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Antón Castro

Deportistas

DIARIO DEL MUNDIAL 2010 / 6

[A Francia no le ha servido de nada la mano de Henry ni la tozudez de Domenech. Salvo un milagro laico de último hora, los franceses regresarán a casa humillados y ofendidos]

 

El enemigo en casa o el arte del caos

 

Todo el mundo estaba contra Domenech: jugadores, aficionados, directivos, pero debía de haber alguien con mucho poder que confiaba ciegamente en él. A Domenech, y sobre todo a Francia, solo puede salvarlos un milagro. Los franceses, que siempre han sido grandes competidores, accedieron al Mundial por la puerta falsa: con un vergonzoso gol con la mano de Thierry Henry, el jugador que se vino abajo casi en un suspiro, a pesar de los esfuerzos de Pep Guardiola para darle ánimos y devolverle la confianza y la ambición. Además, por si faltara algo, pocos días antes del inicio del campeonato se reveló la doble vida del polémico Frank Ribéry y su peligrosa pasión por las prostitutas jóvenes. Metido también en ese embrollo, Domenech descartó para Sudáfrica a Benzema, que le habría venido de perlas, y a uno de los jugadores del año en Inglaterra: Nasri, el interior del Arsenal, llamado a ser el sustituto de Pires y, por qué no, de Zidane.

Es cierto, que Francia tampoco enamoró en el Mundial-2006 y llegó a la final, y que estuvo en un tris de ganarla. En una mirada rápida a la tradición, los franceses han tenido grandes selecciones: en 1958, con la revelación del goleador Just Fontaine, que logró trece dianas y aupó a su equipo a la tercera plaza; deslumbraron en España-1982, donde realizaron un juego excepcional, armado por cuatro centrocampistas irrepetibles: Genghini, Giresse, Tigana y Platini; y desde entonces, Francia, con algún que otro bache, siempre se ha ido enganchando a buenos futbolistas, llámense Papin, Deschamps, Zidane, Henry, Pires, Desailly o, ahora, Ribéry. En un lapso de ocho años, Francia fue campeona del mundo (1998), campeona de Europa (2000) y subcampeona mundial (2006).

Pero a Sudáfrica llegó desconcertada, sin sistema, sin bloque, sin un líder en el campo (no lo podía ser Evra, no lo ha sido Ribéry), con un entrenador hosco y tosco que no sabía si debía jugar Malouda, que hizo una gran temporada, Gouvou, Gourcuff, Anelka. Francia, en los dos partidos que le hemos visto, ha sido una escuadra desparramada, sin ideas, con los jugadores faltos de forma o fuera de sitio, a pesar del abrumador prestigio de los nombres. En ese conjunto todo parece estar dirigido por el enemigo, por un caprichoso seleccionador que no sabe qué quiere, qué tiene y cómo organizar su propio caos. Cuando se pierde no hay entrenador bueno, pero hay algunos que ni perder saben.

 

*En las fotos, Thierry Henry, Zinedine Zidane y Malouda.

LOS CAPITANES DE PEPE MELERO

 

Recibo hoy esta nota de Pepe Melero, a propósito del artículo sobre ‘Capitanes’ que escribo en ‘Heraldo’:

 

Bobby Moore jugó contra el Zaragoza en un partido europeo con el West Ham. Y yo estaba en la Romareda viéndolo. También jugó aquí otro al que citas, Uwe Seeler, con 36 años o así, cuando era capitán del Hamburgo, creo recordar, en el primer o segundo trofeo Ciudad de Zaragoza, cuando era cuadrangular. De él sí me acuerdo bien. Nuestro gran capitán se llamó José Luis Violeta y ya no ha habido otro igual.

 

 

*Bobby Moore y Pelé se intercambian las camisetas en el Mundial de México, 1970, había ganado Brasil por 1-0; abajo, Moore con la camiseta del West Ham; luego Uwe Seeler, capitán de Alemania de 1970, y el ídolo y amigo de Pepe Melero, José Luis Violeta Lajusticia: el ’León de Torrero’.

