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Antón Castro

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SONIA FIDES, EL VIERNES, EN LOS PORTADORES DE SUEÑOS

SONIA FIDES, EL VIERNES, EN LOS PORTADORES DE SUEÑOS

[Esa activista cultural incansable que es Luisa Miñana, autora de Pan de Oro y poeta nada invisible, me envía esta nota que recuerda la presentación del libro Electa se quita el luto (Ediciones Vitrubio) de la poeta madrileña Sonia Fides, a la que acompañaremos la propia Luisa y yo. Aún no conozco a Sonia, pero he leído sus dos personalísimos primeros poemarios. ]

 

 

El próximo viernes, 7 de noviembre, a las 20,30 horas y en la librería Los Portadores de Sueños, celebraremos la presentación del poemario ELECTRA SE QUITA EL LUTO, de Sonia Fides, publicado por Ediciones Vitrubio.

       Junto a la autora madrileña estarán el escritor y periodista, Antón Castro, y la escritora e historiadora del arte Luisa Miñana.

 

            Este es el segundo libro de Sonia Fides. Por su primer poemario, “Mirar y ser mirada”, recibió el Premio de Poesía Nicolas del Hierro, 2006. La autora mantiene además el blog poético y cultural Mademoiselle joue avec son revolver.

 

      En palabras de la escritora Carmen Posadas, quien presentó Electra… en Madrid:

     

 

“La poesía de Sonia Fides no se caracteriza sólo por su originalidad, indiscutible. Atrapa al lector dentro de una mezcla heterogénea de conceptos y lenguajes, que prestan a sus poemas la cualidad de lo impúdico. Además, la poesía de Sonia Fides incorpora un matiz poco usual entre la mayoría de los poetas: el humor, muy visible por ejemplo en los títulos de sus piezas poéticas. Los títulos de los poemarios de Sonia Fides son cada uno de ellos un poema en sí mismos. Este segundo libro de la poeta madrileña, Electra se quita el luto, viene a demostrar que su autora posee una indudable voz propia, aunque también que esa voz tiene un carácter muy inconformista que le empuja a huir de los escenarios ya hollados. Por eso este Electra… es tan diferente de Mirar y se mirada, su anterior y primer libro, con el que Sonia Fides ganó el X Premio de Poesía ‘Nicolás del Hierro’ 2006.”

 

 

 

SERA EL PRÓXIMO VIERNES, 7 DE NOVIEMBRE, A LAS 20.30 EN LOS PORTADORES DE SUEÑOS (C/BLANCAS, 4—ZARAGOZA).

¡¡OS ESPERAMOS!!

 

 

CAPITANAS DEL CIERZO. UN TEXTO DE CRISTINA GRANDE

CAPITANAS DEL CIERZO. UN TEXTO DE CRISTINA GRANDE

[Hace unos días se presentaba la película La voz del viento de Víctor Forniés, que no he podido ver aún. El día del pase en la sala Joaquín Roncal se grababan dos programas de Borradores. Una de las participantes en la película sobre el cierzo es la escritora Cristina Grande. Hace unos meses, el 24.02.2008, publicó este delicioso texto en Heraldo de Aragón, la edición de Huesca, un texto emparentado de algún modo con su texto sobre las capitanas que apareció en el volumen conjunto Zaragoza, de la Z a la A.]

 

