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Antón Castro

Escritores

CELA: HISTORIA DE UNA DEDICATORIA

CELA: HISTORIA DE UNA DEDICATORIA

CELA O LA PRECISIÓN DE LAS DEDICATORIAS*

 

He conocido a unos cuantos escritores consagrados, que eran generosos, afectuosos, que cuidaban los detalles. Cees Nooteboom, Manuel Andújar, Francisco Ayala, Juan Eduardo Zúñiga, Antonio Gamoneda, Ildefonso-Manuel Gil, José Luis Sampedro... O Miguel Delibes, seco, austero, y a la vez capaz de recordarte al arquero Andrés Lerín en una carta o de hablar de su pasión por la naturaleza y de algunos hermosos recuerdos de su mujer, Angelines Castro. Camilo José Cela (1916-2002; estamos en el centenario de su nacimiento) era un hueso duro de roer: tenía ese punto de seguridad en sí mismo que le hacía ser entre displicente y borde, burlón. Rara vez sonreía. O eso me pareció a mí. Dicho lo cual, era un formidable escritor. Manejaba el castellano como pocos y tiene libros espléndidos en diversas direcciones: el tremendismo y la crónica de posguerra, ‘La familia de Pascual Duarte’ y ‘La colmena’; la novela del duelo y de la evocación más dolorosa, ‘Mrs. Caldwell habla con su hijo’; los ecos de la Guerra Civil y el flujo de la conciencia, ‘San Camilo 1936’; la reflexión sobre el arte de escribir, ‘Oficio de tinieblas 5’; la mirada sudamericana, ‘La catira’, pero también hay en él a un escritor de libros de viajes, ‘Del Miño al Bidasoa’ o ‘Viaje a la Alcarria’, entre otros. Sin olvidarnos de esas novelas de la fragmentación y de la exhibición metafórica del tipo ‘Mazurca para dos muertos’ (reeditada ahora por Ediciones del Viento) y ‘Madera de boj’, ambas muy gallegas y personalísimas. Hace pocas semanas, Jesús Jiménez de Fórcola publicaba un libro suyo sobre su maestro Baroja.

Cela fundó Alfaguara, fue director de ‘Papeles de Son Armadans’ y un apasionado coleccionista de revistas, trabajó mucho en prensa, como se vio en ‘Conversaciones españoles’, donde destacan su entrevista minimalista a Azorín o su formidable retrato de Picasso. En ‘Interviú’ dialogó en los años 80 con Pablo Serrano. Era un gran conocedor y estudioso de nuestro siglo de Oro, sobre todo de la picaresca y de Quevedo.

En 1989, en el Hotel Corona de Argón, tras la presentación de ‘Aragón, pueblo a pueblo’ de Alfonso Zapater, escritor y periodista inolvidable de HERALDO, tuve la ocasión de conversar con él a solas. Todo fue mal desde el principio. Había preparado la entrevista con meticulosidad con la idea de viajar a través de su trayectoria. Fue imposible, tanto que a los diez minutos yo ya sudaba y solo oía monosílabos, el consabido “Mire, usted” o la invitación a otra pregunta. Cela no quería entrar en casi nada: ni en sus fuentes, ni en la huella de la picaresca o la estética carpetovetónica, ni en sus personajes, ni en su modo de trabajar el español, ni siquiera en sus métodos artesanales: escribía a mano, llevaba cuadernos y era muy sistemático y profesional. “La inspiración, si existe, que me coja trabajando, como decía Dostoievski”, dijo con idéntica porción de firmeza y rutina.

Al cabo de quince o veinte minutos, yo acababa de cumplir treinta años, vi que la charla había llegado al final. No me había dado bola: todo había sido un desastre. Algunas semanas después, Juan Domínguez Lasierra publicaba una bella entrevista en la revista Turia. Creo que Cela, con su silencio desdeñoso, me había querido decir que no tenía paciencia para periodistas petulantes, con ánimo de profundidad o de originalidad. Solo le pedí que me dedicase un libro: ‘La familia de Pascual Duarte’, que había publicado Círculo de Lectores con ilustraciones de Antonio Saura, a quien acababa de entrevistar en Huesca. Se lo dije, elogié la edición; Cela me miraba como si viera llover. Me pidió que le dijera mi nombre. “Hombre, no puede llamarse Antón Castro. Haga el favor de decirme cómo se llama usted”. Le dije, de nuevo: “Antón Castro”. “Creo que no le voy a poder dedicar el libro. Ese es un nombre inventado y aquí el escritor soy yo”. Insistí en vano dos o tres veces. Nada. Y al final tuve que decirle: “Me bautizaron Antonio Rodríguez Castro por poderes y en Montevideo”, agregué, pero eso no le interesó. “Ya lo sabía yo”, concluyó. Y dedicó el libro, en gallego, a Antón Rodríguez Castro.

Algún tiempo después, una organización benéfica, quizá fuese Payasos sin fronteras, me pidió si podía donar un libro importante para mí, especial para un buen lector, para subastarlo con fines filantrópicos. Pensé que ‘La familia de Pascual Duarte’, dedicado, era el volumen ideal para el evento. Cela acababa de ganar el Premio Nobel y bailar a sus anchas con Marina Castaño. Y lo cedí. Alguien me dijo que se había subastado con un precio de salida de 5.000 pesetas de las de entonces, alrededor de 30 euros, pero que aquella edición cuidadísima, de expresionismo dramático, con espléndidas fotos y una magnífica maquetación, no se había vendido. Nunca supe qué pasó con el libro.

Años después, en otro diario, ‘El Periódico de Aragón’, en el suplemento cultural le dedicamos una portada o contraportada a Cela. Para entonces el escritor ya residía en Guadalajara. La crítica iba acompañada de una caricatura de Antonio Postigo. Llamó a la redacción y pidió hablar con el director Miguel Ángel Liso. Éste pensó que era un chiste e hizo un ademán de colgarle. “Que soy Cela, coño. Y querría saber si me podíais mandar esa caricatura”. Se le mandó, claro, firmada por su autor. También agradecía el texto.

