Blogia
Antón Castro

Escritores

SOBRE 'EL VIENTO, EL NIÑO Y EL MIEDO'

Foto de Aloma Rodríguez.

 

Esta tarde, miércoles, 3 de abril, a las 20.00, en la librería Los Portadores de Sueños (calle Blancas) se presenta mi libro ‘El niño, el viento y el miedo’ (Nalvay), ilustrado por Javier Hernández, un rosarino afincado en Siétamo. Estas son las respuestas a algunas preguntas que me ha planteado la editorial, que tiene su sede en Almudévar.

 

UN DIÁLOGO CON ANTÓN CASTRO

 

¿Qué es ‘El niño, el viento y el miedo’?

De entrada, diría que es un libro de cuentos, fantásticos, misteriosos, cotidianos, de terror y oníricos, que transcurre en Galicia, en un territorio que tiende a la leyenda. Sucede en una zona próxima a A Coruña, en un pueblo diminuto, de una docena de casas, donde puede suceder cualquier cosa. Por las noches el viento muerde los aleros y la gente se reúne, en torno al fuego, a contar relatos de miedo, de aparecidos, de fantasmas, de vampiros, de caballos salvajes o de gallinas que ponen huevos de oro en la falda del monte. Es un libro un tanto familiar, con un protagonista, con su madre y su hermano y algunos vecinos a los que les suceden cosas todo el rato. El bosque está próximo y el mar también, y de ambos espacios proceden historias casi inverosímiles, como la de una mujer que aparece con un espejo y una navaja barbera, como la de la comadreja sanguinaria, como la del caballero medieval que reaparece flotando en el lago por la tarde, Atanís de Val, etc. Es un libro de viajes, de espacios, de sueños y sorpresas.

 

¿Por qué ha sentido la necesidad de escribir el volumen?

He escrito este libro casi por azar. El escritor Ignacio Sanz me invitó a participar en el Festival de Narración Oral de Segovia hace cinco o seis años. Quería que contase algunos de mis cuentos aragoneses: no sé por qué me senté al ordenador y me salió este libro que tiene algo de autobiografía de una infancia que, vista ahora, más de 40 años después, parece una pura invención. Esencialmente, todos los personajes existen o han existido y de vez en cuando penetran en mis pesadillas y en mis mejores recuerdos. Conté el libro en la casa de Andrés Laguna y fue una experiencia estupenda. Tenía tanto miedo como el protagonista del libro.

 

¿Cómo está escrito ‘El niño, el viento y el miedo’?

Creo que con fluidez, con un ritmo rápido y con un aire oral. Como suele suceder cuando se mira la infancia descubrimos hechos prodigiosos, detalles, matices de la vida, del sueño y del espanto. Algunas historias son demasiado terribles, tal vez, pero así las recuerdo. Así las vivía. Ya entonces, más que el cine, nos gustaban los cuentos y un fenómeno nuevo: la televisión. La ‘Sesión de noche’ ya forma parte para mí de la leyenda. En ese difuso autorretrato que elaboro hay un poco de todo: sensaciones, sustos, terrores, presencias inesperadas, como los ratones a medianoche, incluso hay un equipo de fútbol, el Peñarol de Baladouro, compuesto por jugadores que pertenecían a los gremios locales, entre ellos Boedo, al que llamaban ‘El bombardero patizambo’. Volvía a casa por un angosto sendero que avanzaba al lado de una finca de maíz: el viento estremecía las hojas y yo contagiaba todo mi horror a mi madre. Pero creo que jamás me olvidaré ni del maíz, de las películas y sus besos, ni de la noche constelada, ni de mis ganas de hablar y hablar para olvidarme del pánico. Quien canta sus males espanta.

 

¿Dónde sucede ‘El niño, el viento y el miedo’?

El libro sucede en los lugares de mi niñez. Y en los lugares de la imaginación que han ido sedimentando con los años. Las criaturas andaban por allí: Pura del Quejigal, Polo del Vilar, María do Nacho,  Mercedes y Antonio, Generoso Barreiro Viñán, que creó un negocio de panaderías en Uruguay... El libro transcurre en muchos lugares, sin duda: quizá, muy especialmente, en el corazón del bosque, a este lado del mar, o en las altivas montañas, llenas de sapos y lobos.

