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Antón Castro

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GINÉS LÓPEZ GÓMEZ: UN POEMA PARA EL DOMINGO

GINÉS LÓPEZ GÓMEZ: UN POEMA PARA EL DOMINGO

Dime

Dime donde has llegado

y te diré de qué huías.

Dime a qué tablas te acercaste a morir

y te diré quién te hirió de muerte,

dime que espalda recuerdas desdibujarse

y te diré que mano se cerró mientras caías.

Dime si en las líneas de un paso de cebra

ves un puente o una cárcel,

si en medio de la noche el miedo

o una tregua,

si en una bala ves un animal herido,

o en un vaso de agua

brotes verdes,

o el hielo de próximos inviernos.

Dime donde guardas tinta negra

y te diré qué montañas mueve

sobre fondos blancos;

dime lo que no viste pero dejó quemadura,

y ya todo será buscar un orden

nuevo a tus mismas palabras,

y sabrás donde te espera el Sur,

y el mar del que naciste.

 

[Ginés López Gómez me envía una hermosa carta y algunos poemas, y una sugerente alusión a la nieve y a este blog. Así de entrada, tengo que salir, cuelgo estos versos suyos. La foto es de Nathalie Portman.]

ALFREDO BRYCE ECHENIQUE, CONDENADO POR PLAGIO

ALFREDO BRYCE ECHENIQUE, CONDENADO POR PLAGIO

[El diario El País, en su sección de cultura, publica la noticia de la condena de Bryce Echenique por plagio. Creo que éste es uno de los casos más extraños de la historia de la literatura. Bryce es un autor talentoso, responsable de un libro excepcional como Un mundo para Julius y de otros estupendos libros, sobrado de asuntos, de ideas y de magnífica prosa. Seguramente, aquí habría una inverosímil novela sobre la creación…]

EL PAÍS

  El autor de Un mundo para Julius, el peruano Alfredo Bryce Echenique (Lima, 1939), plagió un total de 16 artículos de 15 autores distintos, según ha resuelto el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual de Perú (INDECOPI), quien ha sancionado al literato y ha difundido la noticia a través de un comunicado. Los artículos se publicaron en diversos medios de comunicación peruanos y españoles. El escritor ha sido sancionado con una multa de unos 40.000 euros.

Los textos plagiados, o copiados ilegalmente (según INDECOPI), son los siguientes: Potencias sin poder, de Oswaldo de Rivero (publicado en Quehacer, Perú, mayo 2005), Uso social del tabaco, de Eulalia Solé (La Vanguardia, España, julio de 2005), La leyenda de John Lennon genera cerca de 19 millones de euros al año, de Nacho Para (Periódico de Extremadura, España, diciembre de 2005), Londres busca detectives, de Carlos Sentís (La Vanguardia, España, julio de 2005), La estupidez perjudica seriamente la salud, de Jordi Cebrià Andreu y Víctor Cabrè Segarra (Revista Jano España, octubre de 2005).

En la revista Jano también fueron publicados, Estrellas médicas, de Sergi Pámies; La angustia de Kafka y John Steinbeck, un novelista de los oprimidos, ambos de Juan Carlos Ponce; John Ford, la épica del Western, de Blas Gil Extremera; El psicoanálisis de Woody Allen, de Benjamín Herreros; Cultura y civilizaciones, de Cristóbal Pera y La enfermedad de la nostalgia, de Luis M. Iruela. La nueva amenaza nuclear, de Oswaldo de Rivero, fue publicado en 2005 en la web www.contexto.org. Ségolène, de corazón, de Francesc-Marc Álvaro, apareció en La Vanguardia en 2006; también Cómo combatir el terrorismo, de Joseph María Puigjaner fue publicado un año antes en ese diario catalán. Además, el texto William Blake y los proverbios del infierno, de Jorge de la Paz, apareció en la revista ANUIES, de México, en julio de 1986, asegura INDECOPI.

"Durante la investigación Bryce Echenique, a través de su abogado, argumentó en su defensa que los artículos no habían sido publicados en el Perú y por ello no se podía pretender protección por las normas nacionales. Por otro lado, señaló que habían sido publicados sin su autorización, por lo que negó ser el autor de las mismas", señala el organismo peruano.

