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Antón Castro

Escritores

MARTÍNEZ DE PISÓN SELECCIONA 'PARTES DE GUERRA'

MARTÍNEZ DE PISÓN SELECCIONA 'PARTES DE GUERRA'

“LA GUERRA NO PERTENECE

SÓLO A QUIENES LA SUFRIERON”

 

[Entrevista a Ignacio Martínez de Pisón. Esto no es un cuento. La muerte, la injusticia y, a veces, la esperanza se citan en la Guerra Civil a los ojos de los escritores, que recogen todo ese material. Los 35 relatos que Ignacio Martínez de Pisón ha reunido en ‘Partes de guerra’ (RBA) muestran la parte más literaria del horror. Esta entrevista la ha publicado el diario El Público y la hace el periodista y narrador Peio H. Riaño, que acaba de publicar su último libro en Caballo de Troya. La foto de Pisón es de Edu Bayer.]

 

Era lo que faltaba. No existía una antología de relatos de la Guerra Civil. El escritor Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) ha compilado la primera y prefiere que se lea como una gran novela sobre la batalla. Asegura que, desde el día que estalló hasta la actualidad, la contienda es una fuente de inspiración de magníficos relatos breves, y por ella ha pasado el testimonio y la imaginación de autores como Manuel Chaves Nogales, Max Aub, Delibes, Ana María Matute, Bernardo Atxaga, María Teresa León o Mercè Rodoreda.

¿La guerra también le pertenece al lector?

Esta guerra y muchas otras. Pocos temas literarios son tan apasionantes como las guerras. En ellas, el ser humano puede mostrar lo mejor y lo peor de sí mismo, y el escritor tiene una oportunidad inigualable de indagar en los recovecos de su alma.

¿A qué se refiere con “Gran Novela” cuando escribe en el prólogo que no existe ninguna sobre esta guerra?

Podrían citarse varias novelas interesantes o incluso buenas que han tocado el tema de la Guerra Civil. Pero no parece que ninguna de ellas sea la definitiva, la que haga inútil que otros novelistas sigan intentándolo. Dicho de otro modo, no tenemos un Guerra y paz o un Vida y destino.

¿Cuál ha sido el criterio de selección de los relatos?

Ya que no existe una Gran Novela sobre la Guerra Civil, me interesaba contarla a través de las voces de diferentes autores. Digamos que estos treinta y tantos relatos aspiran a llenar ese vacío. Por eso los cuentos están ordenados cronológicamente, desde el comienzo hasta el final del conflicto. Tal como están dispuestos los textos, creo que el libro puede leerse como un relato casi unitario, como una novela. Muchos escritores habituados a sendas alejadas del realismo optaron por una narrativa ajustada a los hechos, incluso con un componente de crónica. De todos los relatos del libro, sólo el relato de Mercè Rodoreda, intimista, esquiva deliberadamente el realismo.

¿Hay algún rastro en el estilo de los que vivieron en primera persona la guerra?

Sin duda, el autobiografismo. Leyendo, por ejemplo, los relatos de Calders, Delibes, Pereira, Aldecoa o García Hortelano, no es difícil intuir cómo vivió cada uno de ellos la guerra. Cuentan episodios que tienen todo el aroma de la verdad.

¿Por qué esa necesidad por el realismo?

Supongo que el realismo se les impuso a los autores como la opción más natural de enfrentarse a la Guerra Civil como tema literario. Tampoco debe extrañarnos. Muy poco después, como respuesta literaria al fenómeno de la resistencia partisana y a la propia Guerra Civil italiana, también en Italia los escritores optaron por el realismo. Así fue como nació el neorrealismo.

Malraux y Hemingway vivieron muy de cerca la contienda. Son los primeros en hacer de la Guerra Civil material literario. En este sentido, ¿cómo son las maneras de un escritor que ha pasado por la batalla y las de uno que no la vivió en primera persona?

Malraux publicó en 1937 La esperanza, una novela que, entre otras cosas, aspiraba a llamar la atención de las potencias democráticas sobre la situación que estaba viviendo la República española. Hemingway, en cambio, no publicó ¿Por quién doblan las campanas? hasta 1940 y con esa novela buscaba alertar a la opinión pública norteamericana contra el fascismo internacional, que estaba adueñándose de Europa. En ambos casos, se buscaba una intervención directa sobre la realidad. En textos posteriores, la guerra aparece como recordatorio de la ilegitimidad del régimen de Franco. Hasta llegar a los relatos de los autores que desarrollaron su actividad literaria tras la muerte de Franco. Para ellos, la aproximación a la Guerra Civil puede tener algo de restitución histórica y moral, pero es un acercamiento literario.

¿Por qué el relato corto?

Supongo que la Guerra Civil era un tema tan vasto y complejo que no resultaba fácil abarcarlo en su totalidad por medio de una novela. Los cuentos, en cambio, no aspiran a esa totalidad y se conforman con ofrecer algunos destellos parciales del conflicto.

¿Qué ha conseguido al incluir generaciones de escritores que no vivieron el conflicto desde dentro?

No quería limitarme a lo estrictamente testimonial. La guerra no pertenece sólo a quienes la sufrieron personalmente, porque sus efectos aun se sienten.

¿Cuántos de ellos están escritos desde la venganza?