 

¿Cuándo transcurren los relatos?

Suceden algo más allá de la inmediata posguerra. Entre 1964 y 1968. Y la vez tiene una atmósfera intemporal. De conseja. De lugar inverosímil. De pura invención. Hay algunas referencias temporales, sin duda, algunas series de televisión, algunos hábitos, pero el tiempo aquí se desdibuja como la materia inaprensible de los sueños.

¿Cuál es el cuento con el que más se identifica?

Quizá el que más veces he oído o me he contado es la historia de un mal ojo que tantas veces me contó mi madre y me aseguró que era verdadero. Hablo de ‘La cabeza de ternero y el mal vecino’. Así lo viví: como una verdad absoluta e impactante que define un poco la sociología del campo en otros tiempos. En realidad era un cuento de envidia y mirar atravesado que tenía su mejor escenario en el fuego del hogar. Pero el cuento donde me siento más cómodo quizá se ajuste más al tono de ‘Mi tío de América’. Podría haberlo empezado de otro modo: “Yo tuve una armónica de Montevideo”.

¿Cómo definiría los dibujos de Javi Hernández?

Son muy narrativos y muy especiales. Están llenos de evocación y de sugerencias. Posee una mano espléndida, y aquí ha trabajado a su gusto. Ha desarrollado el libro en colaboración con los editores y creo que ha hecho un magnífico trabajo, lleno de detalles, de sutileza, de intuiciones. Es expresivo, lírico y cuenta muy bien, buscando siempre su propio discurso, su forma de contar visualmente. Me encanta su trabajo y le da al libro una dimensión. Me siento muy feliz por esta colaboración que se ha desarrollado con libertad, respeto y mucha confianza.

ALOMA RODRÍGUEZ, EL 4 EN MADRID

ALOMA RODRÍGUEZ, EL 4 EN MADRID

ALOMA RODRÍGUEZ PRESENTA ‘SOLO SI TE MUEVES’

EN LA FNAC DE CALLAO CON JAVIER REBOLLO Y EVA AMARAL

Aloma Rodríguez envía esta nota: “Queridos amigos: El jueves, día cuatro, presento mi novela ‘Solo si te mueves’ (Xordica) en FNAC Callao a las 19:30. Me acompañarán el cineasta Javier Rebollo y la cantante Eva Amaral. Será un placer veros”.

‘Solo si te mueves’ es el tercer libro de Aloma Rodríguez (Zaragoza, 1983; lleva casi dos años afincada en Madrid), escritora y traductora: primero publicó ‘París tres’ (Xordica), una novela de Erasmus que transcurría en París y que giraba, en buena medida, en torno al mundo de la pareja, de la familia y del teatro. ‘Jóvenes y guapos’ (Xordica) era una colección de relatos que sucedían en la atmósfera del teatro. Y ‘Sólo si te mueves’ (Xordica) es un libro de iniciación y de consolidación de una relación de pareja, que transcurre en Dinópolis, Teruel, durante un verano. Es un libro sobre la seducción, el primer empleo, la amistad, la convivencia y la aventura de ser actriz en un parque de dinosaurios. Es también un libro de complicidades y de confidencias, un libro sobre una ciudad minúscula que poco a poco se convierte en un escenario literario y humano, más determinante de lo que la propia narradora había pensado.  

Ese día, por cierto, su hermano Daniel celebra su cumpleaños.

 

DIARIO DE JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ

JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ: 'LIBRE DE LA TORMENTA', UN DIETARIO DE POETA


Hace unos días recibí un libro de Javier Sánchez Menéndez: poeta, editor, profesional del mundo del libro, dietarista nacido en Puerto Real, Cádiz, en 1964. Se titula 'Libre de la tormenta' y es un libro de esos que están llenos de reflexiones, de citas, de intuiciones, de la observación y también de la sinceridad. Javier Sánchez Menéndez es un poeta que busca, que sostiene que a veces un buen poema justifica una vida, un buen verso muchos días o un año entero, de aquí que la contraportada del volumen arranque así: "Escribir poesía es un juego de alto riesgo, un juego peligroso".


