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Antón Castro

Escritores

GUILLERMO BUSUTIL, EN TROPO

GUILLERMO BUSUTIL, EN TROPO

GUILLERMO BUSUTIL PUBLICA SU NUEVO LIBRO

DE RELATOS ‘VIDAS PROMETIDAS’ EN TROPO

 

La colección Voces de Tropo Editores tiene el enorme placer de incorporar a su catálogo la nueva obra del escritor granadino Guillermo Busutil, Vidas prometidas. Con una voz íntima e inconfundible, Busutil está considerado uno de los mejores narradores españoles de relatos breves. Vidas prometidas es su octavo libro, y en él se despliegan trece historias que hablan de promesas incumplidas y de obsesiones, de personajes que tratan de huir de una realidad defectuosa.

 

En el mundo de Busutil, cualquier lector puede reconocerse, porque sus vidas contienen todas las vidas a través de los pequeños detalles cotidianos que las hacen reconocibles: un par de zapatos, una receta de cocina, un día de lluvia, un trabajo que nos marca… Todo ello, envuelto en una prosa limpia, impecable, que atrapa desde la primera línea.

  

«En Guillermo Busutil el arte del cuento consiste en trazar la vida corriente y diaria como si fuese algo absolutamente fantástico y, en un mismo movimiento, sumergirse en lo fantástico como si fuese algo normal y cotidiano».

Justo Navarro, El Sur

«Los cuentos de Busutil nos descubren, sorprenden, enredan y convencen».

Javier Goñi, Babelia

 

SOBRE EL AUTOR

 

Guillermo Busutil (Granada, 1961) es escritor y periodista. Ha publicado los libros de relatos Los laberintos invisibles, Confesiones de un criminal, Individuos S.A., Marron Glacé, Drugstore, Nada sabe tan bien como la boca del verano y Moleskine. Asimismo, sus cuentos han sido antologados en algunas de las mejores compilaciones del género aparecidas en los últimos años en España, como Pequeñas resistencias, Relato español actual, Narrativa española contemporánea o Brèves. Anthologie nouvelles d’Espagne. Desde 2007 dirige la revista Mercurio, que publica en Sevilla la Fundación José Manuel Lara.

 

*Conozco a Guillermo Busutil y es un animal literario. Se percibe en su trabajo en ’Mercurio’, en prensa y, sobre todo, en su narrativa. Esta nota es del gabinete de prensa de Tropo que ahora coordina el periodista y narrador y bloguero Sergio del Molino.

LA ISABEL FUTURA

[Casi todos los años escribo un artículo sobre Teruel y sobre ’Las bodas de Isabel’. Cuando era adolescente cayó en mis manos ’Los amantes de Teruel’ y por mitología personal, por residencia en tierras turolenses, se convirtió en uno de mis libros casi fetiches. Me gusta mucho toda la fiesta y esa idea de celebración del amor en Teruel. Aquí hablaría una joven que algún día encarnará a Isabel de Segura]

 

La Isabel futura

 

Casi no recuerdo cuando empezaron ‘Las Bodas de Isabel’. Juraría que a la vez que nacía yo. Teruel se transforma durante varios días en el escenario de los amores imposibles. Teruel es la ciudad de la pasión: como la Verona de Romeo y Julieta, como el París de Abelardo y Eloísa, como la Zaragoza de Pepe Garcés y Valentina. Es una ciudad recogida, pequeña, con miradores que se abren hacia todos los caminos y los mansuetos, hacia las olmedas, el lecho de los ríos y las veredas que escalan hacia las colinas. Teruel se acomoda a mis pasos: aquí todo está al alcance de la mano y del pie, a la distancia justa de un paseo en bicicleta. Y además tiene ese laberinto de callejas y la arquitectura mudéjar y modernista que definen su personalidad. Tengo muchos lugares favoritos: el parque y la escalinata del Óvalo, la explanada de la catedral, el Museo y ese balcón que desafía todos los tejados y las afiladas torres, la plaza de San Juan, el mausoleo de Los Amantes y el mural de Jorge Gay. Cuando me pongo a soñar, no necesito otra ciudad. Siempre imagino que un día, más temprano que tarde, recibiré yo ese beso mortal del infeliz enamorado Diego de Marcilla. Me tenderé con los ojos cerrados y el deseo intacto, estremecida por el remordimiento. Esta es la ciudad de la impaciencia y del delirio, y aquí todas las mujeres somos las nietas, las hijas y las herederas de Isabel de Segura, la dama vencida por el tiempo que sale a las calles para compartir su infortunio. Me tenderé sobre la piedra y anticiparé mi adiós antes de que me redima para siempre esa boca que arrastra mi boca y el cántico de la multitud: estos paisanos que celebran el amor y la muerte en el puro volcán de la fiesta.

