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Antón Castro

Escritores

ACE Y CEDRO: LETRAS DE ARAGÓN

19 DE NOVIEMBRE. BIBLIOTECA DE ARAGÓN

JORNADA DE LETRAS DE ARAGÓN POR LA ACE 

La Asociación Colegial de Escritores de España (ACE), que preside el poeta, narrador y crítico Manuel Rico, en colaboración con CEDRO, ha organizado una jornada, para el jueves 19, en sesión de mañana y tarde, en la Biblioteca de Aragón para analizar el estado de la literatura en Aragón y establecer vínculos con los distintas comunidades autónomas. La entrada es libre, se han organizado mesas redondas y habrá participación del público. 

Una ACE para el siglo XXI. Jueves 19 de noviembre 2.015
Biblioteca de Aragón, calle del Doctor Cerrada, 22

PROGRAMA
-12:00. Presentación y bienvenida a cargo de Rafael Soler, Vicepresidente 1º de la Asociación de Escritores de España (ACE)

LA LITERATURA EN ARAGÓN Y LA REALIDAD DE SUS AUTORES
Moderador: Antón Castro
-Intervienen: José Luis Acín, Juan Bolea, José Luis Corral, Paco Goyanes.

18:30
EL ESTADO DE LA POESÍA EN ARAGÓN
Moderador: Miguel Ángel Yusta
Intervienen: Tua Blesa, Adolfo Burriel, Ángel Guinda y Trinidad Ruiz Marcellán.

19:30
EL ESTADO DE LA NARRATIVA EN ARAGÓN
Moderadora: Eva Cosculluela
Intervienen: Ana Alcolea, Ismael Grasa, Cristina Grande, Sergio del Molino.

 

*La foto de Rafael Navarro la tomo de aquí...

 

 

MARINA PEREZAGUA: TEXTOS DE 'YORO'

Marina Perezagua (Sevilla, 1978) deslumbró con libros de relatos como ‘Criaturas abisales’ y ‘Leche’. Durante algún tiempo, le dio vueltas y más vueltas a una novela compleja, de atmósferas y de personajes, de memoria y turbulencia, poderosa e inquietante, que es ‘Yoro’, publicada también con su editor habitual, el también escritor y editor Enrique Murillo en Los libros del lince. Esta es la historia de una mujer, H, que fue víctima del bombardeo de Hiroshima, y es también la historia de su hija Yoro.

La novela, entretejida con intensidad y laberíntica, ya ha impactado en estupendos lectores como Toni Iturbe o Javier Fernández de Castro. Este, que fue amigo del futbolista Carlos Lapetra, y excelente narrador también, ha escrito: “Yoro es una novela rica, llena de brutalidad y horrores (esa madre a punto de morir de hambre y que agradece a sus carceleros que la alimenten cuando está sin saberlo devorando a sus propios hijos) pero también repleta de imágenes y metáforas muy sugestivas y llenas de vida. Porque, en definitiva, como dice la propia narradora en algún momento, todo lo que se cuenta y sucede, por más brutal y negativo que parezca, en el fondo sólo es un alegado en pro de la vida”.

Marina Perezagua, que es una gran deportista, capaz de cruzar los mares, tiene la cortesía de enviarme algunos fragmentos de su novela. He aquí una escritura muy particular, trabajada, hermosa.

 

FRAGMENTOS DE’YORO’ (LOS LIBROS DEL LINCE)

DE MARINA PEREZAGUA

 

*

Señor:

Las páginas que siguen constituyen mi declaración, y se centran especialmente en las circunstancias que me llevaron a cometer los delitos por los que se me juzgará, actos de los que no me arrepiento. Esto no es una confesión. Toda confesión no es más que un arma del poder que hace que quien escribe termine delatándose. No voy a ser yo quien se delate a sí misma. Como se verá, hice todo lo que pude por resistir al poder. Si me manché, no fue en su defensa. Este texto tampoco es una justificación. Lo que usted va a leer es la señal que un hierro candente dejó en el anca de una mula, el hueco erosionado por la lluvia en la roca, la inclinación de un árbol provocada por el viento persistente. Esto es, usted leerá la respuesta lógica de una naturaleza sensible, mi historia. Una historia escrita por mí, pero movida por la fatalidad que otros tejieron desde arriba. A medida que vaya leyendo, usted verá el retrato de alguno de sus colegas, de algún familiar, o de usted mismo. Si no le gusta lo que encuentra, puede romper el espejo o quemar lo que ha leído, pero no logrará librarse de la infección con que el intestino corrupto contamina ríos, mares, úteros, campos. Tampoco podrá quitarme la alegría que finalmente he logrado conocer.

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Me llamo a mí misma H porque se me negó siempre la voz y un español me dijo que en su idioma la «h» es la letra muda. Utilizaré esta letra como mi nombre, considerando que es también el nombre de muchos otros mudos que tal vez encuentren aquí su voz. He escrito esta nota después de contar toda la historia que sigue. Estoy muy cansada, quizás de ahí el tono de frialdad que encontrará en estas últimas palabras. No se lo tome como algo personal. El amor siempre ha prevalecido en mí. He amado y amo como si hubiera nacido para ello. Si usted lee bien, verá que en el fondo de todos mis actos está siempre ese amor. Júzgueme según su ley, pero considere como mi último deseo esta petición:

Una vez que también usted me quite la voz, si tiene la oportunidad de hablar por mí, no mencione palabras de muerte. Cuando alce mi cabeza en su mano, todo el mundo sabrá que maté. Por eso, sólo le pido que, si le preguntan, recuerde que las últimas palabras de H fueron éstas: Dios sabe cómo defendí la vida.

H. República Democrática del Congo

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El incendio fue el final de una búsqueda que comenzó hace exactamente cincuenta y cinco años, cuando conocí a Jim. La historia de Jim es la mía. No es que su historia esté vinculada a la mía, no es que el hecho de amarle haya influido en mi vida, es que sin él yo no habría llegado a ser, pues entiendo por llegar a ser ese momento en que me atreví a ver lo que siempre había sido. Llegar a ver, llegar a ser, eso es lo que le debo a Jim. Dije adiós al yo desollado, al yo carente del órgano más grande del cuerpo — la piel—, al yo que ni siquiera reclama su derecho a ese único cuero que nos sale gratis, y poco a poco me convertí en el yo que se lanza a la caza de la presa que me habían quitado de entre los dientes, el yo que es un león que corre, salta, lucha para recuperar la carne que le robaron, su propia carne, no carne de cebra, ni de antílope, ni de otro león, sino la suya propia. Fui una leona lanzada a la caza de sí misma. Y me atrapé. Con mi carne rellené la piel reencontrada. Así me convertí en el yo de hoy, completo, dorado, amenazador. Jim fue la primera mano que vio y acarició el pellejo sincero con que mi madre me había nacido, esa piel que me devolvió la protección natural que me correspondía. Tan fuerte he llegado a ser, a verme, que hoy, aun estando desnuda, soy capaz de sentirme acorazada. Atrás quedaron aquellos tiempos en que me despertaba intentando meterme en la cáscara de otra, y al final del día me iba a la cama triste, con dolor en las articulaciones. ¿Cómo no se me iban a deformar los huesos después de tantos intentos de acoplarme a lo que se esperaba de mí? Pero ya no me duele nada. Gracias a Jim se detuvo la deformación que sufrieron mis dedos intentando alcanzar frutas que habían crecido para otros; gracias a Jim también mis piernas comenzaron a enderezarse cuando dejé de transitar las curvas de paisajes que no me importaban, y gracias a él mi espalda está hoy, en mi senectud, mucho más erguida que cuando tenía veinte años y cargaba con las expectativas de los demás.

