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Antón Castro

Escritores

'LA ISLA DEL CINE': POEMA DE MI LIBRO 'EL MUSGO EN EL BOSQUE' (PUZ, 2016)

'LA ISLA DEL CINE': POEMA DE MI LIBRO 'EL MUSGO EN EL BOSQUE' (PUZ, 2016)

LA ISLA DEL CINE

 

El Cine Real era un paraíso en la oscuridad.

El centro de todas las fantasías, la isla del tesoro,

el campo de pruebas de las primeras pasiones imposibles:

íbamos al cine en los fines de semana a enamorarnos

irremediablemente. Antes de conocer el amor,

y quizá antes de haber saboreado el mar y sus mareas,

en la plenitud de la inocencia a punto de quebrarse,

quisimos a Ava Gardner, Edwige Fenech, Claudia Cardinale, Elsa Martinelli,

amábamos los ojos negros de Concha Velasco

y sus muslos deslumbrantes que no exigían ningún desnudo.

El Cine Real era como un refugio, tierra adentro,

mientras caía la lluvia y se encenagan las calzadas

y los campos de maíz y nuestras arboledas pobladas de caballos.

Todo podía suceder en el cine. En la pantalla, en nuestra

quimérica cabeza, en el temblor inesperado de la entrepierna

o quizá dos butacas más adelante, más atrás o en las de al lado.

O en aquel gallinero sombrío que olía a incertidumbre

y tentación. A veces solo batallaba la asfixia de los besos.

 

Todo podía suceder. Y un día, sábado, tercera y última sesión,

la de las diez, se estremecieron los planetas

y el silencio oscuro y mi corazón, zarandeado de súbito.

De repente, con su faldita breve y sus ojos encendidos,

apareció Isabel, mi prima, la que tenía molino y furgoneta,

la que había perdido un novio en el servicio militar,

allá en las marismas de Cádiz. La llamé y se sentó a mi lado.

Aproveché el NO-DO. Y le dije al oído las triviales confidencias

de quienes llevan algunas semanas sin verse.

Luego le hablé de lo poco que sabía de la película.

Se titulaba El día de la ira y la protagonizaba uno de mis actores favoritos: Giulianno Gemma.

El malo malísimo era Lee Van Cleef. Un pistolero torvo.

 

No tardó en empezar la sesión.

Yo la miraba de reojo sin ser visto, o eso creía,

pero pronto me di cuenta de que ella hacía algo parecido.

Un brillo lateral parecía despertar centellas en su rostro.

O una luna gigante de misterio que irrumpe tras el vendaval.

Ladeó la cabeza hacia mi rostro y percibí su piel suave,

la olorosa textura de su media melena negra y arbolada de leves rizos.

Hubo un instante en que me cogió las manos, quizá fuese

solo la mano izquierda. La memoria me duele y me traiciona.

La llevó a su boca y la acarició con los labios.

Juraría que noté la humedad de su lengua.

El terciopelo de su saliva. La carnal densidad de mi propia lumbre.

La apretó, cedió en su presión, jugueteó con los dedos,

uno a uno, de dos en dos, no sé si recuerdo bien o lo invento.

Y entonces, cuando se levantaba el polvo y retumbaba

en el centro del desierto que avanza con su silbo de sierpe,

condujo mi mano hacia su pierna y allí la dejó, a solas,

con el afán quizá de que llegase hasta el centro inexpugnable.

La mano y mi pánico se quedaron indecisos, perplejos,

como quien teme arrojarse hacia el fondo de un precipicio.

 

Isabel, diez o veinte minutos después, me besó la oreja.

Me digo ahora, me justifico tal vez, tantos años después:

se impacientó de esperar y de mala conciencia.

Me sentí su amante secreto. El galán clandestino de la función

que aún no sabe cómo pecar en la penumbra.

Me puso una moneda en la mano y me la cerró con suavidad.

Era el tesoro inesperado de la isla del cine.

«Tengo que irme –dijo-. No soporto las películas del oeste.

Espero que sepas guardarme el secreto, primo».

 

 

Ha pasado más de media vida. El doble del tiempo del olvido.

A veces en la oscuridad, aún la siento: cercana, temblorosa, con los pies descalzos

y la falda corta de una actriz que desordena y paraliza mi deseo.

 

*La foto es de Nikola Borissov (Sofía, Bulgaria, 1990).

-De 'El musgo del bosque' de Antón Castro. Prensas Universitarias de Zaragoza: La Gruta de las palabras. Zaragoza, 2016. 81 páginas.

