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Antón Castro

Escritores

MANUEL FOREGA: TRES POEMAS

MANUEL FOREGA: TRES POEMAS

 POIESIS

 

Signos del tiempo que lo posee todo:

La luz, el aire, el cejo

como vaho del rocío abrasado

por el rayo, por el rayo...

de un sol que tampoco calla su nombre;

signo de tu nombre mismo poblando

el mundo: Las aves,

los aromas, la transparencia azul

de los cálidos cirros;

los pescados, los frutos, las plantas

verdeando contra el viento,

el agua de los nimbos, los mares,

la nieve luminosa, la húmeda selva,

los perfiles de poniente,

los pastos, los caballos y el reptil,

las albas insomnes,

el mármol del horizonte,

los roquedos y las cimas,

el fuego, el viento, el incendio,

el hondo hielo, las larvas,

las semillas, el bosque, el lobo,

los rodenos y el tilo,

la esmeralda y el jazmín,

el león y su presa,

el buitre y la carroña,

la piedra que guarda el tiempo,

la orilla, el páramo, el abismo,

el lecho del río, el río,

los valles y el volcán,

la mosca y la araña,

los cálamos cimbreando, la brisa,

el yodo, el acantilado,

las dunas, la noche, el frío,

el niño, la sangre de su herida...

Incluso tú, misántropo viril,

que, como única arma blandes la eléctrica lámpara,

dispones de un nombre que te diferencia y cita.

 

 

CAN'T GET NOT (SATISFACTION)

 

Nosotros: Vástagos de la autarquía,

hijos del cuando seas padre comerás huevos,

crías de la supervivencia y de los exilios,

mendrugadores, lábiles canallas,

tímidos púberes arreando mocos,

engullendo meriendas de pan con chocolate,

catecúmenos de jueves y sábados,

devotos de las calles,

ladrones de los huertos extrarradios,

de la cáncana discentes eximios,

copuladores de confesionario,

adoradores a hostias del copón,

clandestinos leedores de Candy,

bachilleres eruditos a la violeta:

(Ce que j’aime c’est la lutte.

My psicodelic doll.

Je connais Cohn Bendit.

Sympathy for the Devil).

 

Nosotros: Divinos Beatles o Stones,

onanistas del Je t’aime, moi non plus,

rayones de vinilos de Serrat,

aprendices de idiomas,

aspirantes a Ginsberg, a Burroughs, a Kerouac,

farsantes ilustrados con Nietzsche en bandolera,

remedos de Cioran, plantillas de Freud,

irredentos suicidas,

balubas de la guerra,

apóstatas, agnósticos, ateos,

diletantes de la revolución,

moradores de los ergástulos por el morro,

apéndices de Ortega,

estetas de Bergson y de Bataille,

inocuos seguidores de Jean Paul,

espadas de Bergman, de Berlanga, de Bardem,

mansos hippies de Ibiza, de Goa y Euroville.

Nosotros: Incendiarios mutados en bomberos,

padres de los más hermosos junkies e insumisos,

opositores, mentidos, volubles censores,

domadores de adolescentes bestias,

altos funcionarios sinecúricos,

porreros, cocainómanos, acídicos,

reciclados por Kraftwerk y la Velvet,

tardíos revelados en Negri y en Deleuze,

diputados, alcaldes, herméticos maricas...

Eternos deudores del deseo insatisfecho.

 

Nosotros: los de en medio, los eclécticos.

 

 

POESÍA INCOOL/TA 

 

Os debo una explicación

que más tarde o más temprano

dirá de mí lo que yo

no quise decir y no

pude callar sin embargo.

Silenciar es imposible

—en este poema onagro,

a propósito verdugo

de los reos predadores

que en los breves de los libros

ceban las palabras como

seres muertos de otros vivos—

lo que en público ya digo.

 

Como murciélagos bullen,

en portadas urgentísimas,

las grafías de sus nombres;

y, dentro, como termitas,

sus legos versos, epígonos

omitiendo a los Felipes

que rugían en los montes,

resbalando en los Oteros

de palabras escarpados,

alimentando periódicos

de postmodernos censores.

