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Antón Castro

Escritores

MARIANO ANÓS: TRES POEMAS

MARIANO ANÓS: TRES POEMAS

Mariano Anós es actor, director de teatro, pintor y poeta, entre otras cosas. Acaba de publicar un nuevo poemario, 'Sitios Saragosse' en el sello Lastura. Ayer, en el ciclo Parnaso 2.0, leyó varios poemas. Entre ellos, el primero que aparece aquí. Me ha mandado, con su cortesía habitual, tres textos de su nuevo libro. 

 

EL CORO DE LOS HÉROES MUERTOS

 

 

Pero nosotros cánticos y honores: eso recibiremos.

Cánticos y honores, nosotros, los héroes muertos de la muerte

natural de la guerra.

Retumbar de tambores, estridor de trompetas y también:

Rimas, nombres de calles, sesiones académicas, medallas.

Cataratas de frases rimbombantes donde chorrillos era mísera la

sangre.

Hace frío.

Hay ruinas de sudores,

excrementos del miedo,

cascotes de los tímpanos del héroe

donde el cantar, donde el amor, donde la risa había,

donde la tregua del escalofrío

o el trémulo mirarse de los atardeceres a la vera del río del otoño.

Agujeros el héroe, agujeros de piedra sin paisaje,

agujeros el cuerpo, los ojos, la camisa, la muerte de los héroes

 muertos.

Cordilleras de cuerpos como piedra reventada,

atronados de oír no sonidos triunfales ni espantosos: sólo ecos,

remotísimos ecos de tormentas de tiempos imposibles,

memoria desollada de cráneos sin memoria:

que el estruendo del héroe consiste en perder toda memoria

para memoria sólo de los otros no mudos, no sordos, no inventados.

Tiempo sin tiempo alguno,

derribo de la historia,

material de silencio.

Callad pues. Sólo fluyan océanos y ríos y gotitas de niebla sigilosa.

Propáguense agujeros llenando las palabras una a una

y llenando las pausas, el aliento, los músculos del verbo.

Y las admiraciones: ¡por favor, agujeros en las admiraciones!

Hablen los agujeros de la Historia,

la Historia de la Muerte universal, de la Peste universal, del Heroísmo

universal:

la estúpida Maestra de Muerte y de Peste y de Heroísmo.

Por eso se hablará pero no hablará nadie.

El teatro hablará. El teatro que no es nadie.

El teatro que es humo y espectro tembloroso de agujeros de humo.

Hablará la memoria ardiendo sola.

Hablarán cuerpos mudos, sordos, inventados.

Tiempo sin tiempo alguno,

derribo de la Historia,

material de silencio.

 

 

 

GALERÍA DE PERSONAJES: EL EBRO Y EL MAR

  

EBRO.- Galería de personajes: el Ebro.

Si digo yo, ¿quién digo? Si digo río, si digo Ebro,

¿digo sólo fluir de lo que es otro?

¿Digo sólo miradas que me hayan recorrido?

¿Hablo sólo de sueltos chapoteos bulliciosos gozando del rigor de los

agostos

que me han hecho creer en el sueño de la vida como un río?

Dicen Ebro y me cantan soltando a chorro el aire los pulmones,

vibrando enrojecido en gargantas, en lenguas, en encías,

en dientes que dejaran por cantarme de apretarse.

Ah cráneos, cartílagos y músculos de aquellos que, en el río que era

otro,

en hermoso desorden saltaban en batallas de amores ruborosas,

aquellos cuyas pieles relucían al sol de los agostos

recamadas de gotas que no fueron a dar en la mar.

Yo sordo los escucho, yo olvido los recuerdo

cuando ahora me cantan con un aire muy otro, con odio y con pavor,

marchando estupefactos a tareas de matarse.

Y yo ciego contemplo la sangre que me crece

y la arrastro hasta el mar.

 

MAR.- Galería de personajes: el mar.

 

EBRO.- El mar, el mar, el mar, el mar, el mar:

el personaje ausente que es siempre el personaje verdadero,

el que tiene razón, el que vigila, el que calla por nosotros,

el que dice la muerte sin objeto, el peor, el incesante, el que faltaba.

 

MAR.- Sí vigilo, sí callo, sí falto estrepitoso interrogando,

me inmiscuyo, me estrello, me encrespo de romperme como antiguo

oleaje de la muerte.

Remota Zaragoza, tú, personaje ausente.

Tú Ebro que no existes, tú me vienes con cárdena memoria.

Tú deyección de memoria podrida, tú desagüe estentóreo de sangre,

tú diario de espectros como todos los diarios,

tú me quitas el sueño sin tregua en mi tarea de engullir la basura del

mundo,

excremento de industrias de codicia,

cementerio de vida envenenada.

 

EBRO.- Sí, yo te llevo, yo nadie, yo sucia comitiva de la muerte,

yo borbotón de lágrimas de madres antiguas como lágrimas de

mármol.

Tú bálsamo de brea, tú amoroso perfume de salitre.

Yo te alimento sin cesar de los restos del naufragio de la tierra,

naufragio  de los hombres afanados en tareas de tener,

en tareas abyectas de tenerse,

en tareas de un tiempo medido por batallas, por huesos calcinados,

por relojes de lágrimas en punto.

 

MAR.- Sí, yo remoto, yo nadie, yo sacudo, yo arrastro las noticias de la

nada,

yo pálido clemente recojo la furia de la piedra de los días

y vuelvo suave arena, consejera de nadie, minúscula advertencia

que cae entre los dedos de nadie y que cae en los oídos de nadie y

nadie escucha.

Sólo la estridente gaviota se escucha, la más cruel, la del pico

ensangrentado.

Sólo las noticias se escuchan estridentes, las noticias

que son siempre noticias de la guerra.

Nadie lee la música que escribo con arena sobre arena,

la música de arena.

Nadie escucha la música que toco con olas sobre olas,

la música de olas.

