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Antón Castro

Escritores

EN EL CENTENARIO DE CUNQUEIRO

EL EMBRUJO DE ÁLVARO CUNQUEIRO

 

Se habla tanto de Alvaro Cunqueiro (1911--1981) en Galicia que parece que desde que uno nace ya debe conocer su existencia o saber que se trata de un escritor importante. Fundamental para nosotros. Yo había oído hablar mucho de él, incluso hacia 1976 ó 1977 leí una entrevista en una revista que dirigía Víctor Freixanes y en la cual colaboraba un jovencísimo Manuel Rivas, Teima, donde le hacían una entrevista al autor de As crónicas do sochantre. Decía: "Si yo le hiciese caso a las puñeteras manías de este país, hace años que hubiera dejado de ser escritor". No entendí muy bien a qué se refería, pero sentí curiosidad por saber qué le reprochaban.

           Al día siguiente, me fui a la sección de Gallego de la Biblioteca de la Universidad Laboral donde estudiaba Electrónica, desgraciado de mí. Y curioseé en los ficheros con sus títulos en castellano y gallego: Las mocedades de Ulises, El año del cometa, Tesouros novos e vellos, Os outros feirantes y Merlín e familia, que además era de las más antiguas. La saqué e intenté leerla varias veces: siempre me perdía y volvía a empezar. Me gustaban los títulos de los capítulos, el episodio de la sirena, la complicidad del viejo Merlín y de doña Ginebra varados en una fraga de Lugo, en Miranda; me sentía revivir en la historia de amor del niño que cuenta y de la muchacha, Manoel y Helena, pero sólo intuía las cosas, no lograba descifrar muy bien nada de aquel mundo ucrónico que lo mismo fundía una historia rural de los años 50 con un pasado de leyenda salido de Las mil y una noches. Así era Cunqueiro: imprevisible, extravagante, fabulador y raro. Incluso en su forma de escribir: afirmaba negando, y redactaba un gallego que yo desconocía por completo, parecía medieval o lejano: un lenguaje inextricable matizado por rumores de lluvia y cánticos taciturnos y maliciosos de sirena sola en altamar.

            Por aquellos días andaba yo muy interesado en el teatro y en investigaciones parateatrales con Teatro Circo. Cada vez que iba por el local que estaba cerca de la playa del Orzán, encontraba al grupo ensayando bajo las órdenes de Manuel Lourenzo. Un genio. En los primeros tiempos preparaban A noite vai coma un río de Cunqueiro, con una espléndida y rubia Luisa Merelas, creo recordar. Y luego empezaron a montar O incerto señor don Hamlet del escritor de Mondoñedo. ¡Cómo disfrutaba en aquellos ensayos, qué emoción meiga de magia y añoranza cada vez que oía aquella poesía encantada, el secreto de los bosques hecho sílabas!

            Cada noche, volvía para Arteixo en el último autobús que había: el de las diez y media. Y un día me di cuenta de que en él viajaba también uno de los actores: Xan González Eirís, que iba hacia Carballo, donde vivía y trabajaba en un banco. Era y es un actor extraordinario. Jamás podré olvidar aquellos viajes: me enseñó literatura, música (él me invitó al primer concierto, y al segundo y al tercero y al cuarto, de la Sociedad Filarmónica) y un día le dije que no podía leer a Cunqueiro. Que lo había intentado con varios libros pero que me era imposible.

            --¿Conoces Merlín e familia?

            --Ese es el libro que más me ha hecho padecer.

            --No puede ser. A Cunqueiro hay que leerlo por el placer de leer. Es el escritor más feliz del mundo. Encarna el duende de la palabra.

            Volví a intentarlo y logré comprenderlo por fin, conseguí absorber su misterio, esa ardua y cristalina mezcla de vida cotidiana, tan semejante a la mía, adolescente de aldea, y de trasmundo. Luego ya me zambullí en él con desafuero y encontré el mundo clásico, el mundo medieval, personajes extraordinarios, una erudición excepcional y sospechosa cuando quería, de ingeniosos apócrifos, viajes y amores y picardía, y una prosa sabrosísima que me invitaba a soñar como un narcótico o como un filtro de enamorar.