DIARIO DEL MUNDIAL / 5

 

Crónica póstuma

de Diego Lucero:

Lionel y los otros

 

Argentina siempre ha tenido apasionados y sabios periodistas deportivos. Uno de los más grandes fue Luis Alfredo Sciutto (1901-1995), que alcanzó fama con su seudónimo de ‘Diego Lucero’. Asistió a todos los campeonatos del mundo desde 1930 en Uruguay hasta el de 1994 en Estados Unidos, cuando contaba 93 años. Allí asistió a la exclusión de Diego Armando Maradona tras su dopaje, después de verle marcar por partida doble ante Nigeria. Diego Lucero jugó en Nacional de Montevideo y llegó a ser internacional con Uruguay. Vino a España durante la Guerra Civil y fue corresponsal. Fue detenido en la Casa de Campo de Madrid, lo recluyeron en la cárcel de Manises y estuvo a punto de ser ejecutado. Gracias a la mediación de la embajada de Estados Unidos, fue repatriado a su país. Diego Lucero había hecho una promesa: algún día iría a pie desde Valencia a la Basílica del Pilar, en Zaragoza. La cumplió en cuanto pudo, aunque eso no consta en una autobiografía de muy pocas líneas que redactó para alumnos de periodismo.

Hubo una época en que todos los periodistas argentinos querían “ser como Diego Lucero, ‘el señor Mundial’, el amigo de los futbolistas, el columnista de ‘Clarín’ y de la famosa sección ‘Minuto 91”. Diego Lucero, como Horacio Pagani, como Roberto Fontanarrosa, fue un acérrimo seguidor de su selección y contó sus grandes momentos.

¿Qué hubiera escrito hoy tras la goleada a Corea? No es fácil, pero Argentina siempre ha tenido una estructura semejante: suele organizarse en torno a una gran figura y a un lugarteniente de calidad; el resto por lo regular, son jugadores secundarios de calidad dispar. En 1966, Argentina estaba liderada por Antonio Ubaldo Rattin, que golpeó con premeditación y alevosía a Hunt y Charlton, escupió, desafiante, y se negó a retroceder para el saque de una falta; discutió con el árbitro y al final fue expulsado. El partido se paró durante diez minutos y Rattin salió escoltado por la policía. Aquel día, después de que Hurst marcase el único gol del choque, Óscar ‘Pinino’ Mas, episódico jugador del Real Madrid, le dio una torta a un recogepelotas. Sir Alf Ramsey, preparador del futuro campeón, diría luego: “Inglaterra sale a jugar al fútbol y no a actuar como animales”. Pensaba en ‘la Rata’ Rattin y puso en pie de guerra a la prensa argentina que criticó ferozmente “el vergonzoso insulto inglés”.

En 1974, el combinado albiceleste empezaba en Carnevali y concluía en el goleador Yazalde. Tenía buenos jugadores como Bargas, Babington, Brindisi Ayala o ‘Cacho’ Heredia, debutaron Kempes y el ‘Loco’ Houseman, pero sucumbieron con claridad ante Holanda y ante Brasil. Cuatro años después, en uno de los Mundiales más borrascosos de la historia, Argentino logró su sueño: “campeonó” con un equipo que todos se sabían de memoria: Fillol; Olguín, Galván, Pasarella, Tarantini; Gallego, Ardiles, Kempes; Bertoni, Luque y Ortiz. Había una gran estrella, uno de los jugadores más elegantes de todos los tiempos, el ‘matador’ Kempes, y dos lugartenientes de lujo: el ‘mariscal’ Pasarella en la retaguardia y Ardiles en la media, un centrocampista menudo e imaginativo, que poseía un intenso sentido de la dirección. Kempes era un zurdo imprevisible, dotado de una técnica extraordinaria. Cabría ver una línea de continuidad en las maravillosas zurdas de Kempes, Maradona y ahora Messi.

Maradona fue el líder absoluto de los equipos de 1986, 1990 y 1994. Entonces, el conjunto era “Maradona y diez más”. La selección que venció a Alemania en México 1986 estaba llena de jugadores medianos u olvidables: Cuciuffo, Olartiocoechea, Pumpido, Giusti, Enrique, Batista, Brown. La clase, más allá de Maradona, la ponían Burruchaga, y un voluntarioso Valdano, que se definía a sí mismo como “un jugador complementario”. Desde la despedida de Maradona, Argentina no había sabido ahormar un conjunto: Pekerman, con Riquelme y con un joven Messi, no pudo hacer nada en Alemania-2006.

