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Antón Castro

Escritores

EDUARDO BOIX: UN BOMBARDEO

EDUARDO BOIX: UN BOMBARDEO

EL PROYECTO DE UN BOMBARDEO DE EDUARDO BOIX

[El escritor alicantino Eduardo Boix ha iniciado un proyecto de investigación en torno a la Guerra Civil y a su abuela. Me lo envía. Aquí están algunas de sus primeras entregas. Escribe:]

El 19 de diciembre de 2011 falleció a causa de esa enfermedad llamada Alzheimer, mi abuela/iaia Carmen. Una mujer vital y que la vida había endurecido como a tantas otras mujeres de su generación. Sobrevivir a una guerra, a su posguerra y a cuarenta años de oscuridad, ha hecho que la admire más allá del amor que le pueda profesar como nieto. El pasado 1 de abril de 2015 tras cumplir 35 años y estar ya en el limbo administrativo de la juventud, me creí en la obligación moral de dar voz al recuerdo recurrente que atormentaba a mi abuela. El Alzheimer hizo que reviviese constantemente y de forma precisa el bombardeo del mercado de Alicante, perpetrado por las tropas italianas de Mussollini el miércoles 25 de mayo de 1938. Ella siempre nos narraba como, tras el estallido de una de las bombas, la metralla decapitaba a una mujer y seguía corriendo sin la cabeza. Ése fue su último recuerdo, aquello lo vivió con 8 años.Con este proyecto tan sólo pretendo ser su voz, sacar a la luz el bombardeo más cruento de la Guerra Civil Española, más que el de Guernica, y que, a día de hoy sigue silenciado. En la sección Cuaderno de Campo, iré poniendo artículos sobre mi investigación. Cualquier duda o si tienen testimonios o documentos que hablen de dicho bombardeo, agradecería se pusiesen en contacto conmigo pinchando aquí.


LORENZO SANZ VALENTÍ

Posiblemente el niño Lorenzo Sanz Valentí y su padre perdieron la vida en el lugar señalado en el mapa. Dicen que fue tras la caída de una de las primeras bombas de aquel fatídico día. Para los curiosos, por si estáis por Alicante y queréis acercaros, es en Paseo de la Explanada sin numero, 03001 Alicante, España. Donde está el Bar Noray, antiguo Club de regatas de Alicante, frente a la estatua de Canalejas.


Aquí se puede seguir: https://columnadelmiedo.wordpress.com/cuaderno-de-campo/

JORDI NADAL Y LA LECTURA

JORDI NADAL Y LA LECTURA

[Recibo esta hermosa nota sobre la lectura de Jordi Nadal, editor de Plataforma editorial y un amigo siempre afectuoso y cálido.]

[Tomo la foto de Jordi Nadal de aquí: 

http://i.ytimg.com/vi/drwbRajlLdo/hqdefault.jpg]


Cuatro ideas para amar la lectura. (y un comentario que es un regalo)  

Abril 2015 en Barcelona.  

 

0. Preámbulo:  

  

Una amiga, D, quien trabaja en una entidad social, me pide si puedo recibir a una chica joven latinoamericana, que actualmente está fuera del circuito educativo, con el ruego de si la puedo atender y motivar a la lectura.  

  

D. ,el día que tiene que venir con ella no puede, y me dice si no me importa atender a tres chicas, todas fuera del circuito escolar, entre 14 y 18 años, de tres países latinoamericanos, que viven cerca de Barcelona, y que deberían ser estimuladas a la lectura. Vienen a mi editorial acompañadas por su coordinadora, una trabajadora social.  

  

1. UNO: Camus  

Charlamos media hora y empiezo leyéndoles estas dos cartas y contextualizando quién fue Albert Camus.  