Le escribí una carta y le remití un ejemplar de ‘Conversaciones españolas’ (Plaza & Janés, 1987) con un ruego: un sobrino mío se estaba planteando estudiar periodismo o arquitectura y quería condicionar su elección con “ese libro que tanto me ha gustado siempre”. Le dije que mi sobrino se llamaba Antón Castro y que vivía en La Coruña; le agradecería mucho que me lo devolviese dedicado. Metí el paquete con sello y sobre de retorno. Al cabo de tres semanas recibí el volumen. Lo abrí y pude leer: “Para Antón Rodríguez Castro, con el mejor recuerdo de una conversación imposible en el Corona de Aragón, en Zaragoza. Abrazos de su viejo amigo y paisano, Camilo”. Cela, entre otros títulos, publicó un delicioso y entrañable libro de dedicatorias.

 

 

*Este artículo apareció el pasado jueves en mi sección, Cromos de Letras /3. de 'Artes & Letras'.

LA BATALLA FILÓSOFICA DE MIGUEL COMAS: CRÓNICA DE BASILIO BALTASAR

LA BATALLA FILÓSOFICA DE MIGUEL COMAS: CRÓNICA DE BASILIO BALTASAR

MIGUEL COMAS: UNA BATALLA FILOSÓFICA Y UNIVERSITARIA

[Basilio Baltasar, escritor y director de la Fundación Santillana, en ’El País de Cataluña’ cuenta la increíble historia que le ha sucedido a un profesor de filosofía demandando por todo un departamento. Sucedió en Palma de Mallorca. Autoridades alemanas han medidado en el asunto; Jürgen Habermas se ha colado en el asunto. La foto de Miguel Comas es de Tolo Ramon.]

UN FILÓSOFO CLAMA EN LOS TRIBUNALES

El aspirante a profesor Miguel Comas, demandado por injurias por el departamento de la UIB

 

Por Basilio BALTASAR. ’El país de Cataluña’.

 

A ver: ¿quién ha ordenado suprimir la filosofía del bachillerato? Venga. Díganlo. ¿Cómo se llama? ¿A qué se dedica? ¿Por qué se esconde? ¡Cuánto me gustaría hablar contigo! Tengo algo que contarte y debo hacerlo antes de que sea demasiado tarde. Para empezar: te has equivocado si crees que la filosofía inocula en los chavales la sutileza de pensar con precisión, la destreza de hablar con elocuencia, la certeza del imperativo ético y la devoción por la sabiduría. ¡Qué va, hombre! Nunca habías estado tan equivocado. Presta atención: aunque la virtud del discernimiento sea un estorbo en los planes de estudio que te han encargado reformar, estoy seguro de que tú, estratega, la utilizas de vez en cuando. Escúchame y saca de ello el mejor provecho.

 

Esta es la historia de un joven doctor en filosofía que aspira a una plaza de profesor en la Universitat de les Illes Balears. Pierde el concurso, pide explicaciones y pone un recurso contencioso en los tribunales. Lo gana. Pero la Comisión de Contratación de la Universidad (de las Islas Baleares) no ejecuta la sentencia (¡por dos veces y con gran asombro del juez!). Entonces, los profesores del departamento de Filosofía se conjuran para dar un escarmiento al aspirante. Irritados por la insolencia del filósofo que los pone en cuestión, le arrojan tres demandas civiles por injurias.

 

La gracia del asunto reside en la razón esgrimida por los profesores para acusar a Miguel Comas. ¿Qué grave perjuicio ha causado el joven doctor a su mancillado honor? En defensa de sus reclamaciones tuvo la osadía de citar el dictamen emitido por la Sindic de Greuges de la propia Universitat de las Illes Balears. Joana María Petrus reclama la reforma del sistema de contratación del profesorado, para “impedir arbitrariedades, limitar la subjetividad y prescribir la desviación de poder”. La Sindic denuncia que ni siquiera se redactan los criterios para valorar los méritos de los candidatos, lo cual “limita la igualdad de oportunidades, no garantiza la necesaria objetividad de los actos administrativos y otorga un poder desmesurado a las comisiones de contratación”. (A ver qué hacen los jueces con el acertijo: ¿por qué los profesores de la UIB no demandan directamente a la Síndic de Greuges de la UIB?).

 

Camilo José Cela Conde, que fue profesor del joven doctor, y lo considera con méritos académicos sobradamente probados, lamenta en una carta el “descabellado” argumento utilizado por el departamento para justificar su nepotismo. A Miguel Comas se le ha rechazado como candidato experto en “Corrientes críticas del pensamiento contemporáneo” por afirmar que Jürgen Habermas pertenece a la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt.

 

Los profesores del departamento de Filosofía de la UIB dicen que no, que Habermas no pertenece a la Escuela de Frankfurt. Su juicio suena atronador, inapelable. Pero el Director del Instituto de Investigación Social de la Johann Wolfang Goethe Universität de Frankfurt, Dr. Axel Honneth, expresa en una larga carta su “más profunda perplejidad” y el “estado de shock” que le produce tal afirmación. Cita el parecer de “los eruditos serios de todo el mundo” y se extiende confirmando y respaldando el criterio del joven doctor Miguel Comas.

 

¿Te das cuenta de lo que quiero decirte, estratega que eliminas la filosofía de los planes de estudio? Tú te habrás creído muy listo y con razones para temer a la filosofía, pero ya ves: hete aquí a todo un departamento —los custodios de Platón, Spinoza, Kant y Hegel— demostrándote lo contrario. No hay nada que temer. Al contrario: lo que debes hacer es promocionar a los profesores de filosofía que se querellan contra los filósofos.

 

*Aquí se puede ver.

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2016/01/23/catalunya/1453578411_085007.html

BUSUTIL: 'LA BOLSA O LA ESCRITURA'

BUSUTIL: 'LA BOLSA O LA ESCRITURA'

[El artículo dominical de Guillermo Busutil en 'La Opinión de Málaga' sobre Stevenson, las jubilaciones y el destino de los escritores.]

