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Antón Castro

Escritores

AVANCE DE 'DESERTORES DE DIOS'

AVANCE DE 'DESERTORES DE DIOS'

[Este jueves, en la Biblioteca de Aragón, Javier Aguirre presenta una de sus novelas más ambicionsas: ‘Desertores de Dios’, que supone su paso a la editorial Nuevos Rumbos, el sello de los hermanos Pérez Collados. La promoción de la novela es la siguiente:

 

SINOPSIS:

Un secreto nefando se oculta a finales del siglo XX en las interioridades de un convento del País Vasco.

Luis Murillo, fraile lego residente allí, descubre a través de la carta póstuma de su madre la identidad de su verdadero padre, un cura vasco fusilado durante la Guerra Civil por las tropas franquistas.

La acción de esta novela comienza en 1934, y concluye cuando faltan pocos meses para que tenga lugar una de las ceremonias de beatificación masiva de mártires de la Guerra Civil, la celebrada en Roma el 11 de marzo de 2001, bajo el pontificado de Juan Pablo II.

 

 

Presentación 'Desertores de Dios'. Javier Aguirre. Nuevos rumbos. Zaragoza, 2012. Ilustraciones de José María Ubé.

 

He aquí algunos fragmentos dramatizados que van a leer ese día.]

 

Narrador 1(Manuel)

Un sobre cerrado, lacrado, una pesadilla. Largo, antiguo, rugoso, pesado, oscuro. Un féretro de papel. Luis Murillo lo miraba cada día a distancia con sus manos tensas, arrumbado en la última balda de la estantería mientras galopaba por el aire prieto de su celda la tentación de abrirlo. Dentro de la mirada del hombre cruzaba una sombra, el zigzagueo de un folio misterioso que el tiempo había vuelto invisible. El sobre contenía una noticia y su prohibición, la prohibición de saberla. Voces ciegas galopando también entre sus sienes. La ansiedad de saber… y el pánico frenando el ansia. Su mente oprimía una y otra vez el enigmático sobre prohibiéndole acariciarlo entre sus dedos nerviosos. Un deseo sonoro y brutal le quemaba el pecho: el incendio de la voluntad, el estrépito del combate interno. 

Narrador 2(María)

No se puede contrariar la voluntad de una madre moribunda. Menos aún si la donante es ciega y se le puede engañar sin riesgo. No sin riesgo, definitivamente no. Existe la visión interna. Los ciegos perciben a través del susurro del aire, de las miradas cómplices, de los gestos escondidos, de los rumores quietos. Los ciegos ven hacia dentro. Ven el alma o lo que mueva la arquitectura del organismo.

Narrador 1

Pero el sobre era suyo. Le urgía el contenido, lo que dijera u ocultara, lo que pudiera sugerir. Se trataba de una revelación que no pudo descifrar en la mirada vacía de la anciana. Un secreto oscuro, una noticia fatal, la confidencia última. Algo de eso era, indudablemente. El enigma allí guardado le producía pánico.

Narrador 2

Una carta manuscrita entregada con sigilo a su único hijo por una madre agonizante produce necesariamente pánico. ¿Qué querría decirle que no debiera saber ya? Aquella revelación póstuma le iba a complicar la existencia. Tenía esa intuición. Un ciclón de inquietudes le circulaba desbocado por el pecho. Temblaban sus manos. Temblaban sus piernas.

Narrador 1

Siempre el temblor.

 

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Narrador 1

 Las primeras líneas de una carta encerrada en un sobre ajado y oscurecido por el tiempo han sido un gran regalo, un regalo enorme, un regalo definitivo aunque tremendo. Ha vuelto a leerla: “Hijo mío, te quiero mucho. Perdóname porque nunca me atreví a contártelo…”.

 Narrador 2

Luis Murillo sabe por fin quién fue realmente su padre. La letra temblorosa de su madre ha abierto una puerta vital, hasta entonces oculta, en el edificio de su vida.

 

 Narrador 1

Un ser humano tiene derecho a saber quién ha sido su padre, qué sueño dulce o qué impulso fiero lanzó al mundo la semilla que ha fructificado en la entraña de una mujer.

 

 Narrador 2

La información privada que da una madre en su lecho de muerte es un enorme secreto que no debe revelarse a nadie por la fuerza. Aunque ellos ya lo supieran o lo sospecharan, él no tenía ninguna obligación de confirmarlo.

 

Narrador 1

 Seguramente lo averiguaron con malas artes.

Narrador 2

 Tal vez presionaron a la mujer a partir de vagas informaciones. Era posible que hubieran intentado sobornarla tiempo atrás, en su época de mayor penuria, cuando murió su marido, el pobre Rufino Alonso. Si ya lo sabían todo, ¿qué querrían ahora de él?

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Narrador 2

Ahora comprende por qué se le ha concedido el privilegio. Jamás pensó que formaría parte de la comitiva que acudiera a Roma el día de la beatificación del padre Mario. Nadie contó con él en las fiestas que se celebraron cuando fue incoada la causa. Tampoco al declararlo Siervo de Dios. Nada sabía entonces y quizá ellos tampoco.

