Blogia
Antón Castro

Escritores

HOY 'CARIÑENA', EN EL PARANINFO

HOY 'CARIÑENA', EN EL PARANINFO

HOY, A LAS 20.00, EN EL PARANINFO CITA CON ‘CARIÑENA’

Ángel Pascual en su blog anuncia así la presentación de mi libro ‘Cariñena’. La foto es de Vicente Almazán. [Hoy jueves 27 de septiembre, a las 20:00h, en la sala María Pilar Sinués del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza (Pza. Basilio Paraíso, 4), se presentará ‘Cariñena’, la nueva novela de Antón Castro, que edita el Consejo Regulador de la Denominación de Origen de Cariñena. José Luis Melero hará de presentador. Tras el acto habrá una degustación de vinos de Cariñena en el Café del Sur, en el Paseo Sagasta.

Se trata de un libro de 120 páginas, dividido en 21 capítulos, que narra la historia de un joven de 19 años que pasará diez días en Cariñena, en octubre de 1978. Al final, el joven, con su amigo Miguel Setién, logra trabajar seis días hasta que descubre la existencia del cierzo.

El libro cuenta, con agilidad y transparencia, la aventura de un joven que busca trabaja en la vendimia. ‘Es un libro sobre el primer empleo, sobre la amistad, el amor y la fascinación por ese mar de viñedos que era y es Cariñena. Es también un libro sobre la espera y la esperanza, sobre la inocencia y la necesidad de hacerse con un lugar en el mundo’”.

 

http://blog.ociourbanozaragoza.es/2012/09/26/anton-castro-presenta-carinena-en-el-paraninfo-de-la-universidad/]

 

Esta simpática ilustración, tomada en ’Borradores’, es de Amor Pérez Bea.

ELOY HABLA DE 'QUERIDO LABORDETA'

Palabras en la presentación de la biografía

de Labordeta por  Joaquín Carbonell, 19-9-12

Por Eloy FERNÁNDEZ CLEMENTE

Da mucho gusto estar con buenos amigos para hablar bien de buenos amigos. Muchas gracias por invitarme a participar en este acto, volcado en el recuerdo de José Antonio Labordeta, que se nos fue hace justamente dos años. Voy a procurar ser breve, recordando quién fue para mí Labordeta y hablando de Joaquín Carbonell, y del libro que se presenta, al que he puesto un breve Epílogo que no voy a repetir.

De José Antonio Labordeta me limitaré a resumir cómo veo, desde esta aún corta lejanía, su presencia entre nosotros. Era, ante todo, un hombre sencillo, familiar, muy gozoso de estar siempre rodeado de amigos, bromista, aunque también depresivo a veces por el mal estado de las cosas. Amante entregado de la literatura, escritor incansable, supo llevar su visión del mundo al libro de poemas o ensayos, a la música, a la televisión, al artículo periodístico, al escaño de diputado en nuestras Cortes y en el Congreso. A la tertulia.

Fuimos amigos desde los años en que ambos estuvimos en Teruel, en la segunda mitad de los sesenta. Convivimos allí intensamente, cambiando lecturas, ideas, vivencias, y trabajando en la enseñanza en tiempos de lucha y esperanza. Creamos juntos la revista Andalán, que nos unió aún más durante quince años. Fuimos fundadores del PSA, y tan ilusos en la transición como desengañados luego. Hemos estado en unas cuantas aventuras más, políticas, culturales, aragonesistas.

La gran pregunta, que no sé si se han hecho ya los políticos, los sociólogos, quizá alguna incipiente tesis doctoral, es qué pasó con Labordeta, que logró lo que ninguna otra persona en esta Comunidad, y aun en la España total, un gran consenso sobre su significado, la emoción agradecida de cientos de miles de personas, la consolidación como un símbolo tras su muerte. La forja de un mito.

De los libros que estudian globalmente o en parte la figura y la obra de José Antonio Labordeta (Mainer 1977, Lucini, Fossey y otros), creo que el más completo, el más divertido, el más personal es éste de Joaquín Carbonell. En él vuelca todos sus recuerdos, y tiene muchísimos, todo el humor somarda que aprendió de Brassens y del propio Labordeta, todo el cariño hacia el maestro, el líder, el amigo.