Tú, Ebro, tú emisario de la sangre,

tú que vienes y vienes y no vuelves, vuelve por una vez

y llévales que lean mi música de arena y que escuchen mi música de

olas.

 

EBRO.- Yo no leo, no escucho, no vuelvo, no sabe, no contesta, no

existe.

Yo sé lo que no existe y yo sé lo que existe demasiado.

El resto se evapora y se evapora la memoria y Zaragoza se evapora

para siempre.

Yo soy lo que no ha sido y ya se ha ido para siempre.

Soy lo que todo el mundo sabe: soy tú, mar, somos el líquido teatro de

la muerte.

 

PREGUNTAS A LOS MUERTOS

 

 

Vosotros que estáis fuera descansando de este circo de estúpidos horrores,

vosotros que estáis muertos, ¿tenéis sueño?

Vosotros que no andáis a grandes pasos entre ratas hambrientas,

¿sabéis si va a haber siempre emperadores?

¿Oís vosotros, azaroso público,

las pausas que permiten distinguir las heridas de los besos?

Vosotros que no sois, ¿tejéis bufandas?

¿Habéis hecho, vosotros que no tenéis bandera,

recuento de gusanos victoriosos?

¿Sudáis vosotros ciegos si amanece?

¿Podéis desconocer, vosotros sin recuerdo,

la muerte de uno solo de los vivos?

Vosotros sin palabra, ¿tenéis tiempo?

Vosotros que estáis muertos,

¿soñáis como nosotros con la vida?

 

 

*Mariano Anós en 'Sigue la tormenta'.

LA POESÍA DE ZAVATTINI, EN BARTLEBY

Selección de poemas de Cesare Zavattini/Cobijarme en una palabra (Bartleby, 2016. Traducción de Juan Vicente Piqueras)

 

MEI TASÉR

Véta véta, cus’èla? Mei tasér.

An vrés mia disturbà chi du là

chi è dré a gusars’ in mès a l’erba.

 

MEGLIO TACERE

Vita vita, cos’è? Meglio tacere.

Non vorrei disturbare quei due là

che si stanno chiavando in mezzo all’erba.

 

MEJOR CALLAR

Ay, la vida, ¿qué es? Mejor callar.

No quisiera molestar a aquellos dos

que están gozando en la hierba.

 

 

DIU

Diu al ghé.

S’a ghé la figa al ghé.

Sul lö al pudeva invantà

na roba acsé

cla pias a töti a töti

in ogni luogo,

ag pansom anca s’an s’ag pensa mia,

apena ca t’la tochi a cambióm facia.

Che mument! long o curt al saióm gnanca.

La fa anc di miracui,

par ciamala

an möt

a ghé turnà la vus.

Ah s’a pudés spiegaram ma

l’è dificil

cme parlà dal nasar e dal murir.

 

DIO.

Dio c’è.

Se c’è la fica c’è.

Solo lui poteva inventare una cosa così,

che piace a tutti a tutti

in ogni luogo,

ci pensiamo anche se non ci pensi,

appena tu la tocchi cambi faccia.

Che momento, lungo o corto non si sa.

Fa anche dei miracoli,

un muto

per chiamarla

gli è tornata la voce.

Ah se potessi spiegarmi ma

è difficile

come parlare del nascere e del morire.

 

DIOS

Dios existe.

Si existe el coño, existe.

Sólo él podía inventar una cosa así,

que les gusta a todos, a todos

en todas partes,

que piensas en él hasta cuando no piensas

y si lo tocas te cambia la cara.

¡Qué momento! Largo, corto, no se sabe.

Hace incluso milagros:

sé de un mudo

que recobró la voz

para nombrarlo.

Ay, si pudiera explicarme,

pero es difícil

como hablar del nacer y del morir.

 

 

LA BASA

O vést an funeral acsé puvrét

c’an ghéra gnanc’al mort

dentr’in dla casa.

La gent adré i sigava.

A sigava anca mé

senza savé al parché

in mes a la fümana.

 

LA BASSA

Ho visto un funerale

così povero

che non c’era neanche

il morto nella cassa.

La gente dietro piangeva,

piangevo anch’io

senza sapere il perché

in mezzo alla nebbia.

 

LA BASSA

Una vez vi un funeral tan pobre

que no había ni muerto en el ataúd.

La gente iba detrás llorando.

Iba llorando yo también

sin saber por qué

a través de la niebla.

 

CHI PASA DAL ME PAES AD NOT

Chi pasa dal me paes ad not al pensa

costi i é fora ad töt, in dn’atar mond.

Nisön inguinarés in stu silensi

che dés chi stava propria in sti ca ché,

tant zuvan ch’i é ancor viv li madr’e i padar,

i ià impicà

pochi dé pröma della pace.

 

CHI PASSA DI NOTTE DAL MIO PAESE

Chi passa di notte dal mio paese pensa

questi sono fuori di tutto, in un altro mondo.

Nessun indovinerebbe

in tanto silenzio

che dieci che stavano proprio in queste case qui,

tanto giovani che sono ancora vivi madri e padri,

li hanno impiccati

pochi giorni prima della pace.

 

SI ALGUIEN PASA DE NOCHE POR MI PUEBLO

Si alguien pasa de noche por mi pueblo

puede pensar éstos viven lejos de todo, en otro mundo.

Nadie imaginaría en medio de este silencio

que a diez de los que habitaban estas casas,

tan jóvenes que aún viven

sus padres y sus madres,

los colgaron

pocos días antes de que llegara la paz.

 

*Tomo la foto de aquí: 

http://gazzettadireggio.gelocal.it/polopoly_fs/1.13020124.1456406607!/httpImage/image.jpg_gen/derivatives/detail_558/image.jpg

LIBRO DE PEDRO ÁLVAREZ DE MIRANDA

Una lectura imprescindible para quienes aman la lengua.

