Blogia
Antón Castro

Escritores

'CRONIRIA' DE RAQUEL LANSEROS

'CRONIRIA' DE RAQUEL LANSEROS

Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973) estuvo invitada al ciclo ‘La piedra en el charco’, que coordinó Ignacio Escuín Borao en su ciudad: la mudéjar Teruel. Ana Catalá Roca la entrevistó para ‘Borradores’. Raquel vive por amor desde hace algún tiempo en León, alterna la enseñanza con la traducción y la escritura poética. Ayer mismo recibí, dedicado por ella, su nuevo poemario ‘Croniria’, que tiene espléndidos poemas. Es un libro sobre el amor, el viaje, el cine, los sentimientos, un libro repleto de imágenes y de una madurez como repentina, aunque en realidad nace de mucha convivencia con la palabra, de mucha depuración de los emociones.

Me han gustado especialmente estos poemas.

 

 

LA LUZ SIN VELO

 

Yo te quiero. Es un hecho

tan cierto en lo absoluto

            como en lo relativo.

 

Veo tu rostro en el mío

y en el rostro de todos los que he visto.

 

Tú inventas una isla para mí cada noche

tú me arrullas la sangre

tú me resguardas contra la impureza.

 

Nos hemos esculpido en la hora verdadera

la poblada de ti

            la única que está a salvo del infierno.

 

TRADICIÓN ORAL

 

Me gusta amarte hincada de rodillas.

Aquí, desde tan abajo, tan cerca de la tierra

relamo el palpitar de tu cuidado

y centro mi delicia en el transcurso.

 

No es de extrañar que el mundo sea redondo.

¿Qué forma iba a adoptar, sino la de mi boca?

 

Croniria. Raquel Lanseros. XIII Premio Internacional ‘Antonio Machado en Baeza’. Hiperión. Madrid, 2010. 68 páginas. (Foto: Así vio Helmut Newton a Ornella Mutti).

DIÁLOGOS: RAMIRO PINILLA

DIÁLOGOS: RAMIRO PINILLA

"Los terroristas de ETA no leen novelas

y yo soy para ellos un autor inofensivo"

Ramiro Pinilla rescata la novela 'Las ciegas hormigas' (Tusquets), el premio Nadal de hace cincuenta años y premio de la Crítica de 1961. Narra la historia de Sabas Jáuregui y sus hijos.

LA MADRE

"Mi madre era zaragozana, se trasladó a Bilbao y fue una de las primeras mujeres que trabajó en una empresa"

LA NOVELA

"Las ciegas hormigas' fue como un estallido de libertad. Tenía un contenido social fuerte"

EL MENSAJE

"Hablo del esfuerzo humano por sobrevivir. Con cualquiera de nuestras vidas podemos hacer novelas épicas"

LA ESCRITURA

"Las novelas contemporáneas ya no son decisivas para la marcha de los pueblos. Mi voz es poco peligrosa"

 

ENTREVISTA

Ramiro Pinilla (Bilbao, 1923) está viviendo una segunda o una tercera juventud. Hijo y nieto de aragonesas de Zaragoza, confiesa que "nunca he estado en la ciudad de mi madre y de mi abuela, que llegaron a Bilbao hacia 1915. Mi abuela llegó con cuatro hijos y mi madre se empleó en una oficina. Fue de las primeras mujeres que trabajaron en Bilbao en una empresa -dice-. A mí nunca me han gustado las ciudades: a los 27 años me vine a Getxo a una casa aislada, en el campo, cerca de la playa. Ahora, a mis 86, vivo solo. Vivo la escritura como un placer, un deber y una responsabilidad, y apenas puedo leer. Leo los periódicos. Escribo a bolígrafo, luego paso a limpio en ordenador, y algunos fines de semana salgo de casa y voy a ver a mi novia". Ramiro Pinilla acaba de reeditar algo así como un libro maldito: 'Las ciegas hormigas' (Tusquets, 2010), que ganó en 1960 el Premio Nadal y al año siguiente el Premio de la Crítica, y "había estado secuestrado" durante años por Destino.

Creo que el libro está basado en un hecho real…

Sí, en 1929 embarrancó aquí, cerca de la playa de Getxo a la que yo vengo, un barco inglés y se desparramó toda su carga de carbón entre las peñas. Pero todo lo demás es ficción…

¿Por qué fue tan importante esa novela para usted?

Porque fue como un estallido de libertad. Yo escribí ese libro sin la esperanza de que se publicase y volqué en él todo mi pensamiento, lo que yo pensaba de la sociedad, del país y de mí mismo. Es un libro que tenía un contenido social fuerte; no es un panfleto, ni mucho menos. Yo no digo en él que Franco sea un impresentable o un cabrón, sencillamente porque el libro no me lo pedía.

¿Por qué pensó que no se iba a publicar, entonces?

No lo sé. Era algo que estaba en mi subconsciente, yo no pensaba que se iba a aceptar con facilidad. No era un diario, ni unas memorias, era una novela de acción exterior, muy elaborada e intensa.

Y le dieron el premio Nadal.

Yo padecía una timidez incurable, y me quedé muy afectado con el impacto. No sabía hablar. Piense que me había escapado de la ciudad, de Bilbao, al campo. Trabajaba de administrador en una fábrica de gas y redactaba textos de los cromos Fer. Lo pasé fatal. Cuando se presentó la novela en Getxo, fui incapaz de decir ni una palabra.

'Las ciegas hormigas' tuvo éxito inmediato, ¿no? TVE quiso hacer una serie con la novela.

