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Antón Castro

Escritores

'TOPONIMIA NIMIA' EN EL PRINCIPAL

'TOPONIMIA NIMIA' EN EL PRINCIPAL

Editorial Eclipsados presenta el 21 de abril, a las 20:00 horas, en el Teatro Principal, el libro 'Toponimia Nimia', en cuyas páginas el lector podrá encontrar esos juegos de palabras que tantos oyentes de la Cadena SER Aragón escuchan cada domingo en el espacio A Vivir Aragón. En el Teatro Principal estarán al completo los cuatro 'magníficos' del equipo toponímico: Miguel Mena, Eva Hinojosa, Antonio Domínguez y Mikel Alcázar. El libro cuenta, además, con las ilustraciones de Álvaro Ortiz. Félix Romeo actuará de maestro de ceremonias y, se disfrutará de buen vino de la D. O. Cariñena, rico queso de Trasmoz, jamón de Teruel...

Después, a partir de las 22.00, en la Casa Magnética, DJ Men (A) a los platos, selección 100% vinilo.

21 de abril,

20:00 horas,

Teatro Principal,

Se abre el telón y aparece...

TOPONIMIA NIMIA

*En la foto, Anna Pavlova.

FERRER LERÍN, PREMIO DE LA CRÍTICA

[Francisco Ferrín Lerín ha obtenido el premio de la Crítica por su poemario ‘Fámulo’ (Tusquets: Nuevos Cuadernos Sagrados), quizá uno de los más originales e intensos de los suyos. Andrés Neuman recibió el premio de la Crítica, en la modalidad de narrativa, por su novela ‘El viajero del siglo’ (Alfaguara). El sábado por la tarde hablé un instante con Ferrer Lerín, que estaba radiante, feliz, asombrado.]

 

Ferrer Lerín en un retrato reciente de Rafael Gobantes, de Heraldo de Aragón.

 “Esta es la noticia literaria más importante de mi vida”

 

“Soy un escritor secreto y marginal,

con una leyenda de jugador de póquer”

 

“Los poetas somos unos ladrones

y unos mentirosos, como vampiros”

 

Francisco Ferrer Lerín (Barcelona, 1942; reside en Jaca desde 1968) es un escritor inclasificable: mezcla la lírica y la narrativa con su pasión por la ornitología y el lenguaje, la erudición y los libros raros. Ha aparecido como personaje en libros de Félix de Azúa o de Enrique Vila-Matas, y es el autor de una novela de culto: ‘Níquel’ (Mira editores). Acababa de recibir la llamada de Ángel Basanta, presidente de la Asociación Española de Críticos Literarios, para decirle que su poemario ‘Fámulo’ (Tusquets, 2009) es el ganador del Premio Nacional de la Crítica en la modalidad de poesía.

-¿Cómo ha recibido la noticia?

-Jamás me habría podido imaginar que un escritor como yo podría recibir este premio. Soy un escritor secreto, marginal, se habla de mí con una cierta leyenda de jugador de póquer, pero poco más. Esta es la noticia más importante de mi vida literaria. No me lo puedo creer.

-¿Por qué se titula su poemario ‘Fámulo’?

-Porque yo estudié en Barcelona en los Jesuitas, en compañía de fámulos, que eran realmente brillantes en los estudios. Cuando nos íbamos al comedor, ellos se cambiaban y nos servían la comida a los demás. Aquello siempre me impresionaba mucho. He querido rendirles un homenaje. Además, la palabra ‘fámulo es espectacular: me atrae su significante y su significado.

-Si tuviéramos que definir los temas del libro…

-Yo solo había escrito otro libro unitario en mi vida, ‘Condiciones humanas’. Mis libros eran más bien un cajón de sastre, como una reunión de textos. Y ‘Famulo’ es un libro concebido como un todo. Los poetas somos unos ladrones y unos mentirosos, somos como vampiros. Nos interesa todo lo que está ahí, en el aire, en los libros, y a mí me interesan los textos incluso de autores poco conocidos: no existe ningún escritor que no haya escrito algo, una frase al menos, que no alcance o no roce la excelencia.

-Usted casi siempre dialoga en sus libros con otros textos, con otros escritores, con libros. ¿Es eso la intertextualidad?

-También se puede llamar plagio. Soy un escritor experimental, que creo personajes, que converso con otros libros, y así sucede en ‘Fámulo’; eso sí, todos los libros y los autores aparecen al final del volumen, incluso con su fecha de publicación. Soy un lector compulsivo. Leo siempre, a todas horas, prensa, libros. He hecho cursos de lectura rápida en algún momento de mi vida. A veces voy por la calle o en el coche y lo aprovecho todo: una palabra, los rótulos, todo me sirve.

-¿Todo?

Claro. Soy un escritor intuitivo, pero mi poesía tiene un ritmo, una cadencia. Una musicalidad. Cuando yo era niño percibía un terrible ruido en la cabeza. Poco a poco lo fui llenando de nuevos sonidos. Pasé varias crisis, de identidad, espirituales, puramente físicas. Y siempre tenía ese ruido machacón, que acabó convirtiéndose en una especie de cantinela sacrílega. Todo eso explica mi sentido del ritmo. El lenguaje, para mí, es la vida misma.

-Sus libros también tienen un componente de erudición, de citas, de detalles culturalistas. ¿No teme que distancien al lector?

-Estoy profundamente arrepentido de ese modo de escribir. En mi próximo poemario, que está muy avanzado, ya rechazo toda esa retórica. En ‘Fámulo’ hay varios poemas que van en una nueva dirección: la de la máxima claridad.

 

Ferrer Lerín y su mujer Concha Jiménez en Camarasa, en 1973.

