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Antón Castro

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POEMAS DE EDUARDO MARTÍNEZ CARNICER; FOTO: GABRIELA HERMAN

El poeta Eduardo Martínez Carnicer me envía algunos de sus poemas inéditos. Martínez Carnicer fue el ganador del premio de poesía de Benasque de 2010. Alterna la poesía y el verso y posee una personalidad acentuada: construye, posee un mundo, y a menudo es trangresor. Reside en Huesca. Las fotos son de Gabriela Herman.

 

Autorretrato de Gabriela.

 

PERFUMES

 

Aperece y desaparece

lejos de mi memoria

como una sirena errante.

Se esconde de mi lujuria

cual pez en celo.

Las páginas que desvela

son cachalotes de hielo

perfumes, pijamas, susurros

vientos del olvido.

La llave se la guarda

la cerradura se abre

en mis pesadillas

en su deseo frío

en países sin mapa

en la verdad de las mentiras.

 

 

VOCES 

 

En  las derrotas dulces

en perder por goleada

está el aprendizaje

el aroma de la vida.

 

Los hay que no aprenden

que se quedan en el patio

que fracasan en el intento.

 

En las derrotas dulces

saboreas la fruta madura

la voz de la experiencia

los dientes de azúcar.

 

 

 

BOLSILLOS

 

El cielo cerrado, los paraguas sin abrir

Un mendigo bosteza en un banco

Los atletas apuran las horas

En el parque una joven habla por el móvil

Imagina que por un día no sonaran los móviles

Imagina que nadie hablara solo por la calle

Dicen los psiquiatras que hablar solo no es de locos

Que sólo por hablar solo no estás loco

Se sabe que la locura se disimula

Un día sin móviles es un día de abstinencia

Un día con las manos en los bolsillos

Un día sin risas de una joven que pasea con el móvil

Un atardecer de primavera con el viento adormecido

Como el mendigo que bosteza en el banco

Con los paraguas cerrados, como los móviles

Un atardecer anodino y cansino

Con la lluvia demorada

De un mayo raro, susurrante

Sin móviles, con las manos en los bolsillos.

 

 

 

 

CRECER

La felicidad es un traje prestado

Una sombra alargada

Una gota para el sediento

La camisa azul y el vaquero desteñido

El bikini rosa de mi memoria

Una mano que se aproxima

Un pinchazo en la rutina

Una caricia a destiempo

Un susurro potente

Un beso inesperado

La página menos leída

La voz que me guía

Manantial de somníferos

Amapola ondulada que crece

Nenúfares

Recuerdos.

 

 

SU DINERO, GRACIAS

Les sienta mal el cajero

A los pobres

A las prisas

¿A los poetas?

Cuando tecleas el Pin

La cámara te vigila

Flotas como un astronauta

Desconfías del pestillo

Los segundos se alargan

Espere, por favor

No olvide su tarjeta

No olvide su dinero

Vuelva cuando quiera

Deseas arrugar los billetes

Te apetece contestarle al cajero

Dejar tu voz donde duermen los mendigos.

 

DIENTES DE AZÚCAR

 

Despierto entre susurros, rodeado de sombras. Las voces que me acompañan proceden del pasado, de un tiempo no vivido. Escenas poliédricas, capítulos por desvelar. En un bosque sinuoso se refleja mi trasunto, los fantasmas que me pueblan. Caricaturas del futuro, esfinges. Prismas sin aristas, esferas irreales, monstruos por descubrir. Destellos de luz en un espacio opresivo. Un niño juega en el patio. Un patio oscuro, la aurora de un día nublado. Una primavera de tormenta, un salón de lámparas fundidas, un beso robado, la estufa apagada, la tele gigante. Dolor de dientes, la anestesia, las pastillas, el flemón, la beldad del dolor. El bosque me espera. La noche está por llegar.     

FERRER LERÍN: CUATRO POEMAS

 

Ofrecemos un frgmento de ‘Hiela sangre’, cuatro poemas de ese libro futuro de Francisco Ferrer Lerín, poeta que ganó el premio de la Crítica con su libro ’Fámulo’ (Tusquets, 2009). Ahora trabaja en este poemario, que también se publicará en Tusquets. Estos poemas han aparecido en la revista ’Suroeste’. Revistas de literaturas ibéricas’ que dirige, desde Badajoz, Antonio Sáez Delgado.

