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Antón Castro

Escritores

MERCEDES YUSTA: UN CUENTO

MERCEDES YUSTA: UN CUENTO

ÁRBOL

Mercedes Yusta

 

Al principio, el mundo era un océano de aire. Dócil y flexible, su cuerpo se doblaba al compás del viento, y a la vez se aferraba penosamente a la tierra con dedos de raíces. El cielo gris se abría a veces y el agua resbalaba sobre él como una bendición. Entonces, se esponjaba y se estiraba hacia arriba y comenzaba a desperezarse en ramas y brotes.

Poco a poco, se le abría por dentro su conciencia de árbol.

El mundo empezó a ser también olor y ruido. Los coches rugían, corrían arriba y abajo por el boulevard, el metro pasaba estruendoso por el puente de acero, atravesando la calzada sobre columnas de ladrillo y tirantes metálicos. El viento le agitaba las ramas verdes, las primeras hojas verdes. Miraba alrededor con sus ojos de árbol, a la confusión del tráfico, de la gente apresurada. Al principio, las personas le parecieron árboles también, árboles pequeños que caminaban. Le sorprendió, pues, por más que se esforzase, él seguía firmemente aferrado a la tierra. Luego aprendió a distinguirlos: seres móviles, siempre diferentes y sin embargo indiferenciados, múltiples, ruidosos y cantarines con sus voces de pájaro que se confundían en un murmullo interminable. Arriba, el cielo apartaba las nubes grises y dejaba pasar largos rayos de sol. Mirando hacia el cielo descubrió las palomas y los aviones, que eran pájaros que volaban más lejos y más alto.

Su cuerpo iba cambiando lentamente, su savia se expandía desde las raíces hasta los brotes más altos, empujándolos hacia arriba, siempre más arriba. Su tiempo era un tiempo lento de árbol, apenas alterado por la sucesión imperceptible de las estaciones. Conoció las diminutas flores, marrones e insignificantes, los frutos pequeños y blandos que cayeron al suelo y fueron pisados por los transeúntes, las ramas despojadas de las hojas, que cayeron también para renacer después. Vivía mesuradamente su vida lenta de árbol, inmóvil y sereno mientras a su alrededor todo era velocidad y ruido. Los coches, el metro, los transeúntes siempre apresurados, siempre distintos y sin embargo iguales. Todo aquel mundo vertiginoso como una noria veloz y desprovista de sentido, la imagen a cámara rápida de la realidad circundante, de la ciudad voraz e incomprensible, dejó muy pronto de interesarle.

Pero un día pasó algo, algo que dejaría una huella indeleble en su memoria de árbol lenta e inconmensurable. Un día, sintió una mano en su corteza rugosa de árbol. Un rostro que se alzaba hacia la copa, rosado y suave, redondo como una manzana. Una voz: “Si tocas un árbol, te conviertes en árbol”. Por primera vez el milagro de una voz humana diferenciada, comprensible. Una piel contra la piel de su tronco. El árbol agitó las hojas en señal de reconocimiento y de alegría. El ser con rostro de manzana sonrió antes de alejarse y confundirse con la marea de los otros rostros indefinidos.

Los árboles no esperan, no sufren. El tiempo siguió produciendo en sus ramas hojas, flores y frutos, incansablemente. Al cielo azul siguió el cielo gris, al sol la lluvia. Los aviones siguieron surcando el cielo en lo más alto, dejando estelas blancas de espuma, y las palomas continuaron arrullándose desde los tejados. Hasta que un día se produjo de nuevo el milagro. La mano en su tronco, la voz: “Si tocas un árbol, te conviertes en árbol”. Y el rostro vuelto hacia arriba, mirándolo sonriente. Pero ya no era un rostro de manzana: hacia él se alzaba un rostro trabajado en mil arrugas, tostado, apergaminado, un rostro rugoso como el de un árbol.

 

*Mercedes Yusta es historiadora y poeta. Trabaja en la Universidad de París y, además, cuida de su hija Maya. En los últimos tiempos ha ensayado la escritura de relatos. Este es uno de ellos. Una foto de Cindy Sherman.