RESCATO OTRA ENTREVISTA

DE CUANDO APARECIÓ ‘FÁMULO’

 

Hace algunas semanas, Francisco Ferrer Lerín cumplía una especie de sueño: publicaba su libro ‘Fámulo’ en la colección Nuevos Textos Sagrados de Tusquets, una de las más hermosas colecciones de poesía de España. Le mandé unas primeras observaciones tras las lectura del libro y estas fueron sus respuestas. Una parte de esta entrevista apareció en Heraldo, y el pasado jueves David Mayor publicaba una reseña del volumen en ‘Artes & Letras’ del mismo diario.

 

-¿Cuál es la idea del libro, cómo surge?

 

El libro, aunque está estructurado en capítulos, está pensado con criterio de unidad; quiero decir que, a diferencia de La hora oval  y Cónsul  que no dejan de ser cajones de sastre, Fámulo, igual que el inicial De las condiciones humanas, se escribe con voluntad de entrega no fascicular. Integra, eso sí, algún poema aparecido en una sección discutible de Ciudad propia. Poesía autorizada, publicación en un volumen de mis tres libros de poemas aparecidos hasta ese momento (2005), pero el grueso de la obra se escribe de corrido en 2008.



-Es un libro complejo, difícil. ¿Para quién escribe Paco Ferrer Lerín?

 

Es una complejidad aparente, quizá instalada en la escritura, pero no resultante; el lector sólo tiene que dejarse llevar. En la adolescencia escribía para mí y para algún que otro joven turco de menguada consistencia social, ahora escribo para quien ame la poesía y sin él no tendría sentido continuar la labor.  


-Este libro está en una línea tuya muy personal donde se funde todo: la ficción, la crónica épica, el mundo de los animales... ¿Qué diferencias hay en tu poesía y en tu prosa?

 

Poca, o espero que sea poca. Argullol acuñó un término, que siempre deseé creer que fuera fruto de la lectura de mi literatura, un término que apareció en un artículo de El País a mediados/finales de los ochenta: “escritura fronteriza”. Ese soy soy, fronterizo, imbuido quizá ingenuamente de la convicción de que todo, en literatura, es lo mismo, me refiero a que sin música, ritmo, cadencia, no se debe poner nadie ante la tesitura de empezar a escribir. 

-Hay muchos personajes... ¿Quieres hacer monólos dramáticos, narrar historias?

 

No, la historia en sí, la biografía en especial, no deben formar parte del verso. Otra cosa es que esos campos aporten material, que esa condición ineliduble del escritor que es la del pillaje encuentre facilidades rebuscando aquí y allá determinados sonidos. 

-En un sentido puramente técnico, de virtuosismo verbal: se mezcla el verso corto con el verso largo, se encabalgan los versos con ductilidad, hay muchas enumeración. ¿Cómo defines tus poemas, qué quieres hacer? ¿En qué medida el poeta es un virtuoso?

 

Aceptando que el automatismo, incluso el perseguido, no existe, he de reconocer, sin embargo, que me dejo llevar. Rara vez tengo una idea preconcebida. A lo sumo una palabra o una frase, quizá a veces una sensación, y eso vale (y ojalá eso sucediera todos los días) para sentarme ante el teclado. La longitud del verso es azarosa y la enumeración, las series, forman parte de mi manera de ser, a lo mejor una manera de ser moldeada por la lectura, perdida ya en la noche de los tiempos, de aquella poesía llamada “del inventario” del maestro Perse. ¿Virtuoso? No, me acepto como pecador. Quizá habría que acosar a la excelencia, una mujer de gran personalidad que nos rehúye casi todos los días. Se ha dicho, y yo, quizá con demasiado desparpajo lo refrendo, que un poeta que no haya escrito un verso memorable en su historia creativa debería atarse una piedra al cuello y naufragar definitivamente. La cuerda la compré hace años en la tienda Marval de Jaca, y la llevo en el maletero del coche.  


-¿Qué significa para ti el lenguaje? ¿Hay en el léxico tuyo una vindicación de la belleza, de las palabras olvidadas, una búsqueda?

 

El lenguaje, para mí, es la vida; no la cifra de la vida sino la vida misma. Sin lenguaje no hay nada y en cuanto a la vindicación de la belleza, ese es un fenómeno de tal magnitud que, a menudo, la potencia embaucadora de una palabra me hace olvidar lo que significa, caigo en la trampa iconoclasta del significante puro, lo que me ha llevado, en la vida corriente, a tener serios problemas con personas que no entendían que las llamara, que las nombrara con sintagmas algo chocantes. 


-Jaca, los animales, la zoología. ¿Qué ta da Aragón y sus paisajes, que le da a tu poesía y a tu mundo?

 

Llevo viviendo en Aragón, la verdad que de modo discontinuo, más de cuarenta años; fue en 1968 cuando llegué a Jaca para trabajar como becario ornitólogo. Recientemente, en una entrevista para Heraldo de Aragón, alguien resaltó en titulares una declaración de principios que así formulada resultaba una pequeña boutade; era algo así como que el principal activo de Aragón lo constituía su baja demografía humana. Pero sí es cierto que comparado con otras porciones de la cordillera pirenaica, el Pirineo Aragonés tiene en su tranquilidad, en su silencio, en su mínima afección urbanística, el atractivo suficiente para que un escritor, un artista, pueda desarrollar a la perfección su tarea. Su paisaje, el paisaje aragonés, de la estepa al prado alpino, pese a los muchos años de uso, aún me emociona... igual que su toponimia, tan importante para el armazón de los textos. 


-¿Hay en ti voluntad de rareza, empecinamiento en ser distinto y quizá oscuro?

 

Anoche tuve una casi acalorada discusión sobre la voluntad de ser diferente en ese lastimoso y aburrido discurso de la regionalidad y añadidos. Resulta penoso y, en lo referente a la creación, literaria en este caso, aún lo resulta más. Nunca he pretendido ser original, nunca he pretendido ser críptico. Que mis intereses discurran por caminos poco hollados es fruto (debe de ser fruto) de mi condición humana poco proclive al barullo.



-Qué le debe este libro al mundo de los Novísimos o que te deben los Novísimos a ti?