 

 

LA BOLSA O LA ESCRITURA

Guillermo Busutil* 24.01.2016 | 11:15

Cada escritor es una isla rodeada de imaginación azul por todas partes. En su centro hay siempre una palmera para poner los sueños a la sombra, y un volcán del que erupciona la fuerza telúrica de su lenguaje. Sólo un niño podría dibujar así un oficio que conjuga tres verbos como mundos por igual. Vivir. Escribir. Viajar. Tres puentes de mando, tres cartas de navegación, tres velas al viento que definen a Robert Louis Stevenson, oculto y eterno en el cofre del tesoro que ha publicado Páginas de Espuma. La intención del editor es que los de antes, los de hoy y los de mañana, naveguemos de nuevo por la vida, los paisajes y la creatividad del autor que nos enseñó que la imaginación es la marca negra que un día inesperado te deja la lectura en la palma de la mano. A partir de ese instante no podemos dejar de enrolarnos en libros que marcan los rumbos de nuestros días, de cruzar diferentes mares para contar nuestra historia, y de aprender cosas hermosas como la importancia de la pasión, de la fuerza creativa y el misterio del color Stevenson. Su receta para convertir la Literatura en un acto de magia. El mejor conjuro para vivir a través de las palabras. Igual que hizo en Samoa donde los nativos le llamaban Tusitala cuando se sentaban alrededor de la noche a escuchar relatos sobre los que también fijaban las estrellas su atención. Tres cuadernos de bitácora para tres rumbos, Vivir, Escribir, Viajar, en los que Stevenson defiende que el verdadero éxito es el esfuerzo, y que el escritor debe escribir para ganar dinero y debe ganar dinero con lo que escribe.

Hacienda no ha leído estos ensayos de Stevenson. Tampoco Montoro ni Fátima Báñez que andan inspeccionándoles los impuestos a los escritores. Su aventura lectora encalló en La isla del tesoro, aunque no entendieron su historia. Ningún escritor oculta doblones bajo una x de arena. Nada tienen que ver con los piratas más allá de tomar la realidad al abordaje. Y el único al que conocí con un Señor Flint sobre el hombro fue al malagueño Rafael Pérez Estrada. Quien, además de maestro en libros de la frontera, oficios del sueño y crónicas de la lluvia y mago sin honorarios en las novelas de Antonio Soler, era un elegante hombre de ley. Los narradores, los poetas, no saben de paraísos fiscales ni de doble contabilidad. El dinero siempre se les adeuda, se les liquida a destiempo y su fiscalidad desconoce el reverso de lo negro. Nunca les llegará el saldo cómo para dejar de escribir al límite de la entrega, en contra de la memoria y de la edad, artículos, conferencias, reportajes, presentaciones. Un escritor no se jubila de las palabras y su mercado porque la literatura no es una profesión económica. No tiene nómina a salvo de las modas, del fracaso de un libro, de la caída de la lectura, de la peligrosa etiqueta de ser un autor de culto y con tan sólo un 10% de derechos de autor sobre la venta de ejemplares. La enfermedad y las vacaciones no figuran en la hoja de ruta de ningún autor que sobreviva de lo que produce.

Los escritores son independientes de una clase media que, desde mucho antes de la crisis, ya sabía lo que era el funambulismo. A ese inestable equilibrio Hacienda acaba de aumentarle el vértigo. Según la reforma de la Ley de Pensiones, aprobada en 2013, los escritores están obligados a elegir entre dos derechos: el que tienen como autores de una obra y aquel que les corresponde como ciudadanos, su jubilación. No pueden cobrar ambos a la vez. Caballero Bonald, Antonio Gamoneda, Ángeles Caso, Eduardo Mendoza, Luis Landero y Javier Reverte han tenido que pagar multas de hasta 30.000 euros por el cobro simultáneo de la jubilación y los derechos de autor, algo que podía hacerse desde 1998 y que la reforma de Báñez penaliza hasta con cuatro años de pensión. Ambos ministros no han tenido en cuenta que la creatividad no cesa con la edad. Este problema no existe en Alemania, en Francia, en Reino Unido, en Noruega, en Portugal ni en otros países de la UE en los que, como afirma Carlos Muñoz, abogado de la Asociación Colegial de Escritores, está establecido que una vez cumplida la edad mínima de jubilación es posible acumular el cobro de la pensión de jubilación con el ejercicio de una actividad laboral o profesional, sin que exista un límite para los ingresos obtenidos por esta actividad.

La polémica ha encontrado eco en los otros partidos políticos que buscan ganar puntos en sociedad y ya prometen cambiar la ley cuando haya fumata blanca de un Gobierno que no sea accidentalmente provisional. También hay voces que acusan de favoritismo gremial la defensa de los autónomos de la literatura, mientras que a otros con menor reconocimiento social la ley no les permite, cuando se jubilan, echar horas gananciales ni cobrar unos euros por un efímero trabajo por mucha necesidad que padezcan. Es cierto que la penuria es la penuria, sin adjetivos laborales que las diferencien, y que lo suyo es la protección económica de la ley. En cualquier caso es indudable que la precariedad en los ingresos o su carencia habitual siempre ha cosechado víctimas entre la tercera edad de los escritores. Los últimos años de Pérez Galdós estuvieron marcados por el olvido, la indigencia silenciosa y la ceguera. Rosa Chacel y Gabriel Celaya tuvieron que vender su biblioteca personal. Alfonso Grosso falleció miserablemente en un psiquiátrico y José María Gironella murió pobre pelando por recuperar los derechos de autor sobre sus principales obras. Sus dramas tienen herederos: autores que ocultan su situación de fracaso económico porque consideran que le minusvalora socialmente.

Escribir no es llorar, es morir, reformuló Luis Cernuda sobre la celebérrima sentencia de Larra. Su eco resuena en esta época donde la cultura tiene pocas posibilidades de éxito. Y su futuro se presagia peor según el reciente informe de Davos que alerta de que los cambios tecnológicos destruirán más de siete millones de puestos de trabajo antes de 2020, y más cinco millones de personas de se irán al paro para siempre. También que la mayoría de los nuevos trabajos requerirán formación en ciencia, tecnología, ingeniería o matemáticas. Son malos tiempos para las letras. Entre la bolsa o la escritura lo tengo claro. No me jubilaré de conjurar la imaginación y la vida a través de las palabras. Siempre existirá una isla donde la Literatura sea un acto de magia, y también la voz de una denuncia. No dejemos de ser los piratas de Stevenson.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.com

UN LIBRO CADA DÍA: MARTA SANZ

UN LIBRO CADA DÍA: MARTA SANZ

No he sido un atento lector de Marta Sanz, quizá porque en ‘Artes & Letras’ teníamos y tenemos a un auténtico especialista en su obra como Jorge Sanz Barajas, que ha firmado varias reseñas de sus libros. Me interesó ‘Daniela Astor y la caja negra’ (Anagrama), que sucede en una época en la que he trabajado en 'Cariñena' y en un texto autobiográfico sobre mis años en el bingo. Después del éxito que está teniendo ‘Farándula’ (Anagrama. Premio Herralde de novela) la he leído, una novela de personajes donde se mezclan muchas voces femeninas y estilos, muchas referencias y confidencias, dentro de una escritura que integra lo puramente narrativo con la especulación del pensamiento y el torrente incesante de las intuiciones, de los recuerdos, de las lecturas, de la múisca, todo un mosaico constante de la cultura. Ha merecido muchos elogios, entre ellos los de tres grandes amigos: José-Carlos Mainer, Guillermo Busutil y Jorge Sanz Barajas, que le dedicó un apágina completa en 'Artes & Letras'. Me ha llamado la atención esta manera de explicar la creación literaria, por supuesto que en clave de ficción literaria.

