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Antón Castro

Escritores

ÓSCAR SIPÁN: ALGUNOS MICROCUENTOS

ÓSCAR SIPÁN: ALGUNOS MICROCUENTOS

En la editorial Base de Barcelona, el escritor y editor Óscar Sipán (Huesca, 1974) publica una selección de sus mejores cuentos, casi todos ellos premiados en distintos lugares de España y de Latinoamérica: ‘Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas’. El volumen incluye algunos microrrelatos, en los que es especialista Sipán. La foto es de Katerina Plotnikova. He aquí algunos:

 

1.

MONTAÑEROS

Mi padre desapareció hace veinte años, en la ascensión al Nanga Parbat. He sentido emoción, vértigo y furia al encontrarlo en una grieta de la cara norte, sin una arruga, más joven que yo.

Creo que voy a matarlo.

 

2.

OJO POR OJO

Cuando el grillo se durmió, los vecinos cantaron todo el día.

 

3.

TRAS LA PARED

Los oigo copular a todas horas, tras la pared de mi habitación.

Quizá debí emparedarlos por separado.

 

4.

MAYO DEL 68

Bajo los adoquines de la ciudad estaba la playa, ese infierno de sombrillas y turistas sonrosados.

Mejor no levantar los adoquines.

 

5.

PREMIO

Siempre jugaba al número que le tatuaron a mi abuelo en Mauthausen, hasta que un día me tocó.

Ahora mi abuelo me pertenece.

 

6.

CUENTO DE TERROR

Cuando quisimos darnos cuenta, todos éramos funcionarios.

CALVO ROY: VIDA DE ODÓN DE BUEN

CALVO ROY: VIDA DE ODÓN DE BUEN

Se presenta la primera biografía de Odón de Buen

 

 

El lunes, 18 de noviembre, se cumple el 150

aniversario del nacimiento del oceanógrafo de Zuera

 

 

Mañana lunes, día 18 de noviembre, a las ocho de la tarde, se presentará en el teatro Reina Sofía, de Zuera, el libro Odón de Buen: toda una vida, escrito por el periodista científico Antonio Calvo Roy. La biografía ha sido publicada por Ediciones 94, empresa editora aragonesa, con la colaboración del Ayuntamiento de Zuera y de la Diputación Provincial de Zaragoza.

Odón de Buen y del Cos (1863-1945), fue un hombre apasionado, una persona a caballo entre dos siglos, y justo entre las dos repúblicas españolas, que se dejó la piel primero en ser él mismo y luego en ayudar a otros a ser ellos mismos, cuando cambió la investigación científica por la gestión de la ciencia. Nacido en Zuera, murió en México, exiliado, tras una vida larga y fecunda, extraordinariamente interesante. Alumno brillante, catedrático en Barcelona y Madrid, concejal del ayuntamiento de Barcelona y se­nador, padre de la oceanografía en España, figura de relevancia internacional y preso político canjeado. Su manera de estar en el mundo, activo y despierto, hacen de él un excelente testigo de su tiempo.

Éste libro es la historia de su volun­tad, de sus luchas, de cómo fue posible enamorarse del mar desde la estepa aragonesa y, sobre todo, enamorarse del conocimiento del mar. Odón de Buen es un personaje desconocido y olvidado, injustamente desconocido y olvidado. Su apuesta política, su muerte en el exilio, su republicanismo insobornable ha impedido que en España su recuerdo esté vivo. Es hora de conocer su obra, su paso por la vida para saber cómo y por qué hizo lo que hizo. Por eso, a los ciento cincuenta años de su nacimiento, su historia merece ser recordada, merece ser conocida porque la vida de Odón de Buen, una vida de novela, es también una vida ejemplar.

Antonio Calvo Roy, Madrid, 1960, es periodista científico y, en la actualidad, presidente de la Asociación Española de Comunicación Científica. Ha trabajado tanto en gabinetes de comunicación de diversas instituciones y empresas como ejerciendo el periodismo en diversos medios. En el año 2000 creó la empresa de comunicación científica y ambiental Divulga, desde la que colabora con artículos científicos para periódicos y revistas y otros proyectos de difusión de la ciencia, como la redacción de guiones para exposiciones de museos de ciencia y documentales de televisión y dando cursos y talleres sobre periodismo científico en diversas universidades de España. Es autor de varios libros de divulgación científica, entre ellos las biografías de otros dos aragoneses, Santiago Ramón y Cajal y Lucas Mallada (‘Cajal, triunfar a toda costa’ (Alianza Editorial, Madrid, 1999); ‘Lucas Mallada, biografía de un geólogo regeneracionista’, Gobierno de Aragón, 2005).

Ediciones 94 es una empresa editora aragonesa con una larga trayectoria de publicaciones (libros, revistas, coleccionables, edición propia, etc.), con numerosas empresas, organizaciones e instituciones españolas.