Este libro no es deudor de aquella etapa desafortunadamente así etiquetada y que, por suerte para el reposo de sus cadáveres, va siendo poco a poco olvidada. Nunca me sentí perteneciente a ese grupo del que sí traté, poco antes de dejar Barcelona, a alguno de sus popes, pero eso fue todo. Aunque lo principal es que nadie se haya sentido bajo la influencia de lo que he escrito o he hecho a lo largo de mi vida, lo deseo de todo corazón.

 

-¿Significa algo especial para ti publicar en 'Nuevos cuadernos sagrados' de Tusquets?

Me siento feliz. Tanto por la presencia física del libro, como por los compañeros de viaje, compañeros no sólo en el listado de autores sino en la edición misma, en especial el director de la colección, el querido ibicenco, poeta y profesor Toni Marí.

 

JULIO CRISTELLYS: UN CUENTO

JULIO CRISTELLYS: UN CUENTO

CONCIERTO DE PRIMAVERA

 

Por Julio CRISTELLYS

De su nuevo libro ‘Rasgueos’. Ayer, muy de mañana, helaba, mas hoy es tibia la tarde y cuando después de la medianoche entre en mi casa, los acordes de un piano acariciando aún mi memoria, insomne me aguardará la primavera, acaso haya brotado una tierna yema en la rama que araña la vidriera de mi despacho.

Oscurece, pronto se abrirán las puertas del Auditorio, enseguida un pianista venido de Oriente inaugurará la temporada de conciertos de la nueva estación, luego, todavía fundida en un tenso silencio la última nota del recital, se abrirá la sima de un arrebatado aplauso y una mujer aderezada con un zafiro, el cabello rubio, de ámbar sus ojos y un aroma de jazmín en la garganta, tomará el brazo de su distinguido y canoso galán, ahora abriendo a su pareja la puerta de un coche de carrocería dorada, pues, embrujados por la música, huyen hacia una dorada aventura entre los arbustos de un escondido jardín, a la vera de un río, astros y constelaciones son sus aguas.

El pianista es joven, distante, qué largos parecen sus dedos cuando saja los más velados secretos de su instrumento, primero una antigua sonata y, como fin del programa, un nocturno, una atrevida composición de este muchacho de mirada álgida, con brasas en el corazón.

Calló la melodía, se han apagado las lámparas del liceo y frente a la puerta de un camerino aguardo al virtuoso oriental, quiero su autógrafo en la cubierta de uno de sus discos, tal vez me atreva a pedirle una foto dedicada. Sin el frac, el rostro limpio de maquillaje, vestido con unos tejanos y una descolorida camiseta, es su aire el de un estudiante, no el de un genio que habla mi lengua y me cuenta cómo allí, en su tierra, durante este mes, florecen los árboles en las laderas de una cumbre ceñida por una eterna nevada, un pico tan gélido como el roce de su mano cuando me saluda, cuando se despide en un adiós rumbo a otra ciudad, a otro teatro, al encuentro de otros admiradores.

De casa estoy lejos, prisa no tengo, mi mujer y mis hijos se encuentran de viaje, y escogiendo las palabras con las que, a su regreso, les desvelaré el hechizo de esta noche, paseo muy despacio por recónditas calles, cuánta es la oscuridad y un súbito aunque no violento golpe sacude mi espalda.

-Pero, papá, ¿se puede saber en qué piensas?, ¿no me has visto llegar? Perdona, me he retrasado…¡Vamos, date prisa, ya han avisado para entrar en la sala!

Es Juan, mi hijo pequeño. Toca la guitarra, a ratos la armónica, y es creador de sentidas baladas. Insiste en que, a la salida, de camino a casa, tiene algo que contarme, pero yo, su padre, antes de que mi hijo despegue los labios, habré de confesarle mi envidia por la fuga de unos amantes y mi emoción por una recién estrenada amistad con un pianista venido de un país donde nace el sol.

Han dado el último aviso cuando, frente a la puerta del Auditorio, se ha detenido un automóvil de chapa dorada del que se apea una bella dama perfumada con fragancias de jazmín. A Juan le sorprende mi zozobra por no distinguir entre la gente del vestíbulo el altivo perfil de un hombre vestido con un elegante terno de seda azul marino. Por fuerza, blanco como un torrente de nata ha de ser su cabello.

El pianista ha posado sus manos sobre el teclado y en un abandonado parque ha germinado una espina en el tallo de un rosal.

 

*Julio Cristellys presentará el próximo martes, día 20, en Zentrum, su nuevo libro de relatos: ‘Rasgueos’ (Huerga & Fierro)

Presentarán el acto D. Jesús Barreiro, Secretario General de Ibercaja, el escritor D. Ricardo Serna y el editor D. Antonio J. Huerga.

El acto contará con la actuación del violinista Hugo Sahuquillo y del guitarrista Juan Cristellys.




Los veintiún relatos recogidos en este volumen fueron inspirados –así lo ha confesado su autor– durante esos momentos en los que, distraídos por una inesperada y anónima melodía, a menudo interpretada por un desconocido músico, nos abandonamos a cuantas sensaciones invadan nuestros oídos. (En la foto un pianista oriental: Lang Lang).

BAUDELAIRE, POR CARJAT Y NADAR

 

Como bien ha escrito en los comentarios, ese estupendo escritor y sabio de fotografía que es Antonio Cardiel, un zaragozano afincado en Barcelona, la foto que he publicado de Charles Baudelaire no es la de Felix Nadar, sino la de otro gran fotógrafo: Etienne Carjat (1828, 1906). Hago aquí la rectificación porque si la hago en el documento correspondiente lo descoyunta. Todo. Gracias, Antonio.

 

Coloco otras fotos de Baudelaire, uno de los grandes poetas de la modernidad con su libro ‘Las flores del mal’. Abajo coloco dos de Nadar, realizadas en 1855.

 

FIN DE SEMANA POÉTICO EN TORRERO

 

POESÍA PROYECTADA

VII SEMANA DE LAS LETRAS DEL BARRIO DE TORRERO. 17-18 ABRIL 2010.