Sin embargo, INDECOPI desestimó su posición, al tener en cuenta que varios de los textos del denunciado fueron reproducidos en medios nacionales, por lo que las infracciones se cometieron en territorio peruano. Además, se consideró que los textos plagiados tuvieron amplia difusión al ser publicados en medios de comunicación de gran tiraje y estuvieron a disposición del público en distintas páginas Web

En su resolución, la institución determinó que Bryce Echenique "infringió el derecho moral de paternidad en la modalidad de plagio y el derecho moral de integridad. El derecho moral de paternidad es la facultad que tiene un escritor a ser reconocido como autor de una obra, es decir, que se debe publicar su nombre o seudónimo en caso su obra sea citada por un tercero. En tanto, el derecho moral de integridad está referido a que el autor puede oponerse a cualquier modificación o mutilación de su obra", indica INDECOPI.

Cabe apelación

Finalmente, la decisión fue sancionar al escritor con una multa de 50 Unidades Impositivas Tributarias, equivalentes a 177.000 nuevos soles (41.000 euros). Por su parte, el escritor Bryce Echenique, puede presentar apelación ante el Tribunal del INDECOPI, segunda y última instancia administrativa de la institución. Alfredo Bryce Echenique fue denunciado anteriormente ante el INDECOPI por presunto plagio en agravio del escritor Herbert Morote Rebolledo. Sin embargo, en dicho caso, Bryce no fue sancionado al no contarse con pruebas suficientes que corroboren la supuesta infracción.

*La foto corresponde a los fondos de la agencia EFE.

 

 

UNA MUJER CONTRADICTORIA. Por CARLOS MANZANO

UNA MUJER CONTRADICTORIA. Por CARLOS MANZANO

UNA MUJER CONTRADICTORIA

No sé si alguno de ustedes se ha encontrado alguna vez en su vida con una de esas mujeres que en un primer momento solo se atreverían a calificar de vulgar, tosca, carente de finura, una de esas típicas feúchas que parecen no haber encontrado todavía su lugar en el mundo, ni siquiera un minúsculo espacio que las acoja, pero a la que sin embargo poco tiempo después no dudarían en describir como terriblemente bella, lacerantemente hermosa, brutalmente atractiva. Son, en efecto, mujeres inclasificables a las que no resulta fácil adaptarse, que poseen la extraña cualidad de ser una cosa y su contrario, que representan condensada la imagen perfecta de la mujer y la hembra, la niña y el animal. ¿Se hacen cargo de lo que quiero decirles?

Yo he convivido varios meses con una mujer que respondía punto por punto a esa descripción, una chica de aspecto difícil, rostro ampuloso y formas demasiado marcadas, casi diría que protuberantes, pero que dependiendo del día, de la tonalidad de la luz o de la alineación de los astros podían revelarse profundamente exóticas e incluso llegar a ser calificadas como osadas, rabiosamente salvajes: pómulos sobresalientes; labios no tanto carnosos como generosamente dotados, amplios, absorbentes; ojos, más que gatunos, tristemente vívidos, maravillosamente alicaídos…

No sé si resultará fácil comprender lo que voy a decirles –las personas no estamos acostumbradas a convivir con lo dual, con lo multiforme, con lo ambivalente: nos atraen más las certezas, aun cuando sean irremisiblemente falsas–, sobre todo cuando esa extraña dualidad física tan fascinante y odiosa se hacía extensible al conjunto de su personalidad.

Olga era por lo menos dos mujeres a la vez: convivían en ella dos mundos casi opuestos, rivales más bien, como si siempre estuviese en guerra contra ella misma. Y esa característica a veces me traía loco y otras me desesperaba hasta la locura. La amaba casi tanto como la odiaba y la necesitaba de la misma manera que me repelía. Había noches en que hacer el amor con ella nos conducía a un inmenso estallido de voluptuosidad y lujuria donde ambos vibrábamos de placer hasta elevarnos en espíritu sobre nuestras propias carnes de mortal; en otras, en cambio, se dejaba penetrar con el mismo desinterés y la misma falta de ardor con que se tomaba el café los lunes de madrugada o recogía los platos después de comer.

