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Antón Castro

Escritores

LAURA FREIXASY JAUME CABRÉ VISITAN ZARAGOZA ESTA SEMANA

[Recibo este correo de la librería Cálamo acerca de dos presentaciones de esta semana. Laura Freixas, escritora, editora y experta en literatura femenina, y Jaume Cabré, quien, con su ‘Yo confieso’, ha sido el autor del año para ‘El Cultural’ de ‘El Mundo’.]

 

Martes 17 de enero de 2012  a las 20 horas en Librería Cálamo

Laura  Freixas nos presenta su última novela, Los otros son más felices, obra publicada por Ediciones Destino. Acompañarán a la autora Eduardo Bandrés, catedrático de Estructura Económica de la Universidad de Zaragoza, y Miguel Mena, escritor y periodista.

Sinopsis de Los otros son más felices. Áurea es una chica de 14 años, madrileña de origen manchego, que va a pasar el verano a la casa de unos familiares lejanos en un pueblecito de la costa Brava. El contraste entre los esfuerzos inútiles de su madre por sacudirse de encima la catetez, que la hacen caer en el ridículo, y el aire aparentemente desenfadado, abierto y culto de sus«primos ricos» compondrán el germen de un malestar que hará que su vida cambie de rumbo radicalmente. Muchos años después, Áurea desentraña algunas respuestas a las preguntas que se ha hecho durante todo ese tiempo. Preguntas acerca de un verano rico en acontecimientos y en el que Áurea conocerá el arte, la belleza, el estilo, la elegancia y la cultura. Una vida verdadera que sin embargo esconderá también mentira, fingimiento y decepción, y que encerrará la clave de un secreto vital que no acierta a desvelar.

Laura Freixas. Barcelona, 1958. Hizo el bachillerato en el Liceo Francés y estudió Derecho por equivocación. Su primer empleo fue redactar una novela de aventuras por encargo de un fabricante de embutidos (es una de las cosas que cuenta en este libro). Fue estudiante en París y lectora de español en remotas universidades inglesas. Ahora vive en Madrid y ejerce trabajos varios —editoriales, periodísticos, docentes— con los que compra tiempo para escribir. Es autora de dos libros de relatos, El asesino en la muñeca y Cuentos a los cuarenta, del ensayo Literatura y mujeres, la antología Madres e hijas, y tres novelas, Último domingo en Londres, Entre amigas y Amor o lo que sea.

 Jueves 19 de enero de 2012 a las 19.30 horas en Librería Cálamo 

Jaume Cabré visita Cálamo para hablarnos de su última novela, Yo confieso, publicada por Ediciones Destino. El libro será presentado, diálogo con el autor, por el escritor y periodista Antón Castro.

Sinopsis. Si la tienda de antigüedades de la familia es todo un universo para el niño Adrià, el despacho del padre es el centro de ese universo y su tesoro más preciado un magnífico violín Storioni, en cuyo estuche aún se aprecia la sombra de un crimen cometido muchos años atrás. La infancia y la adolescencia de Adrià, llena de preguntas sin respuesta, de juegos solitarios y de falta de calor, está dedicada al estudio de la historia y de las lenguas, tal como quiere el padre, y a la práctica del violín, siguiendo los deseos de la madre. Pero un accidente acabará con la vida del padre, sumiendo a Adrià en un estado de culpabilidad y llenando su mundo de secretos y turbios misterios que tardará muchos años en despejar. Una novela ambiciosa, monumental y maravillosa que nos habla del poder, el dolor y la penitencia, el mal y la redención, la venganza, el amor, la culpa y la posibilidad del perdón, y que de la mano de una escritura brillante y a través de una imponente historia recorre los momentos estelares de la historia occidental.