'LA CASA' DE NESQUENS & M. LÓPEZ

 

Hace algunos años le encargué a Daniel Nesquens un cuento infantil sobre el Real Zaragoza. Me dijo: “Si yo lo que querría es escribir para adultos”. Quizá en realidad no haya dejado de hacerlo nunca, aunque cada vez su literatura tiene más misterio e inquietud y menos humor. Más voluntad de viajar, de conocer, de descubrir mundos que de hallar, en clave más o menos jocosa, las paradojas de la vida. Le importan los afectos, la fuerza de las relaciones, el río de las complicidades. En su último libro, que se presenta mañana sábado a la una en la librería Antígona con Rosa Tabernero, una de las grandes estudiosas de la literatura infantil y juvenil en Aragón, ‘La casa’, ilustrado con imaginación, talento y fantasía por Mercè López, Daniel Nesquens narra una doble relación entre un abuelo y su hijo, y entre este y su hijo, que es quien cuenta la historia.

El abuelo, misántropo y extraño, acaba de morirse y asistimos a su entierro. Eso sí, hay un detalle que lo humaniza y casi lo mitifica: todos los años por su cumpleaños le manda un regalo a su nieto. Padre e hijo lo acompañan en su último adiós. El niño, poco a poco, el niño que es “un  chico listo” quiere saber por qué no se hablaban el abuelo y el padre. Y ahí aparece en medio una casa, una historia fantástica, contada sin énfasis, con parsimonia y brillantez, con precisos diálogos, que tiene algo de cuento de terror y de viaje al fondo de un doloroso enigma. El libro, contenido y elegante, pertenece al género fantástico: importa lo que no se sabe, lo invisible, la atmósfera tensa de sombra, la ambigüedad.

Nesquens, con su habilidad habitual, con ese talento cada vez más parsimonioso, se mueve con comodidad en las estancias informes, ante la estación o en las evocaciones del corredor Jim Hines, citado, la conquista de la luna en 1969, las puertas condenadas, que hay unas cuantas, o esa hoja de un periódico de 1910 que narra un naufragio. El trabajo de Mercè López es excelente: descriptivo y onírico a la vez, maneja el negro y el rojo a la perfección, exalta la complicidad entre padre e hijo y juega muy bien con otro motivo que incorpora Nesquens: el espejo de Alicia, el espejo sin fondo de Lewis Carroll. El libro lo ha publicado el sello A Buen Paso, cada vez más sólido.

 

*Daniel Nesquens en una foto de Vicente Almazán. Una de mis favoritas.

 

 

 

 

DAVID LOZANO: DIÁLOGO DE 'HEREJÍA'

[Ayer, en el Palacio Arzobispal de Zaragoza, David Lozano Garbala presentaba su nueva novela: ’Herejía’ (SM), que  transcurre en la Zaragoza del siglo XV, en espacios como La Aljafería, el monasterio de Santa Clara o distintas calles. Es una novela sobre la Inquisición, la perscución de los judíos, la intolerancia, el espionaje, y contiene una apasionada historia de amor, protagonizada por el joven Ginés, que quizá no sea quien aparenta ser. A David lo acompañaron el historiador Domingo Buela y el director general de Cultura Humberto Vadillo.  Esta entrevista se publicaba ayer, en casi su totalidad, en ’Heraldo de Aragón’.]

-¿Qué ha pasado por tu cabeza para dar ese giro hacia el siglo XV?


La Baja Edad Media siempre me ha atraído pues ofrece escenarios muy sugerentes y un clima donde tienen cabida muchos ingredientes que dan juego: fanatismos religiosos, amores prohibidos, supersticiones paganas, intrigas… En el fondo, el mundo era todavía una gran región inexplorada, llena de misterios. Pero es que además la Inquisición constituye un tema que también me interesa desde hace años. Supongo que cuenta con ese toque oscuro, amenazador, que siempre busco en mis historias.

         

-¿Qué querías contar: una época, una aventura de desdoblamiento, un episodio de intolerancia?

Me apetecía contar un episodio de la Historia donde se viera cómo el fanatismo acaba por engendrar monstruos y cómo, en ocasiones, para luchar contra las injusticias uno tiene que arriesgarlo todo: su vida, sus principios, incluso su propia identidad.

 

-Casi todas tus novelas giran en torno al mal. En cierto modo, aquí sucede lo mismo. ¿Sería la Inquisición sinónimo del mal?

En mis novelas, en efecto, me gusta mostrar diferentes manifestaciones del mal. Dentro del Santo Oficio había religiosos con una honesta –y moderada- preocupación por la salvación de las almas y la ortodoxia católica. Sin embargo, la Inquisición también cobijaba –sigue ocurriendo hoy en otros ámbitos como la política- perfiles mucho más nocivos: los codiciosos, los corruptos, los integristas… individuos que se aprovechaban de su poder para dar rienda suelta a sus excesos, tanto económicos como ideológicos. Amparaban sus actos bajo la cobertura de una justificación “oficial”, lo que les garantizaba impunidad. Eso sí es el Mal, con mayúsculas.  

         

-Aludes al final a la documentación que has manejado y a tus citas con historiadores. ¿Era posible una historia así en aquella Zaragoza?