Narrador 1

Aunque tal vez sí, y lo mantenían en secreto. También a él lo mantenían en secreto. Siempre lo tuvieron apartado de todo, encerrado en su jardín, en su cuarto de herramientas, en su invernadero. Ahora empieza a comprender.

Narrador 2

Durante muchos años no lo supo nadie, salvo su madre. Y el Venerable padre Mario, claro. Luego se enteraron; no sabe cómo ni cuándo, pero se enteraron, es indudable. Puede hacer poco tiempo, porque el cambio de actitud es reciente.

Narrador 1

 Habrán hecho averiguaciones. Tal vez encontraron algún documento o recibieron alguna información secreta.

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Narrador 1

Pero todo se le rompe dentro.

Sus sensaciones son menos áridas, de una dulzura imprecisa que le envuelve los miembros doloridos.

Narrador 2

Todo se rompe en su interior.

Se sabe rodeado por las ansias de la vida y al mismo tiempo seducido por la quietud de la muerte.

Siente la quiebra de los sentidos corporales.

Narrador 1

Tiene los ojos cerrados, pero ve.

Se agrietan las raíces de la vida.

Sus oídos están ciegos, pero oye.

Narrador 2

No entiende sus pensamientos.

Sus músculos aprisionan los huesos, pero juntos danzan.

Un licor oscuro le asciende por las venas.

Hay aromas infinitos dentro y fuera del universo.

Narrador 1

Un licor oscuro invade sus huesos huecos.

El paladar gustoso de la miel es un lejano remedo de los almíbares en los que todo el cosmos chapotea.

Un licor campesino le sonríe con sarcasmo.

Se siente lleno y vacío a la vez, ignorante y sabio, entero y disperso, todo y nada.

Narrador 2

Un licor salvaje danza en su interior.

Un coro de voces inaudibles entona un cántico esencial.

Cada parte de su cuerpo danza sin ritmo ni medida.

Sus mandíbulas se mueven sin voluntad.

Narrador 1

Repentinamente todo queda a oscuras

Narrador 2

Repentinamente todo queda a oscuras

 

 

 

RECUERDO DE FÉLIX EN BARCELONA

RECUERDO DE FÉLIX EN BARCELONA

Manuel Marín Sarmiento, siempre amable y afectuoso, me envía esta nota y este texto sobre la presentación de ‘Noche de los enamorados’ de Félix Romeo en Barcelona, en la librería Laie. Dice Manuel: “Antón, esta tarde asistí a la presentación de ‘Noche de los enamorados’ en la librería Laie. El acto fue un bonito homenaje a Félix y reunió a un buen grupo de admiradores de su obra. Pese a la tristeza de todos por su ausencia, en el ambiente se respiró parte del optimismo y de la vitalidad que él repartió siempre generosamente. Félix habría disfrutado de la velada. Te envío, en documento adjunto, una crónica apresurada para que te hagas una idea del acto. Un abrazo, como siempre. Manuel”. He aquí la crónica de Manuel.  

 

 

“LA VIDA VALE MENOS SIN FÉLIX”

 

Por Manuel MARÍN SARMIENTO

Me quedo con esta frase de Malcolm Otero, que expresa el sentimiento que compartimos muchos de los que asistimos esta tarde [ayer], en la librería Laie de Barcelona, a la presentación de “Noche de los enamorados”, la novela póstuma de Félix Romeo. Seguramente, él habría disfrutado con este sincero homenaje, marcado por la admiración y el cariño, que convocó a un grupo de amigos, colegas y lectores que le echamos de menos desde que nos abandonó hace tan sólo unos meses. Tras la introducción de Miguel Aguilar, que celebró el éxito de la “gira Romeo”, con presentaciones en Zaragoza, Madrid y, ahora, en Barcelona, se proyectó un vídeo con momentos inolvidables de la vida de Félix como la salida de la cárcel de Torrero que filmó Fernando Trueba o algunas de sus inolvidables intervenciones en programas como “La Mandrágora” o “Borradores”.

A continuación, Ignacio Martínez de Pisón recordó la  larga amistad que les unió desde que empezó cuando Félix era un adolescente apasionado por los libros –parecía que a sus 17 años ya lo había leído casi todo- y por la vida. Pisón relató también un viaje de ambos por Los Monegros y destacó la increíble capacidad de Romeo para sugerir ideas para todo: mientras pasaban ante unos silos de grano, pensó que no estaría mal que jóvenes artistas los transformaran con sus intervenciones.

Por su parte, el crítico y profesor Jordi Gracia destacó un aspecto de la novela que, aunque algo soterrado bajo la narración de los hechos (el asesinato que Dulong confesó a Félix en la celda de la prisión de Zaragoza), hace de “Noche de enamorados” un texto literario de primer orden: su desvelamiento de todos los lenguajes (el periodístico, el judicial, el policial) que enmascaran la realidad. En una nueva intervención, Malcolm Otero –que en un momento de la charla no pudo evitar emocionarse- subrayó un rasgo característico de la prosa de Félix, su escritura aséptica, desnuda y despojada por completo de cualquier barroquismo: “Félix ofrecía sólo hueso al lector, nada de carne para entretenerse. Y para llegar a su esencia hay que morder el hueso hasta el tuétano”, confesó. Entre los asistentes al acto, se encontraban el editor de Anagrama, Jorge Herralde, y su esposa, Eulalia Gubern, o los escritores y críticos Rodrigo Fresán y Jordi Puntí.

