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Antón Castro

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ÁNGEL GUINDA: VIDA Y CRUELDAD

[Ángel Guinda publica un nuevo poemario en Olifante, ‘Rigor vitae’. Esta es la sinopsis de un nuevo y ambicioso proyecto de alguien que vive la poesía con una intensidad muy especial. Vida y poesía, belleza y dolor fundidas. El libro se el próximo mes de abril, a las 19.30, en el Palacio de Sástago.

Dice la sinopsis:

 

[Olifante Ediciones de Poesía inicia la Segunda Época de su primera colección con el libro (‘Rigor vitae’), de Ángel Guinda, que el autor traduce como (‘Crueldad de la vida’). Soliloquio en tres secciones: “Cantos del luto”, “Las islas siempre esperan” y “El mal de las flores”, respectivamente centradas en la vida severa –particularmente de la actual época opaca-, la perenne caducidad del amor y la inminencia de la muerte. En un reto de convertir la forma en fondo, la estructura de los textos experimenta con la respiración del mensaje mediante el silencio del interlineado, la sustitución de palabras por símbolos o la convivencia de géneros poético, narrativo y dramático.]

He aquí dos poemas, por cortesía del amigo y gran poeta.

 

YO NO PUEDO ESCRIBIR en el aire.

 

(Intuición es una ventana con los cristales limpios.)

 

Yo no puedo escribir en el crepúsculo.

 

(Iluminación es la ventana sin cristales.)

 

Yo no puedo escribir en el fuego, en el vapor, en la espora.

 

(Visión es aparición ojos adentro.)

 

Ni creo que el vuelo del tordo sea un papel de calco.

 

(Goya pintó los desastres de la guerra. Yo cantaré los horrores de la paz.)

 

¡Cantaré! Con los seis ojos de los abulones, con las castañuelas de los rastrojos en llamas, con los cencerros del ciclón. Espoleado por el caos.

 

¡Entonaré el duelo de esta época opaca por la brutalidad, las retinas desprendidas del hostigamiento y el aspa tartamuda de la aflicción!

 

(Tengo miedo cuando abro los ojos.)

 

 

 

 

ARDER

 

 

No arde el papel en lo que escribo,

arde lo que me escribe como una delación.

 

¿Arde el silencio que me llama?

 

Arde la señal de la cruz.

 

Escalera de agua a las estrellas,

arde el desasosiego en las pirámides de mis pómulos.

 

Arden las palabras que rebotan dentro del poema

como una sordera de pintura rupestre.

 

Arde la catástrofe en el bosque del papel.

 

Arden los océanos como un disparate.

 

“Arde el incendio del sol.”

 

Juana de Arco, Servet, Giordano Bruno siguen ardiendo.

 

¡Arder, arder!

 

(Ser humo contra el viento.)

 

*La foto de Ángel Guinda es de Lara Albuixech. Se puede ver aquí:

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CINCO LIBROS, CINCO AUTORES

España vive uno de los mayores desconciertos políticos de la democracia. Felizmente, en medio del caos, la gente sueña y apuesta por una ejemplaridad más inadvertida. 

 

 

Algunas emocionantes formas de amor y rebeldía

 

 

Los EREs, Bárcenas, los dos jueces que se pelean entre sí, Ponferrada y el escándalo de Blanco, y los ominosos secretos de la financiación del PP lo dominan todo. España se ha convertido en un país inverosímil y carpetovetónico. Aragón no anda a la zaga: resulta soez que unas Cortes se otorguen privilegios de los que carece la ciudadanía. Pero hoy no vamos a escribir de esto, sino de otros protagonistas, de distinta ejemplaridad.

Empezaré con Sergio del Molino y con su libro ‘La hora violeta’ (Mondadori), uno de estos textos que te dejan sin aliento: cuenta la conmovedora historia de su hijo Pablo, describe un estado inédito en casi todos los manuales, el de los padres huérfanos, habla de la inmensa ternura y profesionalidad de las oncólogas, y de la vocación esencial de un ser humano que, en la mayor adversidad de la vida, se siente, además, literatura.

Ignacio Martínez de Pisón es objeto de un monográfico de ‘Turia’: Pisón es el narrador natural, el ciudadano tranquilo, el talento que fluye. Sus libros nacen de la vida, sin imposturas y sin ningún arrebato apocalíptico. Es el escritor que no va de nada, que asimila las lecciones de la historia y que sufre a diario por el destino del Real Zaragoza.

Antonio G. Iturbe es escritor y periodista de Casetas, emigrado a Barcelona. Ha alcanzado el éxito con una novela inspirada en hechos reales: la historia de la niña de Praga, Dita Kraus, que  fue recluida en el campo de concentración de Auschwitz; allí, con ocho libros y con la complicidad de un judío extraño, logra crear un refugio especial para los niños en la barraca 31. En ‘La bibliotecaria de Auschwitz’ (Planeta) la vecindad de la muerte se amortigua con las palabras y los sueños.