Selecciono aquí algunos fragmentos:


49. Mi 'dios' en el amor acaba como el verso: sonriendo.

99. La felicidad es una ola que muere en la orilla y la espuma el sentido común de la vida.

57. He dormido esta noche mirando la nieve. Las estrellas me han dicho que debo hacerme fuerte.

61. Hay un verso que viene encima de esta nube.

90. Nada es nunca distinto, pero todo es siempre diferente. Porque todo es mentira.

TRES POEMAS DE ELOY S. ROSILLO

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO: TRES POEMAS DE ‘ANTES DEL NOMBRE’

Uno de los poetas que siempre me hace feliz, o muy feliz, es Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948). Un maestro de las pequeñas cosas de cada día, un maestro de la poesía contemplativa, de la memoria, del temblor de un pájaro en la rama, de los amores casi inadvertidos, de las sencillas mujeres que pasan o que te asaltan el recuerdo. Eloy Sánchez Rosillo acaba de publicar ‘Antes del nombre’ (Tusquets. Nuevos Textos Sagrados), lo compré ayer y anoche y esta mañana he leído casi todo el día. Excelente, sencillo, directo, transido de suavidad y de hondura. Copio aquí algunos poemas:

 

A MI MODO DE VER (Y DE OÍR)

 

De todos los misterios de la vida,

el mayor es el alba.

Y aún resulta más hondo

-aunque se dé en lo alto-

si cerca del lugar desde el que observas

cantan en alboroto, interrumpiéndose,

sin respetar sus turnos,

los gorriones.

 

NOCTURNO DE FEBRERO

 

Miro la luna sobre el mar tranquilo,

su reflejo en las aguas, plata viva.

La estela va siguiéndome,

acompaña mis pasos por la desierta orilla.

Qué misterio insondable ese reflejo,

que esté yo aquí y que esta noche exista.

 

DESPUÉS DE TODO

 

Si hay un hombre que acaso  como nadie

sabe de la alegría

-y digo que la sabe,

que la valora, porque muchos años

hubo en su pecho una profunda herida-

es quien hoy lo confiesa emocionado

en estas pocas líneas.

ANTONIO PÉREZ MORTE: RETRATO

ANTONIO PÉREZ MORTE: RETRATO

EL POETA DEL AMOR Y DE TODAS LAS HORAS

 

Antonio Pérez Morte (Zuera, Zaragoza, 1960-Sabiñánigo, Huesca, 2013) publicó 'Cuerpos de luna' (1978-2008) (Celya) uno días antes de su muerte

 

Antonio Pérez Morte siempre ha estado en el camino de la creación. Desde muy joven. La palabra soñador se adapta bastante bien a su perfil: ha sido un soñador, un poeta, un palabrista y un cultivador de la amistad, de día y de noche, a golpe de carta y de teléfono primero, luego mediante el email, el blog y el facebook. Ha sido un poeta desvelado, un articulista, un melómano, un biógrafo (por aquello de la proximidad y de su fascinante personalidad, uno de sus aragoneses favoritos era Odón de Buen, fundador de la Oceanografía en España y buen memorialista y viajero), y desde bien pronto, quizá antes de la adolescencia misma (cuando tenía como maestro a Abel), sintió la llamada de la poesía.

Antonio Pérez Morte se sentía, por encima de todo, poeta. Se veía, se adivinaba poeta. Empezó a publicar pronto: ‘Arrancado del silencio’ fue su primera plaquette, a las que siguieron libros que él iba cuidando con primor: ‘Sombras incompletas’, ‘Un paso más’ o ‘Huellas’, que recogería en un único título: ‘Arrancado del silencio’ en 1982. Estos poemas fueron glosados por figuras tan distintas como Luciano Gracias, Guillermo Gúdel o Manuel Pinillos, del grupo Niké; y sus versos encontraron las voces de Luis del Olmo, Pilar Delgado o Paco Valladares. Por aquellos días, el poeta autodidacta montó una tienda muy especial de música en su localidad de Zuera, luego la amplió con juguetes y con libros, tal como han recordado sus amigos José Luis Lasala y Santiago Arranz; de algún modo, todo aquello conformaba su mundo personal, un mundo complementario a su auténtica vocación: la escritura. La poesía. En 1986, se produjo uno de esos momentos especiales en la trayectoria de Antonio Pérez Morte: Luciano Gracia y su entonces secretario y mejor amigo José Luis Melero le publicaron en la colección Poemas el libro ‘Brotes. A escasos versos de alcohol contra la tarde’, al que puso un prólogo José Antonio Labordeta, que dijo de él que poseía “una voz tenue como la soledad”, y al que José Luis Lasala, que había pertenecido al grupo ‘Azuda 40’, le hizo unos dibujos.