Eso me dijeron en Destino. Pregunté cuánto me iban a pagar y me dijeron que 15.000 pesetas (90 euros). La cifra me pareció humillante, y pedí que lo dejasen estar. Poco después apareció por Getxo una televisión alemana que estaba rodando una serie inspirada en el libro. Cuando se enteraron de que yo no había dado permiso, se pusieron muy nerviosos. No podían entender qué había ocurrido. Nunca he visto la serie.

Hablemos de los aspectos literarios del libro: por el uso de tantos monólogos se percibe la huella de 'Mientras agonizo' de William Faulkner.

Yo lo había leído y era un escritor que me había conmovido especialmente. Algún tiempo atrás yo había publicado una novela breve, 'El ídolo' (1957), en la revista de los jesuitas, en doce entregas. Era una novela sencilla, noña. Hasta entonces yo leía a Robert Louis Stevenson, a Darwin, me interesaba mucho la ciencia. Después leí a Faulkner, y fue el descubrimiento de un estilo: era lo que quería, lo que buscaba y necesitaba. En él encontré, insisto, un estilo épico y una maestría incuestionable en el arte de saber narrar.

'Las ciegas hormigas' es una novela esencialmente épica…

Desde luego. Sabas Jáuregui, el padre de la familia y protagonista, es el eje de todo el libro y es un hombre épico. El mensaje de la novela en el fondo es ese: hablo del esfuerzo humano por sobrevivir. Todos los ciudadanos somos épicos. Con cualquiera de nuestras vidas podemos hacer novelas épicas. Piense en tantas historias, íntimas, secretas y terribles, de la guerra y la posguerra de los españoles; piense en el exilio, la lucha por la dignidad, el hambre, la violencia, la humillación…

Ese personaje tan poderoso, Sabas, padre de cinco hijos, ¿tiene algún antecedente, está basado en alguien conocido por usted?

Está basado en un amigo mío que era así, que predicaba con el ejemplo. Fue primero un compañero de adolescencia: me enseñaba a pescar, a subir a los árboles, a conocer los secretos del huerto y de los pájaros. Era un tipo apasionante, y todo lo hacía de manera sosegada, disfrutando. Siempre.

¿Por qué establece ese diálogo constante entre supervivencia y fatalidad?

Sabas no cree en Dios. Yo tampoco. El sacerdote del libro se asombra de que sea como es -"es un buen hombre", dice-, sin que obedezca las leyes de Dios. Sabas hace lo que hace para salvar su dignidad y su ética, y logra sobrevivir a base de luchar. Cree en la vida, y por eso arrastra con él a sus hijos en la búsqueda del carbón.

¿Cómo vive esta segunda o tercera juventud tras el éxito de la trilogía 'Verdes valles, colinas rojas' (Tusquets), una reflexión sobre el nacionalismo vasco?

Yo creo que es más bien una novela sobre el País Vasco. Es una trilogía sobre dos temas de los se ha hablado mucho sus fundadores y promotores. Me refieron a la industrialización y a las minas. Yo no hablo de la burguesía tradicional, hablo de los obreros que vivían en condiciones de esclavitud.

Usted es crítico con el nacionalismo. ¿No teme a las balas?

Desde luego, pero es una crítica a muchas otras cosas. Al fin y al cabo, mi voz es poco peligrosa. Los terroristas de ETA no leen novelas y yo soy, para ellos, un autor inofensivo e insignificante. Las novelas, al menos las novelas contemporáneas, no son decisivas para la marcha de los pueblos, pero para mí sería un cargo de conciencia que ahora que tengo tiempo no escribiese todo lo que pueda en los últimos años de mi vida.

*Esta entrevista se publicó ayer en 'Heraldo de Aragón': hablé por teléfono con Ramiro Pinilla y fue un hombre encantador y amable.

BLOG DE ELÍAS MORO CUÉLLAR

BLOG DE ELÍAS MORO CUÉLLAR

Queridas todas, queridos todos:
 
Desde hace unos días, gracias al buen hacer de Paco López Blanco, me he sumado a la comunidad de blogueros. Ya sé que no hacía falta, pero me apetecía un montón desde hace tiempo. Así que mientras duren las ganas y la ilusión, por ahí andaremos.

Como decía Julio Cortázar, "Pronto cumpliré 51 años (él decía 50, pero no vamos a empezar mintiendo con la edad). Será hora de que empiece a dedicarme a algo serio".
 
Este es el enlace: http://www.eljuegodelataba.blogspot.com/ 
 
Como es natural, espero respuestas y comentarios, así que vosotros veréis.

Besos y abrazos.
Elías Moro

 

A la intemperie

Los días pasan por nuestra vida dejándonos a la intemperie.

DIÁLOGOS: SOLEDAD PUÉRTOLAS

DIÁLOGOS: SOLEDAD PUÉRTOLAS

SOLEDAD PUÉRTOLAS. Escritora, Zaragoza, 1947. El próximo jueves los miembros de la Real Academia de la Lengua deciden el ingreso o no de la autora de ‘Todos mienten’ o ‘La vida inesperada’, que opta al sillón ‘g’, que dejó vacante el científico Antonio Colino.

 

“Las palabras a veces se separan de ti,

 van por su cuenta y te traicionan”

 

“Si entro en la RAE me parecerá

 magnífico, y si no sigo como estoy”

 

“Todos los escritores tenemos cerca

 el ‘Diccionario’ de María Moliner”

 

¿Con qué ánimo recibió la noticia de que José Antonio Pascual, Luis Mateo Díez y Carmen Iglesias la proponían para ingresar en la Real Academia Española?