A veces, cuando volvía de trabajar, se sentaba a mi lado y me contaba hasta en sus más nimios detalles todo lo que le había deparado el día. Otras tardes, en cambio, se ponía delante del televisor y, silenciosa y abstraída, lo encendía con el mando a distancia sin que pareciera importarle lo más mínimo el programa que echaran pero, eso sí, ignorándome por completo, negando incluso cualquier indicio de mi presencia. En esos momentos, si me hubieran dicho que yo era invisible, lo hubiese creído a pies juntillas.

A veces, el chiste más estúpido la hacía reír a carcajadas, y otras no había manera de modificar su rostro serio y circunspecto cuando se empeñaba en cerrarse en banda a cualquier influjo exterior. No solo era imprevisible y contradictoria: sobre todo era inexplicable, impenetrable, hermética. Indescifrable. ¡Cuánto sufrí por su culpa! ¡Cómo me devané los sesos tratando de descubrir qué le hacía comportarse de una u otra forma, dónde estaba el mecanismo que regulaba sus reacciones y sus estados de ánimo! Pero todo esfuerzo resultó inútil. La racionalidad no tenía nada que ver con ella. Olga era así: sencillamente no estaba hecha a la medida de lo humano. De ahí quizá su extraño atractivo. Y también su insoportable carácter.

Como es fácil comprender, no aguantamos mucho tiempo juntos. Un día, y tras encontrarme sus maletas a la puerta de casa, su figura enérgica e incontestable se presentó ante mí por última vez.

–No te soporto más –me dijo–, estoy harta de tus cambios de humor, de tus manías y de tus contradicciones. No se puede vivir con alguien así, con un hombre que un día se comporta como el amante más maravilloso del mundo y al día siguiente te ignora como si ni siquiera te conociera. Estoy cansada de tus idas y venidas, de tus paranoias y de tu inconsciencia. Y sobre todo de tu falta de sensibilidad: sobre todo de eso. No se puede vivir así, Daniel, las personas tenemos sentimientos, no se nos puede tratar con semejante desprecio. Te adoro cuando te muestras amable y cariñoso, cuando te interesas por mí, cuando me dejas entrar en tu vida. Pero eres inaguantable cuando permaneces horas callado, en completo silencio, negándote a contestar a una sola de mis preguntas; cuando no me dejas ni que te toque y rehúyes la más tímida de mis caricias; o cuando me esquivas con todo el descaro del mundo como si mi sola presencia te resultara inaguantable, o peor aún, odiosa. No hay quien te comprenda, Daniel, y sin comprensión no hay relación que valga. Así que me voy para siempre. No quiero saber nada más de ti. He esperado demasiado tiempo a que cambiaras, me empeñaba en darte una oportunidad tras otra, pero ahora sé que es imposible. Tú eres así y así te morirás. Y no hay nada que ni yo ni nadie podamos hacer.

Lo terrible es que en ese instante no se me ocurrió qué contestarle. Creo que me pilló con pocas ganas de hablar.

 

*El texto es de Carlos Manzano, fotógrafo, escritor y director de la revista Narrativas. Acaba de publicar una nueva novela en Mira. La foto es suya.

LA VIDA EN UN CUENTO / 6

LA VIDA EN UN CUENTO / 6

 

EL OTRO, EL MISMO

 

Siempre me digo lo mismo: querría ser lo que no soy. Querría saber contar historias, pensar tan bien como otros, querría saber sonreír y borrar el vaho de cansancio y derrota que me enturbia la mirada y me devuelve al mundo, huraño y envuelto en aspereza. Siempre me digo: querría ser quien conmigo va y que no es yo mismo, sino el hombre a quien sueño que debiera parecerme.

 

[*Retrato del joven Henry James.]