Aquel fue un momento de inflexión: desde entonces, Antonio Pérez Morte no interrumpiría su trabajo. Alternaría la obra de difusión, reportajes, reseñas y entrevistas con muchos autores (desde Gabriel Sopeña a Ángel Petisme o Ángel Guinda, por decir algún ejemplo) en muchos medios: ‘Andalán’, ‘El día de Aragón’, ‘El Periódico de Aragón’, HERALDO, ‘Rolde’, ‘El siete de Aragón’, ‘Turia’, ‘Qriterio Aragonés’, y tantos y tantos otros. Pérez Morte escribía en revistas de divulgación cultural, estuvo siempre comprometido con la difusión de las causas históricas de su Zuera natal, colaboraba en revistas específicas de poesía como ‘El Alambique’, publicaba poemas y no desatendía jamás su lírica. Así fueron apareciendo libros como ‘De puño y letra, 1774-1991’ (Ittakus Comunicación) y ‘Escombros’ (Origami, 2011), de los que se sentía muy orgulloso. Era el orgullo de quien se siente poeta y de quien alimenta su obra a lo largo del tiempo con la materia esencial de su propia vida.

Antonio Pérez Morte se casó con Ana Gargallo y han tenido dos hijos, Juan y Pablo, y Ana ha sido la mujer de su vida como recuerda en su último poemario, que llega con carácter póstumo, aunque es probable que él lo viese antes de su muerte tan reciente, tan inesperada, por un infarto fulminante. ‘Cuerpos de luna (canción de amor 1978-2008)’ (Celya, 2013) arranca con esta dedicatoria: “Cuerpos de Luna está dedicado a Ana, mi último y definitivo amor. A mi padre, que se fue demasiado pronto, y a mi madre, empeñada hasta la demencia en seguirle”. Antonio también se fue demasiado pronto: a los 52 años. En Sabiñánigo había encontrado un hermoso caldo de cultivo de creación, de complicidades y de tertulias con el artista Santiago Arranz y su mujer y agente Trinidad Raso; con el escritor y etnógrafo Severino Pallaruelo, la profesora Victoria Broto, el poeta Paco Grasa. La lista es mucho más extensa, aunque ese registro de afectos se ampliaba cada noche: allí, frente al ordenador, Antonio Pérez Morte contactaba con un sinfín de amigos, con escritores, con músicos, con actores, en Aragón, España y el mundo. Y así nos enterábamos de sus mitos: Ana María Drack, Julia León, María del Mar Bonet, Pablo Guerrero o Luis Eduardo Aute. José Antonio Labordeta, Ángel Petisme, Carmen París u Gabriel Sopeña, entre los nuestros. A todos les hacía llegar algunos de sus secretos, de sus pulsiones líricas e incluso el largo estado de depresión de los últimos casi dos años. Antes de fallecer, y son varios los testimonios que hemos recogido, Antonio Pérez Morte estaba radiante. Feliz. Dispuesto a dar guerra con su nuevo poemario.