He procurado ser bastante riguroso respecto a la ambientación de la novela, por eso decidí contar con el apoyo de varios historiadores. No obstante, la historia que narro es ficción y en ese sentido confío en no haberme apartado mucho de lo verosímil. Lo que sí había en la Zaragoza de la época era una atmósfera de miedo hacia la creciente presencia del Santo Oficio, denuncias sin prueba alguna, intrigas, envidias vecinales… El perfecto caldo de cultivo para una severa represión inquisitorial a la que no todos estaban dispuestos a someterse.      

 

-¿Cuál era la importancia que tenían los judíos conversos en la ciudad, por qué suscitaban tanto odio?

 La visión del pueblo judío como amenaza se sustenta en las suspicacias que despierta su poder económico… e incluso político. Hay que recordar que antes de su expulsión los judíos eran los únicos que tenían autorizada la usura, por ejemplo, y su condición frecuente de prestamistas de los monarcas les otorgaba un peso muy serio en la Corte. El hecho de que muchas de las conversiones fueran forzadas no ayudó. En el caso de Aragón es un tema especialmente sensible, porque buena parte de la nobleza tenía raíces conversas.  

 

-Luis de Ortuña, el protagonista o Ginés de Alcoy, son muy jóvenes. Apenas 16 años. ¿Operaban con tanta entera y con tanta lucidez en aquel momento los jóvenes? ¿Cómo los defines?

Los Fueros de Aragón consideraban como mayores de edad a los jóvenes de 16 para determinados actos. A esa edad eran ya prácticamente hombres que debían prepararse para coger las riendas de su destino (o mujeres listas para concertar un matrimonio de conveniencia). Con una esperanza de vida que rondaba los cuarenta años, uno tenía que darse prisa por vivir… 

 

-Has escrito una novela de desdoblamiento y de espionaje... ¿Sigues en tu línea de suspense e intriga o crees que ha cambiado algo en tu opción?

La ambientación histórica y el espionaje no son incompatibles con una narración que incluya intriga. Cambia el escenario, los acontecimientos, incluso el registro de los personajes, pero no el ritmo. Yo he procurado que “Herejía” cuente con suficientes elementos que alimenten la curiosidad en el lector a lo largo de las páginas.

 

-Entre las mujeres hay dos claves: la priora Catalina de Bolea. ¿Por qué actúa así, a favor de la libertad? ¿Qué dirías de ella?

 Me gustan los personajes femeninos fuertes, que se alejan del estereotipo. Es cierto que la mujer pintaba poco en la sociedad aragonesa del siglo XV, pero la Historia siempre nos ofrece muestras de personajes femeninos que se adelantaron a su época, que reivindicaron su papel. No olvidemos a Isabel de Castilla, que reinaba justo en el momento en el que se desarrolla mi novela. Catalina de Bolea, desde su rango de Priora, es una mujer valiente, honesta, dispuesta a no traicionar sus ideales. No se somete al miedo, eso la hace libre y la lleva a luchar por la libertad.

 

-Ana de Saviñán, la enamorada de Luis-Ginés, que también era poeta. ¿Has querido que fuera como una heroína romántica, casi desmesurada en sus pasiones?


Ana de Saviñán sí responde más al perfil femenino típico de finales del siglo XV, sobre todo en familias de clase alta. Con una educación limitada para la vida real y un conocimiento muy deficiente del mundo, sus aspiraciones se limitan a ser una futura buena madre y esposa de alguien digno, de alcurnia. Muy religiosa, es además soñadora, ingenua, inexperta. Lógico en alguien a quien se ha mantenido demasiado protegida de la realidad durante su crianza. Se entrega, confía, pero en el fondo no ha sido educada para pensar por sí misma.    

  

-¿Cómo conviven la historia de amor y la narración de intriga? ¿Has querido hacer una novela de época de atmósfera romántica?

 Pocas cosas generan más suspense que la posibilidad del amor cuando dos vidas se cruzan, sobre todo si el entorno es hostil. El amor surge por sorpresa, no puede controlarse ni predecirse. A menudo inoportuno, es al mismo tiempo muy estimulante. Por eso decidí que lo sentimental iba a desempeñar en mi novela un papel de peso, que incluso amenazaría los planes de los protagonistas. “Herejía” es una novela de aventuras envuelta en una atmósfera romántica, sí.

 

-Hablemos de los malos. El malo malísimo es fray Agustín de Saviñán, inquisidor decano. Es como un buscador de corruptos pero el más parece él, ¿no?

Agustín de Saviñán representa ese Mal al que aludí antes. Es perverso, calculador, estratega. Para ser malo hay que ser consciente y él lo es, conoce bien el alcance de sus actos. Saviñán es un oportunista, se aprovecha del poder que le da su cargo dentro de la institución para satisfacer una codicia insaciable. Se camufla, oculta sus verdaderas intenciones con una tapadera legítima, pervierte la genuina función inquisitorial. No tiene escrúpulos, cualquier precio es válido si le ayuda a conseguir lo que quiere. Es ajeno a los remordimientos y eso le hace muy peligroso; un adversario implacable.   

  

-¿Era tan atrabiliaria y siniestra la Inquisición como se ve aquí? ¿Daban esas palizas hasta provocar la muerte?