  

Carta de Albert Camus a su maestro Louis Germain, noviembre 1957  

Querido Señor Germain: Esperé a que se apagara un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de todo esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continuarán siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido. Lo abrazo con todas mis fuerzas. Albert Camus  

  

  

Carta de Louis Germain a Albert Camus 30.4.1957  

  

Mi pequeño Albert: He recibido, enviado por ti, el libro Camus, que ha tenido a bien dedicarme su autor, el señor J.-Cl. Brisville. Soy incapaz de expresar la alegría que me has dado con la gentileza de tu gesto ni sé cómo agradecértelo. Si fuera posible, abrazaría muy fuerte al mocetón en que te has convertido y que seguirá siendo para mí "mi pequeño Camus". Todavía no he leído la obra, salvo las primeras páginas. ¿Quién es Camus? Tengo la impresión de que los que tratan de penetrar en tu personalidad no lo consiguen. Siempre has mostrado un pudor instintivo ante la idea de descubrir tu naturaleza, tus sentimientos. Cuando mejor lo consigues es cuando eres simple, directo. ¡Y ahora, bueno! Esas impresiones me las dabas en clase. El pedagogo que quiere desempeñar concienzudamente su oficio no descuida ninguna ocasión para conocer a sus alumnos, sus hijos, y estas se presentan constantemente. Una respuesta, un gesto, una mirada, son ampliamente reveladores. Creo conocer bien al simpático hombrecito que eras y el niño, muy a menudo, contiene en germen al hombre que llegará a ser. El placer de estar en clase resplandecía en toda tu persona. Tu cara expresaba optimismo. [...] He visto la lista en constante aumento de las obras que te están dedicadas o que hablan de ti. Y es para mí una satisfacción muy grande comprobar que tu celebridad  

  

Cuando les digo que no conozco sus circunstancias familiares ni sociales ni económicas, les comento, para que se sitúen, quién era Camus y cómo era su situación económica, Cuando el pequeño Albert Camus de niño, un día recibió el encargo de su abuela de ir a comprar algo de comida, y el pequeño se gastó el dinero en algo (unas golosinas, ir al cine, no lo recuerdo….), cuando la abuela la preguntó dónde estaba el encargo, el pequeño le dijo que le había caído la moneda en el retrete. La abuela se arremangó el brazo y buscó con su mano la moneda, en vano, en el WC.  

  

“eso- les dije- es la pobreza que intuyo que no es la vuestra, por suerte”.  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

  

2. DOS: Una vedette.  

  

  

Antes de ir a buscar el fragmento de Benjamin Carson que aquí relaciono, en el anexo, hermosísimo texto clave del primer libro que publiqué en Plataforma, en octubre del 2007, LO QUE MUEVE MI VIDA, les dije que había una actriz de varietés a quien le preguntaron que qué pensaba de la importancia de la lectura. Y ella respondió_  

  

- “yo siempre le digo a mi hija, estudia, hija mía, estudia, que con el tiempo te caen las tetas pero no la cabeza”  

  

  

  

  

3. TRES: Benjamin Carson

Les doy el texto a leer, mientras hago una cosa en otro lado de la editorial.

4. No conformarse:

Antes de terminar, les digo. Muchachas, Uds son jóvenes, la vida les dará muchas oportunidades. No dejen que su vide estsé en manos de nadie, ni de su madre, hermano, padre, novio, marido, maestro… hagan que sea suya. Tómense en serio su vida, porque si la naturaleza les ha dado la capacidad de llegar de 1 a 10 al numero que sea, digamos, 8, no se conformen con llegar a 7.

Y recuerden que ahora su juventud y belleza les permitirá sentir mucha confianza, pero a partir de los 30 años caen las tetas, y no la cabeza. No le den a nadie el mando a distancia de su vida.

Se fueron, les acompañé a la puerta. Antes, les regalé seis o siete libros de grandes autores de Plataforma, gente cuyo destino no ha sido nada fácil, grandes historias de superación, de gente que ha nacido en un punto de salido MUCHO peor.

UN REGALO:

Una hora más tarde, después de irse, me llamó D. y me dijo que la monitora le había dicho “ cuando íbamos para la editorial se miraban escaparates de tiendas de ropa y zapatos y bolsos. Al salir, se fijaron en dos librerías.”

Jordi Nadal, 30.4.2015


No hay tarea más importante que la paternidad

Benjamin Carson

El doctor Benjamin Carson es director de neurocirugía pediátrica en el Centro Infantil de Johns Hopkins. Su experiencia incluye la separación de siameses y la cirugía cerebral para tratar la apoplejía. La beca del fondo Carson ha ayudado a alrededor de 1 700 estudiantes de instituto. Su madre está retirada y vive con él y con su familia.

Es lo más fácil de decir: creo en mi madre. Empecé a creer cuando no era más que un niño. Soñaba con ser médico.

