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Antón Castro

Escritores

JULIA MONTEJO, HOY, EN CASA DEL LIBRO

JULIA MONTEJO, HOY, EN CASA DEL LIBRO

JULIA MONTEJO PRESENTA SU NUEVA NOVELA EN LA CASA DEL LIBRO  

-Quedemos mañana para ver el enfoque, y además, ¿cuál es el tema? –preguntó apresuradamente Asier, intentando retenerla-. ¿Es una historia de amor, de ballenas, de qué? No sé adónde voy.

        -El escritor eres tú –declaró ella con una sonrisa, y cerró la puerta.

        Asier no había sentido tanto deseo por una mujer en su vida. Salió del coche tras ella.

        -Espera, no te puedes ir así.

        -Claro que puedo. Tú tienes mucho que hacer.

        -Por favor, cena conmigo. –Esta vez Asier pudo oír el tono suplicante su voz. Pero no le importó. Cualquier cosa con tal de retenerla-

        -Vete a casa, Asier. ¡Y escribe!

        Escribe mi historia y veremos si él me encuentra porque tú eres mi último cartucho, pensó Amaia para sí. Pero no abrió la boca. No quería asustarlo. Se dio media vuelta y se alejó a paso presto hacia el Peine del Viento.

        Asier la observó alejarse, sin comprender.

[Fragmento de la página 107 y 108 de la novela ‘Lo que tengo que contarte’ de la narradora y guionista y directora de cine Julia Montejo, que publica Lumen. El libro se presenta esta tarde, a las 19.00, en la Casa del Libro. La escritora dialogará con Antón Castro. El libro se centra en la muerte de 32 balleneros vascos en Islandia en 1615 y en el hecho de escribir, 400 años después, esa historia. Es el cometido de Asier, incitado por Amaia Mendaro. Y a la vez hay otra pareja muy curiosa y capital: Amalur e Íñigo, ellos son, en realidad, los auténticos protagonistas.]

 

 
*'Lo que tengo que contarte'. Julia Montejo. Lumen. Barcelona, 2015. 396 páginas. Presentación esta tarde, jueves, en diálogo con Antón Castro. Casa del Libro, calle San Miguel, a las 19 horas.
***La foto es de Mercedes Segovia y la tomo de aquí.http://ethic.es/wp-content/uploads/2011/11/JuliaMontejo-1024x685.jpg

DIÁLOGOS: EL NOVELISTA JAVIER PLAZA

[Javier Plaza acaba de publicar ‘La urraca en la nieve’, una novela que transcurre en París en los tiempos del impresionismo, con un personaje capital, a veces observador, a veces artista fracasado: Camille. Javier ha llegado a la tercera edición, con el sello Hades. Aquí responde a algunas preguntas sobre el libro. Un amplio fragmento de la entrevista la publiqué en ’Artes & Letras’ de Heraldo de Aragón.]

"LA NOVELA NACE DE MI PASIÓN POR EL IMPRESIONISMO"


¿De dónde viene Javier Plaza, cuáles son tus inicios como escritor? 

 Mis inicios como escritor surgen de la lectura, de leer mucho desde niño. A base de leer y leer un día piensas que te gustaría que una novela terminara de forma diferente, o se te ocurre una anécdota que da para un relato breve, y poco a poco te va enganchando la escritura. Cuando ya tenía escritos varios relatos breves me decidí a escribir esta novela y así además, al documentarme, aprendía mucho más sobre París y el impresionismo.

¿Cómo nació ’La urraca en la nieve’?

 La novela nace de una pasión. De mi pasión por esa época tan fascinante de finales del siglo XIX. Leyendo textos sobre aquellos años y disfrutando con las obras de los pintores impresionistas me fue surgiendo la idea de escribir una novela sobre aquel París. Y así, poco a poco, fui dando vida a Camille para que se paseara por sus calles.

¿Qué te atraen de París y del impresionismo?

Lo que me atrajo de cara a la novela fue la suma de varios factores: la belleza del impresionismo, la de la propia ciudad y, sobre todo, el hecho de que convivieran en las calles de Montmartre algunos pintores que ahora se valoran entre los más grandes de todos los tiempos, como Monet, Gauguin, Renoir, Van Gogh, Degás, Toulouse-Lautrec,… Creo que esta época es el único momento de la historia en que tantos genios convivieron, en mayor o menor medida, y trabajaron juntos, colaboraron en exposiciones, discutieron, se quisieron, y se odiaron. De todo hubo.

¿Cómo es Camille? A veces parece indiferente, casi un nihilista prematuro y a la vez un observador...

Camille tiene una personalidad débil. Ha llegado a París desde el sur y se siente deslumbrado por la ciudad y por sus habitantes. Olvida los encargos familiares que le llevaron hasta allí y se dedica a vivir el día y la noche parisinos.

 Ha viajado hasta la ciudad creyéndose un nuevo Rembrandt pero tan pronto como ingresa en la academia de Cormón toma conciencia de su escaso talento como pintor y se siente algo desengañado por la vida. Por otro lado sabe que es afortunado porque aquellos grandes artistas le permiten acompañarles y trabajar junto a ellos aunque lo hagan más por amistad que por la calidad de su pintura.

Camille es, como bien dices, un observador de la época que va rumiando sus pequeñas inquietudes al tiempo que vive el París más fascinante. Es un observador melancólico, desencantado, sabe que su pequeña estancia en el paraíso termina, ya que la novela narra su última semana en la ciudad, y añora Montmartre sin haberlo abandonado todavía.

¿Qué personajes le fascinan más?