‘Cuerpos de luna’ lleva un prólogo de Luis Eduardo Aute. No se conocían, pero el cantautor, poeta y dibujante dice: “Pérez Morte escribe con una muy encomiable austeridad de medios; es una escritura directa, desnuda y puntual. No se pierde en el fácil recurso de alcanzar ningún alarde de sublimación poética por lo que, a pesar de esa manifiesta, ‘involuntariedad’, la alcanza: “Vestidos de amor para su entierro, / portando mi coronas de caricias”. O bien: “Nuestro amor en la pizarra / siempre fue una ecuación de primer grado”. Dice que hay una “atmósfera de desfachatez e insolencia narrativas muy propias” de Gil de Biedma y afirma que en los poemas “no gravita el desafecto por uno mismo. Por el contrario, lo que apercibo es una irrefrenable deseo de vivir esa hermoso inocencia recuperable en la memoria... y también en la vida”. En el libro hay de todo: explosión de instantes especiales (en el campo de la afectividad de la pareja, un coito, una noche inolvidable, la apariencia de las cosas: cuándo es amor y cuando es sexo, hay numerosos y bellos despertares junto a la amada), recuerdos, memoria de tantos y tantos días, viajes, sed de belleza, constatación de la tristeza y de la melancolía, hay compromiso y rebeldía, hay soledad. Y hay, entre otros asuntos, un estupendo poema que define una época y una postura ante la vida: ‘Esta noche he vuelto a correr delante de los grises’, que se cierra así: “Esta noche, mi amor, no había dudas: / En un verso transparente, desnudo yo... y tú desnuda”. ‘Cuerpos de luna’ tiene el sabor de un testamento poético, de un autorretrato y de la crónica, casi día a día, emoción a emoción, latido a latido, de la existencia de un hombre que aspiró a encerrar todo el amor de su vida en intensos poemas.   

 

*Este texto apareció ayer en la página ocho del suplemento ‘Artes & Letras’ de heraldo con una ilustración de Santiago Arranz.

FERNANDO SARRÍA: UN DIÁLOGO

“‘El buril y la piedra’ es un libro de crisis”

 

Fernando Sarría publica su octavo poemario, que refleja el desencanto interior frente a la sociedad convulsa

  

Hoy es el Día Mundial de la Poesía. Fernando Sarría (Ejea de los Caballeros, 1957) se anticipó a la celebración. El miércoles de la semana pasada presentaba su octavo poemario, ‘El buril y la piedra’  (La fragua del trovador, 2013) en El Albergue de la calle Predicadores. Dice: “Un buril rasga mi corazón. / Soy una piedra”.

 

¿Cómo está organizado el libro?

-‘El buril y la piedra’ es un poemario que no tiene una organización interna predeterminada, un hilo conductor lineal. Es más, quizá se le pudiera achacar que adolece de eso,  ya que curiosamente es más bien una amalgama de poemas que se unen por sedimentación, por eso algunos temas vuelven a aparecer al cabo de varias páginas, entremezclándose unos con otros.

 

¿Cabría hablar de un mensaje específico?

-En conjunto es posiblemente un libro de crisis. Contra la crisis colectiva que desde hace tiempo empapa la sociedad creo que hay varias maneras de plantarse: unas buscan ser voz de las personas que salen a la calle, se manifiestan en foros, con pancartas, con pintadas en las paredes o cualquier otra manera de darse a entender contra las injusticias, todas muy loables por cierto y donde la palabra del poeta puede tener acogida...Yo, sin saber por qué, me he volcado en la introversión, en mirarme para dentro, plasmar preguntas que en realidad no son ajenas a nadie y que tienen que ver con las personas y la palabra como medio de comunicación de lo que nos pasa.

 

 

¿Ha querido componer un poemario sobre la soledad, la oscuridad, la contemplación?

-Hay mucha soledad en cada uno de nosotros. Quizás todo el poemario está hablando de ese yo que nos pregunta muchas cosas, cuando con serenidad nos abstraemos del resto de cosas exteriores, en un intento de contemplar en silencio,  percibiendo todo lo posible. Por ejemplo, cómo se suceden los acontecimientos atmosféricos y estacionales a lo largo del tiempo y como eso incide en mí.

 

 

Parece su libro más intimista. ¿Lo es?

-Pasa a ser el libro más intimista escrito por mí, es un hecho, porque creo que en este poemario sobre todo hablo para adentro en casi todos los poemas. Yo soy fundamentalmente el lector y el que habla: “Descanso y callo. / Cierro los ojos, apenas perceptible y mansa / cae la lluvia, deja heridas y lumbre en mi corazón”. Aunque es verdad que muchas personas que lo han leído se ponen en uno de los lados.  Así, es posible un diálogo más intenso entre el que escribe y el que lee.