Ahora, Argentina ha sido el primer equipo en clasificarse. O casi. Siguiendo la tradición, ha vuelto a reunirse en torno a una estrella, Lionel Messi, que hace de todo: defiende como el que más, recupera balones, busca apoyos, sirve al primer toque, improvisa, y es capaz de generar internadas a cada instante. Tiene alma de músico de jazz y de director de orquesta; atrás tiene a su lugarteniente Mascherano y delante a un insaciable goleador con arranque de caballo percherón: Gonzalo Higuaín. Cuando Messi se pone en movimiento, Argentina se balancea. A Maradona le viene grande el traje, pero se le ha quedado cara de líder espiritual de una secta. El nuevo dios del fútbol juega a su lado y juega como él y, a veces, casi mejor.  

 

[En las fotos, Rattin, Kempes, Maradona y Messi, cuatro grandes jugadores de Argentina y del mundo].

 

DIARIO DEL MUNDIAL 2010/4

DIARIO DEL MUNDIAL 2010/4

NAUFRAGIO Y MANIERISMO DEL ESTILO

 

El Mundial para España ha empezado de la peor manera posible. En un día aciago para los pupilos de Del Bosque, contra la historia y los pronósticos, los suizos han puesto punto final a una estadística adversa. Hasta ahora, jamás habían vencido a España. Y lo han hecho tras ensayar un 'catenaccio' que nadie podía preveer, aunque un entrenador como Hitzfeld, que es un maestro de la estrategia y un profesional cargado de prestigio y de títulos, se merecía el beneficio de la duda.


España cayó no por menosprecio del rival exactamente: se vino abajo porque incurrió en el manierismo del estilo. Se volvió barroca en las transiciones, ralentizó la circulación de balón y pecó de conformismo. Y a eso se sumó un ostentoso desacierto. Como algunos habían pedido paciencia, España decidió huir de la ansiedad, había que labrar y labrar y labrar el jardín de los pases precisos: creyó que el gol llegaría tarde o temprano, y que el primero abriría el camino hacia la red rival con la facilidad soñada.


Perdonas y pierdes

Se dispuso a lograrlo hasta que se descubrió impotente, desarmada de ideas y de chispa. En esas andaba cuando se produjo lo inesperado: el gol rival. Es un axioma habitual: perdonas, vuelves a perdonar, y pierdes. España siguió a lo suyo: exageró su poética preciosista del juego, sus triangulaciones, y se atoró de centrocampismo y de insignificancia. Verificaba, pase a pase, que se parecía más al combinado fallón que jugó ante Arabia Saudí y Corea que al brillante combinado que vapuleó a Polonia. España se afanaba y se moría en un deshilachado toreo de salón.


El equipo que sacó Vicente Del Bosque tiene algunas imperfecciones: Busquets y Xabi Alonso son dos jugadores repetidos en un partido como el de ayer. En choque donde el rival amontona defensores y barreras. El medio del Barcelona es un buen jugador, que defiende y asiste, sobre todo en corto, da salida al balón y está siempre ahí, para un roto o para un descosido, concentrado y presto a realizar la falta táctica a tiempo. A menudo, es incluso, un tanto gratuitamente, marrullero.


Xabi Alonso también es una catapulta, un faro: roba y defiende, es capaz de servir en corto y de participar aseadamente en los rondos permanentes que teje España; pero además tiene algo mejor que Busquets: posee desplazamiento en largo, sabe cambiar el juego con balones a contrapelo a las alas, y posee un estupendo disparo desde cualquier posición. Ahí empezaron, probablemente, los males iniciales del conjunto, ahí se enmarañó el discurso del fútbol artístico y espectacular. Y luego en esa línea de medios, o 'trescuartistas', como también se dice ahora, faltó agudeza, velocidad e implicación. Auténtica implicación en el juego ofensivo. Se abusó del toque para nada, de la combinación retórica, y el equipo se transformó en una orquesta desafinada y, si puede decirse así, amanerada.


