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Antón Castro

Deportistas

NATALIA GANA, Y PIERDE, EL ORO

NATALIA GANA, Y PIERDE, EL ORO

Natalia Rodríguez, la gran corredora de 1.500, ha vivido las dos caras del atletismo en pocos segundos: ha pasado de ser campeona del mundo a ser descalificada. Natalia Rodríguez corrió a su modo, muy segura de su gran momento de forma. Empezó atrás, dejó que Nuria Fernández fuese siempre mejor colocada. En la tercera vuelta ya se hizo notar: corría con su elegancia habitual; de repente, en uno de esos movimientos de las atletas, vio que había espacio y se metió por la calle uno. Ya era el momento de situarse; delante, también por la cuerda, iba a la etíope Gelete Burka que pareció dejar un pequeño hueco para pasar. Natalia lo intentó, en la tele se percibió un gesto un poco brusco y probablemente innecesario, al menos esa fue mi primera impresión, y Burka se vino al suelo. Natalia también estuvo a punto de caer, se rehízo y siguió. Y en la recta final, impuso su esprint ante la que muchos consideraban la favorita, Jamal. Natalia fue abucheada por el público y no se atrevió a celebrar el título. En todo momento, a la hora de la verdad, dio la sensación de que era la más rápida, la más fina, la que había llegado con más fuerza. Natalia se dirigió a la atleta etíope, que lloraba en el suelo, la abrazó, la consoló y le besó la mano.

 

Los jueces la descalificaron, a parecer ningún país presentó reclamación. Tampoco se atendieron las alegaciones españolas. Realmente fue una pena, y posiblemente una decisión excesiva porque la corredora tuvo que rehacerse y también salió tambaleante del choque. La sensación inicial que tuve durante la carrera es que el movimiento de Natalia era un poco precipitado, innecesario, casi suicida. Había mucha pista por delante y ella iba tercera o segunda en ese momento. Aún así, la decisión es tremenda para una mujer a la que hoy le sobraban las fuerzas y el talento y el sentido de la estrategia en el último hectómetro. Qué amargura le espera a esta atleta de la que dicen que es tímida e introvertida. Muy callada.

 

Kenenisa Bekele ganó el 5.000, y sumó su segunda medalla ante el norteamericano Bernard Lagat. Antes había ganado con más suficiencia todavía el 10.000. Es uno de los grandes atletas del Mundial.

*Natalia Rodríguez, en esta foto de la agencia AP, se dirige a disculparse y a consolar a la etíope Burka.

OTRA GRAN NOCHE DE ALLYSON FELIX

OTRA GRAN NOCHE DE ALLYSON FELIX

Allyson Felix (Los Ángeles, 1985) bate a Veronica Campbell en la final de 200, doble campeona olímpica. La joven campeona, que deslumbró en Osaka, partía como favorita y ganó con absoluta limpidez: es una corredora armoniosa, de estupenda técnica, que parece medir cada zancada, que parece deslizarse con extrema delicadeza. Encarna a la corredora de la suavidad: es la gacela del aire, la levedad, la belleza en movimiento. A su lado, Veronica Campbell, una clásica, es otro tipo de atleta: más baja, de gran fortaleza física, claramente explosiva, con una gran experiencia. En Berlín, hoy nunca amenazó seriamente a la joven norteamericana. Allyson Felix fue campeona del mundo 2005 y 2007, en Helsinki y en Osaka.

 

Hay pruebas que van hacia abajo. Pruebas cuyos récords se quedan estancados: es el caso, por ejemplo, de la altura masculina. Javier Sotomayor no ha tenido aquí sombra alguna. Ni él ni Sjoberg, ni siquiera el más reciente Stefan Holm. Ganó Ribakov, que es un clásico, con 2.32, porque realizó menos tentativas que sus compañeros. Hasta tres atletas más Ioannou, Spank y el joven polaco Sylwester Bednarek  saltaron lo mismo que él. Ribakov fue de los cuatro el que dejó mejor sensación: pudo saltar en sus dos últimos saltos el listón, pero pareció que lo golpeaba con el talón, especialmente en la última tentativa.

 

En 400 metros lisos masculinos, la prueba en la que deslumbró Michael Johnson anteayer como quien dice, la ganó La Sawhn Merrit ante su compatriota Jeremy Wariner. Ambos iban igualados hasta el tercer hectómetro, pero al salir de la curva Merrit tomó la delantera y venció con comodidad. Los comentaristas recordaban una y obra que Le Merrit le ha tomado la medida a su rival, y no solo eso: le ha comido la moral. Wariner, es cierto, se ha estancado en las marcas.