 

ILDEFONSO-MANUEL GIL: TRES POEMAS TIERNOS

ILDEFONSO-MANUEL GIL: TRES POEMAS TIERNOS

Anoche hacía un frío terrible. Hacia las once nevó levemente. No tuvimos entrenamiento: solo acudieron Aitor, Mario Calvera; entre otros, Diego tenía exámenes y Jorge está lesionado: el pasado martes, en un partido estupendo que acabó en tangana, recibió una fuerte patada que no le deja entrenar y no sabemos si podrá jugar mañana contra el Salvador. Más tarde apareció Adrián Serna, que vino con un curioso regalo: sus padres Arturo y Tracey le habían dado, para mí, una monografía de Ildefonso Manuel-Gil, publicada por el Instituto Juan de Lanuza e ilustrada por los niños, entre ellos por dos de sus nietas: Lucía e Irene. Es un libro en tinta azul con simpáticos dibujos.

 

Copio aquí algunos poemas:

 

1

La niña mira sus manos

y se le llenan los ojos

de pétalos y de pájaros.

 

Milenaria maravilla:

en el juego de sus dedos

se está encontrando a sí misma.

 

2

 

Por los caminos del tiempo

voy cogido de tu mano

esperando en el recuerdo.

 

Hay un pajarito verde

que lleva escrito en el pico

“Adiós mi vida, en mi muerte”.

 

3

 

¿Qué paloma mensajera

me dijo que eras tú

para que yo te quisiera?

 

Mas ¡qué pobres, las palabras:

diciéndote que te quiero

casi no te digo nada!

*La mujer de moda: Kate Winslet, fotografiada por James Whitel.

SAMUEL WOLSTENHOLME Y EL BLOG DE PIERO

SAMUEL WOLSTENHOLME Y EL BLOG DE PIERO

 

 

Durante una temporada, quizá una de las más aciagas de los últimos tiempos, la 2001-2002, tan mala como la pasada, iba a La Romareda a redactar contracrónicas, y por allí coincidía con un cronista muy particular: Juan. Era boticario, periodista y escritor oculto o secreto. Hace algún tiempo, Paco Cálamo me invitó a dar una charleta a varios alumnos de unos de sus cursos de escritura creativa, coordinados por dos buenos escritores y amigos Manuel Vilas y Javier Sebastián. Allí estaba Juan: apasionado, con ganas de aprender y con una ironía que yo no conocía. Esta mañana ha entrado en el blog y anuncia que él también tiene un blog, donde escribe de todo, y también, como entonces, de fútbol. Su blog es http://piero.blogia.com. Le copio la fotografía y un artículo breve de las relaciones entre el fútbol español (alude a Juande Ramos, ahora en el Real Madrid: dice hoy Sergio Ramos que con él entrenan mucho más que con Schuster) y el fútbol inglés. Aquí está y aquí está también el enlace.

 

SAMUEL WOLSTENHOLME

 

[La foto corresponde a Samuel Wolstenholme. El futbolista inglés jugó a principios del XX más de cien partidos con el Everton. Internacional con Inglaterra. Entrenaba en Alemania en 1914. Fue hecho preso en Berlín al inicio de la Gran Guerra. Tras pasar por varios equipos, fue entre 1924 y 1926 el primer entrenador profesional de la Gimnástica de Torrelavega. El Tottenham ganó la última Carling Cup con un español en el banquillo {Juande Ramos}. El fútbol, a veces, es recíproco.]

JOSÉ GIMÉNEZ CORBATÓN: DE 'MORIR AL RASO'

JOSÉ GIMÉNEZ  CORBATÓN: DE 'MORIR AL RASO'

[El escritor José Giménez Corbatón y el fotógrafo Pedro Pérez Esteban suelen colaborar en distintos proyectos. Ya lo han hecho en varios, como el universo de las Masadas, la historia de la cueva de Cambriles o los paisajes de Gúdar, y ahora vuelven a hacerlo en un libro sobre los paisajes de la Guerra Civil. Le pido a José que me envíe uno de sus textos. Y aquí está. Le pediré a Pedro una foto, pero no tengo por aquí su correo.]