Me quedé muy sorprendida. Luis Mateo me llamó un jueves a última hora de la tarde y creí que me iba a comentar algo sobre un premio literario del que los dos hemos sido jurado. No puedo recordar muy bien qué le dije…  

¿Había soñado o anhelado esta posibilidad?

La verdad es que no se me había ocurrido en serio, cuando alguien me lo comentaba no lo consideraba mucho. Siempre me he dicho que cuando este tipo de cosas sobrevienen, pues estupendo, pero es mejor no darles muchas vueltas.

Conociendo su ánimo sosegado, su inclinación hacia la vida oculta, ¿padece ansiedad o está como quien se enfrenta a un examen?

Por fortuna, es un proceso que tiene un buen ritmo. Me lo comunicaron unos días antes de las navidades y ya se sabe que este período te ofrece muchos motivos de ocupación. El jueves se sabe: todo está sucediendo deprisa. Pero no estoy segura de que mi ánimo sea tan sosegado como dice. Llevo este asunto con cierta tranquilidad, porque, si entro a formar parte de la Academia, me parecerá magnífico, y, si no consigo el número de votos necesario, pues sigo como estoy.

¿Ha significado algo especial para usted la Institución, que dirigieron  paisanos como Laín Entralgo, Manuel Alvar, Lázaro Carreter…?

Seguramente, la Academia es para mí lo que es para todo el mundo, la institución que se ocupa de la lengua. Produce un gran respeto. De las personas que cita tuve oportunidad de conocer a las dos últimas, tenían un trato muy llano y agradable, resultaban muy cercanas.

Pongámonos en lo mejor, ¿sobre qué versará su discurso de ingreso?

Creo que hablaría del Quijote, de ciertos personajes secundarios. Me buscaría una buena compañía para ese momento, la mejor.

¿Recuerda cómo era su primer diccionario?

Recuerdo, naturalmente, los diccionarios, tan usados, tan gastados, de mis tiempos escolares. La sensación que daba ese tomo grueso de tapas duras era de ayuda, el diccionario era algo que te sacaba de apuros, que te aclaraba las cosas.

En aquellos días de joven escritora, ¿quién guiaba sus pasos?

En los años escolares leía mucha poesía. Los romances, las coplas, Garcilaso, Bécquer, la generación del 27, Cernuda, Juan Ramón Jiménez. He tenido, y lo agradezco, muy buenas profesoras de literatura, algunas de ellas monjas, otras, profesoras contratadas. Por otra parte, creo que ha sido Baroja -adquirí poco a poco los tomos de sus obras completas en Biblioteca Nueva- el escritor que me empujó más en los primeros momentos. Me sedujo su naturalidad, esa sensación de que se movía a sus anchas por sus narraciones.

Siempre se define como una escritora de escenarios, de miradas, de atmósferas, y esa concepción está vinculada a Zaragoza...

La vida te va aportando sensaciones nuevas y todas van dejando su huella en lo que eres y en lo que escribes, pero, sin duda alguna, los primeros escenarios de Zaragoza, donde se produjeron las primeras sensaciones, se guardan en un lugar especial de la memoria.

¿Cuál ha sido tu relación con las palabras?

Las palabras son mi instrumento. Están allí, a disposición de todo el mundo, pero cuando las usas tú son tuyas, puedes darles el tono que quieras. Lo importante, antes de nada, es saber qué tono quieres darles. Porque además las palabras a veces se separan de ti, van por su cuenta, te traicionan. Tienes que estar preguntándote todo el rato si ellas te han entendido, si te expresan, si dicen lo que querías decir. Es un diálogo continuo. La palabra, cuando logra la expresión exacta, es maravillosa, pero cuando yerra te causa estupor y rechazo.

¿Cómo define el castellano, qué le apasiona de él?

Es mi lengua materna, eso es lo que la hace querida para mí. No es mejor ni peor que las demás, pero es la mía. De su mano me aventuré en la vida por primera vez, y lo sigo haciendo cada día. Puede que la riqueza de las conjugaciones verbales sea lo que más me llame la atención, ¡cuántos matices para la acción del verbo! A lo mejor es que el castellano se asombra infinitamente ante la acción.

En sus novelas, en sus relatos, en sus ensayos, ¿cuál ha sido su preocupación respecto al idioma?

Presto mucha atención a la musicalidad. En cada una de mis narraciones, ya sean relatos o novelas, busco una música, es eso lo que me dice que el relato va por buen o mal camino. Tiene que sonar a verdad, y cada verdad tiene su propio ritmo. No tengo por costumbre releer mis libros, pero, si por alguna razón lo hago, lo primero que capto es ese ritmo, esa música. Eso me produce un gran alivio, entonces recuerdo los planteamientos y los retos que hay en cada novela...

Hace ahora 40 años, fue candidata a la R.A.E. María Moliner, zaragozana como usted. ¿Qué opinión le merecen su labor y su ‘Diccionario de uso del español’?

La labor de María Moliner no tiene parangón. Es increíble que se planteara hacer lo que hizo y que tuviera paciencia y energía para llevarlo a cabo. Me parece que todos los escritores tenemos cerca de nuestras mesas su diccionario.

