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Antón Castro

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NACHO ESCUÍN BORAO: TRES POEMAS

NACHO ESCUÍN BORAO: TRES POEMAS

[Ignacio Escuín, tras muchos años de trabajo al frente de Eclipsados, anuncia el cierre de la editorial. Sus últimos títulos son de Ánchel Conte y Antonio Pérez Lasheras. En otro lugar seguirá en la brecha. Y sigue, desde luego, en la escritura poética. Pronto se publicará su libro ‘Huir verano’ en el sello Isla de Siltolá de Javier Sánchez Meléndez. Genilmente, Nacho me envía tres poemas.]

 

DE ‘HUIR VERANO’. IGNACIO ESCUÍN BORAO

 

 

VII

 

He huido

lentamente, sin aspavientos,

sin dejar que el polvo en el aire delatase

esta marcha quizá sin retorno.

Me marcho.

Ahí os lo dejo todo.

Quizás dejo más de lo que me encontré al llegar,

quizá menos.

Cada vez que elevo la vista

todo parece tener menos sentido.

 

Variación XIV

(19 de septiembre)

 

[Para Antonio y Félix]

 

Sin duda habrás oído la voz del lamento antes,

los gritos de los niños en las calles,

los gritos de los niños en los pasillos de la escuela,

los gritos de los niños y los gritos de las madres.

Los niños gritan siempre,

cuando son felices y cuando lloran.

Yo antes gritaba a todas horas,

y hoy en esta ciudad y en esta casa

no grita nadie,

porque las paredes son tan duras

como milenios de soledad comprimidos en un metro.

Porque cabalga la noche en sueño de boca y ratón,

se asoma como aquella

en que la nieve caía como antes

solo lo había hecho en países inexistentes.

Lo sé, hoy no hay quien me aguante,

tendréis que perdonar mi llanto/letanía,

los sueños se diluyen en la ciudad triste

y el silencio ha tomado los chirridos de las calles.

Hoy estoy imposible.

Nunca creí/pensé en un dolor tan lento y pesado

que cae en las horas ‘como la música en la música’,

en un vacío que se expande y gime

como antes lo hacían las sirenas y los viejos autobuses

acelerados.

No, no hagáis caso.

Solo es una noche/pesadilla,

una noche de vientre roto.

Mañana el sol, si puede,

barrerá de nuevo el mundo.

 

CODA

(autorretrato con monstruo)

 

 

No perdona quien quiere sino quien puede,

obvio camino como grave es el peso

del aire contra el suelo, tensión de los planetas

en una galaxia no infinita pero desconocida.

Quien ha perdonado sabe que de nada sirve

querer hacerlo, no depende de eso este giro

como no depende de sí mismo ya el de la tierra

sobre su propio eje. Es un ejercicio semejante

a lanzar una moneda al aire y dejar que el azar

decida el final o el principio de algo. Si la suerte

es propicia, entonces, quizá el tiempo envuelva

las lágrimas y los gritos al volante de una bala negra

por los hilillos llenos de vida de un país desangrado

que se desangra. Una flecha lanzada al aire y que,

en su trayectoria, alcanza suspiros y aves y al mismo

sol. Tengo una moneda en la mano y todo el peso

de la ley y los valores aplastando mi pecho contra el suelo,

dejadme respirar ya y marchaos todos al infierno. Nada

de lo dicho en estas líneas puede ocultar la decepción

con la que lo inesperado entra en nuestras vidas y sitúa

a alguien antes intocable frente a un patíbulo de verdugos

borrachos y ciegos que, probablemente, fallarán su tiro,

lo lanzarán al aire y cruzarán la línea imaginaria que la flecha

ya marcó primero. Cuando la música cesa, solo algunos pueden

permanecer en la pista sin parecer patéticos desesperados,

y la música cesó pero las lágrimas brotaban tanto que inundaron

mi pecho e hicieron que la presión todavía fuese mayor.He bebido

tantas lágrimas como gotas de agua en un día de lluvia

en el que un hombre solo sale a la calle a buscar cobijo húmedo

y reconfortante, como los días pasados que lo son siempre.

De niño siempre dejaba que mi pelo se mojase con las primeras

gotas, ahora mi lengua se sumerge en el salado universo de mis

ojos, te he visto tantas veces con ellos que ahora no te reconocen.

Una moneda al aire, decía, días nubosos y lluvia pálida.

 

*La foto es Mark Arbeit.

SVENJA LEIBER: UN DIÁLOGO

SVENJA LEIBER: UN DIÁLOGO

“La voz Zaragoza

me encanta: me

invita a vivir

en un cuento”


“La música me gusta,

me emociona,

me estimula y me

invita a crear”

 

 

 

Svenja Leiber (Hamburgo, 1975) acaba de presentar en Los Portadores su novela ‘Los tres violines de Ruven Preuk’ (Malpaso), que resume 60 de la historia de Alemania. 

 

¿Sabía usted algo de Zaragoza?

La verdad es que no. Pero la palabra me encanta: por su sonido, me parece poética, y pronunciar esa voz es para mí toda una aventura. Me invita a vivir en un cuento.

¿Le pregunto por España y sus escritores...?

Temía que lo hiciera. No soy una experta...