MARIO MERLINO EN 'ESF': MEMORIA

MARIO MERLINO EN 'ESF': MEMORIA

LIBAcCIONES

 

Sin prisas, fui haciéndome con un poco de estilo propio, no deslumbrante pero suficiente, algo inconfundiblemente mío, gracias al  vampirismo y a la colaboración involuntaria de los demás, de aquellos escritores de los que me valía para encontrar mi literatura personal.

 El mal de Montano, Enrique Vila-Matas

 

Por Puerto GÓMEZ y Emilia OLIVA

Mario Merlino era plenamente consciente de que el vampirismo libresco es fundamental para construir al escritor. Como el Borges parásito y falsificador, según Doll, Mario piensa que toda obra es una tela sinuosamente tejida de otras obras... Esta estética de intertextualidad guía todas sus actividades: traductor, profesor, performer, lector, locutor, actor, articulista, poeta y escritor de géneros híbridos donde se mezclan los textos en polifonía. Todos estos oficios muestran cómo Mario afrontaba cada obra de manera concienciezuda, desmenuzándola y fundiéndose en ella hasta que lo escrito formaba parte del escritor. Son todas sus lecturas las que hacen funcionar su poética y dan sentido a sus obras. Carne y palabra están así profundamente ligados como lo ha entendido tan bien Yolanda Pérez en la acción que le dedica como homenaje póstumo titulada Cuerpo poético y donde escribe un poema de Mario en una tira grande de tirita para luego ir cortándola y pegándola en el cuerpo de distintas personas del público que una vez colocadas en orden formarán con sus cuerpos de nuevo el poema.

 

Es precisamente esta línea la que le lleva a Mario a mezclar todas sus facetas y por eso el performer incluye su faceta de lector. Muchas de sus acciones y montajes están realizados a partir de textos de Quincey, Alejandra Pizarnik, Max Aub, Monique Wittig o Calvert Casey. De hecho su paso por el Grupo Ache no es más que la confirmación de ello. Sus actividades incluían un gran número de lecturas públicas en cafés, universidades, parques u otros sitios públicos. Mario sólo buscaba liberar la literatura y la imaginación haciéndola evolucionar y adaptarla a una nueva época donde la información es cada vez más viva y directa y en la que los soportes clásicos están cambiando, reinventándose. Mario iba a buscar al público en sus acciones y en sus lecturas, consciente de poseer una voz que daba cuerpo al texto.

 

Lecturas acompañadas de música y también lecturas ligadas a hechos reales como eran los « Miércoles de crimen » en el Centro de Arte Moderno donde un asesinato iba seguido de lecturas literarias complementarias. Él entendía el arte como una investigación multidireccional. Por ello, le gustaba realizar performances en constante movimiento, cambiando de una vez a otra y convirtiendo por tanto al público en parte de ella. Como Shakespeare escribía sus textos en función de las reacciones del público, Mario se adaptaba a los diferentes lugares en los que actuaba y a los espectadores buscando suscitar la curiosidad.

 

Entre estas actividades para acercar la literatura al público, se encuentra su faceta como tallerista. Tuvo el coraje de montar una academia de escritura en un país donde aún no había ninguna tradición. Se trataba de explicar los mecanismos interiores del texto, de acercarlo a los alumnos y de hacerlo vivo. El quería crear nuevos estímulos que destruyesen las barreras y los prejuicios que encierran a la literatura en una jaula de oro y bajarla del pedestal al que la han subido alejándola de su fuente de vida: el lector, devolviéndola así la oralidad y la cercanía del público.

 

Cuerpo y palabra, ese era el sueño de Mario que concebía el ser humano como literatura. Mario derrochaba generosidad en los textos, riqueza en las traducciones, imaginación en las acciones y un gran humanismo que le valió tantos y tantos amigos.

 

En su honor, y porque nuestro texto –la revista de ESF- empezó a hacerse por detrás, buscando las huellas, los trazos de Mario para alcanzar a aprehender la figura desvanecida, la estructura que aquí empleamos está invertida, como en su Arte Cisoria hiciera el propio Mario. La revista comienza en el capítulo trece que constituye la evocación cercana, íntima de Mario y concluye con la voz de Mario en la entrevista de Araceli Otamendi, el punto de partida de la búsqueda. Entre medias, la madeja se fue devanando con las aportaciones de unos y de otros.