 

CALASSO, PREMIO FORMENTOR 2016

CALASSO, PREMIO FORMENTOR 2016

 

[En la foto del jurado podemos ver a Victoria Cirlot, Ramón Andrés, Francisco Ferrer Lerín, Basilio Baltasar y Vicente Verdú. Están en el espléndido hotel Barceló-Formentor.]

 

Desde hace unos años, se ha recuperado el Premio Formentor de las Letras. Hasta ahora lo habían recibido Juan Goytisolo, Carlos Fuentes, Javier Marías, Enrique Vila-Matas y Ricardo Piglia. Este año se ha ensanchado, además de a las lenguas hispánicas, al portugués, italiano y francés, y el galardón de 2016 ha recaído en el editor, ensayista y novelista italiano Roberto Calasso en reconocimiento al conjunto de su obra, una distinción dotada con 50.000 euros. Se entregará en las próximas Conversaciones Literarias de Formentor que están previstas para el mes de septiembre.

El jurado, presidido por el escritor y editor Basilio Baltasar, ha reconocido la «prosa alumbradora». de Calasso, cuya obra «integra en un ambicioso discurso corrientes filosóficas, estéticas y morales de muy diversa procedencia».

El jurado de la edición 2016 -que completan la catedrática y ensayista Victoria Cirlot, el historiador del arte y de la música Ramón Andrés, el poeta y narrador Francisco Ferrer Lerín, un barcelonés afincado en Jaca desde hace más de treinta años, y el ensayista y sociólogo Vicente Verdú-, ha resaltado de Roberto Calasso que «la amplitud de campos de conocimiento que abarca su mirada constituye el fundamento mismo de la cultura humanista tal y como será rescatada por la posmodernidad».

Algunos libros destacados del intelectual italiano, que en los últimos años ha impartido clases en la universidad de Oxford, son ‘Los cuarenta y nueve escalones’, ‘La literatura y los dioses’, ‘Cien cartas a un desconocido’, ‘Ka’ y ‘Las bodas de Cadmo y Harmonía’, casi todos ellos publicado por el sello Anagrama de Jorge Herralde. Otro de sus libros es ‘K’, un estudio sobre Franz Kafka; con ‘El rosa Tiépolo’ se acercó a la pintura con originalidad. Roberto Calasso nació en Florencia en 1941 y vive en Milán, está casado con la escritora suiza Fleur Jaeggy y es editor del prestigioso sello Adelphi; primero fue editor, luego consejero delegado y actualmente es presidente.

Para los miembros del jurado «el arte del ensayo alcanza en Roberto Calasso una de sus más altas expresiones». El escritor Pieto Citati dice que posee «una cultura inmensa» y el inolvidable Leonardo Sciascia, poco dado a la lisonja, dijo poco antes de su desaparición: «Sus obras están llamadas a no morir. Calasso es uno de los pocos escritores de raza que tenemos».

FERIA DEL LIBRO EN TAUSTE

FERIA DEL LIBRO EN TAUSTE

He pasado buena parte del día en Tauste, que celebraba su Feria del Libro. He ido con David Francisco y Reyes Guillén, editores de Pregunta y distribuidores. A ellos, como siempre, les ha ido bastante bien; suelen decir que se conforman con poco. He firmado tres libros de ‘Los Sitios de la Zaragoza inadvertida’ y uno de ‘El dibujante de relatos’ (Pregunta) en Librería Central donde compartí firma con José Antonio Bernal y con Jose Videgain y con todo el equipo de Casanova senior y junior. Y de Olifante se vendió 'Seducción' (2014).

Andaban por allí algunos de los habituales: Pablo de librería Prólogo, a quien le compré el libro ‘La vaca’ de Augusto Monterroso; la escritora Sandra Araguás, que me firmó dos de sus últimos libros; Fernando Jiménez Ocaña, que llevaba los fondos de Onagro y algunos de los libros de viejo, adquirí un volumen coral de ‘Zaragoza’ de 1967 de la IFC y él me regaló ‘La Segunda Guerra Mundial’ (Círculo de Lectores) de Manu Leguineche y me dijo que está a punto de salir un libro suyo sobre historias asombrosas y sorprendentes del Antiguo Testamento; en Taula compré el nuevo libro que han sacado de Xaudaró, el primer cómic de España: ‘Fantásticas aventuras de Tifo y Tif’, que prologa el especialista Antonio Martín y que cumple 101 años. Al lado estaba Malavica con el activísimo Xcar, entre otros títulos tenía ‘Los guionistas’, la novela gráfica de Roberto Malo y Moratha, muy divertida sobre el mundo del cine porno.

