Blogia
Antón Castro

Escritores

GUILLERMO BUSUTIL: 'LA VIDA PÚGIL'

[Guillermo Busutil, escritor y periodista cultural, acaba de publicar ‘Noticias del frente’ (Tropo editores), que es un libro que sigue las secciones de un periódico y escruta la actualidad, la crísis, el universo cultural. Reflexiona sobre la creación, sobre el mundo contemporáneo y sus sombras, sobre el miedo. Y es, sobre todo, un acta de compromiso. Le pido este texto, por sus vinculaciones con Aragón y con amigos inolvidables, como Perico Fernández, que ya va y viene por los terrenos de la desmemoria, y como Félix Romeo Pescador, tan presente siempre con su ejemplo, con su pasión por la vida y por las palabras.] 

LA VIDA PÚGIL

 Por Guillermo BUSUTIL

La vida no es un cuadrilátero. Pero sí es un combate en el que, cada día, uno ha de cubrirse con la guardia alta, fajándose contra los adversarios, el castigo de los golpes, el jab de las victorias que emborrachan, el crochet de las derrotas que enturbian la mirada, el tiempo que también pelea en contra. En ese combate a diferentes asaltos, rodeado de cuerdas invisibles, en el que siempre hay un título, una bolsa en disputa, uno debe saber manejar las distancias, marcar el ritmo con el juego de piernas, cubrirse, esquivar, escabullirse del rincón, lanzar el swing. Unas veces se gana por K.O., otras se termina con el eco sordo de la cuenta de diez segundos -que tanto pesan sobre un cuerpo vencido en la lona- y en ocasiones se tira la toalla o es la campana la que salva. Lo importante es mantenerse en pie, levantarse rápido, recuperar el aliento, trabajarse la pelea y sobre todo no terminar la vida con el corazón sonado.

 

La vida no es un cuadrilátero. Lo sabe bien Perico Fernández, el campeón del mundo de los súper ligeros en 1974. El boxeador estilista que lleva años sobreviviendo de pensión en calle hasta su penúltima pernoctación en la cama de un club de alterne. Sin dinero, sin el amor de la guarda de una mujer contra el ocaso. Un hombre errante, con un foto eterna en blanco y negro guardada en un bolsillo de la chaqueta. Todas las sombras arrastran el silencio de sus zapatos cuando andan detrás de la persona que fueron. Del tipo que, en este caso, levantó muchas veces los brazos al cielo y nunca dejó de mirar de frente, aunque sus ojos estuviesen nublados, fijos en los segundos de una esquina donde a punto estuvo de perder el aire y la victoria.  La prensa se ha encargado de recordarnos el título que el boxeador ganó en Roma en aquel octubre de su fama. También nos cuenta su precaria situación, su orgullo magullado pero con el mentón desafiante, su existencia llena de cicatrices y resaca, viendo el mundo desde fuera.

 

Perico Fernández no es el único que ha aprendido que la fama es una amante de paso, Que el éxito a veces también te derrota y que los hombres siempre se olvidan de los hombres. Da igual que sean boxeadores, actores, poetas, panaderos, albañiles. Esa indigencia de la dignidad la padecieron igualmente Lola Gaos y Gabriel Celaya. Ella fue la voz rota del cine español de postguerra, el rostro escéptico de Viridiana, de Furtivos, de Mi querida Señorita, de una película nunca estrenada en la que luchó sin dinero, postergada por productores y directores, enferma de amargura y de cáncer, sin que la industria la hiciese un merecido homenaje. Esta primavera se cumplió el centenario del nacimiento de Gabriel Celaya, Premio Nacional de las Letras españolas, sin el eco que debería haber tenido el recuerdo de quién dijo que la poesía es un arma cargada de futuro, un instrumento para transformar el mundo. En sus últimos años sobrevivió en la pobreza, en la soledad cerrada de sus poemas, con la única sonrisa compañera de su mujer Amparo. Nunca dejó, como confesó en su poema La Felicidad, de compartir su comida y su vino fiado con las esporádicas visitas de sus pocos amigos verdaderos. En Viviana, Guillermo López Montgomery, un periodista que todo lo tuvo (elegancia, seducción, oportunidades, éxito) recorre las calles en busca de un colega o un conocido ilustre que le alcance unas monedas, el ánimo del afecto. Lo suficiente para ir burlando en el ring a la muerte, a los viejos recuerdos que ahoga en el fondo de una botella con la que un día brindó por sus triunfos y sus promesas, sin que le importe llegar tarde al albergue social donde a veces se lava y se tapa con una manta las heridas de los sueños. Y en Madrid, un escritor generoso, joven, enorme de cuerpo, corazón y talento, Félix Romeo, ha sido noqueado por el gancho de un infarto certero cuando mejor se cumplían sus sueños. Sin que hubiese terminado la traducción de toda la literatura que llevaba dentro.