"Tenemos aquí un libro singularísimo que, a través de una serie de animados y refrescantes enfoques sobre rincones de la lengua, nos lleva a reflexionar con provecho sobre lo mucho que puede esconderse detrás de cada palabra, de cada frase que sale de nuestros labios o recogen  nuestros oídos. Eso significa enriquecer nuestra mente. Lo mejor que podemos pedir a un libro"

Prólogo de Más que parabras, por el académico Manuel Seco.

Este libro nace de la pasión por las palabras y por la determinación de asediarlas filológicamente, de escrutar cómo surgen y cómo viven en el único medio en que cabe atraparlas: los textos. Cada capítulo trasciende lo aparentemente anecdótico con el fin de reflexionar sobre asuntos que atañen a la lengua de todos, como por ejemplo: la norma y el uso, la variabilidad y vida de las palabras, el presunto empobrecimiento del léxico...

En los ensayos de Más que palabras se adoptan posturas de tolerancia y de cierto relativismo en materia normativa; mas, aun situándose un poco a contracorriente, no cae el autor en el laxismo del «todo vale». Son mayoría los que están relacionados con el vocabulario, pero también los hay de tema gramatical, y otros se ocupan de problemas ortográficos, discrepando en ocasiones, con denodado afán razonador, de ciertas decisiones de la Academia.

Puedes leer el primer capítulo de Más que palabras en este enlace.

Copia de pedroPedro Álvarez de Miranda (Roma, 1953) es catedrático de Lengua Española de la Universidad Autónoma de Madrid y miembro de número de la Real Academia Española, en la que dirigió la 23ª edición del Diccionario y es actualmente bibliotecario y director de la Escuela de Lexicografía Hispánica. Perteneció durante trece años al Seminario de Lexicografía que en dicha Academia elaboraba, bajo la dirección de don Manuel Seco, el Diccionario histórico de la lengua española. También ha sido presidente de la Sociedad Española de Estudios del Siglo XVIII y en la actulidad es vicepresidente de la Asociación Internacional de Hispanistas. Pertenece al patronato de la Fundación Menéndez Pidal. Ha dado cursos y conferencias en numerosas universidades de España, Francia, Italia, Reino Unido, Estados Unidos y Canadá.

En su obra abundan los temas lingüísticos, literarios y de historia cultural. Muchos de ellos versan sobre la historia del léxico y los repertorios lexicográficos. Palabras e ideas: el léxico de la Ilustración temprana en España (1680- 1760) obtuvo el Premio Rivadeneira en 1992. Los diccionarios del español moderno (2011) recoge sus trabajos sobre lexicografía española de los siglos XVIII al XX.

MANUEL VILAS: DISCURSO DE RECEPCIÓN DEL P. DE LAS LETRAS ARAGONESAS

[El pasado viernes, en el IAACC Pablo Serrano, Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962) recibía el Premio de las Letras Aragonesas de 2015. Pronunció un emocionante discurso que rendía homenaje a su padre, a algunos escritores, a Barbastro, a Aragón, al humor y, por supuesto, a la democracia, a la libertad y a la literatura. Manolo tiene la gentileza, a petición mía, de enviarme el texto. Un rotura de fibras me impidió oírlo en directo. Algunos amigos, Pepe Melero, entre ellos, me habían anunciado que era conmovedor y muy hermoso, y aquí está la constatación. Mil gracias a Manolo y enhorabuena. Aquí vemos una foto suya de Daniel Mordzinski.]

 

Por Manuel VILAS

 

Excmo. Sr. D Javier Lambán, Presidente del Gobierno de Aragón

Ilma Sra Censejera de Educación, Cultura y Deporte, María Teresa Pérez

Autoridades

Señoras y Señores

Amigos todos

 

       Es para mí un honor y una alegría la concesión de este Premio, pues se trata de la máxima distinción que otorga Aragón al mundo de la literatura, y se hace además al conjunto de una trayectoria. Y es un honor también unirme a la nómina de prestigiosos escritores que lo ganaron en anteriores convocatorias y entre los que se encuentran muy buenos amigos míos. Por tanto, vaya mi más sincero agradecimiento a los miembros del Jurado, al Gobierno de Aragón en su conjunto y a todos los que han hecho posible este premio y luchan por la muy necesaria y necesitada dignificación del ejercicio de la literatura en nuestra comunidad.

       Comencé a escribir con quince años. Mi primer libro lo editó la zaragozana Institución Fernando El Católico en 1982, como consecuencia del fallo del Premio San Jorge de Poesía de 1980, en donde mi manuscrito titulado El Sauce mereció una mención honorífica. Fue un libro que escribí cuando tenía diecisiete años.

       En el azar de ese Premio anidó mi vocación futura de escritor. Porque en el azar vive la misteriosa belleza de las cosas. En el jurado de ese premio de 1980 estaban escritores que, muchos años después, serían buenos amigos míos, como Rosendo Tello y Ana María Navales.

       En el verano del 2015 me encontraba trabajando en la edición del volumen de mi Poesía Completa, que se editó este pasado mes de febrero, y revisando este libro adolescente, me acordé de que cuando murió mi padre descubrí en su cartera un recorte de prensa de “Heraldo de Aragón” del mes de marzo de 1980, en donde se daba noticia del fallo del Premio San Jorge y aparecía mi nombre.

       Era la primera vez que mi padre veía el nombre de su hijo escrito en un periódico. En estos últimos meses he pensado mucho en ese día en que mi padre vio por primera vez el nombre de su hijo escrito en un periódico, pues ese día existió y ese pensamiento también existió. Pienso que debió de darse cuenta de que los tiempos estaban cambiando, de que se movían las cosas. Y digo todo esto porque mi padre no pudo estudiar. A los doce años le quitaron del colegio y, como a tantos otros jóvenes de la posguerra, lo pusieron a trabajar. Y digo igualmente todo esto porque estoy íntimamente convencido de que si mi padre hubiera podido estudiar, habría sido escritor. Hace tal vez más de treinta años, descubrí unas cuartillas en un armario con la caligrafía de mi padre: contenían un listado inacabable de palabras que comenzaban por la letra “a”. Mi padre, casi en una tarea borgesiana, se estaba aprendiendo de memoria el diccionario. Me quedé pasmado cuando vi esas cuartillas. Por eso adoro los diccionarios. Con un diccionario en la mano, la mentira se desvanece.