¿Cómo se veía a los judíos en su país antes de la llegada de Hitler?

Siempre ha existido odio, tensión, incomprensión. No es una cosa que llegase con el nazismo, que ahí todo se extendió, pero ya en el siglo XIX existía un clima de recelo. No es que yo quisiera hablar exactamente de los judíos, pero tenían una predisposición hacia la música y yo deseaba hacer una novela sobre la música y sobre un músico como Ruven.

¿Por qué?

La música me gusta mucho. Me fascina. Me emociona y me estimula y me invita a crear. Este es un libro sobre la vida y el arte, la vida y la música, la música y el destino. Y, además, me he basado en algunos hechos reales para contar la historia de este intérprete, de sus tres violines, de sus amores, de su relación con sus padres y de su formación con profesores tan distintos.

¿Qué más quería contar?

La historia de una familia especial: una familia de origen rural que tenía sus creencias, sus convicciones y que, en el fondo, era vista de manera natural aunque fuese judía. Se había adaptado bien.

Ruven, si me lo permite, es un inadaptado...

Sí, es verdad, pero no tanto por su origen o su raza como por su personalidad. Es tímido, soñador, no sabe moverse socialmente y fracasa en la música, vive una relación de amor y odio con su instrumento, e incluso con su propia hija Marie. El fracaso es uno de los temas de la narración.

De su novela llama la atención que parece inscrita en un clima de realismo mágico donde pasan cosas extraordinarias y a la vez terribles. ¿Es algo buscado?

No tenía la atención de hacer realismo mágico, como lo hacían García Márquez o Borges u otros autores sudamericanos. Sí es cierto que se han colado situaciones más o menos fantásticas, pero yo creo que todo esto está en la tradición de cierto esoterismo del norte de Europa y de Alemania, del romanticismo más tenebroso, que tiene mucho que ver con la superstición y con una forma nuestra de entender la magia.

El libro discurre entre 1911 y 1975. ¿Quería reflexionar sobre la historia de Alemania en el siglo XX?

Cuando empecé a escribir la novela leí algo de Gilles Deleuze acerca de “la vergüenza de ser hombre, la vergüenza de ser artista”. Y yo hablo en mi novela de todo eso: la vergüenza de no saber hacer las cosas, la vergüenza de los que sobrevivieron, la vergüenza de los que provocaron el horror. Entiéndame, Ruven, en el fondo, es inocente: es un hombre al que lo superaron las circunstancias, alguien que no sabe reaccionar, alguien que tampoco ha sido un brazo ejecutor de la violencia y la infamia.

¿Entonces?

Mi idea era sencilla: como decía Schopenhauer, quiero escribir palabras fáciles para decir cosas difíciles.

Hace algunos años se dio una importante corriente de autores alemanes: Heinrich Böell, Gunter Grass, Botho Strauss, Heiner Müller... ¿Qué pasa ahora? ¿Qué autores le interesan?

Siempre es muy difícil elegir. El escenario actual es muy complejo y muy variado. Hay de todo: poesía, cuentos cortos, ensayos, novelas, se nota cada vez más la gente que viene de la Alemania del Este. Y a mí me interesan, de los jóvenes, autores como Daniel Kehlmann, Uwe Tellkamp; clásicos como Thomas Bernhard y Peter Kurzeck o la Nobel Hertha Muller, bien conocida en España.

 

*La primera foto es de Antanas Sutkus. La de Svenja Leiber la tomo de aquí:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-e5550711ddcab4459cdd9075b2ef599f.jpg

 

*Esta entrevista se publicó esta semana en la contraportada de Heraldo de Aragón.

 

 

BORIS VIAN Y SU POESÍA

BORIS VIAN Y SU POESÍA

TRES POEMAS DE BORIS VIAN. POR TONI TELLO
[El poeta, traductor y profesor Juan Antonio Tello, con parada y fonda ahora en Tánger, acaba de publicar en Renacimiento la ’Poesía compelta’ de Boris Vian. He aquí, por cortesía suya y de la editorial, ofrecemos una pequeña selección de poemas de este autor tan singular, músico, jazzman, narrador, poeta, que murió con apenas 40 años. Uno de los tres textos es el famoso poema-canción ’El desertor’, que han interpretado varios cantantes franceses.]

 

POEMAS DE BORIS VIAN. Trad. de JUAN ANTONIO TELLO

 

[POURQUOI QUE JE VIS]

Pourquoi que je vis

Pourquoi que je vis

Pour la jambe jaune

D’une femme blonde

Appuyée au mur

Sous le plein soleil

Pour la voile ronde

D’un pointu du port

Pour l’ombre des stores

Le café glacé

Qu’on boit dans un tube

Pour toucher le sable

Voir le fond de l’eau

Qui devient si bleu

Qui descend si bas

Avec les poissons

Les calmes poissons

Ils paissent le fond

Volent au-dessus

Des algues cheveux

Comme zoizeaux lents

Comme zoizeaux bleus

Pourquoi que je vis

Parce que c’est joli.

