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Antón Castro

Escritores

JULO LLAMAZARES: ESTRELLAS DE VIDA

JULO LLAMAZARES: ESTRELLAS DE VIDA

Acabo de publicar en heraldo.es esta nota sobre la novela de Julio Llamazares, 'Las lágrimas de San Lorenzo' (Alfaguara), que se presenta esta tarde, a las 20.00, en Los Portadores de Sueños. Ramón Acín, escritor, crítico y gran amigo personal de Julio, conversará con el narrador leonés.

 

http://www.heraldo.es/noticias/cultura/2013/04/26/llamazares_tiempo_felicidad_231923_308.html

FIRMAMOS EN ANTÍGONA Y NALVAY

FIRMAMOS EN ANTÍGONA Y NALVAY

Hoy es el Día del Libro y Día de San Jorge. En el Paseo de la Independencia, por la mañana, Javier Hernández, ilustrador, y yo firmaremos el libro ‘El niño, el viento y el miedo’ (Nalvay) en el puesto de la librería Antígona, de doce a dos; por allí también estará David Mayor con su poemario ’31 poemas’ (Pre-Textos). Si alguien lo desea, firmaré ejemplares de ‘Cariñena’, una novela de formación que transcurre en diez días de octubre de 1978 en Cariñena y Alfamén, ‘Versión original’, el poemario que me publicó Isla de Siltolá con el título genérico de un poema dedicado a Félix Romeo, y ‘El testamento de amor de Patricio Julve’ (Xordica), que reeditó ese libro que sucede en el Maestrazgo entre 1833 y 1995. Por la tarde, estaremos en el puesto de Nalvay de seis a ocho. Feliz Día para todos: lectores, paseantes, amigos, escritores, libreros...

[Por cierto, hoy se adelanta el suplemento ’Artes & Letras’ de Heraldo de Aragón y publica un especial de 24 páginas con el título genérico de Librerías, libreros y libros. La segunda foto la he tomado de Radio Huesca.]

GUILLERMO BUSUTIL: LEER, LOS LIBROS

GUILLERMO BUSUTIL: LEER, LOS LIBROS

  El escritor y periodista y buen amigo Guillermo Busutil publica hoy en 'La Opinión de Málaga' un excelente artículo sobre la literatura, la lectura y los libros. Aquí lo traigo.

 

UN HOMBRE, UN LIBRO

 

 

Guillermo Busutil

Leer en presente es un indicativo de cultura. Yo leo, tú lees, él lee, nosotros leemos, vosotros leéis, ellos leen. En los autobuses, los metros, los trenes, los aviones, los barcos, las bibliotecas, los parques, las salas de espera, las cafeterías, en las casas de este día que celebraremos libro adentro. Y también libro afuera, porque cada calle es una página de la ciudad por la que transitamos como personajes, como la huella impresa de una forma de sentir y de pensar. Lo mismo que las que nos dejaron las lecturas con las que aprendimos a emanciparnos de la realidad, a tener más amplitud de miras y a soñarnos héroes a la vuelta de la esquina, donde siempre empieza la imaginación. Todos somos el producto de nuestros juguetes, nuestros viajes y nuestras lecturas. Incluso, cada amor que igualmente me hizo, además de su marea en la memoria de mi piel, tiene también sus libros, su poema en mi escritura. Sé de gente que todo lo ha vivido en ellos, que su error fue abrir uno un día o que su retrato es una biblioteca. Y proceso afecto admirativo a Caballero Bonald, Cervantes de Argónida, por su manera de marinar el lenguaje, por enseñarnos sobre el imposible oficio de leer y recordarnos que siempre habrá un libro esperando.

El próximo martes es el día perfecto para buscarlo. Puede ser un título de moda o premiado; alguno de Defoe, Salgari, Kipling o Verne para recuperar la infancia y defender la memoria de lo leído; el Ensayo sobre la ceguera de Saramago, En la Orilla de Chirbes o el de Bonilla acerca de Maiakovski, el mejor subversivo colocando bombas para hacer estallar el poema. Libros adecuados, peligrosos o inoportunos, según quién los lea, en este tiempo de crisis en el que alguien del PP puede llamar a la puerta para comprobar nuestro ayuno, la ducha fría, el cinturón apretado y nuestra austeridad también en la lectura- el ideal orden doméstico del gobierno-. También hay cuentos, poemarios, diarios, ensayos o Las aventuras de un libro vagabundo de Paul Desalmand. La narración autobiográfica y picaresca de un libro que nació el 7 de junio de 1983 con 224 páginas, 230 gramos de peso, unas medidas de 16,5x 12,5 cm, tipografía Garamond y cuerpo 12. Toda una declaración de buena salud y de libro de clase media, cuya voz nos desvela sus peripecias, otras historias, como la de un taxista que convierte su coche en una biblioteca ambulante o la de una chica que lo utiliza para cubrirse el sexo cuando hace nudismo en la playa, y que los libros hablan de noche sobre su miedo a la guillotina. El futuro condenado de una gran parte de los títulos que el martes estarán en las calles de Barcelona, llena de rosas y de escritores, en las de Madrid con interminables lecturas de noche, en las de otras capitales con un 10% de descuento, deseando ser escogidos. Pero como en el cuento de los Grimm, a las doce y una campanada o un par de copas más tarde, el libro se volverá Cenicienta y sin príncipe que lo salve poniendo en la puerta el cartel: No molesten, estoy leyendo.