Dentro de la Inquisición había de todo. Incluso hay quien afirma que el famoso Torquemada, primer Inquisidor General para los reinos de Aragón y Castilla, era de talante moderado. Lo que no ofrece lugar a dudas es que el Santo Oficio, en su celo por desenmascarar a los herejes, casi convirtió en un “arte” la habilidad para lograr confesiones de culpabilidad. Y ahí entran en juego formas de torturar sumamente creativas… 

 

-¿Qué ha supuesto para ti pasear por aquella Zaragoza de La Aljafería, Santa Clara, etc.? ¿Funciona bien la ciudad como escenario de ficción?


Zaragoza funciona muy bien como escenario a pesar de que tampoco es una ciudad que haya sabido conservar el valioso patrimonio de su pasado. El poder adentrarme en la Aljafería ha sido un auténtico lujo, desde luego. Y gracias al testimonio de varios historiadores, como la doctora Susana Lozano, yo he podido imaginar sus callejuelas, las torres de las iglesias alzándose sobre las casas bajas, el sonido de sus campanas, el ambiente bullicioso, las murallas…

 

-Conocíamos tus pasiones por autores más de ‘thriller’. ¿Quién te interesa en la novela histórica?

No suelo leer novela histórica, o al menos no con la frecuencia con la que me dedico a otros géneros. En nuestra tierra, sin embargo, tenemos nombres propios de prestigio a los que sí me acerco de vez en cuando como José Luis Corral, Ángeles de Irisarri, Magdalena Lasala… 

 

*David Lozano, en el Paseo de Independencia, en una foto de Heraldo.

JAVIER TOMEO: UN ESCRITOR ESTELAR

JAVIER TOMEO: UN ESCRITOR ESTELAR

 

UN ESCRITOR ESTELAR

 

Jorge Herralde, responsable de Anagrama y editor de diecisiete libros de Javier Tomeo (1932-2013), conoció al escritor aragonés en sus inicios. Cuando firmaba como Franz Keller, colaboraba en revistas de cómic y escribía, solo o con otros, manuales sobre la brujería en Cataluña o la esclavitud. Fundó su sello en 1969 y sería una década después cuando Tomeo, que parecía un galán del cine italiano, le ofreció una novela: ‘El castillo de la carta cifrada’. Años después, en 1985, le publicó su novela más famosa: ‘Amado monstruo’. Para muchos lectores y críticos esas son sus dos mejores novelas; otros prefieren su ‘Bestiario’ e ‘Historias mínimas’; otros, como Javier Gurruchaga, ‘Napoleón VII’ y su amigo Félix Romeo parecía inclinarse por ‘El crimen del cine Oriente’. En el homenaje que se le rindió al autor de Quicena en Periferias, con Ismael Grasa, Juan Casamayor y Enric Cucurella, Herralde recordaba sus primeros éxitos en Alemania, donde fue autor de culto, y en distintos países europeos, merced a las adaptaciones de sus obras. Tomeo reinó en los tres teatros de París. En los años 80, el ministerio de Cultura organizó una gira de escritores españoles por Alemania. Allí estaban Juan Benet y Javier Marías, entre otros. Los responsables alemanes echaron en falta a Javier Tomeo y reclamaron su inclusión: lo conocían, lo habían leído, les perturbaba. Al final, fue incluido. Allá donde iban, el aragonés era requerido y entrevistado: tenía que hablar sobre el absurdo, la incomunicación, las psicopatías, las complejas relaciones entre madres e hijos y de su parentesco con Kafka. Jorge Herralde decía que aquello fue algo así como la gira de una vedette y su cuerpo de baile. Fue un momento estelar: el famoso era Tomeo. Al final de aquel trayecto, Juan Benet quiso saber qué tenía el oscense que no tuvieran los demás. Lo leyó y concluyó: “Tomeo no está mal, pero sus novelas son como croquetas. Todas saben igual”. Quizá la historia no fuera exactamente así, pero es muy propia de Tomeo, que repetía la frase con una sonrisa. Deja tres libros inéditos: la novela, breve, ‘El hombre bicolor’ (Anagrama); los cuentos de ‘Vampiros y alienígenas’ (Alpha Decay), y 160 microrrelatos que editará Páginas de Espuma.

*Este texto apareció en mi sección 'Cuentos de domingo' de Heraldo de Aragón. Elr retrato de Javier Tomeo es de Nana Abenoza.

 

ANTONIO LUCAS Y ELENA MEDEL GANAN EL PREMIO LOEWE DE POESÍA

ANTONIO LUCAS Y ELENA MEDEL GANAN EL PREMIO LOEWE DE POESÍA

ANTONIO LUCAS Y ELENA MEDEL, PREMIOS LOEWE DE POESÍA
[Antonio Lucas es un buen amigo. Hemos coincidido en varios foros y ciudades y siempre es un placer. Acaba de ganar el premio Loewe de poesía con 'Los desengaños', y el premio joven ha recaído en otra buena amiga: Elena Medel. Tomo de 'El mundo', donde trabaja Antonio este texto y esta estupenda foto de 'El mundo', de Begoña Rivas. Enhorabuena a los dos.]