“Me gustaría que mi mano al escribir fluyese y la escritura evocase la imagen de los raíles del tren, de los hilos tendidos, infinitos, de los postes eléctricos y, sin embargo, nunca, nunca es así. Me sorprendo siempre en la contractura de la mala posición de la silla. En el dolor de las vértebras. Y cuando recupero mi gesto corporal normal -¿normal?-, mi temperatura de treinta y seis grados centígrados, cuando dejo de ser una jorobada, vuelvo a pretender que la escritura mane como la respiración, incluso como esa respiración que toma conciencia de sí y se transforma en asfixia, asfixia, asfixia. Escribir no me libera. Es el desnudo y el desnudo es la pose, el gesto que descubre quiénes somos o quiénes quisimos ser. (…) Yo no escribo para que nadie se reconozca en su parte inteligente, sino en su más abyecta y entrañable vulgaridad. En su caca, en su culo, en su pedo, en su pis. En el niño hijo de puta que fue y que posiblemente sigue siendo. Escribo con contractura igual que cuando taconeaba sobre la tarima de una escenario. Siempre, siempre estoy afónica”. (Páginas 225 y 226).

 

*La fotografía es un tema de Javier Ibarra, un espléndido fotógrafo.

**La foto de Marta Sanz la tomo de aquí: 

http://fotos00.laopinioncoruna.es/2015/11/03/318x200/marta-sanz.jpg

GUILLERMO BUSUTIL: 'ALCÁNTARA DRY'

GUILLERMO BUSUTIL: 'ALCÁNTARA DRY'

 

ALCÁNTARA DRY

Por Guillermo BUSUTIL*  17.01.2016

Publicado por el escritor y periodidta, director de ’Mercurio’ en ’La Opinión de Málaga’.


Ave maestro, los que van a escribir te saludan. Unos gladiadores llegaron en tren, otros a pie de su columna. Armados todos con viejas estilográficas de combate, bolígrafos de urgencia y lápices de bolsillo. Según las exigencias del dibujo de la realidad, de su narración a golpe de tiempo y de la firma del estilo. Ignacio Camacho, Antonio Lucas, Manuel Jabois, Antonio Soler, Eva Díaz, Domi del Postigo, José María de Loma, Rosa Belmonte, Juan Soto Ivars, Teodoro León Gross y más nombres de cazadores y chamanes en el oficio de contar las vicisitudes y las sombras, qué profundidad tiene el iceberg de lo real. Convocados todos a lo largo de una mesa, igual que si fuesen caballeros andantes entre la política sin Griales, los contrapicados de los dragones económicos y los días estrechos que siempre tienen sus puentes y sus fosos. En la cabecera aguardaba el decano, Manuel Alcántara, estrenando 88 años, dos velas trenzadas entre el articulismo y la poesía. Enjuto y vivaz, irónica su sordera, elegante y resistente frente a esa enfermedad mortal que es la vejez, como él afirma dispuesto a que cuando llegue su hora, la muerte lo encuentre vivo. Y a ser posible con el cuchillo disuelto de un dry Martini entre las manos.

El brindis de la contraseña. La savia del mediodía que mantiene firme y lúcido al escritor de periódicos con más de 20 mil artículos pespuntando la resaca gris de España, la Transición de la democracia y el desencanto escéptico de un país atribulado entre su laberinto, los fantasmas de Berlanga y el happening. Manuel Alcántara, hijo de la calle del Agua y de Antonio Machado, malagueño con espuma de mar en la suela de los zapatos y bohemio de la Florida en el Madrid literario de los cafés donde aprendió todas las maneras del silencio. Y también el envés de las noches sin arrugar con Gómez de la Serna, González Ruano y Penagos el joven. Con ellos y con Azorín, con la memoria de Julio Camba y la amistad de Neruda, se fue curtiendo este marinero en tierra en articulista alrededor de la vida y en poeta encolumnado.

Eran los tiempos duros en los que se gritaba en las redacciones «al suelo, que llegan los nuestros», y cada día había que esperar a que el motorista volviese con la libertad concedida y sellada a pie del artículo. Era joven Alcántara, del Pueblo y del Ya, dandismo a pie de cuadrilátero, sin que el pañuelo de bolsillo de la chaqueta se manchase de humo, ni del rojo lacre de la gota ciega que la derrota sacudía desde el dolor del rostro hasta el abismo de la lona. En vilo los ojos, amagando un puño en el aire, como si él mismo fuese la sombra del campeón o del aspirante, igual que si quisiera guiarle el ataque al boxeador por el que había apostado el valor de su prosa. A 136,50 pesetas con descuento la crónica urgente, doce minutos para ganarle el combate al tiempo de entrega. Once años de periodismo literario telegrafiado a veces por teléfono o resuelto en tres asaltos: el del templo de la pelea, el del trayecto en taxi, el de a un suspiro de la campana en la entrada de Larra, 14 con olor a plomo. Once años con su derecha eléctrica firmando en Marca el relato épico de un combate, el romance entre poesía y boxeo. Hasta que la muerte noqueó a un púgil con toda la vida por delante, y dejó atrás las voces del Palazzetto dello Sport de Roma, del Regent Palace de Londres, del Palacio de los Deportes de Madrid. Un oficio del que guarda, a sus 88 años, el batín celeste del Puma de Baracoa, un escorzo de peso wélter con chaqueta, corbata de nudo Windsor, zapatos inmaculados en negro y bigote Ronald Colman, como lo dibujó José Luis Garcí en el hermoso epílogo cinematográfico de ’La edad del boxeo’ en edición del K.O. y de Agustín Rivera.