Antonio Pérez Morte (1960-2013) estaba muy feliz con un nuevo poemario: ‘Cuerpos de luna’ (Celya), pero un infarto inesperado puso fin a sus días. Ahora nos llega ese libro de amor, de deseo, de recuento, de exaltación de la amada (Ana) y del paisaje, un libro vibrante donde se lee: “Despertar contigo. / Ser testigo de la primera sonrisa / en tu rostro somnoliento. / Compartir el deseo / de inventar cada mañana la vida / y detener juntos el tiempo”.

David Mayor, poeta y profesor, publica ‘31 poemas’ (Pre-Textos): un libro sobre el viaje interior y exterior de alguien que busca la palabras precisas para hablar de sí mismo, de lo que ve y de lo que sueña, y para recordar a su fallecido padre: David acudió a la presentación en Antígona con una camiseta que había usado su progenitor, futbolista del Huracán, y con sus zapatos. Si eso no es amor...

 

*Este artículo se publicó el lunes en Heraldo de Aragón. Tomo la foto de David Mayor de https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-bdf8005f45699504aed0c851121d8d56.jpg

LUIS ALEGRE RETRATA A SAVATER

Dos tardes con Savater

Por Luis ALEGRE

En muy poco tiempo he pasado dos tardes con Fernando Savater. En La Térmica de Málaga compartí con él una tertulia sobre nuestra época infame y, en Zaragoza, otra sobre educación organizada por IberCaja. Eso me ha permitido comer, hablar y reír con uno de los seres de referencia de mi vida. Le conocí en los primeros 90, entre Madrid y San Sebastián, alrededor de Javier Gurruchaga y Vicente Molina Foix, charlando de cine, tebeos y “La isla del tesoro”. Al recibirle en la estación de Málaga lo primero que hizo fue tenderme su último libro, “El traspié. Una tarde con Schopenhauer”. Cuando lo fui a buscar a la estación de Delicias de Zaragoza me metió en el bolsillo “Democracia”, de Paolo Flores d´Arcais. Fernando es uno de esos que te regala un libro casi siempre que te ve. Félix Romeo también pertenecía a ese maravilloso club. En Málaga, con Salomón Castiel, y en Zaragoza, con Genoveva Crespo, César Pérez Gracia y Teresa Fernández –directora de la Obra Social de IberCaja-, he procurado estirar las horas con Savater.

Algunas de las lecturas más impactantes de mi primera juventud fueron libros de Savater: “Nihilismo y acción”, “La tarea del héroe” o “La infancia recuperada”. Seguía con devoción sus artículos en “El País” y en la revista de cine “Casablanca” cofundada por Fernando Trueba. Me recuerdo con Trueba y Gabino Diego hablando de Savater cenas enteras. Savater escribió “Nihilismo y acción” en 15 días a la increíble edad de 22 años. Fernando me abrió los ojos a muchas cosas y personas y me hizo disfrutarlas o entenderlas de una manera más enriquecedora: las películas, los libros, Cioran, Borges, Voltaire, Bertrand Russell, Nietzsche, la religión, la política, la moral, la violencia, el anarquismo o las patrias. Desde esos años Savater representó para mí un techo muy refinado de lo que significaba ser un intelectual. Fernando no solo arrojaba luz sino que exhibía un compromiso inagotable con su tiempo, desde un coraje y una libertad de pensamiento realmente extraordinarios. Savater siempre me parece honesto cuando habla o escribe y nunca da la impresión de ser rehén de lo que se espera de él, de lo que sus seguidores desearían oír o de lo que él mismo ha sostenido en el pasado. Esa actitud, tan saludable, le ha convertido a veces en alguien sospechoso, incorrecto, incómodo. Pero a mí Savater me resulta estimulante incluso, o sobre todo, cuando no participo demasiado de sus puntos de vista. Uno de los integrismos más antipáticos es el de quien se muestra incapaz de relajar sus convicciones. Y yo siempre estoy dispuesto a que mis convicciones se agrieten, sobre todo cuando sobre ellas dispara un tipo como Savater. Por descontado, tampoco soy un integrista de Savater pero le respeto tanto que cuando difiero de él no puedo evitar pensar que el equivocado, o el idiota, tal vez sea yo.

Savater no para de hablar, de lanzar ideas, observaciones, recuerdos, ironías, ocurrencias, anécdotas. Un día, cuando estaba con su maestro Cioran, el colmo del pesimismo, Fernando aspiraba a demostrarle que él también era bastante pesimista. Pero Cioran no hacía más que desacreditarle como cenizo y, al dedicarle un libro suyo, le escribió: “A Fernando Savater, agradeciéndole sus esfuerzos por ser pesimista”. Fernando es divertido y cariñoso, algo que se agradece mucho en un sabio. A sus 65 años continúa militando en la alegría, una de las pocas cosas de la que se considera fundamentalista. Él se define como un pesimista activo y quizá por eso se empeña en crear alegría, porque sabe que, si bajamos los brazos, nos va a devorar la tristeza. La siesta es otra de esas grandes cosas por las que es capaz de perder el sentido. Le pasa un poco como a mí, que si un día no me puedo echar la siesta se me estropea la cabeza y ando por la tarde como un zombie.

