿Cómo surge "El niño, el viento y el miedo"?

-En realidad nació de una invitación a un Festival de Narración Oral en Segovia. Me invitaron a que contase cuentos, me senté al ordenador y me salieron muchos recuerdos de una niñez habitada por lo maravilloso, el asombro constante, la revelación y el miedo. Y luego los conté ante 300 personas. Fue una experiencia difícil pero fascinante: en el fondo, yo era un narrador ‘amateur’.


- No es tu primera incursión en la literatura infantil, ¿qué has buscado en este en particular?

Contar historias, recrear un mundo, recuperar una atmósfera, unos personajes, con aquella sensación que tenía entonces de que la realidad y los sueños se mezclaban. Cuando creías que algo era una invención, de repente surgía un dato que te decía que el miedo tenía razón de existir. Pienso en el ‘árbol del degollado’, en la historia de mal de ojo, que mi madre siempre me contaba con un sobriedad increíble, pienso en la vecina que decía que había visto varias veces al demonio. Tuve una infancia muy parecida a lo que cuento aquí. Y estoy hablando del período 1963 a 1968 más o menos.


- Es un libro que atrapa. Los recuerdos y la añoranza de la infancia de su autor, ¿visita Baladouro de vez en cuando?

Siempre que puedo. Baladouro es un lugar imaginario que estaría entre Santa Mariña de Lañas, donde yo nací, Armentón, Barrañán, Loureda, Arteixo o Larín, lugares que existen, que se pueden ver y que, de por sí, tiene un aroma maravilloso, con una naturaleza exuberante. Baladouro quiere decir valle de Oro: se me ocurrió porque de niño siempre me contaba que había una colina en la que aparecían, cada cierto tiempo, huevos de oro... En realidad, quizá no haya salido nunca de allí, aunque lleve 35 años en Zaragoza y en Aragón.


- Me dice Eva Hinojosa... ¿un libro para los nietos?

Probablemente. Los cuentos son eternos y todos necesitamos que nos cuenten cuentos. Nos gusta escuchar y hay un momento en que también nos gusta contar. E imagino que, en el fondo, como han hecho otros autores, he vuelto a contarle cuentos al niño (al niño-nieto) que yo soy.


- Un libro también para los hijos, a los que se lo ha dedicado. ¿Qué le dijeron después de leerlo?

Hubo de todo. Pero en general les ha gustado. Mi hija pequeña se reía y me decía que, en el fondo, era un libro más bien de terror. Pero ellos, de algún modo, por aproximación, ya conocen muchas de mis historias. Como casi siempre el primero en leerlo fue mi hijo Daniel. Casi siempre es muy gentil, pero me devuelve los manuscritos con una ristra interminable de sugerencias y correcciones. Uno tampoco se puede inventar su vida todo el rato. Mi historia favorita, por cierto, es la del tío de América y la última, el relato de amor. Soy, era, un jovenzuelo melancólico, mimoso y sentimental...


- Las ilustraciones son al libro infantil, como las olas al mar... Y en el "El niño, el viento y el miedo", Javi Hernández ayuda, pero no pone freno a la imaginación. ¿Satisfecho con el resultado?

Estoy encantado con Javier Hernández. He creado su propio mundo, sus propias historias, su propio ámbito de imaginación y de fantasía. Es un trabajo muy sugerente y evocador, lleno de pequeños detalles, de sutileza, de talento. Me hace muy feliz. Desconozco el destino del libro, pero me hace muy feliz el proyecto, gracias sobre todo a Javier Hernández, que fue una decisión de Isabel Peralta y David González, los entusiastas editores de Nalvay.


- ¿Por qué leer "El niño, el viento y el miedo"?