Miguel Labordeta, en una foto del estudio Lagos de Madrid.

 

SÁBADO 17 DE ABRIL. 19 h.

“La mirada poética: Vídeo – poesía”

Duración aproximada: 75 minutos
Las visiones poéticas de una serie de artistas aragoneses que unen su palabra y su mirada en varias piezas audiovisuales tan personales como sutiles.

DOMINGO 18 DE ABRIL. 19 h.

“La poesía del instante”

Duración: 100 minutos
Un proyecto que recoge cientos de entrevistas a gente de la calle recitando poesía: Lorca, Machado, Benedetti, Bécquer, Gil de Biedma, Hernández,… poesía recordada en un instante.

Lugar: Sala Venecia. C/ Lasierra Purroy 8 – 10

 

Organiza: Junta de Distrito Torrero

Coordina: Vicky Calavia

 

PROGRAMA

SÁBADO 17 DE ABRIL
La mirada poética: Vídeo – poesía


Ciclos
Autor: Ernesto Sarasa
Animación (2D, collage) / 2007 / Digital / 2 min.
Haiku sobre el paso del tiempo, la naturaleza y el ser humano. Un homenaje a los inicios de la animación oriental.
Segundo Premio Animainzón 2008

La conciencia de las huellas
Autor: Yago de Mateo
Vídeo creación / 2005 / Mini DV PAL Color / 12 min. 25 seg.
Recreación poética: Cristina Járboles
Proyecto poético acerca del paso del tiempo, del poso que crea en la memoria, de su voz propia, de su sonido interno, de su metáfora, de su presente vivo.

Si consideramos
Autor: Javier Calvo
Vídeo creación / 2001 / Betacam / 1 min.
El súper 8, el vídeo digital, el diseño se mezclan para dar forma a un poema de Bukowski.
Primer Premio Nacional Vídeominuto y Premio al Mejor Vídeominuto Aragonés en el I Certamen Nacional de Vídeominuto, Zaragoza, 2001.

Voces en el espejo
Autor: Sonia Llera
Vídeo-poema / 2009 / HDV-HDVCAM / 14 min.
Poemas: Sonia Llera
Vídeo creación poética en la que las imágenes, la música y la voz desprenden sensaciones de alto voltaje emocional. Borges escribió “Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día que no estemos un instante en el paraíso”.

Johannes
Autor: Graciela de Torres
Videograma / 2009 / HD 1080 p / 10 min.
Johannes utiliza como trasfondo el pasaje bíblico en el que Abraham va a matar a su único hijo, para realizar una metáfora sobre el escritor, la literatura y la tiniebla de las palabras.
"Gran Premio del Cine Español", ZINEBI 51, Festival Internacional de Cine Documental y Cortometraje de Bilbao.

Aoum
Autor: Tomás Gimeno
Vídeo creación / 2009 / DV / 2 min. 30 seg.
Textos poéticos: Pedro Bericat
Mantra audiovisual con ritmo cardíaco generado por destellos de una vieja pantalla de televisión intercalado con textos y símbolos del mundo poético del artista multidisciplinar Pedro Bericat

Circo Calavera
Autor: Paco García Barcos
Vídeo creación / 2008 / 11 min.
Circo Calavera S.A. el único circo imaginativo de ayer y de hoy presenta Magia, Sugestión, Intimidación, el primer Espectáculo Pseudoapraxico Espumoso del mundo (la pseudoapraxia es un estado de incoherencia general absoluta, imagínense ustedes si a esto le añadimos champán).

Ropalimpia
Autor: Don Nadie, Daniel Rabanaque y Zombra
Vídeo creación / 2008 / miniDV / 4 min. 33 seg.
Texto y voz: Daniel Rabanaque
Realizado para la campaña Ropalimpia de la ONG Setem, ésta es la reflexión que hacemos sobre la situación de la industria textil y sus consecuencias, en el origen y en el destino, en el productor y en el consumidor, cada uno esclavo a su manera.
Premio del concurso de la ONG Setem Ropalimpia

Miriam Reyes es poeta y  videocreadora. Desde hace un tiempo reside en Barcelona.


Fiebre
Autor: Miriam Reyes
Vídeo creación / 2007 / miniDV / 3 min. 23 seg.
Poema: Miriam Reyes
Mi cuerpo / qué harían con mi cuerpo/ quién / La fiebre me hacía temer / la muerte en aquella habitación alquilada / en un país alquilado para huir / de cualquiera que pudiera recordarme / La fiebre me hacía temer / mi cuerpo solo / dejándose pudrir en un viejo colchón / Gusanos antes de que alguien pensara en mí / Nadie a quien llorar, nadie a quien avisar / muerto o vivo / mi cuerpo / no encontraba ninguna diferencia. / Miriam Reyes

Silencio tras la lluvia
Autor: Clemente Calvo
Vídeo creación / 2005 / miniDV / 3 min.
Poemas: Miguel Labordeta
Película inédita en la que aparecen Miguel Labordeta y Luis García-Abrines, visitando Fuendetodos y Azuara.

 

 

Helena Santolaya es artista.

Términos
Autor: Helena Santolaya
Poema-crucigrama. Vídeo creación / 1 min. 54 seg. / 2005
Poema visual animado, construido a partir de un crucigrama y sus definiciones: “Llene los huecos de este dibujo con letras formando palabras en sentido horizontal y vertical. Defina las palabras. Habrá usted construido un poema”

Retrato de juventud de Octavio Paz.