 

 ***

Una vez escuché a una silvicultora decir que en un bosque los árboles no son seres individuales, sino un todo que se conecta en el subsuelo mediante bulbos, hongos y raíces a través de los cuales intercambian dióxido de carbono y nitrógeno. Lo que un árbol respira sale por los pulmones de otro árbol. La calidad de vida y longevidad de cada uno depende del resto. Al igual que antes dije que mi vida está enraizada en la historia de Jim, también su vida vino marcada por la mía. Jim y yo fuimos — somos— parte del mismo rizoma, árboles conectados por el hongo de la primera bomba atómica. Así, unos siete meses después de que Jim fuera embarcado en el Oryoku Maru se produjo el bautizo del arma que nos sembró en el mismo bosque y cambió la Historia, y que en lo personal me afectó de un modo tan particular que todavía hoy me cuesta explicar el evento con la distancia con que lo leo cuando los historiadores lo cuentan. No me llegan sus crónicas, no me afectan. No veo el dolor cuando, en un libro de historia, leo ese capítulo, y me resulta imposible entender cómo puede nadie pretender explicar una guerra sin causar dolor, empatía, en el lector. Lo llaman imparcialidad, pero se puede mostrar dolor también desde la imparcialidad. Yo lo llamo desinterés, que es lo mismo que parcialidad puesta al servicio de los vencedores. Al servicio de usted. Apenas llevo escritas las primeras páginas de este testimonio y ya me había olvidado de que le estoy escribiendo, en gran parte, a usted. Pues bien, déjeme explicarle por qué no me gustan los libros de historia, ya que de historia va, en gran parte, este relato. Seguro que usted ha escuchado alguna vez a alguien que, tras haber sido testigo directo de algún acontecimiento histórico de importancia, dice cosas como «creo que he nacido para contar este momento a los demás». Se diría que la Historia, con mayúscula, les ha dado su misión en la vida. Señor, no es éste mi caso. Yo no sobreviví Hiroshima para contarlo. Yo sobreviví Hiroshima porque mi deber era sobrevivir, ser testigo de mi propia existencia, que es para lo que mi madre me trajo al mundo, para ver lo que tengo delante, una bomba o un rebaño de ovejas que pacen en paz. Tan simple como eso y, sin embargo, algo que no todo el mundo puede decir. La gente necesita misiones espectaculares. Alguien nace en un pueblecito de la Provenza francesa que considera muy aburrido. ¿Qué misión es esa de levantarse y ver siempre las mismas piedras? Entonces decide estudiar la guerra civil española. Hace un par de viajes a España, habla con los supervivientes, se le salta una lágrima al escuchar algunas cosas demasiado inhumanas para su alma de pueblo bondadoso, lee algunos libros, o digamos que lee muchísimos libros, y luego se pasa el resto de su vida escribiendo parrafadas desde la perspectiva del bando que haya elegido. Ya ha encontrado su cometido. Documentar. Pasar la voz. Tal vez ése sea el deseo del historiador, es alguien que siente la necesidad de actuar como un mesías de la información. Esto está muy bien, señor, es necesario. Pero le diré algo. Esa historia no vale nada si no está escrita desde un sentimiento de dolor universal. Una guerra es mucho más que datos, recuento de muertos, atrocidades. Una guerra es una herida profunda en la dignidad del ser humano, es una tara, una deformación congénita que indica un nuevo fracaso de la humanidad. El historiador que no haya vivido lo que cuenta, si quiere contarlo, debe escribir desde un sentimiento de vergüenza y compasión. Yo sí podría escribir un capítulo sobre Hiroshima, pero no porque viví allí, sino porque ya antes, y a pesar de mi poca edad, había sentido ese fallo humano que se cuela en el día a día hasta explotar en Hiroshima, en Vietnam o en cualquier enclave que no es más que un afluente del caudaloso río de la guerra. Insisto: un árbol no es un ser individual. Lo que un árbol respira sale por los pulmones de otro árbol. Hasta que el historiador no comprenda esto, los niños, con razón, seguirán odiando esa asignatura en las escuelas y, lo que es peor, seguirán olvidándola. Ajena a ese desinterés del historiador que escribe desde una biblioteca, trataré de dar mi propia versión de los hechos, tal como yo los sufrí, en las trincheras, como quien dice. No podré decirle, ni me importa, si fui de las que ganaron la guerra o la perdieron. Lo que sí sé es que he vivido mi época en primera persona, y eso me da ventaja sobre aquellos que al final de su vida creen que vivieron su contemporaneidad porque compraban el periódico del domingo.

 ***

 

En Hiroshima, la paz que reinó tras la destrucción trajo consigo promesas esperanzadoras. Usted comprenderá que yo, siendo todavía una adolescente ingenua, quisiera compartirlas. Qué lejos queda hoy aquella credulidad, aquella capacidad de la juventud no ya para el perdón, sino para el olvido. Supongo que el rencor es un gen de supervivencia que responde a mecanismos tan necesarios como los de la cópula. Un gen que se activa sólo con el tiempo y de acuerdo con las circunstancias. Sin embargo, los animales viven sin rencor. Es sólo nuestro nivel de sofisticación destructora lo que ha implantado en nosotros ese sentimiento que nos permite no caer en la misma desgracia a la que nos ha llevado, precisamente, la misma causa que lo ha provocado: nuestra capacidad de exterminio. Desconozco los misterios de la genética. Pero en algún momento los seres humanos nos hemos convertido en un absurdo. Nuestro genoma es un injerto de genes negativos que se funden con los positivos. No hemos llegado a las dos décadas de edad y ya somos incapaces de deshacernos de la información contaminada. Todo se ha mezclado en nosotros, y no podemos aislar el bien, ni tampoco el mal.

 

 ***

 

Caballos escuálidos con las costillas al aire se paseaban y husmeaban el pasto humano. Lo mordían. La dieta herbívora mantenida durante miles de años era reemplazada por la carnívora. Cosas de la guerra, que todo lo puede. Vi que los caballos, amor, al contrario de lo que sucede con otros animales, mueren sin quejarse, su manera de manifestar el dolor es el silencio. ¿Moriré yo silente como un caballo o lanzaré un grito de cerdo que acalle de golpe todo el silencio que sufrí? Así fuimos recorriendo la ciudad durante cerca de una hora cuando el elefante, tras haber por fin recuperado su memoria ancestral, dirigió su trompa al cielo y, con un bramido, se sacudió de nosotras. Tiradas en el suelo escuchamos cómo sus patas se alejaban sin esquivar los rostros de quienes con la mirada ya vacía le habían arrebatado la libertad. Dos cascos crujieron bajo una de sus pisadas. Me gustó el sonido. «Paz», ponía en uno de ellos. Pero lo sólido no se cuela por ningún lugar, y así el seso soldadesco convertido en un hilo líquido desembocaría, quizás, en las lagunas de la verdadera Paz, esa paz que aquellos soldados habían ridiculizado.

 

 ***

 

Sobre mi estancia en África, qué voy a decirle. Ha nacido usted en un continente hermoso, por lo poco que me he detenido a mirar cuando estaba en superficie, pero lo están agujereando por dentro, están dejando hueco a este continente, y un día usted se dormirá en su cama, pero se despertará bajo tierra, o irá a la habitación de su hija y al abrir la puerta verá sólo un profundo agujero donde los mineros siguen agujereando y echando el material inú- til sobre el cadáver de esa niña que, apenas unas horas antes, usted tapó y besó en su cama. Se quedará agarrado al marco de la puerta, paralizado por la visión del camisón blanco desapareciendo bajo el marrón, el gris, el negro azulado de la carne de esta tierra. Y desde ahí empezará a ver cómo funciona el aterrador engranaje. Verá cómo el cuerpo sepultado irá deslizándose por uno de los túneles, como una tuerca recién hecha se desliza en la cinta transportadora de una fábrica, donde nadie piensa que está montando el arma que acabará sepultándole como otra tuerca que caerá en la misma cinta transportadora, y así sucesivamente, hasta que este continente sea sólo una gran fábrica que escupe tuercas para que un hombre de otro hemisferio dispare barato.