 Los personajes de la novela que rodean a Camille están diseñados con la idea de mostrarnos diferentes ambientes de la ciudad. Su principal acompañante Yves es el artista bohemio, tiene rasgos de Toulouse-Lautrec. Vive por y para el arte, al margen del arte tan solo le interesan los cabarets. Conoce a todos los artistas y todos los locales nocturnos de París y guía a Camille por galerías, estudios, cafés nocturnos y prostíbulos. También está Víctor, un artista más sesudo y familiar que ha participado en revueltas sociales y estuvo implicado en la Comuna de Paris teniendo que exiliarse. Es el contrapunto ideológico del protagonista y su familia, lo que le lleva en ocasiones a chocar con Camille. Tiene rasgos de Pisarro y Coubert. Por otro lado está el tío Henry, senador, que nos muestra el París elitista, los altos círculos financieros y políticos así como la ópera y también las tradiciones y la historia de la alta burguesía y la nobleza. Es quien tira de Camille para reconducirlo al buen camino.

Por lo que respecta a las protagonistas femeninas hay que decir que las relaciones de Camille con ellas son algo lamentables como corresponde a su personalidad débil. En el sur le aguarda Therese, su prometida idealizada, de la que en ocasiones se olvida. En París convive un tiempo con Eloise, una bailarina de carácter independiente y poco dispuesta a enamorarse. También aparece bastante en la novela, Eleonore, la pareja de Yves, que trata de aportar algo de cordura a Yves y a Camille.

Se adivinan muchos amores, historias corales, pero parece que ninguna cristaliza del todo. ¿Por qué?

Lo hice así porque mi intención al escribir la novela era pasear por las calles del París de la época, vivir lo que allí se vivía, tan solo eso. También por ello “la urraca” transcurre casi en tiempo real, se relata prácticamente todo lo que ocurre en una semana. Creo que introducir un argumento sólido o historias concretas y estructuradas en la novela distraían la atención y por eso no lo hice. Trataba de describir una imagen, un cuadro de costumbres del París de la época salpicado con las pequeñas anécdotas de Camille. Por eso en la novela apenas ocurre nada.

¿Quiénes son tus personajes favoritos del impresionismo y por qué?

Me encanta Monet, tanto por la calidad de sus obras como por su constancia en el estudio de la pintura y de los efectos de la luz. Además fue él quien, sin proponérselo, dio nombre al movimiento con su lienzo “Impression soleil levant”. También Pisarro especialmente su serie de Boulevares de Montmartre. A Pisarro se le considera, junto con Manet, un poco los padres del movimiento, ya que pusieron en contacto entre sí a muchos de los pintores considerados impresionistas. El protagonista de “La urraca en la nieve” se llama Camille por él. Después de ellos, Degás, Renoir y Manet.

La novela es psicológica, de atmósferas. ¿Te interesaba más eso que la acción, por ejemplo?

En este caso sí, y en general es algo que me atrae mucho de las novelas. En “La urraca en la nieve” mi interés era recrear esa atmosfera, tanto en el plano artístico como social. Quería incluir las tensiones sociales, con las bombas en la cámara de diputados o las guerras coloniales. También los cambios en la ciudad, tanto los que había llevado a cabo el barón Haussmann como los posteriores: el alumbrado eléctrico, la demolición de la plaza de toros, la eterna promesa de desmontar la torre Eiffel, la ópera, el ferrocarril, los escritores que vivían en la ciudad,…..fue una época apasionante. Creo que más acción no hubiera aportado mucho a esa atmósfera, hubiera sido otra novela.

¿Cómo entiendes la novela, en general, qué tipo de libros te gustan?

Me gusta la novela bien escrita, la prosa trabajada, la descripción precisa que te hace visualizar los lugares y las personas, que te hace sentir el frío, la angustia o la alegría de sus personajes. Leo casi todo lo que cae en mis manos pero mis preferencias se inclinan por autores que escriben mimando las palabras y también por la novela histórica de la que siempre se aprende.

¿Quiénes son tus autores favoritos, por decirlo así?

Si tengo que enumerar algunos elegiría a Juan Marsé, con sus novelas de la Barcelona de postguerra, a Umbral con sus obras intimistas, Sanchez Ferlosio y su ambiente irrepetible de “El Jarama”, o su poesía de Alfanhuí, también Sholojov, Bolaño, García Márquez, las novelas de Tolstoi, especialmente “Resurrección”,… seguro que me dejo muchos, pero desde luego los que te he citado me parecen genios.

 

UN FRAGMENTO DEL LIBRO

Por Javier PLAZA. De ’La urraca en la nieve’.