       Si yo he acabado siendo escritor fue por el enorme esfuerzo histórico que hizo gente como mi padre, que ayudó con su sacrificio silencioso a que este país cambiara. En España todo ha costado un enorme esfuerzo, cosa que la gente olvida. Hay que ser agradecido, muy agradecido con los que tuvieron menos suerte que nosotros. Millones de seres humanos tuvieron menos suerte que nosotros. A veces me preguntan los periodistas que si se viven hoy malos tiempos para la lírica. Yo siempre contesto esto: malos tiempos para la lírica, infinitamente malos, los vivieron Federico García Lorca y Antonio Machado.  Si tenemos escritores hoy en España, y en particular en Aragón, se debe a la justicia social y a la extensión de la educación pública y la cultura a todas las clases sociales. Si no fuera así, yo no estaría aquí en este momento.  

       Cuando era joven mi padre se compró con gran esfuerzo las obras completas de Franz Kafka, de Ernest Hemingway, de John Dos Passos, de Lajos Zilahy, de Pearl S. Buck y de Stefan Zweig. El mayor tesoro bibliográfico y sentimental que conservo son las obras completas de Kafka editadas en piel.

       ¿Dónde compró esos libros mi padre?, nunca se lo pregunté. No lo entiendo por qué no le pregunté eso nunca. Creo que la Historia avanza, lentamente pero avanza. O al menos avanzaba hasta el año 2008. Para eso está la literatura, para hacer avanzar la Historia. Mi padre nunca leyó a Kafka, pero lo acabé leyendo yo, de cabo a rabo, en las obras completas en edición de lujo que él compró. Kafka revolucionó mi mundo literario, pero lo hizo por la mano de mi padre, eso quería decir, porque me parece otro hermoso azar y el azar es el dueño de la vida.

       Mi padre me transmitió el amor a esta tierra, a Aragón. Lo he dicho en muchos poemas y en muchas ficciones. A él le gustaban los pueblos de la provincia de Huesca. Le gustaban los Pirineos. Le gustaba mirar las montañas. Le gustaban mucho Jaca y Benasque. Tenía amigos en Teruel y en Alcañiz. Una vez, hace muchos años, me llamó un amigo de mi padre desde Alcañiz para decirme que había leído un artículo mío en el Heraldo de Aragón y que le había gustado mucho. Conocía todos los pueblos de montaña. Conocía a todos los sastres de Teruel. En 1988 se empeñó en que un sastre del pueblo de Alagón me hiciera un traje a medida. Y me acuerdo de ese viaje: mi padre y yo yendo a Alagón, con el extraño cometido de que un sastre de allí me hiciera un traje a medida. No era cualquier traje, tenía que ser un traje de alpaca. Parecía un relato de Franz Kafka. Y le fascinaba Barbastro. No he visto a nadie en mi vida tan fascinado con su ciudad natal. Mi padre conocía muy bien a la gente de Barbastro, seres humanos que ya no están en este mundo, pero que representan el tránsito de la vida sobre la tierra. Mi padre parecía un Marqués sin marquesado, o con el marquesado abolido, como bien pudiera haber dicho el poeta Jaime Gil de Biedma. Todos estos años que han pasado desde su muerte a veces me parecen irreales, y reales solo los años que viví a su lado.

       Cada vez que piso la ciudad de Barbastro es como si mi padre volviera de entre las sombras. Y con él, regresan decenas de otras sombras, y mezclo la vida y la muerte. Mi padre viene con las sombras de sus viejos amigos. Y hay mucha belleza en todo esto.

       He viajado mucho en esto últimos tiempos, he estado en ciudades maravillosas de medio mundo, he estado en las grandes urbes y he escrito sobre ellas, pero mi enigma, el gran enigma de mi existencia está en Barbastro. Todo cuanto aún no sé está escondido en Barbastro. Todo cuanto sé me lo dijo Barbastro.

       He vivido muchos años en Zaragoza. He escrito mucho sobre Zaragoza. La conozco mejor que un taxista. Para conocer bien una ciudad, hay que recorrerla con tu coche, hay que pisarla con cuatro ruedas debajo. Y hay que andarla. Y yo lo hice. He estado en sitios de Zaragoza fantasmagóricos, irreales, teatrales, góticos, inenarrables. Llevé Zaragoza a mi literatura, pero permitidme la inmodestia, lo hice desde planteamientos literarios nuevos o personales. Ni mejores ni peores que los planteamientos literarios que otros escritores han utilizado a la hora de ubicar sus ficciones en Zaragoza, sino distintos. Zaragoza, en mis ficciones, dejaba de ser la Zaragoza histórica, realista, amable, sentimental, entrañable y pequeñoburguesa, para convertirse en una ciudad impersonal, inhumana, hostil, ácida, simbólica, provocativa y posmoderna. Lo hice por amor, para que no la perdiéramos, para que Zaragoza no se quedara varada en el tiempo, como un hermoso reloj decimonónico que ya no da la hora pero que nos gusta contemplar.

       Yo quise que el reloj diera la hora. Ese fue mi intento, tal vez no lo conseguí, probablemente no lo conseguí, pero intentarlo sí valía la pena. Al fin y al cabo, la literatura que a mí me gusta es la literatura que se atreve, aunque pierda la partida. Yo siempre he escrito por amor. Si no, nada tiene sentido. Pensé que había que modernizar la representación literaria de Aragón, y eso hice. Y lo hice por amor a mi vida y al lugar donde mi vida sucedía. Pero en literatura todo suma, y cualquier punto de vista es compatible y enriquecedor. Eso es lo bueno de la literatura y de la cultura: que es un sumatorio de voluntades artísticas que dan la medida de la civilización y de refinamiento de una comunidad. Cuantas más y variadas representaciones literarias haya de Aragón, más compleja y fértil será nuestra literatura.

