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Antón Castro

Escritores

AUTORRETRATO DE RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN

AUTORRETRATO DE RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN

[Me gusta mucho la serie de autorretratos que está haciendo Fernando Valls en su blog, que se ha convertido en una bitácora exquisita, cuidadísima y de referencia. El otro día publicaba este autorretrato del escritor Ricardo Menéndez Salmón –autor de libros como La ofensa (Seix Barral, 2007) y Derrumbe (Seix Barral, 2008), y los cuentos recientes de Gritar (Lengua de Trapo, 2007)- al que he visto en dos ocasiones, la última en Zaragoza, durante una entrevista, y otra vez en Sevilla.

 

[Nacimiento: En Gijón, el 18 de febrero de 1971.

Procedencia: Menéndez, de solar asturiano; Salmón, de solar cántabro.
Estado civil: Casado con Susana Carro Fernández. Padre de una hija de ocho meses: Vera.

Obra publicada: Dos libros de relatos: Los caballos azules (Trea) y Gritar (Lengua de Trapo), y seis novelas, nouvelles o como se desee llamarlas: La filosofía en invierno, Panóptico y La noche feroz en KRK, Los arrebatados en Trea y La ofensa y Derrumbe en Seix Barral.
Pasiones: El fútbol (sufriente seguidor del Sporting de Gijón), la gastronomía (arroz y pescado, sobre todo, en cualquiera de sus formas y/o manifestaciones), el ajedrez, el mundo griego, los caballos (sólo para contemplarlos, jamás me he montado en uno), el cine de Tarkovski, un puñado de pintores (Cimabue, Piero della Francesca, Schiele, Rothko, Bacon), ciertas músicas (Bach, el jazz, Tom Waits, la electrónica alemana) y las mujeres (Nastassja Kinski, Charo López, Isabelle Adjani).

Me hubiera gustado ser: Marcello Mastroianni en La dolce vita o Jean Paul Belmondo en Al final de la escapada.

Me hubiera gustado escribir: Gran Sertón: Veredas, de João Guimaraes Rosa, o Vidas minúsculas, de Pierre Michon. Me hubiera gustado conocer: A Sócrates y a Lenin.

Un libro: Viaje al fin de la noche, de Louis Ferdinand Céline. Un verano, en Llanes, a los 18 años, entre fiesta y fiesta, de playa en playa, lo leí por puro azar, porque me agradó su título. Cuando lo acabé, había descubierto una vocación: quería dedicar el resto de mi vida a intentar escribir un libro como aquel. [En la sección “Letras para la vida” de Borradores (Aragón Televisión) Ricardo recomendó este libro con absoluto entusiasmo.]

Diez escritores (por orden cronológico): Platón, Spinoza, Marx, Dostoievski, Proust, Kafka, Faulkner, Onetti, Camus, Bernhard, DeLillo.
Una virtud que aprecio (y poseo): La generosidad.

Una virtud que aprecio (pero no poseo): La templanza.

Un defecto que tolero (y ejerzo): La ira.

Un defecto que no tolero (ni ejerzo): La frivolidad.

Un deseo universal: Un mundo más justo y en paz, donde los políticos sólo sean gestores de lo público, no su encarnación.
Un deseo literario: Poder satisfacer algún día esta frase de Blanchot: «Su vida está enteramente consagrada a la literatura y al silencio que le es propio».

Un lema vital: Este adagio latino: Nec metu, nec spe.
Un lema literario: Acercarse a la obra, como quería Miró de la pintura, desde la máxima ambición para ejecutarla con la mayor humildad.
Qué es para mí la literatura: a) Una forma privilegiada de inquisición, b) una forma privilegiada de consuelo y c) otro de los nombres de la belleza.
Cómo titularía mi autorretrato: Hombre de palabra.

*Esta foto pertenece a los archivos de El País.