USAIN BOLT: LA VELOCIDAD DE LA LUZ

USAIN BOLT: LA VELOCIDAD DE LA LUZ

Usain Bolt ha agotado todos los calificativos: genial, galáctico, estratosférico, asombroso. Nadie había hecho nunca lo que ha hecho él con esa suficiencia: demoler, centésima a centésima, las mejores marcas de 100 y 200. Creo que ni Carl Lewsi ni Michael Johhnson. Si en 100 contó con el estímulo y la ambición de Tyson Gay como acicate, como peligro real, ayer por la tarde se enfrentó ante todo a sí mismo: salió como la centella, tomó la cabeza de inmediato y se aplicó a correr y a sostener el esprint como nunca: apuró, apuró al máximo, elevó las rodillas y parecía coger más aire, más bríos, en cada metro: al final, victoria apabullante y nuevo récord del mundo: 19.19. Once centésimas menos. Nadie como él: ni Carl Lewis, ni Frankie Fredericks, ni Pietro Mennea, ni Michael Johnson. Nadie.

 

Al parecer estos días, ante el unánime asombro universal, se habla de dopaje en el entorno general del atletismo. Esperemos que no lo sea: ha sido tan hermoso, tan incontestable, tan ambicioso, que sería un latigazo de decepción para este deporte. Un fiasco insoportable. Bolt, además, es arrollador, histriónico con dulzura, y posee elegancia, potencia, capacidad de ir un poco más allá, una pasmosa seguridad en sí mismo. Y en este momento es el monarca absoluto del atletismo. Lo sublima, le da una nueva dimensión, nos hace creer a todos que siempre se está en el camino, que las marcas irán reduciéndose una a una, que lo imposible puede hacerse probable y, al final, cierto.

 

Ayer también fue, tanto tiempo después, la noche de Blanka Vlasic. La croata de altura interminable, 1.92, se sabía acosada o presionada por la rusa Anna Chicherova y por la alemana Ariane Friedrich, que siempre ha parecido arrogante. O muy segura de sí misma. Y por otras tres mujeres que han competido: la bella Emma Green (de la escuela de Kajsa Bergqvist o Patrick Sjoberg, entre otros), Antonia di Martino y la cántabra Ruth Beitia. Ruth Beitia se quedó en 1.99 y se quedó quinta, su mejor clasificación. Anna Chicherova pareció en un maravilloso estado de forma: saltó con limpidez, voló con dulzura y con una perfecto talonamiento, hasta que se clavó en 2.04. Friedrich quiso y no pudo, y Vlasic logró lo que anhelaba: se le escapó el oro en Pekín, pero aquí ha confirmado su gran nivel. Eso sí, a pesar de lo que se había escrito, todas, todas han estado muy lejos de Stefka Kostadinova, cuyo récord se ha eternizado. Vlasic se ha atrevido tres veces en vano.

 

*Varios amigos, seguidores del blog, me advierten que había escrito “elevó las rodillas hacia arriba”. Limo la redundancia final, quizá debería suprimir la frase entera, y ajusto otros matices. Republico el texto completo porque el sistema, tras el fallo de sistema, no admite correcciones. Gracias. La foto de Usain Bolt pertenece a la agencia AP.

BLANCA VASIC: UNA MUJER DE ALTURA

BLANCA VASIC: UNA MUJER DE ALTURA

Blanca Vlasic, hija de atleta, había sido campeona en Osaka, fue medalla de plata en Pekín y hoy recuperó su vieja corona ante Chicherova. Esta es la foto de celebración del triunfo.

MUNDIAL DE BERLÍN.7.

MUNDIAL DE BERLÍN.7.

Mayte Martínez ya había dicho que tenía muy poco que hacer en la carrera de 800. En realidad, se clasificó con apuros por tiempos y, en cierto modo, ya había cumplido. Aunque de su pundonor, de su explosivo final y de su gran capacidad de lucha podía esperarse todo. La de 800 fue una carrera con poca historia. Y sorprendente. Desde la salida, todo fue rapidísimo, con una velocidad de vértigo, tanta que cuando salieron a la cuerda Mayte llevaba varios metros de retraso. Alucinó, sin duda, con todas: con Jennifer Meadows, con Jepkosgei, con Piccione y sobre todo con Caster Semenya. En los segundos 400 metros, la surafricana arrolló por completo: imprimió una velocidad impresionante y ganó de calle. Mayte parecía condenada a la última posición: reaccionó levemente, rebasó a una rival y firmó el séptimo tiempo, con el mismo crono que la sexta. Semenya ganó con aplastante autoridad. Mi favorita, derrotada Jelimo en semifinales, era Jepkosgei: otra mujer alada y ligera como una gacela.