 

[ POR QUÉ VIVO... ]

 

Por qué vivo

Por qué vivo

Por la pierna ámbar

De una mujer rubia

Apoyada en la pared

A pleno sol

Por la vela redonda

De un barco picudo del puerto

Por la sombra de los estores

El café helado

Que se bebe en un vaso de tubo

Por tocar la arena

Ver el fondo del agua

Que se vuelve tan azul

Que baja tan abajo

Con los peces

Los tranquilos peces

Pacen en el fondo

Vuelan por encima

De las algas cabellos

Como pájaros lentos

Como pájaros azules

Por qué vivo

Porque es bonito.


*

LE DÉSERTEUR

 

Monsieur le Président

Je vous fais une lettre

Que vous lirez peut-être

Si vous avez le temps

Je viens de recevoir

Mes papiers militaires

Pour partir à la guerre

Avant mercredi soir

Monsieur le Président

Je ne veux pas la faire

Je ne suis pas sur terre

Pour tuer d’autres gens

C’est pas pour vous fâcher

Il faut que je vous dise

Ma décision est prise

Je m’en vais déserter

 

Depuis que je suis né

J’ai vu mourir mon père

J’ai vu partir mes frères

 

Et pleurer mes enfants

Ma mère a tant souffert

Qu’elle est dedans sa tombe

Et se moque des bombes

Et se moque des vers

Quand j’étais prisonnier

On m’a volé ma femme

On m’a volé mon âme

Et tout mon cher passé

Demain de bon matin

Je fermerai ma porte

Au nez des années mortes

J’irai sur les chemins

 

Je mendirai ma vie

Sur les routes de France

De Bretagne en Provence

Et je dirai aux gens

Refusez d’obéir

Refusez de la faire

N’allez pas à la guerre

Refusez de partir

S’il faut donner son sang

Allez donner le vôtre

Vous êtes bon apôtre

Monsieur le Président

 

Si vous me poursuivez

Prévenez vos gendarmes

Que je n’aurai pas d’armes

Et qu’ils pourront tirer.

 

EL DESERTOR

Señor Presidente

Le escribo una carta

Que leerá tal vez

Si tiene algo de tiempo

Acabo de recibir

Mis papeles militares

Para ir a la guerra

El miércoles por la tarde

Señor Presidente

Yo no quiero hacerla

Yo no estoy en la tierra

Para matar a otra gente

No es para hacerle enfadar

Pero tengo que decirle

Que mi decisión es firme

Y voy a desertar

 

Desde que yo nací

Vi morir a mi padre

Partir a mis hermanos

 

Y a mis hijos llorar

Mi madre sufrió tanto

Que dentro de su tumba

Se burla de las bombas

Se burla de los gusanos

Cuando fui hecho preso

Me robaron a mi mujer

Me robaron mi alma

Y mi querido pasado

Mañana muy temprano

Yo cerraré la puerta

En la nariz a los años muertos

Iré por los caminos

 

Mendigaré mi vida

En las carreteras de Francia

De Bretaña a Provenza

Y diré a los demás

Negaos a obedecer

Negaos a hacerla

No vayáis a la guerra

Negaos a partir

Y si hay que dar la sangre

Vaya usted a dar la suya

Es como un buen apóstol

Señor Presidente

 

Si me persiguen

Avise a sus gendarmes

Que no llevaré armas

Y que podrán disparar

*

LES ISLES

[À Lucien Coutaud]

 


Il y a des isles dans la mer Noire

Elles sont en pierre froide et pâle

On y est toujours tout seul

Et on entre dans des châteaux

Pleins de chambres dans des murs

Et on trouve des femmes molles

Des grosses femmes blanches douces

Étalées sur des lits ouverts

Il monte un fumet de leurs poils

En minces volutes frisées

Bleu dans l’air incolore des chambres.

Il ne faut pas s’arrêter

Car elles sont là, elles attendent

Elles peuvent faire n’importe quoi

Elles prennent toutes les formes

Elles coulent comme de l’eau.

 

Il ne faut pas aller dans les isles de la mer Noire

Il vaut mieux acheter du jambon.

 

LAS ISLAS

[A Lucien Coutaud]

 

 

Hay islas en el mar Negro

Son de piedra fría y pálida

Allí siempre se está solo

Y uno entra en castillos

Llenos de cámaras dentro de muros

Y se encuentran mujeres blandas

Mujeres gordas blancas suaves

Acostadas en lechos abiertos

Sube un humillo de sus pelos

En delgadas volutas rizadas

Azul en el aire incoloro de las cámaras

No hay que detenerse

Porque están allí, esperan

Pueden hacer cualquier cosa

Adquieren todas las formas

Fluyen como agua

 

No hay que ir a las islas del mar Negro

Vale más comprar jamón.

 

*Boris Vian. ’Poesía completa’. Traducción de Juan Antonijo Tello. Editorial Renacimiento. Sevilla, 2014.

'SEDUCCIÓN', POR NACHO ESCUÍN

'SEDUCCIÓN', POR NACHO ESCUÍN

[Descubro por puro azar, en Facebook, este texto que el poeta, crítico y editor Ignacio Escuín dedica a mi libro ’Seducción’, mi cuarto libro de poemas, el tercero en Olifante, con mucho afecto, en la revista ’es Cultura’ de la Universidad San Jorge.]