 

*La fotografía no tiene nada que ver con Teruel, pero esta futura Isabel turolense seguro que también va en bicicleta como esta joven retratada por el norteamericano Garry Winogrand.

EL AMOR, EL CINE, LA CAMPANA

Anoche, en La Campana de los Perdidos leí varios poemas que no han aparecido en libro. Uno de ellos es este, ‘Versión original’, que publicó Amalia Iglesias en el ABCD Cultural y que está dedicado al escritor Félix Romeo y a la pintora Lina Vila. Forma parte de un libro de amor, por ahora en prosa, que estoy escribiendo. Me gusta mucho la imagen de https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-0e02e91124fc43d13db9771b7f95476a.jpg. Y también he pensado que que esta ilustración de ‘Cinema Paradiso’ (1988) de Giuseppe Tornatore -con Philipe Noiret (en el papel del proyeccionista Alfredo) y Salvatore Cascio (como el niño Totó, futuro director de cine)- se ajustaba bien a la idea. La he tomado de aquí: http://4.bp.blogspot.com 

 

 

VERSIÓN ORIGINAL

A Lina Vila y Félix Romeo 

 

Tengo un sueño: quiero montar un cine de versión original. Un cine donde se escuchen todos los idiomas del planeta. Un cine para soñar con todos los soñadores de la tierra. Así lo veo: tapizado de rojo, íntimo como la oscuridad, con una indeleble mancha de luz al fondo. Quiero montar un cine en versión original. Me imagino los carteles, las películas, los programas de mano con su vocabulario de letras y espectros. Imagino el público que llega a las tres o cuatro sesiones. La pantalla será como un oratorio pagano, o un río de vida, o un torbellino incesante de besos y de imágenes. Lo estoy viendo: cómo se besa en chino, en polaco, en francés, cómo se cuentan los cuentos y las pesadillas. ¿Quién huye por el bosque tras un crimen inesperado y sale a la playa de los últimos naufragios? Estoy oyendo las voces, las palabras con su extraña música universal, todas las melodías del alma. Cuando llegue el fin de la noche, allí estaremos tú y yo, a solas en la sala. Tendidos sobre las butacas, sobre el rojo oscuro de la satisfacción y la soledad más deseada, volveremos a poner la película. En ese momento, vueltos desenfreno y ternura, entretejidos en un plenilunio de sombras, seremos los protagonistas principales. Antes de volverme loco de amor o de irme de esta ciudad para siempre, quiero regalarte un cine de versión original. Será la mejor forma de decirte “te quiero” todos los días en cualquier lengua de la tierra.

 

LUIS ANTONIO PUENTE: UN SONETO A LUGO Y ÁLVARO CUNQUEIRO

Luis Antonio Puente, profesor y escritor, versificador y poeta, amante del lenguaje y de las bellas palabras con sentido, me envió hace algunas semanas este soneto dedicado a Lugo, con eco claro de Álvaro Cunqueiro, de quien se cumple este año el primer siglo de su nacimiento. Luis Antonio acaba de publicar ‘Desterrado de Cierzo’ (Mira editores).

 

 

 

 

LUGO POR DENTRO

 

Inscrita entre eucaliptus y penedo.

Aunque de espaldas a la mar salada,

marinera. Que flota en marejada

de nubarada celta en cielo acedo.

 

Zafarrancho ancestral-soturno y quedo-

a base de saudade y campanada

de sede episcopal. Más la "Alborada

gallega" de morriñas: Mondoñedo...

 

Como Gerardo a Silos, llegué a ti.

Y me senté junto a Álvaro Cunqueiro, 

que lo tuve, y aún tengo, por rabí.

 

Compartiendo albariños y ribeiro,

juro que creo cierto lo que vi:

al Gran Hermano, muerto, en el cruceiro. 

 

                               Luis Antonio Puente 

 

POEMA PARA JUAN CARLOS MESTRE

SÍGUEME

A Juan Carlos Mestre 

Hay hombres que huyen de la tierra y vuelven a ella

como si estuvieran condenados al eterno retorno.

Llevan en su memoria y en su piel el rastro de la nieve,

la voz de los antepasados, el lamento de los bosques,

el aullido de los lobos, el paso decisivo del vendaval.

Llevan en la sangre un rumor antiguo de lluvia,

el temblor de los vientos y el vuelo de todos los pájaros

que nunca quisieron estar cautivos en el horizonte.