 

DESPIECE

 

Mujeres que viajan en compañía

 

Soledad Puértolas (Zaragoza, 1947) es una escritora ampliamente reconocida y consolidada. Ganó el premio Sésamo con ‘El bandido doblemente armado’ en 1979, el premio Planeta una década después con ‘Queda la noche’ y el premio Anagrama con ‘La vida oculta’ (1993). Próximamente aparecerá en Anagrama su nuevo libro. Dice: “Su título es ‘Compañeras de viaje’. Es una colección de relatos cuyos personajes centrales son mujeres que viajan como acompañantes, en general, de hombres. Estos hombres están muy ocupados y deben de hacer muchas cosas en el lugar de destino, pero las acompañantes no tienen nada concreto que hacer, así que deambulan por París, por Londres, por Seúl, por Nantes, por Turín... Siento una gran simpatía por estas mujeres y quiero saber qué historias viven fuera de sus casas, de su escenario habitual, de su rutina”. Soledad Puértolas aborda otro tema candente: “El libro electrónico tiene la ventaja de ser muy transportable y ligero, y el de papel pertenece a nuestra cultura, nos hemos hecho con esos libros. Es de imaginar que convivirán uno con otro al menos durante un tiempo”.

MAUTHAUSEN Y ANDRÉS PÉREZ

MAUTHAUSEN Y ANDRÉS PÉREZ

El pasado jueves conocí al escritor sevillano Andrés Pérez Domínguez. Nos hemos carteado un par de veces, tenemos varios amigos comunes. Cuelgo aquí este reportaje que publicó la revista ‘Leer’ de Francisco Luis del Pino sobre su novela ‘El violinista de Mauthausen’, de la que hablará próximamente en ‘Borradores’.

 

[Escribe Andrés Pérez Domínguez en su blog http://www.laseparata.blogspot.com/: Este es el reportaje que salió en el número de diciembre de la revista Qué Leer sobre El violinista de Mauthausen. Lo firma el gran Paco Luis del Pino, con quien tan buenos ratos compartí en aquel viaje a Austria en noviembre pasado.]

MÚSICA EN LA NIEBLA

Con Pérez Domínguez en Mauthausen

Texto y fotos: Francisco LUIS DEL PINO

Hemos viajado con Andrés Pérez Domínguez, autor de “El violinista de Mauthausen” (Algaida), Premio de Novela Ateneo de Sevilla 2009, hasta el más siniestro campo de concentración nazi en Austria. Los tres escenarios de la novela, el París ocupado, el campo de Mauthausen y el Berlín del final de la segunda guerra mundial, enmarcan una historia de amor con el espionaje como espina dorsal.



La espesa niebla que casi oculta el campo de concentración de Mauthausen y la fría temperatura de la mañana parecen una reproducción por encargo de un día cualquiera en el siniestro y monumental lugar a principio de los años 1940. En cualquier momento, uno espera ver aparecer en la Appellplatz (el lugar donde formaban los prisioneros, situada entre los barracones) a famélicos seres embutidos en uniformes grises con rayas azules, como espectros custodios de este enorme almacén de dolor y muerte.

La calle pavimentada por la que andamos entre barracones –uno de cuales, explica el autor, era un burdel para uso y disfrute de los kapos– fue de tierra, y las duchas donde vertían el gas ciclón-b o los dos hornos crematorios que se conservan parecen haber retenido, en su cuidado deterioro, todo el espanto de aquel horror. Pero es, sin embargo, la terrible escalera por las que los deportados ascendían cargados con enormes piedras a la espalda, sujetas en una mochila de madera, desnutridos y vacilantes, la imagen más terrible que se le aparece a cada visitante.


Escalera al infierno

En la cantera de Winergraben, inmediata al campo central de Mauthausen, trabajará Rubén, el protagonista español de El violinista de Mauthausen. Allí sufrirá el tormento del esfuerzo y agotamiento en la criminal escalera, de la que se dice que costó un muerto por cada una de sus losas… y tiene 186 peldaños. Rubén Castro es un exiliado español que abandonó su patria en plena guerra civil (1937) y se fue a París, donde vivía con su prometida, Anna Cavour. Durante la ocupación alemana de Francia, una noche la Gestapo lo detiene y trunca una existencia feliz. Empieza entonces su marcha hacia la tragedia junto a muchos otros condenados, con la muerte acechando a cada kilómetro que el pestilente vagón ferroviario recorre; primero el campo de Sandbostel; después, Mauthausen.

La primera expedición española, compuesta por 392 hombres, partió del Stalag XIII (Moosburg, cerca de Múnich) y llegó el 6 de agosto de 1940 a Mauthausen.Y el 24 del mismo mes le tocó el turno al convoy conocido como Angulema, que dejó allí a 430 españoles, incluidos mutilados y niños de trece años. De aquellos 430 españoles murieron 357 en Mauthausen, un 87 por ciento. Rubén podría haber llegado en cualquiera de los convoys cuyo destino fue la pequeña estación de ferrocarril del pueblo, a pocos kilómetros de un campo central que con los años adquirió el aspecto de una fortaleza medieval. Los españoles, a los que se distinguía por su uniforme con una S enmarcada en un triángulo, contaban entre sus filas con muchos especialistas en diferentes trabajos de construcción y los ocuparon por ese motivo en levantar muros, en la pavimentación y en la cantera.

Los deportados esclavizados en la cantera que ya no podían aguantar más se arrojaban al vacío desde unos setenta metros, con la piedra en la mochila como lastre, para asegurarse una muerte instantánea. Rubén, que lleva tres años encerrado, está a punto de sucumbir. Su mejor amigo en el campo ha sido abatido de un disparo y sus fuerzas flaquean, pero un vals tocado por un violín le salva y decide continuar vivo todo lo que pueda. El recuerdo de su prometida lo martiriza; lo que no sabe Rubén es que ella lleva intentando salvarlo desde su detención. Anna Cavour ha sido captada por un agente estadounidense, Robert Bishop, para que trabaje para la causa aliada. Un individuo que la forzará a unas relaciones con un enemigo, el ingeniero y violinista alemán Franz Müller, que complicarán sus sentimientos y jugarán un papel decisivo en la trama de la novela.