En cuanto al autor:

Conocí a Joaquín Carbonell hace mucho más del medio siglo en Alloza, donde veraneé muchos años en casa de mis abuelos; el suyo, el tio Curro, era un hombre de armas tomar, y su padre fue maestro y granjero, un buen tipo que hace cuarenta años se volcó en lograr suscripciones para nuestra revista Andalán, que comenzaba. Joaquín era un niño juguetón, recorredor de la Alloza calcinada por el sol de agosto con su chirriante recacholino. Luego ha cantado mil detalles de la vida rural de los sesenta y setenta y ochenta, recordando a su Alloza natal, que hace unos días se lo ha agradecido dedicándole una plaza, la más grande e importante del pueblo. Luego, nos recuperamos en Teruel, en el tan mitificado Colegio menor San Pablo, donde inició sus pasos periodísticos, musicales, incluso teatrales. Joaquín era un mozo algo mayor que el resto de su curso, venía de experiencias vitales y sociales que le adelantaban a los demás, y por eso supo avanzar en una línea a medias bohemia, a medias tradicional. Ya no volvimos a perdernos, continuando una amistad trufada de recuerdos.

Fue, junto con Labordeta y La Bullonera, integrante del cartel principal de nuestros cantautores, recorrió España, parte de Europa, parte de América, habló y habla en la radio, escribe libros de humor corrosivo aragonés junto con Roberto Miranda, y lleva dos secciones prestigiosas en El Periódico de Aragón, la de entrevistas ágiles y directas “Palabra de honor”, y la columna sobre el mundo a través del televisor, cáustica, genial, en línea con la mítica que hiciera Eduardo Haro Tecglen en El País, y en buena lid con la que allí le ha sucedido con David Trueba.

En fin, que este libro, que leí a saltos, desordenadamente, comentando con Joaquín algunos pasajes, corrigiendo los poquísimos errores o erratas deslizados, disfrutando de tantas anécdotas y comentarios divertidos, supone un homenaje de papel a nuestro Labordeta, y a la vez explica a muchos lectores que a buen seguro habrá fuera de aquí, quién  y cómo era, por qué era así, cuál era su ambiente, qué quiso transmitirnos, qué ideales del mundo y de la gente dieron sentido a todo su trabajo, toda su vida.

Los despistes, las erratas y errores, las anécdotas en la confección de un libro son lo que a veces recordamos mejor cuando lo evocamos. Dos despistes muy divertidos: Yo no corregí los pies de foto (tampoco la dedicatoria en que se llama Candela a Carmela, una de las nietas de Labordeta), y por ello tampoco pude impedir que se diga en una foto de años después en que se me ve al fondo en un grupo muy numeroso, que se trata de las gentes de Andalán esperando mi salida de la cárcel de Torrero. ¡Cuántos años hubiera estado allí de ser eso cierto!

Creo que lo has conseguido plenamente, Joaquín, en un esfuerzo muy notable, y que desde Juana y las hijas y nietas a la infinidad de amigos o incluso los que sin tratarle le admiraron y quisieron, tenemos todos una deuda contigo, por este gran trabajo, este gran cariño, esta gran biografía. Muchas gracias.

LUIS ALEGRE: DEL AMOR Y LA VIDA

LUIS ALEGRE: DEL AMOR Y LA VIDA

[El pasado domingo Luis Alegre publicaba este artículo sobre Juan Echanove, padre de un jovencito encantador, Juanito, y sobre los amores imposibles de nuestra vida.]

 

 

Juan Echanove ha llegado muy lejos en esta vida pero admite que aún no ha encontrado a la mujer de su vida. Sin embargo, él sabe que terminará sus días enamorado.

 

 

¿Y la mujer de nuestra vida?

 

Por Luis ALEGRE. Hoy Domingo de Heraldo.

 

 

Sábado, uno de septiembre. Juan Echanove acude a la emisora de Radio Zaragoza para ser entrevistado por Miguel Mena en el programa en el que tengo el placer de colaborar. Juan es el invitado de honor de la Fiesta de la Vendimia de Cariñena. Miguel recuerda que, hace 20 años, interpreté al lado de Juan un papelín en un episodio de la serie “La mujer de tu vida” protagonizado por Paco Rabal y María Barranco. Eso nos provoca para hablar de Paco y de la mujer de nuestra vida.

 

Paco Rabal es uno de mis temas de conversación favoritos con Juan. Con él nunca se sabía lo que podía pasar. Más de una vez nos arrastró por los garitos de Madrid y le dimos la vuelta al reloj. Paco recordaba el nombre de cada uno de los camareros de los bares en los que entrábamos, que fueron muchos. En una de esas veladas sin fin Juan acabó con Paco en un hotel donde se celebraba una comunión. Con total naturalidad, se integraron en el festejo y acabaron de juerga con los de la comunión. Hoy, en el programa de Miguel, Juan rinde tributo a Paco e imita su inolvidable modo de hablar. Juan ha crecido admirando a sus mayores - Rabal, Fernán Gómez, Galiardo, Juan Diego - y él ya hace tiempo que está entre los más grandes.

