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Antón Castro

Escritores

HIPÓLITO G. NAVARRO: DOS CUENTOS BREVES

HIPÓLITO G. NAVARRO: DOS CUENTOS BREVES

[Hipólito G. Navarro acaba de recoger una selección de sus cuentos en El pez volador (Páginas de Espuma). Le pido que me mande un par de textos, y me hace llegar estos dos, sorprendentes y deliciosos. la foto pertenece a Camera Work.]

 

La inspiración

 

Hay que imaginarse el escenario: los días todos iguales del Polo Sur, una atardecida eterna que arropa de desvaído azul un universo frío, plano y desamueblado. En el espacio que nos interesa recortar tal vez se puedan suponer, además de la superficie helada y blanca, tres o cuatro pingüinos a lo lejos, si acaso en un ángulo a la izquierda los deshilachados amagos amarillos de una aurora boreal. Poco más. Y frío, un frío abstracto y desacostumbrado para los termómetros.

Pero en el centro de la escena está el iglú, como una redonda y rotunda provocación. Y en su interior, la historia: despaciosos sucederes presididos por el calor. Los padres se aman desnuditos bajo las blanquísimas pieles de oso, la abuela come a lentos puñados de un pescado blanco salpicado de rojo intenso en las agallas, y el hijo entretiene su mirada en el alegre bailoteo de las llamas en el fuego del hogar. Esa contemplación ensimismada le ocupa todas las horas; hay poco colegio por esas latitudes. No se trata de perder el tiempo, aunque lo parezca, como no se pierde el tiempo si se observa toda una tarde el vaivén del mar golpeando en la costa o el resto de la noche el cuerpo desnudo de la mujer que hemos amado. Los ojos del niño han subido y bajado al compás de las llamas durante horas y horas, y ahora tiene como dos brasas las pupilas. Afuera todo lo más quedará un solitario pingüino rezagado, el paisaje aún más plano bajo el peso de difíciles constelaciones. Es entonces cuando el niño casi lo susurra: «Bueno..., y yo ahora me pregunto...: ¿qué es un rincón?».

 

 

Los k

 

No es muy grande la mesa que aquí tengo. Justo lo suficiente para el ordenador y la impresora, un taco de hojillas para notas, la funda de las gafas..., el bote de los bolígrafos también, la macetilla con el cactus para absorber las radiaciones... y el teléfono éste desde el que le cuento.

Sí, en efecto, ya hace un rato largo que pasó, pero es que usted siempre comunica.

De aquí mismo salieron, de los agujeritos del auricular, uno a uno, muy despacio, como si disimularan. Luego fueron entrando por la rejilla de ventilación del aparato, también en fila india y en silencio, como la otra vez. Se pudo ver enseguida cómo algunos atravesaban por la pantalla apagada, escarbando desde dentro, con una intermitencia de iconos desquiciados, mientras otros aparecían de súbito, sin apenas transición, por la bandeja de salida de papel de la impresora.

Tan sólo unos cuantos, de intenciones menos cibernéticas, bajaron directamente a la mesa. Impunes y envalentonados, estuvieron recorriendo cada una de las púas del cactus, el interior de la funda de las gafas, la mullida y confortable brevedad de la gamuza amarilla que en otro tiempo utilicé para limpiar las lentes. Incluso un par de ellos se colaron por el agujerito del mechero, y a través de la rosa transparencia se los podía ver como nadando en el gas, que es líquido sin embargo, como sabe.

¿El total? Tres o cuatro docenas como mucho. No me explico cómo han logrado convencer a los millones que albergaba el aparato, y llevárselos a todos.

Así que esta vez, y por favor, nada de ampliaciones de memoria ni de placas añadidas. Mejor será que me instale un disco duro todavía mayor, si acaso un disco externo adicional para estas emergencias. Ya ve lo fácil que ha sido quedarse de nuevo sin los puñeteros megas. No es que el aparato se quede pequeño, desfasado, como usted profetizó; se ha quedado en blanco, encefalograma plano así ataque las teclas en plan Stravinsky intentando recuperar algún archivo.

Que con esos archivos pasa como con las abuelas, que más tarde o más temprano se queda uno sin ellas, eso también me lo dijo la otra vez. Se repite usted, amigo. Hace mucho ya que yo no tengo abuelas. A una no llegué ni a conocerla.