 

Nuestro agradecimiento a todos los que hicieron posible este entretejerse de textos y recuerdos, bien por su colaboración directa, bien por su contribución a la difusión del proyecto. Cumplido el hechizo, recompuesta, fragmentada la figura, convocados los textos, hagamos el gesto ameno del bebedor de páginas, libemos.

 

Puerto Gómez. Francia, 2009  y  Emilia Oliva. España, 2009.

 
Puerto Gómez Corredera es licenciada en Filología Anglogermánica por la Universidad de Extremadura y se ha doctorado en Filología Hispánica por la Universidad de Pau (Francia). Desde entonces se dedica a la investigación teatral y ha publicado varios artículos, en particular sobre el teatro de Unamuno. Es cofundadora del grupo teatral de estudiantes Théâtraltitude y ha trabajado como profesora de instituto y en la Universidad de Pau. En la actualidad coordina la sección de poesía de la revista digital En Sentido Figurado.

 

**(Este artículo es uno de los que componen el monográfico que la revista digital En sentido figurado ha dedicado al traductor Mario Merlino). Esta foto de Bruce Weber se titula 'Sueño'.

NOCHE DE NIEVE, DE JRJ

NOCHE DE NIEVE, DE JRJ

[NOCHE DE NIEVE]

 

Ella no hablaba español ni francés y yo no hablaba inglés. Pero se enredaron nuestros hilos en silencio, en el crepúsculo de nieve, y, aquella noche, tras una escaramuza violenta en la soledad de la acojinada estancia con fuego, una sombra blanca se deslizó suave por las paredes floreadas de mi alcoba. Alcé la ropa de la cama y ella se abrazó conmigo. Y pasamos aquella noche de nieve, en un lenguaje de caricias, como dos animales.

 

*Por puro azar, me encuentro con un libro delicioso de Juan Ramón Jiménez, ‘Cuentos largos y otras prosas narrativas breves’ (Menoscuarto. Colección Reloj de Arena), preparado por Teresa Gómez Trueba. Es un libro que me encanta, al que vuelvo a menudo, pero me ha hecho gracia reencontrármelo en un estante en estos días de nieve. Lo releeo aquí y allá. Y me encuentro con este relato formidable en esta colección espléndida que dirige Fernando Valls.

*Las fotos son de Julia Borodina.

EL CONDE JUAN DE TASSIS

EL CONDE JUAN DE TASSIS

*Recibí ayer este texto de Manuel Martínez Forega. Hace años, en 1987, una novela de Néstor Luján , ‘Decidnos, ¿quién mató al Conde?’ (Plaza & Janés), inspirada en Juan de Tassis, fue determinante para que yo dejase el bingo y me dedicase al periodismo en ‘El día de Aragón’. Conocí a Luján, hablamos para la radio, le entrevisté para el periódico, hablamos de su biblioteca, de Cunqueiro y de Perucho, reseñé la novela, me enamoré de Tassis, y Plácido Díez y Lola Ester me dieron la oportunidad de empezar a trabajar el periódico en el verano. Y allí me quedé durante tres maravillosos años.

 

EL CONDE JUAN DE TASSIS

Por Manuel MARTÍNEZ FOREGA. Ensayista y poeta

Juan de Tassis, Conde de Villamediana, murió asesinado en Madrid en 1622, en la calle Mayor: «sucedió el domingo pasado a prima noche, 21 de éste [agosto], viniendo de Palacio en su coche...», nos recuerda un Góngora desolado. Su muerte dio pábulo a la leyenda: «Mis amores son reales», oíanle decir; y doña Isabel de Borbón, la reina, viéndole lancear en una corrida de toros, manifestó: «¡Qué bien pica el conde!», a lo que el rey contestó: «Pica bien, pero muy alto». El anecdotario es prolijo. De él se desprendería, sin embargo, que el amor del conde era correspondido por la esposa de Felipe IV, y éste, por ello mismo, lo mandó matar. De la lectura de su obra se deduce, no obstante, otra cosa: que el amor de Juan de Tassis no es atendido. Se constituye en lo que el barroco denominará un amor «homicida»; es decir, el amante no es amado, con lo que la exigencia estética neoplatónica en su corazón se frustra y se derrumba.