 

 

*Recupero este artículo sobre uno de los escritores que más me han marcado. En gallego y en castellano. Su poesía, su narrativa, sus ensayos, su poesía, sus artículos de prensa, sus artículos de casi todo. Me he pasado los primeros años de mi vida buscando textos de Álvaro Cunqueiro: en Tusquets, en Galaxia, en Destino. La primera vez que publiqué en Destino me hizo muchísima ilusión –siempre me la ha hecho, en realidad: he publicado allí ‘El testamento de amor de Patricio Julve’ (aparecerá este año en Xordica en su cuarta edición), ‘Los seres imposibles’, ‘El álbum del solitario’ y ‘Golpes de mar’- porque había sido la editorial de Cunqueiro. Estos días se cumplen 20 años de su muerte y en el próximo mes de diciembre se cumple un siglo de su nacimiento. Irá apareciendo poco a poco en este blog. Como aparece ya en muchos otros, entre ellos el de Juan Manuel Macías.

DOS POEMAS DE JUAN MANUEL MACÍAS

Hace unos días, recibí dedicado el nuevo poemario de Juan Manuel Macías, ‘Tránsito’ (DVD), un libro muy elaborado, intenso y hermoso, un territorio libre y sugerente donde la lírica se derrama a su antojo, con libertad, ritmo y hondura de pensamiento. Nacido en Cartagena, en 1970, Juan Manuel Macías es filólogo, helenista, traductor y tipógrafo. Ha publicado la traducción y edición de las poesías de Safo (DVD Ediciones, 2007) y los poemarios ‘Azul de enero’ (2003) y ‘Tránsito’ (DVD Ediciones, 2011). He leído que es fumador en pipa, o que al menos lo era, y que adora los gatos. Ante sus ojos, esos felinos misteriosos son como  poemas que caminan. Le pido un par de poemas y me envía estos dos de ‘Tránsito’. El mundo poético de Juan Manuel Macías puede verse en su blog:

http://diosas-nubes.blogspot.com/

 

DOS POEMAS DE JUAN MANUEL MACÍAS

 

 

Retrato de Maurice Ravel mientras componía.

 

PAVANA

(Ravel)

 

Todo se queda atrás y acaba

con un tacto en la boca de oro impuro, amargo

sabor a distancia y abandono.

 

Y se derrama el final de la luz, sus fatigadas heces,

lo inútil, el miedo, la espera,

esa última miel que el sueño finge sobre la mano fría de pronto

cuando ya no puede, no sabe, no quiere sostener la danza,

trabada en otra mano

para engañar al aire,

y todo ya es silencio.

 

Y todo es frío

cuando las rodillas se abren en remordimientos

y se cierran los dedos que la noche va trenzando

sobre el turbio espesor del corazón,

que sólo busca sus confines para caer a solas.

 

La noche va poblando la nuca de ceniza y ansia,

y todo es vértigo

cuando la pavana, por un instante, duda.

 

Cuando la pavana duda de todo y de sí misma

y ya no encuentra el paso que la salve y que nos salve;

cuando los ojos se buscan en la mutua incertidumbre

y los pies ya no saben cómo recuperar la tierra

y los labios se acometen con oscuridad y rabia y todo

se queda atrás, irremediablemente, en un fondo de rosas que se apagan

sobre la piel legendaria de una infanta.

 

Pero es un instante.

Tan solo un parpadeo, y la pavana vuelve

primero a tientas, aprendiendo el vacío,

hasta encontrar, segura ya, su nuevo paso.

Y vuelve más nítida o más simple, desprendida

del ornamento que los días han ido acumulando,

del lastre innecesario de los cuerpos.

 

La gentil pavana,

adelgazada ya en su solo armazón de tiempo,

se despoja y nos despoja y sigue

sin nosotros.

 

Uno de los obras de Katarzyna Rzeszowska: acaso una sirena.

 

SIRENA

 

 

Sigue tu voz labrando piel y tarde,

erizada de lluvia, laboriosa,

tejiendo el rojo tango de la cólera,

bebiéndose la vida en mis cristales,

arrojando a mis ojos viejos mapas

donde agonizan todos los veranos,

todo el amor, gritando por sus calles.

 

Tu voz oscura, madrigal de sueño,

¿con qué cuerda sutil o enajenado órgano

arrastra el mundo, barre, vientos, almas

y los ata a tu vientre desbordado?

Oscura cera hirviendo en el invierno,

sigue tu voz inventando mi nombre,

sigue llamándome desde tus brumas,

de tu llano horizonte impredecible.

Tu voz es lejanía, sal y tiempo.