Explica el autor que la música, o más aún, la crueldad mezclada con la música y el violín como instrumento más representativo de esa época, es lo que le hizo incorporarlo a la ficción como sujeto más que como objeto: “¿Te acuerdas? Aquel violinista solitario de los jardines de Luxemburgo?”, dirá hacia el final uno de los protagonistas. Y es que, cuenta el autor en este paraje siniestramente apacible, mientras la niebla nos envuelve: “Una vez, en una estación de metro, vi a una pareja muy joven bailando un vals en el andén, sin música, ajenos a todo, como si nadie los estuviese mirando. La imagen era tan poderosa que no dejó de perseguirme hasta que escribí esta novela”. Las pequeñas orquestas que acompañaban a los condenados en los campos de exterminio, y que en Mauthausen también existieron, son algo que el autor conoce bien. Como sabe qué destino sufrieron la mayoría de los deportados, entre los que se encuentran los más de 7.000 españoles republicanos asesinados de una manera u otra en Mauthausen. Y también en Gusen, el campo anexo, situado a cinco kilómetros del anterior, donde, a pesar de ser construido más tarde, fueron alojados muchos más prisioneros. Y todo eso a la vista de los habitantes de la zona, que difícilmente pueden alegar ignorancia ante lo acontecido. Aunque sucedía lo habitual en todos los campos de exterminio, Mauthausen tenía una peculiaridad: un espacio dedicado a las duchas carecía de paredes y allí es donde muchos prisioneros sufrían el suplicio de recibir chorros de agua fría a bajas temperaturas y ser golpeados hasta la muerte. La piel se torna de carne de gallina al pasar revista a cualquiera de las torturas que padecieron los deportados. “He querido rendir un homenaje a todos los españoles, sin politizarlo”, matiza Andrés Pérez Domínguez mientras su mirada parece perderse en la lejanía, como intentando vislumbrar entre jirones de niebla a aquellos compatriotas muertos hace más de sesenta años. Sabe el autor que, al atreverse a tratar un tema tan dramático en clave de ficción, corre un riesgo notable. Por eso los personajes de su novela están cuidados y muy trabajados psicológicamente. “Cuanto más ricos son los personajes, mejor. Creo que el lector se da cuenta de ello por el tipo de lenguaje que emplean”. El autor ha construido una novela, a su juicio, con “un mensaje de esperanza”, donde “cada lector puede encontrar algo que le interese. Puede ser la historia de amor, la de espionaje o la de la segunda guerra mundial”.

El violinista de Mauthausen tiene sus guiños y una cierta dosis de ironía que también hay que saber descubrir. Buen cinéfilo, Andrés Pérez Domínguez ha bautizado a un sargento norteamericano que aparece en el Berlín ocupado por las cuatro potencias con el apellido del gran actor Ernest Borgnine, que encarnó el papel del malvado sargento de la Policía Militar en De aquí a la eternidad. Y al violinista Franz Müller lo ha apellidado igual que el jefe de la Gestapo y con el mismo nombre que Franz Ziereis, el criminal comandante de Mauthasen.

 

De París a Berlín

París es la primera ciudad que aparece en la novela, un París ocupado por las tropas nazis después de que la Wehrmacht haya vencido a las fuerzas anglofrancesas obligándolas a reembarcarse en Dunkerque. De allí, Anna Cavour, la prometida de Rubén Castro, viajará a Londres para entrenarse como agente; después irá a Madrid, Sevilla y San Sebastián. Pero será en el Berlín vencido y casi destruido donde el acto final cobrará vida. Un marco en el que la guerra ha dejado profunda e inapelable huella, pero entre sus cascotes todavía alienta el fanatismo nazi y los “lobos” acechan cualquier intentona de pactar con los aliados. Científicos degollados y una búsqueda intensa tras un individuo que los servicios secretos norteamericanos ambicionan se pase a sus filas intensifican los últimos peldaños de esta escalera de pérdidas y reencuentros, cuyo dramatismo medido por la sensatez y agilidad de una buena pluma hace de El violinista de Mauthausen una notable historia narrada con pulso veterano.

Al dejar atrás el campo de concentración y de exterminio de Mauthausen, cuando la niebla casi se ha desvanecido por completo, el autor vuelve la mirada hacia lo que fue la entrada como esperando encontrar, todavía, la gran pancarta colgada del portal por los españoles republicanos saludando a las tropas norteamericanas que liberaron el campo el cinco de mayo de 1945. Seguramente, Andrés Pérez Domínguez, ve en su imaginación a Rubén Castro entre ellos, al lado de Francisco Boix, el fotógrafo de Mauthausen que capitaneó la red secreta que robó miles de fotografías a los nazis, y que con su Leika retrató las escenas más impactantes que se conocen de cualquier campo. Un violín debió sonar entonces, mucho más libre y alegre en Mauthausen.

 

*Este texto de Francisco Luis del Pino apareció en la revista ‘Qué leer’. No he podido coger sus fotos, no me ha dejado el sistema, y tomo esta de internet, en concreto creo que de 'El Público'.