Desde entonces y desde antes, recorría el maestro de Umbral y de Garci los días y sus alarmas, sus esquinas y sus callejones, sus discursos oficiales y sus rebeldes pechos al aire. Siempre en una columna de arriba abajo, con el latigazo de un adjetivo zurdo y el sustantivo en guardia. La frase tanteando el instante preciso en el que el verbo encaje y le nuble el vértigo al tema con el que se ha fajado, sin dejar de mostrarle al lector su cara y el relámpago de una prosa en proceso de paz. No pocos premios ha recogido su talento y su labor, su prodigiosa memoria para recitar versos y citas, escenas de cine, requiebros de área, internadas de banda, orquídeas de mujer, anécdotas clandestinas y sin apólogo moral, que no es Alcántara de juzgar ni pontificar. Es lo suyo vivir noble y de frente, con hedonismo mediterráneo y palabra aprendida y desamordazada, libélula y mar, limpia siempre de pólvora y de máscaras. Incuso en Málaga le pusieron su nombre a una plaza. Él hubiese preferido una calle, pero tiene más metáfora lo de darse una vuelta por Alcántara. Aunque todavía falta la escultura forjada por Suso de Marcos, otro maestro que ha hecho de su casa un museo imprescindible, una escuela donde estudiar la magia del volumen y sus vacíos. Igual que el mar abierto de un poema de Alcántara transformado en la vida al cubo.

No quedan maestros con su templanza. Ninguno como él traza tribunales al viento con una pluma de oro Parker Waterman sin que se le tuerza la canción de su letra ni nadie le recrimine un punto y aparte. Y pocos engloban y acogen a tres generaciones de articulistas a los que el hermana en su afecto. Lo mismo que a los directores de los cuatro periódicos de la ciudad, sin olvidar a su inseparable amigo interlocutor, Juan López Cohard, un hombre de palabra y sombrero Welles.

88 años dan para mucho brindis. Cada cual el suyo, y yo el mío, con el cariño y admiración de tantas lecturas y charlas. Qué grande maestro. Un escalón más. La vida prosigue en columna y en combate, ganándole al costado de los días el aire, las esquinas, la campana y su oleaje. Tu palabra no sólo no pierde pie ni comba sino que avanza su abrazo, curtida en trincheras de humo y cuadriláteros de sombras, y enlaza en un poema ese mar con rostro de muchacha para bailar azules en la superficie de un dry Martini: Alcántara perfecto, para celebrar la vida y llenar de nuevo.

*Guillermo Busutil es escritor y periodista
www.guillermobusutil.com

 

*La primera foto es de Diario Sur. La segunda la tomo de aquí

http://estaticos.elmundo.es/elmundo/imagenes/2012/04/12/andalucia_malaga/1334217211_0.jpg

XOÁN ABELEIRA TRADUCE A BRETON

XOÁN ABELEIRA TRADUCE A BRETON

[Xoán Abeleira, poeta y traductor, acaba de traducir a André Breton para Galaxia Gutenberg, poemas fechados entre 1940 y 1948. En el prólogo, apasionado y vindicativo, explica las claves de la lírica de este militante y maestro del surrealismo, para muchos la gran referencia, el teórico. He aquí uno de los poemas del libro de más de 400 páginas. En la foto, Benjamin Peret caza mariposas con André Breton.]

 

LE GRAND SECOURS MEURTRIER

 

 

La statue de Lautréamont

Au socle de cachets de quinine

En rase campagne

L’auteur des Poésies est couché à plat ventre

Et près de lui veille l’héloderme suspect

Son oreille gauche appliquée au sol est une boîte vitrée

Occupée par un éclair l’artiste n’a pas oublié de faire figurer au-dessus de lui

Le ballon bleu ciel en forme de tête de Turc

Le cygne de Montévidéo dont les ailes sont déployées et toujours prêtes à battre

Lorsqu’il s’agit d’attirer de l’horizon les autres cygnes

Ouvre sur le faux univers deux yeux de couleurs différentes

L’un de sulfate de fer sur la treille des cils l’autre de boue diamantée

Il voit le grand hexagone à entonnoir dans lequel se crisperont bientôt des machines

Que l’homme s’acharne à couvrir de pansements

Il ravive de sa bougie de radium les fonds du creuset humain

Le sexe de plumes le cerveau de papier huilé

Il préside aux cérémonies deus fois nocturnes qui ont pour but la soustraction faite du feu d’intervertir les coeurs de l’homme et de l’oiseau

J’ai accès près de lui en qualité de convulsionnaire

Les femmes ravissantes qui m’introduisent dans la wagon capitonné de roses

Où un hamac qu’elles ont pris soin de faire de leurs chevelures m’est réservé

De toute éternité

Me recommandent avant de partir de ne pas prendre froid dans la lecture du journal

Il paraît que la statue près de laquelle le chiendent de mes terminaisons nerveuses

Arrive à destination est accordée chaque nuit comme un piano

 

 

 

EL GRAN AUXILIO HOMICIDA[1]

 

La estatua de Lautréamont

Con su pedestal de cápsulas[2] de quinina

En campo raso

El autor de los Poemas yace boca abajo

Junto a él vela el sospechoso lagarto escorpión[3]

Su oreja izquierda pegada al suelo es una caja con tapa de vidrio

Ocupada por un relámpago el artista no olvidó representar encima de él

El globo aerostático azul celeste con forma de cabeza de turco

El cisne de Montevideo dispuesto siempre a batir sus alas desplegadas

Para atraer a los demás cisnes del horizonte

El poeta abre al falso universo sus dos ojos de distinto color

Uno de sulfato de hierro en el emparrado de las pestañas el otro de cieno cubierto de diamantes[4]

Ve el gran hexágono con embudo en el que muy pronto se crisparán las máquinas

Que el hombre se obstina en cubrir de apósitos

Reaviva con su bujía de radio los posos del crisol humano

Con su sexo de plumas su cerebro de papel aceitado

Dirige las ceremonias dos veces nocturnas cuyo fin exceptuando el fuego[5] es permutar los corazones del hombre y del pájaro

A mí se me permite acercarme a él en calidad de convulsionario[6]

Las mujeres arrebatadoras que me introducen en el vagón acolchado de rosas

Donde una hamaca que ellas se han molestado en trenzarme con sus cabellos me aguarda

Desde toda la eternidad

Me recomiendan antes de partir que no coja frío al leer el periódico

Dicen que la estatua junto a la cual la grama[7] de mis terminaciones nerviosas

Llega a su destino es afinada cada noche como un piano

 

André Breton,

de El revólver de pelo cano

 

 



[1] En general, la expresión le grand secours puede entenderse como un sinónimo de “el salvador”. Así, por ejemplo, en las profecías de Nostredamus, se afirma que <>. Por otra parte, en el ámbito teatral, le grand secours es un dispositivo que arroja una enorme cantidad de agua cada vez que se produce un conato de incendio en el escenario.  Étre de grand secours equivale en castellano a “ser de gran ayuda”.