 

VARIA

 

 

 

Hélade fatal, hastiada,

llevas marca de futuro, señal

sobre la piel extendida, sobre la piel

tersa, brava, en el año

capital, cuando naciera el preboste

y aquel clérigo señor, autor

de obra menor

angustiada.

 

Qué común razón, martirio,

una porción de estiaje, campo de proporción,

natural pista de ondas,

electrónica ferial, gas de chimenea, cristo,

salimos a saludar, convencidos

de que el tiempo era este, que la esposa, la industria

del metal, la tarde,

culminaban un hecho

trascendental,

hipogrifo botocudo,

linfa astral.

 

Mostró el vidente las cartas,

laxas, apostilló,

es la harina salpicada, y el viento que hería el rostro, ese Potoc

que no habló, no habló muy alto, habló mal,

especialmente.

Cágney, Merlot, Cannavale,

nombres de amor, pasatiempos

de lo mejor de la finca. Grímbey,

Sesún, Iturralde,

cuánto dolor

dijo Cágney

y sí, mereció morir,

no nos quedaba ya aire

para tal espiritual

locuaz minoico albañal

ese dulce primordial

hojaldrada flor de lis.

 

 

A UN ALMA PRECORDIAL, ASESINADA

 

 

Japonesa

son tantas las cautelas y la previsión

de los hijos que

la escuela de poetas pobres y la lavandería

mecánica

adolecen estos días de crudo invierno

de los más indispensable enseres: aperos,

gasas, alcanfor en rama

y monumentales jaliscos.

 

 

¡Qué sumisión

a las normas establecidas! Guayaberas,

moriscos, hasta un terno fosco capihundido que el maestro

de ayuno

importó de las islas. Amo

en especial

aquellas tardes

de lectura, besos

de carmín a carmín, pintalabios, lápiz

de labios que, en nuestra lengua (tendida al fondo,

pacata)

son varias las acepciones

y las imágenes (hombreras

de plenilunio,

bombera,

pájaro carpintero,

dama de cobalto

en la cuna,

silenciada).

 

THEL 12   

 

El dominio donde reina la arcilla bajo forma de terror, donde

el contumaz gusano -esa gigantesca lombriz lobo- apabulla

el aire oculto, y la sombra del agua como ollar inmarcesible regenera

la voz de Aquel al final de la tarde. Esa cabeza débil

que no soporta ya el peso del fino insecto. Ese insobornable alférez

que fue a ocuparse de los muchos a su cargo. Esa misión:

oler sus ropajes lechosos entre las cuadernas rotas, entre

obra civil de manos sanguinolentas, adscritas 

a miembros activos de razas degeneradas. Sí,

aunque de porte exquisito, desconocen

cuál es la fecha de la composición del poema y no miden

la fugacidad de los jardines sin lápidas, el tamaño

de los frutos del olvido que comen los esclavos. No saben

cuál es el objetivo, no pueden

(sólo restan quince ejemplares del libro iluminado)

castigar a quien magulla los cuerpos seccionados, repiten

el nombre de origen oscuro que no debe mencionarse, llegan

al confín, a la puerta norte, a la imposible extensión

del llanto y la tristeza donde jamás se vertió aceite

sobre ellos, criaturas asociadas a la muerte, llameantes esculturas

de porte hospitalario.  

    

 

FUROR CENSAL

 

Este es el embustero que a veces imita el ladrido del perro.

Este es el rey de la leña podrida y de los huesos de médula atinada.

Esta es la madre de figura capciosa que mece imprecisa la impudente alimaña.

Esta es la mujer de facciones morenas que cruza ligera las colinas cansadas. 

 

 

Son cadáveres dispuestos al alba en atroces posturas,

reptantes longitudes que todo lo envenenan, valles asustados.

Padres convertidos en ogros de antro, septenarios ciegos,

parejas contrarias, visionarios pulcros en arte maduro,

reos aquejados de un rural siseo, cundió la costumbre de negar el uso

de suaves nodrizas, ¡serpientes, no hijos! proclamó el soldado,

taciturno hirsuto, mendigo de hierba que engrasa el ganado. 