El autor. Jaume Cabré (Barcelona, 1947) es un autor fundamental de la literatura catalana contemporánea. Durante muchos años compaginó la escritura con la enseñanza y los guiones para cine y televisión. Su labor literaria está centrada en la novela y el relato, pero también ha publicado teatro y varios libros de reflexión sobre la escritura y la lectura. Su obra, con títulos como La telarañaFray Junoy o la agonía de los sonidosLibro de preludiosSeñoríaLas voces del Pamanoy el libro de relatos Viatge d’hivern, se ha traducido en más de quince países, consiguiendo un éxito arrollador en Alemania, Italia, Francia y Holanda, y convirtiéndolo en uno de los autores imprescindibles del panorama literario actual.

 *La foto de Laura Freixas pertenece a 'El Cultural' y la de Jaume Cabré a 'El País'.

ELÍAS MORO Y SUS 'MORERÍAS'

ELÍAS MORO Y SUS 'MORERÍAS'

Elías Moro Cuéllar es uno de esos seres enfermos de literatura y de palabras, marcado por un especial sentido de la amistad. Residente en Mérida y madrileño de 1959, Zaragoza se ha convertido en su ciudad de los afectos. Aquí tiene ya un montón de amigos, y no hay semana en que no mande algunos de sus mensajes: correos, cartas, portales, libros, folletos o sus publicaciones nuevas. Siempre piensa en los demás, y en eso se parece un poco a Félix Romeo: encuentra en librerías de viejo o en su poblada biblioteca libros que sabe que te van a gustar: a mí me ha mandado cosas de Ramón Acín, de Camilo José Cela (a propósito de su pasión por el fútbol) o de Manuel Rivas. Y de otros autores a Fernando Sanmartín, Pepe Melero, Cristina Grande... Ayer llegó un librito que hizo para los amigos, con colofón del 22 de diciembre de 2011, fecha del nacimiento de Álvaro Cunqueiro Mora. Se titulas ’99 Morerías’ y es su personal homenaje a Ramón Gómez de la Serna y sus greguerías. Dice por ejemplo: “Las pisadas del hipopótamo son un terremoto para las hormigas”; “Los micrófonos están siempre como a punto de ser besados”; “Los grillos siempre tienen la misma conversación”; “El viento no es más que un aire que ha salido de parranda; eso sí, con unas copas de más”; “A la lavadora le gusta comerse un calcetín de vez en cuando”; “Los pájaros son la banda sonora del aire” o “El periódico se ríe de nosotros todos los días con las mentiras que nos cuenta”... Y así hasta 99, en esta entrega que consta de 99 ejemplares y que está dedicada a Isabel Román.

Otras ’Morerías’:

La tristeza es una risa que no encuentra la puerta de salida

El ojo de la cerradura multiplica la belleza de lo prohibido

El pijama es el traje de faena de los sueños

La cicatriz es la memoria de la herida

 

*Dos fotos de Elías Moro Cuéllar, la segunda es de Jorge Armestar, un retrato de Alfonso de Ramón Gómez de la Serna.

DIÁLOGO CON MANUEL VILAS: PUBLICA 'LOS INMORTALES'

El escritor Manuel Vilas (Barbastro, 1962) acaba de publicar en Alfaguara su nueva novela: ‘Los inmortales’, un libro que incorpora fotografías y que sigue la estética de su novela anterior ‘Aire nuestro’. Es un libro inequívocamente culturalista, pero con esa mirada deformadora, grotesca y libre que usa Manuel. Aquí el protagonista se llama Saavedra. Alfaguara me hace llegar esta entrevista con el autor, que presenta su libro el viernes de la semana que viene en Zaragoza.

 

 

“NO PUEDO ACEPTAR LA MUERTE, ME

PARECE UN ERROR DE LA NATURALEZA”

 

Entrevista de ALFAGUARA.

Pregunta. Es Aristo Willas, en el futuro más lejano posible (22011) quien nos abre la puerta a la historia, tras el hallazgo del manuscrito que vuelve innobles a sus antepasados, los primeros inmortales, ¿por qué decidiste utilizar ese marco narrativo?