Xavi, llamado a ser la figura del equipo, no estuvo en su mejor versión ni en el sitio tal vez; Silva no se asoció con su amigo Villa, que quiso y no pudo y anduvo desastido; Sergio Ramos trabaja y trabaja, avanza hacia arriba, lame la línea de banda, incluso se atreve a burlar a su par como un extremo acelerado, pero toma decisiones que no satisfacen a nadie. Parece que quisiera emular el golazo de Maicon cada quince minutos. Y la defensa se arrugó en un descuido: un equipo como España necesita cuidar los detalles, estar muy concentrada, debe mostrar poderío y contundencia atrás. Quizá se ha visto que es el momento de dar un poco de profundidad al conjunto, de acentuar la verticalidad y de revisar aspectos de la táctica. Jesús Navas o Pedro, al menos uno de entrada, tal vez debieran arrancar desde el principio: le dan otro aire, más verticalidad, tan necesaria, arrebato, algo menos de retórica.


Defender, atacar, golear

¿Qué va a pasar a partir de ahora? No puede perderse la calma. La alarma se ha encendido sola y está ahí, como una amenaza. Pero no es el momento de buscar heridas que no existían unas horas atrás, de descalificar el bloque, de despotricar contra el estilo que había seducido al mundo y que conquistó Europa anteayer.


Hay que volver a empezar, despojarse de artificiosidad y perfeccionar las transiciones y, ya de paso, la finalización de la jugada. España debe querer el balón siempre, pero no solo para manosearlo y pasearlo con cierta belleza: debe concluir cada jugada entre los tres palos. Y marcar goles. Y defender un poco mejor. Así nos evitaremos esta congoja y tendremos un resquicio para soñar.

PD. El uruguayo Diego Forlán ya lleva dos tantos: dos golazos. Es un delantero inmenso. (Esta foto de la desolación de los españoles, tras el gol de Suiza, es de J. C. Cárdenas de la agencia EFE).

DIARIO DEL MUNDIAL 2010 / 3

Inventario de pifias y de gestas del portero

 

[El fútbol tiene detractores y defensores. Borges se alía con los primeros; Camus, que fue portero, con los segundos. Breve historia de los mundiales desde Lucien Laurent hasta Green y Chaouchi]

 

Hay opiniones para todos los gustos. Jorge Luis Borges dijo: “El fútbol es popular porque la estupidez es popular”. Y añadió otra sentencia de las suyas: “El fútbol es uno de los mayores crímenes de Inglaterra”. La frase, tras el choque contra Estados Unidos, adquiere un nuevo sentido: los ingleses aún echan en falta la inteligencia y el remate de Bobby Charlton. En cambio, Albert Camus anotó: “Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”. Como había sido arquero en Argelia y en Francia pudo añadir: “Aprendí que la pelota no viene nunca por donde se la espera. Eso me ha servido en la vida”.

Curiosamente, un portero ocasional de Francia asumió un insólito protagonismo en el primer Campeonato del Mundo de 1930. Se llamaba Lucien Laurent, logró el primer tanto de los mundiales ante México, ganaron los galos 4-1, y además recibió el único gol de los aztecas: hubo de sustituir al lesionado portero Thepot. Otro arquero que forma parte del paisaje mundialista es el mexicano Antonio Carbajal, alias ‘La Tota’, que jugó cinco torneos desde 1950 a 1966, siempre con un elevado rendimiento y en algunos choques como un semidiós casi imbatible. Era un pulpo. Como lo fue ‘el Chino’ Gordon Banks: Inglaterra siempre se ha sentido huérfana tras su retirada. Fue el gran arquero de 1966, se alzó con el título con el equipo liderado por Bobby Charlton y Bobby Moore, y destacó en México-1970, donde realizó una prodigiosa parada a un cabezazo de Pelé; aquella estirada imposible y con rectificado en el aire aún se recuerda como una de las mejores gestas de un guardameta.

Estos días, los ingleses han vuelto a acordarse de Banks tras la pifia de Green, y han recordado, seguramente, la pifia de Bonetti, su sustituto ocasional, y la inconsistencia general de sus sustitutos posteriores: Shilton, Clemens, David Seaman (el hombre que no pudo parar el zambombazo de Nayim en París en 1995), Robinson o ‘Calamity James’. La portería siempre ha sido una demarcación complicada, a la que Peter Handke le dedicó un libro inolvidable: ‘El miedo del portero ante el penalti’. Los porteros siempre usan amuletos y suelen tener su propio ritual. El caso más dramático es el de Moacir Barbosa, el cancerbero de la selección brasileña de 1950 que se jugaba el título en Maracaná ante el Uruguay de Obdulio Varela, Gigghia y Schiaffino. Su madre le había regalado una muñeca, que él alojaba en el interior del marco: cuando le batió Gigghia, el balón destrozó a la niña de trapo, y Barbosa supo que allí empezaba su martirio e incluso intentó suicidarse. Lo harían casi una veintena de aficionados tras la derrota.