Hay hombres que se empapan de música, que tienen

en la mano el código de las estaciones, la ebriedad

de las miradas de las madres de luto en el campo.

Hay hombres que crecen y nunca dejan de ser niños,

hay niños que nunca dejan de ser ancianos o crisálidas

de un sueño de cristales, de musgos y de escarchas.

Hoy me he encontrado con uno de ellos: es un poeta,

un viajero, el peregrino que entretiene la tarde

con su acordeón, el contrabandista de delirios que lleva

en su cartera de cuero el estrépito de la utopía

y la colección de estilográficas de Rafael Pérez Estrada.

El rapsoda de sí mismo y de todos los espectros.

El brujo de una tribu imprecisa de labradores,

de buhoneros, de comerciantes y de huidos.

Hablo de un alquimista de vocablos, de un pintor

de curvas y colores que adormecen el fuego.

Cuando estás ante él, cuando lo escuchas presientes

que ya no eres dueño de tu vida ni de tus pasos.

Abre la boca y parece decirte: “Sígueme.

Crucemos el territorio milagroso de la poesía”.

 

 

*Estuve ayer, merced a la cordialidad de Ignacio Escuín y Almudena Vidorreta, con Antonio Méndez Rubio y con Juan Carlos Mestre, a quien admiro mucho desde hace años. Por la noche, me senté al ordenador y me salió este poema de homenaje al poeta leonés que acaba de estar casi un mes en la UCI tras un infarto. Juan Carlos y yo no nos habíamos visto nunca, pero teníamos muchos amigos comunes y algunas afinidades: Gamoneda, Francisco Pino, Xoán Abeleira, Rafael Pérez Estrada, Alexandra Domínguez, Antonio Pereira, etc. Este es un pequeño poema basado en alguien que podría parecerse a él.

ADIÓS A LA ESCRITORA LUISA GÓMEZ

ADIÓS A LA ESCRITORA LUISA GÓMEZ

Ayer recibí esta carta de la editora Trinidad Ruiz-Marcellán.

Nuestra LUISA GÓMEZ, Poeta Yin*, (narradora y novelista)  fallecía ayer por la tarde -víspera del nacimiento de Bécquer, hace 175 años-

Siguiendo sus pasos, vino a vivir al Moncayo hace más de una década.

Ha vivido y ha muerto con toda la pasión, hasta el imposible. Hasta el límite. Hasta traspasar el todo hacia la nada.

RETRATO

(Tomado de la página de Olifante)

Entre mar y tierra, Luisa Gómez Gascón (Zaragoza, 1961), comenzó a escribir historias desde muy niña. Hija de ferroviario, vivió su infancia y su adolescencia recorriendo la geografía peninsular, entre Zaragoza, Madrid y Almería. Más tarde, regresó a su añorado Aragón natal para buscar esas raíces perdidas entre sus gentes, sus pueblos y sus montañas. Actualmente, reside en un pequeño pueblo de las faldas del Moncayo donde trabaja como educadora ambiental. Ávida lectora de cuentos y poemas, buscadora incansable de paisajes y quimeras, viajera solitaria, que escucha de labios de pastores, campesinos, vagabundos y ancianos vivencias detenidas en el tiempo, Luisa escribe como si derramase historias de vidas reales sobre mundos ficticios, como un torrente de palabras cristalinas que recorren las montañas interiores del lector y, sin remedio, acaban habitándole.

Ha colaborado en diferentes diarios y revistas. Al pie del moncayo. Cuentos y leyendas es su primera obra publicada. Otras obras en espera de publicación son Cuentos tristes de los bajos fondos y el poemario Mandala de amor.

Esta estupenda foto de Veruela y el Moncayo es de Columna Villarroya.

 

(DE LO QUE AMÉ Y SE FUE) 

De lo que amé y se fue,

de lo que no ha de volver,

mana el dolor que me atenaza. 

Lo más difícil de soportar

no es la realidad sino la ausencia.

 Llevas el ruido del mar enredado entre tu pelo.

LUISA GÓMEZ (1961-2011)



DANIEL GASCÓN, EN LA FNAC DE BARCELONA

DANIEL GASCÓN, EN LA FNAC DE BARCELONA

Esta tarde, en Barcelona, en la FNAC de L’Illa, se presenta el libro ‘La vida cotidiana’ (Ediciones Alfabia) de Daniel Gascón. Catorce cuentos sobre la vida, el amor, la pérdida, el suicidio, la traducción, etc. Lo acompañarán el editor de Alfabia, y los escritores Llúcia Ramis e Ignacio Martínez de Pisón.