 

Respuesta. Utilicé de una forma paródica el viejo recurso del manuscrito encontrado. Toda la novela de Los inmortales es un manuscrito encontrado en el año 22.011 por un personaje llamado Aristo Willas. En el año 22.011 la inmortalidad es un bien espiritual del que gozan todos los seres humanos. Es un bien noble y elevado, una conquista espiritual y material. En cambio, en ese manuscrito, que pertenece al siglo XXI, es decir, a nuestra época, la inmortalidad es una aspiración cómica. Con ese contraste entre lo trágico y lo cómico arranca la novela.

 

P. Si en Aire Nuestro se deformaba hasta la carcajada histérica (y maravillosa) una cadena de televisión, aquí se hace lo propio con una novela, que en este caso parece, como dice el propio Aristo Willas, una novela de caballerías invertida, siniestra, innoble para con los futuros inmortales. ¿Dirías que es una novela cervatina deconstruida?

 

R. Hay muchas cosas de Cervantes en Los Inmortales. Cervantes para mí es un misterio. Pero ese personaje de mi novela, llamado Aristo Willas, habla desde un punto de vista shakesperiano. Aristo Willas condena Los Inmortales, porque es una obra cómica. Tragedia y comedia se enfrentan en las primeras páginas de la novela, la galaxia Shakespeare frente a la galaxia Cervantes. Pero, efectivamente, esta es una novela cervantina. Mi cervantismo reside en que no consigo ver la realidad, eso me hace tolerante, y también compasivo. Los Inmortales nace de mi experiencia de ver morir a gente a la que quería. No puedo aceptar la muerte, me parece un error de la naturaleza. Corrijo ese error con la literatura. Me he inventado una inmortalidad made in Vilas. La muerte ya no existe para mí. He escrito esta novela contra la muerte.

 

P. El homenaje a Cervantes está servido desde el arranque (Saavedra). Y vuelven a aparecer algunos de tus ya clásicos: Johnny Cash (aunque esta vez sólo se le mencione), Juan Carlos I, Lorca, Picasso, ¿quién dirías que es el protagonista de esta historia?

 

R. El protagonista es Saavedra, un tipo que da la sensación de que es la reencarnación  de Cervantes; sin embargo, él nunca llega a afirmar tal cosa. Aunque no preside todos los capítulos de la novela, Saavedra es el personaje que más aparece y el que más protagonismo concentra.

 

P. El humor (negro, bizarro) es el motor de cada una de las escenas (encarnado en misiones delirantes que incluyen degustar miles de hamburguesas del McDonald’s y cortar cabezas de directivos de Movistar.), ¿es una suerte de botón que desactiva la realidad o dirías que la hace aún más real?

 

R. Pensé en las misiones de la caballería andante del siglo XV y he intentado buscar el equivalente de esas misiones en el siglo XXI. A un personaje de la novela, Corman Martínez, se le pide que visite todos los McDonald´s de la tierra. Es una prueba heroica. Hay crítica social posmoderna en la novela. Un personaje recibe el encargo de cortar cabezas de directivos de telefonía móvil. Los personajes de mi novela piden justicia, pero no saben cómo lograrla. No saben dónde está la justicia.

 

P. Vuelves a aparecer como personaje, esta vez, camino de la Luna. ¿Hay algo de crítica al delirio de las lecturas poéticas en lugares de lo más insospechado?

 

R. No lo había pensado, pero imagino que sí, que hay una crítica lúdica a ciertos excesos del “estado cultural”. No sé si crítica o celebración. Puede que haya una exaltación enloquecida de la cultura. El último grado al que hemos llegado como civilización es a la creación de estados culturales, creo que eso es de lo que trato en ese capítulo, en el que un poeta llamado Manuel Vilas, en el año 2040, viaja a la luna junto con otros seis poetas, con el encargo de componer un poema sobre la luna a pie de luna. Veremos cosas así en el futuro. La cultura ya no tiene poder transformador, es un espectáculo más, eso he querido decir allí.

 

P. En un momento determinado, Corman Martínez, el personaje que habla con Stalin, ve de forma simultánea El Día de la Bestia y Los Lunes al Sol porque considera que cada una de ellas resume una de las dos Españas, la del esperpento la primera, la de la reflexión la segunda, ¿dirías que tu narrativa hace algo parecido?