La burbuja editorial estalló hace tiempo pero empezamos a darnos cuenta el pasado año, cuando la venta cayó un 40%. Y éste, sigue pendiente abajo, llevándose por delante librerías, algunos sellos independientes, otros pequeños, títulos que no pasaron la ITV y los anticipos de más de cuatro cifras para los autores. También amenaza a los escritores más literarios, cuyos lectores fieles los mantienen vivos en el mercado. Ya se sabe, en este país, la literatura vende poco. Aunque el cine diga lo contrario, nadie busca a Nemo. Menos aún la maravillosa biblioteca del Nautilius. A las editoriales le interesan más los mega sellers y, mientras los encuentran, las intrigas, dramas, batallas épicas, amores, enigmas esotéricos, fábulas sexuales y aventuras con fondo histórico que se vendan bien en las grandes superficies. Poco espacio queda para la literatura como un golpe al estómago, armada con un lenguaje de atmósfera y orfebre, que explore otra manera de contarnos historias. Conseguir que un libro, como dijo Kafka, sea como el hacha que rompe el mar de hielo de nuestro corazón. Hace lustros que la sociedad demostró que, en España, la lectura no goza de un apoyo mayoritario. Baja es la cifra de personas que la entienden como una forma de progreso, un espacio íntimo, el tiempo en el que uno está menos solo. Si se mantiene el hábito en el alambre es porque existen mujeres, clubs femeninos donde se lee mensualmente y bibliotecas rurales en las que se han esforzado en hacer de la lectura una forma de superación, de libertad y de placer. Pero en la enseñanza es, desde hace décadas, la asignatura pendiente de alumnos y profesores poco dados a valorar que con los libros se aprende a leer el mundo, la vida, el misterio de las personas. Sin olvidar a muchos jóvenes autores convencidos del éxito del escritor buen salvaje, ignorantes de que escribir es una lectura eterna. A estos síntomas graves, hay que añadir el poder de sugestión de la televisión y de la red. Artífices de la inmediatez, del impacto, de la brevedad, de la estética de la aparición que paradójicamente también es la estética de la desaparición, y de la primacía de la imagen como una representación del mundo que no conlleva la necesidad de razonar un argumento. La nueva cultura líquida de la imagen, representación poderosa del mundo cada vez más victoriosa sobre la comunicación a través de la palabra.

La salud del libro tiene un pronóstico reservado. Un mal desenlace conlleva la desaparición del discurso, de la crítica, de la opinión fundada en el pensamiento, en el lenguaje y en la escritura. La creencia en el libro como tierra firme en épocas de naufragio e incertidumbres. En la lectura como una forma de felicidad y un acto de resistencia en los tiempos del miedo a pensar, del farenheit 451 que siempre acecha un viento favorable. No podemos dejar que nos desahucien de leer. Hay que contraatacar. Este 23 de abril, con 103 años de antigüedad, hagamos que en la paz -al igual que en la guerra- se repita la consigna: un hombre, un libro; un clavel en el fusil.

Leámonos!!

PEPE MELERO Y LOS DIARIOS: DIÁLOGO

PEPE MELERO Y LOS DIARIOS: DIÁLOGO

El pasado viernes, José Luis Melero (Zaragoza, 1956), que es sabio en muchas materias, presentaba su último libro: 'Manual de uso del lector de diarios' (Olifante), en compañía de Eva Puyó y de Javier Aguirre. Aquí el autor de 'Escritores y escritura' (Olifante) responde a algunas preguntas sobre el libro. Abajo un retrato de Luis Grañena

 

Dices: “He sido siempre un apasionado lector de diarios”. ¿Por qué? ¿Qué encuentras en ellos?

 

Encuentro en ellos la misma pasión que uno siente por los libros y la vida. Antes que los diarios muy íntimos y personales, esos en los que el escritor habla mucho de sí mismo, de sus sentimientos y estados de ánimo, pero muy poco de la vida, yo prefiero los diarios que miran más al exterior y, por encima de todos, los literarios, aquellos en los que la literatura está presente en cada página, esos que nos hablan de otros libros (para recomendarlos o denostarlos), de otros escritores, de las relaciones del diarista con estos otros escritores, de sus gustos literarios…

 

¿Qué diferencia hay entre diario y dietario?