 

Los elegantes monárquicos,

anecdóticos absortos,

escaladores exangües

tras la rauda montería;

ojeadores expertos

en la búsqueda de huellas

con la Cuenca de otros ojos,

en silbar a los sabuesos

con los labios de otras lenguas.

 

Inequívocos, unánimes,

filibusteros sin mares,

bucaneros sin Caimanes,

bates de Erato y Caliope,

liras agramaticales,

devoradores cual makos

de chatarras o bonitos.

 

Garbanzos en las rodillas,

sobre brazos en cruz libros

—digo escasamente libres—,

por castigo los tenemos

en las aulas, en cedés.

 

Dígame el dómine cabra

con qué latines nombrar

a tales patatas tibias

 

(que angulan los peronés).

 

 

DOS POEMAS DE CLAUDIO RODRÍGUEZ

DOS POEMAS DE CLAUDIO RODRÍGUEZ

[Dos poemas de Claudio Rodríguez (1934-1999), una de las voces más inconfundibles de la generación de los 50, un místico pagano, el poeta de la adivinación, del asombro, de lo inefable que llega casi como un arrebato. La belleza de lo sutil, de lo cotidiano.]

 

DON DE LA EBRIEDAD

Siempre la claridad viene del cielo; 
es un don: no se halla entre las cosas 
sino muy por encima, y las ocupa 
haciendo de ello vida y labor propias. 
Así amanece el día; así la noche 
cierra el gran aposento de sus sombras. 

Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados 
cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda 
los contiene en su amor? ¡Si ya nos llega 
y es pronto aún, ya llega a la redonda 
a la manera de los vuelos tuyos 
y se cierne, y se aleja y, aún remota, 
nada hay tan claro como sus impulsos! 

Oh, claridad sedienta de una forma, 
de una materia para deslumbrarla 
quemándose a sí misma al cumplir su obra. 
Como yo, como todo lo que espera. 
Si tú la luz te la has llevado toda, 
¿cómo voy a esperar nada del alba? 

Y, sin embargo -esto es un don-, mi boca 
espera, y mi alma espera, y tú me esperas, 
ebria persecución, claridad sola 
mortal como el abrazo de las hoces, 
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja.

 

(De ‘Don de la ebriedad’)

 

AJENO

Largo se le hace el día a quien no ama
y él lo sabe. Y él oye ese tañido
corto y curo del cuerpo, su cascada
canción, siempre sonando a lejanía.
Cierra su puerta y queda bien cerrada;
sale y, por un momento, sus rodillas
se le van hacia el suelo. Pero el alba,
con peligrosa generosidad,
le refresca y le yergue. Está muy clara
su calle, y la pasea con pie oscuro,
y cojea en seguida porque anda
sólo con su fatiga. Y dice aire:
palabras muertas con su boca viva.
Prisionero por no querer, abraza
su propia soledad. Y está seguro,
más seguro que nadie porque nada
poseerá; y él bien sabe que nunca
vivirá aquí, en la tierra. A quien no ama,
¿cómo podemos conocer o cómo
perdonar? Día largo y aún más larga
la noche. Mentirá al sacar la llave.
Entrará. Y nunca habitará su casa.

(De ‘Alianza y condena’)

 

*El poeta con Vicente Aleixandre y José Hierro.

 

CUENTO: UNA AVENTURA SALVAJE

CUENTO: UNA AVENTURA SALVAJE

[Este texto, inspirado en algunos datos reales, apareció en mi libro 'El dibujante de relatos'(Pregunta, 2013), ilustrado por Juan Tudela.

 

UNA AVENTURA SALVAJE

 

Alberto y Patricia se cruzaban a diario en sus clases de París. Hablaban poco: no compartían curso y sus materias estaban muy alejadas. Ella impartía Física y Matemáticas y él era profesor de dibujo y, en ocasiones muy excepcionales, de música: había estudiado un poco de violín y guitarra española en un verano en Granada. Sabían muy poco el uno del otro: Alberto sabía que Patricia, algo extravagante en el vestir y de una belleza natural muy espontánea, estaba casada y que vivía en las afueras. Y Patricia sabía que Alberto había tenido varias parejas y que, de cuando en cuando, se reunía con músicos españoles en los cafés parisinos para tocar a Paco Ibáñez y a Georges Brassens.