Cinco versos y un epitafio
Autor: Emilio Casanova
Vídeo creación / 5 min. 55 seg. / Betacam SP y Digital / 1999-2005
Poemas y Voz: Octavio Paz
Poemas largos y poemas cortos: es lo mismo. El tiempo no es largo ni corto: es pleno o vacío. En tres líneas se dice, a veces, lo mismo que en quinientas… (Octavio Paz)

Alaskas
Autor: Sergio Duce
Vídeomicropoema / Mini DV 4:3 / 46 seg. / 2009
Poemas: Ana Lacarta
Sucedió un 31 de diciembre. Había una torre de ladrillo y un muro de hormigón. Y hacía mucho frío. Se juntaron dos S, dos M y una A. Con las palabras de A se grabó aquella pequeña historia del caribú... Y al final D puso sonido a los silencios.
Mención especial del Jurado en la categoría internacional en COSMOPOÉTICA 2010
http://www.cosmopoetica.es/index.php?option=com_content&task=view&id=976&Itemid=149

 

 

 

Charles Baudelaire, retratado impecablemente por Nadar.

DOMINGO 18 DE ABRIL
La poesía del instante


Poesía del instante
Autor: Vicky Calavia
Vídeo reportaje / 100 min. / DV-Cam / 2005
Cámara y edición: Nanuk P.A.
Un proyecto que recoge cientos de mini entrevistas a gente de la calle, niños, abuelos, poetas, diseñadores, pescateros, cupletistas, cantantes, fruteras, escritores, políticos, actores, hilanderas, artesanos, camareros..., todos recitando poesía, recordando aquellos versos aprendidos de carrerilla en el colegio, o tantas veces leídos por amados. Calderón, Lorca, Machado, Benedetti, Whitman, Bécquer, Bukowski, Gil de Biedma, Kavafis, Baudelaire, poesía popular, inventada para la ocasión, en un instante...

 

TRES POEMAS DE B. L. DE BLANCAS

LLORO

 

 

Lloro

por cuanto he sentido;

nada hay más hermoso

que llorar de gozo.

 

                (de Clepsidra del destino)

 

LLEGADA A LA META

 

 

Cuando casi en la meta, sintiendo cerca el mar,

cumplida la esperanza y el proyecto cumplido.

Superados los sueños, dueños de haber vivido,

templados de armonía, sólo queda esperar.

 

Cuando un día cualquiera, elegido al azar,

llegue a tu corazón solo y desprevenido,

revestido de sombras, burlando algún descuido,

el momento temido que tiene que llegar.

 

Tú, camina segura, serena y animosa,

que nada te detenga, que estás en tu camino,

de tus copiosos frutos ungida y coronada.

 

En nuestros corazones te quedarás fundada.

por ti trascenderá lo humano a lo divino

y quedará en nosotros tu eternidad gozosa.

 

                (de Las cuatro estaciones)

  

 

DESPUÉS

 

 

Después será la sombra;

un grito fósil en la noche prehistórica

perforando los tímpanos ausentes

del amor congelado;

sólo un nombre en la piedra.

 

Después será el silencio,

tras el largo desierto de las dudas

y la esperanza núbil.

Un temblor de nostalgia

recorrerá las jóvenes riberas.

 

Luego será el olvido.

Una lluvia de siglos de ceniza

sepultará las ruinas arrogantes.

Ganar la eternidad sólo habrá sido

un vano intento de la nada.

 

           (de la revista de poesía Malvis nº II)

 

*El pasado día 20 de marzo fallecía el escritor turolense Benedicto Lorenzo de Blancas. Su hijo Miguel me ha mandado estos poemas y esta foto. La foto es de 1960.

 

DIÁLOGO SOBRE 'VIVIR DEL AIRE'

DIÁLOGO SOBRE 'VIVIR DEL AIRE'

Antón Castro (Santa Mariña de Lañas, Arteixo, A Coruña, 1959). Gallego, afincado en Aragón desde hace décadas, acaba de publicar un poemario, 'Vivir del aire' (Olifante: La Casa del Poeta), que presentaba el pasado martes en el Teatro Principal, junto a Amparo Martínez y Daniel Nesquens.

 

Por Esperanza PAMPLONA

Llegó a Zaragoza huyendo de la mili. "Tenía 18 años; poco después me encerré en una buhardilla: quería ser poeta. Poeta gallego. Aprendí a escribir a máquina cuando trabajaba de camarero y un día descubrí la narrativa".

¿Es usted poeta, novelista, periodista?

La poesía forma parte de mi vida desde la adolescencia, cuando estudiaba Electrónica. Soy lo que soy porque descubrí a Neruda, a Bécquer y a Lorca. Escribí tres o cuatro libros de poemas en gallego. Solo publiqué un poema: 'Biografía del ahogado', se titulaba. El poemario tenía un título prometedor: 'La playa de los ahogados' (‘O praial dos afogados’), y era una crónica del mar, de naufragios, de amores imposibles, de noches de plenilunio. Entonces compraba todos los libros de poesía del mar que encontraba. Era coleccionista de poemarios marinos. Luego estuve mucho tiempo sin escribir poemas. Publiqué algunas cosas en una antología de 1990: 'Penúltimos poetas de Aragón' (DPZ). Y metí la poesía en mis relatos, novelas o textos de otro tipo. Incluso en el periodismo. Para algunos soy un narrador impregnado de poesía, para otros un poeta metido a narrador. Con 'Vivir del aire' he recibido más e-mails que con ninguno de los libros, y esta idea se repite mucho en ellos.

'Vivir del aire' es el título de su poemario, ¿es también una declaración de intenciones?

Sí que lo es. A mí me sugiere ir conduciendo y escuchando la radio. Y veo el cielo y los paisajes, eso me vuelve loco. Es como si recuperase algo que está en mi raíz. También me ocurre al caminar, trato de atrapar ese mundo que está lleno de sensaciones y de otros textos de otras gentes, textos que he leído, que recuerdo, que evoco. A veces uno está agobiado, pero al final lo importante es el deseo de vivir. Y el aire encarna la exaltación de la vida. Otro móvil decisivo del libro es el amor: el sueño de amor, la locura de amor, el deseo. ‘Vivir del aire’ también es una declaración de amor a la escritura y a los lugares donde ahora vivo: Zaragoza y sus calles, como Pabostría, el Canal Imperial o Garrapinillos, con esos depósitos que son como faros o palomares abiertos a los vientos. Y a otros lugares donde he vivido, como Teruel y provincia.