Mi madre era empleada doméstica. En su trabajo, observó que la gente de éxito pasaba mucho más tiempo leyendo que mirando televisión. Decidió que mi hermano y yo sólo podríamos ver dos o tres programas preseleccionados durante la semana. En nuestro tiempo libre, debíamos leer dos libros cada uno, de la Biblioteca Pública de Detroit, y entregarle nuestros comentarios sobre ellos. Ella los marcaba y subrayaba a medida que los revisaba. Años más tarde, comprendí que sus marcas eran un truco. Mi madre era casi analfabeta, sólo había ido a la escuela hasta el tercer grado.

Aunque no teníamos dinero, entre las cubiertas de aquellos libros yo podía ir a cualquier parte, hacer cualquier cosa y ser quien se me ocurriera.

Cuando entré al instituto, yo era un estudiante de primer nivel, pero eso no duró mucho. Quería ropa extravagante. Quería estar con mis colegas. De alumno de clase A, pasé a ser, primero, de clase B y, luego, de clase C, pero no me importaba. Chocábamos los cinco y nos palmeábamos la espalda. Yo era un tipo a la moda.

Una noche, mi madre llegó a casa después de sus varios trabajos y yo me quejé porque no tenía suficientes camisas de tejido italiano. Me dijo: «De acuerdo. Te daré todo el dinero que he ganado esta semana fregando suelos y limpiando baños, y tú comprarás la comida para la casa y pagarás las facturas. Con lo que te quede, podrás comprarte todas las camisas de tejido italiano que quieras».

El acuerdo me pareció estupendo pero, una vez distribuido el dinero, no me quedó nada. Comprendí que mi madre tenía que ser un genio de las finanzas para mantener un techo sobre nuestras cabezas y comida de toda clase en la mesa, además de comprar ropa.

También comprendí que la gratificación inmediata no me iba a llevar a ninguna parte. El éxito requería preparación intelectual.

Volví a estudiar y a ser un estudiante de primera clase, y finalmente cumplí mi sueño de ser médico.

A lo largo de los años, encontré inspiración en la firme fe en Dios de mi madre, especialmente cuando tuve que realizar intervenciones quirúrgicas extremadamente difíciles o cuando me enfrenté a mi propio miedo clínico.

Siendo aún joven, descubrí que padecía una forma muy agresiva de cáncer de próstata; me dijeron que podía haberse extendido a la columna vertebral. Mi madre se reafirmó en su fe en Dios. Nunca se preocupó. Decía que Dios aún no había terminado conmigo; aquél no podía ser de ningún modo un problema grave. La patología de mi columna resultó ser benigna; me operaron y me curé.

Mi historia es, en realidad, la historia de mi madre, una mujer con escasa educación formal y aún menos bienes mundanos, que utilizó su posición parental para cambiar las vidas de mucha gente en todo el planeta. No hay tarea más importante que la paternidad. Creo en ello. 

 

*La foto de Albert Camus es de Loomis Dean.

 

EMILIO GAVILANES: CUATRO CUENTOS

Emilio Gavilanes (Madrid, 1959) es uno de los escritores que publican libros muy bellos y personales. Acaba de aparecer ‘Historia secreta del mundo’ (Ediciones de la Discreta, Madrid, 2015, 235 páginas), donde hay muchas cosas: cuentos de diversa extensión, poemas en prosa, microcuentos, mil y un personajes, reales e imaginarios, es un libro de fábulas, un viaje por la historia del mundo y sus continuos accidentes y aventuras. Copio alguno de sus textos:

 

ARQUEOLOGÍA INDUSTRIAL

Solo se conserva de él un fragmento de un poema. Se sabe que vivió en China hace poco más de dos mil años. Nada más. Ni siquiera el nombre. Su único texto conservado habla de un pájaro que atraviesa el cielo una tarde lluviosa. Su paso deja en el aire el molde su vuelo. Y ese molde cae también, oculto por las gotas de la lluvia.

 

LA MUSA Y EL POEMA

Es Garcilaso de la Vega, que, en el centro de su juventud, anda lamentoso. Piensa en el poema que acaba de dedicar a Isabel Freire. Se pregunta si alguna vez a él le escribirán poesía. Después de meditarlo, sus veinticinco años concluyen que escribir un poema es inferior a inspirarlo.

 

GEORGE LEIGH MALLORY AGONIZA

Amor mío, vuelvo a casa. Espero que no te importe que mi cuerpo quede aquí tendido, boca abajo, en la fría ladera de este monte.