Me centré ya en las paredes, en las tres paredes en las quese apiñaban los lienzos, casi peleando por el espacio con escasaelegancia. Uno de Cézanne sobre uno de Víctor, las bailarinas deToulouse-Lautrec borrachas como cubas junto a las de Degas,elegantes y sensuales, y que, seguramente, miraban a sus vecinascon gesto de desprecio. Había dos o tres lienzos del propio Yves,esquinas, retazos de paisaje de esos que a él le encantaban y queyo tardé tiempo en apreciar, aquel charco helado al amanecer, enVigneux, que mi pensamiento calificó de extraño en primavera yde irrepetible en otoño. También se escondía entre tanta calidaduna obra mía, entre unos remeros, estos de Caibellote, y un bosquetropical de Gauguin. Allí mi “Moulin de la Galette” defendíael puesto con cierto complejo de inferioridad entre aquellos colosos.El día en que Yves, para mi sorpresa, y después de agradecermeque intercambiara con él aquel lienzo, descolgó con indiferencia“El bebedor de ajenjo” de Manet para colocar mi obra ensu lugar sentí que estábamos cometiendo un sacrilegio que Ateneanos haría pagar fulminándonos al instante.—Pero, ¿qué haces? —fue lo único que acerté a decir.—Este lo tengo muy visto —me respondió mientras localizabala caja de madera en la que recluirlo—. Además el tuyo esmejor.Y mi lienzo quedó allí, a la vista, y el de Manet enclaustrado.Y no fue la causa de su reclusión otra que la de ser de idénticotamaño al mío, por lo que mi Moulin encajaba a la perfección ensu porción de pared. Si mi obra hubiese sido de mayor tamañoseguramente hubiera sido Toulouse-Lautrec el ofendido en su“Moulin de la Galette”, que yo no había copiado, ya que no conocíala obra cuando comencé a trabajar en la mía, y en poco separecían. Y si, como era mi intención primera, no hubiera dibujadolas sillas vacías de la parte derecha, el tamaño hubiera sidomenor y seguramente la exclusión habría recaído sobre el “Paisajecon pescador en La Ligne”, del aduanero, uno de mis favoritos.Aún me hubiera dolido más. Solamente aquellos lienzos colocadosen la porción de pared en la que el sol caía en la mañana resultabanintocables. Ellos lo sabían, se enorgullecían y lucían aúnmás. Eran pocos. Coubert, cómo no, y Víctor junto a él, cómo no.Del primero sus picapedreros, de nuestro amigo un trabajo titulado“Bodegón” en el que aparecía un huerto con decenas de brotesprimaverales surgiendo de entre la tierra oscura. Bajo estas dosobras y compartiendo con ellas tan privilegiado espacio el“Tiempo de primavera en Eragny”, de Pisarro, del que Yves mehabía dicho:—Este hombre es tonto perdido mira que cambiarme estajoya por una de mis basuras —en una especie de insulto-piropo, oalgo así, tan habitual en él.Quedé allí en pie observándolos. Aunque ya no caía el solsobre ellos la iluminación era suficiente, adecuada. Las pinceladasde Pisarro mezclaban los colores en mi cerebro. Era conscientede que debía separar mi mirada de los lienzos si deseaba aprovecharaunque fuera mínimamente la jornada para trabajar y enun impulso de cordura me forcé a abandonar el estudio a pesar derecordar de nuevo que no regresaría a aquella sala durante meses.Respiré hondo y caminé con paso firme, separándome de misamados. Logré con éxito franquear la puerta, no sin admirar antesde reojo la “Vista de Montmartre”, de Sisley, que custodiaba laentrada.En el estudio Yves no había notado su soledad como no notabaentonces mi compañía. Sabía que si no se le interrumpía abuen seguro no se despegaría del taburete hasta que el sol cayera.Entonces frotaría sus ojos cansados, colgaría la bata, cogeríaabrigo y gorra y me diría.—Vamos al Folies a comer algo.—Será a cenar.—Pues eso.

CRISTINA GRANDE: TRES COLUMNAS

CRISTINA GRANDE: TRES COLUMNAS
[Esta tarde, a las 20.00, en el café Rock&blues, calle Cuatro de agosto, se presenta el nuevo libro de Cristina Grande (Zaragoza, 1962): 'Flores de calabaza', que ha publicado el sello Anorak de Sergio Navarro. Cristina estará acompañada de Miguel Mena. Aquí, gracias a su gentileza, publico algunas columnas de las que publica todos los martes en 'Heraldo de Aragón'. El libro recoge columnas de 2010 a 2014.]
 
ESCRIBIR
Por Cristina GRANDE

No firmé ni un libro en la feria de Madrid. La mañana era soleada, magnífica. Habíamos paseado por el Retiro antes de acercarnos a las casetas. Los árboles lucían un verde esplendoroso, como si sus hojas estuviesen enceradas y recién sacadas de su embalaje. La noche anterior, en la presentación de mi libro, Carmen Valcárcel dijo que mis personajes no eran frágiles ni melancólicos, sino todo lo contrario, vitalistas y optimistas. En la caseta contigua a la de mi editor se iba formando una fila ante Mª Pau Domínguez, a quien no llegué a ver. En la de enfrente vislumbré las canas de Baltasar Garzón, que no paraba de firmar libros mientras Manuel Vicent se lo tomaba con más calma. Siempre he admirado las columnas y la prestancia de Manuel Vicent. De vez en cuando oía mi nombre por los altavoces y me parecía estar dentro de un sueño. Se oía el aria de la suite en Re de Bach cuando en la mano de un comprador vi “Una noche con Claire” de Gaito Gazdánov. En la contraportada de ese libro estaba la Mona Lisa y recordé una película de mi infancia, “La Gioconda está triste”, que era algo apocalíptica y con música de Bach. Cuando faltaba un cuarto de hora para cerrar, yo misma había inventado una sonrisa enigmática, por no decir bobalicona. Sentí un alivio increíble al ver despegar los carteles que anunciaban mi firma. Bajo las ramas de un hermoso avellano me quedé medio dormida escuchando los trinos de pájaros que no puede identificar. Era un domingo extraño y hermoso, y quería ponerme a escribir.