Este no es un libro de poesía al uso, abunda la prosa.

Siempre me ha gustado mucho el poema en prosa. O la narración enmascarada con imágenes poéticas. Sucede en varios relatos: en esa vindicación del fantasma de Arana, en la historia de amor del fotógrafo Cepero. Ahí tenía en la cabeza, en estas formas, a Vicente Aleixandre y su 'Pasión de la tierra', a 'Ocnos' de Luis Cernuda, a 'Las cosas del campo' de Muñoz Rojas y la lírica de Juan Ramón Jiménez, a quien se le rinde un homenaje. El libro es como un álbum del camino del paseante. Se confunde con la naturaleza, evoca, denuncia, se estremece, y termina casi igual, con un tratado de intenciones. Es un libro muy narrativo: te invita a entrar en él y a quedarte.

Escribe, lee, hace televisión, presenta libros, entrena al fútbol, ¿cuántas horas tiene su día?

No lo sé. No tengo agenda. Soy un organizado en el desorden. Creo mucho en la cabeza, aunque a veces tengo despistes. Me dicen que mi cabeza es como un Google. Soy muy entusiasta y obsesivo. Pero nunca me cuestiono si me va a dar tiempo o no. No pienso mucho en el tiempo, y hay días que voy a ver los partidos de fútbol de mis hijos, aunque ya no entreno a su equipo. Siempre busco momentos para mí. El tiempo es un don que está ahí, es como el aire. Si lo pienso, me agobio. Y, en caso de apuro, se puede trampear un poco.

Por sus manos pasa prácticamente todo lo que se publica en Aragón, ¿cómo ve el panorama literario en estos momentos?

Yo no lo leo todo, pero sí hago una ojeada o le encargo a gente que lo haga. Creo que estamos en un momento muy bueno. Hay un montón de autores en todos los géneros -novela negra, otras formas de la narración y del relato, poesía- y a lo mejor no hay muchos libros maravillosos, pero sí una corriente muy interesante y plural. Creo que ha pasado algo importante. Esta es una comunidad pequeña pero muy activa y muy vital. Este es un momento que ha sido tan poderoso y arrollador que ha superado la capacidad de reacción de las instituciones.

¿Ya está trabajando en algún título nuevo?

Después de haber hecho este libro, se me ha colado un hilo, que es el del relato corto y los poemas en prosa con un nexo: el amor. Son historias de distintos personajes, la mayoría existen. En una conversación surge un tema y yo soy un poco vampiro de la realidad. Es un diálogo entre el hombre y la mujer, que se produce a través de historias breves de amor. Pero de repente me he estancado.

¿Y qué hace cuando eso ocurre?

Pues tienes que insistir. El escritor es una persona que se sienta todos los días a escribir. Pero es verdad que hay momentos de especial luminosidad. Yo soy muy intuitivo y con una pequeña idea salgo como un cazador a desarrollarla.

 

*El pasado martes, la jefa de cultura de Heraldo de Aragón Esperanza Pamplona publicaba esta entrevista en el diario con motivo de la aparición de ‘Vivir del aire’ (Olifante: Papeles de Trasmoz / La Casa del Poeta). Le agradezco mucho su generosidad y también a Rafael Campos y Ángel Anadón, responsables del Teatro Principal, y a Amparo Martínez y a Daniel Nesquens su presentación, y a todos los amigos, compañeros de prensa y de la escritura y curiosos que quisieron pasarse por allí en un día tan importante para mí: la aparición de un primer poemario modesto. Y muchas gracias también a Helga Martínez que firmó esta crónica del acto.

LA INTENSIDAD EN PROSA Y VERSO DE ‘VIVIR DEL AIRE’

 

Por Helga MARTÍNEZ

Dispuestos a demostrar que ‘Vivir del aire’ no equivale para nada a hacerlo del cuento, el mundo de las letras aragonesas se dio cita ayer en un escenario tan mágico como la antesala del Teatro Principal para arropar a Antón Castro en la presentación de su primer libro de poesía. "Es una obra muy especial para mí, porque mi sueño cuando vine de Galicia a Zaragoza era haber sido poeta, lo que ocurre es que me fui por otros derroteros", reveló Castro, escritor y periodista en HERALDO DE ARAGÓN y de Aragón Televisión.

"Se puede decir que es el libro por el mayor número de felicitaciones cariñosas he recibido desde su puesta en circulación, y confieso que es con el que más miedo he tenido a la reacción de la gente", añadió Castro, autor de una veintena de títulos.

 ‘Vivir del aire’ es, en palabras de su artífice, "un poemario con 18 textos cortitos, algunos en verso y otros en prosa, cercanos al microrrelato, por el que yo siempre he sentido mucha debilidad" [desde mi primer libro ‘Los pasajeros del estío’, publicado por Olifante hace ahora 20 años]. Y, como destacó una de las presentadoras, Amparo Martínez, es un libro dotado de una intensidad vital que abruma: "En él vamos a encontrar parte de nuestra historia colectiva, desde la realidad de la emigración de los españoles comparada con la inmigración de hoy hasta el aprendizaje del amor, pasando por la crónica del dolor de la España más negra o los mitos personales, materializados en este caso en lugares como Dublín o en la figura de los Amantes de Teruel".

Martínez, profesora de Historia del Cine en la Universidad de Zaragoza, estudiosa de Luis Buñuel y comisaria de la exposición Un perro andaluz que se muestra actualmente en La Lonja, destacó que, sobre todo, "es un trabajo hecho de retazos de Antón, que siempre se muestra entre místico, misterioso y, a la vez, nostálgico, y con una capacidad brutal para disfrutar de cada cosa que ofrece la vida".