 

TRAS EL CATACLISMO

La carpa ha tenido éxito. De un súbito y limpio salto ha atrapado un gran moscardón. Antes de caer de nuevo al agua ve con indiferencia una solitaria calle de Venecia.

 

UNA ACE DEL SIGLO XXI

UNA ACE DEL SIGLO XXI

UNA ASOCIACIÓN COLEGIAL DE ESCRITORES DEL SIGLO XXI

[Mi buena amiga, y excelente traductora, escritora y editora, Amelia Pérez del Villar, me envía esta amable carta con buenas noticias:Estimado Antón: En las elecciones a la Junta Directiva de la Asociación Colegial de Escritores de España, que hemos celebrado hoy, ha sido elegida la candidatura que encabeza Manuel Rico Rego y en la que figuro como vocal de Relaciones con Medios de Comunicación. Empiezo con esto mi cometido: te envío adjunta la nota de prensa que hemos confeccionado para dar a conocer las novedades con la esperanza de que te interese, como integrante de este mundo del libro y de que lo difundas en la medida que estimes oportuno. Estoy a tu disposición si necesitas más datos.]


NOTA DE PRENSA

Una ACE del siglo XXILa Asociación Colegial de Escritores de España y sus secciones autónomas, ACE Traductores, ACE Teatro y ACE Andalucía eligen nueva candidatura para renovar la institución y reforzar su carácter de utilidad.El día 5 de mayo de 2015 se eligió en Madrid la nueva Junta Directiva de la Asociación Colegial de Escritores de España y sus secciones autónomas, que planea abordar una completa reestructuración de esta institución de referencia para ponerla a la altura de los nuevos tiempos y de las exigencias y necesidades que tienen los escritores actuales. 

Desde los aspectos más básicos, como la digitalización de la información y las publicaciones (sobre todo su revista República de las Letras) y la presencia en el mundo virtual, hasta la consecución de otros logros más ambiciosos, como el fortalecimiento de su carácter de instrumento útil para los escritores y de organismo de apoyo y defensa de sus derechos, la nueva ACE se plantea, en un clima de actuación marcado por una transparencia y una austeridad rigurosas, incrementar su presencia en los medios de comunicación, reforzar su relación con instituciones, universidades y otras asociaciones de escritores nacionales e internacionales, abrir sus puertas a nuevos asociados, llegar a los autores jóvenes y actuar como crisol para encuentros de escritores y con escritores que fomente y acoja la celebración de cursos, talleres, congresos y conferencias, recuperando así un foro necesario y pleno de interés para todos.

Todos estos objetivos se recogen en nuestro Decálogo “Una ACE para el siglo XXI”:http://acescritores.com/wp-content/uploads/2015/04/UNA-ACE-PARA-EL-SIGLO-XXI.pdf Para ello, la ACE cuenta con la presencia y el compromiso de una candidatura plural, ampliamente representada y representativa, que preside Manuel Rico y que tiene como vicepresidentes a Rafael Soler y Remedios Sánchez y como tesorero a Justo Sotelo. Entre los consejeros, Juan Ángel Juristo, José María Merino, Luis Alberto de Cuenca y Marta Rivera de la Cruz.http://acescritores.com/wp-content/uploads/2015/04/CANDIDATURA-FOTOS-Y-BIOGRAF%C3%8DA-corregido.pdf 

 

*La foto de Amelia Pérez del Villar la tomo de su facebook.

SUSANA CAMPS: TRES MICROCUENTOS

SUSANA CAMPS: TRES MICROCUENTOS

 

Susana Camps Perarnau es licenciada en Filología Hispánica y doctora en Traducción. Ha publicado crítica literaria, entrevistas y artículos de investigación, la novela El sueño robado (Montesinos), el estudio La literatura fantástica y la fantasía (Mondadori), relatos (Turia, Lucanor,antología Contes de Nadal) y microrrelatos (antología Mar de pirañas, Menoscuarto). Así mismo participará en la antología de microrrelatos que Talentura editará en mayo de 2013. Después de algunos años dedicados a la traducción y al estudio tipográfico delTirant lo Blanc, ha retomado su actividad narrativa con el blog Los martes micro(http://losmartesmicro.blogspot.com). Tiene la amabilidad de enviarme estos tres textos.