También andaban por allí Pepito y Julia y Eloy, de Librería Antígona, y la ilustradora y Premio Nacional de Ilustración Elisa Arguilé, que dio un taller de dibujo de dos horas con los niños; todos ellos, además, ofrecieron los fondos de sinPretensiones con la nueva edición de ‘Seis leones’ de Daniel Nesquens y Alberto Gamón… Y también había otras librerías de Tauste, la Asociación Boira de Ejea o la Asociación el Tapiaz de Tauste, tan activa siempre con sus publicaciones, actas y revistas. Se ha rendido homenaje a Cervantes y Shakespeare, cuyos espectros han pronunciado el pregón. Mariano Lasheras, que encarnó a Shakespeare, ofreció una sesión de cuentacuentos para los niños… Hubo más cosas, sin duda. Hablé largo y tendido con Trinidad Ruiz-Marcellán con vistas a un libro sobre Marcelo Reyes, que saldrá en vísperas del verano.

Y cuando nos íbamos, llegaban los Titiriteros de Binéfar para preparar su concierto musical y festival para la caída de la tarde. Cerca ya de Garrapinillos, en Torre Medina, hemos parado a tomar un café con David y Reyes y un señor, Félix Ferrer, me pidió si le podía firmar un autógrafo. David Francisco ha salido al coche y ha vuelto con un ejemplar de ‘El paseo en bicicleta’ (Olifante, 2011) y ese ha sido el regalo para Félix del Primero de mayo.

TEXTO DE LOS V PREMIOS SIMÓN

120 AÑOS. LA GRAN NOCHE DE LA ILUSIÓN*

Soñadores, distinguido público, queridos telespectadores:

La película de esta noche tiene 120 años y empieza con el titilumundi, con El Farrusini o con el Cinematógrafo Coyne. Más tarde aparecen Los Jimeno y retratan a la multitud, en 1899, a la salida del Pilar de una misa de doce. Segundo de Chomón irrumpe desde Teruel con trucos de mago, Luis Buñuel inventa el surrealismo en Calanda y sus descampados, y dice que entiende el cine como instrumento de poesía. Florian Rey logra el más difícil todavía y encuentra la piedra filosofal del cine popular.

Luego, con esa suave terquedad del país, aparecen, entre muchos otros, Saura desde Huesca, Forqué, Artero, Borau, Castellón, Moncayo Films, Eduardo Ducay, que acaba de irse de puntillas, justo a tiempo para volver a ser recordado en los premios Simón. Era el hombre total del cine y esta tierra de polvo, niebla, viento y sol es el territorio inagotable de las fantasías y los sueños.

Nuestra película de 120 años avanza por escenarios inverosímiles y tan reales como las montañas, los humedales o los desiertos. Hemos sido plató de aventuras como se empeñó en demostrar Félix Zapatero, que conversó con Sancho Panza-Johnny Depp en las grutas del monasterio de Piedra. Somos protagonistas y secundarios imprescindibles. Y ahí seguimos ensanchando la luz, buscando historias, personajes, atmósferas, con otras miradas, con nuevos profesionales, llenando de imágenes y más imágenes el álbum de todos los deseos. Hay equipos, salas, festivales, proyectos, públicos, algunos apoyos: Aragón alimenta, gozosamente, la enfermedad del cine.

Estamos como nunca. Se cimbrea un arbusto y detrás hay un cineasta; sopla el cierzo en las esquinas y aparecen actrices y actores, fotógrafos, operadores de cámara, maquilladoras, directores de arte, guionistas, productores, músicos; pasea uno por Independencia y se encuentra con Luisa Gavasa, recién coronada con el Goya. Te tomas un café en Gambrinus, vienen los del Academia del Cine Aragonés (ACA) y gritan: “Más cine e industria, más cine aragonés, por favor”. Esto es un sinvivir. Y ahora, por fin, llega la tele. Felicidades por esta primera década.

 

Esta es una gran velada. El ritual de la creación, la ceremonia donde nos reconocemos todos. La noche de un sinfín de creadores vivísimos, ambiciosos, que burlan la crisis y el IVA. Tienen mucho que decir, tenéis mucho que decir, y que dar a ver. El cine es la mejor ilusión. Es el arte para todos. Un espacio para vivir y una forma de respirar. Así que sigamos trabajando para el desenlace más feliz: en la oscuridad casi siempre percibimos la compañía más segura. ¡Anda, anda, bésame tonto!, le dice Luisa Gavasa a Fernando Esteso, la extraña pareja soñada. 120 años. Qué peliculón.