 

PELDAÑOS

 

José GIMÉNEZ CORBATÓN

        

He subido las escaleras despacio, a pasos cansinos. No me esperaba hacerlo así. Tantas veces como había imaginado este momento. Me veía saltando de cuatro en cuatro los peldaños, corriendo hasta golpear la puerta con los puños enrabiados, cruzando el umbral hacia los brazos abiertos, los ojos llorosos que me aguardaban. Morderle los labios, hundir los míos en su boca, secarle las lágrimas con las yemas de los dedos, acariciarle los párpados con la punta de la lengua. Sentir su pecho latiendo contra el mío. Deslizarle luego las palmas de las manos, muy despacio, por la espalda, hacia abajo, hasta las caderas, mirarla a los ojos apartando un poco la cara, lo justo para distinguir el brillo verdoso, recuperar su pálpito, perderme en el fondo, en el fondo de la mirada, en el fondo del rostro tan ansiado, extraviarme en el cuerpo inacabable, terso, aguardándome. Pero he subido despacio, y me he detenido en cada rellano, preguntándome qué me paralizaba, qué me hacía escalar de ese modo hacia la felicidad tan anhelada. El silencio. He entendido que era el silencio. El rumor callado del patio de vecinos. He mirado por una ventana abierta. He visto la ropa tendida, limpia. He respirado el olor de las sábanas. He oído la voz de un niño, apenas un gemido. Y la respuesta sosegada de una mujer, muy queda, remolona. Luego alguien, me lo ha parecido, abría el grifo de un fregadero, y lo volvía a cerrar. Un gesto simple. El agua. He escuchado el agua. Un murmullo tenue, borroso, aunque preciso, indistinto. He alcanzado el siguiente rellano y me he sentado en la escalera, apoyando las puntas de los dedos en las sienes me he dicho varias veces que no podía ser cierto. No, me he dicho, no puede ser cierto. No puedes ser tú. Es otro el que sube las escaleras de tu casa. Es otro el que teme el abrazo. Y entonces me ha estallado la cabeza. Sí. Ha sido como si algo me explotara en el cerebro. Un bramido pavoroso, y el ruido de las piedras al chocar las unas contra las otras, al desintegrarse, al convertirse en toneladas de tierra deshecha, sepultadora, y me he visto otra vez en la fosa atronante de todos los días, como tantas veces estos últimos meses, y me he encogido otra vez, como tantas veces estos últimos meses, he escondido la cabeza entre las rodillas, tapándome la nuca con las palmas de las manos, y me ha parecido que gritaba como tantas veces estos últimos meses, alaridos de hartazgo, mugidos de buey impotente y humillado. No sé cuánto tiempo he estado así, hasta que el estrépito ha desaparecido. Me he puesto de pie, todo en silencio de nuevo, y he creído percibir el dibujo de una risa, apenas un bosquejo de risa, un apunte de risa, una risa dibujada con un lápiz muy fino. He subido un piso más. Y he oído entonces los murmullos de la siesta, hace tanto tiempo. Tanto tiempo hacía, que me ha parecido que no fuera yo quien los hubiera vivido, que fuera otro, un tercero. No el que soñaba con el abrazo del encuentro. No el que no se atrevía a vencer los últimos peldaños. Un tercero. Un hombre que echaba la siesta, tiempo atrás, dejándose adormecer por los rumores de la casa: antes de que todo se desmoronara, cuando había niños jugando en el patio, sin miedo a los pájaros de hierro que desfiguran el cielo; cuando las mujeres bordaban sentadas en los umbrales, ávidas de sol y de palabras. Un hombre que se dejaba acunar por los quejidos de la radio que ella escuchaba muy baja, para no molestar al hombre que quería echar la siesta. O su propia voz, apenas audible, bien entonada, dulce, como las raíces / de la enredadera / que va alimentando / la pena en mi pecho / con sangre en mis venas. No sé cuál de los tres ha subido el último tramo, ha mirado por la ventana del patio el cielo dorado de la tarde, se ha plantado delante de la puerta, cansino, herido de repente por no sé qué mal indefinible, un dolor de almendra amarga en el pecho, ha llamado muy suave, como acariciando la madera, y ha atisbado sus pasos al otro lado, el oleaje frondoso de la falda, el silbido de las piernas, la respiración cadenciosa, tranquila. Y ha esperado.