Fuimos en busca de capitanas. Víctor Forniés me había pedido que participase en el documental La voz del viento. Me acordaba de un paraje cercano a Monegrillo donde hace unos años fotografié esas extrañas plantas de color grisáceo. Estaban amontonadas, detenidas contra una valla metálica que rodeaba un viejo molino de viento. Se las llama capitanas por sus espinas en forma de estrella. También se llaman volanderas, o barrillas. De sus cenizas se extraía la sosa necesaria para la fabricación del cristal. A veces, los días de cierzo, cruzan la carretera sin mirar, como manadas de bestias enloquecidas, o en solitario, de forma casi pesada, en busca de un imaginario cementerio de elefantes. Su nombre científico es Salsola Kalis. Lo que más me gusta de ellas es que después de muertas, después de rodar y rodar empujadas por el viento, pueden volver a echar raíces si encuentra un lugar propicio. El cierzo soplaba con fuerza durante el rodaje. ¿Puede alguien filmar el viento? ¿Dónde buscarlo? ¿Cómo? ¿Qué se esconde en las películas que vemos o en los libros que escribimos? ¿El viento que azotaba contra nuestras caras? La ayudante de producción me ofreció unas horquillas para sujetarme el pelo. Las aspas amarillas del molino emitían un quejido metálico que recordaba a las extractoras petrolíferas de la película Gigante. El sonidista se desesperaba. Ninguna capitana rodó ante la cámara. Seguían detenidas junto a la valla, como espectadoras de esos secanos que a George Orwell le parecían “grises y de superficie arrugada como la piel de un elefante”. Las capitanas mueren. Algo las empuja, hasta que se quedan quietas y renacen. Silenciosas, cuando el viento cesa.

*Paisaje los Monegros con cierzo y capitanas tomado de la página web http://gea.sekano.org

"LA MANCHA LITERARIA": NUEVA ENTREGA DE RELATOS

"LA MANCHA LITERARIA": NUEVA ENTREGA DE RELATOS

El poeta, narrador y viajero Nicolás Melini –que jugó en los juveniles del Real Zaragoza y se cruzaba con Juan Señor, su ídolo, de tarde en tarde- anuncia que la revista-blog digital La Mancha Literaria (http://delamanchaliteraria.blogspot.com) ya ha sacado su número doce, con textos de Espido Freire, Berta Marsé, Juan Carlos Chirinos, Ernesto Pérez Zúñiga y Juan Carlos Méndez, entre otros. Tomo este brevísimo texto de Juan Carlos.

 

 

ESCRITURA

Juan Carlos Méndez Guédez

 

Isaac cumplió su deseo. «Sólo quiero vivir mientras escriba», afirmó siempre.
Los últimos veinte y tres años se dedicó a escribir con sus propias heces en las paredes: palabras sin sentido, letras sueltas que su esposa y sus hijos limpiaban con una esponja.

*La foto es de Alfred Cheney.

MANUEL BENITO: TORIBIO Y SU BURRITO

MANUEL BENITO: TORIBIO Y SU BURRITO

[Éste es uno de los textos que cierran el libro Huesca: Álbum de adioses de Manuel Benito. Creo que da una idea de los contenidos de este volumen. El autor me ha enviado este texto.]

 

PLATERO Y ÉL

 

         Era un ser tan humilde, tan pequeño e insignificante para los altivos ciudadanos, que pasaba desapercibido. Ya nadie sabe su nombre, apenas algunas gentes sensibles que gustan de evocar imágenes del pasado, lo recuerdan como Toribio, pero ese era el nombre de su padre. Esto lo sé porque vi un día su tumba, el nicho familiar donde reposan sus restos con los de sus padres, su única familia.

 

         Toribio iba por Huesca con su burrito cuyo nombre, si lo tuvo, también desconozco, ambos formaban un equipo menudo, aún sumando el tonel cargado de agua que arrastraban por las polvorientas calles. No molestaban, donde había hueco llenaba la regadera metálica y esparcía el agua para fijar la tierra al suelo. Luego llegaba la cuadrilla de escobadores. Era el viejo sistema de limpieza empleado por el Ayuntamiento para paliar el problema de las nuevas casas de vecindad, donde era difícil poner de acuerdo a sus moradores para que se turnaran en la limpieza de cada trozo de calle, algo que aún se hace en los pueblos.