 

*Texto de la gala de los V Premios Simón.

RECUERDO DE ALEJANDRA PIZARNIK

RECUERDO DE ALEJANDRA PIZARNIK

[Ayer se cumpían 80 años del nacimiento de una gran poeta, dietarista y traductora de vida breve, Alejandra Pizarnik, a la que siempre he admirado y leído con mucho gusto. Este texto glosa, en buena medida, su 'Diarios' que publicó Lumen. Fue muy amiga de Julio Cortázar y se escribieron mucho.]

Amor, miedo y locura de una poeta

 

“El invierno da miedo, miedo a que se vaya”, escribió la poeta y traductora Alejandra Pizarnik (Buenos Aires, 1936-1972), una de esas mujeres que pertenece al que algunos han llamado “el club de las poetas suicidas”, que acoge a autoras tan importantes como Sylvia Plath, Anne Sexton, Marina Tsvetaieva, Ana Cristina César, Florbela Espanca o a su propia compatriota, a la que tanto admiró en sus inicios, Alfonsina Storni; dice de ella: “Pienso en su muerte y me acongojo”. Alejandra Pizarnik fue una mujer especial, con mucha fuerza en medio de la inclinación hacia la melancolía: una gran lectora desde niña, capaz de hablar de su pasión por César Vallejo (glosaba sus poemas y en un momento lo comparó con Antonio Machado, de quien dijo: “Me aburre”), por Proust, por la citada Storni o por los poetas Mallarmé y Rimbaud, muy especialmente, y los surrealistas. Y también Vicente Huidobro. Y Neruda. Ya desde muy joven aseguraba que sus modelos o referentes eran Dante, Shakespeare, Goethe, Bach y Goya, casi un quinteto insuperable. También podría haber añadido a Van Gogh, de quien escribe con mucho cariño.

Pizarnik llevó desde los 18 años un “diario de escritora”. Hace algunos años, Ana Becciú, publicó una amplia selección de este proyecto. Luego apareció una nueva edición de más de mil páginas de sus ‘Diarios’ (Lumen) con otras aportaciones, aunque la prologuista dice que ha sido respetuosa con Pizarnik, con su familia y con terceras personas. Es decir, aún quedarían textos íntimos sin publicar.

Alejandra Pizarnik es una escritura de culto. Obsesionada por la palabra y por encontrarse a sí misma. La escisión del yo es su tema capital. Vivía en la incertidumbre y en el vacío. Bebía agua sin parar, quería estar siempre muy delgada, tendía a compararse con su hermana y estaba dispuesta a abordarlo casi todo: el periodismo, la pintura, la filosofía y las letras, sobre todo la poesía. Dijo: “Poesía es lirismo, es experiencia de la palabra”. La relación con sus padres, sus historias de amor (con chicos y con chicas; declara en varias ocasiones que se siente atraída por ellas) y sus orgasmos, su búsqueda constante, su atracción hacia Buenos Aires, su doliente impresión de soledad.

Todo el rato, a los 18 y poco antes de la despedida, sigue buscando su ser. Era capaz de escribir así: “El viento es un trozo de oxígeno disfrazado de fantasma que vaga silbando una canción que nunca pasa de moda”. Y, de repente, con insólita lucidez, confesaba: “La miopía exalta la individualidad. Verme a mí perfectamente y a los ‘otros’ como pobres seres borrosos”. Cursó varias carreras, pero no acabó ninguna. Y finalmente convirtió a la literatura en su pasión. Le interesaron el periodismo, la filosofía pura, que no abandonaría jamás, y las letras. Mostrará un obsesivo intento de componer un libro perfecto, una novela. Escribió: “Quisiera pensar en algo sublime”.

Quizá por ello siempre tenía una sombra: “Me duele la existencia”, era una de sus frases favoritas. También era sincera: “Siento un espeso vacío y una gran oleada de euforia sexual”. Entre 1960 y 1964 vivió en París y allí hizo de todo: colaboró y publicó en revistas, redactó poemas, tradujo a grandes poetas como Aimé Cesaire, Henri Michaux o Antoni Artaud, se sintió afín a Paul Celan y estableció algunas amistades muy hermosas y fructíferas con Octavio Paz, Julio Cortázar o Rosa Chacel. Años más tarde, se cartearía con el escritor y artista manchego, afincado en Aragón, Antonio Fernández Molina.