 

Cada uno de ellos ha conocido los días de gloria y de fiesta, las noches frías de las derrotas, la abundante amistad del tiempo de bonanza y la escasa pero sólida amistad de las épocas difíciles. A sus nombres podemos añadir los que cada día pelean en la lona contra el paro de larga duración, los que encajan en los riñones y en el mentón los golpes del desahucio de sus hogares, de la mezquindad humana, de las enfermedades silenciosas y demoledoras. Hombres, mujeres, púgiles que no se saben, frente a ese destino que siempre tiene dos rostros para hacernos creer que somos únicos e imbatibles, que jamás seremos los que caerán a la lona. La vida no es un cuadrilátero. Pero sí es un combate en el que cada día debemos fajarnos.

 

 

 

* Noticias del Frente. Guillermo Busutil. Tropo. Zaragoza, 2014

 

-Foto de Perico Fernández:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-cbb2a710321c43ec49e1f148acb08324.jpg

-La foto de Félix Romeo es de Ouka Leele.

 

 

UN POEMA PARA ÁNGEL Y PILAR

UN POEMA PARA ÁNGEL Y PILAR

 

[Hace unos días estuve en el Matarraña. Allí me hablaron de Ángel Crespo y Pilar Gómez Bedate, su mujer, escritora y traductora de Mallarmé, entre otros. Son dos antiguos amigos; Ángel falleció hace años. Hoy me ha llegado el libro 'Situación de la poesía concreta y otros ensayos sobre poesía brasileña' (Libros de la Resistencia, 2013), que me envía Pilar. Mañana, en Tauste, presentaré mi nuevo libro, 'Seducción' (Olifante, 2014. También presentarán los suyos Giménez Ocaña, Laura Lahoz, José Luis Corral, Víctor Juan, José Verón, etc.), donde hay un poema dedicado a Pilar y Ángel, aquel poeta simbolista al que vi varias veces escribiendo poesía en su paloma de Calaceite, situación a la que alude este texto.]

 

 

UNA BRISA NOCTURNA

 

[A Ángel Crespo y Pilar Gómez Bedate]

 

Vivían con las palabras precisas.

Con las suyas y con las de los otros:

con las de Fernando Pessoa y Rilke,

con las de Juan Ramón Jiménez,

y con las de Stéphane Mallarmé.

Y esas palabras, en forma de versos,

andaban por la casa como pájaros

inquietos, como las notas huidizas

de una ópera o de un río de sílabas.

Vivían entre las piedras y el cielo,

entre los búcaros y el aleteo

de las telas. Siempre había un olor

a madera y a intimidad cercada.

Los libros estaban cerca. Los discos,

los cuadernos y una cesta de frutas.

Al llegar la noche, él se retiraba

a un palomar, su obrador y refugio,

el oratorio de la poesía.

Hablaba con Ofelia, con Zenobia,

con Beatriz, el delirio de Dante.

Congregaba a los espectros del verbo.

Había un instante en que ella subía

a sentarse allí: temblaba la luna,

brillaba la fronda de los olivos.

Una brisa retornaba del campo

y entraba por la ventana para ellos.

JOSÉ VERÓN GORMAZ: TRES TEXTOS

El pasado viernes, en una ceremonia sobria y cálida, José Verón Gormar recibió el Premio de las Letras Aragonesas de 2013. Allí se repartió el libro ‘Un mar de montes’ (DGA), donde copio este poema:

DENTRO DEL PUÑO

La nieve, entre mis manos, desvela los secretos

del tiempo y la vida cambiantes bajo el frío.

El blanco invierno de la infancia antigua

se asoma, leve, y con el agua nueva

se escapa entre mis dedos ateridos.

Agudas sensaciones se extienden por la piel

y lentamente inscriben efímeras promesas,

punzantes huellas de humedad que muere

sin nostalgia y sin fe, como el olvido.

Y estos microrrelatos que integra su libro 'Cuentos para sentir las horas':

 

SOMBRAS FORESTALES

Al cruzar aquel bosque, no le extraño que los árboles hablaran entre sí. Lo que le resultó ciertamente extraño fue que se hablaran por señas.