'LO MEJOR DE ZARAGOZA' DE GISTAÍN & CLAU

'LO MEJOR DE ZARAGOZA' DE GISTAÍN & CLAU

"Zaragoza es la ciudad perfecta para vivir una eterna luna de miel"

 

 

Mariano Gistaín y María Pilar Clau publican 'Lo mejor de Zaragoza' (Zaragoza Global), un volumen que propone una topografía sentimental e incluye cien visiones sobre la ciudad.

¿Cómo se les ocurrió escribir 'Lo mejor de Zaragoza'?

Zaragoza es para nosotros mucho más que un escenario en el que se desenvuelven nuestras vidas. Es una ciudad donde la humanidad prevalece sobre la arquitectura, por eso es una ciudad de oportunidades. Zaragoza es una mujer sensible que se entristece cuando te vas y se las ingenia para que vuelvas ofreciéndote algo mejor. A pesar de la proximidad de nuestros lugares de origen -Barbastro (Mariano) y Laluenga (María Pilar)-, fue en Zaragoza donde nos conocimos y donde nos enamoramos. 'Lo mejor de Zaragoza' es un libro de agradecimiento a la ciudad que nos unió.

 El libro adopta, claro está, un enfoque optimista.

Como dijo Luis Alegre en la presentación del libro, es revolucionario buscar lo mejor en un momento en que lo único que vende es lo negativo. Lamentablemente así es. Y es una pena, porque lo que damos lo recibimos de vuelta, creamos nuestra realidad. Los pensamientos, las palabras contribuyen a crear el mundo y Zaragoza y su gente merecen este canto de amor y de alegría.

 ¿No es muy atrevido decir que 'Zaragoza es la capital del amor'?

'Lo mejor de Zaragoza' es una declaración de amor a la ciudad y es el libro de unos recién casados que, al regresar de su viaje de novios en París, se dan cuenta de que Zaragoza es el lugar perfecto para vivir una eterna luna de miel. Es la auténtica capital del amor.

 ¿Qué ocurrió en París?

París es fascinante. Sin embargo, una cosa nos sorprendió: desde que éramos novios, nos besamos cada vez que vemos a una pareja besarse en la calle, y nos dimos cuenta enseguida de que allí la gente no se besa tanto como aquí, ni se ven tantas parejas de la mano o abrazadas. En Zaragoza el amor se expresa más y mejor que en París. Es una ciudad idónea para los enamorados.

 Por cierto, también relacionan esta capacidad de amar con el derecho aragonés?

La nobleza es una de las virtudes por la que se elogia universalmente a los aragoneses, y esta es consecuencia de que Zaragoza es la capital del amor. Nobleza, en Aragón, es el respeto a la palabra dada. El derecho aragonés se basa en la expresión 'Standum est chartae', estar a lo pactado. Este aspecto esencial de la identidad aragonesa se deriva del triunfo del amor y es, a su vez, parte esencial del mismo. La confianza es la base del amor. 'Estar a lo pactado' significa 'no te voy a engañar'.

 ¿Y el gol de Nayim, qué pinta aquí con ese epígrafe tan especial?

París quedó deslumbrado por aquel gol imposible. En ese instante de esplendor, París vio retratada a Zaragoza -su intrepidez, su generosidad, su alegría, su excelencia?-, se enamoró de ella y le regaló el título de capital del amor. Fue un regalo íntimo y secreto; tanto, que al mundo -embelesado con la hazaña del futbolista- le pasó inadvertido. El gol de Nayim, con el que el Real Zaragoza ganó la Recopa de Europa, es un instante muy breve en el tiempo que quedó grabado para siempre en la historia de la ciudad. Pura magia; un milagro.

 ¿Qué les ha supuesto la escritura y la vivencia de este libro? Parece escrito desde la felicidad?

Para cada uno de nosotros, escribir es nuestro propósito en la vida; la expresión de nosotros mismos, de nuestra esencia. Cuando escribimos, perdemos la noción del tiempo. Al conocernos descubrimos que en nuestras vidas, además de esa gran pasión por escribir, hay coincidencias verdaderamente asombrosas: acontecimientos, frases, palabras escritas a un tiempo cuando ninguno de los dos sabía de la existencia del otro. Esas sincronías y ese propósito común unido a la necesidad y al profundo deseo de estar juntos nos llevó a escribir a cuatro manos: primero, una novela y luego, 'Lo mejor de Zaragoza'. Este libro es escritura y, sobre todo, es vivencia. Fue un disfrute inmenso.

 Un total de 50 mujeres y 50 hombres cuentan lo que más les gusta de Zaragoza. ¿Cómo perciben ellos la ciudad?

Es una de las partes más importantes del libro, porque ha supuesto un gran esfuerzo para nosotros el conseguir algunas opiniones que considerábamos imprescindibles, porque también hay mucho trabajo de calle, y, sobre todo, porque todas las respuestas son magníficas: algunas están llenas de entusiasmo, otras son muy reflexivas y denotan un extenso conocimiento de la ciudad, de su historia; otras muestran preferencias insólitas; otras son una joya literaria en sí mismas? y todas son absolutamente entrañables. Son para nosotros cien regalos. Cien regalos que hemos recibido, y cien regalos que entregamos a la ciudad y, en particular, a cada uno de los lectores del libro.

*La foto es de Oliver Duch, fotógrafo de Heraldo de Aragón.