Y que me ponga del lado de los k. Eso también. No seré yo precisamente quien deje de considerar como bastante razonable y hasta justificado su abandono. Nadie mejor para conocer de primera mano mi producción, la que luego se hace pública..., y también la otra. Una novela entera perdí en la otra ocasión. ¿Se ríe? Bueno, sí, tendría que reírme de nuevo un poco yo también. La pérdida de una novela a medio escribir es la mejor oportunidad que se le presenta a uno para lloriquear por un motivo verdaderamente absurdo, una alegría exquisita que no se da todos los días. Transcurrido un tiempo, además, el suceso termina por convertirse en una lección soberbia, de lo más edificante: verifica uno que las novelas las pierde uno y sólo uno, y no, como en algunos momentos me hubiese cabido suponer, que las está perdiendo la historia de la literatura o, todavía más, la literatura misma...

Usted tardará semanas en poder atenderme. Me lo estaba viendo venir. De todas formas apúntelo en su agenda: fulanito ge punto de tal se quedó otra vez sin megas. Si usted, que es un buen técnico, en alguna de sus reparaciones se los encontrara y corrobora que en efecto son los míos y no otros, me los manda con una buena bronca, haciéndoles los cargos.

Vía módem, estamos okey, de acuerdo; dejo la línea abierta. Le pago con tarjeta.

Un momento, un momento: he llamado mesa a esta torpe composición, a su basto acabado: un tablero sin pulir sobre dos cajoneras macizadas de libros por un lado y un caballete a punto de vencerse por el otro. Es no obstante la mesa que me sirve. Diga a su hermano, pues, que se venga con la lija cuanto antes. La mesa ha quedado que da pena. Defecan mucho, encima, los malditos k.

 

 

AMOS OZ: LA SENSUALIDAD DE LOS LIBROS

AMOS OZ: LA SENSUALIDAD DE LOS LIBROS

Mi padre tenía una relación sensual con los libros. Le gustaba tocarlos, escudriñarlos, acariciarlos, olerlos. Le excitaban los libros, no podía contenerse, enseguida les metía mano, incluso a los libros de personas desconocidas. Es cierto que los libros de antes eran mucho más sexys que los de ahora: tenían qué oler y qué acariciar y tocar. Había libros con letras de oro estampadas sobre las aromáticas pastas de piel, algo ásperas al tacto, pero que hacían que te recorriera un escalofrío como cuando se toca algo íntimo e inaccesible, algo que se estremece y tiembla al contacto de tus dedos. Y había libros que tenían tapas de cartón forradas de tela y pegadas con una cola que tenía un olor asombrosamente sensual. Cada libro tenía un olor propio, secreto y excitante. Algunas veces la tela estaba un poco separada del cartón y se movía como una falda atrevida, era difícil evitar mirar por el espacio oscuro que había entre el cuerpo y la ropa y respirar allí aromas de vértigo…


Amos Oz

Una historia de amor y de oscuridad. Siruela, 2004.644 páginas.

 

[Acabo de entrar en el blog de Lara López, www.laralopez.com, locutora de radio (me encanta oírla a mediatarde o en la sobremesa cuando cuenta historias de músicos y secretos de las canciones), degustadores de mil y una músicas y una intensa prosista, y encuentro este fragmento de uno de mis libros más apreciados de Amos Oz. El fragmento tiene algo de historia de amor y de erotismo con los libros y con la literatura. Esta foto de Hermann Hesse está realizada por Gret Widmann en 1927.]

ARREOLA Y SUS FANTASMAS

ARREOLA Y SUS FANTASMAS

La mujer que amé se ha convertido en un fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones.

 JUAN JOSÉ ARREOLA

*La foto es de Robert Farnharm.

DOS MÚSICOS OSCENSES. Por LUIS LLES

DOS MÚSICOS OSCENSES. Por LUIS LLES

 

JUSTO BAGÜESTE y JAVIER CARNICER: Lijas

Exilios y encuentros a la luz de la palabra

 

Una palabra tan sonora y expresiva como es “Lijas” sirve para dar título al primer disco conjunto de Justo Bagüeste y Javier Carnicer, dos creadores oscenses en el exilio (el primero en Madrid y el segundo en Barcelona), cuyas carreras hasta ahora sólo se habían aproximado de forma tangencial. Y, sin embargo, aunque a nivel personal sean muy diferentes, sus universos creativos ¡tienen tanto en común! La misma filosofía existencialista, la reivindicación de la bohemia, el ansia por experimentar, el gusto por la heterodoxia, el deseo de decir lo de siempre de una manera radicalmente distinta. Son puntos que unen, aunque sea de forma esquiva, la trayectoria de ambos creadores.