 

 

FERTILIDAD DE LAS ALMAS

 

Abrió los refrigeradores y sacó uno a uno todos los recipientes. Habían pasado los años estipulados por la ley. Embriones sin padres, huérfanos de voluntad. Nadie venía a reclamarlos. Sería él mismo, el responsable de su vitrificación, quien los liberaría: como quien esparce las cenizas de sus muertos, el doctor diseminó el contenido de las neveras por el parterre posterior de la clínica. No pudo prever que, nueve meses después, gracias a la insistente menstruación de luz de la luna, un campo de mandrágoras gritaría su nombre en un aullido unísono, múltiple y desgarrador.

  

CRONOLOGÍA DE UNAS MANOS

 

Cuando tenía ocho años me miré las manos y me prometí que las recordaría tal como eran, mullidas y tiernas. A los veinte ya las había olvidado. Advertí tiempo después que los nudillos no siempre habían sido picudos, y examinando intensamente las rayas de la palma –las de la vida, las del futuro, las de la enfermedad – me di cuenta a los treinta y ocho de que no reconocía nada en el mapa de mi pasado.

El futuro desplegaría otras rayas.

Hacia los cincuenta empecé a ver venas azules, protuberantes en algún punto, que me recordaban las manos de mi madre, y aunque las traté con cremas y aceites, en una década más ya se veían apergaminadas y viejas.

Acaso las manos de mi niñez contenían ya la invisible constelación de mis manchas de octogenaria, pero en breve no podré verlas, y ni siquiera logro recordar si – algunas de esas manos, de entre todas – fueron realmente mías.

 

LA INTENCIÓN NO ES LO QUE CUENTA

 

Respiro hondo y siento que al respirar me despego un poco más del cuerpo. Es una sensación extraña: pierdo adherencia. Me divido. Me da miedo pero la curiosidad es más fuerte, así que repito la inspiración y al soltar el aire voy comprobando que sí, me separo de mi cuerpo, lo siento ondear como si estuviera en el agua. La cabeza todavía está anclada al cien por cien, pero el torso, los brazos y las piernas flotan.

Ondeo, qué duda cabe. Sólo me lastra la cabeza, que pesa tanto como una piedra obstinada. Pero yo gravito. Sonrío y pienso en Virginia Woolf, en Sylvia Plath. Tiene algo de cómica y feliz la circunstancia. El estímulo del viaje inminente me transmite una dicha inmensa, como cuando contemplé el Ouse y sentí un vértigo que me llamaba. Y ahora, de pronto, es el río el que viene a buscarme a mí. Respiro una vez más, lenta y profundamente, determinada a deshacerme del cerebro. Sé que la corriente me llevará en cuanto libere la cabeza. Ya casi.

A punto de desatarme toda, una manita conocida, tierna y pequeña, me toca el brazo: Mamá.

DOS POEMAS A LA MADRE

[Dos poemas dedicados a mi madre del libro 'Seducción'. Lelló a leerlos antes de su despedida en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia el 23 de noviembre de 2014.] 

AMOR DE MADRE

 

[5 de mayo de 2013]

Nunca he tenido palabras suficientes para ti.

A ti te gustaron mucho desde niño y las coleccionabas

como se coleccionan cromos o recortes de prensa.

Me habría gustado decirte que recuerdo

cada instante de tu niñez, tus miedos,

cómo corrías tras las olas, cómo mirabas a todas

las mujeres con descaro, con el dolor

de un querer imposible y precipitado. A veces

pensaba que las deseabas a todas: para ti, en tus sueños,

en un futuro feliz que imaginabas junto al mar.

Nunca he tenido la certeza del cariño. Ni he conocido

el idioma de la ternura, la última seda de las caricias.

Te vi crecer. Enfurecerte en las tardes solitarias.

Encerrado con tus libros y con tu silencio.

Envuelto en la soledad y sus cuchillos de luto.

Recuerdo lo que te gustaba: una conversación,

un nuevo libro, una película de amor apasionado.

No conozco a tantas actrices que te hacían

perder la razón, repetir sus diálogos, decir su nombre.

Después, cuando empezabas a irte de casa,

cuántas veces te esperé asomada a la ventana.

Tu padre apenas decía: ¿viene el chaval? Ven, mujer,

descansa, ya vendrá. Mañana nos espera la tierra.