Por sorprendente que pueda parecer, la venganza está casi ausente en los relatos que he escogido para Partes de guerra. Hay, es verdad, cuentos sobre las atrocidades que se cometieron y sobre los extremos de crueldad que puede alcanzar el ser humano. Pero también hay cuentos sobre el deseo de reconciliación, sobre la necesidad de comprender los motivos del enemigo, sobre la capacidad del ser humano para salir adelante en tiempos tan convulsos... La Guerra Civil es al tiempo el tema y el escenario de las historias. Por ejemplo, el cuento de García Hortelano, a la vez que recrea la vida en Madrid durante el último año de la contienda, narra el despertar de un niño a la sensualidad y el deseo. En el libro, la retaguardia está tan presente o más que el frente y ahí, en la retaguardia, seguían pasando más o menos las mismas cosas de siempre.

¿Qué ha tenido más peso en la selección, la verdad histórica o la precisión de la expresión literaria?

La calidad literaria, sin duda. Pero no concibo la buena literatura sin un fondo ético y, por tanto, sin un intento sincero y desprejuiciado de aproximación a la verdad. En el viejo debate sobre literatura y moral, siempre se acaba sacando el nombre de Céline, antisemita y colaboracionista con el nazismo y al mismo tiempo buen escritor. En lo que se refiere a la Guerra Civil, tal vez el ejemplo análogo sería el de Madrid, de corte a cheka, de Agustín de Foxá. En todo caso, si cada relato aspira a transmitir su verdad (a veces una verdad pequeña y subjetiva), el conjunto aspira a acercarse a una verdad mayor, una verdad que puede ser compartida.

¿Este libro puede hablar en nombre de todos?

Es un libro que recrea muchas facetas y episodios diferentes del conflicto desde muy distintos puntos de vista. Hay escritores de prácticamente todas las zonas de España, escritores no sólo en castellano sino también en catalán, gallego y vasco, escritores de los dos bandos, de diferentes generaciones... En eso sí que hay una aspiración a la totalidad.

¿Quiso recoger testimonios de uno y otro lado?

La prioridad fue reunir los mejores cuentos sobre la guerra, fueran del lado que fueran. Pero encontrar buenos cuentos que fueran declaradamente franquistas, no fue fácil. Los de García Serrano y López Anglada podrían considerarse una excepción y el relato de Edgar Neville hay que entenderlo en el contexto biográfico del autor.

Imagino que podría citar un ejemplo de honradez.

El prólogo del republicano Manuel Chaves Nogales a los cuentos de A sangre y fuego, libro de 1937, es un ejemplo de rectitud y honestidad intelectual. Para él, después de los primeros y durísimos primeros meses de conflicto, llegó un momento en el que el odio y la estupidez se habían hecho dueños del país, y la cosa no tenía solución. En ese prólogo, condena por igual la sangre derramada por las cuadrillas de pistoleros de Madrid como los asesinatos de inocentes por la aviación franquista.

¿En narrativa es posible la equidistancia y, sobre todo, es necesaria?

No creo que, ante la Guerra Civil, haya que aspirar ni a la equidistancia ni a la neutralidad. Para mí, la razón y la legitimidad estaban de un lado, el de la República. Otra cosa es que aspiremos a la imparcialidad, lo que sí me parece deseable. Y creo que los autores de estos relatos, o al menos una gran mayoría, también buscan esa imparcialidad.

¿Cuándo se da por concluido un acontecimiento colectivo para literatura como opción temática?

Para la literatura, esos temas seguirán siempre vigentes. Otra cosa es que la sociedad en algún momento perciba que las cicatrices de aquella herida se han cerrado completamente. Todavía no ha ocurrido, pero incluso eso, cuando ocurra, no le restará vigencia literaria.

 

Ausente por prescripción familiar

 

El gran libro de relatos cortos sobre la Guerra Civil de los últimos cinco años, ‘Los girasoles ciegos’ (Anagrama, 2004), ha quedado fuera de la compilación de estos 35 escritos. Ignacio Martínez de Pisón quería cerrar el libro con uno de los cuentos de Alberto Méndez, titulado ‘El idioma de los muertos’, pero los herederos decidieron rechazar la invitación porque “no querían desgajar el libro original”. Pisón vio en el cuento que trascurre en 1941, sobre la represión durante la posguerra, un relato perfecto para el epílogo. En el cuento que quería Pisón del libro Premio de la Crítica y Nacional de Narrativa de 2005, un profesor de chelo adorna la vida de un tal Miguel Eymar, hijo del coronel que le interroga, para ganar tiempo y dejar que corran los fusilados para tratar de salvarse. El profesor distorsiona los hechos de la muerte del hijo día a día.    

 

 

CRISTINA FDEZ. CUBAS Y KNUD ROMER, VIII CÁLAMO

CRISTINA FDEZ. CUBAS Y KNUD ROMER, VIII CÁLAMO

Cristina Fernández Cubas y Knud Romer,
Premios Cálamo 2008.




Los Premios Cálamo son organizados por Librería Cálamo de Zaragoza y cuentan con la colaboración de las siguientes instituciones públicas y privadas: Ayuntamiento de Zaragoza, Universidad de Zaragoza, Gobierno de Aragón, Fundación CAI-ASC, Institut Français de Saragosse, Sansueña Industrias Gráficas,  Restaurante Garden y Bodegas Guelbenzu.