 

R. Ese es un capítulo muy bestia. Trata de España a través de dos películas recientes. En las dos se dibuja una visión de España. Sí, yo creo que mi narrativa también busca reflejar la sociedad española, representar el país en el que vivimos. No es una tarea fácil. También se invoca a Larra en ese capítulo, en la medida en que fue uno de los pioneros en tratar el tema de España desde la modernidad. Valle-Inclán y Luis Buñuel también están presentes. Ya nadie sabe quién fue Mariano José de Larra, eso me parece divertido. Pronto no sabremos quién fue Galdós. Y pronto no sabremos quién fue Felipe II. No critico esto, me parece gracioso. Además, todo esto acaba confirmando mi teoría de que la Historia está mutando.

 

P. Ponti (Juan Pablo II) está fascinado por la sección de electrodomésticos de El Corte Inglés y por el tacto de los neumáticos nuevos, ¿hasta qué punto el consumismo nos está consumiendo?

 

R. Ponti exalta la materia. Ponti es una abreviatura de Pontífice. En la novela hay una exaltación de lo material. Una fascinación por tocar frigoríficos, televisores, microondas, ruedas de automóvil. Ponti entiende que toda esa materia lleva oculto un significado trascendental. Es como si bendijera el avance de la industria. Piensa que los seres humanos están acercándose a Dios. Es una sacralización del consumo, es otra vuelta de tuerca a la crítica del consumismo. Es la divinización del consumismo. Ya casi no hay crítica, sino gozo. Para Ponti la riqueza material de este siglo XXI es un misterio tan grande como el de la Eucaristía.

 

P. La fascinación que sienten todos los viejos inmortales por los avances de la técnica (los ordenadores portátiles, el aire acondicionado, ese tipo de cosas) deshonra la inmortalidad en sí y la convierte en una inmortalidad de saldo (sólo en algunos casos), ¿es el ser humano hoy menos noble de lo que lo era antes (y sitúa ese antes donde lo creas oportuno)?

 

R. No, yo creo que el ser humano está mejor ahora –desde cualquier punto de vista, político, económico, social-- que en cualquier otro momento de la Historia. El problema es que mi novela niega la Historia. Se dice todo el rato que sólo existe el Presente. La muerte es solo un lugar del estadio evolutivo del ser humano. El ser humano acabará siendo inmortal. Tal vez ya lo sea. La muerte es inadmisible. Por eso me interesa la Ciencia Ficción, y mucho. Porque en el futuro nadie morirá. Lo veo clarísimo. A los ojos de los que vendrán, nosotros seremos pobres neardentales. Inspiraremos mucha lástima. Eso ya lo dice Aristo Willas al principio de Los Inmortales. Haber nacido en esta época significa que, desde un punto de vista tecnológico, aún tendrás que morir. Es mejor nacer dentro de 20.000 años. Nos confundimos naciendo ahora. Por la maldita prisa en nacer. Morirse es patético, es como seguir viajando en mula en vez de  viajar en un avión supersónico. Un retraso. Yo lo veo así. Dentro de un par de siglos, la gente vivirá ya 140 años. Nosotros seguimos con la expectativa de vida de 80 años como mucho, que es ridícula. Amo la vida, por eso digo todo esto. Imagínate, poder vivir ya 140 años, eso sí es fuerza y grandeza. Yo no pienso morirme, y en cualquier caso volveré.

 

P. Si Manuel Vilas, el único personaje de la novela que le teme a la muerte, fuese inmortal, ¿a cuál de los escenarios que describes (las playas de Cambrils, Santa Cruz de Tenerife, Zaragoza, la Luna, etc.) se desplazaría y qué demonios haría una vez allí?

 

R. Yo creo que la luna. Intentaría comprender desde allí qué es la vida humana, qué demonios hacemos mientras vivimos. Intentaría ser feliz en la luna, pero buscaría saciar mi curiosidad. En realidad, la novela toca el tema del conocimiento humano. Como no podemos llegar a conocer la verdad, los personajes se refugian en el amor. El amor es la única alternativa siempre. Al final, Los Inmortales se convierte en una novela de amor.