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JOSÉ ANTONIO CONDE: SUGERENCIA DE AMOR Y SEXO

JOSÉ ANTONIO CONDE: SUGERENCIA DE AMOR Y SEXO

[José Antonio Conde (Sierra de Luna, 1961) me hizo llegar ayer su nuevo poemario: La diferencia que cubre la trampa (XXII Premio Cálamo de Poesía Erótica), editado en los Cuadernos Cálamo / Gesto. El volumen lleva un prólogo de Fernando Sanmartín –“José Antonio Conde ha escrito un libro que me parece valioso; un poeta que escribe sin trucos; un poeta que conoce el himno de la caricia, lo profano; un poeta preocupado, a la vez, por la esencia, la pureza y la confusión, que no se extravía cuando él mismo nos empuja al laberinto”- y está dedicado al poeta, ensayista y profesor Alfredo Saldaña, que presenta esta tarde un ensayo poético. Selecciono aquí cuatro poemas del libro de Conde, autor de textos como La vigilia del Mármol (PUZ, 2003), Entre Paréntesis (Lola, 2004) y Exilios (Libros del Innombrable, 2007).]

 

Fingía,

Cuando la noche quebraba el halago,

La palabra más débil entre el cabello.

 

Fingía,

Cuando el mar dictaba sus pigmentos,

Con la voz anclada en el litoral del sueño.

 

No importa el vaivén homogéneo

Ni la cólera de Perseo.

 

La súplica del oleaje apenas duele.

 

 

Una vez que lleguéis

Al rictus de mi boca,

Detener la ambición

Que decide mi cintura

Y amar,

Amar con exceso,

Sin más vínculo que el hurto.

 

 

Oculta entre las venas,

Me conduce al abandono,

Se pierde en un eclipse

Hasta olvidar los muslos.

 

Después cancela sus perlas,

Doble el engaño

Y arroja a la deriva

Un rumor de querubines.

 

 

He sido medalla en el hambriento,

Placenta consagrada a los perros

En el almanaque del roce.

 

He sido barro en la ingle,

Oración en el surco del placer,

Diluvio en la sed del masto.

 

He sido la diferencia que cubre la trampa.

*La fotografía es de Matthew Allan.

CONCHA VICENTE: AMOR, RECUERDO Y MELANCOLÍA

CONCHA VICENTE: AMOR, RECUERDO Y MELANCOLÍA

Con prólogo de Ángel Guinda -el joven maestro de la poesía, el profesor recién jubilado tras más de 35 años en la ensenañza-, Concha Vicente publica “Mimaré tu recuerdo, callada”, en Certeza, en la colección Poemas. Concha le dedica el libro a sus hijos Itziar y Jorge. Se trata de un libro de amor, de necesidad del amado, de pérdida del amado, de exaltación, de climas, de palabras sugeridas, de decepción y de temor y de anhelo.

 

Transcribo aquí algunos poemas:

 

Rodéame con tus brazos

Que soy enredadera en crecimiento

Y quiero trepar por tu costado,

Seguir la vereda de tu espalda,

Llegar a la curva de tu nuca,

Coronar tu cabeza,

Subir alto.

 

No se oía la noche,

En un lecho de amor se deslizaba

Retrasando la aurora.

Al amanecer,

El tiempo recobró

Su tic-tac detenido.

 

Voy ascendiendo en la memoria

Que me dejaste,

Te sigo llevando

Entre los pliegues de mi ropa.

 

Cada beso tuyo

Era un largo túnel de garganta infinita,

Un arroyo de azúcar y vino caliente

Que en mi boca entregabas.

Hoy, sin ti, me bebo la noche.

 

En el acantilado de un párpado,

Rompiéndose, se dan cita las mareas.

Fluye una lágrima de sal y brisa.

 

Ya no sé cómo se ama

Después de tanto tiempo de abandono.

*La foto corresponde a la actriz Daneile Darrieux.