Algunos años después, en Suecia-1958, Brasil iniciaría su cosecha de títulos con un juvenil Pelé: el diez del Santos jugó cuatro mundiales, se lesionó en Chile muy pronto (fue reemplazado con absoluto éxito por Amarildo), fue golpeado severamente en Inglaterra-1966 y dijo que no volvería a un mundial. En ese campeonato hubo un leñero profesional, Nobby Stiles, “es la mejor imagen publicitaria del negocio de su padre: una funeraria”, decían los propios ingleses, y un mediocampista argentino excepcional, de 1.91, Ubaldo Rattin, ‘la Rata’, que fue expulsado ante Inglaterra y desafió a la propia reina en Wembley al desfilar, calmoso e insolente, ante ella y estrujar luego una bandera británica. Felizmente, Pelé regresó en México-1970 para realizar un torneo fabuloso y para liderar a una de las mejores selecciones de todos los tiempos –probablemente hubo otras inolvidables que no lograron el título: la Hungría de 1954, la Holanda de 1974, la Francia y el Brasil de 1982…-, que se recitaba de memoria en los recreos de los colegios de España: Félix; Carlos Alberto, Piazza, Brito; Clodoaldo, Everaldo; Jairzinho, Gerson, Tostao, Pelé y Rivelinho.

Brasil ha tenido siempre porteros más o menos correctos: Barbosa, que fue el mejor de su mundial, Gilmar, Félix, Leao, Taffarel y ahora Julio César; entre ellos, figura un garbanzo negro, aquel Valdir Peres que jugó en España-1982 y fue batido y abatido por la Italia de Rossi, Scirea y Antonioni, que tenía un veteranísimo cancerbero: Dino Zoff, cuarentón y sobrio. Los poetas y cantantes brasileños han dedicado poemas a sus ídolos: Joao Cabral de Melo al interior Ademir da Guía, que jugó 900 partidos con el Palmeiras y vivió a la sombra de ‘o rei’ en la ‘canarinha’; Carlos Drummond de Andrade a Pelé, y dice que “el genio del gol” se encarnó en Edson Arantes do Nascimento; aunque el jugador más exaltado por escritores, periodistas y cantantes (entre ellos Vinicius de Moares) fue Garrincha, el ángel de las piernas torcidas, los pies del viento, “pura danza”.

El argelino Chaouchi ha cometido la segunda pifia importante del Mundial de 2010. Como se ve, en el fondo tenía razón Jean-Paul Sartre cuando escribió una sentencia de Perogrullo, que no tiene en cuenta las “cagadas” (Andoni Cedrún dixit) de los poretos: “En un partido de fútbol, todo se complica por la presencia del equipo contrario”. Era su manera de decir que el infierno son los otros. Y a veces se suma algún árbitro, como pensarán los australianos tras el tanto de Lukas Podolski. Eso sí, Alemania se suma a la lista favoritos.

 *He puesto tres jugadores: Gordon Banks, Moacyr Barbosa y Garrincha.

 

MAÑANA PRESENTO EN ARAGÓN TV 'LOS DOMADORES DEL BALÓN'

MAÑANA PRESENTO EN ARAGÓN TV 'LOS DOMADORES DEL BALÓN'

Queridos amigos:

 

Os invito a la presentación de mi nuevo libro, 'Los domadores del balón. Un Diario del Mundial de Fútbol de 2006', publicado por el sello Eclipsados. Estaría encantado de que pudierais y quisierais pasaros. Será esta martes, a las 19.00, en el auditorio José Luis Borau de Aragón Televisión. Participarán en el acto Pepe Quílez, Paco Ortiz Remacha y yo mismo.

 

 

Un abrazo. Antón Castro

 

 

 

Los domadores del balón

Un diario del Mundial de Fútbol de 2006

Antón Castro. Eclipsados. Zaragoza, 2010.