 

Los doce temas que componen este disco son, efectivamente, lijas para el alma, para curar sus heridas y exorcizar sus demonios a través de una conjunción casi mágica entre palabra y música. En cierta forma, tiene su precedente en “Inducing the Poetic Dreams”, álbum del año 2003 de IPD (proyecto personal de Justo Bagüeste), en el que experimentó ya con algo que se podría definir como poetronics, una forma de conjugar poesía y electrónica, entrelazando estrofas y cables, palabras y sonidos. El recorrido de Justo Bagüeste es, desde luego, uno de los más largos, dilatados y multiformes de la música española reciente: Clónicos, Rey Lui, Polansky y el Ardor, Corcobado y los Chatarreros de Sangre y Cielo o los múltiples rostros de IPD son solo algunos de los hitos que lo jalonan. Y en cuanto a Javier Carnicer, a su labor como poeta se une su liderazgo en dos de los proyectos más intensos del post-punk oscense: Carnicería Carnicer y Manicomio Romántico.  

 

“Lijas” es una suerte de mosaico en el que cada pieza encaja perfectamente en el conjunto y, al mismo tiempo, mantiene su independencia. El hecho de que en cada tema haya una voz invitada en un idioma diferente en cada caso (solo se repite el alemán) ayuda a configurar este puzzle convertido en fascinante Torre de Babel. El itinerario comienza con “Club privado”, con su enigmática atmósfera tejida en clave de jazz electrónico y trenzada con la ayuda de músicos de la escena aragonesa: Juanjo Javierre, Orencio Boix, Felipe Garzo y Fernando López (Pársec). Después, el oyente puede dejarse envolver en el politizado y vibrante sputnik funk de “Dominio” o en la psicodelia futurista de ese “Lamento del misántropo”, que se beneficia de un sugerente toque de guitarra a cargo de un Gonzalo Lasheras próximo a la estética sonora de los devaneos de Steve Hillage para Gong.

El viaje continúa con el lirismo acendrado del ambient dub de “Soñador insomne”, con apoyo atmosférico de Frank Rudow (ex Manta Ray), para adentrarse después en esa especie de oda ermitaña que es “Primer pensamiento”, a ritmo de hip hop bizarro. Le siguen el pesimismo militante de “Panorama”, inmerso en una barroca exploración sónica; el jazz pacifista de “Sed” (con el apoyo “arquitectónico” de Susana Cáncer); el inquietante ronroneo post-rock de “Bajo continuo” (con un formidable trabajo en la guitarra de Felipe Garzo); y la música neo-concreta de “Flor de ceniza”, un escalofriante poema de amor y locura (con guiño incluido a Leopoldo Mª Panero) en el que destaca la magnífica labor de Pelayo Arrizabalaga en los turntables.

 

Y ya iniciando la recta final, “Probador” es, como diría John Huston, un paseo por el amor y la muerte, acompañado por la trompeta de Markus Breuss y la voz de Morti, cantante de Skizoo. “Otros humos” es, sin duda, la canción más canción del disco, la más pop, con Javier Corcobado en la guitarra y Morti de nuevo cantando, y con ciertos ecos de la psicodelia a la catalana de Música Dispersa. Y “Lijas” se despide con la oda amorosa de “Carmen, en francés (¡claro!) y mecida por el swing. Son, en total, doce píldoras para curar el alma a golpe de poesía sonora. Doce certeros disparos al corazón de ese oyente con sensibilidad que, afortunadamente, todavía existe.

 

Luis Lles

 

 

LA ECLECTICA MADRILEÑA,

Promoc. y contacto: 630 456 882

*El retrato del poeta Javier Carnicer pertenece a Lorenzo Belarde.

 

 

 

 

 

 

 

 

PEDRO UGARTE: UN MICRORRELATO GENIAL

PEDRO UGARTE: UN MICRORRELATO GENIAL

 

 

Los libros, los cigarrillos, tu hijo y sus juguetes, el rostro de tu esposa.

Estás en casa, y es de noche, y apagas la última luz. Qué extraño: de pronto todo desaparece.

 

PEDRO UGARTE. De Materiales para una expedición.

 

[Llevo algunos días leyendo el libro Soplando vidrio y otros estudios sobre el microrrelato español de Fernando Valls, aparecido en Páginas de Espuma. Me encuentro con esta deliciosa pieza, y me alegra el despertar. Esta de Augusto Monterroso quizá no sea inferior al del dinosaurio: "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí". La foto de Lupita es de Adrián Mendoza.]

Hoy me siento bien, un Balzac, estoy terminando esta línea.