 

*La fotografía es de Pippi Tetley.

MENCHU GUTIÉRREZ: VIVIR, SOÑAR, MEDITAR Y ESCRIBIR EN UN FARO

MENCHU GUTIÉRREZ: VIVIR, SOÑAR, MEDITAR Y ESCRIBIR EN UN FARO

[No conozco a Menchu Gutiérrez, narradora, poeta y traductora, aunque he leído sus libros. Son grandes construcciones de palabras, de observación y de intimidad. Tapices de luz y penumbra, fuegos oscuros, emanaciones de una región de sombras y de lucidez. Búsquedas. Pesquisas. Hechizos. Pienso por ejemplo en la enigmática ‘Disección de una tormenta’ o ‘Latente’, ambos en Siruela, libro que a veces me hacen pensar en los laberintos de la conciencia de Clarice Lispector. Ahora, Menchu Gutiérrez publica ‘El faro por dentro’, que contiene ese texto de evocación y despedida, la memoria de alguien que ha vivido una veintena de años en un faro del norte de España, y ‘Basenji’, que es otra historia con faro: la de un farero y su perro africano. Hace algunos años viajé a Santoña y otros lugares de Cantabria para escribir un guión cinematográfico para Antonio Gómez Olea. Hice una investigación de varios días, estuve en varios faros –en ‘Golpes de mar’ (Destino, 2006. La edición es inencontrable, se agotó y al sello de Planeta no le interesa reeditarlo) aparecen varios faros y un farero: Fuxán- y redacté un guión: ‘La muerte del farero’, que también tuvo otro título: ‘El pintor de sirenas’. Varios amigos me dijeron sin necesidad de sutileza alguna y con toda la razón del mundo: “Dedícate a otra cosa que el cine no es lo tuyo”. Siempre me han gustado mucho los faros y los fareros, acabo de escribir un nuevo cuento de un farero: brevísimo, como un par de folios; ya solo soy capaz de escribir un par de folios de ficción. Y ayer leí una entrevista de Ima Sanchís en la ‘La Vanguardia’ con Menchu Gutiérrez (Madrid, 1957). Me parece una entrevista preciosa: por la técnica y la sutileza de la periodista (que comparte la contra con Lluis Amiguet y Víctor Amela) y por las respuestas de Menchu Gutiérrez, que crea un cuento, que escribe un poema, que medita sobre la vida y sus misterios. Para mí gusto, una pieza inolvidable. Gracias a las dos: a Menchu y a Ima, esas mujeres a las que admiro y no conozco. Y a ‘La Vanguardia’ por seguir creyendo en la necesidad y el placer de publicar entrevistas estupendas en la contraportada.]

“VIVIR EN UN FARO ES COMO VIVIR

EN LAS ENTRAÑAS DE UN ANIMAL”

 

-Una entrevista de Ima Sanchís. La Vanguardia-.

 

TEMPLOS DE LUZ

No es fácil hablar con esta mujer acostumbrada al silencio, 20 años viviendo en un faro del norte de España imprimen carácter; sobre todo si ya vienes de otro faro todavía más aislado y tormentoso. Su marido es pintor y ambos decidieron convertirse en fareros, aislarse para crear. Fruto de esos años de introspección es su relato ’El faro por dentro’ (Siruela), donde desde el último día de su estancia reflexiona sobre lo sentido: "Muchas veces he tenido la secreta sensación de que el faro era un ser vivo, un animal inmovilizado por un hechizo (...) Otras veces, la torre se convertía en un templo consagrado a una realidad extraña, en la que la materia a la que se rendía culto era la luz". Por I. Sanchís.

 

IMMA SANCHÍS ENTREVISTA A MENCHU GUTIÉRREZ

Contra de ‘La Vanguardia’

[Tengo 53 años. Nací en Madrid y vivo en un pueblo de Santander. Estoy casada con un farero. Soy autodidacta y he hecho cosas muy variopintas. Abogo por una mayor transparencia política, porque hay muchos impedimentos para conocer lo que realmente importa. Soy atea.]

Durante 20 años he vivido en el vientre de un faro en la costa norte española... 

No debe de ser fácil...

No es el espacio idílico y romántico que nos llega a través de la literatura. 

¿Cómo es?

Nunca llegas a habitarlo del todo. Es fundamentalmente un espacio en el que se concentra mucha energía. 

¿Por qué cree eso?

A un faro es imposible no mirarlo de día o de noche, y a la vez él mismo irradia luz, así que parece que vivas en un lugar que es encrucijada de fuerzas. Es un espacio que no es inocente, y sobre todo creo que es arquetípico. 