Recuerdo que, al poco tiempo de llegar, me invitaron a una fiesta en la cual vi a un conocido artista belga hacer una escultura — o así lo llamaba él— que resultó muy elogiada y que, al cabo del tiempo, yo llegaría a asociar con la masacre de África. Ante los ojos del personal de la embajada de su país, a quienes había invitado a esa fiesta de inauguración de su obra de arte, agarró un bidón de aluminio líquido y lo volcó en la boca de un hormiguero. Esperó unos instantes a que el líquido se solidificara, cavó, extrajo un gran bloque de tierra, y lo limpió con el agua a presión de una manguera, y así dejó a la vista los pasadizos que habían cavado las hormigas. Los túneles plateados de aluminio mostraban la belleza de ese laberinto insectívoro, pero allí ya no había ni rastro de vida. A veces pienso que ésa sería la única salvación para estas tierras. Que un escultor gigante vertiera plomo líquido en los miles de túneles de este hormiguero humano, antes de que quede totalmente hueco y caigamos todos, hombres, elefantes, culebras, antílopes, monos, al fondo. Aunque para ese entonces creo que yo estaré lejos de aquí. No estaré viva, ni aquí ni en ningún lugar. Pero Yoro sí, Yoro ya está a salvo y yo me río de usted. Lo desprecio. Me siento feliz. Nada me quitará esta felicidad. Aunque me torturaran antes de ejecutarme, pensaría: «Estas torturas durarán uno, dos, siete días. Pero mi felicidad durará toda la eternidad, más que mi cuerpo, más que mi conciencia, porque será un sonido que se repite en cadena, el golpe que un gorila dominante se da en el pecho para reclamar como suyo un trozo de tierra, o el ruido de la lluvia que viene a rellenar las grietas del terreno que la sequía separó». Usted no tiene poder sobre ese sentimiento mío que prevalecerá: la alegría, la risa libre, la chispa aérea, lejos del confinamiento corporal.

 

 ***

 

Amor, Debo de estar maldita, porque aquí está de nuevo tu presencia sin cuerpo, como una placenta vacía. En esta séptima noche sin ti, he despertado otra vez de uno de esos sueños donde sí estabas. Al principio no te veía, pero estabas, como ahora. Eras, eres, un estar sin ser, ¿y es posible imaginar un estado más doloroso en el amor? Pero al final apareciste. Apareciste naturalmente, como si siempre hubieras sido y sólo mi miopía fuera la culpable de que no sepa ver la materia de lo transparente. Eso fue en sueños porque, al despertar, he vuelto a tu presencia sin cuerpo.

Tengo que levantarme de la cama. Pero peso, porque aún estoy mojada, y no es extraño, porque he sufrido setenta días de diluvio. Setenta días, amor. Si supieras. Mientras has estado fuera de casa han pasado muchas cosas. La principal, esta lluvia. Dentro de este mundo mío, el agua había llegado no sólo hasta las cimas de la tierra, sino hasta las alturas del aire y más arriba, hasta el cielo. En el día setenta y uno el agua descansó, porque es muy trabajosa la labor de llover y ser llovido al mismo tiempo. Y siete días más estuvo reposando el agua. No estaba estancada, porque tú sabes mejor que yo que nada se estanca en la amplitud del cielo. Sólo reposaba. Pero no todo ha sido miedo e inundación. Mientras tú te enfrentabas, quizás, a los detalles nimios de una herencia, yo, en mi diluvio, veía amplios paisajes con un amante. Me habría gustado que también tú los hubieras visto, pero no eras tú. Era otro. Nadie elige la compañía en ese otro mundo nuestro. Él pensaba, como yo, que era duro pero hermoso ver que a los pájaros, único signo de vida sobre el agua, se les cerraban los ojos, adormilados por el vuelo sin pausa. Al no tener dónde posarse, se turnaban para descansar las alas sobre un ave amiga, sobre esas plumas también cansadas que luego en justo intercambio sobre ellos descansarían. Pero antes de que el agotamiento impidiera que se siguieran posando los unos sobre los otros, o que el sueño les plegara la alas al cuerpo como el párpado se pliega sobre la córnea, las aguas, amor, comenzaron a retirase y, con ellas, mi primer amante. Primero fueron quedando al descubierto, poquito a poco, nuevos estratos del aire, de mayor a menor intensidad en su azul. Y cuando toda el agua llovida, de tan enorme superficie que parecía océano, bajó algunos metros más, se hizo visible el pico de una montaña, una mancha marrón. Siguió descendiendo el líquido y el pico fue aumentando de base. Primero su diámetro podía ser abarcado por los dos brazos de una persona, luego por los cuatro brazos de dos personas, luego por los seis brazos de tres personas, y así sucesivamente, hasta llegar a los brazos de dios, que coincidían con los de mi segundo amante, a quien hice que me abrazara desde atrás para no verle la cara. Lo que en principio parecía ser la roca de una montaña cualquiera resultó ser la más alta roca en la cima de la montaña más alta, que se fue descubriendo de arriba abajo, a medida que el sol la secaba. Empezaron a brillar como chispas las pequeñas acumulaciones de sales, como aquellas que, cuando buceábamos juntos, yo recogía del espigón salvaje para salar el pescado atravesado por tu arpón. El calor secaba el marrón húmedo y oscuro y lo tornaba en un marrón rojizo, como arcilla que, tan moldeable parecía, tus manos fuertes podrían haber transformado a su imagen y semejanza. La montaña hecha mano, tu palma con esos cinco dedos que supieron sustituir al verbo por la caricia. Pero, de nuevo, no eras tú, sino otro. Un tercer hombre de piel muy cálida que me secaba las gotitas de lluvia. Y el agua siguió bajando, y cuando el diámetro de la montaña habría necesitado de muchos brazos para ser rodeado, quedó al descubierto, en un gran saliente, balcón natural con vistas al (todavía) océano, un enorme barco. Era de madera, y por la juntura de sus largas tablas iban saliendo chorros de lluvia almacenada. Las alimañas (no estaban muertas) acudieron alegres a beber. Se acercaban a saltitos, o serpenteando, o a rastras. Tú, quizás, pensativo, aburrido en un autobús, o firmando algún papel, y yo, recompensada por tu ausencia, viendo todo esto. El primer crujido del barco hizo que a algunas fieras se les erizaran un poco los pelos del lomo, pero cuanto más bebían, más tranquilas parecían. Cientos de rabos de zorros, lobos, hienas, lagartos, reposaban o colgaban de los cuerpos serenos, sin señal de alerta ni siquiera cuando del barco salió una pareja de algo. Era una pareja cubierta de una gelatina también rojiza. Y luego salió otra pareja. Y después otra, los pelos pegados, prensados por esa especie de gel orgánico que los cubría a todos. Es el semen de dios, pensé. Debido a esta envoltura no se podían ver todos sus atributos, pero cada par tenía algo en común: su disparidad, como si el arca hubiera salvado de las aguas no a cada pareja de semejantes, sino a cada ser único en sí mismo. No sólo no había una pareja cuyos dos miembros tuvieran características similares, sino que ni siquiera había alguien que se pareciera a alguien. Eran cientos, y seguían saliendo, cientos de desiguales. Cuando parecía que estaban todos fuera, amor, se quitaron la gelatina de los ojos y se miraron. Algunos, dependiendo de la especie, también se olían, y otros se palpaban con sus manos o patas. Parecía que cada uno buscaba a otro en la multitud. Estando todos envueltos por su capullo traslúcido comenzaron a lamerse, para disolverlo. Se lamían para hacerse visibles, audibles, tocables. Se lamían unos a otros y también a sí mismos. Entonces me vi en la multitud, yo también, lamiendo. Después de haber lamido a otros tantos, te encontré. También tú debías de haber estado tiempo buscando, porque tu lengua me limpiaba la piel despacio, cansada. Nos hicimos palpables, jugosos, suaves. Y cuando todos, no sólo tú y yo, sino todos, estábamos limpios, copulamos con el elegido. Aún estoy mojada, pero ya no es el diluvio, porque mañana regresas a casa. Ya puedo levantarme de la cama. Qué importa que tú estés seco y yo en las aguas, si, cuando hay diferencia, todo se acopla como el nido a la rama.

