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Antón Castro

Escritores

UN POEMA PARA LABORDETA

UN POEMA PARA LABORDETA

UN POEMA PARA JOSÉ ANTONIO LABORDETA

DE AUSENCIA Y PRESENCIA


Anoche, invitado por Paco Ortega, estuve en el Teatro Principal, en el ciclo de ’Sin Fronteras’. Fue muy bonito para mí hablar en ese espacio, en el Ambigú, ante el cuadro ’Zaragoza’ de José Manuel Broto. Recordé a algunos amigos -el tema general era la ausencia- y leí este texto dedicado a José Antonio Labordeta, tan vinculado a uno de mis mejores recuerdos de Cantavieja. El miércoles, con mi hijo Diego, iré a la villa que sedujo a Baroja y Valle-Inclán y Manuel Vicent, la ’ciudad sitiada’ de mi libro ’El testamento de amor de Patricio Julve’ (Xordica, 2011), dedicado por completo al Maestrazgo. Acabo de ser distinguido con un titulo entrañable: ’Embajador del Maestrazgo’. Os dejo aquí el texto dedicado a José Antonio Labordeta, que aparece en un libro que ha coordinado Lorenzo Lascorz que se titula ’Amigo Labordeta’, en el que 80 personas lo recuerdan, lo cantan, lo perfilan... La ilustración es de Luis Grañena. Ese volumen se presentará en Zaragoza, en el Teatro Principal, el próximo 29 de mayo.

ÚLTIMO CONCIERTO EN EL MAESTRAZGO

[A José Antonio Labordeta, in memóriam (1935-2010)]

1

¿Quién eras tú, lo sabías, poeta, cancerbero de estrellas,
sembrador de prodigios o un labrador insomne que conocía
los sonidos del trigo, el llanto seco de las montañas,
el murmullo sigiloso de las últimas nieves que se desmayan en la noche?
Llegaste como siempre: discreto e invisible, como si el planeta
te acompañase en el grito, en el bigote hirsuto, en tu mirada severa.
Tomaste posiciones y empezaste a recordar, desde un altozano: 
¿cuántas veces habías estado allí, en el Salto de la Novia,
en la ermita de Loreto, en el sinuoso descenso hacia los barrancos
o hacia la mansedumbre de piedra y siglos de silencio de Mirambel?
¿Cuántas veces habías seguido del vuelo elegante de los buitres,
que luego se guarecían en las piedras cortadas a pico, hendidas
de sombras y de grutas y de los ex votos inesperados del bosque?
Tomaste posición para ver. Para sentir. Para amasar el tiempo 
y detener los recuerdos.
Cantavieja. Masoveros a lo lejos. Pájaros fugitivos. Ancianas solitarias, 
viejas de olvido
que vencían la tarde con su aspecto de fantasmas nórdicos.
Había vacas en la vega y el viento, seguro de sus puñales, 
peinaba las matas, los arbustos, las crines de los caballos sueltos en la ladera.
Allí, en Cantavieja, lo recordabas todo. A los tuyos: a tus mujeres de nardo 
y sal caliente. 
A tu hermano Miguel, de cristalino corazón acuciado de añoranzas.
A los maquis de los Pirineos. Los atardeceres de vencejos en Canfranc.
Tus días de Francia cuando buscabas a Brassens por todas las esquinas 
y anhelabas oír la voz estremecida y sobria de Atahualpa Yupanqui.
No era la primera vez que ibas a cantar. No era la primera vez y quizá 
sí fuera la última. 
Jamás fuiste ceremonioso. O tal vez sí lo fueras a tu modo: 
la guitarra era un apéndice de la sangre, la emoción rasgada,
como un amor de cuerda y delirio, habituada a tu suavidad de esparto.

2

No te lo podías creer. La noche se había disfrazado de romería en el teleclub
y tú eras el profeta. Una muchedumbre de feria te esperaba.
Una multitud estremecida aguardaba tus himnos y sus conjuros.
Acaso nunca te habían anhelado tanto como entonces.
Al subir las escaleras, alguien dijo: “Hay hombres que son furia y vendaval, 
calma y escarcha, clamor necesario.
Hay hombres como Labordeta. Hay hombres que somos todos. 
Hombres Somos”.
Estabas perplejo. O asombrado. La expectación era tan grande
que el mundo se descuadernó en las alturas. Cantavieja es promontorio
y escala con su navío legendario una cumbre incesante.
¿Cómo debían sonar las canciones entonces, 
qué hondura de pedernal darías a las sílabas del alma?
Cantavieja, recordaste, está más allá del mito: 
aún conserva el latido del mar, la esperanza del aire,
la vibración de la historia y sus violencias. La música del vacío.
Nunca solías ponerte nervioso. El salón estaba tan abarrotado que palideciste 
de pánico.
En el rostro se te dibujó la estela de un escalofrío.
O la constelación de un pudor inefable que te volvía arisco.
Algunos iban a oírte desde la fuente o la escalera, en las eras. 
Algunos, enojados, iban a escucharte en su peor recuerdo.
Con la imaginación dolorida. Con la ira del expulsado.
¿Quién, cabrones, ha calculado tan mal el aforo? 
¿No sabían quién venía y para quiénes?, gritaron fuera.