No le hacía caso. ¡Cuántas veces te esperé hundida

en el abismo de la noche, ya sin lágrimas! Esperé en vano.

Un día, cuando creíamos haberte perdido ya,

cuando una extraña forma de locura se había instalado

en tu corazón y en tu cabeza, en tu cabeza loca,

nos anunciaste que te marchabas. Que te ibas de casa,

no sé si al fin del mundo o aún más lejos.

Compostela. Madrid. Barcelona o Zaragoza.

Tu padre no se lo creía. No podía aceptar que hubiera

dejado de ser imprescindible o importante en tu vida,

como aún lo era, de otro modo, para tus dos hermanos.

Nunca tuve las palabras necesarias para ti.

Tampoco entonces. Se me empañaron los ojos

y los ánimos. Se me oscureció la alegría.

Ha pasado el tiempo. Y sigo sin saber ponerle vocablos

a mi melancolía, a mi propia sensación de pérdida.

La vida se me apaga: ya lo sabes. He tenido un ictus,

ando con dificultad, no sé si volveré a verte.

He rebasado esa edad que te aproxima al adiós.

Por eso, esta mañana he cogido el último cuaderno

intacto que me queda y te he puesto solo tres líneas:

«Hijo mío, verdaderamente siempre he sentido una gran

pasión por ti. Quiero que lo sepas, estés donde estés,

en Compostela, en Zaragoza o en el fin del mundo».

Si no te importa, llámame si alguna vez te llegan.

 

 

LA BELLA DURMIENTE. AMOR DE MADRE /y II

 

Era Gabriel García Márquez quien decía que la vida da vueltas en redondo. Él, el hijo, hace días que piensa lo mismo: cíclicamente todo se repite y se atropellan los hechos del presente y del pasado. Cuando era niño vivía en una aldea casi remota, sin calzadas de asfalto, donde el viento golpeaba y encendía una música obsesiva en el crepúsculo. El bramido del mar iba y venía con una furia de siglos. Su madre tenía una era, cerrada y con cobertizos, algo alejada de la casa; si quería huevos o tenía otra urgencia para la cena, un puñado de hortalizas o una lechuga quizá, iba a buscarlos. Y lo dejaba solo en casa. Eran diez o quince minutos escasos, pero el tiempo se le hacía eterno. Tan eterno que hubo un momento en que el niño se dijo a sí mismo, y se lo dijo a su madre, que él jamás volvería a quedarse solo. Más de una vez, bajo la lluvia, se fue con ella, cosido a su falda. Así evitaba un susto de muerte. Sentía la necesidad de tenerla muy cerca cuando caía la noche. En aquellos días todo invitaba al miedo y a la fantasía. En las tertulias en torno a la cadiera del hogar siempre se contaban relatos de fantasmas, de lobos que devoraban a los caminantes, de labradores que habían desaparecido en tal o cual encrucijada al volver de la feria. Se contaban crímenes horrendos.

Han pasado muchos años. Ahora las cosas suceden exactamente al revés: la que tiene temor al aire y al silencio de la casa, la que necesita verlo a él es ella. Octogenaria y extraviada en la dispersión de la memoria. No querría dejarlo ni a sol ni a sombra, querría saber dónde va: si va a coger unos higos, a tender o recoger la ropa, a dejar la bolsa del pan en la calle. A veces le cambia el nombre: lo llama Manolo, como aquel hermano suyo que se casó con Veva, que tenía una huerta inmensa de ciruelas, pavías y parrales, y que criaba caballos. Ella se sienta a unos metros de él y lee periódicos, sin discernir por completo si son noticias o anuncios, aunque si se encuentra con el rostro de José Bretón murmura: «¡Ese cabrón!». Ahora, como le sucedía a él de niño, disfruta con una edición de La bella durmiente ilustrada por Gusti. Parece estar segura y entenderlo todo.

 

 

MANIFIESTO LIBERTAD DE PRENSA

MANIFIESTO LIBERTAD DE PRENSA

Manifiesto de la FAPE en el Día Mundial de la Libertad de Prensa

  

MADRID, 30 DE MARZO DE 2015.  La Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), ante la  campaña y convocatorias electorales en España, quiere recordar la importancia del respeto más absoluto al trabajo de los periodistas y la imperiosa necesidad de preservar la independencia de los profesionales y de los medios de comunicación  en estos procesos claves en cualquier sociedad democrática.