 

Se llamaban “dietarios” -y así los define aún el Diccionario de la Academia- a los libros en los que los cronistas de Aragón escribían los sucesos más notables. Tal vez lo que diferencia al diario del dietario es que en este último hay una mayor exigencia literaria y el autor tiene una mayor conciencia de género. Además, en él no están tan marcadas como en el diario las secuencias temporales. En el diario uno escribe más para sí mismo, lo que supone que cuando el escritor decide entregar ese diario al editor suele suprimir aquello que le parece irrelevante para los demás, mientras que el dietario se escribe ya con vocación de publicación y pensando ya en unos futuros lectores. El dietario es, para simplificar, menos íntimo que el diario. Pero en realidad ambos términos suelen utilizarse como sinónimos.

 

¿Y entre diario, memorias y autobiografía? Ponnos algunos ejemplos claros de ello, y de ese concepto del que hablas del contexto, del paisaje...

 

El memorialista, el autobiógrafo o el diarista trabajan con la misma materia: la intimidad, la experiencia personal, el deseo de escribir o reflexionar sobre uno mismo, pero mientras en las memorias y en las autobiografías se nos habla de tiempos pasados con la mirada y la perspectiva que nos da el paso del tiempo, y no en cambio de las vivencias o experiencias más recientes, en los diarios se habla de lo inmediato, de lo próximo y carecen por tanto de una visión reposada de los acontecimientos. De ahí, por ejemplo, que la presencia del paisaje, del entorno físico, sea frecuente en los diarios y apenas aparezca en memorias y autobiografías.

 

Las entradas son muy arbitrarias. ¿De qué depende que te extiendas, que seas lacónico, que busques detalles y anécdotas jugosas? ¿Hay un criterio específico?

 

Hubiera sido imposible que me extendiera comentando todos los libros inventariados. Necesitaría diez volúmenes como éste. Lo importante era hacer una selección, arbitraria y caprichosa sin duda, pero fundamentada en muchos años de lectura. En el libro están presentes la mayor parte de los diarios que me han interesado.

 

También hablas de dos conceptos: confesionalidad y crítica. ¿Qué  quieres decir? ¿En quién estás pensando?

 

Jordi Gracia hablaba de la fragilidad de las fronteras entre los dietarios y los libros de artículos y llamaba la atención sobre el hecho de que un autor como José Carlos Llop, uno de nuestros grandes dietaristas, consiga un mayor grado de “confesionalidad y vigor crítico” en libros de artículos como Consulados fantasmas que en aquellos otros en los que practica “la más desfalleciente escritura privada”.

 

Vayamos con las curiosidades. Hablas de un diario de Alberti en verso y recuerda un recital en el Principal...

 

A Rafael Alberti lo conocí tras un recital de versos en el Teatro Principal. No debió de quedarse muy contento con la respuesta del público durante aquella lectura, pues en Versos sueltos de cada día, una especie de diario en verso que publicó en 1982, escribió: “Llovizna y frío en Zaragoza. / Como el clima, la gente / que siento en el teatro el primer día. / Incluso con llovizna en el aplauso”.

 

 

Otro bien curioso: el de Chacón y Calvo... Por ejemplo, se entretiene en describir las calles de Zaragoza...

 

Sí, describe muy bien Zaragoza. Y también lo hace José Antonio Muñoz Rojas en un diario suyo de 1995, en el que llama a Zaragoza “tosca” y “desarreglada” y dice del Ebro que es un “río fangoso”. Ángel Crespo también recogió en su diario ‘Los trabajos del espíritu’ un viaje a Huesca y Zaragoza en 1979.

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Otra curiosidad. Dices: “A Mansfield no le gustaban nada los médicos: el 22 de enero escribe ‘he visto al médico: un imbécil’, y al día siguiente anota: ‘He visto a dos doctores, un asno y otro asno?” ¿Es es humor, mala baba, certeza de que nadie le va a leer a uno?

 

Hay algunos diarios muy descarnados, en los que el autor escribe todo lo que piensa sin pasarlo por tamiz alguno. Son, en realidad, los mejores diarios. El de Katherine Mansfield es uno de ellos. Pero también el de Sylvia Plath o el de Géza Csáth, siquiatra, escritor y morfinómano, que se suicidó en 1919, a los 32 años, tras asesinar a su esposa disparándole tres tiros con una pistola, en presencia de su hija. Csáth escribía en su diario cosas como ésta: “Soy tan detestable, débil y patético que hasta me extraña que Olga siga queriéndome y no me engañe. Que no se haya hartado definitivamente de mi voz débil, apagada…, de mi pene cínico y arrugado, de mi cara demacrada…”.