 

         Mi madre, que vivió muchos años en el entorno de la Plaza de la Catedral, me contaba que, cuando Toribio llegaba a los almacenes y establos municipales, ubicados en la Plaza de Urríes, aparcaba el tonel rodante y soltaba al burro. Entonces el animal iniciaba un trotecillo que lo llevaba hasta la tienda de Narciso, afamado industrial de ultramarinos en el comienzo de la calle Las Cortes. Un relincho avisaba al tendero que salía con un caramelo para el animalillo, se lo ponía bajo el hocico y con sumo cuidado lo tomaba de su mano. Eran escenas llenas de ternura, aunque quizá ninguno de sus protagonistas fueran conscientes de ello, los hombres porque eran buenos per se, y el asno por carecer de entendimiento, al menos eso dice la razón.

 

         Cuando en el Instituto, entonces se iba a la enseñanza media con nueve años, me hicieron leer Platero y yo, no podía imaginarme otro Platero que el burro de Toribio. Los miraba con auténtica pasión y algo me hacía encontrar un parecido entre ambos, porque anduvo con un hombre bueno del que aprendió a sufrir el trabajo y a echar sus ratos siquiera con un caramelo. Además los burros tienen mucha historia.

 

         Cuentan que cuando la Creación los demás animales los engañaron haciéndoles comer una hierba muy apetitosa pero que producía testarudez. Desde entonces son tozudos como los aragoneses que también debimos probar la dichosa hierba. Dios los hizo desfilar a todos para contemplar con orgullo su obra creadora, pero el terco burro no se presentó al desfile y fue castigado a llevar para los restos el sambenito de la bestialidad y la ignorancia. Arrepentidos decidieron ir a la escuela pero en siete años no pasaron de la a que, al menos, les sirve para rebuznar: ¡Aaaaaaa, aaaaa, aaaaa…!

 

         Pero luego fueron buenos, en la Religión están siempre en los momentos difíciles. Uno de ellos llevó a la Virgen y al Niño a Egipto para evitar el infanticidio de Herodes. Antes otro ya había estado dando calor al Niño en el pesebre y cuando aquél se hizo mayor otro le hizo de montura en su entrada triunfante en Jerusalén, que aún se recuerda en las procesiones de Domingo de Ramos con los famosos pasos de la burreta. Por cierto que, como el carpintero San José fue el que tiró de la burra para escapar de Herodes, los carpinteros oscenses son los que tiran del mencionado paso, emulando a su patrón. Estas buenas acciones de los asnos hicieron que, con el tiempo, adquirieran el don de la risa, de la carcajada, que comparten con los humanos.

 

         Pero no todos los recuerdos de mi platero son buenos. Hay uno que me dejó una profunda huella, un sentimiento de amor profundo por todos aquellos que son humillados aún sin saberlo y un profundo desprecio por la gente ruin y mezquina que se deja ver en cuanto lleva dos tragos. Un día de San Lorenzo Toribio y su compañero –ambos eran trabajadores municipales- iban regando las tórridas calles del Tubo. Unos mozos-que de alguna manera habrá que llamarlos- salieron de un bar y empezaron a darle vino al pobre animal. Toribio intentaba arrancarles el burro con más temor que fuerzas. Hasta un envasador lograron sacarle al dueño del bar para ayudarse en aquella tarea que muchos coreaban y reían. Muchos pero no todos, recuerdo como algunos hombres, empleando la persuasión amable, para evitar llegar a las fáciles manos de aquellos impresentables, consiguieron salvar a mi platerillo de algo peor que la borrachera que ya llevaba encima.

 

         Años después he visto como muchos seres que se llaman humanos han seguido maltratando animales y personas. He visto emborrachar a pobres inocentes en las tabernas, a los que les pagaban un trago y otro hasta verlos decir tonterías, tambalearse o vomitar en medio de la euforia general. Y siempre me he tenido que meter en medio. No soy más que un aguafiestas, lo reconozco.

 

         Y sigo metiéndome donde no me llaman aún en contra, muchas veces, de los  propios inocentes a los que emborrachan con promesas y mentiras para, al igual que a burros dóciles, engañarlos diariamente.