 

Y tu canción tan simple, tan perfecta

como una uña nítida arañando la tarde,

como una niña de hielo licuada en el invierno,

como un sombrío escorzo por mi espalda

escribiendo postales sin firmar,

fatigadas de años,

enmohecidas de azar,

amarillas de puro pensamiento.

 

Y tu canción exige, quiere fondo,

y desfondarme el corazón, volverme

mi propio vértigo, mi fiel naufragio,

y ahogar tan dulcemente

los hombres que no he sido,

los perdidos ausentes convocados

con las últimas naves de la tarde.

 

Sigue y sigue tu voz, conmigo a solas,

dando vueltas al frío de la fuga,

tan razonablemente

parecida al silencio, tan igual

a la tenaz razón del oleaje,

a la ley que establece sus fronteras,

a un extraño país anochecido.

 

Otra foto de Katarzyna Rzeszowska.

SANDRA ANDRÉS BELENGUER PRESENTA EN LA FNAC 'LA HIJA DE LOS SUEÑOS'

SANDRA ANDRÉS BELENGUER PRESENTA EN LA FNAC 'LA HIJA DE LOS SUEÑOS'

 

Esta tarde, a las 19.30, en la FNAC presento el libro ‘La hija de los sueños’ de Sandra Andrés Belenguer (Zaragoza, 1980), un libro de género fantástico y de terror que habla de un orfanato hacia 1810 y del joven Sebastien (que lee e interpreta los sueños ajenos), de un escritor desdichado cuya obra ha sido plagiada y robada por otro misterioso escritor, y de una pareja de jóvenes, Adrien e Iris, que conviven con la premonición y la pesadilla. Esta foto de Manuel Álvarez Bravo [se titula 'Portrait of the Eternal'] no es exactamente Iris, pero ese clima de sombra y misterio podría ajustarla a la atmósfera de miedo y enigma. El libro lo ha publicado el sello Viceversa, y Sandra Andrés es la autora de otra novela inquietante: ‘El violín negro’, que sucedía en París. El libro se encabeza con una cita de Víctor Hugo y otra de Edgar Allan Poe.

Este sugerente caserón, que podría evocar un orfananto, pertenece al fotórafo M. Lorenzo. En un sitio así arranca la novela de Sandra Andrés Belenguer.

JAVIER SIERRA: EL DON SECRETO

Javier Sierra era, para un sector editorial, el esperado. En su sello anterior recibió presiones para que se aprovechase de la onda expansiva del éxito de ‘La cena secreta’, donde revelaba algunos secretos del enigmático Leonardo da Vinci. A Javier le costó hallar el tono, el argumento y la acción de ‘El ángel perdido’ (Planeta), donde mezcla dos personajes distintos, dos piedras preciosas (dos adamantas, que servirían para comunicarse con los ángeles), dos antagonistas un tanto apocalípticos, dentro de una ficción que integra la historia del ocultismo, los evangelios apócrifos, el poema de Gilgamesh, el Pórtico de la Gloria, el monte Ararat y una hilera de muertos. La intriga es tan pertinaz que hasta por ahí anda, obsesionado, el propio presidente de los Estados Unidos. Javier vive en la espiral del éxito: ha sido traducido en el último lustro a 43 lenguas y sus lectores se cuentan por millones. Su mundo, en el fondo, es el mismo de cuando era un adolescente apasionado por la radio y el esoterismo, los ovnis y las historias extrañas de Erich von Däniken en ‘Recuerdos del futuro’. Y su forma de comportarse es un la de comunicador nato que posee encanto, carisma y una sencillez que rara vez se resiente. Es feliz y triunfa, pero no necesita dar lecciones a nadie ni menospreciar a sus lectores. No quiere arreglar el mundo aunque se traslade en un autobús promocional. Se siente afortunado, intenta huir de la responsabilidad de pensar que lo leen algunos millones de lectores y sigue afirmándose en sus raíces: Teruel, el mudéjar, los amigos y la familia, ahora que es padre por partida doble. Teruel viaja siempre con él aunque ahora se haya trasladado a Compostela, a la Costa de la Muerte o a Noia, donde murió el cineasta Claudio Guerín. Teruel viaja tanto con él que su hijo varón se llama Martín en honor a la torre de San Martín.

DE ORIHUELA A JUAN CARLOS MESTRE

DE ORIHUELA A JUAN CARLOS MESTRE

He estado varios días fuera. En Orihuela, la ciudad de Miguel Hernández.

-Mi cuñada Isabel Gascón Brumós, veterinaria, cumplía 50 años y nos recibió a todos –a mi familia, a mis cuñados, a mi suegra- en su espléndida casa de Desamparados.