Samuel Beckett debía de tener en alta estima este poema, pues lo incluyó entre los muchos textos superrealistas que tradujo al inglés para la revista English for Transition, editada y dirigida por Eugene Jolas.

[2] Por mucho que Breton juegue con los diversos sentidos de cachet (sello), la referencia a la quinina nos indica que la acepción apropiada aquí es 14 del DRAE: “p. us. Conjunto de dos obleas redondas entre las cuales se encierra una dosis de medicamento, para poderlo tragar sin percibir su sabor”. Lo que en la actualidad denominamos “cápsulas”.

[3] Lagarto moteado, enchaquirado, de cuentas...: http://es.wikipedia.org/wiki/Heloderma_horridum.

[4] Dado que esta imagen volverá a aparecer en la Oda a Charles Fourier como <>, nos inclinamos a traducir el adjetivo diamante como <>, en vez de cómo <>.

[5] Sobreentendamos <>. Probablemente en alusión a la filosofía de Heráclito.

[6] Además de la acepción del DRAE, ver: http://es.wikipedia.org/wiki/Convulsionarios.

[7] Literalmente, chiendent significa “perrodiente”, “dientes de perro”. 

DANIEL GASCÓN ESCRIBE DE PODEMOS

DANIEL GASCÓN ESCRIBE DE PODEMOS

[Daniel Gascón, en su artículo de los jueves de ’Letras Libres’ reflexiona sobre la política española actual y las batallas de símbolos de Podemos; a veces da la sensación de que ellos hubieran inventado la política y la democracia. Han llegado al Parlamento por el mismo procedimiento democrático que todos los demás partidos y diputados, pero Pablo Iglesias es un gran estratega que parece manejar mejor los medios que las ideas y quizá el sentido de Estado.]

 

Por DANIEL GASCÓN.
Escritor, traductor y director de la edición española de ’Letras Libres’.

 

La política española se ha vuelto tan apasionante en los últimos tiempos que parece ocuparlo todo. Hablamos de las tácticas y la aritmética del poder, y de la tensión sexual no resuelta entre las distintas formaciones. Es un espectáculo de gran intensidad retórica. Ese mayor interés puede contribuir a incrementar la calidad de nuestra democracia. Los votantes saben y exigen más, y la fragmentación del poder puede aumentar la rendición de cuentas y la vigilancia mutua. Al mismo tiempo, el aspecto espectacular, algunas particularidades de las elecciones recientes -las candidaturas personalistas, el doble enfrentamiento entre izquierda y derecha y vieja y nueva política- y las dificultades para las alianzas han hecho que la conversación política nacional parezca más ensimismada, ajena a cuestiones amplias que nos afectan y nos seguirán afectando cuando se alcancen pactos de gobierno.

Otra posible consecuencia de que la política sea más sexy es que acabemos hablando más de política que de medidas políticas. La política se convierte en un fin, en vez de un instrumento, y parece que casi todo ocurre en un vacío: aunque la propia dificultad de llegar a acuerdos lo desmiente, a veces hay quien señala que con voluntad y una señalización ideológica adecuada se pudieran afrontar todas las contingencias y resolver todos los problemas.

Pocas cosas son más entretenidas que una batalla de símbolos, y la formación que mejor sabe manejarlos, en parte porque es un partido en campaña permanente, es Podemos. Lo que menos importa es que sean creíbles, o que reivindiquen medidas que hace años que están en funcionamiento, impulsadas por los partidos de la “vieja política”. Hace unas semanas los diputados del partido anunciaron su renuncia a un plan de pensiones que no estaba en vigor desde 2012. “Nunca más un país sin su gente”, decían ayer en la fórmula que repitieron al prometer su cargo, como si hasta ahora el Congreso de los Diputados hubiera sido un zoológico o no fuera gente la gran mayoría de españoles que no eligió a la formación el 20 de diciembre. La consigna me hizo recordar los versos de Brecht que quizá ya operan en Cataluña: ante la poca fiabilidad de los votantes, el parlamento debería disolver al pueblo y elegir uno nuevo.

En las últimas semanas ha habido discusiones por varias acciones con alto contenido simbólico de la formación de Pablo Iglesias y sus aliados. Esas acciones, que manifestaban cierta inclinación peronista, han revelado a menudo el cruce de una retórica revolucionaria con una sensibilidad un tanto rancia, como de día de Domund en una parroquia de izquierda de hace veinte o veinticinco años: los pobres invitados a cenar en Nochebuena y los elegidos para “encarnar la diversidad”. Muestran también un uso simbólico de las personas, que ejemplifica que Carolina Bescansa acudiera al hemiciclo con su bebé, para realizar un “gesto” en un espacio donde hay una guardería desde hace años.

Otra de las cosas que muestran es su habilidad para apoderarse del relato y convertirse en los protagonistas de la noticia. Aunque han fracasado en las negociaciones sobre la mesa y en su aspiración a tener cuatro grupos parlamentarios, el espectáculo de ayer les hace aparecer en las portadas.

Arcadi Espada denomina esta estrategia comunicativa “anecdotismo”. La foto o nota excéntrica, el detalle destinado a “desengrasar” -como decía una de mis jefas en televisión- se convierte en el centro de la noticia. Aprovechan el funcionamiento y las debilidades del periodismo, así como lo que Manuel Jabois llama “la capacidad de un español de escandalizarse”, y luego se benefician de la polémica generada, que contribuye a cargar de significado un gesto a menudo frívolo o intrascendente. Consiguen que se hable de ellos y además, en un movimiento de judo, las reacciones más contundentes (o grotescas) son las que más se recuerdan, y se descontextualizan y emplean para anular todas las críticas.