 

La FAPE lamenta una vez más y muestra su total rechazo a las cortapisas que impone la Ley Orgánica de Régimen Electoral General (LOREG) a este ejercicio profesional de los periodistas, al imponer los bloques electorales minutados. Estos bloques constituyen un más que evidente atropello a la libertad de prensa y al derecho a comunicar y recibir información libre y veraz durante el desarrollo de las campañas electorales. Esta normativa atenta contra el sentido común y los intereses generales de los votantes.

 

Por otra parte, lamentamos la postura de los partidos políticos mayoritarios responsables de las reformas de la citada Ley Orgánica que impone la cobertura informativa proporcional en los medios públicos, despreciando así al resto de formaciones y especialmente a los partidos extraparlamentarios. Y se condiciona el trabajo de los medios de comunicación y de los profesionales para decidir qué es noticia y qué tratamiento informativo debe darse a cada noticia en el desarrollo de las campañas electorales.

 

Del mismo modo, la FAPE demanda en aras del interés general de los ciudadanos convocados a las urnas,  para que puedan acceder a contenidos informativos libres e independientes, que los partidos políticos respeten el criterio de los periodistas a la hora de realizar su trabajo. Por ello, es conveniente que abandonen la manida práctica de las declaraciones enlatadas. Y que permitan el acceso libre, y sin restricción alguna, a los actos de campaña permitiéndoles realizar una cobertura completa y libre. 

 

La FAPE pide también que se rechacen las convocatorias de ruedas de prensa sin preguntas o la negativa de los líderes políticos a conceder entrevistas y debates. En este sentido, se debe animar a las empresas y medios de comunicación a no cubrir los actos de los partidos políticos que no destierren estas prácticas.

 

Reiteramos, pues, la petición realizada a los partidos políticos españoles para que garanticen de hecho y de derecho el pluralismo y la neutralidad informativa en los medios de comunicación, tanto de titularidad pública como privada.

 

*La foto es de un gran reportero: Weegee.

BRADBURY: SOBRE 'FAHRENHEIT 451'

La génesis de Fahrenheit 451

Ray Bardbury

 

Era relativamente pobre en 1950 y no podía permitirme una oficina. Un mediodía, vagabundeando por el campus de la UCLA, me llegó el sonido de un tecleo desde las profundidades y fui a investigar. Con un grito de alegría descubrí que, en efecto, había una sala de mecanografía con máquinas de escribir de alquiler donde por diez centavos la media hora uno podía sentarse y crear sin necesidad de tener una oficina decente.

Me senté y tres horas después advertí que me había atrapado una idea, pequeña al principio pero de proporciones gigantescas hacia el final. El concepto era tan absorbente que esa tarde me fue difícil salir del sótano de la biblioteca y tomar el autobús de vuelta a la realidad: mi casa, mi mujer y nuestra pequeña hija.

No puedo explicarles qué excitante aventura fue, un día tras otro, atacar la máquina de alquiler, meterle monedas de diez centavos, aporrearla como un loco, correr escaleras arriba para ir a buscar más monedas, meterse entre los estantes y volver a salir a toda prisa, sacar libros, escudriñar páginas, respirar el mejor polen del mundo, el polvo de los libros, que desencadena alergias literarias. Luego correr de vuelta abajo con el sonrojo del enamorado, habiendo encontrado una cita aquí, otra allá, que metería o embutiría en mi mito en gestación. Yo estaba, como el héroe de Melville, enloquecido por la locura. No podía detenerme. Yo no escribí “Fahrenheit 451”, él me escribió a mí. Había una circulación continua de energía que salía de la página y me entraba por los ojos y recorría mi sistema nervioso antes de salirme por las manos. La máquina de escribir y yo éramos hermanos siameses, unidos por las puntas de los dedos.

Fue un triunfo especial porque yo llevaba escribiendo relatos cortos desde los doce años, en el colegio y después, pensando siempre que quizá nunca me atrevería a saltar al abismo de una novela. Aquí, pues, estaba mi primer intento de salto, sin paracaídas, a una nueva forma. Con un entusiasmo desmedido a causa de mis carreras por la biblioteca, oliendo las encuadernaciones y saboreando las tintas, pronto descubrí, como he explicado antes, que nadie quería «The Fireman» (la primera versión de uno de los cuentos incluidos en Fahrenheit 451). Fue rechazado por todas las revistas y finalmente fue publicado por la revista Galaxy, cuyo editor, Horace Gold, era más valiente que la mayoría en aquellos tiempos.