UN DEBUXO DE SYLVIA PLATH. Por XOÁN ABELEIRA

UN DEBUXO DE SYLVIA PLATH. Por XOÁN ABELEIRA

[Dentro da súa sección ASIEU de La Opinión de A Coruña, o poeta e traductor Xoán Abeleira publica hoxe este artigo sobre Sylvia Plath, a súa estadía en España, as claves da súa lírica e a súa vocación pictórica. E ademais, adéntrase en complexos buratos biográficos. O texto levaba este fermoso debuxo que se titula, nada menos, “A serea e a lúa”. Xa sei que teño falado moito aquí de Sylvia Plath, falado e recollido textos e notas, pero para un namorado das sereas como son eu non podía deixar pasar a oportunidade. Cantimais, encántame que apareza a lingua galega neste blog. O texto, insisto, pertence ó poeta Xoán Abeleira, que anunciou o outro día que vai tomar uns meses de acougo para centrarse na súa propria obra literaria.]

 

UN DEBUXO DE SIVVY

 

Ise, “Sivvy”, era o diminutivo agarimoso co que Sylvia Plath, a inmensa e intensa escritora estadounidense, era coñecida na casa. Hoxe, 27 de outubro, é o seu aniversario: o día do nacemento dunha muller que non cesa de revivir. Plath era moi dada ó esoterismo. Morreu un luns, coma hoxe, con pouco máis de trinta anos. Por iso, coincidindo coa chegada ás librarías da súa Poesía Completa, e coa aparición en galego doutra pequena escolma que realicei prá Revista das Letras do xornal Galicia Hoxe, iste xoves, día 30, ás 8 da noite, renderémoslle homenaxe no auditorio da Fundación Caixa Galicia. Unha homenaxe á que, por suposto, están todas e todos vostedes invitados.

         Sylvia Plath tamén amaba a pintura –e, en especial, a superrealista–. Escribiu varios textos inspirados en Matisse, en Klee, en de Chirico... Ela mesma quixo ser pintora. E podía telo sido, de non se inclinar preferentemente pola escrita da prosa e da poesía. Aínda así, continuou debuxando dun xeito intermitente. En España, Benidorm, onde pasou a súa lúa de mel co poeta Ted Hughes, realizou un moi bo retrato diste e captou varias escenas da vila que despois publicaría a xeito de ilustracións dalgún que outro artigo xornalístico. Todo ise material, toda a súa obra visual (dende as cartas e postais que enviou cando meniña ata os gravados e os escasos óleos que chegou a rematar) aparece recollida en Eye Rhymes (Rimas do Ollo: Rimas Visuais), un fermosísimo catálogo editado por Kathleen Connors e Sally Bayley, e que pode mercarse por Internet.

         O debuxo que hoxe publicamos aquí é completamente inédito en España e en Galicia. Plath realizouno ós trece anos, e titulouno “A serea e a lúa” –dúas figuras claves do seu universo mítico e simbólico–. Sivvy naceu en Winthrop, unha vila ribeirá da Baía de Boston. En 1942, logo da morte do seu marido, o profesor Otto Plath, Aurelia Schober trasladouse canda os seus fillos a Wellesley, un rueiro do interior. Prá súa filla de nove anos, aquil pasamento, aquela mudanza supuxeron unha tremenda fractura emocional da que endexamais se recuperaría de todo, quedando vencelladas na súa memoria a perda do seu proxenitor e a perda do mar: o exilio desa “verdadeira patria” que, consonte Rilke, entraña a saída da nenez. A partir de entón, Plath deixou de se sentir Unha coa natureza, e a vida deveu pra ela nunha falla vertixinosa, nunha proba iniciática que había de superar. Por iso resulta tan sintomático que fose entón, en medio daquela creba, cando empezou a escribir: a iniciar ise “proceso de curación” no que, segundo Ted Hughes, consiste esencialmente a súa obra.