 

Otro asunto estrella es ese de la mujer de nuestra vida. Juan se reconoce enamoradizo desde crío. Se recuerda enamorado de algunas profesoras y de María Luisa San José, una de las actrices fetiche de “la tercera vía”. Juan siempre ha sentido debilidad por las mujeres maduras. Y afirma: “Quien diga que una mujer a partir de los 40 se vuelve invisible es un imbécil”.

 

Juan me dijo una noche que él, desde niño, sabe dos cosas: que algún día la armaría y que acabaría sus días enamorado. Armar, ya la ha armado. Pero lo otro es lo otro, que diría Chandler. Juan admite que aún no se ha tropezado con eso tan resbaladizo que se conoce como “la mujer de tu vida”. Juan padece esa zozobra eterna y universal: dónde diablos está ese ser que coloniza tus sentimientos de tal manera que el resto de los seres te da un poco igual. O, mejor dicho, quién ese ser irresistible por el que apenas te cuesta fingir que el resto no existe. Juan se autoinculpa con cierta facilidad: no soy lo suficientemente constante, no soy fiel, siempre tengo a varias en la cabeza, dice. Juan pertenece al club de fans de esa canción de Joaquín Sabina que comienza así: “De sobras sabes que eres la primera, que no miento si juro que daría por ti la vida entera; y, sin embargo, un rato cada día, ya ves, te engañaría con cualquiera, te cambiaría por cualquiera”. Con esas palabras dentro de la cabeza, algunas cosas se suelen complicar un poco. Paco Rabal, por cierto, se tomó al pie de la letra la canción de Sabina pero eso no le impidió mantener una conmovedora historia de amor con la mujer de su vida hasta el final de sus días. Pero aquello fue un milagro.

 

En este viaje he visto a Juan un tanto resignado alrededor de la mujer de su vida: “A estas alturas, no creo que aparezca”, deja caer. Hubo un tiempo en que lo sentía, nos sentíamos, más esperanzados. Hubo un tiempo en que cada mañana nos despertábamos con la ilusión de que ese día era el señalado para que apareciera esa mujer o para que aquella mujer que creíamos que podía ser, lo fuera. Hubo un tiempo en que nos devoraba la ansiedad y creíamos ver a la mujer de nuestra vida en cada esquina. Sufríamos espejismos todo el rato y algunas pasaban demasiado deprisa por nuestro lado. Como un día me dijo Juan, no teníamos tiempo ni de tomarles la matrícula.

 

Qué raros somos, también en esto. Es mejor que nos andemos sin rodeos: no somos carne de pareja. La mayoría de la gente que conocemos ha encontrado en algún momento a la mujer o el hombre de su vida. Antes se utilizaba una expresión que ahora apenas se emplea: tu media naranja. Algunos la han mantenido, otros la han dejado escapar y otros la han perdido. Pero alguna vez la encontraron. Incluso, unos pocos privilegiados la han encontrado varias veces. Nosotros, tan obsesionados por buscarla, nos hemos especializado en no encontrarla. Como nos encanta darle vueltas al asunto, llegamos a insinuar que, en el fondo, nos asusta encontrarla, que no queremos que aparezca y que, aunque apareciera, igual no nos soportábamos. Demasiadas excusas, demasiada torpeza, demasiada cobardía. Nos decimos que quizá es que la mujer de nuestra vida vino cuando nosotros no estábamos o que nosotros llegamos cuando ella ya se había ido o es que tal vez nos cruzamos en el camino y nunca nos vimos.

 

También sucede que, a estas alturas, se nos ha apoderado la pereza. Nos cuesta un mundo ilusionarnos y tomar la iniciativa. En la memoria se nos han acumulado demasiados esfuerzos baldíos. Los chascos nos han vuelto escépticos. Y lo más importante: hemos reparado en que para ser feliz, que es de lo que se trata, no es necesario encontrar a la mujer de tu vida. Además hemos advertido, cómo no, que el no encontrar a esa mujer facilita descubrir a todas las demás. Y otra cosa: algunas de aquellas por las que un día suspiramos, son ahora nuestras grandes amigas. Al menos nos cabe presumir de eso.