 

*Félix Romeo en una foto de Esther Casas, del archivo de 'Heraldo' en Internet.

FERNANDO SANMARTÍN: 5 POEMAS

FERNANDO SANMARTÍN: 5 POEMAS

[Fernando Sanmartín publica en Isla de Siltolá uno de sus poemarios tan sutiles: poemarios de instantes, de viajes, de recuerdos, de memorias de amor, un libro de secuencias y de lugares y de locales: ‘El llanto de los boxeadores’. Me envía algunos poemas, y aquí están, cinco, de cuidada factura.  Poemas de aroma narrativo que tienen algo de relámpago de percepción, de fulgor fugaz.]

 

 

LEO en un avión a Dostoyevski.

Colabora en el New York Times.

Lo leo como si fuera una despedida

y sé que pronto

le darán el premio Pulitzer,

algo que no podía imaginar

cuando iban a fusilarlo.

Pero todo es un acertijo.

Igual que cada uno

de nosotros.

 

BENEDICTO XVI tiene miedo.

Ha leído

por la noche,

dentro del Vaticano,

a Edgar Allan Poe.

Tiene miedo

y espera que amanezca pronto.

Pero el deseo

es un quirófano sin luz,

la antesala de la distancia,

las cenizas.

 

 

UNA vez

creí perderlo todo.

Desde entonces

escribo

desafiándome.

Lo irreal son mis cifras.

 

 

TE LLAMÉ una noche

desde Berlín,

junto al hotel Kempinski,

con la espalda apoyada

en los carteles

de una banda de rock,

mientras un juez,

Garzón,

leía a Neruda

en los islotes

para disminuir,

como tú,

las distancias.

 

 

POR LA TARDE

ha escrito

un texto

sobre Óscar Domínguez,

ese pintor canario

que se quitó

la vida en París.

 

Por la noche

se ha buscado

en los asientos

traseros de un coche,

dejándose acariciar

bajo su falda.

 

Se obstina en conocerse

o en alejar los presagios.

Aún no sabe.

 

 

 

FLAVIA COMPANY EDITA UN POEMARIO

FLAVIA COMPANY EDITA UN POEMARIO

La escritora, traductora y navegante Flavia Company publica uno de sus libros más personales y arriesgados: el poemario ‘Volver antes que ir’. Dice de él: “El libro se acerca al tema del viaje, de la emigración, de la memoria y de qué modo estos tres elementos sirven o se imponen para construir la identidad. El volumen tiene diseño de Javier García del Olmo y texto de contra de la poeta Ana Martín Puigpelat”. Lo publica Eugenio Cano editor, en su colección Abanto. He aquí su inicio.

 

 

FRAGMENTO DE ‘VOLVER ANTES QUE IR’

 

PRÓLOGO, TITULADO ‘SECRETO’:

 

Por Flavia COMPANY

 

SECRETO 

Es la primera vez que escribo un texto para un texto mío. Y aunque pueda parecer contradictorio, no lo hago para hablar sobre el contenido de este libro sino para contar de dónde surgió.

Mi madre falleció en 1989, cuando contaba 49 años de edad y yo todavía no había cumplido los 26. Una de las cosas más tristes que he tenido que hacer en mi vida es desarmar su casa. Recoger su ropa, sus libros, tantos objetos personales.

Algunas de las cajas que guardé, tardé tiempo en abrirlas. En una de ellas, encontré algo imprevisible: un diario. Imprevisible, digo, no tanto por lo que era sino por cuándo y por quién había sido escrito. Se trataba del diario de una niña de 12 años, la niña que era mi madre cuando viajó en barco desde Buenos Aires (lugar de nacimiento de las mujeres de mi familia, incluida yo) a Barcelona, con sus padres y su hermano, para conocer España y visitar el pueblo de mi abuelo, Bellcaire d’Urgell.

Al encontrarlo me dio un vuelco el corazón y, como es natural, quise empezar a leerlo. Fue solo el primero de los muchos intentos realizados durante más de veinte años. Nunca pude (tampoco he podido visitar jamás su tumba). Hojeaba aquellas páginas y se me rompía la vida. Así que lo guardé. (Como si algo así pudiera guardarse). Me esperó con paciencia hasta que regresé a él y busqué un camino para leerlo. Y nunca mejor dicho: un camino. Decidí volver a la Argentina (ojo al verbo empleado, pues si bien yo había nacido en aquel país, mis padres habían emigrado a España en 1973, cuando yo era una niña de apenas nueve años) en barco. ¿Por qué en barco? Para darle al diario de mi madre un regreso simétrico. Ella lo había escrito durante su travesía a España, jornada tras jornada, y yo lo leería durante mi travesía a la Argentina, jornada tras jornada también. Por mar la ida y por mar la vuelta. Sabía, creí saber, que el diario de mi madre iba a ser el centro y eje de mi siguiente novela. Viajar a mi país de origen ¿mis raíces?, era parte de la escritura. (Vivir aquello a partir de lo que se va a escribir, ya es estar escribiendo).