 

¿Cómo está escrito en cuanto a lenguaje ‘El buril y la piedra’? ¿Cuál es su relación con el lector?

El lenguaje, en cuanto a vocabulario y estructura,  es sencillo, y quizás sea la búsqueda de  imágenes lo que más puede impactar en el lector que coja el libro y llegue a mis poemas por primera vez, y en ellas, en las imágenes, puede residir la única dificultad; pero aún así, el que tenga costumbre de leerme en las redes sociales estará familiarizado con ellas suficientemente.

 

Este es su octavo libro. ¿Cómo cree que ha madurado?

Decir si hay una maduración poética o no es complicado; pero sí es evidente un cambio en cuanto a lo que he buscado (o simplemente he encontrado), también en mi posición ante determinadas cosas. Lo cual quizás implique que estoy cambiando en mis posiciones poéticas o en mi manera de escribir. Sencillamente voy escribiendo sobre lo que en cada momento necesito y cómo lo necesito: “Escribo en el agua un nombre borroso / y me inundo de todos los recuerdos / en el breve instante en que vuelvo a ser arena”.

JULIO ESPINOSA: UN DIÁLOGO

“La poesía es una forma de estar en el mundo”

 

Julio Espinosa Guerra, poeta chileno afincado en Zaragoza, presentaba hace unos días su nuevo poemario: ‘La casa amarilla’ (Pre-Textos), dedicado a la memoria de su padre

Julio Espinosa Guerra (Santiago de Chile, 1974) inaugura mañana en Puerta Cinegia la nueva sede de la Escuela de Escritores de Zaragoza. Allí se presentará su poemario ‘La casa amarilla’, que publica Pre-Textos. Arranca así: “Recolecto los frutos de la memoria bajo el manto de la nieve”.

 

¿Cómo nace ‘La casa amarilla’, cómo está conformado este poemario que recibió el premio ‘Villa de Cox’ en Alicante?

-El libro está escrito en versículo/prosa poética. Son trece poemas largos que conforman un todo. ‘La casa amarilla’ era la casa de mi infancia, en una zona semirural, en la pre-cordillera de Los Andes. El libro/poema está dedicado a mi padre, que murió en febrero de 2011. Lo concluí en febrero de 2012.

 

 

¿Cuáles son sus temas?

Lo escribí jugando con el recuerdo y la ficción, intentando sacar de las palabras esas sensaciones, esos aprendizajes de mi niñez, todo lo que me dio mi padre. Construyo una casa amarilla que no es la original, pero que la rememora. El objetivo es que el lector entre en ella y descubra su propia casa. Así, es un homenaje a mi padre y a la niñez, pero también a los padres y las niñeces de todos.

 

 

¿Cómo está escrito desde la atmósfera, el uso del lenguaje y el poso filosófico que hay en él?

-La poesía es una forma de estar en el mundo, de instalarse en él. Te hace mirar de otra forma las cosas, de leerlas sin el peso de la palabra cerrada como un candado. La poesía abre la perspectiva y permite volver a sentir las cosas: de pronto el mundo aparece frente a los ojos y ya no es más el lugar común del uso constante de las mismas palabras. La poesía, de este modo, refresca el lenguaje y nos permite acercarnos a experiencias y situaciones olvidadas, nos regala el estremecimiento de la primera vez.

 

¿Qué lugar ocupa la poesía en su vida y en su trayectoria? 

-Y sí, escribo mucho, pero menos de lo que me gustaría. Al final uno escribe porque quiere mostrar algo a los demás, algo que uno “ha leído” del mundo, ha bebido y piensa que quizá los otros no. Es una propuesta estética y también ética. Novela y poesía, así, van de la mano. Dos senderos que se bifurcan para volverse a unir y, luego, volver a bifurcarse, que se potencian mutuamente, se enriquecen, y nos permiten presentir más y mejor todo lo que ocurre a nuestro alrededor.