 

De Morir al raso

*La foto es de Boris Pasternak y de su familia.

 

USE LAHOZ: DIÁLOGO SOBRE SU NOVELA 'LOS BALDRICH'

USE LAHOZ: DIÁLOGO SOBRE SU NOVELA 'LOS BALDRICH'

[Hoy, cuando andaba por Buñuel y por Tudela con Eduardo Laborda y con mi hija Aloma, me ha llamado el joven escritor Use Lahoz, hijo y nieto de aragoneses. Su madre es de La Almolda y su padre de Hoz de la Vieja. Publica la novela Los Baldrich en Alfaguara con un intenso lanzamiento. He aquí una breve ficha: Use Lahoz nació en Barcelona en 1976. Publica en medios como El Periódico de Catalunya, El Viajero de El País o Qué leer. Es autor de la novela Leer del revés (2005), distinguida en el Festival du Premier Roman de Chambery, y del libro de poemas Envío sin cargo (2007). El propio autor me envía esta entrevista realizada por el gabinete de comunicación de Alfaguara, con Rosa Junquera al frente. La foto de Use Lahoz es de Óscar Carriquí.]

 

PREGUNTA: La primera pregunta es inevitable. ¿Existieron de verdad los Baldrich?

Los Baldrich no han existido más que en la ficción, pero a menudo, después de tantas horas con ellos, de tan ficticios que son me parecen más reales que el autor. Posiblemente estaban dormidos en mi interior, y como en casi todas las historias, en esta hay una pequeña parte endógena y una gran parte ficticia.

Para mí, lo más importante de una novela es la historia, y que esta sea lo más fascinante posible. Quería hacer una novela de personajes que abarcara parte de la historia última de España y que se emparentara con la quimera de un personaje emprendedor y brazo derecho de sí mismo. Me interesaba poner en juego a unos personajes en situaciones que puedan arrancar la conciencia del lector y que generen preguntas y sentimientos contrariados. Creo que Jenaro Baldrich, en ese papel de magnate y patriarca de una familia que no puede dominar, promueve muchas interrogaciones. A Jenaro se le puede admirar y se puede odiar al mismo tiempo. Me gustan los personajes arrepentidos, que no se van a tiempo y que se arrepienten y tienen que vivir con ello. Baldrich es un personaje camaleónico, con mucha personalidad, que nunca muestra debilidad por el desmembramiento familiar, ni mucho menos que sufre por las cosas perdidas. En ese sentido quería hacer una saga clásica, pero con un narrador poco clásico.

 

P: ¿Por qué un narrador tan ajeno a la familia para contar la historia de los Baldrich?

Como en casi todo en la vida, en literatura también son importantes la distancia y el tiempo, por eso el narrador de Los Baldrich es un personaje ajeno a ellos. Gracias a eso vive con pasión e intensidad la vida de una familia que no es la suya, pero que paulatinamente va asumiendo. Nunca se dice de donde viene porque eso no importa, es lo de menos.

 

P: La historia de la España de la segunda mitad del siglo xx acompaña en todo momento a la familia. ¿Se trata sólo de un marco en el que ubicar a los protagonistas o es un personaje más?

La historia del último siglo en España es trágica, pero tiene un punto fascinante y perfecto para enmarcar una historia. Desde los años cincuenta hasta los noventa los cambios y los avances tecnológicos, políticos, sociales, artísticos son muchísimos. Es un marco propicio para poner en juego a unas generaciones que sueñan pero que enseguida renuncian a lo soñado. Me interesa ese espacio en el que se pasa de ser un país auténtico, espontáneo, a un país de nuevos ricos, seducido por “lo razonable”.

 

P: Los Baldrich es la historia de una ambición, la de Jenaro,  un hombre que se vale de la amistad y de la confianza para lograr el éxito empresarial y que impone una tensión familiar asfixiante. ¿Coincidía con los patrones de la época?