         Lembrando aquil momento tan doloroso pra ela, a poeta escribiu: “E foi así como a miña visión daquela nenez á beira do mar se petrificou. O meu pai finou, nós mudámonos ó interior, e aquiles nove primeiros anos da miña vida se pecharon en si mesmos coma un barco nunha botella: fermoso, inaccesible, obsoleto; un fino e branco mito voador.”

         Ben lonxe da imaxe manipulada que prevaleceu ata arestora (a dunha “histérica”, “neurótica”, “psicótica” ou “tola”, sen máis: unha “enferma” condenada dende a infancia a “desexar suicidarse”), Plath, como demostra esta cita, foi sempre consciente do seu “trauma” e de tódalas proxeccións que iste lle provocaba, incluída a de ver nos homes o retrato idealizado do seu pai. E, abofé, loitou arreo con toda a súa mente, con todo o seu corazón, por vencer a ise espectro hamletiano que ela ollou ás veces coma unha sorte de Neptuno (o Rei do Mar), outras coma un enorme “Coloso”, outras coma “o Home de Negro” e, finalmente, coma un “nazi” e un “vampiro” que a súa “vítima”, ela, precisaba liquidar.

         Os seus debuxos e os seus cadros fálannos dise proceso case tan claramente coma os seus poemas. Niste, “A serea e a lúa”, vémola trocada, quizais, n’A sereíña de Andersen. Isto é: nun ser metade terrestre e metade mariño; nunha rapaza física e psicoloxicamente escindida que tenta, desesperadamente, acadar ise ideal simbolizado pola estrela dourada, baixo a fría, escrutadora ollada da bald moon (“a miña mai”). Ise ideal que, pouco antes de morrer, coidou alcanzar (“unha casa, un marido, uns fillos” e, por riba de todo, unha carreira, un traballo, unha meta á que ben poucas mulleres chegaban nos anos cincuenta) esborrallouse no verán de 1962: o día en que descubriu que o home que amaba (o “príncipe” simbolizado no debuxo por un castelo, o “deus” e a “fe” representadas polas dúas cruces das torres) enganáraa con outra. Aquela falla da nenez volveu abrirse. Voltou, remexendo sobre ela os nuboeiros dos ciumes, o “Paxaro Pánico”. Sivvy sentiuse de novo abandonada, traizoada. E, coma na infancia, dúas forzas contrarias turraron dela ata tronzala: a arela de morrer e arela de sobrevivir. Nun principio, primou o pulo vital, transformado en carraxe: Plath liberou toda a rabia contida dende cativa, tentando “asasinar” dentro de si ise pai, esa mai e ise marido que, con razón ou sen ela, agora vía coma pexas no camiño da súa Liberación. De aí poemas coma “Papi”, coma “Medusa”, coma “Purdah” ou coma a extraordinaria “serie das abellas”. De aí o libro todo de Ariel: a mostra palpable de que, unha vez máis, “Dona Lázaro” deu en renacer.

         Daquela –preguntámonos todos os que a admiramos–, por qué se suicidou Plath? Por qué chegou mesmo, nalgún intre, a maxinar a morte da súa filla e do seu fillo, ós que adoraba, como fixo Medea e faría Assia Gutman, “a outra” muller, o seu “dobre”, a súa “rival”? Ninguén o sabe. Ninguén pode sabelo. É imposible explicar, e moito menos xulgar, o pasamento de calquera ser humano que pon fin ós seus días, pois quén desexa realmente morrer cando se mata? Quén non devece por vivir plenamente e ser feliz? En xeral, todos somos escravos da nosa mente, dos nosos pensamentos, das nosas –erróneas, subxectivas– percepcións, das nosas sensacións e reaccións... Máxime cando estamos afundidos. Sylvia Plath houbo de sufrir enormemente pra chegar a asfixiarse con gas (“igual ca unha xudía”). Sabemos, iso si, que durante os últimos meses, todo se puxo en contra súa: o desamor, a soidade, o baleiro, un frío desolador, a carencia de auga e de luz, o non xantar, o non durmir...