Trinidad Ruiz Marcellán, editora de esta creación a través de la colección Papeles de Trasmoz de Olifante, agradeció al escritor su estrecho vínculo con La Casa del Poeta y el hecho de haberles elegido para publicarlo: "Supone una alegría enorme", matizó.

En el acto también intervino el escritor zaragozano Daniel Nesquens, reciente VII Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil, que bromeó sobre el hecho de que ‘Vivir del aire’ tendría que haber sido presentado en La Muela... Este "novelista y cuentista", como lo presentó Ruiz Marcellán, se metió al público en el bolsillo con un divertido relato inventado sobre la vida de Antón Castro y una conversación ficticia con su abuelo muerto para explicarle de qué va el libro... Vamos, que no faltó el humor en un foro en el que también se pudo ver a José Luis Corral, Miguel Mena, Miguel Ángel Yusta, Dolán Mor, Pilar Navarrete, Gabriel Sopeña, Antonio Pérez, Fernando Sarría, Luisa Miñana y la gente de la tertulia Fuentes de la mentira [y muchos más…]. Y, por supuesto, la familia del protagonista, encabezada por su mujer, Carmen Gascón: "Hace treinta años que me fui a vivir con ella, es la madre de mis cinco hijos y, por supuesto, está presente en todo el libro", enfatizó Castro antes de leer el poema ‘Los dos que duermen’.

El escritor también tuvo palabras de recuerdo para el fallecido pintor Vicente Pascual, al que dedica uno de los poemas, y para dos "ausentes por enfermedad, a los que hoy echo de menos: Rosendo Tello y José Antonio Labordeta".

*La fotografía es de José Miguel Marco.

 

'LOS NUTRIEROS' DE RODOLFO WALSH

 

LOS NUTRIEROS

 

Por Rodolfo WALSH

Renato oyó los tiros. Volaron patos y garzas, y en la lejanía una nubecilla de humo azul se desguedejó lentamente en la quietud infinita de la tarde.

   Al filo de la noche volvió Chino Pérez, ceñudo y silencioso. Traía a remolque un bote pintado de rojo, con las letras blancas en el costado de babor: «San Felipe».
   ­Lo encontré –explicó, sin mirar a Renato–­. Creo que es de la estancia. –Y añadió al cabo de una pausa–­: Se habrá cortado el amarre.

   Renato se incorporó lentamente, fumando su pipa, y acercóse a la orilla. Renato era bajo y escuálido. Sus ojos azules tenían una fijeza de alucinado, que desmentía el diseño casi pueril de la boca.

   La cadena del bote era nueva, Renato vio que estaba intacta, pero no dijo nada. En el fondo había flamantes aparejos de pesca y un rifle calibre 22; en uno de los bancos, un sweater de lana a rayas multicolores.

   ­–¿Cazaste algo?­ –preguntó Renato en voz baja.

   –­No –­replicó su compañero. Y agregó con una sonrisa torva–­: Gallaretas.

­–Oí los tiros­ –dijo Renato. Chino Pérez no contestó. Ensimismado y remoto sentose en la orilla de la isleta; se sacó las alpargatas y hundió los pies en el agua fría con la mirada clavada en la distancia.

   Aquella noche hubo desvelo de perros en la costa de la laguna; pisadas y linternas; voces apagadas, que el viento traía y llevaba. Renato dormía. Chino Pérez estuvo fumando, absorto y lejano, hasta que el cielo empezó a clarear.

 

Chino Pérez terminó de cuerear las nutrias y estaqueó los cueros. Renato lo observaba con sus ojos azules e impávidos.

   Chino Pérez tapó con tierra el fogón, y luego tendió la mirada a lo lejos. El agua había tomado un color plomizo, y en el oro verde de los juncos se alargaban las primeras sombras. Por los confines de la laguna, ensimismada en la quietud vesperal, entre las últimas barreras de juncos, flotaban a ras del agua nubecillas de vapor.

  ­–Está bien, hermanito; esta noche es la vencida ­ dijo Chino Pérez sin volverse.

   Los dos botes balanceábanse en la orilla de la isleta. Las líneas de pesca se sacudían a intervalos con breves convulsiones eléctricas. «Dientudos», pensó Chino Pérez de mal humor. Todavía no era la hora de las tarariras. Las tarariras se llevaban la línea de un golpe, dejándola tensa y vibrante como una cuerda de violín.

   ­–Ya sé que querés irte­ –dijo Chino Pérez.

   Renato no contestó. Dejó que el silencio flotara entre ellos, separándolos, restituyéndolos a sus mundos distintos, suavemente, sin violencias.

   Chino Pérez era de baja estatura, fornido, cetrina la faz, tallado a cuchillo el entrecejo, hirsuto el pelambre, pétrea y estólida la expresión.

   A lo lejos, en el campo, encendiose una luz. Ladraron perros. Gorgoteaba el agua.
   «Ya sé que querés irte­ –pensó Chino Pérez–. Yo también quiero irme» –­meditó mirando el bote de la estancia. Las rayas coloridas del sweater se destacaban en la oscuridad. Chino Pérez no había querido tocar nada. Un temor recóndito le impedía poner la mano sobre cualquiera de esas cosas. «Ya te vendrán a buscar», pensó con saña.

   Luna llena: pila de monedas amarillas y temblonas sobre el paño gris del agua.

   En el fondo del juncal gritó la nutria; era un grito quejumbroso, como el gemido de un ser humano. Chino Pérez se levantó el cuello del saco, como si tuviera frío.
   ­–Ya puse las trampas­ –dijo. Renato pensó que no hacía falta decirlo. Lo había visto salir temprano, en el bote, con las trampas, preparadas para ponerlas en los nidos y comederos.

   Chino Pérez acercose al fogón y se acuclilló, frotándose las manos. Entonces advirtió que él mismo había apagado el fuego y lamentó haberlo hecho. «Mañana nos vamos­ –pensó­–. Para siempre.» Tres meses durmiendo en cualquier parte, sobre la tierra húmeda y podrida, sin encender fuego de noche, sin mostrar el bulto de día. Tenía el gusto del pescado pegado a la garganta. Escupió con asco.