        

*Toribio y su compañero en la impagable labor de limpiar las calles oscenses. AFIAA

 

 

J. D. SALINGER: LA ESCRITURA DE UN SOLITARIO

J. D. SALINGER: LA ESCRITURA DE UN SOLITARIO

[Un amable lector, apasionado de la obra de J. D. Salinger, me advierte de algunas erratas del artículo sobre el autor de El guardián entre el centeno. Corrijo algunas inexactitudes, y traigo de nuevo este texto de nuevo al blog.]

 

 Jerome David Salinger decidió convertirse en un misterio en 1965, cuando se retiró del mundanal ruido. No soportaba la celebridad ni el éxito ni las entrevistas. Vivía aturullado y decidió retirarse a un rancho sencillo de Cornish (New Hampshire) a escribir con lentitud y a cultivar hortalizas. Consciente de su inmensa fama, guardaba sus manuscritos inéditos en una caja de caudales.

 

La publicación de El guardián entre el centeno en 1951 fue como un aldabonazo: mucha gente se sintió tocada en algún lugar del corazón por el relato de ese adolescente más clarividente que confuso que se rebela contra los valores de la aristocracia, contra la educación y las leyes de los adultos, y decide dar rienda suelta a su imaginación y a su estupor. En su fuga de tres días, Holden Caulfield revolucionó la vida de muchos jóvenes: era un Huckleberry Finn moderno que se declaraba partidario de la pureza adolescente y que mostraba la repugnancia que le provocaban el vacío y el conformismo de sus mayores. Para muchos críticos, ese texto anticipó la rebeldía y las revoluciones de los jóvenes en los años 60.


J. D. Salinger no quiso nunca que escribiesen de él. Le indignaba que hurgasen en su infancia y adolescencia, en los secretos de su familia (durante años se dijo que era hijo de un rabino y que su madre se había cambiado el nombre), que descubriesen sus novias, sus bodas y algunos pecadillos de egoísmo. Ian Hamilton, autor de En busca de J. D. Salinger (Mondadori, 1988), escribió su bografía y la crónica de las dificultades con que se encontró: Salinger le denunció en varias ocasiones y fue objeto de algunos procesos. Sin embargo, el libro se lee muy bien, como una novela, y tiene datos jugosos: el más importante, más allá de desvelar «el misterio Salinger», es que El guardián entre el centeno puede leerse a la luz de la biografía del escritor. Holden Caulfield, el héroe, tiene mucho que ver con el adolescente que fue Salinger y que vivió en carne propia las contradicciones del siglo.

EL CHICO RICO DE LA CIUDAD

Jerome David Salinger nació en Nueva York el uno de enero de 1919 en el seno de una familia acomodada. Jugó entre los grandes edificios, paseó en bicicleta por Central Park y gozó de estupendos juguetes. Con doce o trece años se mudó a una casa mejor: era un chico rico de la gran ciudad. Cuando rondaba los quince años, su padre creyó que debía matricularse en la Academia Militar de Valley Forge. Allí se manifestó como un tipo especial. Era silencioso y pensativo, pero a la vez resultaba ingenioso y sutil, poseía un sentido peculiar del sarcasmo y se mostraba un tanto presumido y pomposo. Hacía muy bien las imitaciones de compañeros y famosos, y tenía una vocación clara hacia la interpretación. Usaba un lenguaje irreverente y amaba el periodismo y la literatura. A los quince años ya decidió ser escritor, y empezó a redactar los cuentos que le conducirán a la rara e inspirada perfección de su obra maestra.

Entre 1936 y 1937 hizo un viaje por Europa (París, Londres y Viena) y lo aprovechó para escribir relatos. Más tarde, cuando se desató la II Guerra Mundial, participó en ella, sobre todo en Europa, como sargento de infantería e incluso escribió una elegía por sus compañeros muertos. La experiencia bélica nunca le excitó ningún tipo de creatividad. Pero su constancia y su firme vocación le llevaron a publicar sus primeros textos en la revista Collier’s y posteriormente en la mítica Esquire. En 1941, le ocurrió algo singular: The New Yorker le había aceptado un relato sobre un muchacho desertor llamado Holden Caulfield, pero luego lo pensó mejor y se lo rechazó. No se debía alentar a los desertores en un tiempo tan complicado. En aquellos días alimentaba dos pasiones un tanto desapacibles: la de Oona O’Neill, hija del dramaturgo y más tarde esposa de Charles Chaplin, y la de Elizabeth Murray.