Fallo de los VIIII Premios Cálamo, Convocatoria año 2008.


El Premio Cálamo "Libro del año 2008" se concede a la obra "Todos los cuentos" de Cristina Fernández Cubas, publicada por Tusquets Editores.


Cristina Fernández Cubas es considerada por buena parte de la crítica como la mejor escritora de cuentos de la literatura en lengua castellana. "Todos los cuentos", que reúne treinta años de relatos tejidos con una lengua tan precisa como hermosa, es ya un título de referencia obligada en la cultura española actual.




El Premio Cálamo "Otra Mirada 2008"  ha sido concedido a "Quien parpadea teme a la muerte", novela  del escritor danés Knud Romer,  publicada por Editorial Minúscula.


"Quien parpadea teme a la muerte" es un bellísimo libro sobre la memoria y las memorias, la nuestra y las de los otros. La literatura de Romer logra lo que caracteriza a muchas obras maestras: convertir lo privado en historia de valor universal.


La gala de entrega de los VIII Premios Cálamo a los ganadores se celebrará el viernes 20 de febrero de 2009 (información y reservas en Librería Cálamo 976557318).

Previamente los autores premiados realizarán una presentación pública de su obra a las 19 horas del mismo día en el Salón de Actos del Centro Joaquín Roncal (Fundación CAI-ASC), en c/San Braulio, 5-7.

 

CRISTINA FERNÁNDEZ CUBAS

Cristina Fernández Cubas nació en Arenys de Mar (Barcelona) en 1945. Es autora de cinco libros de relatos –Mi hermana Elba, Los altillos de Brumal, El ángulo del horror, Con Agatha en Estambul y Parientes pobres del diablo–, dos novelas –El año de Gracia y El columpio–, una obra de teatro –Hermanas de sangre– y un originalísimo libro de memorias narradas, Cosas que ya no existen, títulos que han recibido un caluroso tratamiento por parte de la crítica y del público y que configuran uno de los universos literarios más singulares de la literatura contemporánea. Su obra está traducida a diez idiomas.

 

KNUD ROMER

Knud Romer, nacido en 1960, estudió literatura comparada en Copenhague. Es autor de diversos ensayos centrados en la historia de las mentalidades. Durante muchos años fue uno de los publicistas más importantes de Dinamarca, realizando campañas para grandes compañías comerciales. Harto de una vida que detestaba, Romer abandona el éxito para dedicarse a la creación literaria y al arte.  Ha trabajado en el mundo del cine como guionista (Offscreen, dirigida por Christoffer Boer en 2006) y, en Los idiotas de Lars von Trier y  Allegro de Christoffer Boer, como actor.  En el año 2000 publicó un insólito libro de provocador título: Guía de los retretes públicos de Copenhague. Quien parpadea teme a la muerte, su primera novela, editada en 2006, generó un intenso debate en Dinamarca sobre la relación del país con su pasado reciente. En estos momentos se está traduciendo a numerosas lenguas. Entre los premios que ha recibido figura el Gyldne Laurbær de los libreros daneses. En 2007 quedó finalista en Francia del Médicis a la mejor obra extranjera. En la actualidad está preparando un libreto operístico, un poemario y un libro de relatos.

 

*Foto de Knud Romer en Atenas en 2006.

 

 

LUIS BORRÁS LEE 'FOTOGRAFÍAS VELADAS'

LUIS BORRÁS LEE 'FOTOGRAFÍAS VELADAS'

[Ese lector apasionado que es Luis Borrás publica hoy una generosa reseña sobre ‘Fotografías veladas’ en el Diario del Altoaragón. Luis, a quien no conozco aún, me manda la nota y el enlace del texto. Lo copio aquí y le expreso mi más sincera gratitud. Y también a los compañeros del periódico oscense y a su director Antonio Angulo.]

 

AUTOBIOGRAFÍA Y FÁBULA

 

Fotografías veladas. Antón Castro. Xordica. Colección Carrachinas. Zaragoza, 2008. 186 páginas.

 

Hay en estas "Fotografías veladas" de Antón Castro, una parte real y una parte inventada. Autobiografía y fábula. Y es que, como Antón, nos dice: "Uno no sabe si la vida es un cuento o si los cuentos amontonados unos encima de otros son la vida".

Hay en estos relatos un paisaje personal y real. Una tierra pisada y atrapada en el recuerdo: el Maestrazgo de Teruel. Pueblos en donde Antón comenzó a escribir sus fábulas escuchando las historias que le contaban sus vecinos. Relatos ajenos que se mezclaron con los propios, personajes creados por Antón que hablan de otros que fueron reales. En esta tierra se unieron su pasión por contar y mirar, guardarlo todo en su palabra. Cuentos y vida.

Zaragoza, la novia del viento, vino después. Una ciudad encontrada al azar de una huida o de un destino. Una ciudad que descubrir para hacerla suya, protagonista de sus ficciones entre la realidad de sus calles. Una estación de tren, un viaje de ida y vuelta. Descubrir las mudanzas de su horizonte, recorrerla entera desde los cristales de los autobuses hasta que llega el día de cambiar su río por una piscina con sirena.