 

CAUSAS Y EFECTOS

Jamás, jamás. Nunca dudaba. Lepidio estaba segro de todo. Su desconocimiento de la realidad era absoluto.

 

*La primera foto de José la tomo de su página. La segunda de aquí, de Eugenio Mateo:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-e32ae6c1120b11d64752ab411ea3a499.jpg

 

ENRIQUE VILA-MATAS: PREMIO FORMENTOR DE LAS LETRAS, 2014

ENRIQUE VILA-MATAS: PREMIO FORMENTOR DE LAS LETRAS, 2014

 

Enrique Vila-Matas, galardonado con el Premio Formentor de las Letras 2014

 

Mallorca, 28 abril 2014.- Enrique Vila-Matas ha sido galardonado con el Premio Formentor de las Letras 2014 en reconocimiento al conjunto literario de su obra. El galardón, dotado con 50.000€, se entregará el 30 de agosto en Mallorca. El jurado de los Premios Formentor, presidido por Basilio Baltasar y formado por Cristina Fernández Cubas, Eduardo Lago, Aurelio Major e Ignacio Vidal-Folch, ha decidido reconocer por unanimidad los méritos de la obra del escritor y concederle el premio, subrayando “la elegancia literaria con que Vila-Matas ha renovado los horizontes de la novela, dándole un ímpetu creativo que la ha situado de nuevo como gran crisol de las influencias, las voces e inspiraciones de nuestra cultura”.

 

Según el acta redactada por el jurado, “Vila-Matas ha desmentido con su prolífica obra narrativa la supuesta decadencia de un género que sigue mostrándose como el más eficaz relato de la conciencia contemporánea. Los procedimientos narrativos inventados por el autor catalán han supuesto una enérgica contribución al vigor de la literatura escrita en español y ha sido reconocida en Europa y Estados Unidos como una de las más significadas creaciones literarias de nuestro país”.

 

El autor de obras tan destacadas en la reciente historia de nuestra literatura, como La asesina ilustrada, Historia abreviada de la literatura portátil, Hijos sin hijos, Bartleby y compañía, El mal de Montano, Doctor Pasavento, Dublinesca, Aire de Dylan o Kassel no invita a la lógica, ha sostenido un empeño coherente que adquirió desde sus primeras creaciones en la década de los setenta una voz propia e inconfundible. Un estilo personal que ha seducido a lectores europeos y americanos, entusiasmados por una imaginación que difumina las fronteras entre realidad y ficción, autor y personaje, lectura y vida”, según continúa el acta del premio.

 

Uno de los méritos del autor que los miembros del jurado quieren destacar es “el modo en que ha sabido abordar asuntos conflictivos y angustiosos de nuestro tiempo con una destreza literaria que ha hecho del ingenio, el humor y el espíritu lúdico un reconfortante punto de vista. Un estilo narrativo pero también una certeza filosófica que restaura la soberanía del individuo como eje moral de una existencia destinada a la plenitud, la inteligencia y el desenfado”.

 

Según recoge el acta del jurado, “Enrique Vila-Matas es además uno de los pocos autores españoles adoptados por el público joven latinoamericano, que ha reconocido en su obra cosmopolita la negación de unas fronteras que parecían insuperables. La complicidad y simpatía con que ha sido recibida confirma el territorio estético y lingüístico inaugurado por su narrativa: un relato abierto a la imaginación libre de restricciones costumbristas y fertilizado por el incesante acontecimiento artístico contemporáneo y por las tradiciones literarias que le han precedido”.

 

La absorción de autores y obras desapercibidas en nuestra memoria cultural, la perspicaz integración de olvidadas contribuciones literarias, han hecho de la obra de Vila-Matas una polifonía que da a la figura del autor un nuevo significado: creador de formas narrativas inesperadas pero también heraldo de lo que había sido olvidado por la perezosa amnesia de nuestro tiempo”, añaden los miembros del jurado.

 

El acta concluye que “la lectura de la originalísima obra de Vila Matas es también la lectura de una tradición felizmente entregada a la innovación que sólo pueden llevar a cabo los grandes creadores”.