 

*La primera foto es de Larry Fink; la segunda, a orillas del Sena, es de Robert Doisneau, de quien se cumple este año el centenario de su nacimiento.

 

 

LA NOVELA PÓSTUMA DE FÉLIX ROMEO EN LA BUENA VIDA DE MADRID

LA NOVELA PÓSTUMA DE FÉLIX ROMEO EN LA BUENA VIDA DE MADRID

[Daniel Gascón firma en ‘El país.com’ una crónica de la presentación de ayer de ‘Noche de los enamorados’ de Félix Romeo en ‘La buena vida’. En la foto, Miguel Aguilar, David Trueba, Aloma Rodríguez y Martín Casariego. El enlace es http://cultura.elpais.com/cultura/2012/03/01/actualidad/1330601949_311028.html]

TODAS LAS CANCIONES DE FÉLIX

 

Por Daniel GASCÓN. 

La muerte del escritor Félix Romeo (Zaragoza, 1968–Madrid, 2011) conmocionó a buena parte del mundo de las letras españolas. La presentación de su novela póstuma, Noche de los enamorados (Mondadori), sirvió para rendir homenaje ayer en la librería madrileña La Buena Vida a una personalidad irrepetible e inclasificable.

Noche de los enamorados –que sale acompañado de ¡Viva Félix Romeo!, un volumen que recoge algunos de los textos que sus amigos escribieron tras la muerte del escritor– cuenta la historia de Santiago Dulong, el compañero de celda de Romeo en la cárcel de Torrero en Zaragoza. Romeo estaba condenado por un delito de insumisión. Dulong, falangista y católico, había matado a su mujer. Unos meses después de su primer encuentro, que se produjo el 14 de febrero 1995, Dulong fue sentenciado a un año y un mes de cárcel por imprudencia temeraria y malos tratos. Noche de los enamorados, que Félix Romeo entregó a su agente poco antes de su muerte, es una indagación en torno a las vidas de Dulong y su esposa, María Isabel Montesinos, y una reflexión sobre la justicia, las palabras y la dignidad. “Un libro perturbador, incómodo, valiente, fascinante”, en palabras de Martín Casariego, que emparentó la novela con Amarillo (Plot, 2008), donde Romeo escribía sobre el suicidio del escritor Chusé Izuel.

Entre los asistentes a la presentación estaban muchos de sus grandes amigos: escritores como Ignacio Martínez de Pisón, la narradora y periodista Lara López, Amaral, Fernando Trueba (que dirigió la película Salida del insumiso Félix Romeo de la cárcel de Torrero), Marcos Giralt, Gabriela Wiener, Ramón González Férriz, o los editores Manuel Borrás, Claudio López de Lamadrid, Andreu Jaume y Miguel Aguilar. Martín Casariego hizo un repaso por la literatura de Romeo, poblada de “personajes desarraigados, periféricos. Con su literatura no buscaba agradar, sino que buscaba remover”. La narradora Aloma Rodríguez –que leyó un texto del escritor, “Por qué escribo”- habló de la influencia de Romeo en varias generaciones de artistas: “nos hizo mejores y más felices: nos recomendó libros, nos habló de escritores, de músicos, de películas, de discos, nos llevó a restaurantes nuevos, a bares, nos compró chucherías, discutimos con él, y, aunque no tuviera razón, siempre consiguió que pensáramos las cosas desde otro punto de vista, nos hizo sentirnos importantes y demostró que casi todo puede ser tema literario si se hace bien y con honestidad”. David Trueba señaló que “todo lo que ha escrito era fruto de una terrible prueba de autocrítica y despojamiento de la literatura entre comillas, hasta llegar a Noche de los enamorados, un libro demoledor y abrasivo donde no sobra ni una sola palabra”. Para Trueba, se trata de una especie de Cara B de la idea del amor de Romeo: “Félix Romeo era un hombre que vivía permanentemente en el día de los enamorados. En este libro estudia lo que sucede ese día cuando llega la noche. A él, que era un enamorado del amor, le intrigaba cómo el sentimiento amoroso puede transformarse en algo miserable y ruin. Como sucede a menudo, al escribir un libro aparentemente muy alejado de él, que trata personajes sórdidos, escribió sobre sí mismo. En Noche de los enamorados Félix está presente en cada análisis y en cada emoción”. El libro refleja también algunas de sus obsesiones: “Recuerdo que, cuando lo condenaron, una de las cosas que más le molestaban era lo mal redactada que estaba la sentencia. En todo, en su propia sentencia o en la telebasura, creía que siempre hay un espacio para hacer las cosas bien. Y Noche de los enamorados es un cuestionamiento del sistema judicial español y de la forma en que los periódicos cuentan los crímenes”. Una de las ideas centrales del libro es que María Isabel Montesinos no solo fue asesinada por su marido, sino que fue condenada por los medios y por los encargados de la investigación: exprostituta, alcohólica y desamparada, parecía que su marido solo hubiera acelerado un inevitable proceso hacia la destrucción. “El libro habla de lo mal que se condena en España, de cómo se escribe de sucesos, y también es un intento de contar las cosas como son, luchando contra las definiciones y las categorizaciones”, explicó David Trueba, que dijo que esperaba que Romeo estuviera oyendo lo que se decía en alguna parte: “No creo en el espiritismo ni en la vida después de la muerte, pero creo en Félix. Y me parece que la muerte es poca cosa para él. Hoy, todos los libros y todas las canciones hablan de Félix Romeo”.