3

Estuviste como nunca. Enérgico, inspirado,
hecho de metal caliente y de olivera antigua.
En tu garganta cantaron todas las estaciones: por el desierto
y el valle, en la tormenta y el cierzo, con el eco de los montes,
por la piedra rojiza de las serranías, las vaguadas y las ermitas. 
Como el pájaro libre de Víctor Jara y Violeta Parra y Bob Dylan. 
Dos horas completas. Sin zozobrar. Con la maestría
del trovador confiado en sus asuntos y en su verdad heroica.
Lo cantaste todo. Lo contaste sin perder un segundo: 
verso a verso, acorde a acorde, con el hervor de los manantiales de las 
cañadas, 
con el desgarro de existir contra la tinieblas y sus espantos. 
Para concluir, allá va la despedida, te pusiste sentimental:
“Con este tema, tan querido para mí, regresamos todos
a la casa del padre, a Teruel, al campo infinito de Aragón”.

Abrazaste la guitarra y te echaste a andar con seda de luz 
y melancolía en la voz. Solo ante el peligro.
Con la firmeza de un juglar que un día remoto se atrevió 
con la ranchera en Belchite. Y con la jota. Y con la albada de mi tierra,
solar y solanar de tus antepasados.

Antón CASTRO
Garrapinillos, sábado, 17 de enero de 2015

MIGUEL MENA: RETRATO DE GRUPO

MIGUEL MENA: RETRATO DE GRUPO

[Miguel ha rescatado esta foto de los años 90. Una foto especial. Le ha puesto este comentario. Él está detrás de la cámara.]

 

 

De esto hará unos veinte años. Mercedes y Antón trabajaban por entonces en El Periódico de Aragón, en el Pº Pamplona, que es donde está hecha la foto, y algunos domingos quedábamos por allí, en el Café de Levante. No sé si esto fue antes o después del aperitivo. Ahí están Ignacio Martínez de Pisón,Mercedes VenturaDaniel GascónAntón Castro, Yolanda Polo, José Luis MeleroCristina Grande y Félix Romeo.

BRAULIO ORTIZ: TRES POEMAS

BRAULIO ORTIZ: TRES POEMAS

[El narrador y poeta sevillano Braulio Ortiz Poole publica en La Bella Varsovia su nuevo poemario ‘Cuarentena’. Y tiene la gentileza de enviarme este puñado de poemas del libro.]

 

 

UNA JOVEN PROMESA SE ENFRENTA A SU FRACASO

 

A ti, como a todos, te enseñaron

a arrancarles las alas a las moscas,

la destreza y la falta de piedad

que un hombre necesita como armas.

 

Te indicaron, amigo,

cómo saltar obstáculos y celebrar la meta:

no habría así diferencias entre un caballo y tú,

serías un jamelgo de agrio resoplido,

caballo de ajedrez o de cartón, caballo de mentira.

 

Pero en vez de sangre, la sangre de los héroes,

la sangre de un caballo en la carrera,

corría en ti una espuma jabonosa,

el flujo de un poeta o un cobarde.

 

A ti, como a todos, te quisieron marcial,

un volcán que exhibiera su arrogancia,

pero en tus pasos en vez de hacerte piedra

te mostrabas esponja. Tú llevabas el alma

demasiado a la vista

para matar dragones y ser un estratega.

 

Debías portar una palabra categórica,

no tu voz vacilante.

 

Por eso, porque aun en tu mansedumbre

fuiste educado igual que un purasangre

y te señalaron del mundo su comercio,

ha crecido en tus labios la mueca de un fenicio,

y compartes el ansia con un tigre.

 

Y por eso has viajado hasta este templo,

para orar a la diosa de la guerra.

Querrías preguntarle

no cómo se toma el camino a la gloria,

sino cómo se asume haber perdido.

 

Pero Atenea, esculpida por Fidias,

es apenas la bruma del sueño insatisfecho:

su piedra fastuosa pertenece al escombro, 

su tiempo es también el del fracaso.

 

Aunque quizás Atenea te confiara,

al modo de un oráculo,

algo que ya barruntas:

Llevas el corazón tan a la vista.

Sólo puede ganar quien se protege.

 

 

 

Y AHORA AMAS AQUELLO QUE HAS PERDIDO (I)

 

Tú has sido amor, y lo dices orgulloso:

no imaginas un paso por el mundo

más afín a los trenes y a la noche,

más próximo a la vida.