Yo creo que se lee casi como una novela: es la historia de un niño asustado y a la vez fascinado por los seres de su entorno, por los lugares, por la lluvia y el viento, un niño enamoradizo que descubre de golpe que sueña, que se enamora y que alguien, por ejemplo en Montevideo, piensa en él y le regala una armónica. Es un libro sobre los animales (lobos, sapos, vacas, comadrejas, delfines, caballos), sobre los bosques hechizados, sobre los prados, los campos abiertos, la ribera del mar, sobre la exploración en el misterio mismo, sobre la amistad y la relación familiar... Creo que es un libro ameno, directo, con ritmo, cada historia te lleva a la siguiente..., es un libro sobre el arte de contar y de escuchar historias...


- ¿Están perdiendo los niños la magia de leer y conocer lugares desconocidos y fantásticos como  Baladouro?

Los cuentos son eternos. Quizá ahora estén más ante la pantalla del ordenador o del teléfono móvil. Pero consigues crear un personaje, le ocurre algo, hay una acción, una aventura, un riesgo, y eso interesa siempre, aunque para ellos también es muy importante el contexto: que se identifiquen con él. Leyendo el libro, releyéndolo, me parece que “el miedo es necesario para crecer”. Es un estímulo, una forma de estar alerta o sobrecogido, activa tu imaginación y tus delirios. Es un libro que tiene miedo, fantasía, que trata de la vida, y que tiene un poco de humor.

ADIÓS AL ARTISTA PASCUAL BLANCO

ADIÓS AL ARTISTA PASCUAL BLANCO

Un artista del hombre y sus sombras

 

Ha fallecido Pascual Blanco (Zaragoza, 1943-2013), Premio Aragón-Goya de Grabado 1998 y objeto de una antológica en el Palacio de Sástago. El entierro será hoy martes por la mañana, a las once, en el cementerio de Torrero de Zaragoza

 

“Pascual  Blanco es un grande, grandísimo, dibujante. Pocas  veces podemos ver la perfección y la forma en algo que parece menos relevante que un torso o una cabeza: las extremidades son trazadas con una simplicidad casi de signo en los trazos, pero sin abandonar su forma, su expresividad, su movimiento y, por qué no decirlo, su belleza. Quizá en toda nuestra pintura actual no encontremos pies o manos más hermosas, más bellamente ejecutados”, escribía el historiador del arte Federico Torralba Soriano en el catálogo de ‘Del Génesis o el Paraíso Perdido’ de Pascual Blanco, que falleció el domingo de un infarto, a los 69 años.

Pascual Blanco Piquero había nacido en Zaragoza en 1943; se definió alguna como un “escolar díscolo”, pero pronto se sintió subyugado por el arte, e ingresó en la Escuela de Artes. Estudió con profesores como Luis Berdejo, de quien pareció heredar la atracción por el cuerpo humano, Félix Burriel, Dolores Franco y Alejandro Cañada. Se licenció en Bellas Artes en la Escuela de Artes ‘Sant Jordi’ de Barcelona, y pronto empezaría a mostrar su inquietud y su deseo de participar en proyectos artísticos de los inquietos y radicales años 60 y 70. Participó en el colectivo ‘Tierra’, y en 1969 expuso en Kalos, una pintura geométrica, de tamiz lírico y un gran sentido del color, algo que caracterizaría su producción. Si Pascual Blanco fue un buen pintor, encontró en el grabado un campo de pruebas para sus óleos, y al revés, halló en el óleo, en el dibujo y el gouache un terreno de experimentación para el aguafuerte.

Pascual Blanco se definía como un pintor solidario y solitario a la vez. Esa era la ecuación que definió su carrera: quería ser un pintor honesto a carta cabal, auténtico, pero jamás se olvidó de las malandanzas del mundo, aunque también era un pintor metafísico, habitado por las sombras. Dijo: “Mi búsqueda plástica es una búsqueda de la libertad en la creación. Yo deseo evolucionar. Mi vida se justifica por mi propio trabajo y siempre he deseado desarrollar, estéticamente, una coherencia íntima y vital. Por ello he intentado estar al margen de las modas, de los encasillamientos”.