Las guerras simbólicas son divertidas y muy eficaces para la movilización. Es casi imposible mantenerse al margen, y seguramente tampoco es deseable. Pero también es bueno no entrar en todas las escaramuzas, porque benefician a quienes las organizan y protagonizan, roban atención y recursos que deberían ir destinados a reformas y debates necesarios, en vez de desperdiciarlos en propaganda y bufonadas.

ADELL Y GARCÍA: CITA CON LOS CASTILLOS

ADELL Y GARCÍA: CITA CON LOS CASTILLOS

[Hoy, a las 19.30, en la sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés José Antonio Adell y Celedonio García presentarán su nuevo libro, ’Historias y leyendas de los castillos de Aragón’ (Pirineo), en compañía del especialista Luis Zueco, ingeniero y novelista, y del periodista y escritor Antón Castro.]

 

 

DOSSIER: PRESENTACIÓN DEL LIBRO:

 HISTORIAS Y LEYENDAS DE LOS CASTILLOS DE ARAGÓN

A las personas que defienden nuestro patrimonio y conservan el amor por la cultura, por el arte y por las tradiciones que nos legaron nuestros antepasados.

El libro está estructurado en cuatro partes, con cuarenta capítulos y cuarenta castillos.

12 Huesca.

17 Zaragoza.

11 Teruel.

En uno de los capítulos, el dieciséis, hace referencia a tres fortalezas. En los dos últimos aparecen medio centenar de fortificaciones que también encierran alguna leyenda.

La narración se he realizado de forma novelada para que llegue directamente al lector, aunque también existan algunas indicaciones referidas a la historia del castillo o sus elementos constructivos.

En sus páginas vas encontrar historias de guerreros, de defensas numantinas de fortalezas en la Guerra de los Dos Pedros, de señores crueles, de templarios asediados, de torneos medievales, de traiciones y alianzas, de batallas memorables, de tesoros ocultos o de seres misteriosos. También de historias de amor entre cristianos y musulmanes; de personajes históricos-legendarios como El Cid, San Vicente Ferrer, el papa Luna o el bandolero Esteban Cisneros, y de monarcas como Sancho Ramírez, Alfonso I y Doña Urraca, Ramiro II el Monje o Jaime I.

A)  Bloques:

 

1)     Leyendas históricas.

-García Jiménez, conde del Sobrarbe. Cruz sobre carrasca. Castillo de Aínsa.

-La campana de Huesca. Palacio de los Reyes de Aragón.

-Castillo de Montearagón y batalla del Alcoraz.

2)  Personajes históricos.

         -El rey Jaime en el castillo de Monzón.

         -El Cid. Castillos de Monzón y Tamarite.

         - La derrota y muerte de Alfonso I. Castillo de Fraga.

         - Vicente Ferrer. Castillo del Compromiso de Caspe.

         - El papa Luna. Castillo de Illueca.

         -La captura del bandolero Esteban Cisneros. Castillo de Mesones.

         -El encierro de Doña Urraca. Castillo de Calatorao.

 

3Historias de amor

-Doña Violante en Loarre.

-Guati y Zalema o la mora encantada. Castillo de Argavieso.

-El juramento de amor. Castillo de Sos.

-Palacio de la Aljafería.

-Los amores de Brianda de Luna y Luis Cornel. Castillo de Alfajarín.

-Selina, la mora encantada de Daroca.

-Amores trágicos. Castillo de Peracense.

-Castillo de la Fresneda. El arquero y la dama mora.

-Teruel, la ciudad del amor. Fortificaciones de Teruel.

-Los amores de Zaida de Cella y Aben Razin . Castillo de Albarracín.

-Fátima de Mora y Alonso de Rubielos. Castillos de Mora y Rubielos.

4) Pasadizos y Tesoros escondidos.

-El toro de oro. Castillo de Lanaja.

-Castillo de Sádaba.

 

5) Conquistas de fortalezas. Luchas entre cristianos y musulmanes.

         -Alodía la heroína de Alquézar.

         -El castigo del alcaide moro. Castillo de Peralta.

         - Los cincuenta caballeros. Fortaleza de Uncastillo.

         - La conquista de la fortaleza de Rueda.

         - La traición de la dama cristiana. Castillo de Alfambra.

 

6)  Señores crueles.

         -Antón de Luna, El cruel señor de Mequinenza.

- La mano de ella. Castillo de Maella.

 

7)   Castillos con fantasma.

-Don Julián en Loarre.

-La soledad de la princesa mora. Castillo de Carboneras en Binaced.

-La mora encantada. Castillos de Trasmoz, Borja y Bulbuente.

-El pozo de la mano peluda. Castillo de Valderrobres.

8)  Asedios y rendiciones

-         El valeroso alcalde. Castillo de Báguena.

-         A una como los de Buñea. Castillo de Bueña.

-         La caída de los templarios. Castellote.

-          Asedio a los calatravos en el castillo de Alcañiz.

-         Uno contra todos. Castillo de Calatayud.

 

B)  Las historias y leyendas de los castillos por siglos.

Siglo VIII: Aínsa, Daroca,

Siglo X: Uncastillo

Siglo XI: Montearagón, Argavieso, Alquézar, Peralta de la Sal, Tamarite, Lanaja, Rueda, Peracense, Albarracín,Borja, Trasmoz, Bulbuente

Siglo XII. Huesca, Carboneras, Fraga, La Fresneda, Alfambra, .

Siglo XIII: Monzón, Sádaba, Teruel, Mora de Rubielos

Siglo XIV: Sos, Alfajarín, Mequinenza, Maella, Báguena, Bueña, Alcañiz, Valderrobres, Castellote,

Siglo XV: Loarre, Aljafería, Caspe, Illueca,

Siglo XIX: Calatayud,

Siglo XX: Mesones.