 

 

Núbiles obreras, de hábil maleficio, quemaron el lienzo,

vieron al enano que modela el barro, a Cruel, a Guisado,

a Sesenta Inviernos, a las Pestilencia –cuñadas enormes-

y a las Moribundo –primas elocuentes- forzar la sintaxis

que inclusivas hordas –amazonas bulbos-

vierten en el Húmedo. Pasmada montura,

nadar nunca pudo.

 

*Todas las fotografías son de Xavier Miserachs. De algún modo, este espíritu está presente en el libro ’Familias como la mía’, que acaba de presentar el escritor. 

 

'EL CICLISTA DE CHERNÓBIL', AVANCE DE LA NUEVA NOVELA DE JAVIER SEBASTIÁN

'EL CICLISTA DE CHERNÓBIL', AVANCE DE LA NUEVA NOVELA DE JAVIER SEBASTIÁN

El escritor Javier Sebastián (Zaragoza, 1962) publicará en breve su nueva novela: El ciclista de Chernóbil, quizá la más ambiciosa y la más despojada de las suyas. Quizá la única que tiene un sustrato real detrás. He aquí un avance del libro que publicará el sello DVD de Sergio Gaspar.

La foto de estos niños de Chernóbil es de autor desconocido. 

 

Un fragmento de El ciclista de Chernóbil:

Convencidos de que se morían, Rostislav Jrienko y su mujer Oletchka desmontaban las puertas de todos los pisos donde habían dormido al menos una noche. Las apoyaban sobre cuatro sillas, como si fuera la mesa suplementaria para una celebración en casa y con unas tijeras rayaban una cruz en la cabecera. Luego iban sus nombres: Rostislav, de Teremtsy, 1951. Y Oletchka, 1956. Cuando les llegara la hora, siempre tendrían así una puerta a mano, pues por encima de todo querían cumplir la tradición de sus antepasados, que consistía en presentar el cadáver sobre la puerta de casa para el velatorio.

Rostislav Jrienko, operario de la línea de ferrocarriles, y su mujer Oletchka habían vuelto a Pripyat después de los años. Igual que las lombrices, que durante mucho tiempo se habían ido hacia lo más profundo. Lo habían observado las abuelas de la aldea de Voznesensky. Pero ahora están saliendo. Se pueden comer y alimentan lo suyo, las lombrices.

Les tiene que quitar esta parte, mire. Lo demás se come todo.

Eso fue lo que le dijeron a Vasia, así se conocieron, hablando de lombrices. Y de puertas para presentar al muerto. Vasia daba una vuelta en bicicleta para mantenerse en forma y de pronto los vio agachados junto a la cañería de un desagüe, removiendo la tierra con las tijeras. Se miraron. Pasaron un par de minutos sin decirse nada, como si estuvieran contemplando una aparición.

Al fin, Vasia volvió a poner el pie en el pedal y justo entonces Oletchka dijo:

No se vaya, estamos aquí por las lombrices. Es carne tierna. Saben como las ranas de los estanques y no hay que ir tan lejos para cogerlas.

Algunas miden un palmo.

Se miraban con recelo. Como si, aparte de lo que veían, ni la voz de unos ni los ojos asombrados del otro fueran pruebas fiables de su existencia.

Antes del accidente de la central, Rostislav Jrienko había estado destinado en la estación de Yánov, junto a Pripyat. Trabajó cinco meses de mantenimiento de sistemas eléctricos, hasta que los evacuaron. Estuvieron una temporada alojados en casa de unos familiares de Kiev y luego las autoridades les entregaron un apartamento en Slavutych, la ciudad refugio que se construyó a toda prisa con aportaciones de cada una de las Repúblicas de la Unión Soviética. Edificaron a 38 kilómetros de la central. Eso era demasiado cerca. Y también era demasiado falsa aquella ciudad de Slavutych, en la que cada calle reproducía la arquitectura tradicional de una República distinta.

Teníamos allí una tienda de alimentación. Ropa de trabajo, toda clase de cebos para la pesca.