 

Sobre Enrique Vila-Matas

 

Nació en Barcelona en 1948. De su obra narrativa destacan Historia abreviada de la literatura portátil, Suicidios ejemplares, Hijos sin hijos, Bartleby y compañía, El mal de Montano (Seix Barral, 2012), Doctor Pasavento, Exploradores del abismo, Dietario voluble, Dublinesca (Seix Barral, 2010), Chet Baker piensa en su arte y Aire de Dylan (Seix Barral, 2012). Entre sus libros de ensayos literarios encontramos Para acabar con los números redondos, Desde la ciudad nerviosa, Aunque no entendamos nada, El viento ligero en Parma, Perder teorías (Seix Barral, 2010) y El viajero más lento. El arte de no terminar nada (Seix Barral, 2011). Traducido a 32 idiomas, ha obtenido un amplio reconocimiento internacional y ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de la Crítica, el de la Real Academia Española, el Ciutat de Barcelona, el Herralde de Novela, el Fundación Lara, el Leteo, el Argital, el del Círculo de Críticos de Chile, el Meilleur Livre Étranger, el Fernando Aguirre-Libralire, el Médicis- Roman Étranger, el Jean Carrière, el Ennio Flaiano, el Elsa Morante, el Mondello, el Bottari Lattes Grinzaine y el Gregor von Rezzori. Es chevalier de la Legión de Honor francesa, pertenece a la Orden de Caballeros del Finnegans, y es rector (desconocido) de la Universidad Desconocida de Nueva York (McNally Jackson).

www.enriquevilamatas.com

 

El Premio Formentor

 

El Premio Formentor de las Letras se convoca para reconocer el conjunto de la obra narrativa de aquellos escritores cuya trayectoria prolonga la gran tradición literaria europea, siendo su principal objetivo contribuir a consolidar y reconocer la posición de los autores que han sabido mantener su esencia literaria.

 

En su primera etapa (1961/1967), el Premio Formentor fue impulsado por diferentes editores europeos (Carlos Barral, Antoine Gallimard, Einaudi…). Desde 2011, con motivo de su cincuenta aniversario, se vuelve a conceder este prestigioso premio que en las tres recientes ediciones ha recaído en Carlos Fuentes (2011), Juan Goytisolo (2012) y Javier Marías (2013). El premio Formentor está dotado con cincuenta mil euros, y cuenta con el patrocinio de los propietarios del hotel, la familia Barceló, y la familia Buadas.

 

Durante los años 60, Formentor fue una referencia para la vanguardia de la edición europea y uno de los foros literarios más importantes y famosos. Durante varios años, se reunieron a los máximos exponentes de la literatura de la época en tertulias, encuentros y debates recreando una atmósfera singular que atrajo la mirada y la atención de algunos de los nombres propios sin los que hoy no se podría entender la historia de la cultura. Entre los anteriores galardonados se encuentran, entre otros, Samuel Beckett, Jorge Luis Borges, Juan García Hortelano, Jorge Semprún, Saul Bellow y Witold Gombrovicz.

 

*La foto de Enrique Vila-Matas es de Daniel Mordzinski. La información ha sido elaborada por Elisa Álvarez y su equipo, con las citas del jurado.

 

 

DE PICADILLO A BARDAJÍ

DE PICADILLO A BARDAJÍ

De Picadillo a Bardají

 

La cocina ha vuelto ponerse de moda, si hubiera dejado de estarlo alguna vez. Hace más de treinta años, fui al pazo de Anzobre, donde había ido de romería de niño, y allí me dieron un libro: ‘Mi historia política’, la autobiografía póstuma de Manuel María Puga y Parga (1874-1918). A los ocho años pesaba más de 75 kilos. Estuvo en La Habana, fue dos veces, por poco tiempo, alcalde de La Coruña y redactó libros como ‘Cocina práctica’, que firmó con el seudónimo de Picadillo. Un circo anunció que traía el hombre más gordo del mundo a la ciudad. Al verlo, tal como ha contado Luis Antón del Olmet, los coruñeses decían: “Manolo Puga es más gordo y se le puede ver por la calle". Era amigo de Wenceslao Fernández Flórez y de Emilia Pardo Bazán, experta en cocina y amor secreto de Galdós. Picadillo, que tenía reservado un asiento doble en el Teatro Rosalía y llegó a pesar 275 kilos, dicen, me condujo a Cunqueiro y Castroviejo, que conocían los secretos de las chimeneas de Galicia y el sabor del conejo con chocolate. Cuando vine a Aragón supe de las andanzas de Giorgio della Roca por el Maestrazgo y de sus citas, en la Fonda Alcalá de Calaceite, con Néstor Luján, Joan Perucho y el propio Cunqueiro. Más tarde, apareció Julio Alejandro Castro, el hombre que amuebló la casa de García Márquez en México, con su pollo a la chilindrón. Y con él, y con Buñuel que preparaba el dry martini como un menú de dioses, surgieron otros nombres: Manuel Vázquez Montalbán, defensor acérrimo de la borraja, Xavier Domingo, Darío Vidal y otro personaje excepcional: Teodoro Bardají (Binéfar, 1882-Madrid, 1958), erudito, cocinero en París y en el hotel Oriente y confitero, entusiasta del alioli y autor de ‘La cocina de ellas’, que recuperó José María Pisa. Ahora, con las tapas insólitas que parecen poemas culinarios en el plato y en la carta, la nueva enología, con suplementos como el de HERALDO y el programa de ZTV (y otros), coordinados por José Luis Solanilla, la gastronomía sigue entre la tierra y el cielo. Lo más bello es que hasta los chicos, atraídos por ‘Masterchef’, han percibido que ese reino es de este mundo y, sobre todo, del suyo.