 

En busca del poeta Antón Castro

es_Cultura / Hace 1 dia 30/09/2014

Antón Castro y la poesía debería ser el título de esta reseña, sin lugar a dudas, pues la aparición de un nuevo libro de poemas no hace otra cosa que poner de manifiesto algo que todo el mundo sabe,  que algunos dejan escrito (como José Luis Melero en su prólogo, o Fernando Sanmartín en la solapa, o Miguel Mena en anteriores publicaciones) y que todos sus lectores disfrutan en cada uno de sus libros pertenezcan estos al género literario que sea: la poesía y él caminan juntos siempre.


 

Seducción, Antón Castro, Zaragoza, Olifante, 2014, 85 pp, 15 euros.

Seducción, Antón Castro, Zaragoza, Olifante, 2014, 85 pp, 15 euros.

Se me hace raro hablar de la creación poética de Antón Castro y circunscribir el texto solo a los libros publicados dentro de los marcos de lo que es aparentemente el género, es decir, Vivir del aire (Olifante, 2010), El paseo en bicicleta (Olifante, 2011), este Seducción que nos ocupa (Olifante, 2014) y la antología Versión original (Isla de Siltolá, 2012). Tengo la sensación de que para tener una visión general de su concepción poética hay que remontarse a sus libros en prosa, a sus ediciones (como la de las cartas de Julio Antonio Gómez, El corazón desbordado, también editado por Olifante en 1989) incluso a sus post.

Seducción es un libro híbrido, de esos que conviven en la ya inexistente frontera genérica y que ofrecen al lector la posibilidad de entenderlo como un registro poético, como un diario o como un texto vinculado a un lenguaje íntimo y sumamente emocional. Porque Antón Castro es un escritor que siempre expone sus emociones en el texto, que vibra en sus versos y hace que el lector comprenda que hay vida tras ellos. Difícilmente encontraremos un verso hermético, cosa que este lector agradece (y mucho), y su constante ruptura del éxtasis lírico con elementos de la vida cotidiana hacen del poeta, y parafraseando al propio autor, «igual a los demás hombres» (este verso pertenece al poema «El poeta interrumpido» de su libro Vivir del aire, y es uno de mis favoritos de la poesía escrita en Aragón en lo que va de siglo).

Apasionado, arrebatado, cercano, candoroso, tierno y un sinfín de adjetivos semejantes podrían definir un poco de lo que contiene este poemario, pero hay en él también una visión que acepta resignada el incoherente día a día, esa sinrazón llamada vida en la que lo que hoy parece seguro mañana es presa de la incertidumbre o la pérdida.

«Amor y bricolaje» es mi poema favorito del libro. En él el lector ha de encontrase al poeta más cercano y más real (y realista, claro): «Déjame que te lo diga. Mejor: déjame que lo piense: / en esta casa solo soy algo feliz por verte feliz a ti / pero vivo con la sensación de que no tengo / ni un instante de respiro. Todo es demasiado provisional». Cada uno hará una lectura de estos versos citados, pero yo podría convertirlos en mi personal himno generacional, esa melodía que nos recuerda que estamos todo el tiempo de paso, que la felicidad no es la meta sino el camino, que el amor y el trabajo dejaron hace tiempo de ser indefinidos y se han convertido en temporales, y que todo alrededor a veces es hostil y nos hace daño, pero que nos queda la posibilidad de ser felices a través de hacer feliz a alguien, si es que ese alguien existe (o somos capaces de encontrarlo).

Pero el poema continua siendo fascinante desde un punto de vista teórico, pues incluye una autodefinición estupenda: «Ya lo sé: soy aprensivo, temeroso, dubitativo. / Antes que contigo, me he casado con el pánico. / ¿Sabes si se heredan los miedos y la incertidumbre? / Vivo en la cuerda floja permanente». Yo aplaudo el tono del poema, el tono que adopta el poeta y esa sensación confesional que comparte con nosotros un pensamiento que hace en voz alta a su mujer (se entiende por el texto, claro). Me gusta esa sensación de honestidad brutal que dimana del poema, me gusta sentir que comprendo el sabor agridulce una vida plena que en el día a día a veces se complica y otras solo contiene luces (me viene a la cabeza un verso de José Luis Rodríguez García que dice «a veces vivir es acostarse cansado» o aquel verso de Sergio Gaspar de Estancia: «Definitivamente no seré feliz…») y ese llanto contenido del que afronta una batalla diaria y hace frente a la desilusión y el agotamiento con energías salidas de lugares que algunos no podemos ni imaginar.

Y es un poema que me gusta, también, porque abre ese vínculo evidente de Antón Castro con la música, una constante en su vida, en su trabajo y una banda sonora (que también queda expuesta desde, incluso, un preciosismo formal que evidencia su virtuosismo verbal y emocional en su poema «Tchaikovsky») que supongo acompaña estos días, estos poemas: «Entonces, me callo y te miro. / Desde aquí o desde allá. Desde la ventana mientras suenan / Regina Spektor, Suzanne Vega, Carole King o Noa». En resumidas cuentas, es un poema brillante que a mi modo de ver hace las veces de piedra roseta para comprender al poeta y entender mejor el texto (sí, ya lo sé, todos pensáis que la biografía y estos detalles no son importantes para comprender un texto, o no son importantes… pero ahí están…).