Al principio, la novela en marcha de la existencia de esta mujer peculiar -que leyó con gusto al místico aragonés Miguel de Molinos y que sentía la urgencia de “apaciguar mi furiosa necesidad del amor”- era prolija en detalles y sensaciones. Poco a poco la prosa fue adelgazándose como su propia poesía: lo mismo escribía “dormí todo el día” que confeccionaba listas, decía en forma de telegrama que había leído a Djuna Barnes, que sufría “desequilibrio” o que debería “conseguir un empleo”. Poco antes de tomar 50 pastillas de barbitúricos (Veronal), intuyó: “El arma del poeta es la locura”. No en vano, uno de sus mejores libros es ‘Extracción de la piedra de locura’ (1968).

 

CARLOS MONTERO, UN DIÁLOGO

Carlos Montero (Celanova, Ourense, 1975) ha ganado el Premio Primavera con 'El desorden que dejas', una novela sobre la ausencia, el acoso escola y la obsesión que sucede en un lugar imaginario que bien podría ser un cruce entre Mondariz y Allariz. Conversé con él hace algunas semanas en Zaragoza.

-¿Qué le da y qué le quita como novelista ser guionista de series de televisión?

-Me da más que me quita. El guion es un principio y la herramienta para que todo un equipo se ponga en marcha y la novela es un fin.

-¿Cuándo redacta los guiones, cómo trabaja?

-En compañía de otros, mediante la tormenta de ideas. Nos reunimos cuatro, cinco o seis guionistas. Estamos dos o tres o cuatro semanas pergeñando tramas y decidiendo, y ahí hacemos los momentos fuertes, (esta se queda embarazada, esta se muere, esta vive un amor secreto…) y luego vamos trabajando los guiones de cuatro en cuatro, por ejemplo. Cada guion lo escribe un guionista. Si yo soy el creador y el coordinador de la serie todo pasa por mí y soy el encargado de darle unidad evidentemente. Un tono.

-En su novela percibo una obsesión por las tramas.

-Llevo quince años escribiendo tramas para televisión. Es algo innato en mí. Me siento muy seguro escribiendo tramas y, francamente, creo que no soy malo haciéndolo. Y te apoyas en lo que sabes que más o menos manejas bien. He sido un buen lector desde niño de todo. De adolescente me atrevía con obras que no eran para mi edad, yo leía 'Trópico de Cáncer' y 'Trópico de Capricornio' de Henry Miller con trece o catorce años… Imagínese qué pasaría, sobre todo, con 'Trópico de Cáncer': unos calores rarísimos e intensos. Henry Miller fue un descubrimiento para mí. Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que me ha marcado mucho más de lo que yo había pensado nunca.

-¿Por qué?

-Todas mis series siempre han tenido un componente sexual porque para mí el deseo es muy importante. Y también es muy importante para los jóvenes: como no tienen límites, y los están probando, se atreven con todo y van a muerte. Como personajes son poderosísimos.

-¿Existe algún otro escritor como más sofisticado o literario que le haya marcado?

-No. Yo he sido un lector bastante normalito. Me gustaría presumir de leer a Enrique Vila-Matas, que lo he leído y que me gusta, sí, pero mentiría si le dijera que me ha influenciado o que ha sido capital en mi formación. Y de mis paisanos los gallegos, mi escritora favorita es Emilia Pardo Bazán, y en concreto 'Los Pazos de Ulloa'. Esa novela la he vuelto a leer el verano pasado y me encanta. Me gusta muchísimo también Gonzalo Torrente Ballester: 'La saga-fuga de JB' o 'Los gozos y los sombras'. Conecto muy bien con él… Tiene una literatura muy transparente que espero yo tener algún día. Torrente quiere muchísimo a sus personajes y eso a mí también me pasa. Incluso los malos y perversos me interesan…

 

-¿Usted será como un príncipe en esto no, 'Física y química', 'Al salir de clase', la adaptación de 'Entre costuras'…?

-No me quejo, pero aquí te miden por el último trabajo que hiciste. Si fracasas, tienes que volver a luchar para recuperar tu prestigio.

-Vayamos con 'El desorden que dejas'. ¿Cómo nació la novela?