 

A ratos tengo la sospecha de que hemos sido –somos- unos peterpanes sentimentales enamorados cándidamente de la idea del amor y sin ningún sentido de la realidad. Salíamos de las películas convencidos de que aquellas chicas que nos volvían locos existían de verdad y perseguíamos su sombra. Yo, a los ocho años,  después de verla en “Encadenados”, le escribí a Ingrid Bergman una carta proponiéndole que se casara conmigo. Luego me he pasado la vida soñando con que apareciera alguien como ella, como Ingrid. Naturalmente, aún no ha aparecido. Pero cuánto nos gusta pensar que alguna noche aparecerá y acabaremos nuestros días enamorados.

 

*La foto es de Ingrid Bergman.

 

 

 

 

UN POEMA DE LUIS ARTIGUE

UN POEMA DE LUIS ARTIGUE

 

El escritor Luis Artigue me envía uno de sus poemas.

 

 

POESÍA DE AVENTURAS  

             

 

Ninguna ciudad muere de manera creíble. De hecho

buena cuenta del  éxito del poder, de la vida

y del amor eterno

da asomarse a las ruinas un imperio.

Y por eso aquí juntos en otro lugar atmosférico como peregrinos de lo propio,

envuelto el descubrimiento del pasado de Atenas en la certeza infinita de la luz de

septiembre

el sol tiene rango de agregado de cultura-,

llevando emoción por ropa

y celebrando este transitar conjunto por el suelo de baldosas de la esperanza…

¡Como un pájaro equívoco que trenza la luz en canto, el poema!

Refundamos lo sido.

Las pagadas dificultades de aquellos que se exceden en pasión

revolotean ante mis ojos

en esta ciudad transida en la que guerrean a muerte pretérito y presente;

en esta ciudad en la que grito lo que  a ti te escribí un día:

¡venir a verte

es como venir al mundo!

 

Igual que quien sabe y olvida que afeitarse insistentemente es luchar contra el tiempo

me adentro contigo en lo que queda del puzzle apoteósico

del Partenon.

Y pienso en el instante de vida que gracias al amor prevalece

este amor como rayo que no cesa porque entiende que la esperanza

está siempre

en el día después-.

Y al punto comprendo que somos también esto:

piedras luminosas como el carretón de frutas de tu sonrisa al verlas;

piedras que regalan

aquello a lo que remiten.

 

Miro las palpitantes piezas en nuestro aniversario con recargadas ganas de que se repita

todo,

asido a las locas fibras de mi configuración mental,

asido a lo sido y lo que deviene

aunque al final tú y yo mucho tendremos de vino griego que se resume

en el ardor

de los posos.

Los momentos.

Las ruinas

que no son sino la mala letra del paso del tiempo.

La identidad repleta de referentes y locuciones transversales.

Y entender que de la exaltación al poema dista más que un gran torrente léxico.

Y anotar esto ahora, aquí, hoy

después de alguna guerra y tantos años

porque has llenado mi vida de piedras, y de luz, y alegría;

porque escribo con los ojos cerrados como al envolver por vez primera el rostro

en tu pelo.

Las huellas.

La habitación de trofeos del corazón, y, dentro,

una máquina de engendrar metáforas calóricas…

 

Y el amor erigido como una atracción

 

que establece

 

la distancia perfecta.

 

 

Luis Artigue

web oficial de escritor: www.luisartigue.es

POEMAS DE ALEXIS DÍAZ PIMIENTA

Alexis Díaz Pimienta (La Habana, 1966) es cantante, narrador, poeta y repentista. Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), trabajó como investigador en el Centro Provincial de la Música de La Habana "Antonio María Romeu". Director de la Cátedra de Repentismo, Subdirector del CIDVI(Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado), es también líder del grupo musical Pimienta.cu, con el que ha actuado en varios países. Ha publicano numerosos libros, entre ellos ‘Yo también pude ser Jacques Daguerre (Editorial Pre-textos. Premio Emilio Prados 2000). Posee la Medalla por la Cultura Cubana, que le fue otorgada en 1996, por el conjunto de su obra artístico-literaria. Con toda gentileza me envía una selección de textos de este libro, que a mí me gusta mucho.

  

YO TAMBIÉN PUDE SER JACQUES DAGUERRE

 

Por Alexis Díaz Pimienta

 

Cuando Daguerre tomaba la vista de una de las calles

de París, acertó a pararse en la acera una persona

con el propósito de que le limpiaran el calzado; allí

permaneció, junto con el limpiabotas, el tiempo

suficiente para grabar la placa, y así pasaron a la

posteridad, como los primeros seres humanos

fotografiados en el mundo.

 

Orlando Hernández, La Fotografía.

 

 

I.