Tu amor,

Nueva York, 1969 (el hombre acaba de pisar la Luna)

 ***

Recuerdo ahora una escena que presencié hace unos meses. Se demoraba el metro que estaba esperando para volver a casa. Las ratas corrían por las vías buscando comida entre la basura. Por su indiferencia, sabía que la llegada del metro no se produciría en los próximos minutos. Miré a los que como yo esperaban en el andén. Crucé la mirada con unos ojos velados de agua. Aún no había lágrimas, pero el velo estaba a punto de romperse. Eran de una adolescente que, en su tristeza, entregaba algo a su madre. Un bulto de medio metro de altura. Por el cuidado con que estaba pasando de las manos de la hija a las de la madre, parecía extremadamente delicado. Estaba cubierto por una bolsa de basura a modo de improvisado impermeable porque, afuera, había empezado a llover. La madre, temblorosa, tomó en sus manos el bulto pero, antes de que le diera tiempo de acomodarlo entre su pecho y sus brazos, la hija se lo arrebató en un movimiento nervioso, casi violento. La madre, a su vez, volvió a quitárselo a la hija, y la miró desafiante mientras se abrazaba al bulto con fuerza. La hija lloró, la madre apretó los ojos. Madre e hija, viuda y huérfana, se disputaban como fieras las cenizas del marido, del padre.

 

-Fragmentos de ‘Yoro’ de Marina Perezagua. Los Libros del Lince. 2015. [Cortesía de la autora.]

 

-La primera foto pertenece a la promoción de Los Libros del Lince. La segunda a http://zasmadrid.com/wp-content/uploads/2015/10/Marina-Perezagua.jpg

 

*La portada la tomo de aquí. 

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FRANCESC BLANCO: LECTOR APASIONADO

FRANCESC BLANCO. Escritor. Barcelona, 1965. Autor de ‘Proyecto XI’ (Suma de Letras)

 

“La magia de hoy algún día será ciencia”


Francesc Blanco (Barcelona, 1965) presentaba el pasado lunes, en el Teatro Principal y en diálogo con la escritora Isabel Abenia, su primera novela: ‘Proyecto XI’ (Suma de Letras), un thriller, una narración de libros, de ocultismo, fenómenos paranormales y periodismo. El acto está organizado por la librería París en colaboración con el Ayuntamiento de Zaragoza.  

-¿Qué le debe Francesc Blanco como escritor a ‘Cien años de soledad’ de Gabriel García Márquez? 

-Todo. A los doce años cayó en mis manos un ejemplar de ‘Cien años de soledad’. Me cautivo. Tras la lectura de las primeras páginas, donde el autor describe Macondo y nos habla de los Buendía, pensé: algún día también escribiré… Esa novela marcó mi destino para siempre.

 

-¿Cómo se ha ido gestando su carrera de escritor? 

-La idea quedó en el baúl de los recuerdos. Estudié económicas y desarrolle una larga carrera en el mundo de la auditoría financiera. Muchos años después sucedió un hecho trágico: la muerte repentina de mi hermano. Si la vida es un tren en marcha, en ese momento mi vagón se paró. Miré a mi alrededor y lo que vi no me gustó, sentí que estaba siguiendo un camino que no era el mío. Entonces recuperé aquel viejo sueño de la infancia. Me encerré en casa y comencé a escribir.

 

 -¿Cómo nació esta su primera novela, ‘Proyecto XI’? 

-A partir de una idea. Quería hablar de las personas que sienten devoción por los libros, que se dejan llevar por el autor hasta el mundo que habita en el interior de las novelas. Así nació Bastian, un muchacho con extrañas facultades relacionadas con los libros: es, por ejemplo, capaz de predecir el futuro utilizándolos. De su mano llegó el resto.

 

-Bastian también es el protagonista de un libro que le gusta mucho: ‘La historia interminable’ de Michael Ende. ¿Qué le hizo pensar que su novela podría gustarle al presentador, documentalista y humorista Juan Carlos Ortega? 

-No conocía personalmente a Juan Carlos, aunque había seguido su trayectoria y me parecía muy interesante. A través de un amigo común le hice llegar el manuscrito, pretendía que me diera su opinión objetiva. Le encantó. Cuando aceptó escribir el prólogo no podía creerlo.

 

-Dice: “A veces la verdad es tan evidente que se convierte en invisible, y entonces hay que saber mirar para poder verla”. ¿Sería esa frase una de las claves del libro? 

-Desde luego. Hace tiempo me regalaron un sofá de un rojo tan intenso que pensé que tendría que ponerme gafas de sol para mirarlo. Está en casa, en el salón. Sin embargo se ha integrado en mi paisaje como un mueble más y ya ni siquiera me llama la atención cuando lo veo. Creo que eso sucede a menudo: nos rodean cosas que llevan tanto tiempo ahí que ya no las percibimos, ni siquiera las valoramos en su justa medida.

 

 -En otro lugar, se afirma: “El mundo del ocultismo y el Más Allá es una inmensa olla de grillos con un único denominador común: el fraude”. ¿‘Proyecto XI’ sería una novela de ficción que intenta probar esto? 

Eso lo afirma el escéptico periodista Jon Vivaldi, que se halla inmerso en ‘Proyecto XI’, una serie de once reportajes donde pretende desvelar el fraude sobre el que se asienta el ocultismo. Sin embargo Jon dará con algo real. Creo que existen fenómenos que no somos capaces de comprender pero están ahí, formando parte de la naturaleza. Lo que hoy llamamos magia algún día será ciencia.

 

-Entremos con los protagonistas. Jon Vivaldi ha iniciado la redacción del ‘Proyecto XI’, en colaboración con la empresa Arácnida y Víctor Crest, y cuando va a iniciar el último texto, desaparece. ¿Qué sucede? 

-Justo antes de su desaparición Jon remite un extraño correo electrónico a sus colaboradores, pidiéndoles que acudan en su ayuda a un viejo inmueble. En el interior del edificio encontrarán el ordenador portátil de Jon y el diario de Bastian, un niño que treinta años atrás vivió en aquel lugar ejerciendo de adivinador. Iniciarán su búsqueda, una carrera contrarreloj que los conducirá hasta el macabro asesinato de Rosa Marino, cometido en 1974, que a su vez forma parte de una trama mayor, una larga cadena de acontecimientos iniciada mucho tiempo antes en Finlandia.

 

-¿Quién es Rosa Marino? 

-Un personaje que estaba en el momento erróneo con la persona equivocada.  

 

-¿Cuál es el viaje que nos propone el libro? 

-Un viaje por los libros. Buena parte de los personajes son lectores empedernidos, y las pistas que deben seguir están relacionadas con ellos. La historia de la literatura está repleta de anécdotas muy entretenidas que me apetecía contar. Los personajes las van descubriendo durante su periplo.

 

 -¿Ha querido hacer un libro erudito, de thriller, lleno de salidas inesperadas, de laberintos y quizá de miedo? 

-‘Proyecto XI’ es poco de todo eso. Se trata de una novela ecléctica, difícil de catalogar.

 

-¿Sería este un alegato contra programas como ‘Cuarto milenio’ o tantos y tantos que abundan en las madrugadas de la radio? 

-Para nada. Siento un gran respeto hacia el trabajo periodístico. La verdad es que no pretendía denunciar nada en la novela, solo usar algunos elementos mágicos para resaltar la realidad, como el personaje que es capaz de entrar en el interior de los libros.