 

ACEITE


 

Fuimos a Lanaja a dos cosas: a ver a mis tíos y a buscar el aceite de nuestra tercera parte del olivar del saso. Mi madre iba en el asiento trasero un poco taciturna. No comentó, como de costumbre, lo manipulables que éramos en aquellos años en los que decían que el aceite de oliva era malo para la salud. Ella compraba en esa época aceite de girasol, dejando arrinconado el aceite de oliva, no sin dolor de corazón, para que tiempo después dijeran todo lo contrario y acabáramos desconfiando de los gobiernos. Iba mirando por la ventanilla, preocupada (supongo) por la salud su hermana. Sólo dijo “está bastante majo el sementero” y “Alcubierre city” cuando pasamos por delante de Casa Ruata. No dijo nada tampoco acerca del incendio vandálico de las trincheras en la ruta de Orwell. Mi tío Carmelo había abierto la puerta falsa de par en par y un gato negro muy fuino me recordó la ausencia de mi abuela. La casa estaba caliente y mi tía sonrió a su hermana. Por un momento se me cortó la respiración al ver por primera vez en mi vida que el reloj de la escalera estaba parado. Me pareció que el corazón de la casa había dejado de latir. Vaya imaginación la tuya, dijo una voz amada para sacarme de mi ensimismamiento. Mi primo Carlo dijo que el aceite de este año era muy bueno, “pura medicina” según él. Cargamos unas cuantas cajas en el maletero. ¿Os habéis creído que tengo un Pegaso?, habría dicho mi padre. Volvimos casi volando. En mi imaginación ese aceite medicinal representaba el amor fraterno, y me puse contenta cuando descargamos las garrafetas en la puerta de casa.

 

 

POLÍGONOS EN FLOR


 

Malvas de color malva, prímula veris, rabanizas blancas, diente de león, aliagas, retamas en flor. El viento ya no es frío. Tu novio te lleva de paseo en moto y vas nombrando para adentro las flores que ves a en los márgenes de la carretera, junto a naves industriales que van ganando en belleza con los años. Es lo que tienen los primeros días de la primavera -tu estación preferida-, que deseas “atrapar la belleza del mundo”, como dijo Adam Zagajewski. En una plaza con quiosco os sentáis entre sol y sombra, frente al Ayuntamiento de Casetas. Han plantado pensamientos (viola tricolor), la flor de los recuerdos, dicen, quién sabe por qué. También dicen que si se plantan en otoño, crecen más fuertes con la llegada del buen tiempo. Buen tiempo para el amor. Para nombrar las flores y los árboles. Buen tiempo para los pensamientos morados, para los pensamientos amarillos, para los pensamientos impuros. No tienes nostalgia de la infancia, no sabes por qué. Una abuela con vestido de flores os ofrece un sitio en la sombra. Os tomáis un botellín de Ámbar a la sombra del quiosco de la música. Te gusta ser forastera un rato, tan cerca de tu propia casa. No serías más feliz en el Caribe, te dices de la misma forma salmódica que usabas para decir los nombres de las flores, como el estribillo de una canción que no has escrito. En esa canción también saldrían nombres que vas leyendo al pasar raudos por los polígonos en flor: Sali, Lacasa, Alcampo, Pikolín... Tu canción se gesta en algún lugar entre tu cabeza y el casco de la moto, mientras el móvil suena y suena en un bolsillo interior.

 

*La foto es de Edward Steichen.

PIGLIA, PREMIO FORMENTOR 2015

El argentino Ricardo Piglia, galardonado

con el Premio Formentor de las Letras 2015

 

Mallorca, 8 de junio 2015.- Ricardo Piglia ha sido galardonado con el Premio Formentor de las Letras 2015 en reconocimiento al conjunto de su obra. El galardón, dotado con 50.000€, se entregará el 25 de septiembre en Mallorca. El jurado de los Premios Formentor, presidido por Basilio Baltasar y formado por Dario Villanueva, director de la Real Academia Española y los escritores, Félix de Azúa, José Ángel Gonzalez y Marta Sanz, ha decidido reconocer por unanimidad los méritos de la obra del escritor argentino y concederle el premio, “como autor de una obra narrativa que se desenvuelve armónicamente entre la originalidad y la cultura popular, y la tradición más exigente. Situándose por encima del proceso de desliteraturización que padece la novelística actual, Piglia vuelca en el poso de un ferviente lector la mirada de un crítico literario perspicaz y el conocimiento de un teórico de la literatura”.

 

En opinión del jurado, “la obra de Ricardo Piglia orquesta como pocas un homenaje a la diversidad y traducibilidad de los relatos del mundo, y ha elevado a rango estético de primera magnitud el hablar de literatura y departir de escritores, reficcionalizando obras, autores, anécdotas o azares con rara maestría y refinado espíritu”.

 

El jurado ha querido destacar además  “el talento, el ingenio y la audacia con que ha sabido sostener ese universo paralelo de lo literario en el que por fortuna aún podemos vivir gracias a escritores como Ricardo Piglia”.

 

Un considerable número de obras han situado al premiado en un lugar muy alto en la literatura: Antología personal, narrativa (2014); La ciudad Ausente, (2013); El camino de Ida (2013); Blanco nocturno, (2010); Prisión Perpétua, (2007); El último lector, (2005); Formas breves(1999); Plata quemada, (1997); La ciudad ausente, (1992); Crítica y ficción, (1986); Respiración artificial, (1980 y 2001); Nombre falso, (1975); La invasión, (1967).

 

Nada más conocer la noticia Ricardo Piglia ha hechos sus primeras declaraciones desde Argentina “recibo con alegría el premio y agradezco al jurado la generosa distinción. La literatura persiste en nuestra época porque uno de sus horizontes es justamente contar cómo sobreviven los hombres en esta intemperie que no tiene fin. Malos tiempos para la lírica, dijo el poeta en un poema donde exaltaba el coraje y la ironía de los que perseveran sin transigir. El reconocimiento de los colegas es el mejor halago al que podemos aspirar. Muchas gracias”.