Un día coincidieron en el café del Liceo y empezaron a hablar casi sin habérselo propuesto: por pura cortesía. Patricia comprobó que Alberto era un tipo inquieto, que hacía muchas cosas, por ejemplo acababa de publicar un libro de viajes con dibujos suyos: ‘Las regiones imaginarias’. Era un viaje al interior de un bosque que había conocido en España, en la provincia de Huesca, le dijo. Y Alberto se dio cuenta de que Patricia era una mujer luminosa que amaba la naturaleza, los jardines, las plantas y el cielo cuajado de estrellas. Volvieron a verse. Se buscaban en los tiempos muertos de las clases. Un día, Patricia le dijo que se había separado y que era una mujer libre. “Tan libre como tú”, precisó. Fue entonces, en las Tullerías, entre árboles y esculturas, cuando se dieron el primer beso. Un beso largo, profundo e intenso, de esos que se abren al horizonte del porvenir. Hasta que finalizó el curso, y faltaba muy poco, se conocieron mejor, mucho mejor, y lo compartieron todo: sus casas y sus camas, sus cuerpos y sus almas.

Cuando empezó el verano, decidieron hacer un viaje. Alberto le dijo a Patricia: “ni Bretaña, ni Provenza, ni los fiordos; vayámonos a mis montañas. Nunca te arrepentirás”. Eso hicieron. Cogieron el coche y se dirigieron al río Gállego, entre Agüero y San Felices. No tardaron en hallar una especie de refugio, una casa semiderruida que estaba en el umbral de un bosque. La compraron, la ruina y la vasta finca que le pertenecía. Aquel mismo verano, en poco más de dos meses, lograron el milagro de recuperarla casi por completo. Le pusieron puertas y ventanas, adecuaron la parte de arriba como dormitorio, observatorio de estrellas y estudio de artistas, y empezaron a dar rienda suelta a su imaginación. Subían el agua del río y carecían de luz eléctrica. Vivían de día y soñaban y se amaban de noche, mientras oían el canto de la lechuza y el ulular de las bestias. Se convirtieron en auténticos naturalistas. Salían todos los días de expedición con sus cuadernos de apuntes y su cámara fotográfica, que cargaban y descargaban en una fonda con ordenadores en Ayerbe.

Les interesaba todo: Patricia hacía inventarios de plantas, de flores silvestres, de árboles, y escribía pequeñas narraciones donde vinculaba cada especie con la mitología. Alberto dibujaba los animales, las aves, la extraña configuración de las montañas, pintaba los valles a la acuarela. Y los dos compartían una especie de Diario de naturalistas y botánicos enamorados. Escribían los dos cuando les apetecía, y allí igual se podía encontrar la descripción del látigo del viento en la madrugada que el eco del canto del ruiseñor, la contemplación del plenilunio o las sensaciones de un orgasmo. Patricia escribió un día: “Amamos la vida porque amamos el sexo”. Alberto añadió: “No me imaginaba que uno pudiera ser tan feliz a los 50”. A Alberto también le gustaba contar que había hecho algunos amigos y que algunas noches de luna llena le pedían que cantase temas de Brassens.

El verano iba a llegando a su fin. Tuvieron que volver a París. Durante el viaje, repasaron cuánto habían trabajado, qué felices habían sido. Vaciaron las cámaras, editaron las fotos, releyeron sus cuadernos de notas y su Diario. Y una noche salieron a pasear a orillas del Sena. Montaron en un barco, comieron a bordo, y contemplaron la ciudad iluminada. Patricia dijo: “Creo que llevamos varios días pensando lo mismo”. Alberto respondió: “Sospecho que sí. Este año no vamos a empezar el curso”. Pidieron una excedencia, vendieron una de sus viviendas y se instalaron en su casa en el monte.

Ahí siguen, asombrados ante el misterio incesante del paisaje. Alberto ha añadido a sus habilidades la talla de madera y de piedra, y Patricia se ha convertido en una experta en orquídeas y en mariposas. Acaban de entregar a la imprenta la crónica de su vida con el título: Una aventura salvaje.

 

*La foto es de Saharoza.