El lector encontrará en Seducción un poemario estructurado en cuatro partes bien diferenciadas y un epílogo, que sirven a la perfección para comprender el universo poético de Antón Castro, bien por la naturaleza poética de los textos en prosa, bien por los poemas más tradicionalmente estructurados y aquí comentados, bien por los nombres que acompañan a los mismos o por la banda sonora que se puede extraer ellos. Y eso es mucho, muchísimo, la posibilidad de entender a alguien, de ir en busca del poeta y encontrarlo entre las páginas de su libro.

 

Por Nacho Escuín

EDUARDO BERTI: MICROFICCIÓN

EDUARDO BERTI: MICROFICCIÓN

Considera el editor Juan Casamayor que ‘La vida imposible’ de Eduardo Berti (Buenos Aires, 1964) “lleva camino de convertirse –por derecho propio- en un clásico de la microficción del siglo XXI. Publicado en Argentina, ha decidido publicarlo en España, en su editorial Páginas de Espuma. He aquí algunos textos del conjunto, que incluye un apéndice de ‘Ramonerías’. La foto es de Ferdinando Scianna. Ella es Marpessa.

 

EDUARDO BERTI

Por más ocupado que esté, cada vez que llego a una ciudad que no es la mía busco en la guía telefónica para ver si existe alguien llamado igual que yo e intento, de ser así, fijar un encuentro. Solo tres veces pude cumplir este plan hasta el final. Recuerdo de modo especial a un homónimo italiano. Nos prometimos que, de tener cada cual un hijo, le pondríamos el mismo nombre; y enseguida imaginamos a estos hijos, reunidos en un futuro en aquel café de Bolonia, juramentándose la misma cosa.

 

ALGUIEN IGUAL

De nacer alguien igual a mí, le ocultaría mi existencia y mi experiencia. Sacaría provecho de la circunstancia de saber solo yo su identidad, para que mi vida reiniciada en él por fin echase luz sobre mis actos.

 

PATERNIDAD

Todo hombre quiere volver a parir a sus padres. Del intento fallido nacen hijos.

 

EL CAMELLO

El camello había pasado ya la mitad de su cuerpo por el ojo de la aguja cuando dijo una mentira, le crecieron algo las dos jorobas y quedó allí atrapado para siempre. 

4 POEMAS DE MIGUEL ÁNGEL LONGÁS

4 POEMAS DE MIGUEL ÁNGEL LONGÁS

[A final de curso, en el sello Lastura, Miguel ángel Longás, de Ejea, publicaba un nuevo poemario, de título tan prometedor como 'El árbol del corazón'. He aquí cuatro poemas. la foto es de Beverly Tyler.]

 

EL ÁRBOL DEL CORAZÓN

MIGUEL ÁNGEL LONGÁS

 

 

 

Amigo mío cuando enciende la noche su eléctrico dolor

Ves el árbol del corazón que se extiende

Tus manos abiertas bajo una Idea toda blanca

Que insistes en rogar

Que insiste en no bajar

Años y años

Aquélla allí en lo alto tú aquí al lado

ODISSEAS ELITIS

 

 

Hojas del árbol caídas

juguete del viento son:

¡Las ilusiones perdidas

¡ay! son hojas desprendidas

del árbol del corazón!

 

JOSÉ DE ESPRONCEDA

 

 

UNA CONVERSACIÓN CON LOS DIFUNTOS

 

 

Vivo en conversación con los difuntos

FRANCISCO DE QUEVEDO

 

La familia interrumpida

LUIS CERNUDA

 

 

Conversación con los difuntos es

este poema convertido en árbol

sin hojarasca de otoñal presencia

anticipando el tiempo malo entrante.

Conversación a tumba abierta en cielo

con entramado de tormentas es

este poema que a probar aspira

su resistencia de diamante en bruto.

Conversación con los rescoldos vivos

de una familia interrumpida acaba

siendo un poema que la vida lleva

a su solar naufragio en tierra firme.

 

 

NÓMADA AZOTADO POR MALOS VIENTOS REINANTES

 

He alcanzado el otoño total del pensamiento

CHARLES BAUDELAIRE

 

 

 

He alcanzado el otoño total del pensamiento

con la melancolía de haber visto caer

del árbol familiar algunas de sus hojas

sometidas al frío vendaval de la vida.

He alcanzado el otoño total del pensamiento

tras haber comprendido que el amor nunca surge

avivando la llama de amores fracasados

una vez reducidos a ceniza sin más.

He alcanzado el otoño total del pensamiento

tras haber encontrado mi lugar en un mundo

donde soy residente que opone resistencia

de nómada azotado por los vientos reinantes.

 
* 

 

ABRAZO AL DÉBIL TRONCO DE LA VIDA

 

 

Débil tronco querido

MANUEL PINILLOS

 

 

Un débil tronco querido es la vida

que como encina se ha elevado al cielo

para alcanzarlo con sus ramas antes

de ser podado por un tiempo atroz.

Un débil tronco querido es la vida

de árbol que leña no ha acabado siendo

pero sí savia para alzar un bosque

de arborescente forma en fértil yermo.

Un débil tronco querido es la vida

que abate un día devorante rayo

para acercarlo a conjunción astral

antes que a olvido de ultratumba abierta.