 

* Daniel Gascón (Zaragoza, 1981) es autor de La edad del pavo, La vida cotidiana y El fumador pasivo. Es coguionista de la película de Jonás Trueba Todas las canciones hablan de mí. Colabora en Letras libres y en el suplemento Artes & Letras de Heraldo de Aragón. Ha traducido a autores como William Faulkner, David Vann, Christopher Hitchens y Sherman Alexie.

 

MARIANO GISTAÍN ABRE EL BLOG 'AL ALBA' EN 'HERALDO DE ARAGÓN'

MARIANO GISTAÍN ABRE EL BLOG 'AL ALBA' EN 'HERALDO DE ARAGÓN'

Mariano Gistaín, uno de los columnistas más sobresalientes de la prensa aragonesa de los últimos treinta años, acaba de abrir un blog en Heraldo de Aragón.

http://blogs.heraldo.es/al-alba/

Ayer, publicó este artículo sobre Andy Warhol: ‘Cápsulas de tiempo’.

Por Mariano GISTAÍN

Estrella de Diego dijo en su conferencia de Ibercaja que Andy Warhol era un pintor clásico obsesionado con la muerte. Valerie Solanas le pegó unos cuantos tiros a su adorado Warhol, quien reconvirtió sus cicatrices en un cuadro. Warhol se adelantó (también) a la fiebre de registrarlo todo en fotos, vídeos, sonidos, textos…

Se hizo un youtube interminable y congeló la huella de sus días en 612 cajas de cartón: tickets, notas, lápices, recortes de revistas, fotomatones, polaroids… Y también introdujo bocetos, facturas y cuadernos de apuntes para el futuro. Llamó a esas cajas cápsulas de tiempo. Aún siguen abriéndolas poco a poco y sorprendiéndose en el museo de Pittsburg.

Warhol se dolía de la vida anónima, quería ser rico, guapo y famoso como pasos previos a la inmortalidad. Contra la soledad y la muerte porfiamos hoy en las redes sociales, en un mundo que Andy predijo con sus creaciones, sus frases, sus libros y su vida.

Warhol está en Ibercaja. Las cápsulas de tiempo, en este momento en que todos somos recortables, son un lujo: ocupan demasiado espacio. Por eso las subimos a la nube.

DANIEL GASCÓN: LECTURA DE 'NOCHE DE LOS ENAMORADOS' DE FÉLIX ROMEO

DANIEL GASCÓN: LECTURA DE 'NOCHE DE LOS ENAMORADOS' DE FÉLIX ROMEO

[Daniel Gascón publica en su blog esta extensa nota sobre el libro de Félix Romeo: ‘Noche de los enamorados’ (Mondadori). Esta tarde se presenta en libro en la librería La Buena Vida de Jesús Trueba y cía en Madrid con la presencia de Aloma Rodríguez, Martín Casariego y David Trueba, y el editor Miguel Aguilar.]

 

 

‘NOCHE DE LOS ENAMORADOS’

 

Por Daniel GASCÓN*

Es una gran tragedia que Félix Romeo haya muerto tan joven. Es una gran tragedia sobre todo para él, pero también para la gente que lo quería y que nos hemos beneficiado de su inteligencia infatigable y su entusiasmo contagioso por la cultura, por los afectos y por la vida. Esa personalidad arrolladora a veces puede diluir lo que yo creo que Félix era por encima de todo: un escritor. Y un escritor que, como demuestra este último libro y como demuestran sus colaboraciones en prensa, estaba en plenitud de facultades y tenía todavía muchas cosas que darnos. Sin que sirva para paliar el dolor, es emocionante pensar que Félix Romeo tuvo tiempo de terminar y entregar a su agente un libro tan estremecedor y potente como Noche de los enamorados, un libro en el que creía profundamente y que recoge muchas de las cosas que le preocupaban. He editado bastantes textos de Félix y he estado en contacto directo con muchos de sus editores. Y Félix tenía ese elemento aparentemente caótico y torrencial, pero cualquiera de sus editores reconocerá su profesionalidad, su compromiso con la escritura. Siempre entregaba a tiempo. E incluso al final ha muerto antes de tiempo, pero ha entregado su libro a tiempo.