 

Y ahora amas, no sin desconcierto

–bienvenido al país de la nostalgia–,

aquello que has perdido.

De improviso confirmas

que te han quitado un bosque de las manos,

que ese azul de la tarde ya no es tuyo.

 

De repente

eres como una cuerda que se ha roto

y solo emite una voz amordazada.

Has perdido el escudo del guerrero

y hoy te cubre un harapo.

 

¿Dónde han ido los vientos favorables?

Entre los jóvenes, ¿los ves?,

se deshace la niebla y entra un sol altivo,

y todo tiene en ellos su voluntad de seguir amaneciendo,

como si la arena, la sal, el horizonte

fueran sus pertenencias.

 

De repente comprendes

que es esa levedad de no tener memoria,

la virtud de ser ángel,

la que hace de las aguas un río navegable.

 

No quedes atrapado en ese limo

de estar al otro lado de la gracia.

Eres mediterráneo,

hijo de los hombres que amaron la belleza.

 

Tú vienes

del alquitrán y el liquen,

de todo lo que enturbia,

y como un rey que ha encontrado su grial

sabes que en ellos reside la pureza.

 

Que al final la carne era el espíritu,

que los cuerpos portaban el misterio,

el doloroso enigma, quizá,

                   de lo que ya no eres.

 

 

 

NO IMPORTA SI OLVIDASTE LA MALETA

 

No importa si perdiste el equipaje.

 

Si tu pecho ha renunciado al frío,

si sabes

que un árbol derribado será leña,

que un hombre que ha caído puede erguirse,

si has aprendido eso, que hay vida

                   más allá de la vida,

más allá incluso del árbol y del hombre,

no importa

el rostro hostil que tenga cada tarde.

 

No importan los rastrojos o la espina

que hacen de un espejo una amenaza.

Rebelde e imprevisto,

como una flor que brota en una celda

o un agua que circula bajo tierra,

así te incorporas tú frente a las cosas.

 

No importan los rechazos.

Tantas veces

entregaron tu nombre a la deshonra

o te arrojaron un verbo que era azote

que aprendiste a esquivar

la piedra de la adúltera.

 

No estás solo.

Toda ciudad no es sino un enjambre

de gente que ha agachado la cabeza.

 

Este horizonte más que tierra sólida

         será tierra caliza,

pero no importa

si sabes

que tú mismo has cruzado los puentes que temblaban

y has logrado avanzar en lo precario.

 

No permitas que el ruido te confunda,

aunque persistan los cantos de sirena.

Tú hallaste en el silencio

aquello que era hermoso.

Una abadía

que rinde culto a un dios sin ornamento,

que sabe que vendrá el amanecer.

 

Si está la vida,

no importan los fracasos.

 

Algunas noches,

en el calor feliz de la amistad,

o cuando duermes al lado del cuerpo de quien amas,

una rara alegría te asalta como un rayo

y te dices: No importa.

 

EL AUTOR

Braulio Ortiz Poole (Sevilla, 1974) es periodista y trabaja en la sección de Cultura del ‘Diario de Sevilla’. Ha publicado la novela ‘Francis Bacon se hace un río salvaje’ —con la que obtuvo el Premio Andalucía Joven de Narrativa—, el libro de relatos ‘Biografías bastardas’ y los poemarios ‘Defensa del pirómano’ y ‘Hombre sin descendencia’.  Sus historias han sido seleccionadas para las antologías ‘Mutantes. Narrativa española de última generación’ y ‘Pequeñas resistencias 5. Antología del nuevo cuento español (2001-2010)’.

 

 

 

 

ANTONIO HERRAIZ: A PROPÓSITO DEL LIBRO DE ROBERTO PARDOS

ANTONIO HERRAIZ: A PROPÓSITO DEL LIBRO DE ROBERTO PARDOS

[Antonio Herraiz Soler es periodista. Trabajó muchos años en Heraldo de Aragón; se retiró en la sección de ’Cierre’. Solía redactar artículos de opinión, además, y de cuando en cuando se explayaba en los secretos gramaticales de su oficio. Hoy comenta el libro ’Así nacen y mueren los periódicos’, de Roberto Pardos, que se presentaba el pasado marte, con mucha gente, en la sala de Música del Palacio de Sástago. Roberto estaba como un flan, pero en cuanto empezó a hablar ya no había nadie ni nada que lo parase.]

 

EL LIBRO DE UN REGENTE

’Así nacen y mueren los periódicos en España’. Roberto Pardos. Prólogo de Antón Castro. Doce Robles. Zaragoza, 2015.

Por Antonio Herraiz Soler.