En 2010, Antonio Lucas (redactor de la sección de Cultura y columnista de EL MUNDO) comenzó a escribir los poemas que darían paso a su último libro, 'Los desengaños'. Eran los días casi inaugurales de la crisis, del desconcierto, del cambio radical en el paisaje de Europa. Y en medio de ese ruido, Lucas comenzó a sentir un profundo desafecto por el presente que fue filtrándose en poemas, en poemas que denunciaban una avería en el paisaje de la vida. De esa crisis también personal nacieron algunos textos. Más tarde, una ruptura sentimental abundó también en la idea de fracaso. Y desde esa combinación de crisis del presente y crisis sentimental surgió este nuevo libro, 'Los desengaños', ganador del XXVI Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe, dotado con 20.000 euros, publicado por la editorial Visor y el más destacado de los galardones poéticos.

"Resulta paradójico que un libro como 'Los desengaños', tan cargado de desconcierto e intemperie, se haya convertido en un libro de alegrías. Formar parte de la escudería poética del Premio Loewe es un motivo de entusiasmo. Este galardón lo conceden algunos de los poetas que más estimo, algunos de mis maestros. Y, a la vez, lo han ganado otros destacadísimos creadores que son referencia de la mejor poesía española y latinoamericana", dice Lucas.

Los 37 poemas de 'Los desengaños' trazan un mapa no sólo emocional, sino un itinerario generacional donde están aquellas cosas que preocupan a Antonio Lucas, muchos de esos aspectos de la realidad que le llevan a moverse, a la vez, desde sus artículos de opinión. "La poesía no es un ornamento. La poesía es también una forma de contrapoder. El poema actúa no sólo para celebrar, sino también para denunciar. Y no necesariamente desde el frente de la poesía social, sino desde esa emoción elemental de sentirse ciudadano y querer decir las cosas. Y querer decir: 'así no'", apunta. "No sé si 'Los desengaños' es un libro generacional. No lo pretendo, incluso creo que no lo querría. Pero sí sé que encierra un conjunto de poemas que denuncian desde un cierto irracionalismo emocionado esta gran estafa del presente, la gran mentira a la que nos han empujado y a la que nos hemos dejado empujar. Algo que forma parte de un sentir muy plural. Hoy en el desencanto, por desgracia, nos encontramos casi todos. El desencanto es el ágora del siglo XXI en media Europa. Pero eso también trae peligros, como el que el próximo tifón no venga de una corriente salvaje de aire sino de una feroz corriente de gente jodida sin nada ya que perder. En este momento es lo peor de unos pocos lo que mantiene el mundo en marcha. Y eso se paga".

Entre los poetas a los que Antonio Lucas admira destaca, sobre todo, Rimbaud. "Por su capacidad inflamable con las palabras. Por esa capacidad insólita de 'mear' desde la mejor poesía en todas las tapias. Principalmente en las tapias del poder de su tiempo". Y, a la vez, considera que en España se vive un 'mal buen momento' para la poesía: "Siempre ha sido así. Al menos en ese siempre que abarca el último siglo. Hay excelentes poetas en marcha. Excelentes lectores. Pero siempre son pocos, muy pocos, y con muy escasa capacidad de alcance. La poesía tiene prestigio, pero no tiene público. Y, sin embargo, en un poema está todo. O puede estarlo. Incluso hay reportajes excelentes en poemas excelentes. Ahí están los poemas/reportaje de José Hierro. El mundo, sí, cabe en un poema: porque cabe su verdad, porque cabe su trampa. A mí la poesía me permite descifrar el mundo y descifrarme dentro de él. Es un gran mapa con el que hacer camino".

 

ELENA MEDEL, PREMIO LOEWE JOVEN

Aquí puede leerse la noticia.

http://cordopolis.es/elena-medel-gana-el-loewe-de-poesia-joven-por-chatterton/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=elena-medel-gana-el-loewe-de-poesia-joven-por-chatterton

'TURIA' RECUERDA A ANA Mª NAVALES

[Nota de prensa de ’Turia’.]La escritora Ana María Navales (Zaragoza, 1939 - 2009) es la gran protagonista del amplio y sugestivo monográfico que la revista cultural TURIA ha elaborado con motivo de su 30 aniversario. Un total de trece autores, entre los que figuran los principales estudiosos de su obra, nos descubren las claves de una de nuestras más singulares autoras contemporáneas. Considerada por muchos como la “Virginia Woolf española”, Ana María Navales ha sido descrita como un ejemplo de mujer y de escritora libre, lúcida y pasional. Ahora, cuando están próximos a cumplirse cinco años de su muerte, la revista a la que estuvo tan vinculada le brinda un merecido homenaje y reivindica su lectura. 