 

-¿Qué busca en la literatura y qué significa la literatura para usted? 

-Un espacio donde encontrarme. Cuando comienzo a leer a un autor ruso pienso: qué raros son los rusos; pero a las pocas páginas descubro que me están hablando de mí. Eso lo decía Antonio Machado. Y eso es lo que busco.

 

-Desde el punto de vista del estilo, ¿cuáles son sus preocupaciones? 

-Me gusta cuidar al lector, es esencial llegar hasta él. Por lo tanto me preocupan el ritmo y la intensidad, sin que entorpezcan el tema que pretendo transmitir.

 

-En su página web hay una especie de biblioteca de referencia... ¿Son esos los libros que ha leído, los que le han inspirado? 

-Son los libros que aparecen en ‘Proyecto XI’. Y efectivamente se trata de obras importantes para mí.

 

 

*La foto de Francesc Blanco la tomo de aquí:

http://images.eldiario.es/cultura/Francesc-Blanco-paranormales-Proyecto-XI_EDIIMA20150913_0138_5.jpg

EL GRAN DÍA DE LOS LIBREROS

EL GRAN DÍA DE LOS LIBREROS

EL GRAN DÍA DE LOS LIBREROS

 

Profesionales del libro analizan el oficio, reivindican algunas mejoras y recuerdan algunos instantes irrepetibles

 

Antón CASTRO. Zaragoza

Hoy se celebra el Día de las Librerías. Zaragoza, y en Aragón en general, tiene fama de poseer una gran tradición de espléndidos establecimientos del libro. Desde Pórtico y la Librería General a Los Portadores de Sueños, desde Cálamo y Antígona hasta la Pantera Rossa o El Gato de Cheshire pasando por Central, Pons, la Casa del Libro, y otras muchas, sin dejar en el olvido grandes superficies como El Corte Inglés, FNAC o Casa del Libro. Hoy permanecerán abiertas hasta las 22, habrá celebraciones, presentaciones y se descorcharán botellas de vino y de cava. Es la fiesta de la palabra, del librero y del lector, y de ese objeto perfecto, fascinante e inagotable que es el libro: una puerta de tinta y papel y conocimiento abierta al corazón y a la inteligencia. Hemos pedido la opinión de algunos libreros acerca del oficio, la situación del sector, las reivindicaciones y el copioso anecdotario que suele producirse en una librería. Las preguntas son estas:

-1. ¿Qué significa ser librero? ¿Qué es lo que más les gusta y apasiona de su profesión?

-2. ¿De qué se quejan? ¿Qué se puede mejorar?

-3. ¿Cómo celebran el Día de las Librerías?

-4.  Un momento especial, con un autor, con un libro, con los lectores, que se haya producido a lo largo del año.

 

 

LIBRERÍA CÁLAMO. Zaragoza

Francisco Goya y Anna Cañellas

-1. Una manera apasionante de ganarse la vida, con todo lo que lleva aparejada la pasión: gozo, ilusión, aventura…, y a veces cansancio, preocupación, dolor… Lo que más nos gusta y emociona es lo más sencillo, la esencia del trabajo librero: recomendar un libro que nos ha gustado y recibir al cabo de los días palabras de agradecimiento o, por qué no, de crítica o discrepancia.

-2. No nos quejamos de nada, que los años te dictan que sirve de poco. Trabajamos demasiado, es verdad, pero tal como está este país de países decirlo es casi una frivolidad. Si nos gustaría que las diversas instituciones públicas que nos gobiernan entendieran que las librerías no son unos comercios sin más, sino que somos parte fundamental del entramado cultural de nuestra sociedad. Y que actuaran en consecuencia, claro. Siempre hay mucho que mejorar, nosotros también. Y en serio que diariamente nos aplicamos a ello.

-3. Pues con humor. Lo de celebrar “días” nos suena un poco a cosa de especie en extinción…pero no nos ponemos “divinos” y nos sumamos una vez más a la reivindicación del espíritu librero (sea el que sea). Como es nuestro hábito no parar de organizar presentaciones y actos de todo tipo casi diariamente, para el viernes nos decantamos por invitar a todos nuestros clientes una serie de estupendos vinos cedidos por nuestros amigos de la Vinatería El Rincón del Arpa de Tarazona. Y además a las 20 horas nos visitará El Librero Enmascarado, que dictará una breve y bonita conferencia titulada “El ‘ser librero’ aragonés”.

-4. Jope. Atesoramos un montón de anécdotas, claro. Dejemos al lado los halagos – falsos o sentidos- de escritores y editores, que nombrarlos nos parece -además de una tontería- una enorme vulgaridad. Hace unos días, en la presentación del último poemario de Marta Sanz, uno de los asistentes se fue con un ejemplar sin pagar. Como lo conocíamos y nos daba corte, no le dijimos nada. Al cabo de un par de días volvió todo apesadumbrado para pagarlo y pedirnos disculpas por su despiste. La humanidad tiene futuro…Y hace un par de meses una posible clienta nos pidió ‘El rosario del Papa’. Lo hemos encargado al Vaticano pero sin mucha esperanza ni fe…

 

 

LIBRERÍA ANTÍGONA. Zaragoza

José Fernández Moreno y Julia Millán

 

-1. La profesión de librero es una de las más vocacionales que existen. Nuestro trabajo nace de nuestra propia pasión por el mundo del libro y lo más emocionante es poner en contacto a los libros con los lectores, cosa que no es nada simple.

-2. Los porcentajes económicos que componen la cadena del libro se dividen entre demasiados agentes. Y las dotaciones de libros que se compran en las librerías con dinero público siempre son escasas: la inversión en cultura requeriría una gran apuesta a medio y largo plazo y eso sí que lo notaríamos. Pero no somos muy de quejarnos, somos más de trabajar e incitar a la lectura a todo el que venga por aquí.

 

-3. Lo celebramos a diario, seleccionando, mostrando, completando los fondos editoriales, estando al tanto de lo que se va a publicar, apreciando y respetando la labor de cada persona que interviene en el mundo del libro: desde el autor hasta el lector, pasando por el editor o el distribuidor, lo mismo que nos gustaría que hicieran con respecto a los libreros. El Día de las Librerías es importante porque el lector y el libro son los verdaderos protagonistas ese día en el que compartimos lecturas y cultura en nuestro espacio, que es su casa también.

-4. De lo mejor que nos ha pasado este año se resume en la publicación de un libro que descubrimos en Viena: lo enseñamos a un editor, se enamoró de él también, compró los derechos y acaba de ser traducido y publicado. Una conjunción de cosas maravillosas que se ha materializado en un libro precioso que ahora llegará a las manos del lector. Con eso nos basta.

 

LOS PORTADORES DE SUEÑOS. Zaragoza

Eva Cosculluela y Félix González

 

-1. Ser librero es estar en permanente contacto con el mundo: por un lado, con los libros; todo está en ellos y son la herramienta más poderosa que existe para abrir la mente. Por otro lado, con los escritores y los editores; conocer qué hay detrás de todas esas historias maravillosas que leemos permite entender la literatura de una forma mucho más intensa. Y por último, con los lectores: dan sentido a nuestro trabajo. Trabajar en lo que te gusta y rodeado de libros es una de las cosas más bonitas que puede pasar. Una de las cosas que más nos gusta del oficio es poder compartir con los clientes nuestra pasión por un libro que nos ha emocionado, hacer que ese libro trascienda y llegue a más gente.

-2. Nuestra queja más importante es la tremenda ineficiencia del sector, que se traduce en que la librería da un servicio que le gustaría que fuera mejor: cada vez se publican más títulos pero con tiradas más cortas, por lo que es frecuente que si un libro destaca la editorial se quede sin existencias y la librería se quede sin él. Eso favorece siempre a las grandes superficies, que tienen mejores condiciones y mayor capacidad para pedir muchos ejemplares. Eso, además, genera una enorme tasa de devoluciones... el trabajo de gestión diario se nos come y no nos deja tiempo para lo que de verdad debería hacer un librero: leer. Eso lo tenemos que dejar para nuestro tiempo libre.