La noche del 24 al 25 de septiembre de 1993 un linotipista del Heraldo de Aragón apuñaló durante la jornada laboral al regente de dicho periódico,Antonio Fuertes Pablo. La primera herida, asestada de abajo arriba, rozó elhígado de Antonio por debajo de las costillas; la segunda, recibida de arribaabajo cuando Antonio se desplomaba, fue un auténtico descabello: leseccionó la médula entre la primera y la segunda vértebra. Caído en elsuelo del taller, en medio de un gran charco de sangre, el regente delHeraldo de Aragón decía que no se podía mover. Había quedadotetrapléjico. En el hospital, a los pocos días, le practicaron unatraqueotomía para enchufarlo a una máquina de respirar. Desde entoncestampoco podía hablar. Y, finalmente, Dios quiso ahorrarle una vida desufrimientos a él y a su familia y se lo llevó el 20 de octubre. Al díasiguiente, el de su entierro en el cementerio de Torrero, hubiera cumplido 53 años.

Y pese a tratarse el suyo de un caso único, le ha sucedido lo mismo que atodos los regentes que he conocido durante mi vida profesional transcurridaen diarios de distintas ciudades españolas. Joaquín, Juanjo, Chomin, JuanAntonio, Arsenio, Florencio y Justo gobernaron sus talleres, se aliaron conla divina providencia para hacer el inexplicable milagro diario decomponer, editar e imprimir un periódico año tras año, y después, si te hevisto no me acuerdo. El relevo de las generaciones arrastra consigo ladesmemoria y el olvido, de manera que los ahora llamados trabajadores delos diarios no saben ni quienes fueron sus padres ni sus madres,profesionalmente hablando. Debe de ser eso que llamamos “ley de vida”.

Pues para pasarse esa ley de vida por el arco del triunfo ha escrito este libro Roberto Pardos, el segundo regente que tuve en El Noticiero después delinigualable Justo Olloqui, que fue el primero.La edición vigésima segunda del Diccionario de la lengua española(DRAE), publicada en 2001, entre las acepciones de la palabra ‘regente’incluye esta: En las imprentas, boticas, etc., hombre que sin ser el dueñodirige inmediatamente las operaciones. Y se queda corta, porque las másde las veces, el regente mandaba más que el amo. La vigésima terceraedición le enmienda la plana a la anterior y no incluye esta acepción. Asíque ni con algún pequeño añadido de tipo sexual la dejan sobrevivir paraque también regenten las imprentas, las boticas y los etcéteras las mujeres;aunque la cosa podría ir más lejos si se extiende esa corriente antizoológicaque cree que los hombres y las mujeres no tenemos sexo sino género:masculino, femenino, neutro, cambiante, doble, según, a veces y angelical.

No lo explica el Diccionario, pero sí hay otra razón para suprimir laacepción. Y es que, quitando el caso de las boticas y los etcéteras que caenfuera de lo que yo conozco, los ingenieros y otros técnicos que ahoradirigen inmediatamente las operaciones sin ser los dueños de las imprentas,se verían muy mermados en su imagen si los denominaran oficialmente‘regentes’. ¿Dónde se ha visto que un garañón se rebaje a mulo?, ¡por Dios!Roberto Pardos, además de compañero de trabajo y amigo, fue, como yo,maqueto en el País Vasco y charnego en la capital del principado de Cataluña, Barcelona.

Así que, aunque cada uno por separado, hemos tenidovivencias paralelas durante nuestra etapa de emigrantes y eso, quieras queno, une. Pero es que antes de eso -lo he sabido al leer su libro-, ya teníamosalgo de vecindad común. Roberto nació en un piso de la calle San Miguel número 50 el año 1940, y en ese mismo número de esa misma calle –aunque supongo que sería un inmueble anterior- vivió uno de misbisabuelos cuando fue destinado cuarenta años antes a la Caja de Reclutasde Zaragoza, y allí nacieron dos de los cuatro hijos de su segunda mujer.

De las experiencias adolescentes y juveniles de Roberto en el Frente de Juventudes me libré porque en mi casa no tragaban a los falangistas, pero mi amigo y admirado conocedor de todos los intríngulis de la corrección gramatical, Ángel Hernández Mostajo, disfrutó de lo lindo el día que los reuní en una comida de trabajo y descojonamiento al contarse uno y otrolas vivencias joseantonianas y callejeras de sus respectivas infancias. Casi me daban envidia.Roberto ha escrito muy inteligentemente una biografía personal vinculada asu desarrollo profesional. Es lo mismo o parecido que debieron de hacer losredactores del Antiguo y el Nuevo Testamento: en proyección. Es decir,que de mayor, y gracias a lo que aprendió y fue de pequeño, actuó comouna flecha en dirección fija sabiendo bien dónde estaba el centro de ladiana a la que se dirigía. ¿Resultado?: ¡blanco! Por si me lee algún niño, lo traduciré al lenguaje de las maquinetas: ¡target!