Sin embargo, intervino en la agitación creativa y política de los grupos pictóricos. E integró en 1972 y 1973, por un espacio de apenas seis meses, un colectivo que daría que hablar: ‘Azuda-40’, formado por otros siete artistas reconocidos como Natalio Bayo, José Ignacio Baqué, José Luis Cano, Vicente Dolader, Antonio Fortún, Pedro Giralt y José Luis Lasala. Su empeño, que conoció varias exposiciones y algunas intervenciones conjuntas, sería recordado y recreado en 1983 en la Lonja. Para entonces, Pascual Blanco había desarrollado una pintura comprometida, de denuncia social, resistente, de alegorías políticas, inicialmente abstracta y cada vez más figurativa.

Poco a poco, despojado ya de las contingencias históricas y de la crítica del franquismo, Pascual Blanco irá deslizándose hacia la figuración y el ser humano –indefenso y fuerte a la vez, melancólico y vitalista, herido, doliente, desesperado en ocasiones, soñador casi siempre- se irá convirtiendo en el centro de su obra plástica, tanto en el óleo como en el aguafuerte. Pascual Blanco ha sido uno de los grandes grabadores del siglo XX y XXI en Aragón: con un clásico como Manuel Lahoz, como Mariano Rubio, como Natalio Bayo, Maite Ubide, Mariano Castillo... Confesaría: “Rembrandt es el monstruo total del grabado. Dios bajó a la tierra y se puso a grabar con la mano de Rembrandt. En su caso, el grabado es plenitud de vida. Durero es la perfección visible. Y Goya es la revolución máxima (...) En mi caso, el grabado introduce la vertiente de la tragedia y es una exigencia de mi propia necesidad plástica, una indagación en mis propios instrumentos de artista”.

En 1992 es uno de sus años claves con su presencia en la Lonja, con la ya citada muestra ‘Del Génesis o el Paraíso Perdido’, que él definió como “un ejercicio de riesgo”. Constaba de 25 gouaches, 25 aguafuertes y 25 óleos de gran formato, de dos metros por dos metros, que era como la llegada, la consumación de una meditación que incluía el desamparo, la añoranza, el dolor, tenía algo de compendio de una vida que no había sido fácil nunca. Pascual Blanco fue un creador con demonios y angustias, casi a la manera de Dostoievski, Van Gogh o Unamuno: la muerte de su esposa Encarni Izar, también pintora, la conciencia de la fragilidad, el intento de crear una obra intensa, comprometida, que refleja “la difícil y compleja condición de ser hombre”. Dijo en una ocasión: “Quiero reflejar el sentimiento y la emoción”.

Pascual Blanco ingresó en la Escuela de Artes en 1972 y allí impartió, hasta su jubilación en 2008, clases de dibujo y grabado. Fue un trabajador incansable y apasionado. En 1998 recibió el Premio Aragón-Goya de Grabado. Colaboró con el Museo del Grabado de Fuendetodos, donde expuso y donde dio talleres, y en 2005 fue objeto de una antológica en el Palacio de Sástago: ‘Pascual Blanco. Imágenes para el recuerdo, 1964-2005’. La exposición de su vida, que se suma a otras exposiciones en Montemuzo, Fuendetodos, la CAI-Luzán, A del Arte o en Italia, más recientemente. Se ha ido un hombre entrañable y próximo, un artista que se buscó obsesivamente y que se encontró en sus hijos Sergio y Begoña, en Encarni y Maite, sus compañeras, en tantos y tantos amigos como tuvo, y en su invencible vocación artística.

 

*Este texto se publicó ayer en Heraldo.es. La foto es de Vicente Almazán.