Oletchka se sentó en el bordillo de la acera y se retiró el pelo hacia atrás haciendo peine con los dedos. Luego se puso a limpiarse las uñas con las tijeras, con cuidado de que no se le escapara el botín de lombrices que tenía en la mano. Mientras hablaba, su marido Rostislav seguía buscando lombrices junto al desagüe. Nos las apañamos, ya lo ve. Y usted, ¿qué ocupaciones tiene?

Vasia tragó saliva. Se tomó su tiempo y después dijo que esconderse. ¿Eso es una ocupación?, preguntó Oletchka.

Bueno, también adecento mi habitación del Polessia, donde vivo, media docena de macetas con flores quedarían fenómeno. No hay que abandonarse, es ley para la supervivencia. Y los colchones que estén bien se almacenan, los demás se tiran. La verdad, yo tampoco estoy mal del todo. Pripyat empieza a gustarme. Cada vez vamos saliendo más gente del agujero. Acabaremos fundando una vida nueva, así lo veo yo.

Oletchka se le quedó mirando.

A Laurenti Bajtiárov igual lo conoce, siguió Vasia, al menos le habrá oído cantar.

Ah, es ese del Prometeus, dijo Oletchka mientras se ponía de pie. Nunca hemos hablado con él, debe de estar mal de la cabeza. Un día fuimos al Prometeus, porque sabíamos que andaba por allí, siempre rodeado de perros. Entramos de puntillas, nos sentamos en las butacas de atrás y le oímos cantar. Qué bien entonaba las melodías.

¿Se esconde porque es usted un delincuente?, interrumpió Rostislav Jrienko dirigiéndose a Vasia con un puñado de lombrices en la mano, tenía esa preocupación y quería una respuesta. Según lo que escuchara, le regalaba una.

Vasia se echó a reír. Oh, no, ningún delincuente. Y entonces casi se le escapa que era físico. Más en concreto, físico nuclear. Constructor Jefe de la Planta Nuclear Móvil del Proyecto Pamir. Pero se calló. Y aún se reía más. La desfachatez de reírse en aquella Pripyat polar junto a Oletchka y su marido, Rostislav.

 

El ciclista de Chernóbil. Javier Sebastián. De próxima aparición en DVD. [Hace algún tiempo, Javier Sebastián publicó en Heraldo la historia  de unos personajes que realizaron un viaje a España y le darían la materia de su novela.]

POEMAS DE AMOR DE CARMEN ARDUÑA

La profesora y poeta Carmen Arduña publica un nuevo poemario, ‘Tiempo de añoranza’ (Huerga & Fierro), con prólogo de una de sus alumnas más dilectas: la escritora y profesora Ana Alcolea, que acaba de ganar el premio Anaya con ‘La noche más oscura’. He aquí una pequeña selección de poemas breves que me envía la propia Carmen, es decir, poemas seleccionados por ella.

 

 

 

Volvía la añoranza a ser de nuevo

nostalgia de tu ser, de tus caricias.

Y su cuerpo, desnudo con tu ausencia,

se estremeció de llanto y de deseo.

 

&

 

Su ser se le desnuda de caricias

cuando sólo tu ausencia calienta ya su lecho.

 

&

 

 

No nombréis su dolor.

Que no despierten 

las palabras que matan

con su nombre.

 

&

 

Dulces los besos acercarán la espera

de un tiempo aún vivo que creyó sentir muerto.

 

&

 

Tu presencia tan cercana en sus sueños

era pesar en sus noches aún yermas

y en este amanecer sordo y silente.

 

 

&

 

Dulce, tras largo retorno,

fue remanso de añoranza

cuando en la Rúa Do Olvido

dejó morir su nostalgia.

 

*Las fotos son de Edouard Boubat.

 

'LA VIDA COTIDIANA' EN VALENCIA

Daniel Gascón presentaba ayer su libro ‘La vida cotidiana’ en Madrid. Fue muy bien, hubo mucha gente, amigos, actrices y actores, escritores, músicos, compañeros de la película ‘Todas las canciones hablan de mí’, etc.

Esta tarde, a las 19.00 horas, en la FNAC de San Agustín de Valencia, Daniel presenta su libro acompañado del escritor Pepe Cervera y de su editora Diana Zaforteza. Daniel está terminando la traducción de las memorias de Christopher Hitchens para Debate y empezará en breve un epistolario de Saul Bellow para Alfabia.