CLARÍN COMENTA LA REEDICIÓN DE MOYANO EN TROPO

CLARÍN COMENTA LA REEDICIÓN DE MOYANO EN TROPO

El diario Clarín de Buenos Aires en su sección de Sociedad acaba de publicar este artículo de María Neder sobre la reedición de El trino del diablo de Daniel Moyano. Me lo envía uno de sus editores: el infatigable Oscar Sipán, que acaba de publicar en Onagro su libro de relatos Avisos de derrota. Este jueves, en ‘Artes & Letras’ lo reseña José Domingo Dueñas. El foto está Daniel Moyano con Julio Ramón Ribeyro, dos magníficos narradores.

 

[‘EL TRINO DEL DIABLO’, UNA PARÁBOLA SOBRE LA SALVACION POR EL ARTE, PUBLICADA EN 1974

Tropo editores Reedita en España una gran novela de Daniel Moyano

Admirado por Rulfo, Cortázar y Gelman, el escritor se exilió en Madrid desde 1976. ]

MAGIA. "NO ME CONSIDERO UN ESCRITOR REALISTA", DECIA DANIEL MOYANO.

Un editor de Zaragoza, Oscar Sipán, acaba de reeditar en España el relato del escritor argentino Daniel Moyano que cuenta la fundación mítica de la ciudad de La Rioja en el año 1591, El trino del diablo, originalmente publicado en 1974 con un prólogo de Augusto Roa Bastos. Para esta reedición con el sello Tropo Editores, Sipán acompañó esta novela de Moyano con un texto que Mario Benedetti escribió en el diario español El País en 1992, a pocos días de la muerte de Moyano en Madrid, donde vivía exilado desde 1976. "Para sobrevivir -llegó a España con su esposa y dos hijos- ejerció de plomero, buscó tiempos y espacios para ir escribiendo su Libro de navíos y borrascas, novela suscitada por la represión y el exilio. Solo en los últimos tiempos consiguió un trabajo que armonizaba con su vocación cardinal: la Universidad de Oviedo lo llamó para que dictara cursos de narrativa y estaba tan contento con ese gesto como si le hubieran regalado un Stradivarius", decía Benedetti en El País. Admirado por Gelman, Cortázar y Rulfo, "merece la reedición de todas sus obras, es tremendamente injusto que los textos de un autor de la categoría de Moyano no puedan conseguirse en España", opina Sipán.


La reedición de El trino del diablo está acompañada por otros seis cuentos de Moyano -entre ellos, Tía Lila, Desde los parques, o el relato con el que ganó el Premio Juan Rulfo en 1985, El halcón verde y la flauta maravillosa- que confirman su cosmovisión y fuerza lírica. Músico y escritor a la vez, en Moyano se unen la música como salvación -la musicalidad de su prosa- y la literatura: "Moyano no propaga doctrina, no teoriza ni argumenta, simplemente narra", decía José Bianco. "Estamos ante un realismo profundo a fuerza de ser objetivo", decía Roa Bastos.


De chico, Moyano jugaba con Ernesto Guevara en el pueblo cordobés de Alta Gracia, ambos robaban frutas del huerto de un músico español exilado, Manuel de Falla. Desde 1959 en La Rioja trabajó como periodista -durante muchos años fue allí el corresponsal de Clarín- y a la vez, docente en el Conservatorio Provincial de Música, era violinista en el Cuarteto de Cuerdas de esa institución.

En 1968 con El oscuro, editada por Sudamericana, ganó el Premio de Novela de la revista Primera Plana: los jurados eran García Márquez, Roa Bastos y Marechal. La dictadura militar de 1976 lo secuestró durante una semana, sufrió torturas y simulacros de fusilamiento -hechos que lo marcaron de por vida- y debió ocultar la primera versión de El vuelo del tigre, reeditada en Madrid en 1981. Amigo de Haroldo Conti y Antonio Di Benedetto, el hecho es que Moyano siempre se consideró "un autor del interior", más cercano espiritualmente a Rulfo y Onetti que a Borges. El escritor Mario Paoletti decía que el encuadre simbólico de Moyano "nos remite a las mejores páginas de otros maestros, como Franz Kafka y Cesare Pavese".

"Al cuento hay que tocarlo en un buen violín y bien tocado" decía Moyano a sus alumnos de taller literario en Cádiz. La música como salvación: esto se ve claramente en El trino del diablo cuando, en la fundación inicial de La Rioja, dos mil indios armados con flechas envenenadas oyen el Kyrie en el violín de Francisco Solano. Conmovidos por la música, los indios desisten y no llevan adelante su ataque. El protagonista del relato, Triclinio, es un violinista que -entre La Rioja y una villa miseria porteña- simboliza la pureza en un país desangrado por la violencia, la locura y la barbarie dictatorial.