Un espanto que ha marcado la vida de Savater es el terrorismo etarra. El otro día Fernando recordó el punto de inflexión en la manera de mirarle aquella banda asesina y mafiosa. El mundo abertzale lo creía uno de los suyos y en 1981 le invitaron a participar en un acto contra la tortura. En su intervención Savater condenó la tortura hacia los presos etarras pero, también, abominó de la tortura a la que estaba sometido el ingeniero José María Ryan, que en esos días permanecía secuestrado por ETA y que luego fue ejecutado. Desde entonces, el clima en su adorada Donosti se hizo totalmente irrespirable para Fernando. Se trasladó a Madrid y hubo de convivir con la amenaza de que cualquier día podía ser asesinado. Sin embargo, Savater no solo no se arrugó sino que intensificó su agresividad intelectual contra el terrorismo y el lado más siniestro, absurdo y endiablado de los nacionalismos. Savater no movía una ceja sin los escoltas alrededor. Ese disparate dio un vuelco a sus costumbres cotidianas. Entre otras cosas, dejó de ir a las salas de cine. Desde aquella época, solo ve cine en DVD.

Su último libro, “El traspié. Una tarde con Schopenhauer” es una deliciosa pieza teatral en la que Savater fabula sobre la relación de Schopenhauer con Elisabeth Ney, la escultora para la que posó durante meses. En un momento dado, Savater pone en boca de Schopenhauer una de esas frases que no tienes más remedio que subrayar: “A los hombres solo nos gusta retener a las mujeres capaces de dejarnos”

Savater es el filósofo español más popular y leído de las últimas cuatro décadas. Mi madre Felicitas de 87 años se ha zampado estos días “Ética para Amador” y “Política para Amador”, dos de sus best sellers. Savater ha consagrado buena parte de su vida y obra a exaltar la alegría, la felicidad, la educación, la cultura, la ética, la tolerancia y la dignidad moral e intelectual. Es curioso: a la vista de la basura que nos rodea, parece que hemos leído a Savater solo para saber cómo llevarle, exactamente, la contraria.

 

*La foto la tomo de aquí.

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SERGIO DEL MOLINO: AMOR A PABLO

Pablo: una historia de amor

 

Sergio del Molino publica ‘La hora violeta’ (Mondadori), donde cuenta la enfermedad de su hijo

 

 

“Me he propuesto no llamar niño al niño. Ni crío, ni chaval. Puede ser que cachorro sí, pero no en este libro. No inventar seudónimos, no usar iniciales. Sólo Pablo. Sólo su nombre”. Así arranca ‘La hora violeta’ (Mondadori, 2013), la novela de Sergio del Molino (Madrid, 1979), colaborador de HERALDO, que narra un período de casi catorce meses: desde que al niño Pablo Del Molino Delgado, con diez (“ni siquiera un año de deslumbramiento”), le descubren una leucemia muy agresiva hasta que fallece cuando se acercaba a los dos años.

El libro está dividido en cuatro tiempos: ‘A partir de aquí, monstruos’, que sería la crónica de una pesadilla, un descenso al infierno y también un viaje casi sonámbulo a la esperanza; ‘La noche de Saskatoon’ es una de esas fugas de la novela: el escritor reflexiona sobre la desesperación y el dolor y a la vez habla de música, de los libros de Lobo Antunes, de esa ciudad fría y ventosa de 224.000 habitantes de Canadá, y elogia y retrata a las oncólogas. Dice: “Las oncólogas pediátricas –nuestras oncólogas pediátricas- se enfrentan a una enfermedad desnuda, cuyo horror no se amortigua con cuentos ni con fábulas religiosas o morales. Ante ellas tienen a un niño desvalido que, en la mayoría de las ocasiones, ni siquiera es consciente de que algo le está matando”.

La tercera parte, ‘Las naranjas de la sangre’, aborda cuando a Pablo lo trasladan a Barcelona, donde va a ser objeto de un trasplante de médula, donado por una joven francesa; esa estancia le permite al narrador recordar su niñez a orillas del mar en Valencia (Del Molino habla con su hijo: “Te llevaré a la playa donde fui chaval para que tú lo seas también”) y asomarse a la playa del Somorrostro, la playa de Carmen Amaya y la película ‘Los Tarantos’. Esta parte tiene una emoción familiar especial y varios conatos de humor: Sergio y su hermano Pedro establecen un código muy hermoso de complicidad y de afecto al calor de unos cuantos gin tonics; Sergio visita a su amigo Javi, que ha vivido en carne propia ese estado de ‘Devastación’ que es la enfermedad. E incluso el narrador y padre asiste, enternecido, a un divertido episodio: la enfermera María consigue que Pablo aplauda el himno del Barcelona.