 

Es una calle solitaria de París

y es todavía 1839.

Eso es la eternidad:

un transeúnte y un limpiabotas

ajenos a la posteridad y al éxito,

ajenos a mí y a este poema.

30 minutos en la esquina bastan.

Lo pulcro del calzado es más notorio ahora

desde esta casa de La Habana al final del milenio.

La misma calle de París es más notoria ahora

con sus sombras, sus árboles,

sus franceses que no se detuvieron

a lustrarse el calzado para siempre.

Al fondo, los edificios no le dan importancia

–vanidad de la piedra–;

al fondo, pasa, escapa, el lento ruido de los carruajes.

Ellos no posan.

Ellos ignoran la duración del gesto.

Pudo ocurrir que el limpiabotas terminase

en sólo diez minutos, sin tiempo suficiente para grabar la placa.

Pudo ocurrir que el hombre decidiera lustrarse

el calzado más tarde, o antes, o nunca.

Pudo ocurrir que fuera en otra esquina de la ciudad

y otro día, no ahora en esta larga tarde de 1839, siempre.

 

Era París: todo pudo ocurrir menos que ellos,

ajenos a la eternidad, lo fueran.

Pero sólo ocurrió que los sucios zapatos

desentonaban con las calles de Montmartre,

con el agua del Sena,

y que las damas no hubieran mirado al monsieur

si no se detenía para que yo supiera su existencia.

Entonces heme triste, sinceramente triste,

porque nunca me han retratado limpiándome el calzado

(a nadie le preocupa este tipo de fotos:

la eternidad es siempre incomprensible.)

Todos los cumpleaños deberían tener esta foto en su álbum:

el niño con las manos en la espalda, el pie en el banco,

dejándose grabar para los siglos.

Todas las bodas: el novio sobre el banco y ella de pie,

alzándole la cola al traje,

disfrutando el tremendo acto de amor del cepillado

y lanzando de espaldas el bouquet,

escogiendo al azar la próxima muchacha eternizable.

Es una calle solitaria de París.

Nadie se asoma a las ventanas,

nadie les pide que sonrían.

No tienen nombre, ni identidad, ni rostro:

dos siluetas borrosas en la placa de cobre.

Luego Daguerre bajará, entusiasta y feliz,

a decirles que sobrevivirán a sus contemporáneos.

Pero sólo hallará la esquina solitaria,

los árboles sombríos, los carruajes que escaparon al lente.

Sólo polvo y París.

Y no sabrá jamás a quién ha eternizado.

 

II.

 

Yo también pude ser Jacques Daguerre,

y él pudo ser este poeta que se limpia el calzado

en una calle solitaria de París, en l839.

Y tú, lector, pudiste ser el limpiabotas

que detiene el trabajo para leer este poema

mientras el transeúnte se aburre y se va

pensando que está perdiendo el tiempo.

 

Luego Daguerre bajará, entusiasta y feliz,

y pondrá el pie izquierdo sobre el banco,

las manos en la espalda,

30 minutos nada más,

suficientes para que yo lo retrate

desde mi estudio en La Habana,

al final del milenio.

 

 

 

Poema viudo
 


El viudo almuerza solo, oye la radio,
no quita los zapatos del medio de la sala.
El viudo entorna las ventanas del cuarto
y desempolva velas, cartas, timbres,
lágrimas de sexo indefinido.

Y una sola bombilla en el rincón.
Una sola bombilla y una foto.
Una sola bombilla y el silencio.
Una sola bombilla y el reloj.
Una sola bombilla.
Como un triste ultimátum.

El viudo almuerza solo
sin gusto y sin premura
sin mujer sabatina que le destienda
la palabra espérame.

Los gorriones le han comido los ojos
como a una estatua antigua,
y se ha sentido listo para la sopa ciega,
maduramente solitario.
(Los gorriones siempre sobreviven
a la soledad, son Ella;
lo último que un hombre ve al morir
es un gorrión silbando.)

El viudo almuerza solo
carcomido de remordimientos.
Los vecinos lo esperan en el bar más próximo
para arroparlo como todas las tardes,
sin saber que no existe,
que no le gustan sus corbatas azules,
sus barajas, sus copas,
que no soporta
la paz de los que viven sin un sótano.

Tal vez por eso se mudó al balcón,
donde el otoño exhibe sus colores más tristes
y los carteros se refugian  de la lluvia.

Cada calle por donde pasa el viudo
está enferma de celosías y verjas estridentes,
desprotegida ante su propia reserva
de inminentes cadáveres.
Calles manchadas de humo, de migajas de pan,
de ladridos políglotas.
Calles con demasiada luz,
con demasiada música,
llovidas de postales y zambra de motores.