¿Qué despertó mi inspiración? ¿Fue necesario todo un sistema de raíces de influencia, sí, que me impulsaran a tirarme de cabeza a la máquina de escribir y a salir chorreando de hipérboles, metáforas y símiles sobre fuego, imprentas y papiros?

Por supuesto: Hitler había quemado libros en Alemania en 1934, y se hablaba de los cerilleros y yesqueros de Stalin. Y además, mucho antes, hubo una caza de brujas en Salem en 1680, en la que mi diez veces tatarabuela Mary Bradbury fue condenada pero escapó a la hoguera. Y sobre todo fue mi formación romántica en la mitología romana, griega y egipcia, que empezó cuando yo tenía tres años. Sí, cuando yo tenía tres años, tres, sacaron a Tut de su tumba y lo mostraron en el suplemento semanal de los periódicos envuelto en toda una panoplia de oro, ¡y me pregunté qué sería aquello y se lo pregunté a mis padres!

De modo que era inevitable que acabara oyendo o leyendo sobre los tres incendios de la biblioteca de Alejandría; dos accidentales, y el otro intencionado. Tenía nueve años cuando me enteré y me eché a llorar. Porque, como niño extraño, yo ya era habitante de los altos áticos y los sótanos encantados de la biblioteca Carnegie de Waukegan, Illinois.

Puesto que he empezado, continuaré. A los ocho, nueve, doce y catorce años, no había nada más emocionante para mí que correr a la biblioteca cada lunes por la noche, mi hermano siempre delante para llegar primero. Una vez dentro, la vieja bibliotecaria (siempre fueron viejas en mi niñez) sopesaba el peso de los libros que yo llevaba y mi propio peso, y desaprobando la desigualdad (más libros que chico), me dejaba correr de vuelta a casa donde yo lamía y pasaba las páginas.

Mi locura persistió cuando mi familia cruzó el país en coche en 1932 y 1934 por la carretera 66. En cuanto nuestro viejo Buick se detenía, yo salía del coche y caminaba hacia la biblioteca más cercana, donde tenían que vivir otros Tarzanes, otros Tik Toks, otras Bellas y Bestias que yo no conocía.

Cuando salí de la escuela secundaria, no tenía dinero para ir a la universidad. Vendí periódicos en una esquina durante tres años y me encerraba en la biblioteca del centro tres o cuatro días a la semana, y a menudo escribí cuentos cortos en docenas de esos pequeños tacos de papel que hay repartidos por las bibliotecas, como un servicio para los lectores. Emergí de la biblioteca a los veintiocho años. Años más tarde, durante una conferencia en una universidad, habiendo oído de mi total inmersión en la literatura, el decano de la facultad me obsequió con birrete, toga y un diploma, como «graduado» de la biblioteca.

Con la certeza de que estaría solo y necesitando ampliar mi formación, incorporé a mi vida a mi profesor de poesía y a mi profesora de narrativa breve de la escuela secundaria de Los Ángeles. Esta última, Jermet Johnson, murió a los noventa años hace sólo unos años, no mucho después de informarse sobre mis hábitos de lectura.

En los últimos cuarenta años es posible que haya escrito más poemas, ensayos, cuentos, obras teatrales y novelas sobre bibliotecas, bibliotecarios y autores que cualquier otro escritor. He escrito poemas como Emily Dickinson, “Where Are You? Hermann Melville Called Your Name Last Night In His Sleep”. Y otro reivindicando a Emily y el señor Poe como mis padres. Y un cuento en el que Charles Dickens se muda a la buhardilla de la casa de mis abuelos en el verano de 1932, me llama Pip, y me permite ayudarlo a terminar Historia de dos ciudades. Finalmente, la biblioteca de *La feria de las tinieblas” es el punto de cita para un encuentro a medianoche entre el Bien y el Mal. La señora Halloway y el señor Dark. Todas las mujeres de mi vida han sido profesoras, bibliotecarias y libreras. Conocí a mi mujer, Maggie, en una librería en la primavera de 1946.

 

Ray Bradbury, febrero de 1993

 

[Eva Hinojosa me envía este texto, que tanto le gusta.]