-Fuimos a la playa, nos bañamos y comimos un rico arroz a banda. Luego, en la sobremesa, salí de paseo y me tendí en un banco de piedra a oír el trallazo del mar. Hacia las seis de la tarde me quedé dormido: fue una sensación extraña y maravillosa, romántica. Alguien me preguntó luego: ¿Viste, al despertar, una sirena a tu lado?

-He dado algunos paseos entre limoneros y naranjos. Esas plantaciones me producen una emoción especial. Pienso en Miguel, en los pastores, en la palmera levantina, en los olores…

-Ayer por la mañana, con mis cuñados Paco y José Antonio, fuimos a ver la casa de Miguel Hernández. Había que ir: me gustó como siempre. Vi su habitación, el patio, las moreras, las higueras, los establos, el cactus. Y le tomé algunas fotos al retrato de joven que saluda al visitante. Luego fuimos al Museo de Arte Sacro y vimos un más que meritorio Velázquez.

-Al llegar a casa, hacia las nueve y cuarto, veo varios correos de mi admirado Jesús Marchamalo, que acaba de entregar un nuevo libro en Siruela sobre bibliotecas. Recuerdo que hace años empecé a hacer algo semejante, con la biblioteca de Miguel Labordeta y la de Ildefonso-Manuel Gil. Jesús, que es un mitómano, un gran fotógrafo y un coleccionista de adjetivos y de amigos, me había enviado una foto del poeta, rapsoda, músico y pintor Juan Carlos Mestre. El autor de ‘La casa roja’ (Calambur), el amigo de Antonio Pereira y de Rafael Pérez Estrada, un artista integral en el más estricto sentido del término. Cuelgo aquí la foto de Jesús Marchamalo: Juan Carlos Mestre y sus maletas de viajero soñador.

EL BLOG DE 'LETRAS LIBRES'

Durante años he recibido en la redacción de ’Artes &Letras’ la revista ‘Letras Libres’ y la leía con enorme placer. He hecho reseñas de ella y de sus espacios temáticos, de sus monografías, de figuras como Salvador Elizondo. Me gustaba mucho. Un día dejó de llegar a la redacción y empecé a comprarla en los quioscos; y ahora me resulta muy difícil hacerme con ella porque no es fácil verla. Cada día desaparecen más quioscos. Me he despistado en los últimos tiempos, pero se ha convertido en una revista de referencia, de pensamiento crítico. Mi hijo Daniel colabora mucho en ella, y me hace mucha ilusión. Colaboran Daniel y otros amigos como Félix Romeo, que allí escribe de casi todo: de buenos libros, de televisión, de arte, de la vida en general y de esa vitalidad que se le escapa por todos los poros. Y además redacta artículos de opinión siempre jugosos y a la contra. El último es este: ‘La bici oficial’ (Ya se ve que hay cosas que están en el aire y en el ambiente: dentro de una semana o así empezará a distribuirse mi libro ‘El paseo en bicicleta’ (Olifante, 2011). Y lo que son las cosas, y perdón por el anecdotario: anoche compré en el VIP’s un libro de fotos de Robert Doisneau; esta mañana Elías Moro Cuéllar me mandó, por puro azar, una foto de bicicleta de Doisneau, y luego me hacen llegar este artículo de Félix. Ya lo digo, la bicicleta está en el ambiente (os recomiendo dos libros preciosos: ‘El ciclistra’ de Krabbé y ‘Diarios de una bicicleta’ de David Byrne, al que alude Félix).

 

La bici oficial

Por Félix ROMEO

Veo muy entusiasmados al PSOE y a la Dirección General de Tráfico con las bicis en las ciudades, apoyando su uso y legislando para su mejor circulación, restringiendo la de los coches, pero no he visto todavía que ningún ministro haya dado ejemplo estrenando su bici oficial y abandonando su coche oficial. Tampoco el presidente Zapatero, que sin duda apoya a los ciclistas, como ha quedado claro con el caso Alberto Contador, ha renunciado al coche oficial para pedalear a sus anchas por Madrid, por León y por el mundo entero.

Lo de la bici, creen, está dirigido a otros: a los numerosos empobrecidos por la crisis, a quienes no pueden pagar la gasolina, a quienes no ven sus necesidades cubiertas por el transporte público (porque la mayor parte del transporte en España es público o diseñado por funcionarios públicos), a los jóvenes que aún no están podridos...