-3. El Día de las Librerías es una celebración muy especial: viene a reivindicar la existencia de las librerías, a recordar que existimos y que somos una alternativa de ocio estupenda. Lo que queremos destacar es que el ocio no consiste sólo en leer, sino en el propio acto de visitar la librería que se convierte en una experiencia. En la librería se encuentran muchas sorpresas, ocurren cosas, se conoce gente con la que se comparte una filosofía de vida, se tiene acceso a escritores a los que se admira, se charla, se descubre... Queríamos hacer algo que se desarrolle durante todo el día y no sólo en un momento concreto. Lo celebraremos durante todo el día haciendo unas recomendaciones encadenadas: cada cliente que nos visite, dejará una recomendación preparada para el siguiente lector: tendrá que elegir un libro que, por alguna razón, sea especial; que le enamore tanto que quiera gritarlo a los cuatro vientos. Las iremos recogiendo todas y estarán a la vista durante todo el día para hacer un «Diario personal de los gustos y apetencias de los amigos de Los portadores de sueños». Entre todas las recomendaciones recogidas sortearemos un lote de libros. Para combatir el frío que ya se ha instalado en Zaragoza, por la mañana tendremos chocolate caliente. Y por la tarde, a las 20.30h celebraremos esta fiesta con todos los clientes que quieran acercarse. Porque, ¿qué sería una librería sin clientes, sin lectores, sin amigos? Brindaremos con ellos por esta amistad forjada entre libros, por estos lugares maravillosos que son las librerías.

-4. Una de las cosas más bonitas que nos han ocurrido durante el año es recibir este correo electrónico de una clienta que vino a la librería un poco desesperada buscando un libro para su hijo, a quien le cuesta mucho leer:

-Asunto: ¿Mamá, puedo leer?

-Gracias Eva, el domingo mi hijo Jorge, de 11 años, por primera vez no me preguntó: ¿mamá, puedo jugar al ipad? Me preguntó ¿mamá, puedo leer?

Empezó el sábado, después de la visita a tu librería, y ayer por la noche ya leía la pagina 150.

 

EL GATO DE CHESHIRE. Zaragoza

Karol Conti García y Bea Lezcano Orús

 

-1. Ser librero significa ser la llave, para mucha gente, a un mundo de emociones, sentimientos y fantasía. Nos encanta estar rodeadas de libros, conocer autores, ilustradores… pero sobre todo nos gusta que nuestros clientes vuelvan con una gran sonrisa en la cara, como la de nuestro gato de Cheshire, je, je, y nos diga lo mucho que le ha gustado el libro o que han acertado con el regalo.

 

-2. La verdad es que estamos muy contentas, nos hemos encontrado con mucha gente estupenda dispuesta a colaborar con nosotras desde el principio, por pequeñas que fuéramos, y eso ayuda a seguir. De momento no queremos quejarnos mucho y preferimos seguir mejorando nosotras poco a poco.  

 

-3. La verdad es que teníamos pensado celebrarlo a lo grande con la presentación de ‘El bandido Cucaracha’ de Saúl Irigaray, pero finalmente lo hemos tenido que dejar para el viernes 20. Así que seguimos fieles al sombrero y celebraremos nuestro “No día de las librerías” por todo lo alto.

 

-4. Una anécdota que siempre nos gusta contar y que resume nuestro primer año sería la primera vez que conocimos a Blanca Bk (ilustradora aragonesa). Visitó la librería con Arancha Ortiz (maestra y escritora) y una de sus primeras frases fue “Que sepas que no tienes ni un libro mío”. Ahora la librería no sólo tiene todos sus libros y la participación de BK como artista y como cliente, sino que tenemos un gran fondo de literatura aragonesa.

 

LIBRERÍA ANÓNIMA. Huesca

Chema Aniés, Ana Mora y Marta Bosque

 

 

-1. Nos encanta leer. Al contrario de lo que se piensa, no solo somos recomendadores sino que recibimos continuamente recomendaciones, críticas e informes de todo tipo de parte de los clientes. Lo mejor es descubrir el libro adecuado o que te lo descubran.

 

-2. ¿Una queja? Entre muchas, habría que mejorar el sector de la distribución de pequeños editores que está muy atomizado.

 

-3. Celebraremos el Día de las Librerías, como de costumbre, con una exposición de Javier Aquilué en la salita, una presentación de la nueva novela de Angélica Morales y con un buen vino enate, que nunca nos falla.

 

-4. Este año: la visita del hijo de George Orwell que tomó al fin café en Huesca.

 

FOTOS: 

-Cálamo: Paco Goyanes y Anna Cañellas. 

http://talentoeditorial.com/wp-content/uploads/2014/09/cartagena2014-28.jpg

 

-Librería Antígona. Pisón y Pepe Melero con Julia Millán en Antígona.

https://joseanmelendo.blogia.com/upload/externo-ffaf944d4c2e92bc1b2b03998d9a5d20.jpg

-Librería Los Portadores de Sueños.

http://www.libreriasdezaragoza.com/img/news/eva-cosculluela-felix-gonzalez-los-portadores-de-sue%C3%B1os.jpg

 

-Librería Anónima: Chema Aniés.

http://imagenes.diariodelaltoaragon.es/foto/13/492840/b94d/2015/01/24/actualidad/literaria/blog/librer%C3%ADa/actualidad-literaria.jpg

 

 

'TURIA' GLOSA A GONZALO BORRÁS

'TURIA' GLOSA A GONZALO BORRÁS

’TURIA’ RINDE HOMENAJE A GONZALO BORRÁS

 

ES UNO DE LOS PRINCIPALES IMPULSORES

DEL ESTUDIO Y DIVULGACIÓN DEL ARTE MUDÉJAR

 

LA REVISTA TAMBIÉN REDESCUBRE

AL ARTISTA JOSÉ LAPAYESE

 

 

[Nota de Raúl Carlos Maícas] El nuevo número de la revista cultural TURIA, que se distribuirá a partir del 20 de noviembre,  brinda a los lectores que se interesan por los asuntos o protagonistas aragoneses un atractivo repertorio de temas. En primer lugar, TURIA se ocupa de rendir homenaje a uno de los más singulares nombres propios de nuestra cultura: Gonzalo Borrás, catedrático emérito de la Universidad de Zaragoza y uno de los principales impulsores del estudio y divulgación del arte mudéjar.

 

A través de un excelente artículo de Juan Villalba, se analiza la extensa e intensa trayectoria de  compromiso con el arte y con su tierra. No en vano, en Gonzalo Borrás “se compagina en perfecta coherencia vital su labor docente e investigadora con el compromiso personal, intelectual y político con su tierra y con sus gentes, tanto difundiendo su patrimonio artístico, como también modernizando algunas de sus instituciones públicas más importantes vinculadas con el mundo de la cultura”. 

 

También TURIA ofrece a los lectores un artículo sobre José Lapayese Bruna, un notable artista turolense del siglo XX que merecería una mayor difusión en nuestros días. A lo largo de su trayectoria, fue Lapayese un creador que trabajó con toda clase de materiales y colaboró en diversas restauraciones y decoraciones. Su empeño por investigar y aprender nuevas formas de expresión no le abandonó nunca y fue una de sus características más interesantes. 