Hay en estas "Fotografías veladas" otros territorios y tiempos de la memoria. El de la niñez junto al mar. Un lugar donde escuchar historias de brujería y cuentos de reyes antiguos, cuentos donde siempre aparecían la lluvia y un fantasma. Tiempo en el que la maestra nos regalará un libro de poesía y en el que nuestro primer amor será la primera quimera inalcanzable. Recuerdos adolescentes hechos de pesadillas, secretos, playas y fracasos. Territorios personales hechos de misterios, viejas leyendas y cementerios. Territorios adultos hechos de fútbol y héroes, investigación literaria, tardes de cine y colecciones. Y la fascinación por la mujer, la completa derrota ante su belleza. Una belleza de cine a la que regalar gardenias y poemas. Un rostro ante el que caer rendido. Un amor inalcanzable. Una belleza real que huele a manzanas rojas y que se marchará dejándonos una nota de despedida.

Pero, en "Fotografías veladas", está sobre todo su fascinación por la fotografía. Y es que Antón hace protagonista de muchos de sus relatos al proceso del reportaje fotográfico. El trabajo de campo del fotógrafo, el reconocimiento del terreno, las anotaciones en el cuaderno, la elección del lugar, su lucha con la luz, la contemplación de madrugadas y atardeceres, las imágenes de paisajes, animales y gentes. De la fotografía como hecho físico y químico contra el olvido.

Pero para mi este libro es una guía en donde buscar y descubrir lugares como en un juego de pistas. Salir de casa y llegar hasta todos esos lugares que ha contado Antón. Seguir su huella cojeando y cerrando un ojo. Buscaría pueblos y sierras del Maestrazgo, lápidas con fotografías, minas de carbón y casas abandonadas. Pueblos y playas de la costa gallega en donde dicen que se esconden ballenas y naufragaron barcos. Y buscaría en Zaragoza "La Posada de las Almas" y la calle Pabostría. Y buscaría un piso, un cuarto sin ascensor con una ferretería debajo, y una casa con piscina en un pueblo de las afueras, y una tumba de un perro en San Juan de La Peña.

Un recorrido sentimental, el itinerario de una vida. Y de recuerdo, un buen puñado de fotos. [Esta foto es del portugués Paulo Nozolino.]

 

ROLANDO MIX: LA MEMORIA Y EL RASTRO DE LA POESÍA

ROLANDO MIX: LA MEMORIA Y EL RASTRO DE LA POESÍA

Ocurre a menudo: existe gente con la que nunca has hablado, ni lo vas a hacer quizá, que han sido decisivas en tu vida. Gente que pasa. Gente que toma el café de las doce en el bar de la esquina. Gente que lee el periódico, que acaricia las páginas de un poema, hombrones que se te antojan gigantes, de rostro atezado y una sonrisa amplia, de oreja a oreja, como paisanos milenarios, y que no sabes por qué habitan tus sueños y tus pesadillas. O la naturaleza urbana que recorres para ir a comprar el pan.

Supe de Rolando Mix Toro mucho antes de lo que él se imagina: Luis Felipe Alegre, en el bar Aragón y en El Ángel Azul, me hablaba del poeta chileno y de su rabiosa humanidad. En un primer retrato, Luis Felipe lo situaba en Santiago, próximo a Salvador Allende, y buen conocedor de los grandes poetas, desde Gabriela Mistral a Enrique Lihn, desde Pablo Neruda a Nicanor Parra. Me revelaba algunas historias entrañables, su generosidad “de desheredado latinoché” de infinito corazón, su solidaridad profunda con la que había sido compañera de sus días durante un tiempo, y me decía también que en aquel hombre “gigantesco y envalentonado” había algo de “héroe inadvertido de la poesía”. Luis Felipe Alegre sentenciaba: “Me gustan los poetas así. Hermanos de sangre de Blas de Otero, de Gabriel Celaya, de Neruda. Admiro y quiero a Rolando Mix Toro”.

No puedo recordar cuándo hablamos por primera vez. Lo veía pasar por la calle Lorente y Bretón, sobre todo, lo veía asistir a conferencias y debates de poesía. Allí andaba siempre Rolando, con versos bajo el brazo, dispuesto a henchir una tertulia de palabras cálidas, de risas estruendosas, de la memoria arterial y andina de América. Tenía algo de vate sentimental que se atrevía a ser contundente: proclamaba su fe en Salvador Allende, su complicidad con Víctor Jara, anunciaba sin violencia el tamaño de su esperanza. Mientras, publicaba poemas, libros, traducía, sobrevivía sin aspavientos en medio de la ira del cierzo, en medio del vendaval del desierto.

Hablamos. Y de hablar por primera vez, pasamos a vernos a menudo. Pasamos a platicar en confianza. Pronto me di cuenta de que Rolando Mix Toro había tenido una infancia especial: era uno de los doce hijos de Antonio Mix Martínez, escritor social, maestro de escuela y pintor de desiertos y altiplanos, y de Ana Ángela Toro, una mujer que gastaba la vida entre los dolores de un nuevo parto y su pasión por la guitarra y el piano. Rolando residía en pleno desierto, en Pozo Almonte, Iquique, donde había nacido en 1931. Se levantaba por la mañana y sus ojos contemplaban la cordillera de la costa y los Andes altivos: un paisaje y el otro se estiraban más allá de las minas de salitre, los abombados desiertos y sus dunas. Al muchachito lo cautivó desde muy pronto la sonoridad de las palabras. Y en ellas se zambulló como se zambullía en el mar: adquirió un virtuosismo especial con el lenguaje, una capacidad para recitar e inventar poemas, una imaginación invencible. Poco después, también estudiaría forja. Y luego, ya en Santiago de Chile realizaría mil actividades: fue librero, periodista, activista político, los nazis quemaron alguna vez su librería, y selló su amistad con Neruda, Parra, Lihn y tantos otros, selló para siempre su comunión con la literatura.