 *

 

LOS DÍAS QUE EN PENUMBRA ALCANZO A VISLUMBRAR

 

 

Está en penumbra el cuarto, lo ha invadido

la inclinación del sol, las luces rojas

que en el cristal cambian el huerto, y alguien

que es un bulto de sombra está sentado.

FRANCISCO BRINES

 

 

 

Mis días en penumbra alcanzo a vislumbrar

cuando presiento lunas de destierro amoroso

en costas alejadas del deseo extinguido

que me ha de perseguir hasta el último ocaso.

Mis días en penumbra alcanzo a vislumbrar

en el ejemplo azul de un cielo perseguido

por mi imaginación en días de tormenta

cuya costumbre es ser devueltos a la calma.

Mis días en penumbra alcanzo a vislumbrar

en las playas desiertas de mi mente azotada

por un amor volcánico reducido a ceniza

del que solo rescoldos aviva el pensamiento.

 

JOSÉ VERÓN: CINCO POEMAS

CINCO POEMAS DE JOSÉ VERÓN GORMAZ: ’SALE DE LOS ESPEJOS’

Este próximo miércoles, primer día de octubre, el fotógrafo y escritor José Verón Gormaz presentará su último libro ’Sala de los espejos. Epigramas, enigmas y otras contemplaciones’ (Editorial Olifante). Le acompañará el poeta, ensayista y editor Manuel Martínez Forega. Será en la librería Los Portadores de Sueños, a las 20.00. José Verón Gormaz ha sido el Premio de las Letras Aragonesas de 2013 y le acaban de dedicar una calle en su localidad de Calatayud. He aquí una pequeña selección de sus poemas. la foto es de José Verón Gormaz.

 

 

La historia se repite

                   [“¿Y qué será ahora de nosotros sin bárbaros?”

                Konstantino Kavafis]

 

Un domingo radiante,

                                dispersos por el foro,

rogábamos inquietos que llegaran los bárbaros.

“¡Son una buena solución a nuestros males!”,

dijo el poeta griego entre sus versos.

El lujo, la elocuencia y la esperanza

se unían en los próceres altivos

y en los probos y humildes ciudadanos.

“¡Los bárbaros, los bárbaros!

¡Se acercan tiempos nuevos y mejores!”,

exclamaban , solemnes, los augures.

 

Al fin,

cuando la noche entraba en la ciudad,

los bárbaros llegaron en tropel.

 

¿Y nosotros?¿Qué ha sido de nosotros?                                             
Largamente lloramos su estancia y su dominio,

porque ellos eran ciertamente bárbaros.

 

     

Dos clases de codicia 

 

El anciano Calístenes,

labriego acaudalado y miserable,

con la complicidad de su fortuna

vio llegado el momento de buscar el amor.

Compró su ruina.

 

 

Usura y compadreo

 

Al verte serpear entre la gente,

llego hasta la conclusión alucinada

de que hasta el sí y el no, Junio Serpilio,

valen casi lo mismo para ti.

Depende del dinero que recauden.

 

 

Dos listos y un ignorante

 

Lepidio va saltando alegremente,

contento por las rentas del negocio,

que hacen brillar la luz de su fortuna.

A su lado sonríe Belisario

porque ha vendido el vino a muy buen precio.

Dos triunfadores, dos.

Tras ellos, despreciado y humilde,

camina Leonardo, el sirviente ignorante,

tranquilo y con mirada soñadora,

algo cansado por el grato esfuerzo

de haber puesto los cuernos a los amos

  

El infierno

 

A punto de firmar una hipoteca,

decía y repetía un exorcista

que hay cosas más temibles que el demonio.

 

 

La cara oculta de la fama

 

Junio Cartón, heraldo de las cópulas,

que debe su esplendor al devaneo

por todos los burdeles de la urbe,

ha aumentado su fama

 con otra vergonzosa turbidez:

a sus dudosos méritos

                                de putañero atroz y jactancioso                                                                 añade, desde ahora, el de cornudo.

 

*Tomo la foto de la magnífica página de Luis Martínez Aniesa:

https://antoncastro.blogia.com/upload/externo-46cad3cf3b1b5a262f2417202ae8bbe8.jpg

 

 

 

 

SERGIO DEL MOLINO: UN DIÁLOGO

SERGIO DEL MOLINO: UN DIÁLOGO

[El pasado miércoles, en la librería Tipos Infames de Madrid, Sergio del Molino presentaba en conversación con Víctor Manuel, su nueva novela: ’Lo que a nadie le importa’ (Random House). Y hoy, a las 20.00 horas, lo hará en el 7 de Copas, Calle Blancas, en un acto organizado por la librería Los Portadores de Sueños. El autor dialogará con el periodista y escritor Mariano García. Aquí publico una pequeña entrevista que tuvo lugar el pasado martes en La Factoría. La novela narra la vida de su abuelo José Molina, 1911-1997, y los años de formación del escritor. José Molina combatió en el bando nacional en la batalla de Teruel y en el frente del Ebro; luego se reintegró en la vida cotidiana y trabajó en El Cortes Inglés. No solía hablar de la contienda; en su lecho de muerte, se dirigió a su mujer con una frase dura: "Calla, que de ti no quiero ni que me cierres los ojos".]