Basta leer a David Byrne, uno de los mayores proselitistas del uso de la bicicleta, como demuestra en sus Diarios de bicicleta, para darse cuenta de que una cosa es predicar y otra muy diferente dar trigo. David Byrne cuenta, sin cortarse un pelo, cómo viaja todo el tiempo alrededor del mundo en avión, sin reparar en que se trata del medio de transporte que más CO2 emite por pasajero y kilómetro y cuyas emisiones contribuyen al efecto invernadero 2,5 veces más que las emisiones de superficie. David Byrne cuenta, también, cómo en su oficina, en Manhattan, se hizo instalar una ducha para no apestar a sus clientes al llegar de una vuelta ciclista a la Gran Manzana.

Fomentar la bicicleta como transporte masivo, y así se le trata cuando se legisla a favor de la congestión en el centro de las ciudades, donde se concentran los servicios, es un auténtico disparate, que tiene un tufo maoísta que repugna desde el momento mismo de enunciarse. Lo que hace falta es un transporte colectivo eficiente: que pueda llevar a mucha gente a muchos sitios, en poco tiempo y durante muchas horas al día, a buen precio y en vehículos dignos, interconectado entre sus diferentes modalidades y, a ser posible, poco o nada contaminante.

Aunque su coche oficial era bastante tosco, un Dongfeng de fabricación china que no tenía nada que ver con los Audi que usan ahora, Mao tampoco iba en bicicleta a visitar a los campesinos, y eso que vivía en el país con más bicicletas del planeta... cuyos habitantes no podían usar más que para trasladarse en pequeños espacios: tenían completamente restringidos sus movimientos, pero eso es otro asunto, o quizá no.

Félix Romeo

 

Daniel me da alguna información más sobre ‘Letras Libres’.

El blog de la redacción está aquí.

Los editores son Pablo Duarte, Daniel Krauze y Cynthia Ramírez.  Se actualiza mucho, trata de temas muy diversos y escribe mucha gente: Enrique Krauze, Daniel Saldaña, Rafael Lemus...

Ahora también salen cada mañana posts sobre asuntos españoles, hemos escrito Ramón González Férriz, Félix Romeo, Jordi Pérez Colomé, Yaiza Santos y yo.

ENTREVISTA A RAFAEL NAVARRO

ENTREVISTA A RAFAEL NAVARRO

Rafael Navarro (Zaragoza, 1940) se pasa al color y a la fotografía digital en la muestra ’A destiempo’ que se expone desde ayer en el Paraninfo, donde, además, muestra una cincuentena de obras de su colección personal con piezas de Willy Ronis, Jean Dieuzaide, Bellocq, Álvarez Bravo, Thomas Ruff, Korda, García-Alix o Andrés Serrano, entre otros.

 

¿Por qué has dado ese paso al color y a la técnica digital?

El color hace algunos años que me iba rondando por la cabeza y me frenaba la dificultad para controlar todo el proceso al tener que recurrir a laboratorios externos. Cuando decidí empezar a trabajar con sistemas digitales me pareció el momento oportuno para hacer ambos cambios a la vez.

¿Cómo te has sentido, qué ha sido lo mejor y lo más incómodo?

Lo incomodo es volver a tener que aprender nuevas técnicas cuando ya peinas muchas canas, lo mejor descubrir nuevas posibilidades de canalizar tus deseos de expresión.

En la muestra se ve que también has descubierto el PhotoShop. ¿Te ha aportado algo especial más allá de una faceta técnica?

En ninguna de las piezas expuestas hay una intervención “radical” del PhotoShop. Son todo tomas directas, jugando con reflejos en vidrios, encuadres concretos, etc.  La herramienta se ha utilizado solamente para pequeñas correcciones y ajustes, pero en ningún caso se ha rehecho la composición o se han agregado sujetos a las imágenes.  

¿En qué medida esta muestra es una prolongación y un ensanchamiento de Testigos, tu mirada sobre la naturaleza que vimos en el MICAZ en el pasado año de 2010?

El planteamiento es diferente, aquí hablo de vivencias o no-vivencias personales, pero inevitablemente han salido de la misma cabeza y supongo que conservan un cierto aire de familia.

 

Se insiste una y otra vez que no eres un fotógrafo narrativo. ¿Cómo seleccionas las imágenes, cómo las encuentras, qué te interesa?