Villamediana sufrió lo que no podía sufrirse entonces: convertirse en un homicida. Pero ¿por qué ese amor no obtuvo respuesta? Ramírez Fariñas (esbirro que la realeza tenía para desempeñar misiones «delicadas») habla del delito de homosexualismo que se habría probado al conde y por el que habría sido asesinado.


Escribe el finado: «Si facilita amor de mi "osadía" / el alto fin, si mi esperanza veo / cumplida del más "lícito deseo" / que atenta voluntad porfía...» El amor barroco no puede ser osado, pues requiere correspondencia y voluntad de amar en los amantes. La «osadía» del conde sólo puede explicarse si persigue un amor que era entonces inconfesable: «mis ojos verdaderos son corriente, / dígalo amor que os rinde francamente / "la parte que es más propia y menos mía"».

Villamediana valoró siempre la falta, la oposición a las normas sociales barrocas (como el pueblo de su siglo), la rebeldía contra lo dictado y lo impuesto, contra el canon amoroso de una época espléndida en busca de una nueva iluminación. La asunción, la creencia en esta pesquisa lo llevan a adoptar una actitud militante en defensa de su arriesgada heterodoxia, ya que Juan de Tassis no hizo el menor caso al confesor Zúñiga cuando éste, minutos antes de ser apuñalado, le advirtió del peligro que corría. Qué hermosa rebelión, qué lección la del conde, inclinado a la inmoralidad, al sentido crítico, aunque también —y consecuentemente— al desengaño y a la melancolía. Él fue el precursor de la valiente y admirable ruptura naturalista que reaccionaba contra el realismo del siglo XVI. Me gusta el conde.

LLANTO Y RECUERDO DE MANOLO BENITO

LLANTO Y RECUERDO DE MANOLO BENITO

ÁLBUM DE ADIOSES PARA MANUEL BENITO

 

El mundo de la cultura aragonesa llora al etnólogo y escritor oscense Manuel Benito

 

El etnólogo y escritor oscense Manuel Benito Moliner falleció ayer en Huesca a los 51 años de edad a consecuencia de una enfermedad. La cultura aragonesa pierde a uno de sus grandes intelectuales, que además cultivó y destacó en muchas otras facetas creativas como la de periodista y guionista de cine. Hoy se celebrará un acto civil de despedida en el Tanatorio "Hermanos Santander" (Polígono de la Magantina, Huesca), a las 15,30 horas.

 

Manuel Benito Moliner nació en Huesca el 30 de abril de 1958. Estaba casado y tenía dos hijos. Se licenció en Medicina y Cirugía y también cursó la carrera de Lengua y Cultura Española.

En el libro "Los cien oscenses del siglo XX", Jesús Inglada indicaba que Manuel Benito donde más cómodo se sentía era en su faceta de etnólogo. "Huyendo de los excesos de los corsés intelectuales -sean estructuralistas o funcionalistas- y de las modas imperantes, ha realizado una inmensa tarea", indicaba.

Manuel Benito fue socio fundador y expresidente del Instituto Aragonés de Antropología, y consejero del Instituto de Estudios Altoaragoneses. Asimismo, fue miembro organizador y subdirector del Certamen de Cine y Vídeo de las Comunidades Autónomas y trabajó con Eugenio Monesma como guionista y ayudante de realización. La fotografía era otra de sus grandes pasiones; expuso algunas colecciones y disponía de más de diez mil diapositivas de temática aragonesa.

Su carácter inquieto aún le llevó a explorar otros caminos y fue miembro organizador de la Muestra de Artesanía de las Comunidades Autónomas y de la Fundación Beulas pro Museo Aragonés de Arte Contemporáneo.