 

 

ÁNGEL GUINDA, SOBRE 'RIGOR VITAE'

Ángel Guinda es uno de los grandes poetas españoles. A menudo demasiado inadvertido. Acaba de publicar ’Rigor vitae’ (Crueldad de la vida) en Olifante. Uno de esos poemarios que contienen un descenso al infierno de la vida y de la imaginación. He aquí un diálogo sobre el libro.

Ángel Guinda: "Escribo para no morir"

 

- Ángel, Premio de las Letras Aragonesas, Premio Imán por su creación literaria, felizmente jubilado, parecía que debías estar muy feliz. Eras querido, elogiado reconocido…Y sin embargo…

Estoy feliz conmigo mismo y soy feliz en mi vida privada. Pero me torturo al empatizar con los afectados por una situación de desgracia individual  injusta, alarmante e impuesta por un sistema bestialmente egoísta, descerebrado e inculto que pretende hacerse fuerte esclavizando a los frágiles; sabiendo –por enseñanza de Nietzsche- que los fuertes son los deleznables y los frágiles son los fuertes.

 

- ¿Qué pasó por tu cabeza y por tu pluma en los diez meses de Rigor vitae?

En primer lugar esta pregunta incriminadora de Jean Baudrillard: “¿Qué hace usted con la realidad de la miseria, del sufrimiento y de la muerte?” En segundo lugar la confianza en la capacidad del lenguaje poético para subvertir el desorden actual de las cosas, creer en la fuerza metafórica para reinterpretar el mundo. Gritar que la verdad aún no es mentira, demostrar que la mentira nunca será verdad. Y llevar a la práctica este lema que se me apareció: “Goya pintó los desastres de la guerra, yo cantaré los horrores de la paz”; porque estamos viviendo una globalizada y silenciosa manifestación  permanente de paz violenta que nos inyecta sobredosis de resignación estéril.

 

- ¿Cambió tu percepción de la poesía o de la vida en este tiempo?

Por supuesto. Cuando la realidad es tan brutal, inútil o aniquiladora de  inteligencia, sensibilidad, dignidad, memoria y conciencia; cuando el Poder –paradójicamente tan débil, interesado e ineficiente- se ha apropiado cínicamente del valor de expresión y comunicación de la palabra, el escritor debe poner su imaginación al servicio de los demás para rehabilitar el lenguaje, para renombrar las cosas hacia una nueva y mejor realidad moral que resuelva el conflicto de destrucciones entre la realidad evidente y la realidad virtual.

 

- ¿Cuáles son las claves de este libro, por qué hay tanta tiniebla, tanta sombra? Parece el libro de un viaje al infierno del que se regresa seriamente tocado, gravemente enfermo…

El poeta se identifica con el sufrimiento, con la caducidad de todo: “el mal de las flores, que es su marchitar”. Hay palabras que se repiten a modo de claves: luto, humo, fronteras, clavos, tornillos, mazo, sombras, hienas, tenias o solitarias, serpientes, cuervos, búhos, lechuzas, leonas, búfalos, guepardos…Hay una visita dantesca al Purgatorio en la Tierra (“donde tantos sufren y otros miran sufrir”), en una atmósfera de “Rigor vitae” o “crueldad de la vida” para los vivos resistentes, aquellos para quienes la vida es un secuestro y nunca han visto al Secuestrador (¿Dios, la fatalidad de haber nacido?

 

- ¿Querías describir lo terrible, el terror de estar vivo?

Durante los últimos años vivo y escribo con una sensación de abismamiento interior con respecto al vacío exterior. En ese abismamiento coinciden el dolor personal de ese unamuniano sentimiento trágico de la vida y el dolor cívico por el prójimo que resiste pacíficamente el acoso violento de un presente oscuro y al más incierto y negro futuro sin perspectivas, sobre todo para jóvenes y ancianos. ¿No es esto aterrador?

 

- Perdona la frivolidad: ¿qué le debe este libro a la crisis? Hay ecos claros en varios poemas: “Los inmigrantes”, “Entre quitamiedos…” o “Concatenaciones”.

La primera sección del libro (“Cantos del luto”) es una reacción de vitalismo hostil contra la crisis económica, de valores, de conocimiento e identidad del ser humano desamparado, ahogándose en medio tanta suciedad social, política, económica, religiosa, institucional.