RAÚL ARIZA: UN CUENTO CORTO

El escritor de Castellón Raúl Ariza, especialista en narrativa breve y autor de ’Elefantiasis’, me ha manda un cuento corto casi a modo de bienvenida en este blog al nuevo año.

 

 

LA VIEJA CASA DEL PUEBLO

Por Raúl ARIZA


Todo comenzó hará un mes, cuando descubrí un ligero desconche en una de las paredes del salón. Una pequeña calva en la pintura que tan solo reflejaba la edad de la edificación, el desgaste por el uso y el descuido en estos últimos años, en los que ya no servía ni como vivienda de temporada.

La casa del pueblo era de la robustez y la envergadura que le recuerdo a mi padre. De paredes gruesas y techos altos. Tras mi separación, mis padres me la dejaron en uso porque no podía pagarme una de alquiler. Realmente fue mi madre quien terció por mí, porque con mi padre hacía varios años que no me hablaba y apenas nos veíamos. Siempre nos quisimos pero, o bien dos caracteres encontrados o bien una cabezonería compartida, lo cierto es que el distanciamiento, agravado desde que hace un par de años me casé con quien hoy ya es mi ex, era un hecho.

Lo de la casa comenzó, como he dicho, con una cuestión estética sin mayor trascendencia, sin embargo, en poco menos de un par de semanas el problema se agravó de repente, apareciendo, inesperadamente, enormes e inquietantes fracturas por todas partes. Primero fue en el largo pasillo, que tiene la grisura del carácter que he heredado de mi padre, donde una mañana encontré una grieta que, como una gran falla, cruzaba de este a oeste una extensión de casi seis metros de largo. Después fueron la cocina, en la que cayeron varios azulejos y se descompensaron los armarios, y los dos baños, que acabaron inundados tras la rotura de sus cañerías. Por último, el dormitorio conyugal presentó de un día para otro un estado ruinoso, amenazando desplome en cualquier momento. Su techo amaneció rajado en sentido longitudinal, la pared maestra sucumbió un par de centímetros al menos, y parte de la moldura que circundaba la estancia cedió, llenándolo todo de cascotes. Por miedo a quedar soterrado bajo una pila de escombros, tuve que cambiar de habitación y volver a la que ocupaba de crío cuando veraneábamos aquí. Anoche, mientras trataba de dormir entre tanto crujido amenazante, pensé y luego soñé con el viejo.

Esta mañana no me ha dado tiempo ni a desayunar. Tras un extraño ruido, algo así como el sordo crujido de una rama al partirse, la casa se ha escorado hacia la derecha como el casco viejo de un barco que hace aguas. Ha sido tan brusco el azote, que apenas me ha dado tiempo de coger las cuatro pertenencias que he podido y de salir medio desnudo a la calle. Un par de minutos después, la casa se ha desplomado frente mí.

Al conectar el móvil para llamar a la familia y contar lo sucedido, he comprobado que tenía varias llamadas perdidas de mi hermano mayor. Papá ha fallecido. Me ha dicho. Por lo visto, andaba desde hace más o menos un mes con algún que otro achaque sin demasiada importancia, pero no ha sido hasta estas dos últimas semanas cuando su progresivo deterioro se ha hecho manifiesto y alarmante, hasta que, después de estar un par de días hospitalizado, hoy, con el primer sol de la mañana, su corazón se ha derrumbado.

 

*Arriba, retrato de Raúl Ariza. Y luegos dos retratos de León Riesener: Una de su mujer, otra de Delacroix.