‘La hora violeta’, la cuarta parte que da título al conjunto, es un capítulo muy importante, que contiene, entre otras cosas, una declaración de admiración a Francisco Umbral y a su libro ‘Mortal y rosa’, que empezó siendo un libro sobre la paternidad y un diario íntimo y acabó siendo una elegía, y que está muy presente aquí. Del Molino dice: “Yo, como Umbral, deliro y hablo con mi hijo por los rincones de mi casa y por las calles de mi ciudad. Yo, más nadie en este mundo, sé de lo que habla ‘Mortal y rosa’”.

Sergio del Molino ha escrito un libro sobre el horror que se instala de golpe en nuestras vidas. Sobre las noches en vela, con bocadillos anémicos y el cansancio en todos los poros. Sobre la enfermedad, la incertidumbre y el destino. Sobre la orfandad de los padres; dice en el prólogo: “... los padres que firmamos los papeles de los funerales de nuestros hijos no tenemos nombre ni estado civil”. Una de las frases que se repite a menudo es “tengo ganas de llorar”, o se describe el llanto inesperado que asoma en cualquier instante. Es un libro donde suena la música de Leño, Barricada o Ryan Adams; donde se habla de las novelas de Francisco Casavella, Somerset W. Maugahm, del oficio de escribir (el autor dice: “soy literatura”), del periodismo y de la amistad. También anda por ahí Joan Didion, que escribió sobre la muerte de su marido en ‘El año del pensamiento mágico’. Sergio del Molino alude a Susan Sontag, que decía que la enfermedad “está llena de metáforas, y que el mejor modo de permanecer sano en ella es ignorándolas o destruyéndolas”, y concluye: “El cáncer ha sido cubierto por un montón de capas metafóricas que hacen casi imposible su comprensión. No su comprensión médica, sino la social, la que afecta a quienes la sufren”.

‘La hora violeta’ es un libro que defiende la ciencia, la sanidad pública y los héroes inadvertidos los de los hospitales. Y es, por encima de todo, una constante declaración de amor a la vida, a Pablo y a Cris, la madre del niño, que es en la sombra el otro gran personaje del libro: “Es nuestra guardiana. Al custodiar a Pablo me custodia a mí también. Es el fuego de mi lar. Sin ella, Pablo y yo habríamos sucumbido hace tiempo al frío. Ambos estaríamos podridos y devorados por los buitres”.

Sergio del Molino ha escrito una de esas novelas que marcarán, más que probablemente, para siempre su destino como padre, como escritor y como hombre. El libro está dedicado a su segundo hijo Daniel Del Molino Delgado, “con el deseo y la esperanza de que su hermano [Pablo] no se convierta en un fantasma ni en un cuento de terror”.

 

La hora violeta. Sergio del Molino. Literatura Mondadori. Barcelona, 2013. 191 páginas. (Este texto lo publiqué el martes en Heraldo.es)

TURIA Y PISÓN, EN EL PRINCIPAL

TURIA Y PISÓN, EN EL PRINCIPAL

IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN PROTAGONIZA

 LA REVISTA “TURIA”

 

20 ESCRITORES Y ESTUDIOSOS LE RINDEN HOMENAJE

 A TRAVÉS DE TEXTOS INÉDITOS

 

ANTONIO TABUCCHI, ERRI DE LUCA, ENRIQUE VILA-MATAS,

DAVID TRUEBA Y JOSÉ MARÍA CONGET

SON OTROS AUTORES DESTACADOS DEL

NUEVO NÚMERO

 

AMPLIAS ENTREVISTAS EXCLUSIVAS A SANTIAGO AUSERÓN

Y LARA ALMARCEGUI

Ignacio Martínez de Pisón, uno de los nombres propios indiscutibles en cualquier balance de la literatura española actual, es el gran protagonista del nuevo número de la revista cultural TURIA que se presenta hoy en el Teatro Principal de Zaragoza. La publicación le rinde así un atractivo homenaje cuando se cumplen casi tres décadas de su primer libro publicado. TURIA propone un espectacular y amplio sumario repleto de textos inéditos sobre un creador que viene ofreciendo a los lectores una renovada y sugerente apuesta por la conexión de la literatura con la realidad. La presentación de este homenaje correrá a cargo de Jordi Gracia, catedrático de Literatura Española en la Universidad de Barcelona y reconocido experto en nuestra narrativa contemporánea. [Nota de redacción de Turia: Maícas y su equipo.]

 

TURIA ofrece un espectacular monográfico sobre Martínez de Pisón repleto de textos inéditos. Un total de 20 autores se dan cita en un cuidado dossier de 175 páginas en el que destacan, entre otros, artículos de José María Pozuelo Yvancos, José-Carlos Mainer, Fernando Valls, Enrique Vila-Matas, David Trueba o José María Conget. 

 

A ellos hay que sumar también las colaboraciones de críticos como Ramón Acín, J. Ernesto Ayala-Dip y Pablo Pérez Rubio, o del director de cine Emilio Martínez Lázaro. No faltan tampoco las aportaciones de buenos conocedores de la obra de Martínez de Pisón como Antonio Pérez Lasheras, José Luis Melero, Luis Alegre, Mónica Martín, Daniel Gascón o Rodolfo Notivol. 