 

La entrega del premio será a finales de septiembre, fecha que coincidirá con la publicación de “la novela de su vida”, como le gusta llamar a Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación, el primero de tres volúmenes basados en sus diarios, que ya ha terminado de escribir y revisar, aunque se publicarán al ritmo de uno cada año. Sobre ellos dice: “Para mi es una novela aunque el material sea verdadero y personal. Para mí la ficción se define en la enunciación. El que habla no existe aunque el contenido de lo que dice sea real”.

 

Sobre Ricardo Piglia

Ricardo Piglia nació en Adrogué, provincia de Buenos Aires, en 1941. En 1955 su familia se mudó a Mar del Plata. En 1967 apareció su primer libro de relatos, La invasión, premiado por Casa de las Américas. En 1980 apareció Respiración artificial, de gran repercusión en el ambiente literario y considerada como una de las novelas más representativas de la nueva literatura argentina. La ciudad ausente fue llevada a la ópera por el compositor Gerardo Gandini.

Junto a su obra de ficción, Piglia ha desarrollado una tarea de crítico y ensayista, publicando textos sobre Arlt, Borges, Macedonio Fernández, Manuel Puig, Sarmiento y otros escritores argentinos.

Ricardo Piglia es escritor, crítico literario, guionista. Dirigió la revista Literatura y Sociedad. Ha sido profesor de la Universidad de Buenos Aires, en la Universidad de California en Davis y de la Universidad de Princeton, EUA. Ha sido también guionista de las películas El astillero (1999) La sonámbula, recuerdos del futuro (1998) y Comodines (1997). Y co-guionista de la película Corazón Iluminado, de Héctor Babenco.

 

El Premio Formentor

El Premio Formentor de las Letras se convoca para reconocer el conjunto de la obra narrativa de aquellos escritores cuya trayectoria prolonga la gran tradición literaria europea, siendo su principal objetivo contribuir a consolidar y reconocer la posición de los autores que han sabido mantener su esencia literaria.

 

En su primera etapa (1961/1967), el Premio Formentor fue impulsado por diferentes editores europeos (Carlos Barral, Antoine Gallimard, Einaudi…). Desde 2011, con motivo de su cincuenta aniversario, se vuelve a conceder este prestigioso premio que en las cuatro recientes ediciones ha recaído en Carlos Fuentes (2011), Juan Goytisolo (2012),  Javier Marías (2013) y  Enrique Vila-Matas (2014). El premio Formentor está dotado con cincuenta mil euros, y cuenta con el patrocinio de los propietarios del hotel, la familia Barceló, y la familia Buadas.

 

Durante los años 60, Formentor fue una referencia para la vanguardia de la edición europea y uno de los foros literarios más importantes y reconocidos. Durante varios años, se reunieron a los máximos exponentes de la literatura de la época en tertulias, encuentros y debates recreando una atmósfera singular que atrajo la mirada y la atención de algunos de los nombres propios sin los que hoy no se podría entender la historia de la cultura. Entre los anteriores galardonados se encuentran, entre otros, Samuel Beckett, Jorge Luis Borges, Juan García Hortelano, Jorge Semprún, Saul Bellow y Witold Gombrovicz.

 

*Basilio Baltasar, director de la Fundación Santillana, me envía esta nota de prensa con el galardón. La foto de Piglia la tomo de internet: es de una estupenda fotógrafa: Lisbeth Salas.

 

AMISTAD: LABORDETA, ELOY FDEZ. CHUS VISOR, HERNÁNDEZ & ALEIXANDRE

AMISTAD: LABORDETA, ELOY FDEZ. CHUS VISOR, HERNÁNDEZ & ALEIXANDRE

CUENTOS DE DOMINGO / AMISTAD
Dice Ismael Grasa que José Antonio Labordeta solo era ortodoxo en dos cosas: en la defensa del humor y de la amistad. Lo afirma en el libro ‘Amigo Labordeta’, que ha publicado Lorenzo Lascorz, un manual de cariño, admiración y de desvelo que recoge 88 textos; está prologado por otro maestro de la amistad como Eloy Fernández Clemente, cofundador con Labordeta de ‘Andalán’ y gestor habitual del club de los sueños posibles e imposibles de Aragón. Eloy completa las más de 1500 páginas de sus memorias con el tercer volumen, ‘Tesón y melancolía, 1987-2012’ (Rolde), un proyecto que abarca sus recuerdos, la cronología de un sinfín de hechos, análisis e impresiones y un inventario casi infinito de amigos. Eloy los recuerda a todos, los glosa y realiza un deslumbrante ejercicio de memoria y de generosidad. Parece imposible que exista nadie que se haya sentido tan bien arropado por tantos compañeros de viaje. Jesús García Sánchez es Chus Visor, el editor de 900 títulos con esa portada negra: acaba de publicar un libro homenaje, ‘Ojo a Visor’, con edición de Irene García Chacón, en el que muchos de sus autores lo retratan, rescatan alguna anécdota –una de las más delirantes la cuenta Carlos Marzal: ambos cantan siempre “me lo decía mi abuelito” (de Ibáñez y Goytisolo)-; él explica su amor a la poesía, a las vanguardias, a los cantautores, a Filippo Marinetti o al fútbol, entendido como “relato épico del mundo”. El libro es un ejercicio de amistad y gratitud a un lector-editor sabio e imprescindible. Otro libro excepcional es ‘De Nobel a Novel’ (Espasa), el epistolario inédito de Aleixandre, Miguel Hernández y su esposa Josefina Manresa. Vicente Aleixandre, el Nobel de 1977 que recibió a los aragoneses del Niké en su casa, adoraba a Miguel Hernández y a su familia. Se preocupó del poeta alicantino mientras vivió y ayudó a su viuda hasta el final: le recomendaba editores, traducciones, gestión de inéditos, cesión de derechos para la canción, le ayudaba a revisar los contratos, etc.. Y en 1984 le confesaba: “Ya sabes lo que para mí sois, y digo sois porque todos seguís vivos, tú ahí y ellos, tu marido y tu hijo, lo mismo dentro de tu alma”.