No me resulta fácil contestar a esa pregunta, porque no conozco la respuesta fehaciente.  En ocasiones promuevo una situación y trabajo sobre ella, otras veces es la propia imagen la que se manifiesta y pide ser registrada.  Hay siempre una frontera virtual entre lo intelectual y lo instintivo.  Y, en mi caso, suele ser mejor el resultado cuando la parte instintiva predomina sobre la intelectual.

¿La fotografía para ti es un estado de ánimo, una necesidad, una imposición casi inconsciente de tu forma de ser? Te invito a decir que significa para ti la fotografía, qué te permite mostrar

Hace algún tiempo recuerdo haber escrito:

 

Para mi la fotografía es un medio.

Un medio que me permite hablar allá donde no encuentro las palabras.

Un medio con el que busco en mi subconsciente, aflorando contenidos, sentimientos escondidos.

Un medio que me permite crear objetos que contengan valores sutiles inteligibles para otros.

Un medio que me deja respirar mi libertad.

Viendo la muestra podría decirse de inmediato: Nuevas fotos de Rafael Navarro. ¿Existe un estilo Rafael Navarro? ¿Cómo sería: estaría marcado por la factura impecable, por el perfeccionismo, por la plasticidad, por la sorpresa, por la atmósfera?

Yo no puedo responder a eso.  Supongo que la fuente es común para todas ellas y eso debe de notarse.  Para mi sería una gran satisfacción que suceda, pero la palabra la tienen en este caso los espectadores.

¿Por qué te preocupa tanto deslocalizar las fotos, por qué te inclinas hacia la abstracción?

 

No me gusta vincular las sensaciones que trato de expresar en mis fotografías a personas o lugares concretos.  Esto limitaría su lectura a mi entorno y lo que intento es que cada espectador pueda amueblar el escenario con su propio bagaje personal y sentirse identificado.  

¿No te has decantado mucho hacia la pintura con el uso de plano superpuesto, amagos de veladuras y transparencias?

Si tal cosa ha sucedido no ha sido intencionado, pero no me molesta en absoluto.

 ¿Existe, de partida, una búsqueda de una fotografía intemporal, fuera del tiempo?

En mi caso si.  Trato de evitar referencias temporales por las mismas razones que he comentado antes.

 ¿Tiene claro el fotógrafo lo que quiere contar?

Si el fotógrafo soy yo sí y no.  Lo que mas me interesa de usar un lenguaje plástico es que me permite comunicar sin necesidad de concretar.  Puedo sugerir mas que decir.  Y esa aparente ambigüedad es la que me permite dejar que el lector de las imágenes tenga que penetrar en las mismas si quiere llegar a buen puerto en su apreciación.  Hay quien se queda en una lectura superficial y se limita a pensar que son hermosas.  Hay quienes buscan más códigos de lectura. Y esos son los que más me interesan y para los que trabajo.

 ¿Cuál es el encanto de una pared, un hueco, un ángulo? ¿Se puede hablar de emoción, de hermosura?

Cualquier sujeto es capaz de emocionar, depende del tratamiento que se haga del mismo.  Es evidente que esta afirmación es demasiado categórica, pero con mas o menos matices, creo en ella.

 ¿Miras el mundo con angustia, con melancolía, hay en tu obra como una mirada doliente y elegiaca como sugiere una de las autoras del catálogo?

Reconozco que mis fotografías no son, precisamente, divertidas. Pero supongo que yo tampoco debo de serlo mucho…

Hablemos de la colección: de esa cincuentena de fotos de grandes maestros internacionales, españoles y aragoneses. ¿Cómo ha sido la aventura del coleccionista de fotos ajenas, qué has aprendido de esos cuadros?

Mi colección yo no la considero como tal.En su casi totalidad proviene de intercambios efectuados con otros autores que he ido conociendo a lo largo de los últimos cuarenta años. Y, por supuesto, la contemplación de dichas imágenes a aportado valores que en mayor o menor forma han influido en mi visión de la Fotografía.

¿Cómo podríamos definir el espíritu de la colección?

Para mí, más que una colección es una especie de libro de bitácora de mis deambulares por el mundo de la fotografía.

¿Son estas las fotos que has elegido o las que te han elegido a ti?

En muchos casos han sido ellas las que me han elegido o más bien seducido. Eso cuando yo he decidido que imágenes quería.  En otros casos he propuesto al propio autor que fuese él quien decidiera que piezas deberían irse conmigo.

Cuéntame alguna anécdota bonita: por ejemplo, ¿cómo llega a ti La buena fama durmiendo?