 

Ignacio Martínez de Pisón es dueño de una obra solvente que ha conseguido que público y crítica valoren su narrativa como una eficaz y coherente crónica de la vida sentimental y política española. De ahí que TURIA brinde a los lectores un atractivo repertorio de artículos, textos de creación y testimonios que permiten una completa aproximación a uno de los escritores más valiosos e interesantes de la literatura española actual. Un conjunto de materiales que se completa con un fragmento su novela inédita “La buena reputación” y con una entrevista a fondo y exclusiva en la que Pisón nos dirá: “la realidad teje historias tan literarias que yo mismo tendría problemas para crearlas”.

 

Además  del  protagonismo  esencial  de  Ignacio Martínez de Pisón,  este  sumario de TURIA de  500 páginas se abre con un interesante artículo sobre Antonio Tabucchi elaborado por Carlos Gumpert. Fallecido ahora hace un año, Tabucchi es descrito como “uno de los grandes escritores de las últimas décadas, probablemente el que mejor supo transmutar en obra literaria el extravío existencial del ser humano en este tránsito de milenios”. También se publica una certera aproximación a la figura y la obra de Mauricio Wiesenthal, convertido en nuestros días en uno de los escritores de culto más admirados y leídos en lengua española.

 

Junto  a  estos  contenidos,  TURIA brinda un completo y atractivo catálogo de lecturas. No en vano, además de las colaboraciones de los autores ya citados,  las páginas de la revista se enriquecen con narraciones inéditas de Erri de Luca, Louise Erdrich, Juan Bolea, Manuel Vilas, Carlos Castán y José Luis Rodríguez García. O con  poemas de Clara Janés, Jaime Siles, Olvido García Valdés, Javier Lostalé, Juana Castro, Ben Clark, Andrés Catalán y Kepa Murua, entre otros.

 

Especialmente recomendables son las dos amplias entrevistas exclusivas que publica TURIA: con Santiago Auserón, mito musical gracias a Radio Futura y Juan Perro y que acaba de publicar un ensayo bajo el título “El ritmo perdido” (“La cultura, sometida a las leyes del mercado, ha acabado siendo una caricatura”) y con la artista Lara Almarcegui, que representará a España en la gran cita internacional de la Bienal de Venecia (“El concepto de contraurbanismo me resulta muy atractivo”) y que también ilustra este sumario de la revista.

 

TURIA, que cumplirá este 2013 treinta años de trayectoria,  ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia. Cuenta con difusión nacional e internacional y por sus páginas han pasado más de mil autores de diversas procedencias estéticas e ideológicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.

 

TURIA es una publicación cuatrimestral, editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputación de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Aragón. Este número cuenta también con el patrocinio Aragonesa de Servicios Públicos y del Ayuntamiento Zaragoza.

 

MARTÍNEZ DE PISÓN, UN NARRADOR NATO

 

En opinión de Pozuelo Yvancos, autor del artículo que inaugura el monográfico Pisón, las novelas de Ignacio Martínez de Pisón “trazan un dibujo en que casa muy bien lo interior y lo exterior, lo psicológico y lo social, la historia familiar y la crónica política”. Como se subraya en las páginas que TURIA le dedica al escritor aragonés radicado en Barcelona, “Martínez de Pisón hace que la vida fluya sin dogmas, que los personajes digan esa vida, y que el lector los siga a través de un estilo tan bueno que parece haber desaparecido y que sitúan a su autor en la primera línea de la novela escrita en España en los últimos veinticinco años”.

 

Enrique Vila-Matas, en su muy recomendable artículo “Aragonés total”, nos recuerda  que “el pasado es la materia con la que trabaja el mejor Pisón”. Y también subraya que Ignacio Martínez de Pisón es un narrador nato, testarudo, empecinado en mejorar sus hallazgos: “cada libro de Pisón produce el siguiente. Hay quienes imaginan que la vida está hecha de vida y que los libros, por tanto, provienen también de la vida, pero no: provienen de otros libros; el que de alguna manera reflejen la realidad no es más que una coincidencia feliz”. 

 

David Trueba, en un texto que no por casualidad titula “Iznacio”, afirma: “Pisón nos contaminó de normalidad”. Y también reconoce que “gracias a Pisón descubrimos que la literatura era como nosotros no la imaginábamos. Con novelas como “Carreteras secundarias” y “El tiempo de las mujeres” nos abrió definitivamente los ojos”.

 

José María Conget confiesa, en su hermoso y testimonial artículo “Las palabras justas”, que admira a Ignacio Martínez de Pisón: “es un escritor para todas las estaciones. Por la altura de su obra y por su ética personal y literaria”.