 

 

 

- Dices: “Uno pasa la vida persiguiendo sombras”. ¿Eres un perseguidor de sombras?

En una civilización decadente, en un mundo y un tiempo inseguros, la paz, la felicidad, el amor, la cultura, se convierten en sombras de sueños inalcanzables. Debemos perseguirlas y aniquilarlas para volver a instalarnos en la energía de la voluntad, del esfuerzo, de la quimera y de la utopía.

 

- También te retratas, o al protagonista de tus poemas, como un hombre de humo. ¿Por qué?

El protagonista de los poemas es el poeta mismo. El humo aparece como símbolo de la fragilidad, de la evanescencia, de lo efímero, de la caducidad de todo frente a la nada. Durante toda mi vida he fumado y fumo demasiado, vivo en una nube de humo: aquí está el referente real.

 

- ¿Es este tu libro más existencialista y desgarrador, tienes la sensación de que nunca habías descendido hasta un pozo tan profundo de desesperación?

Mi poesía siempre ha sido existencialista, y ahora todavía más. En momentos de insultante superficialidad, de caída del ser humano en la banalidad anuladora (ya lo percibió Heidegger), hay que profundizar en el pensamiento, en los sentimientos, en las emociones con afán regenerador, rehumanizante, por más que pensar cueste lo impensable, por más que tanto profundizar nos hunda.

 

- ¿Cómo dirías que es aquí tu forma de rebeldía, de protesta?

Una insurrección del lenguaje, dar a la palabra poética el mayor protagonismo posible: hacer de ella una religión, una política, un exilio, un destino, una pasión por la que permanecer vivos, un escudo, una estrategia guerrillera de autodefensa y agresión a cuanto nos agrede.

 

- ¿Has dejado de creer en la política y en la Historia?

Me he anarquizado más. Pero como demócrata inocente necesito seguir creyendo en la política como medio de defensa de los derechos de las personas, como instrumento para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. Y necesito creer en la Historia como espejo en el que el individuo y los pueblos reconozcan sus orígenes, su pasado, y así comprendan el presente en el que se encuentran y el futuro al que se proyectan. Otra cosa es que me sienta invadido por un desengaño que invita a desertar de la política y de la Historia por culpa de políticos corruptos e historiadores parciales: hacia unos y otros mi condena total.

 

A veces he tenido la sensación de que eres un romántico sombrío, un expresionista desolado, un hermano de leche de desgarraduras de Cioran y de Víctor Mira…

Milito en el romanticismo como revolución aún no agotada, y también en cierto expresionismo torturado que exagera y distorsiona los hechos para conseguir el máximo impacto emocional. Las vidas y obras de Cioran y de Mira forman parte de mi imaginario cultural.

 

¿Cómo se puede sostener durante tanto tiempo la intensidad poética, la búsqueda de lenguaje, la conciencia del arte en esta vecindad de la muerte?

Aceptando el destino poético por el que uno se siente requerido y la creación de lenguaje como venganza contra la desaparición que nos impone la muerte. Acaso escribo para no morir, aunque me deje la vida en lo que escribo.

 

¿Sería, no, la muerte el tema de este libro?

El tema principal. La agonía o lucha del superviviente ante la decidida y perenne acechanza de la muerte. Todos convivimos con la muerte.

 

 

 

 

¿Has querido hacer una elegía a ti mismo o conjurar la tentación del suicidio?

El libro contiene una elegía al mundo en esta época opaca y una elegía a mi propio mundo personal en los inicios de una salud precaria, degradación y acabamiento. Respecto al tema del suicidio (presente en mi poesía desde sus comienzos) mi instinto de conservación, pese a la tendencia autodestructiva, me recuerda estas palabras de Cioran: “Quien no ha pensado nunca en matarse se decidirá a ello mucho antes que quien no deja de pensar en ello”.

 

Dices que eres un desertor de este mundo. ¿Qué salvarías, existe algún mensaje de esperanza en este libro?

- El triunfo del lenguaje y de la Naturaleza. El mensaje esperanzador que incita a huir de toda negatividad: “¡Escapar! Siempre hacia lo irreal, siempre hacia lo imposible. ¡Y escapar después de la escapada!”