 

*Daniel con Graciela de Torres e Ismael Grasa en la FNAC de Zaragoza. La foto es de Vicente Almazán.

LOS REPUBLICANOS ARAGONESES QUE PELEARON EN LA II GUERRA MUNDIAL

Los itinerarios de los republicanos aragoneses entre 1939 y 1945,

objeto de un novedoso estudio

 

Su autor es el joven historiador Diego Gaspar Celaya

 

El libro Republicanos aragoneses en la Segunda Guerra Mundial. Una historia de exilio, trabajo y lucha (1939-1945) ha sido editado por Rolde de Estudios Aragoneses, dentro de su nueva colección “Aragón contemporáneo”, dirigida por Julián Casanova.

 Será presentado en Huesca, en Librería Anónima (Cabestany, 19) mañana viernes 11 de febrero a las 20 horas 

El libro

 

Esta publicación recupera la memoria de los aragoneses que, abocados al exilio tras la derrota republicana de 1939, se vieron envueltos en la dinámica bélica de la Segunda Guerra Mundial. Cuenta con la participación de Prensas Universitarias de Zaragoza y el Departamento de Cultura del Gobierno de Aragón.

 La investigación pone de relieve las acciones que los aragoneses exiliados en Francia llevaron a cabo durante el periodo 1939-1945. El estudio del componente específico aragonés ha contribuido al análisis y comprensión de la globalidad española exiliada. No en vano para llevarla a cabo ha sido necesaria una constante puesta en relación de las acciones del colectivo español con los itinerarios, testimonios y acciones llevadas a cabo por los aragoneses en este periodo que han aportado nuevas percepciones y matices a la investigación. Un riguroso trabajo sobre archivos españoles y franceses, con importantes aportaciones de la historia oral, y un metódico tratamiento de fuentes secundarias, han dado como resultado una publicación de referencia en el ámbito de la historia aragonesa del siglo XX. 

El autor

 

Diego Gaspar Celaya (Zaragoza, 1982). Licenciado en Historia por la Universidad de Zaragoza, dedica sus esfuerzos a estudiar el exilio de los republicanos españoles en Francia durante la Segunda Guerra Mundial. En constante relación con la documentación francesa, ha trabajado intensamente en París en colaboración con la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS), con el Colegio de España (CiUP) y con el Instituto Cervantes de la capital francesa. En esta obra, Diego Gaspar presenta el resultado de una investigación centrada en la participación aragonesa en el mayor conflicto armado mundial contemporáneo. [Estuve en la presentación de este libro en la Feria de Monzón, donde Diego contó con uno de los protagonistas del libro.]

 

La colección

“Aragón contemporáneo” es una nueva colección dirigida por el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza Julián Casanova, con la que REA pone al alcance de los lectores elementos de análisis y debate sobre los acontecimientos que han marcado nuestra historia en los dos últimos siglos. Investigaciones novedosas que aúnan rigor científico y voluntad divulgativa… textos, en suma, que hacen valer la idea de que la Historia, más allá de su consideración de estudio del pasado para la comprensión del presente, es también un arma cargada de futuro.

 

*Esta información está elaborada por Carlos Serrano y el Rolde de Estudios Altoaragoneses.

USE LAHOZ: "ME GUSTA QUE LA LITERATURA TENGA EMOCIÓN"

[Hoy se publica en la sección de Cultura de Heraldo una entrevista con Use Lahoz (Barcelona, 1976) a propósito de su segunda novela, ‘La estación perdida’ (Alfaguara, 2011), que se presenta esta tarde en la FNAC con la presencia del autor y de Manuel Vilas. Use Lahoz, vinculado muy entrañablemente con Aragón, también es poeta. El pasado 2010 publicó en Prames el poemario ‘A todo pasado’. Esta es la entrevista completa, bastante más larga de la que aparece en la sección, permite conocer mejor al joven y entusiasta escritor. ]

 

Foto promocional de Use Lahoz.

Empecemos por algo que llevas misteriosamente: ¿Por qué rara vez hablas, con nombre, de ese lugar donde pasaste una parte de tu infancia? ¿Qué había de especial, cómo te marcó el pueblo y la figura de tu abuela?