Buena parte de sus trabajos etnológicos giraron en torno a los despoblados de las comarcas de Sobrarbe y Ribagorza, y realizó una gran labor en la recogida de objetos para futuros museos y en la confección de un anteproyecto para un centro de antropología cultural de Aragón. De todas sus investigaciones y estudios dio buena cuenta en DIARIO DEL ALTOARAGÓN, del que fue colaborador durante toda la andadura del periódico y donde deja un recuerdo imborrable colmado de afecto. Su labor divulgativa también le puso en contacto con otros medios de comunicación, donde conectó muy bien con el público gracias a su elocuencia.

Su buen hacer le supusieron algunos galardones como el Premio de Investigación Etnográfica Santa Cecilia (1991). "Su ingenio, su sensibilidad, su carácter libre e independiente -ajeno a toda capillita, academia o pesebre oficial- lo convierten en alimento espiritual para todo aquel que huye de los transitados caminos de lo políticamente correcto", señalaba Jesús Inglada. Entre las publicaciones que escribió figura el "Cuestionario básico para investigación etnográfica en Aragón" (IEA), "Azara" (IEA), "Album de adioses" (Sariñena Editorial) y su obra más reciente, "Orwell en las tierras de Aragón" (Sariñena Editorial), uno de los libros de autor aragonés más vendidos en Huesca las pasadas Navidades.

Manuel Benito, nunca te olvidaremos.

Diario del AltoAragón

 

Huesca pierde a Manuel Benito

Manuel Benito Moliner, de 51 años, fallecía ayer viernes en Huesca, tras una larga enfermedad. Médico, filólogo, auxiliar de enfermería, lingüista, etnólogo, historiador, fotógrafo, Benito era, como un hombre del Renacimiento, un compendio de sabiduría y bonhomía. Humilde, sencillo y austero, altruista, irónico y socarrón, atesoraba un enorme conocimiento sobre cuestiones relacionadas con la historia y las costumbres y tradiciones del Alto Aragón.

Manuel Benito era padre de dos hijos. Será incinerado este sábado a las 5 de la tarde en Monzón. La capilla ardiente está ubicada en el Tanatorio de la Funeraria Hermanos Santander.

Nacido en la calle San Lorenzo de Huesca, en una familia de agricultores y arrieros, siempre fue buen estudiante. Estudió la carrera de Medicina y ejerció unos pocos años, hasta que decidió dejar el ejercicio. Trabajó posteriormente, durante muchos años, como auxiliar sanitario en el Hospital Psiquiátrico, mientras se dedicada a sus aficiones, que es lo que realmente le gustaba y le dio renombre.

A la vista de que, tras haber estudiado una carrera de ciencias, necesitaba más formación y base cultural para dedicarse al mundo de la historia, se matriculó en Humanidades, carrera que compaginó con su trabajo.

Manuel Benito se dedicó durante un breve periodo de tiempo a la política. Fue concejal en el ayuntamiento de Huesca, por el PSOE, unos meses, en la legislatura 1991-1995. Posteriormente, se dio de baja en el Partido Socialista y se afilió a IU, partido en el que tampoco militaba ya.

Republicano convencido, Benito pertenecía al Círculo Republicano Manolín Abad. Buen conversador, y dotado de un gran sentido común, participó durante mucho tiempo en tertulias literarias.

Desarrolló trabajos monográficos sobre pueblos deshabitados altoaragoneses, leyendas, monasterios rupestres, ciclos festivos, tradiciones, lugares perdidos u olvidados de Huesca. Publicó en 2008 el libro "Huesca. Álbum de adioses" y, hace tan sólo unos meses "Orwell en las tierras de Aragón". Además de ello, son numerosísimos sus artículos en prensa y sus colaboraciones en cualquier medio de comunicación siempre que se le requiriera para hablar de los asuntos en los que era un auténtico experto. Contaba también con un importantísimo archivo fotográfico de la provincia de Huesca y de hechos históricos acaecidos en ella.

Enamorado de su ciudad y, a pesar de ello, muy crítico con su inmovilismo, Manuel Benito aseguraba que profesaba un amor no correspondido a Huesca, una ciudad que se le había mostrado, decía, esquiva y altanera.

Radio Huesca

 

*La revista Cazarabet de Mas de las Matas, dirigida por el infatigable Javier Díaz, envía este compendio de notas. En la foto del Diario de Altoaragón, Manuel Benito con su libro 'Huesca. álbum de adioses'.  