Roberto ha sido testigo del nacimiento, la resurrección y la muerte dediversos diarios y sabe de qué habla cuando relata cómo y por qué muerenlos periódicos en España. Desde su visión como regente de un tallertipográfico clásico, pero también con su puesta al día en los nuevosprocedimientos y aplicaciones editoriales tanto de composición como deimpresión, se convirtió –como él mismo cuenta en este libro- en una de laspersonas más preparadas en España para aconsejar a las empresas editorasen el difícil arte de la supervivencia durante los apasionantes años de latransición.Acudieron a él como los náufragos se aferran a una tabla en alta mar. Unosse ahogaron y otros sobrevivieron: ¿por no hacerle caso o por seguir susconsejos? Júzguelo el lector.Por lo que a mí respecta, la lectura de estas memorias de Roberto Pardosme hace pensar que muchas veces Dios da pan a quien no tiene dientes, yno sé si dientes a quien no tiene pan. No es el caso del autor. Tal vez sí elde algunos de los amos, no de todos.

Antonio Herraiz Soler

 

*En la foto de Chus Marchador, de ’El Periódico de Aragón’, vemos a Javier Lafuente, editor, a Antón Castro y a Roberto Pardos.

CARMEN RUIZ CANTA A CANDELA

CARMEN RUIZ FLETA CANTA A SU HIJA CANDELA
Carmen Ruiz Fleta, poeta, periodista y responsable de informativos de CARTV, le dedica este hermoso y emocionante poema a su hija Candela. Un modo conmovedor de empezar la mañana. Con belleza, intensidad y revelación. Palabras de vida.


Tu madre no sabía nada
hasta que naciste.
Pensaba que la emoción habitaba en los poemas,
que el absoluto era patrimonio de creyentes,
que la revolución la hacían otros.
Que siempre quedaría tiempo.

Como un verso silbado,
tu madre parió una hermosa rareza,
-mi flor del desierto, mi Candela-
luminosa, sabia, valiente.

Naciste con los ojos abiertos y los huesos de cera,
venciendo una dictadura de cromosomas,
al abrigo del mes de abril.

Tu madre, que hasta entonces lo ignoraba todo,
empezó a saber.
Comprendió a su madre, y a la madre de su madre.
Esparció sal en la tierra
y recitó oraciones en secreto para acunarte.

Tu madre, 
que creía conocer la dicha, la pena y el tiempo,
besaba tus rozaduras maldiciendo que no fueran suyas,
-mi niña, mi gaviota de río, mi Candela-
Tejiendo canciones a medias,
sin ganas de escribir.

Tu madre aprende lo que tú le enseñas.
Que la vida siempre se abre paso.
Y que un poema escayolado
resiste mejor los vaivenes de las estaciones.
Tu madre te mira y no cree en la ambición, el orgullo ni el tedio.
Solo cree en ti y en despertar bajo tu risa
-mi amor, mi certeza-

 

*La foto la tomo de aquí.

http://www.spend-in.com/Fotos/Articulos/3375/Galeria/3-PGR10001991.jpg

IRENE VALLEJO: UNA ENTREVISTA SOBRE 'EL SILBIDO DEL ARQUERO'

IRENE VALLEJO: UNA ENTREVISTA SOBRE 'EL SILBIDO DEL ARQUERO'

ENTREVISTA. Irene Vallejo. Publica la novela histórica ‘El silbido del arquero’ en el cuidado sello Contraseña, de Zaragoza.

 

 

“Los griegos y los romanos entendían

el deseo como una fuerza cósmica”

 

“Busco una mezcla peculiar de humor y poesía”

 

 

Antón CASTRO

Irene Vallejo Moreu (Zaragoza, 1979) es licenciada en Filología Clásica y doctora por las Universidades de Florencia y Zaragoza. Especialista en Marical, publica ‘El silbido del arquero’ (Contraseña), que tiene algo de glosa, homenaje y reescritua de ‘La Eneida’ de Virgilio.

Había escrito una novela, ‘La luz sepultada’ sobre la Guerra Civil española. ¿Qué le ha llevado esta vez a Grecia y a los orígenes de Roma? 

Entiendo la escritura como un viaje con escalas en distintas épocas que despiertan mi curiosidad. Un libro puede cumplir el sueño imposible de la máquina del tiempo. ’El silbido del arquero’ nació del deseo de explorar el mundo antiguo, que es mi especialidad académica, con las herramientas de la ficción.

¿Qué supone para usted el escritor Virgilio? ¿Cuál su importancia, cómo ve su escritura? 