*Este artículo ha aparecido hoy en mi sección ’Cuentos de domingo’. José Luis Cano publica dos retratos de Cano en el libro ’Amigo Labordeta’, y aquí recupero otro que apareció en un calendario. Cano es uno de los más grandes caricaturistas, ilustradores y humoristas de este país del último medio siglo. Todo un personaje, un intelectual, un vitalista y un escéptico...

AFORISMOS DE MARIO PÉREZ ANTOLÍN

El escritor Mario Pérez Antolín acaba de publicar en Baile del Sol su nuevo libro de aforismos, género en el que está especializado: ’Oscura lucidez’, que lleva un prólogo de Joan Subirats, que se reproduce al final. 

AFORISMOS DE ’OSCURA LUCIDEZ’. Baile del Sol.

Por MARIO PÉREZ ANTOLÍN

 

Un carterista fue entrevistado por un periódico local. Reproduzco a continuación un extracto:

—¿Cuándo te llevaste la mayor sorpresa?

—En una ocasión, la billetera solamente contenía un papel con esta frase: «Espero que la próxima vez tengas más suerte».

—¿Qué les dirías a los que sufren tus hurtos?

—Me quedo con vuestras carteras y, a cambio, os perdono la vida.

—¿Por qué elegiste este oficio?

—Es el más cabal dentro del hampa, ni siquiera tocas a tus víctimas.

—¿Hay un código deontológico?

—Aunque le parezca mentira, yo no cojo las pertenencias que la gente se deja olvidadas sobre las mesas de los cafés.

—¿Qué te da miedo?

—Encontrar mi foto en una de esas carteras. Mi madre me abandonó cuando tenía cinco años.

—¿Recuerdas tu primera vez?

—Sí, con el dinero que conseguí pude comprar una cartera de piel que aún no me han quitado.

 

*

 

Sentimos admiración por unas creaciones que nos acomplejan. El orgullo, por ejemplo, de haber fabricado la calculadora, y la consiguiente decepción de no ser capaces de calcular como ella.

 

*

 

El cantero podría haber descuidado la factura de los relieves y ornamentos más altos de la catedral, ya que prácticamente nadie, en su época, iba a contemplarlos de cerca; y sin embargo no lo hizo, porque su propósito era que fueran vistos, no desde la tierra, sino desde el cielo por el único Ojo que escruta todos los detalles.

 

*

 

Ciertas desgracias son tan inconsolables e inexpresables que ni las palabras de aliento confortan, ni las lágrimas más compungidas desahogan. Ante tales mazazos del destino, solo cabe, como Níobe, transformarse en roca y mineralizar el alma.

 

*

 

¿Quién en un arrebato no ha demostrado alguna vez bravura?, pero no diremos, por ello, que sea un valiente. La virtud se desvirtúa si no se asienta sobre la perseverancia y la cogitación.

  

*

 

Podría llamarse tempero, pero se llama erial porque nadie arrancó las piedras que entorpecen el avance de la vertedera. Podría llamarse sazón, pero se llama abandono porque la acequia no quiso abrazar este trozo compacto de basura y tierra. Podría llamarse cosecha, pero se llama yermo porque algunas parcelas prefieren la brutalidad de la intemperie silvestre al cuidado monótono del laboreo acuciante.

 

Retrato de Edward Steichen.

*

 

 

Muchas veces creemos ser el centro de atención de personas que, en realidad, no se interesan por nosotros; al contrario, también sucede que cuando creíamos estar en presencia de alguien que nos ignora, ese, justamente, pasa gran parte de su tiempo intrigado por nuestras vicisitudes. La falta de correspondencia entre lo que espero suscitar y lo que consigo capturar amplía mi cuestionamiento de mí.

 

*

 

Infrautiliza la libertad aquel que se conforma con no ser oprimido para ser libre. En cambio, expande la libertad el que la sacrifica para defender que, incluso el que no la merece, la tenga.

 

*

 

Uno de los problemas estructurales de la política es que quienes deciden no sufren los efectos adversos de sus decisiones. El que no se priva no debería ordenar privación.

 

*

 

El insistente empuje de las olas hace retroceder la adamantina resistencia de los cantiles. La blandura abarcadora que se mueve gana la partida a la rigidez craneal que emerge. La erosión es un tenso contacto entre la brutalidad y su desmoronamiento.

 

*

 

El enterrador odia trabajar cuando la tierra está helada, el pico rebota y la vibración se transmite por los tendones hasta la corteza del ensimismamiento. Durante las noches de luna, las carretas subían a los pozos de nieve; allí donde quedan a la vista, no muy lejos, los fósiles en las trincheras del ferrocarril. Era una época en la que los colegiales utilizaban pizarras y era común hacer el jabón con aceite y sosa cáustica.

 

*

 

Era meticuloso en extremo con sus objetos personales, por eso resultó muy extraño que el día de su desaparición estuviera el apartamento donde vivía revuelto y en desorden. Puestos a aventurar hipótesis sobre este inaudito suceso, las hubo a cual más inverosímil: que si un secuestro fallido, que si una fuga por deudas de juego, que si un enamoramiento repentino… Pero después de varias investigaciones exhaustivas de la policía, el enigma quedó sin resolver. Parece mentira que nadie diera con la mejor explicación: llega un momento en que uno prefiere no dejar rastro de su fuga precipitada, porque ha sido incapaz de dejar huella de su paso irrelevante.