HA FALLECIDO MANUEL BENITO

HA FALLECIDO MANUEL BENITO

*Recibo esta nota de Eugenio Monesma donde nos comunica la fatal noticia de la muerte de Manuel Benito. Lo entrevisté hace pocos días con motivo de su libro sobre 'Orwell y Aragón' y le presenté su 'Álbum de adioses' en la Biblioteca de Aragón. Hablábamos a menudo por teléfono y nos escribíamos por email. Un gran abrazo para su familia y sus amigos.

Queridos amigos:

 

         Siento tener que daros la mala noticia. Ha llegado el momento en que nuestro compañero y amigo Manolo Benito ha escrito el último capítulo del “Album de adioses” de su vida. Nos ha dejado hace un momento, a las cuatro de la tarde. Luchador hasta el final como lo ha demostrado a lo largo de su enfermedad. Honrado en sus convicciones ideológicas durante toda su vida. Generoso con todos aquellos que le han pedido cualquier colaboración o dato que le hacía falta. Ha salido de este mundo, pero permanecerá en la memoria de todos los que hemos compartido con él buena parte de nuestra vida. Esta tarde lo van a llevar al Tanatorio de los Hermanos Santander en La Magantina.

 

         Salud. Eugenio Monesma.

LA RUTA DE JOSÉ ÁNGEL BARRUECO

LA RUTA DE JOSÉ ÁNGEL BARRUECO

José Ángel  Barrueco (Zamora, 1972). Escritor. Columnista diario de La Opinión de Zamora desde enero de 2001 hasta septiembre de 2009. Ha publicado novelas, cuentos, poemas y microrrelatos. Su obra aparece en diversas antologías. Vive en Madrid. Posee un estupendo blog de literatura y de cine, sobre todo, Escrito en el viento, que he visitado y visito con frecuencia (http://thekankel.blogspot.com/). En él encuentro este texto acerca de su última publicación y del modo de lograrla.

 

 

 

PARA ESAS NOCHES DE INSOMNIO

 

Por José Ángel BARRUECO

Este es el tercer libro (en solitario) que publico este año. Es el cuarto, si contamos la antología de canallas. Creo que aquí se cierra una etapa: una etapa con tres libros en los que hablo mucho de la memoria y de la familia, del pasado en general. A partir de ahora trataré de escoger otros rumbos, al menos durante un tiempo: de hecho ya lo estoy haciendo.

Comprobaréis que, en todos estos libros (No hay camino al paraíso, Recuerdos de un cine de barrio, Un nudo en la garganta. Quince cuentos canallas y Para esas noches de insomnio), aparece siempre el nombre de mi brother David González. No es para menos. Es la persona que más ha hecho por mí en la literatura y una de las que más ha hecho por mí en la amistad. En el primer caso, nos escribió el prólogo a Javier Das y a mí, y siempre nos brindó sus consejos y su apoyo; en el segundo caso, gracias a él, con el tiempo, conocí a Vicente Muñoz Álvarez, gracias a quien conocí a Miguel Ángel Martín, autor de la ilustración de portada; en el tercer caso, porque Marcelo Luján nos reclutó para su lista de canallas, junto a otro viejo colega, Carlos Salem; en el cuarto caso, porque este nuevo libro existe sólo gracias a D.G., y es lo que quiero explicar en el siguiente párrafo.


Para su proyecto literario de la Colección Zigurat del Ateneo Obrero de Gijón, David me pidió una selección de textos. Su idea era mezclar muchos artículos, unos pocos cuentos y algún poema. Quería que en la mayoría se reflejara la experiencia, lo cual, por ejemplo, descartaba de golpe los artículos en los que me he limitado a analizar una novela o una película o a opinar de política. No fue fácil escarbar en mis archivos. Finalmente, encontré ciertos hilos conductores. Muchos de esos artículos pertenecen a mis primeros tiempos en el periódico, por lo que ni siquiera están recogidos en la red: ni en este blog ni en la hemeroteca digital. Estas columnas escogidas son, para mí, muy personales, sobre temas que no he olvidado. De los tres cuentos que elegí, sólo uno de ellos se había publicado antes: en un par de revistas; creo que lo leyeron uno o dos amigos. Esos relatos mantienen conexiones con otros tantos artículos. Un ejemplo: en una columna sobre el Día de la Madre hablé de la muerte de mi abuela, hecho que también aparece recogido en uno de esos cuentos, pero esta vez convertido en ficción (aunque casi todo lo que narro en ese texto ocurrió de verdad). De manera que puede comprobarse el doble tratamiento que le doy a ciertos temas.