 

C)  ÍNDICE

 

PRIMERA PARTE. CASTILLOS DE LA PROVINCIA DE HUESCA

Capítulo I. García Jiménez, legendario conde del Sobrarbe (Castillo de Aínsa)

Capítulo II. La fortaleza románica, escenario de películas y leyendas (Castillo de Loarre)

Capítulo III. La campana de Huesca, leyenda universal (Torre del palacio de los reyes de Aragón)

Capítulo IV. Una fortaleza para tomar Wasqa (Castillo de Montearagón)

Capítulo V. Guati y Zalema o La mora encantada (Castillo de Argavieso)

Capítulo VI. Alodia, la heroína de Buera (Castillo de Alquézar)

Capítulo VII. El rey Jaime siendo niño huye por un pasadizo (Castillo de Monzón)

Capítulo VIII. La soledad de la princesa mora (Castillo de Carboneras. Binaced)

Capítulo IX. El castigo del alcaide moro de Peralta (Castillo de la Mora. Peralta de la Sal)

Capítulo X. El Cid perdona a los vencidos (Castillo de Monzón y torreón de Tamarite)

Capítulo XI. El toro de oro (Castillo de Montoro de Lanaja)

Capítulo XII. La dura derrota de “El Batallador” (Castillo de Fraga)

 

SEGUNDA PARTE. CASTILLOS DE LA PROVINCIA DE ZARAGOZA

Capítulo XIII. El juramento de amor (Castillo de Sos)

Capítulo XIV. Los cincuenta caballeros (Fortaleza de Uncastillo)

Capítulo XV. El pastor que aprendió a leer (Castillo de Sádaba)

Capítulo XVI. La mora encantada (Castillos de Borja, Trasmoz y Bulbuente)

Capítulo XVII. Leyendas de la Aljafería (Palacio de la Aljafería de Zaragoza)

Capítulo XVIII. Los amores de Brianda de Luna y Luis Cornel (Castillo de Alfajarín)

Capítulo XIX. El coraje de Vicente Ferrer (Castillo del Compromiso de Caspe)

Capítulo XX. El cruel señor de Mequinenza (Castillo de Mequinenza)

Capítulo XXI. La mano de ella (Castillo de Maella)

Capítulo XXII. El amor del papa Luna a su tierra (Castillo de Illueca)

Capítulo XXIII. La captura de Esteban Cisneros (Castillo de Mesones de Isuela)

Capítulo XXIV. El encierro de Doña Urraca (Castillo de Calatorao)

Capítulo XXV. La reconquista de la fortaleza de Rueda (Castillo de Rueda de Jalón)

Capítulo XXVI. Uno contra todos (Castillo de Ayub)

Capítulo XXVII. Selima, la mora encantada (Castillo de Daroca)

 

TERCERA PARTE. CASTILLOS DE LA PROVINCIA DE TERUEL

Capítulo XXVIII. El valeroso alcaide (Castillo de Báguena)

Capítulo XXIX. A una, como los de Bueña (Castillo de Bueña)

Capítulo XXX. Amores trágicos (Castillo de Peracense)

Capítulo XXXI. Una fortaleza con múltiples historias legendarias (Castillo de Alcañiz)

Capítulo XXXII. La puntería del arquero y el amor de la dama mora (Castillo de La Fresneda)

Capítulo XXXIII De la Peña de Aznar Lagaia a la fortaleza del arzobispo de Zaragoza (Castillo de Valderrobres)

Capítulo XXXIV. La caída de los templarios (Castillo de Castellote)

Capítulo XXXV. Traición de la dama cristiana (Castillo de Alfambra)

Capítulo XXXVI. La ciudad del amor (Fortificaciones de Teruel)

Capítulo XXXVII. Leyendas del reino de los Beni Razín (Fortalezas de Albarracín)

Capítulo XXXVIII. Los amores de Fátima de Mora y Alonso de Rubielos (Castillo de Mora de Rubielos)

 

CUARTA PARTE. OTRAS LEYENDAS

Capítulo XXXIX. Otras leyendas de castillos aragoneses 

Capítulo XL. Los castillos del Cid 

 

D) INTRODUCCIÓN

 

Se ha escrito y publicado mucho sobre los castillos aragoneses. Algunos se han rehabilitado en los últimos años y son muchos los visitantes y turistas que disfrutan con un recorrido por estas fortalezas.

Todas ellas forman parte de nuestro patrimonio artístico e histórico. Incluso en algunas se han rodado películas, se ofrecen recreaciones históricas o se han instalado centros de interpretación.

Por desgracia también nos encontramos con muchas fortalezas en proceso de ruina inminente, sin que nadie mueva un dedo para evitar su irremisible desaparición. De otras ya solo quedan las ruinas e incluso edificaciones sobre esos restos del pasado. No deberíamos olvidar que parte de las historias y vidas de nuestros antepasados ha estado vinculada a estos recintos.

En esta publicación queremos poner en valor el patrimonio etnológico vinculado a nuestros castillos. Y para ello recogemos historias, leyendas, personajes… que nadan entre la realidad y la ficción.

El libro está estructurado en cuatro partes, con cuarenta capítulos y cuarenta castillos. En uno de los capítulos, el dieciséis, hace referencia a tres fortalezas. En los dos últimos aparecen medio centenar de fortificaciones que también encierran alguna leyenda.

La narración se he realizado de forma novelada para que llegue directamente al lector, aunque también existan algunas indicaciones referidas a la historia del castillo o sus elementos constructivos.

Lógicamente, no están todos los castillos de Aragón, incluso puede faltar alguno significativo, pero nuestro criterio ha sido que hubiera alguna leyenda o historia de interés. Probablemente nos hayamos podido dejado otras que deberían aparecer, y por ello te pedimos disculpas, amigo lector.

Entre las narraciones que vas encontrar aparecen historias de guerreros, de defensas numantinas de fortalezas en la Guerra de los Dos Pedros, de señores crueles, de templarios asediados, de torneos medievales, de traiciones y alianzas, de batallas memorables, de tesoros ocultos o de seres misteriosos. También de historias de amor entre cristianos, entre moros y de cristianos/as y moras/os; de personajes históricos-legendarios como El Cid, San Vicente Ferrer, el papa Luna o el bandolero Esteban Cisneros, o de monarcas como Sancho Ramírez, Alfonso I y Doña Urraca, Ramiro II el Monje o Jaime I.

En el año 1985 comenzamos con las publicaciones sobre Aragón. Hoy, treinta años después, hemos obsequiado a nuestros lectores con más de una treintena de publicaciones y hemos colaborado en otras tantas.

Estos trabajos no hubieran visto la luz si no hubiese lectores que se adentrasen en nuestros libros. Por ello agradecemos a todas las personas que os habéis interesado por nuestras publicaciones. Por todos vosotros seguimos adelante con ilusión e incluso con pasión por nuestro trabajo.

 

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