En 1997 en la iglesia Passionkirche de Berlín se estrenó una versión musical de El trino de diablo, obra del guitarrista italiano Carlo Domeniconi, colega y amigo de Ricardo Moyano, hijo del narrador. La obra musical, una estructura operística pensada para instrumentos de cuerdas, piano y percusión, luego fue interpretada en 1998 en el Philharmonic Hall de Berlín. "No me gusta fotocopiar la realidad, no me considero un escritor realista, no describo las cosas tal como suceden", decía Moyano. Traducido al inglés y al francés, ya era tiempo de que el mundo mágico de Daniel Moyano regresara a las librerías.

http://www.clarin.com/diario/2009/01/06/sociedad/s-01834212.htm

 

'BAÑISTAS': UN CUENTO DE LUISA MIÑANA

'BAÑISTAS': UN CUENTO DE LUISA MIÑANA

[Continúa la escritora y especialista en arte Luisa Miñana con la edición en la red de su proyecto ‘La arquitectura de tus huesos’ de prosa, poesía y fotografía. Envía la siguiente nota: “Esta entrega de La arquitectura de tus huesos parte del relato ’Bañistas’ como excusa para explorar los universos paralelos, tanto aquellos sobre los que han reflexionado los artistas como los que física y matemáticas están empeñadas en describir y demostrar bajo un nombre absolutamente poético: multiverso”. La foto de nadadores es de Andreas Hering.]

 

BAÑISTAS

 

Por Luisa MIÑANA

Sé que era ella. El color del pelo diferente. Las facciones algo más henchidas quizás. Han sido dos segundos. Eran sus ojos, de eso no dudo. Y era su gesto, dedicado, en mitad de la inaudible conversación, al hombre que a su lado ascendía por la escalera mecánica, mientras yo descendía, bajando de inmediato la mirada para no tropezarme con el tiempo transcurrido. El hombre que ahora ascendía a su lado por la escalera del centro comercial la acompañaba siempre por entonces a casa, en su versión de chaval desenfadado, al acabar las largas tardes en la piscina, a donde la venía a buscar tras el trabajo. Con el rabillo del ojo ambos hemos seguido las líneas de nuestras trayectorias opuestas. Nunca diremos nada. Ni siquiera he pensando qué le habré parecido, pasando junto al mío, de repente, su tiempo, el de ella. Escaleras del tiempo. Ella llevaba un peluche en sus manos, envuelto para regalo. Y yo la amé todas las tardes de aquel verano en que la enseñé a nadar.

 

 

LA VIDA EN UN CUENTO / 4

LA VIDA EN UN CUENTO / 4

 Mi cuñado José Antonio Ortuño es de Orihuela, la ciudad del poeta Miguel Hernández, y se ha dedicado durante años a la cría de cerdos y a algunos negocios del hielo. Vive en pleno campo, rodeado de naranjos y de la exuberancia de la huerta. Es un hombre sencillo y diáfano, afectuoso y vitalista, de ésos a los que casi nunca desarman las circunstancias. Hace algún tiempo le han detectado un grave problema en los pulmones que le impide trabajar. Una fibrosis. Ha tenido que abandonar sus quehaceres, que había heredado de su padre. Está pasando las navidades aquí en casa, en Garrapinillos, y ha vivido unos días complicados. Una gripe violenta ha acentuado su disnea, sus dificultades de respiración.

 

Esta mañana, durante el desayuno, ha contado que desde hace algún tiempo tiene un sueño recurrente: planea por el aire como un pájaro y vive una sensación muy placentera. Pensamos todos que  bromeaba. Con seriedad, este hombre poco dado a los excesos de la imaginación ha dicho. “Ese sueño lo he tenido varias veces. Inicialmente, busco un barranco no muy  abrupto, como si quisiera hacer una prueba de vuelo. Cuando estoy más o menos seguro de que puedo volar, subo a una colina más alta y desde allí me arrojo al vacío. Inicialmente, me voy hacia el fondo, pero pronto, merced a las corrientes de aire y al movimiento de mis brazos, remonto el vuelo y planeo como un pájaro. Me cruzo con las aves, las miro, me miran, y contemplo desde arriba la ciudad, la montaña, los campos de naranjos. Es una experiencia muy bonita. Muy agradable”.

 

Le preguntamos si tenía dificultades volver a pisar el suelo. Contestó con absoluta calma: “En el sueño no aterrizo jamás”.

 

[La foto es de: http://elcontinentedevenus.blogspot.com]