BIGAS LUNA POR LUIS ALEGRE

BIGAS LUNA POR LUIS ALEGRE

LUIS ALEGRE RECUERDA A BIGAS LUNA

La fiesta de la vida

 

Por Luis ALEGRE

 

La fiesta de la vida

 

 

 

La mirada de Bigas Luna no se parecía a la de nadie. Eso es lo que distingue a los grandes creadores y él sobresalió como uno de los más imaginativos y estimulantes de nuestro cine. Desde “Bilbao” (1977) quedó muy clara su atracción por los tipos obsesivos, las relaciones insólitas y las historias pasionales y fronterizas marcadas por un fuerte erotismo. Entre sus películas se encuentran adaptaciones literarias, evocaciones históricas, películas intensamente claustrofóbicas, películas luminosas, cine lírico y romántico o, incluso, cine de terror (“Angustia”). Pero, por encima de esa variedad, sobrevuela en todo su cine un mundo, un estilo muy personal y arrebatador. Nos descubrió a Ariadna Gil en “Lola”, a Penélope Cruz, Jordi Mollá y Javier Bardem en “Jamón, jamón”, a Miguel Poveda en “La teta y la luna” o a “Verónica Echegui en “Yo soy la Juani” y disparó la carrera de Leonor Watling en “Son de mar”. Son muchas las cosas que le tendremos que agradecer siempre.

 

Bigas me hizo sentir bien desde el primer instante. Tal vez porque, al conocernos, me saludó con una gran sonrisa y, luego, me dijo: “Mi película favorita es ´La edad de oro´, de Luis Buñuel”. Fue en Zaragoza, en la presentación del rodaje de “Jamón, jamón”, en el otoño de 1991. La última vez que lo vi fue también en Zaragoza, el pasado 30 de noviembre. Yo esperaba en la estación de Delicias a Ángela Molina. En el mismo AVE, casualmente, venían Bigas y su mujer Celia Orós, zaragozana militante. Bigas me lanzó la gran sonrisa de siempre y me contó, muy ilusionado, que estaba a punto de rodar “Segundo origen”. Desde ese día lo visualizaba en esa película, disfrutando como solo él sabía. Nunca me enteré de que había caído enfermo. Él pidió que, cuando muriera, no se celebrara ningún funeral o acto público de homenaje. Bigas era demasiado elegante como para molestar con algo tan vulgar como la enfermedad y la muerte.

 

A Bigas le volvía loco la vida y era un experto en gozar de ella. Su afán por convertir cada rato en una fiesta divertida y excitante hacía de él una compañía extremadamente confortable. Era imposible sentirse mal si él se encontraba cerca. Durante estos 22 años tuve la suerte de comprobarlo cientos de veces. Él me cogió de la mano muy a menudo y me empujó a ese extraño y fascinante planeta que él había creado para sus seres queridos. Metió en mi vida a Javier Bardem, Penélope Cruz, Jordi Mollá, Anna Galiena, Stefanía Sandrelli, Rosa Vergés, Leopoldo Pomés o Verónica Echegui; me encargó hacer lo imposible para que Jorge Perugorría se empapara del acento aragonés antes de interpretar a Goya en “Volaverunt”; me llevó a sus casas de Barcelona y Torredembarra y me enseñó su huerto ecológico; me regaló una comida excelsa alrededor de unos calsots en un restaurante de pueblo; me convocó a cenas con amigos que él preparaba como un rito sagrado. Bigas sostenía que lo que mejor sabía hacer era colocar a cada comensal en el lugar perfecto de la mesa.