En uno de los viajes que Juan Rulfo realizó a Chile se hicieron amigos. Dibujaron en el silencio la conjura de los camaradas; eso sí, Rulfo estaba rodeado siempre de silencio y de timidez. Y quizá de mala conciencia: sentía pánico de no estar a la altura de sus dos primeros libros y por eso no se atrevía a escribir. Algún tiempo después, el Partido Socialista de Allende lo reclamó para que se hiciera cargo, como jefe de librería, de PLA (Prensa Latinoamericana). Y luego, con todo tipo de persecuciones e insidias, llegó el golpe militar de Augusto Pinochet, pocos después de la muerte de Neruda. Hubo de exiliarse, hubo de recomenzar otra biografía personal en la República Democrática Alemana (RDA); en la Universidad Karl Marx de Leipzig estudió Traducción e Interpretación. Allí lo conocieron el alcalde de Zaragoza Ramón Sainz de Varanda y el jefe de policía Primitivo Cardenal. Lo tentaron, y Rolando Mix Toro se trasladó a Zaragoza. Y aquí vive, rodeado de amigos, en el bálsamo de amor y poesía que ha fundado junto a Juanita, su compañera.

Rolando Mix Toro ha escrito mucho. Y ha publicado diversos poemarios. Tras la palabra es un libro sobre la escritura y la vida: sobre el oficio de hacer versos, la memoria y la vida, para ser algo más precisos. Tras la palabra es uno de sus proyectos que Rolando Mix Toro gesta con dedicación y con adivinación. Es un libro-río. Para él la poesía es aliento y alimento de creación, una forma de fecundar el mundo y una forma de ser fecundado por la belleza, el pensamiento y la intensidad. Rolando Mix Toro es, ante todo, un engendrador de verbos e imágenes, capaz de decir que “las palabras son terribles”, de subrayar “el texto desvaharado del tiempo”, de precisar que “no es exactamente igual // lo sentido que lo expresado”. En una composición, que se titula ‘Leyéndome’, dice: “Alguna vez me harás tu confidente // mientras lees mi poema”.  En otros lugares, mediante sutiles metáforas, habla de sus afanes, de su vocación, del proceso casi alquímico de la escritura poética. Habla del “surco de los sueños”, dice que “la letra imprime el aire”, busca “la memoria y sus rastros”, siente “la llamada de la oscuridad”, y se percata con absoluta nitidez de que “soy un espectador con teatro propio”.

Tras la palabra es una búsqueda a ciegas de la claridad, es el intento de encerrar en un diccionario de imágenes, de recuerdos y de ideas el fulgor de una existencia apasionada y convulsa, la melodía de una voz, los interrogantes de existir, las caricias, el acto mismo de decir y sus énfasis. Tras la palabra es como una espiral inacabable de un verso que echa a rodar y se inflama y se expande con sus códigos secretos, y sale a tumba abierta –“con la elocuencia del frenesí”, tal como dice Rolando Mix- en pos de un lector, o de un amor, o del viento que recoge todas sus voces y las arrastra en su silbo. Hay un instante en que Rolando Mix Toro dice que “no cuenta para ninguna cuenta”. Nada más lejos de la verdad: el poeta cuenta y canta, el poeta se desvive por los otros, por su amada y por sí mismo. ¿Y acaso no es esa la mejor canción? En Tras la palabra, dentro y fuera, arriba y abajo, en el corazón incendiado de las sílabas y las imágenes, está él. Y tiembla, y gime, y canta furiosamente a la felicidad, a la memoria de cuanto fue, a la imperiosa necesidad de la poesía, que es “la síntesis de las vivencias que se han acumulado y que se quieren expresar”.

 

*La Diputación de Zaragoza, en un acto de gentileza y justicia poética de Mariano Berges y todo su equipo, acaba de publicar el libro Tras la palabra de Rolando Mix Toro. El poemario lleva esta nota portical y se presentará el 12 de febrero. La ilustración es de Alberto Calvo, ’Supermaño’.

 

POETI-FIESTA EN TORRERO-LA PAZ

POETI-FIESTA EN TORRERO-LA PAZ

POETI-FIESTA EN TORRERO-LA PAZ

 

ESTALLAMOS!!!

Queremos que compartas con nosotros este rato, este encuentro, este pretexto para hablar de poetas y versos, de ediciones y de perdiciones, de voces y de gritos y de silencios. Hay una silla dispuesta ya para que hables y escuches. El programa que hemos preparado es el siguiente:


1.- Inéditos e Inauditos: Lectura de textos que aún no han visto la luz o que aún no han sido leídos en público. ÁNGEL SOBREVIELA nos hablará sobre Gabriele D'Annunzio, autor de limitado predicamento por estas tierras, introduciéndonos a su inserción de la poesía en la prosa.