 

PASIÓN Y COMPROMISO CON LA CULTURA

 

TURIA rinde homenaje al profesor Gonzalo Borrás por ser un ejemplo extraordinario de esa “generación de intelectuales que vivió con pasión y compromiso los últimos años del franquismo y los primeros de la Transición. Un colectivo que entendía la cultura y la libertad como elementos indisociables, como instrumentos prácticos, como herramientas de transformación social capaces de generar proyectos de futuro para un territorio ancestralmente olvidado y de ilusionar a sus gentes, devolviéndoles la confianza perdida en sus posibilidades, al hacerles ver, en el caso concreto de nuestro protagonista, que sus recursos patrimoniales son únicos en el mundo y que podían convertirse en verdaderos motores de desarrollo generadores de riqueza”.

 

Juan Villalba describe en su artículo a Gonzalo Borrás como un bajoraragonés de los pies a la cabeza y, sobe todo, como un maestro de maestros del arte durante sus más de cuarenta años dedicados a la docencia. Una etapa prolongada y fructífera que tuvo sus comienzos en 1965 como profesor ayudante en la Universidad de Zaragoza, a la que volvió tras unos años en la Universidad Autónoma de Barcelona. No en vano, quien actualmente es catedrático emérito e imparte clases en la Universidad de la Experiencia, ejerció desde 1982  la Cátedra de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza.

 

La trayectoria profesional de Gonzalo Borrás viene marcada por la que habría de ser su principal línea de investigación: el estudio del arte mudéjar, del que en la actualidad es, sin ningún género de duda, un experto a nivel internacional. “Es evidente -escribe Juan Villalba en TURIA- que el profesor Borrás no inventó el mudéjar pero lo estudió con mimo y perseverancia, se convirtió en su máximo  defensor, en una autoridad indiscutible, pero no se conformó con eso, sino que con sus tan interesantes como decisivas publicaciones logró despertar el interés de sus indolentes paisanos y nos hizo comprender a autóctonos y foráneos que el mudéjar no era un híbrido ni un estrambote del románico y el gótico, sino que, como ya sostuviera Menéndez Pelayo, es ’el único estilo artístico del que podemos envanecernos los españoles’.

 

Ha sido también el profesor Borrás un gran activista cultural y difusor del patrimonio artístico aragonés. Entre otras muchas tareas y actividades, hay que recordar que formó parte del grupo de intelectuales que configuró el primer “Andalán” en 1972. Ha participado asimismo como responsable de la sección de arte en numerosas publicaciones y enciclopedias varias sobre Aragón. Fue el impulsor de la Biblioteca Aragonesa de Cultura y fundó la revista “Artigrama” y es miembro del comité científico de varias revistas especializadas. No hay que olvidar que durante diez años, de 1985 a 1995, se hizo cargo de la dirección del Instituto de Estudios Turolenses. Un organismo cultural que transformó de manera sustancial tanto en su funcionamiento interno como en su capacidad para fomentar la investigación y la divulgación sobre el patrimonio de la provincia de Teruel. De igual forma, fue director de la Institución Fernando el Católico de 2002 y, hasta su desaparición, máximo responsable del Instituto de Estudios Islámicos y de Oriente Próximo.

 

Asimismo, en el artículo que TURIA dedica a Gonzalo Borrás se analiza y describe su vocación de servicio público, su faceta política. Aunque fue más que un político al uso, Borrás participó activamente en la Comisión Aragonesa pro Alternativa Democrática (1972) y la Acción Socialista Aragonesa (1974) para luego militar en el Partido Socialista de Aragón y participar bajo sus siglas en las elecciones generales de 1977. Más tarde, en 1979, participaría como independiente en las listas del PCA-PCE y resultó elegido concejal del Ayuntamiento de Zaragoza. Fue una breve y amarga experiencia de la que dimitió tras el veto del partido comunista a Eloy Fernández Clemente. Retornó a la política en 1991 como candidato a la alcaldía de Zaragoza por Chunta Aragonesista.

 

Concluye el retrato que TURIA realiza de la figura y la obra de Gonzalo Borrás, calificando su personalidad como la de “un intelectual apasionado por la libertad y la difusión cultural, absolutamente convencido de que la unión hace la fuerza, máxime cuando los recursos escasean”.

 

JOSÉ LAPAYESE, ARTISTA POLIFACÉTICO

 

Revalorizar  el  interés  que  merece la obra de José Lapayese Bruna (Calamocha, 1899 - Madrid, 1982) es el principal objetivo del artículo que le dedica TURIA. Se trata de un  certero  trabajo  realizado  por  José  María  Carreras  en  que  se  traza  un   pormenorizado recorrido por la biografía de este artista polifacético y se analiza con detalle su producción creativa a partir de las múltiples técnicas que utilizó: pintura sobre tabla, murales, guadameciles y cordobanes, estucos y lacas, cerámica y esmalte, esculto-pinturas, etc. En todas ellas se aprecia como característica la convivencia entre lo tradicional y lo innovador, así como la evolución de lo figurativo hacia la abstracción. Puede decirse también que Lapayese se sirvió de técnicas de antaño para realizar obras con un lenguaje actual.  

 

Respecto de su fortuna crítica, se subraya en el artículo que “José Lapayese Bruna era una persona reservada, familiar, poco amiga de la vida social y a quien no le gustaba frecuentar el mundillo cultural madrileño. Más bien prefería ocupar su tiempo en trabajar tranquilamente en su taller. No fue un artista popular. Sus exposiciones concitaban el aplauso de la crítica, la aprobación de los entendidos y de los dirigentes de los museos, pero no el éxito popular si por ello entendemos la presencia de numeroso público en las mismas.

 

Como ha sucedido con los artistas españoles de los años 40, 50 y 60 todavía no se ha llegado a estudiarlos bien ni a valorarlos en su justa medida. Se conocen bastante bien y se valoran las aportaciones de los grandes nombres de las vanguardias históricas (Picasso, Miró, Gris, Gargallo, Dalí, Julio González…) o los de quienes destacaron en los años en la época de la Transición. La crítica de arte actual se dedica fundamentalmente a la creación última, tan rica en propuestas, o a los maestros ya consagrados. Apenas se presta atención a las manifestaciones artísticas de las décadas centrales del siglo XX.

 

En el caso de Lapayese Bruna, por ceñirse a Teruel, tanto el Museo Provincial como el Ayuntamiento de Calamocha cuentan con obra suya de gran interés, en parte debido a la generosidad de la familia. Sería de desear que la obra de este turolense, a la vez cultivador de las técnicas tradicionales e innovador en su producción, pueda ser más conocida, vista y, por tanto, apreciada”.

 

PEDRO BOSQUED, EL 11 EN BARCELONA

PEDRO BOSQUED, EL 11 EN BARCELONA

PEDRO BOSQUED PRESENTARÁ 'PIELES DE ITALIA' EN BARCELONA
[Este miércoles 11, a las 19.30, en la librería Central de la calle Mallorca en Barcelona, el escritor Javier Sebastián presentará el libro 'Pieles de Italia' de Pedro Bosqued. Viajero, escritor, poeta, cronista de fútbol, enamorado de las Bellas Artes y farmacéutico, Pedro Bosqued es un claro ejemplo de pasión literaria y de acusada sensibilidad. Aquí ofrezco un fragmento del cuidado volumen ilustrado por Mar Lozano Reinoso.]

LA PIEL DE GUBBIO
En los confines de Umbría, ya junto a Las Marcas, las faldas del monte Igino cobijan un racimo de palacios de cálido brillo de color ocre. Desde la llanura, la mayoría parecen una sucesión de líneas rectas. Un pentagrama para ser leído con periscopio. Una pieza a tocar con delicadez, a sabiendas de que fue querido y deseado, hoy solo un salón de té. Visitado y despedido en el mismo día. De esos a los que se entra con gusto pleno, y se sale con la idea errada de que la vida está en cualquier otro lado.

Pieles de Italia. Pedro Bosqued. Ilustraciones de Mar Lozano Reinoso. Confluencias. Almería, 2015.