Y los políticos que no hacen nada,
y los mendigos que le piden los ojos,
y los adolescentes que se peinan,
y los choferes de ambulancia que ríen,
y los lectores de pintadas en los baños públicos,
y los ninfómanos de la felicidad,
y el tiempo.
Nada.

Los vecinos lo esperan con las copas repletas,
con las corbatas más azules que nunca,
oliendo a viernes frito,
tan felices.

Mas él prefiere almorzar solo
a la sombra de una bombilla triste,
verticalmente roto como el agua de un grifo.


 

Doña Adela
 


Ha muerto la vecina,
la del teléfono,
la que vendía velas
y hacía misas para difuntos lúgubres.

Ha muerto de repente,
un día de fiesta.
Ha muerto sola,
entre el altar y una paloma blanca.

Ahora los muertos no tendrán
quien les llame
y rondarán los pies de los que duermen
y alterarán el silencio del barrio.
Ahora los vivos no tendrán
quien les descifre un sueño,
quien les advierta de las grandes traiciones,
y alterarán también el silencio del barrio.

Ha muerto Doña Adela.
Sólo han quedado sus espejuelos,
rotos, abandonados,
sin saber hacia dónde mirar.

Los vecinos dijeron: –¡Pero cómo!
El nieto amaneció tosiendo fuerte.
Los hijos se turnaron el llanto y las llamadas.
Yo he tocado a la puerta
y el eco ha repetido el toque
en todas las ventanas.

Ha muerto un sábado, a las once.
Mientras cantaba en la televisión
una desconocida. 

 

 

Muertos de risa

 

Charlie Parker se sienta frente al televisor y ríe.

No le hace caso a su saxo ni a su vieja anfitriona,

la baronesa Nica.

Julián del Casal se acomoda en la silla en la que va a cenar y ríe.

No le hace caso a su corbata ni a sus jarrones de la China.

Ambos saben que van a morir

y les da risa la cara que pondremos los demás al saberlo.

Ríen con elegancia de cadáveres vírgenes,

de muertos por primera vez,

llenos de cicatrices musicales y complejas metáforas.

Ríen igual que hemos llorado los que no les conocimos,

con hipos y perplejidad, con pañuelitos tímidos.

Charlie Parker bebe café en La Habana

mientras Casal ingresa en un psiquiátrico

para perfeccionar su deterioro.

Son como niños grandes.

Ambos han sido expectadores de la cara de Dios

y no han podido contener la risa.

 

 

(YO TAMBIÉN PUDE SER JACQUES DAGUERRE, Ed. Pre-textos, Valencia, 2000; Premio Emilio Prados).

 *Todas las fotos, salvo la del propio Alexis, son de Juan Manuel Díaz Burgos, que ha retradado admirablemente a las gentes y los paisajes de Cuba, especialmente de La Habana.

'CARIÑENA', MI NUEVA NOVELA SE PRESENTARÁ EL 27 EN EL PARANINFO

'CARIÑENA', MI NUEVA NOVELA SE PRESENTARÁ EL 27 EN EL PARANINFO

‘CARIÑENA’: MI NUEVA NOVELA, el 27 EN EL PARANINFO

El jueves 27 de septiembre, en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, se presentará mi nueva novela ‘Cariñena’, que edita el Consejo Regulador de la Denominación de Origen de Cariñena. Se trata de un libro de 120 páginas dividido en 21 capítulos, que narra la historia de un joven de 19 años que pasará diez días en Cariñena, en octubre de 1978. Al final, el joven, con su amigo Miguel Setién, logra trabajar seis días hasta que descubre la existencia del cierzo. José Luis Melero hará de presentador; tras el acto habrá una degustación de vinos de Cariñena. [La foto corresponde al espot de este año del vino de las piedras]

 

CONTRAPORTADA

“Percibí el latido de la tierra y la cavernosa respiración de sus guijarros. Tuve la sensación de que allá dentro había una corriente de voces y de ecos, un estremecimiento de nervios, de raíces y bestias. Un alarido. O el diálogo secreto de las viñas”, dice el joven de diecinueve años que viene de lejos y que protagoniza esta novela sobre el primer empleo, la espera y la fascinación que despierta la vendimia. Este es una narración sobre la educación sentimental en una España convulsa, durante diez días de octubre de 1978. Todo era incierto: la democracia, el amor, el sexo, la política, la familia o la elección de un oficio para sobrevivir. La novela ahonda en la importancia de la cultura: el rock y la canción de autor, el cine y la literatura, especialmente la poesía. ‘Cariñena’ es, ante todo, un libro sobre la amistad, la memoria y el recuento de personajes que sienten los viñedos como “un paraíso de olores y de sombra”.