 

[El libro analiza los partidos del Mundial, ofrece algunas crónicas y a la vez es una mirada sobre la historia de los Mundiales, de sus jugadores y de sus goleadores, y de las grandes selecciones de la historia: la Hungría de Puskas en 1954, el Brasil de 1958 y de 1970 de Pelé, la Holanda de 1974 de Cruyff, la Alemania de 1974 de Beckenbauer, y a la vez se narran historias sociales del fútbol, e incluso se habla de las vinculaciones con el fútbol y la poesía, ]

 

El Mundial de Fútbol de 2006 lo organizó Alemania, como había hecho en 1974, cuando el equipo de Franz Beckenbauer venció contra todo pronóstico a la “naranja mecánica” que lideraba Johan Cruyff, el hombre orquesta, el futbolista moderno. España cayó, como casi siempre, demasiado pronto ante Francia, aunque ya mostró la línea de trabajo que le conduciría dos años, en 2008, después a conquistar la Eurocopa ante la Alemania de Michael Ballack. Los anfitriones perdieron en semifinales ante Italia, y habrían de conformarse con la tercera plaza. Francia eliminó a Portugal y se plantó en la final. Los italianos, liderados por Gianluigi Buffon y Fabio Cannavaro, ganaron a los penaltis. Fue el adiós, sin gloria, de Zinedine Zidane, y el día de la ira (le dio un cabezazo a Materazzi, que habría insultado gravemente a su familia), y el despertar de jóvenes figuras como Cristiano Ronaldo, Messi, Villa. Estos textos fueron un ‘Diario del Mundial de Fútbol de 2006’, aparecieron en Heraldo de Aragón, gracias a la gentileza de Mikel Iturbe y José Miguel Tafalla y a los compañeros de la sección de Deportes, y son la crónica de algunos de los encuentros más importantes y una mirada a la historia de los Mundiales y de sus grandes protagonistas. Se recuerdan a los futbolistas del aire de Brasil, la Inglaterra de 1966 liderada por Bobby Charlton, la pasión por el fútbol de países como Argentina, Holanda e Italia, y, entre otros muchos detalles, el libro también viaja a la infancia y a la adolescencia cuando el fútbol se vive casi como una forma de vida y una estación de paso coronada de héroes.

DIARIO DEL MUNDIAL 2010 / 2

 Leo, entre la lentitud y la nada

Argentina es una de las canteras universales del fútbol: Stábile, Carrizo, Pedernera, Labruna, Di Stéfano, Sívori, Kempes, Ardiles, Maradona y, ahora, Messi. Lionel Messi, formado lejos de los potreros, es la centella minúscula y gambeteadora. La pulga eléctrica que desentona en un equipo que manosea el balón hasta marearlo o aburrirlo. Irrumpe el diez y acelera la tarde del sábado. Messi cose el balón a su bota y provoca el temblor de África entera. Argentina jugó ayer con fuego ante un equipo de hombres de piedra, tan primitivos como un socavón; a Nigeria solo le faltó rugir: sus jugadores desentumecían el choque con bruscas acometidas y la elasticidad de los mejores danzantes de la selva. Pero en el otro lado, estaba Messi, tan entonado e imprescindible como Maradona antaño, tan desenvuelto como el aire. Recibe siempre: acaricia, desborda en arrancada, regatea a dos o tres o cuatro en un palmo de césped, cambia de ritmo, tira caños, busca al compañero y, sobre todo, se atreve a rematar, quizá con un punto de egoísmo. O de codicia de eternidad: este es su primer Mundial de veras. Ayer, Argentina estuvo algo mejor de lo que había estado en las eliminatorias y peor de lo que se le supone a un candidato: es un equipo lento, sacrificado, calculador, de barruntos, que se pasea entre el abismo, la lentitud y la nada. Eso sí, cuando Messi se pone en marcha, se desordena el tedio. Tuvo varios goles cantados, pero le faltó una brizna final de lucidez y temple. Ha puesto la emoción en medio del insoportable zumbido de las flautas.

*Dos de los mejores zurdos de todos los tiempos: Lionel Messi y Diego Armando Maradona.

DIARIO DEL MUNDIAL 2010 / 1

La pelota no quema o los cinco favoritos

12/06/2010

[Se inició la fiesta del fútbol con más entusiasmo que brillantez. Los favoritos son Brasil, Italia, Argentina, Inglaterra y España, elogiada por todo el mundo. Parece claro que será, ante todo, un campeonato más de figuras que de selecciones.]