En este libro cohabitan ciudades, paisajes, personas y animales que me son muy queridos y, aunque parezca una mera recopilación de textos, lo cierto es que hay un sentido, que el libro traza una ruta: El Marqués, mi perro Trinitario, la berrea en Sanabria, las escaramuzas de Lavapiés, las navidades zamoranas, las estaciones de servicio de la carretera, el funeral de mi abuela, mi rutina en los años previos a marcharme a Madrid, los hoteles, el silencio a la orilla del Lago, Las Llamas y el Rabiche, Arenas de San Pedro, mis noches de insomnio…

Quien quiera hacerse con un ejemplar, que me lo pida por e-mail (thekankel@hotmail.com) y ya acordaremos si lo gestiono por correo contra reembolso o se lo paso en persona. Su precio, según dicen en el Ateneo, es de 8 euros. A eso le sumaremos los gastos de envío. No será fácil encontrarlo en las librerías. Espero que os guste o, cuando menos, os transmita ciertas sensaciones. Aprovecho para desearos un año favorable.

UN CUENTO DE PEDRO BOSQUED, PIERO

UN CUENTO DE PEDRO BOSQUED, PIERO

EL SILENCIO DE LA SONRISA

 

 

Por Pedro Bosqued. PIERO

Nunca había visto que me mirasen de esa manera. En la foto, Roberto, mi amigo invisible, no era un fantasma. Su sonrisa confirmaba su acierto en el regalo escogido. Habían pasado un par de años, pero podría repetirse su expresión ahora mismo, en este mismo salón, con nosotros más entrados en... ¿la era digital? Al volver a mirarla, mi cara de asombro no había caducado. Seguían mis ojos buscando una explicación a mi sorpresa. Como supo lo que quería nunca logré adivinarlo. Él sí que tenía la habilidad de reconocer en una cafetería a qué camarero se le caería la taza, qué compañero se mofaría de la metedura de pata y lo más difícil, quién de los reunidos en una mesa alargada que ocupa una docena de personas, se escaquearía de pagar. Las artes adivinatorias de Roberto se nutrían de todas los detalles en los que no reparábamos en días de rebajas. Lo importante era el precio; para él, de dónde venía el retal. Y apostillaba con soltura: “si sabes quién te regaló la prenda, sabrás cuantas veces te la vas a poner”.

 

  Ahora que Lucrecia se ha ido, las sonrisas de Roberto se cotizan al alza en mi maltrecha columna. Mi pilar cruje con más facilidad, las prendas de abrigo ya no las valoro por su corte, ni por su colorido. Lo que más agradezco es que me aíslen de la humedad, como la que entregan sigilosos los arroyuelos. Que a mi quinta y sexta lumbar, maldita pareja de baile con la que tengo que lidiar, no les falte calor extra. Como la sonrisa de Roberto. Apareció hará cosa de diez años. Iba a sentarme en mi butaca del teatro y ante mis narices se sentó un manojo de lana enclenque con piernas patizambas y hombros descarriados. No me lo comí de milagro, pero cuando lo iba a interpelar se cruzó la mirada de Roberto. Su mueca me invitaba a reírme de la situación y me puse a comentarla con la nueva sonrisa. Empezamos a enhebrar supuestos desenlaces y acabé sentado junto a él. Y así hasta hoy, el día en que la foto vuelve a mis manos.