No lo llevo con misterio alguno. Pasé los quince primeros veranos de mi vida en La Hoz de la Vieja, un pueblo de la provincia de Teruel que, cuando yo era pequeño no salía en los mapas y no llegaba ni el coche de línea. Allí me enviaban mis padres nada más terminar el curso en Barcelona, en un viaje que parecía que no iba a terminar nunca: caminos de tierra, su parte tétrica al pasar por Belchite… y me quedaba los tres meses de verano, eternos y maravillosos. Imagínate, pasar el verano con los caprichos de tus abuelos, sin ninguna obligación, con los amigos del pueblo y algunos primos mayores, con el campo y la pelota por delante, las propinas de mi abuelo cuando jugaba al guiñote los domingos, el futbolín del bar… Tener un pueblo es maravilloso. Mi abuelo falleció temprano, por lo que pasé más tiempo con la abuela, y con otros familiares (casi todos eran familia), algunos de recuerdo imborrable como el hermano de mi abuelo, el tío José, tan cariñoso y tan sensible, la tía Rosita que tenía tienda, los vecinos estupendos… todos muy buena gente, y eso, la buena gente está muy presente en esta novela. Lo especial era la libertad, por supuesto. Me ha marcado en el sentido en que si no hubiera vivido allí no tendría conocimientos del mundo rural y La estación perdida No hubiera tenido el mismo arranque. Luego también he pasado tiempo en el pueblo de mi madre, La Almolda, pero ya fui siendo más mayor. De vez en cuando todavía voy. Y me lo paso muy bien.  

¿Qué le debe ese pueblo al pueblo de Santiago, el protagonista?

Valdecádiar le debe algunos detalles. Yo trabajo con la experiencia, la memoria, la imaginación y el poso de ciertas lecturas que me han marcado profundamente. La atmósfera, el ambiente, el lenguaje, el modo de comunicarse entre los personajes, las canciones, el vino, los trabajos del campo… vienen de mi experiencia. Pero en cualquier caso esto es ficción, es una novela que como todas se sostiene por sus leyes intrínsecas de verosimilitud. En muchos casos, la ficción es más verdadera que la realidad. No obstante el pueblo de Santiago, Valdecádiar, le ofrece una infancia maravillosa, pero también luego le roba esa felicidad. No todo es maravilloso en Valdecádiar, existe la solidaridad, pero también existen las envidias y las malas lenguas, como en todos los pueblos.

Santiago nace en 1945. ¿Cómo era la vida rural entonces?

Yo no viví esa época, es obvio, pero he ido preguntando por ahí a los más mayores, que son los que más saben y he ido creando un universo en un pueblo imaginario producto de mi memoria, las explicaciones y la ficción. Una vez fui a una presentación de un libro de Saramago y dijo aquello de que “el hombre más inteligente que he conocido en mi vida era mi abuelo, que no sabía leer ni escribir…” siempre me ha gustado esa frase.

La posguerra es cruel en estos núcleos rurales rezagados y olvidados. El retroceso cultural en todo el país después de la guerra es innegable. Son generaciones de gente sin oportunidades y un poco golpeados por el miedo. La mayoría son hombres y mujeres, trabajadores prematuros, sin recursos, sin poder estudiar más allá de lo básico, que tienen que buscarse la vida lejos del pueblo para tratar de prosperar. En esa época a ninguna mujer nadie le hablaba de sexo ni de amor, por ejemplo, y la presencia de los curas y los maestros pesaba más que ahora. Había necesidad, y había que repartir lo poco que había y ganarse el pan sin que sucedieran cosas extraordinarias. Los avances tecnológicos llegaban en cuentagotas, pero como siempre, sus habitantes eran felices con cosas muy pequeñas, con lo que había.

-¿A qué se debe esa fascinación por la jota? ¿Es real o es un motivo literario, un señuelo para algún tipo de lector, casi una ironía’

 En un momento dado Santiago Lansac se fascina por ese género y la canción le atrapa. Es un motivo literario, melancólicamente irónico, pues le acompaña toda la vida.

En el pueblo siempre se cantaban jotas, pero curiosamente sólo en fiestas, y casi siempre hombres. No sé porqué… me hubiera gustado que también cantaran las mujeres en las cocina, por ejemplo, pero no sucedía… quizás en otros pueblos…

-¿Cómo nació este buscavidas, este aventurero sin fortuna que es Santiago?