El atractivo dossier de 115 páginas que TURIA dedica a Ana María Navales constituye, sin duda, el contenido estrella de un sumario muy especial repleto de textos inéditos de grandes autores y con el que la revista conmemora sus 30 años de trayectoria. Para Jesús Ferrer Solá, filólogo y profesor de la Universidad de Barcelona, que firma el artículo introductorio del monográfico dedicado a la  autora aragonesa, Ana María Navales “cultivó con parecida destreza la poesía, la narrativa breve o el ensayo”. Sin duda, “quien fuera una sobresaliente activista cultural y hábil dinamizadora de la gestión intelectual” dispone desde ahora de un valioso conjunto de textos que analizan sus diferentes facetas. Y es que, junto al estudio de su producción creativa, no falta el análisis del lado humano de la escritora, construido con evocaciones y testimonios de quienes mejor la conocieron. Una cuidada biocronología completa el nuevo y oportuno monográfico de TURIA.

 El escritor Javier Cercas será el encargado de presentar el número especial 30 aniversario de TURIA. El acto se celebrará en Teruel, ciudad en la que en 1983 se fundó la revista, el próximo día 19 de noviembre.

 

MÁS ALLÁ DE LA ESCRITURA CONVENCIONAL

 

Jesús Ferrer Solá, en su artículo “Recordando a Ana María Navales. Una teoría de la novela” no tiene dudas a la hora de subrayar que su narrativa conserva muchos de los rasgos de su lírica. Su estilo posee una ascendencia poética que la sitúa lejos de la prosa convencional. De ahí que considere que “la novelística de nuestra escritora se basa en la moderna ambivalencia entre ficción y realidad”. Es decir, una “fecunda conjunción entre testimonialismo cotidiano y reflexión intimista” que convierte a sus novelas en la mejor demostración de que Ana María Navales “supo desarrollar, con sobrado rigor estético, el viejo arte de contar una historia”.

 

Manuel Rico, escribe en TURIA sobre “La trayectoria poética de Ana María Navales” y de ella dirá  que  es un  camino personal y al margen dentro de la lírica española: “estamos ante una poesía en la que el lenguaje tiene un sentido unívoco: buscar el misterio y la oscuridad que vive dentro de nosotros. Sólo en el poema está la salvación, parece decirnos en cada uno de sus textos”.

 

Isabel Carabantes escribe sobre “La forja de una escritora rebelde: sus relatos”. Nos recuerda que el origen literario de Ana María Navales fue el periodismo y asegura que la narrativa breve fue su mejor medio de expresión: “porque a través de sus relatos se llega a las novelas, porque sus personajes son antesala de sus ensayos, porque en ellos se encierra el alma de la poeta. Es en estos textos donde mejor se puede apreciar el trabajo diario y la evolución personal y creativa de una autora que a lo largo de cincuenta años no dejó de contar con pasión”

 

En su artículo “Libre, lúcida y peligrosamente”, Julio José Ordovás se ocupa de la obra ensayística de Ana María Navales. Tras analizar las excelencias de la escritora en el cultivo de este género, nos dirá: “Navales fue un pájaro exótico dentro de la literatura española, y la búsqueda de otros pájaros exóticos la llevó a otras literaturas. En Bloomsbury encontró su nido”.

 

“La gran aventura de la vida de Navales –concluye Ordovás- fue la literatura. Ni las ironías del destino ni la muerte podrían apagar, de eso estaba segura, la vida que depositó en sus libros. Ella aspiraba a quedar llena de vida en ellos, como Virginia Woolf, como Anaïs Nin, como Clarice Lispector, como todas las escritoras en las que se miró y se reconoció. Quería que sus libros perduraran como testimonio de la libertad de su espíritu y no le importaba el precio que tuviera que pagar, o, mejor dicho, que le hicieran pagar, por ello”.

 

LA IDENTIFICACIÓN CON VIRGINIA WOOLF

 

José-Carlos Mainer participa en el monográfico con un brillante artículo titulado “Ana María Navales: espejos de la novela”. En él se nos asegura que la escritora llevó a sus narraciones extensas su querella personal contra la vulgaridad y “una concepción de la literatura como forma superior y más auténtica de la vida: un espejo muy especial”.

 

Con buen criterio, Mainer también considera que “Cuentos de Bloomsbury” (1991) tiene mucho de novela fragmentada en cuentos y no poco de ensayo novelado de una biografía colectiva que, por muchas razones, ha sido su obra más perdurable y una de las más originales de las publicadas en España en el decenio de los noventa”.

 

Y es que la identificación de Ana María Navales con Virginia Woolf fue absoluta. De ahí que en aquellas vidas del grupo de Bloomsbury, nuestra escritora encontró, como subraya Mainer, “la existencia que hubiera querido vivir: un cierto grado de bohemia corregido por el buen tono; la ambigüedad sistemática de los sentimientos, rescatada por la lealtad personal; la ociosidad divagante acompañada de la seriedad en el trabajo; la ambición cultural universal que sólo roza el esnobismo; la asombrosa facilidad de convertir unas vidas complejas en el refinado material de una imaginación literaria”.