 

Por cierto, ¿para quiénes se escriben los diarios?

 

Hay diarios de todos los tipos. Hay quienes los escribieron para sí, sin imaginar que alguna vez serían publicados, y quienes los escriben ya para sus lectores sabiendo que van a ser editados. Estos son hoy los habituales, pero durante muchos años buena parte de los diarios se escribieron sin intención de darlos a conocer y de ahí que se puedan leer en ellos las confesiones más íntimas y desgarradoras. Pensemos, por ejemplo, en el diario de Víctor Botas que dio a conocer José Luis García Martín. Botas escribía en él en febrero de 1987: “todos mis apuros económicos de los últimos años se deben únicamente a aquel inicial error que cometí cuando, en 1975, renuncié a seguir en el Banco. De no haber sido esto, ahora sería al menos director de una oficina y no tendría apreturas ni me estaría considerando -como a menudo me autoconsidero- un inútil que vive casi por completo del trabajo de su mujer”.

 

Uno de los personajes más impresionantes es John Cheever. ¿No?

 

Sí, su diario nos descubre su tormentosa vida interior. Ignacio Martínez de Pisón, que lo estudió muy bien, ya contaba que tras el marido y padre ejemplar, el vecino amable, el ciudadano de orden, se escondía el alcohólico compulsivo y un homosexual secreto que al final de su vida, libre ya de prejuicios, mantuvo relaciones con hombres más jóvenes. Contó Antonio Muñoz Molina que Cheever escribía a máquina su diario en hojas sueltas que luego encuadernaba y que escribía tan borracho que ni siquiera acertaba a golpear las teclas ni a formar frases coherentes.

 

¿Cuál es su diario favorito, el que se llevaría a una isla si solo pudiera llevarse un libro?

 

Me llevaría varios: Julio Ramón Ribeyro, Pavese, Kafka, Miguel Torga, el ‘Borges’ de Bioy Casares… Y no me llevaría nunca los de Robert Musil o Saramago. Aunque lo que habría que llevarse no son diarios, sino una barca hinchable para salir de allí rápidamente.

 

¿Cuál es la presencia de aragoneses en la compilación?

 

Importante, pues en Aragón ha habido y hay muchos y buenos diaristas: Ramón Acín, Antonio Ansón, Pepe Cerdá, Mariano Esquillor, Antonio Fernández Molina, Ismael Grasa, Benjamín Jarnés, Raúl Carlos Maícas, Víctor Mira, Julio José Ordovás, María Sánchez Arbós, Santiago Sancho Vallestín, Fernando Sanmartín, Gabriel Sopeña, Chusé Raúl Usón y Edmon Vallès. Por no hablar de Faustino Casamayor, de los diarios que Juan Carlos Ara acaba de recuperar de Joaquín Costa, del diario en imágenes de Isidro Ferrer ‘La galería legítima’ o de un curioso diario de la guerra de Antonio Blasco del Cacho.

 

¿Para quién es este libro?

 

Para todos los aficionados al género y para aquellos que, sin serlo, quieren acercarse sin prejuicios a él y conocerlo mejor. La “literatura del yo”, lo que algunos llaman los “egodocumentos”, está de moda. Cada día se publican más diarios, los blogs son ya una nueva forma de dietarios y son muchos los que quieren contarnos sus vidas, sus impresiones, su forma de estar en el mundo. Internet ha revolucionado y popularizado esta especie de literatura de la intimidad.

SIETE POEMAS DE ÁNGEL GUINDA

 

CRUCIFIXIÓN

 

 

¡Hablo en nombre de aquellos cuya vida es una encrucijada!

 

En nombre de quienes sólo encuentran cruces a cada paso, espantapájaros en cruz, cruceiros en su peregrinación.

 

Hablo en nombre de los que a duras penas avanzan rebotando entre cruces, apartando cruces, esquivando tumbas, atropellados por cruces.

 

¡Mujeres y hombres sin voz con los brazos en cruz!

 

Cruces andantes por los campos baldíos.

 

¡Hablo en nombre de los crucificados!

 

¿Soy una ?

 

¡Soy la crucifixión!

 

¿Cómo permanecer con los brazos cruzados viendo rodar el mundo con tanta cruz a cuestas?

LOS CABALLOS

 

 

 

Sé que el vino conduce a la embriaguez

y sé que la poesía conduce a la pasión.

Salah ‘Abd al-Sabur

 

 

 

Retumban en mi calabozo pisadas avanzando, avanzando.

 

(Será el trotar de cascos de los caballos desbocados que son mis pensamientos abriéndose paso entre la lucidez, la hostilidad, el abarrotamiento.)