Como sabéis, Noche de los enamorados habla del compañero de celda de Félix Romeo, Santiago Dulong. Félix lo conoció en la cárcel de Torrero, el 14 de febrero de 1995, donde estaba condenado por un delito de insumisión. Dulong, falangista y católico, había matado a su mujer, María Isabel Montesinos Torroba. Es posible que también hubiera asesinado a su primera mujer. En el juicio, celebrado unos meses después de ese encuentro, Dulong fue condenado “a las penas de treinta días de arresto menor por la falta de malos tratos de obra y un año de prisión menor por el delito de imprudencia temeraria”. Imprudencia temeraria quiere decir aquí estrangularla. Tras ese encuentro azaroso, Félix rumió y convivió, a lo largo de los años, con esa historia y con sus interrogantes: ese crimen y esa convivencia es lo que ha contado en esta novela. La escena del crimen, la primera parte, relata la vida de estos dos personajes y el momento en que Félix conoce a Dulong. La segunda parte, Los hechos probados, se centra en el homicidio y en la sentencia. Noche de los enamorados tiene mucho de investigación, y al leerlo pensaba en los libros de Modiano, uno de los autores preferidos de Félix, o en una de sus series de televisión favoritas, Crímenes imperfectos. Pero sobre todo creo que entronca con la tradición intelectual más noble: la de Voltaire, la de Zola o de Sciascia, donde un escritor detecta una injusticia y la denuncia. También es el relato de cómo se hace esa investigación. Félix entra en los foros de internet de las ciudades donde vivió la familia de María Isabel, pide informes de registro civil, visita la cofradía zaragozana del “Prendimiento del Señor y el Dolor de la Madre de Dios”, a la que Dulong perteneció “devotamente desde su fundación en 1947” y a la que también perteneció María Isabel, repasa el relato de los hechos en los periódicos aragoneses. También aparece otra de las cosas que le interesaban mucho a Félix Romeo: la historia de Zaragoza. Dulong era el bisnieto de Santiago Dulong Serrano, el primer alcalde republicano que tuvo la ciudad, en 1873. Santiago Dulong Serrano estuvo en la cárcel por sus ideas, mientras que su bisnieto fue a prisión por matar a su mujer: ese contraste no se subraya, pero está ahí. Félix Romeo sigue el rastro de Dulong Serrano en los periódicos de la época y en los libros de escritores aragoneses como Juan Moneva y Puyol. En la investigación de la vida de Santiago Dulong y María Isabel Montesinos Félix encuentra muchas cosas, pero también encuentra callejones sin salida, obstáculos burocráticos e incógnitas.

Dice Félix: “Este no es un libro sobre la justicia imposible que se administra sobre los muertos, sino un libro sobre las palabras. Palabras jurídicas. Palabras periodísticas. Palabras médicas. Palabras policiales. Testimonios orales. Palabras al viento, como el que azota ahora las ventanas de la habitación en la que escribo”. Noche de los enamorados es también una forma de levantar las palabras para ver qué hay debajo. Y Félix Romeo, que era un gran aficionado a los diccionarios y escribió muchos, recurre con frecuencia al Diccionario de la Real Academia para buscar las palabras. Arcadi Espada dice que en cuanto detectas lo que oculta un eufemismo, ya lo has desactivado. Ese es uno de procedimientos que emplea Félix, pero no el único. Dice Félix también: “Tengo que agarrar esas palabras que describen lo que sucedió instantes antes de la muerte de María Isabel”. He leído varias veces el libro, y me impresiona su composición: la habilidad con la que Félix juega con los tiempos y con los testimonios, la importancia de los detalles, como la caída del pelo en la cárcel o el pelo que Santiago Dulong le corta a su mujer para dejarla “pelona” y quitarle su atractivo, como el dolor que siente Dulong al orinar y la meada de su mujer en el patio de casa horas antes de morir. Es un libro breve, pero lleno de cosas, donde todo significa mucho y no hay ningún elemento colocado por azar.

Noche de los enamorados también es un libro obsesivo, febril. Félix Romeo tuvo durante mucho tiempo ese caso en la cabeza, y no es difícil imaginarlo escribiendo de madrugada. Pocas lecturas me han transmitido una sensación comparable de intensidad e intimidad. Como en muchos de sus textos, hay un elemento metaliterario, una reflexión sobre lo que está escribiendo y sobre cómo debe leerse. Hablando de un policía que investigó los hechos con el que intenta contactar, dice: “Así que aquí falta su nombre y también falta su versión de la historia, o lo que ahora recuerde de esa historia que sucedió hace dieciséis años y que yo, no sabe por qué motivos, porque yo tampoco los conozco, vengo a remover, y de los que no pueden salir más que moscardas, gusanos y mal olor”. Y este libro, de una manera extraña, es una especie de autobiografía iceberg que casi puede pasar inadvertida porque, quizá al contrario de lo que parecía, Félix Romeo era un hombre muy pudoroso. Aquí Félix habla de su llegada a la cárcel, en unas páginas tremendas sobre el mal olor y la suciedad, que son dos de los temas de Noche de los enamorados. Habla también de su carrera de escritor: ingresa en prisión nada más publicar Dibujos animados. Su segunda novela, Discothéque, aparece también en el libro, porque es una novela que tiene mucho que ver con la violencia y la cárcel y hay un personaje inspirado en Dulong. También aparece Amarillo, el libro donde Félix hablaba del suicidio de su amigo Chusé Izuel. Noche de los enamorados tiene que ver mucho, además, con la escritura esencial y testimonial de Amarillo. Aparece también el programa de televisión La Mandrágora. Y aparece su novia, la pintora Lina Vila, que le ayuda en la investigación y ha hecho una portada en perfecta sintonía con Noche de los enamorados. Ismael Grasa ha dicho que es el libro del hijo de un policía, y creo que es una observación brillante: es una investigación corregida. También creo que Dulong es una especie de retrato en negativo, de opuesto o, como se dice en la Guerra de las Galaxias, de reverso tenebroso de un hombre enamorado del amor, que presumía de que tenía el nombre muy bien puesto: “Feliz Romeo”. Hay un momento en el que Félix se pregunta por qué le atrae esta historia y habla de “asomarse a un espejo oscuro”.