       Bien sabe Dios que no me gustan los victimismos políticos, pero creo que Aragón es una tierra maltratada históricamente. Una tierra deshabitada, amordazada y olvidada. En Barbastro aun estamos esperando que la Generalitat catalana devuelva los bienes eclesiásticos expoliados. Somos una tierra robada. Aragón es casi un desierto humano, y lo digo con  dolor y con rabia. Veo la despoblación, esos inmensos territorios sin nadie, y veo mucha injustica. Aragón es casi un gran monumento a la injusticia. Hemos sido demasiadas veces la España que no le importa a nadie. Llevamos encima la soledad de los Monegros. Pero es imposible explicar España sin Goya y sin Buñuel. Tal vez la cultura y la literatura puedan ser una forma de reclamar protagonismo y redención histórica. Creo, en ese sentido, que la literatura en Aragón vive, desde hace ya unos cuantos años, un buen momento. Mucha gente me lo pregunta en Madrid, ¿pero qué pasa en Aragón que hay tantos escritores? Siempre contesto lo mismo: pasa que Aragón existe, eso pasa, que no estamos muertos. Creo que en otros momentos nos ha faltado la autoestima y nos han sobrado las zancadillas.

       Cuántas veces en mi vida, cuando estaba por ahí, viajando, me he encomendado a San Luis Buñuel, porque San Luis Buñuel es nuestro protector. No lo he dicho todavía, y ya es hora de decirlo, los aragoneses tenemos un arma de destrucción artística de dimensiones atómicas, y es nuestro sentido del humor. Yo me siento nieto de Luis Buñuel. Y aquí sí quiero ponerme un poco dogmático, solo un poco. El humor aragonés no se basa simplemente en la idea del humor somarda. No es un humor grueso ni tosco ni fácil. El humor aragonés es metafísico, culto, despiadado, y extremadamente inteligente.

       Es muy difícil que nadie iguale a un creador aragonés en  el cultivo de la ironía, la ironía es la forma más saludable de la expresión de la inteligencia.  En literatura no hay nada más serio que el sentido del humor.

       Y en el humor, se empieza siempre por uno mismo. Cuando sabes reírte de ti mismo, pero de una forma inteligente, y si eres aragonés, entonces San Luis Buñuel siempre te auxiliará, nunca te dejará en la estacada.

       Creo en el humor que nos legó Luis Buñuel, y que desde el humor un hombre o una mujer puede alcanzar incluso la libertad. Porque de eso estamos hablando cuando hablamos de literatura, hablamos en última instancia de la libertad.

       He tenido la suerte de poder escribir en una democracia. He escrito en libertad. No puedo dejar de acordarme de los países en donde esto no es posible. Y soy muy consciente de que mi país es libre y sé que esa libertad fue ganada con la sangre de mucha gente. Por respeto a esa sangre, siempre defenderé la libertad y la democracia contra todos aquellos que quieren derribarla con demagogias de todo tipo, de toda procedencia. Si no me han metido nunca en la cárcel por lo que escribo, es gracias a la democracia. Porque en realidad la literatura y la democracia son la misma cosa. Y a la vez que un escritor debe explorar la literatura hasta los límites de la inteligencia humana, también un pueblo debe explorar la democracia, desarrollándola hasta donde sea posible, hasta donde pueda alcanzar la libertad. He ejercido mi libertad en mis libros. He escrito toda clase de libros. He escrito poesía, novela, relatos, ensayo, periodismo. He escrito libros tristes y libros divertidos. Libros de todos los colores. Me gusta escribir. Reinventarme en cada libro. Ahora bien, abras el libro mío que abras, casi seguro que te encuentras con alguna calle de Zaragoza o con alguna montaña de Huesca.

       Y, después del tiempo, me gustará pensar que, en el fondo, solo soy o solo he sido un aragonés más que ha intentado hacer bien su trabajo. Mi trabajo son las palabras, luchar a muerte con las palabras, y domarlas. Mi trabajo es escribir frases perfectas. La vida puede ser imperfecta, pero me dejaría matar antes de escribir una página imperfecta. Prefiero el fuego del infierno a la imperfección de una página salida de mi mano. Ese es el oficio de escritor. Ese es mi trabajo.

 

MUCHAS GRACIAS

BUSUTIL: SIRENAS DE AURORA LUQUE

BUSUTIL: SIRENAS DE AURORA LUQUE

La traductora de sirenas

Por Guillermo BUSUTIL* [La Opinión de Málaga]

 

La estación del mar acaba de abril. Es mayo el primer azul que cantan sus sirenas invitándonos a encontrar el deseo de su regazo. Un viaje que exige, ante las posibilidades de la muerte y del placer, leer a fondo a Aurora Luque. Cualquiera de sus bitácoras poéticas, Hiperónida, Las dudas de Eros, Carpe mare, Camarada de Ícaro o Personal y Político entre otras, y en especial Los limones absortos: una caracola de sus voces elegidas derramándonos su poesía del mediterráneo. Una antología editada por la Fundación Málaga y que anda orillada en las casetas de la malagueña Feria del Libro venida a menos. Casi hasta el punto de naufragio. Un destino que amenaza curiosamente cuando su enclave es hermoso e idóneo para entablar una buena relación entre libros y lectores. El paseo del Palmeral tan de moda en el trasiego de nativos y turistas, y donde atracan frente a las retinas digitales de los selfies el yate de recreo de Bill Gates, los balandros de la marina griega con su esbeltos Ulises de azul abotonado o un submarino turco que parece huir del desguace. Hay otras tardes en las que las gaviotas levantan al crepúsculo olas envioletadas y destellos anaranjados al costado de los 64 metros de eslora de La Sultana, el elegante barco espía que en los sesenta surcó el mar Negro, consignado hoy en yate de lujo por la agencia Pérez&Cía que oferta travesías de amor a 17 nudos.