 *

¿Qué somos? Unos pocos aconteceres que se dejan atrapar por la atención de unos pocos observadores. Tan solo eso, y quizá ni eso.

 

*

Esa humilde florecilla que aguanta las sacudidas del viento y los rayos inclementes del sol, aunque te parezca débil por carecer de envoltura, aunque semeje un rutilante chispazo de simpleza, aunque represente a la más elemental de las criaturas, ahí donde la ves, contiene una dádiva tan excelsa que podría, con su germen, colonizar la corteza estéril de un planeta gélido.

 

*

 

En el infierno, siempre hay sitio para un nuevo desalmado. Incluso después de los juicios de Núremberg, cuando sus sucios pabellones estaban repletos, se admitían nuevos ingresos. Nunca tuvo que esperar un cruel por muy hacinadas que estuvieran las celdas. En el Averno no existen restricciones, cualquiera es bienvenido y las preferencias quedan completamente prohibidas. Nadie debe perderse la condena que con tanto merecimiento ganó. El que hizo el diseño del infierno quiso que, por si acaso, cupiéramos todos.

 

*

 

Ella me dijo, durante mi hospitalización, que lo fundamental de su biografía estaba en las tres cicatrices de su cuerpo: la que no podía disimular su vello púbico le recordaba, a diario, aquel hijo deseado que terminó siendo este extraño de la foto; la de la mejilla derecha le impedía olvidar a un marido que, poco después de la boda, se convirtió en su peor enemigo, y la más reciente, aún con los puntos de sutura, era la de una biopsia que no presagiaba nada bueno, salvo que sería el último zurcido de su desdichada vida.

 

*

 

Me hice amigo de un gladiador, que venía directo de mi imaginación, y lo traje a vivir conmigo. El vecindario protestaba porque los niños no iban al colegio y preferían jugar con él. Cuántos paseos tuvimos que interrumpir por el acoso de los paparazzi y la insistencia de los fans en busca de unos autógrafos. Los ruinosos circos romanos no le gustaban. Su lugar predilecto para los combates eran los estadios de fútbol llenos de hinchas poco antes de terminar el partido, con el consiguiente deterioro del orden público. En los estudios de cine, no encontró trabajo de especialista debido a que sus interpretaciones resultaban demasiado verídicas. Al final, las cosas se aclararon entre nosotros y, de mutuo acuerdo, viendo lo molesto de su comportamiento arcaico, decidimos que volviera al cuarto oscuro de mi fantasía, donde los anacronismos pasan desapercibidos.

 

Clara Bow por Edward Steichen. 

 

*

El problema de la muerte es que ni se presiente ni se adivina ni se barrunta y, aun así, termina llegando a deshora como un huésped inoportuno al que hay que acomodar, encima, en el mejor cuarto de nuestro piso. El problema de la muerte es que siempre nos coge desprevenidos y con los preparativos sin hacer, porque tiene la mala costumbre de presentarse sin haber recibido invitación. El problema de la muerte es que cuando se va, no se va sola.

 

OSCURA LUCIDEZ

 

Prólogo

Joan Subirats

 

La irrupción de la comunicación de masas en el ejercicio de la política supuso algunos cambios relevantes en cómo se expresaban las ideas y se difundían las propuestas por parte de los políticos. Es evidente que no fue ajeno a ello el hecho de que la democratización de la política implicó el tratar de alcanzar a públicos mucho más amplios y diversificados. Se ha ido consolidando así la tendencia a concentrar los contenidos de lo que se quiere comunicar en «cortes» o frases reducidas que pretenden recoger lo esencial del pensamiento del político. Podría parecer que Mario Pérez Antolín se sitúa en un espacio similar, pero es evidente que cualquier parecido es mera coincidencia. No solo debido a que este libro no es (únicamente) un libro de política, sino sobre todo porque lo que hace su autor, desde hace años, es trabajar y profundizar en el complicado mundo de los aforismos: esa sabia mixtura de sentencia, proverbio y máxima, que sirve de guía cuando lo que predomina es la confusión.  Se necesita una mezcla de poeta de la quintaesencia y de cirujano de lo superfluo para realizar esa labor de síntesis y, al mismo tiempo, de reflexión crítica a la que Mario Pérez Antolín nos invita.

 

El lector irá encontrando súbitos cambios de estilo, de formato, y también de contenido. Por tanto, habrá rincones en los que uno podrá encontrar abrigo y cruces en los que soplarán todo tipo de vientos. Pero lo indudable es que en cada página cada cual encontrará expresiones que le interpelarán, y le obligarán a replantear respuestas y a reformular preguntas. Hay respeto por lo dejado atrás, aunque también pasión por construir nuevos espacios y miradas. En el texto, encontramos reflejos preocupados por el enorme impacto que está provocando en nuestras vidas el cambio tecnológico y sus efectos en nuestra autonomía, pero al mismo tiempo se palpa una tozuda confianza en que seremos capaces de aprovechar las oportunidades que genera ese acelerón inmenso al que se ha visto sometida la historia de la humanidad, por ejemplo, a través de la propiedad distribuida y compartida.