 

En 100 metros vallas, Brigitte Foster-Hylton no tuvo rival: ganó con claridad. Lo más sorprendente es que la norteamericana Dawn Harper, que había deslumbrado en la pruebas clasificatorias y que partía como la gran favorita, sólo pudo ser séptima.

 

La otra gran carrera del día, a mi juicio, fueron los 1500 metros, con un resultado extraño: ganó Kamel, hijo de Billy Conchela, fue segundo Mekonnen y tercero Bernad Lagat, que había sido campeón. Fue una carrera embarullada, muy táctica, donde destacó el estrepitoso fracaso de Medhi Baahla, el corredor francés que había realizado la mejor marca del año.

*Foto de archivo: Brigitte Foster y Dawn Harper pelean por la victoria. Hoy, arrolló la jamaicana con facilidad.

MUNDIAL DE BERLÍN.6. SANYA RICHARDS

MUNDIAL DE BERLÍN.6. SANYA RICHARDS

Sanya Richards, una jamaicana nacida en 1985 y nacionalizada estadounidense, es la gran reina de los 400 metros lisos de los últimos tiempos. Había bajado 36 veces de los 49 segundos, rivalizada con la inolvidable Marita Koch, y ha realizado una impresionante temporada de mítines. Hasta el momento se le resistía la medalla de oro, en un campeonato del mundo o en una olimpiada. Hasta hace un instante: ganó con absoluta autoridad en una carrera limpia en 49.00 exactos y se quita fantasmas de su cabeza. No quería ser la nueva Marlene Ottey, la campeona sin medallas de oro, la mujer del maleficio. Sanya Richards es joven, ha superado a Allyson Felix, que pasa un pequeño calvario de marcas, y ha probado sobre la pista que es la mejor del momento en esa durísima carrera de los 400 metros.

 

Ha realizado una carrera segura de principio a fin. Salió bien, tomó el mando pronto y en la segunda curva decidió acelerar y poner tierra por medio. Tiene un correr acompasado y potente, prodigioso de técnico, espléndido en elegancia y precisión. Entró luminosa y feliz, con un gesto de rabia, sombras fuera parecía decirse, con esa belleza radiante que la caracteriza. Detrás, venían la diminuta jamaicana Shericka Williams, plata en Pekín el pasado año, que realizó 49.32, y la rusa Antonina Krivoshapka, que firmó 49.71. Fue una carrera preciosa: los 400 son durísimos pero ahí se han forjado corredores como Marita Koch, Alberto Juantorena (que también corría 800), Félix Sánchez, Jarmila Kratochvilova, Michael Johnson, Marie-Jose Perec o, ahora, Wariner, entre otros muchos.

 

Anoche, por cierto, Kenenisa Bekele, el mejor mediofondista del momento, ganó el oro en 10.000: dejó que Fadese marcase el ritmo, que estirase la prueba, hasta que ambos se quedaron solos. En la última vuelta, Bekele aceleró y realizó una de sus finales espléndidos, de zancada menuda, vivaz y segura.

YELENA ISINBAYEVA. CASI UN POEMA

YELENA ISINBAYEVA. CASI UN POEMA

Había apostado por ti, como siempre.

Para mí eres la atleta del aire, la cazadora de estrellas,

Para mí eres la trapecista,

Ese espíritu alado y poderoso que sube y sube

Más allá del cielo, en busca de un nuevo límite.

 

 

Eres fuerte, orgullosa, casi altiva.

Después de ti, todas las demás.

Después de ti, los ecos de la belleza vencida,

El vuelo imperfecto, la impotencia, la caída precipitada.

 

No las tenía todas conmigo. Es cierto.

Recuerdo cuánto disfruté en Pekín: eras intratable,

Trepabas en el viento cálido, subías,

Conquistabas las alturas como si solo

Te perteneciesen a ti. Pronto te deshiciste

De las rivales y te quedaste a solas, como una reina,

Dispuesta a seducir: dispuesta a ser la única diosa

De la noche y de mil noches más.