 

-¿Cuál es la importancia de su madre en la novela?

-Total. Ella fue un poco el médium de toda esta historia. Es el catalizador a través del cual a mí me llega. Y por eso le dedico el libro. Evidentemente estoy contando la historia de mi abuelo, saltándome toda una generación, pero toda la imagen de él, de lo que es el personaje, me lo ha construido ella. Me lo ha dado ella. En esta sesión de espiritismo que es la novela, yo la uso a ella de médium.

-“Calla, que de ti no quiero ni que me cierres los ojos”. Esa frase final de su abuelo es decisiva. ¿Se acuerda o es una frase inventada.

-Me acuerdo totalmente. De hecho solo me acuerdo yo. Llegué a dudar si realmente la había pronunciado, porque hasta mi propia madre la ponía en cuestión. En la familia no se le daban importancia a estas cosas, yo insistía mucho, mi madre lo ha negado y a la vez decía: “son cosas de tu abuelo”. Y a mí era lo que me helaba la sangre. ¿Cómo podía estar tranquilo después de haber escuchado esto?

 

*La foto es del twiter de Sergio del Molino.

¿Y esa frase le ha perseguido prácticamente veinte años?

-Sí, me ha perseguido. La había anotado muchas veces en los cuadernos, había intentado hacer muchas cosas con ella, y no había sido capaz. Ha tenido que pasar mucho tiempo para ser capaz de no solo poder percibir la potencia de la frase sino de tener cierta perspectiva vital, haber vivido yo un poco, para poder entender la parte de la amargura y de la rabia que tenía ese hombre acumuladas. Cuando la dijo, yo tenía 17 años, esa frase me desbordaba por completo. Estaba muy por encima de lo que yo pueda llegar a imaginar. De ahí que haya una superposición de las dos vidas...

-‘Lo que a nadie le importa’ tiene algo de novelas de vidas paralelas: la de su abuelo y sus dramáticas circunstancias y la suya, con su evolución, con sus primeros amores, con la revelación de la literatura.

Sí, es por eso. Yo solo puedo comprender a mi abuelo cuando me comprendo un poco a mí. Quizá la idea es más especular, de juego de espejos que se miran, pero he interpretado mi vida en la clave de la de mi abuelo e intento entender la suya a través de mis vivencias. Trato de interpretar las dos para establecer un diálogo que nunca se ha dado, que nunca he podido tener.

-El libro tiene algo de indagación, de búsqueda y de recuento de la vida de ambos.

-El libro es la conciencia de una identificación. Uno cree que construye su propia vida muy al margen de todo. Esa es una ilusión que tú tienes cuando vas creciendo: de que tú no tienes nada que ver con toda esa gente. Eres un garbanzo aparte de la olla y de que vas a crecer libre.  A medida de que vas creciendo y conociendo ese legado, te das cuenta de que, por desgracia, hay una idea de destino, tus vivencias tampoco son tan distintas, ni tu forma de sentir ni tu forma de enfrentarte al mundo. No eres tan original como tú pensabas, ni tan libre, y que te sientes atado, de repente, a un linaje, a tus antepasados, me siento identificado con algo con lo que nunca pensé que iba a sentirme identificado. Te das cuenta de que sí te ha curtido algo, te ha calado más hondo y  y te explicas mejor como eres volviendo a ello, volviendo al mundo de tu abuelo.

-El libro arranca casi con un homenaje al barrio del Gancho, donde nació su abuelo, con sus toques de displicencia y de crítica.

-Ese es mi vicio de cronista. Lo que hago es emplear las herramientas del cronista como si estuviera paseando por El Grancho del año 1915. Me siento de repente transportado. Más que recrearlo, es como si me pusiera delante y le cuento al lector lo que yo estoy viendo en ese trance espiritista... Estoy resucitando a un muerto en realidad. El Gancho es un barrio que siempre me ha fascinado. Cuando veníamos a ver a la familia del Gancho era una maravilla. Era una cosa muy exótica, chocante, eran los años 80 y yo estaba absolutamente hecho mierda. Me impactó mucho. Entre mis recuerdos infantiles de niño asustado ante aquello y la recreación histórica que hago surge un retrato que probablemente no se ajuste mucho a la realidad, ni lo pretendo...

-Su Gancho es un poco mítico.

-Lo es, pero a la vez quiero que esté alejado de esa idea de calzón largo, costumbrista, y de la descripción folclórica. Quiero convertir el Gancho en un sitio mucho más cosmopolita, en el sentido que yo creo que era un sitio no peculiar de Zaragoza sino que podía encontrarse en una ciudad europea con mugre y hampones. Eso sí que emparenta a Zaragoza con su contemporaneidad. No la hace especial sino que la hace igual a otras y eso es para mí lo que la hace interesante.

-¿Ha querido o no escribir una novela de la guerra civil?