FERNANDO AÍNSA: CASA EN OLIETE

FERNANDO AÍNSA: CASA EN OLIETE

 

El narrador, ensayista y editor Fernando Aínsa tiene una casa en Oliete, que es su refugio, su paraíso turolense. Dentro de unos días vendrá de invitado a ‘Borradores’ para hablar de sus últimos libros. Me envía una instantánea de la casa con nieve, y esta nota sobre ella:

“Casa recuperada, reconstruida y ampliada poco a poco, a lo largo de 35 años, sobre una pequeña masía en las afueras de Oliete de mi bisabuelo paterno (Juan Domingo Royo) a mi regreso de Uruguay (poco antes del golpe de 1973), abandonada cuando mi padre se fue a América y falleció mi abuela”.

 

ALFABIA: LIBROS DE CASI TODO*

ALFABIA: LIBROS DE CASI TODO*

 

 Por Daniel GASCÓN. Traductor, para Alfabia, de Junot Díaz y William Faulkner

Hola, buenas tardes. Me hace ilusión estar aquí, en esta estupenda librería, presentando a la editorial Alfabia con Paco Goyanes y Diana Zaforteza. Es un motivo de alegría, porque creo que cada editorial que surge nos hace un poco más felices y un poco más libres a todos. Aunque, por otra parte, los que estáis aquí ya conocéis la editorial. Así que para mí es más bien una especie de fiesta, una forma de reconocer el trabajo bien hecho. Y tiene algo todavía más especial, porque Diana vivió en Zaragoza cuando era niña, y porque, aunque he hecho dos traducciones para Alfabia, yo aún no la conocía.

            Alfabia lleva poco más de un año en marcha, pero se ha hecho un hueco en las librerías y en los lectores. Si fuera un equipo de fútbol, tendría una alineación envidiable: Pierre Michon, Anna Banti, Lord Dunsany, Bulgákov, William Faulkner, Cristina Fernández Cubas (a la que esta librería concedió un premio el año pasado), Enrique Vila-Matas, José Carlos Llop, Villalonga, Szymborska... Tiene libros de autores de literaturas y países muy diferentes, que escriben de formas muy distintas, pero a los que emparenta su calidad. (Es decir, si fuera un equipo de fútbol, se echaría en falta a un fajador que recuperase balones: todos son jugadores más bien exquisitos.) Por una parte, hay autores clásicos, como Lord Dunsany, que admiraba Borges; o Traven, del que ha escrito el propio Vila-Matas. A veces, publica textos poco conocidos de esos autores: es el caso, por ejemplo, de Notas en los puños. Iván Vasilíevich de Mijaíl Bulgákov, que estaban inéditos en castellano y son un conjunto de relatos y una pieza teatral que constituyen un paseo por la Guerra Civil rusa (con conflictos que nos resultan muy cercanos, como las luchas en el Caúcaso), por la literatura de ese país (con homenajes y cameos de Tolstói, Chéjov o Pushkin), y una sátira mordaz y temprana de la estupidez burocrática del totalitarismo comunista.

Otros libros son de autores contemporáneos que ya son clásicos, como el de Pierre Michon: Mitologías de invierno. El emperador de occidente (que ha sido elegido por Babelia como uno de los libros del año) es un germen de muchas cosas que Michon ha hecho después. Si te gusta un autor, también te apetece leer esos libros menos conocidos que ofrecen claves de su obra. Eso pasa un poco con Lecturas no obligatorias, de Szymborska, donde hace reseñas de libros de jardinería o de vidas de científicos, y elabora interpretaciones muy personales: por ejemplo, estudia el Poema de Mio Cid pensando que quien lo escribió era un Balzac de su tiempo, al que lo que le preocupaba era el dinero que las guerras eran caras y debían ser rentables. Y, si por ejemplo no has leído a Michon, el libro de Alfabia es una forma ideal de entrar en su universo. Pero, además de esos autores consagrados, Alfabia publica a autores mucho más jóvenes, como Junot Díaz o Menéndez Salmón. Así que no solo apuesta por los consagrados y los clásicos modernos, sino también por los vivos, por los que escriben ahora. De forma parecida, me gusta que Alfabia haya apostado por la literatura digital, y que sus libros en papel estén bien hechos: tienen una letra agradable, y se pueden abrir mucho.

También me interesan las relaciones de Alfabia con el arte y con la música. Han publicado Popism de Andy Warhol y Pat Hacket, y Artemisia, la novela de Anna Banti sobre la vida de la pintora italiana Artemisia Gentileschi. Y me gustó mucho el libro de Palabras, poemas y recuerdos de Leonard Cohen que ha editado Alberto Manzano: Cohen habla de sus dibujos, de su relación con las pastillas y el alcohol, del amor y las mujeres, y se pasea por las Ramblas. Yo lo leí justo antes de ir al concierto que dio en el Príncipe Felipe. Diana también va a publicar The Raven, el texto que Lou Reed escribió inspirándose en el poema de Edgar Allan Poe El cuervo. Con esta mezcla, y a base de buenos libros, Alfabia ha conseguido construir un imaginario: ahora puedes ver un libro y pensar: este podría ser un libro de Alfabia. Está muy bien, además, que los medios hayan visto eso muy rápido, y que hayan prestado atención a la editorial.

Otra de las cosas que me gustan de Alfabia son sus Cuadernos. Son sencillos y hermosos, tienen el tamaño de un Moleskine y también algo de picoteo de autores como Llop, Vila-Matas, Fernández Cubas o Menéndez Salmón. Ellos dicen que son como golosinas culturales, que me parece una buena definición: además, no solo pueden servir como aperitivo o picoteo, sino también como cata, para descubrir autores sabrosos o escritores indigestos. Y, por otra parte, me gusta que los autores escriban esos libros breves, como hacen muchas veces los franceses, se parece a los músicos que sacan unas pocas canciones.