Este es el paisaje escénico que alberga las blancas casetas de las librerías, cuyo número mengua como si cada año una enigmática mano las comiese del tablero de una partida económica y en jaque presupuestario entre lo público y lo privado, el oficio de librero y la desgana de la feria. En ese encuadre de cada tarde sureña despeinada en sombras, la literatura es una tristeza a dieta, el compungido rostro de los autores cada vez más locales o auto publicados que firman a lo largo de las horas solas en las que los lectores trabajan o apuran la playa. No tiene sentido, bajo el calor de Málaga, ofertar actos a las cinco y a las seis de la tarde ni echar el cierre a las nueve, cuando la brisa se pone sus zapatos blancos y las conversaciones se van de terrazas. También se echan en falta, al margen de la presencia de escritores de talla, solventada con Vicente Gallego y Ricardo Menéndez Salmón, actividades -más allá de los talleres de encuadernación y de escritura que tan poco dan en una semana- que tomen el pulso a lo que sucede actualmente en la literatura o su diálogo con estos tiempos que desarman a diario el talento, el precio y la necesidad de la palabra. Y tampoco se entiende que a nadie de la administración de esta feria se le haya ocurrido organizar algún evento de las letras en torno al mar que la apaisa al socaire del muelle. Quién sabe si algún cercano mayo, al pie de sus escaleras de embarque, el Palmeral será realmente el oasis del libro y su fiesta.

En esta destemplanza cultural adquieren mayor protagonismo Los limones absortos de Aurora Luque y su poesía emergente de las aguas matriarcales que impregnan la estirpe clásica de su lenguaje y su actualización coloquial, sobre las que habla Chantal Maillard en las primeras páginas de este libro. Igual que si su prólogo fuese la rosa de los vientos del mapa que nos viaja al desencanto de los sueños y del tiempo. Y a un heterodoxo posicionamiento lírico en relación con la cultura de los mitos, la realidad carnal y el intimismo de la batalla en compromiso ético. En el fondo y en la piel, la poesía de Aurora Luque es su diálogo con el oleaje de su propia vida. También con lo que sucede dentro del poema como construcción formal y música de fondo. Siempre lo ha hecho. Poema a libro, en público y en confidencia: celebrar la experiencia vital a través de la poesía. Y en ese propósito (fecundado por sus lecturas de Cernuda, de Sophia de Mello y de Emily Dickinson junto a la helenística impronta clásica) embarca en lo cotidiano la emoción y su misterio, la sensualidad y la reflexión, el conocimiento y la convicción. Al igual que el lenguaje como erótica y como política.

En este bilingüe libro (español y traducido al italiano por Paola Laskaris) balneario de la edad que se renueva, Aurora Luque es más que nunca Ariadna de un mar que ovilla en sus versos, que ata y desata en los poemas con los que lo apresa, lo desnuda, lo ama, lo consume, lo conduele y lo libera. Ariadna de un mar en cuyo laberinto de mitos se adentra de nuevo –imposible le resultaría no hacerlo-, argonauta y maga en busca de las sirenas del deseo que, muchas mareas más tarde, danzan en su naufragio; de las islas sumergidas que emergen cada noche para que sus lectores escuchemos, entre el aire y el silencio, la belleza que estalla en las palabras. Espuma, vino y viento, la vieja ebriedad de los marineros contra la muerte y la amnesia que provocan los disturbios del tiempo y sus pretéritos fugaces entre los dedos. Nos susurra Aurora Luque sobre Platón y las Musas; acerca de Greta y de su metamorfosis al fondo de los espejos; de criaturas abisales y del Minotauro cautivo en su melancolía; de litorales límbicos y de los mares urbanos de Leteo; de otras temperaturas de la soledad en perfecto estado; de los bares en los que se pone la noche; del saldo de los mitos en anuncios por palabras; de los mapas que se dejan sin cruzar a proa y de silencios que nos apagan y deshacen.

No faltan en sus versos acuerdos de paz con los años, hedonismos de invierno y algún que otro masaje de aceite filipino después de mil caricias y de saborear la muerte y sus ecos entre las lenguas y los oídos. No hay tristeza ni renuncias ni despedidas en los versos de este hermoso libro. Su poesía, fiel a su esencia estética y moral, nos seduce y nos baña, nos desintoxica de la realidad y su hydra, drogándonos con Grecia. A la vez que supone el historial de un itinerario sobre la forja de una pasión que madura y sobrevive, que combina el sentido de la ironía, la aceptación de la pérdida y la generosidad de gozar la vida. Sin celos, sin tortura, sin derrotas, con sus ojos metidos dentro de los de ella y mirando siempre hacia delante. Nunca dejará Aurora Luque de navegar la vida a través de la poesía y de hacernos cómplices de ese viaje con conciencia de la incesante metamorfosis que somos y nos explica. Seguirá dejándonos en nuestras manos, como lo hace con Los limones absortos, las sílabas húmedas del mediterráneo que nos narran de memoria de cuerpos como naves, de espejismos y de equipajes, de oráculos y de embarcaderos, de la enfermedad mortal del lenguaje y del amor que juega al azar con el universo. Hasta que se le marchitan los labios y en arena se tornen las palabras. Será entonces cuando la poesía de Aurora Luque la canten las sirenas, y cuando las historias que suceden en sus poemas se bailen de blanco y de noche en las cubiertas de todos los trasatlánticos del mediterráneo.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista

www.guillermobusutil.com

 

*La actriz Emilia Clarke, de ’Juego de tronos’, transformada en sirena.

UN FRAGMENTO DE 'EL APALABRISTA'

UN FRAGMENTO DE 'EL APALABRISTA'

José Francisco Mendi dice: "Te paso un pasaje del libro al que le tengo cariño y que guarda relación con la foto de la biografía, el resumen y uno de los temas del contenido más llamativos como es el bombardeo del Pilar de Zaragoza que en agosto cumple 80 años. Te adjunto la portada con dibujo de Dani García Nieto".