CASTELLÓN Y COLÓN EN EL PRINCIPAL, DÍA 11

Este miércoles, once de enero de 2012, en el Teatro Principal de Zaragoza, Ismael Grasa presentará una obra de teatro de Alfredo Castellón Molina: dramaturgo, cineasta, realizador de televisión, narrador. Se trata de ‘Aquellos pájaros anunciaban tierra’, centrado en la figura de Cristóbal Colón. El texto había sido leído, tiempo atrás, por Alfonso Desentre en la Biblioteca de Aragón. Hace algunos años ya. La profesora y traductora María Rosa Burillo ha escrito este texto sobre Alfredo Castellón, ese hombre de ojos azules que hizo más de 400 programas de ‘Estudio 1’ y que dirigió proyectos como ‘Mirar un cuadro. Ha hecho, además, dos películas: ‘Platero y yo’, basada en el libro homónimo de Juan Ramón Jiménez, y ‘Las gallinas de Cervantes’, que parte del texto breve de Ramón José Sender.

 

 

 

EL ‘COLÓN’ DE ALFREDO CASTELLÓN

 

Por María Rosa BURILLO

 

 

Pasados los años, llegarán tiempos/ en los que el Océano desatará sus lazos,/y aparecerá  una  inmensa tierra,/ y Tifis descubrirá nuevos mundos,/ y no  será ya Thule el fin del orbe.

 

El miércoles 11 de enero de este año 2012 recién estrenado, a las 19.30, se presenta en el Teatro Principal de Zaragoza el libro de Alfredo Castellón, Aquellos Pájaros Anunciaban Tierra, una obra de teatro sobre los avatares de Colón en su empeño por llegar más allá de la mar océana. Cuando pregunté a Alfredo porqué había elegido un personaje del que se ha escrito tanto, me dijo sencillamente: “Siempre me han interesado las personas que miran un poco más allá”.

La historia es muy hermosa, se advierte enseguida que se ha documentado a fondo para escribirla pero lo que más me ha interesado es la humanidad del personaje y la propia estructura del texto. Hay episodios cargados de ternura, la que muestra Colón hacia su hijo Diego. Se reivindica la figura del Rey Fernando de Aragón y su papel crucial en la empresa del descubrimiento, un hecho que las historias populares parecen haber dejado de lado dando todo el protagonismo a Isabel de Castilla. Hay unos pensamientos muy hermosos del propio Colón, sus reflexiones, su tesón, y muchos detalles originales que captan la mente del espectador -la lectura es todo un espectáculo poético visual- y le hacen querer ir hacia delante.

Castellón maneja a la perfección los diálogos, detrás de ellos la experiencia de toda una vida haciendo cine, teatro, televisión… Sabe muy bien dónde colocar el contrapunto humorístico que suavice la tensión y lo hace con el episodio del “santo veedor” una mezcla de ternura, socarronería y sutil crítica social que dice mucho del propio autor del texto. Pero lo mejor es que la disfrutéis por vosotros mismos…

 

 

RETRATO DE JESÚS TENA, CON DIARIO

Esta mañana, a las doce, en el Centro Cultural de Urrea de Gaén se presenta el nuevo libro de JesúsTena; sus memorias. Me pidió un pequeño prólogo y aquí. Jesús es uno de esos seres entrañables de la localidad bajoaragonesa, cuyo padre también escribió sus ‘Memorias’.

 

Un cuadro de Urrea de Alex Mirasol.

 

HISTORIAS SENCILLAS PARA SIEMPRE

 

Los Tena siempre han sido un poco especiales: se han sentido arraigados en la vida popular, en la tierra y en el paisanaje, y siempre han querido dar cuenta de sí. Contarse y contar lo que ocurría a sus hijos a través de palabras sencillas, transparentes como un hilillo de agua, emocionantes como una tormenta en la primavera florida del río Martín. El abuelo paterno Ángel Tena dejó su testimonio a sus hijos y nietos; lo mismo hizo Bautista con su libro de recuerdos y confidencias, ‘Ni novela’, que era como un diario y un cuaderno de notas a lo largo del tiempo donde hablaba de las historias menudas del pueblo, de la familia y de sí mismo. Jesús Tena Pérez, hijo de Bautista y nieto de Ángel, ha hecho lo mismo: ha querido anotar día a día, mes a mes, año a año, esos acontecimientos minúsculos o no tan minúsculos que han conformado su existencia y la de los sus vecinos: los urreanos. Y no solo eso: también se afirma y se desnuda, como se ve en la confesión de su fe espontánea y en su defensa sin estridencias de los homosexuales.