Jenaro es un tipo que se desdobla en su propia necesidad de controlar todo y a todos, le traiciona el hecho de ser demasiado conservador con su revolución interna. La historia de Jenaro Baldrich debe mucho a la ilusión de querer dar forma a su quimera, ya que tan pronto descubre que su sueño es real, se deja llevar por “los pies en la tierra” y “la sangre”, y eso le lleva a despreciar el sentido de la amistad. Yo creo firmemente que se arrepiente en su fuero interno de muchas cosas, pero nunca lo dirá ni se le notará. Con el tiempo, Jenaro pasa con más facilidad de la que imaginaba, y con una absoluta falta de memoria, de la ambición a la avaricia desmedida. El sueño del cosmopolitismo lleva a Jenaro Baldrich a tener muy claro lo que quiere y a tratar de conseguirlo al precio que sea, absorbiendo grandes dosis de cinismo. La Barcelona de la época era muy propicia para gente como Jenaro, sin escrúpulos y con dinero, pero sobre todo con un proyecto. En ese aspecto, por supuesto que coincide con los patrones de la época, puesto que Jenaro sabe relacionarse, manejar sus intereses, y a golpe de inventio y estraperlo, se hace un hueco con su atrevimiento y con su independencia y, dicho sea de paso, “adelantándose” al régimen franquista.

 

P: El propio Jenaro, con su affaire con Francesca, acaba traicionando el buen apellido de la familia. ¿Es Sagrario la única que permanece hasta el final en el lugar que le ha sido asignado?

Francesca es producto de su conquista, de su cosmopolitismo. Es ella quien le hace sentir como a él le gusta en privado, es lo desconocido que atrae a los cobardes con poder. 

Sagrario es víctima de su condición humilde. Y eso es algo que no le deja crecer. Por tanto, el lugar que se le ha asignado es ese, el de la señora de, lo que pasa es que en realidad ella no se atreve ni siquiera a serlo porque se avergüenza de sí misma y puede que sepa que ese universo no debería de haberle correspondido.

 

P: El fútbol ocupa en la vida de los personajes un lugar tan importante como los negocios…

El fútbol es pasión y acompaña a esos personajes toda la vida. Para Mateu es algo más, lo ha vivido desde pequeño y muchas de sus ilusiones de niño se han proyectado en su equipo. En cambio para Jenaro es una distracción, un ambiente adecuado para generar más relaciones sustanciosas. Podemos decir que Mateu siente los colores de su equipo, Jenaro siente los colores del dinero.

 

P: Tal vez Jaime, el hijo mayor de Jenaro, sea el personaje más desvalido emocionalmente, no acaba de encajar en ningún lado…

Jaime no forma parte de lo razonable, es capaz de sentarse al lado de un campesino y entablar conversación, por lo tanto no es un Baldrich como su padre pretendía.

En realidad, Jaime Baldrich es un personaje que transita por los márgenes de su apellido. Siente que no le pertenece. Es el primer hijo de Baldrich y en él se proyecta la frustración de un padre que no lo acepta pero jamás lo desprecia. Jaime no quiere querer a su familia, pero no tiene más remedio que quedarse con ella. Tiene un peso fundamental en la novela porque representa la debilidad, la fragilidad del ser humano, la incertidumbre. Es un personaje lleno de preguntas, perdido en el laberinto de su estirpe, que no encuentra su lugar, y en ese sentido es muy contemporáneo. Es el contrapunto a su padre porque no ven la vida de la misma manera.

Ahora bien, es probable que si Jaime hubiera sabido la verdad, y se la hubieran sabido transmitir, no hubiera pasado lo que pasa. Además, Jaime tiene un trastorno mental al que nadie se enfrenta y sobre el que todos pasan de puntillas. No obstante, la incomunicación entre Jaime y su familia es total. Su mayor problema es que cada vez que encuentra cómplice se le acaba yendo, primero es Roger, después Nati y finalmente Ignacio Párbole, con cuya marcha ya no puede lidiar, ¿para qué?

 

P: El otro hijo, Rodrigo, parece representar la gran esperanza para Jenaro. ¿En qué momento se tuerce esa relación?