 Nace de una frase de Albert Camus que dice “El sol que reinó sobre mi infancia me privó de todo resentimiento”, pues me parece que define muy bien la infancia y el temperamento del personaje, que se verá sin suerte pero que nunca tendrá resentimiento. Hallará más fértil la fantasía que la realidad, y se equivocará mucho, pero sin maldad.

Retrato del escritor un tanto perplejo. El País.

-¿Querías redactar una novela picaresca, una novela de aventuras, casi de antihéroe, o una novela psicológica?

En realidad, sin darme cuenta, hay varias novelas en una. Novela de aventuras, picaresca, psicológica, de amor, de viaje, de iniciación a la vida, de formación… Consideraba interesante hablar de temas como el amor, la muerte, el dinero, la huida, la identidad y la infancia, muy importantes en la literatura, partiendo de la humildad absoluta, poniendo en práctica lo aprendido con Los Baldrich, haciéndolo lo mejor posible y con la misma ambición de siempre: tratar de contar una historia lo más fascinante posible con personajes que puedan permanecer en la memoria del lector. 

¿Cómo se explica el cambio psicológico del personaje central, igual es un canalla que un desvalido?

 Se explica a partir de una noticia que recibe a los 18 años y que trastocará el andamiaje de su vida. Esa noticia justifica su sufrimiento y su desconcierto. Desde entonces ya nada será igual y se verá obligado a asumir responsabilidades para las que no está preparado lejos de su pueblo, mientras busca un futuro que le redima. Los pájaros de su mala cabeza le jugarán malas pasadas…¿qué vamos a hacer?  A pesar de eso es una novela bastante optimista, hay mucho humor y mucho amor y está llena de sorpresas y sentimientos.

-¿Has querido redactar la historia de un hombre sin atributos al que zarandea la vida?

 De alguna manera sí. Es un personaje zarandeado por los palos que le da la vida, que funde lo trágico y lo cómico. En realidad, Santiago Lansac no tenía intención de abandonar su pueblo, pero la situación lo requiere y la vida no le trata como esperaba. Es un personaje indomable, es un poco como un víctima al que le gusta hacerse la víctima, que en cualquier momento te la lía, que te hace sufrir igual que te hace reír, muy peculiar.

-¿Esa Zaragoza de la que hablas, quién te la ha contado, cómo te llega, y por qué eliges Zaragoza?

 Me llega de mis familiares próximos y algo de mi experiencia. Ten en cuenta que mi abuela por parte de mi madre vivía en la Calle Fuenclara y yo venía mucho a ese piso, que era interminable. Era genial mi abuela, muy sentimental. Siempre he estado rondando por aquí, por el Tubo: el Texas, Cafetería Habana que ya no existe, Casa Lac, Plata… esas calles son muy interesantes para Santiago, como lo es luego el chino de Barcelona. Todo ambiente que sea susceptible de generar líos, es territorio para Santiago.

De Zaragoza, a Barcelona, a Montevideo, ¿por qué ese travesía?

 Era inevitable ir a Barcelona, por dos motivos: es la escenografía de mi vida hasta hace poco y es un destino tradicional que absorbió mucha mano de obra, no solo de Aragón. Zaragoza se le queda pequeña a Santiago, que siempre prefiere el anonimato, y tiene demasiados problemas, aunque en realidad, la abandona por amor. Los otros destinos ya son cosa de él, yo no me lo esperaba, pero ya te digo que es muy difícil de domesticar.

 

Si Santiago pudiera ser el hombre sin atributos, el gran personaje del libro es Candela Paz. ¿Es la perfecta antagonista, es la mujer que es capaz de desmoronarse o transigir por amor?

 Para mi Candela es igual de protagonista que Santiago, si bien es cierto que lo que Candela hace es en función de él. Es un personaje para mi fundamental e impagable. No se la merece Santiago y creo que tampoco me la merezco yo como autor.  Es una mujer que proviene también de un pueblo de la posguerra,  a la que nadie le ha explicado nada que no sea ir a misa y ayudar en casa, trabajadora prematura e incansable. Con toda su ingenuidad se enfrenta al amor de manera inocente y entregada… y sufrirá las consecuencias.