¿Arquetipo de qué?

Para los marinos es como una iglesia, un faro te orienta y te guía, y con su morse luminoso parece que marque el tiempo. 

¿Ha cambiado su luz pero no su misterio?

Primero fue el fuego de leña; luego se prendieron hogueras de carbón, y los navegantes confundían su luz con la de las estrellas. Vino después la mecha con aceite. Y ahora, aunque lo que brille sea una bombilla, sientes la antigua presencia del fuego original. Y también es símbolo de turbulencias. 

¿Por qué?

Es imposible no asociarlo a tempestad, lo que hace también de él, un lugar complicado en el que vivir. 

¿Recuerda tempestades?

Muchas, pero al final te quedas con una tormenta que las representa a todas.  

¿A qué se parece un faro?

A un ser vivo. Cada vez que subía la escalera de caracol que lleva a la torre tenía esa extraña y secreta sensación de que caminaba por el interior de un animal, cada peldaño se correspondía con una vértebra. Y en lo alto de la torre, la luz, que es como un gran ojo.  

¿Un animal amigo?

Un animal extraño. Vivir dentro de un faro produce extrañeza.  

¿Veinte años de extrañeza?

Sí, siempre hay una nota extraña, en el interior de la casa se percibe el lucernario, en la noche ves como los haces barren el paisaje y tu ventana. A veces te sientes huésped, el faro te expulsa, y otras que formas parte de él. 

¿Pesa allí más la soledad?

Sí, el silencio, el aislamiento, aunque tengas teléfono y ADSL, y de repente el ruido inmenso del temporal. El faro favorece la introspección, la imaginación, y exacerba la sensibilidad. Se viven cosas muy bellas, hay días que la tormenta es un regalo, pero en los días que no estás sereno quieres huir.  

¿Ha pasado miedo?

Miedo físico no, pero sí miedo interior. El silencio extremo y el ruido extremo de la tempestad llevan a vivencias extremas, ponen un poco en riesgo tu integridad.  

A más de un farero se lo ha tragado el mar.

Hay una historia real de un ingeniero británico del siglo XIX que me impactó. Construyó un faro de roca, una linterna en medio del océano. Un temporal se llevó al faro y al farero. El ingeniero, muy disgustado, volvió a levantar otro faro, todavía más robusto.  

¿Se lo llevó el mar de nuevo?

Sí. Cuando lo construyó por tercera vez decidió irse él a vivir al faro con su mujer y sus hijas. El mar volvió a arrasar con todo.  

¿Qué anda usted buscando?

Yo quiero experimentar la escritura, y para la introspección los sentidos son muy importantes. Toda la información que recibimos es a través de ellos, y si hay algo que une a mis libros es la relación con ellos.  

Ha escrito usted sobre el deseo.

Sobre una mujer que realiza el acto sexual con la nieve, con la niebla, con la lluvia y con la luz del sol. Son otros planos de la realidad, ahí donde se mueve la literatura, entre la muerte, el sueño, la vigilia y esa cosa extraña que es la imaginación.  

¿Cómo hacer el amor con la niebla?

Requiere un abandono en distintos niveles de la realidad, necesitas que desaparezca el yo que te constriñe.  

También ha escrito sobre san Juan de la Cruz, ¿qué le ha enseñado?

Es la lectura que más me ha comunicado esa desaparición del yo. La mística es un viaje sin palabras. 

¿Un viaje hacia dónde?

Hacia la raíz de las raíces. 

... Y sobre el universo de la boca.

Sí: dientes, lengua, paladar, saliva y lo que se hace con la boca: la palabra, el beso, el sabor..., eran los protagonistas.  

¿Le cambió adentrarse en ese mundo?

A la boca nos lo llevamos todo, “se lo bebía con los ojos”, “ese niño es tan hermoso que me lo comería”. Parece que sólo haciendo digestión de las cosas las incorporamos verdaderamente.  

¿Qué ha aprendido de la vida?

La tolerancia. Creo que seguimos siendo muy misteriosos los unos para los otros, tenemos muchos pliegues, y la sinceridad es muy complicada para todos, incluso cuando creemos ser sinceros no lo somos.  

Autora de libros inquietantes, ¿qué le inquieta?

¡Hay tantas realidades invisibles! Conocemos sólo el cinco por ciento del universo, el resto es totalmente desconocido, y algo parecido ocurre aquí y ahora, en la vida cotidiana, hay tantas cosas que no comprendemos y que ni siquiera vemos.

 

*La fotografía de Menchu Gutiérrez es de Marc Arias, de ’La Vanguardia’.