 

En ese calabozo hay tantos encuentros y abandonos; tanto fragor, turbiones, mundos; tantas riadas y avalanchas, que sus barrotes van a reventar la cabeza que es mi calabozo.

 

¿Adónde lleva el espanto a estos caballos?

 

¡Trotan y trotan caballos avanzando, avanzando hacia la lejanía; atados a sus sombras, sin un destino fijo, cegados por el sol!

 

 

¿SOY LA BALDOSA que se mueve de tanto ser pisada?

 

¡Soy el tragapatíbulos!

 

Una chimenea crece en cada uno de mis pies. ¡Camino a tientas en medio de revólveres!

 

El fanático degüella por la espalda a su rehén ante una cámara.

 

Soy el teléfono que cuelga de una mano del aire. ¡El resucitado que muere definitivamente!

 

Patrullas embriagadas de furor ejecutan la masacre en una aldea.

 

¡Caen de mis ojos rascacielos mojados!

 

Tras el eco vagabundo de los tiros de gracia, soy el reguero de sangre que busca por las calles un corazón que lo contenga.

 

Mi dolor se camufla en un cromlech, como fauces salvajes en el vientre abierto de la oveja agonizante.

 

(Estas imágenes corren despavoridas dentro de mi cabeza.)

LOS INMIGRANTES

 

 

Los inmigrantes caminan por las calles con mortajas al hombro, lápidas al hombro, cruces al hombro, lágrimas al hombro, corazones en las manos, el cielo sobre un desierto en su mirada. Con una familia y un país escondidos dentro de la cabeza.

 

Los inmigrantes tienen muchos hombros, muchos corazones, muchas manos, muchas piernas.

 

Entran en las tiendas, en los bancos, en los locutorios, en los bares: con fotografías enmarcadas bajo un brazo, con féretros bajo el otro brazo.

 

Nadie ve esas mortajas, esas lápidas, esas cruces, esas lágrimas, esos corazones, esas familias, esos países, esas fotografías, esos féretros, cielos ni desiertos.

 

No nos miran a los ojos: ¡saben que somos ciegos!

 

 

¡ENTRE QUITAMIEDOS de sangre el hombre de humo viaja a la velocidad del furor en un coche con neumáticos de alcohol, llantas de irritación y cafeína!

 

Desciende a tumba abierta un puerto. Esnifa con sus ojos grageas blancas por línea discontinua.

 

(Vientos gitanos barren tierras quemadas.)

 

El hombre de humo asciende otro puerto. Brama el motor, barritan los frenos. Claman sus mordajos a la copa de los árboles:

 

-¡La realidad mata! ¡Tumbad la realidad!

 

Ya en la cumbre, el hombre agobiado sale al zaguán del abismo, aparta nubes, vocifera en zigzag:

 

-¡Eh, vosotros, hipopótamos con frac; orangutanes con pajarita, hienas con tacones de aguja; tenias adictas a la codicia! ¡Sí, vosotros: acercaos más, más! ¡Me rajaré el vientre, desenrollaré mis intestinos, los enroscaré a vuestro cuello y os estrangularán como serpientes!

 

(Dándose cabezazos contra el aire, flota por el vacío el eco descomunal del luto.)

 

[ ]

 

 

Eras el mar abierto a la obsesión del faro. Una gota de sol congelada en la noche.

 

( )

 

Eres la mancha de agua en un relámpago de sombra. La estatua de aire sobre un pedestal de niebla.

 

CERCA DE LA LEJANÍA

 

 

Estoy lejos del tiempo, estoy en todo

lo que se va tragando el infinito;

pegado a ti: ¡estoy en lo que he escrito!,

libre de horror, afán, prisa, cruz, lodo.

 

Dentro del aire me desacomodo

y a la desolación me precipito:

mudo, sereno, intenso. (Me limito

a no ser más que un espectro beodo.)

 

No veo el horizonte, nada pienso.

¿Ruedo? ¡Floto!, invisible: por el mundo

de la ausencia, que nadie ha traducido.

 

Fuera de mí, a solas con lo inmenso:

en el descanso de lo más profundo,

en el olvido que es haber vivido.

 

SOBRE 'EL NIÑO, EL VIENTO Y EL MIEDO'

[Paco Aljama ha publicado esta cariñosa nota sobre la presentación de anoche de ’El niño, el viento y el miedo’ en la Librería Anónima de Huesca.]