 

Félix Romeo tenía una idea moral de la literatura. La hemos visto en sus libros y en sus críticas. Una vez me dijo, en La Caja de los Hilos, “La literatura se escribe contra el mal”. No creo que este libro sea una manera de ajusticiar a unos difuntos y no me cuesta nada imaginar a Félix huyendo de cualquier interpretación solemne, pero creo que sí que es un libro sobre la justicia, y en cierta manera un intento de reparación. Félix Romeo habla de: “la evidencia de que la víctima se ha convertido en culpable. Ha pasado a ser la responsable de su asesinato. La que va a ser realmente juzgada”. Es un libro humanista, valiente y generoso: es la defensa de una víctima, no solo ante su asesino, sino ante la pereza, el apriorismo, la negligencia y la indiferencia que conspiran para admitir que, más o menos, Dulong solo dio un empujón a su mujer hacia la muerte. Es un libro contra la clasificación y la generalización: contra el psicólogo que, cuando le entrega un test a Félix en la cárcel y él se niega a responderlo, dice que ya se lo esperaba. Contra los policías que dicen que están hartos de tener que ir a casa de Santiago Dulong y que la próxima vez que los avisen sea cuando haya sangre. Es decir: una exprostituta, alcohólica y probablemente infiel, una mujer por cuyo asesinato no protesta nadie, también tiene dignidad. Por supuesto, no merece que la maten; pero, además, no merece que la juzguen por su forma de vida. Creo que esa es una de las cosas que quería decir Félix con este libro. Y quizá parezca una obviedad, porque España ha cambiado en estos dieciséis años, pero el mismo Félix decía a menudo que muchas veces olvidamos cosas obvias que son también esenciales. Noche de los enamorados, en cierta manera, reconstruye esa dignidad violada: lo hace recreando el crimen, desmontando el descuido y la parcialidad de la investigación, pero también especulando sobre la vida de María Isabel o emparentándola con personajes de la historia y la literatura, como Frida Kahlo, Artemisia Gentileschi, Sherezade u Ofelia.

Esas referencias son todo lo contrario de la pedantería: son una forma de reconocer la humanidad de esa persona. Porque creo que Félix pensaba que la literatura sirve precisamente para eso: para revelar nuestras aristas, para mostrar la complejidad de todos, pero también una dignidad y una libertad que son al mismo tiempo individuales y universales. A veces, para mostrarla solo hay que saber mirar, ser capaz de ver. Y por eso Noche de los enamorados es un libro perturbador, obsesivo y profundamente moral: en cada una de sus páginas oigo hablar a nuestro amigo de cosas que le importan a él, y, como tantas otras veces, su voz imprescindible, hermosa y clara me recuerda que nos importan también a todos.

*Texto leído en la presentación de ’Noche de los enamorados’ (Mondadori) en el Teatro Principal de Zaragoza. [En la foto Félix con Lina Vila Vila en mi casa en una foto de José Antonio Melendo.]

 

FÉLIX ROMEO: ¿POR QUÉ ESCRIBO?

FÉLIX ROMEO: ¿POR QUÉ ESCRIBO?

[En la revista ‘Minerva’ del Círculo de Bellas Artes, Félix Romeo Pescador (Zaragoza, 1968-Madrid, 2011) publicó en 2009 este texto sobre las razones de la escritura. Es un texto que rezuma talento, sinceridad, hondura, vocación narrativa. Literatura. Ayer lo rescató Luis Alegre en su intervención –tras las de Eva Puyó, que presentó a Félix como un precursor del facebook,y la de Daniel Gascón, que analizó ‘Noche de los enamorados’-, y lo leyó con un sentido teatral, con sus pausas y silencios, con emoción y con ritmo. Ante textos como éste, es fácil quedarse un poco perplejos de asombro: cuánta vida hay detrás, cuánta pasión por la palabras, por los seres humanos, por la invención, cuánta autobiografía dolorosa y exultante... Esta foto de Félix escribiendo está realizada por Aloma Rodríguez, que montó ayer el vídeo que se proyectó en el Teatro Principal.]

