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NACHO ESCUÍN BORAO: TRES POEMAS

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[Ignacio Escuín, tras muchos años de trabajo al frente de Eclipsados, anuncia el cierre de la editorial. Sus últimos títulos son de Ánchel Conte y Antonio Pérez Lasheras. En otro lugar seguirá en la brecha. Y sigue, desde luego, en la escritura poética. Pronto se publicará su libro ‘Huir verano’ en el sello Isla de Siltolá de Javier Sánchez Meléndez. Genilmente, Nacho me envía tres poemas.]

 

DE ‘HUIR VERANO’. IGNACIO ESCUÍN BORAO

 

 

VII

 

He huido

lentamente, sin aspavientos,

sin dejar que el polvo en el aire delatase

esta marcha quizá sin retorno.

Me marcho.

Ahí os lo dejo todo.

Quizás dejo más de lo que me encontré al llegar,

quizá menos.

Cada vez que elevo la vista

todo parece tener menos sentido.

 

Variación XIV

(19 de septiembre)

 

[Para Antonio y Félix]

 

Sin duda habrás oído la voz del lamento antes,

los gritos de los niños en las calles,

los gritos de los niños en los pasillos de la escuela,

los gritos de los niños y los gritos de las madres.

Los niños gritan siempre,

cuando son felices y cuando lloran.

Yo antes gritaba a todas horas,

y hoy en esta ciudad y en esta casa

no grita nadie,

porque las paredes son tan duras

como milenios de soledad comprimidos en un metro.

Porque cabalga la noche en sueño de boca y ratón,

se asoma como aquella

en que la nieve caía como antes

solo lo había hecho en países inexistentes.

Lo sé, hoy no hay quien me aguante,

tendréis que perdonar mi llanto/letanía,

los sueños se diluyen en la ciudad triste

y el silencio ha tomado los chirridos de las calles.

Hoy estoy imposible.

Nunca creí/pensé en un dolor tan lento y pesado

que cae en las horas ‘como la música en la música’,

en un vacío que se expande y gime

como antes lo hacían las sirenas y los viejos autobuses

acelerados.

No, no hagáis caso.

Solo es una noche/pesadilla,

una noche de vientre roto.

Mañana el sol, si puede,

barrerá de nuevo el mundo.

 

CODA

(autorretrato con monstruo)

 

 

No perdona quien quiere sino quien puede,

obvio camino como grave es el peso

del aire contra el suelo, tensión de los planetas

en una galaxia no infinita pero desconocida.

Quien ha perdonado sabe que de nada sirve

querer hacerlo, no depende de eso este giro

como no depende de sí mismo ya el de la tierra

sobre su propio eje. Es un ejercicio semejante

a lanzar una moneda al aire y dejar que el azar

decida el final o el principio de algo. Si la suerte

es propicia, entonces, quizá el tiempo envuelva

las lágrimas y los gritos al volante de una bala negra

por los hilillos llenos de vida de un país desangrado

que se desangra. Una flecha lanzada al aire y que,

en su trayectoria, alcanza suspiros y aves y al mismo

sol. Tengo una moneda en la mano y todo el peso

de la ley y los valores aplastando mi pecho contra el suelo,

dejadme respirar ya y marchaos todos al infierno. Nada

de lo dicho en estas líneas puede ocultar la decepción

con la que lo inesperado entra en nuestras vidas y sitúa

a alguien antes intocable frente a un patíbulo de verdugos

borrachos y ciegos que, probablemente, fallarán su tiro,

lo lanzarán al aire y cruzarán la línea imaginaria que la flecha

ya marcó primero. Cuando la música cesa, solo algunos pueden

permanecer en la pista sin parecer patéticos desesperados,

y la música cesó pero las lágrimas brotaban tanto que inundaron

mi pecho e hicieron que la presión todavía fuese mayor.He bebido

tantas lágrimas como gotas de agua en un día de lluvia

en el que un hombre solo sale a la calle a buscar cobijo húmedo

y reconfortante, como los días pasados que lo son siempre.

De niño siempre dejaba que mi pelo se mojase con las primeras

gotas, ahora mi lengua se sumerge en el salado universo de mis

ojos, te he visto tantas veces con ellos que ahora no te reconocen.

Una moneda al aire, decía, días nubosos y lluvia pálida.

 

*La foto es Mark Arbeit.

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