O luns 11 de febreiro de 1963, Victoria Lucas, a suposta autora d’A campá de cristal, era una muller esgotada e desesperanzada a feito: pouco antes Ted Hughes lle confesara que Assia Gutman viña de empreñar, e, que nesas circunstancias, era imposible que il volvese con ela. Aquela noite tan xeada, queréndoo ou sen querelo, finou a pequena Sivvy que tantas veces voltara á vida. Aquil día tan aciago morreu o ideal, finou a estrela dourada daquela sereíña de trece anos, e, asemade, naceu imparable o mito dunha escritora xenial que, con a penas trinta anos, nos deixou esta pedra volcánica que, agora, ó fin late nas nosas maos.  

 

CANDAYA PUBLICA "RONDA MARSÉ"

CANDAYA PUBLICA "RONDA MARSÉ"

La trayectoria narrativa de Juan Marsé, como afirma Ignacio Echevarría, se cuenta entre las más insólitas y atractivas de la literatura española contemporánea. Desde esta convicción y con un propósito reivindicativo, y hasta justiciero, Ronda Marsé ofrece un recorrido por casi 50 años de indagación crítica en la obra del escritor barcelonés.

Entre los 78 textos, cuidadosamente seleccionados por Ana Rodríguez Fischer, se recogen las personalísimas lecturas (a veces divergentes) de escritores que, desde los más veteranos a los más jóvenes, pasando por los propios compañeros de generación, reconocen en Juan Marsé a un indiscutible maestro. Junto con ellas, se incluye la puntual recepción crítica de su obra, algunos ensayos de indiscutible rigor académico firmado por prestigiosos profesores universitarios y una completa bibliografía. 

Ronda Marsé pretende convertirse en una guía de lectura imprescindible para todo aquel que quiera adentrarse en el poliédrico universo de este escritor “singular y obligatorio” (como lo definió su amigo Vázquez Montalbán). Desde su naturaleza plural y polifónica invita al lector a un verdadero festín de interlocutores.

 Este volumen es el cuarto de una serie iniciada con Enrique Vila-Matas, Roberto Bolaño y Ricardo Piglia.

 *Nota de la editorial Candada, cuyos editores son Francisco Robles y Olga Martínez. Esta estupenda foto de claroscuro corresponde a Consuela Bautista de El país.

 

LA FIESTA DE LA LITERATURA

LA FIESTA DE LA LITERATURA

Escribe esta mañana José Luis García Martín en su sección “Ventanas de papel” de ABCD Cultural -ese suplemento que tanto estimo por múltiples razones. Una de ellas es la gratitud: colaboré en él con absoluta felicidad durante dos años largos; otra, la cantidad de buenos amigos que trabajan en él-:

 

“Abro Los demonios del lugar (Almuzara), de Ángel Olgoso, relatos de terror. La fiesta de la literatura nunca se termina”.

*La foto es de Genevieve Naylor.

NACEN LAS EDICIONES DE LA LIBRERÍA CÁLAMO

NACEN LAS EDICIONES DE LA LIBRERÍA CÁLAMO

Este próximo martes, 28, a las 20.00, se realiza la fiesta-presentación del nuevo sello editorial Las Ediciones de la Librería Cálamo. Se inicia con los relatos de José Luis Rodríguez, Tres horas; el ensayo poético Un mundo en construcción de Alfredo Saldaña, y el poemario Puente de hielo. Cantata en andrajos de Jorge Riechmann. Los editores del nuevo sello, vinculado a la librería de Francisco Goyanes, serán el poeta David Mayor y el poeta y editor de Eclipsados Nacho Escuín.

*Un fotografama de la película Jennie con Jennifer Jones.