 

Él también quiso acercarse con frecuencia a mis amigos y a mis cosas. Tuve el placer, por ejemplo, de presentarle a María Dolores Pradera y Leonor Watling. Una Semana Santa Agustín Sánchez Vidal y Ana Marquesán nos invitaron a su casa de Híjar y, vestidos de nazarenos, participamos en La Rompida de la Hora. Bigas estaba entusiasmado. Pero la ceremonia le absorbió de tal manera que, de madrugada, durante la procesión posterior a la rompida, entró en trance y se perdió tocando el tambor, solo, por las calles de Híjar. A las cuatro de la mañana nadie sabía dónde estaba. Al rato apareció, levitando y feliz. En otra ocasión, me acompañó a mis pueblos, Lechago y Calamocha. José Luis Campos tuvo una idea fantástica, que tal vez algún día se concrete: bautizar con el nombre de Bigas Luna la avenida cercana al Museo del Jamón de Calamocha, como un modo de reconocer la promoción internacional que Bigas había hecho del producto estrella de la comarca. Recuerdo que Bigas dijo: “Qué ilusión. Cuando alguien pille un taxi para ir al museo le dirá al taxista: ´Al Museo del Jamón. Por la Avenida Bigas Luna”.

 

Bigas era uno de esos no aragoneses a los que les encanta ser aragoneses. Sus antepasados maternos eran de Aragón y, después de enamorarse de su mujer, acabó prendado de nuestra tierra, nuestro carácter y nuestra gente. A él le escuché la única teoría “sensata” para explicar la increíble relación de Aragón con el cine: “Es que para hacer cine es preciso ser muy testarudo”. Celia le contagió su pasión por la Virgen del Pilar y la Ofrenda de Flores. Una tarde me deslizó algo: la Ofrenda aún podía resultar más espectacular, fluida, brillante y poderosa si se cambiaba el lugar de ubicación de la Virgen. De inmediato, se lo solté a Pilar Soria y Juan Bolea, entonces Concejal de Cultura. Juan enseguida comprendió el alcance de la idea y, con una insólita rapidez, logró que todo el mundo, y nunca mejor dicho, la bendijera.

 

A mí siempre me ha hecho mucha gracia que Bigas, en Aragón, revolucionara el icono religioso por excelencia y, también, el icono erótico-festivo que representa el cabaré El Plata, ese templo pagano. Dentro de Bigas convivían un místico, un erotómano, un surrealista, un trasgresor, un iconoclasta, un provocador, un fetichista, un hedonista radical, un vanguardista, un amante de los símbolos, ritos y tradiciones y, sobre todo, uno de los seres más cálidos y cariñosos que he conocido en mi vida. Escribo estas palabras al rato de conocer su muerte, sin tiempo para digerirla, cuando aún me siento dentro de una pesadilla.

 

e ’El Mundo’. Hoy Luis Alegre publica en ’Heraldo’ una versión reducida de este texto.

LOS COLLAGES DE IGNACIO MAYAYO

LOS COLLAGES DE IGNACIO MAYAYO

ÚLTIMOS DÍAS PARA VER LOS COLLAGES DEL MAESTRO MAYAYO
Hace unos días pasé a ver, de nuevo, la exposición de collages de Ignacio Mayayo por la Casa de los Morlanes. La muestra tiene el sabor de un juego, de una gran broma y es a la vez una vuelta de tuerca a la política, a la historia y al arte. No es fácil mezclar tantas cosas y hacerlo con tanta gracia, afán, denuncia e ironía. Ignacio Mayayo es muchas cosas: un gran dibujante, el pintor del Ebro, el pintor de los interiores del teatro de antaño (los días de El Grifo, tal vez), el dibujante incansable de Zaragoza y, además, es un señor con un notable sentido del humor. Hasta el domingo se pueden ver sus creaciones. El collage es uno de sus géneros favoritos: ahí parece sentirse muy libre y libro, capaz de ser burlón, poético, entrañable, procaz, capaz de ser cinéfilo o de ser, simplemente, el maestro Mayayo. Como tal como suele definir Pepe Cerdá. Eso sí, Mayayo le devuelve el piropo con donosura: para él Cerdá es Pepito. Vicente Almazán, ese caballero de imágenes que va y viene a la busca de criaturas, de arquitecturas y de instantes decisivos que no lo parecen, vio a Mayayo y le disparó. Y aquí está Mayayo en la cámara de Vicente.