 

*De mi artículo 'Cuentos de domingo'. La foto es de Manuel Puga, Picadillo, en Anzobre, pazo al que he ido desde muy niño.

BUSUTIL: EL TEMA DE LA AMISTAD

[Guillermo Busutil acude cada domingo a su cita con 'La Opinión de Málaga'. Las muertes de Tito Vilanova y Gabriel García Márquez y el Cervantes que recibió Elena Poniatowska, entre otros, le han suscitado una reflexión sobre la amistad y las relaciones humana, la complicidad y la pérdida.]

EL TEMA DE LA AMISTAD

 

Guillermo BUSUTIL. La Opinión de Málaga

La amistad es una mesa redonda en la que el afecto no exige protocolo ni etiqueta. Tampoco la estrategia del lenguaje. Una mesa donde las palabras son manos que enlazan, a izquierda, a derecha, el espíritu con el que cada comensal refleja en los otros su identidad y sus emociones. La memoria y sus fabulaciones. Sin fronteras, sin tabúes, sin exigencias, sin precauciones, silencios o vacíos en los que extraviar el afecto o despertar una sombra inquietante que amenace peligrosamente la atmósfera en la que cada uno y todos se saben a refugio y libres. Una mesa en la que se celebran y se reparan en parejas, en triángulos, en cuartetos –hasta completar el círculo– la intimidad sincera de los días luminosos, de los días vencidos, de los inestables, de los turbulentos y de los implacablemente dolorosos. Igual que las convicciones morales e ideológicas. La infancia eterna contra las heridas que envejecen. Los sueños húmedos y las pesadillas que se derraman oprimidas hacia dentro, con la misma confianza y comprensión. Una mesa en la que nada de lo que se comparta sienta mal en el estómago –donde se suelen esconder la afrenta y la duda– ni provoque la resaca en la espalda de la cabeza y en la boca –donde la culpa tiene mal aliento y el eco de la equivocación martillea la conciencia–.

Hay que comer con los amigos de vez en cuando. Sentarse sin prisas a una mesa en la que agradecer el valioso tesoro de saberse realmente unidos, respetados, queridos y vivos dentro de la mirada del otro. Del nosotros y del yo. Del tú y del ellos. Nunca hay que dejar pasar demasiado tiempo sin preguntarse por el ánimo secreto de la vida que cada uno pelea por sacar adelante. Nunca hay que dejar pasar demasiado silencio sin una palabra que abrace o confiese un sentimiento desocupado, una emoción embriagada, una idea en proyecto. Nunca hay que dejar pasar demasiado tiempo sin la importancia de una risa en la que reencontrarse confortablemente cómplices. Y tampoco hay que dejar pasar la oportunidad de enriquecerla de matices y de esos pequeños detalles en los que reside su poesía y su grandeza. Ni la posibilidad de ampliarla con la pertenencia de alguien que tendrá que ganársela.

La amistad se cultiva y se madura. Suele nacer de una chispa imprevista, sin buscarla, sin que sepamos si ese repentino relámpago emocional perdurará en el tiempo o qué significado tendrá. No se requieren demasiadas credenciales ni es necesario establecer las cláusulas ni la rúbrica del pacto que la mantendrá frente a éxitos, desacuerdos y tormentas. Sin embargo es imprescindible que se construya con desinterés, afinidades, agradecimiento, honestidad, lealtad y estabilidad. Cinco pilares para mantenerla saludable por encima de la identidad social o profesional, de las procedencias, de las debilidades, de las aptitudes. Lo mismo que de los malentendidos, las tensiones, los desencuentros y el desgaste que ponen a prueba la fuerza de su altruismo y su bienestar.