Aquí se puede seguir

 

http://www.atisbador.es/blog/?p=2354

RECUERDO DE LA INFANCIA EN GALICIA

 

Por Paco ALJAMA

 

Antón Castro (Arteijo, La Coruña 25 de agosto de 1959), reputado periodista y escritor gallego afincado en Aragón desde 1978, presentó ayer en la Librería Anónima de Huesca su último libro: El niño, el viento y el miedo, (Huesca: Ed. Nalvay, 2013) acompañado por el ilustrador, Javier Hernández, y por Rosa Tabernero, profesora titular del Área de Didáctica de la Lengua y la Literatura de la Universidad de Zaragoza, quien desveló algunas de las claves de esta recopilación de cuentos.

Una de las claves es la ausencia de adjetivos, aunque después de leer la obra puedo decir que, más que por la ‘ausencia’, el lenguaje utilizado se caracteriza por una sabia dosificación adjetival (ya que usa los necesarios), lo que le confiere al texto concisión y objetividad, con lo que se consigue una mayor fluidez verbal: la acción —el asunto— avanza más deprisa, que es lo que al lector medio suele interesar más y que algunos agradecemos, después de leer otros libros que se hacen largos y empalagosos por la superabundancia de la mencionada categoría gramatical, que, en general, poco suele aportar al meollo del relato; antes bien, lo estira innecesariamente y hace que se parezca más a la nota de cata de cualquier vino que a un texto literario.

En el lenguaje utilizado, aunque como en toda obra de creación predomine la función expresiva, también se cumple la función referencial, tanto por la parquedad en la utilización de los adjetivos y de otros elementos retóricos, como por el uso de las oraciones enunciativas y el léxico denotativo. Las oraciones simples y sin alteraciones estilísticas, además, dotan al texto de la claridad y de la lecturabilidad necesarias para que sea accesible a los jóvenes lectores.

 

Tal vez por ello el texto se acerque en ocasiones al estilo periodístico que el autor domina por oficio: en efecto, en El niño, el viento y el miedo se recoge un puñadito de recuerdos de la infancia en Galicia, tierra de leyendas, donde la superstición es parte consustancial del carácter de muchos de sus habitantes. Todo es misterioso, todo atemoriza la mente infantil que puede ver con la imaginación algo fantástico en cualquier objeto o animal, y este es, precisamente uno de los papeles del cuento fantástico: generar miedo.

Pero también hay que decir que el miedo es bueno, pues se convierte en un mecanismo de autodefensa imprescindible del ser humano que está bien estudiado por los psicólogos. Hay que tener en cuenta que en las tierras donde, como en Galicia, abundaban los lobos y todo tipo de alimañas, el peligro era real.

Pero el libro de Antón no es solo una recopilación de los cuentos que le contaban su madre o sus abuelos cuando era niño, sino que también supone la etopeya de los personajes que van desfilando a lo largo de las cien páginas de que consta el libro: mujeres solitarias porque han perdido a su marido en la mar o porque han tenido que irse a ‘la emigración’ para poder ganar dinero con el que sustentar a la familia, casi siempre muy numerosa, lo que era habitual en aquellos años; hombres rudos, curtidos por la dureza del entorno, que no dudan en tomar drásticas soluciones para intentar cambiar su suerte; niños con miedo, pero felices por sentirse protegidos en el hogar y jóvenes que despiertan al inocente primer amor…

Las descripciones de bosques, playas, casas y otros lugares, que tan bien ha sabido plasmar el ilustrador con su excelente técnica en el manejo de los lápices, enmarca la acción de manera perfecta, y seguro que alguien se atreverá a dibujar algún ratón, a «La mujer que veía al demonio» o a la malvada comadreja que merodeaba por «El campo de Azureiras».

Por todo lo hasta aquí expuesto, considero que el delicioso texto de Antón Castro tiene también mucho de crónica de un lugar y de un tiempo que, aunque parezca remoto, en realidad no está tan lejano.

Antón Castro

P. S.: Hasta el día 20 de abril se puede visitar en la Librería Anónima la exposición con las ilustraciones de Javier Hernández para el libro.

… à suivre.

 *La foto la he tomado de Radio Huesca.

SÁNCHEZ ROSILLO, EN ZARAGOZA HOY

SÁNCHEZ ROSILLO, EN ZARAGOZA HOY

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO,

EN ’CONVERSACIONES EN LA ALJAFERÍA’, HOY

 


Esta tarde, a las 20.00, en la sala Goya del palacio de la Aljafería, Almudena Vidorreta y yo conversaremos con el poeta Eloy Sánchez Rosillo, que acaba de publicar otro espléndido poemario: ’Antes del nombre’ (Tusquets), que es una exaltación de las pequeñas cosas del vivir: la belleza repentina, los pájaros, la convivencia, los instantes poblados de vida y de recuerdos, el amor... Escribe una poesía diáfana, con palabras necesarias y luminosas. Es, como dice hoy Juan Marqués, un poeta que ha debido acumular las desdichas inconfensables y que sabido transformar su existencia y su escritura en una búsqueda permanente de hermosura, de intensidad...