Este caso es una prueba de la gran generosidad de un autor al que he admirado desde siempre y a quien tuve el honor de conocer y tratar en varias ocasiones: D. Manuel Álvarez Bravo.  Estando en La Habana, durante los III Coloquios Latinoamericanos de Fotografía, y durante la inauguración de una exposición de D. Manuel en el Museo Nacional de Bellas Artes, le comenté a su esposa que me gustaría adquirir un tiraje de dicha obra.  Ella dijo que había que hablarlo con D. Manuel y cuando, unos minutos mas tarde, lo tuvimos cerca y le comentó mi deseo, él me propuso abiertamente un “change”.  Para mí, que por aquel entonces tenía un reconocimiento público bastante limitado, fue una sensación muy hermosa y me sirvió para poder valorar la calidad humana de aquél hombre al que ya admiraba por su trabajo. El año pasado, durante una estancia en México, volví a ponerme en contacto con su viuda y le prepuse hacer un trabajo en su casa y estudio, como homenaje a D. Manuel, cosa que acepto y que le agradezco sinceramente.  El trabajo ya está realizado y espero poderlo mostrar dentro de poco tiempo.

 Hay en la muestra un campo de afinidad a través del desnudo y del paisaje. ¿Quiénes son los fotógrafos que te conmueven especialmente: Willi Ronis, Clergue, García-Alix?

Cada autor tiene su personalidad y sus obras una serie de matices que, inevitablemente te atraen en mayor o menor grado. La lista de autores que creo han podido influenciarme, incluso a nivel subconsciente, es demasiado amplia.

Has dicho alguna vez que una de las fotos que más te conmueven y que te parecen perfectas es la de Stravinsky tomada por Arnold Newman. Explícanos por qué?

La considero uno de los mejores retratos que se han tomado en toda la historia de la fotografía.  Es perfecta la composición, la expresión del compositor, la postura, el ambiente creado, todo ello hacen sentir la mano de un gran maestro.

¿Qué reflexión te merece la fotografía aragonesa de los últimos 30 años?

Circunscribiéndome a la fotografía creativa, que es el campo en el que me muevo, se ha realizado un gran esfuerzo, por parte de los autores para conseguir que sus obras sean de la máxima calidad y por parte de las galerías y espacios institucionales para valorar dichas producciones y exhibirlas convenientemente. No obstante el recorrido es muy largo y todos tenemos que continuar, cada uno en nuestra labor, trabajando duro para conseguir avanzar todo lo posible.

¿Queda por hacer alguna reivindicación de la fotografía o ya es una de las Bellas Artes de veras?

En algunos campos muy retrógrados todavía hay reticencias, pero creo que es una batalla ganada universalmente hace ya mucho tiempo.

 

*El retrato de Rafael Navarro es de Carlos Moncín, jefe de fotografía de ’Heraldo de Aragón’. Ayer publicaba un reportaje-entrevisa con Rafael Navarro en la apertura de Cultura: esta es la entrevista completa.

 

ALGUNAS OBRAS DE LA COLECCIÓN

'El desnudo provenzal' de Willy Ronis.

 

'Elena mar. Odalisca en mi patio' de García-Alix, de 1987.

 

'Stravinsky' por Arnold Newman.

'La buena fama durmiendo' de Manuel Álvarez Bravo.

'Che Guevara' de Alberto Korda.

 

DANIEL NESQUENS: UNA ENTREVISTA

Daniel Nesquens (Zaragoza, 1967) es un incansable fabricante de ficciones. Un creador de personajes y de sueños y uno de los autores más prestigiosos de la literatura infantil y juvenil nacional. Publica tres álbumes: ‘Seis leones’, ‘Magia’ y, directamente en italiano, ‘Il regalo’, ilustrados por Alberto Gamón, Elisa Arguilé y Valerio Vidali.

 

Daniel Nesquens, retratado por Vicente Almazán.

 

“La ficción es más agradecida que el día a día”

 

“Uno nunca sabe cómo

se escriben los cuentos”

 

“La literatura no tiene límites,

es un terreno de conquista”

 

 

Sus cuentos tienen, cada vez más, una mayor intromisión de lo fantástico en la vida cotidiana. ¿Tiene la literatura límites para usted?

No, no tiene límites. Cada historia es un terreno nuevo que hay que conquistar. A veces, incluso lo consigues, pero sólo es una percepción visual.

¿Lo eligen a usted los temas o los elige? El circo, la magia, el viaje...