De la amistad no se debe hablar en vano como en vano no se la debe regalar a cualquiera. Y sin embargo el valor de su significado se abarata o se mercadea habitualmente con demasiada facilidad.  Muchas personas no diferencian entre ser amigo, ser simpatizante o ser conocidos. Amigos se cuentan con una mano o con un número que jamás llega a la centena. Los simpatizantes y los conocidos, que también son un estimable regalo, pueden multiplicarse y estar sujetos a las variables del tiempo, de los gustos entrecruzados, de los espacios de encuentro, de los intereses y de la sociabilidad con la que cada cual decida mostrarse sin máscaras. Independiente de la exigencia mercantilista de recibir otra cosa que no sea la cordialidad, el respeto o la admiración. Disfrutar de una buena cantidad de estos lazos es satisfactorio, expresa la condición de una persona y requiere una convivencia generosa. Pero en los conocidos y en los simpatizantes no se depositan las cicatrices más profundas, los secretos ni el futuro de lo que soñamos.

Los amigos de Perter, Cuenta conmigo, Thelma y Louise, Nos somos islas, Stand by me, La ventaja de ser un marginado, El club de los poetas muertos, Cuando Harry encontró a Sally, El cazador, Friends, son algunas de las películas y series que han reflexionado acerca de los resortes y claves de un vínculo necesario para el crecimiento personal –el hombre se afila en el trato con el hombre– y no ser una isla desierta donde la embriaguez del yo enloquece. En los últimos días la muerte de García Márquez, el Premio Cervantes otorgado a Elena Poniatowska y la pérdida precoz de Tito Vilanova, han  sacado a relucir el activo de la amistad en sus vidas y en su trabajo. La importancia de un vínculo al que también he querido convertir en el tema protagonista de este domingo para agradecer a mis amigos el que lo sean y la manera con la que cada uno me mejora y me completa. Hombres y mujeres, que unas veces cerca y otras en la lejanía, son preguntas y respuestas que me enriquecen, me explican y conforman un compromiso, el valor de un tesoro. La existencia de un libro en que cada uno es una página donde se desarrolla una historia que hay que escribir con honestidad, afecto y la buena letra de un trazo fácil.

A todos los que son los celebro hoy, los espero mañana, los confío al futuro en el que cada uno mantenga vivo el recuerdo de los otros, sentados alrededor de una mesa.

 

-La foto de Elena Poniatowska está tomada de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-0858aa9bbebb13ba9b1e6c855e70501b.jpg

-La foto de Gabriel García Márquez la tomo de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-8e9c4d0897ea46591a5969d46ba52af1.jpg

TACHIA QUINTANA Y GARCÍA MÁRQUEZ

Cuentos de domingo / Antón Castro

 

Tachia bella

 

El gran amor de Gabriel García Márquez fue Mercedes Barcha, una joven de Sucre, de cabello liso y moreno, a la que se le declaró cuando tenía trece años. Se casaron en 1958 y han vivido juntos hasta el último instante. García Márquez la llamaba “el cocodrilo sagrado”. Pero en su vida hubo otros amores: una prostituta que le descubrió el placer en la adolescencia y, sobre todo, Concha Quintanar, a la que su amante Blas de Otero llamo Tachia. Se conocieron en 1955, cuando García Márquez trabajaba de corresponsal de ‘El Espectador’ en París. Sobrevivió como pudo, gracias a la generosidad de Madame Lacroix, la dueña del Hotel de Flandre, y a la de Tachia, que cuidaba niños, limpiaba casas y hacía radio. Esta historia la han revelado Plinio Apuleyo Mendoza, Gerald Martin, sus biógrafos, y la propia Tachia, que ha recordado que Gabo no era su tipo pero que poseía un verbo florido y una capacidad increíble de seducción. Se amaron durante nueve meses, y fue una relación apasionada, vibrante: Tachia se quedó embarazada y sufrió un aborto. Pasaron tantas penurias que el escritor las trasladaría a ‘El coronel no tiene quien le escriba’, donde ella era “la coronela”. Tachia era actriz y solía recitar poesía por cafés y pequeños teatros, y García Márquez le daría un texto fundacional: ‘Isabel viendo llover en Macondo’. Le escribió: “Por eso me alegra tanto de que tú lo digas por ahí, por el mundo, porque todo fue como una premonición. Te mando, pues, un beso de bendición con todo el amor”. Tras la pérdida de la criatura, y comprometido Gabo con Mercedes, se separaron. Iría a despedirla a la estación de París. Allí estaba Tachia con sus ocho maletas, o dieciséis, según él; luego regresaría a París y se casaría con un ingeniero. Gabo no la olvidaría nunca, y en ‘El amor en los tiempos del cólera’ volvería a recordarla: hace que su heroína padezca sordera de un oído como la actriz de Eibar y a la vez le dedicó la edición francesa del volumen. Podría ser la Nena Daconte de ‘El rastro de tu sangre sobre la nieve’, que se pincha con las espinas de una rosa. La llamaba “Tachia bella” y acabaría siendo gran amiga de Mercedes Barcha.