 

Fernando Valls  analiza “La geometría del desamparo en los cuentos de Ignacio Martínez de Pisón”, mientras Ramón Acín indaga en la trascendencia de la familia en sus novelas. Una trayectoria narrativa que evoluciona de lo individual a lo colectivo y que le permite al escritor, cada vez más, llenar las historias individuales de un aire cargado con enormes dosis de historia. Pablo Pérez Rubio nos introduce en los vínculos existentes entre literatura y cine (“Papel y celuloide: carreteras paralelas”). También el cineasta Emilio Martínez Lázaro nos dirá: “La narrativa de Ignacio Martínez de Pisón es muy fácilmente adaptable al cine”. Mónica Martín, su agente literario, no lo duda: “escribir es su manera de estar en el mundo y tratar de entenderlo”.

 

José-Carlos Mainer asegura que “El día de mañana” es “la mejora novela de Ignacio Martínez de Pisón hasta la fecha” y nos da la clave: en esta gran novela hay una mezcla calculada y explosiva de certeza y desengaño. Otro título, “Dientes de leche”, constituye el epicentro del artículo de José Belmonte Serrano y Marco Succio a propósito del protagonismo de la guerra civil española en la obra de Pisón.

 

Jordi Gracia, en su texto titulado “La razón humilde”, escribe: “incluso sus novelas más intimistas o más psicológicas han anclado sus tramas a fechas y lugares concretos, a espacios y momentos históricos determinados”. J. Ernesto Ayala-Dip llega a la conclusión, en otro artículo del monográfico, que “La ternura del dragón” es una de las mejores novelas cortas de las dos últimas décadas de la literatura española”.

 

Antonio Pérez Lasheras, buen amigo de Pisón desde los años de la Universidad, nos ofrece algunas revelaciones sobre “Las otras escritura de Ignacio Martínez de Pisón”. Otros dos íntimos del novelista, José Luis Melero y Luis Alegre, elaboran un magnífico y complementario retrato de Pisón y de sus indisolubles vínculos con Zaragoza.

 

Daniel Gascón aporta algunas referencias muy útiles para interpretar su obra en su artículo “La intimidad de la gente corriente”. Destaca, entre ellas, el interés de Pisón por dos escritoras como Natalia Ginzburg y Anne Tyler. Por su parte, y completando el abanico de testimonios, Rodolfo Notivol habla del Pisón futbolero y de esa pasión por el Real Zaragoza que transforma al escritor.

 

Completa el monográfico de TURIA un inédito del propio Ignacio Martínez de Pisón, anticipo de la futura novela que ya está ultimando: “La buena reputación”. A ese texto debe añadirse una amplia entrevista realizada por Fernando del Val en la que, preguntado por diversas  cuestiones a propósito de la vida y la literatura, defiende su tesis de que “la imaginanción es mucho más limitada que la realidad” y también declara que “un escritor no debe ser propagandista”. El punto final lo pone una pormenorizada biocronología de Pisón a cargo de Pedro Moreno Pérez.

 

ANTONIO TABUCCHI Y MAURICIO WIESENTHAL

 

El sumario de TURIA se abre, en esta ocasión, con un artículo de Carlos Gumpert titulado “Una polifonía de voces: la obra plural de Antonio Tabucchi”. En el primer aniversario de su muerte, Gumpert elabora un certero análisis de la trayectoria de Tabucchi (1943-2012) y nos dice: “su inquietud como escritor parece inagotable. Será que quiso que a su visión polimórfica y caleidoscópica del mundo, a su infinita curiosidad por los infinitos pliegues de la existencia correspondiera una no menos variopinta plasmación literaria, será cierta forma de recelo hacia la propensión de la escritura a embalsamar toda la varie­dad y movilidad de la vida que siempre le caracterizó, el caso es que el autor toscano acostumbró a sus lectores a sorprenderse casi desde el principio con cada uno de sus sucesivos libros”.

 

También Mauricio Wiesenthal es objeto de estudio en las páginas de TURIA. En su artículo, Iván Moure, glosa su figura y su labor intelectual. Bien lo merece quien en, los últimos años y gracias a tres obras: “Libro de réquiems”, “El esnobismo de las golondrinas” y “Luz de vísperas”, ha elaborado una fascinante reconstrucción de una Europa extinta: la de la gran cultura humanista del siglo XIX.

 

INÉDITOS DE ERRI DE LUCA, LOUISE ERDRICH, CLARA JANÉS Y JAIME SILES

 

Por otra parte, las páginas de esta revista cuatrimestral contienen las secciones habituales dedicadas a la creación literaria. Así, en esta entrega se publican textos inéditos de Erri de Luca, Louise Erdrich, Juan Bolea, Manuel Vilas, Carlos Castán y José Luis Rodríguez García.

 

La sección de “Poesía” la integran una nómina plural de creadores que comienza con  Clara Janés y en la que, entre otros, ofrecen al lector sus versos originales: Jaime Siles, Olvido García Valdés, Javier Lostalé, Juana Castro, José Verón Gormaz, Fernando Sanmartín, Ignacio Escuín, Juan Marqués, Julio José Ordovás, Sandra Santana, Olga Bernad, Dolan Mor, Enrique Villagrasa, Ricardo Serna y Laura Garcés.