-Pensé en esa nota de la profesora, le dicen: “Tú no vas a tardar en morir”. Esa imagen me vino a la cabeza. Y me dije: ¡Ostras! Y esos chavales, ¿por qué le están diciendo eso? Voy a tejer toda la trama que cada vez se iba intrincando e intrincando más como exige todo buen thriller. Inventé un lugar imaginario, para evitar suspicacias. Soy muy fan de la novela escandinava, de la novela negra, y me apetecía un poco coger ese paisaje, que muchas veces exterioriza el interior de esos personajes. Esa tormenta interior que está en el paisaje. Y qué mejor que Galicia, que además es mi tierra y la conozco bien. Y a todo ello se suma ese elemento opresivo que tienen los pueblos.

-El personaje que genera la acción y el misterio es Elvira, la profesora muerta, aunque usted aborda más asuntos...

-La profesora Raquel, que llega al colegio, tiene mucho miedo de acabar convirtiéndose en Elvira, Viruca. No se sabe bien qué pasa: Raquel se sumerge en esas aguas procelosas, turbias en las que acabó muerta misteriosamente Viruca, la profesora que tanto intrigará a Raquel, la protagonista.

-¿Qué tema quería abordar en la novela?

-La ausencia.

-¿La ausencia? Puede parecer que el acoso escolar.

-No, no, no. Es la ausencia. Yo me valgo de esa trama para contar lo que a mí me interesa, el desorden que deja una ausencia, el desorden que deja la ausencia de Viruca y el desorden que va a dejar la ausencia que todos los personajes están sufriendo. La propia Raquel siente de manera especial la ausencia, la paraliza y teme que esa ausencia sea también la de su marido, con quien no se entiende del todo… Yo comparo la ausencia de la muerte con la ausencia de una ruptura amorosa. Es igual de dolorosa y de incomprensible, sobre todo cuando rompen contigo y tú no lo querías, ahí se produce un trauma horroroso. A veces, claro, las rupturas son una liberación. Esa ausencia es demoledora y tienes que aprender a reordenarlo… Raquel y Germán están en crisis: hay cariño, hay amor, pero no acaba de funcionar. Raquel se aferra a él porque tiene mucho miedo a estar sin él.

- Y a la vez surge por ahí otro amor…

-Se obsesiona tanto con Viruca que se acabará enamorando de su marido. Raquel es, en ciertomodo, una doble de Viruca y se parece un poco a mí. En su situación yo haría cosas muy parecidas. Entiendo esa fragilidad emocional… Mi reto era hacer una novela apasionada con gente muy poco apasionada

 

-Perdone que insista. Si la ausencia es el tema central, ¿qué me dice del acoso escolar?

-El acoso escolar es una cosa muy brutal. Siempre se cuenta el acoso de alumnos a alumnos, pero se cuenta menos el de los alumnos a los profesores. Si se ven las estadísticas, resultan brutales e inconcebibles el acoso de alumnos a profesores.

-¿Tienen alguna responsabilidad los profesores en el acoso que sufren?

-Alguna tienen, sí. La debilidad de carácter muchas veces ayuda, no se imponen en clase, no muestran autoridad, no se hacen respetar… De hecho en un instituto hay profesores que son acosados y otros que no. Hay algo de responsabilidad. Y también de los padres desde que se ponen incondicionalmente de parte de los alumnos. Hace veinte años alguien te decía, “su hijo es un cafre” y al llegar a casa le reñías. Ahora es al revés; los padres le dicen al profesor: “el cafre será usted”. Se ha roto la corriente de respeto y de admiración.

-¿Ha querido hacer sociología de la juventud?

-Para nada. No quiero que los tres jóvenes implicados en el acoso sean un modelo de nadie. Es verdad que yo los hago muy perversos y muy manipuladores. Son nativos digitales que tienen un control absoluto de las redes sociales. Ellos han nacido con eso y se sienten muy seguros. Son adolescentes y exhiben esa fuerza y ese poder que tienen en la vida.

 

¿Cuáles son sus preocupaciones de estilo y lenguaje?

Me gustaría  que la historia fuese tan poderosa que diese la sensación de que el escritor desaparece. Yo a eso lo llamo un estilo transparente. Yo adoro a John Irving porque sus historias me encantan. Es uno de los escritores más amados. Por otra parte, le debo mucho a Stieg Larsson…

 

¿En qué medida se siente un cronista o un sociólogo?

Tienes que estar pegado a la actualidad y alerta de que lo está sucediendo en el mundo. Escribo para ir abriendo puertas en vez de ir mirando por atrás. Me gusta estar a la vanguardia, anticipar cosas que van a suceder. Por eso me gustan tanto series como ‘Turno de oficio’ o ‘Segunda enseñanza’: fueron pioneras, se adelantaron a cosas que iban a pasar.