Rodrigo avivaba los sentidos delante de su padre, pero era incapaz de pedir que le echaran una mano, y así acabó siendo leña. La relación se tuerce cuando Jenaro descubre que su hijo es más de recoger los frutos que de sembrarlos. Jenaro es un tipo emprendedor, visionario, muy trabajador. Su padre le supo transmitir esa dedicación, pero él tiene dificultades para hacerlo con los suyos.

 

P: Nati es la única que consigue alcanzar un modelo de familia en el que priman la amistad, el amor y la comprensión. ¿Ha caducado el modelo de la familia tradicional española?

La familia tradicional permanecerá siempre, pero en la vida actual hay otros tipos de familia. La gente se mueve mucho, vive fuera de casa, en otros países, y tiene la necesidad de hacerse sus otras familias en otros lugares. Es normal.

En muchas familias ocurren situaciones absurdas, casi surrealistas, en las que primos y hermanos que no se soportan, o que ni si quiera se conocen porque no tienen nada en común, tienen que comer juntos el día de Navidad, por suerte, hoy en día, tienen la oportunidad de hacerlo con la tele puesta, lo cual ayuda a evitar daños mayores. Ese tipo de familia está condenada a extinguirse. Puede parecer un tópico pero es cierto, la familia es una imposición y los amigos no. La propia Nati Baldrich acaba teniendo dos familias y convive con ellas.

 

P: Resulta muy interesante la forma en que se describe la evolución de la fisonomía de Barcelona con el paso de los años. ¿Es muy diferente la Barcelona de hoy?

Sin duda es muy diferente. Es una ciudad donde todo el mundo tiene su parcela. Barcelona ha cambiado mucho en los últimos treinta años. Sigue siendo una ciudad fantástica, pero es víctima de su propio éxito. Ha conseguido convertirse en un hotel de lujo. Me interesa esa Barcelona de Los Baldrich, la Barcelona como miscelánea mediterránea, puerto de ilusiones emprendedoras, negociante,  exportadora de sí misma, como el propio Baldrich.

 

P: Hablando de ciudades, ¿Madrid y Barcelona son un marco o más bien un personaje?

Son las dos cosas a la vez. Madrid se presenta como ese espacio propicio a las casualidades, que va absorbiendo gente sin preguntar de dónde vienen. Madrid es la ciudad en la que todo es posible. Y cuando vives en ella, te das cuenta de que es cierto. En la novela hay una casualidad que sólo es creíble en Madrid, porque las relaciones humanas son mucho más directas, más de contacto físico que de teléfono.

Por su parte, Barcelona es fundamental en el desarrollo de Jenaro Baldrich y en la formación de su personalidad. Los dos van creciendo juntos.

En cierto modo sí que es un homenaje a dos ciudades con formas de vida diferentes pero complementarias, que son marco y personaje a la vez. La historia de Los Baldrich de ninguna manera podría darse en otras ciudades que no fueran estas.

 

P: No obstante también hay sitio para Argentina…

Sí, el Buenos Aires de las cartas de Ignacio Párbole es un universo completamente distinto al de la Barcelona de Sagrario. Son lo opuesto. Luego se gira la tortilla y mientras uno recupera la dignidad el otro está siendo fulminado. La dictadura militar del cono sur fue algo tremendo, salvaje. Barcelona acogió a muchísimas familias de exiliados argentinos y uruguayos en los finales de los setenta y principios de los ochenta. Yo mismo crecí en Barcelona con compañeros de clase argentinos, que siendo niños contaban traumatizados, pero sin saber conscientemente lo que contaban, episodios durísimos cuyo recuerdo los hacía llorar en el patio a las primeras de cambio. Luego viví mucho tiempo en Montevideo, donde hice grandes amigos uruguayos que habían vivido el exilio en una Barcelona que les recibió muy cordialmente y que no había manera de que olvidaran.

 

P: Jaime, Roger Segura e Ignacio Párbole comparten una intensa afición por la música. ¿Es ésta  un modo de escapar de la realidad que los rodea?

Es difícil entender la vida sin música, es evidente. En esos años formaba parte del presente y futuro de la propia personalidad de cada uno. Cada disco se diseccionaba y se compartía, les hacía sentir, pensar, compartir y también fantasear, claro que sí.