 

En el apartado que TURIA dedica al ensayo, se incluye el texto de César Antonio Molina titulado “El sueño de Diderot”.

 ENTREVISTAS A SANTIAGO AUSERÓN Y LARA ALMARCEGUI

 

Santiago Auserón y Lara Almarcegui son dos protagonistas indiscutibles de nuestra actualidad cultural.  Su personalidad y su trayectoria tienen un notable atractivo y también poseen opiniones propias que merecen la pena ser tenidas en cuenta. De ahí que la revista TURIA no haya dudado, en su nuevo número que se distribuirá este mes de marzo, en dedicarles a cada uno de ellos sendas conversaciones a fondo y en exclusiva.

 

La entrevista que Emma Rodríguez realiza para TURIA nos permite retratar a Santiago Auserón como un inconformista, un rebelde nato, un ser crítico, profundo y a la vez dispuesto a la jocosidad, siempre acostumbrado a cuestionarse el mundo. Para Auserón, “atravesamos un erial cultural a todos los niveles”. Y es que “la cultura se ha sometido a las leyes del mercado y ha acabado siendo una  caricatura. No hay criterio, se sigue el sendero de la rentabilidad inmediata”. Un empobrecimiento muy peligroso frente al que Auserón practica “un cierto pesimismo deliberado. Quiero verle las orejas al lobo todo el rato porque no deseo dejarme llevar por el entusiasmo lírico de que acabaremos construyendo un mañana mejor. No sé si llegaremos a construirlo. Todo indica que no pero, sin embargo, me siento llamado a insistir en esa posibilidad”.

 

Lara Almarcegui es ya una de nuestras artistas de mayor proyección internacional: lo demuestra el que ejerza su labor desde Holanda y, sobre todo, haber sido seleccionada para representar a España en la próxima edición de la célebre Bienal de Venecia. Lara Almarcegui nos ha enseñado a contemplar la ciudad con otros ojos, sin despreciar ni desperdiciar absolutamente nada: “me llaman la atención los lugares sin diseñar, es decir, los descampados”. Para la artista, “los descampados no son sólo lo contrario de lo construido sino que, además de ofrecer una crítica a la ciudad que los alberga, construyen otra realidad. A mí, desde luego, me interesan más que esa imagen que los políticos me dan de lo urbano”.

 

MINGOTE Y LUIS BUÑUEL

 

TURIA contiene también la sección habitual denominada “La isla”, con fragmentos del diario de Raúl Carlos Maícas enriquecidos gráficamente por Isidro Ferrer. En cuanto a los temas aragoneses,  TURIA analiza a fondo la figura y la obra de Antonio Mingote (1919-2012) a través de un imprescindible artículo de Juan Villalba en el que se subraya su enorme y dilatada capacidad de trabajo. Sin duda, el latir de nuestra sociedad y la crónica de la evolución de nuestra particular idiosincrasia encontraron en Mingote a uno de sus observadores e intérpretes más inteligentes. Una genialidad creativa que siempre trascendió más allá de su condición de humorista gráfico de referencia para multitud de generaciones de españoles

 

También esta nueva entrega, TURIA redescubre al Buñuel más familiar. Así, un reconocido experto en la obra del director de cine calandino como Javier Herrera describe con detalle los contenidos de los únicos documentos fílmicos que ilustran la vida íntima de Buñuel durante los primeros años de su exilio en los USA. Un material importante por su rareza y que actualmente se custodia, junto con el resto del legado, en la Filmoteca Española. Su hallazgo, hace poco más de un año, acentuaría “la imagen moderna y rompedora de Luis Buñuel en la misma medida que, al humanizarla a los ojos del gran público y a difuminar su mito como cineasta vanguardista”.

 

Por último, TURIA se ocupa de rememorar el papel que tuvo en la historia de la literatura española el librero y editor oscense Gregorio Pueyo, de quien el pasado mes de febrero conmemoramos el centenario de su muerte. Su semblanza nos aporta dos datos de relevancia que no conviene olvidar: fue el editor de buena parte de la lírica modernista y  Valle-Inclán se inspiró en él para el personaje del viejo librero Zaratustra que aparece en su celebérrima obra Luces de bohemia.

 

Cierra el sumario de TURIA una amplia sección de crítica de libros, “La Torre de Babel”, donde se analizan los títulos de mayor interés de la actualidad editorial.