 

A continuación, TURIA ofrece un valioso y plural repertorio de artículos y testimonios que permiten descubrir con detalle el universo vital y literario de Ana María Navales. Así, Raúl Carlos Maícas,  fundador  y  director  de  TURIA,  analiza  el papel fundamental de la escritora zaragozana en la revista, una aventura cultural compartida durante varias décadas: ”fue durante años, una presencia luminosa, necesaria y constante en la tarea de conseguir que Turia mantuviera un buen nivel de contenidos”.

 

El escritor y periodista Juan Domínguez Lasierra, marido de Ana María Navales, escribe en TURIA unas inolvidables y emotivas “Cartas para Ana María”: “Quisiera verte como eras tú cuando te despojabas, en un descuido, de tu máscara de firmeza, de fuerza, de dominio, como aquella niña de tu fotografía en la playa de..., Dios mío, que se esfuman los nombres, aferrada a tu cubito y tu pala, bien aferrados como lo hacías con todo, porque sabes que el mundo nos roba todo lo que amamos, el cruel ladrón, que nada nos deja, que le importa un bledo desnudarnos a la intemperie, aunque el frío nos penetre hasta el tuétano y no queramos sino morirnos para que la desolación, la angustia, el horror desaparezca”.

 

Por su parte, Marta Agudo escribe en el artículo que publica en TURIA: “pocas personas tan autorizadas como Ana María Navales para diagnosticar el pulso literario de su época. De hecho, resulta extraordinario su conocimiento de la literatura del momento en el resto de Europa y, en especial, de la inglesa en unos años en los que no era fácil recibir noticias del extranjero y la red era algo inconcebible”. 

 

Rosendo Tello realiza un pormenorizado análisis lleno de complicidades de la poesía completa de Navales, reunida en el libro “Travesía en el viento”, y concluye: “Yo soy Antígona”, declaró en un poema Ana María Navales. Su grandeza se mide por su rebeldía y por la desazonante verdad de su vida. Ella no ha muerto, después de su muerte física, pues sus poemas siguen resonando en el silencio de la noche para siempre”.

 

José María Conget también participa, con su artículo “De obsesiones y fantasmas”, en el homenaje a Navales. Desde la atalaya de sus muchos años de amistad con la escritora, Conget glosa la pasión que siempre caracterizó la labor de Ana María Navales en cuantas tareas literarias y culturales se embarcaba: “en algún momento llegué a cuestionarle si valía la pena tal derroche de adrenalina, una pregunta absurda porque resultaba obvio que la pasión era inseparable de su naturaleza”.

 

Completan el repertorio de artículos en homenaje a Ana María Navales: “Virginia Woolf entre nosotros”, de Cándido Pérez Gállego y “Ana en el recuerdo”, de Eugenio García Fernández.   Por último, y como cierre del dossier, se difunde una pormenorizada biocronología de Ana María Navales, elaborada por Juan Antonio Tello. En definitiva, TURIA ofrece a los lectores la posibilidad de redescubrir a una escritora valerosa, apasionada y anticonvencional: Ana María Navales

 

La revista cultural TURIA es una publicación cuatrimestral, editada por el IET de la Diputación de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Aragón. Este número cuenta también con el patrocinio de la empresa Aragonesa de Servicios Públicos.

 

*Este dibujo lo he tomado de la página del poeta, narrador y editor Manuel Rico.

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-de109ec2208e4ca21acdbf10afa111bb.jpg

 

*El segundo retrato es de Luis Grañena.

RETRATO DE PEPE MELERO

RETRATO DE PEPE MELERO

RETRATO DE JOSÉ LUIS MELERO:

LECTOR, ESCRITOR, ZARAGOCISCA, AMIGO Y ACTOR

 

José Luis Melero es uno de esos seres que contagian pasión por la vida, confianza y buen rollo, como suele decir Luis Alegre. Puede ser el amigo imprescindible, el camarada o un animal de compañía. Encarna el optimismo, la delicadeza y el sentido del humor.

Se confiesa un enamorado de los seres y las cosas, un aragonesista de pies a cabeza desde siempre, y hace suyo el lema de Juan Manuel Sánchez: “Todo por y para Aragón”. Pepe, además, dice “Todo por y para mis amigos. Todo por y para el Real Zaragoza”. Fetichista y coleccionista, suele decir: “Yo también tengo mis pequeños tesoros. Solo hablaré de uno, aun a riesgo de parecer presuntuoso: conservo las botas y una camiseta de mi admirado José Luis Violeta, ‘El León de Torrero’. Ese tótem protege mi inflamado zaragocismo en los momentos más difíciles”. A Pepe, más que el fútbol, le gusta el Real Zaragoza. Es blanquillo a carta cabal con todo lo que eso significa: más de 80 años de leyenda con nueve títulos.

José Luis Melero es un hombre de letras conciliador, generoso y de crédito, un intelectual, un activista incesante de la cultura desde Rolde y otros foros. Ante todo se siente lector, investigador de historias menudas, de vidas humildes; rastreador de libros, de folletos, de fogonazos insólitos, un enamorado del arte y de la música, y se siente un contador de historias. Es alguien que lee para contarlo. No es egoísta ni elitista, y sabe ser, sin esquizofrenia alguna y sin afectación, zaragozano y cosmopolita. Ama los libros desde muy joven y fue un asiduo visitante de las librerías Astro, General, Pérez, Hesperia, Inocencio Ruiz Lasala, y lo sigue siendo de casi todas. Ahí encuentra amigos, autores, una tupida red incitaciones que enriquece su laberinto de libros y de sueños. La memoria del mundo. Ahí está en su segunda casa. Pepe, por cierto, es uno de los aragoneses que les ha puesto un piso ordenadísimo a sus libros.