2.- Poesía Vernácula, en la que el idioma alemán hará sonar los versos de varios autores germanos a través de la voz de Tanja Gries.

3.- En la sección Poesía Transversal, Emilio Pedro Gómez nos presentará la versión audiovisual de sus poemas.



(POETIPAUSA amenizada por la Banda d'Ámbar)



4.- Papeles perdidos y Voces Olvidadas, donde Miguel Ángel Ortiz Albero nos recordará las andanzas de la desaparecida revista "El Ateneísta".



5.- En la sección Poetas y Barrios, Carlos Bozalongo nos leerá el extenso y sentido poema que dedicó al barrio de Torrero y que nos ofreció en la Expo.



6.- Cerrará el encuentro Rosendo Tello, quien nos contará qué poetas le engancharon y cuáles han sido sus voces fundamentales o fundacionales, leyendo algunos de esos textos.



7.- "POESÍAERESTÚ": "micrófono abierto " El DJ Leo Camaleón pondrá las bases sobre las que podremos recitar, leer, improvisar..., hasta las 21:30 horas, eso sí!  [Me escribe el joven poeta Ángel Sobreviela, me felicita el día de San Antón, lo han hecho otros muchos amigos, y me invita a que visite el blog donde sale este anuncio del Colectivo Espoleta que inicia su andadura. http://colectivoespoleta.blogspot.com/. La foto es de Gabriele D'Annunzio.]

 

 

 

 


MARÍA JOSÉ PAREJO, OTRO RELATO: 'SUPERPODERES'

MARÍA JOSÉ PAREJO, OTRO RELATO: 'SUPERPODERES'

Por María José PAREJO

Cuando voy vestida de rojo y azul me siento fuerte y poderosa, como un superhéroe, como superman o spiderman. Me invade una energía que me pone de un buen humor de esos que no sabes a qué responden.

Al igual que les ocurrió a ellos, estoy pasando por esa fase inicial de descubrimiento, y me siento igual de atónita que Peter Parker cuando percibe que algo se está cociendo en su persona.

Me he contagiado también de cierto sentido de la responsabilidad, muy propio de los superhéroes.  No debo abusar de este atuendo, no puedo ir malgastando por ahí este don en tonterías.

 

Pero aquel día sí era importante, era el adecuado para comprobar exactamente en qué consistían mis superpoderes. Claro que al no ser yo de ficción, lo más probable es que se manifestaran en habilidades  más de andar por casa. Nada de volar, ver a través de las paredes o congelar cosas soplando muy fuerte.

Me puse un jersey de cuello alto rojo y un enorme anillo de plástico azul eléctrico. Suficiente para conseguir el efecto deseado, como pude constatar al mirarme en el espejo. De nuevo tenía ante mí a alguien capaz de comerse el mundo.

Una falda vaquera y cazadora negra completaban mi indumentaria. Con el calzado dudé, pero al final me decanté por unas botas de tacón. Al fin y al cabo estaba empezando en esto, no creo que ya de primeras tuviera que realizar grandes hazañas para salvar a la humanidad, bastante tenía con intentarlo conmigo.

 

Salí a la calle a eso de las siete y media. Había quedado a las ocho en la Plaza de las Comendadoras, y no tardaría más de diez minutos andando, pero me pone nerviosa la posibilidad de llegar tarde. Tampoco suelo llegar a las citas demasiado pronto, soy especialista en manejar el tiempo como si se tratara de un chicle. Puedo estirarlo o encogerlo a mi antojo; paseo, miro escaparates o de repente empiezo a correr muchísimo para luego frenar, dar un rodeo y llegar al lugar indicado a la hora exacta. Recalculando la ruta como un GPS.

Espero que mis superpoderes no tengan nada que ver con esta virtud sin encanto que es la puntualidad.

 

Subía por una calle cercana a la plaza cuando divisé a lo lejos a mi amiga Irene, que avanzaba hacia mí por el mismo lado de la acera. Decidí aprovechar para hacer unas  pruebas, quizá era capaz de hacerme invisible o, al menos, ser un poco transparente o pasar desapercibida.

A medida que Irene se acercaba pude ver que estaba sonriendo. Podría estar pensando en sus cosas, así que seguí caminando justo hasta el momento en el que nos cruzamos  y ella me retuvo agarrándome del brazo.

- Pero tía ¿Qué haces? ¿Estás tonta? – Me dijo al descubrir mi intención de pasar de largo sin detenerme.

- Ay, perdona Irene. Creía que no me habías visto.

No hizo mucho más caso a lo que creyó una broma infantil y me preguntó dónde iba.

- He quedado con Dani.

- ¿Sí?- Se extrañó – ¿Es que ahora sois amigos?

Le expliqué que no era eso exactamente, que no habíamos vuelto a vernos desde que decidió romper conmigo hacía un mes de esa forma tan inesperada y demoledora. Yo aún no acababa de creérmelo, no estaba bien y le había llamado porque necesitaba volver a hablar de ello.

- No sé si es buena idea…

Debí poner esa cara de “ya lo sé, pero qué quieres que haga” y ella miró el reloj.

- Bueno, venga, que vas a llegar treinta segundos tarde.

Le saqué la lengua, le dije “ya te contaré” y continué mi camino.