 

JOSÉ MARTÍN-RETORTILLO: 5 POEMAS

JOSÉ MARTÍN-RETORTILLO: 5 POEMAS

CINCO POEMAS DE ‘BOSQUE SIN VERBO’ DE JOSÉ MARTÍN-RETORILLO

 
[Hace unos días se presentaba en Cálamo el nuevo libro de José Martín Retortillo, ‘Josete’, ‘Bosque sin verbo’ (Huerga & Fierro). El autor, buen amigo y muy gentil, me envía una pequeña selección de sus textos.]

LA SIERRA BLANCA

El frío sembrado 
El sol prudente
El barro que vuelve del camino
El humilde canto de las viñas que renacen tras el invierno silencioso
El ruido de la vida que por nada se detiene.

Así las cosas los días 
Los caminos los espantos 
Los sueños las derrotas
Las luces los anhelos los vientos
Así las cosas las esperanzas
(Las esperanzas que se niegan a perder)
así, tú, la dignidad enhiesta
Las ilusiones jadeadas -las esperanzas aquellas-
La partida ganada aunque toque perder
La sonrisa el entierro

Así las cosas suceden 
Sucede el mar inefable ocurre
Lo que ocurre lo que no cuentan
Lo que no se sabe y cuentan y cuentan
Lo que no cuentan.

El frío sembrado
La sierra blanca
El sol prudente 

**

Poesía es perderse en el bosque
Poesía es no perderse en el bosque

Poesía es el bosque

Poesía es perderse
Poesía es no perderse

Poesía es encontrar la senda perdida
Poesía es no encontrar la senda perdida

Poesía es la senda

**

La luz del mar de las mañanas.
El canto de los ángeles en los balcones floridos de geranios.
La poesía como el padrenuestro de cada día.
Como el pez que respira en la playa y vuelve
por mano amiga al mar que vivifica.

Bajo el viento del río de la alegría:
Cada día una aspirina.
Poesía de azúcar, aceite y canela. 
Aire, pan y lágrima, ración de vida.
Luz, silencio y camino.
Labor de cada día.

Trompetas como silencios,
trompetas como piedras,
trompetas de los ángeles, 
trompetas como cuadrigas al galope.
Trompetas, cánticos a Zeus.
Trompetas, trinos para siempre cada día
Olas, ondas, luz de la vida:
inmenso océano, precipicio y huracán
que torna de gris hondura en gozo agridulce y fiel. 
Trompetas que suenan mares.
Trompetas de sonrisas enardecidas. 
Trompetas a la vida por hilar.
Trompetas y regalo de haber nacido.
Tu. Si tu.


*

¿Cómo estaba la luna azul,
el aire, los corazones, las cosas ?
¿Cómo los cerebros los sueños los armarios
las azoteas el sol las estrellas?
Nunca sabremos qué nos pasó.
Nunca sabremos qué ocurrió.
Cuando los gatos nos moríamos de pena.
Nos matábamos de odio.
Nunca sabremos del bosque de mentiras.
Ni de las trompetas de las famas, los ecos, los recuerdos.
Nunca preguntes por el consuelo al azul del cielo. 
Nunca sabremos nada sobre el azul del agua.
Cuando las flores se hinchaban de mortífero rencor.
Nadie explicó los arrebatos
los silencios cabizbajos, las nubes marrones,
los perdidos caminos. 

**

Caminas junto al mar, hermosura de olas y rugidos.
Olas más que olas; olas y olas.
Olas, apenas marea, y mar.
Eres una ola.
Otra ola. Hola, di.

Mar. Amar. 
Tan de la vida.
Tan lejos. Tan cerca.
Amar. Mar.

Las olas vienen, duermen. Renacen. 
Vivas lágrimas de sal.
Lágrimas de sol, vivas.

El mar es una caracola.
Una gota en el universo.

Mar. Olor a mar. Aire de mar.
Necesitas el mar. Para caminar.
Necesitas amar, para respirar.

 

*La foto es de Karla Kogelman.