 

Hasta hoy. No las tenía todas conmigo.

Siempre hay un mal trago, un bajón, una lesión

Mal curada, un desaire del destino.

¿Qué te ocurría a ti? ¿Por qué te había vencido

Anna Rogowska en Londres, de ese modo, tan lejos tú de ti misma?

Hoy lo ha vuelto a hacer. Ella estuvo a su altura:

En el nivel exacto de su comedido talento.

Pero tú no apareciste siquiera. No eras tú.

Lo elegiste todo mal: los pasos y la pértiga.

La estrategia y el desafío. La tentativa inicial del pájaro.

Cuando te vi vencida y humillada pensé:

“Esa atleta desmoronada no es Yelena Isinbayeva”.

 

Salí fuera del estadio, entre lágrimas.

¡Cuánto, cuánto y de qué modo habrás llorado tú!

 

 

*Redacté anoche, tras su derrota, este texto dedicado a la campeona olímpica y campeona mundial de salto de pértiga Yelena Isinbayeva desde la posición del espectador apasionado que habría podido estar en Berlín. En Pekín, en su último salto, alcanzó los 5.05. Ayer no logró saltar ninguno de sus tres intentos y quedó la última en la clasificación; hace poco había perdido en Londres con Anna Rogowska. Ayer, contra todo pronóstico, volvió a sucederle a la mujer que había logrado 26 récords mundiales. Fue un accidente, sin duda, propio de cierta altanería o suficiencia de quien se siente invencible, como le sucedió a Bubka, en alguna ocasión, en concreto en las Olimpiadas de Barcelona 1992. Es la atleta más carismática del atletismo mundial (la heroína de Pelín con Usain Bolt), que será eclipsada por Shelly Ann Fraser o Semenya Caster, entre otras. La mayor parte de las visitas de hoy son búsquedas en Google sobre ella y su derrota.

MARTA DOMÍNGUEZ VENCIÓ EN EL 3.000

MARTA DOMÍNGUEZ VENCIÓ EN EL 3.000

Marta Domínguez, sin duda la mejor atleta española de todos los tiempos, acaba de proclamarse campeona del mundo de 3.000 obstáculos. Llegó con magnífica preparación, aguantó bien el primer kilómetro liderado por Galkina, no perdió comba en un segundo más tranquilo y al final, bien situada como siempre y con su ambición inagotable, percibió que era su día: vio que las rusas flaqueaban un poco, que Galkina (la campeona olímpica) no iba a ser rival, y se lanzó a por el título; el último obstáculo era Yuliya Zarudneva. Vio que ganaba al menos 30 metros antes de llegar a la meta. La suya había sido una carrera prodigiosa: inteligente, atrevida, poderosa, y con un portentoso final. Entró en la meta con la cinta rosa de su abuela en la mano y un espléndido registro: 9.07.32, que supone el récord de España y la mejor marca mundial del año. Quizá la cinta ya no sea la de su abuela porque está como más coloreada, pero es lo mismo. Es la segunda mujer española que se proclama campeona del mundo; antes lo hizo en Sevilla, ante Fiona May, la cubana nacionalizada Niurka Montalvo.

 

Fue  una tarde extraña: cayó Pamela Jelimo y ahora la gran favorita parece Semenya Caster, una atleta que tiene algo de tanque femenino y arrollador; Mayte Martínez logró meterse en la final y será una de las ocho elegidas. Aspira a todo: por veteranía, por pundonor y por clase, todo puede lograrlo.

 

Cayeron los dos atletas de 1500: Reyes Estévez y Juan Carlos Higuero. Y cayó, y fue el gran fracaso del día y probablemente del Mundial, Yelena Isinbayeva. Ha pasado de ser campeona olímpica y récord del mundo en el último salto a no aparecer ni siquiera en el palmarés: no realizó ninguno de sus  tres saltos. Eligió mal, le faltó humildad y sentido de la estrategia, y se reservó no se sabe para qué. Al final, la polaca Ana Rogowska, que le había ganado hace muy poco, se hizo con el oro con un salto discreto, mucho menos discreto, eso sí, que el de Yelena Isinbayeva, que no pudo saltar ni 4.65, ni 4.70 ni 4.80. Parece que ni ha llegado en buen momento y tampoco jugó bien sus bazas.

*La foto es de Alberto Estévez de la agencia EFE.