Conozco a Jesús Tena desde mi llegada a Urrea de Gaén en agosto de 1991, prácticamente. Y siempre me ha parecido un hombre especial: dulce, afectuoso, de convicciones, uno de esos ciudadanos que pasaba por la vida con intensidad, disfrutándola en todas sus dimensiones: en la intimidad, en la cofradía, con el grupo de amigos, en la taberna, en el campo y en la mina. Podríamos decir que Jesús Tena era un hombre de su tiempo y a la vez un hombre inscrito en una buena porción de tradiciones: las romerías, la Semana Santa, los secretos del campesinado como la dula o el ador, e incluso la política. En uno de los fragmentos de su memoria recuerda cuando era concejal de Urrea de Gaén y el viaje que hizo con su corporación al Palacio del Pardo para darle una distinción al general Franco: la emoción, la tensión y el silencio se cortaban con el aliento.

Jesús Tena Pérez empieza el libro de una manera casi inesperada: relatando la historia de ‘Los zapateros’, dos personajes muy peculiares que pertenecía a la Brigada 32 del ejército republicano, que orinaban a través de una caña y que participaron en la vida cotidiana de Urrea de Gaén hasta que apareció un cazador de maquis. Y a partir de ahí evoca al maestro Ángel Gargallo, que era como un segundo padre, afectuoso y próximo, y a la señora Pabla, la maestra de párvulos que les llenaba aquella infancia inicial de cuentos de hadas. La jota ocupa un lugar importante, y entre los joteros, y hay muchos en el libro, está Alfonso Zapater, procedente de Alcañiz, creador de la jota de Albalate y campeón de campeones; Jesús, que siempre lo ha guardado todo, recuerda que tiene en sus manos una poesía de su hijo Alfonso Zapater Gil, escritor y periodista, y la rescata. En ese viaje por la infancia, hay prodigios, historias de personajes pintorescos, bromas y veras, juegos, notas sobre la matacía y sobre algo más insólito: las técnicas para “encorrer buitres”. Más que una técnica quizá fuera una travesura de críos.

Jesús le da libertad al carrete de la imaginación y de la memoria, y realiza un inventario de sucesos y azares como la llegada de aquellos húngaros y titiriteros que traían osos y monos y proyectaban el cine ante una fachada bien encalada. Narra su primer viaje a Zaragoza, y el deslumbramiento que le produjeron las calles y el Pilar; y ya puesto, Jesús, que está en ese momento en que la vida se expande con  auténtico vértigo, recrea sus primeros viajes a Albalate del Arzobispo.

El libro está lleno de criaturas insólitas, de fiestas, de diversos hechos cruciales (como la llegada de la luz a Urrea de Gaén, pongamos por caso), pero hay notas que son verdaderamente jugosas. Recuerda Jesús que en el pueblo había muchos pastores y labradores, pero quizá ninguno tan especial como Tomás ‘el Chirón’, que no solo se iba por aquí y por allá con los rebaños durante el día sino que aprovechaba los días de plenilunio para arar la tierra. Este detalle tan bonito refuerza una idea del libro: se cuentan historias populares, de seres de carne y hueso, de gente que se esforzaba para vivir y para sacar adelante un jornal complementario para los suyos. La última parte del libro está llena de protagonistas así: transidos de humanidad y de ternura, un poco raros también, pero fascinantes. Entre ellos, por ejemplo, aquel campeón de carreras pedestres llamado El Royo de Urrea.

También es un libro sobre cómo se desenvuelve la existencia: las huidas de casa, la pesca, el impacto de la guerra civil y, sobre todo, de la posguerra, la llegada del primer tractor al pueblo o la existencia de un perro blanco, llamado Pegaso, que murió de puro viejo tras dejar una huella indeleble; fue un gran animal de compañía que contrasta en el libro con la descripción de un perro feroz.