 

*La foto de Concha Quintana, que ha colaborado mucho con Paco Ibáñez, Tachia Quintanar como artista, la he tomado de aquí: https://redaccion.lamula.pe/media/uploads/c6e7dd62-815b-45c5-ba80-391abc1ee235.jpg

 

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO / Y 2

[Eloy con su libro 'Oír la luz'. Tomo la foto de aquí: https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-ded0ca3171c711ee32e9c8a009701824.jpg]

Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, España, 1948)  es objeto de una antología poética en Cátedra, 'Hilo de oro', al cuidado de José Luis Morante. Hace unos días publicaba aquí una selección de poemas más antiguos; Eloy tiene la amabilidad de enviarme algunos más recientes, de libros del siglo XXI, por decirlo así. Libros que buscan la claridad, la luz, libros que entonan una y otra vez el 'carpe diem'. Aquí están algunos de sus mejores poemas, como 'Oír la luz'.

 

 

LUZ QUE NUNCA SE EXTINGUE

 

Te equivocas, sin duda. Alguna vez alcanzan

tus manos el milagro;

en medio de los días que idénticos transcurren,

tu indigencia, de pronto, toca un fulgor que vale

más que el oro más puro:

con plenitud respira tu pecho el raro don

de la felicidad. Y bien quisieras

que nunca se apagara la intensidad que vives.

Después, cuando parece que todo se ha cumplido,

te entregas, cabizbajo, a la añoranza

del breve resplandor maravilloso

que hizo hermosa tu vida y sortilegio el mundo.

 

    Tu error está en creer que la luz se termina.

Al cabo de los años he llegado a saber

que en la naturaleza del milagro

se funden lo fugaz y lo perenne.

Tras su apariencia efímera,

el relámpago sigue viviendo en quien lo vio.

Porque su luz transforma y ya no eres

el hombre aquel que fuiste antes de que en tus ojos,

de que en el fondo oscuro de tu ser fulgurase.

 

    No, la luz no se acaba, si de verdad fue tuya.

Jamás se extingue. Está ocurriendo siempre.

Mira dentro de ti,

con esperanza, sin melancolía.

No conoce la muerte la luz del corazón.

Contigo vivirá mientras tú seas:

no en el recuerdo, sino en tu presente,

en el día continuo del sueño de tu vida.

 

ACERCA DEL JILGUERO

 

Para empezar el día, anoto aquí

que de todos los pájaros que yo he visto y oído

el más mío de todos es sin duda el jilguero.

Cuando digo su nombre mi infancia entera vuelve,

y desando el camino y de nuevo retorno

a aquella casa blanca cuyos muros se alzaban

en medio de los campos, en el centro

del corazón del mundo y del verano.

Y me veo a mí mismo en la mañana de oro

—igual que en el comienzo prometedor de un mito—

por vez primera oyendo un canto que venía

de dónde, de qué ser maravilloso y puro.

Escucha, escucha, niño, y acércate despacio

al lugar del que brota sin cesar

esa música hermosa. No hagas ningún ruido.

Y poco a poco llegas con tus pequeños pasos

hasta el pie de un almendro. Pero miras

hacia arriba y no ves más que hojas verdes

y cielo azul. Insiste. No te muevas, y observa

con atención. Insiste. Sí, ya veo, parece

que algo se está moviendo en esa rama.

Por fin, por fin lo ves: es un jilguero.

Lo ves hoy y lo has visto para siempre.

Quién podría olvidarlo. Lo viste, sí. Y yo ahora

lo sigo viendo aún con nitidez

y apunto emocionado en mi cuaderno

ese cuerpo menudo que al cantar se estremece,

e intento dibujar también la gracia

de su rojo antifaz y la delicadeza

de su ropaje pardo que se adorna

con pinceladas blancas, amarillas y negras.

Canta, canta el jilguero en la mañana

remota del origen. Y después alza el vuelo

y se va por el aire. Mas desde entonces vibra

en tu oído, en mi oído y en la verdad más honda

su canto de aquel día, su milagroso canto.