En ella reside, intencionado, un reconocimiento a las madres solteras y mujeres trabajadoras que en los sesenta y setenta, cuando ya era extraño incluso que trabajaran, muchas de ellas sacaron adelante, con muchísimo esfuerzo, ninguna ayuda social y en la sombra, a sus hijos y en muchos casos también al marido. Todo para poder dar a sus hijos las oportunidades que ellas no tuvieron. Extraordinariamente dignas.

Esta es una novela donde siempre suceden cosas, donde siempre hay acción, personajes desalmados, conflictos. ¿Cómo entiendes la novela?

Entiendo la novela como una historia de ficción que se alimenta de conflictos, sorpresas, sentimientos, en la que se refleja la vida misma y que aporta una experiencia de la vida… me gusta que la literatura tenga emoción. Creo que si lo miramos detenidamente todas las novelas son históricas, y contribuyen a ser espejo de la realidad superándola. Es un género estupendo: No conozco mejor entretenimiento que leer novelas: enseña otros mundos, cómo se vivía en otras épocas, está muy presente la memoria, conmueve, rescata del aburrimiento, te hace pensar en la esencia del ser humano, a veces te ríes mucho, es barato y no deja resaca.

El año pasado publicaste ‘A todo pasado’ en Prames. ¿Cómo fue la experiencia?

Estupendo, un placer publicar un poemario con buena gente que guarda un rincón para la poesía.

¿Qué relación hay entre el poeta y el novelista?

 No mucha porque para mí son dos géneros muy distintos: la novela requiere el esfuerzo, método, rutina, constancia… y la poesía se trabaja de otra manera. La poesía es como mi mejor amiga, igual no la llamo en tres meses pero si la necesito siempre está. En mi caso con la novela tengo una relación intensa a diario, con la poesía la relación también es intensa, pero ocasional.

Vivimos en una época de grupos, de estéticas, de clanes casi excluyentes. ¿qué tipo de novelista, mejor aún de escritor, quiere ser Use Lahoz, qué busca, qué quieres decirle al lector?

Yo soy un trabajador que hace su trabajo lo mejor que puede, con humildad y procurando ser mejor que yo mismo. Intento transmitir al lector mi voluntad y mi apuesta por las buenas historias contadas lo mejor posible, con personajes que sientan y logren conmover como me conmovieron a mi los personajes de las novelas que leí y que me cambiaron la vida, teniendo en cuenta a los maestros clásicos y a los jóvenes contemporáneos. Estoy a favor de la literatura, eso ante todo, y afortunadamente una historia se pude contar de muchas maneras.

DANIEL GASCÓN PRESENTA 'LA VIDA COTIDIANA' EN LA FNAC DE CALLAO

Jonás y Daniel en una foto de Heraldo.

Esta tarde, a las 19.30, en la FNAC de Callao, Daniel Gascón (Zaragoza, 1981) presenta su libro de relatos ‘La vida cotidiana’ (Alfabia), en compañía de Marcos Giralt, Jonás Trueba, con quien firmó el guión de ‘Todas las canciones hablan de mí’ dirigida por Jonás (candidato al Goya a la mejor dirección novel; Oriol Vila también es candidato al mejor actor revelación), y Diana Zaforteza, una de las responsables del sello Alfabia, para el que Daniel ha traducido la exitosa novela de David Vann: ‘Sukkwan Island’. Ayer Daniel compartió una tertulia muy simpática con Mercedes Cebrián en el programa ‘Hoy por hoy’, con Carles Francino y Javier Rioyo. Daniel dijo que nunca había tenido de sentirse joven en la literatura y que ese sentimiento, si existe, se cura con el paso del tiempo. Dijo además que en la vida cotidiana está todo lo mejor: te exige estar atento, disfrutar de las pequeñas cosas, ser un observador y te impulsa a no estar o no ser un distraído. ‘La vida cotidiana’ es un libro de amor y desamor, de pérdida, de personajes inolvidables como una anciana escritora, un traductor o un forofo del Real Zaragoza que se ponía la camiseta del equipo en cualquier situación. Y es un libro sobre lo difícil que resulta a veces empezar de nuevo, incluso en el amor, sobre todo si te dejas la tabla de abdominales en la casa de tu ex amante.