HOY ES EL DÍA DE 'LA HORA VIOLETA'

HOY ES EL DÍA DE 'LA HORA VIOLETA'

 

 ’LA HORA VIOLETA’ DE SERGIO DEL MOLINO,

CON MIGUEL MENA, HOY, EN EL TEATRO PRINCIPAL 

[Hoy martes, 19 de marzo, a las 20.00, en el Teatro Princiapl, Sergio del Molino presenta su novela ’La hora violeta’ (Mondadori), donde cuenta la historia de su hijo Pablo, que ingresó en el hospital a los diez meses a consecuencia de una leucemia muy agresiva, y falleció casi a los dos años. Sergio del Molino ha escrito su mejor libro: conmovedor, contenido y amoroso, un libro sobre la paternidad, sobre la frescura y la inocencia de Pablo, un libro de amor (a Cris, su compañera, a las enfermeras, a la vida), de amistad: es muy bonito el capítulo que le dedica a su hermano Pedro, que embruja literalmente a Pablo, y a otros amigos como Javi, que ha vivido la ‘Devastación’ en sus propias carnes. Santiago Paniagua y Ana Usieto también forman parte del ‘dramatis personae’, etc. Y es un libro también sobre la enfermedad, la ciencia, la esperanza y sobre el oficio de escribir. Sergio del Molino confiesa aquí su admiración por Umbral, no solo por su libro ‘Mortal y rosa’, tan determinante en ‘La hora violeta’, y recuerda que a su hijo le ponía las canciones que a él le gustaban: el rock de Leño, Barricada o Ryan Adams. Siendo como es un libro emocionante, durísimo, de una belleza trabajada en todas sus líneas, ‘La hora violeta’ tiene muchos puntos de fuga y es algo más que un testimonio de un dolor insoportable: es una declaración de cariño y quizá de inmortalidad. Pablo vivirá para siempre en la memoria y en ‘La hora violeta’. Sergio del Molino elude con una espléndida elipsis final el doloroso desenlace del niño, que había aprendido a aplaudir el himno del Barcelona tras su paso por la ciudad, gracias a la obstinación de la joven enfermera María. Miguel Mena ejercerá de maestro de ceremonias. Piensa, con toda justicia, que es el mejor libro de un escritor que frecuenta diversos géneros con pasmosa naturalidad.]

 

*La foto es del Colectivo Anguila. Iván Moreno y Pedro Hernández.

ALBERTO SALCEDO RAMOS: UN DIÁLOGO

Hoy, en heraldo.es, puede leerse esta entrevista con Alberto Salcedo Ramos.

 

 

http://www.heraldo.es/noticias/cultura/2013/03/17/escribimos_para_hacer_memoria_226727_308.html?utm_source=facebook.com&utm_medium=smmshare&utm_campaign=noticias#.UUWs7kNdKOU.facebook

ÁNGEL GUINDA: DOS NUEVOS POEMAS

ÁNGEL GUINDA: DOS NUEVOS POEMAS

[Ángel Guinda publica un nuevo poemario en Olifante, ‘Rigor vitae’ (Crueldad de la vida). Esta es la sinopsis de un nuevo y ambicioso proyecto de alguien que vive la poesía con una intensidad muy especial. Vida y poesía, belleza y dolor fundidas. El libro se en abril, a las 19.30, en el Palacio de Sástago.

Dice la sinopsis:

 

[Olifante Ediciones de Poesía inicia la Segunda Época de su primera colección con el libro (‘Rigor vitae’), de Ángel Guinda, que el autor traduce como (‘Crueldad de la vida’). Soliloquio en tres secciones: “Cantos del luto”, “Las islas siempre esperan” y “El mal de las flores”, respectivamente centradas en la vida severa –particularmente de la actual época opaca-, la perenne caducidad del amor y la inminencia de la muerte. En un reto de convertir la forma en fondo, la estructura de los textos experimenta con la respiración del mensaje mediante el silencio del interlineado, la sustitución de palabras por símbolos o la convivencia de géneros poético, narrativo y dramático.]

He aquí dos poemas, por cortesía del amigo y gran poeta.

 

YO NO PUEDO ESCRIBIR en el aire.

 

(Intuición es una ventana con los cristales limpios.)

 

Yo no puedo escribir en el crepúsculo.

 

(Iluminación es la ventana sin cristales.)

 

Yo no puedo escribir en el fuego, en el vapor, en la espora.

 

(Visión es aparición ojos adentro.)

 

Ni creo que el vuelo del tordo sea un papel de calco.

 

(Goya pintó los desastres de la guerra. Yo cantaré los horrores de la paz.)

 

¡Cantaré! Con los seis ojos de los abulones, con las castañuelas de los rastrojos en llamas, con los cencerros del ciclón. Espoleado por el caos.

 

¡Entonaré el duelo de esta época opaca por la brutalidad, las retinas desprendidas del hostigamiento y el aspa tartamuda de la aflicción!

 

(Tengo miedo cuando abro los ojos.)

 

 

 

 

ARDER

 

 

No arde el papel en lo que escribo,

arde lo que me escribe como una delación.

 

¿Arde el silencio que me llama?

 

Arde la señal de la cruz.

 

Escalera de agua a las estrellas,

arde el desasosiego en las pirámides de mis pómulos.

 

Arden las palabras que rebotan dentro del poema

como una sordera de pintura rupestre.

 

Arde la catástrofe en el bosque del papel.

 

Arden los océanos como un disparate.

 

“Arde el incendio del sol.”

 

Juana de Arco, Servet, Giordano Bruno siguen ardiendo.

 

¡Arder, arder!

 

(Ser humo contra el viento.)