CICLOS

Amor de lo que vuelve.
Todo se va y regresa.
Abril: una costumbre
y una nostalgia, el lema
vibrante de la dicha.
Fulgor de la experiencia
que es fe y es confianza.
Invierno aún, y nieva.
Mañana –exacta y pura-
retornará la abeja.

 

De ’Antes del nombre’ (Tusquets).

MANUEL VILAS: UN DIÁLOGO DE SEXO

¿No habría sentido celos del éxito de ‘Las sombras de Grey’?

No, en absoluto, aunque tanto “La sombras de Grey” como “El luminoso regalo” tratan el mismo tema: el erotismo. Creo que la gente quiere leer novelas sobre sexo, está en el ambiente.

 ¿Qué es lo que te lleva a escribir un libro tan descaradamente sexual, incluso pornográfico si eso se puede sostener en estos tiempos?

 El erotismo, en mi opinión, es un asunto todavía sin resolver, y de eso se habla en “El luminoso regalo”. El sexo sigue ocupando un lugar central en las relaciones humanas y en la búsqueda de la felicidad, he intentado poner el dedo en esa llaga. Hemos resuelto muchas cosas a lo largo de la Historia, pero el erotismo es una fuerza atávica y ancestral que nos devuelve al origen de la especie.

 Más allá de los términos del Apocalipsis o de sus habituales desafueros, que quizá sea tu modo de escribir en libertad, ¿qué reflexiones querías abordar? ¿Cuál es la importancia del sexo en nuestra vida y en nuestra imaginación?

Supongo que por desafueros tengo que entender imaginación y libertad radical en mi escritura; y efectivamente, en esta novela insisto en mi senda habitual de indagación sin prejuicios ni límites en aquellos aspectos que alienan la felicidad de los hombres y de las mujeres. En cuanto a la importancia del sexo, diré que no me invento nada que no esté en Sade, Freud, Jung, Bataille o Lacan, lo único que hago es narrar el misterio del erotismo. Es un libro muy influido por Lacan en el plano teórico. En mis anteriores novelas había tratado la alienación del capitalismo en los ámbitos sociales, económicos y culturales. Me faltaba el erotismo. Como dice Bataille, la civilización ha domesticado el sexo; pero su pulsión está allí y aparece inesperadamente. Es un monstruo dormido.

Vayamos con los personajes. El libro se abre con un capítulo casi apabullante y febril protagonizado por Ester, una ninfómana... ¿Cómo ves a este personaje, cuál es su función en la novela?

 Ester es una ninfómana sumamente hermosa. Es sexo en estado puro, pero también es amor. Ella representa la compleja relación entre el sexo y el amor. Es un personaje muy voluble. A veces es una mujer terriblemente enamorada y su abyección desaparece. Hay un capítulo muy complejo en donde Ester se transforma en una mujer bondadosa y humilde y conmovedoramente enamorada. He jugado con distintos planos de ficción. Ester es un enigma en “El luminoso regalo”, es una pregunta al lector.

 Entre las definiciones que le concedes, dices que es una Bruja y “una incandescencia carnívora que vuelve locos a los hombres”. Su primer antagonista, al que quizá haya que interpretar en clave irónica, es un psiquiatra o psicoanalista de vida sexual bastante disoluta, como iremos viendo. ¿Esto es broma o nadie, nadie, se escapa a poder del sexo?

 Nadie se escapa del poder del sexo. La gente, simplemente, lo domestica o lo encauza o lo racionaliza o le da un sentido moral o lo convierte en amor o en matrimonio o en relaciones de pareja. El amor a veces parece una construcción cultural encaminada a dar al sexo un sentido civilizador. De todo eso se habla en la novela. El sexo sin ley es destrucción, pero Sade no estaría de acuerdo. El sexo normalizado es un pacto social necesario para que exista la civilización.

El protagonista es Víctor Dilan. ¿Has querido que este hombre de 49 años, escritor de éxito, sea un ejemplo de Don Juan Tenorio o de Giaccomo Casanova?

He querido actualizar el mito de Don Juan, que es un mito importantísimo en la cultura europea. Víctor Dilan es un adicto al sexo. La adicción al sexo es la manera contemporánea de calificar al donjuanismo.

Dilan está casado con Elena, pero tiene una obsesión: la mujer, no dormir solo, el deseo...¿Es posible que tantas y tantas y tantas mujeres pierdan la cabeza por un hombre como él? ¿Qué les atrae: saberse queridas, la seducción, la fama, el poder, cierta animalidad, saber que estado?