 

Percibí que el escepticismo de Irene ante mi encuentro me había desanimado un poco, parecía como si el rojo y azul estuvieran perdiendo su eficacia por momentos. Me acordé entonces de una tienda de calcetines que estaba no muy lejos, y hacia allí me dirigí, en busca de un poco de ayuda extra.

Entré y me compré unas medias azules, azul superman. La tienda era pequeña y no tenía probadores, ya me veía poniéndomelas en una cabina de teléfonos al más puro estilo Clark Kent. Pero ese tipo de habitáculos ya no existe, por lo que se me ocurrió ir directamente al café donde había quedado.

 

Medio escondida me asomé por el ventanal para asegurarme de que Dani no hubiera llegado ya, lo que habría alterado mi plan de cambio. No estaba. Perfecto.

Me senté en una mesa, pedí una caña que casi acabo de un trago debido a los nervios y con las medias en el bolso fui al baño, escuchando unas fanfarrias épicas a lo John Williams que venían muy al caso, aunque puede que la fuente de esta melodía no estuviera en  el bar sino en  mi imaginación.

Recobré el optimismo gracias a mis nuevas piernas a la vez que  reparé en que tanto azul y rojo me recordaban al  cartel de  “Hable con ella”, con los rostros de perfil de Leonor Watling y Rosario en sendos colores. Almodóvar, superhéroes… Se estaba organizando en mi mente una mezcolanza cinematográfica considerable.

 

Cuando Dani apareció y empezó a buscarme en todas direcciones con esa pinta suya de despistado me di cuenta de hasta qué punto me gustan todos sus gestos. Al encontrarme, me miró sonriendo y supe que estaba pensando “está guapa, como siempre”, pero no iba a decírmelo. Ni siquiera nos dimos los dos típicos besos, nunca nos habíamos saludado de ese modo y preferimos renunciar a ese doloroso cambio dos por uno. Yo canalicé mi necesidad de contacto físico con una palmada en su hombro. Aunque se me fue la mano, era pura expresión de cariño.  

 

Hablamos de temas intrascendentes, bromeamos y nos reímos. Lo pasábamos tan bien  que ninguno parecía estar dispuesto a iniciar la conversación que supuestamente nos había reunido tras este tiempo.

Pero yo estaba exultante y no tenía miedo, así que casi de sopetón le dije que me había enamorado de él.  Eso era lo que yo estaba empezando a sentir justo en el momento en que quiso pararlo todo, no se lo había dicho porque dadas las circunstancias no venía a cuento. Así actúa el orgullo.

Dani no decía nada, ni replicaba ni me advertía como otras veces; me miraba fijamente  con esos grandes ojos oscuros que me hacen sentir una extraña erosión.

Y nos besamos.

Después seguí hablando, simpática y elocuente, eso no son superpoderes. No iban por ahí los tiros.

 

Teníamos que volver a estar juntos. Me quería. Aunque no estaba en su mejor momento y eso le hacía albergar un montón de dudas, quería intentarlo. Ni siquiera era eso lo que pensaba esa misma mañana, pero al verme había cambiado de opinión. Y como el que acaba de contar cualquier cosa sin importancia, se puso a canturrear una canción que estaba sonando en ese momento.

 

De pronto sentí llegar una clarividencia nunca antes aparecida en esta historia y me entristecí enormemente. En realidad no había nada que intentar. No es plan necesitar superpoderes para que te quieran. Además,  pensándolo bien, no tengo tanta ropa azul ni roja, ni siquiera son mis colores favoritos.

*La foto es de Raoul Haussman, el fotógrafo y artista que expone estos días en el Palacio de Sástago.

 

JULIO ESPINOSA IMPARTE UN NUEVO TALLER DE POESÍA

JULIO ESPINOSA IMPARTE UN NUEVO TALLER DE POESÍA

Me escribe Julio Espinosa y anuncia un taller de poesía:

 

Este lunes comienza un taller de poesía en la Escuela de Escritores, más que nada por si conoces a alguien que pueda estar interesado. Lo dicto yo y va de 18:00 a 20:00hrs. Serán seis meses de clases, hasta fines de junio. El valor mensual es de 80 euros más una matrícula de 30.


Los teléfonos de la Escuela son: 976207509 y 653165287, aunque también pueden escribirme al correo: julio@escueladeescritores.com

También te anoto el programa completo:


I: Poesía

1 - Poesía y realidad

2 - La poesía: ¿filosofía, psicología, sociología, autoayuda? ¿qué?

3 - La poesía, una manera de mirar: asombro, originalidad e imagen poética

4 - Forma, fondo y poema: la santísima trinidad

5 - El poema más allá de la técnica: base de toda creación

 

II: Leer

1 - ¿Por qué, para qué y qué leer?

2 - Lectura de las imágenes reales y poéticas

3 - Poetas ejemplares en nuestra lengua: lectura y ejercicios (Vallejo, Huidobro, García Lorca, Neruda)

III: Escribir

1 - ¿Qué escribir? Contar y poetizar; la escritura de las imágenes; la tensión poética

2 - El proceso creativo: La necesidad de escribir: la inspiración: ¿diosa o trabajo?, la idea sobre el papel, tiempo de cura: la lejanía y la corrección, el texto definitivo

3 - La experiencia y la creación poética

4 - Figuras literarias

*La foto es de un magnífico fotógrafo italiano: Fulvio Roiter. Nació en Venecia en 1926, viajó por medio mundo, desde Andalucía y Portugal a México, y ha sido bautizado como "el fotógrafo de las ilusiones". Esta imagen en cierto modo encarna muchos valores poéticos: la belleza, el canal, el puente, la gaviota, la ciudad que se copia en la corriente, el hombre que mira...