José Luis Melero ha sido poeta, ha entrevistado a poetas como Ildefonso-Manuel Gil, que le reveló sus mejores secretos, incluso los de amor; es el albacea del poeta y editor Luciano Gracia. Cree  en el poderoso influjo de la amistad y la practica a diario: es el primer lector de Ignacio Martínez de Pisón, y tiene un afecto entrañable por Emilio Gastón, Fernando Ferrero, Rosendo Tello, Ángel Guinda, y fue uno de los cómplices más constantes de amigos inolvidables como José Antonio Labordeta y Félix Romeo Pescador, por citar solo algunos. Un diccionario de amigos de Pepe Melero ocuparía algunos cientos de páginas. Pepe Melero representa la definición más extensa y luminosa de la palabra amigo. Amigo. Criatura de afectos.

 Desde hace muchos años se ha revelado como un magnífico bibliófilo que viste cuidadosamente sus libros de viejo. Un bibliófilo por amor a la lectura al que le interesa todo, pero muy especialmente Aragón, la literatura en general y la poesía en particular, la historia y lo que se llama ‘los egodocumentos’ o literatura del yo: diarios, memorias, autobiografías, epistolarios. Todos sus libros, y son más de 30.000, llevan la fecha de su ingreso y posteriormente sus notas de lectura a lápiz con su letra de monje. Amasa una fortuna incalculable y sentimental de libros dedicados.

Pepe Melero es un amanuense de los pequeños detalles. Y por supuesto posee una de las mejores bibliotecas aragonesas que existen. Él, con la implicación de Eduardo Bandrés y de Agapito Iglesias y sus consejeros, fue el auténtico forjador de ‘Los años magníficos’, la exposición de los 75 años de existencia del Real Zaragoza. Una exposición que quiso ser también una ambiciosa apuesta cultural. La creación y el fútbol jamás han estado alejadas y mucho menos en la cabeza de Pepe. Eso sí, parece que de niño ni aprendió a montar en bicicleta ni fue un gran futbolista.

Pepe Melero ha escrito de casi todo. Es uno de los sabios de la jota. Le encanta la buena gastronomía, en la taberna y en los libros. Es autor de cinco libros básicos: ‘Leer para contarlo’, sus memorias de bibliófilo; ‘Manual de uso del lector de diarios’, un diccionario precioso que le retrata; ‘Los libros de la guerra’, una compilación asombrosa y llena de novedades de libros sobre la contienda del 36 escritos desde los dos bandos; y ‘La vida de los libros’ y ‘Escrituras y escritores’, donde recoge sus columnas de los jueves en la página dos de ‘Artes & Letras’. Esos artículos, alrededor de 200, son la mejor muestra de la variedad de saberes de Pepe, de su finísimo sentido del humor, de su capacidad para reírse de sí mismo, de su sabiduría y de su inagotable sensibilidad. Pepe, erudito y divertido, vive instalado desde hace años en el reino de la curiosidad.

 José Luis Melero ama a los escritores casi anónimos, desdichados, sepultados en el olvido. Es como un novelista que mira con candor a sus criaturas. “Escribir sobre los amigos desaparecidos no solo es una necesidad personal: es un deber de justicia”, ha dicho. A Pepe, el hijo ideal, el marido y el padre soñado como suelen decir Yolanda, Jorge e Iguácel, el zaragocista indomable (y lo sabemos todos de buena tinta), le gustan las anécdotas. Sus libros son auténticos inventarios de ellas. Por ejemplo, le gusta contar: “Se dice que Ernst Hemingway llevó colgada del cuello durante años una de las piedras que Ava Gardner expulsó del riñón, tras el cólico nefrítico que sufrió en 1954. Cuando le afeitaron el pubis tuvieron que hacer un sorteo en el hospital porque todos querían quedarse con un mechoncito”. Cuando se pone salvaje y sentimental le gusta que le reciten alguna alineación del Real Zaragoza. Una de las primeras, por ejemplo: Lerín; Gómez, Alonso; Pelayo, Ortúzar, Municha; Juanito Ruiz, Amestoy, Olivares, Tomás y Primo. Su favorita bien podría ser esta: Cedrún; Belsué, Cáceres, Aguado, Solana; Nayim, Aragón, Poyet; Pardeza, Esnáider y el ‘Paquete’ Higuera. La de los campeones de 1995 en París. Una de las noches más hermosas de su vida. Cuando éramos los mejores.

Felicidades a Pepe Melero y a su multitud de amigos.

 

*Este iba a ser el discurso del homenaje que le rindieron a Pepe Melero la peña Los Aúpas. aquí está por si a alguien le puede interesar.