 

¿POR QUÉ ESCRIBO?

 

 


Félix Romeo

Escribo porque soy diferente.



Escribo para ser diferente.



Empecé a escribir porque era diferente. Empecé a escribir porque quería ser diferente. Nadie quería ser escritor cuando yo decidí ser escritor. Recuerdo a un niño que quería ser dentista y a otro que quería ser mecánico. Tenía doce años. No conocía a ningún escritor. Nunca había hablado con un escritor. Había leído a Rimbaud. Había leído una biografía de Rimbaud. Había leído los manifiestos dadaístas y El hombre aproximativo de Tristan Tzara. Siempre había leído. Había leído los libros de Enid Blyton. Había leído los siete secretos y los cinco. Había leído otros libros que no eran de Enid Blyton pero lo parecían, como los de los tres investigadores.

Y, antes de que supiera leer, mi madre me leía cuentos y me contaba historias que yo entendía a medias: historias de su pueblo, Castejón de Tornos, Teruel, junto a la Laguna de Gallocanta, que para mí estaba tan lejano como Tokio; historias de estraperlos; historias sobre la obstinación de los burros, sobre todo cuando hacía un frío del demonio y al parecer lo hacía siempre; de los maquis y sus razias; historias del azafrán y la dificultad de conseguirlo; historias de los carnavales secretos de la posguerra, con ensabanados y rondas; de las cartas de amor que le enviaba mi padre... personajes abandonados en mitad de la nada que trataban de escapar no se sabe de dónde ni cómo. Unas historias que luego leí en Agota Kristof.



Quería ser un escritor porque era diferente y quería ser un escritor de los diferentes. Digo escritor, pero lo que yo quería era ser un poeta diferente. En 8º de EGB fabriqué mis primeras plaquettes fotocopiadas. Las destruí poco después porque me daba vergüenza escribir tan mal. Ahora puedo decir que en esas plaquettes está lo mejor que he escrito.

Aunque quizá leía más solo que escribía solo, porque entonces publiqué mis primeros poemas en una revista. No guardo ni un ejemplar. Me avergonzaba esa revista, sabía que estaba mal hecha, que era cutre... y aunque sabía que la revista estaba mal hecha y que era cutre, me sentía feliz porque publicando en esa revista que me avergonzaba me convertía en escritor. Nadie lo sabía, pero yo había cruzado una línea y ya no podía volver atrás. Recuerdo el nombre de la revista.


Escribo porque tengo miedo: antes cuando tenía miedo me metía debajo de la cama. Escribo para levantarme cuando quiera. Escribo para acostarme cuando quiera. Escribo para imponer mi versión de los hechos. Escribo por envidia. Escribo por fascinación. Escribo para ser feliz. Escribo para ganar dinero. Escribo para saber cómo escribo. Escribo para que se publique lo que escribo. Escribo para seducir. Escribo para ser apreciado. Escribo para existir. Escribo para ser visible. Escribo para despertarme cada día en un lugar del mundo. Escribo para que me insulten. Escribo para seguir vivo. Escribo para no matarme. Escribo para saber lo que pienso. Escribo para mentir. Escribo porque soy feliz. Escribo para pedir perdón. Escribo para no pedir perdón. Escribo porque cuando escribo no vivo. Escribo para vivir más tiempo. Escribo porque me lo piden. Escribo porque no me reconozco en las fotografías. Escribo porque quiero dar mi versión de la historia. Escribo porque en mi escritura sólo mando yo. Escribo porque me gusta escribir. Escribo porque no sé conducir. Escribo porque soy vanidoso. Escribo para perder el sentido. Escribo porque busco el sentido. Escribo como el cultivador de champiñones: con los pies enterrados en mierda y con la certeza de que el producto no es un manjar. Escribo como el pescador de un barco congelador. Escribo para follar. Escribo para respirar. Escribo para no tener que escribir. Escribo para mirar todo y todo el tiempo. Escribo para recordar. Para recordarme. Para volver a alcanzar ese estado febril. Febril y fabril. Escribo por insatisfacción. Escribo por venganza. Escribo por remordimiento. Escribo para confesar mis pecados. Escribo para esconder mi vergüenza. Escribo para reírme. Escribo porque me da miedo el fuego.


Escribo porque tengo algunas historias viejas que contar. Las que me llenan la cabeza ahora sucedieron todas antes de que cumpliera veintiocho años: la de un asesino que mató a su mujer y con el que compartí celda en 1995 en la cárcel de Torrero de Zaragoza, que ya ha desaparecido, demolida por la piqueta; la de una loca, prima de mi padre, a la que visitamos en un manicomio de Valencia en el verano de 1975; la de unos curanderos de Petrel, Paco y Lola, que visitamos cuando mi abuela Rosario había sido desahuciada por los médicos.


Mi padre me cedió su máquina de escribir. Y una vez que se la arrebaté ya no podía cambiar: tenía que escribir y tenía que ser escritor. Ahora, más que diferente, me siento extraño.