 

Mi mirada sobre los aforismos del libro no puede resultar ajena a mi propia inclinación por la política y lo político. Y son notables las referencias explícitas a autores propios de la historia de las ideas políticas, así como son constantes las referencias implícitas al ejercicio humano de la política (que tan magistralmente iluminó Maquiavelo hace quinientos años). Una política con sus virtudes y proyectos, pero también con sus trampas, medias verdades, justificaciones para cualquier desatino, o la peligrosa tendencia a confundir posición con rango y mérito. En fin, me siento honrado de haber podido prologar este texto que me ha permitido aprender y discutir conmigo mismo sobre mis propios prejuicios y convicciones. Espero que lo disfruten, como yo lo he hecho. En este caso, no es cierto lo de que «la adquisición defrauda», más bien incentiva a esperar próximas entregas.

 

Barcelona, 1 de abril de 2015


 

*Textos de ’Oscura lucidez’. Mario Pérez Antolín. Baile de Sol, 2015.

Aquí se le puede conocer mejor: 

http://es.wikipedia.org/wiki/Mario_P%C3%A9rez_Antol%C3%ADn

-La foto la tomo de aquí: 

http://4.bp.blogspot.com/-iuAEQGG4lCE/VPryGc7CQvI/AAAAAAAAACk/O_JrahyYm74/s1600/Mario.jpg

 

 

 

TRES POEMAS DE JAVIER RGUEZ. MARCOS

TRES POEMAS DE JAVIER RGUEZ. MARCOS

[Javier Rodríguez Marcos (Nuñomoral, Cáceres, 1970) es poeta y narrador. Además de varios poemarios, ha escrito libros de viajes, crónicas culturales, relatos. Publica en Tusquets, en esa exquisita colección de Nuevos textos sagrados, ‘Vida secreta’, un libro directo, de expresión sobria y elegante, que aborda los materiales de la vida: la memoria, el viaje, la pintura, el amor, las ciudades, la naturaleza, distintas formas de belleza que “se mide por centímetros”, las pequeñas cosas que transcurren en forma de incertidumbre. Copio aquí dos de sus poemas. La foto es de Sharon Tate y la tomó Philippe Halsman.]

 

YA LO SÉ, LA MEMORIA

 

YA lo sé, la memoria

no es un lugar seguro.

Está llena de trampas,

consuelos, desconsuelos,

atajos, emboscadas,

pistas falsas, canciones

lacrimógenas, torpes

maneras de quedar

bien,

traiciones, heroísmos,

fotos trucadas siempre

con el fotoshop tonto

de la melancolía.

 

Ya lo sé, es lo que somos:

nostalgia y cirugía.

¿Recuerdas lo felices

que fuimos el verano

de la inmortalidad?

 

*

 

TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN

 

Tiene suerte mi mano.

Cinco millones de años

de evolución

para llegar a un hueco

perfecto para una manzana.

No necesito más:

Saber que tú respiras,

que el mundo cabe entre estos cinco dedos,

que, entero y tembloroso,

yo quepo entre los tuyos.

 

-De 'Vida secreta'. Javier Rodríguez Marcos. Tusquets. Barcelona, 2015. 75 páginas.

TRES MICROCUENTOS DE GEMMA PELLICER

TRES MICROCUENTOS DE GEMMA PELLICER

GEMMA PELLICER: TRES MICRORRELATOS

 


[La escritora Gemma Pellicer cumplía años ayer, 43. Me envió, con su cordialidad de siempre, tres de sus microrrelatos. Es una de las grandes narradoras del género en España, como se ve día a día en su facebook y en su blog. Reside entre Barcelona y Berlín. Las fotos son de Stanko Abadzic.]

 

SUPERVIVENCIA

De aquella arca de Noé varada en mitad del jardín desembarcaron plantas de todas las especies, exhibiendo una lozanía envidiable. Bastaba apreciar con qué facilidad se reproducían y tomaban asiento. A nadie extrañó que los habitantes de aquel jardín fueran ganando en belleza y frondosidad. Por fin crecían satisfechos a campo abierto, a resguardo de la intemperie de otras latitudes. Y llegó el momento de hacerse oír bajo un mismo clamor: fueron aprobados derechos vegetales de diversa índole en un tiempo en que cantidades de arbusto y retama provocaban frecuentes incendios contra la oligarquía de la selva, a la sazón aliada con las peores plagas del lugar.

Cuando parecía que aquello sólo podría enderezarlo un huracán, el ser humano intervino al fin. Resuelto a catalogar la naturaleza entera, ideó encerrarla en grandes naves con paredes de cristal que permitieran la entrada de luz. A la naturaleza no le cupo más remedio que acatar la voluntad del hombre. Ya no tiene prisa ni se impacienta inútilmente: sabe que las épocas y las eras son ciclos de hoja caduca. Vive agazapada.

 

PIEL

 

La hoja que amarillea, y hasta parece que se reconcoma de puro frágil, los nervios tensos a flor de piel, sabe:
1. que su cuerpo de contorsionista tiene los días contados,
2. que apenas si le quedan cuatro o cinco movimientos estériles,
3. que un día malogrado dimitirá, dejando a su paso un rastro de baba savia que sólo alcance a sacar sus cuernos al sol.

 

DESBARBADA

 

Vino el jardinero y, tras echar un vistazo, decidió que había que afeitar con urgencia el edificio. No se trataba tanto de eliminar las plantas, como de exhibir cierta autoridad ante el crecimiento de la maleza, que se había adueñado de la fachada, ensanchando grietas y dispersando debilidades por la casa. Cuando el jardinero hubo terminado, se alejó unos metros. A los pies se arremolinaba una alfombra de tallos y raíces. Parecía una selva de obligaciones incumplidas y buenas palabras. «La sensatez se ha impuesto», se persuadió el de rostro enjuto y barba poblada mientras recogía impasible, camino de su casa.