Lo primero que traduje para Alfabia fue, precisamente, uno de esos cuadernos. Aunque yo no lo sabía. Primero me llamó Diana y me preguntó si me apetecía traducir Mosquitos, la segunda novela de William Faulkner, que yo había leído hacía tiempo. Inmediatamente le dije que sí, y luego estuve preocupado porque Faulkner es un autor bastante difícil. Entre otras, porque escribía borracho. Me preguntaba si uno también tiene que traducirlo borracho. Entonces Diana me preguntó si me apetecía traducir unos cuentos de Junot Díaz que habían aparecido en el New Yorker. Junot Díaz es un escritor estadounidense de origen dominicano, que ganó el Premio Pulitzer en 2008 por La maravillosa vida breve de Oscar Wao. Lo que yo prefiero de su obra son sus cuentos. Algunos de ellos habían salido en inglés en un libro titulado Drown, que significa Ahogado, y que en español dos traductores diferentes han llamado Los boys. Leí los cuentos y me gustaron mucho y también le dije que sí, claro, y entonces empezaron a entrarme sudores fríos. Al leer en inglés la novela de Junot Díaz unos meses antes, el que más pena me había dado no era el desdichado Oscar Wao, que se pasaba cientos de páginas intentando echar un polvo, sino el traductor que tendría que enfrentarse a ese texto, porque Díaz escribe con muchas palabras de jerga en inglés y muchas palabras en español. Pero yo creo que, en buena parte por las sugerencias de Iván Barreto, que también trabaja en Alfabia, y por las de Pippi Tetley, que me soporta a mí, el libro quedó bien: Nilda. El sol, la luna, las estrellas y Otravida, Otra vez tiene tres relatos: en el primero, Junot habla de una chica que era, como él, una freak en el colegio. Los dos eran aficionados a los comics y marginados en la clase. Pero cuando empezó la adolescencia la chica empezó a estar buenísima y el hermano de Junot, que era guapo y fuerte, se dio cuenta. El planteamiento me parece bueno, pero después mejora, cuando el hermano enferma. Y además, es un texto muy autobiográfico, basado en la vida de Junot, que tenía un hermano que murió de leucemia. El segundo cuento, El sol, la luna, las estrellas (elegido entre los mejores relatos del año 99 en Estados Unidos) es la historia de un chico que espera arreglar su relación de pareja en unas vacaciones en Santo Domingo, y prefigura el mundo de La maravillosa vida breve de Oscar Wao. Esos dos relatos tienen las virtudes que conocíamos de Díaz: el humor, la melancolía, la capacidad de contar la vida de la familia, la pareja y el barrio. Y el tercero, Otravida, otravez, tiene algo más, porque es un cuento inesperado: la protagonista es una mujer, una inmigrante que trabaja en la lavandería de un hospital, y, por una parte cuenta la experiencia de establecerse en Estados Unidos, y, por otra, una historia de amor contada de forma cotidiana, soterrada y hermosa.

Mosquitos va a salir dentro de muy poco. Es, como he dicho, la segunda novela de Faulkner, y un libro aparentemente muy poco faulkneriano. Habla de un grupo de bohemios de Nueva Orleáns, que van a pasar unos días en el yate de una rica. Los personajes pasan esos días emborrachándose, ligando, hablando del sentido de la vida y del arte. Es una novela divertida, con personajes adolescentes que a veces hacen pensar en los de Scott Figzgerald, y con mucha influencia de autores como Eliot. Faulkner estaba a solo dos años de escribir El ruido y la furia, y en Mosquitos se ve la ambición y esa transición hacia un gran escritor. Además, tiene un interés morboso: en su momento se leyó como una novela en clave, y uno de los que se ofendió fue el mentor de Faulkner, Sherwood Anderson, que se reconoció en uno de los personajes, un escritor que bebe mucho y hace bromas pesadas a sus compañeros de viaje. La traducción que va a publicar Alfabia será la versión completa, sin los cortes que habían eliminado algunas escenas subidas de tono.

En las dos traducciones he tenido una experiencia bastante infrecuente: la gente de la editorial ha estado muy pendiente del trabajo, han planteado dudas y propuesto soluciones: siempre con un entusiasmo contagioso.

Antes he empezado hablando de la alineación de un equipo de fútbol, y Alfabia se llama así por los jardines de Alfabia en Mallorca. Creo que una editorial también se parece a una casa, como se dice en inglés y en francés. Es una casa que se va llenando de habitaciones diferentes. En una habitación de la casa de Alfabia se ve Szymborska, leyendo libros sobre animales domésticos. En otra, Leonard Cohen dice que lo que de verdad le gusta es dibujar a mujeres desnudas y Enrique Vila-Matas está en el baño, mirándose al espejo y gritando una y otra vez que no es Auster. En un salón algo decadente está Llorenç Villalonga. En la bodega, Pierre Michon acompaña al inventor de la espeleología. Son cuartos muy distintos, que comparten el aire de familia de las buenas historias, y que invitan y emocionan a los curiosos que de vez en cuando paseamos por la casa. Muchas gracias.

 

*Ayer, en la librería Cálamo, el escritor y traductor Daniel Gascón presentó el sello Alfabia. Su editora, Diana Zaforteza, hija del José Zaforteza, que dirigió Eléctricas Reunidas de Zaragoza, vivió hasta los nueve años en Zaragoza. En la foto, un retrato de Lord Dunsany, cuyos derechos pertenecen a Morrall-Hoole Studios, 1919.