XOÁN ABELEIRA ANALIZA EN ADN A SYLVIA PLATH

XOÁN ABELEIRA ANALIZA EN ADN A SYLVIA PLATH

[La joven periodista Marta Peirano publica en el periódico ADN un estupendo artículo sobre la “Poesía completa” (Bartleby Editores) de Sylvia Plath: “La chica que quería ser Dios”. Y además, le envía un pequeño cuestionario al traductor Xoán Abeleira, donde él le contesta a estos cinco epígrafes sobre su trabajo, la vida y la obra de Sylvia Plath y su marido Ted Hughes.]

 

El libro. Por lo que yo sé, ésta es la primera traducción de los Collected Poems de Sylvia Plath que se realiza en castellano, y la segunda o tercera que se publica en el mundo (a pesar de ser uno de los libros de poesía más reeditados de la segunda mitad del siglo XX). Desde luego, no creo haber resuelto todos los "enigmas" léxicos, sintácticos, metafóricos... que los poemas de Plath entrañan (incluso para los especialistas anglosajones) pero sí creo haber aportado muchas posibles soluciones a los mismos, mejorando, en buena medida, la calidad de las pocas traducciones que había hasta el momento (la mayoría de ellas, muy defectuosas).

El volumen incluye casi doscientos poemas inéditos en el ámbito hispanoamericano, así como la única traducción de la edición restaurada de Ariel que Frieda Hughes publicó en el año 2004. Siguiendo su edición y las pruebas aportadas por otros críticos, hemos corregido las erratas y la puntuación no sólo de los de Ariel sino también de algún otro poema mal transcrito en su momento.

Así que, el lector y la lectora de habla española, cuenta, en cierto sentido con dos libros a la vez: la Poesía Completa de Plath, y el poemario Ariel tal y como ella lo dejó antes de morir.

¿Por qué Plath? Por la misma razón que Rimbaud, Apollinaire o Desnos. Cuando empecé a traducir, hace ya veinticinco años, lo hice impulsado por los mismos motores que me llevaron a escribir: la pasión y el ansia de "conocimiento espiritual" -digamos. Eso que, en un poemario homónimo, definí como identidad. Y esa pasión y ese ansia, lejos de menguar con el tiempo, se han ido intensificando a medida que he ido "desentrañando" las obras de los y de las poetas que, literalmente, amo: padres y madres, hermanos y hermanas que, en muchos momentos de nuestra existencia, nos ayudan -e incluso nos enseñan- a vivir. A sentir. A Ser. 

A Plath, comencé a traducirla hace unos veinte años, cuando publiqué la primera versión que se realizó en castellano de "Tres mujeres" y de Árboles de invierno (en las revistas Cuadernos Hispanoamericanos y Quimera). Dos décadas después, me di cuenta de que, la única manera de "rescatar" a Plath en España, era traducir los Collected Poems, y decidí apostar por una editorial "pequeña", independiente, en vez de por una "grande", integrada en alguno de los grupos capitalistas que imperan a su antojo. Y debo decir que acerté, que acertamos, pues Pepo Paz, el editor de Bartleby, no sólo se implicó de manera extrema en el proyecto sino que me trató como muy pocos editores tratan a los traductores y las traductoras: con suma dignidad.    

La labor, en efecto, fue ardua pero muy, muy satisfactoria, pues, al realizarla, me percaté, más que nunca, de la genialidad de Plath. Como dije el día de la presentación en la FNAC de Madrid, comentando unos versos de "Cementerio en noviembre", en más de una ocasión tuve que parar de traducir, deslumbrado ante el talento, casi increíble, de esta mujer que comenzó a escribir y a publicar con nueve años y que, a su cortísima edad, dejó, cuando menos, unos cincuenta poemas incontestables, varias obras maestras de la lírica universal, una gran primera novela, varios relatos hermosos y un diario y una correspondencia de máximo interés. Ni siquiera Lorca, que también era un genio, habría dejado semejante herencia de haber muerto a los treinta años.  