EL ÉXITO INSOPORTABLE

Le costó una década publicar el libro El guardián entre el centeno, que alcanzaría fabulosas cifras de venta y se transformaría en uno de esos libros de culto, en una narración auroral, porque propone una angustiosa, lúcida y humorística búsqueda de la identidad a través de la ironía, el dominio del lenguaje, el desparpajo y la dudosa ejemplaridad de un joven que no se resigna a aceptar lo que la sociedad le ofrece. Se opone a la falsedad con una crítica mordaz que nos abarca a todos, a la humanidad al completo, sin hacer nada exactamente insólito, y expresa los miedos y los fantasmas del anhelo adolescente. La primera traducción al castellano, El cazador oculto (por cierto, con ese título lo leyó por vez primera Soledad Puértolas), apareció en Argentina en 1961 y la firmaba Manuel Méndez de Andes; la que podemos leer ahora en Alianza y Edhasa es de Carmen Criado.

 

Ni el propio J. D. Salinger había soñado tal éxito, que se vio ratificado con sus siguientes títulos: Nueve cuentos (1953: en la actualidad, Salinger está considerado quizá el mejor cuentista norteamericano junto a Raymond Carver), Franny y Zooey (1961, dos relatos ambientados en noviembre de 1955 en Manhattan) y Levantad, carpinteros, la vida del tejado, y Seymour: una introducción» (1963).

Convertido en un fantasma viviente desde 1965, sigue escribiendo. No quiere que le tomen fotos, no ve a nadie, y desprecia a los intrusos. Lo que no puede evitar es ser un mito literario del siglo XX y haber escrito uno de los libros más vendidos y leídos en Estados Unidos y en el mundo entero: millones de jóvenes se ven reflejados en su radical protagonista. Podemos decir que es un relato, un clásico ya, traducido a 30 idiomas, que sigue las huellas del Wilhem Meister de Goethe y que encabeza imprescindibles textos de formación o de educación sentimental. Pensamos en Vida de este chico de Tobias Wolf, La senda del perdedor de Charles Bukowski, Agostino de Alberto Moravia, las novelas de Bandini de John Fante o Los hermosos años del castigo de Fleur Jaeggy, entre otros. Autores como John Updike, Tobias Wolff o Philip Roth, entre otros, han reconocido su influencia.

MARTES, 4: ÁNGEL CRISTÓBAL MONTES Y MANUEL BENITO

MARTES, 4: ÁNGEL CRISTÓBAL MONTES Y MANUEL BENITO

 

 

Este martes, al menos, hay otras dos presentaciones, además de la de Brindis de Ismael Grasa:

 

-Ángel Cristóbal Montes presenta sus Fragmentos de memorias políticas. Cinco guerras, un libro de 394 páginas que ha publicado Mira Editores, en compañía de Juan Alberto Belloch, José Ángel Biel y Joaquín Casanova.

Ángel Cristóbal Montes quizá sea el político más complejo de la Transición en Aragón. Es como un personaje de Dostoievski: tiene algo de incomodado consigo mismo y con el mundo. Tras su regreso de Venezuela, su evolución le llevó desde las filas del PSOE hasta las del PP. Ha sido un hombre dialéctico y peleón, capaz de enfrentarse a Marraco, a Hipólito, a González Triviño y Marco, a Lanzuela y a los actuales dirigentes populares. En Fragmentos de Memorias políticas lo cuenta con sinceridad en un claro ajuste de cuentas con su pasado y en un repaso, a menudo demoledor, a la vida política de Aragón. Hay personajes que salen bien parados, como el propio José Ángel Biel; Cristóbal Montes desvela una comida entre ambos donde Biel le reveló su sueño de ser presidente de Aragón y le dijo que ya le quedaba poco tiempo para serlo.