Virgilio es una de mis grandes pasiones desde que empecé a traducirlo en clase de latín. Admiro la música de sus palabras y su extraordinaria sensibilidad poética. Sin Virgilio, los caminos de la literatura habrían sido diferentes. Para muchos de sus lectores, es sencillamente inolvidable. Borges escribió: “Mis noches están llenas de Virgilio”. Y Antonio Colinas: “Grabad sobre mi tumba un verso de Virgilio”. Me atraía la idea de convertirlo en un personaje de la novela, adentrándome en su memoria y sus dudas creativas.

¿En qué medida ha querido reescribir, en corto al menos, ‘La Eneida? 

Me atraía la idea de dar libre juego a la fantasía sobre la base de un breve episodio de la ’Eneida’.. He inventado personajes, situaciones, diálogos, tramas y he transformado la estructura. Es algo que en la literatura antigua se practicaba a menudo. Los autores hacían revivir una y otra vez los mismos mitos, sin agotarse nunca de la sutileza de las variaciones, intentando encontrar su libertad en un juego con los arquetipos legendarios.

¿Qué tipo de héroe sería Eneas? ¿Es un fugitivo, un hombre sin patria o alguien que intenta encontrar su identidad? 

Tanto Ulises en ‘La Odisea’ como Eneas en ‘La Eneida’ son, creo, los dos héroes más modernos que nos han legado las leyendas antiguas, los dos ven resquebrajarse los fundamentos de su mundo y están buscando la forma de reconstruirse. El Eneas de Virgilio es un guerrero que pierde su guerra, un superviviente cansado, alguien que duda de sus propias fuerzas. Creo que su experiencia del exilio, de la orfandad y de la búsqueda permanente lo convierten en un personaje muy cercano a nuestra sensibilidad.

¿Cuál es el eco de las guerras, qué queda después de un episodio tan terrible como el de la guerra de Troya? 

Las tragedias antiguas, sobre todo ‘Las troyanas’, cuentan el terrible trauma que dejó la guerra de Troya. Además de una larga estela de muertos en combate, impresiona la suerte de los derrotados. Los hombres eran pasados a cuchillo y las mujeres se convertían en esclavas de los vencedores. A veces idealizamos el mundo antiguo, pero no debemos olvidar sus aspectos oscuros. La guerra de Troya es un símbolo de la crueldad. Ninguno de los supervivientes volvió a ser el de antes. Creo que también esta es una experiencia universal.

Ha dicho que la guerra de Troya no nació de un secuestro de amor sino de un conflicto económico. ¿Podría precisarlo? 

Los arqueólogos que han estudiado los restos de la ciudad de Troya, en la actual Turquía, reconstruyen el conflicto que hay detrás de la leyenda como una guerra debida a intereses comerciales. Troya estaba situada en un lugar estratégico, el estrecho que comunica el Mediterráneo con el mar Negro, y cobraba peaje a los barcos que recorrían esa importante ruta marítima. Los griegos de la época, en plena expansión comercial, se unieron para destruir y saquear esa rica ciudad y controlar el paso del estrecho. Riqueza, por tanto, y no amor. Pero ya sabemos que las causas declaradas de las guerras no siempre son las auténticas.

Elisa es el otro nombre de la reina Dido de Cartago. ¿Cómo era esa mujer, tan enigmática? 

Elisa es un gran personaje femenino, una reina que, según la leyenda, debe su poder a la inteligencia y al valor. A pesar de su talento, dentro y fuera de la ciudad cuestionan su capacidad para dirigir Cartago y ella se ve obligada a comportarse como un hombre. La llegada de Eneas a sus costas desencadena un cambio muy profundo en su interior y la coloca en un delicado equilibrio entre el amor y la ambición, entre el deseo y el temor.

¿Cómo define su historia de amor? ¿Es una pasión imposible, es un lapso de felicidad? 

Nunca dos personas viven su historia de amor con los mismos ritmos, de la misma manera o con la misma intensidad. Yo he imaginado a Elisa como una mujer madura que se enamora de un hombre más joven y siente una repentina mezcla de euforia e inseguridad. Eneas, cansado de sus viajes, tiene sus propias dudas: se pregunta si permanecer en Cartago con Elisa o continuar su búsqueda. Los dos guardan secretos y están marcados por su pasado. Su historia podría suceder hoy.

¿Cómo entendían los griegos y los romanos el cuerpo, cómo vivían la juventud, el deseo? 

Es difícil resumir la cuestión en pocas palabras, pero en mi opinión predomina una sensualidad mediterránea y un sentido de la belleza que aún hoy nos deslumbra. Aunque también tenían sus tabúes, sentían su propio cuerpo con más naturalidad. Entendían el deseo como una fuerza cósmica, que hacía fecunda la naturaleza y se apoderaba del ser humano. Los poetas griegos y romanos hablaron sobre la pasión, la obsesión, los celos o la añoranza de la juventud con palabras tan vivas que todavía nos rozan la piel.

¿Qué sería ’El silbido del arquero’: una novela de amor, una novela de viaje y aventuras o una novela política? 