 

SINOPSIS

 

El fin de semana más tórrido del año, Zaragoza se encuentra casi desierta. La ciudad ha sido abandonada por la mayoría de sus habitantes que huyen del Ferragosto maño. Es el momento que siempre había esperado Fulgencio para tener sus merecidos minutos de gloria. Este acomplejado político de tercera fila consigue acceder temporalmente al mando de la ciudad en las horas del año en las que nunca pasa nada ni casi nadie. Pero gracias a la habilidad de sus torpezas comienzan a suceder demasiadas cosas. Y no todas buenas.

¿Estamos ante una novela de ficción real o ante un ensayo con episodios novelados? ¿Lo que nos describe el autor va a ocurrir o ya ha pasado? En este libro, con humor más que de humor, tendremos la oportunidad de recorrer algunos retazos de nuestra historia que al fin podrían quedar resueltos gracias a la perspicacia inconsciente del protagonista.

¿Cuáles fueron las verdaderas razones del misterioso bombardeo en agosto de 1936 sobre la basílica del Pilar? ¿De verdad Paco Martínez Soria fue un actor al servicio del régimen franquista? ¿Se firmó un acuerdo secreto en la estación de Canfranc que haría cambiar el rumbo de la historia? ¿Podría sufrir Zaragoza una inundación aún mayor que la que asoló la ciudad en 1961? ¿Qué relación existe entre la estatua de Cesar Augusto junto a las murallas y los escudos esculpidos junto al puente de Santiago de Zaragoza?

El lector tendrá que descubrir todo esto y mucho más. Deberá aprender a discernir entre la historia y la histeria. Pero cuidado. Asegúrese antes de criticar al autor por su exceso de ficción, no vaya a ser realidad. Y no se emocione mucho con las certezas, no vayan a ser ficción.  

 

 

 

www.elapalabrista.com

Editorial 1001 Ediciones

 

Por José Francisco MENDI

 

El padre Ángel Luis no se inmutó ante esas palabras que ya esperaba. El eclesiástico seguía pensando que esa distinción a una persona tan buena como Onésimo tenía toda la lógica. Sabía que siempre iba a quedar en el recuerdo de los cronistas su heroicidad en una madrugada de agosto de 1936, cuando el Pilar de Zaragoza fue bombardeado por los “rojos”. Incluso conservaba, en el archivo de la sacristía, una de las fotos que le hicieron al finalizar la manifestación que, en desagravio, recorrió las calles de la ciudad aquél fatídico 3 de agosto, al inicio de aquella cruzada contra las hordas comunistas. Al finalizar el clamor popular en las calles, la alegría se desbordó entre cánticos y oraciones a la Virgen. En medio de aquél frenesí, Onésimo ascendió a los cielos. Lo hizo manualmente gracias a la energía manteadora de aquella multitud, ebria de éxtasis religioso, tras certificar lo que ya se denominaba como milagro de las bombas incorruptas del Pilar. Tras aquel episodio, y fruto de un abrupto descenso terrenal a manos de sus admiradores, Onésimo arrastró una ligera cojera a consecuencia de la mal curada dislocación que se hizo al caer de la manta tras las embestidas de sus conciudadanos. La alegría de las calles se había desbordado en su honor como héroe del Pilar. Los no creyentes lo habían apodado, con algo de socarronería, “bombésimo”. Aquella historia había dejado poso en la cristiandad en momentos de persecución como los que sufría el clero. El testimonio del difunto, su arrojo en aquel episodio, fueron decisivos para que se elevara el hecho a categoría de milagro, aunque el Vaticano se hubiera negado siempre a su reconocimiento oficial. Esta negativa tuvo como protagonista a un joven historiador, Julián Casanova. Sus estudios sobre la mala calidad de los explosivos que los rusos vendían al gobierno de la República truncaron la carrera milagrosa de este suceso en Roma. A pesar de todo, lo ocurrido aquella madrugada de agosto seguía siendo un capítulo desconocido de la guerra civil, un episodio lleno de incógnitas y misterios, a pesar de las arduas investigaciones desarrolladas por este profesor aragonés.

 Mientras regresaba de sus recuerdos, el clérigo intuyó el regalo en forma de reconocimiento que le haría el Alcalde. Seguro que lo proponía como hijo “predoptivo” (nunca entendió muy bien la diferencia entre hijo predilecto y adoptivo).

 Fulgencio prosiguió con la parte dispositiva, y a la vez concluyente, de su discurso. Se deslizó hacia un tono de energía castrense para dar más realce a su dicción

 -          ¡En correspondencia a los servicios prestados por el difunto y en prueba de eterna gratitud como ilustre ejemplo de dedicación hacia nuestra ciudad, tengo el gusto de anunciarles que Onésimo Martínez Blasco será nombrado Hijo predilecto de Zaragoza! ¡A título pésimo!

 Cuando terminó de escuchar sus propias palabras, Fulgencio fue consciente de que por mucho que el talento de Goya fuera sordo, no lo eran la mayoría de los asistentes. Unos le miraban impávidos. El padre Ángel Luis, que ya adivinaba sin capacidad de sorpresa la propuesta, le miraba aturdido con el bonete negro de su cabeza a punto de levitar. El murmullo se tornaba en risas y algunos de los infanticos del coro comenzaban a ejercer de contorsionistas dominados por un supuesto gas hilarante mientras se tronchaban como soldados romanos escuchando a Poncio Pilatos en La vida de Brian. Todo ese jaleo hizo inaudible la apresurada corrección del alcalde.

 -          Perdón, perdón, a título póstumo quería decir...

 Pero el arrepentimiento no fue capaz de apagar la indisimulada algarabía del público.