 

-Huesca. Álbum de adioses de Manuel Benito. El martes también, en la Biblioteca de Aragón, a las 19.30, en compañía del editor Salvador Trallero, y de Manuel Benito, autor de Huesca. Álbum de adioses, presento ese volumen cuidadísimo, que cuenta una historia de la Huesca de finales del siglo XIX que se prolonga hasta finales del siglo XX a través de personajes, de fotos, de calles, de edificios, de la cárcel de Huesca, de conventos e incluso de hechos legendarios como el de “La Campana de Huesca”. El libro es un manifiesto de amor a la ciudad y una indagación en sus historias menudas. Manuel Benito, que se ha recuperado felizmente de una delicada enfermedad, ha escrito un libro lleno de sutileza y de heridas, un auténtico álbum de recuerdos, de emociones, de gestos, de silencios y también, por qué no decirlo, de vidas trágicas y entrañables como la de Toribio o la de José Jarné. Y de detalles en torno a la famosa lotería de 1932, que permitió a Ramón Acín financiar el rodaje de Las Hurdes. Tierra sin pan de Luis Buñuel.

*Retrato en tres tiempos de Ramón Acín. La foto corresponde a la Fundación Ramón y Katia Acín.

 

ISMAEL GRASA PRESENTA SU NOVELA "BRINDIS"

ISMAEL GRASA PRESENTA SU NOVELA "BRINDIS"

Recibo esta invitación:

[Xordica Editorial y la librería Los portadores de sueños tenemos el gusto de invitaros a una presentación muy especial: se trata de BRINDIS, la nueva novela de ISMAEL GRASA. Acompañando a Ismael Grasa, contaremos con la presencia de los escritores ALOMA RODRÍGUEZ e IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN. Como de costumbre, al terminar la presentación tomaremos un vino juntos por cortesía de la D. O. Cariñena.

¡No te lo pierdas! Te esperamos en Los portadores de sueños (Blancas, 4 • ZGZ) el próximo MARTES 4 a las 20.30h.]

 

 

 

[Ya he leído la novela de Ismael Grasa, que visita el jueves próximo  Borradores con Alfonso Domingo, autor del espectacular libro de panorámicas de Zaragoza (Unaluna), con Luis Sepúlveda y Fernando Arrabal. Brindis narra la vida del joven Juan. Cuenta sus primeros estudios en una ciudad pequeña y en un núcleo familiar de tres hermanos, su traslado a Madrid, sus estancias en París y Ámsterdam, su marcha a Shanghai y a Nueva York, hasta su definitiva residencia en Zaragoza. Es un libro marcado por la búsqueda y el encuentro azaroso, es un libro de aventuras y de viajes, y sobre todo es una travesía de un hombre que busca su sitio a través de un incontrolable aprendizaje sentimental. Lo encuentra, si se puede decir eso, casi por casualidad, impulsado por los otros, movido por una oscura necesidad de sexo más que de amor, casi como si fuera un espectador de su propia vida. O un superviviente que trabaja de camarero o de agente inmobiliario.

Ismael Grasa, Premio Ojo Crítico de narrativa en 2007 por Trescientos días de sol, ha escrito un libro despojado de retórica, en el que siempre suceden cosas, en el que siempre aparecen personajes un tanto extraños y friquis, que animan la narración y matizan la general perplejidad de existir. Juan va de mujer en mujer, de ciudad en ciudad, con una especie de nihilismo que todo lo envuelve. El libro es rápido, intenso, seco, casi glacial en ocasiones, que maneja muy bien el sentido de la elipsis, uno de esos libros que combinan por igual el terror cotidiano, la sordidez, la soledad y el desconcierto.]

*La portada corresponde a Elisa Arguilé.