   –­¿Y qué vas a hacer, gringo, con la plata?

   –­¿La plata?­ –Renato parpadeó­–. Volveré a la chacra­ –dijo a la vuelta de un largo rato. Su padre había querido tener un tractor. Toda su vida había querido eso. Ahora estaba muerto, en medio del campo, y los tractores pasaban por encima de sus huesos. Muerto, para siempre, y sin estrellas. El espejismo había renacido en el hijo, más torturado y violento: para hacerlo realidad a la fuerza, se había metido a nutriero. En la estancia vecina a la chacra de su padre había visto una vez un tractor de oruga, un Caterpillar pintado de rojo… Renato, acaso sin saberlo, tenía la tierra metida en todo el cuerpo, como sus padres y sus abuelos. Salió de su ensoñación con algo parecido a un escalofrío.­ –Si la cobramos… –­agregó en voz baja.

   Chino Pérez, cabizbajo, pateó el suelo húmedo. Oyóse un chapoteo en el agua, y una de las líneas quedó bruscamente tirante. Empezó a retirarla, despacio, con acompasados movimientos de ambas manos. Cabresteaba la tararira, veloz y frenética al extremo de la línea, mordiendo el hilo reforzado con alambre. Con un último tirón la sacó a la orilla. Brillaban en la boca del pescado los dientes amarillos y fuertes, y sus ojos tenían una fijeza azulina y viscosa. Chino Pérez la sujetó con el pulgar y el índice por las agallas y la golpeó dos veces en la cabeza con el mango de un rebenque. Después le sacó el anzuelo. Silbó en el aire la plomada de tuercas y hundióse en el agua.

Renato apagó la pipa y se puso en pie.

   ­–Voy a recorrer las trampas­ –dijo.

   ­–Dejá; voy yo­ –replicó Chino Pérez. Su acento se dulcificó–­. Mejor que duermas un poco, hermano. Mañana hay que caminar mucho.

   Renato obedeció. Acostose sobre unas lonas, con la ropa puesta; y antes de quedarse dormido, vio por última vez la silueta de su compañero, erguido sobre el bote, remando a la luz de la luna.

 

 

Chino Pérez hundía el remo silencioso y el bote quebraba el espejo terso y pulido del agua. Dormía la laguna profunda de ecos y rumores. Las cejas de los juncales se destacaban nítidas y oscuras.

   Chino Pérez no siguió el camino de costumbre. Un miedo supersticioso y agudo le aleteaba en la sangre. No estaba acostumbrado al miedo. Pugnaba por sacudírselo, como un perro a un tábano. Al llegar frente a la isleta de espadañas, dejó de remar.
   En el recodo de la isleta, la tarde anterior se le había aparecido el hijo del mayordomo en el bote de la estancia. Chino Pérez lo había visto una sola vez, de lejos, recorriendo el campo, pero lo reconoció en seguida. Al ver al nutriero, un gesto de hombría le había curvado los dedos en torno al rifle. No mediaron palabras, ni hacían falta. Con ese mismo gesto viril en el rostro adolescente se había doblado y había caído por la borda –­un tiro en la garganta­–, entre las ásperas ortigas de agua.

   Chino Pérez no quiso pasar por allí. En la isleta dejaba dos buenas trampas. «Que se quede con ellas el mayordomo», pensó torvamente.

   El viento soplaba de la costa, peinando los juncos. Un cencerro trasudaba gotas de sonido en las manos heladas del aire.

   Y se hizo de pronto, a lo lejos, la noche de los perros, de los tiros, del odio desatado como una llamarada. Chino Pérez oyó las voces sordas que el encono aceraba. Se las traía el viento, acres y feroces como mordeduras.

   Después fue el silencio, más súbito, más grande y terrible que antes. El silencio de la laguna, preñado de misterio.

 

 

De lejos lo ventearon los perros. Chino Pérez arrastrábase por el pajonal, sigiloso como un gato, en dirección al Molino Grande, en desuso desde que las aguas del cuadro se tornaron salobres.
   Al pie del molino los peones de la estancia habían encendido una fogata. A su cárdeno resplandor se destacaba en silueta la figura del mayordomo, sombrío como la noche, los brazos cruzados, separadas las piernas, desafiando a la noche a que le quitara su venganza.
   A la luz de la luna giraba la rueda del Molino Grande, como una enorme flor blanca. Giraba lentamente, deteniéndose a ratos; y amarrado a las aspas chorreando sangre, con los ojos vidriados de dolor y espanto, giraba el cuerpo torturado de Renato. El viento traía y llevaba sus gemidos, y la rueda giraba lentamente bajo el cielo tachonado de estrellas.
   A doscientos pasos del molino se detuvo Chino Pérez para tomar aliento. Quemábanle en las manos las pinchaduras de los abrojos. Los perros se revolvieron, inquietos, recrudeciendo el coro exasperado de ladridos. Siguió avanzando. A intervalos le llegaba el quejido estertoroso de Renato.

   ­«Paciencia, hermanito. Paciencia.»

   Se detuvo a cien pasos del molino.

   Chino Pérez no erraba nunca un tiro. A veinte metros de distancia mataba una nutria con un tiro en el ojo, para no perforar el cuero.

   ­«Paciencia, hermano.»

   Alzó el winchester, despacio, muy despacio. Las miras se clavaron en el semblante taciturno del mayordomo, vacilaron un instante, después siguieron subiendo por el bruñido esqueleto del molino. La rueda dio media vuelta más y se detuvo chirriando, dejando a Renato vertical, de pie en lo alto, suspendido y solo, con los ojos azules extraviados.
Chino Pérez apretó el gatillo.

 

La editorial Veintisiete Letras acaba de publicar los ‘Cuentos completos’ de Rodolfo Walsh (1927-1977). La editora María Moreno me ha mandado este estupendo relato, ‘Los nutrieros’.