MANUEL RIVAS: 'LAS AMANTES'

’LAS AMANTES’: MANUEL RIVAS ESCRIBE DE MARCELA Y ELISA


[Hace unos días me encontré en Madrid con Manuel Rivas. Hablamos de todo un poco; me dijo que estaba a punto de publicar un nuevo libro de poemas, ’A boca da terra’ (Xerais), que sale a finales de julio y se presentará en la Feria del Libro de A Coruña a primeros de agosto. Hoy me ha mandado el pdf. Lo leo (es un libro sobre la relación del hombre y la naturaleza, sobre la magia cotidiana, sobre el lenguaje mismo y hay un homenaje a su madre) y encuentro este poema que traduzco. Una conmovedora historia de amor y rebeldía y persecución.]

LAS AMANTES

[A las dos maestras coruñesas, Marcela y Elisa (Mario), 
que se unieron en matrimonio en 1901y, perseguidas,
pudieron reencontrarse en Argentina. ]

Tuvieron que huir, 
huir de sus propios nombres,
guardarlos entre los dientes, 
en las grutas de las encías,
como raíces de una lengua antigua.
Huir, 
tuvieron que huir
de sus cuerpos. 
Llevarlos furtivos 
en las miradas, 
en el abrigo de las pestañas
cuando los pastores descalzos
pìsan el sol. 
Huir,
tuvieron que huir
de la Historia,
moviendo la gran losa del mundo
con la yema de los dedos, 
vestidas de horas muertas
en la clepsidra del océano.
Tuvieron que huir.
Huir de la cuna, 
para poder nacer.
De las palabras,
para poder hablar.
Arder hacia dentro,
en un frío de luto, 
para poder verse
en la profundidad alocada
de los espejos.
Huir, 
tuvieron que huir, 
huir del amor
para poder amarse.

(Traducción de Antón Castro)

**

AS AMANTES

Por Manuel RIVAS

Ás dúas mestras coruñesas, Marcela e Elisa (Mario), 
que se uniron en matrimonio en 1901 e, perseguidas, 
puideron reencontrarse na Arxentina.

As amantes
Tiveron que fuxir,
fuxir dos propios nomes,
gardalos entre os dentes, 
nas furnas das enxivas, 
como raíces dunha antiga lingua. 
Fuxir,
tiveron que fuxir 
dos seus corpos.
Levalos furtivos 
nas olladas,
no abeiro das pestanas, 
cando os pegureiros descalzos
pisan o sol. 
Fuxir,
tiveron que fuxir 
da Historia,
movendo a gran lousa do mundo

coa xema dos dedos,
vestidas de horas mortas
na clepsidra do océano. 
Tiveron de fuxir.
Fuxir do berce, 
para poder nacer. 
Das palabras,
para poder falar. 
Arder cara a dentro,
nun frío de loito,
para poderse ver 
na profundidade aloucada 
dos espellos. 
Fuxir,
tiveron que fuxir,
fuxir do amor
para poder amarse.

*La foto de Manuel Rivas la tomo de aquí.
http://gestioncultura.cervantes.es/COMUNES/20843_I_manuel%20rivas.jpg

AFORISMOS DE EDUARDO GARCÍA

AFORISMOS DE EDUARDO GARCÍA

[El poeta y profesor de filosofía Eduardo García (Sao Paulo, 1965) publicó en 2014 el libro de aforismos ‘Las islas sumergidas’ en Cuadernos del Vigía. De la sección cuarta, dedicada a la palabra, selecciono aquí algunos textos. Las fotos son de Raymond Cauchetier.]

 

 

Poesía: palabra que amanece.

*

El verdadero realismo funda realidad, siembra abismos y jardines piel adentro.

*

El poema aspira a cercar el nombre de lo que se resiste a ser capturado en las palabras.

*

El territorio del poeta es la escritura: un territorio nómada, suspendido en el arte.

*

Demos a la poesía lo que es de la poesía, a la novela lo que es de la novela. Y a la crónica –en verso como en prosa- lo que le corresponde: su innegable utilidad para envolver pescado.

*

La falsa polémica entre poesía elitista y accesible se zanja con un solo precepto incuestionable: no tomar nunca al lector por menor de edad.

*

La razón es la loca de la casa.

*

La palabra, la más solitaria de las tareas colectivas.

*

Lectura y escritura: cita a ciegas donde uno solo comparece.