Es una novela de amor y aventuras recorrida por intrigas políticas. He buscado el entretenimiento del lector, con la esperanza de dejar también un poso de reflexión sobre cuestiones como el poder y la libertad individual o la razón por la que contamos historias. Me parecía interesante indagar en la trascendencia histórica que llegan a adquirir las leyendas y cómo configuran nuestra manera de pensar el mundo.

¿Por qué ha estructurado su novela a base de voces: la de Elisa o Dido, la de Eneas, la de Eros, la de Ana, hermana de Elisa, la del propio Virgilio? ¿Por qué ha empleado esos monólogos? 

La sucesión de voces acerca el texto a nuestra sensibilidad actual, a la variedad de puntos de vista necesarios para abarcar la complejidad de la historia. De esta forma, solo el lector conoce todos los hechos, mientras que los personajes se confunden o malinterpretan a los demás. Esta técnica es muy sugerente y abre muchas posibilidades literarias.

La escritura es delicada, poética, de reminiscencias latinas. ¿Qué buscaba? ¿Cómo se plantea el estilo?

La novela tiene dos registros, el lenguaje poético de la leyenda y el tono casi picaresco con el que se describe Roma en el siglo I. He trabajado el contraste entre los dos estilos. El lector se verá trasladado al escenario de batallas épicas y, de pronto, estará en las letrinas de Roma. En mi escritura, he buscado una mezcla peculiar de humor y poesía.

¿Qué semejanzas establece entre la situación de aquel momento y la de ahora, en qué medida se puede hacer una lectura contemporánea de la época?

Eneas ha visto derrumbarse el mundo que había conocido. Se pregunta si debe intentar reconstruir en otro lugar la misma forma de vida o arriesgarse a levantar algo nuevo y cambiar las reglas. Creo que hay un claro paralelismo con el momento histórico que vivimos y nuestro dilema entre mantener el sistema que nos arrastró a la crisis o enfrentarnos a las incertidumbres del cambio. Como los héroes antiguos, hay que atreverse a tomar las naves y emprender de nuevo el viaje.

 

LA FICHA

El silbido del arquero. Irene Vallejo Moreu. Contraseña. Zaragoza, 2015. La fotografía es de Oliver Duch, de Heraldo de Aragón.

JOSÉ MARÍA HERNÁNDEZ EXPLICA LAS CLAVES DE 'ARTES & LETRAS'

 

[Ayer, en CaixaFórum, se entregaron los premios Búho. Al suplemento ’Artes & Letras’ le tocó uno de ellos en una sesión emotiva marcada por el afecto y el reconocimiento. También fueron distinguidos el poeta y traductor Paco Uriz, el bibliotecario Ramón Abad, el ilustrador y humorista David Vela, la escritora Carmen Sánchez y Fernando Gracia, presidente durante ocho años de la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro que concede los premios Búho. La edición de ayer fue la XXII. José María Hernández de la Torre fue el encargado del elogio de ’Artes & Letras’, que cumplirá el jueves próximo 500 números. Este es su texto.]

 

 

 

BÚHO 2015

 

Los jueves, festín. Un convite semanal de nutritivas calorías culturales. El bello y sorprendente diseño del aperitivo de bienvenida sirve de entrante a un menú variado y suculento. En su primer plato se ofrecen productos de Aragón y del resto del mundo, junto con un picoteo de entremeses de lectura y una barra de exquisito pan de fábulas librescas, y para el segundo siempre hay dos contundentes sugerencias literarias, a las que acompaña sabrosa guarnición. Un selecto vino de textos contrapone sorbos de aroma lírico a la ingesta de los densos alimentos de la exégesis; y, después, una bien presentada bandeja de postres de reseñas artísticas, donde se alternan los dulces tradicionales con las frutas de temporada y el aromático café creativo, da paso a la generosa copa de licor de alta graduación con la que culmina este ágape de delicatessen.

No sé si resulta acertada tal imagen gastronómica para el suplemento que el Heraldo de Aragón regala cada jueves a sus lectores y que es especialmente apreciado por bibliófagos y gourmets ilustrados. Me acojo al magisterio de Platón, quien filosofa sobre el amor mediante el diálogo de los comensales del Banquete, lo que dota de prestigio clásico al maridaje de lo intelectual con lo culinario. En esa confianza, añadiré que el grand chef de tan apetitoso convite, el que controla los ingredientes, las recetas y los fogones, liderando a un excelente equipo de cocineros de buena pluma, es un escritor genuino, en cuya tarea periodística rezuman su dominio del medio, la abundancia de sus saberes y la pulcritud de su estilo, hasta el punto de haberle merecido el Premio Nacional de Periodismo Cultural… como también obtuvo, a título personal, hace ya quince años, nuestro Premio Búho por sus valiosas aportaciones a la literatura.