La foto de Gubbio la tomo de aquí: www.retreatitaly.com

AFORISMOS DE ELÍAS MORO: 'MORERÍAS'

AFORISMOS DE ELÍAS MORO: 'MORERÍAS'

Morerías

 

(De un libro futuro de aforismos que aparecerá en el sello Ediciones Liliputienses, de Elías Moro Cuéllar. Un maestro del género, como Ramón Eder, entre sus contemporáneos, pongamos por caso. La foto es de Frank Horvat.)

 

Elías MORO CUÉLLAR

 

 

La brújula está enamorada del Norte.

 

 

 

El tábano es una mosca enfadada con el mundo.

 

 

 

Las cajas de música parecen tener dentro una diminuta orquesta de enanos.

 

 

 

Las pompas de jabón viajan por el aire llevando un efímero arcoíris a cuestas.

 

 

 

En la vida del yo-yó no hay término medio.

 

 

 

El osito de peluche es la fiereza domesticada.

 

 

 

Los jugadores del futbolín siguen la más rígida de las tácticas.

 

 

 

Los soldaditos de plomo siempre parecen muertos antes de la batalla.

 

 

 

En la pizarra del colegio, la suma y la división se miran con recelo desde las esquinas.

 

 

 

El vendedor de molinetes es el transportista del aire infantil.

 

 

 

El tentetieso es el tipo más terco de la caja de los juguetes.

La formación de bolos parece a punto de ser fusilada por la bala de cañón que viene rodando.

 

 

 

El sonido del silbato es una orden con ínfulas de música.

 

 

 

El tambor rubrica su opinión con la más estruendosa de las contundencias.

 

 

 

La luna llena es la mejor diana para el dardo de las miradas en la noche.

 

 

 

Mientras nos afeita, el barbero tiene nuestra vida en sus manos.

 

 

 

La ardilla es una ratita presumida con cola de visón.

 

 

 

El columpio es el trapecio de acróbata de los niños.

TES NEHUÉN: DE 'VERSIÓN ORIGINAL'

Por Tes NEHUÉN

Para Poemas del alma. 

 

[Lee todo en: «Versión original», de Antón Castro —Isla de Siltolá— > Poemas del Alma http://www.poemas-del-alma.com/blog/especiales/version-original-anton#ixzz3qr6FhApe]

Las palabras brotan de la pluma de Antón Castro como salamandras negras, y se van escurriendo en nuestras emociones, acaparando nuestra mesa de trabajo y nuestros sueños. ¿Quién no se ha vuelto seguidor de “Heraldo de Aragón” a causa de este empedernido luchador de las palabras? Y es que las notas y reseñas de Antón Castro son precisas y entusiastas y difícilmente se sale de ellas sin el deseo de leer el libro conquistado por sus columnas.

Pese a ello, al gran entusiasmo que nos cautiva cuando pensamos en Castro, intuyo que habrá más seguidores de su pluma periodística que ignoran su gran pasión por la poesía y más aún, su escritura poética. En un intento de revisar esa triste confusión escribo este texto, que se apoya en la lectura de “Versión original” (Sistolá), un libro antológico que reúne la poesía de Castro desde 1986 hasta el 2012. Con textos que han aparecido en sus dos libros de poesía “Vivir del aire” y “El paseo en bicicleta” (ambos publicados por Olifante) y otros que vieron la luz en diferentes medios escritos. Por último, nos encontramos con textos inéditos que son de una riqueza asombrosa.

La poesía como recurso de batalla

Hay en la poesía de Antón Castro una búsqueda intensa de la fantasía; como si a través de las palabras se pudiera crear un mundo donde eliminar todo aquello que sobra en el mundo de los vivos. A modo de prólogo, comenzamos la lectura de este libro con “El escritor imposible” un breve texto que nos avisa acerca del destino que podría correr un hombre apasionado de las letras si no se dejara llevar por ese impulso. Una apertura de telón que nos reconcilia con esa idea de la escritura como medio de salvación.

En la primera parte, “Álbum de travesía”, nos encontramos con una serie de textos, de prosa poética en su mayoría, que nos invitan a viajar por diferentes lugares. Al modo de Ítalo Calvino y sus “Ciudades invisibles”, Antón Castro nos invita a un viaje por lugares reales más o menos imaginarios, donde surgen criaturas maravillosas, como amores espectrales, sirenas, escaleras que transportan aromas de otro tiempo, arboledas que remueven en la memoria lo inaudito, ciudades inolvidables. Un viaje a través de las ciudades y también de la literatura, descrito con una sensibilidad arrolladora y una gran precisión.

Y cuando ya comenzamos a internarnos en el terreno ambiguo de la mente se abre ante nosotros la posibilidad de “Vivir del aire”, y comenzamos a creer que no son falsas las teorías que aseguran que otra vida es posible. Una donde la memoria sea la candidata perfecta para enlazar nuestros cuerpos con otros más lejanos, porque:

 

Una segunda parte que se puebla de música y que nos obliga a la reflexión sobre la forma en la que interactuamos con el mundo que nos rodea; la forma en la que interpretamos la belleza, la extranjería, el paso del tiempo. Y una certeza llena de inquietud que dice que vivir es un dejarse arrollar por las sensaciones y abandonarse a la ambición y al vértigo, para VIVIR.

 

La noche y la necesidad de permanecer en movimiento

En “La noche constelada” y “El paseo en bicicleta” se mantiene ese empeño de la escritura por seguir en movimiento. En el primero nos encontramos con una serie de textos que reflexionan en torno al hilo de los acontecimientos. El origen de las palabras y la simbología de cada letra, lo que esconden los adioses, lo que escribe nuestra historia. la importancia de la oscuridad para saber apreciar el día.

En el segundo, la libertad de mantenerse en viaje, siempre al acecho de las oportunidades y aparecen una serie de personajes que de un modo u otro se emparentan con estos extraños artilugios que nos permiten movernos. Y entre todos ellos, Horacio Quiroga, a quien el poeta se dirige:

 

Y con ese nudo selvático llegamos a las “Leyendas de un corazón ajeno” donde Antón nos ofrece las historias de hombres que vuelven a la tierra de la que han huído. Hombres como poetas que dejan una huella irreverente y necesaria para la construcción de la poesía. Hombres como William Blake, Paul Eluard, Alejandra Pizarnik (asombran las referencias surrealistas), Julio Antonio Gómez, Yelena Isinbáyeva. Y, por último, Juan Casamayor, a quien dedica un fabuloso cuento titulado “Un pueblo con sirenas”, ese editor atrevido y consciente de que vivimos tiempos difíciles que parece incapaz de tirar la toalla: uno de los grandes puntales de la literatura breve actual en España.

Termina este libro con “El fin de la partida” y como un juego de mesa, Castro nos despide volviendo a los orígenes, a la importancia de aferrarnos a las letras para obtener algún tipo de salvación, aunque la vida sea breve e insignificante.

“Versión original” nos propone un abrazo entre poesía y emociones, y nos invita a hablar el lenguaje de los gestos y las caricias, poniendo las palabras al servicio de la voluntad de conquistar ese terreno que divide fantasía de realidad, para dotar a la vida de una ternura y un apego por la necesidad de otras miradas.

¡Lean “Versión original” y déjense conquistar por la voz firme de este periodista que deja a un lado su seguridad para fundirse en una poesía donde las dudas afloran y se deja en evidencia lo poco que valen nuestras certezas frente al universo espeso de las palabras!

 



Lee todo en: «Versión original», de Antón Castro —Isla de Siltolá— > Poemas del Alma http://www.poemas-del-alma.com/blog/especiales/version-original-anton#ixzz3qr6FhApe

 

«Versión original», de Antón Castro —Isla de Siltolá—



Lee todo en: «Versión original», de Antón Castro —Isla de Siltolá— > Poemas del Alma http://www.poemas-del-alma.com/blog/especiales/version-original-anton#ixzz3qr53HKAi