Quiero suponer que soy yo quien los elige, pero todos sabemos que es al revés. ¿El circo, por ejemplo? Siempre me han fascinado esas Repúblicas Independientes llamadas Circos. Estados de menos de 3.000 metros cuadrados donde todo es posible. Y, claro, está la película: ‘Freaks’.

Hablemos de ’Seis leones’ (Cidcli; México 2010), dibujado por Alberto Gamón. ¿Cómo nació ese cuento, a dónde quería llevar a esos animales?

Tal vez naciese en las Delicias, en uno de aquellos circos anónimos, cuando una tarde de primavera vi a un escuálido dromedario atado a un poste. Pobre, pensé. E ideé cambiar el dromedario por un león, siempre es más circense, siempre con esas melenas al viento.

Sus cuentos tienden a la circularidad: ’Seis leones’ se abre como se cierra. ¿Por qué?

El final es un problema, que se lo digan a Haruki Murakami. Llega el momento de acabar y tienes que ver qué es lo mejor para la historia. La circunferencia es un contorno perfecto de una superficie que podemos denominar historia.

¿Cómo define al ilustrador Alberto Gamón? ¿Cómo fue trabajar con él esta vez?

Trabajar con Alberto es muy fácil. Tienes el éxito asegurado. Gamón es un ilustrador excepcional. Inteligente, concienzudo, meticuloso. Apasionado por la ilustración. Tengo la suerte de trabajar con estupendos ilustradores.

También publica ’Magia’ (Thule; Barcelona, 2010), con ilustraciones de Elisa Arguilé. De entrada diríamos que es un libro que mezcla el embrujo de un regalo –“un maletín de magia. Negro, reluciente…”- y sus poderes.

El embrujo está en el protagonista, gracias a su imaginación desbordante todo es posible. No sé muy bien qué cuento quería hacer. Lo único que tenía claro era que lo debía ilustrar Elisa Arguilé. Luego ya fue cosa de mezclar magia, fabulación, deseo, amor, música, maestro…

Básicamente, podríamos decir que ‘Magia’ es un cuento de amor. El amor del tío hacia su novia, el amor del niño hacia esa mujer que aparece en una nube...

No sé si se puede decir mejor. Uno nunca sabe cómo se escriben los cuentos. No sé si hay recetas, si hay normas, si hay un límite de líneas, sé que hay que sentarse y ponerse a escribir. Y luego…

¿Qué ha aprendido de los niños y de la ficción tras alrededor de 50 libros a tus espaldas?

Que no hay dos niños iguales, tampoco dos niñas iguales. Excepción hecha de los gemelos, claro. Y de la ficción… que es más agradecida que el día a día, que la vida.

 

De nuevo, ha trabajado con Elisa Arguilé, Premio Nacional de Ilustración. Ella vuelve a reinventarse a sí misma. ¿Qué piensa de sus ilustraciones en blanco y azul?

Elisa es la mejor. ‘The best’. No hay nadie que esté a su altura. Es brillante. Y algo mucho mejor: independiente. Y las ilustraciones son fantásticas. Me pregunta esto y me imagino a Iker Casillas levantado este libro en vez del trofeo que nos dieron en Sudáfrica como campeones del mundo.

También ha publicado en italiano el álbum ‘Il regalo’ (Topipittori, Milán, 2010). ¿Cómo surgió el cuento y esa edición en italiano?

 La historia surge de manera espontánea, pensando qué regalo le podría hacer un niño a su padre. Un regalo que no fuesen una corbata, unos calcetines…

Pensé que sería estupendo que ilustrase la historia Valerio Vidali. Dijo que sí, y como es italiano él mismo contactó con la editorial.

¿Cómo ha evolucionado su concepción del humor y qué lugar ocupa en su obra?

Creo que mi idea sobre el humor no ha cambiado. Sí que me he dado cuenta que tal vez se podía escribir con algo menos de humor. Y me he puesto a ello.

Además, me ahorro esas caras que ponen algunos. Esas caras “¿y qué?”.

Se ha convertido en una figura fundamental en la literatura infantil y juvenil en España. ¿Cómo ve el género?

Me da a mí que no, pero… Como lector, como observador veo que se están haciendo unos libros estupendos. También los hay malos, claro. Sólo es cosa de buscar los buenos, de dejarse asesorar por los estupendos libreros/as que hay en la ciudad.

¿Cómo alimenta su imaginación?

Supongo que de todo un poco.