 

*La foto de Carlos Montero pertenece a 'La Razón', es de la fotógrafa Connie G. Santos, zaragozana y ex modelo (de Andrés Ferrer y javier Cebollada, entre otros), la tomo de aquí: 

http://www.larazon.es/documents/10165/0/498x332/0c0/0d0/none/10810/OIFV/image_content_4417658_20160219023634.jpg

PREMIOS SIMÓN: OTRA GRAN NOCHE DE 'LA NOVIA' DE PAULA ORTIZ

PREMIOS SIMÓN: OTRA GRAN NOCHE DE 'LA NOVIA' DE PAULA ORTIZ

La Novia, de Paula Ortiz, gran vencedora

de los Premios Simón 2016

 

·         La película de Paula Ortíz, La Novia, se lleva cinco estatuillas: Mejor LargometrajeMejor Dirección, Mejor Interpretación (por el papel de Luisa Gavasa), Mejor Dirección Artística  y Mejor Vestuario dentro de la Categoría Especial. 

·         Mejor Documental para Eduardo Ducay. El cine que siempre estuvo ahí de Vicky Calavia.

·         Milkshake Expres, dirigido por Miguel Casanova, Simón al Mejor Cortometraje.

·         Ritmo veraniego del grupo Dadá se alza con el Simón al Mejor Videoclip.

 

El cine aragonés volvió a vestirse de gala este viernes con motivo de la celebración de los Premios Simón 2016 con los que la Academia del Cine Aragonés (ACA) ha querido rendir homenaje a la primavera del cine de la tierra. Por vez primera el lugar encargado de albergar el evento ha sido la Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza que ha tenido que colgar el cartel de No hay entradas en esta ocasión. Se trata también de laprimera edición retransmitida por Aragón Televisión, el mismo viernes 29, a las 22.30.

 

En esta ocasión, la velada, con tintes mucho más televisivos que en ediciones anteriores, ha contado con la actriz Irene Alquézar como presentadora e hilo conductor del evento, quien contó sobre el escenario con las actuaciones de la Joven Orquesta de Bandas Sonoras de Zaragoza -que interpretó varios temas creados por Jesús Aparicio-, Los Tres Norteamericanos, que protagonizó dos actuaciones, y unas palabras del periodista Antón Castro.

 

Sin duda, uno de los grandes protagonistas de la velada ha sido Fernando Esteso, que ha recibido el Simón de Honor de la mano del realizador aragonés Ciro Altabás. Minutos antes, José Ángel Delgado, presidente de la ACA, y Antonio Tausiet, vicepresidente, dedicaban un emotivo discurso dedicado a los académicos y a la prolija industría del cine aragonés en uno de sus años más fructíferos.

 

Los ganadores de la quinta edición de los Premios Simón, alusivos a Luis Buñuel y su obra Simón del Desierto, han sido: La Novia, película dePaula Ortíz, que se ha alzado además de con el premio a Mejor Largometraje, con los galardones a Mejor DirecciónMejor Interpretaciónpara Luisa Gavasa, Mejor Dirección Artística para Jesús Bosqued y Pilar Quintana y Mejor Vestuario dentro de la Categoría Especial para Arantxa Ezquerro; convirtiéndose así en la gran premiada de la noche con un total de cinco galardones de los ocho que se entregaron.

En cuanto al Premio Simón al Mejor Documental fue para Eduardo Ducay. El cine que siempre estuvo ahí de Vicky Calavia. Una obra dedicada al productor recientemente fallecido y homenajeado con el Simón de Honor en la tercera edición de los premios, Eduardo Ducay. 

El Simón al Mejor Cortometraje recayó sobre Milkshake Expres del joven Miguel Casanova, mientras que el premio a Mejor Videoclip fue para Ritmo veraniego del grupo zaragozano Dadá.

 

A la fiesta del cine aragonés acudieron, como viene siendo habitual, los académicos y miembros de la ACA, productores, realizadores, actores y profesionales del sector audiovisual, así como autoridades de Zaragoza, Huesca y Teruel. Más de 1.600 personas que no han querido perderse la velada en la que se ha rendido homenaje al duro esfuerzo de quienes integran el sector del cine aragonés.