Antón Castro, que a sus obras de creación sumaba positivas experiencias de difusión cultural, crítica y ensayo en prensa, en radio y en televisión, asumió en 2002 la coordinación del suplemento semanal Artes y Letras, que iniciaba una segunda época, para continuar, con nuevo formato y equivalente solvencia, el fecundo trabajo de Juan Domínguez Lasierra, quien lo dirigió desde que, dos decenios antes, lo había puesto en marcha.

Esta segunda etapa alcanza en el presente abril el número 500, lo que supone más de 4.000 páginas de amplio formato, copioso contenido y cuidada maquetación. Y registra la participación de casi quinientos autores de portadas y de unos doscientos cincuenta prestigiosos redactores, de los que algunos son firmas fijas bien conocidas y otros de aparición frecuente, junto a un amplio contingente de colaboraciones ocasionales, pues el cuadernillo abre la posibilidad de expresión a voluntarios capaces. Pero no se estiman tanto esos indicadores cuantitativos, como la calidad del producto, en el que se equilibran la noticia, la crónica, la crítica, la glosa y la inspiración. El resultado no es un mero catálogo de novedades de librerías y exposiciones, ni sólo un escaparate de la oferta cultural del momento, sino que proporciona claves para su interpretación, y sugiere pautas de orientación para navegar en el profuso e inabarcable océano de la producción editorial y de la exhibición artística. Y lo hace con acreditada independencia, sin hipotecas publicitarias, ni oscuros acuerdos empresariales, ni subordinaciones a grupos, ni compromisos de mutuo interés, que no son raros en publicaciones de esta especie.

Así que puede apreciarse un sano eclecticismo en los criterios de selección de los textos, que se refieren mayoritariamente a títulos de reciente aparición, pero sin olvidar oportunas referencias a clásicos de todas las épocas, con motivo de efemérides o de reediciones reseñables. El conjunto evidencia una combinación armoniosa de aspectos informativos, formativos y creativos, que invita a la lectura, promueve la inquietud intelectual y suscita el interés por la actualidad literaria, plástica y arquitectónica, situando a esta publicación en un nivel de excelencia que no desmerece ante sus homólogas de los diarios de gran tirada nacional. Lo que no escapa a la mirada del búho, que disfruta cada jueves con el banquete cultural de Artes y Letras.

Zaragoza, 20 de abril de 2015

Fdo.: José María Hernández de la Torre y García

 

Suplemento ARTES & LETRAS del HERALDO DE ARAGÓN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

'A LOS LIBROS': DANIEL HEREDIA

'A LOS LIBROS': DANIEL HEREDIA

DOSSIER DE PRENSA

 

¡A los libros! 25 entrevistas a profesionales del sector del libro

Daniel Heredia

Ediciones La Isla de Siltolá

1ª edición: abril 2015

552 páginas

24 euros

140 x 210 milímetros

Encuadernación rústica, plastificado con solapas, cubierta de cartulina gráfica de 260 gramos a cuatro tintas y papel ahuesado blanco de 90 gramos, además de amplios márgenes y bella tipografía.

 

 

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La obra

 

Las entrevistas de ¡A LOS LIBROS! realizadas por Daniel Heredia son un extenso diálogo de preguntas-respuestas –algunas entrevistas tienen más de 10.000 palabras– para entender los pensamientos del protagonista, donde puedan hablar de sí mismos, de por qué y cómo y para qué escriben, cómo se relacionan con los libros, dónde los compran, cuáles son sus pasiones bibliófilas, sus rituales de lectura, sus quehaceres, sus hábitos y manías, seguirles en sus preocupaciones cotidianas, observar los detalles de sus vidas, acceder a sus bibliotecas y apreciar su red de pequeñas supersticiones.

 

Los entrevistados son escritores, editores, agentes literarios, encuadernadores y librero:

 

Catorce escritores: Pilar Adón, Elia Barceló, Felipe Benítez Reyes, Juan Bonilla, Luis Alberto de Cuenca, Eva Díaz Pérez,    Montero Glez, Óscar Lobato, Rafael Marín, Jesús Maeso de la Torre, Félix J. Palma, Benjamín Prado, Juan José Téllez y David Trueba.

 

Seis editores: Manuel Borrás, Juan Casamayor, Javier ‘Fórcola’ Jiménez, Elena Ramírez, Enrique Redel y Javier Sánchez Menéndez.

 

Tres agentes literarios: Sandra Bruna, Palmira Márquez y Eduardo Melón Vallat.

 

Librero: Juan Manuel Fernández.

 

Aquí puede leerse una entrevista con Montero Glez.

http://danielheredia.com/montero-glez-escribo-para-ser-leido-y-llegar-a-todo-el-mundo-no-me-pongo-a-hacer-bolanadas-para-esnobs/