 El prelado, presa de un enfado del que tendría que confesarse, decidió tomar el micrófono e intentar reponer una calma y una seriedad que en nada acompañaban a tan lúgubre momento.

 -          ¡Hermanos, hermanos! ¡Por favor, por favor, un poco de silencio! A continuación, nuestro alcalde leerá una carta manuscrita del finado, que en su última voluntad nos ha querido trasladar a los presentes. Les ruego le escuchemos todos respetuosamente como último homenaje a Onésimo antes de proceder al traslado del féretro para su santo entierro.

Los ánimos se calmaron algo. No mucho.

 

-          Cuando quiera Alcalde, puede proceder –continuó el sacerdote mientras atravesaba a Fulgencio con una mirada venenosa que no concordaba con el tono de paz de sus palabras

 

 

 

'LETRAS LIBRES': MÉXICO Y SU DESALIENTO

'LETRAS LIBRES': MÉXICO Y SU DESALIENTO

La revista Letras Libres aborda en su número de mayo los tres grandes problemas del México actual: la corrupción, la violencia y la impunidad. Enrique Krauze habla sobre el desánimo generalizado en el país. Jordi Gracia escribe sobre la poesía de Jaime Gil de Biedma. Guadalupe Nettel homenajea al premio nobel húngaro Imre Kertész, fallecido el pasado 31 de marzo. El número incluye también un ensayo de María del Carmen Horno que explica cómo se relacionan las lenguas en nuestro cerebro y los efectos cognitivos del bilingüismo.

El número 176 de la revista Letras Libres examina el estado político y social de México. El ensayista e historiador Enrique Krauzehabla sobre el desánimo y el escepticismo en el país. Analiza la violencia, la corrupción y la impunidad como los tres grandes problemas del país y propone unas bases para recuperar la confianza en las instituciones democráticas, haciendo un llamado a las generaciones jóvenes.

Jordi Gracia analiza el vínculo entre la prosa y la poesía de Jaime Gil de Biedma, y descubre que el escritor agotó su energía lírica en la primera madurez. Guadalupe Nettel recuerda la trayectoria de Imre Kertész, el premio nobel húngaro que narró su experiencia en los campos de concentración: “La tarea que me he impuesto ha sido transformar toda esa negatividad en creatividad”, afirmaba el escritor.

Aproximadamente entre el 60% y el 75% de la población conoce y usa dos o más lenguas. La psicóloga y profesora de lingüísticaMaría del Carmen Horno explica los efectos del bilingüismo en nuestro cerebro y la relación que se establece entre estas lenguas. El escritor Patricio Pron habla de las notas a pie de página: esos “piojos en el cabello de la literatura”, según Alfred Lord Tennyson, son desdeñadas por muchos autores y editores, y a veces exageradamente sacralizadas en la academia, pero también pueden crear un espacio de complicidad entre el creador y el lector.

Jimena Canales y Lee Smolin hablan de la vida privada y la evolución de Albert Einstein. Ioan Grillo escribe sobe el crimen organizado en América Latina. El número también incluye una conversación entre Bernat Hernández y el veterano historiador mexicano Miguel León-Portilla, autor de obras fundamentales sobre la cultura prehispánica y la conquista.

José Antonio Millán reseña Altos estudios eclesiásticos I de Rafael Sánchez Ferlosio y Ricardo Dudda Oona y Salinger, la novela de Frédéric Beigbeder que cuenta el romance brevísimo entre los dos en el Nueva York de los años cuarenta. Mercedes Cebriánescribe sobre El oro blanco de Edmund de Waal. Daniel Capó reseña Las manos de los maestros, de J. M. Coetzee y José Miguel Oviedo lee Cinco esquinas, la novela más reciente de Mario Vargas Llosa.

Vicente Molina Foix escribe sobre Koreeda. Rodrigo Fresán repasa la historia de The Replacements, los pioneros del rock alternativo en los Estados Unidos de los años ochenta. Paula Arantzazu Ruiz recuerda los principales artistas del Divisionismo y del Futurismo: de Moribelli a Luigi Russolo. Mariano Gistaín teoriza sobre un posible nuevo “superyó” aumentado en la era post-Snowden: “Podremos imprimir en 3D en casa a nuestro clon digital y así tendremos a alguien con quien charlar, alguien que por fin nos conozca mejor que nosotros mismos”.

Director: Enrique Krauze

Editor responsable en España: Daniel Gascón

dgascon@letraslibres.com

 

JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ, UN POEMA

JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ, UN POEMA

JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ PUBLICA ‘ESTADO DE SITIO’

José Luis Rodríguez (León, 1949) es un estupendo escritor. Y una prueba más es su nuevo poemario: ‘Estado de sitio’, que acaba de publicar en las PUZ (La Gruta de las palabras), editorial que dirigió con éxito durante años, y que tiene algo de homenaje a Albert Camus. Es un libro, sobre la terca vecindad del adiós, un libro que nace de la experiencia, de la enfermedad y de una sensibilidad honda, estremecida, que fluye con variedad y ritmo, con una gran sensibilidad.

Copio aquí uno de sus poemas.

 

****

Se tiene pasión por la autobiografía

y el invierno,

se tiene pasión por la lápida estúpida

y la interesada charla de los otros.

Se siente ternura por el pájaro que está a punto de morir

y por el maniquí que dormirá

en el estercolero hasta el holocausto.

 

Qué orgullo sienten

quienes han venido al mundo sombrío

para intentar comprender el misterio

de la Vía Láctea

y las rutas perplejas de los colores

sabiendo que desaparecerán como las lágrimas

y el barro, como la ola

y el amor

mientras el gato seguirá maullando

y crecerá la sonrisa del bosque.

 

Inútiles e increíblemente dichosos

contemplando la arena y chupando limones

mientras el cáncer avanza.

Qué orgullo sienten los que vienen de la niebla

y se encogen como condenados

sobre su autobiografía, sobre la frialdad del último diciembre.

 

*La foto es de Pepi Merisio.