 

  Ahora que Lucrecia se ha ido no hay nada que me impida rebuscar en los cajones, recordar lo que me han dejado tantas fotos previsibles y una que no lo es. La de Roberto con su sonrisa de haber acertado con su regalo. Pero ese era el primer foco en la foto, en el que todos caerían de un primer vistazo. Lo que seguía atrayendo a una mirada aguda, como la de Roberto haría, era mi rostro esa tarde. Había conseguido no ver ni un anuncio de juguetes, ni una rutinaria canción de navidad, ni a una pestilente colonia impregnar las telas rojas que quieren ser alfombras a costa de ser pisoteadas en horario comercial y que en realidad son vituperadas después del cierre por quien se ha encargado de ponerlas. Mi rostro esa tarde se había desubicado, no atendía a lo que ocurría con precaución, se dejaba de intenciones secundarias ni de pretensiones claras. No reconocería jamás a mi rostro esa tarde, de forma que cuando lo vi en la foto supe que esa era la única forma de verle. Que a tu rostro se le pierde la pista cuando las cosas que no se van a olvidar llegan a tu vida. Desligar a tu rostro de ti es un ejercicio extraño, como un guante que se metiera en la bañera de tu casa contigo. Algo que no se llega a comprender, que no tiene sentido pero de lo que no se puede tampoco conseguir una explicación. Y sin una explicación concreta tu rostro es el de cualquiera que vieras, hasta el tuyo, pero no podrías pensar que lo es porque ya no responde a ti, si no a las leyes de lo imprevisible. Como aquella tarde, momento atemporal en el que la foto que tenía entre manos era la única prueba de que aquel rostro era el mío.

 

   Ahora que Lucrecia se ha ido, la foto es la fuente de calor más próximo que tengo, un rescoldo de las brasas que fui. Una ventana entornada, pero por la que todavía se cuela la luz. Gracias a la sonrisa de Roberto, gracias a lo que sostenía mi mano derecha. Con los dedos extendidos en posición palmar, como quien va a coger una bandeja y realizar las funciones de camarero, mi mano en sintonía con mi rostro feliz de la foto, sostiene una carátula. Una negra y previsible carátula de la que se logra adivinar el título. “El silencio antes de Bach”. La película que el día en que Roberto y yo nos conocimos en el teatro me comentó, la que me dijo que no podría olvidar después de verla, que hiciera el esfuerzo de ir al cine, aunque mi ánimo no me lo aconsejara. Un salto temporal a tres épocas, un guiño a la creación musical como eje de la recuperación del valor de la educación artística. O una forma clara y dulce de la concisión en el valor supremo del talento inconsciente de Bach.

 

  Ahora que Lucrecia se ha ido, cualquier día es festivo si vamos Roberto y yo a comer sesos. Ese almuerzo de delicias de infancia que siempre nos lleva a la película. La recordamos e imaginamos que estamos en miércoles. Siempre es miércoles cuando comemos sesos Roberto y yo. Miércoles de sesos, miércoles de Mendelssohn, miércoles de sesos recién comprados en el mercado de Leipzig. Sesos envueltos en el puesto del carnicero con papel escrito, con papel sin importancia para casi todos los rostros. Papel claro para miradas como las de Mendelssohn, que comprara todos los días al carnicero de Leipzig para conseguir llevarse a casa aquel papel. El papel en el que permanecieron las composiciones de Bach. Cincuenta años después, el silencio de Bach se rompía. Un carnicero despistado se cruza en el camino de Mendelssohn para recuperar las partituras, para que el silencio antes de Bach calle.

 

  Ahora que Lucrecia se ha ido, mi rostro en la foto cree en la casualidad del silencio como causalidad del regocijo. Y el silencio es el compañero que no se queja, que no interrumpe, es el poso que permanece. Como el silencio de Bach, como el silencio de mi rostro, como el silencio de la foto de mi rostro. Mi silencio me pide calma, me pide que eche a andar aunque mis lumbares teman a la humedad. Mi silencio me pide que cruce también el arroyuelo. Cuando lo he conseguido, recuerdo como se decía arroyuelo en alemán. En silencio, vuelve la palabra. Bach.

 

*Hace un año, Pedro Bosqued, Piero, farmacéutico y escritor, iniciaba su blog: http://piero.blogia.com. Y ahora me manda este texto, este cuento de amor y de ausencias. Es casi un regalo de Reyes. Me ha parecido que esta foto, que no sé a quién pertenece, podría sentarle muy bien.