 

Los V Premios Simón, cuya dirección evento ha corrido cargo de Carlos Val y Raúl Ortega, han sido posibles gracias al patrocinio del Gobierno de Aragón, los Ayuntamientos de Zaragoza, Huesca y Teruel, Aragón Televisión, la Asociación de Comerciantes Don Jaime, Ámbar, el Sindicato de Actores y Actrices de Aragón, AISGE, CPA Salduie, Los Enlaces, Universidad San Jorge, la Filmoteca de Zaragoza, Global Make up, el Instituto Francés, SOMMOS, Topi, Petronila, Ana Isabel Marco, Bogaloo, Empanadilla, Tartaruga, Un Perro Andaluz, Teatro de la Estación, Madmouse, Chilindrón, Cosmos Fan, Cubit y Bahnhof.

Una edición muy glamurosa

Este año, la Academia del Cine Aragonés ha querido dotar de más glamour a sus premios de la mano de unas invitadas muy especiales: seis bloggers de moda aragonesas que han seleccionado a los más elegantes de la noche. Finalmente el Simón Glamour ha recaído sobre la actriz Iris de Campos y el operador de cámara Alberto Martín. El jurado ha estado formado por Mary Carmen Bozal (Curvasg); Beatriz Farjas (Preppyandpretty), Susana Tejedor (Masqueropa), Isabel Carrasco Berges (Isabelberges), Beatriz Ibañez (beatrizibanez85) y Patricia Pallarés (Trendyshopper).

Las chicas han ido vestidas por las tiendas Skandalo Deluxe, Cuatro 2, Martha Peters, Gloria Visiedo, Cruz Temprado y Dolores Promesas.El maquillaje y los peinados correrán a cargo de Eva Pellejero.

 

La foto es de Aránzazu Navarro. Y la noticia la remite Camino Ivars. La redacción es suya.

 

TACHIA BELLA, EL OTRO AMOR DE GABO

TACHIA BELLA, EL OTRO AMOR DE GABO

TACHIA BELLA: UN AMOR EN PARÍS
DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

El gran amor de Gabriel García Márquez fue Mercedes Barcha, una joven de Sucre, de cabello liso y moreno, a la que se le declaró cuando tenía trece años. Se casaron en 1958 y han vivido juntos hasta el último instante. García Márquez la llamaba “el cocodrilo sagrado”. Pero en su vida hubo otros amores: una prostituta que le descubrió el placer en la adolescencia y, sobre todo, Concha Quintanar, a la que su amante Blas de Otero llamo Tachia.
Se conocieron en 1955, cuando García Márquez trabajaba de corresponsal de ‘El Espectador’ en París. Sobrevivió como pudo, gracias a la generosidad de Madame Lacroix, la dueña del Hotel de Flandre, y a la de Tachia, que cuidaba niños, limpiaba casas y hacía radio. Esta historia la han revelado Plinio Apuleyo Mendoza, Gerald Martin, sus biógrafos, y la propia Tachia, que ha recordado que Gabo no era su tipo pero que poseía un verbo florido y una capacidad increíble de seducción. Se amaron durante nueve meses, y fue una relación apasionada, vibrante: Tachia se quedó embarazada y sufrió un aborto. Pasaron tantas penurias que el escritor las trasladaría a ‘El coronel no tiene quien le escriba’, donde ella era “la coronela”. Tachia era actriz y solía recitar poesía por cafés y pequeños teatros, y García Márquez le daría un texto fundacional: ‘Isabel viendo llover en Macondo’. Le escribió: “Por eso me alegra tanto de que tú lo digas por ahí, por el mundo, porque todo fue como una premonición. Te mando, pues, un beso de bendición con todo el amor”. Tras la pérdida de la criatura, y comprometido Gabo con Mercedes, se separaron. Iría a despedirla a la estación de París. Allí estaba Tachia con sus ocho maletas, o dieciséis, según él; luego regresaría a París y se casaría con un ingeniero.
Gabo no la olvidaría nunca, y en ‘El amor en los tiempos del cólera’ volvería a recordarla: hace que su heroína padezca sordera de un oído como la actriz de Eibar y a la vez le dedicó la edición francesa del volumen. Podría ser la Nena Daconte de ‘El rastro de tu sangre sobre la nieve’, que se pincha con las espinas de una rosa. La llamaba “Tachia bella” y acabaría siendo gran amiga de Mercedes Barcha. Gabo la invitó a acompañarlo cuando le dieron el Nobel.
[El texto lo publiqué en 'Cuentos de domingo' en Heraldo.]
La foto de Concha Quintanar, Tachia, la tomo de aquí.
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