 

 

CON ROLANDO MIX Y PEPE GASTÓN

CON ROLANDO MIX Y PEPE GASTÓN

 

HOMENAJE A ROLANDO MIX Y PEPE GASTÓN

‘Recuerdo a Rolando Mix y Pepe Gastón’. ¡La poesía canta!

El concierto-homenaje tendrá lugar en el Salón de Actos de la Biblioteca de Aragón (c/ Doctor Cerrada, 22, Zaragoza), el  lunes 24 de septiembre de 2012, a las 19:30 horas.


[Me escribe Juanita López, compañera de Rolando Mix Toro:] “La mayor parte de los poemas de Rolando que he preparado son del libro inédito ‘Las palabras cantan’, son inéditos. En cuanto a la obra de Pepe Gastón, tendremos un vídeo con alguna canción de Monte Solo y la última ‘Orilla contra orilla’, que relaciona a Rolando y Pepe, por esa proximidad de la lengua, las orillas del Atlántico...”

 

 

Mi do

 

Tú a mi

me diste

un do de pecho.

Nota aguda

e incisiva

como pocas.

Tú a mi

me besas sostenido

en re

que no es ni fu

ni fa

nada de baladí,

sí un sol

que no deja

el grave la,

baja a do bemol

de musa tonal.

Tu aliento oxigena el pulmón

aguza y prolonga tu lengua.

Acojo tu sonido como beso

a mi dirigido,

lo esparces desde el escenario

ampliando plural

tu complacencia.

 

 

La guitarra

 

La sangre

llega al corazón por la vena cava.

Luego corre por la arteria pulmonar

a limpiarse en los pulmones.

Purificada fluye a la aurícula izquierda

con un abrillantado tono rojo,

rojo de libertad vibrante,

sale por la aorta

a recorrernos de arriba abajo

todo el cuerpo.

Pero hay otras arterias

portadoras de alimentos

que están fuera del cuerpo

y repercuten dentro:

son seis cuerdas

que al ser bien pulsadas

alimentan los vasos sensibles

de donde bebe la conciencia.

La esencia de este cordaje de arterias

son los sonidos,

lenguaje universal que al lamer música

nos purifica,

nos acerca a la gente,

nos hace hermanos,

nos lleva a recorrer en sus sonidos

las ondas que unen a las personas.

La guitarra cava, ahonda, penetra,

accede al corazón y lo desnuda,

lo muestra descarnado, a pecho abierto

en el espejo de los ojos y los oídos.

Entonces

las clavijas tensan nuestros nervios,

convertidas en nervios, las cuerdas

recorren el diapasón hasta la boca.

Los dedos presionan los espacios.

Un puente firme mantiene la cordura

del cordial encordado guiado por los trastes

a cumplir con el sonido deseado

que la caja hace resonar

al chocar con la cubierta

y el costado de noble madera.

El corazón de dentro y el de afuera

nutren la identidad de lo que somos.

El corazón y la guitarra,

símbolo de pasión y

raíz de nuestros pueblos.

 

 

 

El canto

 

Para saber que se vive

se canta.

Para situarse sobre la cresta de la ola

levantada en la borrasca del acontecer,

se canta.

Para volar

en las alas del recuerdo.

Para desclavar de nuevo las extremidades

de la memoria,

se canta.

Para volver a vivir aquel momento.

Para llamarlo a que exista.

Para regarlo de lágrimas.

Para insuflarle perspectivas.

Para cazarlo otra vez

con la red de la mañana

de emociones contrapuestas

anudadas sin concierto,

así,

irrumpe de lo profundo a la superficie

como una mano de náufrago, el canto,

mi canto.

 

 

Tus ojos

 

En tus ojos permanece

un resabio de música.

Tu niña es pentagrama

creciendo, decreciendo,

con brío o en alegría

pianísima.

En tu pupila se recuesta

el calderón cansado

de tu sonatina.

Tus párpados mecieron

sus persianas con un compás

de metrónomo preciso.

 

De “Las palabras cantan” (Inédito). Publico aquí estos poemas por cortesía de Juanita, la compañera de Rolando. todas las fotografías son de Hans Mauli.