 Allí es donde la novela tiene su toque de esoterismo. Víctor Dilan es un brujo, un donjuán con poderes. De hecho al final de la novela se revela su identidad. Se revela quién es en realidad. “El luminoso regalo” pasa entonces de ser una narración erótica a ser una narración sobre el enigma de la vida y el lector tiene suficientes elementos de juicio para deducir la verdadera identidad de Víctor.

Por cierto, ¿es posible ser fiel o leal en este mundo, sexualmente hablando? 

En mi novela la fidelidad es una construcción cultural más. Ahora bien, yo he escrito una novela; es decir, una obra de ficción. Creo que fidelidad y lealtad son dos cosas distintas. La fidelidad es una construcción cultural de la masculinidad. En “El luminoso regalo”, todos los personajes son promiscuos. La promiscuidad, históricamente, estaba reservada para la aristocracia. Porque como dice el psicoanálisis de inspiración marxista si se trabaja no se puede ser promiscuo. La promiscuidad solo era posible para quienes no trabajaban. En nuestra sociedad, la promiscuidad está reservada para la clase alta, para empresarios, políticos, artistas, etc. La monogamia procede del culto al trabajo. En la aristocracia no hay ni “cornudos” ni “cornudas”.

 Dilan hace el amor con casi todas sus amantes con la música de Bob Dylan de fondo. ¿Eso qué es: vicio, perversión, una excentricidad, una de tus pasiones ocultas?

Es una ironía cultural. Es un juego. Es también un homenaje inesperado a la figura más emblemática del Pop de todos los tiempos. Quería también resaltar la importancia que la cultura Pop tuvo a la hora de liberalizar el sexo.

¿Qué relación existe entre coito y desesperación? muchas veces tus personajes parecen irremediablemente desesperados...

Bataille llamaba discontinuidad a la imposibilidad de dejar de ser “yo” y entrar en “el otro”. Víctor Dilan no soporta la discontinuidad, pero el sexo no alivia su discontinuidad, su soledad. De ahí su desesperación. El coito es el momento en que se produce la pérdida de la identidad y se alcanza la fusión con el otro. Ocurría algo parecido en la película “Shame”, estrenada hace poco.

¿Qué tiene todo el libro de parodia, de gran broma?

Yo creo que por primera vez en mucho tiempo no he utilizado el humor. Creo que “El luminoso regalo” es una novela muy dura. Es un libro sobre la relación entre el Erotismo y el Mal. No es paródico ni hay humor; o en todo caso, muy poco humor. Esa ausencia se compensa con el morbo y la atracción que producen la lectura de las abundantes escenas eróticas que hay en “El luminoso regalo”.

 ¿Qué le debe a Sade y a Bataille, sobre todo? ¿Y a ‘2001. Una odisea en el espacio’ o a las novelas románticas del siglo XIX y XX?

He leído mucho a Sade y más a Bataille. A este último la novela le debe mucho en los planos filosóficos o teóricos; en los literarios no le debe nada. A Kubrick le debo la búsqueda de lo absoluto. Y a Emily Brontë le debo la locura en el amor, el amor convertido en fantasma, en enfermedad. Todas esas cosas impulsan la acción en “El luminoso regalo”.

 ¿Has querido llevar al lector a un territorio más bien desapacible: el territorio del mirón que contempla todas las guarrerías posibles y soñadas entre los amantes?

“Guarrería” es un término de jerga juvenil o masculina que banaliza el sexo. “El luminoso regalo” sitúa el sexo en el centro de la desesperación y la soledad humanas. El sexo es de una complejidad humana infinita, y eso quiere mostrar mi novela.

¿Crees que falta aquí alguna práctica sexual, incluso alguna depravación?

No es para tanto. No hay orgías. No hay zoofilia. No hay nada que no sea normalito. Quizá lo anormal sea llamar a las cosas por su nombre, eso puede extrañar en un país como el nuestro, muy dado a no hablar de sexo o hablar de sexo de una forma codificada, artificial y roma.

 ¿Tiene Manuel Vilas una desolada visión del mundo? Parece que aquí no se salva nadie, ni siquiera el sexo…

Manuel Vilas aquí no pinta nada, es inexistente y carece de interés lo que piense. Desde que el lector entra en la novela, son los distintos narradores de “El luminoso regalo” quienes deciden lo que se cuenta y lo que no se cuenta; para eso se inventaron las novelas. La ficción nos hace más libres, no tiene sentido moralizar la ficción. Moralizar la ficción es tanto como quitarle la gracia y la fuerza a la literatura. Es verdad que ha habido lectores, a lo largo de la historia, que por juzgar y moralizar han sido capaces de condenar al infierno a la mismísima Madame Bovary. Imagino que Flaubert aún se debe reír desde su tumba.

 

*El retrato de Manuel Vilas es de Vicente Almazán.