 

LUNA

 

Luna llena que vas serenamente

haciendo tu camino por el cielo de agosto,

cuánto consuelo al corazón me traes,

qué alivio siento al contemplarte hoy

sobre este mar tan mío.

Me he sentado a mirarte; te estoy viendo

ascender en la noche

y trazar tus efímeros enigmas refulgentes

en las aguas que llegan a la arena

con un leve murmullo.

No hay nada semejante

a tu luz compasiva, esa luz que restaña

tan delicadamente las heridas

inevitables y hondas del vivir.

Con emoción te observo, y voy pensando

que acaso sólo tú logras unir a veces

los distintos momentos de mi vida

con un hilo de plata:

en ti se reconcilian y confluyen

los seres diferentes que en mí se sucedieron,

y el hombre que ahora soy, si tú lo quieres,

encuentra en el amor de tu semblante mágico

al niño que yo era y al muchacho que fui.

Déjame que te cante,

concédeme, señora, que mi voz te celebre

con palabras muy puras,

y no permitas nunca que mis versos traicionen

la verdad que tú eres.

Que tu fulgor me alumbre, que tu piedad me ampare.

Y que cuando se acerque la hora final, mis ojos

te busquen y te encuentren, o te recuerden, mientras

va acabándose el tiempo y todo se termina.

 

(De La certeza, 2005)

MIRAR

 

Mirar es poseer:

todo es tuyo si miras,

aunque el ciego te vea

con las manos vacías.

 

OÍR LA LUZ

 

Debo decir que cuando yo era niño

y en el campo veía la densa muchedumbre

de estrellas en los cielos del verano,

además de mirar tanto fulgor,

podía oír la luz: se escuchaba allí arriba

como un rumor de enjambre laborioso.

 

EL MIRLO

 

Al mirlo hay que observarlo y entenderlo,

porque, si no, puede llamar a engaño

ese pronto severo que presenta

su enlutado plumaje. A poco que lo mires,

verás que nada tiene que ver con un misántropo

ni nada parecido. Es muy alegre

debajo de un atuendo que sin ningún alivio

persevera en el negro. Pasa el día

realizando trabajos de zapa en el jardín

con su afilado pico de color calabaza,

y no hay gusano por el que no muestre

interés minucioso. Al levantarme,

suelo salir a la terraza a ver

la mañana que hace. Yo madrugo,

pero él se me adelanta. Cuando miro,

se encuentra siempre allí con su pareja,

saltando tan ufano por el césped,

muy repeinado y con la cola alzada.

Traza pequeños y redondos vuelos

y a intervalos ensaya sus metálicos cantos.

En algunos momentos desafina,

mas insiste y corrige sus errores.

Tantas veces lo veo que, sin duda,

también a mí me ha visto y me conoce,

y, al descubrirme aquí, parado y pensativo

—no sé si, en ocasiones, incluso hablando solo—,

seguro que a sí mismo se habrá dicho:

«Qué tipo tan extraño. ¿Qué hará ahí

un día y otro día casi a la misma hora?

Desde luego, es bien serio, por más que a ratos silbe.

Parece inofensivo, con la pinta

de soñador que tiene. Y qué curiosa

su obstinada manía de mirarme».

 

LA CANCIÓN DE LA VIDA

 

Que no ceda tu espíritu

ante el adverso día, hasta que al fin

no tenga más remedio la miseria

que soltar a su presa y retirarse,

ladrando aún desde lejos.

Tan sólo entonces te será posible,

libre de daño o culpa,

de cobardía o de complicidad,

regresar a tu casa, abrir la puerta

con confianza, sin temblor, alegre,

y oír en las estancias apacibles

la canción de la vida.

 

MARAVILLAS

 

Cuánta alegría siempre

en ciertos hechos que a destiempo ocurren,

porque sí, cuando nadie los espera o los sueña:

este día de mayo en mitad de febrero,

y, abriéndose camino en su luz prodigiosa,

la muchacha que pasa y me mira y sonríe,

dulce complicidad de un solo instante,

regalo que no dura, afirmación

rotunda y delicada de la vida.

 

(De Oír la luz, 2008)

*Las fotos son de un hombre vitalista y entrañable como Robert Doisneau. Las tomo de internet.

-La primera: https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-37b1e33df913e6720f682a07e303f597.jpeg

_La segunda: https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-413541351062d0b46f2750ce37cf5f1f.jpg

-La tercera:https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-88959bc18e6247625c441a1af70a5931.jpeg

-La cuarta: https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-a91fbae4c836e79add835e7bd3062c4f.jpg