 

TRECE AL SOL, CRISTINA GRANDE

TRECE AL SOL DE... CRISTINA GRANDE

 

Cristina Grande (Lanaja, Huesca, 1962) es escritora y articulista de HERALDO. Es autora de libros como ‘La novia parapente’ y ‘Dirección noche’ y la novela ‘Naturaleza infiel’.

 

“Me encanta que mi novio me lleve en la Vespa”

“Me encanta que mi novio me lleve en la Vespa, a lo Nanni Moretti”

“Lo importante es que no falte el amor, aunque suene a topicazo”

 

-1.¿Qué hace una escritora en verano?

Casi lo mismo que en invierno, con la ventaja de que los días son largos y cunden mucho más.


-2. ¿Dónde suele veranear?

Suelo quedarme en Zaragoza y hago pequeñas escapadas de uno o dos días para ampliar el horizonte, sin importarme demasiado el destino.


-3. ¿Es de playa, de montaña, de ciudad o de pueblo?

Soy un híbrido más bien de secano. Me gusta la ciudad y la montaña más que la playa o el pueblo, pero eso no quiere decir que no lo pase bien siempre que salgo de casa, en Zarauz, en Sicilia, en Molinos…


-4. ¿Qué hace diferente al resto del año?

Me gusta ir con mi sobrina a la piscina del parque y ponerme a leer debajo de un pino mientras ella se baña. Manías tengo pocas. Como soy madrugadora, aprovecho las primeras horas del día una barbaridad. Me encanta que mi novio me lleve en la Vespa, en plan Nanni Moretti, a esa hora en que todavía no hace calor, hay muy poco tráfico y todo parece recién estrenado.


-5. ¿Cuál ha sido el viaje de verano de su vida? ¿Y la ciudad?

Mis tíos me llevaban con ellos un mes entero a la playa, como a una hija más. Estuvimos en Asturias, en Cantabria y varios veranos en San Sebastián. Mi tía llenó de humo el apartamento un día en que decidió regalarme una docena de navajas para mí sola. Ese día, en el puerto del Musel, un japonés nos había pedido permiso para sacarnos una foto, a mi tía Dorita y a mí cogidas del brazo, como si fuéramos las típicas madre e hija españolas.


6. El verano está asociado a la infancia y a la adolescencia. ¿Cómo fue esa época?

No tengo demasiada nostalgia de esa época pues recuerdo haber sufrido sin parar, sobre todo en la adolescencia. Los veranos se me hacían larguísimos y me gustaba encerrarme a leer, igual me daba Zane Grey que Isaac Asimov que Hermann Hesse, del que leí ocho libros seguidos en el verano de 1980.


-7. ¿Cuál es el recuerdo de entonces que más le persigue?

Recuerdo una visita al Patricia, un buque de pasajeros precioso y muy moderno para la época (1972) que hacía la ruta Bilbao-Southampton. Mi tío Juan, primo de mi padre, era el capitán y recuerdo cuánto deseé quedarme a bordo y zarpar.

-8. ¿Qué tipo de lecturas u otras actividades realiza en estos días?
Estoy releyendo a Proust, a quien abandoné en mi adolescencia porque me resultaba insoportable. Ahora soy más indulgente. Un día ideal de verano incluiría una cena en agradable compañía y quizás ver las Perseidas tomando champán.


-9. ¿Un fetiche de un verano inolvidable?

Un concierto de María Dolores Pradera en Sos del Rey Católico, una noche de verano de luna llena. Todo era perfecto.


-10. ¿Cuál ha sido el gran personaje de sus veranos?

Mis padres siempre fueron muy hospitalarios. Me encantaba que vinieran a casa mis tíos –los primos de mi padre y de mi madre- y en particular mi tía Amanda, que tenía un carácter alegre y tolerante. La recuerdo gritando desde el comedor: “Que empiezan los dibujos animados”.


11. ¿En qué han cambiado los veranos con internet? ¿Y con la crisis?
Ya no imagino la vida sin internet, aunque a todo nos adaptaríamos, igual que nos estamos adaptando a renunciar a otras cosas. Lo importante es que no falte el amor, aunque suene a topicazo.


-12. Si tuviera que resumir el verano en un ‘tuit’, ¿qué diría?

Eva María se fue buscando el sol en la playa y nos enseñó a comportarnos “sin la menor indulgencia”.

13. ¿Cuál es la mejor, la más extraña o sorprendente anécdota veraniega vinculada a su profesión?

Mi primer libro, ‘La novia parapente’, se publicó en pleno verano de 2002. Parecía un mal momento para una novedad editorial y sin embargo esa circunstancia favoreció mucho su difusión en los medios.  

 

*La foto es de Heraldo de Aragón.