Cuando rondaba los 40 años, Jesús Tena, merced a la sugerencia de un familiar, decide entrar en las minas subterráneas que tiene Endesa en Ariño. Cuenta cómo fue la experiencia y cómo supo compatibilizar siempre la mina con la agricultura, con la huerta, con la música, con la pasión por las historias. Cuenta también cómo llega el primer ordenador a su casa y a la de su esposa, María Luisa, el amor de su vida y la madre de sus cinco hijos. Por cierto, Jesús cuando era niño tuvo una novia: un día él dijo que Dolores era su novia y a partir de entonces era acogido en su casa con seis o siete años como si realmente lo fuera. Le daban conversación, dulces y lo que hiciera falta. Ahí asoma ya otra virtud del libro: el candor, la mirada humanista, la ternura, un punto de humor y de confidencia muy sincera. Algo que también se vislumbra en la devoción hacia el personaje más importante nacido en Urrea: Pedro Laín Entralgo, que fue agasajado en la localidad en 1996; con aquella visita se rompió un malentendido. Cuando contaba 83 años, Jesús Tena le mandó una bonita carta de felicitación, que transcribe.

El libro revela algo casi primoroso: Jesús Tena se preocupa de sí mismo, de los suyos, pero también de los demás. Aquí hay muchos paisanos, conocidos y amigos, porque este libro es también la crónica de un pueblo y de sus gentes. Urrea de Gaén. Esa villa que se refleja en la corriente del río Martín y en la historia.

'LA HUELLA DE UNA VIDA' DE JESÚS TENA, MAÑANA SÁBADO, A LAS DOCE, EN URREA

PRESENTACIÓN EN URREA DE GAÉN

DE “LA HUELLA DE UNA VIDA” DE JESÚS TENA

 ‘La huella de una vida: historias y aconteceres de mi pueblo’, con el prólogo de Antón Castro y la introducción de Ángel Gonzalvo, es un libro que recoge multitud de anécdotas ocurridas en la localidad de Urrea de Gaén (Teruel) durante el siglo XX, mezclando la simpatía de curiosos personajes de la villa, con la recopilación de costumbres y tradiciones de nuestros pueblos, la mayoría de ellas ya extinguidas. El autor, Jesús Tena, urreano, minero y hortelano de profesión, lleva plasmando su vida en papel desde hace 50 años. Hace unos años, su padre Bautista Tena también publicó una selección de sus memorias. De la edición del libro se ha hecho cargo el Centro de Estudios del Bajo Martín. La presentación tendrá lugar en la Casa de Cultura de Urrea de Gaén este sábado, 7 de enero, a las 12 de la mañana.

CIRÍACO YÁÑEZ: EL REGALO DE DIOS

EL PADRE VINATERO Y EL REGALO DE DIOS

Por Ciríaco YÁÑEZ

Cuando era niño, mi padre cerraba muy tarde su bar, ‘El humilde rincón’. Yo le esperaba todas las noches y ésta aún con más ilusión. Llegaba como a las doce o la una de la noche y siempre traía algún regalo ocurrente o directamente maravilloso, una radio, un coche teledirigido, unos walkie talkies... Algo muy diferente a lo que yo había pedido y que mi madre ya tenía a buen recaudo presta a colocarlo en el árbol. Yo le preguntaba de donde los había sacado y él indefectiblemente me decía que se había encontrado a los Reyes repartiendo y que le habían dado esos juguetes para mí, por ser buen chico. Yo lo quería aún más. Cuando crecí y mis hermanos esperaban a mi padre con sus regalos especiales, adquiridos en el último momento en un comercio que estaba abierto hasta la una, me sentía casi, casi como su paje. Noche de ilusiones. Despertar y ver el regalo esperando, aparecido de la nada. Un regalo del destino, de la ilusión. Un regalo de Dios.

 

[Veo poco a Ciríaco Yáñez, pero nos tenemos mucho afecto. Acabo de recibir este recuerdo, este cuento de Reyes, y aquí lo cuelgo. Conocí a su padre en la calle Madre Sacramento y me gusta mucho esta historia... Esta foto es de Edouard Boubat.]