Ted Hughes. Mi admiración por la obra de Sylvia Plath es pareja, en efecto, a la que siento por la de Ted Hughes -un poeta que también me ha influido enormemente. De Hughes también traduje una pequeña antología hace años, en la revista El Urogallo. Antología y, a la vez, ensayo que, ahora, he ampliado en gallego y forma parte de un libro en ciernes titulado Catro olladas, catro ventás (Cuatro miradas, cuatro ventanas).

Más de una vez me he planteado la posibilidad de publicar un libro entero de Hughes, pero, por ahora, quiero dejar de traducir por un tiempo.  He abordado una treintena de autores y de autoras. En estos últimos tres años, he traducido cuatro libros: dos en gallego (Porca terra, de John Berger, y O viaxeiro astral, de Jack London, con cerca de doscientas notas) y dos en castellano (Plath, y una biografía de Anna Ajmátova, que también incluye muchos poemas suyos). Ahora quiero volver a mi propio trabajo, y sacar adelante varios libros de poemas, relatos y ensayos que llevan parados demasiado tiempo!  

La evolución de Plath. No creo haber descubierto nada, en ese sentido, que no hayan descubierto en su día Ted Hughes (también un excelente crítico, y, quizás, quien más ha comprendido la obra de Plath) y los escasos grandes especialistas que existen sobre su obra. Pero me han llamado especialmente la atención: 1º) el enorme dominio técnico, métrico, que alcanzó Plath en muy pocos años; 2º) la manera "concatenada", casi "irracional", como una suerte de escritura automática, en la que Plath crea sus imágenes; y 3º) su intenso amor por las palabras y sus diversos sentidos (idéntico al de Rimbaud, o al de Dylan Thomas: cosa que dificultó aún más esta labor, pero que también me enseñó mucho!). 

Respecto a estos tres puntos, podríamos decir que la diferencia entre la primera y la última etapa de Plath es que, en ésta, todas esas virtudes, todos esos logros poéticos ya están plenamente asimilados, interiorizados. En ella, todo fluye ya de manera propia y natural. Y, en el caso concreto de la imaginería, sin el "lastre" de la conexión "lógica": como si el inconsciente de Plath hablase "a chorros", libremente, sin ningún freno -por mucho que ella retocase luego sus versos. Por eso los poemas de Ariel parecen tan "herméticos", a veces; pero, por eso mismo, nos resultan tan increíbles y hermosos.  

La muerte de Plath. Es imposible "juzgar", explicar la muerte de cualquier ser humano que decide poner fin a sus días. ¿Quién desea realmente morir cuando se mata? ¿Quién no desea vivir plenamente y ser feliz? En general, todos somos esclavos de nuestra mente, de nuestros pensamientos, de nuestras percepciones, de nuestras sensaciones y reacciones...

Máxime cuando estamos psicológicamente enfermos, deprimidos.

 Sylvia Plath, una mujer que amaba con toda su alma a su marido, una madre con dos hijos a los que adoraba, una escritora que sabía que había empezado a crear una gran obra... debió de sufrir enormemente durante sus últimos días para llegar a matarse. Sabemos que todo se puso en contra suya: el desamor, la soledad, la sensación de fracaso, de vacío un invierno terrible que le acarreó un sin fin de problemas domésticos... Sabemos, sobre todo, que estaba física y psicológicamente agotada.

Por la nota que dejó, es probable que confiase en que, al final, alguien la salvase. Como la primera vez. No lo sé. Nadie puede saberlo. Lo que sí sé es que su muerte fue una inmensa pérdida para los que hallamos en su poesía muchas y grandes razones para seguir viviendo. Porque Ariel no es el libro de una mujer que ansía matarse sino el de una mujer que luchó, como siempre lo había hecho, por superar su crisis y renacer una vez más: igual que Lady Lázaro.  

*Autorretrato del autor de "Identidades" (Hiperión) y de la traducción de Sylvia Plath.