 

HOY SE PRESENTA EL LEGADO MIGUEL LABORDETA

HOY SE PRESENTA EL LEGADO MIGUEL LABORDETA

El legado del poeta Miguel Labordeta (Zaragoza, 1921-1969) llega por fin a la Universidad de Zaragoza. En medio, han pasado años de negociaciones, de desencuentros, de quimeras, e incluso de congresos universitarios en torno a su figura, como el que organizaron en abril de 1994 Túa Blesa y Elena Pallarés. El 1 de agosto de 2009 se cumplen 40 años de la muerte de “aquel orangután celeste” que se vomitaba en la “zaragozana gusanera” y que, hastiado y solo, se marchaba a leer a sus poetas chinos favoritos.

El mundo de un creador

En estos 40 años, Miguel Labordeta ha sido estudiado (Antonio Ibáñez redactó una completa biografía suya), ha sido homenajeado, editado y reeditado. Uno de sus grandes especialistas es el profesor y escritor Clemente Alonso Crespo, que ha custodiado desde 1979 su arsenal de poeta, de lector, de corresponsal de escritores, de líder de una generación de postguerra (la del café Niké) y de coleccionista de revistas, de objetos artísticos y de fotografías, firmadas por Joaquín Alcón, especialmente, por el estudio Lagos o por Julio Antonio Gómez, su último editor, etc. Alonso Crespo realizó su tesis doctoral sobre el autor de ‘Sumido 25’ y editó en El Bardo su ‘Poesía completa’ en tres tomos.


El legado que presenta esta tarde la Universidad, a las 19.00, en el Salón de Actos de la Biblioteca de Humanidades María Moliner, constituye el autorretrato de un escritor crítico e incomodado de posguerra, que asumió la huella del surrealismo y del postismo, la inspiración existencialista y desgarrada, y también un expresionismo lírico que derivaba de autores alemanes y centroeuropeos. Los fondos de Miguel Labordeta se reparten en dos apartados: una colección de 1.850 libros, que estaban en el Colegio Santo Tomás, y particularmente en su despacho, y 13 cajas, que recogen los materiales que había custodiado Alonso Crespo, así como grabados, dibujos, discos, pipas e incluso la mascarilla mortuoria que le hizo el escultor Francisco Rallo.

El epistolario de Miguel Labordeta es muy completo: conservaba cartas con filólogos e historiadores (Camón Aznar, José Manuel Blecua, Francisco Yndurain, Eugenio Frutos, Federico Torralba…), con poetas (desde Blas de Otero, Gabriel Celaya y Vicente Aleixandre hasta Manuel Pinillos, Carlos Edmundo de Ory o Fernández Molina, que fue secretario de redacción su revista), con artistas (Agustín Ibarrola, Fernández Molina o Antonio Mingote, que realizó la portada de su primer libro), o con narradores como Juan Eduardo Zúñiga o Ignacio Aldecoa. También se conservan sus manuscritos de letra enrevesada y diminuta, sus libros autodedicados, sus diarios, y numerosos ejemplares de revistas de su época cono ‘Espadaña, ‘Crótalo’, ‘Doña Endrina’, ‘Palabra’, y todas las zaragozanas, en las que solía colaborar: ‘Ansí’, ‘Papageno’, o la suya propia ‘Despacho literario’…

 Un congreso en el horizonte

Su biblioteca está compuesta por primeras ediciones de poetas contemporáneos, amigos suyos, y de clásicos que le interesaron: desde Pablo Neruda a César Vallejo, que fueron dos de sus dioses. La donación concreta un viejo deseo familiar, un ofrecimiento que se remonta a finales de los 70 y que, finalmente, tras distintas tentativas, se ha consumado coincidiendo con el 40 aniversario del poeta, con la publicación del volumen ‘José Antonio Labordeta: creación, compromiso, memoria’ (Rolde /SGAE, coordinado por Javier Aguirre), donde Miguel es un protagonista fundamental, y con la aparición de una antología traducida al búlgaro, realizada por Rada Panchovska, que lleva un prólogo de dos de sus mejores estudiosos, Antonio Pérez Lasheras y Alfredo Saldaña.

En el acto de presentación del legado del poeta de esta tarde participarán el rector de la Universidad, Manuel López, los hermanos del vate José Antonio y Donato Labordeta, y Antonio Pérez Lasheras, que pronunciará una conferencia en torno a sus poemas capitales. El profesor Jesús Rubio Jiménez, que ha sido el gran valedor de este proyecto, ha anunciado que se van a iniciar los trabajos para organizar un congreso “en reconocimiento al escritor y para poner en valor y mostrar este legado tan interesante”. El legado de Miguel Labordeta quedará instalado en la Biblioteca María Moliner y una parte será expuesta en vitrinas y paneles hasta finales de enero.

*Detalle de una foto de Miguel Labordeta en el parque, realizada por su gran amigo Joaquín Alcón.