 

LA NOCHE INOLVIDABLE DE LA ALMUNIA

La Almunia dedica un viernes de julio a la poesía erótica. Es y no es un pretexto: ese festival ya lleva doce ediciones. El de anteayer registró un lleno apoteósico y ha cambiado de ubicación: ha pasado del jardín de San Juan a El Fuerte, bajo la mirada tutelar de las cigüeñas, que se picotean, se tocan, se contemplan e incitan a su modo a la voluptuosidad general. ¿Qué sucede abajo? Se oyen canciones, bandas sonoras que se deslíen en una atmósfera de fábula y cine, se oyen palabras con hondura, picardía y ritmo, cuentos, microrrelatos, confidencias, rapsodas que buscan los mejores poemas, poetas que estrenan sus versos. Se viaja alrededor del amor, del deseo y del sexo, sugerido y explícito. En las palabras, libres, no exentas de humor, de sutileza o de trazos gruesos, hay exaltación del desnudo y de la intimidad. El sexo es un manantial y una onda expansiva. Se invita a tocarse, a desnudarse, a viajar con los sentidos; se describen evocaciones de un instante, recuerdos de un amor perdido, cánticos de plenitud. Y eso lo disfrutan gentes de distintas edades, ideología y condición social. Hubo momentos de un silencio excepcional (cuando Luisa Miñana recitó a ‘A un muchacho andaluz’ de Cernuda o José María Pemán leyó ‘El silbo de la llaga perfecta’ de Miguel Hernández), de carcajadas imparables (cuando Luis Trébol, Joaquín Berges y Cristina Giménez interpretaron piezas cómicas), de identificación constante o de emoción, como cuando Agustín Sánchez Vidal subió al escenario a recibir el premio Godina de las Letras y recordó cuánto le emociona el Club de Lectura de La Almunia, que pone en pie, año tras año, su visión de la lírica, de la música, del arte, de la convivencia, de la libertad corporal. Y el cántico de la naturaleza a través de las frutas, los vinos y la gastronomía. Muchos jamás habían oído con tal desparpajo un lenguaje que ayuda a normalizar, a entender, a soñar, a fabular: antes que nada, antes incluso que ese instante de fusión y abandono en/con el otro,  el amor y el sexo son las alas de la fantasía, la primera piel del escalofrío. Fue una noche inolvidable que desafía a la trasnochada ‘ley mordaza’.

 

*Este texto se publicaba el domingo en Heraldo de Aragón.

TRES POEMAS DE PABLO GARCÍA CASADO

TRES POEMAS DE PABLO GARCÍA CASADO

PABLO GARCÍA CASADO & DAVID ALAN HARVEY

Pablo García Casado (Córdoba, 1972) publica ‘García’ (Visor. Madrid, 2015. 51 páginas), libro de poemas en prosa del que se dice que “es la realidad cotidiana, el día a día, lo que de verdad importa: los hijos, los padres, las relaciones de pareja, la memoria familiar. Pero ‘García’ es también una mirada poética sobre la política, las relaciones de poder y la propia identidad española. Todo ello desde un lenguaje civil y contemporáneo”. Selecciono dos poemas y un fragmento. Las fotografías son David Alan Harvey, un gran fotógrafo norteamericano que nació en San Francisco en 1944 y que reside y trabaja en Nueva York. Ha viajado alrededor del mundo y ha hecho numerosos trabajos en varios países, entre ellos en Brasil. Esas son las fotos más veraniegas.

 

VERSUS

Lo has dejado por escrito. Has purgado tu ansiedad con un puñado de palabras. Las mismas que aún no puedo expresar. Las mismas que un día llegaré a comprender. Ese día voy a odiarte. Por el amor que te tengo. El infalible, el puro, el que nada pide a cambio.

 

GARCÍA

Tres vocales, tres consonantes. Un apellido en un mar de estadística, vaciado por el uso y las generaciones. La única certeza que dejaré a mis hijos. Un documento sin título.

 

 

III (‘TURN)

Hay un tiempo ara todo, bajo el cielo, un tiempo para cada cosa. Y el tiempo es ahora, y es aquí. He de encontrar un relato, una certeza. No quiero una rendición sin condiciones. Quiero decirle a mis hijos, “aquí tenéis la mañana, es toda vuestra, sin duda os pertenece”.

 

*La foto es de Dominique Issermann.