-No es una novela de la guerra civil: es una novela de un personajes atrapado por un trauma que es la guerra civil. Lo que me parece alucinante es que yo siempre he vivido en un país en paz, que me ha permitido ser bastante apolítico y tener una relación distante con el Estado, no como mi abuelo que tuvo que vivir una vida en la cual un acontecimiento histórico le marcó. No pudo elegir inhibirse. Eso a mí, que vivo inhibido, me fascina. Me choca. La guerra civil es un acontecimiento vital que le marca de por vida y está muy presente. Pero a mí no me preocupa tanto establecer un diálogo histórico con la guerra civil, que es el hecho traumático que a él le marca y no puedo soslayarlo. No me interesa tanto la guerra civil, como asunto novelesco, como el trauma que tenía mi abuelo con ello y como le marcó y le dejó en su personalidad señas muy particulares.

-Estuvo en lugares claves como la batalla de Teruel o la batalla del Ebro.

-Sí. Lo que me emociona mucho, al no saber nada de él, es cuando consigo el expediente de mi abuelo y lo leo. Interpreto que fue carne de cañón y que estuvo en primera línea de fuego de las peores batallas y que salió vivo de chiripa. Allí morían todos como moscas. Y eso me impactó mucho: vi a un chaval perdido, absolutamente, metido en aquello vorágine con el único deseo de llegar vivo al día siguiente, y lo reflejo en la novela porque, además, claro, si me interesa algo en un nivel narrativo de la guerra civil, son los hechos bélicos. Quería acercarme a una novela bélica.

¿Novela bélica?

Sí, sí, sí. Eso se ha tocado menos. El canon novelístico de la guerra civil en España es una novela de retaguardia; casi todo el mundo habla de la retaguardia, de la ciudad sitiada, etc., pero hay poca novela militar, ni siquiera de escritores que estuvieron ahí de soldados. Las grandes novelas de la guerra civil no tratan del frente. Veo que a través de la memoria de mi abuelo puedo explorarlo y presentarlo de una forma un poco más cruda.

-Hay una cosa que me ha llamado la atención: la estructura tan aleatoria, impresionistas, proustiana, con muchas líneas de evocación...

-Es un libro muy pensado, con una estructura compleja pero muy estudiada. Quería que los saltos se hicieran a través de imágenes... Y sí voy dando saltos y excursos porque creo que así es como funciona la evocación. Quiero que el caos suene un poco natural.

 

-Es una novela que sí ofrece una imagen muy global de España...

Una cosa que echo de menos de la narrativa española actual es la apelación al país, la apelación a España. Ningún gran novelista francés obvia Francia como tema, ni tampoco lo haría un escritor norteamericano a propósito de Estados Unidos. Tiene que haber un compromiso narrativo con España; quizá una de las cosas que explican la literatura española y sus rarezas tenga que ver con que los escritores españoles pasan de España. No les preocupa como tema; a mí sí, y no lo hago desde un sentido nacionalista, este es mi país, conozco esta cultura y quiero y me gusta explorarla. Mis principales lectores son los españoles y quiero hablar de ellos.

-Su abuelo fue, esencialmente, un hombre que guardó silencio.

El silencio tiene que ver con el miedo, con un país acogotado durante mucho tiempo. Mi abuelo tenía el miedo y la sumisión como forma de conducta y como forma de enfrentarse al mundo, pero lo hacía también porque esa actitud formaba parte de una conciencia muy antigua de la dignidad. Pertenecía a una generación a la que le enseñaron que manifestar los sentimientos era un rasgo de debilidad que no podía permitirse un hombre... No tenía que andar lloriqueando ni quejándose... España es un país de mansos y creo que todavía se explica así buena parte de cómo somos hoy. A veces nos comparo con mi familia francesa: ellos siempre protestan a la mínima...

Parece usted displicente con el periodismo y, sin embargo, la novela tiene la pegada clarísima del periodista: su poder verbal, su torrencialidad, el manejo de muchas fuentes, la necesidad de estar en el sitio...

Tengo una vocación de periodista muy pronunciada y a la vez quiero marcar distancias... Es una relación de amor odio, de amor intenso. Con el periodismo aprendí a escribir y a enfrentarme a la realidad. Yo me siento un poco incómodo en la profesión, me siento un tipo raro... El procedimiento es muy periodístico, sin duda. Yo necesito ver las cosas: no puedo fabular, necesito tocar y ver las cosas, tengo una percepción de cronista... Yo no creo a partir de la imaginación o la fantasía, sino de lo que veo y de lo que toco. Lo que palpo.

-¿Por qué habla tan poco de la abuela Carmen de Lara, la Currita?

-Porque hubiera ahogado a mi abuelo. Tenía una enorme capacidad de atraer la atención de la gente. Mi abuela era una enorme gamberra; no quería lo eclipsara.

-¿El libro anterior, ‘La hora violeta’, le ha permitido escribir este?

-Me da seguridad y me indica por donde quiero ir. No sé si he encontrado el tema o la palanca que me lleva a escribir... Este libro no se habría escrito así sin ‘La hora violeta’ (Mondadori), desde luego. He encontrado un tono, una seguridad y una forma de acercarme a mí mismo y a la literatura que antes no tenía. ‘La hora violeta’ me determina por completo. Voy a necesitar mucho tiempo para que asimile bien hasta qué punto me ha transformado, me ha cambiado y me condiciona todo lo que escribo. Hay unas señas de continuidad clarísimas. Al menos yo lo siento así...