La pelota no quema. Esa es la estética de España, y quizá no le sirva para ganar el Mundial más abierto de los últimos años. Así, de entrada, a osada vista de pájaro, parece más un campeonato de individualidades que de selecciones. Los favoritos, en el fondo, lo son por defecto: Brasil, Italia, Inglaterra, Argentina y España podrían ser el quinteto mejor situado, visto ya el arranque más bien apático de una Francia rutinaria. El orden es aleatorio hasta las semifinales, claro.

El Brasil de Dunga es el equipo con menos arte y talento en la estirpe de los 'futbolistas del aire' en mucho tiempo: es un conjunto compacto, más físico que malabarista, con alma de cemento armado y sin los colibríes (Garrincha, Bebeto, Muller) ni los leopardos del área (Ronaldo, Romario, el ignoto Ademir): Julio César, en la portería, Maicon de lateral insaciable en sus pruebas de velocidad, Felipe Melo y Gilberto Silva en la dirección, Robinho, etc. Ellos son sus estandartes. Dejamos bajo sospecha a Kaká, atribulado.

Italia es favorita por pura tradición y por espíritu: llega con un equipo envejecido (Buffon, Zambrota, Cannavaro, Camoranesi, Gatusso), más bien impersonal, sin figuras y sin clave de juego; eso sí, los 'azzurros' levantan la empalizada, ponen el buzo de faena y se la juegan en los penaltis.

Con Inglaterra cuentan más los futbolistas rivales que los aficionados o la prensa. Tiene su columna vertebral en Terry, Lampard, Gerrard y Rooney, y tiene, muy especialmente, un míster rocoso (el hombre que anticipó a Mourinho) que juega feo, pero que es práctico; la fase de clasificación les otorga un resquicio de esperanza, un amago de luz.

Argentina es la gran incógnita: se clasificó de milagro, no convenció a nadie, y al parecer ahora Diego Maradona, el ventajista diez de Dios, va a cambiar el sistema para darle aire a Messi y espacios a Di María y galones arriba a Higuaín. A Argentina se le espera desde el Mundial de 1990 o 1994, por lo menos. Eso sí, ahora vuelve a tener al artista más genial de la tierra: el artista Messi.

España empieza a ser considerada entre las favoritas. Y no solo por sus incondicionales o por la necesidad de crear un espejismo que ahogue las decepciones políticas y sociales que genera el incierto señor Zetapé: en este caso, el cielo son los otros. Son ellos, los rivales, quienes encumbran al equipo de Del Bosque, el hombre tranquilo. España no debe oír cantos de sirena: un Mundial se gana no solo con juego, sino con entereza, combate, convicción, calidad, madurez, y suerte, mucha suerte. La formación, de entrada, es equilibrada: maniobra de memoria, con un sentido incomparable de la fantasía y del ritmo, y puede improvisar dos o tres suertes en el ataque. Con todo, las pruebas han sido poco convincentes, salvo la de Polonia; Del Bosque deberá hallar pronto el punto de equilibrio, de dinamismo y de robo de balón que exhibía Marcos Senna, y algo más de rapidez y de potencia. El equipo está cojo en el lateral izquierdo: sin recambio en tareas de ataque.



Más que un campeonato de selecciones -hace lustros que no vemos una Brasil-70, una Holanda-74, una Francia-82, una Italia-82- parece fácil suponer que será un Mundial de jugadores con Messi a la cabeza, con Cristiano Ronaldo, con Rooney, con Ribéry, con Robben si se recupera, con Casillas y Xavi, con Iniesta y Villa. Estos cuatro últimos, los nuestros, no van a ganar el Mundial, pero lo van animar mucho, muchísimo, hasta el penúltimo suspiro.

 

*En la sección de deportes de Heraldo, gracias a la gentileza de José Miguel Tafalla y los compañeros de la sección, empecé ayer un Diario del Mundial 2010. En las fotos, Luis Fabiano de Brasil, Messi de Argentina y Wayne Rooney. Argentina ganó por la mínima a Nigeria, con gol de Heinze, e Inglaterra empató con Estados Unidos; por los británicos marcó Steve Gerrard.