 

ÁNGELES PRIETO BARBA: UN CUENTO

ÁNGELES PRIETO BARBA: UN CUENTO

         DISCRIMINADAS

         A Ángel Olgoso

 

Kampa descendió majestuosa extendiendo sus torneadas extremidades, perfectas tras muchos siglos de genética aplicada. Recuerdo que mientras los rayos polares del sol lustraban su piel de circulares manchas oscuras, y los ojos purpurinos nos miraban con la seguridad de su raza salvaje, nuestra exclamación colectiva logró que se dibujara en su boca una especie de sonrisa, puerta temible de unos pequeños y afilados colmillos que se saciarían no más llegara al camerino lujoso que le habíamos preparado. Allí le aguardaban, conforme a lo solicitado, cuatro hombres de altura superior a los dos metros que nos había exigido para algún divertimento desconocido. Aunque dada la inmensidad de su belleza sólo tuvimos que seleccionarlos entre los cientos de varones voluntarios, agolpados en el hall, nada más enterarse de su petición extraña. Creo que nunca olvidaré aquel largo paseo suyo por la alfombra roja, con ese vestido de argentíneo tafetán plegado, hombros al aire y ahíta de suficiencia, con la afilada barbilla dividida en dos mirando a un lado y al otro, deteniendo tiempo y espacio para nosotras, pobres espectadoras asombradas y llorosas ante la primera de las reinas de la belleza que nos había deparado el destino.

 

A los diez minutos bajó Delenn, suma sacerdotisa de los Mensai, con ese brillo especial que le otorgaban los azules ojos achinados. Su hermosura era distinta, o al menos así me pareció porque mostraban esa modestia propia de los seres inteligentes, capaces de entrever lo que nos depara el futuro. Destacaba también por su vestimenta oriental con sedoso kimono rojo, como gesto de aprecio a nuestra cultura vetusta y por las joyas, con ese collar de amatistas que rodeaba el transparente cuello, combinación excelsa de buen gusto. Por ello, cuando alzó aquella cabeza suya sin cabellos, adornada con una diadema propia en forma de pez y nos saludó, supimos verdadero aquel viejo proverbio que afirmaba que el encanto, la clase y la belleza surgen de dentro, de algún lugar indeterminado entre el corazón y el cerebro.  Además, no nos había pedido nada extraordinario para acudir, tan sólo unos cuantos tomos sobre aquellas viejas tácticas bélicas que necesitábamos en el pasado. Qué hermosa la vi aquel día. Era mi favorita.

 

Más tarde, la más original de todas no se hizo de rogar, sólo alargó su paseo triunfal con dos enormes y largos tentáculos que salieron de su vestido níveo terminados en pinzas rojas de cangrejo, crueles alicates que no dejaron de agarrar y destrozar a cada nuevo admirador que saltaba la valla. En su fiereza, con cada crujido de costillas humanas, sonreía ufana, segura de que ninguna de las otras podría igualarla en poder y fuerza. Su cuerpo artrópodo era inmenso, sus piernas peludas parecían kilométricas sin necesidad de zancos o tacones, Talao se sentía feliz e inmortal.

 

Y entonces yo, eufórica, no quise seguir contemplando más reinas excelsas para lanzar mi crónica al mundo. Qué poco me importó entonces el frío y las insistentes amenazas agoreras de mis compañeros periodistas, adustos varones humillados. Pues como remate ese día, tras siglos y siglos de marginación, tras repetidos intentos e incesantes luchas por alcanzar la belleza perfecta, las hermosas y valientes mujeres habíamos triunfado: por fin podríamos celebrar en la Tierra, aquí en el Polo Norte, un auténtico certamen de Miss Universo.

 

ANGELES PRIETO BARBA

*Lynn Turner fue elegida Mis Enero en Estados Unidos en 1956, y he elegido esta foto porque me parecía muy adecuada para este relato de la escritora gaditana Ángeles Prieto Barba, que es una lectora apasionada del cuentista Ángel Olgoso.